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		<title>Catálogo de Santas Vivas - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con « .imagen-principal img {   max-width: 100%;   height: auto;   display: block; }»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
.imagen-principal img {&lt;br /&gt;
  max-width: 100%;&lt;br /&gt;
  height: auto;&lt;br /&gt;
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		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con «/* Los estilos CSS colocados aquí se aplicarán a todas las apariencias */ .imagen-principal img { width: 100%; max-width: 100%; height: auto; }»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;/* Los estilos CSS colocados aquí se aplicarán a todas las apariencias */&lt;br /&gt;
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		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;div class=&amp;quot;imagen-principal&amp;quot;&amp;gt;[[Archivo:776px-Logo_CSV_letras-16-FINAL.jpg|derecha|Catálogo de Santas Vivas|link=]]&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
='''Catálogo de Santas Vivas'''=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jer%C3%B3nimas Jerónimas] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_agustinas Agustinas] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==[[Sin adscripción a una orden]]==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Información=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Editado en Madrid por la [https://www.ucm.es/ Universidad Complutense de Madrid], elaborado por el Proyecto de Investigación [https://visionarias.es/ Catálogo de Santas Vivas (Fase Final): Hacia el primer modelo de santidad femenina de la Contrarreforma] (PID2023-146357NB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE; septiembre 2024-agosto 2028).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISSN''': 2605-4701&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este catálogo edita las vidas de mujeres castellanas anteriores a Santa Teresa que adquirieron fama de santidad o de extrema virtud, aunque no todas disfrutaron de dones carismáticos. Estas vidas aparecen en manuscritos de los siglos XV-XVI y en las diversas historias manuscritas e impresas de las órdenes religiosas en la provincia de Castilla que se compusieron en el siglo XVII, así como en otras obras (libros de conventos) o compendios que contienen vidas de santas (''flos sanctorum''). Muchas de estas mujeres, que vivieron entre finales del Medievo y comienzos del siglo XVI, fueron visionarias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El logo del catálogo (en la esquina superior izquierda de esta página), diseñado, como el resto de ilustraciones del catálogo y la base de datos, por Diana Sanmartín, se registró el 3 de julio de 2019 en la Oficina Española de Patentes y Marcas del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital como Marca nº 4.000.481, y su titular es la Universidad Complutense de Madrid.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El catálogo se complementa con una [http://basededatos.visionarias.es/ base de datos] relacional y una [https://visionarias.es/geolocalizacion/ geolocalización], ahora mismo en construcción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==[[Condiciones de uso y referenciación]]==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==[[Criterios de edición de las vidas manuscritas]]==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===[[Descripción de las fuentes manuscritas]]===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==[[Criterios de edición de las vidas impresas]]==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===[[Descripción de las fuentes impresas]]===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [http://basededatos.visionarias.es/ Base de datos (en construcción)] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== [https://visionarias.es/geolocalizacion/ Geolocalización (en construcción)] ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Proyecto =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Catálogo de Santas Vivas (Fase Final): Hacia el primer modelo de santidad femenina de la Contrarreforma'' (PID2023-104237GB-I00, financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE; septiembre 2024-agosto 2028) es un Proyecto I+D, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España y dirigido por Rebeca Sanmartín Bastida, que tiene entre sus tres objetivos generales finalizar un catálogo wiki para dar a conocer las vidas de mujeres castellanas anteriores a Santa Teresa que adquirieron fama de santidad o de extrema virtud entre 1400 y 1550. El término “santa viva” fue acuñado por la investigadora Gabriella Zarri para un modelo de santa visionaria italiana, que fue influyente en los ámbitos de corte y convento durante la misma época, y que estableció un nuevo paradigma marcado especialmente por Catalina de Siena. Aunque hoy todavía son bastante desconocidas fuera del ámbito de la historia de la Iglesia, en su época las santas vivas castellanas gozaron de liderazgo social. En este Catálogo, no todas las &amp;quot;santas vivas&amp;quot; que se recogen son mujeres carismáticas y no todas pertenecen a una orden, es decir, se ha empleado de una manera más amplia el término de Zarri para englobar fundamentalmente un modelo de santidad reconocido antes de Santa Teresa, que se ensalzó tras Trento para caer poco después, como este nuevo proyecto analizará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas de estas santas vivas fueron autoras de textos, pero, aunque muchos escritos de estas mujeres han desaparecido, nos han quedado documentos, cartas y revelaciones de algunas de ellas, que se incluyen en ocasiones en las vidas. Las hagiografías aparecieron en manuscritos de los siglos XV-XVI y en las historias manuscritas e impresas de las órdenes religiosas en Castilla del siglo XVII, así como en otras obras (libros de conventos, historias de ciudades) o compendios que contienen vidas de santas (''flos sanctorum''). Se recuperan, así, textos que nunca habían sido impresos o editados de manera independiente. Aunque no de naturaleza exhaustiva, ya que estas vidas se encuentran muy desperdigadas, la pretensión del proyecto es que el corpus tenga una suficiente calidad y cantidad de vidas para que pueda considerarse significativo. También se apunta a que algunas vidas contenidas en crónicas no se han incluido por haber muerto las mujeres muy entrada la segunda mitad del XVI o por la brevedad de la narración, sin datos sobre la santidad de la mujer abordada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además de conformar este ''corpus'', este proyecto desarrolla una base de datos y una geolocalización a partir del Catálogo de Santas Vivas que permiten entender el modelo desde su conformación performativa y de los espacios de poder. El proyecto actual tiene además como principal objetivo el estudio de cómo las santas vivas se constituyen en el primer modelo hagiográfico en la Contrarreforma antes de la canonización de Santa Teresa y del posterior declive del paradigma y el desarrollo de una geolocalización de los lugares donde vivieron las santas vivas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proyecto es continuación de los siguientes proyectos dirigidos por Sanmartín Bastida: ''Catálogo de Santas Vivas (1400-1550): Hacia un corpus completo de un modelo hagiográfico femenino'' (Ref- PID2019-104237GB-I00, 2020-2024), financiado por MCIN/AEI /10.13039/501100011033; ''La conformación de la autoridad espiritual femenina en Castilla'', financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y por los fondos FEDER (Ref. FFI2015-63625-C2-2-P; 2016-2019), en el que se articuló la idea del Catálogo; y ''La construcción de la santidad femenina y el discurso visionario (siglos XV-XVII): Análisis y recuperación de la escritura conventual'' (Ref. FFI2012-32073, 2013-2015), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Información completa sobre el proyecto en http://www.visionarias.es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Responsables ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable del catálogo (revisión de textos): [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable del contenido digital (página web, catálogo wiki y geolocalización): [http://visionarias.es/equipo/ana-rita-goncalves-soares/ Ana Rita Soares]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsables de contenidos de las vidas impresas: [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]  [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner], [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío], [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez], [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz María González Díaz], [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente], [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín], [https://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano/ Bárbara Arango Serrano] y [https://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsables de contenidos de las vidas manuscritas: [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia],  [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano], [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner], [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto], [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío], [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo], [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/maria-morras María Morrás], [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable de la revisión, traducción y edición del latín: [https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&amp;amp;q=Aitor+Boada+Benito Aitor Boada Benito]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable de los retratos de las santas vivas y de las ilustraciones de la página web del catálogo: Diana Sanmartín Bastida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable de la descripción de las fuentes manuscritas e impresas: [http://visionarias.es/equipo/pablo-acosta-garcia/ Pablo Acosta García]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable de la edición y contenidos de la base de datos: [http://visionarias.es/equipo/blanca-santos-de-la-morena/ Blanca Santos de la Morena]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Responsable técnico de la base de datos y de la geolocalización: Roger Conesa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo-vector-universidad-complutense-madrid.jpg|miniaturadeimagen|derecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo_Ministerio.jpg|miniaturadeimagen|izquierda]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712709</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-04-15T08:25:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
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Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
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Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- [43r] do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
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Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[51r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi-[64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
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Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
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Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
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El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
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[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
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''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106v] Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712708</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-04-15T08:25:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- [43r] do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[51r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi-[64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106v] Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Francisca_de_Herrera&amp;diff=712707</id>
		<title>Francisca de Herrera</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Francisca_de_Herrera&amp;diff=712707"/>
				<updated>2026-04-12T09:35:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Salamanca]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(5) DianaSanmartin.jpg|derecha|Francisca de Herrera|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Francisca de Herrera&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Santa María de las Dueñas de Salamanca&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1545&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca ¿Salamanca?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca Salamanca]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 185.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Francisca de Herrera==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[180] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XLIIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de las Dueñas de Salamanca'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[185] […] Fue también de gran virtud doña Francisca de Herrera, de quien se tiene por cierto que, a la hora de su muerte, la visitaron algunos santos de esta sagrada orden porque, estando en la cama y muchas religiosas con ella, “Señoras”, las dijo: “¿por qué no se ponen hábitos limpios, como los tienen aquellos padres, no ven qué limpios los traen? Vístanse hábitos limpios que es hoy día de regocijo.” Y, dicho esto, dentro de hora y media murió el año de mil quinientos y sesenta y cuatro, siendo de diez y nueve años.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Elena_de_la_Cruz_(2)&amp;diff=712706</id>
		<title>Elena de la Cruz (2)</title>
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				<updated>2026-04-12T09:35:26Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Salamanca]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|Elena de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Elena de la Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Santa María de las Dueñas de Salamanca&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca ¿Salamanca?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca Salamanca]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 183-184.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Elena de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[180] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XLIIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de las Dueñas de Salamanca'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[183] […] Doña Elena Enríquez, que se llamaba Elena de la Cruz, murió de veinte y siete años, habiendo solos cuatro que era monja, pero en ellos vivió con grandísima observancia y religión. Fue muy dada a la oración, que es el primer paso que el Señor inspira a los que desean aprovechamientos y mejoras espirituales, tan cierta señal de buenos deseos y pronósticos de santos sucesos que pocas veces dejan de andar juntos mucha oración y mucha virtud. Era refitolera y, para tener aprovechamientos en todo, asentaba sus pensamientos que la priora era Cristo Nuestro Señor, la superiora la Virgen Nuestra Señora y las demás reli- [184] giosas los apóstoles, y esa reverencia y humildad como si fuera cierto lo que pensaba. Que como andar siempre en presencia de Dios ayuda mucho a concertar los pensamientos, así el que tenía esta sierva de Dios ayudaba a que hiciese el oficio con mucho merecimiento y gran puntualidad. Todas las veces que había de llegar al Santísimo Sacramento de la penitencia, hacía primero una confesión a Nuestro Padre Santo Domingo, representándole las faltas que tenía. De allí partía a los pies del confesor. Estaba de ordinario en el coro en oración y, cuando la parecía que estaba sola (cosa que deseaba mucho), hacía particulares actos de alegría como si estuviera abrazada con Dios. Gastaba cada día dos horas en pedir limosna a la Santísima Trinidad y a todo el resto del Cielo. Al Padre pedía misericordia, representándole el amor entrañable con que envió su Hijo al mundo. Al Hijo, por el amor con que murió. Al Espíritu Santo pedía un rayo de luz de aquella que comunicó a los apóstoles. A la Virgen, Nuestra Señora, fervor de espíritu. Hacía muy poco caso de los demonios que la trabajaban. Ya vecina a la muerte, envió a llamar a las religiosas y, a cada una de ellas en particular, demandaba perdón o del mal ejemplo que la hubiese dado o de algún disgusto. Luego pedía su bendición para hacer consolada la jornada que había de comenzar presto. Refieren de ella las religiosas ancianas, algunas de las cuales viven hoy, que, habiendo de hacer profesión una religiosa un sábado, habiendo prevenido para ese día gran fiesta, andaba triste, pareciéndola que la muerte de soror Elena Henríquez la había de estorbar o si podía tener esperanza de que se hallaría en ella, entrola a visitar y la santa religiosa la dijo: “Doña Isabel, no estéis con pena, que no os estorbaré vuestra fiesta. Mañana será vuestro desposorio con Cristo en el suelo y el lunes serán mis bodas en el Cielo”. Y, así fue, que aquel día a las dos de la tarde, murió y con ser por el mes de enero, tiempo de tantos fríos, y no la haber enterrado hasta el día siguiente, en la misa mayor estaba el cuerpo tan tratable como si estuviera vivo.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Estefan%C3%ADa_de_Ovalle&amp;diff=712705</id>
		<title>Estefanía de Ovalle</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Estefan%C3%ADa_de_Ovalle&amp;diff=712705"/>
				<updated>2026-04-12T09:35:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Salamanca]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|Estefanía de Ovalle|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Estefanía de Ovalle&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Santa María de las Dueñas de Salamanca&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca ¿Salamanca?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca Salamanca]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 184-185.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Estefanía de Ovalle==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[180] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XLIIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de las Dueñas de Salamanca'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[184] […] Doña Estefanía de Ovalle fue monja observantísima. Jamás visitó ni durmió en lienzo, guardando las demás ceremonias de la orden hasta que murió. Aún en lo que era dormir con medias (que es de orden) fue puntualísima, hasta que expiró. Ocho días antes que falleciese, que fue el día de San Juan ''ante portam latinam'', a las amigas religiosas que acudían a visitarla y entretenerla en su enfermedad, dijo: “Ea, señoras, poco tendrán que trabajar en mi dolencia, la octava de este santo me he de morir”. Fue tan cierta de esto que, llevándola un día antes el sacramento de la extremaunción, no le quiso recibir hasta otro día, diciendo que había lugar. Y así le hubo y le recibió el día siguiente. [185] Y, habiendo rezado todas las horas de aquel día, murió, que vinieron los santos religiosos muy atentos a rezar el oficio divino en sus enfermedades todo el tiempo que daba lugar el mal, que del gran Pontífice Pío Segundo se lee que, estando para expirar, aunque los médicos le representaron alguna dificultad, no quiso morir sin rezar completas.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Aldonza_de_Luna&amp;diff=712704</id>
		<title>Aldonza de Luna</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Aldonza_de_Luna&amp;diff=712704"/>
				<updated>2026-04-12T09:32:03Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ocaña]]&lt;br /&gt;
[[Category:Salamanca]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|Aldonza de Luna|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Aldonza de Luna&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del convento de Aldeanueva, Ávila y Monja del convento Santa María de las Dueñas de Salamanca&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Después de 1506&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1589&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Salamanca Salamanca]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fols. 9v-10r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] ''adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio'', año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Aldonza de Luna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9v] […] Ha habido en este convento muchas personas muy ilustres en espíritu y en sangre, que, por no molestar, no se expresan con individualidad aquí todas y solo se refiere en particular. Fue una de ellas la madre Doña Aldonza ''[1]'' Manrique, de la casa de Alba, que siendo casada con Don Pedro de Luna se entró con sus hijas en este convento, después estuvo en el de Valladolid y, muriendo allí, se mandó enterrar en este convento a donde está enterrada dentro del coro. Dejole mucha hacienda en el término de la villa de Fuentidueña, y su hijo de esta señora, el padre ''[2]'' maestro fray Tomás Manrique, de la orden de nuestro Padre, hijo del convento de Santo Domingo de Piedrahita, fue maestro del sacro palacio, murió en ''[3]'' Roma, y haciendo testamento con licencia de su santidad, mandó su hacienda al dicho convento de Piedrahita y a este monasterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres hijas que tuvo esta señora [10r] las dio aquí el hábito; siendo de edad de nueve años la una, murió moza. Las otras dos, que fueron Doña ''[4]'' Aldonza y Doña Magdalena de Luna, fueron ambas prioras de este convento muchos años. La señora Doña Aldonza fue dada a oración, ayunos y disciplinas, traía de ordinario silicios, era muy humilde y caritativa, en particular con las enfermas. Echose muy bien de ver su mucha virtud en que, habiendo heredado el condado de Fuentidueña, habiéndola puesto en su libertad lo dejó todo por ser religiosa en este convento. La razón de haber puesto a esta señora en libertad fue porque se decía su profesión había sido nula. Hacía a los pobres muchas limosnas, era muy devota del Santísimo Sacramento y así procuraba con muy gran cuidado celebrar sus fiestas con mucha cera y lucimiento grande y, después de haberla hecho última vez priora, lo dejó y se fue al convento de Santa María de las Dueñas de Salamanca, adonde vivió algunos años, y al cabo murió muy santamente en el año de 1589. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo podemos leer: “La madre doña Aldonza Manrique de la casa de Alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen izquierdo se lee: “Su hijo el padre maestro fray Tomas Manrique, hijo del convento de nuestro Padre Santo Domingo de Piedrahita. Murió en Roma. Maestro del sacro palacio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho puede leerse: “Mandó el padre maestro fray Tomas su hacienda a este convento y al de Piedrahita donde fue hijo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el margen izquierdo: “Señora Doña Aldonza”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro segundo de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 182-183.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Aldonza de Luna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[180]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XLIIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de las Dueñas de Salamanca'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[182] […] Ha sido convento de sesenta y cuatro religiosas, cuatro más o menos, y en este estado se halla ahora. Desde sus principios ha sido de mucha religión, donde [ha] habido siempre y hay religiosas santas y de gran virtud. Flore- [183] ció grandemente la madre doña Aldonza de Luna, la cual fue bisnieta de don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, hija de don Pedro de Luna y de doña Aldonza Manrique. Era, cuando tomó el hábito, heredera de los estados de Fuentidueña, Escalona y condado de Santisteban de Gormaz. Entrándose en religión, lo dejó todo, haciéndola más notable, más calificada y conocida el nuevo estado que la grandeza de que tanto se podía honrar en el mundo y se honran los mundanos que, como dicen en Castilla: “por mejoría mi casa dejaría”, conociendo cuanto se adelantan los que en la casa de Dios son menos sobre todas las que en el siglo llaman grandes señoras, desengaño que no pudo dejar de ser principio de grandes aprovechamientos. Fue primero beata del monasterio de Aldeanueva ''[1]'' y, de allí, se pasó a este convento donde vivió veinte años con gran ejemplo y santidad. Hallándose su primer monasterio muy solo sin ella, la eligieron las religiosas por priora de su casa luego que aquel convento se quemó ''[2]'', pareciéndoles a propósito para remediar este gran daño. Así fue porque ella le reedificó con limosnas de los señores Duques de Alba y de otras personas principales, siendo ella la primera que servía en la obra acarreando ladrillo, cal y otros materiales ''[3]''. Pareciéndole que aquellas hermanas no le dejarían gozar del sosiego que tanto deseaba, ocupándola siempre en los oficios que tanto aborrecía, en busca de vida solitaria y en demanda de descanso y ocasión para tratar con Dios, se volvió a este convento donde hizo la profesión de monja. Fue de grandísima oración, gran seguidora de comunidad, que es mayor encarecimiento de lo que se piensa por ser los ejercicios de la orden muchos y muy trabajosos. Asistía siempre a los maitines a medianoche, que es lo que siempre ha usado este convento y, no por faltar hora ninguna de la oración, tenía cierto ejercicio de consideraciones de la Pasión de Cristo Nuestro Señor y, para cada hora, tenía ciertas devociones. Y, si acaso alguna hora faltaba de este ejercicio por negligencia, hacía antes de acostarse penitencia de ella. Tenía por devoción algunas veces en el año recibir de mano ajena cinco mil azotes y, al cabo de ellos, mandaba decir ciertas misas en memoria de los que por manos sacrílegas de verdugos recibió el Señor en casa del presidente Pilatos. Sin esto, se disciplinaba muy a menudo y traía siempre un áspero cilicio y, porque por estas ocasiones padecía grandes dolores y enfermedades en los pechos, por proveer en este daño, traía pedazos de él entre los brazos y en los muslos. Era tan misericordiosa y limosnera que se deshizo de todos sus vestidos y cama y lo daba de limosna, de manera que vino a vestir hábitos ajenos y dormir en cama que también lo era. Llegada la hora de su muerte, dijo a una santa religiosa que depuso de vista de todo esto: “Bendito sea Dios, que será este el postrer día que le ofenderé”. Y así fue que, recibidos los Sacramentos, murió año de mil y quinientos y ochenta y nueve. De todo esto dieron testimonio muchas monjas ancianas del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La fundación del convento de Aldeanueva se edita ampliamente en este catálogo con las vidas de María de Santo Domingo, primera priora de esta fundación, y su sucesora, su hermana biológica, María de la Asunción. Los manuscritos de 1607, 1721 y 1737 de donde se extraen las vidas de estas hermanas describen cómo la fundación de Aldeanueva atrajo a mujeres de toda España y muchos nobles enviaban a sus hijas allí a ser educadas en la religión. Aldonza de Luna, como se puede ver, fue una de ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere al incendio del convento de Aldeanueva, cuando María de la Asunción era priora de la fundación. Esta murió al poco del incendio (que fue en 1565) a muy avanzada edad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' No está claro cuándo se la elige priora del convento de Aldeanueva. De acuerdo con las crónicas, editadas en este catálogo, María de la Asunción es aún priora cuando el convento se quema y los Duques de Alba donan dinero para su reconstrucción.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712703</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712703"/>
				<updated>2026-03-13T09:37:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- [43r] do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[51r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi-[64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
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Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712702</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:37:10Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[51r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi-[64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712701</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712701"/>
				<updated>2026-03-13T09:36:24Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi-[64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
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Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
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Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
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El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
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[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
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''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712700</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:35:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré [78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712699</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712699"/>
				<updated>2026-03-13T09:35:00Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- [82r] tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- [83v] mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida ''[531]''. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial ''[532]''. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
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Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
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Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
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El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
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[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
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''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz,_de_1610&amp;diff=712698</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610</title>
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				<updated>2026-03-13T09:31:59Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden/ de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa/ Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la reina de España, doña Margarita de Austria, nuestra señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 2r] '''Suma del privilegio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Antonio Daza, de la Orden de San Francisco, difinidor de la Provincia de la Concepción tiene privilegio de Su Majestad para poder imprimir y vender un libro intitulado ''Vida y milagros de santa Juana de la Cruz'' por tiempo y espacio de diez años, con prohibición de que ninguna persona lo pueda imprimir ni vender sin su licencia, so las penas en el dicho privilegio contenidas, despachado en el oficio de Cristóbal Núñez de León, escribano de Cámara, y firmado del Rey nuestro señor, y rubricado de los del su Consejo y firmado de Jorge de Tovar, su secretario, su fecha en San Lorenzo, a primero de otubre de 1610 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'': h. 2, lín. 11, “y es el unos” diga ''es el de unos'', y lín. 3, “Cesárea” diga ''Cesáreo''; fol. 4, en una nota, “''vivicimin''” diga ''Biniu''; fol. 5, lín. 21, “Theología” diga ''etiología''; fol. 7, lín. 29, “''mitigaret''” diga ''mitigaretur''; fol. 17, lín. 23, “de sobrenombre” diga ''el sobrenombre''; fol. 21, lín. 26, “eve” diga ''fue''; fol. 37, lín. 28, “y no se atreven a llegar a los que la traen” diga ''huyen de los que las traen''; fol. 58, lín. 24, “22 años” diga ''24''; fol. 62v., lín. 23, “23” diga ''25''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Suma de la tasa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los señores del Consejo tasaron este libro de la vida y milagros de santa Juana de la Cruz a cuatro maravadís cada pliego, el cual tiene veinte y nueve y medio, que conforme a su tasa monta tres reales y medio, como parece por la fe que se despachó en el oficio de Cristóbal Núñez de León, escribano de Cámara, en Madrid, a 4 de noviembre de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 2v] '''Carta del ilustrísimo señor don fray Pedro González de Mendoza, arzobispo de Granada, al autor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heme holgado de oír que se ocupa Vuestra Reverencia en sacar a luz la vida y milagros de la madre sor Juana, que comúnmente llaman en toda esta tierra santa Juana de la Cruz, cuyo título nació de los muchos favores y mercedes que por su intercesión ha hecho Nuestro Señor a los que a ella se encomiendan. Y de aquí resultó también ser trasladado su cuerpo después de haber siete años que estuvo enterrado y colocado tan honoríficamente como ahora está, adornado de lámparas de plata, rejas y capilla, que son testimonios que aprueban su santidad y milagros, sin que en tantos años el corriente de la devoción haya detenido su curso en las muchas gentes que allí acuden, ni los ministros hallado causa que la pueda impedir, sino muchas para llevarla adelante. Y yo soy testigo de vista, de haber abierto su sepulcro dos veces: una, siendo provincial, en compañía del señor obispo don fray Francisco de Sosa, y otra, siendo comisario general, en compañía del general fray Arcángelo de Mesina; y entrambas veces vi el cuerpo entero, con su carne y cabellos, y le así del brazo y levanté en alto, sin que por parte ninguna se deshiciese. Y el General y yo le llevamos así levantado al coro, y le mostramos a las gentes que estaban en la iglesia, que sin saberlo habían concurrido muchas, con estar el convento en despoblado. Y todos [h. 3r] con mucha devoción y lágrimas se encomendaban a la santa, como tienen de costumbre. La primera vez que se vio el cuerpo, deseando las monjas ver si tenía cuentas de las que la tradición dice que subió al Cielo el ángel de su guarda y que Nuestro Señor las bendijo a instancia de la misma santa, y las concedió las gracias y virtudes que se cuentan dellas, no se halló ninguna, porque las mesmas monjas se las debieron de quitar cuando murió para repartirlas entre personas devotas, que son muchas las que las desean, así por ser benditas por Nuestro Señor, como por los muchos milagros que se ven cada día con ellas. Y cuando no se hallan destas, procuran que sean de las tocadas a dos que tienen las monjas en el coro alto, desde el tiempo de la misma santa. Y así por esto como por las muchas revelaciones y cosas prodigiosas de su vida, de que hay dos libros grandes en el convento, me he holgado que Vuestra Reverencia tome a su cargo el disponerlas, para que salgan a vista de tantas gentes. Porque confío en Nuestro Señor será para mucha edificación de los fieles, y de grande ejemplo para los que siguen la virtud, viendo el premio que nuestro Señor dio a esta santa mujer. Él guarde a Vuestra Reverencia y dé el espíritu que ha menester para tan santa obra. De Madrid y otubre, 11 de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Pedro González de Mendoza, arzobispo de Granada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 3v] '''Aprobación de los letores de Teología'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a 8 de julio de 1610 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial en esta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monesterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en 22 de julio de 1610 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 4r] '''Aprobación del padre Cetina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión del vicario general de Madrid, he visto un libro llamado ''Vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción, de la Orden de nuestro padre San Francisco y coronista general della, y fuera de que en el dicho libro no he hallado cosa contra nuestra santa fe, ni contra las buenas costumbres, la lección es utilísima, por ser historia de una santa muy ejemplar que con sus santas costumbres, con sus heroicas virtudes y misteriosas revelaciones que Dios le reveló es ejemplo a todos los fieles de toda virtud y santidad, y especialmente a los que desean caminar por el camino de la perfección, en que esta sierva de Dios mucho se aventajó. El estilo del autor es dulce, claro y apacible; es muy puntual en la historia, y para la inteligencia della, cuando es necesario, hace escolias y anotaciones muy doctas, con que se allanan las dificultades que cerca della se pueden ofrecer. Y ansí soy de parecer que la lección del dicho libro será muy útil y que se le debe dar licencia para que le imprima. En San Francisco de Madrid, en 3 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Melchor de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, y ansí se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 4v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro que se intitula ''Historia, vida y milagros de santa Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del Seráfico Padre. Y quisiera  —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad, tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en 6 días de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición, ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a 19 de agosto de 1610'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de justicia y por su comisión, visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobaciones[¶1v]han precedido las de lectores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión. Y habiéndolas visto el consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r] Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junt'a que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo y Ex'Purgatorio de los libros prohibidos''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. digo que por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la santa y general Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la [¶2v] Cruz de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada soror María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efecto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que cuanto me ha sido posible he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir [¶3r] las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[2]'' manda a los pastores y prelados miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[3]'', es muy de su servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job ''[4]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen y los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores ''[5]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenatu- [¶3v] rales, divinas y hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son ser verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos inspiradas del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mezcla ninguna de falsedad ni error ''[6]''. Y finalmente ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[7]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta santa son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[8]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra santa Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[9]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia, que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio III, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[10]''. Tales también fueron las de la insigne y muy [¶4r] celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono, que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[11]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra santa Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas como también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta santa fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: ''[12]'' ''“Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, etc.”'' ''[13]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras que aunque son verdaderas y muy ciertas es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer si no se considerasen con alguna advertencia, y aun yo la pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta santa. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae'' ''[14]'')  ''[15]''es que a esta santa le fue revelado que algunas almas tenían su Purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios para que lo sea generalmente de todas [¶4v] las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que según la ley común y general todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su Purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio ''[16]'', en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[17]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[18]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[19]'' y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito ''[20]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: ''“De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid espresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi facta multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sit locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur”'' ''[21]''. Esto dice santo Tomás y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los Purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones [¶¶ 1r] particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los Purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un milagro bien raro, y es una revelación muy particular que Dios hizo y obró en esta santa, no menos digno de que se advierta y pondere bien que este que se hizo de las almas del Purgatorio, y es el de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la santa rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Ave María, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este y otras cosas muy parecidas a esta. San Vincencio Bellovacense ''[22]'', san Helinando ''[23]'', san Cesáreo ''[24]'', Tomás Brabantino ''[25]'', Egidio Aurífico Cartusiano ''[26]''—si fue este el autor del ''Magnum Speculum Exemplorum'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[27]'', Juan Bonifacio ''[28]''  [¶¶1v] y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Ave María, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es el de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[29]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[30]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[31]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas setas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta santa virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también [¶¶2r] como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa santa Juana que no la he hallado ni en los milagros que he visto y he referido de los rosarios, ni en ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los cielos a la tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[32]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así que se dicen haber venido del cielo no porque hubiesen estado allá en el supremo cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la escriptura lo llama “pan del cielo” ''[33]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra, al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redemptor del mundo. Y porque no pareciese al lector este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[34]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[35]'' en [¶¶2v] su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol ''[36]'' ''dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso dotor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[37]'', referiré otra historia muy auténtica y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua— de otras cosas corruptibles y terrenas que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra santa no parezca increíble: Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446 en Constantinopla a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Júnior y del patriarca Proclo fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios, y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos, Marcelino ''[38]'', Nicéforo ''[39]'', Evagrio ''[40]'', el Menologio griego ''[41]'', san Juan Damasceno ''[42]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[43]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón arzobispo de Antioquía, y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo [¶¶3r] en ella gran destrozo y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo. ''“Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat dicens se de coelo quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis, etc.”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trifagio diciendo: “Sanctus deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis”'' ''[44]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apollonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[45]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destos rosarios de santa Juana se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra santa que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae'' ''[46]'') ''[47]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los dotores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potestad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan ''[48]'': ''“Omne iudicium dedit filio”'' ''[49]''; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así sin ninguna repugnancia en este sentido se dice que también los santos juzgarán las naciones ''[50]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que sentados con él juzgarían todos los doce tribus de Israel ''[51]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, [¶¶4r] bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra santa que le reveló Nuestro Señor en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[52]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[53]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[54]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su santa en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real, y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque como dijo muy bien el dotísimo y muy pío dotor Juan Molano ''[55]'' en su libro de imágines, esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que como juez recto y de grande entereza primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel [¶¶4v] fortísimo defensor de la fe Juan Equio ''[56]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra santa: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho pudiera muy bien dejarlas de decir, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no deja lugar para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[57]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien [¶¶¶1r] que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a 16 de setiembre del año 1610,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶¶1v] '''Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶¶2r] '''A la reina doña Margarita de Austria, nuestra señora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos días ha que deseaba ocasión para manifestar al mundo las grandes obligaciones que tenemos a Vuestra Merced los hijos de mi padre san Francisco, y dejando aparte las antiguas —que en otro lugar placiendo a Dios le tendrán más de asiento—, por las recientes y nuevas está tan reconocida esta santa religión cuanto ninguna lengua lo habrá bastantemente decir, pues no hay cosa en la Tierra que tanto estime como haberle dado Vuestra Merced sus dos hijos y a sus altezas el hábito de nuestro [¶¶¶2v] seráfico padre san Francisco: al príncipe nuestro señor siendo de doce meses, y al señor infante don Carlos de dos años, consagrando al seráfico padre los dichosos principios de la edad de sus altezas con este hecho, y dando al mundo un ejemplo sin segundo de la santidad de sus padres y de la singular devoción que tienen a esta sagrada religión, en cuyo nombre, para que Vuestra Majestad goce de la santidad que por los rincones della descubre Dios cada día, por ser tan peregrina y rara la de la bienaventurada madre santa Juana de la Cruz —hija de nuestro seráfico padre y de su tercera Orden—, ofrezco a Vuestra Majestad estampa de su milagrosa vida, con grandísima confianza que pasando los ojos por ella quedará tan aficionada que no solo será parte, sino el todo para su canonización. Hágalo Dios como puede, y a Vuestra Majestad dé su gracia y tantos años de vida como este indigno siervo desea. Deste convento de Vuestra Majestad de San Francisco de Valladolid, 4 de otubre de 1610,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶¶3r] ==Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa santa Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que por ser tan singulares piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas, y para tenerla yo y el acierto que deseo después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió la santa, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo seis informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo ''[59]'' que —ditándole la [¶¶¶3v] misma santa por mandado del ángel de su guarda— escribió una discípula suya llamada soror María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado, y que después de muerta esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor y con un libro de oro abierto en sus manos, que es el mismo que escribió de las cosas de la gloriosa santa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[59]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[60]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien veo que hay en este libro cosas tan altas y subidas que no eran para todos, pero con el favor divino van tan llanas y acomodadas que sin ningún peligro cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas, advirtiendo ''[61]'' que el llamar “santa” a esta bienaventurada virgen sin estar canonizada es porque el pueblo, cuya voz es voz de Dios, se lo llama desde el día que murió, fundado en su inculpable vida y muchos milagros que hizo ''[62]'', que con estas condiciones, que son las precisas que se requieren para canonizar a un [¶¶¶4r] bienaventurado, bien le pueden llamar “santo”, como lo dicen graves autores ''[63]'', y lo hacen los concilios y martirologios romanos, y se verá más largamente en las vidas de los santos escritas por autores graves, antiguos y modernos, así en los tomos de Lipomano, Surio y fray Luis de Granada, como en las corónicas de las órdenes monacales y mendicantes. Y casi todas las iglesias matrices y catedrales de la cristiandad hacen lo mismo, y en especial las de España, que llaman “santos” a muchos de sus patrones y a otros que no están canonizados ni beatificados. Y esta costumbre de la Iglesia es tan recibida en toda ella que tiene más fuerza que ley —pues la quita, pone y explica—, la cual permite que a los siervos de Dios que viviendo con fama de santidad hicieron milagros los honremos con el título de santos. Bien es verdad que, mientras la Iglesia no hubiere calificado sus vidas y milagros, no hay obligación con pena de pecado mortal a llamarles santos, ni a tenerlos por tales no estando canonizados. Y esta sea la primera advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda, que, escribiendo la vida de una santa tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, siquiera lo que un breve prólogo permite ''[64]'': Será de [¶¶¶4v] mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra “visión” con que generalmente se comprehende y declaran todas estas cosas como con particular energía la declara la lengua santa ''[65]'', derivándola del verbo ''ra´ah'', que significa “ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma”. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre, que son: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los dotores y santos ''[66]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva” ''[67]'', es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios significa por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahán el misterio de la Pasión de su unigénito [¶¶¶¶1r] hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. La segunda se llama “imaginaria” ''[68]'', y es cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la ínsula de Patmos. La tercera y última destas visiones ''[69]'' es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela, y llámase “intelectual” porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, conoce todo lo que Dios la revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión de que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los raptos que los hebreos llaman ''tardemah'', que quiere decir “sueño profundo”, y los griegos ''extasis'' ''[70]'', que significa “salida o vuelo del alma”, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error y a cada paso la muerte y resurrección de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que según san Dionisio ''[71]'' es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en la cosa que ama, y a esta elevación llaman [¶¶¶¶1v] los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[72]''  ''[73]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos, la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal forma se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural y acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud, ni envía la facultad animal a las partes el cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír, ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Y así, los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio, por lo cual piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos no merece en ellos ni desmerece, pensando que no la queda entera libertad para usar libremente de razón, como el que duerme ''[74]'', pero no se ha de hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contem- [¶¶¶¶2r] plar las cosas que Dios comunica al alma, y se deja fácilmente entender mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según que se colige de la dotrina de los santos ''[75]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que “éxtasis” es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para concluir con esta materia de visiones —que no querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres ''[76]'', lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona —como los mensajeros, que, en nombre ajeno, dan el recaudo y llevan también la respuesta— [¶¶¶¶2v], sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Y esto fue más usado en la Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[77]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[78]'' y los santos ''[79]'' refieren muchas historias de semejantes aparecimientos, y en esta se hallarán algunos, lo cual hace Su Divina Majestad bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[80]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología la que enseña Escoto ''[81]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo por la virtud y potencia divina puede estar ''quantitativo modo'' ''[82]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos y los demonios que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfectamente mixto, aplicando ''activa passivis'' ''[83]'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[84]'' y el ingenio soberano [¶¶¶¶3r] del glorioso padre san Augustín ''[85]''. Y, aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver, porque, con la misma facilidad —y mayor— que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, porque a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta santa. [¶¶¶¶3v] [en blanco] [h. 1r] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1v] [xilografía con imagen de la virgen Juana con cuentas al cuello, arodillada y abrazando la cruz a la derecha, la custodia a la izquierda y arriba el ángel de su guarda —pone encima: “san Laruel Áureo”— llevándole al Padre las cuentas de Juana para que las bendiga. Debajo de la escena consta: “La Vuestra Merced y sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa del Orden Tercera de nuestro padre San Francisco, de la santa Provincia de Castilla, abadesa que fue en el convento de Nuestra Señora de la Cruz 17 años a los 28 de su edad, y fue electa en 3 de mayo año de 1499, día de la Invención de la Santa Cruz, y nació en el mesmo día el año de 1481, tomó el hábito en el mesmo día, año de 1496, profesó dicho día el año de 1497, murió en el mesmo día el año de 1534, a los 53 años de su edad”]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶¶¶4r] '''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora su habitación y morada tan cerca que solos quinien- [¶¶¶¶4v] tos pasos deste lugar quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apareció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de 1449, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, y le ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y ahora que era mayor comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso (''capítulo 8'') ''[86]'', no conste sino de los cinco o seis aparecimientos, es cierto que fueron nueve, según que se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan Gonzá- [1r] lez Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particular provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su Corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[87]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los nueve aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas hacen mucho al caso, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[88]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama la Fuente Cecilia, a la hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa vestida de paños de oro e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?”. (''Decía Inés que Nuestra Señora hablaba muy lindamente, que tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[89]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes.[1v]E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayunar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de la señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[90]''. ''E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[91]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego el martes siguiente dijo que andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció. (''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la dislumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[92]''. Y el viernes siete días del dicho mes, dijo[2r]la dicha Inés que andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar del Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que la había mandado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[93]''. Y entonces la dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen de la Cirolera, y estando fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo ofreciendo las oraciones e rogando que apareciese la dicha señora, que vino a ella en la forma que otras veces le había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E la preguntó luego quién era, y le respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[94]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos (''Esta señal vieron muchos, y aunque la probaron a deshacer no pudieron'') ''[95]''. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con [2v] esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”.'' ''(''Dolíala'''' todo el brazo hasta el codo y la parecía que le tenía seco'') ''[96]''. '' ''Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo públicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, e alcaldes, e regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal miraglo mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos en procesión con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar e con la dicha Inés, y llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. Saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María y que le dijera dos veces: “Anda acá”. E quería [3r] ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos, e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y señalando con el dedo dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'') ''[97]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella cuatro libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3v] Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos del arena en que quedaron estampadas las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalupe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro muy público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y le tomaron por testimonio. Y cuando Inés volvió de Guadalupe, fue primero que a su pueblo al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió Inés con sus padres a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan favorecidos se hallaban los de Cubas con haberles la Madre de Dios visitado nueve [4r] veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de Santa María de la Cruz, y en ella la santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados. (''La información destos milagros está en el archivo del convento de la Cruz'') ''[98]''. Y entre ellos doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. Y a la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas se vinieron a él, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos, y ellas dieron la obediencia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. (''Esta cruz se muestra en el Convento'') ''[99]''. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta [4v] salirse del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo había sido la primera en la virtud, vencida del enemigo, vino también a pervertirse y apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado y tan buena vida, según se sabe por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa santa Juana, por intercesión de su Santísima Madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos milagros se había aparecido, rogó a su santísimo hijo que para restaurarla, y la devoción de sus nueve aparecimientos que en ella había hecho, criase una criatura que se llamase Juana, porque hasta el nombre tuviese de gracia ''[100]''. Prometióselo el Señor, y dársela tan copiosa y sin medida que ninguna persona de las que hubiese en la tierra tuviese su semejante. Y que no solo le daría esta gracia tan liberal y copiosamente, sino otras muchas; y que tendría elevaciones y raptos, y trato fa- [5r] miliarmente con los ángeles, y vería a Dios y a su madre muchas veces. Porque cuando la divina majestad quiere que la santidad de algún santo llegue con el discurso del tiempo a grado muy excelente y heroico, toma la carrera muy de atrás, para que la santidad le venga tan nacida que parezca haber nacido con ella, como se verá en la vida desta gloriosa santa, cuyo nacimiento dichoso fue en el año del Señor de 1481, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese sierva y vasalla suya en lugar de su juridición y señorío, y que este se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de Su Santisima Madre una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud cual nunca en aquel tiempo se vio otra semejante a ella. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el bautismo la llamaron Juana. Y apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella [5v] la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día. Desde los pechos de su madre tuvo éxtasis y raptos, y porque la hallaba algunas veces en la cuna elevada y sin sentido ''[101]'' —aunque con pulsos y calor natural—, la madre ''[102]'' angustiaba desto, pensando era alguna enfermedad que la privaba del sentido y de tomar el pecho. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí ''[103]''; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija era muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, y prometió llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba cerca de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la santa niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la niña de dos años, o poco menos, por estar muy descolorida y tan enferma que no podía tomar el pecho ni comer ninguna cosa, su madre y abuela, que la querían [6r] mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se riyó la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló buena. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que besándola en el rostro y abrazándola, le dijo: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti” ''[104]''.Y la quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque aunque era niña no lo parecía sino en los años. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y levantándola del suelo la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla [6v] compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura ''[105]''. Y también vio muchos niños de no menor hermosura, que acercándose a ella le dijeron: “¿Qué haces ahí? Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, rezó la salutación angélica. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, la santa niña contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente ''[106]''. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[107]'' oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplan- [7r] deciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo ''[108]'', y alrededor de él muchos ángeles; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las penitencias que santa Juana hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la santa niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre ''[109]'', la cual viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cumpliese por ella. Y despidiéndose de su hija, y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la bendita santa Juana, considerando [7v] estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo la santa virgen con una su tía que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndole por delante su poca edad —que aún no tenía siete años— y las asperezas de la religión ''[110]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[111]''. Y orando otra vez, se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que, por cuanto su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, la rogaba la procurase para su Orden. Y dando parte desto a la priora del convento, se puso luego por obra, y tan de veras lo procuraron las monjas, que ofrecieron recebirla sin dote, pero su padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del convento se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era [8r] la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[112]''. Mas como Dios no la crió para él, sino para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos, y mudó a santa Juana los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pereciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, porque tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle ''[113]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía santa Juana un tío, persona muy principal y abastado de bienes de fortuna, y él y su mujer deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa, y la dieron el gobierno de toda ella, porque aunque de poca edad era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Y aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella: todos los días de ayuno ayunaba a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía [8v] silicio de cerdas de alambre a raíz de las carnes, y azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa; cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, cuando estaba en el horno en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para quemarse y padecer dolores por Dios ''[114]''. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba; y, fuera de aquel silicio de cardas, que le traía abierto y lastimado el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella, y desnuda se quedaba con solo el silicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[115]''. Pero una vez, viendo las criadas de casa que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía, la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese, y mirase adonde iba a tales horas. Y así la noche siguiente, viendo la moza que la santa no estaba en la cama, la esperó a la puerta del [9r] aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágines; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas y cubierta con una estera o silicio, porque como era de noche y a escuras no la vio determinadamente ''[116]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la santa virgen quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo hinchir y verter las jarras ''[117]'': los cuales siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces— la miraban, y se reían y alegraban mucho con ella. Y decía la santa virgen que recebía tanto consuelo siempre que los vía que no quisiera salir de aquel aposento ''[118]''. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible vista de los serafines era grande, no era menor [9v] la admiración que tenía de no saber qué hacían de tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban era la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente la infundían en su alma ''[119]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo de mañana, como la gloriosa santa Juana hubiese gastado buena parte della y de la noche, como otra nueva Magdalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que su dulce Jesu ''[120]'' había padecido aquel día, se la apareció crucificado, y así mesmo aparecieron allí todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes ''[121]''; y ella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos—, y tantos fueron los misterios de la Pasión del Señor que allí vio con los ojos corporales, y tanto lo que lloró, que dejó hecho agua todo el lugar donde estaba. Y su rostro quedó tan descolorido, tan disfigurado [10r] y difunto, que cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de aquella súbita mudanza que vieron en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa para esforzarla. Mas, como el mal de la santa virgen era de amor, ella misma los consoló, rogándoles que no tuviesen pena della, ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumpliendo con ellos y con todos los de casa, se salió la santa al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y abajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo hijo en los brazos, y que acercándose a ella la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[122]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto del espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y hallaron a santa [10v] Juana puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión, se llegaron todos a ella, y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando santa Juana ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero como los intentos de santa Juana eran de tener por esposo a Jesucristo y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios y su petición también despachada, como en el siguiente capítulo se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo santa Juana se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como santa Juana tratase siempre muy de veras de agradar y servir a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí, y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en casa la espiaban, y andaban a los alcances ''[123]'',  porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios ''[124]''. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, estando prostrada en tierra y hablando con una Verónica que allí tenía, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplico a Vuestra Divina Majestad, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, merezca yo [11v] ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro natural de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal, que corría sangre de él ''[125]''. Y tales cosas le dijo, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, y tal el amor con que lo pedía, que parece venció al invencible, el cual, aunque muy doloroso, corriendo sangre y llagado, con dulcísimas palabras que la dijo, la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión con que de su parte se ayudase ella, y hiciese lo que pudiese ''[126]''. Y dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y quedó la bienaventurada virgen con este favor tan favorecida y consolada, que desde ese punto comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos [12r] tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monasterio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie toma su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[127]''. Y tal impresión hizo en la santa doncella esta consideración que, comenzando el camino, comenzó a temblar, y, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces santa Juana quién la habló, hasta que andando el tiempo tuvo revelación que había sido el ángel de su guarda ''[128]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12v] Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era aquel hidalgo que la pretendía por mujer. Turbóse mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, y, permitiéndolo Nuestro Señor, el mancebo no la conoció, y la bienaventurada santa Juana, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, a la cual vio en el cielo que estaba puestas las manos, y de rodillas rogando por ella, y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz, de la cual te doy la potestad y llaves, para que la gobiernes y rijas” ''[129]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora la dijo, quedó su sierva muy confortada, y prosiguiendo su camino llegó al santo monasterio, y habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos [13r] a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[130]'' —y, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella la santa doncella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen habló a santa Juana, y le dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la inocente y santa doncella diciendo: “Ay, Señora, que como vengo sola y desta suerte, temo si me querrán recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban” ''[131]''. Y con esto la santa Virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiese en su compañía, pues para gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiole la abadesa, por haberse [13v] puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella, y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y dándoles parte del suceso decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y con harta vergüenza suya hubo la santa virgen de tornar a referir sus historias, y estándolas contando llegó su padre y parientes que la venían a buscar. “¿Qué has hecho hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida ''[132]''. A todo se hacía sorda la santa doncella, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni [14r] se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida, y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y con licencia de su padre y parientes ofreció a la santa que, pues tanto rehusaba volverse con ellos, se fuese con su madre a Illescas, donde estaría muy regalada y servida mientras se componían sus cosas, con seguro de que su padre y parientes vendrían de muy buena gana en ello ''[133]''. Mas la sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción [14v] y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre. Y ya aplacado algún tanto con esto, y tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la divina voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo santa Juana recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando [15r] llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho della y movido de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó al vicario del convento se le diese, y él prosiguió su camino ''[134]''. Y la santa virgen fue admitida en el convento y recibió el hábito en presencia de su padre y parientes, y comenzó desde luego a señalarse entre todas las otras religiosas, como el sol entre las estrellas. Y entregándola a la maestra de novicias, la mandó que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la bendita novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente que en todo el año del noviciado nunca habló salvo con las sobredichas personas, y eso solamente siendo preguntada o confesándose ''[135]''. Y con tanto rigor guardaba las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar [15v] que quebrantar sola una, por mínima que fuera. Y como deseaba tanto agradar a Dios, no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar en sí tanto que, oyendo leer en un libro que nuestro padre san Francisco mandó a un fraile ir a predicar desnudo, dijo: “Si mi padre san Francisco manda esto a un fraile que no tiene pecados, yo que estoy tan llena dellos, bien será me desnude para irlos a confesar”. Y, entrando en el confesionario —que de todas partes estaba cerrado y a escuras—, se desnudó; y, arrodillándose en tierra, comenzó su confesión con tan grandes temblores de frío —por ser en el rigor del invierno— que pensó el confesor le había dado aquel acidente causado de alguna nueva enfermedad, y así se lo preguntó a la santa virgen. Y, entendiendo qué era, la reprehendió por ello y mandó que no lo hiciese otra vez ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces la Hostia consagrada lo que siempre solía ver ''[137]'', que era el pan convertido [16r] en la carne de Cristo, y desto quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor de su nuevo desconsuelo tan estremado que le puso en aprieto y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece Infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme esta ofensa de Dios? Grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redemptor debajo de aquellos accidentes. Y con estas y otras razones que la dijo, quedó la santa novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como la había hecho hasta allí con la presencia [16v] de su dulcísimo redemptor, que tantas veces había visto en el sacramento del altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa novicia elevada en oración —cosa tan ordinaria en ella que desde los pechos de su madre y desde la cuna tuvo muchos éxtasis y raptos, como queda dicho— vio a los gloriosísimos patriarcas, nuestros padres santo Domingo y san Francisco, que muy amorosa y amigablemente contendían sobre a cuál de los dos pertencecía esta bendita criatura. ''[138]'' Decía el bienaventurado santo Domingo que, por haber sido primero llamada a su Orden y pretendida con mucho cuidado de sus frailes y monjas, le pertenecía a él. Nuestro padre san Francisco alegaba en su favor que, por haber tomado el hábito de su Orden y estar tan contenta en ella, era suya y solo a él pertenecía. “Y para mayor prueba desto —dijo el Seráfico Padre—, preguntémoselo a ella, y estemos por lo que dijere”. Mucho se agradó desto el glorioso santo Domingo y, aprobando el concierto, fue el primero que propuso y dijo de esta manera: “Yo, hija mía, digo que eres de mi Orden, porque esta fue tu primera vocación, y mi padre san Francisco dice que eres de la suya. Queremos salir desta duda y estar por lo que tú dijeres. Ves aquí nuestros hábitos, dinos cuál dellos te agrada más: [17r] este blanco es el mío, que significa la santidad y la pureza de la Virgen Nuestra Señora”. Nuestro padre san Francisco la mostró el suyo humilde, desechado y pobre; las manos y pies y costado con sus llagas. Y así como le vio esta alumbrada criatura, dijo: “Destos santísimos hábitos el que más me agrada es el de mi padre san Francisco, por su humildad y pobreza, y por las señales de mi redentor que veo estampadas en él”. Y tomándole en sus manos, le besó con mucho amor y humildad. Y entonces el glorioso santo Domingo, alabando a Dios, dijo a nuestro padre san Francisco, con muestras de grande amor: “No os espantéis, padre santo, que tal joya como esta desease yo para mi Orden. A la vuestra la dio Dios, en quien está bien empleada, y así me huelgo yo mucho que la tengáis y gocéis”. Y con esto desapareció la visión, y santa Juana quedó consoladísima, y de nuevo aficionada a su padre san Francisco y más devota a su hábito. Y por haberle tomado en aquella casa en el día de la Cruz a tres de mayo, tomó el sobrenombre “de la Cruz”, y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio, que, no pudiendo sufrir el que con rabia infer- [17v] nal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos, pidió licencia a Dios para ponerlas en ella ''[139]'', y con este salvoconducto, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras: azotola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[140]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta santa? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las penitencias de santa Juana y de la frecuencia de sus raptos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa religión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios [18r], que desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento, que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hiciese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos, y quemada!”. Y pensando en esto, y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores, mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno, y a todas las criaturas de la Tierra, que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que sea, será limitado y corto para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío”'' [141]''. Y acompañando con obras estos tan fervorosos deseos —hecha la profesión— comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y  sus ayunos lo fueron tanto, que la sucedía no desayunarse en tres [18v] días, y hartas veces estarse los ocho días enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia era muy larga, y el sueño tan poco que no dormía hasta la hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre muy humilde y pobre, más vil y remendado que el de ninguna otra monja, con ser todas pobrísimas por estremo. Traía túnica y hábito de sayal, toca de lienzo, cuerda muy gruesa y ñudosa, y en los pies unas alpargatas de cáñamo, aunque lo más del tiempo andaba descalza, traía silicio de cardas y cadenas de hierro junto a las carnes y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz ''[142]''. En la oración gastaba toda la noche, y decía que cuando no era muy fervorosa, y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese ''[143]''. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina, consideraba que era para que comiese Dios en ellos. Y así en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] Y como sabía la santa virgen lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuraba siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. Y sucediola una vez que llevando a verter el de una enferma, la ofendió tanto el mal olor —por ser ella muy delicada— que con la fuerza y repugnancia que hizo por mortificar su natural complexión, la sobrevino un tan extraordinario acidente, con tan mortales congojas, que llegó a punto de espirar; y, como si esto fuera grande culpa, se condenó luego a una gravísima pena, y reprehendiéndose a sí misma, decía la humilde virgen: “No quedará tal maldad sin castigo, que muy grande le merece quien, siendo la misma miseria, se estraña de la de su propia hermana”. Y diciendo y haciendo, metió la cabeza dentro del servicio que llevaba ''[144]''. Mas el demonio, envidioso desta mortificación de la santa y moviendo fuertemente la aprehensión de sus sentidos, hizo que el sentimiento de aquel objeto presente fuese mayor, y, como si el crimen lo fuera también, tomando la santa virgen nueva venganza de sí y haciendo nuevos actos de mortificación y humildad, hizo uno de fortaleza tan heroico y superior a las fuerzas [19v] de una flaca mujer, cual nunca jamás se ha visto, mortificando el sentido del gusto con lo que tanto aborrecía el sentido de su olfato. Y, venciéndose con este hecho a sí misma, venció también la tentación del demonio, y quedó consoladísima, y su alma con mil dulzuras del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta santísima virgen, yendo a sacar agua del pozo, quebró una orza o barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos del vaso y quedó sano, y sirvió después dos o tres años en la cocina ''[145]''.  Y una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor ha remedidado por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó santa Juana la suya y los primeros años de la religión, los cuales como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su pruden- [20r] cia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta, que sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó también en estos oficios que muy en breve la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos: porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y arrodillada a los pies de las que la reñían decía su culpa y rogaba a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase también con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia que esta era su gloria, su bienaventuranza y su Cielo ''[146]''. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios hallaba a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta santa virgen en la portería y en el torno, porque estando en estos oficios andaba tan enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le traía presente; tanto, que si volvía el torno para dar o recebir algún recaudo, le contemplaba cuna en que mecía al dulce niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver [20v] el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que con rostro muy apacible y risueño la habló, alegrándose con ella ''[147]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, que tomándole en los suyos se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles que con muy dulce y concertada harmonía le daban música ''[148]''. Mas como viese santa Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada, mas consolándole la que es madre de consuelo dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumplió con su oficio de obediencia y se fue derecha a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles, que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana [21r] visión, tan absorta que aunque la llamaron con la campana no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Y entonces, dejando a Dios y a su madre, por la obediencia fue a ver quién la buscaba. Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Y encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual se fueron tras ella, por ver lo que había, sospechando alguna gran cosa ''[149]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, acecharon y oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejandoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”'' [150]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita santa Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden [21v] encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, no solo después de nacida, sino antes que naciese, pues antes que tuviese ser de persona la puso la Virgen el nombre de Juana, y por su intercesión y méritos la envió el poderoso Dios al mundo tan llena de gracias y favores del Cielo que antes que la santa niña supiese decir las primeras palabras que en los otros niños son gracias, en ella fueron celestiales gracias, porque desde la cuna y desde los pechos de su madre tuvo revelaciones, éxtasis y raptos, los cuales crecieron tanto con la edad que cuando la santa virgen llegó a los 24 años apenas hubo día que no tuviese muchos, y muchas revelaciones en ellos ''[151]'', durándole más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y muchas le acontecía tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando de solo oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[152]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos [22r] raptos, y cuando volvía dellos rogábanla las monjas les dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo manifestase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu al Cielo, y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso ''[153]'', donde el Señor la consolaba con su realísima presencia, que por su infinita misericordia la comunicaba, y vía a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del Nuevo y Viejo'' ''Testamento —de que daba tan lindas señas, como si hubiera nacido y criadose con ellos— ''[154]''.  Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías: Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento, otros con la Virgen Nuestra Señora con su precioso Hijo en brazos, según que lo profetizaron. Y que los [22v] santos del Testamento Nuevo traían también sus insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Bautismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno de ellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contemplar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa— y quiere que yo los vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía santa Juana veintidós años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no tuvo otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta ''[155]'', los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios y arpillados los dientes, la nariz afilada, [23r] y todos sus miembros descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que pasados algunos días se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “Sabrán, madres y hermanas, que la causa de ver en mí tal novedad en aquel rapto fue porque estando en él, y mi espíritu en aquel lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi llorar al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole la causa de sus lágrimas y tristeza, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que de pena desto lloró”. (''Llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [156], más por similitud que por propiedad, porque el ángel aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital ni puede —según santo Tomás [157]—, porque para obrar propiamente estas cosas que son acciones vitales había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece y como forma suya animarle'') ''[158]''. “Y rogó a Dios que no volviese mi espíritu más al cuerpo, y Su Divina Majestad le respondió que no convenía, porque quería llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Y viendo esto, suplicó a Su Divina Majestad me concediese toda la vida [23v] esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido, y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte, y una religiosa que cuidase siempre della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el niño Jesús se desposó con santa Juana, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores, que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima y santa virgen, porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que le amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de los ángeles —como otras ve- [24r] ces solía—, sino por su misma persona, y desposarse con ella en los brazos de su Santísima Madre —tálamo sagrado y divino—, donde se celebraron estas espirituales bodas, a las cuales asistieron muchos ángeles y vírgines, que venían acompañando a su Rey y a su Señor, en quien puso santa Juana los ojos, y acordándose de la palabra que le había dado de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo, alcanzase de Su hijo cumpliese lo prometido ''[159]''. Rogaba también a las santas vírgines y ángeles le ayudasen en su pretensión y demanda, y todos arrodillados en la presencia de Dios, le suplicaron concediese lo que su humilde sierva pedía. Y ella con mucha fe y humildad no cesaba en su oración hasta que el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgines, puso en santa Juana los ojos de su misericordia, y, con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo”. Y estendiendo su poderosa mano se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor, y con el que tenía santa Juana a su amado y dulce esposo suplicó a la [24v] Reina del Cielo, que pues Su santísimo Hijo se había ya desposado con ella, se le diese para gozarse con él. Hizolo así la soberana Señora, y ella misma puso el Niño Jesús a santa Juana en los brazos, y le dijo: “Bien será, Señor, que en señal de desposorio y del amor que Vuestra Majestad tiene a su esposa, le dé alguna joya de estima”. Y quitándose de su dedo una muy rica sortija, se la dio a Su dulcísimo hijo, y él mismo, tomándola con su poderosa mano, se la puso a santa Juana en el dedo, en presencia de su Santísima Madre, que fue la madrina, y de muchos ángeles y vírgines, testigos muy verdaderos y ciertos deste espiritual y soberano desposorio. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [160]'') ''[161] ''[162]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando santa Juana en sus sentidos, no arrobada sino velando con las otras monjas en la casa de labor, con el aguja en la mano y los ojos en la almohadilla, puestos los del alma en su santísimo Esposo, se la apareció la Madre de Dios con su Hijo en los brazos ''[163]'', y, llena de amor y confianza, después de haber adorado a Hijo y Madre, la rogó con mucha humildad le diese a su dulce Esposo, para tenerle consigo [25r] y regalarse con él. Y la piadosa Señora, inclinada a la petición de su sierva, con rostro alegre y gozoso dijo: “Toma, hija mía, el precioso fruto de mis entrañas, que esos son mis regalos: dársele a quien también como tú le merece”. Y, estendiendo santa Juana su escapulario, recibió en él aquel soberano tesoro y precio inestimable del mundo, el cual otras muchas veces tuvo también en sus brazos ''[164]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo santa Juana al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía, y cuando no le era concedido comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual contínua y muy prolongada ''[165]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [166]'') ''[167]''. Tanto que estando una vez arrobada en aquellos maravillosos raptos [25v] que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que cada hora y cada momento, y cuantas veces respiraba, comulgaba espiritualmente y recibía en su alma la mesma consolación y gracia, y aquellos regalos del Cielo que cuando recebía sacramentalmente la Hostia consagrada. (''Comunión espiritual es cuando una persona no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el concilio tridentino [168], y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del sacramento conforme a su devoción, y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[169]''. Y, reconociendo la santa virgen este soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestro santísimo cuerpo a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma el gusto, la suavidad y regalo que cuando comulgo sacramentalmente, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo por la amargura de mis pecados no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, sacramento de ma- [26r] ravillosa virtud!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué misericordia y liberalidad la que hace vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estándose una vez confesando la santa virgen mientras se decía la misa, por ser ya hora de alzar ''[170]'' la mandó el confesor que se fuese a ver a Dios, y llegando a un portal cerca de la iglesia antes de entrar en el coro della y oyendo tañer a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Y estando así arrodillada, se abrió a la larga casi toda la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el santísimo sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[171]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia, y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada santa Juana en aquel mismo lugar. Y cuando el sacerdote alzó segunda vez la Hostia [26v] se volvió a abrir la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy, y desde aquel tiempo se tuvo en gran veneración. Y cuando adelante se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, donde las monjas van a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina, que oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[172]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[173]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando esta santa virgen en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pu- [27r] diendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[174]'', y, lo que más es, vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[175]''. Y otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, halló dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada —permitiéndolo Dios, que quiso por este medio proclamar tan soberano milagro—. Y a este mismo punto volvió la santa del rapto en que estaba, y con harta agonía fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y la dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que trujeron los ángeles” ''[176]''. Y la religiosa, atónita de oírlo, rogó a santa Juana le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al Infierno— murió con el santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia y le trujeron aquí, [27v] mandándome que pues yo lo había visto comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de Purgatorio. Y estando arrobada me dijeron que cierta persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la familiaridad con que santa Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a santa Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente, como un amigo ''[177]'' [28r] con otro, y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo— y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[178]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles, no solo con el de su guarda sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos, que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[179]''. Y una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que tan admiradas del caso cuanto deseosas de saberle, rogaron a la santa virgen se le contase ''[180]''; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar de solo Dios, quiso Su Divina Majestad que los [28v] ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el santísimo Sacramento, y os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Y persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan, sino que siempre nos acompañan: si caemos, nos levantan; si estamos tibios en la devoción, nos inflaman. Ellos nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos, y a la hora de nuestra muerte con particular vigilancia asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el Purgatorio; finalmente en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”'' [181]''. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como todas no acudieron luego, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”'' [182]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa vir- [29r] gen, y reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia, y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y mandándoselo Dios las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y otra cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer y servir” ''[183]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba santa Juana a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles de su guarda, de quien ella lo era tanto que se hacía lenguas diciendo grandezas del suyo. Decía que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve. “Y no es su adorno como el que yo veo en los otros ángeles de guarda, que no tienen más que dos alas, porque mi santo ángel trae por lo menos seis, y algunas veces ocho y [29v] diez”. (''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [185], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres: y no por esto, ni por lo que dice santa Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son ni tienen cuerpos, como muchos de los antiguos dijeron, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [186]'') ''[187]''. “Y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la Cruz, y alrededor della esta letra: ''`Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum´ [188]''” ''[189]''.  Y así mismo decía la santa virgen que traía en los pechos sobre la vestidura bordada esta letra: ''“Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda nostra”'', y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa Cruz, con el siguiente letrero: ''“Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae”'', y en la manga del brazo siniestro trae la misma divisa de la Cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: ''“Dulce lignum, dulces clavos”'', y en los pies trae de piedras preciosas sobrescrito este motete: ''“Quam pulchri sunt gressus tui”'', y en las rodillas otro, que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur”'', y más arriba esta letra: ''“Coelestium, terrestrium, et infernorum”'' ''[190]'', y en sus sacratísimas manos suele traer un muy her- [30r] moso pendón, pintadas en él todas las insignias de la Pasión y la imagen de Nuestra Señora con su preciosísimo Hijo en los brazos. Y a este modo publicaba de su ángel tantas cosas que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que rogaron a la santa virgen con grande instancia lo supiese del mismo ángel. Y diciéndoles se llamaba san Laruel Áureo ''[191]'', no solo le tomaron las religiosas desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los apellidos de sus linajes y parentelas, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también santa Juana que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo el alma del rey David, la de san Gregorio Papa, y la de san Jorge, y otras de algunos santos muy señalados. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos'' ''[192]'') ''[193]''. “Y eslo tanto él que le llaman en el Cielo “el Ángel del privilegio”, por muchos que Dios le ha concedido para bien de las almas: consuela y visita las del Purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo [30v] derecho, donde trae grabada la señal de la cruz con la letra que dice: ''“Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae”'' ''[194]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantoso aullidos; socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez santa Juana a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, y a todas responderé porque lo quiere Dios” ''[195]''. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutilezas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber casi lo que dellos está escrito: así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, [31r] con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo que principalmente pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Concluyó el ángel diciendo: “Sabe, amiga de Dios, que las cosas que de su parte te he dicho son tan altas y tan ocultas que hasta ahora a ninguno de los hombres se las ha revelado Su Majestad tan copiosamente como a ti”. Dijo también a la santa que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[196]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': ''“In principio erat Verbum”'', y las del Génesis: “In principio creavit Deus coelum et terram” [197]'', porque la santa se lo rogó. Y mandola que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba ''[198]''. Y también la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[199]'' ''se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo ''[200]'', y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en me [31v] dio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa santa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y en todas ellas tan poco alivio y consuelo que no le tuvo en ninguna cosa ni a quien volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien con mucha familiaridad y llaneza contaba todos sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia. Y un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. ''[201]'' “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la penitencia [202], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo debajo de confesión consolándose con otro, o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión [203] que la santa hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [204], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos dotores de la Iglesia san Agustín [205], santo Tomás [206], san Bonaventura [207] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [208] [209]'') ''[210]''. “Ya yo he confesado sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría con- [32r] fesarme de las mismas cosas con vos”. Y comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordadmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo él—en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la santa virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado” ''[211]''. “Sí —respondió el Ángel—, cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó santa Juana: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación, parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo [32v] de vanagloria o soberbia”. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay Señor! —replicó la desconsolada virgen —que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, y viendo cual me han tratado y reprehendido, estoy tal que aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas, por lo cual deseándola consolar el ángel, dijo: “Sosiégate, alma bendita, y no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifican como el oro en el crisol ''[212]''. Y no pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu co- [33r] rona y se purifica tu alma, que como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos”. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó la santa—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura: que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, estuviera casi siempre o muchas veces en gracia, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces”. “¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, santo ángel, guardador mío, que perdone a esta miserable y no se pierda esta alma, que está por vuestra cuenta ''[213]''. Dadla buena desta ovejuela vuestra, no se la lleve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que [33v] me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa ''[214]'' con que te las da Nuestro Señor, como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan amenudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo” ''[215]''. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [216], de santa Francisca Romana [217] y de santa Isabel, hermana del rey Ekrberto y abadesa del monesterio de Esconaugia [218] [219]'') ''[220]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo santa Juana— y a vos, ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Y deseo me digáis ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo a vos tantas veces y gozo tan [34r] a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre?”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió santa Juana— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque como tan miserable y pecadora no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace Dios estas mercedes” ''[221]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y de otras muchas que sucedían a santa Juana con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la condición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: [34v] A una persona espiritual, que rogó a santa Juana supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan”: otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en santa Juana, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes, y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Dirás a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insinias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores” ''[222]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a santa Juana en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo muchas porque este volumen crece más de lo que yo quisiera, y por dar lugar a la misteriosa historia de las cuentas, llamadas comúnmente “de santa Juana”, bien conocidas y estimadas en España. Y así se tratará dellas en los tres capítulos siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[35r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los rosarios y cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de santa Juana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que se vean las maravillas de las obras de Dios y los medios que usa la Divina Majestad para llevar almas al Cielo, contaré la historia de las cuentas de la gloriosa santa Juana en la manera que está comprobada con treinta y un testigos jurados en dos informaciones hechas: la una entre religiosos, por comisión del reverendísimo padre fray Arcángel de Mesina, ministro general de nuestra sagrada Religión, y la otra entre hombres seglares, por comisión del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal de España y arzobispo de Toledo, con acuerdo de los señores de su Consejo, cuyos traslados auténticos están en el archivo del convento de la Cruz. (''Informaciones jurídicas que se hicieron acerca de la verdad destas cuentas el año de 1609'') ''[223]''. Para lo cual se advierta que, como Dios dispone todas las cosas suavemente y las ordena en número, peso y medida, hace estas en beneficio de los hombres por intercesión y méritos de sus siervos. Y como los de santa Juana eran tan grandes, y los favores que Dios la hacía tan manifiestos, las religio- [35v] sas de su convento, queriéndose valer de la intercesión de su santa madre, la rogaron alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas indulgencias y gracias para ellas y para las ánimas de Purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La Santa, con su gran caridad, que no sabía negar cosa de cuantas por Dios la pedían, ofreció tratarlo con su ángel, y ponerle por intercesor ante la Divina Majestad. Y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas, que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[224]''. No lo dijo santa Juana a sordas, porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca cuantos rosarios, sartas y cuentas pudieron descubrir, y, para el día que la santa señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo, y otras de coral, etc. La Santa, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una ar- [36r] quilla —que yo he visto algunas veces—, y a una de las más ancianas del convento que la cerrase con llave, y la guardase consigo ''[225]''. Hecho esto, la santa se puso en oración, y viéndola arrobada las religiosas, creyeron que aquella la hora era en la que el Ángel habría subido a bendecir sus rosarios al Cielo. Llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave, se fueron llenas de espiritual consuelo, aguardando el tesoro celestial de las indulgencias del Cielo que el Ángel les había de traer cuando tornase la santa de aquel rapto. Y como volviese de él sintieron en todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la santa la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita” ''[226]''. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola a abrir ahora, la hallaron con los mismos rosarios que habían puesto en ella, porque el ángel que los llevó al Cielo los había bajado ben- [36v] ditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció mucho más el olor, de que las monjas quedaron consoladísimas y sumamente admiradas ''[227] [228]''. Y la santa dijo que aquella suavidad y lindo olor era de sus rosarios, que de las santísimas manos de nuestro Señor Jesucristo donde habían estado se les había pegado aquella fragrancia que tenían, y que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias, indulgencias y virtudes, las cuales la santa las iba diciendo, y juntamente dando a cada religiosa sus rosarios. Y destos a unos llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las indulgencias y gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes ''[229]''; otros llamaba “contra demonios”, por la virtud que Dios dispuso en aquellas cuentas para lanzar los demonios de los cuerpos de los endemoniados; otros contra las tentaciones y enfermedades, y otros contra otros peligros ''[230]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo, que del de la iglesia concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva santa Juana, quedaron consoladísimas las religiosas, y muy obligadas a su santa madre, por la misericordia que por su intercesión [37r] habían recebido. Y con muy gran devoción comenzaron a ganar las gracias e indulgencias de aquellos santos rosarios. Mas por gozar cada cual más copiosamente de aquel bien, quisiera cada una dellas participar de las indulgencias que las otras tenían en sus cuentas, y así rogaron a la santa abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias, virtudes e indulgencias que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios, las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad se lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen: privilegio tan pocas veces concedido que no se lee de otras indulgencias semejantes que, a instancia de algún santo, haya Nuestro Señor concedido inmediatamente por su boca, salvo la indulgencia de Porciúncula que Su Divina Majestad concedió a nuestro padre san Francisco. Y en la una y en la otra confirmando siempre el poder que ha dado a sus vicarios, los sumos pontífices, para conceder indulgencias, pues habiendo concedido la de Porciúncula a nuestro padre [37v] san Francisco ''[231]'', le envió al Papa para que se la confirmase, y a santa Juana concede las indulgencias de sus cuentas con condición que no desprecien por ellas las que los Papas conceden ''[232]''. Y si no le mandó Nuestro Señor que fuese por la confirmación a Roma, como a nuestro padre san Francisco, sería por ser mujer encerrada y recogida, con voto de perpetua clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo Nuestro Señor esta tan señalada merced a su Iglesia en tiempo que la hubo mucho menester, por ser en el mismo que Lutero atrevida y sacrílegamente abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían. Las virtudes destos rosarios y cuentas son muchas, y en especial se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos constriñidos por la virtud de las cuentas de santa Juana, y huyen de los que las traen consigo. Tienen virtud contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y así mismo contra las enfermedades del cuerpo y del alma, porque tienen virtud contra las calenturas y peste, contra escrúpulos, contra las ten- [38r] taciones de la fe y espantos de los demonios, y tienen las virtudes de los Agnusdeyes, y muchas indulgencias por vivos y por difuntos, que las concedió Nuestro Señor. Y aunque yo he visto algunos sumarios escritos de mano y otros impresos de molde de estas indulgencias y otras muchas que dicen concedió el papa Gregorio XIII a estas cuentas de santa Juana, por no haber visto auténtica la concesión en forma que haga fe, no lo afirmo, ni las pongo aquí, porque todo lo que en esta historia escribo, pretendo —a honra y gloria de Dios— sea tan auténtico y cierto, que con razón ninguno pueda dudar dello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta es la verdad destas misteriosas cuentas de santa Juana, según lo que yo he podido entender, colegida de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas muy ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma Santa, y en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes, gracias e indulgencias, sin que persona de cuenta haya puesto [38v] lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho. Y el Papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, estando en España con un tío suyo, auditor de Rota, sobre los negocios de la posesión del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de santa Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro, condes de Puñonrostro, y informado de la vida y milagros desta santa virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su santo cuerpo, pidió a la abadesa, que se llamaba soror Juana Evangelista, alguna cuenta, y con mucha devoción y estima llevó consigo una que le dieron. Y los bienaventurados fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[233]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al cielo y que Cristo nuestro redentor las había dado su bendición y concedido muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles gozasen dellos y deste tesoro del Cielo, persuadían a los pueblos que [39r] tocasen sus rosarios a las cuentas que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta santa virgen, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando indulgencias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que con evidencia prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho en abono y confirmación destas cuentas, y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas de santa Juana pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[234]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado las cuentas de la gloriosa santa Juana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo, maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión de su santa esposa, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen muy sin sospecha. Y [39v] porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros, con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser estos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdaderas divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hace evidentemente creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destos rosarios y cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros nuevos y de nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron los dichos milagros están todos al presente vivos ''[235]''. Primeramente don Francisco de Rojas, señor de Mora, tenía una destas cuentas de santa [40r] Juana, y pasando por donde conjuraban una endemoniada, así como se acercó a ella, comenzó el demonio a dar grandes gritos diciendo: “Echenme de ahí ese hombre, que me causa nuevos tormentos” ''[236]''. Y preguntando el clérigo al demonio por qué lo decía, respondió que lo hacía porque aquel hombre traía consigo una cuenta de Juanilla de la Cruz ''[237]''. Y oyéndolo el sobredicho don Francisco, quitándola del rosario, se la dio al sacerdote que conjuraba, y así como se la puso a la endemoniada, salió della el demonio, y quedaron todos alabando a Dios y dándole muchas gracias por la virtud que había puesto en aquellas cuentas. Y el sobredicho don Francisco dejó esta cuenta a la endemoniada porque no la volviese a fatigar el demonio, y fue a pedir otra al monasterio de la Cruz, y dio fe deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una destas cuentas que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada ''[238]''. Y poniéndosela, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de santa Juana. Y oyéndolo el clérigo, dijo al demonio: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de [40v] santa Juana, te mando que salgas del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió della y quedó dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio una cuenta que tenía de las de santa Juana y poniéndosela al cuello a la dicha mujer salió della el demonio y quedó alabando a Dios que tal virtud había puesto en estas cuentas ''[239]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Francisco Castañoso de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la Provincia de Castilla, declaró que tiene unas cuentas de santa Juana, y deseando hacer experiencia dellas, siendo guardián de San Francisco de Pinto, oyó decir que un clérigo del lugar estaba conjurando una endemoniada ''[240]'', y llevando consigo sus cuentas se fue a la iglesia donde la conjuraban, la cual así como le vio dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y el dicho guardián, viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba de él. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas” ''[241]''. Y queriéndolo disimular [41r] el guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Y el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián. Y, riéndose, el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas de santa Juana, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado todo el rostro y lleno de cardenales, mas poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y de allí a poco salió della el demonio, pero quitándole las cuentas se volvió a endemoniar, y poniéndole otra de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta ''[242]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó [41v] a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y comenzando a hacer grandes estremos dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo y salió del pueblo tan apriesa que, aunque fueron tras él muchas gentes, no le pudieron alcanzar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó en casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima de ver. Y llegándole con las cuentas a la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della ''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la santa Provincia de Castilla, declara en su deposición que las dichas cuentas de santa Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, contra las tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, y que esto es cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas esperiencias y milagros ''[244]''. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una [42r] gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Maribuena, se amparó con una cuenta de santa Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas y a ella dejó sin lisión. Y después se comprobó este milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[245]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan gran tempestad y tormenta, que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, acordándosele al dicho padre de una cuenta de santa Juana que llevaba consigo, la lanzó en el mar, en una cuerda muy larga para poderla recoger después, y al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una cuenta de santa Juana que traía consigo ''[246]''. [42v] Y deseando que todos los que allí estaban conociesen la virtud que Dios había puesto en ella, la arrojó a la parte donde venía la tempestad. Y en ese mismo punto, cesó y se aclaró el cielo, con grande admiración de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, le pusieron al cuello las cuentas de santa Juana, y vio en sueños que una monja del hábito del monasterio donde está su santo cuerpo, le ponía las cuentas de santa Juana ''[247]'', y decía que se esforzase ''[248]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravillla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[249]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[250]''. Y encomendándose a santa Juana, y prometiendo, si sanase por su intercesión, una novena ante su santo cuerpo, poniéndose una cuenta suya, se halló repentinamente sana, sin que la aquejase más la enfermedad. Y el año de la peste tuvo dos secas [43r] mortales ''[251]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía de santa Juana, y que por los merecimientos de aquella sierva suya la daría nuestro Señor salud; quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor muy copioso y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la gloriosa santa Juana, y a darle gracias de la salud milagrosa que Dios por su intercesión le había dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares, tan apretada de mal de corazón, y con otras enfermedades tan peligrosas, que llegó a estar desahuciada. Y poniéndola una cuenta en el lado del corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran en ellas, y comenzando luego a mejorar, con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[43v] Doña Catalina de Salazar, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta que le causó mucha pena y dolor. Y temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas viéndose todavía apretada de su dolor, se acordó de las cuentas de santa Juana, y llamándola en su ayuda, se puso en la garganta las dichas cuentas, y al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta ''[253]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de Madrid, que no nombro, siendo fatigada de muchos escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de santa Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio ''[254]''. Y puesta la misma cuenta sobre una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma y con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra los peligros del alma y cuerpo ''[255]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Muñoz, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella ''[256]'', porque estaba condena- [44r] da, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Y la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de santa Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”.Y quedó libre de aquella desesperación en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, la dicha Isabel del Cerro pidió a Ana López que la tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y rezando la dicha Ana López en la cuenta que tenía contra la voluntad de su dueño, se la desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés Baptista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una cuenta de santa Juana a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en [44v] un camino, y cuando la echó menos, tornó algunas leguas buscando su cuenta, porque la estimaba en mucho. Y rogando a santa Juana se la deparase, la halló en un arenal en el aire una vara del suelo y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así mismo consta de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a bienaventurada santa Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, rogaba a la santa se la deparase. Y estando en esto, vino una por el aire que cayendo de lo alto la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la [45r] cuenta, fue caso milagroso y que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas de santa Juana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas de santa Juana que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la santa lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la die- [45v] ron a ellas, antes en buena filosofía la contienen con eminencia. Y, pues los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios Nuestro Señor el testigo della. Y así contaré aquí algunos, colegidos de las dos informaciones sobredichas, y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para averiguar ciertos milagros del santo fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones, con mil y cuatrocientos testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este siervo de Dios tenía una cuenta de santa Juana, y tanta devoción en ella que exhortaba a las gentes y pueblos tocasen sus rosarios a ella. Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la [46r] cuenta de santa Juana que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque estaba abrasando como fuego y se quemaba. Y viendo esto el santo fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no toque tus cuentas a la de santa Juana, porque no goces de las indulgencias y virtudes que Dios puso en ellas” ''[258]''. Y semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran ''[259]''. Y en la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía de santa Juana, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya esas están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de santa Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a una cuenta de santa Juana. Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco fue muy tentada del demonio, el cual [46v] se le apareció muchas veces, y ofreciéndole la soga, le decía que se ahorcase. Y poniéndole una cuenta tocada a las de santa Juana, nunca más el demonio le pareció, y quedó libre de él, y de los temores y espantos que le ponía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cierto dotor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le traía muy inquieto y desconsolado, y habiendo oído decir las virtudes de las cuentas de santa Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre de aquellos malos pensamientos, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre que estaba endemoniado y muy furioso ''[260]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fulano Carrillo, clérigo y cantor que al presente es de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de santa Juana, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado— acertando a llegar donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que aunque era de las tocadas tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[261]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no [47r] era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento y dijo que tomasen por testimonio un gran milagro de las cuentas de santa Juana, y es que en la dicha villa de Madrid vio llevar un endemoniado a conjurar a una iglesia, y acordándose dellas, dijo: “¿Quién tuviera una de las cuentas de santa Juana?”. Respondió a esto otra mujer que iba con ella: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada que la mujer tenía, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado ''[262]''. Y así como entró por la iglesia, comenzó el demonio a dar voces que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el Infierno junto ''[263]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de santa Juana de las tocadas, y que yendo un día a [47v] la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose ella a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla” ''[265]''. Y oyendo esto la gente, dio lugar a que la dicha esclava se acercase y, poniéndole al endemoniado la cuenta, al punto salió el demonio dejando aquel hombre libre, y a él y a todos los que presentes llenos de admiración de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas a las de santa Juana, y yendo a la villa de Pinto, halló que en la iglesia estaban conjurando a una mujer endemoniada ''[266]''. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, y a decir echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el Infierno ''[267]''. Y el dicho Arriaga dio la cuenta al clérigo que conjuraba, y poniéndola sobre la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz —según supe de su boca— dio a un hombre una destas cuentas ''[268]'', y pensando él que era de las originales, no vía la [48r] hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Encontrando con un endemoniado, se la puso, y muy furioso el demonio, haciendo muchos extremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, por no ser original, sino de las tocadas. Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con esto se prueba bastantemente la virtud de las cuentas de santa Juana, y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiempo se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Santa, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen en las dichas cuentas, y mucha experiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[48v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva santa Juana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta santa virgen, que aunque su vida esté tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones, atendiendo a que el comunicárselas Dios a santa Juana fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas y el que ahora tenemos en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele considerando las misericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que mostró Dios a esta santa, la cual contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Magdalena ''[269]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar [49r] los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo.  Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios, y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo, acompañada de los tres ángeles, es de un hombre viejo grandísimo pecador, que toda su vida estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el Infierno’. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de [49v] su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual, y de su cuerpo, sale en este punto el alma, y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarlo, por lo que dice Escoto ''[271]'', fundado en el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte ''[272]'') ''[273]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Abadesa era santa Juana, y estando en oración un día, le mostró nuestro Señor que a un hermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia” ''[274]''. Hízolo así el hermitaño, y estando en esta postura arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la de este hermitaño como si adorara al mismo Dios, [50r] déjate de esas vanas adoraciones, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Y quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el hermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la santa virgen—, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de él y de sus engaños, que son mayores de los que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [275]'') ''[276]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta santa virgen, día de santa Lucía, que estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[277]''. Considerando estas cosas santa Juana, y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, la habló el mismo Señor con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas ''[278]'', diciendo: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Y la [50v] humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad, por tan soberana merced, aunque mayor la pienso recebir de vuestra poderosa y liberalísima mano. No me hartan, Señor, esos dones, ni me satisfacen esas joyas, regocijos y fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad” ''[279]''. Y entonces el piadoso Señor respondió desde un soberano trono en que estaba: “Yo te prometo, hija, de cumplir tus deseos y darte bienes sin cuento”. Con lo cual, y con la presencia de Dios de que gozó la santa virgen en este rapto, quedó muy consolada y contenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os amo y quiero”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara—. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor, y te tengo por mi singular devota y amiga” ''[280]''. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue [51r] acabada, cuando llegó a santa Juana la ánima de un niño que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios de lo mal que los criaba ''[281]''. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano”. Con esto santa Juana la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la gloriosa Santa, que la visitaba muy amenudo, aprovechándose de los santos consejos que la daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de los Reyes, estando en el coro oyendo misa la extática virgen se arrobó, y era tanta la hermosura y resplandor que salía de su rostro, que causaba consuelo y admiración a las monjas que la miraban, y la rogaron —cuando volvió en sus sentidos—dijese algo de lo que había visto en aquel soberano rapto. Y así dijo: “Mostrome el [51v] Señor por su misericordia las grandes fiestas que hoy le hacen en el Cielo, donde vi a la Reina de los Ángeles asentada en un soberano trono, y junto a ella estaba el santo pesebre, con su santísimo Hijo recién nacido, cercado de muchos ángeles, que al son de sus instrumentos cantaban maravillosas letras ''[282]''. Y cantando ellos, la Reina del Cielo hizo señas que callasen, y me llamó a mí, su indigna sierva, que la estaba mirando, postrada de rodillas ante las gradas de aquel soberano trono, y me dijo: ‘¿Has visto a mi hijo, como está, niño y chiquito? ¿Parécete bien?’. Yo respondí: ‘Señora, sí’. ‘¿Quiéresle mucho?’, me volvió a preguntar. Yo dije: ‘Él lo sabe’. Replicó la Santísima Virgen: ‘¿Y yo no lo sabré también?’'' [283]''. Respondí: ‘Sí, señora, sí sabrá Vuestra Majestad, y mis pecados y faltas’. Y acordándome dellas, no me hallaba digna de estar en aquel santo lugar, y vínome tal vergüenza y temor de verme en él, que no quisiera ser nacida, ni sé qué fuera de mí si Nuestra Señora no me consolara, porque mirándome con apacibles y amorosos ojos dijo: ‘No temas, hija mía, que no tienes de qué ''[242]''. Y este temor y vergüenza que te ha venido es misericordia que Dios te hace, que como me ha dado sus veces [52r] para juzgar mientras está en figura de niño recién nacido, quiere que todos me teman; mas tú no tienes de qué temer; tus hermanas sí, y quiero que parezcan aquí todas, sin que me falte ninguna’. Y dicho esto aparecieron allí vuestras figuras, de suerte que yo os conocí a todas; y Nuestra Señora no quiso hablar a ninguna, sino a mí, su indigna sierva, diciendo: ‘Dime, hija, los agravios que te han hecho tus hermanas, y las quejas que dellas tienes’. Yo respondí escusándolas a todas: ‘Señora, ni agravio, ni queja tengo de alguna dellas, ni aun —según pienso— razón de poderla tener’. Entonces mandó la soberana Señora que se apartasen todas, y viniesen cada una de por sí, y decía: ‘¿Tienes queja desta?’. Yo respondí: ‘Ninguna tengo, por cierto’ ''[285]''. Y desta manera las fue llamando a todas, y como yo no acusaba a ninguna, dijo Nuestra Señora: ‘Bien haces en dejar a Dios el juicio y la venganza de tus agravios, que Él volverá por ti y te hará muchas mercedes, y yo rogaré te las haga, que eres llave de mi casa, que te la dio Dios. Y bien saben tus hermanas la caída de Inés, a quien yo me aparecí, y para repararla, y la santidad y honra de mis aparecimientos, te pedí a mi santísimo Hijo’. Y dicho [52v] esto, dije yo: ‘Suplico a vuestra Majestad bendiga a estas mis hermanas, y las hable, pues las tiene aquí’. Mas respondióme la soberana Señora que no se hacían a todos estos favores. Y después mandó a mi santo Ángel que me volviese a mis sentidos. Y así no vi por entonces la venida y adoración de los Reyes, que esperaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles, los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la Santísima Virgen —como queda dicho—. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía santa Juana una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos, y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en Purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta ''[286]''. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor de él, echando su bendición a los campos, media legua en contorno del monasterio ''[287]''. Y entrando luego en él, iba derecha [53r] al dormitorio, donde estaban las monjas recogidas, unas en oración y otras durmiendo. Y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas. Las vuestras tengo en depósito y están guardadas en mi poder”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios, que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían, ni entendían ''[288]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas, y desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada santa Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo, y andaba la procesión. Y a la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía con los ojos corporales a la Reina del Cielo con aquella santa procesión que asistía a la misa y bendecía a las gentes que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y cuando se volvían a sus [53v] casas, también les daba la bendición. Y a este punto se solía elevar santa Juana, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que ''[289]'': “fuesen muy devotas deste aparecimiento de Nuestra Señora, porque a su instancia tenía Dios otorgados en esta iglesia tantos perdones como había flores, hojas y yerbas nacidas sobre la tierra, media legua en contorno del lugar donde la santísima Virgen se apareció, según que la clementísima Señora me lo ha revelado por su misericordia, y que tiene Nuestro Señor concedido a los que visitaren esta santa casa los perdones que se ganan en la de Asís, estando verdaderamente contritos de sus pecados, aunque no estén confesados. Mas como estas cosas son secretas, y no están otorgadas por los sumos pontífices, no vienen a noticia de las gentes, y así pocos se aprovechan dellas, de que yo tengo harta pena, por lo que pierden las almas”. (''No espantará esto a quien supiere que se ganan en Roma cada día tres indulgencias plenarias y cuarenta mil años de perdón y ocho veces remisión de la tercera parte de los pecados, y en los días de Cuaresma las dichas indulgencias son dobladas [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[54r] Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, bendita por un obispo, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron otro rostro y cabeza, y pintándola de nuevo porque la santa la viese, se la llevaron a la celda, porque estaba muy enferma, y por su consuelo se la dejaron allí. Y el primer día se le apareció la Reina de los Ángeles junto a la imagen, y dijo: “Yo me contento della, y la quiero para mi morada” ''[292]''. Rogóla entonces santa Juana que pues tanto le aplacía se pusiese dentro della, para que mejor aceptase las oraciones que se la hiciesen. “No puede eso ser, hija mía —respondió la soberana Señora—, hasta  que se consagre y bendiga, y se haga morada digna de mí”. Y la noche siguiente a la hora de maitines vio la bendita santa Juana a Cristo Nuestro Señor vestido de pontifical que bajaba del cielo con infinitos ángeles, santos y santas a consagrar esta imagen ''[293]''. Y antes de comenzar la bendición, mandó que viniesen los demonios a ver consagrar la imagen, porque temiesen viendo la virtud que Dios ponía en ella ''[294]'': los cua- [54v] les vinieron a mal de su grado, y estuvieron presentes a toda la bendición, la cual comenzó el Señor, cantando aquellas palabras: ''“Ego sum, qui sum”''. Y prosiguió Su Divina Majestad, diciendo: ''“Ecce nova facio omnia”'' ''[295]''. Y, mirando la imagen y adornándola con muchas cruces, decía: “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y después de muchas bendiciones, cantó su Majestad esta antífona: ''“Hanc quam tu despicis, Manichae, mater mea est, et de manu mea fabricata” [296]''. Y los ángeles prosiguieron con su soberana harmonía, tocando sus instrumentos y cantando otras antífonas y psalmos. Y hecho esto, desapareció la visión, quedando la imagen consagrada por Nuestro Señor Jesucristo. Y las monjas, habiéndoles contado santa Juana la revelación, llevaron la santa imagen al coro, donde ahora la tienen con velas encendidas y solene procesión, cantándole el ''Te Deum laudamus [297]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de los apóstoles san Pedro y san Pablo, estando santa Juana juntamente con las otras religiosas en la casa de labor, con los ojos en la almohadilla y con la aguja en la mano —no elevada, ni fuera de sus sentidos, sino despierta y velando— vio con los ojos del cuerpo a Nuestro [55r] Señor Jesucristo y a los doce apóstoles, vestidos de blanco ''[298]''. Y aquí le declaró el Señor grandes misterios de la bienaventuranza y de los premios de la gloria. Y estuvo tan en sí la bendita virgen todo el tiempo que gozó desta soberana visión que nunca dejó la aguja de la mano, ni levantó los ojos de la almohadilla, procurando con esto que las otras monjas que estaban con ella no entendiesen los favores que Dios la hacía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a santa Juana una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, la reveló el Señor que estaba endemoniada, y dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruego os hermanas que la encomendemos a Dios” ''[299]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo, que tanto la atormentaba. Y sucedióla muchas veces estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, verlas a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al [55v] ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[300]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese martirio por él ''[301] ''—que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión—. “Estas cosas y otras muchas —decía santa Juana a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced, que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y las tengo por más verdaderas y ciertas que todo lo que veo en este mundo, y así lo juraría, si me obligasen a ello ''[302]''. Y por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recebía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba, como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[56r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana, y del don de lenguas que la dio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mayores trabajos que tuvo santa Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía, y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces, y como la santa virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas, sus pecados y miserias que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[303]''. Y como la santa virgen por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su santa Esposa, y así le dijo el Señor: “Hija, callarás tú ahora” ''[304]''. Y desde [56v] este día quedó muda, y lo estuvo algunos meses, hasta que el mismo Señor se le apareció en otro rapto, y tocándola en la boca con su santísima mano, la dejó sana y dijo: “De aquí adelante hablaré yo por tu boca y callarás tú, aunque también quiero que digas algunas cosas de las que te mostrare” ''[305]''. Y dicho esto desapareció el Señor y comenzó a hablar por la boca de santa Juana el Espíritu Santo, visible y públicamente, profetizando muchas cosas. Y decía sentencias de la Sagrada Escritura y cosas de gran dotrina, de que todos se admiraban. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando el Espíritu Santo en ella, unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces al día, más o menos, como el Señor era servido ''[306]''. Y divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada, y para confusión destos y de otros incrédulos, estando santa Juana arrobada y sin género de sentido, hablando el Espíritu Santo en ella, dijo que los campos y [57r] aires, una legua en contorno del monasterio, estaban llenos de ángeles y de ánimas de Purgatorio que la venían a oír para dar testimonio en el juicio de Dios de su dotrina, y de los que por su malicia oyéndola, no se aprovechasen della ''[307]''. Otras veces, reprehendiendo a estos mesmos, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere, hallando vaso en que quepa?”. Y a este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que el Espíritu Santo habló en ella aquel día que a la mitad del sermón se hincó de rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la santa acabó su sermón, y vuelta en sus sentidos, rogó al abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[308]''. Y después de haberla hablado a solas, y encomendado en sus oraciones, se volvió, no poco [57v] edificado de la humildad que conoció en la santa, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, de que la santa nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y vizcaína ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo de esta santa virgen, y por la devoción que la tenía, dio a su convento dos esclavas moras de Orán, tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente, y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en ocasión que el Espíritu Santo hablaba en ella, y convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje ''[310]''. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se baptizaron ''[311]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[312]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras mu- [58r] chas que se vieron, por ser cosa nunca oída de algún santo que hablando el Espíritu Santo por su lengua dijese las cosas que decía por la desta santa mujer. Los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase santa Juana de aquella manera la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[313]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la santa virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo que la santa decía —que las había Dios enviado para que la oyesen, pues los hombres no querían oírla— ''[314]''. Y contando esto a la abadesa, fue con algunas religiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la virtud destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la temeridad [58v] de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba y publica, justo es que no lo encubran los hombres. Y así el provincial, informado desta maravilla, dio licencia para que hablando la santa en aquellos raptos la pudiesen oír, y se diese puerta franca a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Y con esta nueva licencia y a la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, el emperador Carlos V, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años ''[315]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia de hablar el Espíritu Santo en ella a los veinte y dos años de su edad, siempre que la recebía era estando arrobada ''[316]''. Y conocíase la venida del Señor en que la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, que [59r] venían con él, según que de sus palabras se entendía, y cuando el Señor se acercaba a ella, estendía la santa virgen el brazo, y haciendo señas con la mano le llamaba, suplicándole se acercase más. Hacía luego grandes plegarias a los ángeles que venían con él, rogándoles llegasen presto a donde ella estaba. “Señores, —les decía— aunque no soy digna de ver a mi Señor, traédmele por aquí”. A los apóstoles, mártires, vírgines y confesores rogaba lo mismo, nombrándolos muchas veces por sus nombres. Y al mismo Señor suplicaba también la viniese a consolar, porque tenía muchas cosas que ofrecerle: oraciones, necesidades y fatigas de muchos que se le habían encomendado. Y en estas plegarias se tardaba de ordinario una hora antes que Nuestro Señor acabase de llegar a donde la santa virgen estaba. Y en llegando la hablaba con voz inteligible y clara, que todos le oían, y esta era la más clara y cierta señal de tener a Dios presente ''[317]''. Y entonces le hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general, y por algunas en particular, y por las ánimas de Purgatorio. Y algunas veces permitía la Divina Majestad que viese en el mismo Señor —según que la santa virgen [59v] decía— todos estados del mundo, al Santo Padre, cardenales y clerecía, todas las religiones, los reyes y emperadores, y todos los estados, grandes y pequeños, con las perfecciones, méritos y deméritos de cada uno. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y, haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios como persona que habla. Y entonces inspirando en ella Nuestro Señor su divino soplo y aliento, le daba el Espíritu Santo, como se le dio a los sagrados apóstoles cuando los envió a predicar por el mundo ''[318]''. Y así como le recibía, santa Juana se postraba en tierra sobre su rostro, y puestas las manos se quedaba con grandísimo silencio, y entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— comenzaba el Espíritu Santo a hablar por la boca desta su sierva, y nombrándola por su nombre, solía decir: “Dios te salve, Juana. ¿Quién eres tú, que me llamas? ¿No sabes que ninguna criatura por sí sola es digna ni merecedora de Dios?”. Otras veces [60r] decía: “Tú, Juana, ¿no viste tal y tal cosa que pasó en mi reino celestial?”. Y de aquí proseguía el Señor sus pláticas y sermones, con cosas de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas sin descansar, ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta ''[319]''. Tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca de la santa predicadora, le hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó dello ''[320]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez predicando la santa virgen, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía ''[321]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Espíritu Santo quería acabar el sermón, por remate de él daba su bendición a los oyentes con estas formales palabras ''[322]'': “La bendición del Padre y de su Hijo Jesucristo, y de mí, su Espíritu Santo consolador, sea con [60v] vosotros. Quedaos en paz, que me voy” ''[323] [324]''. Y, bajando todos las cabezas y arrodillándose en tierra, recibían esta santa bendición y se salían del convento. Quedaba la santa virgen hermosísima; el rostro, muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con que el Espíritu Santo había hablado en ella, la dejaba con un sudor tan copioso, que la mudaban de ordinario el hábito y tocas ''[325]''. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Y era cosa admirable que no sentía la santa virgen cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que el mundo tuviese noticia destas maravillas, y no se perdiese en los siglos venideros la memoria de las cosas que el Espíritu Santo habló por la boca de su esposa, dio gracia y sabiduría a tres monjas del mismo convento para que escribiesen muchas dellas, y compusieron un gran libro llamado del ''Conorte'', donde están escritos algunos de los sermones que la santa predicó en uno de los trece años que el Espíritu Santo habló por ella ''[326]''. Y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[61r] ''[327] ''”De la Encarnación”, “Natividad” y “Circuncisión”, “De la Epifanía”, “Huida a Egipto”, “Excelencias del santo Bautismo”, “Reprehensiones y consejos”; “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”; “Verdaderas dotrinas de san Pedro” y “De la Parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redemptor se perdió en Jerusalén”, “De cómo ayunó y fue tentado”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Jueves” y “Viernes”, “De los misterios de la santísima Resurrección”, “Del buen Pastor”, “De la Cruz”, “De la Ascensión del Señor”, “De la Santísima Trinidad”, “Del Corpus Christi”, “Excelencias del día del Viernes”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De la Transfiguración”, “De san Lorenzo”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz, de figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redemptor los [61v] días de viernes”, “De fiestas celestiales del Señor”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del Infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Concepción”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas que escribieron este libro fueron: la madre soror María Evangelista —y esta la que más escribió, y a quien sin saber leer ni escribir dio nuestro Señor esta gracia, según que adelante veremos—; soror Catalina de San Francisco se llamó la segunda, y soror Catalina de los Mártires la tercera, de lo cual hay tradición y es pública voz y fama en el Monasterio de la Cruz ''[329]''. Y monjas ancianas que hoy viven y conocieron a la dicha soror María Evangelista, y se lo oyeron contar muchas veces; y el libro —como preciosa reliquia— se guarda en el mismo convento. Y aunque de ley común y ordinaria —como parece por muchos derechos y concilios de la Iglesia ''[330]''— no pueden las mujeres predicar, y, por consiguiente, ni merecer la aureola de dotores de vida a los que predican o enseñan la virtud, por haberlo hecho santa [62r] Juana con particular asistencia del Espíritu Santo, que la concedió esta singular prerrogativa, gozará en el Cielo las dos aureolas, de virgen y de dotor, merecidas por su predicación y virginidad, y así la suelen pintar con una palma en la mano y dos coronas en ella ''[331]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a santa Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Espíritu Santo habló por la boca desta su santa virgen, obró en ella cosas misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas ''[332]'', y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en él; y emprendas [62v] del que Su Majestad le tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron. Fue el caso que, queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera ''[333]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, estando santa Juana en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los demás miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[334]''. Y porque este maravilloso suceso sucedió poco después que el Espíritu Santo comenzó a manifestarse en su sierva —a los 25 años de su edad—, cuando las preladas tenían mandado que siempre que la viniese esta gracia la encerrasen de suerte que ninguna persona pudiese oír lo que la santa Virgen decía. Y así, viéndola las mon- [63r] jas arrobada, y en tan diferente postura de lo que otras veces solía, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda, y cerrándole en ella, la dejaron y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Y estando en ellos mientras se decía la Pasión, entró la santa virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies; traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente con los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Y viendo esto las monjas, la preguntaron por señas —que como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado —no llagas abiertas ni manantes sangre, como las de nuestro padre san Francisco, que semejantes a ellas no las ha comunicado Dios a otra criatura—. Las señales desta santa eran redondas, del tamaño de un real de plata, y de color de rosas ''[335]'' [63v] muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. (''A ningún santo ni santa ha comunicado Nuestro Señor sus llagas como a san Francisco. Así lo dice el Papa Sixto IIII en una bula que comienza: “Licet dum militans…” [336], la cual se hallará auténtica en la nueva recopilación de bulas apostólicas de Rodríguez [337]'') ''[338]''. Quejábase la santa de los grandes dolores que la causaban estas señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos, porque no podía andar ni sustentarse en los pies, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen, haciendo sus ojos fuentes, que estando en aquel hermosísimo lugar, donde por mandado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, y que juntándose a ella Su Divina Majestad la dejó de aquella suerte, con grandísimos [64r] dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarla rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido ''[339]''. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en una tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía ''[340]''. Y esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que parece forzó a Dios y hizo fuerza al invencible y alcanzó de él lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los Cielos, la quitó estas sagradas señales ''[341]'', habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas yo te daré mis espinas y cosa que más te [64v] duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y la dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando santa Juana elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los veinte y dos de junio, le representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su Cruz, los animaba, y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros” ''[342]''. Y santa Juana, viendo todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado, y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene muchos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados [65r] con él te truje a este lugar”. Y mirando Nuestro Señor a santa Juana, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?” ''[343]''. “Señor —respondió ella—, quiero lo que vuestra Majestad quisiere. —Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la santa virgen que la parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro la clavaran muchos clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando esta santa Virgen muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco ''[344]'' —día de su propia fiesta'' [345]''— glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló, no estando elevada, sino en sus sentidos y despierta. Diola el seráfico padre su bendición, y la santa Virgen con mucha humildad y amor —después de haberla recebido— le rogó por todos los frailes y monjas de su Orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los besó santa Juana, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Je- [65v] sucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de las grandes enfermedades de la santa, como sus dolores eran grandísimos, aconteciola con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Y pensando en esto le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas, y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[346]''. Y ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores: algo se te ha de pegar de los míos, que justo es que quien bien ama participe los dolores de su amado”. [66r] “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la santa virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, siendo esto así, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me lleve al Cielo tan a menudo como solía?”. “Amiga mía —dijo el Señor—, donde yo estoy está el Cielo y la bienaventuranza, y no hay otra gloria sino esta. Y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Y dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redemptor el que la había aparecido y hablado. Y para quitarle la duda que tenía, se le apareció otra vez, según que la misma Santa dijo, y que entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, y esto era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino [66v] también para las personas de fuera, que la venían a comunicar, y consolarse con ella. Y así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que las hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[347]''—habiendo seis meses que la tenía sorda— inspiró en ella el Espíritu Santo, mediante su celestial soplo, y hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes misterios dijo que la había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que por haber sido importunado de muchos, le aplacía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas dando muchas gracias a Dios por la merced recebida y haber oído sus oraciones ''[348]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo santa Juana fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque santa Juana era muy moza [67r] para el oficio de prelada, no reparando tanto las monjas en su poca edad, cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y viendo las monjas lo poco que con ellos podían sus ruegos, determinaron negociarlo con Dios con lágrimas, oraciones y diciplinas ''[349]''. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez cuando las monjas la quisieron elegir. Pero siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estaba dudoso el provincial y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, [67v] y el Espíritu Santo comenzó a hablar en santa Juana como solía, y convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno— le habló en vascuence, mandándole la hiciese abadesa, que seguramente podía, por tener marco y valor para ello y para más. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”, y contó lo que se ha dicho ''[350]''. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan santa y bendita prelada, y en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar, que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[351]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana. Porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, [68r] se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divino hizo la santa abadesa muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Hizo que las monjas guardasen clausura, porque antes, por su mucha pobreza, salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[352]''. Y con todo esto era la santa virgen tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente, era tanto el temor y reverencia que le tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar a alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor, para poderle responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades [68v] del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía de lo que no era tal, castigando con mucha caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su perfeción y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia la mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. ''[353]'' Y viendo su temor santa Juana —que era abadesa—, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno, ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Y dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio santa Juana que llevaban a jui- [69r] cio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Y viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido”. Y así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, parece debía el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las de santa Juana, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos. Entre los cuales merece el primer lugar la resurrección de una niña recién muerta, que habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz murió, siendo abadesa santa Juana, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito, que se persuadieron [69v] los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida, y así se lo rogaron. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana y de las lágrimas de los afligidos padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos la dio a besar un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena, en presencia de más de ochenta personas testigos deste milagro ''[354]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]''Estaba en Madrid una gran señora, deuda del emperador Carlos Quinto, llamada doña Ana Manrique, devotísima de santa Juana, enferma de un dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció santa Juana, como constó por el dicho de la enferma, y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera: ''Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad, y estando yo desahuciada, y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y que tocándome'' [70r] ''las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista— lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es [356]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; pero ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron de nuevo en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Y entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: “Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos”. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó fue por haberla él santiguado, y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[70v] Otro caso muy semejante a este sucedió a la santa con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¡Hela allí, aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas qué se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado”. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento ''[357]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] ''Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes ''[359]'', y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y, una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa; trujéronselo de lo mismo que había comido, y así como lo metió la enferma en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] ''[360]'' Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso, y en él una grandísima llaga, y rogando santa Juana al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial ''[361]'', y tal que no sanará, si no fuere por milagro”. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo, y santa Juana prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una niña con mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida ''[362]''. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la manera que se juzgan algunas almas en la otra vida, y de las penas de Purgatorio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entramos en un piélago tan profundo de cosas que Dios reveló a santa Juana, acerca de las ánimas y penas de Purgatorio, que por hallar particular dificultad en algu- [71v] nas, aunque todas llenas de suavidad y de dotrina muy provechosa para las almas, me hallo obligado en este capítulo y en el que se sigue a hacer no solo el oficio de historiador sino también de parafraste, y particulares escolios en las márgenes, declarando en ellos lo más dificultoso destas revelaciones. Con que se entenderá de camino cuán católicas son y cuán conformes a la dotrina de los santos, que es la condición esencialísima que han de tener las revelaciones, según santo Tomás ''[363]'', para que sean aprobadas de la Iglesia por católicas y verdaderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de aprovechar a sus monjas y ganarlas para Dios, en sus capítulos y pláticas espirituales les decía muchas cosas de las que Dios le mostraba, especialmente de las penas del Purgatorio, y del Infierno y de la manera con que las almas se juzgan cuando salen desta vida. “No penséis, hermanas    —decía la santa prelada— que lo que allí pasa es como quiera, que solo en pensar yo lo que el Señor me muestra, algunas veces me tiemblan las carnes y me dan angustias de muerte. A cada uno de los hombres, cuando se le arranca el [72r] alma del cuerpo, se le aparece Cristo, y le juzga y sentencia, con sola una palabra que dice: ‘Bendito’ o ‘Maldito eres por tus obras’, y luego desaparece Su Majestad, que para justificación de su causa quiere que todos le vean, porque conozcan y entiendan que no faltó por él su salvación, sino por ellos”. (''En la hora de la muerte, oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, como se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de santos [364]. Aunque acerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones. El Papa Inocencio III [365] y Landulfo Cartusiano [366] conforman con esta revelación de santa Juana. El Abulense [367] dice que este aparecimiento de Cristo Nuestro Señor se debe entender no según su presencia sino según su eficacia y virtud [368]. Véase Gregorio de Valencia [369] y Suárez [370]) [371]''. “Y no por este juicio particular y secreto, que pasa a solas entre Dios y el hombre, se escusará ninguno de ser juzgado por el arcángel san Miguel, según que el Señor por su misericordia me lo muestra, estando yo con el ángel de mi guarda en aquel lugar donde me suele poner, de donde veo al arcángel san Miguel con otros muchos ángeles, sentado en un hermosísimo trono, con corona y cetro real en las manos, que juzga las ánimas de los difuntos. Y oídas las partes, que son los ángeles de su guarda que las defienden y los demonios que las [72v] acusan, pronuncia sentencia, declarando en ella la causa de su condenación o libertad. (''El glorioso arcángel san Miguel es el supremo juez después de Cristo, su presidente y justicia mayor de la Iglesia, y el que en el juicio particular juzga las almas cuando salen de los cuerpos, y esto significa la Iglesia, pintándole con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la judicatura y suprema potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas. Y lo mismo en aquella antiphona: “Constitui te Principem, super omnes animas suscipiendas”, y en la prosa de la Misa de los difuntos: “Signifer sanctus Michael repraesentet eas, in lucem sanctam” [372] [373]) [374]''. Y si la tal alma va al Infierno, los ángeles que asisten en aquel soberano juicio la maldicen con tan grande compasión que se cubren sus hermosísimos rostros con unos velos negros, en señal de tristeza, aunque con mucha alegría, por hacerlo en honra y alabanza de Dios. Y entregándolas a los demonios, las llevan al Infierno, y los ángeles de la guarda al Purgatorio las que van sentenciadas a él, donde las consuelan y animan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(''Ángeles de guarda llevan las ánimas al Purgatorio, y las consuelan en él [375]) [376]''. Decía también la santa abadesa que en este lugar del juicio hay ciertos ángeles con azotes en las manos, que azotan a algunas almas de las que van sentenciadas al Purgatorio, y otros que solo tienen por oficio loar y bendecir la justicia de Dios, y estos con voz de cán- [73r] tico, muy suave y concertada, dicen, cuando san Miguel condena algún alma al Infierno: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y decía la santa virgen que no todas las almas se juzgan de una manera, sino conforme a los pecados y oficios de cada una. (''Los ángeles maldiciendo las almas que van condenadas al Infierno y azotando las que van al Purgatorio hacen oficio de ministros de Dios, ejecutores de su divina justicia, según aquello de san Jerónimo super Daniel [377]: “Duplex est Angelorum officium, aliorum, qui praemia iustis tribuant, aliorum, qui singulis praesint cruciatibus”. Y es muy conforme a lo que dijo san Agustín: “Sancti Angeli sine ira puniunt eos qui accipiunt aeterna lege puniendos” [378] [379]) [380]''. Y del juicio y penas de los hipócritas decía cosas maravillosas, y que para los religiosos que murmuran de sus prelados vio ella en el Purgatorio y Infierno lugares apartados de los otros, donde con particular pena y tormento son atormentados por este pecado ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso Nuestro Señor, para mayor consuelo de las ánimas de Purgatorio, que algunas se le apareciesen a santa Juana, y que ella también las visitase muchas veces. Y tantas iba al Purgatorio que, según se supo de su boca, la concedió el Señor que pudiese ir a él con el ángel de su guarda ciertos días de la semana, en especial miércoles y viernes, en los cuales sacaba muchas ánimas de purga- [73v] torio. Y en estas visitas supo la santa virgen cosas de mucha edificación, con que se le aumentó el deseo de ayudarlas en sus penas ''[382]''.&lt;br /&gt;
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Siendo esta santa virgen sacristana, y tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a santa Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas ''[383]''. (''El Maestro de las sentencias [384] tiene que los demonios atormentan las ánimas en el Purgatorio y se confirma con esta revelación de santa Juana y es muy conforme a las de otros santos a quien reveló Dios lo mismo y especialmente a san Bernardo [385], pero estas revelaciones son de casos particulares, que no se debe hacer regla general dellas) [386]''. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el Purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, y por cada culpa las daban diferentes penas, y ellas muchos gritos,  diciendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hici- [74r] mos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
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“Yo vi —dijo la santa abadesa a sus monjas—, por la voluntad de Dios, el ánima de cierto prelado en el Purgatorio, que padecía muchas penas, y estaba en figura de palomar, con muchas casillas y nidos, y de cuando en cuando, haciendo grandísimo estruendo y ruido, caía, y volviéndose a levantar, quedaba como las otras ánimas, y de allí a poco rato se volvía a aparecer en la figura susodicha. Admirada yo mucho desto, pregunté la causa dello a mi santo ángel. Y me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido muy descuidado y negligente con las ánimas de sus súbditos padecía aquella pena muy proporcionada a su culpa. Porque como en el palomar se defienden las palomas de que no las lleve el milano, así el prelado las debe albergar en sus entrañas y rogar a Dios por ellas, y porque este no lo hizo, está ahora en la figura que viste ''[387]''. Y las caídas que da su alma en aquella grande hoguera son por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta perso- [74v] na eclasiástica y de grande autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto, y como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea. ''[388]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura tan corta, que no llegaba más de hasta la cinta. Venía andando con pies y manos, como bestia, y traía sabre sí todos los pecados y ofensas que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí muchos demonios, que le daban en rostro con sus pecados, y tantos palos y golpes que era lástima de ver, y como no se podía quejar, bramaba como toro. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, santa Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o Infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda tantas veces que, como enfadado de tantas preguntas, dijo: “Ya te he dicho, que no me lo preguntes más, que Dios te lo revelará a su [75r] tiempo”. Y así, la santa virgen rogaba al Señor se apiadase de las penas de aquel alma, y se acordase de algunas buenas obras que había hecho en esta vida. Y no sabiendo la santa otra que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo abogado suyo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y tuvo mucha devoción con ella; y así debe Vuestra Majestad, apiadándose de su alma, librarle de las penas que padece” ''[389]''. Mucho tiempo perseveró la santa, rogando a Dios por esta alma, hasta que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a la imagen, como favoreciéndose della, y mirando a santa Juana, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho el Señor grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo”. “Alivie Dios tus penas, alma cristiana —dijo santa Juana—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en [75v] carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías tan atormentada que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció ''[390]''. Y santa Juana nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándole y consolándole en el Purgatorio, hasta que le sacó de penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez elevada santa Juana, la llevó el ángel de su guarda al Purgatorio, donde conoció ciertas ánimas por quien rogaba, y entre ellas la de un hombre conocido suyo que los demonios la tenían atada pies arriba y cabeza abajo, y dándola cruelísimos tormentos, disparaban en ella muchos arcabuces y tiros de artillería, y con destrales ''[391]'' y hachas de hierro ardiendo despedazaban todos sus miembros, y los hacían tajadas tan menudas como sal, y en cada una dellas esta- [76r] ba el ánima entera, padeciendo grandes tormentos. Y, llegándose a ella un espantoso dragón, que con sus garras y uñas apañó todos aquellos pedazos con mucha rabia y crueldad, estrujándolos entre las manos, los metió en la boca, y mascándolos ''[392]'' ''fuertemente los tornó a juntar y comió. Y luego la vomitó el dragón y el alma volvió en su ser como de antes, pero apenas la hubo lanzado por la boca, cuando llegaron otros tan fieros y espantosos como él, y haciendo cruel presa della, tiraban unos de una parte y otros de otra tan reciamente que la despedazaron por mil partes, y se la comieron a bocados, y luego volvió a parecer entera, como de primero lo estaba. Y llegaban otros demonios, y la azotaban con vergas de hierro, y de que estos estaban cansados, llegaban otros y la atormentaban de nuevo, y desta manera, no tenían fin las penas y dolores de aquella [76v] alma. (''(Algunas veces los demonios atormentan las ánimas en el Purgatorio, como consta desta revelación y de otras muchas hechas a particulares santos, y en especial de una hecha a san Bernardo [393] [394]. Y el venerable Beda [395] y Dionisio Cartusiano [396] refieren algunas revelaciones muy semejantes a esta. Y entre los teólogos, el Maestro de las sentencias expresamente afirma en el libro 4, distinción 44, que los demonios son los que atormentan las ánimas en el Purgatorio, aunque yo pienso que el Maestro de las sentencias y todos estos santos en sus revelaciones hablan de casos particulares, como este de santa Juana, porque según santo Tomás [397] y Escoto [398], ni los ángeles, ni demonios atormentan las ánimas en Purgatorio, sino solamente la divina justicia, mediante el fuego del Purgatorio, que es el mismo del Infierno) [399]''. Volvió santa Juana deste rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza, y la santa virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dijo: “¡Ay, ay!” —dando un grito muy lastimoso—. “Si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tan grandes y crueles las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [400], por lo cual se deben temer mucho y considerar que se padecen por pecados veniales, y que dice san Vicente Ferrer que una alma estuvo un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas, solo por un pecado venial [401]) [402]''. Un día de cuaresma, estando muy enferma esta santa virgen, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y estando hablando con ellas se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría, y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que con [77r] grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y san Lázaro y sus santas hermanas Marta y María, bajaba al Purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora trecientas mil almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al cielo, y a mí, como pecadora, me tornó mi santo ángel a este miserable cuerpo, a padecer en él tantos dolores como por mis pecados padezco, mas todos se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular” ''[403]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo reveló Dios a santa Juana que muchas ánimas penaban en guijarros, y de cosas maravillosas que con ellas le sucedieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la verdad católica constituye y pone un lugar que del efecto se llama Purgatorio, donde penan las [77v] almas, y lo hemos visto en las revelaciones del capítulo pasado, no por eso hemos de atar las manos a Dios, para que no se le pueda dar en otras partes del mundo, donde quisiere, como lo dicen los santos, y lo hace su Majestad muchas veces ''[404]''; o por el provecho de los vivos, que viendo aquellas penas se enmienden de sus culpas, o por el que consiguen las almas, que por este camino han sido socorridas muchas veces con la piedad de los vivos, como lo muestran las revelaciones de santa Juana, cuya caridad para con las ánimas de Purgatorio fue tan compasiva y piadosa que cuantas veces le mostraba Nuestro Señor sus penas, las quisiera ella padecer por librarlas. Y esto pedía a la Divina Majestad con tantas lágrimas y perseverancia que lo alcanzó de Dios, y fue público y notorio, visto infinitas veces, en catorce años continuos que el Señor le hizo esta gran misericordia, lo cual sucedió en la manera siguiente: (''Algunas almas tienen el Purgatorio en particulares lugares del mundo [405]. Y san Gregorio [406] cuenta de dos ánimas que tuvieron su Purgatorio en unos baños; y Pedro Damián, en la'' Epístola de los milagros de su tiempo '', dice que el ánima de san Severino tuvo su Purgatorio en un río, y Beda, que la de san Furseo la tuvo en este aire caliginoso[407][408]) [409]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[78r] Como los dolores desta santa virgen eran tan grandes, y algunas veces tan excesivos los fríos que padecía, para darle algún alivio calentaban guijarros, y muy albos, se los ponían entre la ropa de la cama ''[410]''. Y una vez que trujeron uno para este efecto, estándole calentando en el brasero, dijo: “¡Ay, qué crueldad usan conmigo!”. Oyó estos gritos solamente santa Juana, y revelándole Dios quién los daba, mandó luego que le trujesen el guijarro como estaba, y teniéndole consigo, dijo —sin que nadie lo entendiese—: “Yo te ruego, alma bendita, que me perdones la pena que por mi causa te han dado, y me digas cómo veniste a este lugar”. “Por la voluntad de Dios —dijo el alma— tengo mi Purgatorio en este guijarro, que poco ha estaba en el río Tajo, de donde me sacaron las bestias con sus pies, y los hombres que andan en la obra desta casa me trujeron aquí”. “¡Válgame Dios! —dijo santa Juana— ¿En guijarros penan las almas?”. “Sí —respondió la que estaba en él—, y en aquel río donde yo estuve hay infinitas, y algunas ha muchos años que están penando en ellos, y yo soy una de las que ha mucho que penan”. Y, compadeciéndose della, dijo la piadosa virgen: “Yo te ruego, alma bendita, me digas [78v] lo que quieres, que todo lo hallarás en mí”. Contó después santa Juana al ángel de su guarda todo cuanto la sucedió con el alma. Y él la dijo: “Dios te ha concedido que con tus penas puedas ayudar a las ánimas de Purgatorio, y te ha hecho espital dellas, porque así como en el espital son socorridos los pobres y necesitados a cualquiera hora que lleguen, así tú, hecha ya espital de las ánimas, debes recebir a todas horas las que el Señor te enviare, y hospedarlas con mucha caridad en tus miembros dolorosos y descoyuntados, y aumentándose a ti tus penas, quedarán ellas libres de las suyas. Esfuérzate y ten paciencia, que has de padecer mucho por las ánimas de Purgatorio, porque así lo quiere el Señor y tú se lo pediste”. (''Esta revelación de que muchas almas tienen su Purgatorio en este mundo concierta con lo que dicen los santos san Buenaventura [411], santo Tomás [412], san Antonio [413], Hugo de san Víctor [414], Belarmino [415], Dionisio Cartusiano [416], Petrus Damianus [417], Soto [418]; y san Gregorio [419] cuenta muchas revelaciones muy semejantes a esta de santa Juana) [420]''. “Gran caridad me habéis hecho, ángel bendito, con vuestro santo aviso —dijo santa Juana—. Yo me tengo por muy dichosa de que se cumpla en mí la voluntad de mi Señor, y se quiera servir desta indigna, para [79r] obra de tanta caridad. Ayudadme vos, ángel mío, y demos gracias al Señor por tan gran merced que nos hace”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como supo la santa abadesa que penaban almas en aquellos guijarros, mandó a las religiosas trujesen a su celda todos los que hallasen por el convento. Y cuantos la traían hacía poner sobre su cama, y luego conocía si había en ellos ánimas o no: algunos tenían muchas; y los que estaban sin ellas mandaba echar fuera de la celda y traer otros del río, señalando que fuese de tal y de tal parte. Y en estos venían muchas almas, y como salían unas purgadas para irse al Cielo, enviaba Dios a ellos otras infinitas de nuevo ''[421]''. Y porque esta bienaventurada estaba tan gafa ''[422]'' que no podía con sus manos poner sobre sí los guijarros ni aplicárselos al cuerpo, cada momento era necesario que las otras religiosas se los pusiesen y quitasen, y así las declaró el misterio rogándoles con mucha humildad que, pues la causa era tan piadosa, no se cansasen en quitar y poner aquellos guijarros. Y sentían tan grande alivio en sus penas las ánimas que penaban en ellos, cuando la santa virgen las ponía sobre sus miembros descoyuntados y [79v] doloridos, que no quisieran apartarse dellos. Y aunque algunos guijarros eran grandes —como se ve hoy en los que están guardados en el convento— y sus miembros estaban muy delicados y enfermos, se arrobaba con ellos ''[423]''. Y era cosa maravillosa y para alabar al Señor verla elevada en aquella cama y sepultada entre guijarros. Vieron las monjas esta maravilla y otras muchas acerca deste misterio de las almas y de las misericordias que les hacía el Señor por los méritos de su sierva, y participaba tanto de sus penas, de sus fríos y calores, que aunque muy sufrida le hacían levantar el grito. Y acontecía muchos días estar en un continuo gemido, sin tener remisión, ni género de alivio: no dormía, ni podía comer, ni reposar ''[424]''. Y estando una vez fatigadísima con el calor destos recios fuegos, por el mes de enero hizo que la subiesen un yelo del estanque de la huerta, y puesto sobre sus carnes, envuelto en un paño, en breve tiempo se consumió, como si le hubieran puesto en un horno de fuego muy encendido ''[425]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras ánimas había por el contrario cuyas penas eran de frío, y este era tan excesivo que solo juntar a santa Juana los guijarros en [80r] que estaban le aconteció quedar tan helada que, con ponerle cuatro braseros de lumbre alrededor de la cama y sobre su cuerpo unos paños llenos de mucho trigo tostado, tan caliente y quemado como brasas encendidas, no le daban género de calor. Y lo que es más misterioso que, estando en lo más riguroso destos dolores, se arrobaba y quedaba su rostro resplandeciente ''[426]'', tan apacible y alegre que cuando tornaba en sus sentidos, a las monjas que la preguntaban la causa de su alegría decía: “No hay lengua, hermanas mías, que pueda declarar las misericordias que hace Dios a esta miserable, y el gozo que recibo cuando estas benditas almas que han penado conmigo salen de penas, mayormente cuando veo algunas que ha cien años que las padecen, y otras trecientos y muchas quinientos, sin que ninguno de los vivientes se haya acordado dellas ''[427]''. Y cuando el Señor me las muestra gloriosas en la bienaventuranza, así me regocijo como si yo mesma la gozase, y doy por bien empleados todos los dolores que por ellas he [80v] padecido, y querría sufrir muchos más por las que quedan conmigo, y por las que de nuevo me envía Nuestro Señor. He os dicho esto hermanas para que os consoléis de verme padecer tantos tormentos, pues son tan bien empleados, y roguéis a la Divina Majestad me dé paciencia, que la he mucho menester, porque me hallo muy necesitada y falta desta preciosa virtud”. [80r] (''No solo algunas almas de cristianos son condenadas a trecientos y a quinientos años de Purgatorio, como fue revelado a santa Juana, sino muchas hasta fin del mundo. Así lo dice el venerable Beda [428], Dimas Serpi [429], Ricardo de san Víctor y Belarmino [430]. Y lo mismo le fue revelado a san Vicente Ferrer, y que su hermana [431] Francisca Ferrer estaba en el Purgatorio y condenada a sus penas hasta la fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano. Véase el Maestro Diego en la vida de san Vicente Ferrer. Cesáreo, en sus Diálogos, cuenta de otra ánima que fue condenada al Purgatorio por dos mil años, y por los sufragios que se hicieron por ella salió de él dentro de dos años. Y el venerable Ioan Herolt [432] dice que algunas han sido condenadas por mil años, y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado al Purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente [433]. Soto [434], de puro piadoso, vino a decir que ninguna ánima puede estar en penas de Purgatorio a lo sumo más de diez años. No funda su parecer ni es seguido de ninguno, sino impugnado de muchos [435]) [436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Prosiguiendo esta sierva de Dios en sus obras de tan gran piedad y misericordia con las ánimas, permitió Nuestro Señor que las religiosas viesen algunas cosas visibles, por donde creyesen otras invisibles que no veían, en cuya confirmación sucedió hartas veces, siendo abadesa esta tan caritativa criatura, que, llevándola al coro en una silla, la hallaban guijarros pegados en las coyunturas de su cuerpo, y que- [81r] riéndoselos despegar, no había fuerza humana que pudiese, y sonriéndose la bendita prelada de ver la congoja, solicitud y fuerza con que las religiosas procuraban despegar de su cuerpo los guijarros, decía con gran donaire: “Dejaldos amigas, que estén donde Dios les da licencia, que por su misericordia se consuelan ahí esas almas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez la sierva de Dios, vio el confesor uno de aquellos guijarros en su cama, y compadeciéndose della, porque no se hiriese con él, le arrojó en el suelo. Sintiolo la piadosa enferma más que sus dolores, y disimuló cuanto pudo hasta que el padre se fue, y entrando en la celda una religiosa, dijo: “Dame, hermana, ese guijarro, que he tenido tanta pena por haberle arrojado el padre vicario en el suelo que no he sabido lo que me he confesado”. “No se fatigue, madre, de eso —replicó la religiosa, que sabía el misterio de los guijarros—, que poco se les da de eso a las almas”. “Mucho lo sintieron —dijo la santa abadesa—, y tanto que con muy triste gemido dijeron: ‘¡Ay, dolor, estos son los sacrificios y sufragios que recebimos de los sacerdotes y ministros de Nuestro Señor!’” ''[437]''. Tanto sintió la piadosa virgen este su- [81v] ceso, que cuando después vio al ángel de su guarda, consolándose con él y contándole su pena, dijo: “Señor, he sentido esto de suerte que, si a su hermosura le parece, querría suplicar a mi Señor —por muchos inconvenientes que hay en ello— que mude Su Majestad estas ánimas de los guijarros en otra cosa”. “Ruégaselo tú a Dios, que yo te ayudaré”, dijo el ángel. Y pareciéndola que en ninguna cosa podrían estar más cómodamente que en unas jarras de ramilletes y flores que de ordinario tenía la santa virgen en su celda, se lo suplica a Nuestro Señor, y concediéndolo Su Divina Majestad, se pasaron las ánimas a las jarras, y allí tuvieron desde entonces su Purgatorio, como le tenían en los guijarros ''[438]''. Y, libres de sus penas, venían otras de nuevo que Nuestro Señor enviaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, que imaginaban gran misterio en estas flores —porque cuanto más estaban en las jarras, aunque lacias y marchitas, tanto más olorosas las hallaban— rogaron a su bendita prelada les dijese el secreto que había en ellas. Y ella, sonriéndose, dijo: “¡Jesús, amigas, todo lo quieren saber! Mas, por el cuidado que tienen en coger las flores, no se lo puedo negar. En cada una dellas [82r] hay muchos ángeles custodios de las ánimas que aquí penan, que no las desamparan hasta llevarlas al Cielo, y se las presentan a Dios, y ahora las vienen a visitar, y consolándolas en sus penas, las dan dulcísima música. (''Ángeles custodios de las ánimas las acompañan y consuelan en sus penas [439]'') ''[440]''. Y del olor que los ángeles traen consigo permite Dios que se les pegue algo a estas flores, porque se recreen las ánimas que están en ellas”. “También se consolará vuestra reverencia con la suavidad desa música”, dijeron las monjas. “Sí hago por cierto, hermanas —respondió la santa—, y muchas veces cantamos juntos los ángeles, y las ánimas y yo. Y mucho más me consuelo cuando veo que se les alivian sus penas” [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas veces estando esta sierva de Dios muy apartada de las jarras, y las ánimas deseosas de juntarse con ella, las oía quejar con muy tristes y dolorosos gemidos ''[442]'', y compadeciéndose dellas decía: “Venid, ánimas católicas, fieles y benditas, y con el poder que mi Señor os ha dado, aprovechaos de mí, su indigna sierva”. Y entonces por la voluntad divina, venían todas las que estaban en las flores y hierbas, y cuando las tenía consigo, con entrañable amor las [82v] decía: “¿Habéisos consolado, amigas?”. “Sí, criatura de Dios y ayudadora nuestra —respondían las almas—, que por tus méritos y penas se alivian las nuestras, y nuestros grandes dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Eran tantas las maravillas que obraba Nuestro Señor acerca de las almas de Purgatorio, que no se pudieron encubrir sin que las monjas viesen muchas. Particularmente un día de verano que estando rodeada la santa virgen de sus jarras llenas de albahacas, y cantando el cántico de ''Magnificat'', sintiéndolo las monjas, entraron en su celda, por oírla cantar de más cerca. Y reparando en el contento que la santa prelada tenía de verse rodeada de aquellas flores y jarras, vieron que diciendo la santa el verso del ''Gloria Patri'', las albahacas inclinaban sus ramas y las jarras hacían lo mismo, y se estuvieron inclinadas hasta que se acabó todo el verso, y después se levantaron poco a poco muy despacio ''[443]''. Las monjas dieron gracias a Dios por tan grande maravilla como vían con sus ojos. Mas la santa abadesa, cuando las vio, y que habían visto lo que pasaba, dijo: “¿Quién os trujo acá, hermanas? Que estábamos cantando mis compañeras y yo”. Rogáronle las religiosas tornase a cantar el ''Gloria Patri'' con las ánimas. “Podrá ser [83r] que no quieran —dijo la santa— delante de vosotras”. Mas, al fin, importunada de las monjas, volvió a cantar el ''Gloria Patri'', y las albahacas y jarras se inclinaron como de primero, y esto hicieron cuantas veces la santa repetía el verso del ''Gloria Patri''. Y maravillándose de que hubiese Dios querido hacer aquella maravilla, en presencia de las religiosas, dijo la santa virgen con grandísimo regocijo: “Harto me he consolado, hermanas mías, de que el Señor haya querido hayáis visto esta maravilla, porque entendáis y veais por experiencia que lo que está en estas jarras y flores son almas cristianas que tienen fe y obediencia a su Dios, pues se humillan y hacen reverencia a la Santisima Trinidad. Y no ha sido esta la primera vez que estas almas católicas y santas en estas yerbas han reverenciado a Dios, que otras muchas veces lo han hecho”. Y de allí adelante, ordinariamente vían las monjas que rezando santa Juana los psalmos, cuando decía el ''Gloria Patri'', se inclinaban aquellas ramas con las jarras en que estaban, cuando ella se inclinaba. Duró esto de las ánimas de Purgatorio catorce años, hasta que se acabó con su muerte: dos años en los guijarros y doce en las flores y ramilletes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[83v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a santa Juana, y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las veces que santa Juana recebía el Espíritu Santo suplicaba a Nuestro Señor le diese penas, trabajos y dolores que padecer por su amor. Y como Dios conociese el que su esposa le tenía, concedió su petición a medida de su deseo. Y a los diez años de su prelacía, habiendo trece que el Espíritu Santo hablaba en ella, quiso Su Divina Majestad cerrar aquel órgano bendito por donde tanto tiempo había hablado y darle lo que pedía, comunicándoselo primero en una visión maravillosa —según que la misma Santa lo contó a sus monjas—, diciendo: “Vi al santo ángel de mi guarda en hábito de romero, pobre, mendigo y muy triste. Y preguntándole yo la causa de aquella tristeza, dijo que por haberme Dios sentenciado a grandes trabajos, enfermedades, persecuciones y penas andaba en aquel traje, pidiendo en limosna a Nuestra Señora, a los ángeles y a los santos que rogasen a Dios por mí ''[444]'', que lo [84r] había mucho menester. Mandome también que os preguntase si entendistes lo que Nuesto Señor dijo la última vez que habló en esta su indigna sierva, y así os ruego me lo digáis todo sin encubrir ninguna cosa”. A esto respondieron con mucha humildad: “Lo que el divino Espíritu dijo —a nuestro parecer— fue profecía”. Y aunque con palabras de amor, amenazaba triste suceso, porque dijo quería hacer una prueba en su querida esposa, aunque no por pecados suyos, ni por estar enojado con ella, sino solamente por su divina voluntad, que quería cerrar aquel órgano y mudarle en otro de menos precio, muy enfermo, doloroso y vil. Y dijo tras esto: “Tú eres, Juana, este órgano, que quiero seas despreciada, abatida y gravemente atormentada. Y para probar tu paciencia, quiero apartarme de ti por algún tiempo y cesar a mi habla, y convertiré tus gozos en dolores, y tu alegría en lágrimas y gemidos” ''[445]''. Esto dijo el Espíritu Santo estando las monjas presentes, y otras muchas personas que lo oyeron, y desde este día no habló más por la boca de su sierva, ni dio los oráculos que solía. Y porque siempre ha sido estilo de Dios y costumbre inviolable de su casa poner en cruz a los que moran en ella, porque no faltase a [84v] santa Juana lo que tanto agrada a Dios, quiso Su Divina Majestad que en cesando la habla del Espíritu Santo en su esposa, viniese sobre ella tan gran tropel de trabajos, dolores y enfermedades que declaraban bien la poderosa mano del que los enviaba. Porque no dejó cosa en su cuerpo que no atormentase y afligiese con muy desmedidos dolores. En la cabeza los tuvo muy grandes, cual nunca se vieron jamás, no hubo médico que los entendiese ''[446]'', y los días que le daban eran con tanto rigor que no comía, ni dormía, ni podía pasar un trago de agua, y lo que más es, ni despegar la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como el Señor era servido, y veníale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores se le juntaban otros de estómago y de ijada, con grandísimas congojas y tan copiosos sudores que para sacarla dellos era necesario mudarle hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día, y eran unos sudores heladísimos y fríos que le duraban veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre todos estos [85r] males la envió el Señor otro mucho mayor y de más grandes y continuos dolores, porquese la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, pies y manos, de suerte que nunca más las pudo abrir y estender, y con la fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, y los más dellos quedaron no solo mancos y tullidos, sino también torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte está hoy su santo cuerpo, según que adelante veremos. Estando la santa virgen con estos grandes dolores, decía que le parecía muchas veces que las cuerdas de su cuerpo estaban tan estiradas como si fueran de vihuela, y que llegaba el Señor, y poniendo en ellas sus sacratísimas manos, hacía una lindísima música y muy suave harmonía, y que no solamente tañía su Majestad, sino que también cantaba a este son ''[447]''. Y así estaba esta sierva del Señor en su enfermedad hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y con estar continuamente en la cama los últimos siete años de su oficio, tuvo tan religioso y concertado el convento como si asistiera en las comunidades, porque sin que se lo dijesen sabía todo cuanto se hacía en [85v] él, y enmendaba lo que era digno de corrección y castigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta santa virgen, se supo que la tenía Dios escogida para hacer una imagen muy parecida a su unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y cuando su Majestad quiso descubrir la santidad de su sierva y los quilates de su valor, fue en ocasión de haberla dado el cardenal y arzobispo de Toledo, don fray Francisco Jiménez —para su convento— el beneficio de la villa de Cubas, que fue una gran limosna y el total remedio de él ''[448]''. Y las monjas ponían suficiente persona que le sirviese, de donde tomó ocasión el demonio para hacer una de las que suele, porque habiendo muerto el cardenal, ciertas personas codiciando el beneficio, trataron de impetrarle por Roma. Súpolo la bendita abadesa, y que no tenía otro remedio para asegurarle y continuar la posesión en que estaban, sino sacar una bula del Papa que confirmase al convento la posesión del beneficio para siempre, con las mesmas condiciones que hasta allí le había tenido. Y aunque le pareció bien el consejo, quiso primero tomar el del ángel de su guarda ''[449]'', que la dijo [86r] lo podía hacer sin pecado y sin escrúpulo de conciencia, aunque se ponía a peligro de ser muy reprehendida por ello. A esto respondió santa Juana: “Señor, pues no hay pecado, por el bien de mi convento lo quiero hacer, y ponerme a lo que me viniere”. Y porque una persona que iba a Roma se ofreció de sacar la bula y enviársela, por no perder tan buena ocasión hizo llamar a la vicaria y a otras monjas del convento, que en nombre de él firmaron una petición para Su Santidad, en que pedían la confirmación del beneficio en la forma susodicha, según que hoy en día le tiene y goza el convento. La vicaria, incitada del demonio y de su mucha ambición, comenzó a maquinar cosas contra su bendita abadesa, pareciéndole que lo sería ella, si la hiciese deponer del oficio. Y para esto, con mucho secreto y cautela, fingiéndose muy celosa de las cosas que tocaban a su convento y de la autoridad de los prelados, les dio aviso que la santa abadesa sin su licencia había impetrado una bula del Papa, tan en perjuicio de su convento que por haberlo hecho perderían el beneficio ''[450]''. Y, agravando más el delito de su prelada, dijo que había [86v] gastado en sacarla más de cuarenta ducados, y sin dar parte a las religiosas. Levantole también que tenía mal gobierno y desperdiciaba la hacienda del monasterio, y otras cosas a esta traza, que no faltó quien las creyese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso Nuestro Señor apercibir a su sierva, porque no la cogiesen descuidada las persecuciones que se levantaban contra ella. Y, fuera de los muchos avisos que le dio por el ángel de su guarda, un viernes antes de amanecer, estando ya en la víspera destos trabajos y la santa virgen en oración, le mostró Dios el Infierno abierto, y tantos demonios que salían de él y venían al convento que desde el suelo hasta el tejado le ocupaban, y en los aires andaban tan espesos como los átomos en los rayos del sol ''[451]''. Tenían diversas figuras, como: culebras, lagartos, sapos, toros, lobos, leones y otros géneros de bestias bravas y ferocísimas. Otros andaban en el aire, a manera de cuervos, buitres, muerciélagos, y cada uno, según su especie, bramaba o graznaba. Y santa Juana, viendo esto, rogaba a Dios con muchas lágrimas la enviase socorro y quien echase de su monasterio aquella infernal canalla. Oyola [87r] Su Majestad, y envió al ángel san Miguel y al de su guarda con otros muchos, pero no pudiendo echar del convento a los demonios que resistían fuertemente fueron los santos ángeles a la iglesia, y el de su guarda con mucha reverencia tomó el santísimo Sacramento en las manos, y viniendo con él a la celda donde la santa virgen estaba, la mandó que le adorase ''[452]''. Venía la santa Hostia hecha carne, llena de grandísimo resplandor, y viéndola los demonios comenzaron luego a huir y se fueron, aunque no todos, porque algunos se quedaron en los rincones y soterráneos del monasterio, y en particular en el confesonario y cocina, y quedando la vitoria por los ángeles volvieron el santísimo Sacramento a la Custodia. (''Muy semejante fue esta pelea de los ángeles y demonios que mostró Dios a santa Juana en visión imaginaria a la que hubo en el Cielo cuando “Michael et angeli eius proeliabantur cum dracone” [453] [454], y a la que tuvo otra vez el mismo arcángel con el demonio sobre el cuerpo de Moisés [455]. Y siempre salió el demonio vencido, y si ahora resistió tanto al arcángel y a los ángeles que con él venían no fue por ser más poderoso que ellos, porque el menor de los ángeles buenos puede más que el mayor de los demonios [456], sino porque los pecados de aquel convento y agravios que se hacían contra la santa abadesa daban fuerzas a los demonios para que resistiesen a los ángeles, conforme a la dotrina el gravísimo Ruperto Abad: “Unde malo angelo virtus pugnandi, adversus bonum angelum eique resistendi? Ex hominum, vel populorum peccatis”[457] [458]) [459]''. Considerando esto la santa prelada y que la venida de aquel ejército infernal [87v] a su casa había sido a perturbar las religiosas —como ellos lo decían cuando iban huyendo, amenazando de volver con mayor fuerza a conquistarlas—, luego, en amaneciendo, mandó tañer a capítulo, y con más lágrimas que palabras dijo: “Muchas veces, hermanas en el Señor, me rogáis os diga para vuestro consuelo algo de lo que Su Majestad me muestra, y aunque lo rehúso siempre, ahora sin que me lo preguntéis os quiero decir la triste revelación que esta noche me fue mostrada” ''[460]''. Y contando lo que había visto, decía con muchas lágrimas: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y esta noche le vi lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Enmendemos nuestras vidas y procuremos abrazar de veras la virtud, y en particular la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. Estas cosas decía la santa virgen, y otras muchas con que las religiosas quedaron admiradas y muy deseosas de cumplir sus obligaciones y servir a Dios más de veras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese la santa abadesa muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenzaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas [88r] corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del huerto que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y derramando lágirmas suplicó a Nuestro Señor le ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Hablola la mesma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo ''[461]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Mi Padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte —aunque oré y lloré—, no quiere se revoque la que ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente y que tus alas sean quebradas y todos los miembros de tu cuerpo tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era, cuando le sacan el grano”. Replicó a esto santa Juana: “Harto quebradas, Señor, veo mis alas, y mi cuerpo triste y tullido”. “Poco es eso —respondió la imagen— para lo que ha de ser, y lastímame tanto ver tu aflicción y fatiga que con la fuerza del amor y compasión que te tengo, lloro lágrimas por ti” ''[462]''. Oyendo esto, la santa abadesa derramó tantas con tan grandes congojas, que parecía se le arrancaba el alma, y de rato en rato decía: “¡Oh, qué triste revelación! ¡Oh, qué triste revelación ha sido esta!”. Oyolo su enfermera, que dormía en la misma celda, y compadeciéndose della le rogó la dijese la causa de aquellas lágrimas y suspiros. “No tengo qué [88v] decir, hija —respondió la afligida abadesa—, sino que soy pecadora y lloro mis pecados”. Pero, haciendo instancia la religiosa y diciendo lo que había oído, la contó lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este estado estaban las cosas cuando llegó el provincial al convento, y haciéndose de nuevas en el negocio de la bula, no trató cosa della. Mas la bendita abadesa le contó toda la historia y dijo: “No por esto, padre, dejo de reconocer mi culpa. Esta es la bula, a Vuestra Paternidad la doy para que della y de mí haga lo que le pareciere que conviene”. “Así se hará”, dijo el provincial. Y, presentando la bula en difinitorio, se recrecieron tantas acusaciones contra la inocente abadesa condenando su intención y obras que se trató de su deposición. Y quiso Nuestro Señor —aunque esto sucedió algunas leguas de allí— que viese las personas que la acusaban y que oyese todo lo que en aquella junta se trataba contra ella. Y, no poco admirada desto, se lo contó al ángel de su guarda, y él la dijo: “Muéstrate Dios estas cosas porque quiere que conozcas los que te labran corona de tanta gloria, para que se lo agradezcas y ruegues a Dios por ellos” ''[463]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año 1527, dos días antes de la fiesta de la Santísima Trinidad ''[464]'', vino el provincial al [89r] convento, tan mal informado contra la inocente abadesa que en llegando a él juntó a las monjas a capítulo, y tomando las culpas a la prelada, después de haberla reprehendido, la mandó darle una disciplina, y a las monjas que se aparejasen para elegir otra abadesa ''[465]''. Lloraban amargamente la deposición de su bendita prelada: “Nuestro bien y nuestro amparo —decían— ¿quién nos hizo tanto mal? ¿Quién pudo levantar tantos y tan grandes testimonios a una persona tan santa?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sosegaos, hijas —decía la piadosa madre— enjúgense vuestras lágrimas, obedeced al prelado y no tratéis de disculparme con él, ni de afligiros por mí, que estoy la mujer más consolada y contenta del mundo: No he tenido en mi vida tal consuelo como el que hoy me ha dado Dios con esta reprehensión y disciplina; págueselo su Majestad a quien tanto bien me ha hecho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podía la santa virgen consolar a las monjas, que estaban desconsoladísimas, mayormente cuando se procedió a la eleción ''[466]'', que allí fue tan grande su sentimiento que como mujeres flacas, fatigadas y tristes, todo eran lágrimas, todo clamores, todo [89v] suspiros, todo voces y todo gritos, hasta caer en el suelo como muertas;  aunque llegando a votar, con nuevo valor y brío daban su voto a la madre Juana de la Cruz, diciendo que mientras ella viviese no querían otra abadesa. Y viendo el prelado que todas eran deste parecer —salvo las pocas que la acusaban— y que no podía hacer eleción, puso por presidenta a la vicaria, con notable desconsuelo y tristeza de las monjas, que reventaban de dolor solo en pensar que carecían del gobierno de su dulce y santa madre, la cual no solo quedó privada del oficio, sino también de poder hablar con cualquiera persona de fuera del convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como santa Juana era persona tan conocida y estimada en el reino y fuera de él, sonaron mucho sus azotes, y dio grande estampida su deposición, y a cada uno licencia para decir y pensar lo que quisiese. Y así vino su grande opinión y crédito a perderse con algunos, y a ser desfavorecida y tenida en poco dellos, y muy perseguida de la nueva presidenta, que le hacía muchos agravios. Mas la paciente cordera solo sentía parecerle era poco para lo mucho que sus pecados merecían, y regalándose con su dulce Esposo [90r] decía: “¿Habéisme, Señor, olvidado? ¿Dejáisme, Dios mío? No lo permita vuestra bondad, favoreced a esta gran pecadora, infamada, azotada y castigada por mala, que harto siento yo haber perdido la honra y el buen nombre que con vuestros siervos tenía. Pero Señor, todo es poco y pequeñas estas penas para lo que mis culpas merecen, y basta quererlo vos para que yo lo quiera, y así os alabo y bendigo por ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados nueve meses que estuvo santa Juana y todo el convento sufriendo malos tratamientos de su vicaria —que había quedado por presidenta del convento—, volvió el prelado a él y eligió por abadesa a la misma que había sido la causa de todas estas discordias, tan obstinada contra la santa que nunca se quiso aplacar por ningún servicio de los muchos que le hacía: Siempre estaba con aquella mala voluntad, y la santa virgen, que la amaba más que a sí, tomó tan a pechos la salvación de su alma, y con tantas lágrimas rogaba a Dios se compadeciese della, que fue oída y ablandó Nuestro Señor su duro y obstinado corazón ''[467]'', aunque por sus justos juicios murió de un dolor de costado sin haber gozado del oficio de abadesa [90v] más que solos diez meses. Y reconociendo su culpa en esta última enfermedad, la lloró y públicamente pidió perdón a santa Juana y a las demás religiosas de los agravios que les había hecho y malos ejemplos que había dado. Y renunciando el oficio de abadesa, murió recebidos todos los sacramentos con mucha contrición y arrepentimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el ángel de la guarda mandó a santa Juana que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le ha- [91r] cía. Pero la santa virgen, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que lo hiciese escribir por mano de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor ''[468]'', y rehusándolo cuanto pudo dijo: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, escribiéndolas por mano ajena no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo la santa y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, que el Señor que obra estas maravillas en ti las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban porque haya memoria dellas; donde no, cesarán las mer- [91v] cedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. La Santa, oyendo esto con humildad y temor, hizo lo que el ángel la mandaba, y comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada soror María Evangelista, que  —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer, ni escribir hasta que para este efecto milagrosamente se lo concedió Nuestro Señor, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta gloriosa santa. Este libro se ha tenido siempre como reliquia preciosa, valiéndose de él contra tempestades y truenos, y hoy en día está guardado en el archivo del convento de la Cruz, con grande veneración. Es muy antiguo escrito de mano en veintiocho capítulos y en ciento y setenta hojas de cuartilla, encuadernado en tablas muy viejas, con dos manecillas remendadas y cosidas con hilo blanco. Y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apare- [92r] ció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho sentía la santa virgen ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito, y no la obligase más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la santa con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido mucho con ese mal pensamiento”. Y con esto, santa Juana se despidió de él y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que santa Juana tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolo- [92v] res y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que le rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas la santa, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Extrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que la dijo se conforma- [93r] se con la voluntad de Dios, y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[469]''. Y entonces la santa virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes— con mucha instancia que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad de Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere nunca lo puede dejar de querer [470]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se cumple, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [471]) [472]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo, y algunas señoras con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la santa, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su santa Esposa, [93v] tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[473]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano ''[474] ''—según lo que vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía— porque unas veces callaba, otras respondía, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. ''[475] ''Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen respondió que a la bendita Madalena. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de [94r] Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflito la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después, hablando con el que la dejó, dijo: “¿Señor, sola me dajastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme él a mí y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la santa virgen. Y como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué [94v] crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!” ''[476]''. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?”. Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. Y a una religiosa que le lavaba la boca dijo: “Quítate de ahí, que mi Señor me la lavará”. '' ''[477]'' ''Y, con mucha honestidad y gracia, sacó un poquito la lengua, como cuando una persona comulga, y preguntándole si había comulgado, dijo: “Sí, y por todas las personas que aquí están”. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer, y luego comenzó a menear la boca con mucho sabor y gusto. Y preguntándole el médico qué comía, respondió: “Del fruto del árbol de la santa Veracruz, que me le ha traído mi ángel”. “Con tal manjar como ese, esforzada estará [95r] vuestra reverencia”, replicó el médico. “Mucho lo estoy”, respondió la santa. Y levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba. Y respondió que con las santas y vírgines. Dijéronle: “¿Pues con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió la santa. Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi Reina y Señora”. ''[478] ''Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos, Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, suplicando a Dios no las privase de tanto bien y [95v] diese salud a Su santa Madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. ''[479]'' ''Preguntáronle si estaba allí el Señor; dijo que sí, y su Santísima Madre y toda la corte celestial. Comenzó luego a menear la boca, como quien come, y esto fue por dos veces en poco intervalo de tiempo. Y viéndolo todos, dijeron: “Madre, ¿torna a comer del fruto de la Cruz?” Y dijo: “Sí, y ayer le comí otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la santa enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo. Díganos: ¿quién le acompaña en ese camino?”. “Mi Señor, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis santos”, respondió la santa virgen. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[480]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias hasta los zapatos!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial Esposo adornaba ya aquella santa [96r] alma con las joyas de su desposorio. Quedó la santa virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como coral, y así estuvo en este ser, sin hablar palabra desde el sábado en la tarde hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz ''[481]''. Y este dichoso día a las seis de la tarde, leyéndole la Pasión, dio a su celestial Esposo el alma año de 1534, a los 53 de su edad y a los 38 de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa santa Juana, y de la incorruptibilidad de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tratose luego de dar tierra al santo cuerpo, y por ser notable el concurso y devoción de la gente y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que con buena guarda y seguro se sacase en procesión fuera del monasterio, para que todos le viesen. Y llegando un tullido a tocar el cuerpo de la santa, besando el hábito, quedó sano y dejó allí dos muletas con que andaba ''[482]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' Una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muy terribles dolores, tocando al cuerpo difunto se le aliviaron luego [96v] y muy en breve sanó. Y un hombre que estaba con gran dolor de muelas, sin poder comer ni dormir, solo con besar los pies de la santa quedó sano de su mal ''[484]''. Y tornando al convento el santo cuerpo, hallaron mensajeros de grandes señoras con cartas para que no la enterrasen hasta que llegasen, porque estaban puestas en camino, y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre de él aquel suavísimo olor que hemos dicho ''[485]''. Crecía la devoción de la gente que venía de Madrid, de Toledo y de otras partes, y era tanta que cubrían los grandes y espaciosos campos de aquel santo monasterio. Y así por evitar la inquietud —que era grandísima— determinaron los padres se diese a la tierra aquel tesoro del Cielo, y sepultaron el santo cuerpo, y estuvo debajo de tierra seis o siete años, hasta que fue trasladado con mucha solenidad y fiesta, y colocado en lugar alto y eminente, como ahora está, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, con una reja de hierro fuerte y dorada y una lámpara de plata que arde delante de él, donde es muy venerado, no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas. El día en que murió la santa, celebra con particular devoción y fiesta [97r] la villa de Cubas, y va en procesión al monasterio donde está, y lo mesmo hacen otros lugares de la comarca, y dicen la misa mayor delante del santo cuerpo en un altar portátil que se pone para este efeto, y se predican las excelencias y alabanzas de la santa, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden atraídos de la devoción de la santa, por haber muerto en tal día en el cual comenzó su gloria y su bienaventuranza, según que para consuelo de sus devotos lo reveló Nuestro Señor a una gran sierva suya en la ciudad de Almería, religiosa de la Concepción, llamada María de San Juan, muy semejante a nuestra gloriosa Santa en santidad y virtud, y tan amigas las dos que con estar muy lejos, se comunicaban en espíritu muchas veces. Esta venerable religiosa contó a dos religiosos graves de la santa Provincia de Castilla una visión que había tenido en esta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485] ''“Cuatro días después de la muerte de santa Juana me la mostró Dios en la bienaventuranza, con tantos grados de gloria que iguala con los ángeles, y excede a muchos santos y santas, de que yo quedé admirada, porque aunque muchas veces nos víamos las dos en [97v] aquel santo lugar donde el Señor nos juntaba, nunca la vi desta manera. Y así, preguntando a mi santo ángel cómo había tan gran diferencia de la gloria en que yo vi esta vez a la madre Juana de la Cruz a la que en otras veces la solía ver cuando el Señor me la mostraba, respondió: ‘Está ya desatada de las ataduras de su cuerpo’. Y bajando su bendita alma al lugar donde yo estaba, me abrazó y yo también la abracé y dije: ‘¿Cómo, hermana, y esto sin mí?’. ‘Sí, hermana —me respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso, y ha cuatro días que salí de la vida y tuve en ella mi Purgatorio y mi juicio, y dos días antes que espirase comenzó mi alma a gozar de la gloria y bienaventuranza del Cielo, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con dolores’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta revelación es digna de mucha estima, por la persona a quien se hizo —que por ser religiosa de gran santidad y virtud, y haber tenido en esta vida tantas revelaciones y raptos, se le debe todo crédito—, y por ser de la bendita santa Juana de la Cruz, carace de toda sospecha ''[487]''. Otras muchas maravillas que el Señor obró por su sierva dejo de escribir, por no cansar al letor, contentándome con las dichas, que son las más importantes, aunque por [98r] no dejarle ayuno de tan sabroso bocado, diré de la manera que está su santo cuerpo incorrupto y entero, habiendo setenta y seis años que le conserva Dios en un ser —que cuerpo que fue órgano del Espíritu Santo y lengua por donde dio sus divinos oráculos tan de asiento no se había de convertir en ceniza, ni ser comido de gusanos— . Y es este un soberano milagro, según que el año pasado constó por vista de ojos a muchos, como parece por un testimonio que está originalmente guardado en la villa de Cubas, en el oficio de Juan Fernández de Plaza, y su traslado auténtico en el archivo del convento, que es del tenor siguiente ''[488]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y jurisdición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Mesina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia cismontana ''[490]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la [98v] pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte de Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísios padres presentes y mucha gente, que por ser tanta hubo muy grande apretura. Por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa dellas, se halló el dicho cuerpo entero, y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro [99r] Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego de Barasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la Provincia de San José ''[491]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray Marcos Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente, y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas del dicho convento ''[492]'', fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de san Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el Licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García [99v] escribano, ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de 1610, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventurada santa, hallándose su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la santa virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle [100r] ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que cierto prelado general se le quitó por su devoción; y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más manifiesto, que tornándose a poner el dicho velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada santa Juana, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí. Y tras ella ofrezco al piadoso letor la cuarta parte de la Corónica General de nuestra seráfica religión, con 943 santos, todos hijos de la Regular Observancia de nuestro padre San Francisco, que en estos últimos tiempos, de 94 años a esta parte, ha dado a la Iglesia su sagrada religión, que ahora salen a luz en la historia que prometo, que se está imprimiendo ''[492]''. De las faltas desta y de aquella soy yo el autor, y de lo bueno que en ellas hubiere lo es Dios, a quien ofrezco mis trabajos, y a ellos [100v] y a mí a la corrección y censura de la Santa Madre Iglesia Católica Romana. Y para que los devotos desta santa virgen tengan especial oración con que encomendarse a ella, se pone aquí la siguiente, que rezándola en particular quien quisiere, como no sea en nombre de la Iglesia ni como ministro della, cosa es santísima y muy recebida en toda la Iglesia de Dios ''[493]''. (''Bien puede uno encomendarse a cualquier santo, aunque no esté canonizado ni beatificado'') ''[494].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Comemoración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''O, Sancta Dei inclyta Cristi sponsa deuotisima Beata Ioanna, organum et lingua Spiritus Sancti benedictu: animarum in Purgatorio existentium, solatium et requies. Ora pro nobis Dominum, ut digni efficiamur gratia Dei.&lt;br /&gt;
Versiculum: Diffusa es gratia in labiis tuis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Responsa: Propter ea benedixit te Deus in aeterum [496]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deus qui ineffabili prouindentia, beatam Ioanam miris illustrationibus decorasti, et ei tantam gratiam contulisti, ut non solum specialisimo modo sponsa tua effici mereretur, sed etiam ad nostram utilitatem, precibus suis, rosaria miris virtutibus a te ipso benedicta concedere voluisti: praesta quaesumus, ut eius meritis, et intercesione indulgentiam gratiae tuae consequi mereamur Per Dominum nostrum, etc [497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] '''Razón de la verdad y autoridad desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, porque no se honran ellos sino con llaneza y verdad; la que se ha guardado en escribir la vida desta santa virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[498]'', la vida y milagros de la gloriosa santa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en 164 hojas de cuartilla en 28 capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, discípula de la santa, llamada soror María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del consejo del ilustrísimo señor don Bernardo [101v] de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha en diferentes lugares, ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con 17 testigos, por comisión del consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángel de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, que se hicieron para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de santa Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa santa Juana, por intercesión de su Santísima Madre. Folio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que santa Juana hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo santa se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo santa Juana recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de santa Juana, y de la frecuencia de sus raptos. Folio. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el niño Jesus se desposó con santa Juana, y de la devoción que tuvo al santísimo Sacramento. Folio 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que santa Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. De los rosarios y cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de santa Juana. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1v] Capítulo X. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado las cuentas de la gloriosa santa Juana. Folio 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas de santa Juana. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a santa Juana. Folio 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana, y del don de lenguas que la dio. Folio 56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a santa Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 62.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. Cómo santa Juana fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 66.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. De la manera que se juzgan algunas almas en la otra vida y de las penas de Purgatorio. Folio 71.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. Cómo reveló Dios a santa Juana que muchas almas penaban en guijarros, y de cosas maravillosas que con ellas le sucedieron. Folio. 77.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a santa Juana y de su grande paciencia. Folio. 83.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de la guarda mandó a santa Juana que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa santa Juana, y de la incorruptibilidad de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[hs. 2r-3v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1] ''Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Margen derecho]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [Margen derecho]: ''Psalmi'' 67g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] ''[Margen derecho]: ''Iob'', 13.4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen izquierdo] Ex St. Thomas 2.2, q. 172, art.5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [Margen izquierdo]'' Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8] '''''Isabel''' de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye popularmente y en diversos textos desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584; el '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto, Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con la santa de Schönau. La confusión de Daza se debe probablemente a la homonimia entre el citado monarca y el hermano de Isabel, que llegó a ser abad de Schönau. Al mismo tiempo, aunque la documentación fidedigna sobre este rey es escasa, se extendió la creencia popular de que Eckberto de Wessex tenía una hermana monja de clausura con fama de santidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen izquierdo]: Tom. 3 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Consal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [Margen derecho]: ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' '''«''Omnis…iustitiam'', ''etc.»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16] ''[Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]&amp;lt;sup&amp;gt; ''&amp;lt;/sup&amp;gt;[Margen izquierdo]:'' ''Epístola 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Blos. In Moni. Spi. cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hugo de S. Victore lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;2 ''De sacramentis'', p.16, cap. 4; Dionisio Cartujano, ''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus, ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen izquierdo]: Santo Tomás, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art.I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20] ''[Margen izquierdo]:'' ''Belarmino, [margen derecho]: t. 2 ''Controversias'', 3; ''De'' ''Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del Purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del Purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de Purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el Infierno; otro es un lugar de Purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22] ''[Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [Margen derecho]: Lib. 7, ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen derecho]: In ''Magnum Speculum Exemplorum'', dist. 3, exempl. 32, et dist. 4, exempl. 1, et dist. 5 exempl. 58, et dist. 8, exempl. 60.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt;'' ''&amp;lt;/sup&amp;gt;In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Los obispados de '''Corc '''y '''Cloyne''', al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios de 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;[Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pedro Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;[Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [Margen derecho]: 2.2, ''Quaestiones'', 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;[Margen izquierdo]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia''. cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41] Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42] ''[Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' '''“''Rursusque…suis'', ''etc.''”''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el Cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''“''Sanctus deus…immortalis''”''': “Dios es santo, santo, fuerte e inmortal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, concilio posterior al concilio constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seve biniu in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]''' habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 16 de esta historia''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' '''''“Omne...filio''”''': “Dio todo el juicio a su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. [Margen izquierdo]: ''Matthaeus'', 19 d., ''Luca'', 22.c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52] ''[Margen derecho]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap. 12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;5 ''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen derecho]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen izquierdo]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' '''etiología''' es el estudio de las causas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió el libro de la vida de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: 1. Advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Cómo se puede llamar uno «santo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' [Margen derecho]: Bellarmino, t. I ''De beatitudinem et canonizatione sanctorum'', lib. 1, caps. 7 et 10; Angelo Rocca'', De canonizatione sanctorum'', cap. 30; Suárez, 3 par., t.3, q. 25, art.6, disp. 55, sect. 2; Rodulpho, lib. I, fol. 155; Vincente Justiniano en la vida del santo fr.. Luis Bertrán, cap. últ.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: 2. Advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [Margen izquierdo]: Visión y lo que significa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;sup&amp;gt;''[66]'' &amp;lt;/sup&amp;gt;[Margen San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; santo Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen izquierdo]: Visión sensitiva o corporal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [Margen derecho]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen izquierdo]: Santo Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [Margen derecho]: Dios cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [Margen izquierdo]: Santo Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Ballarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;4, ''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen izquierdo]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [Margen izquierdo]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q. 11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Ballarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83] '''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I; Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [Margen derecho]: San Agustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' '''dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93] ''Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hechos cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho pero añade información nueva que no se refiere a las fuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Esta nota también se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' Se agrupa aquí en una sola nota dos distintas que se encuentran en el margen derecho, una a continuación de otra: el primer enunciado se corresponde con la primera; el resto, con la segunda. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100] ''[Margen izquierdo]: Antes que santa Juana naciese le puso Nuestra Señora el nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101] ''[Margen izquierdo]: Arróbase estando en la cuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' '''la madre''': se añade el sujeto elidido para que se entienda adecuadamente el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Raptos de tres días siendo niña que mamaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen derecho]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: Ve al niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' día de la Purificación de Nuestra Señora: 2 de febrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: Muere la madre de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' [Margen izquierdo]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen izquierdo]: Revela Dios la santidad de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' [Margen derecho]: Hacen diligencias para hurtar a santa Juana y recíbenla sin dote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Consideración santa para entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen izquierdo]: Ejercicio y penitencias de santa Juana siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen izquierdo]: Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de silicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [Margen derecho]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [Margen derecho]: Los serafines se alegran con santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen izquierdo]: Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' '''Jesu''': esta forma puede tratarse de un error o de una forma minoritaria y probablemente arcaizante, ya que el ''CORDE'' atestigua su uso principalmente en el ''Libro del caballero Cifar'' (1300-1305).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora visita a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'' de Covarrubias).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen derecho]: Del palomar hace oratorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [Margen izquierdo]: Promete Cristo a santa Juana desposarse con ella y de hacerla religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [Margen derecho]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen derecho]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: La imagen que está sobre la puerta reglar habla con santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Llegan los parientes de santa Juana y hállanla a la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen derecho]: Llega en busca de santa Juana el que la pretende por mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' [Margen derecho]: Dan el hábito a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen derecho]: Mandan que guarde silencio por un año.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' [Margen izquierdo]: Éntrase a confesar desnuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Lo que sucedió a santa Juana la primera vez que comulga siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' [Margen izquierdo]: Contienda maravillosa entre los gloriososo santo Domingo y san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: Pide licencia el demonio para tentar a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen izquierdo]: Azótala el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' [Margen derecho]: [Desea santa Juana padecer muchos trabajos por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' [Margen izquierdo]: Asperezas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' [Margen izquierdo]: Asistencia en la oración muy contínua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen derecho]: Notable mortificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Milagro que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen derecho]: Humildad y paciencia de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' [Margen derecho]: Resplandecía el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: Obediencia lo que puede.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa frecuencia de raptos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen izquierdo]: Raptos que la duraban tres días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Resplandece el rostro estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' [Margen derecho]: Lugar celestial donde estaba santa Juana cuando se arrobaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]:'' Isaías'', cap.3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' [Margen derecho]: [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen derecho]: Nuestro Señor se desposa con santa Juana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen izquierdo]: Petrus de Natalibus, lib. 10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen izquierdo]: Da la Virgen el anillo y pónesele Nuestro Señor a santa Juana en el dedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen izquierdo]: Cristo y su madre aparecen a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: Recibe santa Juana el Niño Jesús de mano de la Virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' '''Gracia ''ex opere operato''''': literalmente, “virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen derecho del fol. 25r/Margen izquierdo del fol. 25v]: [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t./ 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169] ''La parte de esta nota que prosigue lo reproducido en la anterior'' ''se encuentra ya en el margen izquierdo del fol. 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]''''' alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171] ''[Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' [Margen izquierdo]: Ábrense muchas paredes y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen izquierdo]: Háblala la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' Margen derecho]: Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' [Margen derecho]: Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata santa Juana con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' [Margen derecho]: ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' [Margen derecho]: Levantan los ángeles a santa Juana en presencia de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: Persuade santa Juana a las monjas que sean devotas de los ángeles de la guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' '''ángeles de guarda''' aparece dos veces en esta edición y en las de Valladolid y Zaragoza de 1611, aunque lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen izquierdo]:'' De coelesti hierarchia'', cap. 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' [Margen izquierdo]: Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib. ''De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''‘''Confiteantur…Angelorum''’''': ‘Que todos los ángeles se regocijen porque Cristo es el Rey de los ángeles’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen izquierdo]: Hermosura y ornato del ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes». '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos». '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”. De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno», enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen derecho]: San Laruel se llama el ángel custodio de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen derecho]: Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota ''[190]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “A principio creó Dios el Cielo y la tierra”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Manda el ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' '''arreo''': sucesivamente (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen derecho]: Nueve veces se apareció Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]:'' Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' Esta parte de la nota se encuentra en el margen izquierdo del fol. 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen derecho]: Lib. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen derecho]: 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen derecho]: [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' “'''El Maestro”''' o “el Maestro de las sentencias” es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' La parte de la nota que va desde ''[203]'' hasta el final de la misma se encuentra en el margen derecho del fol. 32r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecado las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Consuela en ángel a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' [Margen derecho]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' '''de costa''': de lado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen izquierdo]: Palabras con que consuela el ángel a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' [Margen izquierdo]: Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' '''Isabel...Esconaugia: '''véase la nota ''[8]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221] ''[Margen derecho]: Nota la humildad de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' [Margen izquierdo]: Respuestas maravillosas que da el ángel a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' [Margen izquierdo]: Manda santa Juana a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' [Margen derecho]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]'' [Margen derecho]: Bendícense los rosarios en el Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' [Margen izquierdo]: Bajan los rosarios del Cielo llenos de un olor celestial que tracendía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' '''tracendía:''' puede tratarse de un error, pues ni el ''Diccionario de Autoridades ''ni el ''Tesoro'' de Covarrubias registran la forma, y el ''CORDE'' atestigua muy pocos casos en comparación con los derivados de ''trascender''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdei''», y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' [Margen izquierdo]: Virtudes de las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' La indulgencia '''Porciúncula''', conocida también como Perdón de Asís o Indulgencia de las rosas, es el perdón de toda pena temporal que en el seno de la Iglesia católica se concede una vez en la vida a los fieles que el 2 de agosto recen ciertas oraciones en cualquier iglesia o parroquia franciscana, y cumplan algunas condiciones en torno a esa fecha. La Porciúncula se ha ampliado desde sus orígenes, pues cuando en 1216 Honorio III la otorgara a instancias de san Francisco, solo podía obtenerse si se visitaba la pequeña iglesia incluida en la basílica de Santa María de los ángeles del municipio de Asís, en la región italiana de Umbría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' [Margen izquierdo]: Concede Nuestro Señor las indulgencias destos rosarios con condición que no desprecien por ellas las que los Papas concedieren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general el reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomaría el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234]'' Esta nota, a medio camino entre la nota-guía y la glosa, se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]'' [Margen izquierdo]: Nota las virtudes destas cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236]'' [Margen derecho]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades y rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación. '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250] ''[Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen izquierdo]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]'' [Margen izquierdo]: Contra las calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen izquierdo]: El santo fray Julián toca cuentas en una que tenía de las de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen derecho]: Procúrale estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen derecho]: Conocía el santo fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen izquierdo]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen derecho]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas y la santidad de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen izquierdo]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la santidad de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen izquierdo]: Contra los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' '''día de…santa María Magdalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen derecho]: Ánima de un quemado sube al Cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen derecho del fol. 49r]: Lib. 4,'' Sententiarum'', dist. 20, q. única.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho del fol. 49r]: Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho del fol. 49r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]: El demonio se hace adorar de un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' [Margen derecho]: Habla Dios a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen izquierdo]: Promesa que hace Dios a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen izquierdo]: Visita santa Bárbara a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen izquierdo]: Visión admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen izquierdo]: Pregunta que hace Nuestra Señora a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]: Consuela Nuestra Señora a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen derecho]: Pregunta que hace Nuestra Señora a santa Juana y la caridad de su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen izquierdo]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen izquierdo]: Perdones que ha concedido Nuestro Señor en la iglesia de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' [Margen izquierdo]: ''Compendium privilegiorum fratrum Minorum'', verbo indulgentiae stationum quo ad fratres, fol. 65, y fray Manuel Rodríguez en la ''Explicación de la Bula de las Cruzadas'', §8, fol. 17, núm. 3 y en las ''Questiones regulares'', t. 2, q. 88, art.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]: Aparécese Nuestra señora a santa Juana junto a la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]'' [Margen derecho]: Consagra Dios la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' [Margen derecho]: Manda llamar los demonios porque vean la virtud que pone en la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' '''“''Ego…sum''”''': “Yo soy el que soy”. '''“''Ecce…omnia''”''': “He aquí que hago todas las cosas nuevas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' '''“''Hanc…fabricata''”''': “Esta mujer a la que desprecias, Manicas, es mi madre y hecha por mi mano”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''''Te Deum laudamus''''' o ''A ti Dios alabamos'' es uno de los primeros himnos cristianos de acción de gracias y celebración y se reza tradicionalmente en las grandes solemnidades, especialmente el 31 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ve con ojos corporales a Nuestro Señor y a los doce apóstoles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen izquierdo]: Claridad y certeza que da Dios a santa Juana en sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' [Margen izquierdo]: Restituye Nuestro Señor la habla a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306]'' [Margen izquierdo]: Trece años habló el Espíritu Santo por la boca de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen derecho]: Las ánimas de Purgatorio y los ángeles vienen a oír a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen izquierdo]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' [Margen derecho]: Mandan que ninguno la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' [Margen derecho]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' '''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.''' Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis de Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África. '''De todos estados''': así consta en el texto base y en todas las ediciones consultadas, aunque hoy se preferiría introducir un artículo determinado entre el adjetivo indefinido y el sustantivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: Visita Nuestro Señor a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' [Margen derecho]: Habla el Señor con santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' [Margen izquierdo]: Dale Cristo el Espíritu Santo, como a sus apóstoles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' [Margen derecho]: Predica declarando los Evangelios y fiestas del año.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Notable en experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' [Margen derecho]: El Espíritu Santo da la bendición a los oyentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Habla el Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]'' Debajo de la nota marginal ''[323]'' hay dos líneas tachadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen izquierdo]: Queda cansadísima y sudando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' [Margen izquierdo]: Solamente se escribieron los sermones que predicó en un año.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' [Margen izquierdo]: Quién compuso el ''Libro del Conorte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' [Margen izquierdo]: Concil. 4, Carta canónica 99, dist. 23,'' mulier''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' [Margen derecho]: Santa Juana goza dos aureolas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Margen derecho]: Ensordece Dios a santa Juana y porqué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen izquierdo]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen derecho]: Tamaño y figura de las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' '''“''Licet dum militans…''”''': ''“''Aunque al servir…”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' [Margen izquierdo]: [nueva recopilación de bulas apostólicas de Rodríguez] tom. I, fol. 313.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' [Margen derecho]: Imprímela el Señor las señales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' [Margen derecho]: Cuanto más la ensalza Dios, tanto más se humilla ella&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' [Margen derecho]: Quítala el Señor las señales y dala en todo su cuerpo los dolores de su Pasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' [Margen izquierdo]: Represéntala Dios su Pasión y la de los diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen derecho]: Pregunta que hace Nuestro Señor a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Aparécesele nuestro padre san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen izquierdo]: Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' '''diciplinas''': aparece así en el texto base. El ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente esta voz con la simplificación del grupo consonántico ''sc''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' [Margen derecho]: Cerró santa Juana el convento y hizo que las monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen izquierdo]: Resucita santa Juana una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' La reproducción de la cláusula de la carta de Ana Manrique a Juana de la Cruz aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Sana a una monja de fuego de san Marcial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen derecho]: Sana de mal de rabia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' [Santo Tomás] 2.2, q. 174, art. 6 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' ''Ecclesiastici'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' Lib. 2 ''De Conceptu mundi''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Landulpho Carthusiano] Tom. 3, cap. 46.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' In ''Matthaeus'', cap. 24, q. 239.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' '''Inocencio III''': por cómo se concretará la referencia a este testimonio en la edición de la ''Vida de Juana de la Cruz'' publicada en Madrid en 1613, sabemos que Daza alude al contenido del segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana'', “En donde se determina el ascenso de la conversión de la culpabilidad humana”. '''Landulfo Cartusiano''' es una de las formas latinizadas que se usan para referirse a Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), escritor cartujo alemán, autor de la primera'' Vita Christi'' extraída de los cuatro Evangelios, que fue una obra muy leída e impresa por toda la Europa del siglo XV. '''El Abulense''' o El Tostado es Alonso Fernández Madrigal (1400-1455) y Daza cita uno de sus extensos comentarios latinos: el de ''Mateo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' [Gregorio de Valencia] Tom. 4, disput. 1, q. 22, puncto 9 y disput. 10, q. 1, puncto 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' [Suárez] 3 par. q. 59, disput. 523, sectio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' '''''“Constitui…suscipiendas”''''': “Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas». '''“''Signifer… sanctam”''''': “Que el portaestandarte san Miguel los represente en la santa luz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' Santo Tomás, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 21, q. 1, art.I; san Buenaventura, 4 ''Sententiarum'', dist. 2, par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Aunque podría considerarse una nota-guía, el hecho de que incorpore notas-fuentes y que en el original aparezca en cursiva favorecen editarla de este modo: como glosa en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' [San Gerónimo super ''Daniel''] Cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' '''“''Duplex est… praesint cruciatibus”''''': “El oficio de los ángeles es doble: unos que dan recompensas a los justos, otros que presiden las torturas individuales”. '''“''Sancti Angeli…lege puniendos”''''': “Los santos ángeles castigan sin ira a los que aceptan la ley eterna para ser castigados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' ''De Civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' [Margen derecho]: Religiosos que murmuran de sus prelados tienen particular pena y lugar en el Purgatorio y Infierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Dos veces en semana va santa Juana al Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' [Margen izquierdo]: Aparécesela una ánima de Purgatorio'''.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' [Pedro Lombardo] Lib. 4, dist. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' Lib. I in eius vita, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen derecho]: Ánima en figura de palomar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' [Margen izquierdo]: [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' Pena el ánima en el buey y pide perdón a santa Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' '''destral''': hacha pequeña (''Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''mascándolos''': ''CORDE'' registra otros ejemplos, aunque escasos y prácticamente todos del siglo XVI, del uso de “mazcar” por “mascar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Lib. I, cap. 13 in ''Vita D. Bernardi''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Este fragmento de nota se encuentra en el margen izquierdo del fol. 75v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' ''Historia anglicus'', lib. 3, cap. 19.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' ''De iudicio particulari''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' [Santo Tomás] Lib. 2 ''Sententiarum'', dist. 6, artic. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art.5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Escoto] Lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' El final de esta nota se encuentra en el margen derecho del fol. 76r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' Santo Tomás, 3 par. ''Quaestiones'', 46, art.6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [San Vicente Ferrer] In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Trecientas mil almas saca Nuestra Señora del Purgatorio de una vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' [Margen izquierdo]: Fuera del Purgatorio penan las almas en otros lugares del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Santo Tomás, lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 21, q I, art. 1 ad 3; san Buenaventura, 4 ''Sententiarum'', dist. 20, in I par.I ''Quaestiones'', 6; san Antonino, 3.par., ''Historia'', tít.33, §3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' [San Gregorio] Lib.4 ''Dialogorum'', caps.40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' '''caliginoso''': tenebroso, denso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Lib. 3 ''Historia Anglorum'', cap. 19.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' [Margen derecho]: Penan las ánimas en guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [San Buenaventura] Lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 20 in par. I, q. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' [Santo Tomás] 4 dist. , ''Quaestiones'', 21, arts. 1 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [San Antonip] 3 par. ''Historia'', tít. 31, §3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' ''De Sacramentis'' [''De Sacramentis christiana fidei''], par. 16, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' [Belarmino] Tom. I, lib. 2, cap. 6 ''De Purgatorio.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' ''Liber de quatuor novissimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' In epistola ''De miraculis sui temporis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Soto] 4, dist. 20, art. I, q. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Lib. 4 ''Dialogorum'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Conoce santa Juana si hay almas en los guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen izquierdo]: Elévase santa Juana entre los guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' [Margen izquierdo]: Participa de las penas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen izquierdo]: Padece penas de fuego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' [Margen derecho]: Arróbase la santa en medio de sus dolores y trabajos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Almas sentenciadas a quinientos años en el Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' ''Historia Anglicus'', lib. 5, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Lib. ''De Purgatorio contra Lutero'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' t. I, lib. 5, ''De Purgatorio'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' Esta parte de la nota-glosa se encuentra en el margen derecho del fol. 80r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' [Juan Herolt] Sermo 41, ''De animabus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' [Sermón ''De animabus'', de Juan Herolt] Ejemplos 83 y 85, littera P.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' [Soto] Lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 19, q. 3, art. 2, in fine.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' Véanse el cardenal Ballarmino ubi supra y Suárez, 3 par., t. 4, disput. 46, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta parte final de la nota se encuentra en el margen izquierdo del fol. 80v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Particular caso que sucedió con las almas que penaban en un guijarro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' [Margen izquierdo]: Múdanse las ánimas de los guijarros en unas jarras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 in I par., q. 5; santo Tomás, lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 21, q. I, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' [Margen derecho]: Canta santa Juana con los ángeles y con las ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Deseos que tienen las ánimas de juntarse con santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: El ángel en hábito de romero pobre pide limosna para santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' [Margen derecho]: Cesa el Espíritu Santo de hablar por la boca de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Dolores de cabeza muy grandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen izquierdo]: Don fray Francisco Jiménez da el beneficio de Cubas al convento de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' [Margen izquierdo]: Toma parecer con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Testimonios que levantan a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' [Margen izquierdo]: Ve el Infierno abierto y su convento lleno de demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Envía Dios al arcángel san Miguel en defensa del convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' '''“''Michael…dracone”''''': ''“Miguel y sus ángeles pelearon con el dragón”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' ''Apocalipsis'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' ''Epistola Iudaeos'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Santo Tomás, I par., q. 109, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''''“Unde…peccatis”''''': ''“¿De dónde le viene al ángel bueno la virtud de luchar contra un ángel malo y de resistirle? Del hombre y de los pecados de las personas”''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' Lib. 9, ''De victoria verbi Dei'', cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' [Margen izquierdo]: Tañen a capítulo y cuenta esta visión a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' [Margen derecho]: Habla la imagen a santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen derecho]: Profecía de los trabajos de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' [Margen izquierdo]: Muéstrala Dios todo lo que se hace contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' '''fiesta de la Santísima Trinidad''': 2 de junio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: Azotan a santa Juana y privan del oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' [Margen derecho]: Sentimiento de las monjas cuando se trata de elegir otra abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' [Margen derecho]: Ruega santa Juana por su perseguidora y alcanza misericordia de Dios para ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' [Margen derecho]: Manda el ángel a santa Juana que escriba por mano ajena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: El ángel dice a santa Juana su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, arts. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4 y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' '''Día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': la Iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. Es posible que la confusión se deba a una razón interna a la propia obra, ya que en el párrafo 12 del mismo capítulo se alude a una visión de ambos santos que Juana experimenta tres días antes de su muerte. Quizá el hagiógrafo hace coincidir (¿inconscientemente?) por esa razón la aparición mencionada con el día de la fiesta de ambos santos. En realidad la fiesta de los apóstoles coincide con la de la Invención de la Cruz, que servirá más adelante (en el último párrafo del mismo capítulo XIX) para datar el día exacto de la muerte de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen izquierdo]: Entra en batalla con el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen izquierdo]: Comúlgala Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora, los ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen izquierdo]: Hallose Cristo y su Santísima Madre, muchos ángeles y santos con santa Juana a la hora de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' [Margen izquierdo]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' [Margen derecho]: Muere la sierva del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' [Margen derecho]: Sana un tullido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Sana a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre de dolor de muelas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo 5 días sin enterrar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Maravillosa revelación de la gloria de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen izquierdo]: Revelación de la gloria de santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489] ''[Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. La institución oficial de esta figura la establece el Papa Martín V el 14 de febrero de 1421 con la bula ''His quae''. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo» a los conventos de Castilla la Vieja, quedando para la de San José los de Castilla la Nueva (hoy Castilla-La Mancha). De la provincia de San José emanarían las nuevas provincias descalzas en los mismos lugares en que estaban presentes las observantes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen derecho]: Sale la 4 parte de las ''Corónicas'', con 943 santos nuevos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' Suárez, 3 par., t. I, q. 25, art. 6, disp. 55, sectio 2; Bellarmino, t. I ''De beatitude et canonizatione sanctorum'', lib. I, caps. 7 et 10; Angelo Rocca, ''De canonizatione sanctorum'', cap. 30; Rodulfo en la ''Historia seráfica'', lib. I, fol. 155.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'' '''''O…Dei''''': Oh, santa de Dios, devotísima esposa de Cristo, beata Juana, con la bendición del órgano y lengua del Espíritu Santo, el consuelo y descanso de las almas que viven en el Purgatorio. Oremos al Señor para que seamos dignos de la gracia de Dios. '''''Versiculum…tuis''''': Versículo: La gracia se ha derramado en tus labios. '''''Responsa…aeternum''''': Respuesta: Por ella Dios te ha bendecido para siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' '''''Deus…nostrum'', etc''.''''': Dios, que con proezas indecibles has adornado a la beata Juana con maravillosas ilustraciones, y le has dado tanta gracia que no sólo merecía ser hecha tu esposa de modo muy especial, sino también para nuestro propio beneficio, por sus oraciones, y bendito por tus propias virtudes, elegiste dar rosarios por ti mismo, por sus méritos y por la intercesión de tu gracia, obtengamos el perdón de tu gracia a través de nuestro Señor, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer aquí el doble valor de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior, pues es el modo en que Antonio Daza trata de demostrar la veracidad de lo contenido en la obra revelando las fuentes en las que la ha basado.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712697</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:31:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- ''[82r]'' tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- ''[83v]'' mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [531]. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial [532]. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- [88r] to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo [88v] el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712696</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712696"/>
				<updated>2026-03-13T09:30:23Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor [81r] de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar- [81v] mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- ''[82r]'' tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en [82v] su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- ''[83v]'' mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como [84r] lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy [84v] formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po-[85r] bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por [85v] esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- [86r] le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [531]. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial [532]. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras [86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- ''[88r]'' to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo ''[88v]'' el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
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Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
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Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
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El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
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[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
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''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712695</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:28:50Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus [77r] sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- [77v] taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- [78r] dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu- [79r] chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- [79v] só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?” ''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r] los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y [80v] así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor ''[81r]'' de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar'''- ['''81v]''' '''mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- ''[82r]'' tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en '''['''82v]''' '''su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- ''[83v]'' mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como ''[84r]'' lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy ''[84v]'' formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po- '''['''85r]''' '''bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por ''[85v]'' esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- ''[86r]'' le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [531]. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial [532]. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras '''['''86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- ''[88r]'' to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo ''[88v]'' el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712694</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:27:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Notas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus '''['''77r]''' '''sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- ''[77v]'' taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- ''[78r]'' dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu'''- '''[79r]''' '''chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- ''[79v]'' só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?”''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r]''' '''los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y ''[80v]'' así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor ''[81r]'' de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar'''- ['''81v]''' '''mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- ''[82r]'' tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en '''['''82v]''' '''su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- ''[83v]'' mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como ''[84r]'' lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy ''[84v]'' formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po- '''['''85r]''' '''bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por ''[85v]'' esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- ''[86r]'' le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [531]. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial [532]. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras '''['''86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- ''[88r]'' to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo ''[88v]'' el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
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Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
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Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
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El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
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[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
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==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
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Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
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[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
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''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. '''Santa Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]'' [Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Historia,_vida_y_milagros,_%C3%A9xtasis_y_revelaciones_de_la_bienaventurada_virgen_sor_Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712693</id>
		<title>Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-13T09:25:45Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Vida de Juana de la Cruz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1r]''' [Portada]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compuesta y de nuevo corregida y emendada por fray Antonio Daza, indigno fraile menor, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista de la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirigida a la católica majestad del rey don Felipe III, nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año [sello coronado encuadrando grabado con motivos geométricos en las cuatro esquinas y dentro un óvalo con la Inmaculada, revestida de rayos de sol, con corona de once estrellas y media luna similar a un ancla a los pies, pisando la cabeza de un demonio o de la propia muerte] 1613.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con privilegio de Castilla y Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Luis Sánchez, impresor del Rey nuestro señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶1v] [en blanco]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2r]''' Tasa '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, Gerónimo Núñez de León, escribano de cámara del rey nuestro señor, de los que en su Consejo residen, doy fe que habiéndose presentado ante los señores de él un libro de la vida de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la Orden del glorioso padre San Francisco, compuesto por el padre fray Antonio Daza, religioso de la dicha orden, que con licencia de los dichos señores fue impreso, tasaron cada pliego del dicho libro a cuatro maravedís y parece tener treinta y seis pliegos y medio, que al dicho precio monta en papel ciento y cuarenta y seis maravedís. Y a este precio mandaron se vendiese, y no más, y que esta tasa se ponga en el principio de cada libro de los que imprimiere. En Madrid, a dos de mayo de mil y seiscientos y trece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gerónimo Núñez de León&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Erratas''''' [1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son menester tantos ojos para cualquier cosa que se imprime que por muchos que tenga un hombre es más de maravillar cuando la obra sale sin erratas que no cuando sale con ellas. Las que en este libro se han hallado son las siguientes, las cuales emendará cada uno en el libro que tuviere, porque desta manera se entiendan mejor los lugares de las tales faltas y haya verdad en la letra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ''Aprobación'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 4, pág. 2, lín. 29, donde dice “Eleazaro” diga ''Elceario''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 9, pág. 1, lín. 3, donde dice “nueve” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''diez''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fol. 12, pág. 2, lín. 8, donde dice “Vest” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vuest''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; en la misma página, lín. 26, donde dice “siete” diga &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''trece''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la materia del libro:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fol. 60, pág. 2, línea 3, donde dice “Medrano” diga ''Mendoza''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado Murcia de la Llana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶2v]''' Aprobación de los letores de Teología'''[1§] Los letores de Teología de San Francisco de Valladolid que aquí firmamos nuestros nombres, hemos visto por mandado de nuestro padre fray Luis Velázquez, ministro provincial desta Provincia de la Concepción, el libro de la vida y milagros de la gloriosa madre santa Juana de la Cruz, compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la misma provincia, coronista general de la Orden, y todo lo que en él se contiene es católico, y las revelaciones de la santa son admirables y muy conformes a la Sagrada Escritura y dotrina de los santos, y enseñan el camino del Cielo con notable dulzura y espíritu del Señor, de que todas están llenas, por lo cual se puede y debe imprimir el dicho libro con mucha confianza que será para honra y gloria de Dios, y utilidad y provecho de los fieles, y este es nuestro parecer. En el dicho convento de San Francisco de Valladolid, a ocho de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Alonso de Herrera. Fray Francisco Álvarez&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3r]''' Licencia de la Orden'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, de la Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, ministro provincial desta Provincia de la Concepción y visitador de todas las religiosas della, por la presente concedo licencia al padre fray Antonio Daza, difinidor y padre de la misma provincia, para que pueda imprimir y sacar a luz un libro que tiene compuesto de la vida y milagros de la virgen santa Juana de la Cruz, religiosa que fue en el monasterio de la Cruz de la santa Provincia de Castilla, atento que por comisión nuestra le han visto y aprobado personas doctas de la provincia guardando en lo demás lo que las premáticas destos reinos disponen cerca de la impresión de los libros. Dada en nuestro convento de San Francisco de Valladolid, en veintidós de julio de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Luis Velázquez, ministro provincial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Aprobación del vicario de Madrid'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión y mandado de los señores del Consejo he hecho ver este libro de la beata Juana de la Cruz compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco. Es libro de muchas letras, erudición y devoción, y de mucho provecho para los que le leyeren. No tiene cosa contra la fe ni buenas costumbres y así se le puede dar licencia para imprimirle. Fecha en Madrid, en 4 de agosto de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Gutierre de Cetina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶3v] '''Aprobación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por comisión particular de Vuestra Alteza he visto y leído este libro, que se intitula ''Historia, vida y milagros de la beata Juana de la Cruz'', compuesto por el padre fray Antonio Daza, difinidor y coronista del sagrado Orden del seráfico padre y quisiera —como dice el glorioso padre san Gerónimo escribiendo la vida de santa Paula— que todos los miembros del cuerpo se tornaran lenguas para engrandecer las extraordinarias mercedes que Dios comunicó a esta bendita santa. Pero el autor cumple con lo que promete, explicando sus milagros, éxtasis y revelaciones con tanta erudición, dotrina y verdad tratada con delgadeza y agudo ingenio, autorizada con las sentencias y dichos de los santos, manifestada católica y píamente. Y tengo por cierto que será muy estimada y con edificación leída de todos, y de muchos imitada. Y así juzgo se le debe dar la licencia que pide. Fecha en este convento de la Santísima Trinidad, calle de Atocha de Madrid, en seis días de agosto de mil y seiscientos y diez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Presentado &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan Baptista&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶4r]''' El Rey // '''[fol. sgte.]''' Privilegio de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden del seráfico padre San Francisco, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado ''La vida de la santa Juana de la Cruz'', religiosa que fue de la dicha Orden de San Francisco, en la cual habíades puesto mucho estudio y trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y privilegio por diez años, atento que teníades de vuestros prelados licencia para le poder hacer, o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro Consejo y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos últimamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por haceros bien y merced, os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes que corran y se cuenten desde el día de la fecha della, vos o la persona que vuestro poder oviere, y no otro alguno, podáis imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención por el original que en el nuestro Consejo se vio que va rubricado y firmado al fin de Cristóbal Núñez de León, nuestro escribano de cámara de los que en él residen con que antes que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma, en cómo por corretor por nos nombrado se vio y corrigió la dicha impresión por su original. Y mandamos al impresor que imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego ni entregue más de un solo libro con el original al autor o persona a cuya costa se im'''- '''[¶4v]''' '''primiere y no otro alguno para efeto de la dicha corrección y tasa hasta que primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo. Y estando así y no de otra manera pueda imprimir el dicho libro, principio y primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y privilegio, y la aprobación, tasa y erratas so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la premática y leyes de nuestros reinos que sobre ellos disponen. Y mandamos que durante el dicho tiempo de los dichos diez años, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que del dicho libro tuviere y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís. La cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para la persona que lo denunciare. Y mandamos a los de nuestro Consejo, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra corte y chancillerías, y a todos los corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justas cualesquier de todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y contra su tenor y forma no vayan ni pasen en manera alguna. Fecha en San Lorenzo, a primero día del mes de otubre de mil y seiscientos y diez años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el Rey.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado del Rey, nuestro señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge de Tovar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶1r]''' Privilegio de Aragón'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos, don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de Aragón, de León, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias orientales y occidentales, islas y tierra firme del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante, de Milán, de Atenas y de Neopatria, conde de Absburg, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdania, marqués de Oristan y conde de Goceano. Por cuanto por parte de vos, fray Antonio Daza, difinidor de la Orden de San Francisco en la Provincia de la Concepción y coronista de la dicha orden, nos ha sido hecha revelación que con vuestra industria y trabajo habéis compuesto un libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera de San Francisco'', el cual es muy útil y provechoso, y le deseáis imprimir en los nuestros reinos de la corona de Aragón, suplicándonos fuésemos servido haceros merced de licencia para ello. E nos, teniendo consideración a lo sobredicho y a que ha sido el dicho libro reconocido por persona experta en letras y por ella aprobado para que os resulte dello alguna utilidad y por la común lo habemos tenido por bien. Por ende, con tenor de las presentes de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos, el dicho fray Antonio Daza, para que por tiempo de diez años contaderos desde el día de la data de las presentes en adelante, vos o la persona o personas que vuestro poder tuvieren y no otra alguna, podáis y pueden hacer imprimir y vender el dicho libro intitulado ''De la historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz'', en los dichos reinos de la Corona de Aragón. Prohibiendo y vedando expresamente que ningunas otras personas lo puedan hacer por todo el dicho tiempo sin nuestra licencia, permiso y voluntad, ni le puedan entrar en los dichos reinos, para vender de otros adonde su hubiere impreso. Y si después de publicadas las presentes hubiere alguno o algunos que durante [¶¶1v] el dicho tiempo intentaren de imprimir o vender el dicho libro, ni meterlos impresos para vender —como dicho es— incurran en pena de quinientos florines de oro de Aragón, dividideros en tres partes; es, a saber: una para nuestros cofres reales, otra para vos, el dicho fray Antonio Daza, y otra para el acusador; y demás de la dicha pena, si fuere impresor, pierda los moldes y libros que así hubiere imprimido. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquier lugartenientes y capitanes generales, regentes la cancillería y regente el oficio por tantas veces de general gobernador, alguaciles, vergueros ''[2]'' porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios, so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere, exigideros y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido y declarado, os tengan, guarden y cumplan tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si demás de nuestra ira e indignación en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello real común en el dorso selladas. Data en Madrid, a veintiún días del mes de mayo del año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, El Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Dominus Rex mandauit mihi don Francisco Gasol visa per Roig Vicecancellarium, Guardiola, Tallada, Fontanet, Martínez et Pérez Manrique, regentes cancellarium.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vidit Roig Vicecancellarium; vidit don Phillipo, Tallada regente; vidit Martínez Roclin regente; vidit don Mattheus de Guardiola, regente; vidit Fontanet regente; vidit Pérez Manrique regente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''In divers. X folio xxxiii.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[¶¶2r]''' A la católica majestad del rey don Felipe Tercero, nuestro señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la pequeña ofrenda es propio ''[4] ''de quien poco puede —aunque en los ojos del príncipe se califica con la voluntad de quien la ofrece— y porque mientras menos es lo que sale a la plaza del mundo tiene más necesidad de protección más valerosa, me atrevo a dedicar a Vuestra Majestad este libro: pequeño en cuanto obra de mis manos, pero grande en su sujeto, que es la vida de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, por quien Nuestro Señor [¶¶2v]''' '''ha obrado y obra cada día tantas maravillas, entre las cuales ha sido una y no la menor haber excitado el piadosísimo ánimo de Vuestra Majestad para mandar que revisto este libro por personas de toda satisfación torne a salir a luz, con lo cual sale muy honrado y seguro de toda emulación. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Majestad para protección y amparo de su Iglesia, como este indigno capellán de Vuestra Majestad desea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''1r'''] El obispo fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y General Inquisición, al cristiano letor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por habérseme cometido la revista deste libro de la vida y milagros de la beata sor Juana de la Cruz y haberse hablado en él de tantas maneras y ser a cada cual tan natural defender lo que una vez dijo, me parece corre obligación de satisfacer a todos. Y digo a todos porque, aunque en otros casos se deba seguir el parecer de Casiodoro ''[5]'', que dijo se puede escusar la satisfación de algunos defetos porque los cuerdos sin dársela perdonan yerros ajenos conociendo los propios y a los demás no se debe satisfación, pero, en materia de dotrina, el parecer del apóstol san Pablo ''[6]'' es que somos deudores de los sabios y de los inorantes; y, siguiéndole, satisfaré a los unos y a los otros en cuanto mi corta suficiencia alcanzare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la vida desta sierva de Dios se escribió en lengua vulgar y contiene cosas tan peregrinas, aunque el haberse el libro impreso tantas veces en tan poco tiempo y el mucho provecho que ha hecho prueba bien la piedad de España, esa misma ha sido causa de que se notasen algunas cosas de él por personas doctas y cuerdas, pareciendo inconveniente''' '''[1v]''' '''que anduviesen en lengua vulgar por manos de todos, y la censura de los tales se ha visto, aprobado y estimado como es razón. Y viendo que se hablaba en corregir este libro, pusieron mano en censurarle algunas personas escrupulosas aunque bien intencionadas, pero más tocadas de aquel celo amargo, que dijo Santiago, que de verdadera ciencia ''[7]''. Y con esto notaron gran número de yerros y el suyo consiste en no atinar con el sujeto destos yerros porque juzgando ser el libro no lo es, sino su entendimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la dicha satisfación presupone algunas cosas que son como principios ciertos y generales, me pareció convenía proponerlos al principio, como fundamentos de mi intento, que es satisfacer a todos para mayor claridad y por escusar el repetirlos muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero que se ha de advertir es que muchas cosas graves están escritas en latín, griego y hebreo, que no se permiten ''[8]'' anden en lengua vulgar, no porque contengan mala dotrina, sino porque no todo puede andar sin peligro en manos de todos. Y hácese esto tan sin menoscabo de los autores que se ejecuta con la misma Sagrada Escritura, cuyo autor es el Espíritu Santo, y no se permite que ande sin comento en lengua vulgar, lo cual condenan mucho los herejes ''[9]'', diciendo privamos a la lengua materna de grandes misterios y que quieren los superiores alzarse con el magisterio divino concedido a todos, a quien privan de leer los libros sagrados donde se aprenden las cosas necesarias para alcanzar la vida eterna, sin ficción de exposiciones arbitrarias. Y [2r]''' '''con estas invenciones engañan al pueblo rudo, siendo disparates tan sin aparencia de verdad porque, dejada aparte la dotrina de los santos —como san Ambrosio ''[10]'', san Agustín'' [11]'', san Gerónimo ''[12]'', san Gregorio ''[13]'', san Basilio ''[14]'', san Ireneo ''[15]'', san Crisóstomo ''[16]'', Orígenes ''[17]'' y otros muchos a quien ellos no dan crédito—, de la misma Sagrada Escritura, a quien confiesan por infalible, consta ser muy difícil de interpretar, como lo dice el Profeta Real ''[18]'' en muchos lugares, y en especial en el psalmo 118, y san Lucas&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[19]''. Y el apóstol san Pedro afirma que en las epístolas de san Pablo hay muchas cosas difíciles que los indoctos e inestables ''[20]'' interpretan falsamente ''[21]''. Y finalmente de las varias exposiciones que hombres presumptuosos han dado a las Sagradas Letras han nacido casi todas las herejías. Y poco tiempo es menester gastar en probar esto, pues a ellos mismos les consta que son inumerables las sectas que cada día inventan y sus libros están llenos de contradiciones en esta materia, como se ve cuando''' '''[2v]''' '''Osiandro confuta ''[22] ''a Filipo Melanchton ''[23]'', que afirma en sola la materia de justificación se proponían por los confesionistas ''[24]'' veinte proposiciones contrarias. Lo mismo hace Lutero contra Zinglio, Ecolampadio ''[25]'', y sobre los psalmos, y en el libro de concilios confiesa cerca de la escuridad de la Sagrada Escritura lo que niega en el dicho libro contra los artículos de León papa. Finalmente no puede ser ceguera mayor que negar al pontífice sumo y a los concilios generales lo que ellos mismos conceden a un oficial que es la exposición de las sagradas letras. Por lo cual, con muy santa prudencia se prohíbe que los libros canónicos anden en lengua vulgar, y esto no absolutamente como los herejes fingen sino cuando no tienen comento, porque con él no hay prohibición alguna; antes, si se considera lo que anda escrito en tanta multitud de libros espirituales, con gran facilidad podrá quien fuere leído en ellos tener noticia no solo de lo que hay en la Sagrada Escritura necesario para la salvación, pero de la misma letra y de mucha dificultades y curiosidades della. Por manera que todo cuanto alegan son embelecos falsos, porque ni a la lengua materna se priva de misterios grandes ni a los que no son letrados de dotrina santa, sino del peligro de errar, que el apóstol san Pedro enseña, y este es mayor en unas materias que en otras, y en pocas tan grande como cuando se trata de revelaciones, por la gran esperiencia que se tiene de casos en que transformándose Satanás en ángel de luz ha engañado, no solo a personas vanas y viciosas, pero a muchas muy espirituales como nos lo advirtió el glorioso san Vicente Ferrer en su Comentario ''[26]'' [3r]''' '''''de la vida espiritual''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y san Antonio de Florencia en diferentes lugares&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [27]'' hasta decir las palabras siguientes: “''Non omnia etiam sanctorum hominum visa, aut si maius, revelationes indubitatae fidei et veritatis esse, quia nonnunquam viri pii hallucinantur''”. Y por evitar este peligro están prohibidos libros graves, y de autores muy conocidos y estimados. Y otros se han mandado emendar, como los del padre fray Luis de Granada ''[28]'' ''[29]'', que, sin agravio de cuantos han escrito en nuestros tiempos en lengua vulgar, tienen tan gran lugar en piedad y dotrina y propiedad de lenguaje, y se prohibieron los estampados hasta el año de mil y quinientos y sesenta y uno porque contenían algunas cosas cerca de mostrarse la gracia de Nuestro Señor más sensible en algunas personas y las señales desto. Y, con ser verdaderas y sacadas de la pura dotrina de los santos, y refiriendo algunas veces sus mismas palabras, pareció inconveniente anduviese en lengua vulgar, y el mismo autor lo emendó y han corrido y corren sus libros en todas lenguas con mucha edificación y grandísimo aprovechamiento del pueblo cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, se advierte que algunas historias y ejemplos que contra lo dicho se pueden alegar de libros en que hay mucho peligro y no están prohibidos no prueban cosa alguna contra lo dicho. Lo uno porque no se puede tener de todo noticia, y lo otro porque como el fundamento de semejantes prohibiciones es solo evitar peligro de errar, corre este conforme a la necesidad de los tiempos, según la cual enseña la prudencia que se permitan cosas que en otra ocasión se prohibieron, porque cesando la causa que era el peligro cesase también el efeto. Bien claro''' '''[3v]''' '''es el ejemplo de Alejandro Primero ''[30]'', donde se prohíbe el poder pintar a Cristo Nuestro Señor en figura del cordero. Y lo mismo leemos en el sexto sínodo general en el Canon 82, donde nota el autor de la ''Suma de los concilios'' que también estaba entonces prohibido el pintar al Espíritu Santo en figura de paloma. Y en el concilio niceno segundo ''[31]'', en la acción cuarta y quinta, se aprueba el parecer de san Germano, que condena el pintar al Padre eterno en figura de hombre, y que de las personas divinas solo se debía pintar la de Cristo Nuestro Señor, que fue hombre. Y esta sentencia sigue san Juan Damasceno ''[32]'' y san Agustín ''[33]''. Esto pareció conveniente para aquel tiempo, en el cual los herejes antropomorfitas ''[34]'' trabajaban la Iglesia, pero cesando esta necesidad, ¿quién no ve con la veneración que la santa Iglesia usa y reverencia semejantes pinturas y los muchos decretos que en su favor están dados? Y el mismo recato se guardó en maneras de hablar, pues leemos en el quinto concilio constantinopolitano ''[35]'' y en el edicto del emperador Justiniano ''[36]'' y en Evagrio ''[37]'' y san Juan Damasceno ''[38]'' y otros autores graves que estaba prohibido llamar a la Virgen Nuestra Señora “Cristotocos” que quiere decir ‘madre de Cristo’, porque el hereje Nestorio le daba aquel nombre, negando poderla llamar “Theotocos”—esto es, ‘Madre de Dios’—, y que así solo se había de llamar “Madre de Cristo”. Pero después que a Nestorio se lo llevó el diablo y no ha quedado sospecha de que haya quien lo siga en Europa, y confesamos a Cristo Nuestro Señor por verdadero Dios, tan propia y comúnmente llamamos a la Virgen santísima “Madre de Cristo” como “Madre de Dios”. [4r] Y destos ejemplos se pudieran referir muchos de que los herejes se pretenden valer para imponer mudanza vana en los decretos y uso de la Iglesia. Pero consta claramente su calumnia, porque la novedad regulada con la necesidad del tiempo no es instabilidad sino prudencia, y desta nace permitir en un tiempo lo que en otro se prohibió y prohibir lo que en otro se permitió, para obviar cualquiera ocasión de peligro, sin que para muchas destas cosas sean necesarios nuevos decretos con expresa revocación de los antiguos, pues basta la costumbre universal tolerada por la Iglesia y pontífice sumo, como lo prueba Paulo Borgacio ''[39]'' con autoridad de autores graves, y en especial de Hostiense en la ''Suma'' y del cardenal ''in capite nobis de decimis'' ''[40]'' ''[41]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero que se nota es que hay muchas maneras de santos o beatos a quien el pueblo cristiano puede y debe venerar. El primer grado tienen los que están declarados por tales en cualquiera de los libros canónicos del Nuevo y Viejo Testamento, cuya santidad, si se negase o pusiese en duda, sería herejía formal, como lo es dudar en la verdad de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo grado es el de los santos antiguos que la tradición de la Iglesia universal tiene desde sus principios declarados por tales santos, edificándoles templos, altares, y celebrando sus fiestas, invocando su intercesión. Y la santidad de los tales es tan auténtica que los mismos herejes la confiesan y reverencian, aunque no confiesen la intercesión de los santos, y negar la santidad de los tales sería el mismo error que afirmar puede la Iglesia universal, a quien alumbra el''' '''[4v]''' '''Espíritu Santo, errar en materia tan grave como esta lo es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercero grado es el de los santos que llamamos “canonizados”, no porque no lo sean los del segundo grado, que lo están por la Iglesia universal —como está dicho—, sino porque teniéndose noticia de ciertos engaños que algunas iglesias particulares habían tenido en admitir por santos a quien no lo era, aprobando falsos milagros con que el demonio procuraba engañar al pueblo, queriendo los romanos pontífices, como pastores universales, y los concilios generales proveer de oportuno remedio a este daño, reservaron a sí este caso de canonizar santos, que es proponerlos por tales a toda la Iglesia universal después de haber investigado su vida y milagros con tanta diligencia como vemos se hace. Y esto comenzó el año de ochocientos y tres, que León Tercero canonizó a instancia del emperador Carlomagno a san Euuitberto obispo ''[42]'', aunque después se expresó más la reservación deste caso a la Iglesia romana por Alejandro Tercero, como consta del capítulo ''Audivimus'' ''[43]'' y se ha continuado la solenidad de ceremonias con que ahora se usa y se han canonizado setenta y tres, añadiendo once a la computación que hizo fray Ángelo de Roca en el libro que escribió desta materia ''[44]'', donde dice que aunque como sacristán del papa hizo mucha diligencia tiene por cierto que se le olvidaron algunos, y es así que no puso a san Elceario y siete mártires de nuestra sagrada religión que padecieron en Ceuta y con tres que se han canonizado después que él escribió, que son san Raimundo, santa Francisca y san Carlos, hacen el [5r]''' '''dicho número de once, y de los dichos setenta y tres los cuarenta y tres son religiosos y destos los 25 de sola nuestra orden, contando los de la Tercera Regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto grado es de santos que en diferentes partes se veneran y se llaman “beatificados” porque, habiéndose visto por las personas a quien la silla apostólica comete el proceso de su vida y milagros, se ha dado licencia para que sean venerados e invocados con oraciones públicas por alguna religión, o pueblo, o reino, etc., mientras se concluye la causa de la canonización solene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El quinto grado de santos es el de muchos que se veneran por los fieles en diferentes partes sin estar canonizados ni beatificados en la forma dicha, los cuales, aunque murieron después que la Iglesia romana reservó a sí el decreto de la canonización, son empero tan antiguos y tan notoria la costumbre de celebrar su fiesta con oraciones públicas en toda la Iglesia universal que se tiene el tal uso y permisión por tácita canonización, y a los tales en todo y por todo los veneramos como a santos canonizados; ''verbi gratia'' ''[45]'': san Roque ni está canonizado ni beatificado en la forma dicha, pero en casi toda la Iglesia generalmente se celebra su fiesta, invoca su nombre y le dedican templos, etc., con tan notoria permisión de la silla apostólica que esto mismo pasa dentro en Roma. Y destos hay muchos venerados en diferentes reinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último grado es el de los que por la noticia que se tiene de su santa vida y milagros, antes y después de su muerte los veneran los fieles con culto particular y no público y solene, y estos son de más o menos au- [5v]''' '''toridad, conforme a la antigüedad y a la noticia que se tiene de su vida y milagros, y la aprobación o permisión de los superiores. Resta agora ver la veneración que a los tales santos se puede y debe hacer lícitamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto se nota que en cuanto a la veneración debida a los santos, no se trata aquí de lo tocante a los santos de los cinco grados propuestos, porque no es artículo de controversia entre los católicos y lo que contra los herejes está difinido por la Iglesia y escriben los doctores no es materia deste propósito, sino solo lo tocante a los del último grado, en el cual está la beata Juana. Y digo que el entender con fundamento esta verdad presupone otra y es que hay dos maneras de celebración, veneración o invocación de los santos: una es pública y general, esta es hecha en nombre de toda la Iglesia y con su autoridad táctita o expresa; y otra, particular, y esta última se divide también en: particular secreta —encomendándose uno en las oraciones de quien tiene por santo— y en particular pública y notoria —como aclamando a uno por santo, poniendo lámparas y haciendo otras demostraciones semejantes—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, dos cosas son ciertas y en una está la dificultad que hace a nuestro propósito: la primera cosa cierta es que la veneración pública y general en nombre de toda la Iglesia solo se puede y debe hacer a los santos de los cinco grados primeros, guardando en cuanto a los beatificados el orden de la concesión, porque en unos es más limitada que en otros; y la segunda, también cierta es, que la veneración e invocación particular y secreta puede cada uno ha- [6r]''' '''cerla a cualquiera que tiene por justo, vivo o muerto, sin que en esto haya más defeto que dar más crédito a la santidad de alguno del que la prudencia enseña, pero al fin el intento es bueno, porque solo es estimar y honrar la virtud, cosa que la misma lumbre natural la enseña, como lo dice Aristóteles ''[46]''. Y que esta honra se deba no solo a los vivos, pero también a los muertos, alcanzáronlo los filósofos como Platón y otros, y lo nota Eusebio ''[47]''. Pero los santos pasan adelante, probando que la honra y veneración que se hace a los buenos, vivos y muertos, se hace al mismo Dios en sus santos. Y así dice san Basilio ''[48]'': “''Honor quem bonis conservis exhibemus benevoli, erga communem Dominum significationem de se praebet''”. Lo mismo prueba san Juan Damasceno, casi por las mismas palabras ''[49]'', y san Gerónimo, en la ''Epístola a Ripario'', dice: “''Honoremus servos, ut eorum honor redundet ad Dominum''” ''[50]''. Y en la ''Vida de santa Paula'' celebra mucho la devoción con que se echaba a los pies de los ermitaños, no sintiéndose digna de besarlos. Y dice el santo venerábalos tanto como si en cada uno adorara al mismo Jesucristo —”''Acsi in singulis Dominum adoraret''”''—''. Y no es maravilla, porque san Atanasio en el ''Libro de la Virginidad'' dice: “''Si homo iustus domum tuam intraverit, adorabis humi ad pedes illius: Deum enim, qui illum mittit, adorabis''” ''[51]'' ''[52]''. De manera que si uno reverencia a quien tiene por santo, muerto o vivo, no peca, aunque no sea santo, porque su intento no es sino reverenciar la verdadera santidad como si uno adora la Hostia no consagrada creyendo que lo está, claro es que merece —como lo notan los doctores ''[53]''— por la misma razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v]''' '''Por manera que estas dos cosas de la veneración pública en nombre de toda la Iglesia y de la particular de cada uno son ciertas, en la que se pone la duda y que hace a nuestro propósito es en la particular pública, que se llama “particular” porque no es general ni se hace en nombre de la Iglesia, y llámase “pública” porque las acciones de veneración lo son, como está declarado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca desta manera de veneración se han de huir dos estremos y seguir el camino medio. El un estremo es el de los que con aparencia de piedad aprueban fácilmente milagros y otras acciones con que el pueblo aclama a alguno por santo, con gran peligro de aprobar santidades fingidas, sobre que se han visto casos muy lastimosos, de que están llenas las historias, procurados por el demonio, no tanto por engañar en aquel artículo cuanto por desacreditar la verdadera virtud, y así todo lo que en esta materia no fuere censurado y juzgado por los superiores a quien toca tiene sospecha. Y en estos casos, así como son diversos los juicios y pareceres de los hombres, así lo son también sus efetos y sentimientos, porque unos lloran y otros ríen, y otros demayan, y de todo saca el demonio mucha ganancia. El otro estremo es el de los que aprietan tanto esta materia que afirman estar prohibida cualquier manera de veneración exterior, como poner lámparas, ofrecer dones, aclamar por santo a cualquiera, aunque sea en particular, sin especial aprobación y decreto de la silla apostólica. Así lo sintó Francisco de Peña, auditor de la Rota ''[54]'' en un tratado que compuso desta materia, y donde afirma que [7r]''' '''está así decretado por el capítulo ''Si quis hominem'' ''[55]'', y por el capítulo primero y segundo ''De Reliquiis et veneratione sanctorum'' ''[56]'', y que es sentencia de Hostiense, a quien comúnmente siguen los canonistas sobre estos textos, y que lo prueba en propios términos Zanquino en el tratado ''De'' ''Haereticis'' ''[57]'', y el autor del ''Repertorio de los inquisidores'' ''[58]''. Y de aquí infiere lo que sin duda tomó por asumpto en aquel tratado que fue condenar ciertas pinturas que se habían hecho en medallas y estampas de un beato, de cuya canonización se trataba con tanto rigor de palabras que aunque en alguna manera muestran mayor sumisión a la silla apostólica, poca malicia es menester para conocer mediaba alguna pasión o afición, pues ni los textos que refiere prueban lo que pretende, ni los autores que alega lo dicen tan crudo, porque el capítulo ''Si quis hominem'' no es decreto, sino unas palabras que tomó Graciano de san Gerónimo sobre la ''Epístola de san Pablo ad Filemón'' ''[59]'', y no habla desta materia sino muy en general contra los que venden lo malo por bueno. Y en el capítulo primero y segundo ''De reliquiis et veneratione sanctorum'' condena Alejandro III la reverencia que se hacía a un ebrio a quien veneraban por santo; y los doctores canonistas sobre aquellos textos no se apartan de la sentencia media, que es la verdadera. Y aunque algunos no hablan con tanta distinción, otros, como Hostiense y Inocencio ''[60]'', distinguen muy claramente entre públicas preces, obsequios y sacrificios hechos a los santos en nombre de toda la Iglesia y de los particulares y que privadamente se hace a algún''' '''[7v]''' '''santo por la notoriedad de su santa vida y milagros. Y confiesan que se entiende de los primeros la prohibición de los dichos textos, y no de los segundos, lo cual afirman todos los teólogos con más claridad ''[61]'', los cuales siguen la dicha sentencia media, conforme a la cual se ha de afirmar que los dichos textos prohíben la veneración pública y solene en nombre de toda la Iglesia, no empero la particular, aunque intervengan acciones públicas y notorias, como está dicho; en consecuencia de lo cual se han de aprobar o reprobar las tales acciones, conforme al fundamento que para usar dellas hubiere, porque si fuere flaco serán dignas de reprehensión, como ligeras y vanas, pero si fuere razonable serán pías y loables, y así lo es la veneración particular y pública que se hace en tantas partes a muchos santos, que aunque no están canonizados ni beatificados es su santidad conocida por la notoriedad de su santa vida y manifestación de milagros, y por otras señales en que se funda la común aclamación del pueblo cristiano, y a los tales, aunque los llamamos “santos”, con alguna modificación, como decir “el santo fray Raimundo”, “el santo fray Diego”, etc., no empero les damos el título de ''santos'' absolutamente, como decir “san Raimundo”, “san Diego”, hasta estar canonizados, porque el graduar con este título reserva la Iglesia para la acción de la canonización, como consta del libro primero ''De las sagradas ceremonias'' ''[62]'', donde, tratándose del proceso de la canonización, no se da este título de ''santo'' hasta la sentencia difinitiva en la cual se ponen estas palabras: “''Decernimus et diffinimus bonae memoriae nostrum sanctum esse'', etc.” ''[63]''. Y lo que en contrario quie- [8r] re persuadir Francisco Peña, demás de ser contra lo que él mismo podía ver se hacía en Roma con la beata Francisca y otros muchos cuerpos de beatos, que ni estaban canonizados ni beatificados, es escrúpulo sin rasgo de fundamento. Lo primero, porque la costumbre antiquísima lo tiene así recebido, como lo vemos en tanto número de autores graves, antiguos y modernos, que dan a los tales nombre de ''santos'' y refieren la veneración que en diferentes partes les hacen. Desto están llenos los libros, no solo de los que escribieron vidas de santos, como Surio, Lipomano, Vincencio Bellovacense y otros, y las corónicas de las religiones con infinitos autores graves, pero en los mismos libros de los santos padres, y, lo que más es, en los concilios generales, se halla esta manera de hablar. Ni obsta decir que fueron estos autores antes de los dichos decretos, porque algunos fueron después, como san Bernardo, san Reimundo, san Buenaventura, san Antonino de Florencia y otros muchos, cuyo lenguaje sería temeridad condenar. Lo segundo, porque no solo los libros de historias, pero el mismo martirologio romano que cada día se lee a prima en el oficio divino llama “santos” a muchos centenarios y aun millares de personas que ni fueron canonizados ni beatificados. Lo tercero, que claramente convence —como nota bien Azor ''[64]''—, entre las cosas que se mandan por el Pontífice Romano averiguar para canonizar un santo es la fama que hay de su santidad y la veneración que el pueblo le hace. Y así, en todas las bulas que para esto se despachan, se pone cláusula con la pregunta siguiente:''' '''[8v] “''An magno pietatis affectu et studio eum fuerit populus prosequutus? An apud populum habeatur pro beato, qui in coelesti patria vita perfrui aeterna credatur, quam frequenter eius sepulchrum visitare soleat, eius opem et patrocinium apud Deum implorando, ei multa offerendo et tabellas gratiarum ab eo obtentarum indies appendendo''” ''[65]''. Luego estas cosas lícitas son y santas, pues los pontífices las mandan averiguar para argumento de la difinición que pretenden hacer en materia tan grave.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, resta satisfacer en particular a los censores deste libro, que —como está dicho— unos son doctos y prudentes, y otros escrupulosos e inorantes. Juzgan los primeros por conveniente se quiten algunas revelaciones y otros casos, que por no ser para todos, no es bien que anden en lengua vulgar, por las razones dichas en el primero y segundo presupuesto; y así se ha hecho, y no solo en los lugares que apuntaron, sino en otros muchos, sin que en esto falte a la verdad de la historia, pues no es mentir callar algunas verdades, ni tampoco se haga agravio a los originales tan fidedignos, porque ellos se quedan guardados y con toda su autoridad, para cuando sea necesario recurrir a ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se han cercenado algunas cosas y declarado otras tocantes al purgatorio y otras materias, que aunque son verdaderas en el rigor teológico, no empero son tan notorias a los que no han estudiado, a quien podría servir de piedra de escándalo lo que bien entendido fuera materia de edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem en cuanto a las virtudes de las cuentas que Cristo Nuestro Señor bendijo a instancia desta sierva de Dios, se quitó todo lo que suena juridición [9r], como indulgencias, no porque se crea que no se ganan muchas cosas, como la tradición lo tiene recebido, sino por la razón que en el capítulo diez se declara, que es no constar de la concesión con la distinción que conviene para publicar indulgencias y los milagros que hasta agora se han averiguado, aunque comprueban otras grandes virtudes, no empero el ganarse indulgencias, y así se deja esto sin agravio de la verdad, porque si las indulgencias están concedidas, se ganarán, y si no lo estuvieren, las otras virtudes son tantas y tan maravillosas que bastan para que el pueblo cristiano haga tanta estimación destas cuentas como siempre ha hecho, y con tan gran razón como luego probaremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem se ha quitado el título de ''santa'', del cual se podía usar con la modificación expresada en el cuarto presupuesto, esto es decir “la santa Juana” y no “santa Juana” absolutamente, como antes estaba; pero ya que esto se emendaba, pareció quitarlo del todo, para mayor satisfación de los que en esta materia hablan con demasiado rigor, sin que por esto se condene el lenguaje común del pueblo, que llama a esta sierva de Dios “la santa Juana”, ni el de tantos autores graves que le dan este título ''[67]''—y aun el señor obispo de Mantua, en su corónica, la llama “santísima”—, los cuales todos hablan con mucha decencia y propiedad, como está probado en el cuarto notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda suerte de censores son los escrupulosos, aunque bienintencionados, y la primera cosa en que tropiezan es en que se refieren en este libro gran multitud de milagros sin estar aprobados por el Ordinario, conforme al decreto del santo concilio de Trento, y la verdad es que este decreto para probar mila- [9v] gros y reliquias no es nuevo, sino confirmación de otros muchos muy antiguos, por los cuales si estos e scrupulosos pasaran los ojos, con muy poca observancia que hicieran sobre entenderlos, estuvieran'' [68]'' muy lejos de dar tal censura, porque hay muy gran diferencia entre aprobar milagros y reliquias o referirlos en una historia. Lo primero está reservado a los superiores según la calidad del fin para que se intenta la aprobación. Y lo segundo está concedido a todos cuantos han nacido en el mundo, pues desde el principio de él se han referido y escrito diferentes casos milagrosos y no milagrosos, sin que nadie tenga más obligación para la verdad de la historia que contar las cosas como las sabe, y cada cual le da el crédito que la buena prudencia enseñare, y a quien esta faltare le dará el que él quisiere, sin que por ello el historiador ni la historia pierda ni gane más crédito que el que se tenía. Y dice Aristóteles ''[69]'', de quien lo tomó Cicerón, que no todas las cosas se han de tratar con tanta sutileza que se haga dellas demostración matemática, sino que los argumentos con que se probare lo que se refiere han de ser según el sujeto de que se trata y el fin para que se trata. Por manera que para referir de palabra o por escrito un milagro que hizo Dios por intercesión de un santo, no es menester más que haberlo oído a personas fidedignas. Pero para publicar con solenidad este milagro y celebrarle con fiesta en hacimiento de gracias o tomarle por argumento de la santidad de aquel santo para canonizarle o beatificarle, etc., es menester aprobación del superior, a quien conforme a derecho tocare, según el fin para que se pretende aprobar, y, ni más ni menos, para venerar y tener en mu- [10r]''' '''cho una reliquia que dan a uno y creer con piedad que será verdadera basta la autoridad de persona digna de fe que afirma la halló en tal lugar o iglesia venerada y habida por tal. Pero si una iglesia o monasterio que tuviese en mucho una reliquia habida en esta forma, como si dijésemos una cabeza de las once mil vírgenes, quisiese rezar dellas en su día con oficio doble, y no del santo que el calendario señala, como se concede en la rúbricas del ''Breviario'', será menester aprobación de aquella reliquia, porque una cosa es veneralla y estimalla en particular, y otra aprobarla para ministerio público, del cual trata el dicho decreto del sagrado concilio y los demás tocantes a esta materia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consecuencia de lo cual, se responde a la objeción. Lo primero, que los milagros que se escriben en los libros, que son infinitos, como en las corónicas de las religiones y en otros inumerables tratados, no por eso se aprueban y publican autorizadamente, que es lo que el Derecho prohíbe, mandando se haga con autoridad del Ordinario, y lo que este libro contiene es lo mismo que otros infinitos antiguos y modernos, donde se cuenta lo que en cada parte aconteció, y cada uno le puede dar la fe que quisiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que lo que se escribe desta sierva de Dios es lo mismo que escribieron della autores tan graves como están referidos, y si en sus historias no se halló este inconveniente, no hay por qué se halle en este libro;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y principal, con que parece no queda género de duda en esta materia, es que con ser tantos los libros que hablan de milagros, en pocos o quizá''' '''[10v]''' '''ninguno se hallará la cautela que en este, porque hablando en el contexto de la historia de alguna cosa milagrosa, se refiere cada una como se halló y como es, porque se dice: “Tal milagro le contó fulano”, y: “Tal pasó delante de tales y tales personas”, y: “De tal milagro se hizo información por comisión del Ordinario, y está en el archivo del Consejo del ilustrísimo de Toledo”, y: “De tal la hizo solamente la justicia del pueblo; y de tal el padre general de la Orden, con tales testigos”, y: “De tal no se sabe más de lo que la parte dice”, o: “Se halla por tradición”. Y siendo esto tan claro, ¿qué tiene que ver la aprobación que el santo concilio de Trento manda hacer para publicar un nuevo milagro con esta historia escrita en imitación de cuantos autores han escrito vidas de santos desde que la Iglesia se fundó y desde el mismo Concilio hasta hoy, y con muy mayor cautela que los demás, pues solo refieren el caso, y el autor desta corónica añade lo que está dicho?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda objeción que oponen es la grandeza de las mercedes que se refieren haber Nuestro Señor hecho a esta sierva de Dios, las cuales son tantas y tan grandes que con gran razón pueden causar no solo mucha admiración, pero alguna duda en creerlas. Y respondo que la admiración en la consideración de las obras de Dios es para reconocer la grandeza de su clemencia y liberalidad, y darle por ella gracias: “''Consideravi opera tua et expavi''”, dijo el Profeta. Y desta admiración saca Dios luz para todas las potencias, porque ''Mirabilia opera tua et anima mea cognoscet nimis [70]''. Porque la fe se confirma y la caridad se enciende más para amar a tan liberal señor, y la esperanza se alienta de muchas maneras esperando obrará Dios''' '''[11r]''' '''en él lo que obró en su prójimo. Pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas menos, por grandes, es sentir bajamente de la infinita liberalidad de Dios y medirla por la cortedad de su ánimo, triste, escaso y malaventurado, sin considerar que es consecuente a ser la liberalidad de Dios infinita en darlo más de mejor gana, y así el deseo y la esperanza en las cosas mundanas hanse diferentemente que en las divinas, porque en las humanas mientras es más lo que se desea, menos se espera alcanzar, y en las divinas al revés, porque como se trata con quien es infinitamente manificentísimo, mientras más creciere la pretensión será más firme la esperanza; y esto llama el apóstol san Pablo ''[71]'' “abundar más en esperanza y virtud del Espíritu Santo”: “''Deus autem spei repleat vos omni gaudio et pace in credendo, ut abundetis magis in spe et virtute Spiritus Sancti”'' ''[72]''. Y así el santo profeta Eliseo ''[73]'', queriendo enriquecer a una pobre viuda con darle tanta copia de aceite milagroso que pudiese pagar sus acreedores y vivir de lo restante, temiendo en ella alguna cortedad de ánimo —como la destos escrupulosos— la advirtió que pidiese vasos no a uno de sus vecinos, sino a todos; ni pocos vasos, sino muchos: “''Vade, pete mutuo ab omnibus vicinis tuis, vasa vacua non pauca''” ''[74]''. Y aunque lo hizo y se hincheron todos, preguntó el profeta si tenía más vasos, y respondiendo que no, cesó el aceite, de manera que no cesó por falta del dador, sino de vasos en que se recibiese. Y en semejante competencia siempre vencerá Dios, de manera que las mercedes hechas a la santa Juana no son menos creíbles por grandes, cuanto más que si se leen los libros de los santos, están llenos de casos''' '''[11v]''' '''maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor misericordias grandiosas a ladrones, salteadores y a toda suerte de personas facinorosas, cuando parece que menos lo merecían, por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia, pues ¿qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva escogida desde el vientre de su madre? Y finalmente no se espantan estos de la grandeza, que no la conocen ni saben en qué consiste, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de tontos no advertir en cosas muy grandes que hace Dios de ordinario y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín, diciendo de los tales: “''Ut non maiora, sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana viluerunt''” ''[75] [76]''. Y caerán los sobredichos en la cuenta si hicieren la consideración que aquí les representaré, y es que suelten las riendas a su entendimiento y añadan a las mercedes que en este libro se refieren hizo Nuestro Señor a esta sierva suya otras mayores, más insólitas y estupendas, de manera que si se refiere que en contemplación la visitó algunas veces, sean estas visitas en público y con toda la corte celestial, y muchas veces cada día, y sobre esto finjan cuanto pudiere la imaginación volar. Y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín y todo junto cuanto pudiere imaginar, y mucho más, no llega ni en grandeza de obra, ni en fineza de amor, ni en novedad de maravilla a solo comulgar una vez, porque esta merced no puede tener igual, ni el misterio semejanza. Pues digan ahora estos espantadizos: “¿Que tantas veces han''' '''[12r]''' '''comulgado? ¿Que tan gran admiración les ha causado?, ¿Que gracias han dado al Señor?, ¿Con qué servicios han reconocido merced tan desigual a todas cuantas se refieren de la santa Juana y se pudieran referir de san Juan Bautista y de todos los santos?”. A los cuales no la aventajamos, como estos dicen inorantemente, por la grandeza de los favores, porque los grados de gracia y de gloria que los teólogos llaman “esencial” no se mide con esta medida de demostraciones exteriores. Y así dice muy bien Cayetano que, si por la multitud de milagros hubiéramos de computar la grandeza de santidad, mucha ventaja hiciera san Antonio de Padua a san Pedro, y gran temeridad sería compararle con él, cuanto más aventajarle, como lo dice santo Tomás ''[77]'' ''[78]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, ha hecho gran novedad a unos el término de consagrarse o bendecirse imagen de Nuestra Señora, y a otros el haber hecho este ministerio el mismo Cristo Nuestro Señor, a suplicación desta esposa suya; y, aunque en todos tiene su lugar la inorancia, pero es más crasa en los primeros, porque la ceremonia eclesiástica de bendecir cruces, imágenes, altares, etc., es tradición apostólica, de que no solo están llenos los sacros concilios y decretos apostólicos, pero los manuales muy ordinarios. Y en el Pontifical Romano hay especial rúbrica con este título: ''De benedictione Imaginis virginis Mariae'' ''[79]''. Ni tampoco es cosa nueva hacer Jesucristo Nuestro Señor semejantes favores, pues leemos en tantos autores graves ''[80]'' que el año de seiscientos y cuarenta y cuatro Jesucristo Nuestro Señor, por su propia persona, bendijo y consagró el templo de San Dionisio''' '''[12v]''' '''cerca de París, y así mismo consagró la iglesia del monasterio senonense en Francia, en cuya milagrosa consagración se oyeron las voces de los ángeles que cantaban, y aparecieron en las esquinas del templo las cruces que suelen poner en las iglesias que se consagran. Lo mismo se refiere del glorioso apóstol san Pedro, que milagrosamente consagró una iglesia de su nombre de Vuest, en Londres, año de seiscientos y diez, y la ungió con óleo santo, y después de consagrada se vieron en las paredes del templo las cruces que el apóstol había puesto y las velas de cera que habían ardido en la consagración. Y enterado desta verdad san Melito, obispo de aquella ciudad, dudó en si debía de tornar a consagrar aquel templo o no, y difirió la resolución hasta que hallándose en Roma en un concilio lo consultó con el Papa Bonifacio Cuarto, y se determinó que no se debía consagrar otra vez, pues lo había sido por el apóstol san Pedro ''[81]''. Esto refiere Beda ''[82]'', Surio ''[83]'', César Baronio ''[84] [85]'', y se hallará en el tomo segundo de los dichos concilios que de nuevo se ha estampado en la vida de Bonifacio Octavo, folio 963.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, alteró a muchos leer que tenía un capítulo deste libro por título ''De cómo el Espíritu Santo habló trece años por boca de la santa Juana'', y repetirse varias veces este lenguaje que parece reservado a solos los autores de la Sagrada Escritura, pues aun de los autores de las difiniciones de los pontífices sumos y de los concilios generales no decimos que tuvieron inmediata revelación del Espíritu Santo, sino asistencia para no poder errar. Esto superfi-''' '''[13r] cialmente dicho parece que tiene alguna aparencia de razón, pero, apurada la verdad, ninguna objeción se ha puesto a este libro con menos fundamento, porque la diferencia que hay entre inmediata revelación de Dios a los autores de los sagrados libros y la asistencia a la Iglesia para no errar es materia muy escolástica y que no se toca en este libro ni es a propósito de lo que en él se trata cosa alguna de cuantas los doctores enseñan. Para declarar esta diferencia y el lenguaje de decir “habló el Espíritu Santo por boca de tal persona” es común para todo género de personas, no solo santas, pero sin diferencia entre buenas y malas, pues san Juan dice que habló el Espíritu Santo por boca de Caifás; y san Agustín y san Gerónimo, por la de las sibilas, que eran gentiles. Finalmente, los profetas dijeron que hablaba Dios en ellos: ''Hac dicit Dominus''. Y san Pablo: “''Ego enim accepi a Domino''” ''[86]'' ''[87]''. Y san Agustín en varias partes, y en particular en el preámbulo al psalmo 118. Y nuestro padre san Francisco dice en su testamento: “''Nemo ostendebat mihi, quid deberem facere, sed ipse Altissimus revelavit mihi''” ''[88]'' ''[89]''. Y lo mismo puede decir cualquiera. Y entre la verdad que Dios manifiesta por boca de Isaías, o por la de san Francisco, o por la de cualquiera, no hay diferencia alguna en razón de verdad, que tan infalible es la una como la otra, siendo Dios el autor, que ni puede —por ser infinitamente sabio— ser engañado, ni —por ser infinitamente bueno— engañar. Pero la diferencia consiste en saber o creer que esa verdad la reveló Dios porque de lo que dice Isaías no solo es de fe porque lo dijo Dios, pero también es de fe que lo dijo Dios, porque lo tiene la Iglesia [13v] así difinido, pero en las otras verdades tenémoslas por tales porque creemos las dijo Dios porque lo dijo san Agustín o san Francisco, etc. Y a cada cosa de la fe humana se le da la creencia que el autor merece: a san Agustín y a san Francisco, como a tan grandes santos, y a cualquiera, como a cualquiera. Y siendo esto tan llano, no hay impropiedad ninguna en la dicha manera de hablar, antes mucha conveniencia, porque no solo propone la historia que habló el Espíritu Santo por boca desta sierva suya por ser las cosas que dijo tan santas, sino también por el modo tan maravilloso de predicar, estando elevada y absorta. Y si nació la admiración desta novedad, no es caso que no ha acontecido a otros, pues lo mismo sucedió muchas veces a santa Catalina de Sena, de quien cuentan las historias muy graves que estando en éxtasis enajenada de sus sentidos hacía largas pláticas y devotísimas oraciones que el Espíritu Santo la inspiraba ''[90]''. Y el comunicarse Dios desta suerte a sus siervos y hacerles tan grandes mercedes estando en éxtasis y fuera de sus sentidos es porque la grandeza de las cosas que les comunica es tan superior a las fuerzas de la naturaleza y tan corta y limitada la capacidad del hombre que para que las pueda recebir es menester enajenarle de los sentidos corporales, como se vio en Adán, de quien dice san Bermardo que, cuando quiso Dios levantarle a cosas puramente espirituales y divinas, le echó una manera de sueño, elevando su alma en operación sublimada sobre todas las cosas materiales y sensibles; y esto no, como algunos piensan, porque no sintiese el dolor de la costilla que le sacó, que para eso sin particular milagro, ningún [14r]''' '''sueño bastara, y así el de Adán, según se colige de la Sagrada Escritura y de diversas traslaciones ''[91]'', no fue sueño puramente natural, sino extático y milagroso, como lo son los que en los contemplativos se llaman “éxtasis” y “raptos”; porque, cesando los sentidos y la imaginación a las cosas corporales, recibiese Adán más puramente las espirituales y divinas que el Señor le comunicaba: estilo muy ordinario con que su majestad se comunica a los santos. Y desta suerte se halla haberse comunicado a esta su devotísima sierva, porque como sus deleites son siempre con los hijos de los hombres ''[92]'', ha sido muy grande la familiaridad con que en todos tiempos los ha tratado. “¿Cómo podré yo hacer cosa que Abrahám no sepa?” ''[93]'', dijo Dios, cuando quiso destruir a Sodoma. Y con Moisés, dice la Sagrada Escritura ''[94]'' que “hablaba como un amigo con otro”. Deste género son las profecías, visiones y revelaciones de todos los profetas del Testamento Viejo y los raptos de los apóstoles, cual es el que san Lucas cuenta del apóstol san Pablo ''[95]'' hasta el tercer cielo en que supo tales cosas que no las acertó después a decir. El rapto de la sábana de san Pedro ''[96]'', donde conoció la conversión de la gentilidad, y todas las profecías y revelaciones que la Iglesia católica ha tenido después de los apóstoles, que son casi infinitas, de que las corónicas y vidas de los santos están llenas. Del mismo privilegio y favor han gozado mujeres antes y después de la venida de Cristo, que no las excluyó Dios destas misericordias; y Dios, que dice por Oseas ''[97]'': “llevármela he a la soledad y hablarla he al corazón”, no habla solamente con los hombres [14v]''', '''ni su poderosa mano está abreviada con las mujeres más que con ellos, pues sabemos que el Espíritu del Señor donde quiere aspira, y que Dios no es aceptador de personas para excluir de tan gran bien a las mujeres ''[98]'', antes en todos tiempos y siglos ha habido muchas en el mundo con quien se ha comunicado larga y liberalísimamente. Testigos son desta verdad las antiguas Sibilas, tan estimadas de los santos'' [99]'' que dice dellas san Gerónimo que las concedió Dios el don de la profecía en premio de la virginidad que guardaron, revelándoles muchas cosas del estado futuro de la Iglesia y de la venida del Mesías, con los demás misterios de su muerte y pasión, resurrección y gloriosa ascensión a los cielos. Las revelaciones de santa Brígida están aprobadas por los concilios constanciense y florentino ''[100]''. Y las de la santa Hildegardis ''[101]'', por san Bernardo y por el papa Eugenio III, y por el Concilio de Treveris las de santa Gertrudis ''[102]'', santa Matildis ''[103]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y de santa Isabel&amp;lt;/nowiki&amp;gt;'' [104]'', abadesa del monasterio de Esconaugia, hija del rey y persona de gran santidad, escriben graves autores que el ángel de su guarda le revelaba grandes misterios y le mandó en nombre de Dios que los escribiese, que es lo mismo que le pasó a nuestra bendita Juana. Y las revelaciones de santa Ángela de Fulgino ''[105]'' han sido muy estimadas de todos los hombres doctos y espirituales del mundo; y las de la bendita madre Teresa de Jesús ''[105]'', en nuestros tiempos, han sido tan admirables cuanto provechosas. Las cosas de la gloriosa santa Catalina de Sena en su tiempo asombraron el mundo y no pararon hasta que el papa Urbano Sexto ''[106]'' la mandó predicar delante de él y''' '''[15r]''' '''de sus cardenales, para que persuadiese la paz de la Iglesia, como lo había hecho otra vez en presencia del papa Gregorio XI, su predecesor. Y demás desto, quedándose en éxtasis, arrobada de sus sentidos, hacía pláticas y oraciones maravillosas, de las cuales fray Marcos Brigiano compuso un libro que anda con este título: ''Incipit liber divinae doctrinae datae per personam aterni Patris intellectui loquentis admirabilis et almae virginis Catherinae de Senis, Iesu Christi sponsae fidelissimae, sibi sub habitu beati Dominici famulantis conscriptus dictante ipsa vulgari sermone, dum esset in ecstasi, sine raptu et actualiter audiente, quid in ea loqueretur ipse Dominus et coram pluribus referente [107] [108] ''. Y en el libro de las ''Epístolas'' de la misma santa, que por orden del ilustrísimo don fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal, inquisidor general de España, se tradujo en lengua castellana, andan impresas algunas de las oraciones y pláticas que esta santa virgen hizo estando en éxtasis y abstraída de sus sentidos, y una con este título: ''Oración quinta que la santa virgen hizo en Roma, viernes a dieciocho de febrero de mil y trecientos y setenta y nueve, estando en abstracción después de haber comulgado''. Otra dice: “''Oración undécima que la misma santa virgen hizo en Roma día de la Anunciación de la dulcísima Virgen María Nuestra Señora, la cual hizo en abstracción''”. Otra dice así: “''Oración veintidós hecha en rapto de elevación del Espíritu Santo, día de la conversión de san Pablo''”. Y todas ellas están llenas de altísimos misterios y de muchos lugares de la Sagrada Escritura que la santa declaró altísimamente estando elevada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15v]''' '''Ni obsta decir que estas son santas canonizadas, porque algunas no lo son, y ninguna lo era cuando se escribieron dellas estas maravillas, pues san Antonino y san Raimundo, que escribieron las cosas de santa Catalina de Sena, murieron centenarios de años antes que ella fuese canonizada ''[110]''. Y lo mismo es de casi todos los demás; antes esas mismas cosas que se escribieron destas santas y corrieron por el mundo con tanta edificación del pueblo cristiano fueron el motivo más eficaz para que se tratase de su canonización y se efetuase, y lo mismo espero en Nuestro Señor sucederá a nuestra beata Juana. Y todavía el título del dicho capítulo que decía: “''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana''” se mudó diciendo: “''Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años''”; y lo que se quitó es lo mismo que se puso en realidad de verdad, pero tiene otra aparencia para los que no han estudiado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, pareció también a estos cosa digna de ser callada el milagro de haber un ángel llevado al Cielo los rosarios y bajarlos benditos por el Señor, por ser cosa inaudita y tan extraordinaria, pero es corrección sin fundamento. Lo uno porque lo que se refiere del milagro constó por testimonio de un convento entero, y la tradición de la fama ha sido tan continuada por espacio de tantos años y confirmada con la santidad de la sierva de Dios y con tantos y tan famosos milagros. Y lo otro porque no es caso sin ejemplo, sino que hay muchos en cosas que se veneran porque decendieron del cielo o, como quiera que sea, gozamos dellas por ministerio de los án-''' '''[16r]''' '''geles. Y dejadas aparte algunas de que la Escritura trata, como el maná, el alfanje o cuchillo santo que trajo Jeremías a Judas Macabeo ''[111]'', hay otras muchas que el pueblo cristiano venera, como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo, y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó del de santa Leocadia, la ampolla cristalina donde apareció, incluso el milagro de la Eucaristía que se conserva en Santaren ''[112]'' ''[113]'', el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto de que le vistió cuando había de instituir su religión. Y lo mismo pasó a otros fundadores de religiones'' [114]''. Y celebrando misa el obispo Próculo, mártir santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al cielo; y después de dos horas se le bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”. Y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nicéforo Calisto escribe en su ''Historia eclesiástica'' ''[115] ''las excelencias del glorioso Anfiloquio, obispo de Iterana; y entre otras cosas refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy graves son las historias que afirman haber decendido del cielo los tres lirios de oro, llamados “flordelís”, que traen los reyes de Francia por armas, enviándoselas Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe, y de gentil se hizo cristiano ''[116] [117]''. Y cuando san Remigio, obispo de Remes'' [118]'', quiso baptizar al rey faltando a caso la crisma la bajó del cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico y poniéndo-''' '''[16v]''' '''sela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos, desapareció y ungió luego al rey con la milagrosa crisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación, y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo licor. Y no hay que espantarnos destas maravillas, ni de otras, mucho mayores, que se ven y experimentan cada día, porque es Dios grande honrador de sus siervos y así vemos que honró tanto a la bienaventurada santa Catalina de Alejandría que, no habiendo quien enterrase su cuerpo —porque el tirano que la martirizó lo defendía—, envió ángeles que la enterrasen ''[119]''. Y de la gloriosa santa Marta, huéspeda de Nuestro Señor, dice san Antonino ''[120]'' que la enterró Nuestro Señor Jesucristo, ayudándole al oficio del entierro san Frontino, obispo petragoricense ''[121]'', porque así honra Dios a los que le honran y sirven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas de menos sustancia notaron estos escrupulosos con ponderaciones impertinentes a que no respondo, porque con los fundamentos dichos se satisface. Díjome a mí mismo uno que cómo se podía sufrir se dijese que dos días antes del tránsito desta sierva de Dios había comenzado a gozar del alegría de la gloria, pues aun de la Virgen Nuestra Señora no se dice tal cosa. Y respondile mostrándole el ''Breviario Romano'', donde de la Madalena y de otros se cuentan cosas semejantes, y en particular se refiere de san Nicolás Tolentino que le pasó lo mismo por seis meses enteros antes que muriera ''[122]''. Por manera que hablan a tiento ''[123]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, porque en materia desta objeción de las''' '''[17]''' '''cuentas de la santa Juana y de las a ellas tocadas se han dicho y hecho algunas cosas que se pudieran escusar si los excesos de algunos supersticiosos no obligaron a ello, como yo lo creo, digo que, cesando esto, muy pía es la devoción que con estas cosas muestra el pueblo cristiano, y muy opuesta a los embelecos con que los herejes la procuran condenar. Escribió Teodoro Beza ''[124]'', hereje calvinista, un tratado que intituló ''De las niñerías de san Francisco'', y Guillermo Ritbetl otro, ''Del pueril culto de los papistas [125]'', y ambos mofan mucho de la devota piedad con que los fieles veneran las cosas benditas, como el agua, los ramos, las candelas, etc. Y el dicho Guillelmo ''[126]'' cuenta algunas cosas con que le parece confirma sus disparates. Dice que, estando en Roma, vio por sus ojos que, andando las estaciones, el mismo Papa tocaba un rosario que llevaba en la mano a una vidriera que estaba delante de una reliquia, y que vio que el primer día de la Cuaresma, estando el Papa y cardenales en Santa Sabina —que es monasterio de la Orden de los Predicadores—, daban los frailes al Papa y cardenales y a otros muchos por reliquias, o como precioso don, hojas de un naranjo que había plantado nuestro padre santo Domingo. Y sobre estas cosas y otras semejantes discantan, mofando sobre la virtud de aquel vidrio y de aquellas hojas, y del hábito de un religioso que algunos veneran, y de las cuentas benditas y otras que se tocan a ellas, etc., para que se vea el caso que de semejantes niñerías hacen los hombres graves, imitadores de vejezuelas inorantes, que rezan rosarios de Avemarías a san Pedro y a san Pablo. Con estos encarecimientos des-''' '''[18]''' '''variados irritan estos miserables al pueblo rudo, y los disponen para persuadir los errores de los herejes antiguos, que ya muchos años había estaban sepultados en los infiernos, uno de los cuales es condenar las ceremonias y ritos antiguos de la Iglesia, entre los cuales hay más y menos, pero en ninguno deformidad, o siquiera inadvertencia, porque así como en la reverencia que uno hace a sus padres o superiores hay más y menos, y si faltase en lo más quebrantaría el precepto natural y divino, y si en lo menos no, como si no se quitase la gorra oyendo el nombre de su padre en ausencia, o del superior o bienhechor, pero no por esto se condenan estos actos, antes son usados y loables, y actos en efeto de cortesía y gratitud. De la misma manera hay gran diferencia entre adorar y reverenciar a Dios Nuestro Señor y venerar la hoja del árbol que plantó el glorioso santo Domingo, pero todo es bueno y nace de un fundamento: adoramos a Dios como a criador y Señor, y veneramos sus santos por siervos suyos, y esto más o menos remotamente, conforme al sujeto de la acción, pero siempre con un intento. Por manera que si preguntásemos a un hereje destos sí sería acción ridícula o reprehensible quitarse uno la gorra oyendo el nombre del fundador de un colegio donde le sustentaron algún tiempo, que ha cien años que murió, y no se sabe si está en el Cielo o en el Infierno, y ni él ni cosa suya ve aquella cortesía, responderá —si no es mentecapto— que no es acto inútil ni reprehensible, sino de buena cortesía y gratitud. Pues ¿por qué será ridículo reverenciar propincua o remotísimamente a un santo que está gozando de Dios y ve''' '''[19]''' '''en él la veneración que se le hace, aunque sea tan mínima como besar el vidrio que está delante de su reliquia o el hábito que trajo, o de la religión que fundó, y el árbol que plantó y tierra que pisó? Y el mismo dirá que no es impropiedad hacer uno servicio a su señor o amigo en la persona de otro, como si hiciese un servicio al rey por agradar a un señor que se lo manda, o sabe que le dará gusto sin mandárselo. Pues si esto es tan llano, ¿qué otra cosa es rezar tantos Paternostres o Avemarías, o celebrar una misa por honra de san Pedro, sino hacer un servicio a Dios Nuestro señor o a su Santísima Madre en obsequio de san Pedro, a quien tanto agradará que su devoto sirva a Dios y a su madre? Por manera que son encarecimientos vanos los destos engañadores. Y, apurada la verdad, ni tienen sustancia ni rastro de fundamento, como consta. Más pudiera decir sobre esto, pero dejo de alargarme y de aplicar lo dicho, por no topar con acción conocida en esta materia; cada uno tomará lo que le tocare, basta decir que la veneración a estas cuentas y a las a ellas tocadas es muy santa, y la comprobación de sus virtudes muy bastante; y la duda de si son ciertas o no, de ninguna sustancia, pues con la misma buena fe veneramos reliquias y otras cosas pías, en las cuales más necesidad tiene el pueblo de espuelas que de freno, cuando no se funda sobre arena, como son patrañas o cuentos sin fundamento o con sospecha de ficción. Pero las cosas desta sierva de Dios fúndanse sobre una vida purísima, muy probada y apurada, y sobre una muerte gloriosa, y sobre infinitos milagros, y sobre veneración de los fieles tan sabida, y sobre''' '''[20]''' '''la incorruptibilidad de su santo cuerpo tan evidente, y sobre tradición de todo esto de tantos años y tan continuada y aprobada. Así, ni la grandeza de las mercedes que Dios le hizo las hace menos creíbles, ni el decir que el Espíritu Santo habló por su boca tiene indecencia ni novedad, y mucho menos el milagro de las cuentas; antes de todo se saca mucho provecho, para mayor gloria de Nuestro Señor y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[21] '''Petición del padre fray Antonio Daza dada al Consejo de la Santa General Inquisición ante el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general, y los de su Consejo. En Madrid, a diecinueve de agosto de mil y seiscientos y diez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy poderoso señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de la Orden de San Francisco, digo que por cuanto yo he compuesto un libro de la vida y milagros de la bienaventurada Juana de la Cruz, religiosa de la misma Orden, el cual, aunque está visto por el Consejo de Justicia, y por su comisión visto y aprobado por el ordinario de Madrid; y a todas estas aprobacio- [22] nes han precedido las de letores de Teología de mi Orden, por comisión de la misma religión: y habiéndolas visto el Consejo, y las informaciones y papeles originales de donde se ha sacado y compuesto el dicho libro, para mayor calificación y autoridad suya, quiere el dicho Consejo tener la aprobación de Vuestra Alteza, a quien humilmente suplico la mande dar, y su censura, que en esto se hará a Nuestro Señor gran servicio, y a mí grandísima merced. Para lo cual, etc.,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Antonio Daza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Respuesta del Consejo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vea este libro el abad de Fitero, y dé su censura, informando primero della al ilustrísimo señor cardenal, inquisidor general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[23] '''Parecer y censura del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y uno de los que asisten a la junta que se hace en esta corte de Su Majestad para el nuevo ''Catálogo ''y ''Expurgatorio de los libros prohibidos''''' ''[127]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo, el maestro fray don Ignacio de Ibero, abad del monasterio de Santa María la Real de Fitero, calificador del Santo Oficio de la Inquisición, etc. Digo que, por mandado del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos y señoríos del Rey nuestro señor, y del Consejo de Estado de Su Majestad y de los señores de la Santa y General Inquisición, he visto y leído con particular atención un libro intitulado ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz,'' ''de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco'', compuesta por el muy docto y muy erudito padre fray Antonio Daza, difinidor de la santa Provincia de la Concepción y coronista general de su Orden, para dar acerca de él mi parecer y censura. Y no solo no he hallado en él cosa ninguna que se pueda censurar, ni que sea digna de ser notada, antes me parece''' '''[24]''' '''que el libro será de mucho provecho y utilidad para todos los que quisieren aprovecharse de él —especialmente para la gente devota y que trata de espíritu—, y que todo lo que en él se escribe es dotrina muy buena y muy aprobada, y muy conforme a la que enseña la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores. Y porque se me ha mandado que demás de dar mi parecer y censura de todo este libro por mayor diga también en particular todo lo que siento de él y de los milagros y revelaciones que en él se escriben, me habré de alargar más en este mi escrito y relación, para lo cual he leído, fuera de lo que contiene este libro, también las informaciones auténticas que de las cosas en él contenidas se han hecho en diversos tiempos, y el libro original de donde este se sacó, que es el que escribió una discípula desta sierva de Dios y contemporánea suya llamada sor María Evangelista, a quien dicen las informaciones que desto se han hecho y la tradición de aquel monasterio que milagrosamente para este efeto dio el Señor gracia de saber leer y escribir, y me parece que, cuanto me ha sido posible, he averiguado ser cierto y verdad lo que en esta historia se escribe de la vida, milagros y santidad desta sierva de Dios, que es lo primero que se ha de presuponer en escribir las vidas de los santos y lo que el santo concilio de Trento ''[128]'' manda a los pastores y prelados, miren mucho cuando se hubieren de publicar y sacar a luz historias de milagros y vidas de santos, para que con verdad se publiquen las maravillas de Dios y su omnipotencia. Porque como con estas cosas descubre Dios cuán admirable es en sus santos ''[129]'', es muy de su''' '''[25r]''' '''servicio que con cosas ciertas y verdaderas le alabemos y engrandezcamos su infinita grandeza y omnipotencia, sin decir ficciones ni cosas inciertas, pues, como dice el santo Job'' [130]'', no hay necesidad dellas para lo que Dios pretende. Tengo, pues, toda esta historia por muy verdadera, y entiendo —cuanto yo alcanzo con probabilidad y fe humana— que todo lo que aquí se escribe pasó así como aquí se dice, no solo en lo que es la vida ejemplar, penitente y santa que hizo esta bienaventurada virgen, y en los santos ejercicios, mortificaciones y penitencias que continuamente hacía, sino también en lo que es los raptos, éxtasis, visiones, revelaciones y profecías de que en esta historia se hace mención. Y lo que destas revelaciones, visiones y éxtasis siento, y lo que me parece del grado y calidad en que las hemos de tener, es que verdaderamente las tengo todas por divinas, sobrenaturales y celestiales, hechas y inspiradas por el mismo Dios, y que en aquellos raptos y elevaciones y profundas contemplaciones hablaba Dios por boca desta su sierva como por órgano y instrumento del Espíritu Santo, porque hallo en todas ellas todas las señales que la Iglesia católica nuestra madre y sus sagrados doctores'' [131]'' tienen para verificar y averiguar que estas obras son sobrenaturales y divinas, hechas y comunicadas por el mismo Dios, como son verdaderas y ciertas las profecías y revelaciones, ser conformes a la dotrina que enseña y tiene la Iglesia católica universal y sus sagrados doctores, ser al parecer de hombres doctos y píos, inspirados del Espíritu Santo, y hallarse en ellas la verdad y pureza que es propia a cosas enseñadas por el mismo Dios, sin mez- [25v]''' '''cla ninguna de falsedad ni error'' [132]''. Y finalmente, ser tales que la persona y el alma en quien Dios hace estas maravillas queda con ellas mejorada en humildad, en amor de Dios, en devoción y en otras muchas virtudes ''[133]''. Todas estas señales que he considerado y notado en esta historia desta bienaventurada son las mismas que se hallan y se hallaron cuando hicieron prueba dellas en otras muchas vidas de santos, y milagros y revelaciones que dellas se escriben. Tales fueron las de santa Isabel, hermana del rey Eckberto ''[134]'', santísima abadesa del monasterio de Esconaugia, a quien el ángel de su guarda —como a nuestra beata Juana el de la suya— reveló muchas cosas como estas, y mandó de parte de Dios que las escribiese, como se escribe en su vida ''[135]''. Tales las de la santa Ildegardis, abadesa religiosísima del monasterio de San Ruperto, en el arzobispado de Maguncia ''[136]'', que desde su niñez fue muy favorecida de Nuestro Señor con revelaciones y visiones del Cielo, las cuales después, a instancia y petición de nuestro glorioso padre san Bernardo, confirmó el papa Eugenio Tercero, su dicípulo, en un concilio que celebró en la ciudad de Trebes, como lo escriben los autores que hablan de aquel concilio y desta santa ''[137]''. Tales también fueron las de la insigne y muy celebrada viuda santa Brígida, canonizada por el papa Bonifacio Nono ''[138]'', que fueron examinadas por estas mismas señales y aprobadas por diligencias que hizo el cardenal don Juan de Turrecremata ''[139]''. Y desta misma manera y como estas que he referido son las que se contienen en este libro de nuestra beata Juana, muy parecidas las unas a las otras, así en las cosas reveladas co- [26r] mo también en el modo con que Dios las revelaba. Y así también por esta parte se hace muy verisímil que todas estas profecías, éxtasis, revelaciones y raptos desta bienaventurada fueron divinas y celestiales, y verdaderamente inspiradas por virtud de Dios y sobrenaturalmente. Y siendo así, será cierto que todo lo contenido en este libro será muy provechoso para las almas y dé mucho motivo para incitar y inflamar los corazones a la virtud, según lo que dice san Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo: “''Omnis doctrina divinitus inspirata utilis est ad docendum et ad erudiendum ad iustitiam, ''etc''.''”&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;''[140]'' ''[141]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas cosas he hallado en esta historia muy particulares y muy raras, que, aunque son verdaderas y muy ciertas, es bien que se lean con más atención y mayor consideración, porque como no son de las ordinarias ni de las que comúnmente se saben, podrían parecer dificultosas de creer, si no se considerasen con alguna advertencia. Y aun yo lo pongo en que siendo tales y de la calidad y verdad que digo, se hacen más ciertas y más creíbles por haberlas Dios revelado a esta bienaventurada. Una de ellas (''habetur capitulo 17 huius historiae [142]'') ''[143]'' es que a esta bienaventurada le fue revelado que algunas almas tenían su purgatorio en lugares fuera del que está puesto y ordenado de Dios, para que lo sea generalmente de todas las almas que tienen que purgar, como es en ríos, hielos, piedras y otras cosas como estas. Y aunque es verdad que, según la ley común y general, todas las almas que tienen necesidad de purgar la pena de sus pecados van al lugar que para esto está dentro de las entrañas de la tierra, pero por particular orden y dispensación divina, muchas veces tienen su''' '''[26v]''' '''purgatorio fuera de aquel lugar, como es en ríos, en fuentes, en baños, en hielos, como lo escribe el papa san Gregorio'' [144]'' en muchas partes de sus diálogos, Pedro Damiano ''[145]'' en sus epístolas, y otros muchos autores ''[146]'', de los cuales refiere algunos santo Tomás, príncipe de los teólogos escolásticos, y los sigue en esta parte diciendo esto mismo que yo digo, porque de él lo refiero y él nos lo enseñó expresamente en sus sentenciarios ''[147]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y a él le siguen todos los autores que después de él han escrito &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[148]''. Y no solamente enseña esta dotrina santo Tomás, sino que destas historias y revelaciones saca esta regla general: “''De loco purgatorii —ubi non invenitur aliquid expresse determinatum— dicendum est, secundum quod consonat magis sanctorum dictis et revelationi factae multis: dicendum itaque quod locus purgatorii est duplex: unus secundum legem communem et sic locus purgatorii est locus inferior, coniuctus inferno, alius est locus purgatorii secundum dispensationem. Et sic quandoque in diversis locis aliqui puniri leguntur, vel ad vivorum instructionem, vel ad mortuorum subventionem ut viventibus eorum poena innotescens, per suffragia Ecclesiae mitigaretur''” ''[149]''. Esto dice santo Tomás, y en estas palabras no solo aprueba y enseña esto de los purgatorios particulares y extraordinarios, sino que dice más: que destas revelaciones particulares hechas a varones santos se confirma que los hay. Y así en esto no hay cosa que nos obligue a dudar, sino a creer que pudo ser verdad lo que dice esta historia de los purgatorios de las almas que Dios reveló a esta su grande sierva, y que lo es cuanto se puede alcanzar con razones y probabilidad humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se hace mención en esta historia de un''' '''[27r]''' '''milagro muy particular que Dios obró por esta bienaventurada, no menos digno de que se advierta y pondere que este de las almas del purgatorio, acerca de unos rosarios que el ángel de la guarda subió al cielo y trujo de allá con muchas bendiciones y virtudes que les concedió Cristo Nuestro Señor, para que la bienaventurada rezase por ellos y los repartiese entre sus monjas y otra gente devota, porque todas gozasen de los bienes e indulgencias que desde el Cielo Su Divina Majestad la enviaba, manifestando con esto lo mucho que le agrada la devoción del santo rosario de su Santísima Madre, y que quiere la alabemos con la oración del Avemaría, rezándola por las cuentas de su sagrado rosario. Y aunque este milagro es muy superior a todos cuantos en esta materia yo he leído, harase fácil de creer, considerando que en las historias sagradas, en las de los concilios de la Iglesia católica y en muchos sagrados y antiguos escritores se hallan otros muy semejantes a este. Vincencio Bellovacense, san Helinando'' [150]'', santa Cesaria ''[151]'', Tomás Brabantino ''[152]'', Egidio Aurífico Cartusiano'' [153]'' —si fue este el autor del ''Magnum speculum exemplorum [154]'', como lo dice el padre Juan Mayor—, Pelbarto ''[155]'', Juan Bonifacio ''[156]'' y otros autores de nuestros tiempos escriben inumerables milagros que Dios ha hecho en confirmación y señal de lo que estima y le agrada, que con la salutación angélica del Avemaría, y con rezarla con frecuencia por las cuentas del rosario, alaben los fieles a su gloriosa Madre y Señora Nuestra, la Virgen María, que por ser muchos, y los autores que he referido ser muy comunes, no los refiero en particular. Uno solo referiré, por parecerme más nuevo y más [27v]''' '''parecido que los otros al que tenemos en este libro, y es de un árbol muy prodigioso que milagrosamente nació de repente en un gran campo, en la isla de Irlanda, en el obispado de Corc y Clon, en el condado de Esmon ''[157]'', todo cargado de rosarios, como una parra cuando más cargada está de racimos de uvas, y los hilos o cordones de los rosarios estaban asidos al árbol y tan continuados con él como lo están los pezones de la fruta que nace de otro cualquier árbol. Deste milagro hace mención Francisco Belleforesto ''[158]'', autor grave, y otros que escribieron después de él ''[159]'', y todos advierten que parece que le hizo Dios para que se viese cómo favorecía el Cielo y aprobaba el uso de los santos rosarios. Porque fue esto en tiempo que se iba perdiendo Alemania con las malas sectas de los herejes, que abominan la devoción y uso del rezar, y el del santo rosario, y de las indulgencias que con ellos se nos conceden. Y es de notar que poco antes había sucedido el milagro destos rosarios y cuentas benditas que el ángel trujo del Cielo a esta bienaventurada virgen. Y así se puede creer que le obró también Dios, no solo para consuelo de su sierva y tan querida esposa, sino también, como el otro de Irlanda, para mayor confirmación de la devoción de los fieles y confusión de los herejes de aquellos tiempos. Pero hay una cosa muy particular y rara en estos rosarios que el santo ángel de su guarda trujo a la gloriosa Juana, que no la he hallado ni en los milagros que he visto y referido de los rosarios, ni en otra ninguna cosa de cuantas por mano de ángeles se han traído de los Cielos a la Tierra. Porque de aquellos rosarios de Irlanda no se lee que los hubiesen llevado los ángeles de la Tierra [28r'''] '''al Cielo, sino que o fueron criados y hechos allí milagrosamente o traídos del cielo, como fueron traídas otras muchas cosas, como: la casulla de san Ilefonso, que trujo del cielo la Virgen gloriosa ''[160]'', la Cruz de Oviedo, la de Caravaca y otras cosas así, que se dicen haber venido del cielo, no porque hubiesen estado allá en el supremo Cielo, sino porque por ministerio de los ángeles fueron formadas y hechas en esta región elemental y en la parte aérea que comúnmente se llama “cielo”, que por esta misma razón se dice también que el maná bajó del cielo, y la Escritura lo llama “pan del cielo” ''[161]''. Pero los rosarios de que habla nuestra historia, según que en ella se escribe, fueron llevados por el ángel de acá, de la Tierra al Cielo, a la presencia de la majestad del Hijo de Dios, Cristo Nuestro Señor, y allá los bendijo y tocó con sus sacratísimas manos el redentor del mundo. Y porque no pareciese al letor este milagro dificultoso de creer, bien podríamos para facilitarle traer por ejemplo lo que algunos autores dicen, y santo Tomás ''[162]'' no lo tiene por imposible, supuesta la infinita omnipotencia de Dios, que el apóstol san Pablo ''[163]'' en su misterioso rapto fue llevado al Cielo en cuerpo y en alma, así mortal y corruptible como estaba. Pero porque el mismo apóstol'' [164]'' dice que no sabe si aquel rapto fue “''in corpore, sine extra corpus''”—aunque ni lo niega ni lo dice como cosa imposible—, y el glorioso doctor san Agustín nos manda y advierte que: “Lo que el apóstol confiesa que no sabe no es bien que nosotros lo determinemos” ''[165]'', referiré otra historia muy auténtica, y más llegada a nuestros tiempos —aunque muy antigua—, de otras cosas corruptibles y terrenas''' '''[28v]''' '''que milagrosamente fueron llevadas de la Tierra al Cielo, y traídas otra vez de allí, para que esto de los rosarios de nuestra bienaventurada no parezca increíble: “Muy sabida es aquella historia de aquel niño que el año 446, en Constantinopla, a vista de todo el pueblo y del emperador Teodosio el Menor y del patriarca Proclo, fue llevado al Cielo hasta donde oyó a los bienaventurados que continuamente estaban alabando a Dios; y después de haber estado allí por espacio de una hora fue otra vez traído a la Tierra, porque, fuera de los historiadores y coronistas griegos Marcelino ''[166]'', Nicéforo ''[167]'', Evagrio ''[168]'', el Menologio griego ''[169]'', san Juan Damasceno ''[170]'' y otros, escríbelo también muy en particular el papa san Félix III en una epístola decretal suya ''[171]'', y escríbenla los obispos que se hallaron en el concilio constantinopolitano que se celebró en tiempo del papa Félix III contra los errores de Pedro Fullón, arzobispo de Antioquía. Y todos dicen que yendo en procesión toda la ciudad de Constantinopla por un gran terremoto que por seis meses continuos perseveraba en aquella ciudad, haciendo en ella gran estrago y causando muchas ruinas de las casas y muros della, en medio de un campo donde estaba todo el pueblo, con pública procesión, fue arrebatado un niño y llevado al Cielo”. “''Rursusque descendens'' —dice el papa Félix— ''nuntiavit, quae in aethere audierat, dicens, de coelo, quasi de multitudine psallentium, huiusmodi laudes in sonuisse auribus suis'', ''etc.''”, que oyó allá en el Cielo a los bienaventurados que alababan a Dios con aquel santísimo himno del Trisagio diciendo: “''Sanctus Deus, sanctus fortis, sanctus et immortalis''”'' [172]''. Escriben esto mismo los obispos que arriba referí de aquel concilio ''[29r]''constantinopolitano: Acacio de Constantinopla, Anteón de Arsinoi, Fausto de Apolonide, Pánfilo de Avida, Asclepiade ''[173]'' y otros muchos historiadores antiguos y nuevos. Pues así como no hubo repugnancia ni imposibilidad, supuesto el infinito poder de Dios, para que aquel niño, así como estaba, fuese llevado al Cielo, tampoco la hay para que creamos que pudo ser así lo que destas cuentas y rosarios se escribe. Y es grandísimo argumento para creer esto y todo lo demás que destos rosarios y cuentas se escribe ver los muchos milagros que con estas cuentas hace Dios cada día, de los cuales el autor refiere algunos, y yo he visto por mis ojos las informaciones y probanzas auténticas, y los dichos de muchos testigos jurados, de donde con mucha verdad y fidelidad ha sacado todo lo que dice. Y no quiero decir lo que he sabido que aconteció con una destas cuentas que por particular merced que Dios me ha hecho la he alcanzado y tengo en mi poder, por no alargarme más en esta mi relación. Será Dios servido que en otra ocasión se sepa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es necesario que se advierta y considere cómo se ha de tomar lo que se cuenta en esta historia que le fue revelado a nuestra bienaventurada: que el arcángel san Miguel juzgaba las almas después que salían de los cuerpos, haciendo oficio de juez supremo, de grande poder y preeminencia, con las insignias de la corona imperial, cetro y tribunal de grande majestad (''habetur capitulo 16 huius historiae [174]'') ''[175]''. Esto, tomándolo en el sentido que se debe tomar, no puede tener dificultad para que se crea, porque ni es contra lo que enseñan los doctores sagrados y los escolásticos, ni deroga nada a la potes- ''[29v]'' tad judiciaria de Dios, que tomándola por la suprema absolutamente está en solo Dios, y tomándola por la potestad de excelencia y singular, participada inmediatamente de aquella suprema, está tan solamente en Cristo Nuestro Señor, en cuanto hombre, como lo dicen los autores que para esto exponen aquel lugar de san Juan: “''Omne iudicium dedit filio''” ''[176]'' ''[177]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; ni se hace dificultoso de creer, porque con esto se compadece que haya otros jueces inferiores que participen del poder de Dios y se digan jueces de las almas, como no deroga nada a la eminencia y independencia de la causa primera el haber otras causas segundas, con las cuales juntamente obre, concurra y haga sus efetos la primera. Y así, sin ninguna repugnancia en este sentido, se dice que también los santos juzgarán las naciones &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[178]''. Y a sus sagrados discípulos prometió Cristo que, sentados con él, juzgarían todos los doce tribus de Israel'' [179]'' ''[180]'', pues siendo san Miguel arcángel de tanta excelencia y majestad como lo declaran los muchos y muy grandes títulos que le da la Iglesia, y los epítetos honoríficos que le canta, bien fácil será de creer lo que de él dijo nuestra bienaventurada que le reveló Nuestro Señor, en lo que es juzgar las almas que van a la otra vida. Llámalo la Iglesia “prepósito” y “príncipe de la Iglesia”, “primado del Cielo”, “cabeza de todos los ángeles del Cielo”, “alférez mayor del supremo emperador”, “vencedor del gran dragón Lucifer”, “capitán fortísimo”, “recebidor de las almas que salen desta vida” y “juez” dellas ''[181]''. Todos estos epítetos y otros muchos coligen los santos ''[182]'' de lo que la Escritura Sagrada dice de san Miguel ''[183]''. Y por esto y otras razones que se hallan en los autores se tiene ''[30r]'' por muy cierto que este glorioso arcángel tiene esta potestad y jurisdición sobre las almas, para que en el juicio particular dellas, que es cuando salen de los cuerpos, las juzgue pesando y ponderando los méritos de cada una dellas, pronunciando y notificándolas la sentencia difinitiva del soberano juez. Y esto quiso dar a entender Dios a esta su bienaventurada en aquella revelación y visión imaginaria en que vio a este glorioso arcángel en aquella figura y postura de grande juez, con aquellas insignias imperiales y corona real. Y esto es muy conforme al estilo y uso que la Iglesia tiene para declararnos esta grandeza y este poder de san Miguel. Porque, como dijo muy bien el doctísimo y muy pío doctor Juan Molano ''[184]'' en su ''Libro de imágenes'', esto que hemos dicho es lo mismo que se nos representa en las pinturas con que pintan a san Miguel con un peso en la mano, porque es decirnos que, como juez recto y de grande entereza, primero pondera y pesa los méritos de las almas con mucha particularidad y muy por menudo, y después las pronuncia la sentencia. Lo mismo dice aquel fortísimo defensor de la fe Juan Equio'' [185]'', y otros autores que hablan desto. Y desta misma manera se ha de entender lo que en aquella revelación dice nuestra bienaventurada: que luego, al mismo instante que san Miguel ha pronunciado su sentencia contra las malas almas, otros ángeles, como ejecutores desta sentencia, comienzan a castigar con rigurosos azotes las tales almas; que quiere decir que en aquel mismo punto comienzan a sentir y padecer el riguroso azote del justo castigo de Dios, y de las penas que tiene aparejadas para ellos. Y no digo más de lo restante desta historia, [30v'''] '''porque todo es muy fácil y no hay en qué reparar, y aun confieso que si no me fuera mandado que dijera lo dicho, lo pudiera muy bien escusar, porque todas estas cosas declara y apoya el autor en sus lugares tan doctamente que no le deja para que se dude en esto, ni en otra cosa ninguna, porque no solamente en lo que es histórico procede con tanto acertamiento y seguridad en esta su obra, hablando en las más cosas della como testigo de vista, sino que también en lo que es la etiología ''[186]'' y razón de la historia procede con mucho fundamento y con razones muy sólidas y muy teólogas, por lo cual se le deben al autor muchas gracias, por haber tomado esta ocupación tan santa y tan importante para el espíritu y aprovechamiento de las almas, y para mayor gloria de Dios, y de su santa religión, y del glorioso padre y patriarca san Francisco, que cada día con nuevos nacimientos y natalicios de santos suyos nos da nuevas alegrías y gozos espirituales en la Iglesia militante y triunfante. Y por todo lo dicho, merece muy bien que Vuestra Alteza le admita y apruebe este su libro, para que salga a luz y se comunique a todos. Esto es lo que siento, debajo de la censura y parecer muy acertado de Vuestra Alteza. En Madrid, a dieciséis de setiembre del año mil y seiscientos y diez,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Ignacio Ibero, abad de Fitero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31r]''' Licencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid, a dieciséis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y diez años, el ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general en los reinos de Su Majestad, habiendo visto esta aprobación del maestro fray don Ignacio de Ibero, abad de Fitero, del libro de santa Juana de la Cruz, concedió licencia como ordinario para que el dicho libro se imprima y ponga en él el parecer y aprobación del dicho abad. Ante mí, Miguel García de Molina, secretario del Consejo de Su Majestad, de la Santa General Inquisición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel García de Molina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[31v]''' Aprobación del señor obispo don fray Francisco de Sosa, del Consejo de Su Majestad y de la General Inquisición, a quien el ilustrísimo cardenal de Toledo cometió la revista deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ilustrísimo señor:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo visto por mandado de Vuestra Señoría Ilustrísima el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la Orden de nuestro padre San Francisco, me pareció que no solo convenía reformar en él los lugares que se me entregaron con diferentes censuras, notados de los teólogos de la junta del Catálogo, pero que sería bien hacer lo mismo en otros muchos, pues concurría la misma razón, que es publicar en lengua vulgar cosas que no conviene anden en manos de todos, lo cual se hace sin nota ni desautori- [32r]''' '''dad de hombres tan graves como censuraron primero este libro, por mandado del Consejo Real de Justicia, y después de Vuestra Señoría Ilustrísima, pues ellos dijeron lo que sentían de la dotrina del dicho libro, y la experiencia mostró después el dicho inconveniente, digno del remedio que Vuestra Señoría Ilustrísima y el Santo Oficio ha puesto, mandándole rever ''[187]'', para que se torne a estampar corregido, y el pueblo cristiano goce de tan santa historia, para edificación en las costumbres y mayor gloria de Nuestro Señor. Y porque se ha hablado en este libro de diferentes maneras, unos en pro y otros en contra, y es tan notorio que se me cometió a mí la revista de él, ha parecido me corre obligación de dar a todos satisfación, como lo hago en una prefación que se pondrá en el principio, a que me remito. Dada en Madrid, a 24 de diciembre de mil y seicientos y doce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco, obispo de Canaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[32v]''' Licencia del ilustrísimo señor cardenal de Toledo, inquisidor general'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Bernardo de Sandoval y Rojas, por la divina miseración'' [188]'', presbítero cardenal de la santa Iglesia de Roma, del título de Santa Anastasia, arzobispo de Toledo, primado de las Españas, canciller mayor de Castilla, inquisidor general en los reinos y señoríos de Su Majestad y de su Consejo de Estado, etc. Por la presente concedemos facultad y licencia al padre fray Antonio Daza, coronista de la Orden del glorioso padre San Francisco, para que pueda usar del privilegio que tiene de Su Majestad para hacer imprimir el libro de la vida y milagros de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, religiosa de la dicha Orden, atento a que por nuestra comisión se ha corregido y emendado en las cosas que había parecido inconveniente anduviesen en lengua vulgar. Dada en Madrid, a once días del mes de enero de 1613 años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cardenal de Toledo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mandado de Su Señoría Ilustrísima,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Salgado, secretario&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 1]''' Prólogo y advertencias al letor, donde se declara qué cosa sea visión, éxtasis, raptos y otras cosas importantísimas para el entendimiento desta historia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lenguas de serafines y espíritu del Cielo, quisiera manifestar al mundo las cosas tan soberanas que para honra y gloria suya depositó Dios en su fiel y devota esposa sor Juana de la Cruz, con quien alargó tanto la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, piden singular atención para leerlas y particular devoción para escribirlas ''[189]''. Y para tenerla yo, y el acierto que deseo, después de haber visitado su santo cuerpo y los lugares donde nació, vivió y murió, y buscado con particular cuidado los más verdaderos papeles que se han podido haber para escribir su vida, sigo catorce informaciones auténticas y un libro de mano muy antiguo que —dictándole ella misma por mandado del ángel de su guarda— escribió una dicípula suya llamada sor María Evangelista, a quien milagrosamente para este efeto y para escribir el libro de los sermones que [h. 2] la sierva de Dios predicaba, dio Nuestro Señor esta gracia de leer y escribir, porque antes no lo sabía, según que con muchos testigos está probado; y que, después de muerta, esta bendita religiosa apareció a otra en el coro vestida de resplandor, con un libro de oro abierto en sus manos, representando el que había escrito de las cosas de la gloriosa Juana. (''Estas informaciones y libro están en el archivo del convento de la Cruz'' ''[190]'') ''[191]''. Y a toda esta autoridad, con ser tan grande, se añade otra no menor que es el milagro de la incorruptibilidad de su cuerpo, visto por mis ojos y tratado por mis manos cuando esto escribo, que está incorrupto, entero y de lindo olor, según que a honra y gloria de Dios más largamente lo diremos adelante ''[192]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' Son tan admirables las cosas desta sierva de Dios que me obligan, para que mejor se entiendan, a hacer no solo el oficio de historiador, sino también el de parafraste, y particulares anotaciones y escolios en las márgenes, con que se allanarán muchas dificultades, de manera que cualquiera las podrá leer y sacar frutos sabrosísimos dellas. Y, porque algunas no pareció conveniente que anduviesen en lengua vulgar, se han reformado en esta última impresión. Y esta sea la primera advertencia deste prólogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' La segunda, que, escribiendo la vida de una sierva de Dios, tan llena de visiones, revelaciones, éxtasis y aparecimientos de ángeles y demonios, estoy obligado a dar alguna noticia destas cosas, por lo menos la que un breve prólogo permite. Para lo cual, será de mucha importancia entender muy de raíz la propiedad y fuerza de la palabra ''visión'' ''[195],'' con que generalmente se comprehenden y declaran todas estas cosas, como con particular energía la declara la lengua san'''- '''[h. 3] ta, derivándola del verbo ''ra´ah'', que sinifica ‘ver con los ojos del cuerpo las cosas que Dios revela y entenderlas con los espirituales del alma’. Y de aquí es que a los profetas a quien Dios mostró tantas visiones y maravillas los llama “videntes” la Sagrada Escritura, con un participio del mismo verbo ''haroe'', y “visión” a la revelación que se les comunica, que es un género de conocimiento sobrenatural. Y porque hay tres principios de conocer en el hombre: el sentido exterior, la imaginación y el entendimiento, así también los doctores y santos ''[196]'' reducen a tres géneros de visiones todas las maneras de revelaciones que Dios hace a sus siervos, conforme a uno de los tres principios con que el hombre las conoce:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' La primera de estas visiones, que se llama “sensitiva”, es cuando con los ojos del cuerpo se ven algunas cosas mediante figuras sensitivas o corporales, representadas a los sentidos exteriores, que son como símbolos o semejanzas de lo que Dios sinifica por ellas, las cuales no se pueden ver sin luz sobrenatural, como cuando mostró Dios a Abrahám el misterio de la Pasión de su unigénito hijo en el cordero enzarzado entre las espinas. ''[198]'' La segunda, se llama “imaginaria”, cuando el alma, sin ayudarse de los ojos corporales, ve las cosas que Dios le revela mediante alguna figura imaginaria. Deste género de visiones fueron las que vio san Juan en su ''Apocalipsi'', estando en aquel destierro injusto de la isla de Patmos. ''[199]'' La tercera y última destas visiones es cuando el ánima ve y conoce claramente lo que Dios la revela. Y llámase “intelectual”, porque el entendimiento, sin que haya de por medio figura de cosas sensibles o imaginarias, [h. 4] conoce todo lo que Dios le revela. Y esta última se tiene por la más alta y más principal de todas, por ser la más semejante a la visión que gozan los bienaventurados en la gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' Los raptos que los hebreos llaman “''tardemah”'', que quiere decir ‘sueño profundo’, y los griegos “''extasis''”, que sinifica ‘salida o vuelo del alma’, no porque el alma salga del cuerpo y vuelva a él —que sería conceder un grande error, y a cada paso la muerte y resurreción de los cuerpos—, sino porque en los raptos está el que los padece como si estuviese muerto o dormido, efeto propio de amor que, según san Dionisio ''[201]'', es el que causa éxtasis en el alma y saca al hombre de sí, trasformándole en lo que ama, y a esta elevación llaman los teólogos “éxtasis”, sobre la cual añade el rapto ''[202]'' cierto género de violencia de parte del objeto que mueve la potencia del alma, que la arrebata y atrae fuertemente a sí, aunque con grandísima suavidad, abstrayéndola de sus sentidos; la cual, cuando se arroba en Dios con la fuerza del amor, de tal suerte se transforma en él que, suspendiendo sus potencias, acude a favorecer la porción superior del alma; y, como no tiene fuerzas para resistir al ímpetu sobrenatural, ni puede acudir juntamente a sus sentidos corporales, falta a estos y no les da virtud ni envía la facultad animal a las partes del cuerpo, sin la cual ni los oídos pueden oír ni los ojos ver, ni las narices oler, ni el gusto gustar, ni el tacto tocar. Por lo cual los que están arrobados ni sienten frío, ni calor, ni hambre, sed, ni cansancio ''[203]'' ''[204]''. Y por esto piensan algunos que cuando el alma goza destos éxtasis, arrobamientos y raptos, no merece en ellos ni desmerece, pen- [h. 5] sando que no le queda entera libertad para usar libremente de razón, como al que duerme. Mas no se debe hacer dellos el mismo juicio que se hace de los sueños ordinarios y comunes, que si en estos está impedido el uso de la razón y el entendimiento, en los raptos no lo está, sino más libre y desembarazado para entender y contemplar las cosas que Dios comunica en ellos al alma, como se deja entender fácilmente mirando al fin que Dios tiene en estos éxtasis y raptos, que no los da para que sus amigos pierdan tiempo en ellos y estén aquel rato faltos de juicio, sino para que, recogida el alma, desatada y libre de la inquietud de los sentidos, obre más fervorosa y libremente. Y así las obras que hacen en los éxtasis y raptos son de virtud y hechas con mayor luz y claridad que las que se hacen fuera dellos, según se colige de la dotrina de los santos ''[205]'' y nos lo enseñan personas a quien Dios hace esta tan señalada merced. Y así podríamos decir que ''éxtasis'' es un profundo sueño del alma, en el cual el entendimiento y voluntad están velando, y, ocupándose en tan alta obra, desfallecen los sentidos corporales y quedan como dormidos a las cosas exteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' Para concluir con esta materia —que ni querría alargarme en ella, ni dejarla ayuna de tan sabrosos bocados—, se advierta que cuando Dios habla a los hombres, lo más ordinario suele ser por ministerio de ángeles, que representan la persona divina, y en su nombre reciben recaudos y los despachan hablando, no en tercera persona, como los mensajeros que en nombre ajeno dan el recaudo y llevan también la respuesta, sino como los legados y virreyes, que tienen vez y lugar del mismo que los envía. Esto se usó más en la [h. 6] Ley Vieja que en la de Gracia, en la cual, por su dignidad y por el amor que Cristo tiene a las almas, algunas veces Él mismo se las aparece ''[207]'', las visita y consuela, como consta por lugares expresos del Testamento Nuevo ''[208]'', y los santos ''[209]'' refieren muchas historias. Y es muy famosa y sabida la de las llagas de nuestro seráfico padre san Francisco, a quien Nuestro Señor Jesucristo visitó, no por ministerio de ángeles, sino por su propia persona, cuando le imprimió sus sacratísimas llagas en pies, manos y costado, como lo dicen los papas de gloriosa memoria, Gregorio IX, Alejandro IIII, Nicolao III y Sixto IIII en diversas bulas ''[210]'', y es dotrina de muchos santos y autores ''[211]''. Y el mismo seráfico padre, después de su muerte, apareciendo a un santo religioso se lo dijo por estas palabras: “''Ille qui mihi apparuit, non fuit angelus, sed fuit Dominus meus Iesus Christus, in specie Seraphim, qui sicut vulnera ipsa sacra in cruce suscepit, ita manibus suis benedictis in corpore meo impressit: primo manibus, deinde pe- ''[h. 7] ''dibus, postea lateri''” ''[212]'' ''[213]''. Y suele hacer Nuestro Señor estos aparecimientos bajando a la Tierra y quedándose juntamente en el Cielo, que —aunque dificultoso a nuestro parecer— no le es a Dios imposible, antes entre hombres doctos ''[214]'' es una opinión muy probable y segura, como lo es en buena Física y Teología, la que enseña Escoto'' [215]'', con otros muchos que le siguen, que un mismo cuerpo, por la virtud divina, puede estar ''quantitativo modo'' ''[216]'' juntamente en dos lugares distintos y diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles, cuando aparecen y hablan a los santos, y los demonios, que los atormentan y azotan, toman para ejercitar estas acciones cuerpos aparentes y fantásticos del aire, imperfetamente mixto, aplicando ''activa passivis'', como lo enseña la sutileza de Escoto ''[218]'' y el glorioso padre san Augustín ''[219]''. Y aunque es verdad que estos cuerpos en que se muestran y aparecen no son verdaderos cuerpos de carne y sangre como los nuestros —porque, según santo Tomás ''[220]'', para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, habían de ser alma del mismo cuerpo en que aparecen y como forma suya animarle—; pero, con todo eso, es tanta la fuerza que los espíritus tienen sobre todas las cosas corporales y visibles, que hacen dellos lo que quieren, moviendo la lengua del cuerpo fingido para hablar, los pies para andar y el ojo para ver. Y con la misma facilidad que el alma se sirve de sus miembros, se sirve el espíritu de aquellos que hace, que a tanto como esto llega el poder del ángel bueno o malo. Y esto sirva al curioso letor para entender muchas cosas que se le ofrecerán en el discurso de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[h. 8] [xilografía con la virgen Juana en una visión en pie tomando la cruz, las cuentas al cuello sobre el velo, con el cordón franciscano con cinco nudos a la cintura, y debajo: “''Beata virgo Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[221]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenPreliminaresDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, corte famosa de los Católicos Reyes de España, está la villa de Cubas; y aunque pequeña y pobre, felicísima y muy dichosa, por haber escogido junto a ella la Virgen Nuestra Señora habitación y morada tan cerca desde lugar que a quinientos pasos de él, quiso tener su casa, como señora y vecina del pueblo, en cuya juridición y términos se apa- [1v] reció la soberana Virgen nueve veces, en los primeros nueve días de marzo del año de mil y cuatrocientos y cuarenta y nueve, a una pastorcica de trece años llamada Inés, guardando un ganadillo de cerda, tan devota de Nuestra Señora que rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la mitad de la Cuaresma desde que tuvo siete años, y cuando llegó a más edad, comulgaba a menudo y frecuentaba mucho la iglesia. Y aunque de las informaciones que se hicieron sobre este caso no conste sino de los cinco o seis aparecimientos de la Virgen, es cierto que fueron nueve, según se lo reveló Dios a la bienaventurada santa Juana por el ángel de su guarda, y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año desde entonces la fiesta destos nueve aparecimientos de Nuestra Señora, con grande solenidad y concurso de muchos pueblos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad desta historia de los aparecimientos de la Virgen se ha colegido de una información hecha por mandado del ilustrísimo señor don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, cometida a Juan Núñez, arcipreste de la villa de Madrid, y a Juan González Morejón, arcipreste de la villa de Illescas, por particu- [2r] lar provisión del dicho arzobispo, dada en la villa de Benavente, a siete de abril, del año de 1449, refrendada por Gómez de Córdoba, su secretario, y autorizada por Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, y notario público en su corte y en todos sus reinos. (''Esta información está en los archivos del convento de la Cruz, junto a Cubas'') ''[222]''. Y para escribir historia tan grave como esta de los aparecimientos de Nuestra Señora, no hallo palabras más a propósito, ni más graves, ni verdaderas, que las propias con que la misma Inés la contó, siendo examinada sobre este artículo, que por ser suyas, y por la llaneza y antigüedad del lenguaje, darán gusto a quien las leyere, que son las siguientes ''[223]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E luego la dicha Inés dijo que este lunes que ahora pasó, que se contaron tres días del mes de marzo, estando ella en el campo guardando los puercos, al campo que se llama “la Fuente Cecilia”, a hora del mediodía, poco más o menos, vino a ella una mujer muy fermosa, vestida de paños de oro, e le dijo: “¿Qué faces aquí, charita?” (''Decía Inés que Nuestra Señora tenía suavísima voz y muy delgada'') ''[224]''. E que le respondió: “Guardo estos puercos”. Y que la dicha señora la dijo que por qué ayunaba los días de Santa María en viernes. E que respondió que ge lo mandaban sus padres. Y luego dijo la dicha señora que bien facía e que pocos viernes la quedaban ya que ayu- [2v] nar en este año, pero que de allí adelante ayunase las fiestas de señora Santa María en los mismos días que cayesen, porque los que así ayunaban ganaban ochenta mil años de perdón. (''Esto se debe entender de la fiesta de la Anunciación de Nuestra Señora'') ''[225]''. E que también le mandó dijese a todas las gentes se confesasen y enderezasen sus ánimas, porque vendría sobre ellos grande pestilencia, e dolor de costado ''[226]'', e muchas piedras rojas envueltas en sangre, de lo cual moriría mucha gente. E luego desapareció. E dijo la dicha Inés que estas cosas no las había osado decir a su padre, ni a su madre, ni a ninguna persona. E que luego, el martes siguiente, andando con los dichos puercos en el pavo del arroyo de Torrejón a la hora de mediodía, volvió a ella la dicha señora en la manera que de antes la había aparecido, e le dijo: “Fija, ¿por qué no dijiste lo que te mandé ayer?”. E que respondió que no lo osó decir, pareciéndola que no sería creída. E que entonces le dijo la dicha señora: “Cata que te mando que lo digas, e si no te creyeren, yo te daré señal con que te crean”. Y entonces la dicha Inés le preguntó quién era. Y le respondió que no se lo quería decir ahora. Y con esto desapareció.''' '''(''Decía Inés que todas las veces que vio a Nuestra Señora venía con tan gran resplandor que la deslumbraba, de suerte que por aquel día casi quedaba sin vista'') ''[227]''. Y el viernes, siete días del dicho mes, dijo la dicha Inés que, andando guardando los puercos al prado nuevo cerca del dicho lugar de Cubas, vino a ella la dicha señora la tercera vez a la dicha hora, vestida como dicho tiene, e le dijo que si había dicho lo que le había man-[3r] dado. Y respondió que lo había dicho a su padre, y a su madre, y a otras personas del lugar. (''Su padre le dijo que mentía y que callase y no lo dijese a ninguna persona'') ''[228]''. Y entonces dijo la dicha señora que lo publicase, e lo dijese al clérigo e a las gentes sin ningún miedo ni temor. E después desto dijo la dicha Inés que el domingo que ahora pasó, que se contaron nueve días del dicho mes, estando guardando los dichos puercos al pavo que dicen “de la Cirolera”, y fincadas las rodillas y puesta la boca con el suelo, ofreciendo sus oraciones e rogando que apareciese la dicha señora que vino a ella en la forma que otras veces la había aparecido, e le dijo: “Levántate, fija”. E que estonces hubo miedo, y se levantó. Y que la dicha señora la dijo: “No hayas temor”. E preguntándola quién era, respondió: “Yo so la Virgen Santa María” ''[229]''. Y se llegó a la dicha Inés, e la tomó su mano derecha, e ge la apretó con el pulgar, e la dejó los dedos della juntos y pegados, fechos a manera de cruz, según que lo mostró, y vimos todos los que ahí estábamos. Y que cuando le juntó los dichos dedos, se quejó la dicha Inés, e la dijo la dicha señora: “Con esta señal te creerán, y esto pasarás tú por ellos. Vete a la iglesia, y llegarás cuando salgan de misa, e enséñalo a todas las gentes, porque crean lo que dijeres”. Y así se fue luego a la iglesia, e llegó al tiempo que la dicha señora había dicho. Y en entrando en la iglesia, fincó los finojos ante el altar de la Virgen María, e dijo pú- [3v] blicamente al clérigo e a todo el pueblo todo lo susodicho. E luego el clérigo, alcaldes, regidores, e omes buenos del dicho lugar, habiendo mucha devoción en la dicha señora Virgen Santa María, que tal milagro mostraba en la dicha Inés, se movieron con gran devoción con las cruces, e con candelas e hachas encendidas en las manos, y descalzos todos, en procesión, con los más niños que se pudieron haber en el dicho lugar, e con la dicha Inés, llevaron una cruz de palo, para ponerla donde Nuestra Señora le había tomado la mano, y fecho en ella la dicha señal. E saliendo de las eras, e queriendo entrar en las viñas, la dicha Inés, que iba adelante de los niños, volvió la cabeza e dijo a Lope de Lorbes y a Andrés Ferrandes Regidor, que iban ordenando la procesión de los dichos niños, que estuviesen quedos, que había oído una voz, que la llamaba la dicha señora Virgen Santa María, y que la dijera dos veces: “Anda acá”. E quería ir a ver lo que le mandaba la dicha señora. E que luego el dicho Andrés Ferrandes, que llevaba la cruz de palo, se la dio a la dicha Inés, la cual se fue con la cruz e dijo que, así como se apartó de la procesión, vino la Virgen Nuestra Señora y se fueron juntas al lado derecho de la dicha Inés, e que nunca la fabló ninguna palabra, fasta que llegaron al lugar donde le había dado la dicha señal, e que entonces la dicha señora Virgen Santa María tomó la cruz en sus manos [4r], e fincando los hinojos, la fincó en el suelo enhiesta, e la mandó a ella fincar las rodillas de cara la procesión, y que dijese a los del pueblo que la ficiesen allí una iglesia que llamasen Santa María. (''Decía Inés que tomó Nuestra Señora con la mano derecha la cruz por el medio y la hincó palmo y medio en la tierra. Estando Inés de rodillas al pie de la cruz, dijo: “Este es el lugar donde la Virgen María manda que la hagan la iglesia”. Y aquí hincó su rodilla y, señalando con el dedo, dijo: “Veis aquí dónde puso sus pies”. Y vieron señaladas dos pisadas muy pequeñas en la arena'')'' [230]''. E le mandó que se tornase con la procesión a la iglesia del lugar, y estuviese en ella ante el altar de Santa María con algunas criaturas inocentes, y que estuviese allí aquel día y aquella noche hasta hoy dicho día, en que la dijesen dos misas de Santa María en su altar, e que pusiesen a la dicha Inés debajo de los Evangelios cuando se dijesen las dichas misas, y la llevasen a Santa María de Guadalupe, donde estaría dos días, e que llevasen con ella 4 libras de cera, e luego sería sana, e se desataría la mano, e se quitaría la señal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dijo Inés debajo de juramento. Y el pueblo viendo estas maravillas, adoró el lugar donde la Virgen puso sus benditísimos pies; y, con los granos de arena en que quedaron las señales de sus plantas, sanaron muchos enfermos. Adoraron también la santa cruz; y, poniendo hombres que la guardasen, se volvió la procesión a Cubas con la niña. Y, hecho con ella todo lo que la Virgen mandó, la llevaron sus padres a Guadalupe. En este camino hizo algunos milagros en la cura de los enfermos, y a la vuelta sanó de dolor de costado a un hombre de los que venían con ella. Estuvo en Guadalu- [4v] pe tres días, y al segundo se le desató la mano, y quedó perfetísimamente sana, siendo el milagro público y patente, porque le vieron el prior y religiosos de aquella casa, con otras muchas gentes, y lo tomaron por testimonio. Cuando Inés volvió de Guadalupe, fue, primero que a su pueblo, al lugar donde Nuestra Señora puso la cruz, y estándola adorando se le apareció otra vez la Santísima Virgen, y la habló. Y de aquí se volvió con sus padres a su casa. Los de Cubas se hallaban tan favorecidos con haberles la Madre de Dios visitado nueve veces, que dentro de un año la hicieron una iglesia con título de ''Santa María de la Cruz'', y en ella la Santísima Virgen hizo tantos milagros que pasan de setenta y seis los que por ante escribano y notario público se hallan comprobados: doce tullidos sanos, ocho libres de manifiesto peligro de muerte y once muertos resucitados. (''Las informaciones destos milagros están en el archivo del convento de la Cruz'') ''[231]''. A la fama destas maravillas y aparecimientos de Nuestra Señora, algunas mujeres devotas —que había en aquellos lugares en el contorno de Cubas— se vinieron a este pueblo, y de su pobreza edificaron una casa junto a esta iglesia, la cual después les fue dada con la cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos. (''Esta cruz engastada en plata se muestra hoy en el convento'') ''[232]''. Y ellas dieron la obedien- [5r] cia a la Orden de nuestro padre San Francisco, y tomando su hábito, profesaron la Tercera Regla. Tomole también la pastorcica Inés, y, andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su cabeza y prelada, por la santidad y virtudes que en ella resplandecían. Mas, como el demonio donde halla mayor perfeción procura más la caída, solicitó la destas pobres mujeres, ocasionándolas con algunos tratos y amistades de seglares, de suerte que en breve tiempo desdijeron de aquel buen olor de santidad y virtud en que se habían criado, hasta salirse algunas del monasterio. Y la triste Inés, que otro tiempo era la primera en la virtud, vencida del enemigo, apostató del convento. Pero, favorecida de la Reina de los Ángeles, hizo penitencia de su pecado, y tan buena vida, según se tiene por tradición, que a la hora de su muerte milagrosamente se tañeron las campanas ''[233]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su Santísima Madre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo la soberana Reina del Cielo la caída de su casa, donde con tantos [5v] milagros se había aparecido, suplicó a su benditísimo Hijo enviase perona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de muy singular perfeción, en cuyo cumplimiento el año de mil y cuatrocientos y ochenta y uno, nació esta sierva del Señor, día de la Cruz de Mayo, en la Sagra de Toledo, en Hazaña, lugar del mismo arzobispado y de la santa iglesia de Toledo llamada Santa María; porque la que había de vivir y morir en la casa de la santísima Virgen naciese en lugar de su juridición y señorío, y que éste se llamase Hazaña, pues había Dios de obrar en él, por intercesión de Su Santisima Madre, una tan admirable hazaña y una obra tan hazañosa en materia de santidad y virtud. Sus padres, naturales deste pueblo, se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos, y abastecidos de bienes de fortuna. Dioles Dios esta hija, y en el baptismo la llamaron Juana. Apenas había nacido —como dicen— cuando se comenzó a manifestar en ella la grandeza de las maravillas de Dios, y en tan tierna edad comenzó a declararse por ella con notable asombro de las gentes, porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando [6r] sola una vez al día. Y aunque semejante maravilla se lee de san Nicolás y otros santos, no por eso se sigue que tenían uso de razón, sino que obraba Dios semejante milagro para manifestar la futura excelencia y santidad de aquella persona. (''San Nicolás, obispo de Mira, desde los pechos de su madre ayunaba dos días en la semana [234]; san Estéfano, obispo diense [235] desde los pechos de su madre ayunaba los viernes, no mamando más de una vez al día [236], y del glorioso san Benito cuentan las historias que, estando en el vientre de su madre, le oían cantar alabanzas a Dios [237]'') ''[238]''. Y una vez estuvo tres días sin mamar ni volver en sí; por lo cual, la afligida madre, creyendo que su hija fuese muerta, suplicó a la Virgen Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz —que estaba dos leguas de Cubas—, y velarla allí una noche. Volvió la niña en sus sentidos, con que se consoló mucho su madre, entendiendo había cobrado la salud y vida que deseaba. Estos y otros muchos indicios daba en su niñez la bendita niña, y crecía cada día en gracias espirituales y dones de Dios, aunque por entonces no eran conocidos de sus padres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6v] Siendo la niña de dos años, que aún no los tenía cumplidos, estaba muy descolorida, y tan enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni comer ninguna cosa, por lo cual su madre y abuela, que la querían mucho, la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y estando en la iglesia mirando la imagen del glorioso apóstol, que estaba en el altar, se rió la niña y pidió luego de comer, y desde este punto se halló sana. Y contaba después, cuando supo bien hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que, tocándola en el rostro, la sanó y quitó el mal color de rostro que tenía. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad, porque, aunque era niña, no lo parecía sino en los años ''[239]''. Cuando llegó a los cuatro, la sucedió que, enviándola su madre a holgar a las eras, por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que, poco antes, habían llevado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó en esta consideración, que cayó de una jumentilla en que iba. Viola el cura del lugar, y, levantándola del suelo, la halló sin género de sentido, y la llevó en los brazos a casa de su abuela, donde estuvo grande [7r] rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma cuando después volvió en sus sentidos, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla compuestas, y entre ellas una, que a su parecer era la reina de todas, según su resplandor y hermosura. También vio muchos niños de grande hermosura, que le dijeron: “¿Qué haces ahí? ¡Vente con nosotros y adora a aquella señora, que es la Madre de Dios!”. La bendita niña respondió: “Yo no sé lo que tengo de hacer, mas rezaré el Avemaría”. Y, puestas las rodillas en tierra, la rezó. Y habiendo saludado a la Reina del Cielo con aquella salutación angélica, vio a su lado al santo ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas ''[240]''. Y, al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase en casa de su abuela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto, hasta que su abuela la mandó callar, y así lo hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santisimo Sacramento, que le llevaban a un enfermo, le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño muy hermoso y resplandeciente. Otro día de la Purificación de Nuestra Señora ''[241]'' oyendo [7r] misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la Hostia, la vio muy clara y resplandeciente, y dentro della a Nuestro Señor Jesucristo, y alrededor de él muchos ángeles ''[242]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de lo cual la inocentísima criatura no hizo mucho caso por entonces, creyendo que todos veían estas soberanas maravillas y que eran comunes a los demás, porque, como era tan humilde, tan inocente y sincera, nunca llegó a su imaginación pensar que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró en la manera que adelante veremos &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[243]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, siendo la bendita niña de solos siete años, sucedió la muerte de su madre, la cual, viendo que se le llegaba el fin de sus días sin haber cumplido la promesa que había hecho de llevar a su hija con otro tanto peso de cera al convento de Santa María de la Cruz, rogó a su marido lo cum- [8r] por ella. Y, despidiéndose de su hija y dándole la bendición, dio a su Criador el alma. Mas la devota niña, considerando estas cosas, decía consigo misma: “Mejor será que me vaya yo a cumplir la promesa de mi madre a la casa de Nuestra Señora, y me quede religiosa en ella”. Comunicábalo con una su tía, que en este mismo tiempo tomó el hábito en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, y quisiera ser monja con ella. Y lo pidió a su padre y abuela, los cuales se lo negaron, poniéndola por delante su poca edad y las asperezas de la religión ''[244]''. Hizo profesión su tía, y creció tanto en santidad y virtud que tuvo muchas revelaciones de Dios. Y una vez, estando en oración, la reveló que su sobrina había de ser una gran santa en su Iglesia ''[245]''. Y otra vez se le apareció el glorioso santo Domingo, y la dijo que su sobrina era dotada de grandes gracias de Dios, de lo cual dio parte; por lo cual, deseando que la sobrina fuese monja en su casa, lo trató con la priora del convento. Y tan de veras lo procuraron las monjas que ofrecieron recebirla sin dote, pero el padre y parientes de la niña no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. Y como esto no tuvo efeto, ni otras diligencias que por parte del conven- [8v] to se hicieron, la misma tía dio orden —con su propia madre, que era la abuela de la niña, en cuya casa se criaba— de hurtarla y llevarla a su monasterio ''[246]''. Mas, como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todos estos propósitos y mudó a su sierva los que tenía de ser religiosa en el convento donde estaba su tía. Y pareciéndola que serlo con ella era poca perfeción, y llevaba algo de carne y sangre, propuso firmemente de no tomar el hábito en aquel monasterio, sino en otro, sin respeto de parientes, ni de otra ninguna cosa del mundo, que tan enamorada como esto estaba su alma de Dios, y tan deseosa de servirle y agradarle ''[247]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita niña unos tíos principales y muy ricos que deseaban tenerla en su casa, pareciéndoles estaría más guardada que en la de su abuela. Alcanzáronlo de su padre, y, muy contentos con la joya, la llevaron a su casa y la dieron el gobierno de toda ella, porque, aunque de poca edad, era prudentísima y muy obediente a sus tíos. Aquí comenzó el Señor a sacar en público sus virtudes y penitencias espantosas en varones de grandes fuerzas, cuanto más en una niña tan delicada como ella. Todos los días de precepto ayunaba [9r] a pan y agua, y algunas veces se estaba dos y tres días sin comer, y —cual otra santa Cecilia— traía cilicio a raíz de las carnes; azotábase con cadenas de hierro, hasta derramar sangre, y nunca la oyeron palabra vana ni ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor, se pellizcaba los brazos, y, si estaba en el horno, en parte que no la veían, se los descubría y destocaba la cabeza, para padecer dolores por Dios. Y, con esto, era tan humilde que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba ''[248]''. Fuera de aquel cilicio de cardas, que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes, y aunque fuese en tiempo de invierno, cuando las noches son frías y largas, después de acostadas las criadas, se levantaba ella y, desnuda, se quedaba con solo el cilicio, y desta manera pasaba toda la noche en oración, hasta que al amanecer, con mucho silencio y quietud, se volvía a la cama sin que nadie la sintiese ''[249]''. Pero una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama y que volvía tarde a ella, se lo dijeron a su tía; la cual, angustiada desto, mandó a una criada que con secreto la siguiese y espiase dónde iba a tales horas. Y así, la noche siguiente, viendo la moza que no estaba en la cama, la es- [9v] peró a la puerta del aposento, pensando que había salido fuera, mas dentro de breve rato la oyó llorar delante de unas imágenes; y, llegándose a ella, la pareció que estaba de rodillas, cubierta con una estera o cilicio, porque como era de noche y a escuras, no la vio determinadamente ''[250]''. La moza disimuló por entonces, y a la mañana dijo a su señora la santidad de su sobrina y los pasos en que andaba, de lo cual la sierva de Dios quedó con muy gran pesar, y con nuevo cuidado de buscar otro lugar, donde con más quietud y sosiego, sin ser vista ni entendida de las gentes, gozase a solas de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién venida la virgen a esta casa de sus tíos, entrando en un aposento, vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines, con sendas jarras en las manos, que no hacían otro oficio sino sacar agua de la fuente, y muy a menudo henchir y verter las jarras: los cuales, siempre que entraba en aquel aposento —y entraba muchas veces—, la miraban, se reían y alegraban mucho con ella ''[251]''. Y decía que recebía tanto consuelo siempre que los veía que no quisiera salir de aquel aposento. Y aunque el consuelo que le causaba la apacible [10r] vista de los serafines era grande, no era menor la admiración que tenía de no saber qué se hacía [de] tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio dónde la echaban, ni lo supo hasta que algunos años después la dijo el ángel de su guarda que aquella fuente era milagrosa, y el agua que los serafines derramaban representaba la gracia del Espíritu Santo, que copiosa y abundantemente infundían en su alma ''[252]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Viernes Santo por la mañana, habiendo gastado buena parte della y de la noche como otra nueva Madalena, en sus lágrimas y sentimiento, arrojada a los pies de Cristo, contemplando lo que Su Majestad había padecido aquel día, se le apareció crucificado, con todas las insignias de su sagrada Pasión, y las tres Marías muy angustiadas y tristes; y la santa doncella lo estuvo tanto, con el sentimiento y dolor que la causó esta soberana visión —de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos ''[253]''—, que del gran sentimiento que tuvo y de lo mucho que lloró dejó hecho agua el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan descolorido y desfigurado que, cuando sus tíos vinieron de la iglesia, espantados de la súbita mudanza que vieron [10v] en su sobrina, procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como el mal de la bendita doncella no era lo que pensaban sus tíos, ella misma los consoló, rogándoles no tuviesen pena ni la obligasen a quebrar el ayuno en día de Viernes Santo, porque muy presto estaría buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y cumplido con ellos y con todos los de casa, se salió sola al corral, buscando soledad para sus ejercicios, y, puesta de rodillas y en muy profunda oración, vio que se abría el cielo, y bajaba de él la Reina de los Ángeles con su sacratísimo Hijo en los brazos, la cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos ''[254]''. Y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su Santísima Madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese y ayudase con su preciosísimo Hijo en lo que tanto deseaba como ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que a las voces que daba salieron al corral por ver lo que era, y la hallaron puestas las manos y las rodillas en tierra, hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados dello, y acabada la visión [11r], se llegaron todos a ella y la hablaron disimuladamente, de lo cual la santa virgen recibió gran turbación, temiendo se descubriese por aquí lo que ella tanto encubría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando ocupada en los ejercicios que hemos dicho, y creciendo en virtud como en los años, llegó a los catorce de su edad, y sus parientes y padre comenzaron a tratar de su remedio —que este nombre pone el mundo a los casamientos de las mujeres, como si no hubiera dejado Dios otro para ellas—. Y a la fama de su gran recogimiento, honestidad y hermosura —que tanto agrada en aquella edad— fue pretendida de muchos para casarse con ella, entre los cuales el que más se señaló fue un noble mancebo, natural de la villa de Illescas; pero, como los intentos de la bendita doncella eran tener por esposo a Jesucristo Nuestro Señor, y consagrarle su virginidad perpetuamente, de solo esto trataba, y, con tales lágrimas lo pedía, que mereció ser oída de Dios, y su petición también despachada, como veremos en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IV. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que Nuestra Señora la hizo en este camino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la solícita virgen tratase siempre de agradar y servir muy de veras a aquel Señor que desde el vientre de su madre la escogió para sí y apartó de la masa de los hijos de perdición, no cesaba de pedirle desde su muy tierna edad la concediese ser religiosa, para poderle servir más de veras. Y, como en su casa la espiaban y andaban a los alcances'' [255]'', porque no se descubriese lo que ella tanto encubría, dio en irse a un palomar despoblado, que estaba muy apartado de la gente, aunque dentro de la misma casa, y haciendo oratorio de él, gastaba allí muy grandes ratos con Dios. Y un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro, como lo tenía de costumbre, estando postrada en tierra delante de una Verónica, dijo: “¡Oh, mi dulce Jesucristo, suplicoos Señor, por los misterios de vuestra sagrada Pasión, que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en religión, para que, libre de [12r] las cosas del mundo, mejor pueda entregarme toda a vos, bien y redentor de mi alma!”. Y diciendo esto, se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, tan vivo —a su parecer— como si estuviera en carne pasible y mortal ''[256]''. Y tales cosas le dijo viendo a su redentor desta suerte, tales fueron sus lágrimas, tales sus congojas y ansias, nacidas de tanto amor, que el mesmo Señor la consoló, prometiendo recebirla por su esposa, y traerla a la religión, con que de su parte se ayudase ella y hiciese lo que pudiese ''[257]''. Dichas estas palabras, la santa Verónica se tornó a su ser, y la bendita doncella quedó con este favor tan favorecida y alentada que, desde ese punto, comenzó a dar trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, donde tenía grandísima devoción y muchas inspiraciones del Cielo para tomar en él el hábito de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco. Consideraba que, si en estas cosas una buena determinación no rompe de una vez con ánimo y valentía, poco aprovechan propósitos tibios y flacos. Mas como los desta solícita virgen no lo eran, sino fuertes y fervorosos, acordó luego que pasó la Pascua de la Santa Resurreción irse al dichoso monas- [12v] terio, que está dos leguas de su lugar —y como lo imaginó lo hizo, no como mujer flaca, sino como varón fuerte y esforzado, vistiéndose los vestidos de un su primo y hecho un lío de los suyos—, en hábito de hombre, con una espada debajo del brazo, sola y a pie tomó su camino una mañana, antes que el sol saliese, con harta contradición del demonio que, deseándosele estorbar, la representó muchos temores y espantos, y el enojo de su padre y parientes, que sentirían mal de aquella ida en hábito indecente a su persona y edad ''[258]''. Esto hizo tal impresión en la santa doncella que, comenzando el camino, comenzó a temblar, hasta que, combatida de la flaqueza y temor, temblándole todo el cuerpo, se cayó en el suelo desmayada, donde oyó por tres veces una voz que la dijo: “Esfuérzate, no desmayes; acaba la buena obra comenzada, que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la habló, hasta que, andando el tiempo, supo que había sido el ángel de su guarda ''[259]''.&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada la santa virgen, y prosiguió su camino, y habiendo andado buena parte de él, sintió venía tras sí —aunque algo lejos— una persona a caballo; y, llegando más cerca, conoció que era el hidal- [13r] go que la pretendía por mujer. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero Nuestro Señor, que la quiso guardar, permitió que no la conociese, y ella, viéndose libre de aquel peligro, arrodillándose en tierra, dio muchas gracias a Dios y a su Santísima Madre, la cual se le apareció y la dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti, y te pedí a mi precioso Hijo, para que restaures mi casa de la Cruz” ''[260]''. Con estas y otras palabras de mucho amor que Nuestra Señora le dijo, quedó su sierva muy confortada, y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio, donde habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba, y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y, desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción, que estaba sobre la puerta reglar del convento ''[261]'' —que, según se dice, es la misma que está ahora—, y arrodillándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y la dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa; entra alegre, que bien puedes, pues para ella te crio [13v] Dios, y yo te torno a dar la superioridad y mayoría della, y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes, y arranques y destruyas los vicios y los pecados”. A esto replicó la inocente doncella, diciendo: “Ay, Señora, que, como vengo sola y desta suerte, temo que no me quieran recebir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas —dijo la santa imagen—, que mi precioso Hijo, que te trujo, hará que te reciban”. Y con esto, la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y, dándole cuenta de quién era y qué quería, rogó la recibiesen en su compañía, pues por gozar della dejaba la de su padre y parientes, y por tomar aquel santo hábito había venido en el de varón, por no ser conocida. Reprehendiola la abadesa, por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente daba muchas gracias a Dios, que tal espíritu y fortaleza había puesto en una tan tierna doncella; y aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, de tan linda gracia, tan bien hablada y compuesta, que hizo llamar a otras religiosas, y, dándoles parte del suceso, decía que la muchacha era un ángel: en su cara, en su discreción y en su espíritu, y que sin duda se la traía Dios [14r] a su casa para algún grande bien y reparo del convento. Las monjas le preguntaron mil cosas, y, con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y, estándolas contando, llegó su padre con los parientes que la venían a buscar: “¿Qué has hecho, hija? —decía—. ¿Qué desatino es este? ¿Qué disparates los tuyos?”'' [262]''. Y tales palabras la dijo, tan pesadas y tan feas, que no lo pudieran ser más cuando la hubiera hallado en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre una oveja; mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, arrodillada a sus pies, le dijo a él y a sus tíos que no la molestasen más, ni se cansasen en persuadirla otra cosa, que más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito, porque ella estaba ya debajo del amparo de Nuestra Señora, y con mucha confianza de no salir de su casa en su vida. Y así les suplicaba no intentasen sacarla della, porque el mismo Señor, por quien había venido, la defendería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también a este tiempo aquel mancebo que la había encontrado en el camino y [14v] pretendía casarse con ella; hizo grandes estremos cuando supo de su ausencia, buscándola por muchas partes, y, con licencia de su padre y parientes, ofreció llevarla a Illescas y tenerla con su madre muy regalada y servida, mientras se componían sus cosas. La sierva del Señor, con mucha humildad y entereza, satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde interiormente la llamaba el Espíritu Santo. Viendo estas cosas las religiosas, y la gran devoción y perseverancia de la humilde y devotisima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por estremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella prenda del Cielo en su casa, y que la recibirían con poco o con mucho dote, de la manera que más a cuento estuviese a su padre; el cual, aplacado algún tanto, y, tocado de la poderosa mano del Señor, dijo: “Líbrenos Dios, hija mía, de ir contra la voluntad de quien yo sé muy bien que proceden estas tus determinaciones, como lo muestra la mucha perseverancia y paciencia que has tenido, y lo confirma este nuevo hecho de ahora. Yo te doy mi bendición. Da muchas gracias a Dios, y él te guíe, que yo de buena voluntad me conformo con la suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo V. Cómo la sierva de Dios recibió el hábito, y de algunas cosas que le sucedieron siendo novicia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el estado que digo estaban las cosas de la bendita doncella, y ella con las monjas y con su padre tratando de su recibimiento, cuando llegó al monasterio el provincial. Y fue providencia del Cielo, por haber solos ocho días que había salido de él con ánimo de no volver en muchos meses, y sin su licencia no la podían recebir. Pidiósela el abadesa y diole cuenta del caso, y muchas gracias a Dios por haber traído a su convento persona de tal espíritu. Viola el provincial y, satisfecho de su devoción y de las lágrimas con que le pedía el hábito, mandó que se le diesen y prosiguió su camino. Y así fue admitida en el convento y recibió el hábito a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, en el mesmo que cumplió quince años, en el de mil y cuatrocientos y noventa y seis, hallándose presentes sus parientes y su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como la santa docella se vio religiosa, considerando la obligación del nuevo estado que tenía, comenzó desde luego a señalar- [15v] se entre todas las otras religiosas como el sol entre las estrellas. Mandole luego la maestra de novicias que en todo el año del noviciado no hablase sino con ella, con la abadesa o vicaria, o con su confesor, de lo cual la novicia se holgó en estremo, porque naturalmente era inclinadísima a hablar poco. Y así lo guardó tan puntualmente todo el año del noviciado, y con tanto rigor las cosas que la enseñaban, que antes se dejara matar que quebrantar sola una, por mínima que fuese. Y deseaba tanto agradar a Dios, que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquiera virtud que oyese de otra persona la procuraba imitar, sobre lo cual le sucedieron algunos casos de gran edificación, supuesta su sinceridad, que no se refieren por no ser tan imitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la bendita novicia comulgó con las otras monjas, le sucedió una cosa de grandísimo desconsuelo y novedad para ella, porque permitiéndolo el Señor, no vio entonces en la Hostia consagrada lo que siempre solía ver, que era a Cristo Nuestro Señor, como se ha dicho ''[263]''. De lo cual quedó tan afligida y desconsolada que, hechos sus ojos fuentes de lágrimas, fue a dar cuenta al confesor [16r] de su nuevo desconsuelo, tan estremado que le puso en aprieto, y no en pequeño cuidado de buscar razones para poderla consolar: “Esto, padre, ¿no merece infierno? —decía la inocente criatura—. ¿No basta para condenarme? Esta ofensa de Dios grande debe de haber sido, pues a mí por mis pecados se me niega lo que a todos los cristianos se concede”. Consolola el prudente confesor, diciendo que por no haber visto a Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada no entendiese había comulgado en pecado mortal, ni que las mercedes que la había Dios hecho otras veces eran comunes a todos, porque, aunque la mutación del pan en la carne de Cristo es real y verdadera, no se ve con ojos corporales, sino con los del alma, por lo cual es muy meritoria la fe de los que llegan a este santísimo sacramento creyendo verdaderamente que está Cristo nuestro redentor debajo de aquellos accidentes. Con estas y otras razones que la dijo, quedó la sincera novicia consoladísima, y dio muchas gracias a Dios por tan singulares mercedes como le había hecho hasta allí con la presencia de su dulcísimo redentor, a quien tantas veces había visto en el sacramento del altar, y por la que entonces le hacía ejercitando su fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[16v] ''[264]'' Cumplió la bendita novicia el año de su aprobación, y, con la de todo el convento, fue admitida a la profesión, y la hizo con mucho fervor y lágrimas, día de la Cruz, a tres de mayo; por lo cual, y por haber tomado el hábito en el mismo día, tomó el sobrenombre ''de la Cruz'', y tan de veras el seguir a Cristo crucificado que su vida de allí adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir el que con rabia infernal derribó al primer hombre de la alteza en que Dios le había criado que una mujer niña y flaca le venciese y saliese libre de sus manos —permitiéndolo Dios, para ejercitar a su sierva en paciencia, como a otro Job o san Antonio—, visible y invisiblemente la persiguió y tentó el demonio de mil maneras, azotándola muchas veces tan rigurosa y cruelmente que las heridas y señales de los azotes y golpes que la daba le duraban muchos días, alcanzándose unos a otros ''[265]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucediole una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelmente los demonios y derramaron tanta sangre de su cuerpo que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda y, regalándose con él, le dijo con grande amor: “¡Oh, ángel bendito!, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado en tan grande nece- [17r] sidad y fatiga? Mirad cuál me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel muy alegre: “No te he dejado yo, ni mi Señor Jesucristo te deja; antes te digo de su parte que, con esos malos tratamientos, azotes y golpes que te han dado, has ganado una corona muy grata a Su Divina Majestad. Y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. Y haciendo sobre ellas la señal de la cruz, la sanó y Nuestro Señor la concedió lo que le pedía para aquella alma por quien rogaba ''[266]''. ¿Quién podrá decir los malos tratamientos que la hicieron los ministros infernales, que parece andaban a una su persecución y su paciencia? ¿Quién podrá explicar la mortificación y penitencia desta virgen? ¿Y la profundidad y alteza de su humildad, con que tan altamente sentía de Dios, y tan vil y bajamente de sí, maravillándose siempre de que encerrase Dios tan grandes tesoros en vaso tan frágil y miserable como ella, que no se hallaba digna de la tierra que pisaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios y de la frecuencia de sus raptos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan obligada se hallaba la recién profesa, por haberla Dios traído a la santa reli- [17v] gión, y tan deseosa de hacerle grandes servicios, que, desde el día que profesó, se determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento que se compadeciese con su rincón y clausura, deseando dar la vida por aquel Señor, que con tanto amor dio la suya por ella. Y muchas veces, pensando en este amor de su Dios, con deseos de ser mártir, decía con grande ansia: “¡Oh, si me hic iese Dios esta merced, que muriese yo por él, que no deseo en la Tierra otra bienaventuranza, sino verme por su amor degollada, abrasada, hecha polvos y quemada!”. Pensando en esto y en su dulcísimo Jesus crucificado por ella, abrasándose en su amor, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores; mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, que por muy grande que le tengan, será limitado y corto, para lo mucho que por Vuestra Divina Majestad deseo yo padecer, único amor y bien mío, con vuestra divina gracia” ''[267]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañando con obras estos tan fervorosos deseos, comenzó a hacer nueva vida y muy ásperas penitencias, añadiendo a las antiguas otras nuevas, y a sus grandes rigores otros muy espantosos. Y fuéronlo tanto [18r] sus ayunos, que sucedía no desayunarse en tres días, y hartas veces se pasaban los ocho enteros sin comer ningún bocado. Su vigilia fue muy larga y el sueño tan poco que no dormía hasta hora de amanecer, y entonces solo lo que bastaba para aliviar la cabeza. Su vestido fue siempre más humilde, pobre y remendado que el de otra ninguna monja, pero sin ningún estremo y singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Y, para mayor penitencia y mortificar más la boca, muchas veces traía en ella ajenjos amargos, en memoria de la hiel y vinagre que gustó Nuestro Señor en la Cruz.'' ''En la oración gastaba lo más de la noche, y decía que, cuando no era muy fervorosa y acompañada de muchas lágrimas, no le parecía digna de que Dios la recibiese. Los ratos desocupados del día gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina y los demás vasos della, consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos. Y así, en estos oficios humildes y bajos recibió muchas mercedes, y muy particulares regalos de Dios y de su Santísima Madre ''[268]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[18v] Y como sabía lo mucho que a Dios agrada la humildad, procuró siempre ocuparse en los oficios humildes, y con notable caridad servir a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio, en el cual la acontecieron cosas de gran mortificación muy semejantes a las de muchos santos, que lamían las llagas de los enfermos y se ejercitaban en oficios de suyo muy asquerosos, pero muy agradables a Dios, como con su divino favor lo hizo muchas veces esta su devota sierva, la cual, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un barreñón grande de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa, y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, se derribó en tierra, y haciendo oración a Nuestro Señor, se juntaron los pedazos y, quedando sano, sirvió después dos o tres años en la cocina ''[269]''. Una religiosa que se halló presente a todo esto, y vio por sus ojos el milagro, dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este vaso hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. A esto respondió con mucha humildad la bendita cocinera: “Sí, hermana, pero el Señor remedió por su bondad lo que yo eché a perder por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[19r] En tales ejercicios como estos, y en tal vida, gastó esta sierva de Dios la suya y los primeros años de la religión, los cuales, como fueron tan admirables y se conoció luego el mucho talento y valor de la recién profesa, su prudencia y santidad —aunque la edad era poca—, la obediencia la ocupó en el oficio de sacristana, después de muy probada en el de la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla de él, la hicieron juntamente tornera. Y aprobó tan bien en estos oficios que, muy en breve, la dieron el de la puerta. Y como los hacía con tanta humildad y paciencia —como muy celosa del servicio de Dios, y de la santidad y religión del convento—, padeció grandes trabajos, porque por ser moza todas se le atrevían, y la mansísima cordera a cualquiera se humillaba, y a las que la reñían decía su culpa, rogando a Nuestro Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Y hallábase tan bien con servir a las otras religiosas en los oficios de humildad y obediencia como si en ello estuviera su gloria, su bienaventuranza y su Cielo. Y a la verdad así era ello, pues en estos oficios halló a Dios, que es la bienaventuranza y verdadero Cielo del justo, como le halló esta virgen en la portería y en el torno, porque, haciendo estos oficios, andaba tan [19v] enamorada de su dulcísimo Jesús que siempre le trujo presente; tanto que, si volvía el torno para dar o recebir algún recado, le contemplaba cuna en que mecía al dulce Niño Jesús. Y tal vez le aconteció volver el torno con este pensamiento, que halló a Dios niño en él, que, con rostro muy apacible y risueño, la habló, alegrándose con ella ''[270]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo portera, se le apareció el santísimo Niño Jesús, y así como le vio, estendió sus brazos para recebirle en ellos, pero a este punto apareció su Santísima Madre, y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él, acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce harmonía le daban música ''[271]''. Mas, como viese la beata Juana que se iban madre y hijo, y la dejaban tan sola, juzgándose por indigna de tan soberana compañía, quedó muy triste y desconsolada; mas, consolándole la que es madre de consuelo, dijo: “No te aflijas, hija mía, sino vente hacia las higueras de la huerta, que allí nos hallarás”. Y, contentísma con este favor, cumpliendo con su oficio de obediencia, se fue a la huerta, mirando por todas partes, por ver lo que su ánima deseaba. Y, llegando a la casa del horno, cerca de las higueras, vio a Nuestro [20r] Señor Jesucristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles que la esperaban. Y postrada, pecho por tierra, adoró a Dios y a la Virgen, y estuvo largo tiempo gozando de aquella soberana visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios le dijo: “Anda, hija, haz la obediencia, que te han llamado tres veces y tú nunca lo has oído”. Entonces, dejando a Dios y a su madre por la obediencia, fue a ver quién la buscaba.Y, habiendo negociado, se volvió luego derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero encontrándola algunas monjas, notaron mucho la solicitud con que andaba, y que su rostro estaba muy resplandeciente, y salía della grande suavidad de olor, por lo cual la siguieron algunas, deseando saber qué había, sospechando alguna gran cosa ''[272]''. Y viéndola entrar en la casilla del horno, oyeron que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora, pues habiéndome yo ido y dejadoos a vos y a mi dulcísimo Esposo en este humilde y pobre lugar, hallo que me estáis aguardando en él”. Oyeron también las monjas cómo la piadosa Virgen respondió: “Hija [20v] mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que nos agrada mucho a mi Hijo, y a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan favorecida la bendita Juana de la Virgen Nuestra Señora que no se pueden encarecer dignamente los favores y regalos que de su poderosa mano recibió, pues, niña y de más edad, y en todo tiempo, tuvo tantas revelaciones y visitas del Señor y de su Santísima Madre, en raptos y fuera dellos, los cuales la duraban más o menos tiempo, como Dios era servido: al principio tres o cuatro horas, adelante fueron mayores, porque llegaron a catorce, y a veinte, y a cuarenta horas cada uno. Y algunas veces se estaba elevada tres días sin volver en sí; y le aconteció tornar de un grandísimo rapto, y apenas haber vuelto de él, cuando, solo de oír nombrar el dulcísimo nombre de Jesús o ver alguna imagen de su santísima Pasión, se volvía a elevar como de antes, sin ningún género de sentido ''[273]''. Quedaba hermosísima y resplandeciente en estos raptos, y, cuando volvía dellos, la rogaban las monjas que dijese dónde estaba y qué había visto en aquellas revelaciones y raptos ''[274]''. Y aunque lo rehusó —escusándose con humildad—, cuando fue la voluntad de Dios que lo mani- [21r] festase dijo que el santo ángel de su guarda la llevaba en espíritu y la ponía en un trono muy resplandeciente y glorioso, donde le parecía ver al Señor y a su Santísima Madre, y a los ángeles, a los apóstoles y evangelistas, a los patriarcas y profetas, a nuestro padre san Francisco y a otros infinitos santos y santas del ''Nuevo'' y Viejo Testamento, dando tan lindas señas de todos como si hubiera nacido y criádose con ellos. Decía que andaban adornados con sus particulares insignias: los santos del Testamento Viejo, con las figuras de aquello que representaban conforme a sus profecías —Abrahán con el sacrificio del cordero, Moisén con la serpiente y la zarza, Aarón con la vara; otros con el arca del Testamento—; y que los santos del Testamento Nuevo traían también las insignias: los apóstoles y mártires, las de su martirio; nuestro padre san Francisco, las cinco llagas, más resplandecientes que estrellas; otros traían el cáliz con el Santísimo Sacramento; otros, la pila del Baptismo, y otros las llaves de la Iglesia. Y cada uno dellos estaba tan hermoso y resplandeciente que resplandecía más que el sol, que era cosa maravillosa y por estremo agradable ver y contem- [21v] plar estas cosas, llenas de tanta hermosura y lindeza cual ninguna lengua lo podría explicar, “según que el Señor por su misericordia me las muestra —decía la santa—, y quiere que yo las vea desde aquel santo lugar, donde me parece estoy como atada con unos rayos, que denotan que mi alma aún no está del todo desatada y libre de la cárcel deste cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bendita Juana veinte y cuatro años de edad, cuando la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después no se vio en ella otro su semejante, porque las otras veces que se arrobaba quedaba con mucha hermosura y lindo color de rostro, pero esta vez no fue así, que todo esto le faltó y quedó como muerta, los ojos quebrados y hundidos, cárdenos los labios, arpillados los dientes, la nariz afilada y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, y el rostro tan pálido y amarillo como si fuera difunta ''[275]''. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseando saber la causa de él, rogaron a la santa virgen se lo dijese, pero ella, como muy prudente y callada, nunca lo quiso decir, hasta que, pasados algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda, y entonces dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad en aquel rapto fue que, es- [22r] tando en él, y mi espíritu en el lugar donde el Señor le suele poner otras veces, vi con aparencia triste al santo ángel de mi guarda. Y preguntándole yo la causa, dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí han de venir, y que habiéndole rogado por mí, le respondió Su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía”. (''Mostrar aparencia triste y llorar los ángeles es lenguaje de la Sagrada Escritura [276], más por similitud que por propiedad, porque el ángel, aunque aparece en forma corporal y visible a los hombres, ni llora, ni come, ni habla, ni ejerce alguna operación vital —según santo Tomás [277]—, porque para obrar propiamente estas cosas, que son acciones vitales, había de ser alma del mismo cuerpo en que aparece, y como forma suya animarle'') ''[278]''. “Entonces le tornó a suplicar que, por su clemencia, me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido. Y el muy poderoso Señor se lo otorgó”. Y así desde este día todos los raptos fueron muy suaves, y por ser tantos y tan largos que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía, por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della, de que se alegró mucho, por tener mayor comodidad para las penitencias secretas que hacía, de las cuales se supieron al- [22v] gunas. Y muchas veces le aconteció que, deseando agradar a su querido esposo, y acordándose cómo con tan grande crueldad fue azotado en la coluna, deseando imitarle en este paso, pidiendo primero licencia a Su Divina Majestad para ello, se encerraba en un aposentillo muy secreto, donde solía hacer sus mortificaciones y penitencias, y desnuda se amarraba a un madero en forma de coluna, que allí tenía para estas mortificaciones, y atándose ella misma con unos cordeles, primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotaba por todo él con una cadena de hierro; y porque la cadena hiciese mejor su oficio, tenía en el un estremo della un hierro grueso y redondo tan largo como una tercia, y, tomándole en la mano, se daba con los estremos de la cadena por todo el cuerpo hasta derramar sangre. Estando en este santo ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriéndose sus carnes con los que ella misma se daba, le aparecía el ángel de su guarda y la mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llega la voluntad de mi Señor Jesucristo”. Y el mismo ángel la desató algunas veces de la coluna en que estaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, con el deseo que tenía de agradar a Dios, hincándose de rodillas en aquel [23r] aposentillo, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y con tan gran fervor se daba en los pechos con él que a los primeros golpes saltaba la sangre hasta manchar las paredes ''[279]''. Duraba en este santo ejercicio el tiempo que gastaba en dar de rodillas quince vueltas al aposento, en memoria de las quince principales llagas de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche, hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios que con figuras torpes y feas pretendían inducirla en deseos sensuales, se salió a la huerta, y juntando muchas zarzas, a imitación de nuestro padre san Francisco, desnudándose sobre ellas, se acostó en aquella espinosa cama ''[280]'', y, dejándola matizada con su sangre, se entró en una laguna diciendo: “Porque conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar, y aun no lo mereces tú” ''[281]''. Allí estuvo grande rato, y antes de volerse a vestir se azotó con una cadena que para este efeto tenía ''[282]''. Y desde entonces quedó tan regalada de Dios que nunca más el enemigo le acometió con semejantes tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el grande espíritu y devoción que tuvo esta bienaventurada, hacía mil ensayos de mortificación y penitencia ''[283]'': unas veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo sogas de cer- [23v] das y esparto, en memoria de las sogas con que Nuestro Señor fue atado a la coluna; otras veces se ceñía las cadenas con que se azotaba. Y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas, de hierro, y uno de malla con medias mangas, hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas ''[284]'', otro de planchas de hierro en forma de corazón, que por todas partes le ceñía el cuerpo, y por su devoción le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque deste cilicio usaba muy pocas veces, porque sin grande dificultad no podía doblar el cuerpo ''[285]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y así le sucedió una vez que, abajándose con él, se la entraron las puntas de los clavos por el cuerpo, ofreciéndolo todo a Nuestro Señor, en memoria de su sagrada Pasión. Y para mayor mortificación, ella mesma se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que se echaba a la garganta, y, azotándose con la cadena, decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas, cuerpo miserable y ruin, pues tanto has ofendido a tu Dios?” &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''[286]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces, puesta en cruz, andaba con [24r] las rodillas desnudas sobre la tierra hasta derramar sangre dellas. Otras veces, para mayor dolor, ataba en las propias rodillas unas piedrecitas o tejas que le lastimaban grandemente'' [287]''. Otras veces se ponía en cruz, arrimándose a la pared, donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos entortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo ''[288]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas que se había hecho con las cadenas se puso aquel cilicio de malla que era el más ordinario, y apenas se vistió el hábito, cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos, las monjas la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor, y eran tan llenas de devoción que encendían y abrasaban en amor de Dios a todas las que la oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VII. Cómo el niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[24v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima virgen. Porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que la amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de ángeles —como otras veces—, sino por su misma persona, y desposarse con ella, asistiendo a estas espirituales bodas su Santísima Madre, con muchos ángeles y vírgenes, que venían acompañando a su Rey y Señor, en quien puso la beata Juana los ojos, y, acordándose de la palabra que en otro tiempo la dio de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo alcanzase de su Hijo cumpliese lo prometido, y con mucha fe y humildad no cesaba en su oración, hasta que el clementísimo Señor, mo- [25r] vido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgenes que, arrodillados ante su divina presencia, se lo rogaban, puso Su Majestad en su sierva Juana los ojos de su misericordia, y mirándola con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo” ''[289]''. Y estendiendo entonces su poderosa mano, se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría [290]'') ''[291]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él, más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía; y cuando no le era concedido, comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual continua y muy prolongada ''[292]''. (''No es esta la gracia que se da “ex opere operato” [293]'') ''[294]''. Tanto que, estando una vez arro- [25v] bada en aquellos maravillosos raptos que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que le agradaban mucho aquellas comuniones espirituales, con que la sierva de Dios quedó muy consolada. (''Comunión espiritual es cuando una persona, no pudiendo recebir el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado, le recibe en su alma interior y espiritualmente con fe y caridad, como lo difine el Concilio tridentino [295]. Y a los que así comulgan espiritualmente se les comunica el efeto y virtud del Sacramento conforme a su devoción; y desta manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[296]''. Y, reconociendo este tan soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestra santísima presencia a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma tal gusto, suavidad y regalo, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo, por la amargura de mis pecados, no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué mi- [26r] sericordia y liberalidad la que hace Vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confesándose una vez esta devotísima virgen mientras se decía la misa conventual, la mandó el confesor que fuese a adorar el Santísimo Sacramento, y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tañer a alzar ''[297]'', se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Estando así arrodillada, se abrió a la larga la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el Santísimo Sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[298]''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada en aquel mismo lugar. Mas cuando el sacerdote alzó la Hostia postrera, se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared [26v] quedase más blanca que las otras; y, hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy y desde aquel tiempo, se ha tenido en gran veneración. Y cuando se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y a tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina que, oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y le parecía vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[299]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[300]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un Sábado Santo, estando en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pudiendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[301]'', y, lo que más es [27r], vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[302]''. Otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas, y, por las señas tan puntuales que daba de todo, constaba de la verdad del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada, permitiéndolo el Señor, que quiso por este medio publicar tan soberano milagro. A este mismo punto volvió la sierva de Dios del rapto en que estaba, y con harta agonía se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que le trujeron los ángeles” ''[303]''. La religiosa, atónita de oírlo, rogó le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al infierno— murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia, y le trujeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. Y estando en oración, me dijeron que cierta [27v] persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el Santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien oyere decir en la Sagrada Escritura que el ángel san Rafael sirvió al mancebo Tobías en un muy largo camino, y que otro llevó por un cabello al profeta Habacuc desde Judea a Babilonia para dar de comer a Daniel, preso en el lago de los leones, no se admirará cuando oiga lo que sucedió a la beata Juana con los ángeles, y en especial con el de su guarda, con quien trataba tan familiar y amigablemente como un amigo con otro ''[304]'', y desto se le pegó la condición angélica que tenía, y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra [28r] se podía comparar, porque era olor del Cielo —de donde a la verdad era ella, más que del suelo—, y así no era mucho que toda ella oliese a Cielo y tuviese resabios ''[305]'' del Cielo la que tanto comunicaba con los ángeles; no solo con el de su guarda, sino también con otros muchos, especialmente los que guardaban particulares provincias y reinos, que la visitaban a menudo, y le rogaban alcanzase de Nuestro Señor templase tal o tal tempestad de piedra, granizo o rayos que quería enviar sobre la Tierra. Decíanle sus nombres y oficios, y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que guardaban, así las presentes como las que estaban por venir ''[306]''. Una vez, estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles de delante de los ojos, y no la vieron más, hasta que después de haber comulgado apareció en medio dellas, con no pequeña admiración de todas, que, tan admiradas del caso, cuanto deseosas de saberle, la rogaron le contase; y ella, para su edificación, dijo: “Porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Divina Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento, y [28v] os vi comulgar a todas, y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se gozaban con las que comulgaban santa y puramente, y cómo torcían el rostro y se apartaban algún tanto de las que no comulgaban con entera devoción”. Por lo cual, persuadía a las monjas fuesen muy devotas de los ángeles de su guarda, porque: “No solo nos guardan siempre y acompañan, sino que, cuando caemos, nos levantan; si estamos tibias en la devoción, nos inflaman ''[307]''. Ellos son los que nos enseñan en nuestras dudas, defienden en nuestros peligros y sustentan en nuestros trabajos; y a la hora de nuestra muerte, con particular vigilancia, asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Finalmente, en nuestros trabajos y peligros nos amparan y defienden”. “Y porque sepáis cuán cierto es esto —dijo santa Juana a sus monjas—, el otro día vi que, tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de la guarda de las que faltaron, a hacer la obediencia por ellas” ''[308]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha [29r]&amp;lt;sup&amp;gt;''' '''&amp;lt;/sup&amp;gt;en oración, me mostró el Señor vuestra desobediencia y que no quisistes barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda, y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos hermanas, para que se las pusiesen a ellas, porque obedecieron por vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para confusión y emienda vuestra, y enseñaros que la campanilla y cualquier señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer, si le queremos agradar y servir” ''[309]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, les hacía muy devotas de los ángeles de su guarda; del suyo decía grandezas: que su hermosura y lindeza excedía a todo lo que los hombres pueden imaginar, por ser más resplandeciente que el sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve; que traía alas de singular hermosura, y en su sagrada cabeza una corona y diadema preciosísima sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra ''[310]'': “''Confiteantur omnes angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum''”. Y en los pechos esta: “''Spiritus sancti gratia illuminet sensus et corda ''[29v] ''nostra''”. Y en la manga del brazo derecho, de piedras preciosas la señal de la santa cruz, con el siguiente letrero: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''”. Y en la del brazo siniestro la misma divisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la sagrada Pasión, y esta letra: “''Dulce lignum, dulces clavos''”. Y en los pies, de piedras preciosas este mote: “''Quam pulchri sunt gressus tui''” ''[311]''. Y en las rodillas otro, que dice: “''In nomine Iesu omne genuflectatur''”. Y más arriba, esta letra: “''Coelestium, terrestrium, et infernorum''”'' [312]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con todas las insignias de la Pasión. (&amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Píntanse los ángeles con alas, según san Dionisio [313], por la velocidad y presteza con que acuden al socorro de los hombres. Y no por esto, ni por lo que dice la beata Juana de la hermosura y traje de los ángeles, se entienda que son corpóreos, que no lo son, ni tienen cuerpos, sino que los toman para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dicen los concilios y santos [314]'') ''[315]''.'' ''A este modo publicaba de su ángel tantas cosas la sierva del Señor que despertó en las monjas tal devoción y deseo de saber su nombre, para encomendarse a él, que la rogaron lo supiese del mismo ángel. Y sabiendo se llamaba san Laruel Áureo, se lo dijo a las religiosas ''[316]'', las cuales no solo le tomaron desde entonces por su patrón y abogado, sino que dejando los [30r] apellidos de su linaje y parentela, tomaban por sobrenombre el del ángel san Laruel, y esta devoción dura hoy en el convento. (''Un ángel custodio guarda diversos hombres en diversos tiempos [317]'') ''[318]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decía también que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que tuvo a su cargo las almas de santos muy señalados, y que consuela y visita las del purgatorio, y los demonios le temen tanto que a las veces solo con levantar el brazo derecho, donde trae la señal de la cruz, con la letra que dice: “''Ecce Crucem Domini, fugite partes adversae''” ''[319]'', huyen los malaventurados, y, como perros rabiosos, mordiéndose unos a otros, se van dando espantosos aullidos. “Socorre también a las personas que están en peligro de muerte, y favorece mucho a mis devotos y amigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel cómo quedaron los ángeles tan hermosos y bienaventurados, y los demonios tan obstinados y feos, y con tan gran deseo de hacer pecar a los hombres ''[320]''. “Muchas cosas has preguntado —dijo el Ángel—, pero a todas responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y tan profundos misterios, y la resolución de casi todas las cuestiones y sutile- [30v] zas que mueven los teólogos escolásticos en la materia de ángeles, tan copiosa y distintamente que con sola esta revelación se pudiera saber mucho de lo que dellos está escrito, así del modo de su creación, confirmación en gracia y disposición que tuvieron para merecerla, y en qué tiempo alcanzaron la bienaventuranza, como de la caída de los demonios, su pecado y obstinación, y de la manera que fueron echados del Cielo, con otras dificultades a este modo, que son más para ejercitar los ingenios en las escuelas que para inflamar las voluntades de los que las leyeren, que es lo principal que pretende esta historia, por lo cual no me detengo en contarlas. Dijo también que los demonios habían caído más espesos que copos de nieve y que las gotas de agua cuando llueve muy apriesa ''[321]''. Y así mesmo le declaró aquellas palabras del ''Evangelio de san Juan'': “''In principio erat Verbum''”, y las del ''Génesis'': “''In principio creavit Deus coelum et terram''” ''[322]'', porque se lo rogó así esta sierva de Dios, a la cual mandó entonces que escribiese estas cosas y otras muchas que el Señor la revelaba, como las leemos en el libro de sus sermones, que están llenos de cosas maravillosas ''[323]''. También [31r] la dijo el Ángel que nueve veces arreo ''[324]'' se había aparecido la Virgen Nuestra Señora en aquella santa casa, en los primeros días de marzo, y que en el último destos aparecimientos puso Nuestra Señora la cruz, señalando con ella el sitio donde quería la edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mesmo lugar donde ahora está puesta una cruz, en memoria de la que puso por su propia mano la soberana Reina del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo la gloriosa Juana tan espantosas persecuciones y enfermedades como adelante diremos, y tan poco consuelo humano en ellas que no tuvo a quién volver la cabeza, sino al ángel de su guarda, a quien, con mucha familiaridad y llaneza, contaba sus trabajos y daba parte de los escrúpulos de su conciencia ''[325]''. Un día, cuando la furia y tempestad de sus persecuciones y afrentas andaba más en su punto, le dijo sería gran consuelo para ella la oyese de penitencia. “No tengo autoridad para tanto —respondió el Ángel—, ni es mi oficio, sino del sacerdote, a quien solo como a ministro suyo ha concedido Dios esa gran potestad en la Tierra, que puede absolver y perdonar pecados”. (''Ninguno que no sea sacerdote, aunque sea ángel, ni serafín, puede administrar el sacramento de la Penitencia [326], por lo cual esta confesión no fue sacramental, sino como cuando un amigo, debajo de confesión, consolándose con otro o pidiéndole consejo, le descubre el secreto de su alma. Y así, aunque la confesión que hizo con su ángel no fue sacramental, sería meritoria, por lo que dice Escoto [327], por darse casos en que meritoriamente puede uno confesar sus pecados con un seglar, como lo enseñan los esclarecidos doctores de la Iglesia san Agustín [328], ''sanctus'' Tomás [329], san Bonaventura [330] y Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro [331]'' ''[332]. Pero no se ha de hacer esto sin gran recato, ni con las ceremonias que la confesión sacramental, por evitar todo género de escándalo'') ''[333]''. “Ya yo he confesado [31v] sacramentalmente los míos con el vicario del convento —respondió la afligida virgen—, y así, con vuestra santa licencia, querría acusarme de las mismas cosas con vos”.Y, comenzando su confesión, derramando muchas lágrimas, dijo: “¿Qué haré yo, pecadora y miserable mujer, que he cometido contra mi Dios y Señor gravísimos pecados, y de ninguno dellos me acuerdo? ¡Acordádmelos vos, ángel bendito!”. “Bien haces —dijo— en llorar tan amargamente tus pecados y traerlos a la memoria, que más meritorio es que si yo te los acordase”. Replicó a esto la virgen: “Señor, un escrúpulo de conciencia me aflige mucho, y para salir de él, querría saber si las tentaciones son pecado”. “Sí —respondió el Ángel— [32r], cuando son consentidas, mas las que no se consienten y se resisten, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que más me combaten, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan, y dame notable pena, por no saber si hay en ello algo de vanagloria o soberbia” ''[334]''. “No la hay en eso —dijo el Ángel—, antes es justo que sientas la pérdida de tu fama y de tu honra, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman a ti”. “¡Ay, Señor! —tornó a decir—, que pienso es ya estremo el que tengo en sentir mis afrentas y deshonras, porque viendo cual me han tratado, reprehendido y castigado, estoy tal que, aunque no lo digo, sino a Su Hermosura —que así llamaba a su ángel, por la singular hermosura que tenía—, no puedo desechar la pena que me causa, y pensar si por ello estoy aborrecida de los venerables prelados de la Orden de mi padre San Francisco, y si ha de ser esto causa de que yo pierda las misas y sufragios que después de muerta esperaba dellos. Y cuando pienso en mis pecados, mayormente después que me han juzgado por mala, me aflijo tan demasiadamente que no lo sé decir”. Y diciendo esto, derramaba muchas lágrimas; por lo cual, deseándola con- [32v] solar, el ángel dijo: “Sosiégate, alma bendita, no te atormente tanto la memoria de tus pecados, ni te fatiguen así tus tribulaciones, que por ellas serás bienaventurada, pues te purifica como el oro en el crisol. Ni pienses que por ser reprehendida de tus prelados eres aborrecida dellos, sino que por este camino se te labra tu corona y se purifica tu alma, que, como dice la Sagrada Escritura, la tienes siempre en la palma de tus manos” ''[335]''. “No quisiera yo, Señor, que estuviera mi alma en tan ruines manos como las mías —replicó ella—, sino solo en las de Dios, que con esto la tuviera muy segura; que, como soy tan mala y pecadora, temo mucho perderla, y me parece, Señor, que, según las misericordias que usa Dios con esta gran pecadora, se sirviera de mí Su Divina Majestad, si no sintiera tanto lo mucho que me atribulan y persiguen ''[336]''. Y harto quisiera yo persuadirme a que lo hacen con razón, y no puedo todas veces, por la poca virtud que tengo. Y más quisiera no ser nacida que haber ofendido a mi Dios tantas veces. ¡Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados! ¿Qué será de mí, si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta, dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la lle- [33r] ve el lobo. San Laruel bendito, consolador de las almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y perseguida, aunque la mayor de mis persecuciones es pensar que por ser tan pecadora las permite Dios, y que me fatigue tanto el demonio”. “No seas ingrata al Señor —dijo el Ángel—, que las persecuciones que padeces son mercedes que te hace Dios. Y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás le había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo al santo Job. Confía en Jesucristo, nuestro redentor, y en la virtud de su Cruz, que aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará. Por tanto, desecha ese temor y congoja, y advierte que si tus persecuciones son grandes, lo son también las ayudas de costa con que te las da Nuestro Señor ''[337]'', como lo son las muchas visitas que Su Divina Majestad, y su Santísima Madre te hacen tan a menudo, los bienes espirituales que gozas en esta vida, pues estando en la Tierra, participas tantas veces parte de los gustos de aquella celestial Jerusalén, la familiaridad grande con que me comunicas a mí, y el particular cuidado con que te defiendo y guardo”. (''De algunas santas se lee que tuvieron mucha familiaridad con el ángel de su guarda: de santa Liduvina virgen [338], de santa Francisca Romana [339]'' ''y de santa Isabel, hermana del rey Ekerberto y abadesa del monasterio de Esconaugia'' ''[340]'') ''[341]'' ''[342]''. “Infinitas gracias doy a mi Dios —dijo ella— y a vos, án- [33v] gel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones. Pero deseo me digáis cómo, siendo yo tan gran pecadora, os veo tantas veces y gozo tan a menudo de la dulce presencia de mi redentor Jesucristo y de su Santísima Madre”. “Es gracia suya —respondió el Ángel—, que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe Su Divina Majestad —respondió— que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos, porque, como tan miserable y pecadora, no lo merezco, y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes” ''[343]''. “Agradéceselas mucho —dijo el Ángel—, y mira que otras personas, sin gozar deste favor, son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu memoria, y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria, ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes, y andes en lenguas de tantos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la fama destas cosas y otras muchas que le sucedían con su ángel, acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo, que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas, y a todas oía, y a todas acariciaba, sin cansarse, ni enfadarse de ninguna, que en esto tenía la con- [34r] dición de su ángel, a quien representaba las necesidades de todos, deseándolos consolar. Y tan fuertemente aprehendía la respuesta que le daba el Ángel que, con ser de cosas tan diferentes, ninguna se le olvidaba: A una persona espiritual que le rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que mucho aplacen a Dios”. Y a otra persona que deseaba saber lo mismo dijo: “Llore con los que lloran, ría con los que ríen y calle con los que hablan” ''[344]''. Otra persona, necesitada de salud y consuelo, sabiendo que todos le hallaban en ella, la envió a rogar alcanzase de su ángel algún saludable consejo para llevar con paciencia los dolores de su enfermedad, que eran grandes. Y habiéndoselo consultado la santa virgen, le dio el Ángel esta respuesta: “Di a esa persona afligida y enferma que ponga por cielo en su cama a Cristo crucificado, y por cortinas las insignias de su sagrada Pasión, y ofrezca a Dios sus dolores”. Muchas fueron las respuestas que dio el Ángel a la sierva de Dios en diversos negocios que por momentos le consultaba, todas ellas misteriosas, y como unos celestiales aforismos, importantísimos para la vida del alma, de las cuales dejo algunas, por no alargar mucho [34v] este volumen y ser semejantes a las referidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente trataba esta sierva del Señor con el ángel de su guarda y con los otros ángeles con la familiaridad que hemos visto, sino que la tuvo muy grande con muchos santos, en especial con el glorioso san Antonio de Padua, de quien desde los muy tiernos años de su edad fue tan regalada y favorecida en todos sus trabajos que en todos fue su singular patrón y abogado ''[345]''. Una vez, estando en oración, pidiendo al Señor misericordia para sí y para otras almas, se le apareció el glorioso santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú le agradas, mucho le ha de pedir”. Y la santa, contemplando la hermosura de aquel dulcísimo niño que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales amores y dulzuras que se estuvo así gran rato hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara, y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro, vio junto a sí dos almas muy necesitadas, y con el grande amor que tenía al dulcísimo Niño Jesús, le rogó entonces por ellas, diciendo con mucha humildad y confianza: “Señor, destos santísimos pies no me levantaré hasta alcanzar esta merced”; la cual le otorgó luego el piadosísimo [35r] Señor, inclinado a sus clamores y ruegos. Y dando a Su Majestad las gracias por el perdón que había concedido a aquellas almas, estendió san Antonio sobre ella la mano y, dándola su bendición, dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la santa de él con tan grande alegría y resplandor en su rostro que causó admiración a las religiosas que la vieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, acabando la bendita virgen de hacer cierta obra de caridad en beneficio de una religiosa de su casa, quedó con algún desconsuelo por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad espiritual de su hermana crecía, con un gran suspiro llamó a san Antonio, diciendo: “¡Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora y sed mi intercesor con la Divina Majestad, para que libre a esta mi hermana”. Dijo esto con tanta caridad y amor de Dios que en el mismo punto se le apareció el santo y la dijo: “Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, ¿qué me pides? ¿Qué es lo que quieres? Que tú lo alcanzaras de Su Divina Majestad” ''[346]''. A lo cual respondió la bendita santa con profundísima humildad: “Padre mío, san Antonio, yo me hallo tan indi- [35v] gna que no me atrevo a parecer delante de mi dulcísimo Jesús menos que con vuestra intercesión”. Entonces el glorioso padre, estendiendo su bendita mano, la echó su bendición, y el Niño Jesús que tenía en la otra la dijo con muchas muestras de amor: “Yo te ayudaré en tus necesidades, y lo que ahora pides para tu hermana ya se te ha concedido; la cual dentro de un mes pasará desta vida a la eterna, perdonándola muchos años de purgatorio por tu intercesión y ruegos”. Y dando muchas gracias a Dios por esta misericordia, con grande alegría de su espíritu, se fue para la religiosa y le dijo se aparejase porque muy en breve la llevaría Dios a descansar. Preguntole qué tan breve sería su partida, y le respondió que dentro de un mes. Y fue Nuestro Señor servido que en ese mismo punto dio a esta religiosa grande contrición y dolor de sus pecados, y dentro de un mes se la llevó para Sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la bendita Juana era muy moza para el oficio de prelada, no reparando tanto [36r] las monjas en su poca edad cuanto en su mucha virtud, la pidieron algunas veces por abadesa de su convento. Mas los prelados, considerando que no tenía sino veinte y cinco o veinte y seis años la primera vez que la quisieron hacer abadesa, lo estorbaron. Y como en otra ocasión vacase el oficio de prelada, rogaron a la Divina Majestad pusiese en él a su sierva, que tenía ya cumplidos veinte y siete o veinte y ocho años de edad. Oyolas Nuestro Señor, y, viniendo el provincial a hacer elección al convento, comenzó a hacer escrúpulo de haberlo contradicho otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir, aunque siempre se le hacía duro poner por abadesa a quien la mayor parte del tiempo se estaba arrobada en oración, pareciéndole que se aventuraba mucho en esto, porque oficios y negocios, por más santos que sean, suelen distraer muchas veces las personas. Estando dudoso el provincial, y combatido destos pensamientos y de la instancia que las monjas le hacían, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva, y comenzó a hablar elevada como solía; y, convirtiendo al provincial su plática —que era vizcaíno—, le habló en vascuence, mandándole la hiciese [36v] abadesa, que seguramente podía ''[347]''. Todas las monjas la dieron sus votos, sin faltar uno, y, confirmándola el provincial, dijo: “Señoras, yo no os doy esta abadesa, sino el Espíritu Santo, que lo manda”. Y contó lo que se ha dicho. Las monjas no cabían de placer, de verse súbditas de tan bendita prelada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue, hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, que estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solamente tenía unas tierrecillas, donde sembraban una miseria de trigo, y nueve reales de renta cada un año ''[348]''. Mas luego quiso Dios, por los méritos de la santa abadesa, que creciese y se aumentase el convento, no solo en muy gran perfeción de santidad y virtud, sino también en los edificios y en las demás cosas necesarias a la vida humana, porque señores y grandes del reino le hicieron algunas limosnas muy gruesas. El cardenal don fray Francisco Jiménez, su gran devoto, se señaló mucho en esto, y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba le dio quinientas mil maravedís de una vez —gran limosna para aquel tiempo—, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Y para el culto divi- [37r] no hizo muchos ornamentos, vasos de oro y de plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hizo que las monjas guardasen clausura, porque hasta entonces, por ser muy pobres, ni la guardaban ni prometían, sino que salían como frailes a demandar limosna por los lugares de la comarca ''[349]''. Con todo esto, era tan querida dellas que se tenían por bienaventuradas en tomar su bendición, besarle la mano o tocarla en la ropa de su hábito. Y, con amarla tiernamente las monjas, era tanto el temor y reverencia que la tenían que acaeció hartas veces, enviando a llamar alguna religiosa, venir temblando, de suerte que era necesario que la bendita prelada le quitase aquel temor para poderla responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, así públicas como secretas, espirituales o temporales, y todas las remediaba y proveía, y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar. Finalmente exhortábales a lo bueno, y reprehendía lo que no era tal, castigando con mucha [37v] caridad y prudencia, sin disimular ninguna culpa, por muy pequeña que fuese. Y para animar a las monjas al servicio de Dios y guarda de su profesión y regla, decía en los capítulos muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias y congojas que le causaba la memoria de las penas del Purgatorio y del Infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables estremos. Viendo su temor la bendita abadesa, llena de caridad y confianza, dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesucristo, que te crio y redimió, que no irás al Infierno ni al Purgatorio; y yo, aunque miserable, suplico a Su Divina Majestad te lo otorgue y conceda, con plenaria remisión de todos tus pecados”. Dicho esto, se fue a comulgar la bendita abadesa. Y estando arrobada espiró la enferma, y vio que llevaban a juicio su alma, y la tomaban estrechísima cuenta de sus obras, palabras y pensamientos. Viendo esto la santa virgen, daba voces a los ángeles que estaban presentes en aquel juicio, y decía: “Señores, no llevéis esa alma al Purgatorio; yo os lo ruego, porque confío en la misericordia de Dios me otorgará esta merced, que yo, indigna sierva suya, le he pedido” [38r]. Así se lo concedió Nuestro Señor, y la libertad de aquel alma, donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos ''[350]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A tanta virtud como la desta santa mujer, a tanto amor de Dios y celo de su honra como tenía, se sirvió el Señor autorizarlo todo con milagros, que suele ser el sello de todas estas cosas. Y como las desta sierva de Dios, tomadas desde sus primeros principios, fueron todas tan milagrosas y divinas, era menester que los testimonios para creerlas fuesen también sobrenaturales y divinos, entre los cuales merece el primer lugar la resurreción de una niña, que, habiéndola traído sus padres en romería al convento de la Cruz, murió siendo abadesa la sierva de Dios, de cuya santidad tenía el mundo tal opinión y crédito que se persuadieron los padres de la difunta que si la diese su bendición le daría también la vida. Rehusolo la humilde abadesa, escusándose con palabras de humildad, pero al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y mucha instancia con que los afligidos padres se lo rogaban, mandó que le trujesen la niña muerta, y, tomándola en sus brazos, la puso un crucifijo que traía consigo, y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y se la volvió a sus padres sana y buena ''[351]'', en presencia [38v] de más de ochenta personas testigos deste milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Madrid una gran señora llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado, y avisándola del peligro de su vida, cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya, con una cláusula que dice desta manera ''[352]'': “Yo estoy mucho mejor —como vos, madre, sabéis—, como la que ha estado conmigo y me ha sanado. Bien os vi y conocí cuando me visitastes al seteno día de mi enfermedad. Estando yo desahuciada y con muy grandes congojas, os vi subir en mi cama, y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego, y con el gran placer que tuve —porque me alegró mucho vuestra vista—, lo dije. No me neguéis, madre, esta verdad, pues sabéis vos que lo es” ''[353]''. Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa; y ella, deseando encubrir el caso más que manifestarle, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte, y que lo divulgaba la enferma, instaron en que no lo encubriese, sino que para honra y gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esta caridad de [39r] haber ido a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo Ángel, que rogándole yo pidiese a Dios la diese salud, me dijo: ‘Mejor será que la vamos a visitar, pues es tu amiga, que para las necesidades son los amigos’. Y entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición. Y si sanó, fue por haberla él santiguado. Y yo me maravillo mucho que permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro caso muy semejante a este sucedió con otra religiosa de su mesmo convento, que habiéndola llevado a fundar muchas leguas de allí, pasados algunos años, la dio Nuestro Señor una enfermedad de que murió. Y estando con los accidentes de la muerte, y con grandes deseos de ver a esta sierva de Dios, decía con muchas angustias y ansias: “¡¿Quién viese a mi madre Juana de la Cruz?!”. Y acercándose más a su fin, dijo con grandísima alegría: “¿No la véis? ¡Aquella es mi madre Juana de la Cruz!”. Y diciendo las otras monjas que se le antojaba, respondió: “No hace, por cierto, que yo bien la conozco; ella es, y bien se echa de ver en lo mucho que me ha consolado” ''[354]''. Y después se supo haber sido cierto este aparecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[39v] ''[355]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes, y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa ''[356]''. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan de lo que hubiese sobrado a la madre abadesa, y así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una grande llaga, y rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, la respondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial, y tal que no sanará, si no fuere por milagro” ''[357]''. El fuego se comenzó a manifestar en el brazo; ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud, haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Y semejantes a estos hizo otros milagros en la cura de los enfermos y en aparecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40r] [xilografía con Juana orando en primer plano a la izquierda, con rosario al cuello y cordón franciscano a la cintura, mirando al cielo; arriba a la derecha, en una nube, el ángel lleva las cuentas a Dios Padre, que las bendice. Al fondo y abajo a la derecha, el convento de la cruz; debajo de la escena: “''Beata Ioanna de la Cruz orat pro nobis''”] ''[358]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:ImagenIXDaza1613.jpg|centro|250px|Imagen|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[40v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que trate de las gracias y virtudes concedidas a las cuentas tan celebradas por el mundo con nombre de ''cuentas de la santa Juana'' me ha parecido conveniente advertir:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero, que, como este milagro es tan singular y que tanto ha ejercitado la devoción de los fieles, no solo en España sino en otras partes muy remotas, ha procurado el demonio por medio de ministros suyos mezclar con la verdad de milagros —que no se podían negar, por ser tan patentes—, muchas supersticiones de que estaban llenos unos sumarios que andaban estampados en manos de gente ignorante, los cuales fue necesario prohibir, como cosa de muchas maneras perniciosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[41r] Lo segundo, que hay gran diferencia entre virtudes que experimentamos en cosas benditas o de devoción, como agnusdeyes, reliquias, imágenes, etc., y lo que llamamos “indulgencias”, porque esto segundo presupone juridición en el concediente y, para publicarlas, certeza en la concesión. En consecuencia de lo cual, aunque se tiene por tradición muy antigua que algunos sumos pontífices, y en especial Gregorio XIII, de feliz recordación, concedieron muchas indulgencias a estas cuentas, y esto pudo ser sin bula, solo ''vivae vocis oraculo'' ''[359]'', como a instancia de los generales y de otros devotos de la religión se ha hecho en otros muchos casos, de que están llenos los compendios de las indulgencias concedidas a las religiones. Mas porque esto no constaba con la claridad que convenía, no traté en particular destas indulgencias en la primera impresión deste libro, ni tampoco tuve por inconveniente usar del nombre de ''indulgencias'', advirtiendo, como lo hice, que los dichos sumarios que dellas andaban eran falsos y sin fundamento, y, porque aún esto no bastó, he querido en esta impresión no usar del nombre de ''indulgencias'' ni de otro que presuponga juridición hasta que [41v] conste por indulto apostólico. Y así solo uso del nombre de ''virtudes'' y ''gracias'' que el Señor concedió a estas cuentas, según se comprueba con muchos milagros, sin negar ni afirmar que Su Majestad o algunos de los sumos pontífices hayan concedido muchas indulgencias a las dichas cuentas, porque en materia de indulgencias no se puede publicar lo que no se comprueba con el indulto, ni me atrevo a negar lo que tiene la tradición tan recebido y leemos en los originales de la vida desta sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero, que estas gracias y virtudes no se han de menospreciar, porque no siempre se experimenten, pues son mercedes de Dios, que las concede a los fieles, según la buena fe y devoción de cada uno, o según necesidad de la ocasión, o como Su Majestad es servido usar de su clemencia. Claro es que sería impiedad grande afirmar que los agnusdeyes y otras cosas benditas no tienen las virtudes que se les concede en las bendiciones de la Iglesia porque no siempre se experimenten. Esto supuesto, se sigue la historia de las dichas cuentas, aprobada no solo con la tradición tan antigua, sino con muchas in- [42r] formaciones hechas jurídicamente: unas, por comisión de prelados muy graves; otras hechas por sus mismas personas, y otras por testimonio de personas muy fidedignas. De todo lo cual se hace mención refiriendo los dichos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como los grandes favores que el Señor hacía a su bendita sierva sor Juana eran tan manifiestos, queriéndose valer las religiosas del dicho convento de la intercesión de su bendita madre, la rogaron que alcanzase de Nuestro Señor, por medio del ángel de su guarda, bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellas y para las ánimas de purgatorio —porque en aquellos tiempos había poquísimas cuentas benditas—. La sierva de Dios, con su gran caridad —que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios la pedían—, ofreció tratarlo con el ángel de su guarda, y habiéndolo comunicado con él, y alcanzado de Dios lo que quería, dijo a las monjas que para cierto día juntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen, porque el Señor por su bondad los quería bendecir, y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos ''[360]''. No lo dijo a sordas, porque, oyéndolo las monjas [42v], buscaron en su casa y lugares de la comarca todos los rosarios, sartas y cuentas que pudieron, las cuales, para el día que señaló, se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tantas diferencias dellas: unas de azabache, otras de palo y otras de coral, y de vidrio, etc. La bendita sor Juana, cuando vio juntas tantas cuentas, las mandó poner en una arquilla —que yo he visto algunas veces, y está guardada en el convento con gran veneración desde aquel tiempo hasta hoy—, y a una de las monjas más ancianas que la cerrase con llave y la guardase consigo ''[361]''. Hecho esto, se puso en oración, y, viéndola arrobada las religiosas, tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en que el Ángel habría subido a bendecir los rosarios al Cielo. Y así, llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave del arquilla, y abriéndola vieron que estaba vacía y que no había cuenta alguna en ella, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar con llave como se estaba, se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese, y quedaron con gran consuelo, aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer, cuan- ''[43r]'' do tornase la sierva de Dios de aquel rapto. Y como volviese de él, se sintió por todo el convento tan grande fragrancia y suavidad de olor que, atraídas de él, vinieron a preguntar a la sierva del Señor la causa de aquella novedad. “Presto —dijo—, hermanas, lo sabréis, y la merced que el Señor nos ha hecho. Vengan aquí todas, y en especial la que tiene la llave del arquita”. Y fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y visto vacía, tornándola abrir ''[363]'' ahora, la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin que faltase ninguna, porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita. Y cuando ahora la abrió la monja que tenía la llave, creció tanto el olor que salía della que se admiraron las monjas, y ella dijo que aquella suavidad y olor era de sus rosarios, que se les había pegado de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesucristo, que no solo los había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas ''[364]''. Y destas, a unas llamaba “de los Agnus”, porque el Señor les había concedido las gracias que los sumos pontífices conceden a los agnusdeyes [43v]; a otras llamaba “contra demonios”, por la virtud que tenían para lanzarlos de los cuerpos de los endemoniados; a otras, “contra las tentaciones y enfermedades”, y a otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que Dios puso en ellas ''[365]''. Y esta grande maravilla sucedió el año de mil y quinientos y veintitrés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este tesoro del Cielo que concedió Nuestro Señor Jesucristo a su sierva, quedaron muy consoladas las religiosas, y obligadísimas a su bendita madre, por la misericordia que por su intercesión habían recebido. Y, con mucha devoción, comenzaron a gozar las gracias de aquellas santas cuentas y rosarios; pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien, y participar de las virtudes que las otras tenían en sus cuentas, rogaron a la bendita abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias y virtudes que había repartido Su Divina Majestad entre todos los rosarios las concediese generalmente todas a cada una de sus cuentas, porque mejor participasen de sus misericordias. La sierva del Señor se lo suplicó, y Su Divina Majestad lo otorgó, con condición que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los sumos pontífices concediesen en la Tierra. Esta es la historia destas [44r] misteriosas cuentas, tan pocas veces vista otra semejante a ella. Y es mucho de notar que hizo Nuestro Señor esta tan señaladísima merced a su Iglesia en tiempo que la había mucho menester, por ser en el mismo que Lutero, atrevida y sacrílegamente, abrió su descomulgada boca contra las indulgencias y cuentas de perdones que los sumos pontífices concedían, y contra agnusdéis y todo género de cosas benditas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes destas cuentas son muchas, y por esperiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los cuerpos humanos, confesando que salen dellos por la virtud destas cuentas, y huyen de los que las traen consigo. Tienenla también contra el fuego, contra los truenos, rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma: sanan las calenturas, la peste y otras enfermedades; valen contra escrúpulos, y tentaciones y espantos de los demonios. Estas y otras virtudes las concedió Nuestro Señor, como se colige de los milagros que están comprobados, que de los que no lo están, que son muchos, no trato, porque todo lo que dijere en esta historia pretendo —a honra y gloria de [44v] Dios— que sea tan auténtico y cierto que con razón ninguno lo pueda dudar. Lo dicho se ha colegido de las informaciones susodichas, y en especial de lo que debajo de juramento dijeron algunas monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces, y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos que estas cuentas estuvieron en el Cielo y las bendijo Nuestro Señor Jesucristo, y concedió muchas virtudes y gracias, sin que persona de cuenta haya puesto lengua en ellas, antes muchos señores deste reino y grandes prelados de él las han procurado y tenido en mucho ''[366]''. Una tuvo el rey Filipo II, de gloriosa memoria, y nuestros católicos reyes Filipo III y Margarita tienen dos muy estimadas, y el papa Clemente VIII, de gloriosa memoria, que antes de ser pontífice vino a España con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del condado de Puñonrostro, fue desde Torrejón de Velasco al ''convento de la Cruz'', donde está el cuerpo de la beata Juana, en compañía de los señores don Juan Arias Portocarrero y doña Juana de Castro —su mujer—, condes de Puñonrostro. Y [45r], informado de la vida y milagros desta virgen y de la verdad destas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a soror Juana Evangelista, abadesa, alguna cuenta, y con mucha devoción llevó consigo una que le dieron. Y los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín ''[367]'', varones de singular virtud y santidad, por quien en vida y después de su muerte hizo Dios muchos milagros, afirman que habían subido al Cielo estas cuentas y que Cristo nuestro redentor las bendijo y concedió muchas virtudes y perdones. Y para que los fieles las gozasen, y este celestial tesoro, persuadían a los pueblos que tocasen sus rosarios y cuentas a las que ellos traían consigo. Y cuando de la verdad destas cuentas no se tuviera otro testimonio sino el de la santidad desta sierva de Dios, y haberlo ella dicho, era bastantísimo para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia publicando virtudes y gracias falsas. Ni menos se puede creer que fuese engañada del demonio la que fue tan alumbrada de Dios y del ángel de su guarda. Mas lo que bastantemente prueba y confirma la virtud y verdad destas cuentas son los muchos milagros que Dios ha hecho [45v] en su abono y en confirmación dellas y de las tocadas a ellas, que tienen la misma virtud, como se verá en los capítulos siguientes. (''Las cuentas originales pueden tocar a otras y las tocadas quedan con la misma virtud, pero las tocadas no pueden tocar a otras'') ''[368]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas y las tocadas a ellas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son tan excelentes y pocas veces vistas en el mundo maravillas tan soberanas y divinas como las que Nuestro Señor ha obrado por intercesión desta bendita virgen, que parecen increíbles a las gentes, si los testimonios de donde se han sacado no fuesen tan sin sospecha como en su historia se dice. Y porque ninguno la pueda tener destas cuentas, a lo menos con razón, diré, para honra y gloria de Dios, algunos de los muchos milagros con que la Divina Majestad las ha confirmado, por ser ellos la piedra del toque con que se conocen y aprueban las cosas sobrenaturales y las verdades divinas, porque nunca hace Dios milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de cualquiera verdad la hacen evidentemente [46r] creíble, como consta de los hechos en confirmación de la fe, y de los muchos que la Divina Majestad hace cada día, aprobando la santidad de algunos santos. Y lo mismo se debe juzgar de los milagros que Dios ha hecho en confirmación destas cuentas, que hacen su verdad tan evidentemente creíble que no queda lugar a la malicia humana para dejarlo de creer. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos todos los que aquí dijere que no diré niguno de que los testigos, jueces y escribanos, ante quien pasaron las informaciones de donde se sacaron, no estén todos al presente vivos, y las mesmas informaciones originales o sus traslados auténticos, en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369]'' Doña Mariana Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para que conjurase con ella a una endemoniada. Y así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana; mas oyéndolo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó la [46v] mujer dando gracias al Señor, y todos con nueva devoción a las cuentas. (''Consta por una información hecha por comisión del reverendísimo general de la Orden'') ''[370]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' Doña Inés de Luján, religiosa del convento de Santa María de la Cruz, declara con juramento que trayendo al dicho convento una mujer endemoniada, dio ella una cuenta que tenía, y poniéndosela al cuello a la endemoniada, salió della el demonio.'' ''(''Consta de la misma información'') ''[372]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]''''' '''El padre fray Francisco Castañoso, de la Orden de nuestro padre San Francisco, difinidor de la santa Provincia de Castilla, declaró con juramento que, teniendo unas cuentas destas, y oyendo decir en Pinto, donde era guardián, que un clérigo estaba conjurando una endemoniada, se fue a la iglesia donde la conjuraba, y así como le vio, dio un salto de más de treinta pies, huyendo de él. Y viendo esto, preguntó a la endemoniada por qué se espantaba. Y ella respondió: “Porque traes unas cuentas”. Y queriéndolo disimular el dicho guardián, mostrando las manos vacías, dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuentas traes, cuentas traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas? —dijo el guardián”. Y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y tantos estremos hizo la mujer endemoniada [47r] que nunca consintió la pusiesen estas cuentas, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen. (''De la misma información'') ''[374]'' ''[375]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco tenía tres cuentas destas, y saliendo de oír misa de los niños de la dotrina en Madrid, encontró con una endemoniada que traía arañado el rostro y lleno de cardenales, y poniéndole sus cuentas, comenzó luego a trasudar dando voces y balidos, como cabra, y salió della el demonio, pero así como se las quitaron, se volvió a endemoniar, y poniéndole otra vez otra cuenta de un religioso de nuestro padre san Francisco, tornó a salir della el demonio, y porque no la volviese más a fatigar, la dejó el religioso esta cuenta. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[377]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' Estando la dicha Isabel del Cerro en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado, y le llevaban a conjurar a santo Toribio de Liébana, y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes estremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das, tú me dejarías. ¡Oh, qué veo! ¡Oh, qué veo!”. Y diciendo esto y dando grandes voces, se fue huyendo, y salió del pueblo tan apriesa que no le pudie- [47v] ron alcanzar, aunque fueron tras él muchas gentes. (''De la misma información'') ''[379]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan mal tratada que era lástima verla, pero tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor, y el demonio salió della. (''De la misma información'') ''[381]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' El padre fray Pedro de Salazar, consultor del Consejo Supremo de la Santa Inquisición y provincial que ha sido de la Provincia de Castilla, declaró con juramento en su deposición que sabe que las cuentas de la beata Juana no solo tienen virtud contra los demonios, sino contra el fuego, tempestades y rayos, y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en estos reinos, y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y especialmente declaró que el año pasado de mil y seiscientos y nueve, a los veinte de mayo, hubo una gran tempestad de truenos y rayos, y para defenderse della una mujer de Torrejoncillo del Crucifijo, que se llama Mari Buena, se valió de una cuenta de la beata Juana, y creciendo la tempestad, cayó un rayo y mató un perrillo que tenía en las faldas, y ella quedó sin lesión. Y después se comprobó este [48r] milagro, y la dicha mujer juró ser verdad, como dicho es. Suceden tantas cosas extraordinarias en materia de rayos que pudo esto acontecer sin milagro, pero túvose por tal, y al fin se cuenta el caso como pasó. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[383]''. Y dijo más el dicho padre, que yendo él a Roma, al capítulo general que se celebró en tiempo de Sixto Quinto ''[384]'', estando en el mar cerca del puerto de Niza, se levantó tan grande tormenta que llegaron todos a punto de perecer. Y estando muy congojados, invocando el favor del Cielo, se le acordó que llevaba consigo una cuenta de la beata Juana, y lanzándola en el mar, asida de una cuerda muy larga para poderla recoger, al punto se serenó el cielo y cesó la tormenta, y el mar se sosegó de suerte que tomaron puerto. Y todos dieron muchas gracias a Dios por haberlos librado de tan manifiesto peligro, por la virtud de aquella cuenta, a que todos lo atribuyeron, por ser la serenidad tan instantánea y no esperada de los marineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristóbal del Cerro, vecino de Torrejón, dice que, viniendo una gran tempestad de truenos, relámpagos y piedra, se acordó de una destas cuentas que traía consigo. Y deseando que todos los que allí estaban conociesen [48v] la virtud destas cuentas, arrojó la que tenía a la parte donde venía la tempestad ''[385]''. Y en ese mismo punto, cesó, y se aclaró el cielo, con gran admiración de todos. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los''''' '''''señores de su Consejo'') ''[386]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' Luisa Román, vecina de Torrejón, tuvo una grave enfermedad, de que llegó a estar desahuciada, y estando casi muerta, la pusieron al cuello las cuentas de la beata Juana, y vio en sueños que una monja de su hábito le ponía las dichas cuentas y decía que se esforzase ''[388]'', que con ellas sanaría. Y cuando despertó, se halló cubierta de un gran sudor y con salud, no sin grande admiración de los que la habían visto en tan grave peligro. Y todos alabaron al Señor por tan grande maravilla. (''De la sobredicha información'') ''[389]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana de Lero, viuda vecina de Torrejón, estuvo muy apretada de perlesía ''[390]'', de manera que no podía mandar el brazo, ni la pierna izquierda ''[391]''. Y encomendándose a la beata Juana, prometió, si le sanase, una novena ante su santo cuerpo, y poniéndose una de sus cuentas, se halló repentinamente sana. La cual también el año de la peste tuvo dos secas mortales ''[392]'', y vino a estar desahuciada de los médicos y desamparada de la gente de su casa, que huyendo de la peste, la dejaron; pero ella, confiando en una cuenta que tenía y que por [49r] méritos de la santa la daría Nuestro Señor salud, quiso Su Divina Majestad que a la mesma hora en que dijo el médico moriría, se cubriese de un sudor, y quedó buena, y llamó a la gente de su casa, pidiendo que le diesen de comer. Y preguntando el médico a la mañana si era difunta, le dijeron que estaba mejor, y entrándola a ver, la halló sin calentura. Y cuando estuvo bien convalecida, vino a velar el cuerpo de la beata Juana, como lo había prometido. (''De la misma información'') ''[393]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' Doña Isabel Vallejo estuvo en Alcalá de Henares muy apretada de mal de corazón y con otras enfermedades tan peligrosas que llegó a estar desahuciada, pero poniéndola una destas cuentas sobre el corazón, se la pegó a las carnes, como si se la clavaran, y comenzó luego a mejorar, y con mucha brevedad alcanzó entera salud de todas sus enfermedades, por la virtud que Dios puso en aquella cuenta. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[395]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' Gerónima Evangelista, religiosa del convento de la Cruz, declaró que, comiendo un poco de pescado, se le atravesó una espina en la garganta, y, temiendo ahogarse, se encomendó al glorioso san Blas; mas, viéndose todavía apretada de su dolor, y acordándose de [49v] las cuentas de la beata Juana, la llamó en su ayuda, y poniéndose una dellas en la garganta, al punto saltó la espina sangrienta por aquella parte donde había estado hincada en la garganta, y quedó buena.'' ''(''De la misma información'') ''[397]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' Una señora de Madrid, que por justos respetos no nombro, estando muy fatigada de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio la inquietaba, procuró una cuenta de la beata Juana, y solo con traerla consigo, quedó libre de las tentaciones del demonio. (''De la sobredicha información'') ''[399]''. Y puesta la misma cuenta a una nieta del alcalde Villarroel en Madrid, que estaba enferma con grandes calenturas, quedó luego buena, descubriéndose en esto la virtud que Nuestro Señor puso en estas cuentas contra peligros del alma y del cuerpo ''[400]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' María Núñez, vecina de Torrejón, dijo a Isabel del Cerro, vecina suya, que ya no había salvación para ella, porque estaba condenada, y que el ángel de su guarda la había desamparado. Oyendo esto, la dicha Isabel del Cerro le puso en la mano sus cuentas de la beata Juana, con que se adormeció por espacio de una hora. Y, despertando, dijo: “¡Ay, señora!, ¿qué es esto que me ha puesto, que en ello está mi salvación y mi remedio?”. Y quedó libre de aquella [50r] desesperación y locura en que estaba. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'') ''[402]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' Ana López, vecina del sobredicho lugar, rogó a la dicha Isabel del Cerro le diese una de sus cuentas para ponerla a un hijo suyo que veía muchas visiones malas. Y desde que se la puso, nunca más las vio, antes quedó muy sosegado y quieto. Y, pasado algún tiempo, pidió que le tornase su cuenta, pues su hijo estaba bueno; mas, codiciosa della no se la quiso dar, por lo cual la dicha Isabel del Cerro, dijo: “Plega a Dios que no la goces”. Y así sucedió, porque rezando la dicha Ana López en ella, se le desapareció de las manos, dejándola llena de confusión y temor, y nunca más la vio de sus ojos. (''De la mesma información'')'' [404]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' Inés Bautista, religiosa en el monasterio de la Cruz, dio una destas cuentas a Francisco de Rojas, su primo. Y perdiéndosele en un camino, la echó menos, y tornándola a buscar algunas leguas, rogando a la gloriosa Juana de la Cruz se la deparase porque la estimaba en mucho, la halló en un arenal en el aire, levantada una vara del suelo. Y con mucha reverencia la tomó y la hizo engastar en oro; y, lleno de lágrimas y devoción, contó a la dicha su prima esta historia, según que ella lo refiere con juramento —no se le pudo tomar [50v] al dicho Francisco de Rojas, y así no hay deste caso otra comprobación—. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'') ''[406]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' Así mismo consta de una información y de un testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, que el año de mil y seiscientos y siete, a los once días del mes de julio, estando Ana de Montoya, vecina de Valdemoro, en la iglesia del monasterio de la Cruz, cumpliendo una novena que había prometido a la bienaventurada Juana —por haber librado a su marido de una enfermedad muy peligrosa— y deseando mucho tener alguna de sus cuentas, le rogaba le deparase alguna. Y estando en esto, vino una por el aire, que cayó de lo alto, y la dio en la frente, viéndolo Ángela de Ávila, mujer de Juan Girón, y Catalina de Tolosa, mujer de Juan Martínez, vecinas de Ciempozuelos, que se hallaron presentes y lo declararon ante el dicho escribano. Y considerando el sitio donde estaba la mujer cuando cayó la cuenta, fue caso milagroso que no pudo ser por industria humana, por no haber por allí cerca ninguna puerta, ventana, agujero, ni resquicio por donde la pudieran echar. Y así lo tienen por milagro de la gloriosa Juana de la Cruz. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo y de los señores de su Consejo'')'' [408]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''51r'''] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solamente las cuentas que subió el Ángel al Cielo y bendijo Nuestro Señor tienen las virtudes que hemos visto, sino también las tocadas a ellas, como la bendita Juana lo dijo a sus monjas. Y comprueban mucho más la virtud destas cuentas los milagros hechos con las tocadas a ellas que los que se han hecho mediante las mesmas que bendijo Nuestro Señor en el Cielo, porque si solo por haber tocado a estas cuentas tienen tal propiedad y virtud las tocadas, que lanzan demonios y hacen otros milagros, claro está que no carecerán desta virtud las cuentas que se la dieron a ellas, pues en buena filosofía la contienen con eminencia. Y porque los milagros son prueba tan suficiente de las cosas sobrenaturales —que ninguna los iguala, porque hecho un milagro en confirmación de la dotrina que se predica, es visto ser Dios el testigo della—, contaré aquí algunos colegidos de las dos informaciones sobredichas y de otra hecha con autoridad del Ilustrísimo de Toledo, para ave- [51v] riguar ciertos milagros del beato fray Julián de San Agustín, por quien ha hecho tantos Nuestro Señor que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente en noventa y dos informaciones auténticas, con mil y cuatrocientos testigos: primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de Su Santidad ''[409]''. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'')'' [410]''.'' ''Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales, y tanta devoción con ella que exhortaba a las gentes tocasen sus rosarios a ella. ''[409] ''Y en esta obra de caridad le sucedieron casos estraños con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes ''[411]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando el bienaventurado padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él Mari Sanz, mujer de Bartolomé de Onchel, el Viejo, y rogándole tocase su rosario a la cuenta que el santo padre traía en el suyo, dijo: “Levanta primero esa piedra que está junto a nosotros”. Probolo la mujer por dos veces, mas no pudo, porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto el beato fray Julián, dijo: “No trabajes, hija, que no es piedra esa, aunque lo parece, sino un demonio que pretende impedir que no se toquen tus cuentas [52r] a la de la beata Juana, porque no goces de las virtudes que Dios puso en ellas”. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo. Está en el oficio del secretario Salgado'') ''[412]''. Semejantes casos a este le sucedieron muchas veces en el dicho lugar de Villanueva, y en el de Camarma, como consta de la dicha información, y que las piedras desaparecían en descubriendo el santo lo que eran. En la villa de Mejorada, estando el siervo de Dios tocando otros rosarios a la cuenta que tenía, llegó a él Juliana Díaz, hija de Alberto de Cobeja, para que le tocase diez cuentas, y el santo dijo: “Ya están tocadas otra vez, y tienen la virtud de las cuentas de la beata Juana”. Y constó ser así, y haber más de dos años que Francisco Moreno, vecino de Getafe, las había tocado en Madrid a otra cuenta ''[413]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' Madalena Escribano, vecina de Torrejón de Velasco, fue muy tentada del demonio, que se le aparecía muchas veces, y ofreciéndole una soga, le decía que se ahorcase, pero fue Nuestro Señor servido que poniéndole una cuenta tocada, nunca más el demonio le apareció, y quedó libre de él y de los temores y espantos que la ponía. (''De otra información hecha por comisión del ilustrísimo de Toledo'') ''[415]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le apretaba, y habiendo oído [52v] decir las virtudes de las cuentas de la beata Juana, procuró una de las tocadas, y —solo con traerla consigo— quedó libre, y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre. (''De una información hecha por comisión del padre general de la Orden'')'' [417]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas, y pensando ser de las originales —porque por tal se la habían dado—, llegando donde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase de él, porque traía una cuenta de santa Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras, y le atormentaba mucho con ella ''[418]''. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, y supo que su cuenta no era original, sino de las tocadas, y que tenía la misma virtud que las que Cristo bendijo. Y aunque el demonio sea padre de mentiras, en casos semejantes no suele permitir Dios que nos engañe. (''De la misma información'') ''[419]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' María Madalena, religiosa del convento de la Cruz, declaró en su dicho que una mujer de Madrid vino a velar al dicho convento, y dijo que, viendo ella llevar a conjurar a un endemoniado y acordándose de las cuentas de la beata Juana, dijo: “¿Quién tuviera una?”. Oyolo otra mujer que iba con ella, y respondió: “Yo tengo una de las tocadas, pero no la [53r] quiero dar, porque no se pierda”. Y la dicha mujer dijo: “Pues déjeme tocar otra en ella, que aunque las tocadas no valen, la fe bastará”. Y tocando una cuenta a la tocada, se fue con ella a la iglesia donde conjuraban al endemoniado. Y así como entró por la puerta, comenzó el demonio a dar voces, diciendo que le echasen de allí aquella mujer, que con una cuenta que traía le atormentaba más que todo el infierno junto ''[421]''. (''De la sobredicha información'') ''[422]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' Declaró doña Catalina de Salazar que una esclava de su madre tenía una cuenta de de las tocadas, y que yendo un día a la plaza, vio mucha gente alrededor de un endemoniado, y llegándose a mirarle, comenzó a dar voces el endemoniado, diciendo: “Quítenme de ahí esa esclava, que me atormenta con una cuenta que trae de aquella Juanilla”. (''De la sobredicha información'') ''[424]. ''Y oyéndolo la gente, dio lugar a que la dicha esclava llegase y pusiese la cuenta al endemoniado, y al punto salió el demonio de él, dejándole libre y a todos los que presentes estaban admirados de la virtud que puso Dios en las dichas cuentas ''[425]''. (''De la mesma información'') ''[426]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' Juan de Urriaga, vecino de Cubas, tenía una cuenta quebrada de las tocadas, y yendo a la villa de Pinto, halló que estaban conju- [53v] rando en la iglesia a una mujer endemoniada. Y así como le vio, comenzó a dar voces el demonio, diciendo que le echasen de allí aquel hombre que traía una cuenta de Juanilla de la Cruz, que le atormentaba más que el infierno. Y el dicho Arriaga la dio al clérigo que conjuraba, y poniéndosela a la endemoniada, salió luego della el demonio, y la dejó libre. (''De una información hecha por comisión del ilustrísimo cardenal de Toledo'') ''[428]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' Catalina de Santa Ana, religiosa muy anciana del convento de la Cruz dio a un hombre una destas cuentas, y pensando él que era de las originales, no vía la hora que hacer esperiencia della y de la virtud que tenía contra los demonios. Y encontrando un endemoniado, se la puso, y, muy furioso el demonio, haciendo muchos estremos, dijo: “No es cuenta de santa Juana la que me lanza, sino de santa Ana”, porque así se llamaba la religiosa que se la dio, y por no ser original, sino de las tocadas. (''De una información hecha por comisión del reverendo padre general de la Orden'') ''[430]. ''Otros muchos milagros dejo de poner, por parecerme que con estos se prueba bastantemente la virtud destas cuentas y la que tienen las tocadas a ellas, y destas son las más que andan, que de las originales que bendijo Nuestro Señor en el Cielo hay poquísimas, porque con el tiem- [54r] po se han consumido y acabado. En el convento de la Cruz hay dos desde el tiempo de la gloriosa Juana, y entre las monjas de él se hallan algunas, y otras personas particulares también las tienen. Y en el lugar de Cubas, como tan cercano al convento de la Cruz, se hallan algunas, tan estimadas de los que las tienen que se heredan de unos en otros, y las dejan por manda de testamento cuando mueren, por la gran devoción que tienen a las dichas cuentas, y mucha esperiencia de las virtudes que Dios puso en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIII. De otros muchos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El clementísimo Señor, que tantos favores hizo a su sierva sor Juana de la Cruz, al mismo tiempo que se trataba del menosprecio de las cuentas que Su Divina Majestad bendijo a su instancia, se sirvió de hacer otros muchos en defensa de la verdad, y en lugares muy públicos, donde los jueces eclesiásticos y seglares pudiesen hacer averiguaciones jurídicas, de los cuales pondré aquí algunos para mayor [54v] gloria de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Francisco Rodrígez, hijo de Antonio Rodríguez y de Helena Rodríguez, vecinos de Monforte de Lemos, y residente en la ciudad de Valladolid, de veinticuatro años de edad, estando un jueves en la noche bueno y sano de sus ojos, se halló tan ciego a la mañana que aunque los abría no pudo ver la luz del día, ni la claridad del sol ni otra ninguna cosa ''[431]''. Y así anduvo ciego, arrimado a un palo y pidiendo limosna, casi tres meses, hasta que llegándola a pedir al monesterio de San Francisco de Valladolid, después de habérsela dado el portero, teniéndole mucha lástima, le puso sobre los ojos una cuenta original de la beata Juana de la Cruz, que está en el mismo convento, y le tocó a ella el rosario que traía, diciendo que tuviese mucha devoción y fe con la santa, y que cuando se fuese a acostar se pusiese aquel rosario muchas veces sobre los ojos, y así lo hizo con la mayor devoción que pudo toda aquella noche, llamándola hasta quedarse dormido. Y despertando a la mañana, día del Domingo de Ramos del año de mil y seiscientos y once, se halló con los ojos claros y buenos, y con la misma vista que de antes, por lo cual, no cabiendo de [55r] contento, se levantó de la cama dando gritos y sin acordarse del palo en que se arrimaba, porque no le hubo menester, se fue derecho a dar las gracias a la santa, al sobredicho convento de San Francisco donde está su imagen pintada, y a que viesen los frailes y el portero la merced que Dios le había hecho, sobre lo cual le examinó jurídicamente el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid. Y hecha información con otros muchos testigos jurados y con intervención del fiscal de la audiencia episcopal, se halló ser verdad lo sobredicho por la misma información original que está en el oficio de Juan de Vega, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. También el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor de Valladolid, hizo otra información sobre este caso ante Pedro de Ávila, escribano de Su Majestad y público del númerode la dicha ciudad, comprobada por Antonio Vázquez de Barreda y Juan de Gamarra, escribanos reales y públicos del número de Valladolid. Asimismo consta de un testimonio, firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la sobredicha ciudad, el cual [55v] está originalmente guardado en el convento de la Cruz ''[432]''. (''Consta de diversas informaciones'') ''[433]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año sucedió en Valladolid que un niño de trece meses, hijo de Juan de Velasco, batidor de oro, estando enfermo con esquinencia y mal de garrotillo, a lo cual se le juntó una apostema en la garganta, y sobre todas estas enfermedades, no mamaba y tenía ya levantado el pecho, por lo cual le desahuciaron los médicos que le curaban ''[434]''. Y viendo los padres que se les moría su hijo y que no había remedio en la Tierra para él, se le encomendaron a la beata Juana de la Cruz y le pusieron en la garganta tres de sus cuentas tocadas, con que se le reventó la apostema y echó por las narices y boca grande cantidad de materia y de sangre, y sin hacerle otro ningún beneficio tomó luego el pecho y quedó bueno, teniéndolo todos por milagro de la santa, como lo declaró con juramento el doctor Hernán Sánchez, catedrático de Medicina en la Universidad de Valladolid, que fue el médico que le curaba, siendo examinado jurídicamente por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, que hizo la información deste milagro ''[435]'', la cual está en el oficio de Juan de Ve- [56r] ga, notario, en Valladolid, y su traslado auténtico en el convento de la Cruz. (''Consta de una información hecha ante el doctor don Fernando de Valdés, provisor de Valladolid'') ''[436]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió también el mismo año que Manuela de Toro, hija de Antonio de Toro y de Ana de la Fuente, vecinos de la sobredicha ciudad de Valladolid, estando con grandes corrimientos en los ojos y con dos nubes en ellos, aunque la hicieron muchos remedios, ninguno fue de provecho, hasta que le pusieron en los ojos la cuenta original de la beata Juana, que está en el convento de San Francisco de Valladolid, con que quedó sana y con vista ''[437]''. (''De la sobredicha información'')'' [438]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Tordesillas, hija de Gabriel de Tordesillas, mercader de ropería en Valladolid, siendo niña de solos dos meses, la dieron unas cuartanasy calenturas muy recias que la duraron cuatro años ''[439]'', y fue Dios servido que tocándole la cuenta de la beata Juana, que está en San Francisco, y poniéndole al cuelo otra de las tocadas a ella, quedase luego sana y de todo punto buena ''[440]''. (''De la misma información'')'' [441]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Mejía, mujer de Juan de Mójica, escribano en Valladolid, llegó a cegar de ambos ojos de achaque de unas cataratas ''[442]'', y poniéndole en ellos el rosario de su marido, que estaba tocado a la cuenta de la santa, y enco- [56v] mendándose a ella, cobró vista a la segunda vez que la pusieron el rosario sobre los ojos. (''De la misma información'') ''[443]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gaspar de Artiaga, que reside en la corte, y doña Ana Pérez, su mujer, declararon cómo estando el dicho Gaspar de Artiaga con dolor de costado y muy grandes calenturas, desahuciado de los médicos, encomendándole su mujer a la beata Juana de la Cruz, y haciendo sobre el lado que le dolía muchas cruces con una cuenta de las tocadas, fue Dios servido que al punto se le quitó el dolor y la calentura, y estuvo bueno. Y así prometieron de ir a visitar su cuerpo, y estando cumpliendo su promesa, juraron ser verdad lo sobredicho, de que se hizo información, la cual está originalmente guardada en el convento de la Cruz, y en ella se refiere otro caso muy semejante a este ''[444]''. (''De una información hecha por la justicia de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número'')'' [445]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Villaseca de la Sagra había una mujer muy perseguida del demonio, que se le aparecía muchas veces en diversas figuras, dándola muchos golpes y porradas ''[446]'', mas fue Nuestro señor servido que poniéndole una de las cuentas tocadas, no la maltratase más el demonio, ni llegase a ella de allí adelante, aunque una vez se le apareció y la dijo que si no se quitaba aquella cuenta que no era de las ori- [57r] ginales verdaderas de Juana de la Cruz, la ahogaría. Y notó la mujer que esta vez no se le acercó el demonio como solía, ni se llegó a ella con más de cinco pasos, de lo cual dio testimonio Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad y notario del Santo Oficio en la villa de Cubas, año de mil y seiscientos y once.'' ''(''Consta de un testimonio original que está en el convento de la Cruz'')'' [447]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Luisa de Porres Montalvo, vecina de Valladolid, estando sorda de ambos oídos, sin aprovecharle ningún remedio de muchos que le hicieron, sanó tocándole la cuenta de la beata Juana de la Cruz; y, poniéndola en los oídos otras de las tocadas a ella, quedó de todo punto sana, y la información original está en el convento de la Cruz ''[448]''. (''De una información que hizo en Valladolid el doctor Ortega Salazar, teniente de corregidor, ante Julián García, escribano'')'' [449]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Palencia había un hombre endemoniado que en viendo a un cirujano de la misma ciudad huía y le decía que se apartase de él porque le venía a matar, mas diciéndole el cirujano que mirase que no tenía armas con que le ofender, repondió que con las cuentas que traía consigo de Juana de la Cruz ''[450]''. Queriendo conjurar a este endemoniado, se juntó infinita gente y el sobredicho cirujano; mas, así como le vio, dijo [57v], nombrándole por su nombre: “¿Qué me quieres, Pedro Doblanca, que así me persigues y abrasas?”. Replicole el cirujano que con qué le hacía tanto mal, pues no traía armas con que ofenderle. Entonces, el endemoniado, levantando la voz, dijo: “Con las que duermes de noche, que son tres cuentas tocadas a la de Juana de la Cruz, las cuales traes en las muñecas y garganta”, en lo cual se manifestó ser el demonio quien hablaba en aquel hombre, por ser esto tan secreto que ninguno lo sabía. Y conociose más, porque a los primeros conjuros, mandándole el cura dijese quién era, dijo que era Satanás. Entonces, pidiendo el cura alguna cuenta de la beata Juana, le dieron un rosario que le echó al cuello, aunque lo rehusó mucho el endemoniado y comenzó a hacer muchos visajes y gestos, dando muestras de gran sentimiento y dolor. Por lo cual, preguntándole el cura qué sentía, respondió que mayores tormentos y penas con aquel rosario que si por tres mil años hubiera estado en el infierno, padeciendo todos los tormentos y penas que allí se padecen. Y decíalo con voz tan temerosa y triste que atemorizaba a todos cuantos lo [58r] oían. Preguntado por el cura cúyas eran aquellas cuentas que tanto le atormentaban, respondió que de Juana de la Cruz. Y tornándole a preguntar si eran de las originales, dijo que no, sino de las tocadas, y que saldría de aquel cuerpo si se las quitase, porque le abrasaban mucho. El cura se las quitó, y al parecer de todos salió el demonio de aquel hombre, y nunca más ha tornado, antes después acá siempre le han visto hacer cosas de mucha devoción y pedir cuentas de la santa, que trae consigo. La información original deste caso, como se ha contado, está en el convento de la Cruz.'' ''(''Consta de una información hecha en la ciudad de Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor general, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico'')'' [451].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Madrid sucedió el año de mil y seiscientos y once que estando muy enferma María de Alvarado, colchonera, de un fuerte mal de corazón que le daba muy a menudo, durándole cuando menos hora y media, estando actualmente con este mal, la pusieron en la muñeca de la mano una cuenta de la beata Juana, y en el mismo instante tornó en sí y estuvo buena, con grande admiración de todos los que lo vieron, que quedaron alabando al Señor en su sierva ''[452]'', a lo cual se hallaron presentes [58v] muchos testigos y siete escribanos públicos de Su Majestad, residentes en su corte y provincia, y un notario apostólico, que dieron fe y lo signaron con sus signos y firmaron de sus nombres, como parece del testimonio original, que está en el convento de la Cruz. (''De un testimonio signado y firmado de siete escribanos reales y de un notario apostólico'')'' [453]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los milagros que hasta aquí se han referido en este capítulo son del año de mil y seiscientos y once, y tantos los que Nuestro Señor hace cada día mediante las cuentas desta su sierva que si todos se hubiesen de escribir, ocuparían gran volumen, por lo cual, dejando muchos, contaré una maravilla pública y muy notoria, vista y examinada de muchas gentes, que hoy y cada día obra Dios en la villa de Griñón, seis leguas de la corte del Rey nuestro señor, en una mujer apasionada con tan grandes desmayos que, con darla muy a menudo, le suelen durar dos días con sus noches; lo cual la procede de un fuerte mal de gota coral'' [454]'', que por haber muchos años que le tiene y ser persona de edad es incurable en ella, según lo afirman los médicos que la han curado ''[455]''. Estando como muerta con este mal y con estos desmayos tan grandes, privada de [59r] todo género de sentido, si la ponen una cuenta de la beata Juana, vuelve en sí diciendo: “¡Jesús!”, y, si se la quitan, al mismo punto se torna a desmayar, conociéndose el mismo efeto todas las veces que se la quitan y ponen, de suerte que en dándola el desmayo, su remedio consiste en que la pongan la cuenta. Y esto es tan sabido en aquella tierra que las personas que tienen alguna destas cuentas, para salir de duda y saber si son de las verdaderas, van y hacen experiencia en esta mujer enferma, según consta de diversos testimonios que cerca desto han dado diferentes escribanos que lo han visto, y de una declaración del doctor Rojas, médico, hecha ante Francisco Ortiz de Herrera, escribano público del Rey nuestro señor, cúyo es también el testimonio siguiente (''Estos testimonios están originalmente en el convento de la Cruz'') ''[456]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo, Francisco Ortiz de Herrera, escribano público de Su Majestad, vecino y natural desta villa de Griñón, testifico y doy fe que María de la Vieja, hija de Bartolomé de la Vieja, vecina de la dicha villa, ha estado enferma de tres años a esta parte, y lo está al presente de un mal que llaman los médicos “gota coral”, que la suele dar tan furiosamente que se da grandes golpes en su cuerpo, durándole dos días [59v] con sus noches; y, habrá cosa de cinco o seis meses, que habiéndole dado este mal y estando la dicha María de la Vieja privada de sus sentidos, poniéndole una cuenta de la beata Juana de la Cruz en el cuello o garganta o en otra cualquier parte de su cuerpo, de suerte que le tocase a la carne, volvía luego al punto del desmayo, diciendo muchas veces: ‘¡Jesús!’, y en quitándosela, al mismo instante se trababa de todos sus sentidos y la volvía el dicho mal, pero, teniendo puesta la dicha cuenta, tornaba en sí, hasta que de todo punto estaba buena. Y, viéndose este milagro tan patente, como le da de ordinario y muy a menudo el desmayo, muchas personas que tienen las dichas cuentas y reliquias se las ponen a la dicha María de la Vieja estando desmayada y sin sentido, y luego vuelve en sí, lo cual en mi presencia se ha hecho infinitas veces, especialmente una noche que habiendo llegado al monasterio desta villa de Griñón el padre fray Diego Ordóñez, comisario general de la Orden del seráfico padre San Francisco, el señor don Pedro de Mendoza, hijo mayorazgo del señor don Íñigo López de Mendoza, señor desta villa y de la de Cubas, llamó en mi presencia a su paternidad reverendísima para que viese [60r] los milagros que hacía Nuestro Señor por medio de las cuentas de la beata Juana, y lo fue a ver y vio cómo el dicho señor don Pedro tocó a la dicha María de la Vieja una cuenta, y que haciéndole con ella misma la señal de la cruz, diciendo: ‘En nombre de la Santísima Trinidad y de la beata Juana’, aunque estaba desmayada, volvía luego y decía: ‘¡Jesús!’; y si la quitaban la dicha cuenta, le volvía a dar el dicho mal y quedaba privada de los sentidos, como antes. Y viendo Su Paternidad Reverendísima tan gran milagro y tan patente, sacó dos cuentas que traía consigo de la beata Juana y vio hacer la dicha prueba y que volvía en sí con cualquiera dellas, y quitándoselas la volvía el dicho mal y desmayo. Y esto pasó en presencia de mí, el escribano, y del dicho padre comisario general y de su secretario, y del guardián de Pinto y de otros muchos, que todos se admiraban y dieron muchas gracias a Dios de ver por sus propios ojos tan grande milagro hecho por medio de las cuentas de la beata Juana de la Cruz. Y lo mismo doy fe que sucede todas las veces que le da el dicho mal, poniéndole cualquiera de las dichas cuentas. Y para que conste, di este testimonio y lo signé y firmé. Y el dicho señor don Pedro [60v] de Mendoza lo firmó en Madrid, a ocho de abril de mil y seiscientos y once años. Don Pedro González de Mendoza y Bosmediano. En testimonio de verdad, Francisco Ortiz de Herrera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso Nuestro Señor encerrar la virtud destas cuentas dentro de los límites de España, sino que estendiéndose fuera della, la gozasen otras naciones que la han ya experimentado y conocido. En la ciudad de Ays ''[457]'', del reino de Francia, el día de Pascua de Resurreción, a los ventidós de abril del año de mil y seiscientos y doce, pasando por la dicha ciudad el padre fray Antonio de Trejo, comisario general de Indias, y otros padres provinciales y custodios de la Orden de nuestro padre San Francisco, de las provincias de España, que iban al capítulo general que se había de celebrar en Roma, estando en el convento de nuestro padre San Francisco de la misma ciudad, supieron cómo había en ella un monasterio de religiosas muy reformadas de la Orden de Santa Clara, en el cual, de cuarenta monjas que había, las veinticuatro estaban endemoniadas, caso que lastimaba a toda la ciudad y reino ''[458]''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; por lo cual el obispo de la misma ciudad, movido de compasión, las llevó a su palacio, donde las [61r] tenía con todo el recogimiento y regalo posible, para que con mayor comodidad se acudiese a remediar tanto mal, y al consuelo espiritual de sus almas, como se hacía con la asistencia del dicho señor obispo y de dos religiosos de nuestra Orden, a quien estaba cometido este cuidado. Algunos de los padres que allí se hallaron, especialmente el padre fray Gerónimo de Cavanillas, letor jubilado en Teología y custodio de la provincia de Valencia, el padre fray Pedro Jover, letor de Teología y custodio de la provincia de Cataluña, que ahora es provincial della, el padre fray Juan Grao, letor de Teología de la misma provincia, el padre fray Pedro Echavarri, predicador de la provincia de Santiago, y el padre fray Juanetín Niño, vicecomisario general de Indias y letor de Teología de San Francisco de Salamanca, oyendo un caso tan lastimoso y deseando poner algún remedio en él, juntamente con los dos religiosos a cuyo cargo estaba el acudir al consuelo espiritual de las religiosas, fueron el primer día de Pascua al palacio del señor obispo, adonde vivían las religiosas con su abadesa; y las que estaban sanas los recibieron en una sala alta a modo de capilla, donde vieron un altar en que estaba el Santísimo Sacramento con sus luces y algunas religiosas de rodillas [61v], las cuales, después que hubieron hecho oración, les trajeron las que estaban endemoniadas, y aunque lo rehusaron mucho, vinieron de mala gana y por fuerza, dando voces y echando muchos espumajos por la boca, y arañándose los rostros y sudando con grande aflición y congoja. Por lo cual, llevando el dicho padre fray Juanetín una cuenta de la bendita Juana de la Cruz, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;se la puso sobre la cabeza a una de las que estaban endemoniadas, sin decirle cúya era, pero luego la comenzó ella a manifestar dando grandes voces y haciendo más feos y más espantosos visajes; y, lastimándose mucho, dijo: “Quítamela, quítamela”. Y el padre no lo quiso hacer, antes la preguntó qué sentía con aquella cuenta que tanta pena le daba. A lo cual respondió en lengua francesa que la quitasen la cuenta, porque aunque la hiciesen pedazos no lo diría. Viendo esto, la mandó, en virtud del Espíritu Santo y de la dignidad sacerdotal que tenía, dijese qué sentía con aquella cuenta y cúya era. Estuvo gran rato la endemoniada sin querer responder ninguna cosa, hasta que, apretándola con conjuros, dijo que aquella cuenta era de Juana la Española, y que sentía tanto fuego con ella después que se la pusieron sobre la cabeza [62r] como si la metieran en un horno de fuego ardiendo. Preguntola también qué virtud tenía aquella cuenta, y aunque al principio lo rehusó, apretándola más, dijo que tenía muchas virtudes, y mandándola en virtud del Espíritu Santo que, para gloria de Dios y de su sierva la bienaventurada Juana de la Cruz, dijese cuál era la mayor, dijo: “Tiene virtud contra nosotros”. Y preguntándole de dónde tenía la cuenta esta virtud, respondió la endemoniada que de la bendición de Dios de arriba, y que un ángel la había subido arriba —señalando al cielo—, para que Dios la bendijese. Mientras esto pasaba así con esta religiosa endemoniada, muchas de las otras se iban huyendo, pero trayéndolas a la presencia de todos y poniéndoles las cuentas, sucedía con ellas lo mismo que había sucedido con la otra, confesando cada una de por sí que la cuenta era de Juana y que llevándola el ángel arriba, la bendijo Dios, de donde se le pegó la virtud que tenía. Y porque al principio no entendían bien los padres algunas palabras que decían las endemoniadas, por ser en lengua francesa, se las declaraban los dichos dos religiosos, a cuyo cargo estaba el consuelo espiritual de las monjas, y un doctor médico, que [62v] las curaba. Asimismo vieron que tocando sus rosarios a la dicha cuenta, hacía lo mismo el demonio, confesando que tenían la propia virtud, y poniendo a una dellas en la boca un rosario tocado a la dicha cuenta, hacía visajes y daba voces, diciendo que si no se le quitaban le haría pedazos. Y la dijo el dicho padre que no podría, porque ya las cuentas de aquel rosario tenían virtud de Dios, y ella respondió: “Verdad es, que no puedo”; y así no las hizo ningún daño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vieron también que con otra de las dichas cuentas que llevaba el padre Cavanillas —uno de los sobredichos— sucedió lo mismo, y que el padre fray Pedro Jover llevaba consigo dos cuentas que le habían dado en Castilla, aunque de la una estaba dudoso si lo era, porque la persona que se las dio le dijo que la una era certísima y la otra no la tenía por tan cierta. Y preguntando el dicho padre a una de las endemoniadas le dijese, para honra y gloria de Dios y de su santa, si aquellas cuentas eran de la santa Juana, respondió que la una era certísima, señalando la que le habían dado por tal, y que la otra no era de las verdaderas. Vieron también cómo en presencia de los que allí estaban —según que a todos pareció—, salió [63r] el demonio de los cuerpos de las religiosas que estaban endemoniadas poniéndoles la dicha cuenta, porque, al punto que las dejaba el demonio, quedaban cansadas y sudando notablemente, y hacían la señal de la cruz y se persinaban, y las que poco antes huían de la cuenta la besaban, dando muestras de devoción y de estar libres del demonio; y la que primero se hallaba libre de él ayudaba luego a las otras para que las pusiesen la cuenta. A lo cual y a todo lo sobredicho se hallaron presentes los dichos padres, y dieron testimonio dello y juraron ser verdad ''in verbo sacerdotis'' ''[458]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También son testigos vivos y mayores de toda excepción los que han visto y leído una carta fresca del ilustrísimo señor cardenal Dietrichstain, arzobispo de Nichilspurg, en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana ''[459]'', donde está una cláusula del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Haráme Vuestra Excelencia merced singular en enviar la otra cuenta de santa Juana de la Cruz, porque cierto les he cobrado devoción infinita, viendo los milagros grandes de la que tengo acá, que su mujer del señor de Mechau, camarero mayor del rey de Hungría ''[460]'', estaba con la vela en la mano, cerrándola los ojos [63v] pensando que espiraba, que había parido un hijo muerto y le daban pasados de cuarenta veces al día dolores de corazón y desmayos, y se la envié allá, y puesta al cuello, reposó luego, y hoy está bonísima. Fuera de otros particulares beneficios que he experimentado yo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha señora marquesa, habiendo leído esta cláusula de la carta a las monjas de la Madre de Dios de Constantinopla de Madrid, donde está aposentada, la envió al señor obispo que fue de Canaria, don fray Francisco de Sosa, el cual la leyó y copió, y dio un testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello y refrendado de Juan Alonso de Medina, su secretario, que se hallará en el archivo del monasterio de la Cruz, donde testifica conoce la letra, firma y sello del dicho señor cardenal, y que la carta es toda de su mano, con que demás de ser tan evidente que a la dicha señora marquesa nadie le había de escribir carta falsa, queda más autorizada su legalidad y verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros refieren personas muy fidedignas, que callo por no hallar cerca dellos informaciones jurídicas, y porque los dichos bastan para el intento, que es pro-[64r] bar son grandes los méritos de la bendita sor Juana de la Cruz, y muy ciertas las virtudes de sus cuentas, pues se manifesitan más y en partes tan remotas al tiempo que mayor contradición les hacen, que es el ordinario medio con que suele Nuestro Señor defender su causa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIV. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandece tanto la suavidad y alteza del espíritu del Señor en todas las revelaciones que comunicó a esta virgen, que aunque su vida está tan llena dellas —que se podría llamar una revelación continuada— quise escribir este capítulo de revelaciones atendiendo a que el comunicárselas Dios fue para el aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el Ángel mandándoselas escribir. Y este fue el fin que tuvo la extática virgen en manifestarlas, y el que ahora se tiene en sacarlas a luz, para que leyéndolas el pecador se consuele, considerando las mi- '''['''64v] sericordias de Dios, que respladecen mucho en ellas, como se verá en una que contó ella a sus monjas, por las palabras siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Llevándome mi santo Ángel un día de la gloriosa santa María Madalena ''[461]'' a visitar la iglesia donde está su santo cuerpo, por ganar los perdones que allí están concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de la cual entre las llamas y el humo salía un alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio, y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el cielo ''[462]''. Y díjome mi santo Ángel: ‘Porque veas lo que puede la misericordia de Dios y la contrición en un hombre: aquella alma que viste subir desde las llamas al cielo acompañada de los ángeles es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno’. Prendiole la justicia y confesó [65r] llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y rigurosa justicia al juez, diciendo quería pagar su delito en esta vida; y aunque la salvara, si quisiera, escogió morir y padecer esta pena en satisfación de su culpa. Y así, después de haberle dado garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual y de su cuerpo sale en este punto el alma y se va derecha al Cielo, acompañada de aquellos ángeles, como ves. Y me huelgo que lo hayas visto, porque sepas que mientras el alma está en las carnes, tiene lugar la misericordia de Dios, que le halla entre la soga y la garganta del hombre”. (''Este ejemplo más es para confiar en la misericordia de Dios que para imitarle, por el peligro que trae consigo la penitencia que se dilata para la hora de la muerte [463]'') ''[464]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, le mostró Nuestro Señor que a un ermitaño de santa vida, que hacía penitencia y vida solitaria en un desierto, se le apareció el demonio en figura de Cristo crucificado, y le dijo: “Adórame, que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz, y me agrada mucho tu oración y penitencia”'' [465]''. Hízolo el ermitaño, y estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios, diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del Crucificado. Y, pues sabes que se paga de voluntades, y que recibe la deste ermitaño [65v] como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones que le haces, que tan poco te aprovechan, y vuelve luego a tu miserable reino, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese estas cosas el ermitaño para alumbrarle por este camino —dijo la sierva de Dios —, y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo, y os guardéis de sus engaños, que son mayores de lo que los hombres piensan”. (''En semejantes casos admite Dios la voluntad por la obra [466]'') ''[467]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que, estando elevada en oración, y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio —como otro profeta Esaías— al Señor de los ejércitos sentado en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día y derramado su sangre por la honra de su nombre ''[468]''. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba Dios los trabajos padecidos por su amor, le parecía decirle el [66r] mismo Señor, con voz tan sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recebir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. La humilde y devota virgen, con mucha confianza y amor, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias doy a Vuestra Majestad por tan soberana merced, que no la pienso yo recebir menor de vuestra poderosa y liberalísima mano, porque no me hartan, Señor, esos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo desa fuente de vida. Y hasta que lo alcance y consiga, no cesaré de suplicarlo a Vuestra Divina Majestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando en profundísimo rapto, la vino a visitar la gloriosa santa Bárbara, su muy particular devota, y razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. “Sí sé, hermana —respondió santa Bárbara— ''[469]''. Y querría también que supieses tú que te amo en el Señor y tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgenes, y apenas fue acabada, cuando le apareció el ánima de un niño [66v] que acababa de espirar, rogándola dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría estrecha cuenta a Dios Nuestro Señor de lo mal que los criaba. “Y yo doy a Su Majestad muchas gracias por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que, si llegara a ser grande, me condenara, por la mala crianza de mi madre. Dile que mire por mis hermanos, y los castigue antes que sean mayores y se pierdan. Mi madre se llama Fulana, y vive en tal lugar, y es mujer de Fulano” ''[470]''. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar, y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda, y quedó desde entonces tan aficionada a la sierva de Dios que la visitaba muy a menudo, aprovechándose de los santos consejos que le daba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años, desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los Ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales se apareció la santísima Virgen —como queda dicho— ''[471]''. Y cada año en estos nueve días, a la hora de maitines, vía la sierva de Dios una solenísima procesión en que venía la Madre de Dios, con muchos ángeles y santos [67r], y las almas de muchas monjas de aquella casa, y de otras personas difuntas que estaban en la bienaventuranza y habían sido devotas del santo aparecimiento, y también las que estaban en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento, daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del monasterio, en el cual entraba luego y iba derecha al dormitorio de las monjas donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo ''[472]''. A todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y amor, y hablaba con sus ángeles custodios, y ellos le representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían aparejado para celebrar la fiesta de su santo aparecimiento. Y decía Nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que les pusiesen guirnalas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo vían ni entendían ''[473]''. Y algunas veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial, y asistía a los maitines. Y la bienaventurada Juana, en espíritu, se hallaba presente a [67v] todo, y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón, y veía la procesión. Y a este punto se solía elevar, y cuando volvía en sí, la rogaban las monjas dijese lo que había visto. Y ella, con mucha humildad, contando lo que se ha dicho, les decía que había visto a la Reina del Cielo en aquella procesión, y que bendecía a los que habían venido a celebrar la fiesta de su santo aparecimiento, que fuesen muy devotas de él y de la Santísima Virgen, porque a su instancia tenía Dios otorgadas en esta iglesia muchas gracias y mercedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del santo aparecimiento; mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo, y porque la sierva de Dios la viese —que estaba enferma en la cama—, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los Ángeles que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor [68r] a su imagen. Y la noche siguiente, a la hora de maitines, vio cómo Cristo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición deste milagro ''[474]''. Y destos suele Dios hacer muchos, según la necesidad de los tiempos, y haciendo en este los herejes tantas injurias a las santas imágenes, mal recebirán esta maravilla, pero el Señor la hizo para confusión suya y confirmación del uso antiguo de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta sierva del Señor se experimentó lo que los santos dicen: que es singular medio para llegar al punto de la perfeción cristiana la devoción de la Virgen Nuestra Señora, de la cual fue tan devota esta su humilde sierva que desde muy niña la rezaba su rosario, y por no tenerle de cuentas, le hacía de cordel, con ñudos en lugar de paternostres y avemarías. Y siendo mayor, así como crecía en la edad crecía también en esta santa devoción, de suerte que cuando llegaban las fiestas de la Santísima Virgen, a sus grandes penitencias, ayunos y ejercicios ordinarios, añadía otros extraordinarios y extraordinarias penitencias, con que se disponía para celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las [68v] mercedes que Dios la hizo en estos días, y mayores y más frecuentes sus raptos, en los cuales tomaba el Señor por instrumento su lengua, para publicar las alabanzas de su Santísima Madre. Y así, estando esta sierva del Señor en oración, y abstraída de sus sentidos en las grandes elevaciones y raptos que veremos en el capítulo siguiente, un día de la Anunciación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y ocho, contemplando la obra tan maravillosa de la Encarnación del Verbo, que aquel día representa la Iglesia, y la humildad tan profunda con que la sacratísima Virgen dio su consentimiento para ser Madre de Dios, dijo que cuando encarnó el Verbo divino en sus virginales entrañas, vio en aquel punto la esencia divina y otros muchos misterios que le fueron revelados —como lo habían dicho graves autores ''[475] [476]''—, y que mereció más en aquella hora, obedeciendo a la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel, que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios, y más que todos los confesores en cuantas penitencias hicieron, y más que todas las vírgenes en la virginidad y limpieza que guardaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69r] Asimismo un día de la Presentación de Nuestra Señora del año de mil y quinientos y nueve, estando esta bienaventurada en un rapto que le duró muchas horas, dijo que desde el mismo punto en que la serenísima Reina de los Ángeles fue concebida en el vientre de su madre, santa Ana, tuvo uso de razón, como si fuera de edad perfeta, y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo, y en todas las demás virtudes hasta llegar a ser entre las puras criaturas la más perfeta y santa de cuantas hubo, ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra'' [477]'' ''[478]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, día de la resurreción del Señor del año de mil y quinientos y ocho, estando elevada, dijo que cuando Nuestro Señor Jesucristo salió del sepulcro glorioso, y, resucitado, apareció primero que a otra ninguna persona a su sacratísima Madre, por ser ella la que más había sentido su muerte y su sagrada Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la santa resurreción ''[479]'' ''[480]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[69v] Estas mercedes y otras muchas hizo Dios a su sierva en las fiestas de su sacratísima Madre, y en las de su purísima Concepción las recibió muy aventajadas, por ser devotísima desta fiesta, la cual celebraba con particular regocijo y devoción, y porque la tuviesen sus monjas las hacía en estos días devotísimas pláticas. Un día de la purísima Concepción ''[481]'' del año de mil y quinientos y nueve, estando en oración se quedó elevada en un profundísimo rapto que le duró algunas horas, y estando así por espacio de una hora entera, nunca dejó de hablar, diciendo lindezas y alabanzas de Nuestra Señora; llamábala “la purísima”, “la rosa entre espinas”, “la que sola entre los hijos de Adán fue concebida sin pecado original”. Y asimismo declaró el Evangelio: “''Beatus venter qui te portavit''” ''[482]'', que es el que aquel día rezaba entonces la Iglesia en el oficio propio, y otras muchas autoridades de la Sagrada Escritura y de los ''Psalmos'', declaradas todas en alabanza de la Reina de los Ángeles. Estas y otras cosas de mucha edificación decía la bendita abadesa a sus monjas en las pláticas espirituales que les hacía, demás de los sermones que estando elevada predicó, que tanta admiración causó [70r] a cuantos la oyeron, de que en el capítulo siguiente se hace mención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trujeron a la sierva de Dios una niña de teta muy enferma para que la diese su bendición, y así como la vio, revelándola el Señor que estaba endemoniada, dijo a las monjas con grande aflición de su espíritu: “Grande es la alteza de los secretos de Dios, pues permite Su Divina Majestad que el demonio tenga poder para atormentar esta niña inocente, que no ha más de siete meses que nació. Ruegoos, hermanas, que la encomendemos a Dios” ''[483]''. Y haciendo sobre ella la señal de la cruz, quedó libre de aquel espíritu malo que tanto la atormentaba. Y podemos decir desta niña lo que Cristo Nuestro Señor del ciego: que no cegó por sus pecados, ni por los de sus padres, sino por la gloria de Dios, que se había de manifestar en su salud. Sucedió muchas veces a esta sierva del Señor que estando en oración en su celda, rogando a Dios por las personas que se le encomendaban, las veía a todas ellas y sus necesidades y trabajos, tan clara y distintamente como si las tuviera presentes. Y contándoselo al ángel de su guarda, le respondió que se las mostraba Dios porque quería le rogase por ellas ''[484]''. Y en cierta ocasión le dijeron los santos ángeles [70v] que con tan grande afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que le fuese tan acepto sacrificio a Su Divina Majestad como si derramase sangre y padeciese grandes trabajos por él —que tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión— ''[485]''. “Estas cosas y otras muchas —decía a sus monjas— me muestra mi santo Ángel, por la voluntad de Dios, para mi aprovechamiento; y para el vuestro os las digo, y que me ha hecho el Señor tanta merced que me ha dado tanta luz y claridad en ellas que certísimamente conozco ser suyas, y por tan verdaderas y ciertas que así lo juraría, si me obligasen a ello, aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad al principio, no recibía tanto consuelo en las revelaciones que el Señor me mostraba como ahora. Por lo cual esta miserable pecadora da infinitas gracias a Su Divina Majestad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XV. Cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que le concedió Nuestro Señor==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[71r] Uno de los mayores trabajos que tuvo la beata Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces. Y como la bendita virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[486]''. Y como por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su esposa. Y así, habiéndole el Señor aparecido y consolado, quedó muda por algunos meses ''[487]''. Y después, tornándole a aparecer en otro rapto, la tocó con su divina mano y quedó sana. Pero en el tiempo de su mudez y por algunos años después, estando la sierva de Dios elevada, predicaba, diciendo por virtud divina maravillosas sentencias y decla- [71v] rando profecías y lugares difíciles de la Sagrada Escritura, con grande admiración de todos los que la oían, viendo tan manifiestamente la virtud del Señor en su sierva. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces: más o menos, como el Señor era servido. Divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada. Y para confusión destos y de otros incrédulos, estando arrobada hablaba con ellos, mostrando la revelaba Dios lo que tenían en el corazón, y reprehendiéndoles decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que dijo en aquel día que a la mitad del sermón se hincó de [72r] rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la sierva de Dios acabó de predicar; y, vuelta en sus sentidos, rogó a la abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[488]''. Y después de haberla hablado a solas, encomendándose en sus oraciones, se volvió, no poco edificado de la humildad que conoció en ella, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas de que nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y otras ''[489]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila, don fray Francisco Ruiz, fue devotísimo desta bendita virgen, y por su devoción dio a su convento dos esclavas moras de las que había traído de la conquista de Orán, donde había ido acompañando al cardenal don fray Francisco Jiménez ''[490]''. Estaban tan obstinadas en la ley de Mahoma que de solo proponerlas la de Cristo y decirles si querían ser cristianas, lloraban amargamente y se arañaban las caras hasta derramar sangre dellas. Lleváronselas una vez a santa Juana, en [72v] ocasión que predicaba en la forma dicha, y, convirtiendo a las moras su plática, les habló en algarabía ''[491]'', y ellas también la respondieron en el mesmo lenguaje. Y tales cosas les dijo que las convirtió a la fe y se bautizaron ''[492]''. Y después, estando arrobada, las habló otras veces en arábigo y muchas en latín, con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de cosas y defetos particulares suyos ''[493]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias y otras muchas que se vieron, por ser cosa tan insólita y maravillosa, los prelados de la Orden, por obiar lo que algunos mal intencionados decían, mandaron a la abadesa que cuando hablase de aquella manera, la encerrasen en la celda, sin que ninguna persona la oyese, aunque fuese de las mismas monjas ''[494]''. Pero una vez quiso Nuestro Señor que, habiéndola dejado sola y encerrada —como lo tenía ordenado el provincial—, tardó tanto en volver del rapto que la abadesa, cuidadosa del suceso, envió una monja que supiese lo que había. Y llegando a la celda donde la virgen estaba, vio muchas aves de diversos colores, levantados los cuellos, como que escuchaban lo decía —que las había Dios enviado para que la oyesen— ''[495]''. Y contándolo a la abadesa, fue con algunas re- [73r] ligiosas, y hallaron ser verdad lo que la monja había dicho, en lo cual se conoció ser la voluntad del Señor que oyesen a su sierva y lo que por su boca decía. Pero mientras se dudó desto y de la verdad destas cosas, bien fue esconderlas al mundo, para escusar la variedad de sus juicios, mas cuando ellas mismas hacen certidumbre que es Dios el autor, y el milagro de los pájaros lo comprueba, justo es que no lo encubran los hombres. Y así, el provincial, informado desta maravilla, concedió que hablando en aquellos raptos, la pudiesen oír personas principales y a quien él diese licencia —porque el convento en aquel tiempo no era de los encerrados—. Con esta nueva licencia, atraídos de la fama destas grandes maravillas, venían infinitas gentes eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, religiosos de todas órdenes, canónigos, inquisidores, obispos, arzobispos, el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ''[496]'', el cardenal de Toledo don fray Francisco Jiménez, muchos condes, duques, marqueses, señores y señoras de todos estados, testigos deste misterio, que lo vieron muchas veces por tiempo de trece años. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el emperador Carlos V [73v] nuestro señor, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el Señor dio a su sierva esta gracia a los veinticuatro años de su edad, siempre que la recebía era estando en rapto. Y muchas veces, según lo que parecía, la oían hablar con los ángeles, con los apóstoles y santos, como quien tenía al Señor presente, ante quien hacía sus peticiones, rogando por todas las personas del mundo en general y por algunas en particular, y por las ánimas de purgatorio. Hecho esto, juntaba sus manos —viéndolo todos— y haciendo muchas inclinaciones con la cabeza, muy humildes y profundas, oraba tan en secreto que ninguna palabra se le oía, salvo verla mover los labios, como persona que habla. Y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Entonces llegaban las religiosas, y levantándola del suelo sin que ella lo sintiese, la llevaban a su celda y ponían sobre su cama. Y luego, con voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono —que todos los que allí estaban lo entendían— hablaba cosas maravillosas. Y finalmente, eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y los Evangelios del [74r] año, conforme a las fiestas de él, durando en cada sermón cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta; tanto que cierta señora, estando una vez oyendo el sermón muy cerca, la hincó por la cabeza un alfiler de manera que la sacó sangre, y aunque por entonces no lo sintió, vuelta del rapto se quejó mucho dello ''[497]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' Otra vez, predicando, se llegó a ella una persona eclesiástica muy ilustre, y asiéndola del brazo, que le tenía recogido sobre el pecho, se le arrojó fuertemente, por ver si hacía algún movimiento o se quejaba del dolor, pero ella, insensible a todo esto, prosiguió con lo que iba diciendo, y el brazo se estuvo así caído, hasta que llegó una religiosa y se le puso sobre el pecho, como antes le tenía. Y hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que, con ser tan largos los sermones, ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba la virgen hermosísima: el rostro muy resplandeciente, y su persona y vestidos y todas las cosas que a ella tocaban, llenas de un olor celestial. Y de la gran fuerza con había hablado, queda- [74v] ba con un sudor tan copioso que de ordinario la mudaban el hábito y las tocas. Y cuando tornaba en sus sentidos la hacían comer, porque quedaba muy desfallecida y desmayada. Era cosa admirable que no sentía cosa de cuantas por ella exteriormente habían pasado, si después no se lo decían. Y porque los siglos que están por venir tuviesen noticia de tan grandes maravillas, dio Nuestro Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir llamada sóror María Evangelista, para escribir un gran libro intitulado del ''Conorte'', que contiene los sermones que predicó en un año la gloriosa Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires, de lo cual hay tradición y pública voz y fama en el monasterio de la Cruz. Y algunas monjas ancianas —que hoy viven— conocieron a la dicha sor María Evangelista, y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir muchas veces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este ''Libro del Conorte'' contiene setenta y un sermones, divididos en otros tantos capítulos, escrito en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia de grande estima, y con razón [75r], por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de Teología y autoridades de la Sagrada Escritura. Y en solo un año, tomando parte del de mil y quinientos y ocho, y parte del mil y quinientos y nueve, escribió esta bendita mujer trecientos y setenta y cinco pliegos, que son los que contiene este libro, de letra muy legible y asentada, aunque ya el tiempo y la polilla le tienen muy maltratado. Los sermones que predicó esta sierva del Señor en este año, como están originalmente en el libro del ''Conorte'', son los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' “De la Encarnación, “De la Natividad”, “De la Circuncisión”, “De la Epifanía”, “De la huida a Egipto”, “Excelencias del santo Baptismo”, “Reprehensiones y consejos”, “De la Purificación de Nuestra Señora”, “De la creación de Adán”, “Septuagésima”, “De santas y verdaderas dotrinas”, “De la cátedra de san Pedro”, “De la parábola del Evangelio del Sembrador”, “De cómo el redentor se perdió en Jerusalén”, [75v] “De cómo ayunó y fue tentado en el desierto”, “De cómo los pecadores piden al Señor mercedes”, “Del Domingo de Ramos y fiestas del Cielo”, “Del Miércoles Santo”, “Del Jueves de la Cena”, “Del Viernes Santo”, “De los misterios de la santísima Resurreción”, “Del buen pastor”, “De la Cruz”, “Del Evangelio que se canta el Domingo antes de la Ascensión” ''[500]'', “De la santa Ascensión del Señor”, “Del Espíritu Santo”, “De la Santísima Trinidad”, “De Corpus Christi”, “De la santa fe católica”, “De excelencias del día del Viernes”, “De los días de la semana”, “De la Visitación de Nuestra Señora”, “De san Juan Baptista”, “De san Llorente”, “De san Juan Baptista”, “De san Pedro y san Pablo”, “De la santa Cruz”, “De la Madalena”, “De santa Ana”, “Del mayordomo malo”, “De la Transfiguración”, “De san Llorente mártir”, “De cómo el Salvador lloró sobre Jerusalén”, “De santa Clara”, “De la Asumpción de Nuestra Señora”, “De san Bartolomé”, “De la degollación de san Juan Baptista”, “De las fiestas que Nuestro Señor hizo a Natanael”, “De la Natividad de Nuestra Señora”, “De la Exaltación de la Cruz”, “De cómo el redentor resucitó el hijo de la viuda”, “De la conversión de san Mateo, “De figuras celestiales y dotrinas”, “De reprehensiones por [76r] nuestros pecados”, “De san Miguel y de todos los ángeles”, “Del glorioso padre nuestro san Francisco”, “De las fiestas que hacen a nuestro redentor los días de viernes”, “De fiestas celestiales”, “Declaración del Evangelio de las Vírgenes”, “De san Lucas”, “De san Simón y Judas”, “De Todos los Santos”, “De las penas del infierno”, “De las cosas del Antecristo”, “De la dedicación de la Iglesia”, “De la Presentación de Nuestra Señora”, “De la Purísima Concepción de Nuestra Señora”, “De reprehensiones” y “Del Adviento”; todos con grandes misterios. Y es el libro destos sermones no de poca autoridad, por la continuada tradición con que se ha conservado desde la vida de la sierva de Dios, con admiración y aprobación de tantos prelados, generales y provinciales que han visitado aquel convento por espacio de ochenta y más años. Y cuando la tradición de alguna cosa se va continuando desde el día que aconteció por una comunidad entera, tiene mucha autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[76v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los trece años que el Señor favoreció tanto a su santa esposa, obró en ella cosas muy misteriosas y divinas. Y, porque a las veces tiene Dios celos de las almas que mucho ama, y se las quiere todas para sí, ensordeció a su querida esposa, porque se divertía en la consideración de las criaturas, y recebía alguna consolación y deleite en oír cantar los pajarillos, no queriendo que emplease su amor en otra ninguna cosa sino en Él; y en prendas del que Su Majestad la tenía, obró en ella una soberana maravilla, vista y tratada de muchos, y en especial de todas las monjas del convento, de fray Alonso de Mena, su confesor, de fray Alonso de Tarracena, su compañero, y de otros religiosos y padres graves de la Orden, que la vieron y experimentaron ''[501]''. Fue el caso que queriendo el Señor enriquecer y honrar a su querida esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de sus '''['''77r]''' '''sacratísimas llagas, cuya historia y suceso milagroso pasó desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Año de mil y quinientos y veinticuatro, siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, un año después de la concesión de las cuentas, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración, puesta en cruz, se quedó arrobada, tan estendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifijo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura —aunque se probó algunas veces— ''[502]''. Viéndola las monjas arrobada y en tan diferente postura de lo que otras veces solían, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora de entrar en los oficios divinos. Estando en él mientras se decía la Pasión, entró la virgen en el coro, derramando muchas lágrimas. Y vieron las monjas cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies: traíalos descalzos —como solía—, y porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la pregun- ''[77v]'' taron por señas —que, como estaba tan sorda, no entendía de otra suerte— cómo venía de aquella manera. Respondió que no podía andar porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos —dice la monja que escribió esta historia—, y vimos que tenía en los pies y manos las señales del Crucificado redondas, del tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los empeines y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abajo, y salía dellas tanta fragrancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quejábase de los grandes dolores que la causaban estas señales. Las religiosas, cuando la vieron así, lloraban de devoción, y daban gracias a Dios por lo que con sus ojos veían y con sus propias manos palpaban. Y tomándola en brazos —porque no podía andar ni sustentarse en los pies—, la llevaron a la celda, y haciéndola mil caricias, lastimadas y devotas, la preguntaron por señas —porque era en el tiempo que estaba sorda— qué señales eran aquellas, quién se las había dado o cómo se habían hecho. A lo cual respondió la devota virgen que estando en aquel preciosísimo lugar, donde por man- ''[78r]'' dado de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesucristo crucificado, que tocándola con sus sacratísimas llagas, la dejó con grandísimos dolores en pies y manos. Y, acabada esta soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos, con aquellas señales que le duraron desde este día del Viernes Santo hasta el de la Ascensión, aunque no las tenía todos los días, sino solamente los viernes y sábados; y el domingo, a la hora que el Señor resucitó, se le quitaban los dolores y las señales, sin quedarle rastro dellas, más que si nunca las hubiera tenido. Y como era tan humilde, con mucha humildad, lágrimas y devoción rogaba a su santísimo esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tan vil criatura como ella, suplicando a Su Divina Majestad se las quitase, porque la parecía cosa poco segura poner a vista de ojos ajenos las mercedes que Dios la hacía. Esto pedía con tantas lágrimas, con tales congojas y ansias, que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión a los cielos, la quitó Nuestro Señor estas sagradas señales, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te dado; yo lo haré '''['''78v], mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo el Señor su palabra, la quitó estas señales y dio a sentir los dolores de su sagrada Pasión en todas las partes de su cuerpo, muy más dolorosos que antes, porque aunque desde los siete o ocho de su edad se los había el Señor dado a sentir, no habían sido tan rigurosos como lo fueron desde este día, según que lo declaran las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada, y su espíritu en aquel lugar donde el Señor le solía poner, viernes antes de amanecer, a los ventidós de junio, la representó todos los misterios de su sagrada Pasión, tan vivos a su parecer, como si los viera al pie de la Cruz en el Calvario, cuando Cristo padeció. También la mostró Su Majestad en un gran campo el martirio del glorioso san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban, y que Nuestro Señor, desde su cruz, los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí, crucificado y muerto por vosotros” ''[503]''. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda qué significaba estar Cristo crucificado y tantos crucificados con él. “Después que Cristo se hizo hombre —respondió el ángel—, tiene mu'''- '''[79r]''' '''chos compañeros, y tú también lo has de ser, y participante de los dolores de su Pasión y de su cruz, porque así lo quiere Su Majestad. Y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos crucificados con él, te truje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor, dijo: “¿Quieres, hija, desta fruta?”. “Señor —respondió ella—, quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. Y abrazándola Su Majestad, la dejó los dolores de su sagrada Pasión, y tan vivo sentimiento de todos ellos que decía la virgen que le parecía la habían hincado clavos ardiendo por todas las partes de su cuerpo, y que oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando muy enferma en la cama, se le apareció nuestro padre san Francisco —día de su propia fiesta ''[504]''—, glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos, y le vio y habló. Diola el seráfico padre su bendición, y la bendita virgen, con mucha humildad y amor —después de haberla recebido—, le rogó por todos los frailes y monjas de su orden, y en especial por las de aquel santo convento, suplicándole las echase su bendición. Hízolo el santo padre, y al despedirse della, que estaba prostrada a sus santísimos pies, se los be- ''[79v]'' só, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero yo, hija mía, besar los dolores de mi señor Jesucristo, que por su misericordia la Divina Majestad ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus grandes enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, aconteciole con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse —cosa muy nueva para ella—, y atribuyéndolo a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. Pensando en esto, le apareció el ángel de su guarda, y le dijo: “Escucha y oye al Señor, que te quiere hablar, y guarda lo que te dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesucristo en un trono de majestad, acompañado de muchos ángeles y hablándola con palabras dulcísimas y amorosas, dijo: “¿Qué haces, hija, en esa cama?”''[505]''. Ella respondió —regalándose con él, después de haberle adorado—: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad, ni goza mi alma de vuestros soberanos regalos, como solía?”. Respondió a esto el piadoso Señor: “No es mucho que padezcas dolores y enfermedades, pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi pasión fui varón de dolores. Justo es que quien bien ama participe [80r]''' '''los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí —replicó la virgen—. Pero, ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor, y no mandáis a mi santo Ángel que me consuele tan a menudo como solía?”. “Amiga —dijo el Señor—, donde yo estoy está el consuelo y la bienaventuranza; y así, aunque estés en esa cama, ese es tu Cielo, pues ahí estoy contigo”. Dicho esto, desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, sin saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo, pero siempre conoció y supo certísimamente que era su redentor el que le había aparecido y hablado. Y para quitarla esta duda, se le apareció segunda vez, según que ella misma lo dijo. Entonces, no solamente quedó satisfecha, sino esforzadísima, y con nuevo ánimo para sufrir todos los trabajos y dolores del mundo por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el Señor regalaba tanto a su esposa, y la había adornado con las señales de su sagrada Pasión, siempre la tenía sorda, y en tanta sinceridad como si fuera una criatura de un año, lo cual era grandísimo desconsuelo, no solo para las religiosas de su casa, sino también para las personas de fuera, que la venían a comunicar y consolarse con ella. Y ''[80v]'' así rogaban al Señor la restituyese el oír por la falta que les hacía. Oyó la Divina Majestad sus oraciones, y apareciéndose a su esposa día de santa Clara ''[506]''—habiendo seis meses que la tenía sorda—, hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y, declarando grandes misterios, dijo que le había ensordecido porque tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Divina Majestad, y no en otra cosa de la Tierra, y que le placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el glorioso san Pedro, y poniéndole los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír y quedó sana, y ella y las religiosas, dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced ''[507]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo abadesa esta santa virgen, con el deseo que tenía de ejercitar a sus monjas en el temor ''[81r]'' de Dios, las contaba muchas cosas de las que Su Majestad le revelaba cerca de su riguroso juicio y de las penas del purgatorio y infierno. Mas ha parecido convenir dejar de referir muchas dellas porque aunque son muy conformes a la dotrina de los santos y a gran multitud de ejemplos que en sus libros se hallan, no están escritos en la lengua vulgar, ni para que anden en manos de todos sin especial declaración. La que en rigor tienen semejantes casos se explica propiamente por términos más adoptados para las escuelas que para usar dellas en un libro como este, que se escribe para que ande en las manos de todos, de los cuales muchos hallarían piedra de escándalo en lo que bien y piadosamente entendido es de mucha edificación, como lo sintió el glorioso san Gregorio y otros doctores santos que destas materias y aparecimientos de almas y especiales lugares donde purgaban sus culpas, y de lo que les había pasado en el divino juicio, ponen tantas revelaciones, hechas no solo a ellos, sino a personas tan desiguales en santidad y crédito a la beata Juana que eran tenidos por grandes pecadores y les hacía Dios Nuestro Señor este gran favor de revelarles cosas semejantes para que escar'''- ['''81v]''' '''mentando en cabeza ajena, temiesen el rigor de su justicia y confiasen en su divina misericordia. Y con el mismo deseo esta bendita abadesa en los capítulos y pláticas que hacía a sus monjas, las exhortaba, contándoles muchas revelaciones que había tenido de Dios, y con notable espíritu, decía cuando las refería: ”No penséis, hermanas, que las penas del infierno y purgatorio son como quiera, que en solo pensar yo en lo que el Señor me muestra algunas veces, me tiemblan las carnes y dan angustias de muerte”. Y contaba lo que le pasaba a una alma cuando se arrancaba de las carnes, así con el soberano juez como con el ángel de su guarda, y en especial cuando oía la tremenda sentencia de gloria o pena para siempre. Y aunque destas cosas están llenos los libros de los santos, y destos aparecimientos de Cristo Nuestro Señor en el juicio particular de cada uno —que se han de entender no según su presencia real, sino según su eficiacia y virtud—, déjanse de escribir por no dar ocasión de errar. Y para mayor declaración de algunas cosas que se refieren aquí, de las muchas que se hallan en el libro de la vida desta sierva de Dios, pareció conveniente advertir algunas, no porque lo que advir- ''[82r]'' tiere no es muy notorio a los doctos y a muchos de los que no han estudiado, por hallarse en libros muy manuales, sino porque a nadie le quede ocasión de errar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' Digo pues, lo primero, que en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia de condenación o libertad, según se colige de muchos lugares de la Sagrada Escritura, y de los santos padres, como se ve en el ''Eclasiástico'', en san Mateo y san Lucas, y lo declara san Agustín, san Gerónimo y san Buenaventura ''[509]''. Aunque cerca del modo y cómo se deba entender hay diversas opiniones, sobre lo cual escribió largamente el Papa Inocencio III en el libro segundo y Landulfo Cartusiano en el capítulo 46 del tomo 3, los cuales refieren algunos casos muy semejantes a los que a la beata Juana le acontecieron ''[510]''. Pero en cuanto dice que oye cada uno esta sentencia de Cristo Nuestro Señor, se debe entender, como está dicho, no según su presencia real, sino según su eficicacia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo, que tampoco contiene impropiedad decir con la misma declaración que el glorioso arcángel san Miguel en particular juzga las almas después de salidas de los cuerpos, como lo canta la Iglesia cuando en '''['''82v]''' '''su oficio dice a Dios que le constituye príncipe sobre todas las almas, y lo mismo repite en la prosa de la misa de los difuntos: “''Constitui te Principem super omnes animas suspiciendas''”. (''Signifer sanctus Michael repraesent et eas in lucem sanctorum [511]'') ''[512]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo tercero y más principal que en esta materia hay es que los santos hablan en ella de dos maneras: la una, según ley común, que es lo que ordinariamente se ejecuta, y la otra, según casos particulares que Dios les revela. En consecuencia de lo cual, es así que hay un lugar común que se llama Purgatorio, donde regularmente purgan las almas la pena correspondiente a las culpas que cometieron y no satisficieron en la vida, y hay también lugares particulares donde ordena Dios satisfagan, como lo enseña santo Tomás con todos los doctores, en especial san Gregorio ''[513]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, lo común es que en el purgatorio ni los ángeles ni los demonios atormentan las almas, sino solamente la divina justicia mediante el fuego del purgatorio, como lo enseñan santo Tomás y Escoto, con toda la escuela de los teólogos'' [514]''. Pero no por esto deja de ser muy cierto que algunas veces los demonios atormentan las almas en el purgatorio, como consta de la revelación hecha a san Bernardo, y se refiere en el capítulo 23 del libro primero de su vida, y lo afirman de otras re- [83r] velaciones Beda y Dionisio Cartujano, y el maestro de las sentencias, con otros muchos ''[515]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cuarto, que cerca de la terribilidad y duración de las penas del purgatorio, y gran valor de los sufragios de la Iglesia e intercesión de los justos, hallamos en los libros de los santos cosas mucho más grandes y de mayor encarecimiento que lo que fue revelado a esta bendita virgen. La gravedad de las penas pondera santo Tomás ''[516]'', y san Vicente Ferrer'' [517]'' afirma que estuvo un alma padeciendo estas gravísimas penas un año por un pecado venial, y al mismo le fue revelado que su hermana Francisca Ferrer estaba en el purgatorio condenada a sus penas hasta fin del mundo, de las cuales fue libre dentro de pocos días, por las oraciones y misas de su santo hermano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cesáreo en sus ''Diálogos'' cuenta de otra alma que fue condenada al purgatorio por dos mil años ''[518]''. Juan Herolt en el sermón cuarenta y uno de las almas dice que algunos han sido condenados por mil años. Y en los ejemplos cuenta de un religioso que fue condenado a las penas del purgatorio hasta el día del juicio, porque cumplía las penitencias tibia y relajadamente. Y de otros dice lo mis- ''[83v]'' mo Beda y Ricardo de San Víctor, y Belarmino'' [519]'' ''[520]''. Y aunque otros autores limitan esto mucho, pareciéndoles que a lo sumo puede estar una alma en el purgatorio por espacio de diez años, no merecen tan rigurosa censura como los que lo impugnan, afirmando es contra la dotrina de los santos, porque los unos hablan, según la condenación justa, respeto de las culpas y los otros de lo que les parece, respeto de los muchos sufragios de la Iglesia que continuamente se hacen por las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto supuesto, persuadía la santa abadesa a sus monjas temiesen mucho las penas de purgatorio, y que fuesen muy devotas del arcángel san Miguel, a quien en espíritu había visto juzgar las almas, y que cuando condenaba a alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor de Majestad, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían las almas condenadas al infierno, y que otros eran ejecutores de la divina justicia en los que iban al purgatorio, como ''[84r]'' lo afirman san Gerónimo y san Agustín'' [521]''. (''Pintan al arcángel san Miguel con peso y espada en la mano, declarando con esta pintura la potestad con que juzga, pondera y mide los méritos y deméritos de las almas'' ''[522]'') ''[523]''. Decía también que los ángeles de guarda ''[524]'' llevan las almas al purgatorio y las consuelan, como lo dicen los santos, a muchos de los cuales permitió Nuestro Señor que les apareciesen almas que penaban, para encomendarse en sus oraciones ''[525]'', y que otros viesen en espíritu el purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecían las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena'' [526]''. Lo mismo le aconteció a la beata Juana muchas veces, y entre otras, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba, y, preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de una ánima muy necesitada, que, con licencia de Dios, viene a encomendarse en tus oraciones” ''[527]''. Era esta ánima de una gran señora de Castilla —que poco antes había muerto—, la cual dijo a la beata Juana que por cuanto sus penas eran grandísimas, le rogaba la encomendase a Dios, y dijese a su madre le ayudase con ciertas limosnas y misas. Destos casos la sucedieron muchos, y decía que veía en el purgatorio unos lugares tristes, escuros, muy ''[84v]'' formidables y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban algunas almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas, y ellas muchos gritos, diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios, y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición ni arrepentimiento!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Yo vi por la voluntad de Dios —dijo una vez a sus monjas— el ánima de cierto prelado en el purgatorio, que padecía muchas penas; y preguntando yo la causa dello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un prelado que por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos padecía grandes penas por las faltas que hizo en el servicio de Dios, y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita prelada que cierta persona eclasiástica de mucha autoridad —de quien ella había recebido particulares agravios— había muerto. Y, como era tan amiga de dar bien por mal, no cesaba de rogar a Dios tuviese misericordia de su alma, y haciendo oración por ella, se le apareció una noche en figura muy formidable y fea ''[528]''. Traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable y po- '''['''85r]''' '''bre. Andaba con los pies y manos, como bestia, y, como no se podía quejar, bramaba como toro, y traía sabre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su mal ejemplo se condenaron penaban encima de él. Traía también sobre sí un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados, y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompa por donde salía una voz tan espantosa que, de solo oírla, la beata Juana quedó muy lastimada, aunque mucho más de no entender si sus penas eran de Purgatorio o infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y así, perseverando en su oración, rogaba a Nuestro Señor se apiadase de las penas de aquel alma y se acordase de algunas buenas obras que habría hecho en esta vida, mas no sabiendo otra en particular que poder alegar en su favor, dijo: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de un santo que, estando en esta vida, le hizo pintar su imagen y le tuvo mucha devoción, por lo cual suplico a Vuestra Majestad que, apiadándose de su alma, la libre de las penas que padece” ''[529]''. Tanto tiempo perseveró rogando a Dios por ''[85v]'' esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y, mirando a la sierva del Señor, dijo: “Yo soy Fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias, y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, que es la que yo hice pintar de aquel santo mi devoto, que me ayuda mucho en este trabajo” ''[530]''. “Alivie el Señor tus penas, alma cristiana —dijo la sierva de Dios—, que harto me has consolado, por lo mucho que deseaba saber si estabas en carrera de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo pude entender”. “No te espantes —respondió el alma—, que han sido mis penas muy grandes, y cuando no tuviera otras sino las deste buey en que ando, son grandísimas, porque las padezco en él, de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto, pidió perdón de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho, y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, visitándo- ''[86r]'' le y consolándole en el purgatorio, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la beata Juana de un rapto una vez muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas, compadeciéndose della, le rogaron les contase la causa de su tristeza. La bendita virgen, porque encomendasen a Dios a aquella alma, dando un grito muy lastimoso, dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida, no ofenderían a Dios, ni harían tantos pecados como hacen, porque son aquellas penas mayores que cuantas en este mundo se pueden padecer”. Y entonces contó lo que había visto, y nunca desamparó aquella alma, ni dejó de rogar a Dios por ella hasta que la sacó de penas de Purgatorio. (''Son tales las penas de Purgatorio que sobrepujan y exceden a todos los tormentos que se pueden padecer en esta vida [531]. Y revélaselas Nuestro Señor a sus siervos, para que conozcan el rigor grande de su justicia, pues una palabra ociosa y cualquiera negligencia en su servicio, por mínima que sea, castiga tan rigurosamente. Y para que aprendan las gentes a andar con mil ojos en el servicio de Dios, no tanto por huir destas penas cuanto por ver lo mucho que Su Majestad se ofende con las culpas, pues tan rigurosamente las castiga que, según san Vicente Ferrer, estuvo una alma un año entero en Purgatorio padeciendo estas rigurosísimas penas solo por un pecado venial [532]. Y cierto que solo este ejemplo había de bastar con las gentes para que cada uno procure conformar la vida que vive con la fe que profesa'')'' [533]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de cuaresma, estando con sus grandes dolores y enfermedades esta sierva del Señor, se fueron a consolar con ella otras '''['''86v] religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas que lo vieron le preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella, por el gusto de las enfermas, dijo: “Vi a la Reina del Cielo, que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista, y de san Lázaro y de sus santas hermanas Marta y María, bajaba al purgatorio, y pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora, dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. Y fue el Señor servido, por su gran misericordia, que desta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de Purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo, y yo quedé tan consolada desto, porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de Purgatorio. Y desto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni es en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva, y de su grande paciencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una revelación hecha a esta sierva del Señor, se supo que la había Dios escogido para hacerla muy semejante a su Unigénito Hijo en los trabajos, persecuciones y afrentas. Y deseando ella tener en su alma joyas que a Dios tanto agradan, en todas sus oraciones pedía a Su Majestad, con mucha humildad y lágrimas, la diese penas, trabajos, fatigas y dolores que padecer por su amor ''[534]''. Oyó Dios su oración, y dióselos tan a medida de su deseo que manifestaban bien la poderosa mano del que se los enviaba, según los muchos que sobre ella vinieron, siendo atormentada con muy excesivos dolores, los cuales tuvo en la cabeza tan grandes que no se halló médico que los entendiese ''[535]''; y los días que los tenía era con tanto rigor que no podía comer, ni dormir, ni pasar un trago de agua, ni aun abrir la boca para quejarse. Duráronle catorce años, no continuamente, sino a temporadas, unas veces de quince en quince días, otras de veinte en veinte, más o menos, como [87v] el Señor era servido. Dábale este mal de repente, y de repente se le quitaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A estos dolores tan grandes sobrevinieron otros de estómago y de ijada'' [536]'', con grandísimas congojas, y tan copiosos sudores que la mudaban hábito y túnica, y la ropa de la cama cuatro y cinco veces al día ''[537]''. Eran estos sudores heladísimos y fríos, y durábanle veinte y treinta días, sin ninguna interpolación, y sobre tantos dolores y males la envió Nuestro Señor otros muy grandes y más continuos, porque se la encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies y las manos, de suerte que nunca más las pudo abrir ni estender, y con la gran fuerza de los dolores se le descoyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos, no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrechos y desencasados de sus lugares. Y desta misma suerte y manera está hoy su cuerpo, según que adelante diremos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose un día la bendita prelada muy fatigada con el tropel de trabajos que le amenazaban de cerca y con grandísima flaqueza de sus enfermedades, faltándole ya las fuerzas corporales y sobrándole los dolores, levantó los ojos a una imagen de la oración del Huer- ''[88r]'' to que tenía junto a sí en la cabecera de su cama, y, derramando algunas lágrimas, suplicó a Nuestro Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que le dijo: “El Señor es contigo, y quiere que padezcas grandes dolores y angustias, y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, como se quebranta y trilla el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba esta sierva del Señor en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones. Y queriendo la divina majestad regalarla más de veras y manifestar al mundo la paciencia y santidad de su sierva, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a algunas de sus mismas monjas, en la cual mostró la sierva de Dios cuán ejercitada estaba en paciencia, que no es menester pequeña para sufrir semejantes tribulaciones, que aunque caseras y no de tanta sustancia en sí mesmas, se sienten mucho, por intervenir ofensa del Señor en quien las procura. Y en esta se juntó ingratitud muy grande a tantos beneficios como el convento todo había recebido de tan inculpable prelada. Fue la ocasión que habiendo ''[88v]'' el cardenal don fray Francisco Jiménez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle'' [538]'' en Roma por muerte del que le poseía, y aconsejaron a la sierva de Dios procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido temporalmente. Esto se hizo por medio de un devoto del dicho monasterio, y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen las monjas este beneficio. En la impetra desta bula se gastó alguna cantidad de dineros. El hecho fue este y las circunstancias que se pudieron considerar en él de tan poca advertencia que apenas se alcanzan, porque serían haberlo hecho sin consultar al prelado y gastar aquel dinero sin su licencia, o contradiciéndolo alguna religiosa. Y comoquiera que sea, no hallé en los libros de la vida desta sierva de Dios más relación que la dicha; y por otra parte, el suceso fue terrible, porque primero la suspendió el superior, y después la castigó y privó del oficio, y puso en él a la vicaria que la había acusado ''[539]''. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen de muchas maneras, poniendo duda en las grandes maravillas que de la beata Juana se decían, por no [89r] parecer moralmente posible que las religiosas que tenían tan grande experiencia della pudiesen dudar de su santidad, y no dudando della inventasen semejante persecución. Y sobre todo dificultaba el caso tomar el superior semejante resolución contra persona tan acreditada, pues era dar una firma en blanco para que cada cual pusiese en ella lo que le pareciese. Lo que yo creo del caso es que el superior lo hizo con artificio, para probar esta sierva de Dios de todas maneras. Porque, como las cosas que se publicaban della eran tan peregrinas y admirables, y el demonio es tan sutil, no era contra prudencia apurarlo de todas maneras. Pero, comoquiera que se haya hecho, sacó Dios dello muchos provechos en favor y alabanza de su sierva. Porque lo primero constó no solo de su paciencia, pero de la gran quietud de su conciencia, en la igualdad y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna de él, sino de otros muchos mayores. Y mostró también su ferviente caridad en rogar a Dios por la que la perseguía ''[540]'', para la cual impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones, porque castigándola el Señor con pena temporal, murió en el dicho oficio dentro de muy poco tiempo de un gran [89v] dolor de costado. Y reconociendo su culpa, pidió públicamente perdón con grandes lágrimas a la sierva de Dios, y murió habiendo recebido los sacramentos, con grandes muestras de contrición, de que las monjas quedaron admiradas y de nuevo confirmadas en el gran crédito que tenían de su bendita abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco antes que esto sucediese, un viernes antes de amanecer vio esta sierva del Señor, mostrándoselo Su Majestad, el infierno abierto, y que salían de él para su convento infinitos demonios en figuras de diversas bestias. Entonces, con muchas lágrimas, pidió al Señor socorro, y que echase de su monasterio aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Divina Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra temerosa, juntó a sus monjas a capítulo, y con muchas lágrimas les dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía yo ver lleno de ángeles, y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben de causar y no los vuestros. Emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes, y [90r] en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración, y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste, diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte, aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces del fruto de la paciencia”. Y confiada la sierva de Dios en que el Señor que con una mano da los trabajos, con otra comunica el ayuda para sacar fruto dellos, todas las veces que sentía especiales favores del Espíritu Santo, suplicaba le diese penas y trabajos, como quien tan bien entendía ser este el camino más seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[90v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es tanta la caridad de Dios, y su misericordia tan grande, que las menos veces hace mercedes tan especiales —como las que se han visto en esta historia— a uno para sí solo, sino para aprovechar por medio de él a otros muchos. Y de aquí es haber mandado el ángel de su guarda tantas veces a la bienaventurada santa Juana que escribiese las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Pero ella, con encogimiento de mujer y por su grande humildad, tenía vergüenza de escribirlas. Y para no hacerlo, ni proseguir en lo comenzado, ponía mil achaques cada día, alegando los de su poca salud y el estar tan gafa de las manos ''[541] ''que apenas podía echar una firma, como parece por algunas que se hallan en escrituras que otorgó siendo abadesa. Y así la mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa, que fue para ella otro trabajo mayor, y rehusándolo cuanto pudo, dijo: [91r] “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho —y cosas que su hermosura me ha dicho— han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dejar de publicarse”. Y temiéndolo, y los juicios de los hombres, como estaba tan perseguida y por su causa lo estaban otras religiosas del convento, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún gran mal a mis hermanas y a mí, ¿qué sería de nosotras?”. “Dios cuida dellas y de ti —respondió el ángel—. No temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor, que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos, y quiere se escriban y que haya memoria dellas; donde no, cesarán las mercedes que te hace, y tus dolores y presecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeciendo al ángel, comenzó a escribir por mano de otra religiosa llamada sor María Evangelista, que —según es tradición del convento y consta de una información hecha con testigos jurados que la conocieron, y se lo oyeron decir muchas veces— no supo leer ni escribir, hasta que milagrosamente la concedió Nuestro Señor esta gracia para escribir el libro del ''Conhorte'' —como queda dicho—, y así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta [91v]''' '''bienaventurada virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos, y para muchas enfermedades. Son entrambos muy antiguos, y viven hoy tres religiosas que conocieron a la misma que le escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de buena vida, muy penitente y de mucha oración y contemplación, y que después de muerta apareció a otra religiosa en la iglesia, con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos, que fue el que escribió de las cosas de la gloriosa Juana. Sentía mucho la sierva del Señor ver que nunca se acabase lo que la monja escribía, y cuán de asiento se procedía en su escritura, por lo cual poco antes que le diese la última enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda se contentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo de buena gana, y dijo: “Di a tu hermana que cese la pluma y no escriba más”. Hallose tan favorecida la sierva de Dios con esta licencia del ángel, que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese lo que está escrito”. “Perdone Dios tu [92r]''' '''atrevimiento —respondió el ángel—, y haz luego penitencia de él, porque le has ofendido con ese mal pensamiento”. Con esto, se despidió de su ángel y dijo a la monja que dejase de escribir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre las muchas enfermedades que tenía, la envió Nuestro Señor la última, que fue un recio mal de orina, de que estuvo muy apretada, con grandisímos dolores y quince días continuos sin pagar a la naturaleza su acostumbrado tributo. Y aunque en todas sus enfermedades tuvo maravillosa paciencia, en esta, que fue la última, se hizo mil ventajas y se excedió a sí misma. Tuvo en ella grandísimos raptos y muy familiares coloquios con el ángel de su guarda. Y, como el cisne, que cuando se quiere morir canta más suave y dulcemente, así este soberano cisne, cuanto más se le acercaba su deseado y dichoso fin, tanto con mayor suavidad cantaba, descubriendo con acentos soberanos el fuego del amor divino que dentro de su pecho ardía. Y aunque en sus enfermedades nunca consintió que la curasen médicos, en esta última los admitió, por la instancia y devoción de algunas señoras que la rogaron se curase y le enviaron sus médicos; los cuales, viendo [92v] que crecía tanto la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron a las primeras visitas. Mas ella, como virgen prudentísima y muy prevenida en las cosas de su alma, primero que llegase a este punto recibió el Viático y Estrema Unción. Y tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda, que la dijo se conformase con la voluntad de Dios y le rogase confirmase su sentencia, porque la había dado tres veces, y tantas la había Su Majestad revocado a instancia de otras personas que le rogaban por ella ''[542]''. Y entonces, la bendita virgen pidió a los santos apóstoles —que tenía presentes—, con mucha instancia, que rogasen a Nuestro Señor no revocase su sentencia, y ellos se lo prometieron. Y el día siguiente, cuando la vino a visitar el médico, le rogó no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla de aquella enfermedad. (''No hay mudanza en Dios, porque como primer ente, infinito y simplicísimo, lo que una vez quiere siempre lo quiere, y nunca lo puede dejar de querer [543]. Y así, todo lo que quiere Dios eficazmente se hace, mas no lo que quiere con voluntad que los teólogos llaman “de señal”, que es no absoluta sino condicionalmente, y esto es lo que no siempre se cumple [544]'') ''[545]''. Esto se supo luego en Madrid y Toledo [93r], y algunas señoras, con licencia que tenían para entrar en el convento, deseando hallarse a la muerte de la sierva de Dios, vinieron de muchas partes, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios, y esta fue de las primeras y mereció hallarse presente a las maravillas que Nuestro Señor obró en el tránsito de su bendita esposa, tan llenas de favores y de regalos del Cielo que parece quiso la Divina Majestad echar el sello en su muerte a los grandes favores que le había hecho en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, viernes, a primero de mayo, día de los apóstoles san Felipe y Santiago ''[546]'', estando la santa virgen en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir ninguna, aunque se lo rogaron las monjas. La mesma noche deste día, dio una gran voz, diciendo: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces, y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano, como otro san Hilarión —según que lo vieron y entendieron los que se hallaron presentes, y se manifestó en las cosas que decía ''[547]''—, porque unas veces callaba, otras respon- [93v] día, y como si hablara con otra persona, decía: “¡Oh, qué cruel espada! ¡Ténganle, ténganle, no me mate con ella!”. Y de allí a poco rato, dijo: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién quería le llamasen, respondió que a la bendita Madalena ''[548]''. Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, Madre de Dios; Madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y esfuerzo: “¡Echalde de ahí, echalde de ahí!”. Y fue que en esta batalla y conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte al que había vencido tantas veces en la vida. Todo el tiempo que duró este combate —que fue gran rato—, se lamentaba mucho, diciendo: “¡Oh, a qué mal tiempo me habéis dejado!”. Y después dijo: “¿Señor, sola me dejastes? Pues echad de ahí ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y, vuelta a las religiosas, dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi Criador el alma”. Y de allí a poco, como hablando con otras personas, comenzó a decir: “Búsquenmele, búsquenme a mi señor Jesucristo. Hálleme Él a mí y yo le hallaré a Él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, irele yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Preguntáronle las religiosas a [94r] quién quería le buscasen. Y dijo: “A mi Señor”. “¿Pues dónde le hallaremos, madre?”. “En el huerto”, respondió la bendita virgen. Y, como aquejada de mucho dolor, con un gran suspiro, dijo: “¡Ay, Madre de Dios! ¡Jesús, qué crueldad, qué crueldad! Señor mío, sobrepuje la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y, volviendo el rostro a las religiosas, dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con la palabra en la boca. Y las monjas, muy afligidas, dijeron: “¿Qué quiere, madre, que le ayudemos a rogar?” Respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “¡Vamos, vamos! ¡Oh, a qué punto! ¡Oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces ''[549]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas, dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en la Tierra”. Y respondió la santa: “Podrá ser”. Y a todo esto, había cuatro horas que estaba sin pulsos y tres días sin comer. Entonces, levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronle con quién hablaba, y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronle: “¿Pues, con quién ha de ir, madre?”. “Con Jesucristo, mi verdadero esposo”, respondió. Y [94v] decía: “¿Por qué me escondéis a mi señor y a mi reina?”. Oyendo esto, las religiosas la mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola, dijo: “No es esa, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándole si estaba allí la Madre de Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos” ''[550]''. Y dijo: “Vamos, señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grandísima alegría: “Hacelde lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco, dijo con gran reverencia: “¡Oh, Padre mío!”. Y pensaron las religiosas que lo decía por su padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma toda la noche del sábado, no se les hizo un momento. Y llegando la mañana del día santo del domingo, dijo: “Ea, pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío; vamos presto; vamos, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y diciplinas ''[551]'', suplicando a Dios no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y ausentes, y a todos sus devotos. Y tornó luego a decir: “Vamos, Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su Santísima Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[95r] Sábado de mañana llegó el médico, y dijo a la enferma: “Paréceme, madre, que se nos va al Cielo; díganos quién le acompaña en ese camino”. “Mi Señora la Virgen María y el ángel de mi guarda, y mis ángeles y mis santos”, respondió ella. Y púsosele luego el rostro tan resplandeciente y hermoso como cuando solía estar en los raptos ''[552]''. Y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, causado de su enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragrancia que parecía cosa del Cielo. Y de allí a un rato, con nuevo fervor y espíritu, como si hablara con otras personas, dijo: “¡Albricias, dadme albricias!”. Y esto decía con tanta alegría que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olor, y su rostro muy resplandeciente, y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable. Y así estuvo sin hablar palabra desde el sábado hasta el domingo después de Vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó el hábito y profesó. Este dichoso día a las seis de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo estraño, dio el alma a su celestial esposo, el año de mil y [95v] quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, y a los cuarenta de su conversión a la Orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes maravillados de la apacibilidad, quietud y alegría con que dio el alma a su Criador, y mucho más de que entendiendo de sus palabras la gran fuerza de los dolores que en aquel tiempo le causaban sus muchas enfermedades, y la fuerte lucha que tenía con el demonio —cosa que Nuestro Señor permitió que sucediese a otros santos, como a san Martín, san Hilarión, etc.—, viesen tan gran novedad muchas horas antes de su bendito tránsito, pues la que antes se quejaba tanto estaba tan quieta, y la congojada tan alegre y gozosa; y lo que más es, mudado el mal olor de la boca en olor suavísimo. Y aunque atribuían esto a las divinas revelaciones y presencia de los santos que ella decía la venían a ayudar, todavía se supo después de otra causa destas maravillas por testimonio de otra gran sierva de Dios, llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a nuestra gloriosa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos, se comunicaban en espíritu [96r] muchas veces. Y la comprobación que por algunos casos desto hubo acredita más lo que esta sierva de Dios testificó de la gloria de la beata Juana ''[553]''. Y fue que cuatro días después de su muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles, y admirada preguntó al de su guarda cómo la madre sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria. Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo; y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos, y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”. “Sí, hermana —respondió—, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios, y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio; y dos días antes que espirase, comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte”. Y cuando se tuvo noticia desta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva del Señor tantas horas antes de su tránsito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[96v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la beata Juana pasó desta vida, se trató de dar sepultura a su santo cuerpo, aunque por ser notable el concurso y devoción de la gente, y mucha la instancia que hacían por verle, ordenaron los religiosos de la Orden que asistieron a su sepultura que, para dar satisfación a todos, se sacase en procesión fuera del monasterio. Y llegando un tullido a tocar el santo cuerpo, besando el hábito quedó sano, y dejó allí dos muletas con que andaba ''[554]''. También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando al cuerpo difunto sanó. Lo mismo sucedió a otro hombre que estaba con un grave dolor de muelas. Tornando al convento la procesión en que llevaban el santo cuerpo a la sepultura, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen ''[555]'', porque estaban [97r] puestos en camino. Y así le detuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo de la bendita difunta aquel suavísimo olor que hemos dicho. Y fue la gente que vino de Madrid y Toledo, y otras partes, tanta que cubrían los campos. Por lo cual y por evitar la inquietud, que era grande, determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro. Enterráronle sin ataúd ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes, después de cubierto de tierra, echaron cantidad de agua sobre la sepultura, como ordinariamente se acostumbra ''[556]''. Y aunque parece fue inadvertencia y género de grosería, habiendo experimentado tantas maravillas, debió ser particular instinto de Dios, para que se manifestase mejor su virtud, en lo que después constó, cuando el santo cuerpo fue trasladado, que habiendo estado debajo de la tierra siete años, al cabo de los cuales haciendo grande instancia señoras muy graves que habían sido devotas de la sierva de Dios, y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, se trató de colocar en lugar más decente los huesos de la gloriosa Juana —cuya santidad y milagros era tan notoria—. Y así se fabricó un arco al lado derecho del al- [97v] tar mayor, en la pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio, donde se dejó un hueco de hasta dos varas en lugar alto y eminente en que cupiese una arca dorada que había mandado hacer la dicha señora doña Isabel, con dos rejas fuertes: una para la parte de la capilla y otra para la del claustro, porque sin peligro pudiesen, así las religiosas como los seglares, gozar de las reliquias de la sierva de Dios. Y esto preparado se abrió la sepultura, creyendo estaba el cuerpo ya resuelto, el cual se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue enterrado ''[557]''. Espantados todos del caso, creció la devoción, y el hábito con que se había enterrado se repartió en reliquias, y le vistieron de otro de damasco pardo. Y colocándola en la dicha arca, se puso con gran veneración en el lugar sobredicho, con las dichas rejas de hierro muy fuertes, y doradas, y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado no solo de la gente de la tierra, sino de otras muchas que le vienen a visitar de muy lejos, y tienen allí sus novenas ''[558]''. Y en el día que murió esta bienaventurada, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas, y va en procesión al dicho monasterio con otros lugares de la comarca [98r], y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efeto. Y se predican las excelencias de la sierva de Dios, y da la villa caridad de pan, y vino y queso a inumerables gentes que allí acuden este día ''[559]''. Y creciendo la devoción en las gentes, por particulares beneficios que de la sierva de Dios han recebido, le han ofrecido nueve lámparas de plata, que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto hasta el año de 1552, que parece por un testimonio firmado y signado de Juan de Villores, escribano público de Su Majestad, que dice cómo a catorce días del mes de setiembre del dicho año, día de la Exaltación de la Cruz, se había hecho una devota procesión por las monjas del monasterio, hallándose presentes por testigos los señores don Bernardino de Mendoza y Toledo y doña María de Pisa, su mujer, señores de la villa de Cubas y Griñón, y don Alonso de Mendoza, su hijo, y el señor don Juan Pacheco, hermano del señor don Alonso Téllez, señor de la villa de la Puebla de Montalbán, y la señora doña Leonor Chacón, mujer del señor don Juan Pacheco, señor que fue de la dicha Puebla de [98v] Montalbán, y la señora doña Isabel de Mendoza, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de la villa de Casarrubios del Monte, con otra infinita gente, delante de la cual se descubrió el cuerpo de la beata sor Juana de la Cruz, y da el dicho escribano fe de que estaba entero y con buen olor, y tal disposición en todo que causó a los circunstantes notable admiración. (''Está este testimonio original en el convento de la Cruz'')'' [560]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque los dichos testimonios son de bastante autoridad para probar el intento, cuando después se hubiese disuelto el santo cuerpo, como ha sucedido en los de otros santos, que por algún tiempo los conservó el Señor sin corrupción milagrosamente, y después se disolvieron. Para probar la incorruptibilidad del cuerpo desta sierva de Dios, poca necesidad hay de los testimonios antiguos, pues todo cesa con la evidencia que hoy tenemos delante de los ojos, pues habiendo que murió ochenta años, está con la misma entereza, frescura y lindeza que le hallaron cuando fue trasladado después de haber estado enterrado en la tierra desnuda siete años. La primera vez que en este tiempo se descubrió sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria, que diré, por ser personas tan graves, y todos vivos, los que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[99r] Por el principio del año de 1601 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, la primera vez después de ser electo ministro general de nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, con designio de comer en Griñón y dormir en el convento de la Oliva ''[561]'', y otro día llegar a Toledo. Y saliendo de Griñón después de comer algo temprano, porque hacía nublado, habiendo andado poco más de un cuarto de legua, se quitó el nublado, y porque picaba el sol y la jornada era corta, quiso tornarse a Griñón. Y el padre fray Pedro González de Mendoza, que hoy es dignísimo arzobispo de Granada y entonces era provincial, y iba en compañía del dicho padre general, le dijo que sería mejor ir al convento de la Cruz, que estaba la misma distancia, y vería aquel monasterio mientras caía el sol. Hízose así, y después de haber sido el padre general recebido con la ceremonia acostumbrada de llevarse al coro en procesión, y haberle tomado las religiosas la bendición y hécholes una plática espiritual, como se acostumbra, fue a la enfermería donde estaba una religiosa muy anciana, y como con persona que se había hallado a la última trans- [99v] lación del cuerpo de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, se habló un buen rato en las cosas de la santa y en cómo estaba su cuerpo, hasta que pareció hora de partir. Y pasando por el claustro, donde está la ventana que sale al dicho sepulcro, dijo acaso el dicho padre general que holgara fuera más temprano para llamar oficiales que quitaran la reja y bajaran el arca, para ver lo que la monja enferma decía. Y fue tal la instancia que hicieron, así los religiosos que acompañaban al padre general como las monjas del convento que, con parecer cosa fuera de propósito —por ser ya tarde y no haber oficiales ni instrumentos para lo que era necesario—, el dicho padre general se dejó convencer. Y buscando escaleras y martillos, y ayudando él el primero, quitaron la reja con mucho trabajo, por ser grande y pesada, y estar guarnecida de unas viguetas muy gruesas. Después bajaron el arca donde estaba el santo cuerpo, pero no hallaron debajo della las llaves, que eran tres, donde la monja dijo las habían puesto. Y por no romper las cerraduras, desclavaron tres barras de hierro y llevaron en procesión el arca al coro de las monjas, donde la abrieron, y, con [100r] gran admiración de todos, hallaron el santo cuerpo entero y fresco ''[562]''. Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza —porque cuando murió, las monjas no eran de velo negro—. Tenía una cruz en las manos y una sarta pequeña de naranjillas al cuello. Y todos, con gran consolación y muchas lágrimas, veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese. Y fue cosa maravillosa que con estar el convento en desierto y haberse tomado la resolución de abrir el arca tan sin pensar, estaba la iglesia tan llena de gente como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El padre general quitó la toca a la sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello, y lo repartió entre los frailes y monjas. Y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y habiéndose cerrado el arca para que se llamasen oficiales y se tornase a su lugar, se partió para el convento de la Oliva, donde estando platicando con los religiosos sobre lo sucedido, notaron una cosa maravillosa en que no habían [100v] advertido, y es que la sierva de Dios deseó mucho en su vida que sus monjas votasen clausura y se velasen, y no lo habiendo conseguido lo segundo en su vida, lo alcanzó de Nuestro Señor después de muerta. De manera que, siendo ya las religiosas de velo negro, sola ella le tenía blanco en su sepulcro. Y porque velar las monjas es acción del prelado superior por privilegio apostólico, trujo Dios al reverendísimo general de toda la Orden al dicho monasterio, tan sin pensar y a caso, el cual, sin advertir en ello, puso el velo negro a la bendita difunta ''[563]''. Y fue la primera vez que había venido a la dicha provincia, después de su elección y antes de haber ejercido actos principales de juridición en ella, porque entonces iba a celebrar el capítulo provincial, habiéndole Dios librado en Madrid de una peligrosa enfermedad. Y aun sucedió otra cosa el mesmo día, también maravillosa: que quitando el padre general al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre de él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, porque el dicho padre general quitó el dedo con secreto, tirando de él con la mano ''[564]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[101r] Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuándose los testimonios de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, los cuales se guardan en el dicho monasterio. Y el último es del tenor siguiente ''[565]'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' “En el monasterio de Nuestra Señora Santa María de la Cruz, que es de monjas profesas de la Regular Observancia y Tercera Orden del seráfico padre San Francisco, cerca de la villa de Cubas, y en su término y juridición, a cuatro días del mes de febrero del año del Señor de mil y seiscientos y nueve años, estando en el dicho convento los reverendísimos padres fray Arcángelo de Misina, Ministro General de toda la dicha Orden, y fray Pedro González de Mendoza, Comisario General della en la familia Cismontana ''[567]'', habiendo tenido noticia que en el dicho convento está el cuerpo de la bienaventurada Juana de la Cruz, monja y abadesa que fue del dicho monasterio, la cual ha más de setenta años que murió, y su cuerpo está guardado en una capilla que está en el hueco de la pared de la capilla mayor de la iglesia del dicho monasterio, a la parte del Evangelio, donde siempre ha estado venerado y estimado por cuerpo santo. Y habiendo tenido el dicho reverendísimo Padre General noticia que su vida fue milagrosa y en [101v] ella fue siempre tenida y comúnmente reputada por santa, y por tal fue siempre reverenciada, así de las monjas del dicho convento como de todas las personas que la conocieron. Habiéndose juntado mucha cantidad de gente, así de la dicha villa de Cubas como de otras partes, pidiendo y rogando con mucha instancia que se abriese el arca donde está el dicho cuerpo de la dicha santa Juana de la Cruz. Y visto por el dicho reverendísimo Padre General la instancia y suplicación del dicho concurso de gente que a ello habían venido, y de los demás padres que se hallaron en el dicho convento, abadesa y monjas de él, para honra y gloria de Nuestro Señor, mandó abrir la dicha capilla y arca donde estaba el dicho cuerpo, lo cual poniéndose por obra, se quitó la reja de hierro que está puesta en la dicha capilla por la parte del convento, y se abrió y sacó la dicha arca, y se llevó al coro bajo del dicho convento, donde estando los dichos reverendísimos padres presentes y mucha gente —que por ser tanta hubo muy grande apretura— por ante mí, Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real y notario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, se desclavaron las barras de hierro de la dicha arca, y habiéndose quitado la tapa della, se halló el dicho cuerpo entero y con muy buen olor. Y para que le viesen los que presentes [102r] estaban, los dichos reverendísimos padres le levantaron en alto algunas veces, de lo cual hubo muy grande contento, así de los dichos padres como de las monjas del dicho convento, dando gracias a Dios Nuestro Señor, y dando sus rosarios para tocarlos al dicho cuerpo santo, por la mucha devoción y estima en que le tenían y reverenciaban todos los de la tierra. Y el dicho Reverendísimo Padre General me llamó a mí para que le viese, y le levantó y alzó de la dicha caja y arca donde estaba, y la meneó los brazos y manos, para que yo diese testimonio dello, e yo vi todo lo arriba dicho y referido. A todo lo cual fueron presentes fray Pablo de Chavarri, Secretario del dicho Padre General, y fray Diego Barrasa, secretario del dicho padre Comisario General, y fray Antonio Jaca y fray Pedro de Castro Juane, sus compañeros, y fray Francisco de Mora, Guardián de Pinto, y fray Luis de Mieses, Guardián de Escalona, y fray Diego de Herrera, vicario del dicho convento, y fray Bartolomé López, su compañero, y fray Pedro de Chozas, comisario de Jerusalén, y fray Pedro de Rojas, y fray Juan de Ricaro, de la provincia de San José ''[568]'', y fray Francisco Pascual de la dicha provincia, y el licenciado Pedro González de Sepúlveda, clérigo comisario del Santo Oficio, vecino de la dicha villa de Cubas, y Blas Martínez, clérigo de la dicha villa, y fray Blas Delgado, de la Orden de Santo Domingo, y fray [102v]''' '''Marcos''' '''Lozano, de la Orden del Carmen, y Pedro Tartalo, y Juan Martín Crespo, alcaldes ordinarios en la dicha villa de Cubas, y Diego Navarro y Francisco Hernández, regidores della, e Isidro García, escribano de la dicha villa, y otra mucha gente. Y firmáronlo algunos de los susodichos de sus nombres, a todos los cuales conozco. Y así mismo lo firmaron el abadesa y discretas ''[569]'' del dicho convento, fray Diego de Herrera, fray Bartolomé López, Ana de la Concepción, abadesa, Inés de la Madre de Dios, Ana de San Rafael, vicaria, María de la Purificación, Inés de Jesús, el licenciado Pedro González de Sepúlveda, Blas Martínez, Pedro Tartalo, Juan Martínez Crespo, Isidro García escribano. Ante mí, Juan Fernández de Plaza. E yo, el dicho Juan Fernández de Plaza, escribano de Su Majestad Real e notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas, presente fui a lo susodicho y fice mi signo. En testimonio de verdad, Juan Fernández de Plaza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, primer día de julio deste presente año de mil y seiscientos y diez, el muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, a instancia mía, para escribir con más acierto y verdad esta historia, hizo se me mostrase el cuerpo desta bienaventura- [103r] da, hallándose Su Paternidad presente, con otros religiosos. Yo le vi y toqué muchas veces, y para que le viesen los que estaban en la iglesia, levantándole en los brazos el padre provincial y yo, se le mostramos a todos por dos o tres veces, vestido y tocado como estaba, que parecía una religiosa viva. Y reparé yo mucho en una cosa digna de mucha consideración: que como la bendita virgen estaba tan gafa y tullida cuando murió que con la fuerza de los dolores se le habían torcido y encogido todos sus miembros, así está ahora su santo cuerpo, torcido y encogido todo él, y con aquel suavísimo olor que tenía cuando murió, que es un olor celestial que conforta. Estaba entero, sin faltarle ninguna cosa, salvo el dedo meñique de un pie, que le quitó por su devoción el dicho reverendísimo general, como está dicho. Y por la de los que allí nos hallamos, le quitó el padre provincial el velo de la cabeza, que se repartió entre todos, y con la parte que le cupo puesta sobre su cabeza, se le quitó una muy recia jaqueca que tenía. Y una señora de Toledo sanó de un gran dolor de cabeza con el mismo pedazo de velo, aunque quitándosele la volvió el dolor, pero quiso Nuestro Señor, para que el milagro fuese más ma- [103v] nifiesto, que tornándose a poner el velo se le quitase el dolor de todo punto, por intercesión y méritos de la bienaventurada sor Juana de la Cruz, cuya historia tan milagrosa y divina, escrita con harto deseo de que sea Dios glorificado, acaba aquí, dejando otras muchas cosas que en los sobredichos originales y otros libros manuscriptos he hallado, por no las hallar muy auténticas y por evitar prolijidad, pareciédome bastan las dichas, para que los que hasta ahora no han tenido tanta noticia desta sierva del Señor tengan alguna de su santidad y de las muchas maravillas que cada día obra Dios por su intercesión y méritos. Y los que ya la tienen se confirmen más en su devoción. Todo para mayor gloria y honra de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por todos los siglos de los siglos, Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Razón de la verdad y autoridad desta historia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[104r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdad es el alma de la historia, y la que carece della es como cuerpo sin alma, que no merece nombre de historia, mayormente si es de santos, donde el mentir es sacrilegio, pues no se honran sino con llaneza y verdad. La que se ha guardado en escribir la vida de la beata virgen es la mayor que en ley de historia se puede hallar, colegida de los papeles siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primeramente, lo que toca a los aparecimientos y milagros de Nuestra Señora que se escriben en el primer capítulo deste libro se ha colegido de tres informaciones auténticas hechas con noventa y tres testigos ante Ruy Díaz de Madrid, escribano de Cámara y notario público, y ante Pedro Sánchez y Juan González, notarios públicos y escribanos reales de la villa de Cubas. Están autorizadas y encuadernadas como libro en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem ''[570]'', la vida y milagros de la gloriosa Juana se ha colegido de un libro muy antiguo, escrito de letra de mano, en ciento y sesenta y cuatro hojas de cuartilla, en veinte y ocho capítulos, encuadernado en tablas, con dos manecillas rotas y cosidas con hilo blanco, escrito por una religiosa, dicípula de la beata [104v] Juana, llamada sor María Evangelista, que no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente se lo concedió el Señor para este efeto, como está probado en una información que se hizo para averiguar este punto. Y el libro con las señas susodichas está originalmente guardado en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de una información hecha con doce testigos, por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, hecha ante Luis de Siles, notario público y escribano real de la ciudad de Toledo. Está la original en el oficio del secretario Francisco Salgado, en Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en diversos lugares, con diez y siete testigos, por comisión del Consejo del sobredicho Ilustrísimo de Toledo. Su traslado auténtico está en el archivo de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con catorce testigos, hecha en diversos lugares, por comisión de nuestro reverendísimo padre fray Arcángelo de Mesina. Su traslado auténtico está en el archivo del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información con once testigos, hecha en diferentes partes, por comisión de nuestro muy reverendo padre fray Juan de Guzmán, Ministro Provincial de la santa Provincia de Castilla, que está orginalmente guardada en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información que se hizo por comisión del Consejo del ilustrísimo señor don Bernardo de Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, [105r] en Villanueva y Gamarra, lugares del dicho arzobispado, hecha para calificar algunos milagros del santo fray Julián de San Agustín. Está la original en Toledo, en el oficio del secretario Salgado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de cinco informaciones hechas en Valladolid por el doctor don Fernando de Valdés, provisor general del obispado de Valladolid, con intervención del fiscal, ante Juan de Vega, notario en la audiencia episcopal de Valladolid, en cuyo oficio están las originales, y sus traslados auténticos en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otra información hecha en Palencia por el licenciado Manuel García de Miranda, provisor del obispado de Palencia, ante Francisco Enríquez de Rueda, notario apostólico. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de dos informaciones hechas en Valladolid por el doctor Ortega de Salazar, teniente de corregidor: la una ante Pedro de Ávila, escribano público del número de la dicha ciudad, y la otra ante Julián García, escribano. Están originalmente en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de otra hecha por la justicia de la villa de Cubas ante Juan Fernández Muñoz, escribano real y del número. Está la original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem de un testimonio firmado y signado de siete escribanos reales y públicos del número de la ciudad de Valladolid. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro firmado y signado de siete escribanos de Madrid y de un notario apostólico. Está el original en el convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[105v] Ítem, de un testimonio de Juan Fernández de Plaza, escribano real y notario del Santo Oficio, vecino de la villa de Cubas. El original está en el oficio del dicho escribano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ítem, de otro testimonio de Isidro García, escribano público de la villa de Cubas, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz, cuyo original está en el archivo del convento de la Cruz. Y de otros que están en el mismo convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[106r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Tabla de los capítulos desta historia de la vida y milagros de la beata Juana==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo I. De la fundación del monasterio de Santa María de la Cruz, y de nueve veces que se apareció Nuestra Señora a una pastorcica natural de Cubas. Folio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo II. Cómo para restaurar el monasterio envió Dios al mundo a la gloriosa sor Juana de la Cruz, por intercesión de su gloriosísima Madre ''[571]''. Folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo III. De las penitencias que la sierva de Dios hacía siendo niña, y de los fervorosos deseos que tuvo de ser religiosa. Folio 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IIII. Cómo la sierva de Dios se salió de su casa en hábito de hombre para ser religiosa, y de los grandes favores que la hizo Nuestra Señora en este camino. Folio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo V. Cómo la sierva del Señor recibió el hábito, y de algunas cosas que la sucedieron siendo novicia. Folio 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VI. De las penitencias de la sierva de Dios, y de la frecuencia de sus raptos. Folio 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VII. Cómo el Niño Jesús se desposó con la bendita Juana de la Cruz, y de la devoción que tuvo al Santísimo Sacramento. Folio 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo VIII. De la familiaridad con que la beata Juana trataba con los ángeles, especialmente con el de su guarda, y de la devoción que tuvo al glorioso san Antonio de Padua. Folio 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo IX. Cómo la sierva de Dios fue electa abadesa, y de un muerto que resucitó y otros milagros que hizo. Folio 35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''['''106v''']''' Capítulo X. De las cuentas que bendijo Nuestro Señor a instancia de la beata Juana. Folio 40.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XI. De los muchos milagros con que Nuestro Señor ha confirmado la virtud de las sobredichas cuentas, y las tocadas a ellas. Folio 45.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XII. De otros milagros que Nuestro Señor ha hecho con las cuentas tocadas a las cuentas originales. Folio 51.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIII. De otros nuevos milagros que ha hecho el Señor mediante las dichas cuentas. Folio 54.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIIII. De algunas revelaciones y cosas muy provechosas que comunicó Nuestro Señor a su sierva, y de cuán devota fue de la Virgen Nuestra Señora. Folio 64.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XV. De cómo por virtud divina habló la sierva de Dios por espacio de trece años cosas maravillosas estando elevada, y del don de lenguas que la concedió Nuestro Señor. Folio 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVI. Cómo Nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a la bendita Juana de la Cruz, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda. Folio 76.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVII. De la gran devoción y compasión que la bendita Juana tuvo a las ánimas de Purgatorio, y de la eficacia de sus oraciones para librarlas Nuestro Señor de las penas que padecían. Folio. 80.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XVIII. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia. Folio. 87.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XIX. Cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor la revelaba, y de su gloriosa muerte. Folio. 90.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Capítulo XX. De algunos milagros que Nuestro Señor obró por los méritos de la gloriosa Juana, luego después de su tránsito, y de la incorruptibilidad y translación de su cuerpo. Folio 96.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin de la tabla de los capítulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[107r] ==Tabla de las cosas notables deste libro: el primero número sinifica el folio, y el segundo la página==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles obedecen a la campana de la obediencia, 28.2. Por qué quedaron hermosos y los demonios tan feos, 30.1. Ponen guirnaldas de rosas a las monjas, 67.1. Ángeles custodios llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan en sus penas, 83.2. Con el de su guarda tuvo grande familiaridad la beata Juana, capítulo 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ánimas de purgatorio aparecen a la beata Juana, 84.1 y 2, 85.1 y 2. Algunas penan en lugares particulares, 85.2. Ánima que pena en un buey, 85.2. Ánima de un prelado padece grandes penas en el purgatorio, 84.2. Algunas son condenadas a mil y a dos mil años de purgatorio, 83.1, Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles, 64.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Antonio de Padua, singular devoto de la beata Juana, 34.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Autoridad desta historia, informaciones y testimonios auténticos de donde se ha sacado, folio 104r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cardenal don fray Francisco Jiménez visita a la beata Juana y la oye hablar en sus raptos, 73.1. Dio muy gruesas limosnas al convento de la Cruz, 36.2 y el beneficio de Cubas, 88.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo Nuestro Señor se aparece a los que mueren y en la hora de la muerte oye cada uno su sentencia, 82.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunión espiritual, qué sea, 25.1. En ella se comunica el efeto y virtud del sacramento, 25.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruz que Nuestra Señora tuvo en sus manos está en el convento de la Cruz, 4.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuentas de la santa Juana, su bendición y su historia, capítulo 10. Sus virtudes y milagros, capítulos 11 y 12 y 13. Las tocadas a ellas tienen la mesma virtud, 51.1&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devoción con los santos vale mucho, 85.1, La que tuvo la beata Juana a la Virgen Nuestra Señora fue muy grande, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Emperador Carlos [107v] Quinto visita a la beata Juana, 73.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba visita a la beata Juana, óyela hablar en sus raptos, 73.1. Y la da quinientas mil maravedís de limosna, 36.2. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imagen que bendijo Nuestro Señor Jesucristo, 68.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Beata Juana, su nacimiento, padres y patria, 5.2. Recién nacida ayuna los viernes mamando sola una vez al día, 5.2 y 6.1. De cuatro años tuvo una maravillosa visión, 7.1. De siete quiere ser religiosa, 8.1. Revela Dios su santidad, 8.1. Sus ejercicios y penitencias siendo niña, 9.1. Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su sagrada Pasión, 10.1. Promete desposarse con ella y hacerla religiosa, 12.1. Para serlo se sale de su casa en hábito de hombre, 12.2. El ángel de su guarda la esfuerza en el camino; aparécesele Nuestra Señora y la consuela, 13.1. Danla el hábito, 15.1. y la profesión, 16.2. Lo que la sucede la primera vez que comulga siendo novicia, 15.2. Azótanla los demonios, 16.2. Sus penitencias, 22 y 23 y 24. Su oración, 18.1. Aparécesela el Niño Jesús en el torno, 19.2. Sus raptos, 20.2. Algunos la duraban tres días, 20.2. El Niño Jesús se desposa con ella en visión imaginaria, 25.1. Ábrese una pared milagrosamente y ve el Santísimo sacramento estando muchas de por medio, 26.1 y 2. Aparécesele Cristo resucitado, 27.2. Tiene grande familiaridad con los ángeles, 28.1 y 2. El de su guarda la comulga, 27.1. Historia de las cuentas, sus virtudes y milagros, capítulos 10, 11, 12 y 13. Revélala Nuestro Señor muchas cosas, capítulo 14. Libra a una niña de siete meses que estaba endemoniada, 70.1. Ve las personas que se le encomiendan estando ausentes, 70.1. Dala Dios claridad y certeza en sus revelaciones, 70.2 y mándale que las diga, 71.1. Enmudécela Nuestro Señor y restitúyele la habla, 71.1. Habla en diversas lenguas, capítulo 15. Suceso de un inquisidor, 72.1. Convierte a la fe dos moras de Orán predicándolas en arábigo, 72.2. Los prelados de la Orden mandan que la encierren cuando hablare desta mane- [108r] ra y que ninguna la oiga, 72.1. Envía Dios aves que la vienen a oír, 72.2. Personas insignes que la oyeron hablar en los raptos, 73.1. Declara en ellos los Evangelios de las fiestas y domingos del año, 73.2 y 74.1. Notable esperiencia acerca de sus raptos, 74.1. Sermones que predicó estando arrobada, 75.1. Ensordécela Nuestro Señor y por qué, 76.2. Arróbase estando en cruz, 77.1. Dala Nuestro Señor los dolores y señales de sus llagas, 76.2. No fueron llagas sino señales dellas con grandísimos dolores, 76, 77 y 78. Pide a Dios se las quite y quítaselas día de la Ascensión, y dala a sentir los dolores de su Pasión, 78.1 y 2. Aparécesela Nuestro Señor y lo que la dice, 79.2. Sánala el apóstol san Pedro estando sorda, 80.2. Hácenla abadesa, 36.1. Fuelo diecisiete años, 36.2. Aumenta la renta del convento, 37.1. Hizo que las monjas guardasen clausura, 37.1. Resucita una niña muerta, 38.1. Aparécese en Madrid a una señora muy enferma y dale salud, 38.2 y a otra religiosa ausente, 39.1. Hizo otros milagros, 39.2. Trata con sus monjas de las penas de purgatorio y del infierno, 81.2. Aparécensele algunas almas de purgatorio, 84 y 85. Tiene grandes dolores de cabeza, de estómago y de ijada, 87.1 y 2. Háblala una imagen de Cristo Nuestro señor, y profetízale sus trabajos, 88.1. Castíganla y quítanla el oficio de abadesa, 88.2. Ruega por su perseguidora y alcanza de Dios misericordia para ella, 89.1 y 2. Mándala el ángel de su guarda que escriba sus revelaciones, 90.2. Escríbelas por mano de una monja a quien dio Nuestro Señor para esto gracia de leer y escribir, no lo sabiendo hasta entonces, 91.1. Diole la enfermedad de la muerte con terribles dolores y tuvo en ella grandísima paciencia y grandísimos coloquios con el ángel de su guarda, 92.1 y 2. Recibe los sacramentos y aparécensele los apóstoles san Felipe y Santiago, y otros muchos santos, 92 y 93. Entra en batalla con el demonio, 93.1. Nuestro Señor Jesucristo y Su sacratísima Madre con muchos ángeles y santos asisten [108v] a su cabecera, 92 y 94. Su muerte, 95.1. Sus milagros después de muerta, 96.1. Tienen cinco días el cuerpo sin sepultar, 96.1. Su traslación, 97.2. Revelación de su gloria, 96.1. Está su cuerpo entero y con lindo olor cuando se escribe esta historia, 101.1. Hale visto y tocado el autor, 103.1. Testimonios de la vista y incorrutibilidad de su cuerpo, 89.1, 101.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María, Madre de Dios y Señora nuestra, fue concebida sin pecado original, 69.2. Tuvo uso de razón en el vientre de su madre desde el primer instante de su concepción, 69.1. Vio la esencia divina, 68.2. Y a su santísimo Hijo resucitado primero que otra ninguna persona, 69.1. Aparece nueve veces a la pastorcica Inés, 1.2 y 3.2. Celebra el convento de la cruz estos nueve aparecimientos de Nuestra Señora y en qué días, 1.2 y 3.1. Mándala que la edifiquen allí una iglesia, 4.1. Señala el sitio con una cruz, 3.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inés, pastorcica de Cubas, apacentando los puercos vio a la Virgen Nuestra Señora, la cual se le apareció nueve veces, 1.2 y 4. Hizo milagros, 4.1. Tomó el hábito de la Tercera Orden, apostató del convento, 5.1. Hace penitencia, y a la hora de su muerte se tañeron las campanas milagrosamente, 5.1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Sub correctione sanctae matris Eccleasiae [573].''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FINIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Reproducimos la '''fe de erratas''' del texto base, aunque en esta edición han sido corregidas las erratas originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''verguero''' o verguer: alguacil de vara. Se trata de un aragonesismo (''Diccionario de Autoridades'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' '''''Dominus''…''cancellarium''''': El Rey Nuestro Señor me mandó a mí, don Francisco Gasol la vista por Roig, vicecanciller, siendo regentes los cancilleres Guardiola, Tallada, Fontaner, Martínez y Pérez Manríquez. '''''Vidit''…''regente''''': Lo vio el vicecanciller Roig; lo vio don Felipe Tallada siendo regente; lo vio siendo regente Martínez Roclin; lo vio siendo regente don Mateo de Guardiola; lo vio siendo regente Fontanet; lo vio siendo regente Pérez Manrique. [De aquí en adelante, este tipo de notas serán traducción de la editora; se transcribirán en cursiva y entrecomillas o únicamente en cursiva los fragmentos traducidos —según cómo aparezcan en el cuerpo del texto—; la traducción al castellano se hará en redonda siempre que no se trate de una nota-glosa o del título de una obra, en cuyo caso se hará en redonda, y entre comillas cuando así aparezca en el fragmento de texto que se está traduciendo]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4] '''''propio''': aunque lo esperable en el español actual sería la forma femenina del adjetivo, aparece en masculino en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5] ''[Margen derecho]:'' ''In ''Praefatium'', lib. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7] ''[Margen izquierdo]: ''Epístola'' 3 ''Jacob'', 3 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' '''se permiten''': podría interpretarse como una oración pasiva refleja con el sujeto «muchas cosas» que aparece en la línea anterior. Con todo, no he encontrado otros testimonios de este uso en la época, por lo que podría tratarse de una errata en el uso de la construcción impersonal, concretamente del plural por el singular en el número del verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [Margen izquierdo]: Lutherus, praefatium ''Assertionis articulorum a Leone Pontifice dannatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Brentius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Prolegomenis contra Petrum a Soto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [Margen derecho]: D. Ambrosio, in ''Epistola'' 24 ''ad Constantinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [Margen derecho]: Agustín, lib. ''De fide et operibus'', caps. 15 et 16; lib. 2.; ''De doctrina christiana'', cap. 6, lib. 12; ''Confessionum'', cap. 14, epístola 3 y epístola 119, cap. 21.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12] ''[Margen derecho]: Hieronymus, in ''Episola ad Paulinum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [Margen derecho]: Gregorio, homilía'' ''6 ''In Ezechlielem''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [Margen derecho]: De Basilio et Gregorio Nacianceno: Rufinus, lib. II ''Historiarum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [Margen derecho]: Ireneus, lib. 2, cap. 47.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [Margen derecho]: Chrysostomus, homilía 40'' Ad Ioan'' et homilía'' ''44 ''In Mattheum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [Margen derecho]: Orígenes, lib. 7 ''Contra Celsum'' et homilía 12 ''In Exodum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' '''aparencia''': esta forma convive con la diptongada ''apariencia'' en los siglos XVI y XVII (''Covarrubias''). '''El Profeta Real''': Sosa parece referirse con esta denominación al rey David, a quien en diversos lugares de los textos sagrados del judaísmo y en los del cristianismo se le atribuye la autoría de los ''Salmos''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [Margen derecho]: Lucas, ''Actorum'', 8.2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;'''inestables''': en el original leemos «instábiles», que''' '''ha de tratarse de una forma arcaizante y quizá incorrecta, ya que solo encuentro atestiguada en ''CORDE'' la forma «instable», procedente del latín ''instabilis'', que ha resultado en ''inestable''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [Margen derecho]: Petri, cap. ult. [''Actorum''].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' '''confuta''': contradice, refuta (''Autoridades''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [Margen izquierdo]: Osiandro, in ''Confutationes adversus Philipum.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' '''confesionistas''': que se adherían a las ideas de ''La confesión de Augsburgo'', primera exposición oficial de los principios del luteranismo, redactados por Melanchton en 1530.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [Margen izquierdo]: ''Lutherus contra Zinglio Oecolampadius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [Margen izquierdo]: Caps. 12 et 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [Margen derecho]: D. Antonino, 3 par. ''Summa Theologica'', tít. 8, caps. 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28] ''[Margen derecho]:&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;3 par. ''Historia'', tít. 19, cap. II et tít. 23, cap. 8, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' '''Vicente…espiritual''': Sosa se refiere al ''Tratado de la vida espiritual'' del dominico valenciano san Vicente Ferrer (1350-1419). '''«''Non omnia…hallucinantur''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Ni siquiera todas las visiones de los hombres santos, o si son mayores, son indiscutiblemente revelaciones de fe y de verdad, porque los hombres piadosos a veces se equivocan».&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [Margen izquierdo]: [Alejandro I] Cap. 6 ''De consecratione'', distin. 3, 6 synod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]''''' '''[Margen izquierdo]: Concilio Niceno 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, lib. 4 ''Fidei orthodoxa'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [Margen izquierdo]: D. Agustinus, lib. 7 ''De'' ''fide et symbolo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]''''' antropomorfitas''': seguidores de la doctrina que defendía que Dios tiene cuerpo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, V Concilio Constantinopolitano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [Margen izquierdo]: Ex 6 anathematismo, ''Edicti imperatoris Iustiniani''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [Margen izquierdo]: Ex Evagrio, cap. 2, lib. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [Margen izquierdo]: Ioannes Damascenus, cap. I, lib. 3 de ''Fide orthodoxa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [Margen derecho]: Paul Borgatius, in ''Tractatus de irregularitatibus'', tít. ''De decimis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [Margen derecho]: Hostiensis et Cardenalis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' '''Del cardenal'' in capite nobis de decimis''''': la obra de Borgacio contiene en su parte sexta un apartado dedicado a los diezmos, a la cabeza del cual cita a este cardenal, autor de una rúbrica con el mismo título: ''De decimis, primitiis et oblationibus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' '''san Euuitberto obispo''': ¿San Auberto de Avranches? Teniendo en cuenta la referencia a Carlomagno y a León III, este santo podría ser el obispo del siglo VIII a quien se le atribuye la fundación de la actual abadía del Monte Saint-Michel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43] ''[Margen izquierdo]: ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [Margen izquierdo]: Fray Angelus a Roca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' '''''verbi gratia''''': por ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [Margen derecho]: I ''Ethica'', cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [Margen derecho]: Lib. 13 ''De praeparatione euangelica,'' caps. 6 y 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [Margen derecho]: D. Basilio, in ''Oratione in 40 martyres''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [Margen derecho]: Lib. 4, cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [Margen derecho]: In ''Epistola ad Riperium'', ser. 6, in fine. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' «'''''Honor…praebet'''''»: «El honor que mostramos a nuestros buenos semejantes, los benévolos, proporciona por sí mismo sentido hacia el Señor común». '''«''Honoremus…Dominum''»''': «Honremos a los siervos para que su honra fluya hacia el Señor». '''«''Si homo…adorabis''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Si un justo entrare en tu casa, te inclinarás a sus pies hasta el suelo, porque adorarás al Dios que lo envía».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [Margen derecho]: Lib. ''De Virginitatis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [Margen derecho]: Medina, 3 par., q. 25, art. con. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [Margen izquierdo]: Franciscus Pegna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55] ''[Margen derecho]: Cap. ''Si quis hominem'', II, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [Margen derecho]: Caps. I et 2 ''De reliquiis et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [Margen derecho]: [cap. 12, núm. 8] Zanchino, ''De Haereticis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Verbo ''Canonizatus'', § et si tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' '''''Epístola de san Pablo ad Filemón''''': con la preposición latina en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' '''Inocencio''': podría tratarse tanto de Inocencio III como de Inocencio IV, ya que ambos papas atienden durante su mandato a la cuestión del culto a los santos en los concilios que presiden y/o en su obra. Más adelante, Daza aludirá explícitamente al primero en relación con la revelación anticipada de la muerte y la manera en que algunas autoridades interpretan la veracidad de esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [Margen izquierdo]: Suárez, 3 par., q. 25, artíc. I, dist. 52, sect. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [Margen izquierdo]: Sect. 6, cap. 2§ antequam. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]''''' «''Decernimus…etc''.»''': «Discernimos y definimos de buena memoria para ser santo nuestro, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [Margen derecho]: Tom. 2, p. 2, lib. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' '''«''Ad magno''…''appendendo''»''': «¿Lo había seguido el pueblo con un intenso cariño y entusiasmo? ¿Es considerado entre la gente por el bienaventurado que se cree goza de la vida eterna en la patria celestial? ¿Cuántas veces suele visitar su tumba, implorando su ayuda y patrocinio ante Dios, ofreciéndole muchas cosas y pesando diariamente las tablas de acción de gracias obtenidas por él?».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' '''Ítem''': además.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [Margen derecho]: Obispo de Mantua, ''De seraphica religione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; obispo de Jaén, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Libro de la veneración de las reliquias''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Barezpo, 4 par. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronica''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; M. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;Peredo, ''Libro de Nuestra Señora de Atocha''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Villegas en el &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Flos sanctorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; fray Pedro de Salazar y otros.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]''''' hicieran''…''estuvieran''': así en todos los originales. Hoy, la norma gramatical prescribe el empleo de condicional simple en la segunda forma verbal de la construcción, en lugar de pretérito imperfecto de subjuntivo, es decir: «hicieran…estarían».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' [Margen izquierdo]: I ''Ethica'', lib. 3, cap.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' «'''''Consideravi''…''expavi»''''': «Consideré tus obras y temblé». '''''Mirabilia''…''nimis''''': «Tus obras son maravillosas y mi alma también lo sabrá».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [Margen derecho]: ''Ad Romanos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]''''' «''Deus…sancti''»''': «&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis más en esperanza y en el poder del Espíritu Santo».&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' [Margen derecho]: 4 ''Reges'', 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' '''''«Vade, pete mutuo...non pauca»''''': «Ve y pide prestado a todos tus vecinos, no unas pocas vasijas vacías»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' '''''«Ut non maiora...viluerunt»''''': «Para que no se asombren de cosas mayores, sino a la vista de cosas insólitas, que usaban a diario».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76] ''[Margen izauierdo]: Tractatus 24 ''In Ioannes.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Tomás '''Cayetano'''/Gaetano o Tomás de Vio (1469-1534) fue un cardenal italiano, maestro general de los dominicos y diplomático de la Santa Sede, autor, entre otras obras importantes, de unos comentarios sobre el tratado ''De ente et essentia'' de Tomás de Aquino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [Margen derecho]: Lectio 5, cap. 8 in ''Epistola ad'' ''Romanos'' et [lectio] 3 in cap. 5 ''Ad Ephesios.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [Margen derecho]: ''Pontificale romanum'', 2 par., fol. 505.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [Margen derecho]: Vicencio Valua in ''Speculo historiarum'', lib. 23, caps. 36 y 37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' El '''monasterio senonense''' es la abadía benedictina de Saint-Pierre de Senones, que hoy es un edificio civil de Senones, Lorena, en el departamento de los Vosgos. '''Vuest…seiscientos diez''': según la tradición, el año de 616 se habría fundado el santuario de san Pedro, y san Melito (nacido el año 629) sería quien fundara la abadía de Westminster años después. Más allá de la incierta existencia del santuario, la abadía histórica fue construida por monjes benedictinos en estilo románico, entre los años 1045 y 1050, y sería reconstruida entre mediados del siglo XIII y los primeros años del siglo XVI en estilo gótico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 2 ''Historia Angliae'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [Margen izquierdo]: Surio, t. I, in ''Vita sancti Ianuarii''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [Margen izquierdo]: Baronio, t. 8, anno 610, núms. 12, 13, 14.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' César '''Baronio''': cardenal italiano que vivió entre 1538 y 1607, fue un célebre historiador eclesiástico y uno de los principales encargados de la redacción del ''Martirologio romano'' impulsado por el papa Gregorio XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' '''''«Hac dicit Dominus»''''': «Así dice el Señor». '''''«Ego…a Domino»''''': «Porque lo recibí del Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [Margen derecho]: ''Ad'' ''Corintios,'' super psal. 118.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' '''''«Nemo…mihi»''''': «Nadie me mostró lo que debo hacer, pero el Altísimo me lo ha revelado».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [Margen derecho]: In ''Testamento de Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [Margen izquierdo]: San Antonino, 3 par. ''Historiarum ''[''Historiarum opus, Chronicorum opus ''o ''Chronicon partibus tribus distincta ab initio mundi ad MCCCLX''], tit. 25, cap. 14, §17; ''Crónica de Santo Domingo'', 2 par., lib. 2, cap. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [Margen derecho]: ''Genesis'', cap. 2: «''Misit dominus soporem in Adam''». La traslación griega dice: «''ecstasim''» y la hebrea «''tardemach''», que es 'sueño profundo'. Aquila y Símaco trasladaron «''gravem et profundum soporem''», que es lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [Cuerpo del texto]: ''Proverbia'', 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [Cuerpo del texto]: ''Genesis'', cap. 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [Cuerpo del texto]: ''Exodus'', cap. 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [Cuerpo del texto]: ''Actorum'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [Cuerpo del texto]: cap. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [Cuerpo del texto]: ''Ioannes'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [Margen izquierdo]: Augustinus, lib. 18 ''De civitate Dei''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Hieronimus, lib. 1 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Contra Joviniano''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente Alejandrino, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de las revelaciones de santa'' ''Brígida'', al principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [Margen izquierdo]: ''Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria 1, cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' [Margen izquierdo]: ''Martirologium romanum'', die 17 Martii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [Margen izquierdo]: Trithemius,'' De viris illustribus ordinis sancti Benedicti'', lib. 3, cap. 222.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' [Margen izquierdo]: Marco Marulo, lib. 3, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [Margen izquierdo]: ''Leyenda de la beata Angela de Fulgino''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [Margen izquierdo]: ''Libro de la vida de la madre Teresa de Jesús''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [Margen izquierdo]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 23, cap. 14, §17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' '''Santa Isabel…santidad''': Isabel de Esconaugia, Esconangia o Schönau hasta la fecha no ha sido canonizada. El título de santa se le atribuye desde su aparición en el ''Martirologio romano'' de 1584. Léase también la nota 134. '''Ángela de Fulgino''' es Ángela de Foligno (1248-1309), terciaria franciscana. '''''Incipit…referente''''': ''Comienza el libro con la enseñanza divina dada en la persona del Padre Eterno, de cuyo intelecto se admira el hablante&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#202124;&amp;quot;&amp;gt;, y la bondadosa virgen Catalina de Siena, esposa fidelísima de Jesucristo, con el vestido del beato Domingo que servía, dictándole en un lenguaje común, mientras ella estaba en éxtasis, sin rapto y oyendo realmente, lo que el mismo Señor estaba hablando en ella y ante muchos era referido''&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [Margen derecho]: ''Crónica de Santo Domingo'', lib. 2, caps. 51 y 54; Graciano in ''Dilucidario del verdadero espíritu'', cap. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' '''San Antonino de Florencia''' (1389-1459) fue un fraile dominico famoso, en su época, por sus discursos moralizantes.''' San Raimundo de Capua '''(1330-1399), confesor de santa Catalina de Siena, escribió la vida de esta en su ''Legenda maior''. '''Catalina de Siena''' fue canonizada por Pío II en 1461. Inicialmente se la conmemoraba el mismo día de su muerte, el 29 de abril, y así es actualmente, pero entre 1628 y 1969 la fiesta se trasladó al 30 de abril, para que no coincidiera con la de san Pedro de Verona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [Margen derecho]: 2 ''Macabeos'', 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' El Milagro Eucarístico de '''Santarém''' es una sagrada forma con sangre en estado líquido que se atribuye a Jesucristo y que se conserva en esa ciudad portuguesa. La historia que dio lugar a esta devoción data de mediados del siglo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' [Margen derecho]: Surio, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [Margen derecho]: San Antonio, 3 par. ''Historia'', tit. 24, cap. 13; Aquilino, lib. I, cap. 15; Petrus Sánchez, lib. ''Del reino de Dios'', cap. 4, núm. 34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [Margen derecho]: Lib. 19, cap. 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' La Iglesia católica celebra el 18 de octubre la fiesta de '''Próculo''', junto con la de Acucio y Eutiquio.''' Nicéforo Calisto''': monje e historiador bizantino muerto en torno a 1350. '''Anfiloquio de Iterana''' es en realidad Anfiloquio, obispo de Iconio que murió probablemente el año 395 y es venerado como santo por varias confesiones cristianas. Rey '''Clodoveo''' de Francia (c. 466 -511).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [Margen derecho]: Tritemio in compendium ''Annales'', lib. I, pág. 22; Cassaneo in ''Catalogus gloriae mundi'', par. 5, considerat. 31; Ioannes Ludovicus Vivaldus, tractatus ''De laudibus triumphi liliorum Franciae''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Gregorio Turonense, lib. 2.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Surio, t. 5 in ''Vita sancti Remigii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Monarquía eclesiástica'', 2 par., lib. 16, cap. 7, §4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [Margen derecho]: Antonio, I par. ''Historia'', tít. 5, cap. 20, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' '''San Remigio, obispo de Remes''' es san Remigio, apóstol de los francos y arzobispo de Reims (437-533). '''Crisma''': mezcla de aceite y bálsamo consagrada con la que se unge al que se bautiza, al que se confirma o al que se ordena sacerdote o se nombra obispo. '''San Frontino, obispo petragoricense''' es presumiblemente san Frontón de Périgueux, de historicidad dudosa, cuya festividad se celebra el 25 de octubre. A menudo en la tradición popular y en algunos escritos hagiográficos este santo se confunde con san Frontonio, abad que vivió retirado en el desierto de Nitria bajo el emperador Antonino Pío (c.87-161) y que tiene su fiesta el 14 de abril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [Margen derecho]: ''Breviario romano''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' '''San Nicolás de Tolentino''' (1245-1305) es el primer santo agustino. Era invocado por sus devotos para que intercediera por las víctimas de las pestes y hoy se le considera protector de las almas del Purgatorio.''' a tiento''': literalmente quiere decir ‘guiándose por el tacto’; metafóricamente, ‘dudosamente, sin certeza’. Podría sustituirse hoy por la expresión ''dando palos de ciego''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [Margen izquierdo]: Beza, ''De naniis sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' [Margen izquierdo]: Guillelmus Ritbetl.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' '''Guillelmo''': así en todas las ediciones consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' '''Ignacio''' Fermín '''de Ibero''' (''c''. 1550-1612) fue un monje cisterciense, teólogo, filósofo e historiador, vicario general y abad perpetuo de Fitero (Navarra). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [Margen izquierdo]: Ses. 25, in'' Decreto de Purgatorio'', § ''De invocatione et veneratione sanctorum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' [Margen izquierdo]: ''Psalmi'', 67 g.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' [Margen derecho]: ''Job'', 13 cap.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' [Margen derecho]: Apud Ioannes de Turrecremata in prólogo ''Defensiones revelationum sanctae Brigittae'', caps., 1, 2 y 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' [Margen izquierdo]: Ex St. Thomas 2.2, q. 174, art. 5 ad 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' [Margen izquierdo]: ''Ibid.'' St. Thomas, art. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' El '''rey Eckberto''', Ekberto, Ecberto o Ecgberto de Wessex no tiene ningún parentesco probado con Isabel de Esconangia o Schönau (para la cual, véase nota 108). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' [Margen izquierdo]: Ex Marco Marulo, lib. 2, cap. 4, et Antonio Possevino in ''Apparatu''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' '''santa Ildegardis''' es santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), monja benedictina alemana. El '''monasterio '''femenino de Rupertsberg, construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio que albergaba los restos '''de san Ruperto''' de Bingen, se encontraba hasta el siglo IX en Bingen am Rhein, al oeste de Alemania, cerca de Maguncia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' [Margen izquierdo]: Tom. 2 ''Concilio in Eugenium III''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trithemius in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Chronici Hirsaugiensis'', anno 1150; Theodoricus Abbas, in vita eius apud Surius, t. 5, mense Septembris.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Efectivamente '''santa Brígida''' de Suecia (1303-1373) fue canonizada por Bonifacio IX el año 1391.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' [Margen izquierdo]: In ''Vita beatae Brigittae'' et in eius revelationes cum notis Con sal. Duranti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' [Margen derecho]: 2 ''Ad Timoteum'', 3 d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' '''«''Omnis…iustitiam'', etc.''»''''': «Toda enseñanza divinamente inspirada es útil para enseñar e instruir hacia la justicia, etc.».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' '''''habetur…historiae''''': ''se considera en el capítulo 17 de esta historia''.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' [Margen izquierdo]: Lib. 4, ''Diálogos'', cap. 23.40.55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' [Margen izquierdo]: Epíst. 13 ''Ad Desiderium'', cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' [Margen izquierdo]: Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19, y lib. 5, cap. 13; Gregorio Niseno lib. ''De anima et resurrectione''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Crisóstomo, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De praemiis beatorum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Dionisio Cartujano, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Dialogus de iudicio'' et quattuor'' ''novis, et alii plures, apud Petrus Tirenus., ''De locis in festivitatibus'', caps. 1 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' [Margen izquierdo]: St. Thomas, 4 ''Sentencias'', dist. 21 q. 1, art. I, q. 2, cor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' [Margen izquierdo]: Belarmino, t. 2 ''Controversias'', 3; ''De Purgatorii'', lib. 2, cap. 7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' '''''De loco purgatorii…mitigaretur''''': Del lugar del purgatorio —donde no se encuentra que se exprese nada— debemos hablar, ya que está más de acuerdo con los dichos y hechos de muchos santos que con la revelación. Por eso hay que decir que el lugar del purgatorio es doble: uno, de acuerdo con la ley general, pues hay un lugar de purgatorio, un lugar inferior, relacionado con el infierno; otro es un lugar de purgatorio de acuerdo con la dispensación. Y así a veces leemos que en diferentes lugares algunas personas son castigadas, ya sea por la instrucción de los vivos o por la asistencia de los muertos, para mitigar por los votos de la Iglesia que se vuelva conocido el castigo de los que viven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' [Margen derecho]: In ''Speculum historiae'', lib. 7, cap. 84.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' [Margen derecho]: Lib. 3 ''Magni exordium cisterciensis'', cap. 25.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' [Margen derecho]: Lib. 7 ''Ilustr. Miraculo'', caps. 26, 27, 28, 33 et lib. 12, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' [Margen derecho]: Lib. 2 ''De Apib.'' cap. 29, pág. 6, q. 23 et 24.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' '''''Magnum speculum exemplorum''''': ''Gran espejo de ejemplos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' [Margen derecho]: Lib. I, par. 4, art. 2, cap. 4; par. 5, art. I, cap. 3 y lib. 12, últ. par. cap. 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' [Margen derecho]: In ''Historia virginali'', lib. 2, cap. II.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' '''Corc y Clon''': Los obispados de Corc y Cloyne, al suroeste de Irlanda, se unieron en el Medioevo, se separaron en la segunda mitad del siglo XVII y configuran desde el siglo XIX hasta hoy una sola diócesis junto con el antiguo obispado de Ross. El '''condado de''' '''Esmond '''original se basa en la propiedad de tierras de Munster, en la costa suroeste de Irlanda. A principios 1600, el reino histórico de Esmond o Desmond se partiría en los condados de Cork y Kerry.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' [Margen izquierdo]: Pedro Bovista, Claudio Teserante, Francisco Belleforest, lib. 4 ''De las historias prodigiosas'', cap. 1.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' [Margen izquierdo]: Fray Juan Sagastizábal, ''Libro de la exhortación al rosario'', lib. 6, cap. 84; fray Gerónimo Román, lib. ''De las'' ''repúblicas'', cap. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' [Margen derecho]: In ''Chronicis Hispaniae ''post alios Vasaeus, circa anno 662; Baronio, in ''Anales'', año 657; Rodrigo Jiménez, lib. 2, cap. 22; Tritemio, lib. ''De scriptoribus escclesiasticis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Pet Cresp. in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Suma eclesiástica'','' ''lit. M et alii apud'' Locrium in Augusta Maria'', lib. 5, cap. 41.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' [Margen derecho]: ''Psalmos'', 77 e. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' [Margen derecho]: 2.2, q. 175, arts. 5 et 6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[163]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[164]'' [Margen derecho]: 2, ''Corintios'', 12 a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[165]'' [Margen derecho]: Lib. 12, super'' Genesi ad literam'', cap. 3 post medium, t. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[166]'' [Margen izquierdo]: In ''Chronicis'', anno 446.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[167]'' [Margen izquierdo]: Lib. 14, cap. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[168]'' [Margen izquierdo]: Lib. I, ''Ecclesiastica historia'', cap. 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[169]'' [Margen izquierdo]: ''Menologio'', 25 septiembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[170]'' [Margen izquierdo]: Lib. 3, ''De fide orthodoxa'', cap. 10, y lib. ''De Trissa''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[171]'' [Margen izquierdo]: Félix III, ''Epistola ''3 ''decretalis'', t. 2, Concilio [constantinopolitano].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[172]'' '''«''Rursusque…suis'', etc.»''': «Y bajando de nuevo contó lo que había oído en el cielo, así como la multitud de los cantores, etc». '''«''Sanctus deus…immortalis''»''': «Dios es santo, santo, fuerte e inmortal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[173]'' [Margen derecho]: ''Habentur horum epistola'', t. 2, Concilio posterior al Concilio Constantinopolitano sub Faelice III, anno 483, vide seue vinium in notis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[174]'' '''''Habetur…historia''''': Se considera en el capítulo 16 de esta historia''.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[175]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[176]'' '''«''Omne filio''»''': «Dio todo el juicio a su hijo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[177]'' [Margen izquierdo]: ''Ioann'', 5d.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[178]'' [Margen izquierdo]: ''Sapientia'', 3b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[179]'' '''Los doce tribus de Israel''': así en el original. El ''CORDE'' documenta once ejemplos del uso del sustantivo ''tribu'' con género masculino cuando está en plural en el siglo XVII y siete en el siglo anterior. Los casos aparecen en obras importantes de célebres autores, como ''El peregrino en su patria'', de Lope de Vega (1604), o la primera edición de ''El ingenioso hidalgo don Quijote'' ''de la Mancha'', de Cervantes (1605).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[180]'' ''Matthaeus'', 19 d.c.; ''Luca'', 22 c.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[181]'' [Margen izquierdo]: In ''Litaniae Sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambr. Cathe., I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Ad Hebraeos'' et alii plures quos refert Blas Viegas in ''Apocalypsim'', cap.12, com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[182]'' [Margen izquierdo]: De Basilio, in ''Homilia de Angelo''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; de Gregorio, homilia 3 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''In'' ''Evangelio''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Clemente de Alejandría, lib. 5 &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Stromata'' ad finem; Pantaleón diácono'' ''apud Lippomano, ''Homilia sancti Michaelis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Ambrosio Cath. in I cap. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Epistola ad Hebraeos''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Blas Viegas cum aliis quos citat comm. in 12 commentarii &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalypsim'', com. I, sectio 18.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[183]'' [Cuerpo del texto]: ''Daniel'', 10; ''Apocalipsis'', 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[184]'' [Margen derecho]: In'' Historia sacrarum imaginum'', lib. 2, cap. 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[185]'' [Margen derecho]: Homilía 8 ''De sancti Michaelis'' et relatus de Juan Molano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[186]'' '''etiología''': estudio sobre las causas de las cosas (''DRAE'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[187]'' '''rever''': revisar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[188]'' '''miseración''': compasión, misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[189]'' [Margen derecho]: Diligencias que ha hecho el autor para escribir esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[190]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[191]'' [Margen izquierdo]: No supo leer ni escribir la monja que escribió la vida y sermones de la bienaventurada Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[192]'' [Margen izquierdo]: El cuerpo desta santa está entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[193]'' [Margen izquierdo]: I advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[194]'' [Margen izquierdo]: II advertencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[195]'' [Margen izquierdo]: visión y lo que sinifica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[196]'' [Margen derecho]: San Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 75; sa Tomás, 2.2, q. 174, arts. 1 al 3, glosa ordinaria'' ''in'' Prothemata'' ''Apocalypsim'', al principio, y sobre la epístola 2 ''Ad Corinthios'', cap. 12; Gilbert pinctavit en la glosa ordinaria en el prefacio sobre el ''Apocalipsis''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Nicolao de Lira sobre el prólogo de Gilbert, y cap. I &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Apocalipsis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[197]'' [Margen derecho]: Visión sensitiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[198]'' [Margen derecho]: Visión imaginaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[199]'' [Margen derecho]: Visión intelectual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[200]'' [Margen izquierdo]: Éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[201]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, ''De divinis nominibus'', cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[202]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 28, art. 3; Enrico Arpio, ''De mystica theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 37; Medina, I.2, q. 8, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[203]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 2.2, q. 175, art. I; Enrico Arpio, ''De mystca theologia'', lib. 3, par. 5, cap. 39.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[204]'' [Margen izquierdo]: Rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[205]'' [Margen derecho]: St. Tomás, I.2., q. 113, art. 3 ad 2 solutio 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[206]'' [Margen derecho]: Dios, cómo habla y se aparece a los hombres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[207]'' [Margen izquierdo]: St. Tomás, 3 par., q. 57, art. 6 ad 3 et Gaetano; Suárez, 3 par., t. 2, disp. 51, sectio 4; Belarmino, ''De sacramento Eucharistiae'', lib. 3, cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[208]'' [Margen izquierdo]: ''Actorum'', caps. 9.22 et 26; ''Ad'' ''Corinthios'' I, caps. 9 y 15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[209]'' [Margen izquierdo]: San Dionisio, epístola 8 ''Ad Demophilum''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Atanasio in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Vita sancti Antonii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, lib. 4, &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Diálogos'', cap. 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[210]'' [Margen izquierdo]: ''Monumenta ordinis,'' tract. 1 y 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[211]'' [Margen izquierdo]: San Buenaventura en ''Apologia pauperum'', t. 7, p. 4, et ''De sex alis Seraphim'', t. 7, p. 3; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 24, cap. I, §8; san Bernardino de Siena, ''De Euangelii aeterni'', sermón 60, art. I, cap. 1, y sermón ''De stigmatibus sancti Francisci'', art. 1, cap. 1, t. 2; Ángel del Pus in ''Expositione symboli Apostolorum'', lib. 8, cap. 19; ''Chronici antiquas'', I par. lib. 2, cap. 55; Rodolfo en la ''Historia seraphica'', lib. 8, cap. 12, y lib. 2, fol. 264; Bartolomé de Pisa, in ''Conformidades'', libs. 2 y 3; Boragines, sermón 1 ''De stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Roberto de Licio, obispo aquinatense, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De santa Catalina de Sena'', cap. 3 et sermón ''Sancti Francisci Gonzaga, obispo de Mantua'', 2 par., fols. 327 y 241; ''Speculum beati Francisci'', fol. 98; Gerardo Odón in ''Officio'' ''stigmatum sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Leonardo de Utino, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De beati Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Biga salutis'', sermón ''De sacris stigmatibus sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Bernardino de Bustos in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Rosario'', sermón 72; Mateo Palmerio in ''Additionibus ad Chronicon Eusebii''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Mairones, sermón &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De sancti Francisci''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Trujillo in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Thesaurus sermonum sancti Francisci''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[212]'' [Margen izquierdo]: Bartolomé de Pisa, ''Confortitatum'' 31, lib. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[213]'' '''“''Ille qui mihi apparauit…postea lateri''”''': “&amp;lt;span style=&amp;quot;color:#1f1f1f;&amp;quot;&amp;gt;El que se me apareció no fue un ángel, sino mi Señor Jesucristo, en forma de serafín, el cual, así como recibió él mismo las sagradas llagas en la cruz, así también las imprimió con sus benditas manos en mi cuerpo: primero en sus manos, luego en sus pies, después en su costado&amp;lt;/span&amp;gt;”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[214]'' [Margen derecho]: Joannes Major, 4 sentencia, disp. 10, q. 4; Suárez 3 par., t. 2, q. 58, disput. 51, sectio 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[215]'' [Margen derecho]: Escoto, lib. 4, dist. 10, per multas qq. et in 2; Alejandro de Alejandría, 4 par., q.11, art. I, § últ.; Gabriel, lib. 4, q. I, art. 2 et lectio 46, in canon Belarmino, lib. 3 ''De Eucharistiae'', caps. 3 et 4, et tract. 4 ''Physicorum'', q. 2.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[216]'' '''''quantitativo modo''''': cuantitativamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[217]'' '''''activa passivis''''': todas las formas posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[218]'' [Margen derecho]: Escoto, 2 senten., dist. 18, q. I. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[219]'' [Margen derecho]: San Augustín, lib. ''De Genesi ad literam'', cap.10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[220]'' [Margen derecho]: Santo Tomás, I par., q. 51, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[221]'' '''“''Beata...pro nobis''”''': La bienaventurada virgen Juana ruega por nosotros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[222]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[223]'' El largo párrafo que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[224]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho. Aunque aparentemente se trate de una nota-guía, en realidad aporta información que no está en el cuerpo de texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[225]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[226]''''' dolor de costado''': pleuresía o inflamación de las membranas que cubren las paredes de la cavidad torácica y la superficie de los pulmones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[227]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo; sin embargo, no se trata de nota señalética o guía, pues aporta detalles nuevos a la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[228]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho y es del mismo tipo que la anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[229]'' [Margen derecho]: Todos los dedos quedaron pegados, y el pulgar sobre el índice hecho cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[230]'' Esta nota agrupa dos distintas que se encuentran una a continuación de otra entre el margen izquierdo de 3v y el margen derecho de 4r. Ambas amplían la narración del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[231]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo. Y amplía la información del cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[232]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[233]'' [Margen derecho]: Las campanas se tañeron milagrosa-mente en la muerte de Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[234] ''Lipomano, t. 5; Surio, t. 6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[235]''''' san Estéfano, obispo diense''' (“Stephanus Diensis” en la fuente citada de Surio) fue un monje cartujo francés que se convirtió en el obispo de Die, en la región francesa el Ródano-Alpes. Aunque el ''Martirologio romano'' establece su memorial litúrgico el 7 de septiembre, su culto no fue autorizado como universal hasta 1902, en el papado de Pío X.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[236] ''Surio, t. 5, 7 septembris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[237] Crónica general de San Benito'', t. 1, centuria I, cap. I y Bonifacio Simoneta lib. 4, epístola 20.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[238]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[239]'' [Margen izquierdo]: San Bartolomé la abraza y se regala con ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[240]'' [Margen derecho]: Maravillosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[241]''''' día de la Purificación de Nuestra Señora''': 2 de febrero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[242]'' [Margen izquierdo]: Ve al Niño Jesús en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[243]'' [Margen izquierdo]: Maravillosa visión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[244]'' [Margen derecho]: Quiere ser religiosa y no se lo conceden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[245]'' [Margen derecho]: Revela Dios su santidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[246]'' [Margen izquierdo]:''' '''Hacen diligencias para hurtarla y recíbenla sin dote&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[247]'' [Margen izquierdo]:''' '''Consideración santa para entrar en religión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[248]'' [Margen derecho]:Sus ejercicios y penitencias siendo niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[249]'' [Margen derecho]:''' '''Trae cardas y cadenas junto a la carne en lugar de cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[250]'' [Margen izquierdo]: Hállanla en oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[251]'' [Margen izquierdo]: Visión maravillosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[252]'' [Margen derecho]:''' '''Declárale el ángel de su guarda la visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[253]'' [Margen derecho]:''' '''Aparécesele Cristo crucificado con las insignias de su Pasión, y las Marías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[254] ''[Margen izquierdo]: Nuestra Señora visita a sor Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[255]''''' andaban a los alcances''': observaban los pasos que daba para prenderla, averiguar su conducta o descubrir sus acciones ocultas (''Tesoro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[256]'' [Margen derecho]: Aparécesela Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[257]'' [Margen derecho]: Promete Cristo desposarse con ella y hacerla religiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[258]'' [Margen izquierdo]: Sale de su casa en hábito de hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[259]'' [Margen izquierdo]: Esfuérzala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[260]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora se le aparece y la consuela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[261]'' '''puerta reglar''': la que da entrada a la clausura de un convento (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[262]'' [Margen derecho]: Llegan los parientes y hállanla en la puerta del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[263]'' [Margen derecho]: Lo que le sucedió la primera vez que comulgó siendo novicia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[264]'' [Margen izquierdo]: Hace profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[265]'' [Margen izquierdo]: Azótanla los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[266]'' [Margen derecho]: Sánala el ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[267]'' [Margen izquierdo]:''' '''Desea padecer muchos trabajos por Nuestro Señor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[268]'' [Margen derecho]: Asistencia en la oración muy continua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[269]'' [Margen izquierdo]: Milagros que hace el Señor por su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[270]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele el Niño Jesús en el torno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[271]'' [Margen izquierdo]: El Niño Jesús, la Virgen y muchos ángeles se le aparecen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[272]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro y sale della grande olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[273]'' [Margen izquierdo]:''' '''Raptos que le duraban tres días&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[274]'' [Margen izquierdo]:''' '''Resplandécele el rostro estando elevada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[275]'' [Margen izquierdo]: Queda como muerta en un rapto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[276] Isaías'', cap. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[277]'' [Santo Tomás] I par., q. 51, art. 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[278]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[279]'' [Margen derecho]:Dase con un canto recios golpes en los pechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[280]'' [Margen derecho]:Échase desnuda en las zarzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[281]'' [Margen derecho]:Entra''' '''desnuda en una laguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[282]'' [Margen derecho]:''' '''Azótase''' '''con cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[283]'' [Margen derecho]:''' '''Trae ceñidas al cuerpo sogas y cadenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[284]'' [Margen izquierdo]:''' '''Trae''' '''una cota de malla por cilicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[285]'' [Margen izquierdo]:Cilicio''' '''de planchas de hierro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[286]'' [Margen izquierdo]: Arrástrase por el suelo con una soga y azótase con una cadena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[287]'' [Margen derecho]:''' '''Pónese en cruz de muchas maneras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[288]'' '''entortijadas''': forma hoy desusada, equivalente a ''ensortijadas''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; aquí también abrazadas, ceñidas.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[289]'' [Margen derecho]: El Niño Jesús se desposa con la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[290]'' Petrus de Natalibus, lib.10, cap. 105, y san Antonio, 3 par. ''Historia'' 32, cap. 14, §6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[291]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[292]'' [Margen derecho]:''' '''Comulga espiritualmente muchas veces cada día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[293]''''' gracia ''ex opere operato''''': literalmente, «virtud de la obra realizada»; aquí se refiere a la eficacia que depende del propio sacramento, no de la fe o de la valía de quien lo administra o lo recibe. Se aclara, por tanto, que no se pretende conceder la misma importancia a la comunión espiritual que al sacramento de la Penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[294]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[295]'' [Concilio tridentino] Ses.13, cap. 8; santo Tomás, 3 par., q. 80, arts. I ad 2 y lib. 4, dist. 9, art. 2; Suárez, t. 3, p. 3, disp. 62, sectio I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[296]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 25r y el izquierdo de 25v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[297]'' '''alzar''': momento de la misa en que el sacerdote muestra al pueblo la Hostia y el cáliz consagrados (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[298]'' [Margen derecho]: Ábrese la pared y ve el Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[299]'' [Margen izquierdo]: Ve el Santísimo Sacramento, con haber muchas paredes de por medio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[300]'' [Margen izquierdo]: Háblala Cristo en la Hostia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[301]'' [Margen izquierdo]:Desde su celda oye la misa y el oficio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[302]'' [Margen derecho]: Aparécesele Cristo resucitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[303]'' [Margen derecho]:''' '''Los ángeles la traen la Hostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[304]'' [Margen izquierdo]: Familiaridad con que trata con los ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[305]'' '''resabio''': sabor extraordinario (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[306] ''[Margen derecho]: Ángeles que presiden en los reinos y provincias visitan a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[307]'' [Margen izquierdo]: Persuade a las monjas que sean devotas de los ángeles de su guarda.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[308]'' [Margen izquierdo]: Los ángeles obedecen a la campana de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[309]'' [Margen derecho]: Castigo y premio de la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[310]'' [Margen derecho]: Hermosura y ornato del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[311]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;“'''''Confiteantur…Angelorum''”''': “Que todos los ángeles confiesen que Cristo es el rey de los Ángeles”. '''“''Spiritus…nostra''”''': “La gracia del Espíritu Santo ilumina nuestros corazones y mentes”. '''“''Ecce…adversae''”''': “He aquí la cruz del Señor, huid del lado contrario”. '''“''Dulce…clavos''”''': “Dulce madera, dulces clavos”. '''“''Quam…tui''”''': “Cuán hermosos son tus pasos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[312] ''De manera que la inscripción '''“''Coelestium…infernorum''”''', que significa: “En el Cielo en la Tierra y en el Infierno”, enmarca la de '''“''In…genuflectatur''”''', o lo que es lo mismo: “Todo en el nombre de Jesús se postra de rodillas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[313]'' ''De coelesti hierarchia'', cap.15.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[314]'' Concilio Lateranense 2, cap. I; san Dionisio ''De caelesti Hierarchia'', cap. 1.2.7, y S. Agustín, lib.'' De spiritu et anima'', caps. 13 et 15; St.Tomás, I par., q. 50, arts. 1 et 2 de ''Sentencias'', dist. 8; san Buenaventura, lib. 2 de ''Sentencias'', dist. 8, y Escoto en el mismo lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[315]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 29r y el izquierdo de 29v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[316]'' [Margen izquierdo]: San Laruel se llama el ángel custodio de la beata Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[317]'' Magister sententias, lib. 4, dist. II; Escoto 4, ''Sententiarum'', dist. II, lit. E, en el comento al texto del Maestro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[318]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[319]'' '''“''Ecce…adversae''”''': véase nota 311.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[320]'' [Margen derecho]: Maravillosa pregunta y mucho más la respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[321]'' [Margen izquierdo]: Nota de los ángeles que cayeron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[322]'' '''“''In''…''Verbum''”''': “Al principio era el Verbo”. '''“''In''…''terram''”''': “Al principio creó Dios el cielo y la tierra”.''' '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[323]'' [Margen izquierdo]: Manda el Ángel a santa Juana que escriba sus revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[324]''''' arreo''': sucesivamente (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[325]'' [Margen derecho]: Confiésase con el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[326]'' ''Concilio tridentino'', ses. I. 4, cap. 6 et canones 9 et 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[327]'' Libr. 4 ''Sententiarum, ''dist. 17, qq. I ad 2 et 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[328]'' ''De vera et falsa poenitentia'', cap. 10.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[329]'' Lib. 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 3 et in additionibus, ''Quaestiones'', 8, art. 2 ad I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[330]'' 4, ''Sententiarum'', dist. 17, q. 2 et super literam Magistri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[331]'' «'''El Maestro»''' o «el Maestro de las sentencias» es Pedro Lombardo, filósofo escolástico del siglo XII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[332]'' [Gabriel, Major, Marsilio y el Maestro] En la misma dist. [''Sententiarum'', dist. 17] in litera ad finem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[333]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 31r y el izquierdo de 31v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[334]'' [Margen derecho]: Pregunta al ángel si son pecados las tentaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[335]'' [Margen izquierdo]:Consuélala el ángel de su guarda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[336]'' [Margen izquierdo]: Tiénese por muy gran pecadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[337]'' '''de costa''': de lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[338]'' Surio, t. 7, mense Aprilis, die 14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[339]'' Julio Ursino in eius ''Vita'', lib. I, cap. 13.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[340]'' Marco Marulo, lib. 2, cap. 4.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[341]'' '''santa Liduvina virgen''' (1380-1433) también conocida como Liduvina de Schiedam (Holanda) es considerada hoy por la Iglesia católica patrona de los enfermos crónicos. Su culto no sería confirmado hasta 1890, por León XIII; su fiesta se celebra el 14 de abril. '''Santa Francisca Romana''' (1384-1440) fue una oblata benedictina canonizada en 1608, cuya festividad celebra la Iglesia católica el 9 de marzo. S'''anta Isabel…Esconaugia''': véanse las notas 108 y 134 de la presente edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[342]'' Esta nota se encuentra entre el margen derecho de 33r y el izquierdo de 33v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[343]'' [Margen izquierdo]: Nota la humildad de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[344]''[Margen derecho]: Respuestas maravillosas del Ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[345]'' [Margen izquierdo]: Fue devotísima de san Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[346]'' [Margen derecho]: Aparecimiento de san Antonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[347]'' [Margen izquierdo]: El Espíritu Santo la elige por abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[348]'' [Margen izquierdo]: Fue abadesa diecisiete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[349]'' [Margen derecho]: Cerró el convento y hizo que se guardase clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[350]'' [Margen izquierdo]: Nota lo que puede la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[351]'' [Margen derecho]: Resucita una niña muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[352]'' La cita que sigue aparece en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[353]'' [Margen izquierdo]: Aparécese a una señora desahuciada y dale salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[354]'' [Margen derecho]: Aparécese a una religiosa enferma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[355]'' [Margen izquierdo]: Otros milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[356]'' '''zaratán''': un tipo de cáncer de mama en las mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[357]'' El '''fuego de san Marcial''' o fuego de san Antón constituyó una epidemia en la Edad Media que hoy conocemos como ergotismo y que se corresponde con el conjunto de síntomas de la intoxicación por cornezuelo de centeno. El más característico de estos síntomas es la inflamación y el enrojecimiento de la piel en alguna parte del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[358] '''“Beata...pro nobis”''': ''“La beata Juana de la Cruz ruega por nosotros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[359]'' '''agnusdeyes''': pedazos de cera normalmente de forma circular o elíptica amasados por el Papa con polvos de reliquias de santos en presencia de cardenales y obispos. Tienen grabada a medio relieve por una cara el Cordero con la inscripción “''agnusdéi''”, y por otra, Cristo, la Virgen o algún santo con su inscripción y el nombre del Papa que las fabricó y bendijo. '''''Vivae vocis oraculo''''': lo que el Papa concede solo por su voz y sin ponerlo por escrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[360]'' [Margen derecho]: Manda a las monjas que la traigan sus rosarios porque los quiere Dios bendecir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[361]'' [Margen izquierdo]: Pónense los rosarios en una arquita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[362]'' [Margen izquierdo]: Bendícense los rosarios en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[363]'' '''tornándola abrir''': la perífrasis aparece sin preposición entre el verbo auxiliar y el principal en todas las ediciones de esta familia textual consultadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[364]'' [Margen derecho]: Bajan los rosarios del cielo llenos de un olor celestial que tracendía ['''tracendía''' aparece en todas las ediciones consultadas, aunque puede tratarse de un error, pues el CORDE atestigua muy pocos casos frente a “trascendía”].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[365]'' [Margen izquierdo]:Virtudes de las cuentas benditas por Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[366]'' [Margen izquierdo]: Estimación en que se han tenido siempre las cuentas de santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[367]'' '''Francisco de Torres''' podría ser el virrey y capitán general del reino de Mallorca hasta 1621 Francisco Juan de Torres, si bien este político y hombre de armas no tomó el hábito. '''Fray Julián de San Agustín''' es Julián Martinet Gutiérrez (''c.'' 1553-1606), beato franciscano que gozó en vida de fama de santidad por sus extremadas penitencias y su don de profecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[368]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[369] ''[Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[370]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[371]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[372]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[373]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[374]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[375]'' [Margen izquierdo]: Temen los demonios y conocen las dichas cuentas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[376]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[377]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[378]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[379]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 47r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[380]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[381]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[382]'' [Margen izquierdo]: Contra el fuego, tempestades, rayos y tormentas del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[383]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[384]'' '''capítulo''' '''general''': asamblea monástica a &amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#202122;&amp;quot;&amp;gt;la que asistían generalmente representantes de todos los monasterios de una orden o de todas las casas de una congregación&amp;lt;/span&amp;gt;&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;&amp;quot;&amp;gt;.&amp;lt;/span&amp;gt; '''Sixto V''': fraile franciscano que fue papa de Roma desde 1585 hasta su fallecimiento en 1590. Su pontificado destacó por incidir en el riguroso cumplimiento de los decretos del concilio de Trento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[385]'' [Margen derecho]: Contra tempestades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[386]'' Esta nota se encuentra en le margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[387]'' [Margen izquierdo]: Contra diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[388]'' '''se esforzase''': se animase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[389]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[390]'' '''perlesía''': pérdida y relajación del vigor, la movilidad y la sensación de los nervios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[391]'' [Margen izquierdo]: Contra perlesía y peste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[392]'' '''seca''': inflamación de un ganglio linfático o de una glándula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[393]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[394]'' [Margen derecho]: Contra mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[395]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[396]'' [Margen derecho]: Saca la espina hincada en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[397]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[398]'' [Margen izquierdo]: Contra los escrúpulos y tentaciones de la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[399]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[400]'' [Margen izquierdo]: Contra calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[401]'' [Margen izquierdo]: Contra desesperación y tentaciones del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[402]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[403]'' [Margen derecho]: Contra visiones y espantos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[404]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[405]'' [Margen derecho]: Hállase la cuenta perdida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[406]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[407]'' [Margen izquierdo]: Cuéntase que cayó de lo alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[408]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[409]'' [Margen izquierdo]: El beato fray Julián toca cuentas en una de las que tenía de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[410]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[411]'' [Margen izquierdo]: Procúralo estorbar el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[412]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[413]'' [Margen derecho]: Conocía el beato fray Julián las cuentas que estaban tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[414]'' [Margen derecho]: Contra desesperaciones y engaños del demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[415]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[416]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[417]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[418]'' [Margen izquierdo]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[419]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[420]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[421]'' [Margen derecho]: Nota lo que puede la fe y lo que dijo el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[422]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 52v, se incluye aquí, por coherencia lógica, al final del párrafo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[423]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[424]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[425]'' [Margen derecho]: Confiesa el demonio la virtud de las cuentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[426]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[427]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[428]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[429]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[430]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[431]'' [Margen izquierdo]: Un ciego de ambos ojos cobró vista con la cuenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[432]'' '''escribano del número o escribano público del número''': oficial de un concejo que únicamente podía ejercer su oficio en su localidad o demarcación territorial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[433]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[434]'' '''batidor de oro''' o de plata: el que con golpes de martillo dispone el metal precioso en delgadas hojas para dorar o platear retablos, marcos y otros objetos. '''Esquinencia''': angina. '''Garrotillo''': difteria grave o enfermedad infecciosa de las membranas mucosas, las amígadalas y/o la faringe que a menudo resultaba en la muerte por ahogamiento. '''Apostema''': absceso supurante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[435]'' [Margen izquierdo]: Sana a un niño de mal de garrotillo, esquinencia y de un apostema en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[436]'' Esta información se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[437]'' [Margen derecho]: Sana las cataratas de los ojos a una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[438]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[439]'' '''cuartana''': calentura, la mayoría de las veces causada por paludismo, que entra con frío de cuatro en cuatro días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[440]'' [Margen derecho]: Sana las cuartanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[441]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[442]'' [Margen derecho]: Una mujer ciega de ambos ojos cobra vista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[443]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 56r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[444]'' [Margen izquierdo]: Sana a un hombre desahuciado con dolor de costado y calenturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[445]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[446]'' [Margen izquierdo]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[447]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 56v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[448]'' [Margen derecho]: Sana a una sorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[449]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[450]'' [Margen derecho]: Contra demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[451]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 57r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[452]'' [Margen derecho]: Sana a una mujer muy apasionada de mal de corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[453]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 58r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[454]'' '''gota coral''': epilepsia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[455]'' [Margen izquierdo]: Contra desmayos y gota coral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[456]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[457]'' '''Ays''' es la actual ciudad francesa de Aix-en Provence, antigua capital la región histórica de Provenza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Margen izquierdo]: Veinticuatro endemoniadas son libres por la virtud de una cuenta de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[458]'' '''''in verbo sacerdotis''''': en la palabra del sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[459]'' '''Dietrichstain''' es Francisco Dietrichstein (1570-1636), cardenal de la iglesia católica, hijo del noble moravo Adam von Dietrichstein, diplomático de Maximiliano II en la España de Felipe II, y de la aristócrata catalana Margarita Folch de Cardona. Fue un férreo defensor de la Contrarreforma que destacó también por su difusión de la cultura.''' Nichilspurg,''' '''en Alemania'''. Se refiere a Nikolsburg, Moravia, hoy Mikulov en Chequia. La '''hermana''' de Dietrichstein a la que se refiere es Beatriz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[460]'' '''Mechau''' es ahora una aldea, aunque antes gozaba de mayor extensión, en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, que limita con Brandeburgo, Sajonia, Turingia y Baja Sajonia. El '''camarero mayor''' es el oficial de la Casa del Rey que sigue en rango al mayordomo mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[461]'' '''día de…santa María Madalena''': el 22 de julio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[462]'' [Margen izquierdo]: Ánima de un quemado sube al cielo acompañada de ángeles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[463]'' Et de hoc videatur D. Agustín, lib. ''De vera et falsa poenitentia''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Gregorio, cap. 27 in &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''Iob''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; san Ambrosio, lib. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;''De poenitentia sancti Hieronymi'', t. 4, in epistola'' Eusebii ad Damasum episcopum''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[464]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo de 64v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[465]'' [Margen derecho]: El demonio hace que le adore un ermitaño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[466]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 64, art. 2 ad 3 y art. 12; ''Quaestiones'', 20, arts. 4 y 5, y 3 par. ''Quaestiones'', 68, arts. 2 ad 3; san Buenaventura, ''De profectu religiosorum'', lib. 2, cap. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[467]'' Esta nota se encuentra en el margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[468]'' '''día de santa Lucía''': 13 de diciembre. Son varios los pasajes en que los libros de '''Isaías''' emplean la imagen del poderoso Señor de los ejércitos y del trono para referirse respectivamente a su triunfo frente a sus enemigos y a su lugar en el reino y en la gloria (''Isaías'', 40: 20-26; 44: 6-8, etc.). Sin embargo, considero que esta comparación de la visión de Juana del premio de santa Lucía con las revelaciones del profeta se fundamenta en las alusiones al juicio en el que el Señor recompensará a los justos y fieles, especialmente a los que han sufrido, y castigará a los impíos (3: 13-15, 4: 2-6, 35: 10, 59: 36-20, etc., pero principalmente 65:8-25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[469]'' [Margen derecho]: Visita santa Bárbara a la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[470]'' [Margen izquierdo]: Háblala el alma de un niño difunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[471]'' [Margen izquierdo]: Procesión en que viene Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[472]'' [Margen derecho]: Visita Nuestra Señora a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[473]'' [Margen derecho]: Los ángeles ponen guirnaldas de rosas a las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[474]'' [Margen derecho]: Bendice Nuestro Señor la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[475]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora vio la esencia divina en la encarnación del Verbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[476] ''San Antonino,'' ''4 par., tít. 15, cap. 17, §I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[477]'' [Margen derecho]: Nuestra Señora tuvo uso de razón en el vientre de su madre, desde el primer instante de su concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[478]'' San Bernardino de Sena, sermo 51 ''De beata Virgine'', cap. 2; Gaetano, 3 par., q. 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[479]'' [Margen derecho]: Apareció el Señor a su sacratísima Madre, resucitado y glorioso, primero que a otra ninguna persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[480]'' San Ambrosio, lib. 3 ''De Virginitate'', cap. 6; san Buenaventura in ''Meditatio vitae Christi'', cap. 87; san Antonio de Padua, sermo in die sancto Paschatis, y santa Brígida, lib. 6 de sus ''Revelaciones'', cap. 94.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[481]'' '''día de la Purísima Concepción''': 8 de diciembre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[482]'' '''“''Beatus…portavit''”''': “Bendito el vientre que te llevó”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[483]'' [Margen derecho]: Niña de siete meses endemoniada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[484]'' [Margen derecho]: Estando ausentes ve las personas que se le encomiendan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[485]'' [Margen izquierdo]: Llorar la Pasión es muy meritorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[486]'' [Margen derecho]: Dios y el ángel de su guarda le demandan diga las revelaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[487]'' [Margen derecho]: Enmudece Dios a su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[488]'' [Margen derecho]: Suceso de un inquisidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[489]'' [Margen derecho]: Habla en diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[490]'' '''Fray Francisco Jiménez''' es el cardenal Cisneros, quien propuso a Fernando el Católico emprender una expedición de conquista a Orán, financiando él mismo los gastos con la condición de que la plaza tomada quedara bajo la jurisdicción de la archidiócesis Toledo. En agosto de 1608 fray Francisco Jiménez de Cisneros recibiría el título de capitán general de África.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[491]'' [Margen izquierdo]: Habla en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[492]'' [Margen izquierdo]: Convierte santa Juana a dos moras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[493]'' [Margen izquierdo]: Habla en latín muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[494]'' [Margen izquierdo]: Manda que ninguna la oiga y que la encierren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[495] ''[Margen izquierdo]: Las aves vienen a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[496]'''''Gonzalo Fernández de Córdoba''', el Gran Capitán (1453-1515), fue un caballero renacentista estadista, diplomático, alcalde, almirante, capitán general, virrey de Nápoles y artífice de la nueva concepción de la infantería que dio lugar a los Tercios de Flandes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[497]'' [Margen derecho]: Notable experiencia y atrevimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[498]'' [Margen derecho]: Otra experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[499]'' [Margen derecho]: Sermones que predicó la santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[500]''&amp;lt;sup&amp;gt; &amp;lt;/sup&amp;gt;día de la''' Ascensión''': cuarenta días después del domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[501]'' [Margen izquierdo]: Dala Dios los dolores y señales de sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[502]'' [Margen derecho]: Arróbase estando en cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[503]'' [Margen izquierdo]: Diez mil mártires crucificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[504]'' La '''fiesta de san Francisco de Asís''' se celebra el 4 de octubre en la Iglesia católica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[505]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele Nuestro Señor y lo que la dice.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[506]'' '''día de santa Clara''': 11 de agosto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[507]'' [Margen izquierdo]: Sánala el apóstol san Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[508]'' [Margen derecho]: En la hora de la muerte oye cada uno su sentencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[509]'' ''Ecclesiastes'', cap. 2; ''Matthaeus'', caps. 10 y 22; ''Luca'', 16; D. Augustín: ''De civitate Dei'', lib. 10, cap. 1, et ''De anima et eius origine'', lib. 2, cap. 4; san Gerónimo in ''Ioel'', cap. 2; san Buenaventura, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 20, I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[510]'' '''Inocencio…segundo''':&amp;lt;span style=&amp;quot;background-color:#ffffff;color:#000000;&amp;quot;&amp;gt; &amp;lt;/span&amp;gt;se refiere al segundo de los tres libros que componen ''Sobre el desprecio del mundo o la miseria de la condición humana''. '''Landulfo Cartusiano''' es Ludolf von Sachsen o Ludolfo de Sajonia, el Cartujano (ca. 1300-1378?), considerado uno de los decisivos inspiradores de la ''devotio moderna'' nacida a finales del siglo XIV a partir de su'' Vita Christi''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[511]'' '''“''Constitui…suspiciendas''”''':''' '''“Te he hecho príncipe para ser respetado por todas las almas”. Esta cita aparece como nota marginal en ''M13''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; la hago constar como parte del texto y no como nota-glosa porque creo que su función, más que explicativa es especificativa de lo precedente. &amp;lt;/nowiki&amp;gt;'''''Signifer…sanctorum''''': El portaestandarte san Miguel los representará y los traerá a la luz de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[512]'' Tanto la cita de la misa de difuntos como la nota-guía en latín traducidas arriba se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[513]'' Santo Tomás in 4 dist. 21, q. I, arts. 1 ad 3; san Buenaventura en 4, dist. 20, I par., q. 6; san Antonio, 3 par. ''Historia'', tít. 33, §3; san Gregorio, lib. 4 ''Diálogos'', caps. 40 y 55.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[514]'' Santo Tomás, lib. 2, ''Sententiarum'', dist. 6, art. 6 ad 3 y lib. 4, dist. 20, art. 5; Escoto, lib. 4 ''Sentencias'', dist. 44, q. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[515]'' Beda, lib. 3, ''Historia Anglorum'', cap. 19; Dionisio Cartujano ''De iudicio particulari''&amp;lt;nowiki&amp;gt;; Magistri sententiarum, lib. 44, dist. 44.&amp;lt;/nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[516]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y 3; ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art. 3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[517]'' San Vicente, ''Sermone de acqua benedicta'' et in vita eius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[518]'' Cesareo in ''Dialogus'', exempla 83 y 85.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[519]'' '''Cesáreo de Heisterbach '''(ca. 1170-1240): erudito y monje cisterciense alemán, que fue uno de los escritores más populares del siglo XIII, especialmente por su ''Diálogo de visiones y milagros'' y su biografía de san Engelberto. '''Juan Herolt '''(1390?-1468): predicador dominicano, prior del monasterio dominico de Nuremberg y autor de la colección de sermones más reimpresa durante el siglo XV. '''Ricardo de San Víctor''' (ca. 1110-1173): filósofo, teólogo y místico escocés, abad del monasterio de san Víctor en París, que desarrolló la teoría de que existe un espacio en el alma humana al que no puede llegar el pecado y en el cual es posible la unión mística. Roberto '''Belarmino''' (1542-1621) fue un jesuita canonizado en 1930, que dirigió espiritualmente a Luis Gonzaga, y fue famoso por su obra ''Controversias'', en defensa de la fe católica frente al protestantismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[520]'' Beda, ''Historia angli'', lib. 5, cap. 3; Belarmino, t. I, lib. 2 ''De Purgatorio''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[521]'' San Gerónimo in ''Daniel'', cap. 7; san Agustín, ''De civitate Dei'', lib. 9, cap. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[522]'' Juan Molano in ''Historia sanctorum imaginum'', lib. 2, cap. 28; Viegas in ''Apocayipsi'', cap. 12, t. I, sectio 17, núm. 5, y sectio 18, núm. 7; Juan Equio, Homilía 8 ''De sancto Michaele''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[523]'' Esta nota y sus fuentes, reproducidas arriba, se encuentran en el margen izquierdo del texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[524]'' '''ángeles de guarda''' podría tratarse de un descuido, ya que lo esperable sería la presencia del artículo determinado detrás de la preposición —así aparece en el resto de ocasiones en todas las ediciones—; se mantiene porque en este lugar se repite esta forma en todas las ediciones de la familia textual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[525]'' San Buenaventura, lib. 4 ''Sententiarum'', dist. 2 en I par., q. 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[526]'' Santo Tomás, ''ibidem'', dist. 21, q. 1, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[527]'' [Margen derecho]: Aparécesele una ánima de Purgatorio.'' ''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[528]'' [Margen izquierdo]: Aparécesele otra ánima de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[529]'' [Margen derecho]: Vale mucho la devoción de los santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[530]'' [Margen izquierdo]: Pena el ánima en el buey y pide perdón a la beata Juana de los agravios que la hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[531]'' Santo Tomás, 3 par., q. 46, art. 6 y lib. 3 ''Sententiarum'', dist. 15, q. 2, art..3.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[532]'' In ''Sermone de acqua benedicta'', lit. G.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[533]'' Esta larga nota se encuentra entre el margen derecho de 86r y el izquierdo de 86v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[534]'' [Margen derecho]: Pide trabajos y persecuciones a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[535]'' [Margen derecho]: Dolores de cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[536]'' '''ijada''': cavidad entre las costillas falsas y las caderas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[537]'' [Margen izquierdo]: Dolores de estómago y de ijada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[538]'' '''impetrar''': conseguir alguna gracia mediante ruegos, oraciones o súplicas (''DA'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[539]'' [Margen izquierdo]: Prívanla del oficio de abadesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[540]'' [Margen derecho]: Ruega por quien la persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[541]'' '''gafa''': con los dedos encorvados y paralizados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[542]'' [Margen izquierdo]: El Ángel la manifiesta su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[543]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 9, art. I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[544]'' Santo Tomás, I par. ''Quaestiones'', 19, artícs. 11 y 12, y ''Quaestiones'', 23, art. 5, y lib. 4, dist. 45, art. 4, y dist. 47, art. 2, y ''De veritate'', q. 6 y q. 23.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[545]'' Esta nota se encuentra en le margen izquierdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[546]'' '''día de los apóstoles san Felipe y Santiago''': La iglesia católica celebra en realidad la fiesta de san Felipe y Santiago el Menor el día 3 de mayo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[547]'' [Margen derecho]: Entra en batalla con los demonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[548]'' [Margen izquierdo]: La Madalena se le aparece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[549]'' [Margen derecho]: Nota lo que pasa en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[550]'' [Margen izquierdo]: Nuestra Señora con muchos ángeles y santos asisten a su cabecera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[551]'' '''diciplinas''': aparece así en todas las ediciones consultadas, transcribiendo la manera en que ''DA'' atestigua que solía pronunciarse —de hecho, el ''Tesoro'' de Covarrubias recoge únicamente la voz simplificada—.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[552]'' [Margen derecho]: Resplandécele el rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[553]'' [Margen derecho]: Revela Dios la gloria de su sierva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[554]'' [Margen izquierdo]: Sana a un tullido y dos enfermos cobran salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[555]'' [Margen izquierdo]: Está el cuerpo sin enterrar cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[556]'' [Margen derecho]: Entierran el cuerpo en la tierra sin ataúd ni otra cosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[557]'' [Margen izquierdo]: Hállase el cuerpo entero y con suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[558]'' [Margen izquierdo]: Traslación del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[559]'' [Margen derecho]: Devoción que se tiene con las reliquias de la beata Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[560]'' Esta nota se encuentra en el margen derecho de 89r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[561]'' El '''convento de la Oliva '''es Santa María de Oliva u Óliva de Trillo, en Guadalajara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[562]'' [Margen derecho]: Hállase el cuerpo sano y entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[563]'' [Margen izquierdo]: Dala el general el velo después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[564]'' [Margen izquierdo]: Quítanle un dedo del pie y sale sangre de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[565]'' El largo párrafo que sigue está en cursiva en el texto base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[566]'' [Margen derecho]: Testimonio de la incorruptibilidad del cuerpo de la beta Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[567]'' '''Misina''': la alternancia de esta forma con “Mesina” se presenta en los mismos lugares en todas las ediciones de esta familia textual, pero en los demás textos solo aparece la forma con la vocal abierta, por lo que “Misina” podría ser una errata. '''Familia cismontana''': parte de la orden franciscana que se encuentra en Italia y España, es decir, a esta parte de los Alpes y los Pirineos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[568]'' '''comisario de Jerusalén''': fraile franciscano que atiende los distritos territoriales religiosos de Tierra Santa. '''Provincia de''' '''San José''': primera institución territorial de la familia descalza franciscana fundada por san Pedro de Alcántara en el siglo XVI, que abarcaba toda Castilla hasta que en 1594 pasó a dividirse en dos y a denominarse “provincia de San Pablo” a los conventos de la actual Castilla y León, quedando para la de San José los de la que es hoy Castilla-La Mancha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[569]'' '''discretas''': mujeres elegidas para asistir a la superiora como consejeras en el gobierno de la comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[570]'' '''Ítem''', de aquí en adelante, puede poseer la doble función de separar artículos o partes del escrito y de añadir información que continúa en el sentido de lo anterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[571]'' '''Su gloriosísima Madre''': en la tabla de capítulos del texto base consta esta expresión; sin embargo, al regresar al título del capítulo II se lee: “su ''Santísima Madre''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[572]'' Edito aquí todos los datos de este paratexto que constan en el texto base, aunque se trate de un dato meramente tipográfico, sin trascendencia en mi edición salvo cuando la referenciación indicada se hace mediante el número de capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[573]'' '''''Sub''…''' '''''Eccleasiae''''': Bajo la corrección de la santa madre Iglesia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712692</id>
		<title>María de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712692"/>
				<updated>2026-03-12T08:54:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Torres]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Rojas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Marcos_de_Lisboa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Tomas_Tamayo_de_Vargas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luis_de_Miranda]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:SantaMariaToledo_DianaSanmartin.jpg|right|María de Toledo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata, monja, prelada, abadesa y fundadora del monasterio Santa Isabel la Real de Toledo &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1437&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025; fecha de modificación: marzo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vida y milagros de la muy venerable señora doña María de Toledo''. Ms. del Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes [fols. 1r-41r].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI, copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. No tiene referencia, ni paginación ni foliación. El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r] Esta es la vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo, abbadesa y fundadora de Santa Isabel la Real de la ciudad de Toledo; tiene XXVII capítulos, ruego [fol. 1v] al lector q la leyere que las faltas que hallare las enmiende con caridad y lo atribuya a mí y no a la vida de esta devota de Nuestro Señor Jesuchristo y de su bendita madre. Amén.&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó. &lt;br /&gt;
Capítulo 2, cómo se vino a Toledo y murió su marido.&lt;br /&gt;
Capítulo 3, cómo dejó los vestidos.&lt;br /&gt;
Capítulo 4, cómo se ocupaba en la oración. &lt;br /&gt;
Capítulo 5, de la abstinencia y muchas revelaciones que tuvo. &lt;br /&gt;
Capítulo 6, cómo entró en el hospital a servir los pobres. &lt;br /&gt;
Capítulo 7, cómo dejó renta al hospital y pidía para él. &lt;br /&gt;
[fol. 2v] Capítulo 8, cómo estuvo enferma en el hospital&lt;br /&gt;
Capítulo 9, cómo quiso ir a Jerusalén. &lt;br /&gt;
Capítulo 10, cómo fundó el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 11, de la vida que hacía en el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 12, de su abstinencia.&lt;br /&gt;
Capítulo 13, de la caridad que tenía con los enfermos. &lt;br /&gt;
Capítulo 14, cómo seguía la comunidad.&lt;br /&gt;
[fol. 3r] Capítulo 15, cómo mandó hacer una túnica de cerdas. &lt;br /&gt;
Capítulo 16, cómo tuvo una enfermedad. &lt;br /&gt;
Capítulo 17, cómo su camisa llevaron a una enferma. &lt;br /&gt;
Capítulo 18, cómo los médicos la desahuciaron. &lt;br /&gt;
Capítulo 19, de cómo le dio la enfermedad de que murió. &lt;br /&gt;
Capítulo 20, de muchas preguntas que le hicieron las monjas. &lt;br /&gt;
Capítulo 21, cómo muchos cantos que se oyeron en su tránsito. &lt;br /&gt;
[fol. 3v] Capítulo 22, cómo la sacaron de la cueva.&lt;br /&gt;
Capítulo 23, cómo su cuerpo está entero y de muchos milagros.&lt;br /&gt;
Capítulo 24, cómo fue llevada en espíritu al monte Tabor. &lt;br /&gt;
Capítulo 25, de una maravillosa visión que vido fray Jordán, vicario de las monjas de la Madre de Dios de Toledo. &lt;br /&gt;
Capítulo 26, cómo el Padre fray Pedro de Acuña vino por vicario y de una enfermedad que tenía y cómo sanó por los méritos de esta sierva de Dios ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora Doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella vido que no tenía hijos, trabajó con su marido que la diese licencia para se venir a Toledo, tomando por escusa de [fol. 5r] venir a ver a su madre, y que estaba enferma. Y llegada a Toledo estuvo con su madre por buen espacio de tiempo que no volvió a su casa, en el cual tiempo su marido tuvo una grande enfermedad, de la cual falleció. Y trayéndole la nueva, luego que la oyó, hincó las rodillas en tierra y dio muchas gracias a Nuestro Señor Jesuchristo porque la quería ya dar libertad ''[3]'' para que toda ella se pudiese mejor emplear en su servicio como ella lo deseaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y, como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora, estando en este ejercicio en casa de su madre, iba cada noche a maitines a la iglesia mayor con una linterna, ella y una compañera suya que para esta vida tenía escogida, la cual era muy virtuosa y devotísima de Nuestra Señora y persona de muy gran contemplación. Y con ella andaba todo esto descalza, que desde que [fol. 7r] enviudó nunca se calzó, zapatos ni otra cosa por nieves ni agua que hiciese y cada noche iba a maitines. Y no contenta de esta vida, dormía algunas veces en la iglesia mayor, ella y su compañera, debajo de la tribuna de los señores, y en todo este año entero no salió de allí, mas dábase a muy grande oración y contemplación y penitencia, y comulgaba cada ocho días los primeros años; y después, andando más en la vida espiritual, todas las veces que su confesor se lo mandaba aunque fuese a tercero día. Este confesor era un sancto varón que se llamaba fray Juan Pérez, de la ''[8]'' [fol. 7v] orden de Nuestro Padre San Francisco, el cual le mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor comunicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo comunicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor comunicó con esta su sierva en aquel año. Y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Santa Isabel, que nos lo dio su confesor, con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión, y todo ansí como lo teníamos la mayor parte dello se [fol. 8r] llevó el Arzobispo de Toledo, Don Fray Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su Vida para vella y sus Revelaciones, diéronsela toda y Su Señoría se la llevó y nunca más la tornó y ansí tornamos a escribir la Vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propia mano, no quedaron sino muy pocas. Y viniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamabo [''sic''] Doña Leonor, nuera del Duque de Alba, demandola [fol. 8v] para verla y se la llevó y nunca más la volvió. Y desta manera se nos perdieron todas las Revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima y ansí no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quinto, de la abstinencia que hacía y como le fueron reveladas muchas cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando al propósito primero, en todo el año que no salió de la iglesia mayor de noche ni de día, ni se comunicó con persona alguna desta vida sino con su confesor ya dicho, y él la comulgaba a [fol. 9r] tercero día, y el día que comulgaba ayunaba a pan y agua, y lo más de la semana lo mismo, y cada día se disciplinaba. Y en este tiempo le fue mostrado y revelado cómo se habían de ganar muchas tierras de moros, y Granada con todas sus tierras, y le fue revelado cómo se habían de echar lo [''sic''] judíos de Castilla y la reformación de los monasterios, y las grandes herejías que se hacían en estos reinos, por donde ella fue causa de poner la Inquisición, para ensalzamiento de nuestra sancta fe católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Esto y otras muchas cosas que cumplían al regimiento del Reino escribió a Sus Altezas de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, que estaban entonces en la ciudad de Segovia. Y esto fue ocho años antes que aconteciesen estas cosas y, como esta señora era persona de tanto merecimiento y sanctidad, comunicábase mucho la Reina con ella, y enviándola llamar a ella y a su compañera para informarse della de todo lo que les escribía por extenso. Y, llegada a la ciudad de Segovia, estuvo con sus Altezas seis meses nomás. Y porque allí no podía po- [fol. 10r] ner por obra sus buenos deseos y humildad en que ella solía ejercitar su vida, pidió licencia a Sus Altezas para tornarse a Toledo para acabar lo comenzado. Y, venida a la ciudad, no se quiso tornar a casa de su madre, mas fuese derecha al Hospital de Nuestra Señora y públicamente se puso a servir a los pobres por tres años, sirviendo desta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo sexto, de cómo esta señora sierva de Jesuchristo Nuestro Señor entró en el hospital'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entrando en el hospital fue recibida de todos los pobres como madre, y la die- [fol. 10v] ron una capillita muy pequeña en que estuviese, que no cabía más de una camita muy pobre y un oratorio, y la cama que allí tenía era un colchón de paja y una manta encima muy vieja con una almohada de sayal llena de paja. Ella andaba siempre descalza, y vestida una túnica de sayal y un hábito de lo mismo, y por toca traía un paño de lienzo muy grueso y las bocas de las mangas traía atadas con tomizas. Era muy solícita y diligente en el servicio de los enfermos ansí hombres como mujeres, hacía las camas y lavábales las bocas, curábales las llagas, [fol. 11r] y besábaselas muchas veces, y tresquilábales las cabezas y dábales de comer con sus propias manos, y hacía todas las otras piedades que sus necesidades demandaban, y deshacía las purgas y dábaselas con mucha devoción y limpieza y caridad. Y a las nueve de la noche andaba visitando los enfermos y mirando lo que habían menester porque eran más de setenta, entre hombres y mujeres, y traía siempre una cestilla en las manos con manzanas, y granadas y azúcar y confites para dejar a cada uno lo que hubiese menester, y una noche estaba un muchacho con cámaras, y ella misma le sacó en brazos seis veces [fol. 11v] a hacer sus necesidades, porque era niño y no se podía tener de flaco. Y, acabado todo esto de prima noche, entrábase en el cuarto donde estaban las mujeres en su celdita, y con todo este trabajo del día estaba hasta maitines en oración mental, y a la mañana iba luego a visitar los enfermos y a hacerles algunas piedades acostumbradas como solía, y sacaba los servidores y llevábalos a vaciar delante de todos con muy gran gozo y humildad. Y ansí, a ejemplo suyo, todos los caballeros y señores de la ciudad, se hicieron hermanos del hospital y servían a semanas y esta costumbre quedó puesta para siempre [fol. 12r] en el Hospital de la Misericordia, en esta ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo séptimo, cómo dejó renta al hospital y pedía cada semana limosna para él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó esta señora su renta al hospital veinte y cinco mil maravedís de juros, e iba cada semana a pedir por las plazas y mercados por amor de Dios para los pobres, ella y su compañera, y tornaban cargadas de todo lo que les daban unas veces gallinas y pollos y de otras cosas semejantes; y otras veces de escobas y sogas, y ollas y ansí de otras cosas de humildad en que eran [fol. 12v] necesarias para el servicio de los enfermos y provisión del hospital. Y viniendo cargadas con todo esto, muchas veces topaban con muchos caballeros y señores sus parientes y con su misma madre, de los cuales pasaba muy grandes persecuciones porque se afrentaban de verla andar de tal manera y la llamaban de loca, y algunas veces la tomaban la hacienda por que no la gastase de tal manera. Otras veces la hacían muchos enojos, pensando que por estas cosas se enmendaría de dejar lo que tenía comenzado, mas como esto era lo que ella andaba buscando, que era padecer denuestos y injurias por amor de Nuestro Señor [fol. 13r] Jesuchristo, no la espantaba nada, mas antes confirmaba más su buen propósito y deseo en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo que siempre tuvo en su Divina Majestad. Y sus deudos, viendo que no aprovechaba nada lo que con ella hacían para apartalla de aquella vida, dejáronla seguir su voluntad y grande desprecio de mundo, de lo cual ella estaba muy jocosa de padecer, a ejemplo de los que a Nuestro Señor fueron hechos en su sagrada pasión, de la cual ella era muy devota y derramaba infinitas lágrimas de amor y compasión della, en la cual le fueron dados de Nuestro Señor muy grandes sentimientos. Y le fueron reveladas muy grandes [fol. 13v] cosas, que después acá han pasado ansí en lo susodicho, como en otras grandes cosas que por nuestros ojos hemos visto, y a causa de ser ella tan secreta y humilde no quería comunicarse con nadie las gracias que Nuestro Señor Jesuchristo comunicaba con su alma. Y lo que decía era casi forza[da] por la obediencia que tenía a su confesor; y por esta obediencia comunicaba con él y con su compañera a las cosas que sentía y pasaba, y ansí todos tres escribían lo que pasaban y lo mismo hacían de su compañera, ansí que todos escribían lo que pasaban y vían en espíritu. Y muchas veces el confesor por probar su paciencia mandaba a [fol. 14r] su compañera que la diese de bofetadas, lo cual ella hacía forzada por la obediencia y ella las recibía con mucha paciencia y amor de Jesuchristo Nuestro Señor, por quien ella tanto deseaba padecer por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo octavo, cómo cayó enferma en el hospital y no consintió que la sacasen fuera d’él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sierva de Nuestro Señor en este sancto ejercicio en el hospital, como era tan generosa y delicada, a cabo de los tres años del servicio d’él, diole Nuestro Señor una muy grande enfermedad de fiebre a causa de los vapores de los enfermos; y ansí como estaba en- [fol. 14v] ferma, no consintió que la sacasen de la celda donde dormía y, sabiéndolo su madre y parientes cómo estaba tan enferma, vinieron todos al hospital, aunque no la hablaban, y trabajaron mucho de llevarla cada uno a su casa, mas ella no quiso salir del hospital. Y, estando en este, creció tanto la enfermedad que la dieron todos los sacramentos y la extremaunción y, tiniéndola ya por muerta todos los que presentes estábamos, la vimos dar las boqueadas en presencia de los médicos y de infinito número de gentes que allí estaban. Ya tenido por defunta, la tomaron en un colchón y la subieron a una capilla que llaman “las beatas de Lope [fol. 15r] Gaytán” ''[9]'', que estaban en el mismo hospital, con las cuales estaban las suyas mientras ella acababa el servicio de los pobres, y, estando en esto, aparejando la sepultura que está en la misma capilla y allí está una imagen de Nuestra Señora muy devota con el niño en brazos, delante la cual su madre estaba llorando y con muy gran fe suplicando a Nuestra Señora le diese a su hija y con grandes lágrimas y gemidos. Y con la gran pena que tenía decía que, si no se la resuscitaba, que ella le tomaría el niño precioso que en los brazos tenía, y Nuestra Señora, mirando sus gemidos como madre de misericordia. Estando en esto, abrió los ojos y, tornando como de la muerte [fol. 15v] a la vida; y de ahí adelante fue de bien en mejor su salud, y mandaron los médicos que la sacasen del hospital si no que moriría y, forzada, la llevaron a casa de su madre adonde todas las suyas fuimos, que antes estábamos en la dicha casa de las beatas de Lope Gaytán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo nueve, de cómo esta sierva de Jesuchristo quiso ir a Jerusalén en romería'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, estando en esto en casa de su madre, pensó de dar asiento a su vida y para más perfección procuró de poner en estado a las suyas y, después de hecho esto, de tomar una esclavina ella y su compañera y partir se secre- [fol. 16r] tamente a Jerusalén, mas, como sus hermanas no quisieron apartarse de su compañía, no pudo poner en obra lo que tanto deseaba y púsose en oración ella y su compañera para saber de Nuestro Señor Jesuchristo, que Él la pusiese en obra su pensamiento y, si otra cosa Él fuese servido, que en todo Su Majestad la alumbrase. Y, hecha la oración, fuele respondido que hiciese una casa de religiosas adonde ella y muchas almas se salvasen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez, de cómo fue edificado el monasterio, y la vida que hizo en él esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puesta ya en determinación de hacer una [fol. 16v] casa de religiosas, andaba buscando una tal casa como convenía para el monasterio, y en este tiempo vino la corte a Toledo. Y, como los Reyes Católicos la querían tanto y se comunicaban mucho con ella, hiciéronle merced de esta casa de Santa Isabel, y ellos mismos la metieron dentro y se la entregaron a ella y a todas las suyas, en la cual casa gastó más de siete cuentos. Y entre la señora Doña Juana de Toledo, su hermana, que era sanctísima mujer, y Su Alteza de la Reina Doña Isabel, púsole su nombre Sancta Isabel de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo once, de la vida que esta sierva de Cristo hizo en el monasterio y de su abstinencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17r] La vida que hizo esta señora en el tiempo que estuvo en el monasterio fue muy subida y de mucha perfección y en muy gran menosprecio, y contemplación y oración y penitencia. Su vestido era un silicio de cerdas hasta ''[11]'' en pies y una túnica de sayal y un hábito ''[12]'' de lo mismo y el manto, y todo era lo más viejo y remendado y de más desprecio que ella hallaba. En la casa andaba descalza y las tocas eran de estopa y el vilo [''sic''] sin alguna curiosidad, su cama ''[13]'' fue en lo primero una tabla y a la cabecera un madero, una manta de sayal debajo y otra encima, y otras veces tenía por al- [fol. 17v] mohada una piedra o una almohada de sayal llena de paja [14]. Y su comer era todo el año un ayunar muy continuo y cada semana ayunaba tres días en pan y agua y continuamente iba a las espuertas en que cogían la basura y buscaba los mendrugos de pan que estaban en ellas, y llevábalos ascondidos en su manga a la mesa y aquellos comía todas las veces que los hallaba, y cuando no los hallaba buscabo [''sic''] por el refectorio los pedazos que dejaban las monjas, que nunca partía pan entero si posible era.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo doce, de la abstinencia que hacía esta sierva de Nuestro Señor cuando comulgaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18r] ''[16]'' [...] como visitaba las enfermas a menudo. &lt;br /&gt;
Comulgaba esta sierva del Señor muy a menudo, y todos los días que comulgaba ''[17]'' nunca comía hasta la noche en todo el día, y entonces comía unas pasas y almendras ''[18]'' o cosas semejantes, y siempre la comida que de orden le daban la enviaba a las personas avergonzantes, y de los pobres tenía muy gran cuidado, que les diesen limosna ''[19]'' y que nunca les faltase la comida; y hacía mucha limosna a los pobres de la cárcel, que siempre les enviaba limosna; y mandaba proveer de agua y de todo lo que podía como a la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo trece, de la caridad que […] sierva de Nuestro Señor tenía con los enfermos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta su caridad con los enfermos que no pasaba día que no visitaba la enfermería y si hallaba los servidores o escupidores sucios, lavábalos siempre ''[21]'' y procuraba siempre como estaban proveídas de lo que había menester y cuando alguna vez estaba mala en la enfermería siempre andaba por las enfermerías visitando las enfermas y llevábales escondido lo que a ella le daban para su consuelo y no quería comer hasta que sabía que las enfermas tenían lo que habían menester.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo catorce, cómo esta sierva de Nuestro Señor seguía la comunidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estaba en la comunidad y echaban a algunas monjas algún oficio de humildad, ''[22]'' muchas veces, antes que las monjas, tenía ella ya llevados los servidores por que descansase algo la oficiala. Y siempre era ''[23]'' ella la primera en el seguimiento de las comunidades y en fregar y barrer y en meter leña, y lavaba las túnicas de las monjas, si no que no la dejaban todas veces. ''[24]'' Ayunó una vez la Cuaresma de los ángeles a pan y agua todos cuarenta días sacados los domingos, y este día comía unos bocados de pescado ''[25]'' [fol. 19v], y en toda esta Cuaresma comulgaba a tercero día ''[26]'' y este día no comía nada hasta la noche que bebía con unos granos de anís, y esto hizo hasta que una vez en este tiempo vino aquí el Arzobispo don fray Francisco Jiménez y la madre vicaria le suplicó que la mandase que comiese alguna cosa, y él mandóselo ''[27]'', y dende allí adelante poníanle unas pocas pasas y almendras y avellanas, que ya sabían que no había de comer otra cosa; y sobreavisó la resitolera se las ponía contadas para ver qué tanto comería, y hallaba por su cuenta que comía una avellana y una almendra y una pasa; ansí por cumplir ''[28]'' [fol. 20r] la obediencia comía una cosa de cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quince, de cómo la sierva de Nuestro Señor mandó tejer una túnica de cardas y lana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No contenta de la penitencia que hacía, mandó tejer una túnica de cardas y lana de cabras ''[29]'' para sobre el silicio, que siempre le traía a raíz de la carne y tan largo que descendía hasta encima de los tobillos una mano, y siempre buscaba nuevas maneras de penitencias y, con todos los cuidados del regimiento, siempre era la primera en las comunidades ''[30]''. Iba cada noche a maitines y antes de maitines, después de reposadas las monjas, estaba dos horas de rodillas en [fol. 20v] oración, y luego recostábase sobre la cama susodicha, que era una tabla cubierta con una manta de sayal y, cuando se levantaba a maitines, no tornaba más al dormitorio, mas estábase en el coro en oración hecha un mar de lágrimas, y esto era muy continuo ''[31]'', y si alguna vez la constreñía el sueño, en la misma silla recostaba la cabeza y, aunque helase y nevase, nunca otra piedad tomaba, si no llegaba alguna monja y la echaba algún manto encima; y para sí era muy áspera y para las otras muy piadosa, ''[32]'' y siempre consolaba a las enfermas y aflictas con las obras de piedad y palabras celestiales ''[33]'' [fol. 21r] como madre verdadera, que más parecía en su conversación ángel que persona. Y, como era tan devotísima de la Pasión ''[34]'', siempre suplicaba a Nuestro Señor Jesuchristo que le diese a sentir los dolores que Él había sentido en el desconyuntamiento de la sanctísima vera cruz por que pudiese mejor compadecerse de sus dolores padeciéndolos ella. Y Nuestro Señor Jesuchristo, mirando sus sanctos deseos ''[35]'' como aquel que sabía lo que tenía en ella y en su sancta ánima, diole una muy grande enfermedad de dolores incomportables en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez y seis, de cómo Nuestro Señor [fol. 21v] Jesuchristo dio a su sierva una muy grande enfermedad de dolores recios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dio Nuestro Señor a su sierva una muy cruel enfermedad de dolores, que cuando le daban decía ella que parecía que la desconyuntaban todos los miembros de su cuerpo y que la hacían pedazos, y no se podía rodear sino la rodeaban con una sábana en la cama, y con todo este tormento que padeció un año nunca persona la vio perder la paciencia, ningún movimiento de ira y, cuando los dolores eran tan incomportables que lo [''sic''] ''[36]'' le era posible sin se quejar, luego demandaba perdón con grande voluntad a las que la servían ''[37]'' [fol. 22r] del mal ejemplo que les daba; y ansí como era humilde como la tierra y afable, ansí era también grave y prudentísima y tenía grandísima gracia en hablar de Dios, que como lo sentía ansí lo sellaba en las ánimas, que muchas veces la veían estando metida en hablar de Dios, el gesto con tan grande alegría que manifestaba muy claramente el gozo que de dentro poseía, y cuando estaba en este fervor no parecía que sentía los dolores más que toda estaba inflamada en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecisiete, cómo una camisa de esta sierva de Nuestro Señor fue llevada a una mon- [fol. 22v] ja del Cístel que estaba enferma y no se la quiso vestir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el tiempo que esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo estuvo enferma en la enfermedad ya dicha, tomaron una camisa que ella se vestía en su enfermedad y la llevaron a una muy religiosa monja de la orden del Cístel, la cual se llamaba Martha, para que se la vistiese, que era de un enfermo que se lo rogaba por amor de Dios, y ella, viendo la camisa, nunca quiso tocar a ella mas mirola con gran reverencia y dijo que cúya era aquella camisa, que no osaría ella vestírsela porque no era enfermedad, mas eran [fol. 23r] dolores de la sacratísima Pasión de Nuestro Señor Jesuchristo, y que por esta causa no se la osaría vestir, mas antes encomendarse a quien lo padecía. Ansí que conoció en espíritu lo que secretamente llevaban para que por su sanctidad se la vistiese, y ansí confirmó los pensamientos de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo dieciocho, de cómo los médicos no le daban remedio ninguno ni le hallaban para su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando juntos muchos médicos y cirujano, no pudiendo hallar ningún remedio ni le hallaban para su enfermedad hasta que fue cumplida la voluntad de [fol. 23v] Nuestro Señor Jesuchristo, que ella padeciese lo que tanto deseaba padecer, y en esta enfermedad fue tan grande su paciencia que más parecía que se deleitaba en ella que no que padecía. Y cuando Nuestro Señor fue servido de alivialle los dolores luego se hizo llevar al dormitorio con el convento, porque allí eran sus deleites, gozar siempre de la comunidad, adonde estuvo muy poco tiempo que luego le dio el mal de la muerte, que fue de fiebre y una seca, que no vivió más de cinco días en los cuales días se cumplió un año que le dio la enfermedad de los dolores, y en esta fiebre que tuvo, tuvo quitado el sentido en las cosas temporales. Y nunca le perdió en las ''[38]'' [fol. 24r] cosas de Nuestro Señor Jesuchristo, antes hablaba cosas tan altas y maravillosas, que todos los médicos y personas que la veían estaban admirados, y alababan a Nuestro Señor Dios de ver tal enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecinueve, de cómo le dio el mal de la muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que a esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo le dio el mal postrimero para ir a gozar de Nuestro Señor Dios, que era lo que más en esta vida había deseado, fue el día de San Pedro y San Pablo, y comulgó estando buena, como acostumbraba a celebrar las otras fiestas, y otro día de la conmemoración ''[39]'' de San Pablo, pos- [fol. 24v] trero día de junio, miércoles, a la una del día, le dio la fiebre y la seca y luego perdió el sentido, y dijo que luego le llamasen al vicario para que la confesase y diese los sacramentos y, en entrando, ella recibió el sancto sacramento con mucha devoción con todos sus sentidos, y ansí estuvo por espacio de dos horas, toda metida en sí que no quiso que la hablase nadie, y esto fue sábado, un día después de la visitación de Nuestra Señora. Y pasadas las dos horas tornó a perder el juicio en lo corporal, y en las cosas de Dios estaba tan viva como cuando estaba en su fervor y, estando ansí, le dijo una religiosa que ''[40]'' [fol. 25r] rogase a Nuestro Señor por ella y respondió con entrañas de caridad (como siempre lo hacía) que por ella sola que rogase a Nuestro Señor, que por todo el universo mundo había de ser la oración, que ansí nos rogaba ella a todas que hiciésemos como ella hacía, que siempre era esta su forma de oración y esto respondía a todas las preguntas que le hacían de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte, de muchas preguntas que la hicieron las monjas y lo que respondía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también le preguntaban las monjas si veía a Nuestro Señor Jesuchristo, y ella dijo que a Nuestro Señor y a su preciosísima madre. [fol. 25v] Y preguntole una monja y devota de San Juan Baptista que si veía a San Juan Baptista, y ella respondió muy alegre: “Y aun a toda la corte celestial que estaba allí”. Y esto decía con una alegría muy grande en que mostraba muy claramente en su gesto estar toda inflamada en gozo; y sin que ella lo manifestase lo conocían todos los que la veían. Y nunca veían ni oían que se les cayese de la boca estos versos: ''“In pace in idipsum: dormiam et requiescam” [41]''. Y otras veces decía: ''“In manus tuas Domine commendo spiritum meum” [42]''. Y otras veces decía: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi” [43]''. Y otras veces decía: ''“Hec [fol. 26r] requies mea in seculum seculi” [44]''. Y luego demandó la unción, y se la dieron aunque no estaba en su propio juicio ni el gesto mostraba señal de muerte sino de mucha alegría, mas el pulso mostraba la verdad. Y cuando la dieron la extremaunción ella misma respondía a los siete psalmos, y cuando vino la medianoche estábamos todas tan atormentadas de pena, alrededor de la cama, todas dormidas, las más con la pena de lo que presente veíamos; despertáronnos a todas como si a cada una llamaran de por sí y pusiéronse juntas alrededor de la cama de rodillas llorando todo el [fol. 26v] convento, la suplicamos que rogase a Nuestro Señor por nosotras y que nos encomendase a Él y nos diese su bendición, y ella, con aquella benignidad que solía hablar, nos dijo que la bendición de Dios Padre todopoderoso nos guardase y diese su bendición y amor y temor. Y luego tornó a decir sus versos que antes decía y de ahí a tres credos dijo a muy alta voz: “Hijas mías, quedad en paz”. Y luego juntó su boca y ojos sin más movimiento ni señal de muerte, que más parecía tránsito de sancta que muerte, y ansí dio el alma a Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en espirando fue tan grande el olor que [fol. 27r] alrededor della estaba que parecía que estábamos en un vergel de muy olorosas flores, y este mismo olor quedó en la cámara adonde estaba y en toda la ropa con que la curaron, y pasó esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo desta vida lunes al alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando las monjas cayeron en el yerro que habían hecho, que era tener una tal persona en la cueva y llena de cal encima, pidieron licencia al juez de la iglesia para sacarla de la cueva en que estaba, y sacáronla entera, y olía su cuerpo como el mismo día que la enterraron y ansí cerraba y abría sus manos como cuando era viva, sin comerse cosa alguna, y el mayor milagro fue que el espacio que estuvo en la [fol. 29r] cueva fue tan poco que no fue más de dos meses, porque ella murió un día antes de la octava de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y sacámosla el día de San Matheo en el mismo año, y salió con las mismas carnes que la metieron, que no le había hecho ninguna impresión ni aun en el hábito que tenía vestido, sino era lo que estaba encima por el agua que distilaba de la cueva que era mucha por el regar y lavar del coro, mas lo que estaba a raíz del cuerpo estaba tan fresco como cuando la enterraron, y entonces tornámosla a meter en la cueva porque no estaba hecho el encillo donde la [fol. 29v] habíamos de meter, y después tornáronla a sacar día de la Translación de Sant Luis y pusiéronla en un encillo, adonde está hasta que otra cosa se ordene.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y tres, de cómo el cuerpo de esta sierva de Nuestro Señor está entero, y de muchos enfermos que por sus merecimientos han sanado de diversas enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y allí en aquel encillo está su cuerpo tan entero como si estuviera viva, salvo el rostro que le tiene con mal color, de quemado de la cal. Y todas las personas que a esta señora se encomiendan en sus enfermedades le alcanza de Nuestro Señor Jesuchristo salud, [fol. 30r] y desto tenemos muy grande experiencia en muchas maneras de enfermedades que habemos visto sanar, especialmente de ciciones, que han sido sin número las que ha sanado y diremos algunos, que todos no será posible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fue que en la ciudad de Burgos ''[46]'' estaba un clérigo de misa muy enfermo y tullido, que había más de tres años que no se levantaba de la cama, y una noche vido en sueños una dueña de admirable hermosura que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta [fol. 30v] Isabel, que es fallecida, y luego serás sano”; y él, como lo oyó y supo que era difunta, hízole decir una misa, aunque no la conocía, y luego se levantó, y de ahí adelante estuvo bueno y publicó el milagro, y creció la devoción mucho en ella por la de Jesuchristo Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en aquellas partes, allende los puertos, estaba una gran señora que por ser tal ''[47]'' no se dice su nombre, y tenía una hija muy enferma de la cabeza y no tenía hijos, y esta señora decía que, si los tuviese, que sanaría de aquel mal; y ella, tiniendo mucha fe y devoción en esta sierva de Nuestro Señor [fol. 31r] Jesuchristo, por la fama que tenía de su vida tan en extremo perfecta, sabiendo que era finada, envió a pedir un velo o toca que hubiese estado en su cabeza, y la medida de su cuerpo; y lleváronle una toca que al presente tenía tocada, y la medida de su cuerpo, la cual le ciñeron, y luego se hizo preñada; y puesta la toca encima de su cabeza, luego fue sana por la misericordia de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta su sierva. Y esta fue la primera por quien Nuestro Señor Jesuchristo mostró estas maravillas, y de ahí adelante han sido sin número los milagros que Nuestro Señor ha hecho con [fol. 31v] la medida de su bienaventurado cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo tiempo que esta sierva de Nuestro Señor falleció, estaba una señora noble de esta ciudad de Toledo muy enferma de los ojos, ''[48]'' que había más de cincuenta días que no salía de detrás de una sarga, que [te]nía los ojos hechos una sangre que no podía ver cosa ninguna. Y sabiendo cómo esta señora era defunta, envió con mucha fe a demandar un paño que hubiese tenido sobre sí esta señora y que creía que, en puniéndoselo encima, sanaría, lo cual fue ansí. Y una sobrina suya, que era monja de la casa, enviole un paño que ella había tenido [fol. 32r] puesto en el estómago en su enfermedad, y pusiéronselo encima de los ojos, y luego los abrió por la gracia de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
Otra dueña de esta misma ciudad estaba tullida de una cadera que tenía ciática ''[49]'' más había de tres años, y con la gran devoción que tenía en esta señora, envió a pedir un poco de cilicio de lo que ella traía o de su túnica, y luego se lo enviaron por la fe que tenía y, en puniéndoselo a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta sierva suya, fue luego sana del mal de la cadera en puniéndoselo encima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, aunque fue [fol. 32v] casada nunca parió, y a todas las que no paren, puniéndose su medida de su cuerpo con mucha devoción ''[50]'' se hacen luego preñadas, y cualquiera que se pone un poco del silicio ''[51]'' o de la túnica luego sana de las ciciones, a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y quatro, como Nuestro Señor la llevó en espíritu al monte Tabor y lo que allí vido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Jesuchristo era viva, aconteció un día de la Sanctísima Transfiguración, habiendo comulgado estando de rodillas en el coro en su silla por muy grande espacio del día hacia la tarde, vido la [fol. 33r] una monja el rostro que d’él y de todo su cuerpo salía un resplandor como de sol, de tal manera que estaba muy espantada la religiosa de ver tal cosa, y nunca podía quitar los ojos de ella, y después de pasado el día suplicole la monja muy afectuosamente que le dijese qué habían sido los pensamientos que el día pasado había tenido, que por reverencia de Nuestro Señor se lo dijese, y ella respondió que por qué se lo preguntaba, y dijo la religiosa que no le negase la merced que le pedía, que ella diría la causa; y luego respondió la sierva de Nuestro Señor Jesuchristo que la había Nuestro Señor hecho merced de llevarla en espíritu, al [fol. 33v] monte Tabor; y que allí gozaba de la gloria que los bienaventurados apóstoles gozaban, y que preguntó al glorioso señor San Juan, que qué había sentido en aquella gloriosa y santísima transfiguración, y que la respondía san Juan que había gustado la ley de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez en Cuaresma, estando en el dormitorio, viernes, haciendo la disciplina, vido una religiosa cómo le salía un rayo de luz del rostro y allegaba a ella adonde estaba en las postreras del dormitorio y, maravillada de tal novedad, otro día suplicole la religiosa de rodillas qué era lo que había visto y sentido en la disciplina porque [fol. 34r] ella había visto una muy gran señal de amor. Y la bienaventurada y devota señora la respondió que le dijese ella lo mismo, porque Nuestro Señor Jesuchristo le había dado a sentir el amor con que se había puesto en la columna a sufrir tan crueles tormentos y dolores; y que sintió cómo ella sentía lo mismo, y que por esta causa habían visto entrambas una cosa; llamábase María de Salazar, y muchos años después de fallecida se halló su cuerpo entero, y la vieron algunos prelados de nuestra orden que entraron a la cueva a ver algunos cuerpos que según sus vidas se tenían por sanctos, y entre los [fol. 34v] frailes que entraron fue uno fray Francisco de los Ángeles, que al presente era provincial de la Provincia de Castilla, y ahora es cardenal de Sancta Cruz. Y hallaron el cuerpo de esta religiosa tan entero como si le acabaran de enterrar, y le mecieron todo y se meneaba y mandaba, por donde daba testimonio de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto y otras muy grandes cosas se vieron en su vida, que no se acuerdan, por ser ya todo tomado, como dicho es arriba. Un miércoles estando esta sierva de Jesuchristo en el coro sola mientras las monjas comían, vídola una religiosa que se llamaba [fol. 35r] María de Sedeño, que andaba rezando cerca del coro, y porque era mientras comían, ascondíase mucho della que no la viese, y mirábala el rostro, que parecía que le resplandecía, y ansí mirándola vídola llegar al altar mayor como si volara, alzada de tierra, y quedó tan espantada que pensó no se poder partir de allí viendo tan gran milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y cinco, de una maravillosa visión que vido el Padre fray Jordán, religioso de la orden de los Predicadores, el día que murió esta sierva de Jesuchristo Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo pasó desta vida, estando un religioso de la [fol. 35v] orden de los predicadores llamado fray Jordán y de muy sancta vida, siendo vicario de las monjas de la madre de Dios de Toledo, estando en oración en su celda no sabiendo que era difuncta esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, vido una gran procesión de ángeles, y de una parte venía nuestra Madre Santa Clara, y de otra nuestra Madre Santa Isabel, y ella en medio de entrambas; y ella iba vestida desta manera: llevaba una almática de brocado como diácono y las mangas y redropiés iban todas llenas de pedrería, y resplandecía su rostro como el sol y llevaba una diadema con la misma pedrería. Y dijo que [fol. 36r] nunca la había visto mas que luego la conoció, cómo era la abadesa de Santa Isabel, que aquel punto había fallecido; y que preguntó a un ángel de los que allí venían que quién era aquella bienaventurada a quien tanta fiesta se hacía, y respondió que era el abadessa de Santa Isabel, y dijo este padre que le parecía a él que hacía esta pregunta para más verificar su conocimiento. Y preguntole más, que qué significaban aquellas piedras preciosas que llevaba en las manos y en los pies, y fuele respondido que por el desprecio que en todo ello había tenido especialmente en el andar descalza y traer todas las man- [fol. 36v] gas atadas con tomizas, y también me dijo qué significaba ir como diácono y como se encubrió con todo lo otro y la tomaron, no se me acuerda, y también la diadema, mas de que nos dijo que después del ánima de San Jerónimo nunca tan gran recibimiento se había hecho en el cielo como a aquella gloriosa ánima; y dijo que no era mucho haber oído cantos celestiales, que mucho más se maravillaba cómo no lo había oído todo el mundo según el recibimiento se hizo a esta sancta ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y seis, cómo el padre fray Pedro de Acuña vino por confesor a esta [fol. 37r] casa y, trayendo un poco del cilicio desta señora, fue sano luego'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo a esta casa un reverendo padre que se llamaba fray Pedro de Acuña por confesor, traía cuartanas, y diéronle las monjas ''[52]'' un poquito de la túnica y del cilicio, y luego se le quitaron por la gracia de Nuestro Señor Dios y méritos desta bienaventurada su sierva. También viniendo aquí la señora Duquesa de Medinaceli, traía un dolor incomportable ''[53]'' de cabeza y, subiendo a ver el cuerpo desta bienaventurada sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, metió la cabeza dentro, donde está su cuerpo, y salió [fol. 37v] luego sin algún dolor; y manifestó luego la maravilla que Nuestro Señor Jesuchristo había hecho con ella en quitarle súbito el gran dolor que tenía, por los merecimientos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También una monja de San Pablo tenía un brazo ''[54]'' que no le podía mandar y, no tiniendo remedio, envió con mucha devoción a demandar que le diesen alguna cosa de esta bienaventurada. Y enviáronle una manga de su túnica y, en puniéndosela, sanó luego y alabó a Nuestro Señor por tan gran milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, viniendo a esta casa un hombre a matar unos puercos, tenía ciciones ''[55]'' [fol. 38r], y había muchos días que las tenía, y pusímosle de la túnica desta sierva de Jesuchristo y luego se le quitaron y nunca le volvieron más. &lt;br /&gt;
Otra vez vino a esta casa un mozo a cavar la huerta, y venía con ciciones, que había mucho que las tenía, y, puniéndole de la túnica desta sierva de Nuestro Señor, luego se le quitaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vino aquí una dueña de Cubas ''[56]'' a pedir un poco de la túnica desta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, porque había en su pueblo muchas personas con ciciones y morían dellas. Y dímosle un poco, ya [fol. 38v] todas las personas que se lo pusieron sanaron, y todo lo más del lugar fue sano de las ciciones, y esto mismo á acontecido en muchas; y son sin número los que sanan con la túnica y el silicio de esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor a gloria y honra suya, el cuan [''sic''] vive y reina por siempre jamás. Amén. &lt;br /&gt;
______________________________________________________________________&lt;br /&gt;
[Línea gráfica de separación que puede indicar que existieron dos tiempos de redacción o bien que esta segunda parte fue copiada posteriormente a partir de otro texto, como puede interpretarse de la lectura de la nota marginal del f. 40r (véase nota 58)]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Algunos años después de fallecida la sierva de Dios y bienaventurada señora doña María de Toledo, sucedió que, habiendo dejado la labor, era encerrada mucha cantidad de lino en la casa de la labor [fol. 39r] donde también había telares y rast[r]illos y otros embarazos de madera; sin echarlo de ver, dejó emprendido el lino con alguna pavesa que cayó de la cera que llevaba en la mano, cerró la puerta, y fuese al dormitorio, donde se acostó y durmió muy descuidada. A la media noche la llamaron con palabras expresas diciendo: “Francisca de Santa Clara, levántate, que se quema la casa de la labor; pareciéndole sueño, se volvió a dormir, y lo mismo hizo segunda vez que la llamaron con las mismas palabras, hasta que la despertaron, [fol. 39v] tercera vez, levantose con muy gran pavor y, antes de llegar a la pieza, vio la luz que daba el fuego, halló la puerta que dejó cerrada abierta, y un repostero que estaba caído delante della estaba levantado en un clavo; entrando dentro, vio una grandísima llama y a la sancta señora con una calderilla en la mano echando agua en el fuego; tenía los pies descalzos como lo trujo hasta el día que murió; a vista desta religiosa se acabó de apagar el fuego sin haber hecho daño alguno. Tiénese por tradición en el convento que la sancta señora, [fol. 40r] entre otras cosas que pidió a Nuestra Señor para este convento, fue una que le librase de fuego; hanse visto en él cosas milagrosas en que Dios le ha librado deste peligro sin preceder diligencia ni reparo alguno, de donde inferimos que nuestra sancta madre nos defiende con su intercesión delante de Dios. &lt;br /&gt;
Ana de luna, mujer de Alonso de Perea ''[58]'', naturales de Toledo, ''[59]'' criaba un hijo a su pecho y, llorándole ya por muerto, le llevaron una clavellina que había estado sobre el cuerpo de la sierva de Dios [fol. 40v] y un vaso de agua en que había entrado su reliquia y, paladeándole con la flor mojada en el agua, al punto volvió en sí y tomó el pecho con alegría; los padres vinieron a velar todo un día donde está el cuerpo de la sancta en gracias de la merced recibida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polan entró con un carguio ''[60]'' en este convento y, lastimándose de verle muy flaco y amarillo a causa de estar cuartanario, le llevaron a que visitase el cuerpo sancto, y fue cosa maravillosa que, improvisamente, cobró fuerzas y salud y salió dando gracias a Dios y diciendo a [fol. 41r] voces que la sancta de Santa Isabel le había sanado, y lo mismo entró publicando en su pueblo, lo cual refirieron aquí después personas del dicho lugar. &lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se dejan de poner aquí, guardándolas para el libro que se ha de imprimir de la vida y milagros de esta esclarecida sancta y verdadera imitadora de la pobreza evangélica…, [Folio arrancado]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Nota del editor: Falta aquí una hoja, un recto y verso donde, muy probablemente, se terminaba la lista de milagros y empezaba el relato de la ''Vida''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota al margen: “Niñez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' N. al m.: “Gracias a Dios por los [ilegible] dados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' N. al m.: “Limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' N. al m.: “Charidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' N. del e.: “Niños de la piedra” es una expresión para denominar a los expósitos abandonados en la piedra de la capilla de San Pedro, en la catedral de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' N. al m.: “Frai Pérez le llama su confesor en la chrónica de… [ilegible].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' N. del e.: Las beatas de Santa Mater Dei o “Beatas de Gaytán” fueron fundadas por Guiomar de Meneses, esposa de Lope Gaytán. Véase la vida de Guiomar de Meneses: URL: [[Guiomar_de_Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Guiomar_de_Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' N. al m.: “Penitencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' N. al m.: “Vestido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' N. al m.: “Cama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' N. al m.: Comida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. del e.: Parte del folio está arrancado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' N. al m.: “Communiones pequeñas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' N. al m.: “Charidad y limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. al m.: “Charidad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. al m.: “Humildad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. al m.: “Ayunos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' N. al m.: “Frecuencia del sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' N. al m.: “Obediencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. al m.: “Penitencia y rigor consigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' N. al m.: “Lágrimas de devoción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' N. al m.: “Piedad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' N. al m.: “Devoción a la pasión Señor nuestro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' N. al m.: “Favor del cielo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' N. del e.: “Lo” por “no”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' N. del e.: Salmo 4, v. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. del e.: Salmo 30, v. 6. También: Lucas 23, 46 y Actos 7, 59.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[43]'' N. del e.: ''Introitus'' del primer domingo de Adviento (Ad te levavi), primer canto del año litúrgico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' N. del e.: ''“Haec requies mea in saeculum saeculi”'', Salmo 131, v. 14. Parte de la antífona cantada en los oficios de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' N. del e.: Responsorio del Oficio de difuntos. Procedente de Lucas 16, 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' N. al m.: “Encomiéndase a ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. al m.: “Concíbese por su intercessión y reliquias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. al m.: “Sana mal de ojos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. al m.: “Ciática”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' N. al m.: “Conciben por su… [ilegible]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' N. al m.: “Sana de ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' N. al m.: “Dolor de cabeza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. al m.: “Brazo quebrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' N. al m.: “Ciciones” (calenturas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' N. al m.: “Ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' N. al m.: “Fuego”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. al m.: “Diego dio la relación de mí para la abbadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' N. al m.: “Agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La-u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] Entre las personas ilustres en sangre y nobleza que, dejadas de las pompas del siglo, esmaltaron el oro de su calidad con la pobreza y humildad del sayal grosero y pobre de Nuestro Padre San Francisco, fue una de las que más créditos han dado a la religión seráfica y más frutos para el Cielo la muy ilustre y venerable señora Doña María de Toledo. La cual fue hija legítima de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto. Nieta de Garci Álvarez de Toledo y bisnieta de Don Garci Álvarez de Toledo, rebisnieta de Fernando Álvarez de Toledo y cuarta nieta del maestre de Santiago, tercero Señor de Oropesa, cuya ascendencia de la Casa de Toledo tiene dignamente asegurados los créditos de la nobleza desde el conde Don Pedro en tiempo del rey Don Alonso el Sexto, honrándose con los escaques blancos y azules de su divisa los duques de [fol. 9r] Alba, condes de Oropesa, marqueses de Salvatierra y otros ilustrísimos estados, materia en que no es necesario alargarse más, por ser tan notoria dentro y fuera de estos reinos de España. &lt;br /&gt;
Nació Doña María en la imperial ciudad de Toledo, siendo entre tantas grandezas que la ilustran no la menor haber sido patria de tan prodigiosa y santa matrona. Su nacimiento dichoso fue por los años de 1435, siendo pontífice Eugenio Cuarto y rey de Castilla y León Don Juan el Segundo. Nació para mucha gloria de Dios esta sierva y para ejemplar de virtudes. Su niñez comenzó a dar muestras de lo que había de ser en edad perfecta, siendo sus entretenimientos pueriles hablar de la vida de los santos, el rosario, las devociones, las limosnas y misas. Con la edad iba cobrando más fuerza su virtud y, al paso de esta, el amor de sus padres, que entre lo noble de su sangre hacían lugar a la piedad cristiana. Apenas supo discernir la vanidad y la virtud cuando se declaró parcial de la virtud y opuesta a la vanidad: despreciaba sus pompas, ofendíase de las galas, siéndole uno de los principales motivos a aborrecerlas conocer el perdimiento de tiempo que ocasionaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya Doña María había tomado el gusto al trato interior con Dios, se le hacía poco el tiempo para asistirle. Comenzó desde sus tiernos años a ejercitar la misericordia con los pobres, dejando su comida con que algunos aliviasen su necesidad. Así iba dando principio a la tarea religiosa de sus ejercicios tan sin darlo a entender en su familia que hasta de su madre se recelaba porque no se los impidiese el cariño, o porque sólo lo supiese el Señor por quien los obraba. A sus solas se quitaba las galas que era preciso usar según las obligaciones de su estado. Dejaba el lecho en dejándola recogida [''sic''] y pasaba largos espacios en dulces coloquios con Dios por medio de la oración. Bien conocían sus padres que la virtud iba tomando entera posesión del alma de su hija y hacíanse desentendidos por no verse obligados a ponerla leyes en sus ejercicios y, aunque sentían sus retiros, sus virtudes los [fol. 9v] doblaban el gozo y, al paso de mirarla con tan ventajosas prendas, deseaban ver de ellas buen gozo, dándola un esposo digno. Pero ella, que ya tenía hecha su elección de su esposo divino, se desconsolaba mucho sólo con oír pláticas en orden a matrimonio, que es lo que pretendían sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Persuadíanle con razones y ejemplos de muchas santas que ha habido en la iglesia sin que el estado de casada las quitase ser muy virtuosas. Viendo sus padres que, dejada a su albedrío, se frustrarían sus deseos, la manifestaron su voluntad, con que se dio por vencida su constancia por no faltar a su gusto porque los amaba y veneraba juntamente. Y entre los muchos señores que solicitaban tan ilustre prenda, le cupo la dichosa suerte de ser su esposo al ilustre Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y ajustadas, celebradas las bodas dejando la casa de sus padres, partió al lado de su esposo a la Andalucía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esmerose Doña María en las perfecciones que cabían en aquel estado, siendo su estudio servir con primor y, en primer lugar, al divino Dueño de las almas, sin hacer la menor falta a su esposo. Su cuidado era socorrer a los pobres, remediar a los huérfanos y pacificar sus vasallos, sin que acertase a dar gusto a su marido en cuanto obraba: disposición pudo juzgarse de la divina providencia por que no se le pegase el afecto de las criaturas. No tenían sucesión, de donde nacieron más crecidos los disgustos, y noticiosos los padres de Doña María del estado en que se hallaba, alcanzaron licencia para volvérsela a su casa, que concedió con facilidad su marido, por el mucho desazón que tenía. Y, llegando a Toledo, fue recibida con alegría común de sus padres y de su patria, y a poco tiempo de haber llegado tuvo noticia cómo su esposo había muerto, nueva que lastimó su corazón y que llevó con cristiana conformidad, creyendo que Dios la había librado de aquel vínculo para que atendiese a su servicio con mayor desembarazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose en su viudez temprana, comenzó a darse con más veras al ejercicio de las virtudes. Visitaba los hospitales de la ciudad donde hacía con los pobres cuanto dictaban los fer- [fol. 10r] vores de la cristiana misericordia, empleando en su beneficio no pocas veces hasta las tocas que cubrían su cabeza. A su costa se daban dotes a las huérfanas, de su casa salía la comida y el vestido para los pobres vergonzantes, de su hacienda se pagaban las deudas de los que padecían en las cárceles por ser pobres, enviaba rescate a los cautivos y, no contento su espíritu con las obras corporales de misericordia, pasaba a sacar del estado de la culpa a muchas almas. A los enfermos que visitaba exhortaba a recibir los sacramentos y no se proponía obra de virtud a que no estuviera pronto su ánimo, disponiéndolo Dios blandamente que sus padres no la fuesen a la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al paso de lo activo corría lo contemplativo en esta sierva de Dios, a cuyo fin (en compañía de la devota [[Juana Rodríguez]], discípula de su fervor de quien se hace mención en el año de 1505) ''[1]'' iba descalza todas las noches de los maitines de la Santa Iglesia de Toledo, donde perseveraba en oración por largos espacios, encendiéndose en el trato del Criador, para salir a beneficiar las criaturas. Su fervor llegó a tanto en orden a contemplar los beneficios y perfecciones divinas que, dejando encargado a personas de confianza el socorro de los pobres de que cuidaba, se retiró a la santa iglesia sin que saliese de sus puertas de día ni de noche en el espacio de un año, en el cual no comunicó con persona alguna, sino con Juana Rodríguez su compañera, y con su confesor, el Padre fray Pedro Pérez de la Orden seráfica, cuya virtud, letras y prudencia se dio bien a conocer en el gobierno y dirección de Doña María. Preparábase esta sierva de Dios para la oración con disciplinas rigurosas, el sueño corto le tomaba sobre la tierra sin otro abrigo. Habíase ya desnudado el monjil y vestídose un saco tosco que la servía de cilicio. El día de comunión no comía más que pan y agua, y los demás días al pan añadía alguna hierba. Así debilitaba la carne y así crecía su espíritu. Hízole Dios señalados favores que escribió por manda- [fol. 10v] to de su confesor. Perdiolos su convento de Santa Isabel y siempre se llora en él descuido tan notoriamente culpable, sirviéndole de castigo de haberlos dado en confianza la pena de estar sin ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revélala Dios la restauración del Reino de Granada, viéndola derramar tantas lágrimas repetidas por la conversión de tantas almas engañadas por el pérfido Mahoma. A instancia de la Sierva de Dios, a quien habían llamado los Reyes Católicos a Segovia, instituyeron el Santo Oficio de la Inquisición, crisol de nuestra santa fe. Y, habiéndolo conseguido por la estimación que los Católicos Reyes hacían de sus prendas y virtudes, sin que sus ruegos fueran bastantes a detenerla en Segovia, volvió a Toledo a proseguir sus ejercicios, de donde había faltado seis meses; y luego que llegó, pareciendo a su espíritu que caminaba a lentos pasos, dejó la casa nobilísima de sus padres y se entró a servir en el hospital de la Misericordia, por estar donde con más facilidad pudiese ejercitar la suya, supliendo con esta mayor continuación lo que había faltado en los seis meses de ausencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó en el hospital para su habitación un aposentillo tan estrecho y oscuro que más parecía sepultura de muertos que aposento de vivos. Acomodó para su carne unas pobres pajas, para cobertor una manta de pelos de cabra y la almohada de lo mismo. Su hábito era un saco de jerga que ajustaba a las muñecas y cintura con una soga. Cubría la cabeza con un pedazo de estopa, todo acomodado para la decencia de la honestidad y todo indicio de su penitencia y del desprecio del mundo. Ejercitaba con los pobres todos los ejercicios de enfermera y de criada: todo el día los asistía, toda la noche los velaba, hacía muchas veces la cama al que veía con inquietud, lavábales las bocas, limpiábales las llagas, aconsejaba y fervorizaba a los moribundos, alumbraba a los que agonizaban, sazonábalos la comida, dándolos por su mano las substancias y, los ratos que la permitía esta tarea, se retiraba a la oración, a las disciplinas y otros ejercicios a su aposentillo, hasta que al ser de día los volvía a visitar y a ejercitar [fol. 11r] su piedad con ellos, limpiando de sus aposentos todo lo que les podía ser molestia y mal olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ejemplo raro de esta señora se debió la istitución de la célebre Hermandad que se fundó en Toledo del Hospital de la misericordia, sentando plaza de cofrades los más nobles de la ciudad y, para que se ayudase al socorro de los pobres, de más de las limosnas asignó Doña María de sus bienes veinticinco mil maravedíes de juros perpetuos. Del hospital salía esta sierva de Dios con su compañera por las calles y plazas de Toledo, donde se vio tan venerada y conocida a pedir limosna para su hospital, volviendo a él cargada de todas las cosas que compraba para los pobres sin rehusar dejarse ver cargada de escoba, de vidrios, mantas y otras cosas necesarias, para los enfermos. Encontrábanla sus deudos, que humanamente disgustados la volvían el rostro, mirándola como a quien les parecía era lunar feo de su nobleza y sólo se contentaban con juzgarla por loca. A la opinión de los demás se hacía también Doña Juana de Guzmán, su madre, poniendo los medios que se le ofrecían a su caridad para reducirla a su casa, donde la curase su locura, mas nada bastaba a entibiar la llama de su amor y de la caridad encendida que se había apoderado de su corazón, y se juzgaba dichosa de que se ofreciesen muchos de estos lances para parecer algo por su amado Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La continua tarea de estas molestas ocupaciones, sus vigilias y ayunos continuos tuvieron tanta fuerza que ocasionaron en la sierva de Dios una enfermedad tan recia que ya los médicos perdieron la esperanza de su mejoría, y así solo la recetaron se le diesen los santos sacramentos y, habiéndolos recibido con mucho consuelo de su alma, quedó difunta al juicio de los circunstantes, sin señal alguna de vida y con todas las demostraciones de difunta, y, divulgándose que era muerta María la Pobre (que este era ya en estos tiempos su nombre), fue en toda la ciudad común la tristeza y el desconsuelo. En particular llegando a su madre esta noticia, ya no disgustada sino afligida de oír decir que ya habían sacado el cuerpo de su hija de su celdilla a la capilla de Gaitán [fol. 11v] que era la del hospital, y que se trataba de darla sepultura, salió apresurada de sus casas, y viendo a su hija muerta, llevada del afecto de madre, se hincó de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora pidiéndola con fervorosas lágrimas restituyese la vida a su hija, pues era fácil a su intercesión; y, tomando a la imagen el santo niño Jesús que tenía en los brazos, la dijo: si no me dais la hija que os ruego, yo no he de volver a vuestro hijo, a cuya devota sinceridad y tiernas lágrimas inclinada la madre de clemencia restituyó a la vida a la difunta. Abrió los ojos, meneó los miembros y reconociose viva con universal gozo de los que se hallaron presentes, en especial de su madre, y con orden de los médicos, que declaraban convenía así para su convalescencia, sacando a la sierva de Dios con grave sentimiento suyo del hospital, la llevó a su casa con el gozo de quien consideraba que la recibía de nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convalesció Doña María, siendo su salud tan milagrosa como la cura de su enfermedad y, conociendo que la segunda vida se le debía únicamente a Dios, determinó que Su Majestad fuese único empleo. Quisiera volverse con sus pobres, mas no se lo permitían los médicos ni su confesor. Dábase continuamente a la contemplación a título de faltarle las otras ocupaciones, resolvió a ir en peregrinación a visitar aquellos Santos Lugares en que obró nuestro rescate. Contradecíanla los suyos esta determinación piadosa, mas ya estaba enseñada a no hacer aprecio de sus contradicciones. Y así, a pie, descalza, y sin humano abrigo estaba ya para comenzar su jornada con su compañera, y, poniéndose en oración, pidiendo al Señor que fuese su guía, salió de ella mudados los intentos y cedió su voluntad a la divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuando su oración aquellos días, pedía con mucho fervor a Dios la diese a entender cómo le sería más agradable y entendió con luz superior que Su Majestad se daría por servido que fundase un convento de religiosas, donde muchas almas consagradas a perfecta religión serían a Dios de especial culto y de agradable servicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diose por entendida a la divina voluntad [fol. 12r] y viniendo a este tiempo a Toledo los Señores Reyes Católicos, gustosos del empeño de Doña María, la dieron para fundación del convento las casas en que hoy está fundado, en cuya recompensa, a devoción de la reina, se puso el convento a la advocación de Santa Isabel de Hungría. Y tomando los Reyes Católicos el convento a su protección, se comenzó a llamar de Santa Isabel de los Reyes. Dio Doña María para esta fundación toda su hacienda, resignando a este fin en los Reyes más de siete cuentos. Asistieron sus Majestades a la renunciación que hizo la sierva de Dios Doña María de todo lo temporal, y así, entrada en el convento con algunas de sus criadas. Y esto fue el año del Señor del 1477, siendo Vicario Provincial de Castilla el M. R. Padre Fr. Juan de Tolosa, que fue confesor de la Reina Católica. Las casas que dieron a Doña María los Reyes, habían sido de los Señores de Casarrubios y estaban en la parroquia que dicen de San Antolín la cual, a instancia de sus Majestades, el Santísimo Inocencio VIII la incorporó al convento en 3 de octubre del año 1488, cometiendo el negocio el gran Cardenal de España, Arzobispo de Toledo y los beneficios y demás cosas de la parroquia se trasladaron a la iglesia muzárabe de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo estuvo la Venerable Madre Doña María con el oficio de abadesa y prelada de su nuevo convento, guardándose en él la Tercera Regla de nuestro Padre San Francisco, hasta que deseosa la venerable señora de estrecharse a Dios con más fuertes lazos, habiéndolo comunicado con aquel gran Príncipe de la Iglesia Don Fray Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, tomó para sí y su convento la clausura y Regla de la gloriosa Santa Clara. Habiendo sido el Cardenal quien solicitó su petición y se la propuso al Santísimo Inocencio VIII, que la despachó benignamente por medio del Cardenal Julio, Obispo de Ostia, y la intimó en Toledo aquel gran varón el Doctor Francisco Álvarez de Toledo, Maestre escuela de la Santa Iglesia y la data de la última es año de 1481, en 18 de noviembre, ''Pontificatus Innocentii anno'' 1º. Profesó la venerable abadesa los cuatro votos de la [fol. 12v] Regla de Santa Clara, en cuya observancia fue puntualísima y sin defecto alguno toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue devotísima de la sagrada comunión, disponiéndose cada día con más estudio de virtudes al paso que la frecuentaba más. Los días de comunión, con ser tantos, no comía bocado hasta la noche, y entonces hacía su comida de unas pocas almendras. Mandola un prelado que moderase estos ayunos y que siempre tomase algo de lo que la ponían como a las demás en la mesa, y solía cumplir este mandato, tomando una almendra o una pasa. Las demás penitencias suyas eran admirables. Hizo tejer una túnica de cerdas y lana de cabras, y de esta usaba cogiéndola desde el cuello a los pies y la traía apretadísima al cuerpo. Tomaba disciplinas con instrumentos de hierro en que derramaba mucha sangre y andaba llena de llagas. Era muy caritativa para con las enfermas y la primera en los oficios más humildes. Tenía todas las noches dos horas de oración antes de maitines, asistía a ellos, y después hasta la mañana no salía del coro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallábase la pobre de Cristo interiormente tan asistida de consuelos y quisiera ayudar a su esposo a sentir sus dolores. Pidioselo con sumisión e hízola ese favor enviándola una prolija y penosa enfermedad que, por espacio de un año, la atormentó con exceso sin que la calidad de este achaque llegase a noticia de la humana medicina. Decía, significando lo que padecía, que los huesos y nervios la parecía desencajarse todos de sus lugares sin poderse menear, si no por mano ajena. No se le oyó en este tiempo la menor queja, y si alguna vez al ruego de sus hijas decía algo de sus males, luego las pedía perdonasen el mal ejemplo de su impaciencia. No le estorbaban estos dolores el trato interior con Dios, llenándole de suavidades y, aunque el cuerpo padecía, el alma gozaba. Ya se llegaba el tiempo en que la sierva de Dios pasase a la posesión de la corona, que ganó en tanto años de vida de perfección. Agravándosele cada día sus desmedidos dolores y reconociendo que eran las aldabadas con que la llamaba el esposo a entrar a las eternas bodas, por no morir fuera de la comunidad pidió la llevasen al dormitorio. Y, habiéndole dado una ardiente calentura, recibió todos [fol. 13r] los sacramentos. Estuvo dos horas recogida en sí, sin admitir alguna comunión humana. Volviose a sus hijas y exhortolas con grande espíritu a la unión fraternal y observancia de su profesión. Hiciéronla algunas preguntas y de sus respuestas se conocieron los amores que Cristo Señor Nuestro y su Santísima Madre la hicieron, visitándola y asistiéndola en aquella hora; y despidiéndose de sus hijas y diciéndolas “quedad en paz”, cerrando los ojos como para tomar el sueño, sin más movimiento dio su bendita alma a su esposo y señor, un lunes al amanecer en que se cumplía un año de su enfermedad. De edad de 70 años y 30 de religión, a tres de julio de 1505. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llenose la estancia de celestial olor y su cuerpo quedó con admirable claridad y hermosura. Llenose de lágrimas el convento, de tristeza la ciudad y la comarca, y todos acudían al convento aclamándola por santa. Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro. La muerte se ocasionó últimamente de landre, a cuya causa echaron sobre el cuerpo y rostro cal viva, mas pasados dos meses, reconocidas de este yerro las religiosas, con licencia que pidieron para ello el día de San Mateo de aquel año sacaron del coro el cuerpo, hallándole tan entero y tratable como cuando estaba vivo. Sólo el rostro tenía de color más moreno, ocasionado de la cal que la habían echado. Volviéronle a la bóveda hasta el día de la traslación de San Luis y le colocaron en una concavidad sobre la puerta del coro; y en el año de 1574, siendo Provincial de Castilla el R. P. fr. Juan de Alagón, se puso en el hueco del altar que hay en el coro entre las dos rejas, con la misma incorrupción y flexibilidad de miembros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora en que dio su alma a su criador la Venerable Madre María la Pobre, estaba en oración un devoto religioso vicario del convento de la Madre de Dios de nuestro Padre Santo Domingo de la misma ciudad de Toledo, el cual vio en espíritu una festiva procesión de ángeles y santos, y en medio, entre las gloriosas Santa Clara y Santa Isabel, a la dichosa pobre adornada de celestiales atavíos, y le fue significado quién era y cómo aquellos ata- [fol.13v] víos se le habían dado en premio del desprecio del mundo, y toda aquella gloria por sus singulares virtudes, por las cuales era llevada a la gloria de la eternidad con tan solemne pompa, y que aquel día había sido uno de los más célebres que se habían gozado en la celestial Jerusalén. Y en esta conformidad lo contó el devoto Padre a las religiosas del convento de Santa Isabel, afirmándolo y certificándolo para gloria de su abadesa y para su edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha obrado, por la intercesión de esta sierva de Dios, Su Majestad muchos milagros, dando salud a diversos enfermos encomendándose a sus méritos, y así mismo por medio de sus reliquias volvió a la vida un niño y una mujer, que estaban dejados por muertos, y cada día se experimentan, a la invocación de esta sierva de Dios, repetidas maravillas. Escribió su vida con su acostumbrado y primoroso estilo el doctor don Tomás Tamayo de Vargas, cronista de estos reinos y la sacó a la luz dedicada a la majestad católica del Rey Don Felipe tercero, año de 1616 ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El autor se refiere aquí al año de la muerte de Juana Rodríguez, dato que podría haber recogido (“se hace mención”) de la Crónica de Marcos de Lisboa (1570). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la vida de Tamayo de Vargas, también publicada en el Catálogo:  Tamayo de Vargas, Tomás, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y despues Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v-277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo'' que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La alusión a María de Toledo se integra en el apartado correspondiente al monasterio Real de Santa Isabel. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1605)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María de Toledo, que se quiso nombrar sor María la pobre, monja y abadesa del hábito y Orden de Santa Clara de la observancia, en el monesterio de santa Isabel de los Reyes, que ella fundó en esta ciudad en unas casas grandes que los Reyes Católicos le dieron para este efecto, junto a la iglesia parroquial de San Antolín en esta ciudad; falleció a tres de julio de mil y quinientos y siete. Clareció en milagros; su [fol. 277r] cuerpo está enterrado y se muestra entero en el coro de las monjas deste monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1612)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El monasterio Real de Santa Isabel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [fol. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [fol. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [fol. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: noviembre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Isabel de los Reyes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 106v col. b] El devoto monesterio de Santa Isabel de los Reyes de esta ciudad de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santa Clara, fue en su principio fundado por doña María de Toledo, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, señores de Pinto. La cual, siendo desde sus tiernos años empleada en servicio de Nuestro Señor con grande y maravilloso hervor de devoción y queriendo al fin de sus días perficionar este amor y gran desseo del servicio de Dios, fundó este católico ''[1]'' monesterio en el año del Señor de 1477 años, siendo ella de edad de 40 años, en el cual vivió santamente treinta años, haziendo Nuestro Señor por ella muchos miraglos, assí en vida como en muerte. Siendo, pues, esta señora de edad de 39 años, hubo una grande enfer- [fol. 107r. col. a] dad en la cual fue divinalmente amonestada que fundasse un monesterio adonde mejor pudiesse salvar su ánima y la de otras. Lo cual de tal manera inprimió en su coraçón que nunca de él se apartó, y, como Dios nuestro Señor había de ser tan servido de ello, ordenó cómo este su santo desseo hubiesse efecto y casi ''[2]'' acaeció que, viniendo por estos días a esta ciudad los Reyes Católicos y sabiendo el santo propósito de esta doña María, quisieron como católicos favorecer y ayudar su buen desseo. Para ayuda del cual le hizieron merced de aquellas casas, adonde hizieron el monesterio de Santa Isabel, que eran suyas de ellos. Y por esto, en memoria de esta Católica Reina, tomó tal nombre. Recebida esta donación, esta religiosa mujer començó a entender con gran diligencia en la obra de esta santa casa, a lo cual le ayudó con gran cantidad de dineros doña Juana de Toledo, su hermana. Y siendo acabado este monesterio, la dicha doña María de Toledo se encerró en él con otras dos religiosas de honesta vida en el año susodicho y, aun de más de estas dos religiosas, recibió después otras algunas por amor de nuestro Señor y por la bondad que en ellas conocía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el cuerpo de esta santa mujer está en el coro de las religiosas tan sano y entero como cuando allí se metió. Y, habiéndoles dado los Reyes Católicos a estas santas vírgines esta dicha casa, les dieron también por autoridad apostólica y arçobispal la iglesia de S. Antolín, que era parroquial y les venía muy a propósito para su iglesia y la perroquia ''[3]'' que en ella estaba se passó a la iglesia de S. [fol. 107r col. b] Marcos, que era muçárabe, adonde agora está, y esto fue casi tres años después que en esta casa entraron. Está sepultada en el coro de estas religiosas la reina princesa doña Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos, que fue primero casada con el príncipe don Alonso de Portugal, que murió en Santarén de caída de un caballo, y después con el rey don Manuel de Portugal, que por muerte del dicho príncipe heredó aquel reino. La cual, aunque murió en Çaragoça, se mandó traer a esta santa casa y que la sepultassen en el coro en una sepultura llana y humilde entre las religiosas. Y, entonces, sacaron de él a doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada (desde antes que estas religiosas tomassen la possesión de esta iglesia), y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero por do parece que esta señora fue mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla, y agüela de la reina doña Juana de Aragón, madre del Católico Rey don Fernando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Aparece escrito “cathoiico”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Posible errata por “así”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se respeta la oscilación vocálica al escribir esta palabra y sus derivaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: julio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. ''Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco (…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''. Salamanca: En casa de Alexandro de Cánova, fols. 210r-212r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera y la segunda partes de esta crónica se editaron en portugués por primera vez en 1557 y 1559 respectivamente. Sin embargo, esta tercera parte fue publicada en Salamanca en 1570 directamente en castellano. Es posible que primero fuera redactada por Marcos de Lisboa en portugués y que se tradujera para esta edición, pero la publicación lusa fue posterior y no existe rastro del original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. Se ha mantenido el uso de “cúya” en función de pronombre interrogativo: “sin saber cúya era”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, sólo se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. En cambio, la i como fonema /j/ se ha modernizado para facilitar su comprensión. &lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c). En el caso de “f.”, se ha optado por “f''ray''” en vez de “f''rater''” por el uso que hace el texto de la misma palabra. El uso de la cursiva se ha conservado, ya sea en los latinismos, las citas o en los títulos de obras. Además, las citas, originalmente también en cursivas, se reproducen entre comillas. Finalmente, los números en romano han sido conservados, pero se han eliminado los puntos que los circunscriben.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol.210r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Vida de la bienaventurada soror María la pobre, fundadora, del monasterio de Sancta Isabel de Toledo de la Orden de Sancta Clara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la ciudad de Toledo resplandesció maravillosos rayos de virtud y sanctidad la muy illustre y bienaventurada doña María de Toledo, que soror María la pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, y fue fundadora y primera abbadessa del monasterio de Sancta Isabel en la dicha ciudad de la Orden de Sancta Clara. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy santa vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría ''[2]'', de la Tercera Orden del padre Sant Francisco, por tanto con mucha razón puso su nombre y título al monasterio que edificó. Era la sierva de Dios de la muy illustre sangre de los Duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Nuestro Señor. Desde sus tiernos años ansí començó a ser ferviente en el amor de la castidad que tuvo firme propósito cuanto le fuesse possible de nunca casar. Su coraçón assí era lleno de compassión y piedad de los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y les acudir a sus necessidades, y algunas veces quitando su proprio menester. Huía de las vanas occupaciones y regocijos de las otras doncellas, y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía missa, y allí se occupaba en devotas oraciones. Siendo casada por obediencia de su padre, constreñida con un caballero de Andalucía Señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, suffriendo muy grandes trabajos. Y no habiendo hijos, habiendo liçencia de su marido se devolvió a Toledo a casa de su madre, adonde poco tiempo después de venida tuvo nuevas que se marido era muerto. Viéndose, pues, la sierva de Dios en la libertad que su espíritu siempre había desseado, para toda se dar al servicio de Nuestro Señor, luego dexó los trajes seglares, y se vistió del hábito del padre Sant Francisco muy grossero y vil con túnica de paño baxo, y movió a todas sus criadas a vestirse del mesmo hábito. Menospreciado desta manera el mundo, començó con mucho hervor a exercitarse en las obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y derecho camino de subir a la alteza de la divina charidad. Como otra sancta Isabel, visitaba los hospitales, era presente a los entierros de los pobres, visitaba los pobres en las cárceles, procuraba saber de las personas pobres envergonçadas, y doncellas huérfanas, y como madre proveía las tales personas en sus necessidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con mucha diligencia y hervor de charidad, y con entrañas de gran piedad muchas veces les lavaba las llagas, y con ferviente charidad las besaba, gastando en esto muchas veces las tocas de su cabeça, otras veces las daba a pobres, y también sus vestidos, volviendo sin ellos para su casa. [Fol. 210v] Después de la muerte de su marido, siempre anduvo descalça hasta su muerte, por mayores fríos y nieves que hubiesse. Levantábase todos los días a los maitines de la Iglesia mayor con su compañera Juana Rodríguez, que hallaba siempre muy prompta y ferviente para semejantes obras, y estaba al officio de los maitines con grande silencio en oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías, para que más libre y continuamente se pudiesse occupar a la oración. Tuvo siempre por su confessor a fray Pedro Pérez frayle menor de la observancia ''[3]'', varón docto, y muy espiritual por cuya doctrina la sierva de nuestro Señor se regía y aprovechaba en los exercicios espirituales. Traía siempre muy áspero cilicio vestido, y con muy duras disciplinas affligía su cuerpo, para que castigado fuesse más subjecto al espíritu. Con gran reverencia y devoción, se aparejaba para recebir el Sanctíssimo Sacramento, y recebíalo cada tres días, o a los ocho días cuando más tarde, y en el día del recibimiento del Señor, no comía más que pan y agua. Por estos sanctos exercicios y trabajos con que buscaba a su amado Señor Jesu Christo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada, y algunas veces con divinas revelaciones alumbrada, y le eran reveladas cosas por venir, las cuales por mandado de su confessor descubría, por ser provechosas a las almas. Fuele revelado que el Reino de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos, y también la reformación que se había de hacer en los frayles conventuales en sus conventos. Y siéndole revelado los grandes peccados que los christianos convertidos de los judíos y moros cometían contra la fe, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiesse el officio de la Sancta Inquisición en España, y otras muchas cosas para honra y servicio de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IIII. De otras sanctas obras y exercicios desta sierva de nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Crescían en la sierva de Nuestro Señor con las grandes y nuevas mercedes divinas sus muy grandes desseos y hervores de servir a Nuestro Señor en sus pequeñitos siervos y necessitados, y siempre le parescía tener hecho nonada en el servicio de tan grande Señor a quien tanto debía. Por tanto, con mucho hervor se occupó en el servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche servía a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiesse faltar su servicio, tomó una casita y aposento dentro en el hospital, donde, acabados los servicios de los enfermos, de noche muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los maitines. Y tomando algún poco sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo mesma en este tiempo increíbles mortificaciones y asperezas. Por su exemplo incitados los nobles de Toledo, ordenaron cofradía, en la cual por su orden cada uno sirviesse su semana dentro en el hospital, como hoy día se hace. Después que la ferviente sierva de Christo dio sus rentas y cuanta hacienda tenía el dicho hospital, començó con su compañera a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y las que pedía llevábalas ella mesma y muchas veces iba bien cargada y administrábalas a los enfermos. Y porque no dormía el enemigo de nuestra salvación, en este tiempo levantó contra la sierva muy grandes persecuciones de sus proprios parientes y deudos, y de su madre que le era muy contraria por verla en obras tan viles occupada, affrentándose y habiendo su santa vida por deshonrra. Mas la ferventíssima sierva de Nuestro Señor, con mucha paciencia y alegría de su alma, recebía todas las persecuciones e inju- [fol. 211r] rias que se le hacían. Después destos trabajos le añadió Nuestro Señor otros, que cayó en muy grave enfermedad, y su madre la llevó para su casa, donde llegó a recebir todos los sacramentos, y aparejarse con mucho fervor para ir a ver a y gozar de aquel altíssimo Señor a quien su alma tanto amaba. Mas Nuestro Señor, como buen amigo, quiso dar más coronas de merescimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos desseos de toda se entregar a su amor y servicio. Y supplicando ella y su devota compañera con fervientes oraciones a Nuestro Señor les enseñasse en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado que era su voluntad edificassen un monasterio de monjas adonde sus almas y de otras muchas se salvassen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV. Cómo el monasterio de Sancta Isabel fue edificado por esta sierva de Christo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Por la divina providencia, que no puede faltar a los sanctos desseos de los siervos de Dios, en este tiempo vinieron a Toledo los Reyes Cathólicos, y como tuviessen mucha devoción a la sierva de Christo, y conosciessen el sancto desseo que tenía, le dieron para este effecto unas casas muy grandes en Toledo, donde se edificó el monasterio de la Orden de Sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. En la edificación deste monasterio, doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Christo, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. Acabado pues el monasterio, la sierva y esposa de Christo María pobre, tomó el hábito y Regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abbadessa del dicho convento. En este estado de más perfectión, levantada la esposa de Christo como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dexando el mundo, el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos exercicios de su amado, y con su coraçón oye y conversa a su Esposo Jesu Christo, assí cresció en perfectión y sanctidad de vida, que a todos puso en grande admiración. Y fue visto de todos y conoscido que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representasse al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había professado. ''[6]'' La orden de la vida desta esposa de Christo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla, o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines nunca dormía más, hasta la prima siempre estaba en oración, y desta conversación divina se mostraba siempre en su cara, y resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comió carne ni gustó jamás vino, mas continuamente ayunaba, y sobre esto tres días en la semana no comía sino pan y agua, y algunas veces, la Cuaresma de San Miguel Archángel toda la ayunaba a pan y agua, la cual es cuarenta días que se acaban en la fiesta de San Miguel de Septiembre, y siempre comía de los pedaços de pan que quedaban de las otras monjas. Comulgaba muchos días, con mucho hervor de espíritu, en los cuales días no comía más que unas pocas de passas, o cosa semejante muy tarde. En su conversación era muy benigna a todas las monjas, y si por necessidad reprehendía a alguna, no se recogía a la noche, sin la dexar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta charidad servía a las enfermas que con su presencia y charidad muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad, tanto más se augmentaba y crescía el espíritu de la sierva de Christo en más fuerças y mortificaciones de la carne. Porque después de muchos años acrescentó al áspero cilicio ''[7]'', una túnica muy cruel texida de cerdas de puerco, y pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su [fol. 211v] amado esposo Jesu Christo, con muy suaves y divinas consolaciones, y veíanse muchas veces en ella señales de estas visitaciones. Una vez, día de la transfiguración de Nuestro Señor, la vio una monja con cara tan resplandesciente como el sol, y el día siguiente, preguntando a la esposa de Christo, con mucha importunación, qué visitación del Señor había recebido aquella fiesta, con mucha humildad le descubrió que Nuestro Señor le revelara la gloria de su transfiguración, como si ella presente fuera en el monte Tabor, cuando el Señor delante de sus apóstoles se transfiguró. Otra vez un viernes de la Cuaresma, ayuntándose todas las monjas para la disciplina acostumbrada, fue vista la esposa de Christo de una monja, que tenía la cara tan resplandesciente y salían de su rostro rayos tan claros y derechos a los ojos de aquella monja que la veía que quedó espantada y casi perdió el sentido. Y preguntada después de la merced que había recebido de Nuestro Señor, y con ruegos constreñida, dixo que el Señor le comunicara entonces aquella immensa charidad suya con que se dexó atar y açotar a la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI. De la muerte de la bienaventurada sierva de Christo María pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Llegándose pues ya la esposa de Christo al fin del presente destierro, començó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades porque, como de antes no había querido tener contentamiento sino en la cruz y passión de Nuestro Señor Jesu Christo ''[9]'', assí siempre le pedía le quisiesse communicar los dolores de su sanctíssima Passión ''[10]''. Cuyos devotos y fervientes desseos oyó el amantíssimo Señor, y concedió a su amada esposa que participasse de sus dolores porque también meresciesse participar mucho de su gloria. Tan grandes y terribles dolores sintió que parescía en todos los momentos serle sacado los huessos y las entrañas, y destos dolores mortales fue un año todo atormentada continuamente, sin nunca en ella ser vista señal ni palabra de impaciencia o turbación. Mas llena de muy suave alegría del espíritu, continuamente alababa a nuestro Señor y, como olvidada de sí mesma y de sus dolores, hacíase llevar a visitar las otras enfermas, y assí las consolaba y confortaba que parescía vivir más la esposa de Christo en regalos que en tormentos. En el cabo del año cresciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís a la cabeça y, aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, y ansí decía: “''In pace in idipsum dormiam et requiescam. In manus tuas domine commendo spiritum meum. Vias tuas domine demonstra mihi. Hac requies mea in seculum seculi''”. Y passados tres días tornó en sí, y pidió y recibió con mucha devoción todos los sacramentos y después de esto vivió dos días, confrotando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y de su sanctíssima madre, y de Sant Juan Baptista, y de la corte celestial. Finalmente fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Christo una voz que la llamaba ''[11]'', y las monjas, con muchas lágrimas demandando la bendición a su sancta madre, y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sentiendo la voz del esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con vos, Señor mío, dormiré, yo descansaré para siempre”. Y luego, con alta voz se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente passó su sancta alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta de Sant Pedro y Sant Pablo, teniendo setenta años de su edad, y treinta de religión. Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de [fol. 212r] admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo ''[12]'', y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor. Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Christo passó al Señor, estaba en oración un padre de Sancto Domingo, confessor de las monjas de la Madre de Dios, de la mesma Orden de Sancto Domingo en Toledo, y llamábase fray Jordán, el cual vio una muy larga processión ''[13]'', y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra hoy día entero y tratable y blando, ni cessa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros, en diversas enfermedades por los merescimientos de su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Un clérigo tollido de ambos pies encomendose devotamente a nuestros Señor por los merescimientos de su santa sierva, y luego alcançó salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer sanó de la mesma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas casadas estériles alcançaron de nuestro Señor tener hijos, encomendándose a esta su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer ciega cobró la vista, y otras muchas alcançaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesu Christo, María pobre en las tierras, mas bienaventurada en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Memoriales de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Fray Pedro Pérez, varón spiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] Memoriales. Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] Cómo ordenó su vida en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] Petición de los amigos de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] Fue llamada de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] Señales de la gloria de la sierva de Christo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] Visión du su gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] Milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: mayo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 60v col. a – 61v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato conforma el apartado 204 (“Vida de soror María la Pobre, monja de Sancta Clara”) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas impreso en 1588.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ff/f, ll/l, ss/s y, además, se ha suplido “ph” con “f”, “ps” con “s”. Sin embargo, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta), -pt- (Baptista) y -bj- (subjeto), y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 60v col.a - 61v col. b] ''[1]'' Hablando el real profeta David, en diversas partes de sus Salmos, en persona del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se llama pobre, y fuelo tanto que quiso un día reclinar su cabeza su Majestad, teniéndola herida y lastimada, y no tuvo sino un duro madero. Y antes lo había Él mismo dicho: “Las zorras del campo tienen cuevas y las aves del aire nidos, y el Hijo del hombre no tiene en que recline su cabeza”. Considerando esto, una bienaventurada mujer señora de grande linaje y muy rica se hizo pobre por imitar a Cristo. Y fuelo tanto que tomó por apellido el nombre de Pobre, como parecerá en su vida colegida ''[2]'' de memoriales antiguos del monasterio de Sancta Isabel de Toledo que ella fundó y de las crónicas de Sant Francisco, y es en esta manera: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María de Toledo, que soror María la Pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, fue de la muy ilustre sangre de los duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero ''[3]'' Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Dios. Siendo de pequeña edad, mostrábase muy recogida y honesta. Su corazón se enternecía tanto con los pobres que de ninguna cosa mayor consuelo tenía que en les hacer limosnas y remediar sus necesidades. Hiciéronla fuerza sus padres que casase, y casó con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, y vivió con él siete años sufriendo grandes trabajos pacientemente. Y no teniendo hijos y alcanzando licencia de su marido, se volvió a Toledo, a casa de su madre, donde tuvo nuevas, poco después de su venida, que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose libre para darse toda al servicio de Nuestro Señor, dejó los trajes seglares y vistiose el hábito de Sant Francisco, muy grosero y vil con túnica de paño bajo, y persuadió a sus criadas se vistiesen de la misma manera. Y como otra sancta Isabel hija del rey de Hungría, a quien imitó mucho esta sierva de Dios, comenzó a ejercitarse en obras de misericordia. Iba a los hospitales, hallábase a los entierros de pobres, visitaba los encarcelados, procuraba saber de las personas envergonzantes y doncellas huérfanas y remediaba todo lo que podía. Servía a los enfermos con mucha diligencia y fervor de caridad: lavábales las llagas y besábaselas gastando las tocas de su cabeza en esto y, a las veces, les daba sus proprios vestidos, volviendo a su casa [fol. 60v col. b] sin ellos. Desde que supo la muerte de su marido, anduvo descalza hasta que ella murió, por mayores fríos y nieves que hubiese. Levantábase de noche y, con otra señora viuda que la acompañaba, iba a maitines a la iglesia mayor, y oíalos con mucha devoción y atención. Tuvo por su confesor a fray Pedro Pérez, fraile menor de la observancia, varón docto y muy espiritual, y por su doctrina se regía la sierva de Dios en sus ejercicios espirituales. Traía siempre un áspero cilicio, y con duras disciplinas afligía su cuerpo para que estuviese más subjeto al espíritu. Era grande la reverencia y devoción con que se aparejaba para recebir el Sanctísimo Sacramento, y recibíale a tercero día o a los ocho [días] cuando más tarde. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su Amado Jesucristo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada y descubríale algunas cosas que estaban por venir, las cuales, por parecer de su confesor, declaraba, siendo provechosas a las almas. Y, entre otras, siéndole revelados algunos pecados gravísimos que muchos cristianos convertidos de judíos y moros cometían contra la fe, descrubriolo a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y fue gran parte para que los Reyes, con celo sancto de la honra de Dios, para remedio desto introdujesen el Sancto Oficio de la Inquisición, como le introdujeron en España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían cada día más los fervorosos deseos del servicio de Dios en su sierva y, para ponerlos en obra, ocupose un tiempo en servir a los enfermos de un ilustre hospital, que está en Toledo, llamado de la Misericordia. Tomó allí aposento para mejor de día y de noche servirlos, como lo hacía, con humildad y caridad grande. Ya tarde, se encerraba en aquel recogimiento y estaba en oración hasta los maitines y, tomando algún poco de sueño, luego volvía a servir y curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo misma, en este tiempo, increíbles mortificaciones y asperezas. Y, por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradría en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como hoy día se hace. Había dado la sierva de Dios su hacienda al mismo hospital y, visto que ni esto ni los proprios que él tenía bastaban para los enfermos que venían a él a ser curados, salió con la otra su amiga, la cual se llamaba Juana Rodríguez, a pedir limosna por la ciudad de puerta en puerta, y volvía bien cargada a sus enfermos. De aquí se le levantó ''[4]'' grande persecución de sus parientes y de su propria madre, [fol. 61r  col. a] que le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la sierva de Dios recebía con mucha paciencia y alegría de su alma todas las persecuciones y injurias que se le hacían, añadiéndosele a estos trabajos otro [trabajo], que cayó en una grave enfermedad, y su madre la llevó a su casa, donde recibió los sacramentos y se aparejó para la partida. Mas Nuestro Señor quiso dar más coronas de merecimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos deseos de se entregar toda en su amor y servicio. Y suplicando ella y su devota amiga con fervientes oraciones les enseñase en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado ser su voluntad que edificasen un monasterio de monjas donde sus almas y de otras muchas se salvasen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo, viniendo a Toledo los Reyes Católicos, como tuviesen mucha devoción a la sierva de Cristo y conociesen el sancto deseo que tenía, diéronle para este efecto unas casas grandes que estaban junto con la iglesia parroquial Sant Antolín, en la misma ciudad. Y allí se edificó el monasterio del Orden de Sancta Clara de la Observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. Y en la edificación desta casa gastó mucha cantidad de dineros doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Dios, también mujer de muy sancta vida. Acabado, pues, el monasterio, la sierva y esposa de Cristo, María la Pobre, tomó el hábito y regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abadesa del dicho convento. Y en este estado de más perfección levantada, como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dejando el mundo, [5] el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos ejercicios de su Amado, y con su corazón oye y conversa a su Esposo Jesucristo, así creció en perfección y sanctidad de vida que a todos puso admiración. Y fue entendido de muchos que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representase al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orden de vida desta esposa de Cristo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla o algunos sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines dichos a la medianoche, no dormía, sino perseveraba en oración hasta la prima. Y esta conversación divina se parecía ''[6]'' en su rostro, en el cual resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comía carne ni gustaba jamás vino, ayunaba continuamente, y tres días en la semana a pan y agua, y lo mismo la Cuaresma. Y siempre comía los pedazos de pan que dejaban las otras monjas. Comulgaba muy a menudo y, en tal día, no comía sino ya tar- [fol. 61r col. b] de unas pocas de pasas o cosas semejantes. En su conversación era afable, mostrando apacible rostro a todas las monjas y si, por necesidad, reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin la dejar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta caridad servía a las enfermas que, con su presencia y amorosas palabras, muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad tanto más se augmentaba y crecía el espíritu de la sierva de Dios porque, después de muchos años, acrecentó al áspero cilicio una túnica muy cruel tejida de cerdas de jabalí y de pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegándose a la sierva de Dios el fin de su destierro, comenzó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades. Un año padeció terribles dolores que parecía, en todos los momentos, serle sacados sus huesos y las entrañas sin nunca ser vista en ella señal de impaciencia o turbación, mas llena de muy suave alegría en su espíritu alababa a Nuestro Señor. Y como olvidada de sus dolores, se hacía llevar a visitar las otras enfermas, y así las consolaba y confortaba que parecía vivir más la esposa de Cristo en regalos que tormentos. A cabo del año creciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís ''[7]'' a la cabeza. Y aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, puesto que las decía en latín, que ella no entendía, como eran estas: “''Iin pace in idipsum dormiam et ''[8]'' requiescam: In manus tuas domine commendo spiritum meum: Vias tuas domine demonstra mihi: Hac requies mea in seculum seculi''”. Pasados tres días tornó en sí, pidió y recibió con singular devoción todos los sacramentos. Y después desto, vivió dos días confortando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y devoción de su Sanctísima Madre y de Sant Juan Baptista y toda la corte celestial. A este tiempo fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Dios una voz que la llamaba, y con muchas lágrimas pidieron la bendición a su bendicta madre. Y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sintiendo la voz del Esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con Vos, Señor mío, descansaré para siempre”. Y luego con voz alta se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente pasó su bendita alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta ''[9]'' [fol. 61v col a] de Sant Pedro y Sant Pablo, en tres días de julio, teniendo setenta años de edad y treinta de religión. Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo desta ilustre religiosa se muestra entero, tratable y blando en el coro de las monjas de su monasterio de Sancta Isabel. Las cuales tienen algunos testimonios de [fol. 61v col. b] milagros que obró Dios por los merecimientos desta su sierva, como de un clérigo tollido de ambos pies que fue sano, y del mismo mal fue sanada una mujer tocando su túnica. Y otra cobró vista. Y muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos encomendándose a su sierva María la Pobre. Estos milagros, con la vida desta sancta, se refieren en la tercera parte de las crónicas de Sant Francisco, libro octavo, capítulo ''[10]'' trece y catorce. Y en la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro 2, capítulo 15, se escribe su vida. ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo (fuera de la caja de escritura) podemos leer: “En. 3. de Iulio. Ef. 24.  39.  69.  85. &amp;amp; I08. Matth. 8.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen: “Authores.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se conserva “Pero” aunque, posteriormente, en el texto aparece la modernización del nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el texto: “levento”. Subsanamos la errata y acentuamos según los criterios de edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el texto “a alma”. Se corrige la incoherencia sintáctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se “aparecía” o “reflejaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Actualmente, “frenesí”: CORDE. http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll [Consulta 5 de mayo de 2020].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha suplido el signo tironiano por la conjunción copulativa “et” pero se ha conservado la puntuación. &lt;br /&gt;
“En paz me dormiré y descansaré. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, muéstrame tus caminos. Este es mi reposo por los siglos de los siglos.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1507.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto “capit.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el catálogo, Verónica Torres ha editado la biografía que aparece en la obra de Pedro de Alcocer. Ver ''Vida Impresa'' (1)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: mayo de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XXII, fols. 85v-86r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. b] '''De la Santa Doña María de Toledo, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También pone el mesmo maestro Villegas en la mesma tercera parte a esta santa doña María de Toledo. Fue de la ilustre casa de los duques de Alba y de los condes de Oropesa. Dejando las pompas y vanidades deste mundo y sus renombres (antes por menosprecio suyo), se quiso llamar María la pobre. Después de la muerte de su marido, que fue el señor del Carpio en Andalucía, se recogió en sí, vistiéndose en su interior y exteriormente de una grande pobreza. Ocupose algún tiempo en servir a los enfermos del Hospital de Toledo, que se llama la Misericordia, con mucha humildad y bajeza de sí mesma. Después, los Reyes Católicos, para que se recogiese más perfetamente en la religión, la dieron unas casas para que allí hiciese monasterio de Santa Clara, con advocación de santa Isabel. Aquí tomó el hábito de la religión, adonde ella fue abadesa, y crio otras muchas doncellas para Cristo su esposo. En este estado de religión, dio grandes muestras de la bondad de su alma, y también las dio en ella Nuestro Señor, mostrando cuánto le agradaban sus servicios. Después de treinta años de religión, fue servido de enviarle una fiebre, con que la llevó a gozar de sí a la bienaventuranza, recebidos todos los santos Sacramentos de la Iglesia, a los tres días del mes de julio, año de mil y quinientos y siete. Luego que murió, se sintió un olor y fragancia suavísima en su celda, [fol. 86r, col. a] y una música tan suave, que excedía a todo lo que humanamente se puede entender. No faltaron revelaciones en personas de santa vida, por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. Un clérigo tullido de ambos pies, encomendándose a la santa María la pobre, alcançó entera sanidad. Una mujer tullida y otra ciega, tocando la túnica desta santa, cobraron salud. Muchas mujeres estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos, encomendándose a su sierva María la pobre. Ella ruegue a Nuestro Señor por mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: marzo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada vida de la gloriosa virgen santa clara de luis de miranda.jpg|miniatura|250px|right| Luis de Miranda, 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…'' Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…''. Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel, pp. 211-219.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto, que se encuentra incluido en la primera parte de la obra de Miranda, se ha actualizado siguiendo las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “sancta”, “abadesa”, “redemptor”, “prompta”, etc. También se ha conservado un escaso laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han actualizado de acuerdo con su uso actual ya que no tenían entonces valor fonológico. En cambio, se han conservado las agrupaciones “desto”, “desta”,  “dello” y “della”. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como en general el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v” y se han simplificado las consonantes dobles. Por último, las citas, originalmente en cursivas, se reproducen también entre comillas y se entrecomillan las palabras atribuidas a las santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[211] '''Capítulo XL. En que se refiere la vida de la bienaventurada Soror María la pobre, fundadora del Monasterio de sancta Isabel de Toledo, de la Orden de sancta Clara'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin, llegándose ya el tiempo y la hora en que la majestad del altísimo Dios tenía determinado de sacar a su sierva del destierro desta presente vida, comenzó a enfermar y a ser atormentada con graves y diversas enfermedades para que se le cumpliesen sus deseos. Y como antes no había querido tener contento sino en la cruz y en el sentimiento de los trabajos y Pasión de Christo Nuestro Redemptor, lo cual ella siempre le pedía y que le quisiese comunicar sus dolores y trabajos, cumpliola Dios en esta hora sus deseos y oyó su oración, concediendole que participase de sus dolores para que mereciese después ser también participante de su gloria. Y así fueron tan grandes y tan terribles los dolores que sintió que parecía todos los momentos que sus huesos le eran desencajados y sacados de sus quicios y las entrañas se le comían, con los cuales mortales dolores por el espacio de un año fue continuamente atormentada sin ser en ella vista señal de impaciencia ni de turbación, ni oírsele palabra que supiese de ello; antes, llena de muy suave alegría de su espíritu, continuamente alababa Nuestro Señor y, como olvidada de sí misma y de sus dolores, se hacía llevar a visitar a las otras enfermas y así las consolaba y confortaba, que más parecía ella estar en regalos que en tormentos. Acabado el año, creciole la calentura muy agudamente y subiósele el frenesí a la cabeza, y, aunque perdió el uso de la razón y del entendimiento, con todo eso ningunas palabras salían de su boca que no fuesen muy sanctas y muy buenas. Todo era decir: “''In manus tuas Domine commendo spiritum meum, redemistime Domine Deus veritatis''”. “''Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas edoce me''”. “''In pace in id ipsum dormiam et requiescam. Haec requies mea in saeculum'' [218] ''saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam''”. “En vuestras manos, Señor, encomiendo mi anima y mi espíritu, redemístisme, Señor Dios de verdad”. “Mostradme, Señor, vuestros caminos y enseñadme vuestras sendas, en vos será mi descanso para siempre”. “En vuestra ciudad sancta habitaré, pues la escogí para mi morada”. Finalmente decía aquello estando con el frenesí que había traído ordinariamente en su corazón y en su boca. Pasados tres días, tornó en sí y pidió y recibió con mucha devoción todos los divinos Sacramentos. Después de lo cual vivió dos días, confortando siempre a las monjas en el servicio de Nuestro Señor e induciéndolas a la devoción de su Madre sanctísima, del glorioso san Juan Bautista y de toda la corte celestial. Y estando así, fue oída de las monjas que estaban con ella una voz que la llamaba, y las monjas con muchas lágrimas la pedían y demandaban su bendición, y ella, rogando a Dios por sus hijas, sintiendo la voz de su divino y celestial esposo, respondió: “Con vos, Señor Dios mío, dormiré yo y descansaré en paz para siempre”. Y luego con alta voz se despidió de sus monjas, diciendo: “Hijas mías, quedaos a Dios quedaos a Dios, quedaos con la paz del Señor”. Dichas estas palabras, muy quietamente dio a Dios su sancta alma un sábado después de la fiesta de san Pedro y de san Pablo del año del Señor de mil y quinientos y siete, a los setenta años de su edad, y teniendo treinta de religión. Después de haber salido su bienaventurada alma del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que experimentaron ser cierta señal de la sanctidad de la esposa de Christo y de su divina presencia y de la compañía de la corte celestial, que había venido a recebir y llevar su sancta sierva a la gloria de su Reino. Fue desto también clara señal haberse oído una muy suave música y melodía celestial que excedía a toda música humana, la cual por tres veces fue oída de las monjas, una a la muerte de la sierva de Christo, y otra al tiempo que se celebraba la misa, y la tercera cuando su sancto cuerpo fue entregado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Dios pasó deste mundo a la gloria estaba en oración un padre de la Orden de Sancto Domingo, confesor de las monjas de la Madre de Dios y de la misma orden, en Toledo, llamado fray Jordán, varón [219] sancto de muy grande perfección, y de mucha oración, el qual vio una muy larga procesión y que al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo, muy ricamente vestida con una diadema y corona en la cabeza de muy grande resplandor, y que salían de su cara rayos como de Sol. Y vio y conoció este sancto y devoto religioso a todas aquellas sanctas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en el Reino de los Cielos. Y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó a las monjas esta revelación. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra el día de hoy entero, tratable y blando, y no cesa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros por los merecimientos de su sancta sierva Un clérigo tullido de ambos pies encomendose devotamente a Nuestra Señora por los merecimientos de su sancta sierva, luego alcanzó salud. Una mujer sanó de la misma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. Muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestra Señora el tener hijos, encomendándose a esta su sancta sierva. Una mujer ciega cobró la vista y otras muchas alcanzaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesuchristo, María la Pobre en la tierra, mas rica y bienaventurada en el cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] 3 páginas de las ''Chrónicas'', Libro 8, capítulo 13, cum. seq.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] De cómo fue edificado el convento de Sancta Isabel de los Reyes en Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Oseas, 2. [Nota del editor] “''Propter hoc ecce ego lactabo eam et ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius''”; “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas, 2:14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Salazar Crónica 1612.jpg|miniatura|250px|right|''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 359-367.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de María de Toledo (1437-1507) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIIII'''&lt;br /&gt;
'''[359] Del nacimiento y crianza de doña María de Toledo, fundadora del Monasterio de S. Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue doña María de Toledo, natural de la ciudad de Toledo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de su mujer doña Juana de Guzmán, Señores de Pinto. Era Pedro Suárez de los señores de Alva y de Valdecorneja, y de los señores de Oropesa, linaje antiquísimo en España y de gran nobleza. Eran estos señores Pedro Suárez y su mujer muy cristianos y devotos. Y ansí parece que, premiando Dios sus buenas obras y virtudes, les dio a doña María de Toledo por hija. La cual desde muy tierna edad dio muestras de la gran perfección que había de tener en el discurso de su vida. Lo primero que podemos decir de su niñez es que desde muy pequeña fue aficionada a los pobres, y usó con ellos de mucha caridad. Fue desde que tuvo uso de razón muy inclinada a guardar limpieza y pureza virginal. Y ansí había propuesto firmemente de guardarla toda su vida. Ejercitose en esta tierna edad en hacer todas las limosnas que podía a los pobres, y todo lo que le daban para almorzar [360] y merendar, lo daba por amor de Dios. Las vanidades y niñerías de aquella edad siempre las aborreció, y como si fuera una mujer anciana y muy prudente, se ocupaba en obras santas. Cuando se podía esconder de su madre, íbase a un oratorio donde sus padres oían misa, y allí se estaba rezando y encomendándose a Dios muy de veras, y ansí alcanzaba de su divina Majestad, grande aumento de virtud y devoción. Llegada a edad de poderse casar, fue tanta la importunidad y instancia que sus padres en esto le hicieron que hubo de consentir en lo que le pedían, y mudar el propósito de la virginidad en santo y honesto matrimonio. Casáronla sus padres con García Méndez de Sotomayor y de Haro, Señor del Carpio. Estuvo con su marido siete años, y nunca parió, y después alcanzó licencia de su marido y vínose a Toledo a ver a sus padres; y pocos días después tuvo nueva cómo su marido había muerto: y en sabiéndolo hincose de rodillas, y dio gracias al Señor por verse libre para poder muy de veras ocuparse en su servicio. Y luego dejadas las vestiduras preciosas, se vistió de una túnica de paño, y de un hábito a manera de religiosa de San Francisco; el cual vestido era muy áspero y vil; y persuadió luego a todas las mujeres que estaban en su compañía a que hiciesen lo mismo. Desde entonces comenzó determinadamente a darse y ejercitarse en obras de misericordia. Visitaba todos los hospitales y hallábase en todos los enterramientos de personas pobres: acudía muy de ordinario a las cárceles y buscaba pobres vergonzantes y huérfanos, a todos los cuales servía y daba lo necesario, como verdadera madre de todos. También redemía cautivos, y los muchachos echados a las puertas de las Iglesias hacíalos criar a su costa, y después los ponía a oficios con que todos se remediasen. Pero entre todos estos santos ejercicios, en el que más de veras se empleaba era en curar enfermos pobres, a quien trataba con verdadera caridad y piadosas entrañas: a los cuales muchas veces les curaba las llagas, y lavaba los pies y se los besaba, y con muy suaves palabras los consolaba; y en otra cualquier cosa que veía tenían necesidad, y ella podía remediarla, lo hacía con muy gran diligencia y solícito cuidado. Anduvo siempre descalza después de la muerte de su marido, y aunque hiciese muy recios fríos, y los inviernos rigurosos y ásperos, jamás se calzó. Iba a Maitines cada noche a la Iglesia Mayor de Toledo, acompañada de una mujer amiga suya, que se llamaba [[Juana Rodríguez]]; la cual [361] halló muy pronta y aparejada para cualquier ejercicio de virtud y penitencia. Estuvo dentro en la Iglesia Mayor de Toledo un año, sin salir della ni comunicar con persona ninguna, salvo con su familiar amiga [[Juana Rodríguez]] y con su confesor, que era un fraile de san Francisco, llamado fray Pedro Pérez. Hizo esto para poderse dar con más devoción y espíritu a la contemplación y meditación. Había esta señora escogido al dicho fray Pedro Pérez para su confesor, por ser gran religioso y muy docto, con cuya doctrina y ejemplo hizo grande aprovechamiento en el camino de la perfección, al cual había dado la obediencia y la guardaba muy de veras. Andaba en este tiempo vestida de un muy áspero silicio, y con crueles disciplinas afligía su cuerpo delicado, para hacerle sujeto al espíritu. Comulgaba al tercer día, y lo más largo de ocho a ocho días, y esto era con tanta preparación y reverencia cuanta le era posible. El día que comulgaba ninguna otra cosa comía más de pan y agua. Sentía en los tales días muchos regalos de la divina clemencia en tanta abundancia que su espíritu era lleno de divinas consolaciones y alumbrado con celestiales revelaciones. Revelole nuestro Señor muchas cosas, las cuales por mandado de su confesor dejó escritas, y entre ellas era una, que el Reino de Granada vendría a poder de cristianos. También que los conventos de frailes menores claustrales y de las monjas habían de ser reformados. Revelole también nuestro Señor las grandes maldades y abominables herejías que los cristianos destos reinos cometían por la comunicación y trato que tenían con los moros y judíos que en ellos vivían. Pues manifestando esta santa mujer estas cosas a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel (con quien tenía mucha autoridad y crédito), llamáronla a Segovia, adonde entonces ellos estaban. Y tratando con ella estos negocios y pidiéndole su parecer, determinaron se pusiese en España el Santo Oficio de la Inquisición. Y ansimismo ordenaron otras muchas cosas tocantes al servicio de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo doña María de Toledo, después que volvió de Segovia, no quiso tornar a casa de su padre, y se fue al Hospital de la Misericordia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alcanzada licencia de los Reyes Católicos en Segovia, vínose a Toledo; no quiso tornar [362] en casa de su padre. Y después de haber puesto en estado las mujeres y criadas que tenía, ofreciose toda al servicio de Nuestro Señor, y fuese al Hospital de la Misericordia para emplearse de día y de noche en servicio de los enfermos. Y era cosa de admiración el cuidado y solicitud que en ello ponía, acudiendo a todas las necesidades dellos, a los cuales trataba con mucha benignidad y regalo; solo era para sí misma muy áspera, siendo para todos misericordiosa. La camisa que traía era un saco de sayal o xerga muy áspero. La cama era unas pajas, y la manta con que se cubría era pelos de cabra, y de lo mismo era el almohada. Tenía una celda muy pequeña, donde, después de haber acabado de curar y visitar los enfermos, estaba toda la noche hasta Maitines en oración. Y después de haber dormido un poco levantábase muy de mañana y limpiaba los servicios de los enfermos; y en cuanto podía regalaba y consolaba los enfermos. De donde manó que los Caballeros de Toledo hiciesen una Cofradía en la cual cada uno sirviese una semana en el Hospital de la Misericordia, lo cual ha permanecido hasta el día de hoy. Pasó muy adelante la cristiandad desta mujer, acompañada de muy grande humildad, porque queriendo con más abundancia regalar y servir a los enfermos, después que había dado al hospital y a la capilla d’él todo cuanto tenía, comenzó a pedir por amor de Dios (con su compañera [[Juana Rodríguez]]) de puerta en puerta, y llevaba con mucha alegría (sobre sus hombros) lo que le daban. Levantose por esta causa una grandísima persecución de sus más propincuos parientes, porque se afrentaban de verla andar de aquella manera y huían della por no encontrarla por las calles; y muchas veces le reprendieron y deshonraron: unos la llamaban loca, otros, desperdiciadora y gastadora, otros le decían que afrentaba a todo su linaje. De suerte que todos sus deudos la vinieron a aborrecer; y fue tanto esto que aun su madre (con ser muy cristiana y bendita mujer) no la podía ver. Mas la bienaventurada, deseando conformarse con Jesucristo Nuestro Señor, no solo llevaba esto con mucha alegría, más aun las bofetadas que su compañera le daba, por mandado de su confesor (para ejercitarla en paciencia y humildad), recebía como tesoro divino y precioso. Pasados desta manera tres años, cayó en una gravísima enfermedad; y llegada a lo último de su vida, y recibidos los sacramentos, vino a verla su madre, la cual no le pudo negar el amor y entrañas maternales; [363] y estando allí con ella y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora que allí estaba, le pedía (con lágrimas y suspiros e instancia de oración) salud para su hija, y muy en breve, como si hubiera resucitado, la vio sana y libre de su enfermedad. Llevola a su casa para que acabase de curar y regalarla en su convalecencia, y dentro de pocos días estuvo de todo punto buena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''Cómo doña María de Toledo después desta enfermedad tomó el hábito de monja de Santa Clara en el Monasterio de Santa Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que la santa mujer cobró entera salud comenzó a tratar consigo misma, cómo dispondría de sí de manera que más sirviese a Nuestro Señor: unas veces pensaba ir en romería a Jerusalén, otras buscar otra vida más estrecha, y otras cosas semejantes. Y andando ella y su fiel compañera revolviendo estos santos y divinos pensamientos, pusiéronse en ferventísima oración, suplicando muy de veras a Nuestro Señor les revelase su divina voluntad. Tuvo sobre esto revelación divina, por lo cual entendió que la voluntad del alto Señor era que fundase un monasterio de monjas adonde ella y otras muchas le sirviesen. En este tiempo (por ordenación divina) acaeció que vinieron los Reyes Católicos a Toledo, y la dicha doña María de Toledo comunicó con la reina doña Isabel su determinación y santo propósito; y los Reyes holgaron mucho dello, los cuales le dieron una buena casa que ellos tenían en Toledo, que era el sitio donde ahora está fundada Santa Isabel, que es la Orden de santa Clara, al cual le pusieron este nombre por causa de la reina. Tomó allí el hábito, y con ella algunas criadas suyas, y otras devotas mujeres. Hicieron luego abadesa a la dicha doña María de Toledo, fundadora del dicho convento. El orden de su vida, después de ser monja y prelada, es este: traía de ordinario un áspero cilicio, desde el cuello hasta los pies. La túnica, hábito, y manto, todo era muy vil, roto, y muy viejo. Su cama eran unos sarmientos mal compuestos, o una tabla, y el almohada era una piedra o un madero. Después de Maitines no tornaba a la cama, por quedarse en el coro en oración hasta Prima. Y, del gran consuelo que de la oración sacaba, traía siempre la cara llena de alegría y [364] contento. No comía carne, ni bebía vino, y todo el año ayunaba con mucha abstinencia, y los tres días de la semana ayunaba a pan y agua, y en los otros tomaba algún refrigerio de vianda. La Cuaresma que llaman de los Ángeles solía ayunar a pan y agua. Cada día buscaba las cestillas en que se cogían los pedazos de pan que sobraba a las monjas, y lo que ellas dejaban, buscaba y recogía para su comer. Y cuando no los hallaba, rogaba a la resitolera le diese los mendrugos de pan que habían las monjas dejado. Comulgaba muy a menudo, y el día que recebía al Señor no comía más de unas almendras o pasas después de Vísperas. Los manjares que le daban en la mesa para comer, enviaba a los pobres. Todo cuanto fue en sí remedió las necesidades del prójimo; y ansí a los que llegaban a pedir al monasterio por amor de Dios, o los que en otras partes padecían alguna necesidad, procuraba remediar y consolar. Era humanísima con las monjas; y si alguna vez reprendía a alguna dellas, antes que se recogiese en la noche la hablaba, y dejaba muy consolada y alegre. Era siempre primera en los trabajos y oficios del monasterio, los cuales hacía con mucha diligencia y cuidado. Visitaba y servía a las enfermas con tanto amor y caridad que muchas veces su sola presencia les daba salud. Ansí como iba creciendo en edad crecía en el rigor y aspereza de su cuerpo, añadió al silicio una túnica tejida de cerdas y pelos de cabra para con eso poder ofrecer a Dios su cuerpo más mortificado. Como esta santa mujer era ejercitada muy de ordinario en altas meditaciones, aconteció que un viernes de Cuaresma, juntándose a la disciplina, como acostumbran, la vio otra monja que tenía la cara muy resplandeciente y con gran claridad, de donde salía un rayo de luz muy claro y grande, que la luz se extendía tanto que llegaba hasta la monja que esto vio. Y como le preguntase y rogase, con mucha importunidad, le dijese qué había visto o sentido en aquella hora (porque ella nada decía, sino siendo a ello muy forzada), dijo que había Nuestro Señor permitido que ella gustase en aquel tiempo aquella caridad incomprensible, con la cual quiso padecer tan crueles azotes y inmensos dolores. Otras muchas cosas le acaecieron y muy dignas de memoria, que Nuestro Señor hizo por su sierva, que por abreviar no se relatan aquí, solo diremos lo que en el fin de sus días hizo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''[365] Del fin de doña María de Toledo, y de los milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercándose el fin de la dicha doña María de Toledo, padecía muy grandes enfermedades. Y como el tiempo pasado de su vida no había tenido gloria en otra cosa sino en la cruz de Cristo y en su Pasión, suplicábale que los dolores y tormentos que su divina Majestad había padecido en la cruz permitiese que ella, en cuanto le fuese posible, los experimentase. Oyola el divino Señor, porque desde allí adelante le acometieron tan vehementes dolores que todos los huesos parecía se le quebraban en el cuerpo, y que cada momento la partían por sus coyunturas. Y aunque estuvo un año entero padeciendo estos dolores, nunca de su boca se oyó palabra que fuese impaciente, ni aun dio señal de tenerla: antes muy alegre y regocijada alababa a Dios sin jamás cesar. Y como olvidada de sí, hizo hacer una silla en la cual iba a visitar a las otras enfermas y las consolaba, y holgaba tanto de sus dolores y trabajos de sí misma que más le parecía estar en paraíso y gloria que padeciendo tormentos y dolores. Si alguna vez estando enferma le daban las que servían alguna cosa, y se tardaba algún tanto en tomarla, luego a la hora les pedía perdón con muy grande humildad. Finalmente, al cabo de un año que estaba enferma, le dio una landre y una calentura muy aguda, de que moría mucha gente; y tan grave fue lo uno y lo otro que la sacaron de juicio, pero con todo eso nunca dejó de decir palabras muy benditas y santas, unas veces decía: “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, otras: “In manos tuas Domine commendo spiritum meum, vias tuas Domine demonstra mihi. Haec est requies mea in saeculum saeculi”. Después que volvió en su entero juicio pidió los sacramentos, y después de haberlos recebido devotísimamente, vivió dos días, en los cuales de ordinario consolaba y confortaba a sus monjas en servicio de Dios y trataba cosas espirituales y de grande edificación; y mientras duraron estos dos días se le mudaba el color del rostro muchas veces en diversos colores, en lo cual se vio manifiestamente que se le ofrecían graves y muy arduas cosas espirituales. Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”. Y al último día desta gravísima enfermedad en la noche, estando todas las monjas alrededor de la cama muy penadas y tristes por parecerles que les faltaba su buena madre, y las más dellas dormidas del mucho cansancio, oyose una voz desconocida que las despertó, y ellas se levantaron, y entendieron que se llegaba la hora. Hincáronse todas de rodillas bañadas en lágrimas y dando sollozos y suspiros, suplicándole les diese su bendición; y ella pidió a nuestro Señor les diese su bendición, y que las conservase en su amor y temor, oyó una voz del Esposo que la llamaba. Y repitiendo aquel verso, “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, dio una gran voz, diciendo: “Quedaos con Dios hijas mías, quedaos en paz”, y luego como quien se queda dormida, dio su alma a Nuestro Señor. Fue su fallecimiento sábado, día octavo de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo de 1507. Habiendo cumplido setenta años de edad, y treinta de religión, y de la fundación de su monasterio. Había en este tiempo treinta monjas en el convento, las cuales todas sintieron al tiempo que murió esta bendita señora grande fragancia y admirable olor que de su cuerpo salía, que muy cierto creyeron que estaban allí compañías de ángeles y coros celestiales que venían a acompañar a la bendita alma. Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. La primera en el aposento donde murió la santa. La segunda en la misa, y la tercera cuando la enterraban. A la hora que murió esta bienaventurada estaba en oración un religioso muy devoto, de la Orden de los Predicadores; el cual era confesor de las monjas del Convento de la Madre de Dios de Toledo, que se llamaba fray Jordán. El cual vio una procesión, y en el fin de la una parte iba santa Clara, y de la otra santa Isabel, y en medio llevaban a esta bendita mujer con grande resplandor, vestida de vestidos riquísimos de tela de oro; sembrados de perlas preciosísimas, con una corona de oro en la cabeza de mucho valor; y la cara llevaba resplandeciente como el sol. Y a todas estas santas conoció el dicho religioso y las miró con mucho contentamiento y regalo de espíritu, que parecía penetrar lo íntimo de los Cielos. Y muy lleno de admiración y gozo, fue al Monasterio de Santa Isabel, y contó por ciento esta visión a todas las monjas. El cuerpo desta bienaventurada se ve el día de hoy entero y tratable, [367] como si estuviese vivo, por cuyos merecimientos se han obrado por la divina clemencia muchos milagros, y sanado muchos enfermos de diversas enfermedades, de los cuales referiremos aquí algunos, para gloria de Dios, y de su sierva. &lt;br /&gt;
Un clérigo cojo encomendose muy de veras con entero corazón a esta santa, y en un punto se halló sano y libre. Una mujer que estaba muy enferma, en tocándola con un pedazo de la túnica desta santa, luego sanó. Muchas mujeres que estando casadas muchos años y no se habían hecho preñadas, suplicando a esta santa les diese favor para tener hijos, fue Nuestro Señor servido de se los dar; y para esto se ceñían con una medida del largo desta santa mujer. &lt;br /&gt;
Una señora muy noble tenía una hija que había perdido el juicio, y muy confiada en esta santa, envió a pedir al monasterio le diesen el velo de la cabeza de la santa y una medida de su cuerpo; y habiéndolo traído, el velo puso en la cabeza de su hija, y el cíngulo en el cuerpo, y luego cobró el juicio que tenía perdido, y dentro de pocos días se hizo preñada, que hasta entonces había estado con grande esterilidad. Otra mujer muy principal había cegado cincuenta días había de una grande enfermedad; la cual envió a rogar a las monjas del dicho monasterio que le hiciesen caridad de alguno de los paños que fueron de la bienaventurada santa; las monjas le enviaron un paño que había sido suyo, y la mujer enferma se lo puso sobre la cabeza, y luego cobró la vista de los ojos. Otras muchas personas han sido curadas y sanas de diversas enfermedades tocando al silicio o túnica de la bienaventurada santa. Todo esto ha sido para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que por los merecimientos de su sierva ha obrado tantas maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: octubre de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vargas Vida 1616.jpeg|miniatura|250px|right|Tomás Tamayo de Vargas, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.]] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Tomas_Tamayo_de_Vargas Tamayo de Vargas, Tomás], 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la -u- con valor consonántico, y los cambios de qu a cu. No obstante, como se verá, en este texto se ha optado por una transcripción más bien conservadora. Se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “embiaron”, “podiendo”, “recebir”, “monarchía”, “escriptura”, “oratión”, b“sanctidad”, etc. , y se han eliminado las dobles consonantes, excepto -cc- antes de e/i, y las nasales. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, debido a que ya no tienen valor fonético y siguiendo los criterios del Catálogo, se ha actualizado su escritura. En cambio, se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento: “Ayala” en vez de “Aiala”, “De Alba” en vez de “Dalva”, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las abreviaturas han sido desarrolladas. En el caso de “f.”, se ha optado por “fray” en vez de “frater” por el uso que hace el texto de esta palabra. El uso de la cursiva que marca énfasis en el original se ha conservado, aunque no en los diálogos o parlamentos, siguiendo los criterios del Catálogo, excepto cuando se pronuncian palabras latinas. Debemos avisar que en el impreso aparece siempre en mayúsculas el nombre de la protagonista de la hagiografía: “MARÍA la POBRE” así como el de “CHRISTO” o “JUANA RODRÍGUEZ”. Aunque nos hubiera gustado restituir el efecto visual que esta elección gráfica podía provocar en el lector, hemos optado por seguir criterios homogéneos con el Catálogo y hemos sustituido las maýusculas de la palabra por la mayúscula del nombre (por ejemplo, “Pobre”). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, se ha conservado sólo uno de los paratextos: la censura escrita por Francisco de Pisa. Ello responde a la voluntad de hacer manifiesta la relación entre este eclesiástico y Tamayo de Vargas, siendo ambos autores de sendas vidas de María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Portada] '''Vida de Doña María de Toledo, Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. (ir)] '''A la imperial ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a madre dichosa de tan bienaventurada hija debo justísimamente la relación de su vida, como el afecto con que la escribí en agradecimiento del favor que de todos sus naturales experimentan siempre mis cosas. Significo el deseo de no parecer desagradecido con la confesión de la deuda, y hácese esta gustosamente mayor con la paga de lo que es más suyo: pues nada por tal puede ser más agradable que su mismo nombre que la ''Descripción de sus maravillas''; nada de más autoridad que la ''Historia de sus arzobispos''; y nada de más estima que los ''Elogios de sus Ciudadanos ilustres en letras''; con que, recompensando parte del agrado con que me favorece, pretendo confirmar su excelencia en lo mayor de las naciones extranjeras en lo mejor de la nuestra. Este será el intento, sino el suceso, como ahora dar por seguridad de mis promesas esta, si pequeña prenda de mis deseos, muestra grande de sus obras. Parte corta es de su historia, pero principal. Tal la han calificado muchos escriptores ilustres en religión, doctrina y dignidad: sus pisadas he medido, deseoso de serles, como en el cuidado, compañero en el afecto. El reverendo Padre Fray Marcos de Lisboa, obispo de Porto, mostró el suyo a esta beata señora desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte de la ''Chrónica de la Orden de San Francisco''. Siguiole, no sin maravilla, en obra tan insigne el doctísimo Tomás Bocio, presbítero de la Congregación del Oratorio, en el Capítulo XXIII del libro XII, signo LVIIl” ''[1]'', como el reverendísimo Fray Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, III parte Monasteria ''[2]''; Fray Pedro de Salazar, desde el Capítulo XXIV hasta el XXVIII del libro V de la ''Chrónica de la'' [fol. (iv)] ''provincia de Castilla''; Pedro de Alcocer, libro I de la ''Historia de Toledo'' Capítulo XV; nuestros toledanos piadosos: el Maestro Alonso de Villegas, ''Flos sanctorum'', parte III, el Doctor Francisco de Pisa por tantos títulos de doctrina, religión, ancianidad venerable, parte I de la ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo'', libro V, Capítulo XXXVI) y más a la larga en el ''Tratado del instituto de la Orden Tercera'', cuya erudición igual espera presto la luz común. La verdad de tales escriptores apoyan las escripturas, privilegios, institución, donaciones, y otras memorias originales antiguas, que del archivo de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo he visto, como también una relación antiquísima de la vida desta señora de mano ''[3]'', y sin nombre de auctor, sacada (como se cree) de la que, enseñada del Cielo para solas cosas dignas d’él, escribió su devota compañera, y el ilustrísimo Dominus Fray Francisco Jiménez tuvo en gran veneración ''[4]''. No me ha animado menos otra escrita con tanto acierto como curiosidad por el Dominus Pedro de Salazar y Mendoza, canónigo de la ilustrísima Iglesia de Toledo, y muestra de las grandes obras que España le pide para su mayor ilustración. Auctoridad tan grande ha seguido mi piedad, que no es pequeña aprobación del sujeto, y disculpa del que le emprende, la unida conspiración de tan nobles escriptores. En lo que la averiguación (como en las acciones de la niñez) no puede ser puntual, ley es del historiador referir lo que debió o pudo ser; en lo que fue, hacerlo que campee con el adorno, no que se violente. Tal vez hablan por mí los auctores antiguos por mejoría, no por afectación u ostentación. Tal (aunque con cuidado decoro) doy título de Bienaventurada, de Sancta, a quien atribuyó virtudes o maravillas proprias solamente de los que lo son. No es nuevo, ni digno de censura, pues con los [fol. (iir)] dedicados a Dios nació este nombre. A Israel dice el mismo, ''“Viri Sancti eritis mihi”'' ''[5]'', ''“sancti estote”'', ''“quia ego Sanctus sum”'' ''[6]'', y David le alega para su defensa, ''“Custodi animam meam, quoniam Sanctus sum”'' ''[7]'', y San Pablo llama a los Christianos ''“Vocatos Sanctos”'' ''[8]'', nombre tan universal que comprehende en la sanctificación a los animales, vasos, vestimentos y lugares consagrados a Dios, como dice Orígenes. La precipitación deste aborto o parto de tres días ocasionó el temor de no verle mal tratar de algún fingido padre, como la ''Constancia del Gran Justo Lipsio'', que deseé gozara la nobleza española por mi medio, y Fray Hernando de Luján de la Orden de la Merced quiso, sin orden mía, prohijar a Juan Baptista de Mesa, hombre no conocido, salió en Sevilla este año otro en reconocimiento de algunas amistades no vulgares con que yo sin conocerle le serví. Saliera con su nombre y el de sus censores, y conociérase, o no desmembrado, y no se desconociera. O no saliera, como la Vida del mismo auctor y Notas a esta obra sacadas de todas las suyas, pues todo se hizo a un fin, y fuera término de honor y christiandad. Lastímame no la pérdida, que estimo en poco, sino la mala correspondencia, que no puedo dejar de sentir mucho y a Dios solo hago juez y vengador de nuestra verdad. También la tardanza de la promulgación de la que sigo en la ''Defensa de la Historia de España'', apoyada con tres sentencias del consejo supremo impedidas de relaciones siniestras, me ha obligado a buscar olvidos, hasta que Dios, en quien solo confío, se sirva de volver por la verdad y piedad de mi causa. Estas son las que me movieron a sacar a luz ahora esta niñería, como las superiores a desear solamente a los ciudadanos desta imperial ciudad por lectores de lo que es tan suyo, como lo confesará agradecido perpetuamente quien para ellos solamente lo escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Libro I. ''De la vida de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Origen, progreso y fin del estado religioso'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ser la naturaleza del bien si tal ''[9]'' que, si fuera capaz de aumento o disminución externa para su perfección la dejara de tener y perdiera el nombre, es cosa maravillosa que no tiene por excelencia igual a la promptitud liberal de su participación con los que le conocen el llevar tras sí los ánimos aun de los que le ignoran. A [fol. 1v] Dios summo y perfectísimo bien pudiera gozar de sí proprio solo en sí sin la compañía de las criaturas, mas como si necesitara su comunicación, no solo gustó de hacer de nuevo a quien vista su hermosura se fuese tras él, sino que dispuso los ánimos de los que poco antes había criado de nada, de suerte que ninguna cosa parece que pretendió más que su unión con ellas. ¡Oh propriedad forzosa del bien, oh fuerza propria del amor, aficionar no solo la voluntad, sino rendir el entendimiento; alcanzar no solo su aprobación, sino su seguimiento! Viose esto desde el principio de las cosas. Dio Dios ser al universo, hizo gobernador d’él al hombre; puso en este su conocimiento, diole con libertad la elección de lo bueno y de lo malo; no sujetó el juicio a la noticia de lo mejor, bastó darle la perfección de ella, sino la sujeción. Negósela el hombre rebelde a su hacedor, sujeto a su apetito. Pudo tal vez la hermosura cierta del bien más que la blandura lisonjera del mal. Huyó de uno llevado de otro. Cooperaron las obras del hombre a la promptitud de Dios y quedó por poses- [fol. 2r] sión y pueblo suyo unido con él y, como agradecido al gusto de su unión, trabajando siempre por no desunirse d’él. Quedó en fin (como transformado en el bien) hecho bueno, dando a este género de gente mejor el mejor principio en el del mundo. Enoch venerando a Dios con culto por religioso especial ''[10]'', hicieron lo mismo sus hermanos, hijos de Seth y nietos de Adam, vacando solo a Dios en habitaciones retiradas sin mezcla de la profanidad del vulgo. A su imitación, los hijos de Recab observaban los preceptos de su Padre tan puntualmente ''[11]'' que merecieron la alabanza del mismo Dios ''[12]''. Imitaron a los de la ley natural los de la escripta ''[13]'', teniendo por guía al Sancto Propheta Samuel, y él por compañeros a los demás prophetas en los puestos señalados de Galgala, Naioth o Ramatá, y riveras del Jordán. Llevó adelante la institución de Samuel el fervoroso Elías, siguió su celo Eliseo, su discípulo, tan fervorosamente que excedió el número de sus secuaces la capacidad del Carmelo, extendiéndose hasta el Jordán, y monte Efraín y ciudades Galgala, Betel, Jerusalén, [fol. 2v] Sarepta, Samaria, Jericó. Conservose este fervor hasta el divino precursor Baptista, cuyas pisadas veneraron los Pablos, los Antonios, los Hilariones, los Macharios, los Pafnucios, y las demás guías de los ejércitos de ángeles humanos, que acompañaban a los celestiales en las alabanzas perpetuas de su Criador ''[14]''. Hallaron ya estos sanctos en la ley de gracia apoyadas estas juntas con el ejemplo de Christo, y seguimiento de sus apóstoles y discípulos, autorizando en varias partes esta profesión personas de conocida nobleza: Techla en Grecia a persuasión de Pablo, Domitila en Roma a la de Clemente, la hija del Rey de Ethiopía a la de Matheo ''[15]'', y a ejemplo de todos en Francia, Martha, y otras que en Jerusalén halló la devota Emperatriz Helena. ¿Daremos otro nombre a aquella, si tierna en la fe, fervorosa unión de los que ufanos vivían con sola una alma, con solo un corazón? ¿La fórmula de la renunciación de las cosas del mundo no daba bien a entender cuán desarraigadas vivían dellas? ''[16]'' El modo de velar las vírgines, que tuvo principio del de los Apóstoles, y se confirmó el año de CXLVII por Pío I, Pontífice summo, ¿no es buen in- [fol. 3r] dicio desta abnegación de los bienes y gustos de la Tierra por la estima de los del Cielo? Seguían hasta estos tiempos los impulsos de Dios y mandatos de sus superiores estas fervorosas juntas, unas de un modo, otras de otro, y todas perfectísimamente, hasta que la doctrina de San Antonio en Egypto fue haciendo la regla ''[17]'', que después escribió en Capadocia San Basilio ''[18]'', aprobó en Milán San Ambrosio, y dilató San Augustín en África ''[19]''. Llegó este estado a la última perfección con el ejemplo del glorioso Padre San Benito, y de sus bienaventurados discípulos Mauro y Plácido, y años después con el de Oddón, Abad de Cluní, de Romualdo de la Camaldula, de Juan Gualberto de Valdeumbrosa, Roberto I Estephano del Cístel, Bernardo de Claraval en diversos tiempos, y debajo de la regla de San Benito, y algo después con el de Bruno el de la Cartuja, y el de otros, que con la sanctidad de su vida, como partícipes del primero y summo bien atrahían a otros a él y a sí, deseosos de mayor perfección. No parecían muriendo siempre en cosa mortales. Vivían de milagro transportados en lo que no eran y para quien habían nacido; solo con Dios tenían sustrato, abor- [fol. 3v] recían el de los hombres, como si fueran ellos de otra naturaleza, temiendo que el cáncer de sus malas costumbres no corrompiese la sanidad de la suyas. Este era su intento. Siguiéronle otros con igual celo, si con menos retiramiento, pareciéndoles que el verdadero no consiste tanto en el del cuerpo, como en el del afecto, no tanto en la huida exterior de las cosas ajenas como en la interior de sí proprios, fiando en el que les daba el celo, que les daría valor para hollar sin lesión el fuego mismo y los animales ponzoñosos, por descalzarse de todos los afectos que les podían apartar de su Criador. Unieron a las ciudades, y afuer del Sol, que sin daño suyo ilustra aun las partes más inmundas, despidieron los rayos del fuego divino que, como a Elías, les trahía arrebatados de sí mismo en los corazones más tibios, dejándoles purificados de sus immundicias y hechos cherubines abrasados en el amor de Dios ''[20]''. Juntáronse con los primeros, y como la materia del fuego conserva más en sí el calor junta que esparcida, vino a ser el incendio tal, que ya las ciudades competían con los desiertos. Fueron los primeros auctores deste género de vida † ''[21]'' años des- [fol. 4r] pués los bienaventurados patriarchas Domingo y Francisco, y a su imitación los demás, cuyos hijos hoy vemos florecer en virtud y letras para tanto honor de Dios y provecho del mundo: tanto puede la hermosura del bien, que obliga arrebatadamente a que le conozcan; tanto sin conocimiento, ¡que fuerza blandamente a que le sigan!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Elección de Dios de todos estados para el de la Religión. Nobles en sanctidad y linaje en la de San Francisco. Sujeto y fin deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiere Dios que todos le sigan. Repugna la imperfección de nuestra naturaleza depravada por el pecado a la sinceridad perfectísima a que a Dios nos lleva. Vence a veces la carne, muchas el espíritu, quedando [fol. 4v] de sus luchas en Dios gozo del vencimiento deste por nuestro bien, y en nosotros humildad con la fragilidad de aquella, por la obediencia a Dios. De uno y otro resulta gloria a Dios, provecho a nosotros, por llevarnos el conocimiento de nuestra miseria al de la necesidad que tenemos de quien nos da la vida, el movimiento, el ser. Anima Dios la desconfianza de los flacos con la variedad de los ejemplos de otros de su género y, aunque no admite excepción de personas, echa a veces la mano al poderoso del mundo para que su ejemplo mueva a sus iguales y por que se vea que el verdadero poder consiste en la abnegación del falso. Otras la extiende al desecho del mundo para confusión de lo estimado y para que se conozca que su providencia se extiende aun a lo más olvidado. Vense ejemplos de una y otra elección en todas las religiones y no es menor maravilla verse ensalzada la humildad de un pobre en todos los bienes que la fortuna llama suyos que desearse humillar un rico, un noble, un letrado. Es el estado mediano entre los humanos más commún, y así causan menor admiración sus sucesos. Pero ¿a quién no admirará ver postrar a los pies de la hu- [fol. 5r ''[22]''] mildad la grandeza de las Coronas, y desear más vivir sujeto a la voluntad de un solo superior, que ser obedecido de todo un reino? Efectos maravillosos de la excelencia del bien, que atrahe a sí con amoroso imperio los ánimos que llegan a conocerle. Que a la ternura de una doncellica no contraste el regalo, y a los gustos aún lícitos ponga acíbar el conocimiento de Dios, ¿qué puede ser sino fuerza de su bondad? Deja Inés las riquezas de Orechio, su padre, rey de Bohemia ''[23]'', y los regalos de Frederico II, emperador de Alemania, su esposo, por seguir al padre y esposo de las almas puras, Christo, debajo de la regla de su Bienaventurado imitador Francisco. No repara Blanca en ser primogénita de Philipo Pulcro, rey de los Francos; olvídase de su padre Rodulpho, emperador, Coleta; no corrompen la constante determinación de Constancia los bienes de Frederico Emperador su abuelo, y amores de Don Pedro, rey de Aragón, su marido; no distrahe la vanidad del mundo a Salomé, hija del rey de Polonia. No entibia el fervor de Isabel la grandeza del Imperio de los Romanos y de Carlos IV, rey de Francia y emperador de Alemania, su marido, no a [fol. 5v] Blanca el Reino de Francia, no a Sancha Roberto, rey de Nápoles, su esposo; no a Doña Leonor de Quiñones, a Doña María de Mendoza, a Doña Ana Ponce de León, y a otras ilustrísimas señoras la delicadeza de su género, la celebración de su hermosura, la riqueza de su patrimonio, y la nobleza de sus padres a que lo pospusiesen todo por Dios a los pies de Francisco, cuyas pisadas tanto procuraron seguir. No últimamente todas estas apariencias del mundo a divertir de sus sanctos propósitos a la ilustrísima Doña María de Toledo por sangre de las más generosas, y por rica de las más hacendadas de España, a que, a ejemplo de las pasadas, le dejase a las venideras de su admirable vida ''[24]''. De los sucesos desta hago humilde relación, no ambicioso, ostentación de sus alabanzas, porque ¿quién podrá dar alcance a la soberanía de sus méritos con la vileza de su insuficiencia? ¿Qué fin el espíritu del sujeto que emprendo infundido por ella o imitado del que hoy admiramos en sus religiosas hijas mal podrán las obras satisfacer al deseo? Vos, señora, celestial espíritu, perdonad la rudeza del estilo por la sinceridad del afecto: y sea género de alabanza vues- [fol. 6r] tra, como ninguna es mayor que no poder ser dignamente alabada ''[25]'' sino por vos misma, consentir serlo de quien es tan indigno de toda alabanza. A vuestra piedad será fácil la ayuda, como a mi veneración permitido proponer la hermosura de vuestras virtudes para caudal de los que las imitaren. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Nobleza de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Los hombres, a quien sola la antigua memoria de sus mayores dan nombre de nobles, son como los cipreses, superiores a los demás, pero sin fructo: son lienzos, que tienen la estimación en los colores, no la alma, de que no son regidos. Es verdad que los fuertes nacen de los fuertes ''[26]'', y nunca fue fructo de la generosidad del león el miedo de la liebre; nunca de la grandeza del águila el encogimiento de la paloma y, aunque es insigne la alabanza de la nobleza del linaje, da la me- [fol. 6v] jor ser la de la virtud, porque la una es sin duda ajena, la otra merecidamente propria ''[27]''. Porque al que se da por rico, no a él sino a la fortuna se atribuye; a quien la tiene por valiente, la enfermedad la gasta; a quien por hermoso, la edad la roba; del que la merece por virtuoso, es la alabanza cierta ''[28]'', por ser solo de quien lo es, pues posee lo que no heredó de sus mayores, ni pende del caso, ni se muda con la edad, ni se acaba con el cuerpo. Hermosea maravillosamente el oro de la nobleza el esmalte de la virtud y aúnanse tan amigablemente estas dos dotes natural y divina que la virtud ilustra la nobleza y la nobleza hace que capee más la virtud. Es como natural al noble ser bueno, y como violento dejarlo de ser; como accidental al humilde serlo, y natural dejarse arrastrar de su bajeza. Pero si este es virtuoso, es noble; y si al noble corrompen los vicios, falta también la propria nobleza. Mas al que la sangre generosa hace estimado y la virtud heroica venerado, ningún título falta de alabanza, y en los tales, como para ejemplo se cuentan sus virtudes, para calificación dellas no es justo se olvide su nobleza. La de Doña María de Toledo iguala a su virtud, excediendo esta a aquella, que es [fol. 7r ''[29]''] el mayor encarecimiento que dentro de los límites de la verdad se puede hacer. Porque ¿qué sangre hay en España insigne por antigüedad de hazañas, o qué casa ilustre por privilegios de sus mayores que no esté en las venas de Doña María de Toledo, que no reconozca por su igual a la de sus padres? ¿Qué digo en España? En casi la mayor parte de Europa. Porque no solo nuestros Cathólicos Reyes, sino los christianísimos de Francia, emperadores de Alemania, príncipes de Danemarch, Inglaterra, Polonia, y Transilvania, se glorian de deudo tan de honor. Como los Duques de Baviera, Florencia, Saboya, Mantua, Montferrato, Ferrara, Parma, Placencia, Cleves, Juliers, Lorena, Melchemburg, Conde Palatino del Rheno, de Bragança, Medina Sidonia, Gandía, y los Marqueses de Brandemburg y Badena por las líneas reales; como por el apellido de Toledo los duques d’Alba, condes de Oropesa, de Orgaz, marqueses de Villafranca y Caracena; señores de Higares, de las Cinco Villas, de la Horcajada de Galues, Jumela, Biedma, y otras innumerables. De la misma manera se precian de Toledos otros ilustrísimos señores de España, como el con- [fol. 7v] destable de Castilla, el Almirante, los duques de Arcos, de Feria, de Béjar, de Alburquerque, Osuna, Escalona, los Marqueses de Priego, Malpica, Velada, las Navas, Astorga, Moya, Povar, Mirabel, Hardales, Orellana, Algara, d’Este, Fuentes, Santacruz, la Vale Siciliana, Cerralvo, Valle, Cerrato, los Condes de Alba, de Benavente, de Medellín, de Cifuentes, de la Puebla, de Santisteban, de Teba, de Montalbán, de Montijo, Arcos, Añover, Buendía, Fuensalida, Luna, Osorno, de la Gomera, Chinchón, Altamira, Peñaranda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras ilustrísimas casas tienen parentesco cercano con esta, y se glorian de tener sangre de la de Doña María, como en otra parte probaremos más a la larga, que aquí solo pretendemos dar noticia de su mucha nobleza, no deslindar las genealogías de tantos señores, obra para mayores fuerzas y ocupación de más tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Relación breve de la nobleza de la casa de Toledo'''&lt;br /&gt;
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A fuer de los que en la estrecheza de una sola tabla se atreven a abreviar la grandeza del mundo con menoscabo alguno de su variedad ''[30]'', bien que sin daño de la verdad, me avendré yo en este capítulo, reduciendo a relación breve lo que ocupa las mayores a mejores chrónicas de España. No ignoro la diversidad de opiniones que en la antigüedad de la ilustrísima casa de Toledo hay, ni pretendo preferir mi particular sentimiento a las sentencias communes: solo diré en summa lo que tengo por más cierto, como observado de los papeles de más curiosidad que hay en estos reinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la más recebida opinión de la antigüedad desta casa la da por principio al conde Don Pedro en tiempo del [fol. 8v] rey Don Alonso el VI, que ganó a Toledo, no averigua seguramente quién era este conde, ni de adónde vino. Vese la inconstancia destas opiniones en el libro antiguo de los linajes del conde Don Pedro, donde ya le hacen descendiente de los godos, ya hermano de un emperador de Constantinopla: y cuando Fernán Perez de Guzmán lo refiere, duda en la auctoridad del libro adonde lo leyó. Otros le señalan nombre llamándole Paleólogo ''[31]'': pero la diferencia de los tiempos les convence bastantemente, por haber sido este apellido mucho después usado entre los emperadores de Constantinopla; verifícase esto con el nombre de la casa de los Conenos que tenía este imperio en tiempo del rey Don Alonso: de suerte que, si fue cierta esta venida del conde a ayudar al rey no había de ser Paleólogo sino Coneno. A esta duda puede satisfacer una aparentísima conjectura que, sin duda, algún gran señor descendiente de los godos emparentó con alguno de los emperadores de Constantinopla, de quien el conde procedió, pues las opiniones comunes se diferencian en esto. Lo cierto es que el apellido de Toledo excede la antigüedad [fol. 9r] de los condes de Castilla, porque en tiempo del conde Don Sancho se sabe que floreció un caballero, cuyo sepulcro hoy se ve en Oña, llamado Gutierre Rodríguez de Toledo, que fue su camarero mayor, oficio solo dado a grandes señores ''[32]''; y pudo ser que el conde Don Pedro tuviese origen deste caballero Gutierre Rodríguez de Toledo, nombre continuado en muchos deste solar. Es también prueba de su grande antigüedad que el rey Wamba tuviese también este apellido ''[33]'', o ya por la ciudad insigne deste nombre, o por deudo con los caballeros desta casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cualquier manera que sea, ningún indicio hay mayor de su antigüedad que la ignorancia de su principio, y colígese bien destas incertidumbres que, cuando ganaron a Toledo los moros, quedó en esta ciudad alguno desta casa entre ellos, como se sabe de los mozárabes que hasta su restitución vivieron en ella; y cuando el rey Don Alonso la ganó, los moros se recelarían de los deste solar por no tener que guardar entre sí mismos, y ellos en tiempo del cerco no osarían vivir entre los moros, y así saliendo fuera de la [fol. 9v] ciudad, y ayudarían al rey como tan grandes y valientes caballeros. Estas, si conjecturas, fundadas en grandes verdades. También se cree haberle hallado en este cerco otro hermano del conde Don Pedro, llamado Gutierre Suárez, de quien descienden los Suárez de Toledo, indicio claro de que serían más los deste apellido en aquel tiempo, que el rey obligado a su ayuda les aumentaría la hacienda y preminencias en la ciudad, en cuya restitución tenían tan gran parte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta nobilísima casa una de las más extendidas que hay en España, porque fuera de los Álvarez de Toledo, que trahen por divisa los escaques blancos y azules, y son sus estados el Ducado de Alba, marquesados de Coria y Villafranca, condados de Oropesa, Salvatierra, y otros infinitos señoríos, hay otros que se llaman Suárez de Toledo y Garcías de Toledo, con diferentes divisas, y cuyos estados son antiquísimos y riquísimos, y que se cree ser también descendientes del conde Don Pedro; hay también Martínez de Toledo, Gutiérrez de Toledo, Sánchez de Toledo, Díaz de Toledo, y Núñez de Toledo, y [fol. 10r] muchos más que al apellido simple de Toledo no añaden patronímico alguno, como aquel ilustre caballero Juan de Toledo que, en tiempo de los Reyes Cathólicos, se señaló tanto en la empresa de Alhama, y el otro su igual Marcos de Toledo en la de Malta, y otros muchos, que son la principal materia de nuestras historias ''[34]''. A esto general desta casa añadiré con brevedad lo que desde el conde Don Pero hasta Doña María de Toledo nuestra materia he averiguado. &lt;br /&gt;
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Floreció este conde, como se ha dicho ''[35]'', en tiempo del rey Don Alonso el VI, de quien el barrio que hoy llaman de Rey por descender él de los de Grecia, y en que vemos las casas deste apellido, con otros grandes heredamientos, recibió en agradecimiento de lo que en la toma desta ciudad le ayudó. Fue su hijo Illán Pérez ''[36]'' primer alcalde mayor de Toledo, electo como sus sucesores a persuasiones de los caballeros castellanos, a quien hizo el rey mercedes en esta ciudad, porque, habiéndose gobernado por las leyes de los godos y que hoy se llaman del Fuero Juzgo las seis parrochias mozárabes que en [fol. 10v] ella se habían conservado, quisieron ser juzgados por las de Castilla. Este caballero casó con Theresa Bermui, de quien tuvo a Pedro Illán ''[37]''; deste y de Urraca Pérez fue hijo Illán Pérez ''[38]''; deste y de Troila Núñez, Don Esteban Illán ''[39]'', que tan valerosamente alzando en la torre de San Román que él había fundado, y adonde están sepultados muchos de sus sucesores, pendón por el rey Don Alonso el IX, cuyas rentas llevaba el rey Don Fernando de León su tío, le entregó la ciudad, y venció a Don Fernando Ruiz de Castro y a sus secuaces de suerte que los echó de la ciudad. Y por sus servicios le hizo el rey merced de la tenencia del alcázar, y de otros castillos. El mismo valor mostró echando al rey de Córdoba que, con poderoso ejército, se había entrado en el Reino de Toledo; y replicó al pecho que el rey Don Alonso el IX quiso imponer a la hidalguía, porque mereció que la ciudad conservase su memoria en la representación de su persona armada y a caballo, que, renovada con la renovación de la Iglesia, dura hasta hoy en esta de Toledo ''[40]''. Fue su hijo mayor Juan Estebáñez ''[41]'', y deste, Juan Háñez ''[42]''; deste [fol. 11r] García Álvarez ''[43]'', que fue el primero que de los descendientes del conde Don Pedro, conservó el nombre de Toledo, aunque en algunas ruinas antiguas se llama Hernando. Tuvo la voz del rey Don Alonso el Sabio, cuando el Infante Don Sancho se apoderó de la mayor parte del reino de su padre, y, puesto en él, murió este caballero ''[44]'' y su hermano, Juan Álvarez, con gran dolor de toda la ciudad, por tener por injusta su justicia. Quedó Fernand Álvarez de Toledo, ''[45]'' su hijo, que sirvió valerosamente al rey Don Alonso el XI. Sus hijos Don Garci Álvarez de Toledo ''[46]'' y Don Fernando Álvarez de Toledo, grandes favorecidos sin mudanza, que no es poca maravilla en aquella era del rey Don Pedro, y en la revuelta deste rey con su hermano Don Henrique, por vía de concierto le hicieron merced de las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos, y el Barco con su tierra, y cincuenta mil maravedís de juro, y después la villa de Jarandilla y la de Cabañas y su tierra, renunciando el Maestradgo de Sanctiago que el rey había dado a Don Garci Álvarez, que fue mayordomo del Infante Don Henrique su hijo, en Don Gonzalo Mejía, por gusto de Infan- [fol. 11v] te Don Henrique; heredole su hermano Don Hernando Álvarez. En el repartimiento de los estados difieren el libro de los linajes del conde Don Pedro y la ''Chrónica de la Orden de Sanctiago'' ''[47]'', pero lo cierto es que se continuó en sus hijos el señorío destos estados. Fue el primer mariscal, en compañía de Pedro Ruiz Sarmiento, que hubo en Castilla. Sucediole Don Fernando Álvarez, que fue tercer señor de Valdecorneja en tiempo de Don Juan el I y Don Enrique el III. Sucediere Don Fernandálvarez, su hijo, en el de Don Juan el II, de quien recibió la villa de Salvatierra, como su tío Don Gutierre Álvarez de Toledo, I arcediano de Guadalajara, obispo de Palencia, y arzobispo de Sevilla, y después de Toledo, la villa de Alba de Tormes, que después le dio a su sobrino con vínculo de mayoradgo, y el rey le dio título de conde ''[48]''. Ganó de los moros las villas de Benamaurel, Bençulema y Castril, orlando sus armas con las banderas que quitó por su mano a los moros de Écija y Jaén. Fue, pues, Garci Álvarez de Toledo hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo, nieto del maestre de Sanctiago, III señor de Oropesa, contando por primero a su padre, y por segundo a [fol. 12r] su tío, viniendo a ser Don Garci Álvarez IV ''[49]'' y nieto XI del conde Don Pedro. Casó con Doña Elvira de Ayala, hija de Diego López de Ayala ''[50]'', de quien tuvo a Garci Álvarez, que le sucedió ''[51]'', a Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, a Diego López de Ayala señor de Cebolla, de quien descienden los señores destos estados, y a Juan Álvarez, maestrescuela de Toledo. Pedro Suárez de Toledo casó con Doña Juana de Guzmán, de quien nasció Pedro Suárez de Toledo, conmendador de Otos, y a Doña María de Toledo, fundadora del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo de la Orden de Sancta Clara, y a Doña Leonor de Toledo, en quien quedó la sucesión del estado.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Nacimiento y niñez de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Doña María de Toledo nació en el corazón de España, la imperial ciudad de su nombre Toledo, colo- [fol. 12v] nia antigua de los romanos, asiento noble de los godos ''[52]'', fuerte por sitio, noble por antigüedad, celebrada por sus ingenios, temida por sus armas, respectada por su nobleza, admirada por su poder, feliz por su religión, y felicísima por la muestra que dio della con el fructo desta señora por los años de la redempción del género humano de MCDXXXVII, teniendo la silla de San Pedro Eugenio, IV pontífice máximo, Sigismundo la del imperio de Alemania, y la de España Don Juan el II. &lt;br /&gt;
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Nació para gloria de Dios, gozo de sus padres, ejemplo de su siglo, admiración de los venideros, y provecho de muchos: porque el nacimiento de los justos es ocasión de la alegría de todos ''[53]'', por el bien común que consigo trahe, siendo la justicia virtud común. Y así como en su nacimiento se da con tiempo señal de su vida venidera, se señala la gracia de su futura virtud con la alegría anticipada de los que lo saben. Fueron sus padres Pero Suárez de Toledo y Doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, ilustres, como en el linaje, en la religión. De uno y otra, aun en su tierna edad, dio muestras su hija en su inclinación natural a todo géne- [fol. 13r] ro de virtud. Alegró con las gracias mudas de la niñez a sus padres María, pero mucho más con las que, aun balbuciente, daba a entender que conservaba en su corazón para el tiempo que con claridad las pudiese manifestar al mundo. Excedía la gravedad de sus maduros ejercicios la capacidad de sus años tiernos; no daba a la edad aún lo que de derecho era suyo. No había fructo de virtud que en ella no manifestase con anticipación su semilla. Eran sus consejas provocadoras del sueño de los niños, los ejemplos de los sanctos incentivos de la quietud de la gloria; su trato de amigas, el de los que la religión hacía venerables; sus fiestas, la celebración de las de los sanctos; sus juegos, el gozo que a Dios resultaba de sus oraciones; sus ejercicios más de gusto, la misa, el rosario, la abstinencia, la limosna, y todos los que la piedad christiana aconseja para la perfección, y en que pone Dios el sabor del Cielo, que ni el paladar humano sabe discernir, ni de cuyas alabanzas el oído, ni de cuya estima el corazón mortal son capaces. Crecía con el verdor juvenil del cuerpo el fruto maduro del alma, de manera que llevaba tras sí la religiosa vir- [fol. 13v] gen los ojos de todos. Era el amor de sus padres, la alabanza de sus deudos, la estima de sus criados, la admiración de sus vecinos, y todo tal que todos hallaban en ella que amar venerando, y que venerar amando. Era su condición apacible, sus palabras miradas, su alegría grave, su hermosura honesta, su ayuda liberal, su liberalidad prudente, su prudencia sencilla, y todas sus partes como prevenidas del gusto de Dios para sí. Tres cosas campeaban maravillosamente en este como bosquejo de la perfección mayor que había de alegrar los ojos de Dios y atraher los de los hombres: el menosprecio varonil de la vanidad y niñerías del mundo, alegrándose más con el adorno honesto que con las galas profanas del cuerpo, presagio manifiesto de la mudanza rara que después admiró en su vida. La piedad con que acudía a los necesitados, quitándose de su sustento lo que podía entretener la hambre del pobre. El afecto al trato con Dios, para que andaba siempre como falta de tiempo, hurtándole de todas las ocasiones que el gusto la ponía delante. Todos eran ensayos breves de su larga vida: toda centellas, si pequeñas, misteriosas del in- [fol. 14r] cendio, que el amor divino iba fraguando en el corazón deste cherubín para abrasar en él la tibieza del mundo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Cásase a persuasión de sus padres'''&lt;br /&gt;
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Como ha de ser la virtud, para su fructo, patente a los ojos de todos los que la ejercitan, estiman para su recreo el retiramiento: considéranse espejos y temen que el aliento los obscurezca; flores, y no quieren que el tacto los robe el olor. Que la vanidad de la vista ajena es mancha, es contagio de la virtud propria. Temen su quiebra los que saben su estima, y así retirados labran en sí lo que, hecho al toque del impulso de Dios, pueda después ser como aprobado por todos, pretendido. Tenía aun de su misma madre encubierta gran parte de los ejercicios que la sinceridad de los que no podía ocultar aseguraba y, aunque obedecía a su gusto co- [fol. 14v] mo al de Dios, por saber que siempre era uno mismo, y no hacía acción que no la regulase con él, previniendo siempre su consejo, en las que sin su consulta hacía, se persuadía fácilmente que, por ser ordenadas a mayor perfección, serían virtualmente incluidas en las que no faltaba la aprobación de su buena madre. Tal vez liberalmente se quitaba el subsidio que a la ternura de la niñez previenen a menudo las madres, compadecida de la necesidad ajena y deseosa de la mortificación propria. Tal, a solas hacía actos de menosprecio de las riquezas temporales por habituarse a athesorar en su corazón las celestiales, quitándose los vestidos que su estado contra su voluntad la forzaba a traher. Tal, los ratos que en la opinión de todos daba al sueño o al entretenimiento daba entretenidísima a la oración, a la meditación. Pero mal puede dejar de dar resplandor la luz sobre el monte, mal encubrirse el fuego en el pecho, mal no derramarse la suavidad del aroma en el sentido de los circunstantes. Guardábase María cuidadosamente, descubríase su virtud sin cuidado. Veneraban sus padres lo que amaban, ufanos de serlo de tan buena [fol. 15r] hija, contemporizaban con sus justos propósitos, y hacía su bondad que disimulasen aun en lo que el amor natural no permitía de aspereza: deseaban fructo igual a ella, viendo dilatada su virtud por la generación lícita en más. Pero ella aborrecía el nombre de esposa, como otras le apetecen, contenta con serlo del que solamente lo es de las almas puras, sabiendo que la hermosura principal de las mujeres es la castidad del cuerpo, que realza sobremanera la pureza del deseo, no la carga que a la del matrimonio sigue, no los temores del parto ''[54]'', podiendo gozarse reina de las mujeres esclavas de su apetito, enderezando los ojos del alma a aquella vida donde se hacen gloriosas y verdaderas bodas, donde la concepción son consuelos de Dios; el parto, meditaciones ordenadas a él. A tan piadosas repugnancias hacían fuerza sus padre con su gusto, con sus deseos, advirtiéndola que la virtud de la castidad es en tres maneras: una del matrimonio, otra de la viudez, la tercera de la virginidad ''[55]''; y que no porque se encarezcan las alabanzas de una, se condemna el uso de las otras; porque cada una tiene su profesión: y en nada se ve [fol. 15v] la riqueza de la doctrina de la Iglesia más que en tener a quién preferir, y en no tener a quién desechar, pues alabamos de suerte la virginidad que no vituperamos a la viudez. Así estimamos a esta que no desdoramos el honor del matrimonio. No siendo estos preceptos nuestros, sino testimonios divinos con los ejemplos de María ''[56]'', de Anna ''[57]'', y de Susanna ''[58]'' confirmados. Hacía a la deseosa de su entereza fuerza el imperio amoroso de sus padres, mas respondíales, humilde, que mirasen que, pues la pureza de las vírgenes es un género de parte angélica ''[59]'', una meditación de incorrupción perpetua en carne corruptible, era justo la cediese la fecundidad de la carne, la honestidad del matrimonio, y que sin duda tendrán en aquella commún immortalidad alguna cosa más que los demás los que han conservado algo no carnal en la misma carne. No pudieron contrastar los honestos propósitos de Doña María la fuerza de los naturales deseos de sus padres. Inclinó el cuello a su voluntad, creyendo ser la de Dios, y no le rehusó al yugo del matrimonio, que pretendió lo mejor de España tanto por la nobleza de su linaje y por el agrado de su hermo- [fol. 16r] sura, cuanto por la fama de la virtud que ponía a una y otra en su última perfección, y a todos cudicia de su participación. Cupo la dichosa suerte a Garciméndez de Sotomayor, caballero andaluz y señor del Carpio, no menos rico que ilustre, a quien como a carne de su carne y cabeza de sus miembros siguió dejando a sus padres, si llorosos por su absencia, contentísimos por la satisfacción que de su estado nuevo el pasado les prometía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Vida de casada y muerte de su marido, consuelo varonil en esta, y paciencia prudente en aquella'''&lt;br /&gt;
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Como fue ejemplo de doncellas Doña María en la casa de sus pares, fue espejo de casadas en la de su marido. Tenía a Garciméndez de Sotomayor por compañero en el estado, no en el deleite, amábale como a hermano, obe- [fol. 16v] decíale como a señor, venerábale como a padre, y regalábale como a esposo. Mas, entre los deleites lícitos del matrimonio, no olvidaba los ejercicios antiguos de la virtud. Antes al paso de los cuidados domésticos nuevos crecía el uso de las ocupaciones virtuosas pasadas, pareciéndole correría por cuenta de su ejemplo la reducción de su marido, la enseñanza de sus vasallos, la crianza (si Dios se los daba) de sus hijos, y las costumbres de sus criados. No había necesidad que no socorriese, no trabajo que no procurase aliviar, no enfermo a que no acudiese, no religioso a que no acariciase, no desnudo que no vistiese, no pobre que no alimentase, no últimamente obra buena que no debiese su ser a sus manos. Teníala el huérfano por madre, el necesitado por hacienda, el enfermo por salud, y todos por todo lo que de la piadosa liberalidad y nobleza virtuosa toma nombre. Regalábase Dios con tan perfectas acciones y regalábala con abundancia de favores. Mas para prueba mayor de los quilates de su virtud tenía el toque de la condición áspera de su marido. Era este caballero menos afable que noble, menos blando [fol. 17r] que virtuoso, menos acariciador de su esposa que estimador de sus raras partes. Era en fin seco de natural, extraño de condición, áspero en las palabras, desapacible en el trato, y corto en el agradecimiento que debía al Cielo por el favor que con compañía tal le hizo. Dependía esto más de su desabrimiento natural que de razón o ocasionada o afectada. Habíalo permitido así Dios para prueba de su querida. Acrisolábala en el fuego lento deste disgusto para que pudiese después parecer la fineza de sus obras a los ojos de los ángeles gozosos, de los hombres imitadores, y de los demonios invidiosos. ¡Oh, sabiduría de Dios, que dispone los medios suavemente ordenados al fin de su gloria y provecho nuestro! Combatían la blandura de Doña María y la aspereza de Garciméndez; la altivez del espíritu deste y la sumisión del de aquella; la piedad de la una y la sequedad del otro; y siempre parecía que, deseando ella no apartarse un punto de su gusto, le daba en rostro con todo cuanto hacía. ¡Tanto puede la desemejanza de los naturales! Mas ella sacaba destos combates victorias de paciencia, y él, si no emien- [fol. 17v] da por ser natural, estima; y Dios el fructo que pretendía en ella de prueba para adelante, y en el de templanza de su condición para el estado presente. &lt;br /&gt;
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Vivieron siete años desta manera sin el fruto con que a los padres hace Dios llevadera la carga del matrimonio. Esperábanle deseosos de la continuación acrecentada de su casa, pero Dios, que había de hacer otra mayor y mejor, tal como suya, aunque dilataba su gozo particular, prevenía el común. Los padres de Doña María, amorosamente impacientes de la absencia larga de su hija, alcanzando licencia de su marido, con sentimiento de sus vasallos, que temían echar presto menos las obras buenas de su señora, la recibieron en Toledo con regocijo universal de todos sus ciudadanos, que tenían en la memoria las acciones maravillosas de su niñez. &lt;br /&gt;
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Salen en el mundo a recebir los gustos, las adversidades, y encadénanse, de suerte que el fin del gozo es el principio de la tristeza, y así alternan sin descanso perpetuamente sus acciones. Siguió al gusto que con sus padres Doña María tuvo el dolor [fol. 18r] que con la nueva de la muerte de su marido poco después la dieron, y así postrada a los pies de Dios decía: “Vuestra posesión soy, Señor; Vos me quitáis lo que me distes. No deseo tanto yo mi bien, como Vos le disponéis: hágase vuestra voluntad sin repugnancia de quien es vuestra criatura. Para morir nacimos, para Vos habemos de vivir. Sírvase Vuestra Majestad de tener en su Reino a quien me distes por compañía, y de enderezar mis acciones a que yo os merezca, y pues me habéis hecho libre, queredme para vos, pues es la verdadera libertad vuestro servicio”. &lt;br /&gt;
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Acompañaban el sentimiento justo de Doña María con el suyo sus padres, pero ella sacaba de las mismas adversidades razones de consuelo para ellos y de provecho para sí, enseñando a tener por bien hecho en las manos de Dios lo que en el sentimiento de los hombres duele, pues quien los hizo para su bien, no les dará cosa que les esté mal. Y el querer atar a nuestro gusto su poder, y escudriñar con nuestro limitado caudal sus soberanos juicios, es sentir arrogantemente de nuestra miseria, bajamente de su soberanía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Ejercicios corporales de virtud en la viudez'''&lt;br /&gt;
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Libre ya de todo lo que la tenía como violenta ''[60]'' su fervor, dio principio a la vida para que tantos años antes en tan diferentes estados se había preparado. Desechó las galas que por el gusto de su marido, casada, y de sus padres, doncella, había trahído, y aunque las principales con que se adornaba eran la honestidad y vergüenza ''[61]'', quedándose con la perfección destas, trocó la bizarría de las otras en un hábito humilde, dando a su cuerpo en vez de las camisas blandas una túnica de sayal áspera, y de los brocados y sedas de las ropas un saco vil de paño pardo, y a su cabeza un manto tosco todo pobre, si limpio, y más para cubrir los miembros que para abrigallos. Hicieron lo mismo muchas de sus criadas sin dificultad, porque los ejemplos tantas veces como vistos, admirados en su seño- [fol. 19r] ra, las tenían reducidas a su imitación. Que esta es la fuerza blanda de la virtud que no solo aprovecha a quien la ejercita, sino que conduce a sí a quien la ve ejercitar. Eran sus ejercicios ordinarios visitar los hospitales, considerar en cada uno de sus enfermos a Jesuchristo Nuestro Señor y acudir como a él a ellos. Hacíales las camas, quitábales los malos olores, curábales las llagas, y sin horror alguno -antes con particular consuelo del Cielo se las besaba-, proveía de suerte sus necesidades que la sucedió muchas veces dejarles hasta las mismas tocas de su cabeza, volviendo a su casa cubierta con solo el manto. ¡Tal era su fervor! No había huérfana en la ciudad que no hallase padre y madre en ella, saliendo de la hacienda de Doña María el dote de sus casamientos. No fiaba de diligencia ajena el remedio de las necesidades de las personas, a que la vergüenza las hacía mayores, sino por sí misma diligentemente las averiguaba, y por sí misma liberalmente las socorría. Extendíase la luz de su claridad aun adonde la del sol no puede entrar, no dejando en las mazmorras de Argel christiano que no gozase de la libertad por su liberalidad. Confe- [fol. 19v] saban aun no hablando los niños que commúnmente se llaman expuestos, y a quien desampara la piedad de sus padres por necesidad, o por infelicidad, las entrañas de madre que hallaban en esta señora sustentando amas que les alimentasen hasta que ella pudiese en edad mayor aplicarlos al ejercicio, que más le parecía conveniente al servicio de Dios y tal vez ella por su persona los llevaba debajo de su manto hasta que con seguridad los entregaba a quien con regalo cuidase dellos. Iba a las cárceles y componía las deudas, solicitaba las causas de los pobres, aliviaba con liberal socorro la desesperación de los condemnados a mayores penas y procuraba reducir a mejor vida a los perdidos. Compadecíase de los trabajos de todos y, fuera del remedio de su necesidad, acudía a su consuelo con el sentimiento del dolor ajeno como si fuera proprio, que es género de medicina al doliente ver en otro quejas de su congoja ''[62]''. Finalmente, no había estado de gente en la ciudad que no tuviese que agradecer a la piedad desta señora sierva de Dios. El cuidado que ponía en remediar las necesidades de las almas no era desigual al que [fol. 20r] ejercitaba en las de los cuerpos; antes este era en orden a aquel, y uno y otro enderezados al conocimiento y confesión de Dios. Tenía tal gracia con todos que aun los que no querían dejarse obligar a mirar por sí, en tratándoles Doña María, lo quedaban voluntariamente a la entienda de sus vidas. A las mujeres, a quien la fragilidad o necesidad trahían perdidas, hacía confesar, y para emienda de una y otra daba hacienda para vivir honestamente, o ponía en retiramientos religiosos con ayuda suficiente para su vida. Prevenía la seguridad de las consciencias de los enfermos que visitaba con la preparación de lo que más inciertamente es cierto. Acudía a los entierros de los pobres y cumplía con las obligaciones de su alma con el cuidado que si fueran sus padres. A todos enamoraba con su vida, enseñaba con sus palabras, y socorría con su hacienda, y no había parte adonde no regalase la fragancia de sus virtudes. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Ejercicios espirituales. Retiramiento del trato de la gente, ilustraciones de Dios en él'''&lt;br /&gt;
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Dejaban libremente a Doña María sus devotos padres, contentos de tenerla en su compañía, que hiciese lo que su fervoroso espíritu la dictaba; y ella se dejaba llevar de la aura suave del divino tan apaciblemente que ni ''[63]'' la fragilidad, de que por naturaleza estaba rodeada, aun ligeramente la impedía, ni ella tenía quietud sino cuando acudía a todo lo que la piedad la representaba. Como era su acción admirable, era su contemplación inimitable: hermanaba el cuidado de Martha con el reposo de María, de suerte que, en la misma solicitud más fervorosa, oraba con quietísima perfección. Para este fin acudía cada noche descalza (que nunca se defendieron del rigor del frío, desde la muerte de su [fol. 21r] marido hasta la suya, sus tiernos pies con abrigo alguno) en compañía de una buena mujer imitadora de su fervor a los Maitines, en que la sancta Iglesia de Toledo canta las alabanzas de Dios, y después dellos las continuaba ella por gran parte del día en altísima contemplación, de adonde salía como encendida en amor de Dios, deseosa del provecho de sus próximos, y destos tomaba motivos para hallar mejor a Dios, alternando siempre desasosiego tan sosegado. Mas deseosa de mayor perfección, dejando prevenido el cuidado de las necesidades ordinarias a que siempre acudía, a personas de conocida confianza, determinó de retirarse de todo el trato del mundo, y por espacio de un año no salió de la iglesia, ni communicó con persona alguna, sino con su devota compañera Juana Rodríguez (que este era su nombre, y de cuyas virtudes daremos muestra en su lugar) y con su confesor. Era este un religioso de San Francisco de grande espíritu, a quien Dios había escogido para enderezar en su servicio esta sierva guía. Obedecíale ella como a quien el mismo Dios le había dado para que fuese intérprete de su voluntad con ella. Preparábase para [fol. 21v] la oración con asperísimas penitencias, teniendo ya aun por regalo el vestido vil en que muerto su marido mudó sus galas, trocando este en un riguroso cilicio, en que desde los pies hasta el cuello tenía enterrados sus miembros. Era el lugar de su sueño la dureza y frialdad del suelo; su ayuno, continuo, y la frecuencia de los sacramentos a arbitrio del religioso Fray Pedro Pérez (que así se llamaba su confesor ''[64]''); había los años antes conmulgado cada ocho días, cosa maravillosa en aquellos tiempos. Mas después, todas las veces que su confesor lo ordenaba, y lo ordinario a tercero día, se llegaba humilde a recibir este augusto sacramento con la mayor preparación que criatura humana puede alcanzar. El espacio que había de una comunión a otra partía en dar gracias a Dios por la merced de la pasada y en examinar su consciencia para la venidera: el día della se abstenía de todo género de manjar, contenta con sustentar levemente la fragilidad del cuerpo con moderada agua y pan, acudiendo a su necesidad los demás días con algunas hierbas desabridas, que servían más de dilatar penosamente la muerte que de tener en pie la vida. Esta era la suya en este [fol. 22r] tiempo si trabajosa según la carne, gozosísima según el espíritu, pues al paso que era aquella macerada, este era alentado. Comunicose Dios Nuestro Señor con esta sierva suya muy como su regalado, descubríala los misterios que no es lícito a los mortales aun pronunciar sin menos purificación que la del propheta. Fueron tantos los favores que recibió del Cielo, que su confesor la obligó a dejar a la posteridad admiración sus maravillas. Mas ¡oh, pecados nuestros! ¿Que a qué sino a ellos se puede atribuir la pérdida de escritos de tal mano, de ejemplos de tal vida, de favores tan celestiales? ''Mas vos, Señora, que por obediencia los escribistes, restituidlos a nuestro ruego: si por nuestros pecados desmerecimos gozarlos, dádnoslos para que con su enseñanza emendados los merezcamos''. Confío en la bondad de Dios que, como es admirable en sus sanctos mientras le sirven, lo será mientras le gozan, y permitirá que se descubra este thesoro a nuestra ciudad, que mereció ser el sitio donde se obraron tantas maravillas. Mas para que por falta de noticia no falte la diligencia que es justo poner en la busca de papeles tan importantes, referiré las palabras del original [fol. 22v] antiguo manuscripto de la vida y milagros de la religiosa señora, de que sacaron sus relaciones todos los que escriben della ''[65]''. &lt;br /&gt;
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“Este confesor era un sancto varón que se llamaba Fray Juan Pérez, de la Orden de nuestro Padre San Francisco, el cual la mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor communicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo communicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. Y así, fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor communicó con esta su sierva en aquel año, y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Sancta Isabel, que nos lo dio su confesor con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión: y todo así como lo teníamos, la mayor parte dello llevó el arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su vida para vella, y sus revelaciones. Diéronselo todo y Su Señoría se lo llevó y nunca más lo tornó, y así tornamos a escribir la vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propria mano, no quedaron sino muy pocas, y veniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamaba Doña Leonor, nuera del duque [fol. 23r] de Alba, demandola para verla y se la llevó y nunca más la volvió, y desta manera se nos perdieron todas las revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima; así no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos”. Hasta aquí son las palabras del original [66]. Tuviéramos sin duda otras maravillas de Dios que loar, como las que en las revelaciones de las sanctas Gertrudis, Brígida, Catherina de Sena, y vida de la beata Madre Virgen Theresa de Jesús, y otras de otras sanctísimas y purísimas almas consuelan nuestra fragilidad, y animan nuestra tibieza, si las desta devotísima señora pareciesen. ¡Oh, hágalo su Divina Majestad como conviniere más para su servicio!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo X. Revelaciones de muchas cosas que succedieron en España. Pónese para remedio de otras la Inquisición en estos reinos por su medio'''&lt;br /&gt;
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De las muchas ilustraciones del Cielo que esta sierva de Dios tuvo en el tiempo de su retiramiento nos ha quedado noticia de pocas, pero admirables, y como muestra de las demás y de que confiamos en la bondad de Dios que, para gloria suya y honor desta devota señora y edificación nuestra habemos algún día de gozar. Afligían su corazón piadoso los que, con desacato de Dios, a quien ella quisiera atraher todo el mundo, dentro de España daban el culto que debían a su Criador a los engaños del primogénito de Satanás, Mahoma. Pedía a su Divina Majestad amorosamente la reducción de tantas almas como engañadas se perdían, no su venganza. Oyola el piadísimo Señor y consolola con la promesa del espacio breve que tendría la impiedad imperio en el de Granada. No la dejaban sosegar los graves pecados que, aun entre los escogidos de Dios, se hacían por la mezcla de los judíos y vecindad de los moros en España, revelóselo Dios para su remedio. Diola también noticia de la relajación de la vida re- [fol. 24] ligiosa y ella de todo a los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel de felicísima memoria, escribiéndosele a Segovia, donde sus Altezas tenían su asiento. Estimaban en tanto la auctoridad desta señora estos gloriosos reyes que no ponían mano en cosa en que ella no hubiese puesto su consejo. Pidiéronla dejase algún tiempo a Toledo y se fuese con ellos. Contemporizó con su gusto por el provecho que esperaba del remedio de cosa de tanta consideración, pospuso su amiga quietud al alboroto de la corte que tanto aborrecía por el bien commún que tanto amaba. Enviaron por ella y por su compañera los reyes y hiciéronlas el recebimiento que para gente venida del Cielo prepararan. Oiánla los devotos reyes como a intérprete de la voluntad de Dios, estimábanla por su nobleza, admirábanla por su vida, llamábanla commúnmente sancta, venerábanla como a tal, y pendían de sus consejos como de oráculo certísimo: deste salió decretada la institución en España del Sancto Tribunal de la entereza de la justicia, de la defensa de la fe, de la Sancta Inquisición, freno de ignorancias libres y de agudezas maliciosas. &lt;br /&gt;
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[fol. 24v] Bramen los herejes de nuestros tiempos contra ella, que como ella es la defensa de la honra de Dios, Dios es el defensor de su justicia. Nada hay en la naturaleza de las cosas tan sagrado a que los sacrilegios no se atrevan, y no porque haya quien temerariamente osado alce la mano contra la altura distantísima de sí, sin poderla ofender dejan las cosas divinas de estar en lo alto; y como las celestiales no pueden recibir daño de las humanas, y el que derriba el templo, o deshace el altar, no daña a la divinidad, así lo que contra la protección del Cielo ignorante, desvergonzada y soberbiamente se intenta, en vano se intenta. Deba, deba España la sinceridad de su fe, el remedio de su contagio en la parte más principal y que no admite achaque, la conservación de su pureza, el ser puesta por ejemplo de religión, el ser (permítaseme decirlo así) verdaderamente cathólica a Doña María de Toledo, a cuyo consejo inspirado de Dios favoreció el poder de los religiosos príncipes Fernando e Isabel, espejos de reyes y ornamento incomparable de los de España, poniendo en ella la Inquisición de que tanto necesitaba. Fuese luego esco- [fol. 25r] cogiendo el trigo de la cizaña que ahogándole amenazaba su perdición. Viose la reformación de los conventos de los frailes menores y monjas claustrales, que esta virtuosa señora había predicho. Confirmose pocos años después la prophecía que de la redución del Reino de Granada tenía hecha, rindiéndose las medias lunas soberbias de los moros a la humildad de la cruz, en que se obró nuestra redempción y veneramos los christianos. ¡Oh, soberanía de los secretos misteriosos de Dios, que oculta a quien confía en su vanidad, que descubre a quien solo le teme!&lt;br /&gt;
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El modo destas revelaciones o ilustraciones divinas fue sin duda por intelectual más perfecto ''[67]'', en que Dios da sentimientos interiores de lo que quiere communicar al alma que le merece. Habla Dios al corazón e imprime en él sus secretos, y deja como capaz de tan gran ser la pequeñez nuestra; y aunque la sanctidad consieste más en el cumplimiento puntual de la ley de Dios que en la multitud de las revelaciones, y los más perfectos piden a Dios les lleve por el camino ordinario de sus escogidos, porque tal vez Satanás, transformándose [fol. 25v] en ángel de luz, engañados estimamos el humo de nuestra vanidad por lumbre del Cielo. al que Dios regala con visitas ahora intelectuales, ahora imaginarias, cuando simbólicas, cuando por ministerio de sus ángeles, o como su liberalidad es más servida, él da la aprobación de su virtud y es sancto por el mismo Dios. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo XI. Deja los reyes en Segovia y la casa de sus padres en Toledo por servir a los pobres del Hospital de la Misericordia. Ejercicios de piedad en esta vida'''&lt;br /&gt;
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No pretendía con los reyes más del remedio de algunas cosas que pertenecían a la utilidad commún. Este puesto quísolos dejar, mas ellos pretendían que jamás se apartase de su lado, confiando acertar con su consejo en los negocios más arduos de su reino. Compitió la piedad de los reyes con el amor que Doña María [fol. 26r] tenía a su quietud. Pedía su poder con amor imperioso no les desamparase, respondía la humildad della con entereza cortés que la diesen licencia. Tenían sus acciones por prevenidas con especial orden del Cielo, y así, por no oponerse a sus órdenes, la permitieron la partida durando el recurso a su consejo lo que duró su vida. Volvió a su ciudad, Toledo, después de seis meses que había estado sin tal luz como ennubecida. ¿Quién dirá que el afecto natural no la llevó al instante a los brazos de su madre, que la aguardaba con amor de tal, que la admiraba por sus virtudes con veneración de hija? Pero al que tiran las cosas celestiales falta la sujeción de las terrenas. No la carne, no la sangre la arrastran tras sí; Dios es solo sus padres, Dios sus amigos, Dios todas sus cosas ''[68]''. Trocó Doña María los palacios antiguos de sus mayores por la humildad del Hospital pobre de la Misericordia, los regalos de sus padres por la pobreza de aquella habitación, el ser servida de nobles por servir a los pobres. Recibieron estos como quien había echado menos su regalo personal sino su socorro por mano ajena aquellos meses: alegrose con ellos como si se viera en- [fol. 26v] tre los choros de los ángeles, ofreciéndoles de nuevo, en recompensa de su absencia breve, asistencia (siendo esta la voluntad de Dios) perpetua. Para conseguir mejor este propósito y cumplir la palabra dada a Christo en sus pobres, buscó para su habitación en el mismo hospital una celdica retirada, que podía ser más meditación de la sepultura que habitación para vivir. Su adorno eran unas pajas por cama, una manta y almohada de pelos de cabra para su abrigo, a que correspondía el traje que en este tiempo usaba, cubriendo su cuerpo un saco solo de jerga recogido por la cintura y muñecas con unas sogas, los pies descalzos, a la cabeza revuelto un paño tosco de estopa: todo indicio de su interior menosprecio, contenta solo con cubrir los miembros, dando a los vestidos hechos para la honestidad, no para el deleite, su verdadero oficio. Esta era su habitación, este su hábito. La ocupación, esta. No faltaba en todo el día al lado de los enfermos: a unos hacía las camas, a otros lavaba las bocas, a otros las llagas y, desnuda de la naturaleza delicada de mujer, fervorosísimamente las besaba, teniendo particular gusto con los más [fol. 27r] llagados; por su mano pasaban todas las medicinas, y ella daba ánimo con sus celestiales palabras para no rehusar todo lo que los médicos ordenaban: ella les sazonaba la comida, ella se la partía, ella se la metía en la boca con tanto agrado que por darla gusto los más estragados se animaban, y lo que el deseo natural de la vida no podía con ellos lo alcanzaba, sin dificultad, el ruego amoroso de Doña María. Llegada la noche y cumplidas las obligaciones de los enfermos, retirábase a las nueve a la sepultura de vivos en que vivía, y estaba hasta después de Maitines en oración. Luego, rendida, no vencida, a la necesidad del cuerpo, daba tan escaso tributo al sueño que, como si cometiera un enorme delicto en dejarse llevar d’él, volvía en sí y le desechaba con tanta fuerza que se puede decir que nunca por dormir cerró los ojos, sino que la necesidad por fuerza se los cerraba. Daba por tiempo mal empleado el que no trataba o con Dios o con sus pobres: solo para sí no hallaba tiempo ni le quería hallar. Apenas amanecía cuando volvía a ver sus queridos pobres y a darles con las luces del sol y suya los buenos días. Preguntábales amorosa- [fol. 27v] mente cómo se habían hallado. Al que respondía que no bien, procuraba aliviar volviendo a hacer la cama, dándole con que sosegase. Luego, en general, sacaba, alegrísima de que se sirviese Dios della en ejercicios (según su opinión buena), tan altos los vasos, cuyo olor desapacible podía dar pena o a los enfermos o a los que los visitaban, y por su mano misma los volvía limpios. Y hubo vez que gastó gran parte de la noche en aliviar y componer en la cama a un muchacho enfermo de un mal tan penoso al olfacto como inquieto. Nunca entraba en las enfermerías que no dejase alegres aun a los que la enfermedad no permite tener momento bueno. Trahía de ordinario una cestica en la mano llena de dulces y frutas acommodadas al apetito de los enfermos, y de provecho para las enfermedades: a este daba el azúcar, a aquel el calabazate. Uno le pedía la manzana, otro la granada. A todos acudía con poder de rica y con amor de madre, y siendo los enfermos de ambos géneros más de setenta, ninguno la echaba menos, por tenerla cada uno y ser ella de todos. Llenaban estas ocupaciones el día, y la noche su acostumbrada [fol. 28r] oración y penitencia, si el peligro cercano de algún enfermo no la detenía, de quien no se apartaba cuidando tanto del regalo para la vida como de su buena preparación para su muerte. Dejaba en ocasiones tales de muy buena gana a Dios por Dios. ¡Tal era su fervor!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XII. Institución de la Hermandad del Hospital de la Misericordia. Dale renta. Levántansele grandes persecuciones por su modo de vida. ¿Cuál era este?'''&lt;br /&gt;
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Mueve ''[69]'' el ejemplo de los buenos no solo a otros como ellos para mayor perfección, sino a los malos para su reducción. Era el de Doña María tan eficaz con todos que los más nobles de la ciudad quisieron sino seguir (¿quién puede alcanzar el vuelo de los cherubines?) con iguales pasos su modo de vida, cooperar en [fol. 28v] sus obras buenas lo mejor que pudiesen. Acudían al hospital a aliviar el trabajo que la religiosa señora tenía con el gran número de enfermos, a que otra de menor celo no pudiera satisfacer. Cuales socorrían con limosnas las necesidades de los pobres, cuales por su persona asistían a su comida, componían sus camas y ejercitábanse en todo lo que les era guía fervorosa Doña María. Creció la piedad de los Caballeros tanto que, deseosos de que nunca dejase de ir en aumento, instituyeron por consejo suyo la Hermandad que hoy florece en memoria de su institutora y aprobadora Doña María, y socorro de los necesitados de aquel hospital: y como la institución desta Hermandad se enderezaba a que no faltase quien acudiese al servicio de los pobres, y las limosnas de los que acudían son voluntarias, pareció a la prudente señora que era necesario situar otra forzosa, para que no faltase con qué acudir a su regalo. Para esto le dio de su hacienda veinte y cinco mil maravedís de juros perpetuos y a su ejemplo otros le hicieron donación de otras cuantidades para el sustento de los enfermos. Iba la devoción cada día aumentándose, tomando fuerzas los flacos del ejemplo de quien, sién- [fol. 29r] dolo por su natural, vían tan de diamante para todo lo que era servicio de Dios. Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación. Salía acompañada de la devota Juana Rodríguez un día cada semana a pedir limosna para su hospital, si deseosa de que todo el mundo por su provecho y bien de los pobres se la diese, contentísima de que para su humillación se la negase. Acudía a las plazas, adonde había más concurso de gente, para tener más ocasión de ejercitar la humildad; volvía de ordinario cargada de todas las cosas necesarias para el sustento de los pobres como para el servicio de la casa. Alegrábase viendo ocupar los lugares que los diamantes y oro habían hermoseado con sogas, escobas y otras cargas deste género, que estimaba más que las joyas de más valor, contenta más de anhelar trabajada debajo de tal peso que lucir bizarra con el de las galas. Topábanla sus deudos, y como quien ignoraba el aumento que con aquel menosprecio venía a su estimación, hacían punto de honra del deshonor que, a su mal parecer, creían tener Doña María. Volvían [fol. 29v] a su casa como afrentados a tomar resolución en su remedio. El sentimiento destos y el natural amor combatían el pecho de Doña Juana de Guzmán, su madre, de suerte que, no podiendo resistir a su piedad, se volvía contra su hija, y la llamaba oprobrio suyo, y en la opinión de todos no la daban otro nombre sino el de loca, intentando por todos los medios posibles estorbarla la prosecución de sus intentos, cuando a título de pródiga la despojaban de su hacienda, cuando al de sin juicio la pretendían recoger. Mas ella, alegrísima de que se le cumpliesen sus propósitos con las ocasiones de sufrimiento, daba gracias a Dios, por quien deseaba padecer mucho más. Presentábansele las afrentas que por ella había sufrido Christo y hallábase en las mayores suyas con aliento para otras más amargas por su amor; suplicaba a Dios que llevase adelante la ocasión de sus ignominias, pero que diese verdadero conocimiento de sí a su madre y deudos. Deseaba igualmente la mortificación propria y el provecho ajeno. Pudo tanto su maravillosa paciencia que obligó a los que la perseguían a desistir de las diligencias, que para disuadirla de sus [fol. 30] intentos intentaban. Quedó otra vez con su primer sosiego y el Demonio desasosegado de nuevo. Para invidia deste y premio della aumentó Dios la liberalidad de sus consuelos con tanta particularidad y abundancia que ya no parecía vivir en carne perecedera, sino en compañía de los que gozosos viven para siempre. Prevenía Dios con sus continuos favores la herencia que en su reino la tenía aparejada, y ella agradecida a tantas mercedes procuraba cada día hacerse merecedora de más.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIII. Enfermedad al parecer de todos extrema. Sánala la Virgen Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
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Continuó por espacio de tres años sus fervores en el hospital tan puntualmente que, no bastando las fuerzas humanas a tan gran carga como su celo la hacía leve, se rindió a la enfer- [fol. 30v] medad tan apretadamente que a pocos días la señalaron por horas la vida. Acudieron su madre y deudos al hospital, no valiendo ya contra la piedad natural los enojos pasados y pretendiendo cada uno enriquecer su casa con aquel que ya tenían por thesoro del Cielo poco antes desestimado de su vanidad. Mas nunca consintió que la habitación que había sido testigo de las mercedes que Dios se había dignado de hacerla en la vida lo dejase de ser de las que pensaba recibir en la muerte. Procurando cuanto era de su parte morir como había vivido, pobre, conforme al nombre de que siempre se preció, y a que antepuso el ilustrísimo de su casa, gustando más de ser pobre que Toledo, y alegrándose más de oírse llamar Doña María la Pobre que de los blasones que el nombre de Toledo por tantos títulos ilustre la podía ofrecer. Que la pobreza consiste más en la voluntad que en la naturaleza, y es más verdaderamente pobre el que echa de sí las riquezas que el que nació despojado dellas. Fue la enfermedad apretándola más, y como halló disposición en el sujeto, extenuado con ayunos continuos y penitencias ásperas, apoderose tan imperio- [fol. 31r] samente d’él que ya los médicos humanos, desconfiados de los remedios de la naturaleza, acudieron al señor della, proponiendo lo que ella tanto acostumbraba. Recibió los sacramentos de la communión y extremaunción, y en presencia de sus religiosas compañeras y devota madre quedó, como algunos creían, defuncta. Fue grande el sentimiento no solo de su madre y compañeras, sino de innumerable gente que se había recogido a ver aquel milagro de mujeres, deseosa de participar de alguna partecica de los miembros que ella había corregido al servicio de Dios, de las vestiduras con que se había burlado del mundo. Sacáronla de la estrechura de su celda a la Capilla de Lope Gaitán, que era del hospital, para cuyo regalo eran en otro tiempo las señoras que hoy tienen nombre de beatas cerca d’él, y en cuya compañía estaban las devotas compañeras de Doña María. Tratábase ya de restituirla a la tierra abriendo la sepultura, que había de ser la habitación de su cuerpo hasta la resurección universal. Pero su madre, impaciente de la absencia de su hija por el amor que entrañablemente la tenía, acudió al árbitro de la muerte y de la [fol. 31v] vida, Christo, a quien por intercesión de su clementísima Madre suplicó la volviese la hija que lo era más suya que della misma. Volvíase a la imagen que hoy se venera en la Iglesia destas señoras, decíala: “Perdonad, Señora, al atrevimiento de mis manos por el sentimiento de mi corazón. Madre sois del mejor Hijo, hija era vuestra la que yo parí; o quitáreos el vuestro, o dadme la que, aunque mía, quiero para Vos. Vos no podéis vivir sin el vuestro, yo sin la mía, ¿para qué tengo que vivir? Quitoosle, mientras me la dais”. Agradó a la piadosísima Señora la sinceridad de la piadosa madre y dio de repente (cosa maravillosa) movimientos a los miembros, de que ya estaba apoderado el hielo. Abrió los ojos la que parecía ya defuncta y, como si despertara de un sesgadísimo sueño, alegró con su vista a los que tenían sus luces encubiertas en tinieblas de amarga lástima. Hallose Doña Juana en un instante la vida de su hija, y ella la mejoría y, aunque deseosa de acabarla de cobrar en su apacible estrechura, obedeció al mandato de los médicos, que desesperaban otra vez de su vida si quedaba en el hospital. Pasola su madre a sus casas con gran consuelo de todos los que habían llo- [fol. 32r] rado la falta que su ejemplo había de hacer a todo género de estados, y alegría de su madre que estimaba ya a su hija como mejorada con la vida, que no ella, sino la madre del mismo Dios la había dado de nuevo. &lt;br /&gt;
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[fol.32v] '''LIBRO SEGUNDO DE LA VIDA DE DOÑA MARÍA DE TOLEDO'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Apercíbese para ir a visitar los lugares sanctos de Jerusalén. Mándala Nuestro Señora que mude propósito'''&lt;br /&gt;
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Como el remedio de la enfermedad de Doña María estaba reservado solo al Cielo y la restitución de su pérdida fue milagrosa, la confirmación de su nueva salud fue también rara porque, habiéndola trahído el mal al estado más riguroso, el remedio la puso en sus primeras fuerzas. Quiso Dios de nuevo como forjarla y hacerla por su mano, para que no reconociendo otro origen le estu- [fol. 33r] viese sujeta como el barro a la del ollero. Podía tener algo de carne y sangre debiéndola a sus padres terrenos, quiso el celestial como despojarla deste afecto por traherla solo a sí. Conociolo ella, siguió la voluntad de Dios y, así aunque agradecida a la piedad de la que antes desta segunda regeneración para Dios llamaba madre, determinó de emplearse tan de veras en el servicio de la que la había dado el nuevo ser que tanto estimaba que no dejó modo de vida de los que la piedad christiana ha elegido para la perfección que no intentase. Parecíale convenir su presencia al remedio y regalo de los pobres, que tanto amaba, y que tanto la echaban menos, que tanto ella estimaba, y sin quien tan sola se hallaba. Hacíala la experiencia esta ocupación de mucho consuelo para su alma, de mucha ocasión para afligir su cuerpo. Volviérase a ella si su natural sujeción la dejara contradecir a las órdenes de sus médicos espiritual y temporales, de aquel por estar persuadido que Nuestro Señor se quería servir desta su sierva en cosas mayores; destos por creer que con los ejercicios pasados peligraría otra vez su salud. Pero su fervoroso espí- [fol. 33v] ritu facilitaba los mayores peligros y el camino que al juicio de otros estaba cerrado en las más invencibles dificultades, a su celo, teniéndolas por fáciles de vencer con la ayuda del que con el celo daba el ánimo, estaba patentísimo. Y su corazón, como capaz de solo el Cielo, intentaba aun cosas mayores que la Tierra. Y ya que oprimida de su peso no podía alcanzar lo que intentaba, intentaba lo que era posible intentarse. ¡Tal era el ánimo que el aliento de nuevo restituido a su cuerpo muerto la había infundido! Todo su más principal intento era la abnegación perfectísima de las cosas temporales por entregarse más de veras a las eternas, y así prudentemente proporcionaba sus acciones exteriores con las que más meditaba en lo interior. Consideraba aquella ciudad celestial, donde eternamente reside el gozo. Sabía que la de Jerusalén era su símbolo, y parecíala que ayudaría la usurpación de la vista de la figura a la contemplación de las grandezas de lo figurado, entreteniendo la esperanza de lo que no podía alcanzar con la posesión de lo que a su valiente espíritu se hacía fácil. Consideraba a su Amor crucificado, y estimulába- [fol. 34r] la el amor de morir por su crucificado ''[70]''. Era la pasión de Cristo su último refugio, su singular remedio. Tenía su cruz por ayuda de sus amigos y por defensa de sus enemigos. Era su principal y más estimada ciencia saber a Christo y este crucificado. Toda últimamente pretendía estar en él y le suplicaba no se apartase della. Hacía con amoroso dolor alarde de los muchos que su Amado había padecido por ella y deseaba, ya que no podía igualarlos, imitarlos. Y parecíale que en parte ninguna podría tener la representación más viva de su terribilidad que en las que el Señor de la Majestad se había humillado a sufrirlos ''[71]''. Y como la naturaleza previene el sentimiento que sin saber cómo experimenta el corazón cuando ven los ojos los lugares, adonde se hallan rastros de los que admiramos, o donde vivieron o estuvieron de asiento, creía ella que aquellos en que se obró nuestra redempción la moverían a sentir lo que es posible a un mortal de lo que sintió el eterno. Determinose, en fin, de ir a Jerusalén sin que la distancia de los lugares, ni incommodidad de los caminos pudiese derribar del propósito de su grande ánimo a la fragilidad de su tierno cuerpo. Pro- [fol. 34v] curó su madre reducirla a lo que su piedad pretendía, asegurándola que no se la había dado Dios para quitársela. Tenían sus deudos por temeridad determinación tan, a su parecer, imprudentemente fervorosa, culpaban su imprudencia y volvían de nuevo a su antiguo sentimiento. Mas en ella, que solo tenía por sus padres y deudos a los que la animaban más al servicio de Dios, no hacían más mella los ruegos de unos y enojos de otros que suelen sentir los montes eternos del aura fácil. Determinada pues de atropellarlo todo, dejó orden para que jamás faltasen sus socorros a la necesidad de los pobres. Puso en estado las mujeres que tenían en su compañía y de quien para que sirviesen más a Dios se había dejado en otro tiempo servir, contenta con la compañía de su fervorosa y semejante amiga Juana Rodríguez, y ambas confiadas en el favor de Dios, que no falta a la invocación de los hijos de los cuervos ''[72]'' y puede en el desierto dar abundancia. Sin otro alivio más que el que esperaban de la mano divina, queriendo poner el pie en el camino, se pusieron con toda humildad en su acatamiento ofreciéndole sus deseos, y suplicándo- [fol. 35r] le tuviese por bien de ser su guía sirviéndose de sus obras. Fue esta oración tan fervorosa y tantas las mercedes que Dios les hizo en ella que se determinaron de no llevar adelante su primer determinación por poner por obra la que sabían del mismo Dios que era la suya: ciertas de que a Su Majestad habían sido acceptos sus deseos como si fueran obras, y que el premio merecido destas había alcanzado la sinceridad de aquellos. Porque en los ojos del que todo lo ve son obras la promptitud de hacerlas, la conformidad con su voluntad dejándolas de hacer por las que él gustó, aunque más las sanctifique el celo de los hombres, que debe en todo regularse por el de Dios.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Fúndase la casa de Sancta Isabel por orden del Cielo y eligen por abadesa a su fundadora'''&lt;br /&gt;
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[fol. 35v] Buscaba Doña María todos los modos de provecho para su alma, y parecía en sus ojos menos perfecta de lo que en los de la misma perfección era agradable; y así cuidaba solo de los medios que la podían hacer mejor. Mas Dios, que la quería poner por cabeza de muchas, fiado en el provecho que de su ejemplo había de nacer, la reveló su gusto, mandándola hiciese una casa, donde en su compañía le sirviesen las que él tenía escogidas desde su eternidad por esposas. Fue invencible el gozo que su celo la causó, pareciéndola que, por aquel medio de que Dios se servía que usase, vendrían muchas almas a su conocimiento, y que (como cierta de la perfección con que hasta hoy se vive en su casa) había de ser de gran servicio de Dios y utilidad de los próximos la obra que emprendía. Su madre acompañaba a la admiración de tan repentina mudanza en su hija con la alegría de haberla de tener no, como creía, distintísima de su presencia y sin esperanza de verla más, sino en su ciudad y podiendo gozar perpetuamente de lo que más lucía en sus [fol. 36r] ojos. Era igual el contento de sus deudos y criados que lloraban su absencia como su muerte. Ella y su compañera, cuidadosas de la ejecución de lo que Nuestro Señor las había descubierto era su voluntad, acudían a él con más continua oración, y a esta con preparación más rigurosa. Mas Dios, que se agradaba de su piadosa solicitud, previno al mandato la ejecución, porque cuando solicitaba con más fervor el modo con que se había de poner por obra esta de la Divina Majestad, las humanas vinieron a Toledo, y con su acostumbrada piadosa liberalidad hicieron donación a la que tanto veneraban del sitio que ahora tiene la casa que esta devota señora fundó. Queriendo los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel dejar a la posteridad no pequeña parte de sus raras alabanzas en confianza del nombre que a devoción de la beata Sancta Isabel de Hungría, cuya sanctidad en el estado y nombre igual veneraba la prudente reina, ponían a aquella casa religiosa por su patrona, y respectada por la protección real, siendo hasta hoy su principal título Sancta Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
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A las mercedes que sus Altezas habían hecho a esta casa añadió su hacienda Doña María [fol. 36v], pareciéndola que no era suyo lo que no empleaba en la obra que sabía era más del mismo Dios que suya, y que era género de sacrilegio quitar de lo que era posesión declarada por de Dios. Fue tal esta determinación que fueron más de sete qüentos ''[73]'' los que resignó en las manos de los Reyes para este fin, no teniendo por vida diferente de la que hasta allí había profesado la que no fuese no con protestación solo de pobreza, sino con efecto. Ayudó a esta piedad la liberalidad de Doña Juana de Toledo, su hermana, matrona de virtuosa prudencia, y ejemplar virtud, y mujer de Diego de Ribera, commendador de Monreal de la Orden de Sanctiago, nuestro patrón, y ayo de la misma Reina Cathólica. Dieron los Reyes posesión desta casa a Doña María, hallándose al acto primero de la abnegación de las cosas temporales que en su compañía hicieron sus criadas, y otras deseosas de imitar a quien admiraban. Fue esto el año después de la revelación en que Dios se había dignado de manifestar su voluntad en la fundación desta casa, y el de mil y cuatrocientos setenta y siete ''[74]''. Estaban las casas que los Reyes la dieron en la parroquia de San [fol. 37r] Antonino o Antolín (como vulgarmente se llama) y habían sido de los señores de Casarrubios. Era esta parroquia una de las latinas de Toledo, pero el papa Innocencio VIII, a instancia de los reyes, la incorporó en el monasterio a tres de octubre del año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho. Hiciéronle relación que ellos habían dado para el convento unas casas suyas y que en la parroquia estaban sepultados algunos de sus predecesores, que era muy estrecho el monasterio, que convenía incorporar en ella parroquia, suprimiendo su nombre, beneficios, y parroquianos, aplicándolos a la muzárabe de San Marcos, o a la de San Bartholomé, vecinas. Cometiose el negocio al gran cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y, verificada la narrativa, hizo la incorporación. Los beneficios y todo lo que tocaba a la parroquia de San Antolín se trasladó a la de San Marcos, donde hoy está, como más largamente consta de las bullas de Su Sanctidad y diligencias que para acto tal se hicieron, y yo tengo en mi poder. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Fervor nuevo de la abadesa en su nuevo oficio'''&lt;br /&gt;
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Parecía que no podía caber en la perfección de las obras pasadas de Doña María aumento nuevo pero ella, que, al paso de los ejercicios que inspirada de Dios hacía, procuraba regular sus acciones, se persuadía que cada día tenía obligaciones nuevas, y más cuando se vio hecha, bien contra su voluntad, madre de las hijas para quien había Su Majestad hecho fecunda su esterilidad. Era toda espíritu, y así sus conceptos solo eran espirituales. No la debió nada la carne, pues aun en los hijos, si carnales, lícitos no dejó de sí posteridad. Quería que su mayorazgo fuese eterno, no para tiempo limitado duradero. Quiso lo mismo su esposo y señor, condescendió con sus gustos tan suyos, e hízola madre de las que quería para sus hijas. Fue en fin electa por [fol. 38r] abadesa del nuevo monasterio, y como piedra fundamental puesta por seguridad de la firmeza del edificio que tanto agrada al Cielo, como retrato más proprio suyo. Tenía más necesidad de freno que de espuelas su ordinario fervor, pero la obligación nueva y el ejemplo que oficio tal trahe consigo la aumentaba, de suerte que parecía imposible que la fragilidad de un cuerpo de tierra pudiese llevar adelante ejercicios tan no terrenos. Porque su más blando vestido interior era un cilicio de cerdas que apretadamente aprisionaba sus miembros todos desde el cuello hasta los pies, una túnica de sayal, y el exterior un hábito y manto de lo mismo, entero por los pedazos que sustentaban lo que la vejez tenía deshecho. Todo, en fin, cuanto de mayor menosprecio en la vanidad del mundo, tanto de mayor estima en su humildad: los pies descalzos, y la cabeza cubierta con unas tocas de estopa; la cama al principio era una tabla y por descanso de la cabeza un madero, o una piedra, y por abrigo una manta de jerga tosquísima. Cada semana ayunaba tres días a pan y agua, y los demás acompañaba con algunas hierbas esta aspereza [fol. 38v], teníase por indigna de comer lo que para las demás buscaba, y así sus sobras creía que la sobraban, contenta con los pedazos del pan que, o por los suelos hallaba desechado, o en las espuertas de la communidad guardado para el socorro de los pobres, sin partir jamás pan para sí, tal era el menosprecio que de sí tenía. Era la primera en el coro y la última que salía d’él: la primera que echaba mano de los instrumentos humildes de la limpieza de la casa y, como su fervor era grande, sus fuerzas parecían desiguales a las ordinarias de la naturaleza de una mujer flaca, porque acudía sola a lo que todas, previniendo con su ejemplo el gusto que todas debían tener con la que la communidad las encargaba y aliviando a cada una lo que todas querían hacer. De aquí nacía una tan concorde contienda que, deseando cada una vencer a la otra, todas estaban victoriosísimas, y el Cielo tan gozoso de tantos triumphos como la tierra aprovechada con tantos ejemplos. Porque no solo muchas personas de la ciudad, sino de toda la comarca, aficionadas a la mucha que con admiración se contaba de la vida perfectísima de la abadesa y monjas del [fol. 39r] nuevamente fundado monasterio, dejaban gustosísimamente su regalo por esta aspereza, queriendo más en compañía de tal madre y hermanas padecer incommodidades por Dios que gozar en la de sus deudos y amigos de los entretenimientos que a la mocedad el mundo ofrece. Todo este aumento se debía al ejemplo raro que de todas virtudes, la prudentemente bienaventurada prelada, de sí daba a todos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Pónese clausura al monasterio de Sancta Isabel a petición de su abadesa y monjas y hácese de Tercero observante'''&lt;br /&gt;
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Vivieron algún tiempo la religiosa abadesa y virtuosas monjas del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo debajo de la regla de la Tercera Orden del bienaventurado patriarca San Francisco tan religiosamente que parecía [fol. 39v] que la clausura no podría aumentar mayor religión. Porque sin duda este modo de vivir, instituido por el beato sancto celoso del bien de todos estados, y aprobado tan justamente por los vicarios de Christo Honorio III ''[76]'', Gregorio IX ''[77]'', Innocencio IV ''[78]'', Nicolao IV ''[79]'', Martino V, Eugenio IV, Nicolao V, Calixto III, León X ''[80]'' y otros, y confirmado con la vida ejemplar de tantos siervos de Dios como en él han resplandecido en virtudes y milagros y hoy resplandecen, es utilísimo a la república, y como tal perseguidísimo de los que, o torcidamente o imprudentemente celosos, han querido (como succede a todas las cosas conocidamente buenas) calumniar o estorbar la ocasión de tantos provechos, o ya juzgando apasionadamente por la imperfección de algún flaco del modo de vida de los demás, o ya invidiando tanta perfección, impacientes del resplandor de virtudes tan heroicas, como en este instituto de seglares y religiosos admiran los que con mejores ojos las miran. &lt;br /&gt;
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La fervorosa abadesa quiso estrecharse más y no dejar aspereza rigurosa en el estado que profesaba que no experimentase, y así de consentimiento de sus súbditas pro- [fol. 40r] puso su voluntad al valeroso y religioso cardenal arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Jiménez, el cual, como tan celoso príncipe y tan estimador como conocedor de las virtudes desta bienaventurada señora, condescendió con su petición, la cual, propuesta a la sanctidad de Innocencio VIII y despachada por orden suyo por el cardenal Juliano, obispo de Hostia, y su penitenciario, se intimó en Toledo por el gran benefactor desta ciudad y ejemplo de ricos y nobles el Doctor Don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela, canónigo desta Iglesia y vicario general deste Arzobispado, a cuyas obras heroicas debe Toledo su mayor lustre, como el aumento d’él a sus descendientes, como consta de las bulas de todo, y de la última despachada el año del nacimiento de Jesu Christo, Nuestro Señor, de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro ''[81]'', a diez y ocho de noviembre, que fue el primer año del pontificado de Innocencio. Desta manera quedaron con la clausura que deseaban estos valientes espíritus, que no pretendían otra cosa más que obligarse más a su Esposo Christo, y vacar solo a él con obras dignas d’él, debajo de la [fol. 40v] regla de la bienaventurada esposa suya Sancta Clara, instituida como segunda de las tres que San Francisco sanctísimamente instituyó para provecho de los hombres y alegría de los ángeles. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. De la observación perfectísima de los votos religiosos del monasterio de Sancta Isabel y de la obediencia de su abadesa'''&lt;br /&gt;
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No es otra cosa voto que promesa de cosa buena hecha a Dios con deliberación ''[82]'', y aunque son varios sus géneros y todos admirables, ninguno es tan perfecto y tan agradable a Dios como el de la voluntad y persona propia, porque los que se hacen de otras cosas son como de fuera, este como de dentro de nosotros mismos. Y aunque el voto es de consejo, no de precepto, ya hecho y acceptado de Dios pasa a ley por la auctoridad del aceptador, y co- [fol. 41r] mo antes es mejor no hacerle que hecho dejarle de cumplir, después es género de sacrilegio y ofensa grandísima de Dios no cumplirle. Y así al que vota y no falta al voto de Su Majestad no menos que a sí proprio, como él se le dio y despojó de sí mismo por ser más de Dios. &lt;br /&gt;
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Las bienaventuradas religiosas de Sancta Isabel cumplieron con la solemnidad de los que solamente constituyen la religión cumpliéndolos con perfección igual al fervor con que los habían hecho, y dando de cada uno los ejemplos admirables que fueron como sementera de los fructos que duran y durarán en la observancia de su posteridad. Aprendían ellas lo que seguían de su fervorosa abadesa, y esta y ellas como piedras madres deste edificio aseguraban la perpetuidad d’él con lo que dejaban que imitar de sí. Y, como en los votos, la obediencia es la summa y sola virtud ''[83]'', porque el ayuno continuo, la oración fervorosa, la penitencia áspera, y finalmente el cumplimiento de todos los preceptos y consejos si se hace a arbitrio proprio, si falta en él la perfección de la obediencia, tiene solo el nombre, no la substancia de la virtud ''[84]'', por ser ella como madre [fol. 41v] y guarda de todas las que nos aúnan con Dios. Ella es la salud de todos, la que halla el Reino de los Cielos ''[85]'', la que los abre, la que levanta al hombre de la tierra, la cohabitadora de los ángeles y el manjar de todos sanctos. Procuraba ejercitar a sus hijas de suerte que, siendo en todas las demás virtudes consumadísimas, se preciasen de tener por perfección de todas esta. Poníalas a Christo Nuestro Señor, que se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le levantó ''[86]'', por ejemplo único de su obediencia, advirtiéndolas que el intento del apóstol sancto no fue aquí probar el poder de Christo, sino ensalzar su obediencia ''[87]'' y así, ¿si el que era señor y maestro sirvió a sus siervos y discípulos, con cuánta más razón debemos servir a los iguales y mayores, y obedecer a Dios y a sus sanctos aun hasta la muerte? ''[88]'' Enseñándonos a los que somos mortales cuanto convenga padecer por la obediencia ''[89]'', porque el que era Dios no rehusó morir. Y así aconsejaba a no reparar tanto en lo que se mandaba, cuanto en que se mandaba ''[90]'', diciendo que en esto consistía la excelencia desta virtud ''[91]''. Porque si el que se entrega a un maestro de [fol. 42r] las artes que llaman liberales o mechánicas se determina a seguir sus órdenes en todo sin disceptar un punto dellas, con cuánta más eficacia se ha de seguir sin repugnancia alguna al que es artífice y maestro de piedad, y de cuya enseñanza depende el verdadero saber. Porque es gran bien obedecer a los mayores ''[92]'', no apartarse del orden de los que tiene Dios puestos para guía de los que le desean agradar, y después de las reglas de las escripturas aprender dellos el atajo de la vida, no dando consentimiento al peor de los maestros, que es la presumpción y juicio proprio. Estos consejos daba la singular prudencia de que Dios la había dotado, y hacía fáciles de seguir su admirable ejemplo, porque con ser superior a las demás en el oficio y en la calidad, era la menor en su estimación y trato. Ninguna cosa hacía que primero no la consultase con todas, deseando que la encaminasen, y sujetándose al juicio de la más mínima, teniendo el suyo, aunque acertadísimo, por descaminado. Obedecía a las que tenían a su cargo los ejercicios ordinarios de la casa, como si ella no se los hubiera encargado. Nunca entró en la sacristía, nun- [fol. 42v] ca en el refectorio, nunca en oficina alguna que primero no registrase su obediencia con la religiosa que cuidaba della. Deseaba summamente descargarse del gobierno de la casa por no hacer acción que no fuese de obediente, y llevábale adelante por sola obediencia, porque a la medida de la desestimación que tenía de sí, era la estima que los superiores tenían della. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Pobreza de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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Nació rica Doña María de Toledo, nació noble. Pospuso la riqueza a la pobreza, y amola de suerte que la antepuso aun a la nobleza, estimando más el título de Pobre que de noble. Fuelo con el afecto aun desde su niñez y, habiendo nacido con ella la nobleza, se puede dudar si primero fue noble que pobre aun en medio de la misma riqueza: ejercitola en su vida no solo desechando de sí lo que era [fol. 43r] proprio, sino amando a los que eran pobres, dando este por indicio exterior del amor interior que tenía a esta soberana virtud. Religiosa ya y obligada a mayor perfección por el voto, no solo le guardaba sincerísimamente, pero exhortaba a su observancia con prudentísimo fervor; decía que no en vano la moneda tenía figura redonda para dar a entender su instabilidad ''[93]''. El ejemplo y consejo de Christo proponía delante a todos para su imitación pues, siendo Señor de la Majestad, no había tenido en qué reclinar su cabeza, y siendo él solo poderoso, se había hecho pobre por el más necesitado ''[94]'', y así que ni era vergüenza ni menoscabo de la opinión hacerse por el de rico, pobre ''[95]'', el reino de los cielos proponía por primero y summo cuidado a que aseguraba con Christo que seguirían las demás cosas temporales, porque bastantemente es rico el que con Christo es pobre ''[96]'', porque a los tales no poseyendo nada, nada les falta. Porque quien nada desea, todo lo tiene con harta más seguridad que aquel a quien nada falta, pues se ve perder el dominio de las cosas ''[97]'', mas la resignación valiente de la voluntad no está expuesta a [fol. 43v] los incursos de la Fortuna. Y así, ¿de qué sirve dar el primer lugar en la felicidad a las riquezas, y calificar por último en la miseria a la pobreza? Pues el rostro alegre de aquellas encubre mil amarguras y sinsabores dentro del pecho, y al aspecto poco tratable desta consuela la abundancia de los bienes que satisfacen el corazón. Regalábase tiernamente con su querido Esposo la devota Pobre cuando echaba de ver que le faltaba aun lo necesario para entretener la vida, tanto por su mortificación y ejercicio de pobreza que tanto amaba, cuanto por la experiencia que tenía de la liberalísima providencia de Dios que, ejercitando a una su confianza, remediaba muy como de su mano las necesidades de sus siervas, aun cuando menos esperanza parece que tenían de remedio. Gloriábase del nombre que más apetecía y decía a sus hijas que nombre tal no era indicio de infamia, sino título de honra ''[98]''. Y que así como se menoscababan las fuerzas del cuerpo con las faltas de lo que le es necesario, se restauraban las del espíritu, porque como con el deleite se estraga, con la fragilidad se perficiona. Fuera de que indignamente es llamado pobre [fol. 44r] el que no echa menos nada, el que no solicita lo que otro tiene, el que es rico de Dios, porque más pobre es el que, teniendo mucho, desea más y nadie llega a vivir tan pobre como nació. Las aves no tienen patrimonio y a los animales no reservó la naturaleza hacienda: a los capaces de razón, sí, los cuales tienen tanto della cuanto menos desean. Y así como el que camina anda más cuanto con menos peso, así en este camino de la vida se ha más felizmente el que aligera la pobreza, no el que gime debajo de la carga de los haberes. Y así el menosprecio de las riquezas es utilísimo porque al breve camino de la vida no es alivio sino carga el viático excesivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo dado esta devota señora al monasterio que regía todo lo que o de su hacienda o por su respecto tenía, era increíble el olvido que todas en ella experimentaban de que aquello fue suyo: parecíala que Dios la había hecho administradora de aquellos bienes y que la había de pedir estrecha cuenta de su distribución. Administrábalos, no los usurpaba; tenía su uso, no su propiedad. Daba a Dios lo que él la había dado, desposeíase de lo que no tenía por suyo [fol. 44v] deseosa de tener que darle, si lo permitiera, su deseo de no tener cosa. Tenía por mal empleado el gasto corto que en su persona hacía; siempre, siendo liberalísima con todas, tenía por prodigalidad la escasez a que consigo ejercitaba. Si comía, era de limosna, contenta con las sobras de las demás: si vestía, era lo que todas menospreciaban y si dormía, aun en esta acción tan natural, no cumplía consigo hasta haber cumplido con todas. Tomaba el sueño como por permisión de las demás, no por necesidad suya. Tal era su afecto a la pobreza, tal su ejercicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Ejemplo y consejos de la abadesa en el voto de la continencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como entre las contiendas con que perturba el Demonio la quietud de los christianos son las más duras las de la castidad, en que es continuo [fol. 45r] el combate, rara la victoria, es el voto que della se hace a Dios de los más acceptos a sus ojos. Porque el ser el enemigo que se ha de vencer doméstico, y andar dentro de nosotros y ser necesario huirnos para huirle; el ser, al parecer amoroso, entrar con blandura, y prometer lo que más la carne puede apetecer, pone la dificultad que solo el prevenido por la poderosa mano del Señor puede vencer. Y así, según esta dificultad es su premio, porque todos los de todas las virtudes acompañan al desta: porque la continencia sustenta y tiene en pie, como fundamento solidísimo, todas las virtudes del espíritu ''[99]'' y todas ceden al valor desta, porque es el esmalte con que salen los quilates del suyo. Y como esta no consiste solo en la pureza del cuerpo, sino también en la sinceridad del ánimo, y este sea el asiento de todas, ninguna reposa donde la quietud desta no es conocidísima por el sosiego alcanzado de las victorias copiosas que con la resistencia varonil se consiguen del enemigo de nuestra quietud. Era la afición que a esta madre de las virtudes tenía la sancta abadesa tal que desde los pechos de su madre deseó consagrar lo más [fol. 45v] agradable de su cuerpo al esposo de las almas, Christo, y si el precepto de sus padres no pudiera con su obediencia tanto, siguiera solo sola a Christo; sabía que la obediencia es más acepta a Dios que el sacrificio, porque con aquella se ofrece la voluntad propria, con ese, si no se regula con aquella, se ofenden los ojos de Dios, no se regalan. Pero en el estado del matrimonio no se diferenciaba en el afecto a la continencia al de la religiosa y, siéndolo ya y habiendo ofrecidose como tanto había, deseaba por posesión sola de Dios, su más fervorosa exhortación era la que a esta virtud hacía, por saber que la fragilidad con que nacimos, cuanto tiene más de peligro, tiene más necesidad de remedio. Preveníale amorosísimamente aconsejando que la victoria del contrario desta virtud consistía más en la huida que en el seguimiento, porque fuera del acto que se hace del conocimiento de nuestra flaqueza se consigue el fructo que con el vencimiento se pretende y que más puede agradar a Dios. Decía que para conservar con pureza esta resolución, ningún medio era más fuerte que la frecuencia devota de los sacramen- [fol. 46r] tos porque, como con las cosas que la Iglesia tiene señaladas para la expulsión de los espíritus dañados, quedan los lugares afectos libres, así el cuerpo, que el espíritu peor tanto desea inficionar cuanto halla más facilidad con su blandura, queda con el uso destos celestiales remedios que Dios dejó para bien nuestro en su Iglesia como incapaz de todo lo que no es Dios, y casi seguro de que el Demonio le pueda dar asalto con pertrecho tan fuerte. Aconsejaba que, aun después de las mayores victorias se temiese, porque nunca hay mayor peligro que cuando parece hay mayor seguridad. Que el Demonio pretende afear la hermosura de muchos años con la torpeza de un solo instante y deshacer la grandeza de muchas glorias con la vileza de un consentimiento, y que quiere más un vencimiento solo de quien ha alcanzado muchos d’él que muchísimos de quien no se le resiste. Añadía que, aunque la maceración del cuerpo no es remedio total para la sujeción del ánimo, es medio grande para disponerle a ella y, como aconsejaba esto, lo ejercitaba, siendo la aspereza de sus penitencias increíbles, no dejando un solo instante el castigo de su [fol. 46v] cuerpo como freno de sus deseos, sojuzgando continuamente las pasiones aun naturales y lícitas, porque el Demonio no tuviese portillo para las ilícitas en ningún tiempo. Fiaba, aun después de tanta experiencia de la sujeción de sus miembros a la voluntad del espíritu, de sí tan poco que renovaba perpetuamente la oración que a Dios hacía por la conservación de la pureza y continencia. Dios la oía de suerte que, como quien se gloriaba de sus glorias, la daba ocasión de ofrecerle muchas, y ella así, por su ejemplo como por su consejo, prevenía los ánimos de sus hijas solo para Dios, celándolas aun de las conversaciones indiferentes porque, como conocía la depravación de nuestra naturaleza, temía la facilidad con que destas blandamente se pasa a las no permitidas, y una vez lisonjeado el corazón y regalado el apetito con estas, tarde o mal se facilita el paso de extremo tan blando a extremo tan, al parecer, contra nuestro deseo por su aspereza. Templaba el rigor de su recato con las alabanzas que predicaba desta celestial virtud, dando nombre a la que se esmeraba en ella ''[100]'' de flor del plantel de la Iglesia, de honor y or- [fol. 47r] namento de la gracia espiritual, de obra de entera e incorrupta alabanza, de imagen de Dios que corresponde a la sanctidad de su Señor de parte más ilustre del rebaño de Christo, por quien y en quien la Iglesia se regocija, y en cuya continencia la fecundidad de nuestra madre la Iglesia florece gloriosamente. Pues cuanto la copia de los continentes es más numerosa, tanto es más copioso el número de los gozos della porque, como las bodas de la Tierra llenan la Tierra, las del espíritu el Paraíso ''[101]''. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Frecuencia de los sacramentos y devoción al sanctísimo de la eucharistía, y abstinencia rara de la abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El más eficaz consejo de la beata Pobre Sor María era su ejemplo, y su principal estudio era la experiencia del provecho que de los ejercicios vir- [fol. 47v] tuosos sacaba, y así el remedio que tenía por más eficaz para la pureza y el que aconsejaba con tantas veras ponía por obra con igual devoción. Tenía la increíble al augustísimo sacramento de la eucharistía ''[102]'', por saber que de su uso nace la posesión de la eternidad, y así solía decir que, así como los que incautamente beben veneno, procuran extinguir su fuerza dañosa con la bebida de otro medicamento saludable, y por convenir que a semejanza del tóxico entre en las entrañas la medicina ''[103]'' y no deje parte en el cuerpo donde no communique su ayuda, así conviene que procuremos expeler el veneno con que nuestra naturaleza se relaja, tomando el medicamento con que se fortifica, para que la ponzoña del uno se remedie con tiempo con la fuerza contraria y saludable del otro. Y que este medicamento no es otro que aquel cuerpo que, siendo vencedor de la muerte, es causa principal de nuestra vida. Porque así como una pequeña parte de levadura hace semejante a sí toda la masa ''[104]'', aquel cuerpo que Dios favoreció entrando immortal en el nuestro le muda y transforma en sí todo. E así la preparación que para [fol. 48r] llegarse a esta celestial mesa hacía, si no igual a la que a su dignidad se debe, la mayor que a criatura humana y por la participación frecuente de Dios ya más que humana es posible. No comía bocado hasta la noche el día (con ser tantos) que commulgaba, pareciéndola no ser justo que otro manjar corruptible acompañase al eterno y, cuando por cumplir con la obligación de viviente acudía a su sustento, era tan parcamente que se contentaba con el limitado número de unas pasas o almendras, pidiendo licencia para dar aquel día lo que la communidad la daba a los pobres que, por desgracia, la fortuna había hecho de honrados, ridículos ''[105]''; y ya solo su honra, según la opinión y estimación del vulgo, consistía en su vergüenza. Moderaba aun esta moderación cuando ayunaba la Cuaresma que llaman de los Ángeles con tanto rigor que no entraba en su cuerpo más que pan y agua fuera de los domingos, que, a persuasión de todas, comía algún bocado de pescado, y los días que recibía a Nuestro Señor solamente bebía a la noche con unos granos de anís, que más por medicina que por manjar la obligaban a tomar. Vino una destas Cuaresmas a visitar la casa el gran príncipe [fol. 48v] y religioso capitán de la Iglesia Don Fray Francisco Jiménez Cardenal y Arzobispo de Toledo, y suplicole la vicaria ordenase por obediencia a Sor María la Pobre, su abadesa, remitiese algo del increíble rigor de sus penitencias. Hízolo el religiosísimo prelado encargando a la abadesa no se dejase llevar tanto del espíritu que estragase del todo el cuerpo, sino que comiese alguna cosa más de lo que hasta allí, y no dejase de echar mano de lo que la pusiesen delante. Ella obedeció guardando su abstinencia porque, cuidando la religiosa a cuyo cuidado estaba el refectorio del número de las pasas, almendras y avellanas que para su sustento la ponía, cuando las alzaba, hallaba solo menos una pasa, una almendra, una avellana, cosa al parecer increíble, y que sola la ayuda de Dios puede hacer que obre quien es mortal y tiene necesidad de sustento para no morir. Con abstinencia tan excesiva andaba tan alentada que parecía que solo con no comer vivía, y que lo que a otros quita la vida, a ella se la daba. ¿Mas, qué maravilla? No el pan es sustento solamente de los hombres, sino las palabras de Dios son manjar para los que las [fol. 49r] oyen para obedecerlas, y cuánto más el pan de los ángeles, el maná celestial ''[106]'', el sustento preparado sin trabajo, que tiene en sí todos los deleites ''[107]'' y la suavidad de todos los sabores. Este la confortaba de suerte que, como acostumbrada a él, no se acordaba de otro alguno. Tenía hecho el paladar a los regalos eternos y no arrostraba los corruptibles. La comida que aligera el alma a los gozos de la gloria la sustentaba, no la que cargando el cuerpo impide todas las operaciones mejores: ¿Qué maravilla quien solo aspiraba a Dios no gustase sino espirar lo que era Dios? Oh, alma bienaventurada, ¿a quién no la carga del cuerpo, no la conversación de los mortales, no la habitación de la tierra pudieron apesgar, distraher, entretener jamás; solo la parte superior, la contemplación celestial, el trato de Dios rigieron, ocuparon, agradaron?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Virtudes varias perfectísimas de Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la vida desta religiosa señora las delicias de Dios, por parecer que en su alma había su poderosa mano plantado todo género de virtudes, y hecho jardín de buenos ejemplos sus perfectísimas acciones. Porque ninguna dejaba de llevar los ojos de los hombres, indicio claro que agradaba a los de Dios, que siempre la virtud, aun de los que la aborrecen, es con veneración interior conocida. Porque ¿a qué piedra no deshiciera el rigor que esta delicadísima señora, y por la quiebra ordinaria de salud flaquísima, usaba consigo? No contenta con las asperezas otras veces ponderadas, hizo tejer una túnica de cardas y lana de cabras para alivio del cilicio que trahía debajo hasta cerca del suelo, tan apretadamente aplicado a las carnes que parecía más cuero dellas que vestidura. Eran las disciplinas tan rigurosas que estremecían las columnas del edificio y, con la blandura que del hierro grueso y mal labrado se puede esperar, y tan copiosos los arroyos de la sangre que con ellas de sí despidía, que cada una [fol. 50r] parecía haber sacado las últimas gotas de su cuerpo y no dejar más que sacar a la siguiente penitencia. Esta era continua por caer sobre las llagas recién hechas la aspereza del apretado cilicio, y renovarlas con todos los movimentos del cuerpo cada instante. Era tan del Cielo su caridad y humildad que ningún día dejaba de ejercitar una virtud y otra visitando amorosamente las enfermas, haciéndoles las camas, aderezándoles los aposentos, y abatiéndose a los ministerios más bajos, aunque necesarios para la limpieza y aseo de los enfermos. Y si alguna vez la obligaban por algún achaque forzoso a entrar en la enfermería, nunca entraba en la cama, solo el remedio de su salud consistía en el regalo que hacía a las demás que estaban en ella, no admitiendo jamás cosa para sí hasta saber que las demás tenían todo lo que les era necesario. Era la primera que laudaba las túnicas de las demás religiosas, la que primero acudía a la cocina, la que primero echaba mano a la escoba y la que a todos los ejercicios de mortificación y humildad acudía primero con emulación tal que a las más perfectas dejaba que imitando admirar y a las [fol. 50v] menor que admiradas imitar. La que consigo era áspera, con las demás era clementísima, tenía don del cielo en dar consuelo a las afiligidas y parecía que para estas ocasiones la inspiraba Dios las palabras más de consuelo que la elocuencia o prudencia humana no pudieran alcanzar. Tenía cada noche dos horas de oración antes de maitines y, hallándose a estos con la communidad, a cuyos ejercicios acudía siempre, aunque más ocupada la primera, se quedaba en el coro sin volver al dormitorio y, cuando la necesidad forzosa del sueño la apretaba demasiado, parecía no consentir con él pues sin hacer movimiento, ni prevenirse par algún descanso, le esperaba en la silla sin que las inclemencias de los tiempos fríos o calurosos la obligasen a abrigarse o aliviarse, si ya alguna vez no cuidaba en el rigor del frío alguna monja de aplicarla, cuando sentía que estaba rendida al sueño, algún manto. Volvía del sueño lo más presto que le era posible a la oración, que siempre hacía de rodillas immoble, aunque con tan copiosas lágrimas como consuelos. Prevenía aun desde su retiramiento el remedio de los [fol. 51r] totalmente hollados de la Fortuna, procurando que nunca faltase el sustento a los encarcelados y, como quien consideraba piadosamente el olvido que destos desgraciados ordinariamente se tiene, no se contentaba con la provisión común del sustento, sino con acudir a las necesidades más particulares haciéndoles llevar agua, carbón, luz y todo lo que en las casas es necesario y en esta se echa menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Pide a Nuestro Señor Sor María que le dé verdadero sentimiento de sus dolores: dásele Su Majestad con una larguísima y penosísima enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacía la señora Pobre de su parte todo lo que creía que la podía unir más con Dios y deseaba que, como Su Majestad la hacía partícipe de sus consuelos, no la negase el sentimiento de [fol. 51v] sus dolores. Era la devoción que tenía a su sacratísima Pasión singularísima, y pedía todos los días a su querido la consolase con esta noticia particular de sus tormentos que condescendió con su regalada Dios, y representóselos con una tan recia enfermedad que, por espacio de un año, afligió todos sus miembros de suerte que ni los médicos la conocían, ni las medicinas la aliviaban. Ella la había pedido, Dios se la había dado. Ella la llevaba gustosísimamente y él se recreaba en ver su consuelo y, aunque como aficionado remitiera el rigor de los dolores que ella padecía, como gustoso de su provecho permitía que los padeciese. Eran tan increíbles los tormentos que, cuando la apretaban con mayor rigor, sentía que decía muchas veces que todos los huesos la sacaban de su lugar, y no tenía miembro que no se le descoyuntase: este rigor era tan a menudo que casi se alcanzaba uno a otro, y cuando se dilataba algo, era el que ella llamaba lento igual al mayor que a otra de menos espíritu afligiera insufriblemente. No tenía fuerza para rodearse a un lado o a otro sin ayuda ajena, y esta había de ser cogiendo todo el dolorido cuerpo con una [fol. 52r] sábana y moviéndole en su camilla con grande tiento. Con ser tan excesivos los dolores, jamás se oyó una sola queja, antes con semblante entero y ánimo constantísimo daba gracias a Dios que la había oído sus tan atrasados deseos y le pedía añadiese tormentos a tormentos pues la paciencia que en ellos mostraba a él solo la debía, y si alguna vez importunada de la piedad de sus hijas contaba la fuerza de sus dolores, como si hubiera encarecimiento en tanto rigor las pedía encarecidísimamente perdonasen su impaciencia, pues no sabía dar a Dios gracias por lo que más se las debía perpetuamente rendir. El alivio mayor que, rodeada de tantos sentimientos, tenía era el trato de Dios, con que se alentaba de suerte que parecía no tener pena o dolor alguno, y era tanto el gozo que interiormente deste trato tenía que le salía al rostro, cosa muchas veces advertida entre las suyas, porque era maravilla verla en un instante con la amarillez y flaqueza que las penitencias y enfermedad era fuerza la acarreasen y, en dando principio a las alabanzas de Dios, se encendía y como hermoseaba y llenaba el rostro de suerte que parecía vender salud y [fol. 52v] tenerla confirmadísima. En todo este tiempo no daba muestra alguna de los dolores que tan crudamente la aquejaban, aunque tenía la misma continuación su rigor que antes. Cosa maravillosa era sin duda esto porque, al tiempo que la parte señora del cuerpo como porción del Cielo aspiraba a él y se recreaba en sus cosas, la sierva e inferior y terrena, aunque tan viva en sus sentimientos, la cedía. ¡Oh, poderío soberano de la razón! ¡Oh, espíritu solo celestial! ¡Oh, preparación de los gustos del Cielo, a que no los sinsabores terrenos, no los sentimientos del cuerpo, no los infortunios a que está sujeta nuestra flaqueza puedan no solo no contrastar, pero ni aun resistir!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los dolores intensos con que Dios como en fuego acrisolaba la perfección, y como en toque probaba la paciencia desta su sierva, jamás hicieron pausas sus acostumbrados ejercicios de abstinencia y oración; antes, como obligada más de Dios, pretendía darse por más reconocida a sus obligaciones. Alegrábase maravillosamente de la merced que Dios la había hecho de darla como a su bienaventurado padre las insignias de su Pasión ''[108]'' en lo exterior con sus [fol. 53r] llagas, a ella en el corazón con sus dolores ''[109]'', y de la gravedad destos concebía el rigor de los de su Señor, y, amorosamente compadecida dellos, le pedía más para ayudárselos a padecer, haciéndole compañía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Revelación que cierta religiosa del Cístel tiene de la sanctidad de Sor María, cuya camisa la sana de una grave enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encruelecíase cada día más la enfermedad y aumentábase cada día más el fervor de quien la padecía y pedía a Dios más mientras más la daba que padecer. Sus devotas hijas, lastimadas de tanto mal, daban muestras, como era razón, del dolor que tenían de los suyos. Ella, agradecida de su amor, las reprehendía su flaqueza, asegurándolas que pues tenía por cierto que aquello venía de [fol. 53v] las manos de la misma piedad, no venía sino para provecho suyo y gloria de Dios, y que sus pecados (como ella decía) eran merecedores de mayores tormentos, y que pues Dios no da más de lo que se proporciona con nuestras fuerzas, no la tuviesen lástima pues no padecía más de lo que podía llevar. Con estas razones consolaba a sus afligidas hijas por el mal de su madre, que cada una quisiera padecer por ella con muchísimo gusto. ¡Tanto era lo que la amaban, y tan digna era ella de que la amasen! Por este mismo tiempo estaba una sierva de Dios, religiosa de la orden del Cístel, gravemente enferma y, tanto por su religión como por su salud, la llevaron una camisa de la beata abadesa sin decirla cúya era, suplicándola que se la pusiese a petición de cierto enfermo que en nombre de Nuestro Señor se lo pedía. La religiosa Martha (que así se llamaba) en viendo la túnica tuvo aviso del Cielo de la reverencia que era justo tenerla por los sanctos miembros que había ceñido, y dijo que ella no era digna de cubrir los suyos con la que había tocado a la sierva del Señor, que no estaba enferma, sino con el sentimiento verdadero de la Pasión de [fol. 54r] Christo, y más enferma de amor que afligida ''[110]'' de dolor, siendo este el mayor que el encarecimiento humano puede ponderar. Que ella antes pondría por reliquia lo que había llegado a quien ella pensaba encomendarse. Admiró mucho la confimación que esta sierva de Dios hizo de la enfermedad y sanctidad de Sor María la Pobre, con cuya túnica la religiosa Martha quedose con entera salud glorificando a Dios que tan poderoso es en sus siervos, y la ciudad admirada de tan maravilloso succeso acudía a Sancta Isabel la Real como al remedio de todas sus enfermedades y trabajos, de que se vían libres fácilmente con la intercesión o reliquias de la beata abadesa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Señales exteriores de las mercedes que Dios hacía a Sor María vistas por otras de sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 54v] Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios. La beata abadesa, aunque no acostumbraba decir ninguno de sus sentimientos [fol. 55r] espirituales sino forzada del mandato de su confesor o superior, condescendió con la instantísima petición de su buena hija (que digna de tal madre debía de ser a quien Dios hacía partícipe de los favores con que regalaba a su querida) y la dijo que Su Majestad se había dignado de hacerla por entonces capaz de conocer la caridad immensa que cuando padeció tan rigurosos azotes tuvo. Otra vez, día de la Transfiguración de Nuestro Señor, la vio otra monja con el rostro tan resplandeciente como el mismo sol. Y preguntándola el día siguiente muy apretadamente la manifestase el misterio de luz tan desigual a las humanas, respondió con gran sencillez que se había servido Dios de descubrirla los misterios que en su gloriosa transfiguración había obrado, como si en compañía de los apóstoles se hubiera hallado en el monte Tabor. Otras muchas veces vían semejantes luces en su rostro o en el lugar donde oraba, pero ella procuraba graciosa y prudentemente darlas a entender que podrían engañarse y que ella no era digna de las ilustraciones divinas que ellas imaginaban. Efectos raros de la fuerza de su oración, y regalos solos de Dios para quien con tanto fervor le sabe agradar. &lt;br /&gt;
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[Fol. 55v] '''Libro Tercero, del tránsito de Sor María la Pobre, y de los efectos maravillosos de su religiosa Vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado habemos al remate dichoso de tan feliz vida, al premio después del trabajo, al descanso después de la carrera, y a la vida cierta, porque hasta este punto murió la beata abadesa Sor María la Pobre: a quien tan apretadamente aquejó el rigor de los dolores que Nuestro Señor, a petición suya, la había permitido padecer, que la condujo al último fin. Tuvo sin duda d’él ella noticia y así, deseosa de no morir fuera de la communidad, pidió la llevasen al dormitorio. En estando en él, habiendo un día antes celebrado la fiesta de [fol. 56r] los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, como solía, con su ordinaria communión, a otro de la conmemoración de San Pablo último día de junio, miércoles a la una del día la sobrevino una tan ferviente calentura, acompañada de una landre tan dañosa, que la hizo perder el juicio para todo lo que no era Dios. Hizo llamar luego al vicario y, confesada, recibió con grande afecto el viático y extrema unción. Después estuvo dos horas con todos sus sentidos recogida en sí, sin querer la communicación de nadie. Esto fue sábado, un día después de la Visitación de la Virgen, Nuestra Señora. Después deste espacio, volvió a perder el sentido para todas las cosas corporales y de la Tierra; solo para las espirituales y del Cielo tenía el mismo y aun más vivo que antes, como quien estaba más cercana de su gozo, y como a la puerta de la eternidad, a que por tantos trabajos había arribado. Era cosa maravillosa que, faltándola el sentimiento para todas las acciones que no fuesen derechamente en alabanza de Dios, en estas estaba tan fervorosa que nunca parece que había tenido más quieta y sosegada contemplación. Viéndola así una de las religiosas [fol. 56v] que, afligidas por la falta que barruntaban ya con su tránsito, asistían a su sancta madre, la pidió ahincadísimamente la introdujese delante de Dios en su oración y rogase por ella. La amorosa y piadosa madre la respondió con la caridad que solía en todas las cosas de sus hijas: “Cómo hija, ¿por vos sola? Por vos y por todo el mundo ha de ser la oración”. Esto solía ella decir ordinariamente: que los hijos de la Iglesia habemos de imitar a Nuestra Madre que hace oración a Dios por todos, sin exceptuar aun sus enemigos, y que nuestra oración había de ser universal, porque en esto dábamos indicios de lo que nos amábamos, y la caridad era el medio más agradable a Dios para conceder lo que le pedimos. Con esta ocasión, como olvidada de su mal, se volvió a sus queridas hijas y venerables hermanas y las exhortó fervorosísimamente a la unión y al amor fraternal y a saberse hacer de tantos cuerpos y tan diferentes una sola alma, una sola voluntad; que la oración tuviese tanto de caridad como de fervor; que si faltaba aquella nunca habría este. En todo este tiempo, con ser tan tierno el amor a los deudos, como natural, estuvo tan en sí como en Dios, tan desa- [fol. 57r] migada de su carne y sangre como allegada al amor afectuoso del auctor de la suya, no acordándose más de sus parientes que si como a otro Melquisedec no se le conociera padre o madre. Afecto que suele ser ordinario aun en los más perfectos, por no ser género de imperfección traer a la memoria en la hora que todo se deja acá a quien se debe el haber estado en este mundo. Pero la beata Pobre hasta en esto se preció de serlo, olvidándolo todo por su padre celestial y por la compañía de los ángeles, que estaban aguardando aquella sancta alma, afrenta (permítaseme decirlo arrojadamente) de los querubines en el fervor del amor de su Criador, en la inflammación de su voluntad, y en la perfección de sus acciones todas amorosas, todas como para Dios, todas como de quien muerta al mundo vivía solamente a lo que era más que él. ¡Prodigio de mujeres!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 57v]&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Responde la beata abadesa a muchas preguntas de sus monjas: da su alma a Dios, y queda su cuerpo hermosísimo y resplandecientísimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echaban ya de ver las dolorosas y afligidas hijas que caminaba con largos pasos su querida y sancta madre al Cielo y, aunque creían que desde él acudiría a su bien con las ventajas que d’él a la tierra hay, sentían su absencia personal como sus mismas muertes porque tenían en ella señora, madre, amiga, y todo lo que la cortesía y el amor tiene de consuelo. Pero la voluntad de Dios, a que ellas andaban por su ejemplo tan reguladas, las consolaba y, viendo ser fuerza su absencia, procuraban no perder un instante de su doctrina. Hacíanla muchas preguntas, a que ella daba alegres res- [fol. 58r] puestas, no dificultando ya la consulta de su oráculo por el tiempo breve que sabían habían de gozar d’él las que más amaba, y por dejarlas a la despedida en tanto desconsuelo cuanto era de su parte consoladas. Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”. Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”. Esto lo decía con tanta sencillez como alegría, que era tal la de su rostro que esta bastara por respuesta a todas las preguntas ordenadas a los favores que recibía del Cielo. No tenía por ningún modo aspecto de quien tan presto había de ser de la muerte y, si el pulso no desengañara, fuera fácil creer que había sido milagrosa su mejoría. Repetía con [fol. 58v] grande devoción las palabras que, como seguridad de su habitación eterna, regalaban los oídos de Dios y consolaban los de las afligidas religiosas. Cuando se alegraba, diciendo: ''“In pace in idipsum dormiam et requiescam”''. Cuando se entregaba a Dios y se ponía en sus manos, diciéndole afectuosamente, ''“In manos tuas, Domine, commendo spiritum meum”''. Tal vez asegurada de su protección, le suplicaba fuese su guía, con decirle: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas tuas e doce me”''. Tal, como quien por la mano de Dios había llegado al sosiego eterno y, guiándola su Esposo estaba ya en el thálamo de la inmortalidad, repetía dulcísimamente: ''“Haec reques mea in seoulum seculi”''. Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción. Desta manera la asistían todas sus monjas. A muchas el cansancio, a otras la pena pesada había dejado rendirse al sueño un brevísimo espacio, cuando de repente, como si a cada una llamaran de por sí, despertaron todas, y puestas de rodillas alrededor de la [fol. 59r] cama, bañándola en amorosas lágrimas, haciéndolas aun sin hablar elocuentes el dolor, la suplicaron rogase a Dios por todas y, como había sido su madre en esta vida, en la mejor y eterna no dejase de serlo; y que las consolase con su bendición. La beata abadesa, que solo por Dios dejara a quien fuera d’él amaba más que a todas las cosas del mundo, se volvió a ellas, y con la blandura que solía hablarlas, las dijo estas si breves palabras, dignas de perpetua estima: “Hijas mías en el amor, señoras en la estimación, ni es justo que sintiáis mi absencia por mi falta, ni que por vuestro afecto estorbéis mi gozo, pues en esto sola la mano de Dios es la obradora, y en aquello ella misma lo será dándoos madre aventajadísima. Ni en lo uno es acertado desconfiar, ni en lo otro ir contra la voluntad de Dios. Yo voy consoladísima ante su acatamiento por la seguridad que me da vuestra virtud presente de la perpetuidad de la futura en las que a gloria de Dios os siguieren. Echo de ver que a vuestra devoción se deberá todo, como yo el perdón que es justo no me neguéis de mis imperfecciones, para que yo en perpetuo agradecimiento os rinda delante de Dios las gracias que solamente son de Su Majestad por ser vosotras tan unas con él. Y aunque como a [fol. 59v] madre me corriera obligación de exhortaros al amor de hermanas, a la perseverancia en la guarda de los mandamientos y consejos que en su Evangelio y nuestra regla nos ordenó Dios, y a todos los demás ejercicios de virtud que llevan a él, salgo desta obligación viendo la perfección de todas vuestras acciones, confiada en su duración, y que el clementísimo Señor que os escogió para sí, no os soltará de su protección, escogiendo siempre el aumento de vuestro número, hasta teneros consigo”. Esto dijo con tan agradable semblante y tan encendido afecto que, con consolar maravillosamente el descaecimiento de sus hijas, las rajó el corazón con nuevos sentimientos, quedando su respuesta ahogada en sus lágrimas. Después desto la religiosa madre, habiendo repetido sus regalados versos, alzó la cabeza y voz a sus amadas hijas, y las dijo, habiéndolas echado la bendición de Dios: “Adiós hijas mías, quedad en paz” y, cerrando los ojos blandamente, sin más movimiento que si el sueño hermano de la muerte los ocupara sin pena, lunes al reír del alba, cinco días después del último rigor de su enfermedad y el que cumplió un año en ella, siendo de edad de setenta y habiendo estado treinta en la [fol. 60r] religión, a tres de julio del año de mil y quinientos y siete, dio su alma a aquel Señor que la había escogido para esposa suya, y que la estaba aguardando acompañado de toda su corte para darla el asiento en ella que a su amor debía, habiéndose poco antes oído una suavísima voz que la llamaba. Fue tanta la fragancia y suavidad que en prendas de la que la alma gozaba con Dios quedó al cuerpo entre sus monjas, que faltan a la capacidad humana comparaciones para ponderarle, porque todo lo que se dijere, será menos. Deste mismo olor de los ámbares del cielo y de las flores de los jardines eternos participó el aposento donde había estado, y la ropa que había sido o abrigo o cura en su enfermedad. A esta suavidad acompañaba una tan amable claridad que tenía como vestido el cuerpo, que los ojos humanos con ser incapaces della, no la podían perder de vista, ni dejarse de llevar de su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 60v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. De las alegrías del Cielo manifestadas a la Tierra en la nueva regeneración para Dios de la beata Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el alivio de las penosas obras desta vida consiste en el fin della, y en el principio de la que ha de durar para siempre, y Dios es tan puntual y liberal premiador de las que se hacen o padecen por él, quiso para enjugar las lágrimas de la Tierra hacer manifestación de los gozos del Cielo en el dichoso tránsito de la sierva María. Era el llanto universal de los de la Tierra, y para su consuelo era razón se mostrase el universal del Cielo. No hubo persona en la ciudad y en su comarca que no acudiese como milagrosamente al monasterio de Sancta Isabel la Real al instante que espiró su abadesa; todos, aunque llorosos por su falta, apelidan- [fol. 61r] do su nombre y como canonizándola con el commún sentimiento, no dándola otro que la Sancta Doña María la Pobre, y como de quien estimaban por tal procurando alguna pequeña parte de sus vestiduras por obradora de grandes milagros. Y si las demás monjas no previnieran este cuidado fuera imposible detener el concurso de los devotos, que ninguno quería dejar de dar muestras de cuánto lo era desta beata sierva de Dios en lo que más podía tener suyo. Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, ''Sub venite sancti Dei'' etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían [fol. 61v] que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Reconocen el cuerpo sancto las monjas días después y hállanle incorrupto como hasta hoy se ve'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que los religiosos pusieron el cuerpo en la cueva, como se encruelecía la pestilencia y la landre que había apretado a la beata abadesa era como las demás que entonces se temían, sin reparar en ello las monjas que la excesiva pena tenía como fuera de sí, la echaron sobre el rostro cuantidad de cal viva. Pasados más de dos meses cayendo en la cuenta las religiosas [fol. 62r], y pareciéndolas que habían hecho mal en dar sepultura commún a quien creían que tenía asiento particular en el Cielo, alcanzando licencia del juez de la Iglesia, el día de San Matheo del mismo año abrieron la bóveda y sacaron al coro el cuerpo, que hallaron tan entero y tratable como cuando estaba animado. El rostro tenía algo moreno por haber quedado sobre él el velo, y sobre este la cal; el vestido por la parte que llegaba al cuerpo estaba tan entero y oloroso como si se acabara de poner perfumadísimo; por la superficie estaba bañado en agua, por la gran cuantidad que, lavando el coro, caía a la bóveda. De todo salía una fragrancia celestial, sin haber podido la vivacidad de la cal ni la corrupción natural de los cuerpos a que falta la alma empecer aquel que Dios nos dejó entero por muestra de la entereza de su vida, y de la gloria que tiene su alma en compañía de los ángeles. Volviéronle a la cueva por no tener preparado lugar para su colocación, hasta que el día de la Translación de San Luis, teniendo ya lugar señalado para ponerle con decencia, le sacaron otra vez, y con grande solemnidad le pusieron en parte [fol. 62v] donde todos le pudiesen gozar, con singular devoción de sus hijas y de toda la ciudad que concurrió a venerarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V. Avisa la beata abadesa viviendo lo que después sucedió a una monja, ella muerta. Pónese su cuerpo donde hoy está'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bienaventurada abadesa, como dijimos, costumbre de recogerse, después de la oración que continuaba a los Maitines, un rato antes de Prima, en la misma fila del coro, sin otro abrigo que el de su pobre hábito, aunque los fríos fuesen rigurosísimos. Prevenía a esta aspereza alivio una religiosa en extremo devota suya, cuidando de cubrirla, lastimada de su desnudez. Despertó una vez la beata Pobre y halló a la religiosa, su aficionada, ejercitando en ella esta devoción piadosa, y díjola con grande donaire: “Amiga, aun en la se- [fol. 63r] pultura creo que no tengo de estar segura de ti”. Pasó esto sin mas advertencia y, algunos años después del glorioso fin de la abadesa, estando las monjas en el refectorio, esta devotísima suya levantó como pudo la losa de la bóveda y entró en ella sin el temor natural a su sexo y sacó el cuerpo de su madre y amiga y le arrimó a los libros del coro, donde le halló la communidad cuando vino a dar gracias después de la comida, adonde admiraron lo que siempre, siendo su incorrupción y suavísimo olor ocasión de nueva maravilla, de nueva admiración. Después estuvo algunos años en una concavidad sobre la puerta del coro, y de allí le bajaron adonde ahora es reverenciado el año de mil quinientos y setenta y cuatro ''[111]'', siendo abadesa Doña Mencía de Miño, y provincial de Castilla Fray Juan de Alagén ''[112]''. Y una religiosa que se llamaba Doña María Garillo, deseando que el incorrupto cuerpo estuviese con más reverencia, le hizo un hábito y manto de tafetán, que hasta entonces le trahía de lienzo pardo; vistiósele Fray Pedro de Alcázar ''[113]'', vicario entonces de Sancta Isabel, teniéndole arrimado a sus manos Fray Diego de Albacete, en presencia [fol. 63v] de toda la comunidad, siendo a todos manifiesta su entereza y la tractabilidad de todos sus miembros, la frescura de la carne, y la suavidad incomparable de todo él, y de lo que a él tocaba. Faltaba de las manos alguna carne que muchos religiosos y seglares devotos suyos, visitándola, habían, sin consentimiento del monasterio, quitado por reliquias. Esto mismo se vio en los pies y piernas después, porque teniéndolos hacia la ventanica por donde se reverencia el sancto cuerpo, tuvieron ocasión los devotos de enriquecerse con sus reliquias. Tuvieron, como era razón, gran sentimiento las religiosas deste thesoro que, sin orden suyo, las había tomado, y para atajarlo, determinó el año de mil y seiscientos y once ''[114]'' su sobrina Doña Juana de Toledo, siendo abadesa, echar reja en la ventanica y poner a su puerta llave. Hecho ya hábito y manto de picote de seda parda y preparado todo lo necesario para vestirla, no tuvo efecto hasta el año de seiscientos y doce ''[115]'', siendo abadesa Doña Estefanía Manrique también su sobrina: sacaron el glorioso cuerpo una mañana con grande devoción y, puesto sobre un bufete que cubría un terciopelo car- [fol. 64r] mesí, le vistió Fray Antonio de Angulo, vicario deste convento, volviendo a satisfacerse las religiosas de su entereza. Fue tanto el concurso de la gente de todos estados que, sin aviso alguno, acudió al monasterio, que no bastaban las monjas de una y otra reja a satisfacer la devoción de los que pedían alguna partecica del hábito y forro de la caja en que estaba el cuerpo, y a tocar los rosarios que los devotos las daban por la veneración que tenían a la sierva de Dios. Era igual el júbilo que se había derramado por toda la ciudad, en que se convidaban unos a otros para ver el sancto cuerpo y se provocaban a devoción con la memoria de sus virtudes, y se confirmaban en su sanctidad con la experiencia que hacían sus sentidos viendo su entereza, oliendo su fragrancia y tocando su tractabilidad. No quedó caballero eclesiástico o seglar en Toledo que no fuese testigo de tan gran maravilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 64v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI. Visión que tuvo un religioso de Sancto Domingo del recebimiento que en el Cielo hicieron a la beata abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Communica Dios a sus siervos las mercedes que hace a otros, y es género de regalo grandísimo la participación de la gloria de los premiados para los que esperan serlo, porque ven ejemplo de lo que aguardan y se animan a obrar más por alcanzar más, y como sus espíritus están llenos de caridad, tienen por suyo el favor que a otros se hace. El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, vicario del refugio de nobles, virtuosas, y bien entendidas señoras, del monasterio digo [dicho] de la Madre de Dios desta ciudad, que con tanta nobleza y sanctidad vemos florecer, y hombre de conocidísima reli- [fol. 65r] gión llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre: su rostro más resplandeciente que el sol, su cabeza adornada de una diadema de infinita y exquisita pedrería, cuajado el vestido, que era en forma de los que ordinariamente se ponen los diáconos, de la misma y de otra más preciosa las mangas y orlas. Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo. Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel, y que aquellas tan vistosas piedras que hermoseaban su adorno eran premio del menosprecio que de las re- [fol. 65v] quezas temporales y de sí misma había tenido la religiosa abadesa, y que el resplandor que salía de su rostro, manos, y pies era favor particular que, por la aspereza que había consigo usado, las obras buenas que había ejercitado, y la descalcez perpetua con que se había mortificado, había conseguido, y que ya se habían mudado en manojos de perlas y piedras preciosísimas las sogas que habían atado las mangas y ceñido el cuerpo de aquella virtuosa señora. Y que era tanto el gozo de los bienaventurados aquel día que, desde que el Cielo había recebido la alma del gran Doctor Jerónimo, no había habido otro tal recibimiento. De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Inspira Dios a un sacerdote que se encomiende a la beata abadesa, y sana de una grave enfermedad. Son copiosísimos sus milagros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios solo es el obrador de las maravillas ''[116]'', sus sanctos son instrumentos de lo que él obra, porque obra él todo lo que ellos hacen ''[117]'', que las criaturas nada pueden hacer si el que todo lo hizo de nada no se lo permite, y con la permisión les da el poder ''[118]''. Este es copiosísimo en virtud de quien se le da ''[119]'' y, como le es admirable en sus sanctos ''[120]'', ellos muestran serlo en él, siendo sus sombras, sus vestidos y todo lo que nace dellos de admiración al mundo, de gozo al Cielo, de aliento de los buenos, y de confusión de los enemigos de Dios ''[121]''. Siendo uno de los mayores indicios de su omnipotencia hacer en su virtud omnipo- [fol. 66v] tentes a muchos ''[122]''. En la mayor parte de sus siervos ha manifestado estas maravillas, y en nuestra abadesa las manifiesta abundantísimamente. Referiré, de infinitas, pocas para muestra, no para ostentación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Burgos un sacerdote de buena vida, tres años había, tullido y con otras muchas enfermedades, atado a la cama sin poderse rodear sin gran dolor. Suplicaba a Su Majestad se sirviese de aliviarle penas tan desiguales a sus fuerzas y, quedándose una noche como adormecidos él y el dolor, vio una señora de admirable gravedad y gravemente apacible que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a Doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta Isabel de Toledo, que ya goza de Dios, y luego tendrás la salud que deseas”. Despertó al instante y con él el dolor, que jamás fue mayor (como prueba de su fe) y, informándose de la religiosa vida desta señora y cómo ya había dejado la Tierra, hizo decir una † ''[123]'' misa, y luego se sintió sin dolor y vivió de allí adelante sanísimo haciéndose lenguas en la publicación desta maravilla, y fue increíble la devoción que se movió a esta sancta con milagro tan de la mano de Dios, y tan claro indicio de los singulares méritos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 67r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Conciben las estériles que se encomiendan a la beata abadesa: hállase una imagen de Nuestra Señora que preserva de peligro a las que están de parto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo sido esta beata señora casada, no tuvo hijo alguno, y con todo eso, los da a las que después de muchos años de matrimonio, con experiencia de su esterilidad, se los piden a Dios por su intercesión. Experiméntase esto cada día en esta ciudad y en otras muchas partes con grande admiración de quien lo ve, y devoción de quien lo experimenta. Una señora muy principal tenía una hija que quería ternísimamente, la cual era con extraordinario rigor aquejada de un perpetuo dolor de cabeza y, aunque casada algunos años, nunca tuvo fructo de su casamiento. Persuadiose su ma- [fol. 67v] dre, por consejo de médicos y personas de experiencia, que si su hija concibiese y pariese, sanaría de aquel penosísimo mal. Era devotísima de la beata abadesa, por la fama de su religiosísima vida, y envió a pedir a este convento con grande devoción la medida del cuerpo para gloria de Dios entero, y por alguna partecica de sus tocas. Habiendo alcanzado lo uno y lo otro, ciñó a su hija con la medida, y puso en su cabeza la toca de la sancta, y luego (¡oh, poder immenso de Dios communicado en su virtud a sus hermanos!) quedó libre de aquella pesadumbre perpetua de la cabeza y concibió, durando toda la vida muy sana. Que las mercedes de la mano de Dios son no solo para quitar el mal presente, sino para prevenir remedio a los futuros; son liberalísimos, son como de sus manos. Divulgose la fama deste milagro tanto que, habiendo sido el primero deste género, hasta hoy dura la devoción de todas las que remedian su esterilidad con la intercesión desta gloriosísima señora, a la cual de la misma manera se encomiendan las que están en los dolores de parto, experimentando su ayuda por medio de sus reliquias, y de una imagen que está en este mo-[fol. 68r] nasterio hallada por la misma beata abadesa milagrosamente. Visitaba muy a menudo a esta beata señora la religiosísima reina Doña Isabel, con tan gran familiaridad como si fuera su hermana. Eran las visitas como de amiga, y como de quien tenía necesidad de su consejo en negocios muchos y de importancia, largas. Salió una vez entre otras más tarde de lo que solía del locutorio bajo desta casa la reina y la abadesa. Al tiempo que quiso salir, vio en la pared que cae el patio una como estrella o luz pequeña y resplandeciente. Hizo otro día romper el lugar donde la había visto y halló una imagencica de Nuestra Señora, la cual se lleva en su ayuda maravillosamente, y es tanta la fe que se tiene en ella, que suelen venir por ella de muchas leguas alrededor, y de muy lejos de Toledo, y las que están prevenidas con esta ayuda confían en gran manera en su buen succeso sin temer peligro alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 68v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Sana de cuartanas y ciciones la beata abadesa a los que se encomiendan a ella, o tienen sus reliquias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino al convento de Sancta Isabel de Toledo Fray Pedro de Acuña, religioso de San Francisco por confesor de las religiosas, con unas cuartanas pesadísimas, y cuyo mal humor le impedía casi todas las acciones humanas. Diéronle un poquito de la túnica y cilicio de la beata abadesa, y al instante se volvió atrás aquella sucesión igual y alternación, no sin misterio de tiempos señalados, y le faltó la calentura y se halló libre de la pesadumbre y melancolía natural a este achaque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polán, lugar del contorno de Toledo, entró con una carga en este convento y, compadecidas las porteras de la amarillez y flaqueza que en él vían, y sabiendo que había días que tenía cuartanas, le lleva- [fol. 69r] ron a que visitase el cuerpo desta sierva de Dios. Hízolo el buen hombre con tanta fe que, repentinamente, se halló con fuerzas y vieron en él otra color, y salió dando voces que la sancta de Sancta Isabel le había dado salud. Lo mismo entró publicando en su lugar, donde es muy notorio este milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Arboleda, religioso de aquella Compañía que más imita la del Cielo, y a cuyo nombre se postran los cielos, la tierra, y los infiernos, y que tan provechosa es a la Iglesia, habiendo tenido muchos días esta enfermedad, confesó no haberle vuelto más al instante que recibió deste convento una reliquia del cilicio de su abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta casa de Sancta Isabel un mozo a trabajar en la huerta, que tenía como naturalizadas, por el mucho tiempo que había que las tenía, unas ciciones: pusiéronle un poco de la túnica de la sancta y cobró entera salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma merced experimentó otro mozo que vino a destazar unos tocinos, que, habiendo padecido esta enfermedad muchos meses, se halló de repente sin ella por la intercesión desta señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Cubas, lugar desta comarca, vino una [fol. 69v] mujer a pedir alguna reliquia desta religiosa señora por haber en su lugar muchos enfermos deste mal y haber peligrado muchos. Llevó un poco de su túnica, y a todas las personas que la aplicó dio entera y repentina salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo se ha experimentado en Yébenes, Ajofrín, Mocejón, donde ordinariamente se lleva agua, con que ha dado virtud su reliquia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Da vida a dos que en la opinión de todos la habían perdido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase introducido en este monasterio por costumbre dar agua en que ha entrado su reliquia, para los enfermos en todo género de achaques desde el año de mil y quinientos y ochenta y cuatro ''[125]'' que, habiendo hallado un sacerdote desta ciudad, llamado el Licenciado Torres, en su casa puesta por ladrillo una imagen de Nuestra [fol. 70r] Señora de alabastro, tuvo devoción de ponerla en uno de los altares desta iglesia, de[s]de donde la llevaba cada día a muchos enfermos, que hallaban en ella la medicina de sus males. Otras veces trahían vasos de agua, en que metían parte de la imagen: bebían este agua los enfermos y sentían grande alivio. Un día, enviando Diego de Perea, mercader y natural de Toledo, por un vaso desta agua para paladear una criatura que casi muerta quedaba en los brazos de su madre, con pequeña esperanza de que volvería en sí, no se halló la imagen por haberla llevado, como solía, el sacerdote. Fueron tantas las lágrimas de una tía del niño que venía por ella, creyendo no haber de volver a su casa con remedio faltándole aquel último en que solo confiaba, que, movida a compasión una religiosa, la ofreció poner aquel vaso de agua en la caja donde está el cuerpo de su abadesa bienaventurada. Hízolo así y informó a la mujer de los milagros raros desta señora. Volvió contenta la mujer y halló a su sobrino, en la opinión de todos, muerto y cubierto para enterrarle. Su devoción pudo más que sus ojos que la negaban tener vida aquel a quien Dios se la podía [fol. 70v] dar de nuevo. Descubrió al niño y remojole la boca con una clavellina que venía dentro del vaso y había estado sobre el sancto cuerpo. Abrió los ojos, gorjeose, riose, y tomó el pecho como si jamás hubiera tenido diferencia en su salud. Admiró caso tan admirable a toda la ciudad, y Diego de Perea y Ana de Luna, sus padres, le trajeron a ofrecer a la sancta obradora de su vida velando todo un día delante de su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en el convento de Sancta Isabel la nobilísima Doña Francisca de Silva que hoy vive y es madre del mariscal de Noves, tenía [fol. 71v] en su compañía a Doña María de Zúñiga, su hija de edad de dos años. Con esta niña podía tanto la inclinación a la virtud que todos los días se iba al coro y se ponía tan junta al rostro de la sancta que no se apartaba un instante d’él por gran rato, siendo este su principal entretenimiento aun en aquella edad tan tierna. Siendo ya de edad de cuatro años, llevola su madre a su fortaleza de Caudilla, donde cayó de una escalera tan alta que, a no concurrir con su ayuda la mano poderosa de Dios, no llegara con miembro entero a su remate. Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una buena mujer de esta ciudad que se llama Chaves y vive hoy tuvo un flujo de sangre de narices tan abundante que ningún remedio humano le pudo atajar. Acu- [fol. 72] dió a los divinos, aplicándose muchas reliquias y siempre prosiguió la pertinacia deste mal, hasta que venerando una del hábito de la beata abadesa, paró la sangre cuando más corría obedeciendo a la virtud de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
Una religiosa de la orden de San Jerónimo y del religiosísimo convento de la advocación de San Pablo desta ciudad, tenía un brazo que había días que no movía. Enviando a pedir una reliquia desta sancta, en venerándola, halló el remedio que en todo género de medicinas había echado menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora desta ciudad padecía tanto mal en los ojos que no podía sufrir un instante la luz, y había más de cincuenta días que estaba en perpetuas tinieblas, alcanzó de una sobrina suya monja de Sancta Isabel un paño que la beata abadesa había tenido en el estómago el tiempo de su enfermedad, y cobró al momento la luz, cuya privación tanto la afligía, y estuvo de allí adelante con entera salud. &lt;br /&gt;
Había tres años que padecía ceática en una cadera una buena mujer deste lugar, púsose un poco de cilicio de la sancta y [fol. 72v] estuvo de repente sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pondré por remate deste Capítulo, una confirmación que enviaron de otro milagro hecho por la intercesión desta beata señora, de Lisboa, y para mayor aprobación de los demás: “Digo yo (dice la confirmación), Catalina del Espíritu Sancto, monja profesa deste convento de Sancta Clara de Lisboa, que es verdad que yo y las monjas que aquí se firman, vimos y estuvimos presentes por dos veces que la Señora Jerónima de la Pasión tuvo dos accidentes tan recios que la mandaron los médicos dar todos los sacramentos por estar ya como muerta; y en esta primera vez llegó una carta de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo para una monja portuguesa que estuvo allí diez y nueve años, y en ella le enviaban una reliquia de la sancta fundadora la señora Doña María de Toledo, y con la fe que tenía de sus muchos milagros la puso a esta enferma, la cual esperaba el sacramento de la sancta unción, y de improviso se le quitó la calentura y sosegó el pulso que estaba con muchas intercadencias, y de allí quedó tan buena que se espantaron los médicos. Y de allí, como dos meses tornó el mismo accidente con aparencias del peligro pasado, y valiéndose desta reliquia quedó sana alabando a Dios, como la hacemos todas, y las que aquí nos firmamos juramos por nuestra profes- [fol. 73r] sión, que es verdad todo lo que aquí decimos. Fecha a 15 de enero de 1611. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenían en la casa que llaman de la labor las señoras religiosas de Sancta Isabel gran cuantidad de lino, y de instrumentos de [fol. 73v] madera para labrarle. Reconociendo esta oficina una noche quien la tenía a su cargo, echó sin reparar alguna pavesa de la luz que llevaba consigo, y dejando cerrada la puerta, se fue muy sosegada a acostar. Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hubo en este monasterio una religiosísima monja y devotísima de su beata abadesa, y en quien obró maravillosas cosas su intercesión. Esta dejó escrito lo que referiré para [fol. 74r] gloria de ambas: y a cuya relación se puede dar toda fe por su conocida virtud y devoción a esta sancta. Refiere entre otras cosas que, estando Isabel Gaitán, su hermana, en extremo lastimada, y lleno el cuerpo todo de unas tan grandes postillas como la mano, sin poder sosegar un momento y estando imposibilitada de recostarse, se hizo llevar a Juana Gaitán, que así se llamaba la religiosa, y mostrándola con gran dolor las llagas para que se compadeciese a hacer oración por ella, lastimadísima la consoló y dándola un poco de agua de la sancta quedó tan buena como si jamás hubiera padecido enfermedad alguna. &lt;br /&gt;
Estando la misma con un mal en la cabeza tan grande que se temía no perdiese el juicio, habiendo puestose en ella una reliquia de la sancta, dentro de dos días se halló del todo libre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Clara Gaitán, su sobrina, tuvo un pecho como encancerado, hinchadísimo y sin género de remedio. Diole su tía una reliquia de la sancta, diciéndola: “Toma esta reliquia de mi señora María la Pobre, y ponla sobre el pecho, que será imposible no cobrar entera salud, porque no la doy a persona que no reconoce luego su virtud hallando remedio en ella de su necesidad”. Púsosela y [fol. 74v] volviese el pecho hinchado como el sano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía un hombre un accidente tan penoso que, con darle muchas veces, las más le duraba dos y tres meses, y el tiempo que le apretaba más le venia siempre con penosísimo mal de orina; recibió desta devota mujer la reliquia de la sancta y quedó tan libre siempre d’él como si jamás le hubiera tenido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando sin esperanza de vida un mozo con dolor de costado, cobró la salud bebiendo un poco de agua de la sancta. &lt;br /&gt;
Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue Toledo su patria, sus padres personas honradas y virtuosas. Y ella, fructo de oraciones, y dada por la Virgen Nuestra Señora para mayor gloria de su Hijo y suya porque, habiendo estado muchos años sin hijos, suplicaron a la piadosísima Señora les diese para su consuelo alguno, ofreciéndola celebrar con particular solemnidad cada año la fiesta de las [fol. 76v] fiestas, la que tiene tanta parte en nuestra piedad como tiene de gozo en la Virgen sanctísima, viendo celebrarse la Immaculada Concepción desta serenísima Señora Madre de la misma pureza. Confirmáronlo con voto, y hicieron un colegio para la crianza de doce doncellas en el servicio de Dios y su Madre. Oyó sus ruegos la Madre de los afligidos y dioles esta hija tan suya y dádiva tan de su mano como se vio en los favores que della recibió toda su vida, y en las virtudes que heroicamente ejercitó perpetuamente. Criaronla para Dios y teniendo siete años la pusieron entre las demás doncellicas que tenían consagradas a su devoción. Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devo- [fol. 77r] tísima. Casose siendo de edad por condescender con el gusto de sus padres y vivió con la perfección que siendo doncella estando casada: murió poco después su marido, y sabiendo las virtudes que tanto lucían en Doña María, la siguió tan familiarmente que nunca hizo cosa que no se communicase entre las dos, señal cierta de su mucha perfección, pues corría parejas con quien era tan perfecta, y de cuyas obras se debe la mayor y más principal parte a esta sierva de Dios. Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto. Era su oración continua, su mortificación crudísima. Regalábala Nuestra Señora copiosísimamente con sus consuelos. Tenía infinito [consuelo] con el Sanctísimo Sacramento de que era devotísima y, según la preparación que para él hacía, eran las ilustraciones que en él tenía su alma. Era igual la devoción que sentía en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pasión de nuestro Redemptor, de que tuvo singularísimas revelaciones: de todas dejó memoria a los venideros escribiéndolas por su mano. Cosa bien digna de admiración, pues no sabiendo formar una [fol. 77v] sola letra para otra cosa, para las mercedes que Nuestro Señor le hacía escribía muy bien y con grande distinción. Finalmente, toda su vida fue un retrato de la de su sancta compañera: como la de Doña María, de la de Juana Rodríguez. Llegose el fin de sus trabajos con el de su vida, y el principio de su descanso con el de su premio, dándole prenuncios d’él con su presencia la Virgen Nuestra Señora, visitándola y confortándola en aquella última y natural agonía. Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juana Téllez de Toledo, vicaria de la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel de Toledo, hija de Fernandálvarez de Toledo, primer conde de Oropesa y de la condesa Doña María Pacheco, hija del maestre Don Juan Pacheco, y de la marquesa Doña María Portocarrero: esta señora fue a fundar el convento de la purísima Concepción de Oropesa, que fundó el conde Don Francisco Álvarez de Toledo su hermano ''[126]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Antonia de Toledo, Doña Ana y Doña Sancha de Guzmán, parientes cercanas de la señora Doña Juana de Toledo y Doña Teresa Carillo, hijas de Pero Suárez de Castilla y de Doña Leonor de Ulloa. Este Pero Suárez fue hijo de Alonso Carrillo [fol. 79v] de Castilla y de su mujer Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y hermana de la beata Doña María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Juana Manrique de Castilla, hija de Doña Isabel de Castilla, hermana de Doña Juana y Doña Theresa, y de Don Gaspar Manrique, nieto del maestre de Sanctiago Don Rodrigo Manrique, conde de Paredes y de Doña Ana de Castilla. Succedió Doña Juana en el mayorazgo de sus padres a sus hermanos Don Pedro y Doña Estefanía Manrique de Castilla, y goza el convento de las rentas por sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana de Guzmán es sobrina de la fundadora, como hija de Don Pedro Enríquez de Herrera y de Doña Rafaela de Guzmán, la cual era de los señores de Batres, Toledos descendientes de Pedro Suárez de Toledo, hijo de Fernán Gómez de Toledo, camarero mayor del rey Don Fernando el IV y de su mujer Doña Theresa Vázquez del Saz, de cuya casa fue nuestra Doña María por la de Pinto. Por esta misma línea es sobrina de la sancta abadesa la que otras veces con grande accepción por su singular prudencia y este triennio pasado lo fue Doña Estephanía Manrique, hija de [fol. 80r] Juan Gutiérrez Tello, alférez mayor de Sevilla, corregidor de Toledo y a quien esta ciudad debe gran parte de su adorno, como hasta las † ''[127]'' piedras mismas lo publican, y de Doña Luisa de Guzmán. Era este caballero hijo de Doña Leonor de Castilla, hija de Pedro Suárez de Castilla, que, como se ha visto, fue hijo de Alonso Carrillo de Castilla y de Doña Leonor, hermana de la beata Doña María. También Doña Luisa de Guzmán, madre de Doña Estefanía fue hija de Don Luis de Guzmán, marqués del Algaba, y de la marquesa Doña Leonor Manrique. Era el marqués descendiente de los condes de Teba, marqueses de Ardales, que son de los Toledos señores de Casarrubios, de cuya casa fue por los de Pinto la beata Doña María, y su sobrina por parte de padre y de madre Doña Estefanía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esta señora sucedió en el oficio, habiéndole tenido antes seis años su igual en prudencia y religión Doña Juana de Toledo, sobrina de la sancta Doña María, por muchas partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del conde de Oropesa, de que fue Pedro Suárez de Toledo señor de las villas de Gálvez y Jumela. cuya hija y de [fol. 80v] Doña Juana de Guzmán fue Doña Isabel de Toledo, que casó con Garci Álvarez de Melo, y fue su hija Doña Juana de Melo mujer de Gonzalo Pantoja Portocarrero, abuelo paterno de Doña Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por Doña Inés de Guzmán, mujer de Pedro Suárez de Toledo, hija de Tello de Guzmán señor de Villaverde y de Doña Mencia de Haro. Tello de Guzmán era hijo de Juan Ramírez de Guzmán y de su segunda mujer Doña Juana Palomeque, hijo de otro Juan Ramírez de Guzmán, señor del Toral y de Doña María García de Toledo, aunque este es otro Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del Conde de Orgaz, cuya hija fue Doña Inés de Toledo, madre de Doña Juana de Toledo, la abadesa que hoy gobierna, hermana de padre y madre del conde Don Juan Hurtado de Mendoza y Toledo, gentilhombre de la cámara del Rey Cathólico Don Phelipe Tercero y su mayordomo. La Baronía antigua de los señores de Orgaz fue Toledo y por casamientos y otros accidentes vino a ser Guzmán, como ahora es Mendoza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa de Alba: porque Don Garci Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba casó con [fol. 81r] la Duquesa Doña María Enríquez y fue su hijo Don Fernando de Toledo commendador mayor de León, señor de las Villorías, que casó con Doña Isabel Manrique. Tuvieron a Doña Inés de Toledo, que casó con Don Luis Hurtado de Mendoza, prestamero mayor de Vizcaya, señor de Mendibil, de Sancta Cruz, de Campero, y de la Ribera de Zadarra, y fueron sus hijos el Conde de Orgaz y doña Inés de Toledo, madre de la abadesa presente. Por los señores de Higares y por la casa de los de Pinto. Pedro Suárez, señor de Casarrubios, tuvo por hija a Doña Teresa de Toledo, señora proprietaria de Pinto, mujer de Fernandálvarez de Toledo, señor de Higares. Fue su hijo Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, marido de Doña Leonor de Guzmán. Deste matrimonio nacieron Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y su hermana la sancta abadesa. Casó Doña Leonor con Alonso Carrillo de Castilla, señor de Miedes y Mandayona, camarero del rey Don Juan el II y su gran privado. Fue su hijo Gómez Carrillo, señor de Pinto, y Doña Leonor Carrillo, que casó con Don Alvar Pérez de Guzmán, señor de Orgaz y de Sancta Olalla, ter- [fol. 81v] cero abuelo de Doña Juana de Toledo, la última abadesa, que es por estas dos líneas de Toledos cuarta generación de Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, hermana de la beata Doña María, primera abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas señoras son las conservadoras del celo que con secreta virtud dejó como infundido en los fundamentos desta casa su beata fundadora, y que perpetuamente por su protección durará para gloria de Dios y ejemplo de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo he hecho relación sencilla de lo que no tenía necesidad de más adorno que su verdad. No he alabado sino venerado lo que sinceramente he escrito. Que la alabanza nunca es de estima sino cuando la da quien la tiene ''[128]'' y para la desta bienaventurada necesaria era la elocuencia de quien lo fuese en quien ni la sospecha de lisonja, ni la falta de palabras pudiera menoscabar el crédito de su verdad. ''Vos, beata señora, y riquísima Pobre, que os habéis dignado de mi atrevimiento, llevad por vos adelante el fructo de mi voluntad; maravillando de nuevo a los que se sintieren en sí por medio de instrumento tal inútil. La Ciudad, que se gloria de vuestro nacimiento pri-'' [fol. 82r] ''mero, experimente en vuestra protección las glorias que tenéis en el segundo. Dignad los ojos dignos ya de solo Dios a los que en vos, como medio eficacísimo para él, los ponemos. Y alcanzádnos de quien tenéis por tan vuestro vuestra imitación en esta vida para su servicio y en la otra su gloria para vuestra compañía''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo que aquí o en otra parte he dicho o diré sujeto a la corrección de la Sancta Iglesia Apostólica Romana, como a cabeza y madre de la fe que los cathólicos profesamos, y al juicio de los sencillamente doctos. En Toledo, en mi estudio, día primero de la Pascua de la Resurrección del Señor de MDCXV. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por:&lt;br /&gt;
Don Tomás Tamayo de Vargas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Paratextos:]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura del Don Francisco de Pisa, deán de la facultad de Theología y Doctor en ambos derechos, etc. Historiador de la ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto y leído los tres libros intitulados ''Vida de doña María de Toledo Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, primera Abadesa de Sancta Isabel de los Reyes de esta ciudad, escrita por el Doctor Don Tomás Tamayo de Vargas'' y aseguro, como christiano, que es una de las cosas mejor escritas que hay en España y que es gran maravilla que persona de tan poca edad como su auctor y tan divertida en tanto estudios como son las lenguas, la humanidad, las historias estranjeras y nuestras, la Theología y Sagrada escriptura, pueda cumplir tan eminentemente en cada una, como sino tratara de otra, como tantas veces yo tengo experimentado. Y juzgarán todos los que vieren sus libros, tan llenos de erudición rarísima, y la obra presente tiene tanto de doctrina como de espíritu, que no admira a menos que enseña. Y es muy buena muestra de la historia de la Iglesia Sancta y Arzobispos ilustrísimos de Toledo con que quiere ilustrar a su patria esta relación de la vida admirable desta señora, que dejó las riquezas del mundo por ser pobre riquísima de Dios y no tenemos que tener otro ejemplo de bien hablar, divulgándose esta obra. Esto juzgo, y que no tiene cosa alguna contra la fe o buenas costumbres, antes ser muy útil y provechosa para cualquiera género de gente, y que se le debe dar la licencia que pide. En Toledo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Don Francisco de Pisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] “De Signis Ecclesiae Dei. De Origine seraphica religioni, folio DCXXXVI”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En la Crónica de Francesco Gonzaga se encuentra bajo el título “De monasterio Clarisarum S. Elisabetha Regina Toleti”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] “Capítulo XIII. Libro III., y sin nombre de auctor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] “Capítulo XIX, libro I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] “Exodus XXII-XXXI”. La traducción es “Hombres santos seréis para mí”. La cita: “Viri sancti eritis mihi carnem quae a bestiis fuerit praegustata non comedetis sed proicietis canibus” / “Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros” (Éxodo 22:31, las traducciones al castellano proceden de la Biblia de Jerusalén).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] “Leviticus XI-XXIX. XXXXVI”. El texto de las Escrituras dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. La cita de Levítico 11, 45 dice: “ego sum Dominus qui eduxi vos de terra Ægypti ut esem vobis in Deum sancti eritis quia et ego sanctus sum” / “Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo”. La cita a la que parece hacer referencia el texto podría ser: “ego enim sum Dominus Deus vester sancti estote quoniam et ego sanctus sum ne polluatis animas vestras in omni reptili quod movetur super terram” / “Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo” (Levítico 11, 44) o más probablemente: “loquere ad omnem cœtum filiorum Israël et dices ad eos sancti estote quia ego sanctus sum Dominus Deus vester” / “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19, 2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum LXXXVII”. El texto bíblico dice: “Guarda mi alma, porque yo soy santo”. “Custodi animam meam quoniam sanctus sum salvum fac servum Tuum Deus Meus sperantem in te” (Liber Psalmorum 85, 2) / “Guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios” (Salmos, 86).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] “Liber Epistula ad Romanos, I, VIII-XXVIII”. El texto bíblico dice: “Los que son llamados santos”. La expresión “vocatos sanctos” puede proceder de otros libros de las Escrituras (Efesis 1, 3-4; o Timoteo 1, 6-11), aunque es más probable que sea una cita de la tradición exegética del pasaje señalado por el autor: “Scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum his qui secundum propositum vocati sunt sancti” / “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Romanos, 8, 28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] “Seneca, liber I, De Ira, capitulum XII”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] “Liber Genesis capitulum IV. Beda in Genesim. Petrus Comestor in initium Historiae Scholasticae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] “Liber I Paralipomenon [Libro de las Crónicas I]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] “Liber Ieremiae, XXXV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] “Liber I Regum, X. Nicodemi, Literae in Liber Preg.; Thomas Vvaldensis, tomus I, liber. IL, capitulum IV; Hieronymus, Epistula ad Rusticum Monachum, Ecclesiasticus XLVIII; IV Liber Regum, VI; III Regum, IV”. Aquí hay un error de cita, se refiere al Capítulo IV del segundo libro de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] “Hieronymus epistola exhortatio ad Paulus, XXXV; Isidorus, capitulum IX, liber II, De Oficiis; Dominus Thomas II. II quaestio LXXXVIII; Alvarus Pelagius, Epistula Silu., liber II, De plan; Liber Ecclesiastes, LVI; Casianus, Collationes patrum, XVILI, capitulum V; Eusebius, II Historia Ecclesiastica, capitulum XVII; Rufinus, liber X, Historia Ecclesiastica; Theodorus, liber L, capitulum VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [N. al m.] “Actor. IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [N. al m.] “Dionysius Areopagita, De Ecclesia Hierarchia. De Coelesti Hierarchia]; Cast. adver. haere. lib. LIV; Tertulianus, De velandis virginibus; Ambrosius, De institutione virginis; Eusebius, in Vita Constantini”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [N. al m.] “Athanasius in Vita beati Antonii abatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [N. al m.] “Gregorius Nazianzus in Oratio Basil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [N. al m.] “Augustini VIII Confesiones, capitulum VI; Antonius III, Patrologia, titulus XXIV. capitulum XVI; Gregorius, liber II Dialogi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' [N. al m.] “Sanctus Bernardinus, De sacra religione, capitulum II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [N. al m.] “† MCCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Error: aquí se repite la numeración con el número 4, pero corresponde al folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [N. al m.] “Gonzaga, De origine Ser aphica Religionis Franciscana; Hieronymi Plati, De bono status religiosi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [N. al m.] “Hieronymus ad Eustochius” [Eustachius].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [N. al m.] “Tacitus, in VI De vita Lulii Agricolae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [N. al m.] “Horatius”. Probablemente se refiera al verso “Fortes creantur fortibus et bonis” de la Oda IV del Libro IV de Odas de Horacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [N. al m.] “Euripides in Hecuba; Ovidius Metamorphosis XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [N. al m.] “Plinius In prooemium Historiae Naturalis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' [N. al m.] “Pedro de Alcozer, libro I de la Historia de Toledo, Capítulo LXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [N. al m.] “Ambrosio de Moral en las Antiguedades de las ciudades de España”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [N. al m.] “Philipus Bergomas, in Suplementum Chronicarum; Bartholomeus Platina, in Vita Pontificum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [N. al m.] “Aporte en su nobleza Don Fray Prudencio de Sandoval en esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [N. al m.] “I”. A partir de aquí marca con números los primogénitos de cada una de las generaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [N. al m.] “II”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [N. al m.] “III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [N. al m.] “IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [N. al m.] “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [N. al m.] “De adonde tuvo principio el proverbio commún, no por el huevo sino por el fuero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' [N. al m.] “VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' [N. al m.] “VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [N. al m.] “VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [N. al m.] “Año de MCCLXXXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [N. al m.] “IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [N. al m.] “X”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [N. al m.] “La Chrónica de Sanctia, Capítulo XXXVI. Año de MCCC [LX VI]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [N. al m.] “Año de MCDXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [N. al m.] “XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [N. al m.] “La Chrónica del Rey Don Juan el II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' [N. al m.] “XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [N. al m.] “Pedro Alcozer, libro Capítulo XXXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [N. al m.] “Ambrosius, in Expositio Evangelii secundum Lucam”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [N. al m.] “Naumachia, apud Stob. sermo LXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [N. al m.] “Ambrosius, de Vid”. Probablemente se refiera al De Virginibus de Ambrosio de Milán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [N. al m.] “Liber Iudicum I, XXX, VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [N. al m.] “Evangelium secundum Lucam II, XXX, VI”. El texto dice: “Et erat Anna prophetisa filia Phanuhel de tribu Aser hæc proceserat in diebus multis et vixerat cum viro suo annis septem a virginitate sua”; “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido” (Lucas, 2, 36)].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [N. al m.] “Daniel, XIII, LXVIII”. La referencia al versículo es un error (sólo hay 64 en este capítulo), pero la alusión a Daniel 13 en general es apropiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' [N. al m.] “Augustinus, De Sancta virginitate, capitulum XIII, tomus VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [N. al m.] “Éstas aconsejaba Pythágoras a las matronas Crotonienses. Justinus, Liber II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [N. al m.] “Gregorius Nazanzius, in Carmina ad Olympo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [N. al m.] “Juan le llama el libro antiguo de mano, pero los impresos le dan este nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [N. al m.] “Fray Marcos de Lisboa desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte; Fray Francisco Gonzaga, III parte de Origine Seraphica Religionis Monasterium I fol. de XXXVI; Fray Pedro de Salazar, II versión de la Chrónica de la Provincia de Castilla, desde el Capítulo CXXIV hasta el XXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' [N. al m.] “Capítulo IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [N. al m.] “Beatus Gregorius, liber XXVIII Moralia in capitulum Iob. Moralia in Job, XXXVIII. Isidorus, liber VII, Etymologiae, CVIII; Chrysostomus, liber De incomprehensibili Dei natura, homilia IV; Augustinus, in Evangelium Ioannis XII tractatus, IV; Bernardus, Sermo V ad fratres; Clemens Romanus VIII, Constitutiones, Capitulum II; Anathasius, Epistula quaestio XXXII; Ignatius Antiochus, homilia LXXXIV, De insonis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [N. al m.] “&amp;quot;Deus meus, et omnia&amp;quot;, Beatus Franciscus”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Inicial invertida por error de imprenta: uno lee “Weve”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [N. al m.] “Beatus Ignatius, Epistola ad Romanos, XII; Beatus Bernardus, Sermo XXII, in Canticum canticorum; Beatus Augustinus, Sermo XIX, De sanctitate/De sanctis, tomus X. No habiendo encontrado la edición de los sermones de San Agustín que el autor usó, y teniendo en cuenta las variaciones de cifras, es difícil saber si hace referencia a “De sanctitate” o a “De sanctis”; Beatus Bernardus, Sermo XLIII, in Canticum canticorum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [N. al m.] “Cornelius Nepos, La vita Atici”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, CXLVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “Siete qüentos”, es decir, siete millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [N. al m.] “MCDLXXVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [N. al m.] “MCDLXXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [N. al m.] “MCCXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [N. al m.] “MCCXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [N. al m.] “MCCXLIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [N. al m.] “MCCXC”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [N. al m.] “MCDXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [N. al m.] “MCDLXXXLV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXV; Origenis, Homilia XXIV, in Numeri; Augustinus, Sermo LXI, De tempore; Tertulianus, Adversus Psychicos, capitulum XI. Probablemente se refiera a De ieiunio adversus psychicos]; Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum; Augustinus, Epistola XLVI ad Arm. et Paulinus; Liber Ecclesiastes, VIII; Epistula I ad Timotheum, V, XII. “Habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt”; “e incurren así en condenación por haber faltado a su compromiso anterior” (1 Timoteo, 5, 12); Epistula ad Ephesios V, XXXII; Fulgentius, De Fide ad Petrum, capitulum III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [N. al m.] “Augustinus, tomus IX Sermo De obedientia et humilitate, capitulum I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [N. al m.] “Augustinus, XIV De Civitate Dei, capitulum XLI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [N. al m.] “Auctor Vitae Patrum, pars II, capitulum CXXXL”. O bien CXXXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' [N. al m.] “Epistula ad Philipenses II, VLII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [N. al m.] “Ambrosius, Sermo XX, in Psalmos davídicos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula Ad Philipenses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [N. al m.] “Bernardus, De grad. hum. De Gradibus Superbiae et Humilitatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [N. al m.] “Idem, De praecepto et dispensatione”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [N. al m.] “Basilius, II Liber Consuetudinum Monasticarum, CXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula VIII ad Demetriadem”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [N. al m] “Hieronimus, epistula I ad Heliodorum, capitulum II; Epistula II ad Corinthios, VI, X”. El texto dice: “Quasi tristes semper autem gaudentes sicut egentes multos autem locupletantes tamquam nihil habentes et omnia posidentes”; “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (II Corintios, 6, 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [N. al m.] “Valerius Martialis, liber IV capitulum IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [N. al m.] “Minutius Felix in Octavius”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum XXIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [N. al m.] “Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' Aquí hay una nota al margen ilegible, probablemente una cita bíblica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [N. al m.] “Gregorius Nysenus, Oratio Catechetica Magna, capitulum XXXVI, apud XXX Panoplia, parte II, III, XXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Nota al margen ilegible. Teniendo en cuenta el cuerpo del texto, podría hacer referencia a la parábola evangélica de la levadura, pero tal pasaje aparece en el Capítulo 13, tanto de Mateo como de Lucas. Aquí, sin embargo, la nota indica el Capítulo 6 de algún otro texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [N. al m.] “Juvenal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [N. al m.] “Liber Exodus, XVI, XXV”. El texto dice: “Dixitque Moses comedite illud hodie quia sabatum est Domino non invenietur hodie in agro”; “Dijo entonces Moisés: “Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yaveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (Éxodo 16, 25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [N. al m.] “Liber Sapientae, XVI, XX”. El texto dice : “Pro quibus angelorum esca nutristi populum tuum et paratum panem e caelo praetisti illis sine labore omne delectamentum in se habentem et omnis saporis suavitatem”; “En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos” (Sabiduría, 16, 20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [N. al m.] “Bonaventura, in Vita Sancti Francisci, capitulum XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [N. al m.] “Hier. Bedul. in comm. log. D Francisc. &amp;amp; lib. I. Apolog. ca. XVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' El autor escribe “afligada”, forma que aparece en escritos medievales castellanos, catalanes y occitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' Probablemente Juan de Alagón, como figura en otras crónicas de la época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' Pedro de Alcocer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [N. al m.] “MDCXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [N. al m.] “MDCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXXI-XVIII”. El texto dice: “Benedictus Dominus Deus Deus Israhel qui facit mirabilia solus”; “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!”, (Salmos 72, 18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [N. al m] Aug. In did.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [N. al m] “Evangelium secundum Ioannem, III, XXVII”. El texto dice: “Respondit Johannes et dixit non potest homo accipere quicquam nisi fuerit ei datum de cælo”; “Juan respondió: &amp;quot;Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (Evangelio de Juan, 3, 27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [N. al m.] “Phil. IV. XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXVII, XXXVI”. El texto dice: “Mirabilis Deus in sanctis suis Deus Israël ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suæ benedictus Deus”; ¡Temible es Dios en su santuario! Él, el dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!” (Salmos 68, 36). La traducción de la Biblia de Jerusalén opta por “temible es Dios en su santuario. En cambio, parece que Tamayo de Vargas entiende esta cita de manera literal como “Maravilloso es Dios entre sus santos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [N. al m.] “Actorum [acta apostolorum], V, XV; XIX, XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [N. al m.] “Acto. Sermo LXXX in Cant; Petrus Damianus, De institutione monialis, cap. XV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' [N. al m.] “A no ser inspiración del Cielo, no se permitiera fácilmente tal honor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' Erisipela, enfermedad de la piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [N. al m.] “MDXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [N. al m.] “† Está en muchas la memoria deste gran caballero por las obras señaladas que en adorno y provecho de Toledo hizo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [N. al m.] “Nevius apud Cicero, liber V epitomes VI et XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c) y se han conservado los subrayados. Señalo también las columnas dentro de las páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136a] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136b] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137a] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Juntamos esta frase con la siguiente para facilitar la comprensión de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chronica de la santa provincia de Granada, de la regular observancia de Nuestro Seráfico padre San Francisco, dedicada al señor Don Juan Antonio de Contreras remírez de Arellano, alcayde perpetuo de las Fortalezas de Cambil, y Alhabar, del Consejo de su Magestad, su Alcalde de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada''. Madrid, Juan García Infançon, p. 836b-837b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes, aunque se conservan cultismos y la escritura de palabras como “mesmas”. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. En cuanto al grupo de sibilantes, se ha actualizado la -ç-, la -z- y la -ss-. La grafía x se ha actualizado como sonido dorsopalatal fricativo. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como la s y s larga (ſ). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV. Vida y muerte de la Hermana María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[836b] No siente las cadenas el cuerpo, ni el pie los grillos, mientras la criatura se halla arrebatada y como fuera de sí. Grillos insufribles y pesadas cadenas son, para la hermosura y gentileza airosa de la mujer, el vestir basta jerga o privarse de las ricas galas, que usan las de su estado y tiempo, componiendo lo decente con lo rico y primoroso de sus trajes, de donde se colige que, sin duda todas las Terceras, que serán asumpto a los siguientes capítulos de este tratado, vivían totalmente negadas a sí mesmas y arrebatadas del amor divino [837a] pues no sentían el vestirse de jerga unas y el despreciar vistosas galas otras. Empiezo, pues, su narrativa por la más notable, así en calidad y naturales prendas, como en humildes desprecios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana María la Pobre, llamada en el siglo Doña María de Toledo, fue hija de Pedro Suárez de Toledo ''[1]'' y Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto, ilustrísima sangre de Castilla, que conservan hoy las casas de los primeros señores de la Monarquía, con la grandeza de España que todas las más gozan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan amante de los pobres desde sus tiernos años, que su mayor delicia era el ver darles la limosna y ella la hacía con cuanto podía tornar de su casa. Este era su divertimiento y el irse a rezar al oratorio donde su madre oía misa, huyendo siempre las conversaciones de las otras doncellas y juegos que hacían las niñas de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amó tan de veras la castidad que nunca deseó más estado que el de religiosa. Mas sus padres, que miraban por la conservación de su casa, sangre y conveniencias, trataron de casarla con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, villa del territorio de la ciudad de Córdoba, cuyo título es hoy de Marqués y se halla en la grandeza que a todos consta. Resistía la santa doncella el nuevo estado, por ser contra su voluntad, mas dando la obediencia a Dios Nuestro Señor ''[2]'' en la de sus padres, consintió en los desposorios, que se celebraron con toda solemnidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a vivir al Carpio, donde, escogiendo por principal morada el convento de Nuestro Padre Seráfico Francisco del Monte, allí cercano, asistía muchas temporadas en el hospicio que se labró para los seglares bienhechores y devotos. Comunicaba las cosas de espíritu con aque- [837b] llos anacoretas franciscanos y, hallándose fervorizada, tomó el hábito y profesó de Tercera, siendo hija de aquel santuario en la nueva vida ''[3]'', y así, en el lienzo de su claustro, que corresponde al patio de los aljibes, entre las pinturas al temple que le adornan, está la primera Santa Clara, como capitana, a quien sigue su coro de vírgenes, siendo la inmediata Sor María la pobre, cuya profesión de la regla de Santa Clara y cuyas heroicas virtudes tuvieron origen en este convento, pues aquí dio a nuestra religión los primeros pasos; los cuales adelantó después de viuda en Toledo, cuyas heroicas acciones, como fueron ser causa de que se instituyese el Santo Tribunal de la Inquisición de España, fundar el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en la Ciudad Imperial, su patria, donde murió profesa, y todo el ejemplar resto de su vida, lo refieren Gonzaga y Fray Marcos de Lisboa, donde se podrá ver ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Natural de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Nota al margen] Cásase con el Señor del Carpio.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[3]'' [Nota al margen] Toma el hábito de Tercera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [Nota al margen] Gonzaga, 3a parte, Provincia de Castilla, Monasterios. Lisboa, ''Chrónica'', 3 parte, libro 8, capítulo 16.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712691</id>
		<title>María de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712691"/>
				<updated>2026-03-12T08:53:46Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (1) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Torres]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Rojas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Marcos_de_Lisboa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Tomas_Tamayo_de_Vargas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luis_de_Miranda]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:SantaMariaToledo_DianaSanmartin.jpg|right|María de Toledo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata, monja, prelada, abadesa y fundadora del monasterio Santa Isabel la Real de Toledo &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1437&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025; fecha de modificación: marzo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vida y milagros de la muy venerable señora doña María de Toledo'' es una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI. Se trata de una copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes, sin referencia, sin paginación ni foliación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI, copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. No tiene referencia, ni paginación ni foliación. El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r] Esta es la vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo, abbadesa y fundadora de Santa Isabel la Real de la ciudad de Toledo; tiene XXVII capítulos, ruego [fol. 1v] al lector q la leyere que las faltas que hallare las enmiende con caridad y lo atribuya a mí y no a la vida de esta devota de Nuestro Señor Jesuchristo y de su bendita madre. Amén.&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó. &lt;br /&gt;
Capítulo 2, cómo se vino a Toledo y murió su marido.&lt;br /&gt;
Capítulo 3, cómo dejó los vestidos.&lt;br /&gt;
Capítulo 4, cómo se ocupaba en la oración. &lt;br /&gt;
Capítulo 5, de la abstinencia y muchas revelaciones que tuvo. &lt;br /&gt;
Capítulo 6, cómo entró en el hospital a servir los pobres. &lt;br /&gt;
Capítulo 7, cómo dejó renta al hospital y pidía para él. &lt;br /&gt;
[fol. 2v] Capítulo 8, cómo estuvo enferma en el hospital&lt;br /&gt;
Capítulo 9, cómo quiso ir a Jerusalén. &lt;br /&gt;
Capítulo 10, cómo fundó el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 11, de la vida que hacía en el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 12, de su abstinencia.&lt;br /&gt;
Capítulo 13, de la caridad que tenía con los enfermos. &lt;br /&gt;
Capítulo 14, cómo seguía la comunidad.&lt;br /&gt;
[fol. 3r] Capítulo 15, cómo mandó hacer una túnica de cerdas. &lt;br /&gt;
Capítulo 16, cómo tuvo una enfermedad. &lt;br /&gt;
Capítulo 17, cómo su camisa llevaron a una enferma. &lt;br /&gt;
Capítulo 18, cómo los médicos la desahuciaron. &lt;br /&gt;
Capítulo 19, de cómo le dio la enfermedad de que murió. &lt;br /&gt;
Capítulo 20, de muchas preguntas que le hicieron las monjas. &lt;br /&gt;
Capítulo 21, cómo muchos cantos que se oyeron en su tránsito. &lt;br /&gt;
[fol. 3v] Capítulo 22, cómo la sacaron de la cueva.&lt;br /&gt;
Capítulo 23, cómo su cuerpo está entero y de muchos milagros.&lt;br /&gt;
Capítulo 24, cómo fue llevada en espíritu al monte Tabor. &lt;br /&gt;
Capítulo 25, de una maravillosa visión que vido fray Jordán, vicario de las monjas de la Madre de Dios de Toledo. &lt;br /&gt;
Capítulo 26, cómo el Padre fray Pedro de Acuña vino por vicario y de una enfermedad que tenía y cómo sanó por los méritos de esta sierva de Dios ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora Doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella vido que no tenía hijos, trabajó con su marido que la diese licencia para se venir a Toledo, tomando por escusa de [fol. 5r] venir a ver a su madre, y que estaba enferma. Y llegada a Toledo estuvo con su madre por buen espacio de tiempo que no volvió a su casa, en el cual tiempo su marido tuvo una grande enfermedad, de la cual falleció. Y trayéndole la nueva, luego que la oyó, hincó las rodillas en tierra y dio muchas gracias a Nuestro Señor Jesuchristo porque la quería ya dar libertad ''[3]'' para que toda ella se pudiese mejor emplear en su servicio como ella lo deseaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y, como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora, estando en este ejercicio en casa de su madre, iba cada noche a maitines a la iglesia mayor con una linterna, ella y una compañera suya que para esta vida tenía escogida, la cual era muy virtuosa y devotísima de Nuestra Señora y persona de muy gran contemplación. Y con ella andaba todo esto descalza, que desde que [fol. 7r] enviudó nunca se calzó, zapatos ni otra cosa por nieves ni agua que hiciese y cada noche iba a maitines. Y no contenta de esta vida, dormía algunas veces en la iglesia mayor, ella y su compañera, debajo de la tribuna de los señores, y en todo este año entero no salió de allí, mas dábase a muy grande oración y contemplación y penitencia, y comulgaba cada ocho días los primeros años; y después, andando más en la vida espiritual, todas las veces que su confesor se lo mandaba aunque fuese a tercero día. Este confesor era un sancto varón que se llamaba fray Juan Pérez, de la ''[8]'' [fol. 7v] orden de Nuestro Padre San Francisco, el cual le mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor comunicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo comunicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor comunicó con esta su sierva en aquel año. Y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Santa Isabel, que nos lo dio su confesor, con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión, y todo ansí como lo teníamos la mayor parte dello se [fol. 8r] llevó el Arzobispo de Toledo, Don Fray Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su Vida para vella y sus Revelaciones, diéronsela toda y Su Señoría se la llevó y nunca más la tornó y ansí tornamos a escribir la Vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propia mano, no quedaron sino muy pocas. Y viniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamabo [''sic''] Doña Leonor, nuera del Duque de Alba, demandola [fol. 8v] para verla y se la llevó y nunca más la volvió. Y desta manera se nos perdieron todas las Revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima y ansí no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quinto, de la abstinencia que hacía y como le fueron reveladas muchas cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando al propósito primero, en todo el año que no salió de la iglesia mayor de noche ni de día, ni se comunicó con persona alguna desta vida sino con su confesor ya dicho, y él la comulgaba a [fol. 9r] tercero día, y el día que comulgaba ayunaba a pan y agua, y lo más de la semana lo mismo, y cada día se disciplinaba. Y en este tiempo le fue mostrado y revelado cómo se habían de ganar muchas tierras de moros, y Granada con todas sus tierras, y le fue revelado cómo se habían de echar lo [''sic''] judíos de Castilla y la reformación de los monasterios, y las grandes herejías que se hacían en estos reinos, por donde ella fue causa de poner la Inquisición, para ensalzamiento de nuestra sancta fe católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Esto y otras muchas cosas que cumplían al regimiento del Reino escribió a Sus Altezas de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, que estaban entonces en la ciudad de Segovia. Y esto fue ocho años antes que aconteciesen estas cosas y, como esta señora era persona de tanto merecimiento y sanctidad, comunicábase mucho la Reina con ella, y enviándola llamar a ella y a su compañera para informarse della de todo lo que les escribía por extenso. Y, llegada a la ciudad de Segovia, estuvo con sus Altezas seis meses nomás. Y porque allí no podía po- [fol. 10r] ner por obra sus buenos deseos y humildad en que ella solía ejercitar su vida, pidió licencia a Sus Altezas para tornarse a Toledo para acabar lo comenzado. Y, venida a la ciudad, no se quiso tornar a casa de su madre, mas fuese derecha al Hospital de Nuestra Señora y públicamente se puso a servir a los pobres por tres años, sirviendo desta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo sexto, de cómo esta señora sierva de Jesuchristo Nuestro Señor entró en el hospital'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entrando en el hospital fue recibida de todos los pobres como madre, y la die- [fol. 10v] ron una capillita muy pequeña en que estuviese, que no cabía más de una camita muy pobre y un oratorio, y la cama que allí tenía era un colchón de paja y una manta encima muy vieja con una almohada de sayal llena de paja. Ella andaba siempre descalza, y vestida una túnica de sayal y un hábito de lo mismo, y por toca traía un paño de lienzo muy grueso y las bocas de las mangas traía atadas con tomizas. Era muy solícita y diligente en el servicio de los enfermos ansí hombres como mujeres, hacía las camas y lavábales las bocas, curábales las llagas, [fol. 11r] y besábaselas muchas veces, y tresquilábales las cabezas y dábales de comer con sus propias manos, y hacía todas las otras piedades que sus necesidades demandaban, y deshacía las purgas y dábaselas con mucha devoción y limpieza y caridad. Y a las nueve de la noche andaba visitando los enfermos y mirando lo que habían menester porque eran más de setenta, entre hombres y mujeres, y traía siempre una cestilla en las manos con manzanas, y granadas y azúcar y confites para dejar a cada uno lo que hubiese menester, y una noche estaba un muchacho con cámaras, y ella misma le sacó en brazos seis veces [fol. 11v] a hacer sus necesidades, porque era niño y no se podía tener de flaco. Y, acabado todo esto de prima noche, entrábase en el cuarto donde estaban las mujeres en su celdita, y con todo este trabajo del día estaba hasta maitines en oración mental, y a la mañana iba luego a visitar los enfermos y a hacerles algunas piedades acostumbradas como solía, y sacaba los servidores y llevábalos a vaciar delante de todos con muy gran gozo y humildad. Y ansí, a ejemplo suyo, todos los caballeros y señores de la ciudad, se hicieron hermanos del hospital y servían a semanas y esta costumbre quedó puesta para siempre [fol. 12r] en el Hospital de la Misericordia, en esta ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo séptimo, cómo dejó renta al hospital y pedía cada semana limosna para él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó esta señora su renta al hospital veinte y cinco mil maravedís de juros, e iba cada semana a pedir por las plazas y mercados por amor de Dios para los pobres, ella y su compañera, y tornaban cargadas de todo lo que les daban unas veces gallinas y pollos y de otras cosas semejantes; y otras veces de escobas y sogas, y ollas y ansí de otras cosas de humildad en que eran [fol. 12v] necesarias para el servicio de los enfermos y provisión del hospital. Y viniendo cargadas con todo esto, muchas veces topaban con muchos caballeros y señores sus parientes y con su misma madre, de los cuales pasaba muy grandes persecuciones porque se afrentaban de verla andar de tal manera y la llamaban de loca, y algunas veces la tomaban la hacienda por que no la gastase de tal manera. Otras veces la hacían muchos enojos, pensando que por estas cosas se enmendaría de dejar lo que tenía comenzado, mas como esto era lo que ella andaba buscando, que era padecer denuestos y injurias por amor de Nuestro Señor [fol. 13r] Jesuchristo, no la espantaba nada, mas antes confirmaba más su buen propósito y deseo en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo que siempre tuvo en su Divina Majestad. Y sus deudos, viendo que no aprovechaba nada lo que con ella hacían para apartalla de aquella vida, dejáronla seguir su voluntad y grande desprecio de mundo, de lo cual ella estaba muy jocosa de padecer, a ejemplo de los que a Nuestro Señor fueron hechos en su sagrada pasión, de la cual ella era muy devota y derramaba infinitas lágrimas de amor y compasión della, en la cual le fueron dados de Nuestro Señor muy grandes sentimientos. Y le fueron reveladas muy grandes [fol. 13v] cosas, que después acá han pasado ansí en lo susodicho, como en otras grandes cosas que por nuestros ojos hemos visto, y a causa de ser ella tan secreta y humilde no quería comunicarse con nadie las gracias que Nuestro Señor Jesuchristo comunicaba con su alma. Y lo que decía era casi forza[da] por la obediencia que tenía a su confesor; y por esta obediencia comunicaba con él y con su compañera a las cosas que sentía y pasaba, y ansí todos tres escribían lo que pasaban y lo mismo hacían de su compañera, ansí que todos escribían lo que pasaban y vían en espíritu. Y muchas veces el confesor por probar su paciencia mandaba a [fol. 14r] su compañera que la diese de bofetadas, lo cual ella hacía forzada por la obediencia y ella las recibía con mucha paciencia y amor de Jesuchristo Nuestro Señor, por quien ella tanto deseaba padecer por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo octavo, cómo cayó enferma en el hospital y no consintió que la sacasen fuera d’él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sierva de Nuestro Señor en este sancto ejercicio en el hospital, como era tan generosa y delicada, a cabo de los tres años del servicio d’él, diole Nuestro Señor una muy grande enfermedad de fiebre a causa de los vapores de los enfermos; y ansí como estaba en- [fol. 14v] ferma, no consintió que la sacasen de la celda donde dormía y, sabiéndolo su madre y parientes cómo estaba tan enferma, vinieron todos al hospital, aunque no la hablaban, y trabajaron mucho de llevarla cada uno a su casa, mas ella no quiso salir del hospital. Y, estando en este, creció tanto la enfermedad que la dieron todos los sacramentos y la extremaunción y, tiniéndola ya por muerta todos los que presentes estábamos, la vimos dar las boqueadas en presencia de los médicos y de infinito número de gentes que allí estaban. Ya tenido por defunta, la tomaron en un colchón y la subieron a una capilla que llaman “las beatas de Lope [fol. 15r] Gaytán” ''[9]'', que estaban en el mismo hospital, con las cuales estaban las suyas mientras ella acababa el servicio de los pobres, y, estando en esto, aparejando la sepultura que está en la misma capilla y allí está una imagen de Nuestra Señora muy devota con el niño en brazos, delante la cual su madre estaba llorando y con muy gran fe suplicando a Nuestra Señora le diese a su hija y con grandes lágrimas y gemidos. Y con la gran pena que tenía decía que, si no se la resuscitaba, que ella le tomaría el niño precioso que en los brazos tenía, y Nuestra Señora, mirando sus gemidos como madre de misericordia. Estando en esto, abrió los ojos y, tornando como de la muerte [fol. 15v] a la vida; y de ahí adelante fue de bien en mejor su salud, y mandaron los médicos que la sacasen del hospital si no que moriría y, forzada, la llevaron a casa de su madre adonde todas las suyas fuimos, que antes estábamos en la dicha casa de las beatas de Lope Gaytán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo nueve, de cómo esta sierva de Jesuchristo quiso ir a Jerusalén en romería'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, estando en esto en casa de su madre, pensó de dar asiento a su vida y para más perfección procuró de poner en estado a las suyas y, después de hecho esto, de tomar una esclavina ella y su compañera y partir se secre- [fol. 16r] tamente a Jerusalén, mas, como sus hermanas no quisieron apartarse de su compañía, no pudo poner en obra lo que tanto deseaba y púsose en oración ella y su compañera para saber de Nuestro Señor Jesuchristo, que Él la pusiese en obra su pensamiento y, si otra cosa Él fuese servido, que en todo Su Majestad la alumbrase. Y, hecha la oración, fuele respondido que hiciese una casa de religiosas adonde ella y muchas almas se salvasen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez, de cómo fue edificado el monasterio, y la vida que hizo en él esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puesta ya en determinación de hacer una [fol. 16v] casa de religiosas, andaba buscando una tal casa como convenía para el monasterio, y en este tiempo vino la corte a Toledo. Y, como los Reyes Católicos la querían tanto y se comunicaban mucho con ella, hiciéronle merced de esta casa de Santa Isabel, y ellos mismos la metieron dentro y se la entregaron a ella y a todas las suyas, en la cual casa gastó más de siete cuentos. Y entre la señora Doña Juana de Toledo, su hermana, que era sanctísima mujer, y Su Alteza de la Reina Doña Isabel, púsole su nombre Sancta Isabel de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo once, de la vida que esta sierva de Cristo hizo en el monasterio y de su abstinencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17r] La vida que hizo esta señora en el tiempo que estuvo en el monasterio fue muy subida y de mucha perfección y en muy gran menosprecio, y contemplación y oración y penitencia. Su vestido era un silicio de cerdas hasta ''[11]'' en pies y una túnica de sayal y un hábito ''[12]'' de lo mismo y el manto, y todo era lo más viejo y remendado y de más desprecio que ella hallaba. En la casa andaba descalza y las tocas eran de estopa y el vilo [''sic''] sin alguna curiosidad, su cama ''[13]'' fue en lo primero una tabla y a la cabecera un madero, una manta de sayal debajo y otra encima, y otras veces tenía por al- [fol. 17v] mohada una piedra o una almohada de sayal llena de paja [14]. Y su comer era todo el año un ayunar muy continuo y cada semana ayunaba tres días en pan y agua y continuamente iba a las espuertas en que cogían la basura y buscaba los mendrugos de pan que estaban en ellas, y llevábalos ascondidos en su manga a la mesa y aquellos comía todas las veces que los hallaba, y cuando no los hallaba buscabo [''sic''] por el refectorio los pedazos que dejaban las monjas, que nunca partía pan entero si posible era.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo doce, de la abstinencia que hacía esta sierva de Nuestro Señor cuando comulgaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18r] ''[16]'' [...] como visitaba las enfermas a menudo. &lt;br /&gt;
Comulgaba esta sierva del Señor muy a menudo, y todos los días que comulgaba ''[17]'' nunca comía hasta la noche en todo el día, y entonces comía unas pasas y almendras ''[18]'' o cosas semejantes, y siempre la comida que de orden le daban la enviaba a las personas avergonzantes, y de los pobres tenía muy gran cuidado, que les diesen limosna ''[19]'' y que nunca les faltase la comida; y hacía mucha limosna a los pobres de la cárcel, que siempre les enviaba limosna; y mandaba proveer de agua y de todo lo que podía como a la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo trece, de la caridad que […] sierva de Nuestro Señor tenía con los enfermos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta su caridad con los enfermos que no pasaba día que no visitaba la enfermería y si hallaba los servidores o escupidores sucios, lavábalos siempre ''[21]'' y procuraba siempre como estaban proveídas de lo que había menester y cuando alguna vez estaba mala en la enfermería siempre andaba por las enfermerías visitando las enfermas y llevábales escondido lo que a ella le daban para su consuelo y no quería comer hasta que sabía que las enfermas tenían lo que habían menester.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo catorce, cómo esta sierva de Nuestro Señor seguía la comunidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estaba en la comunidad y echaban a algunas monjas algún oficio de humildad, ''[22]'' muchas veces, antes que las monjas, tenía ella ya llevados los servidores por que descansase algo la oficiala. Y siempre era ''[23]'' ella la primera en el seguimiento de las comunidades y en fregar y barrer y en meter leña, y lavaba las túnicas de las monjas, si no que no la dejaban todas veces. ''[24]'' Ayunó una vez la Cuaresma de los ángeles a pan y agua todos cuarenta días sacados los domingos, y este día comía unos bocados de pescado ''[25]'' [fol. 19v], y en toda esta Cuaresma comulgaba a tercero día ''[26]'' y este día no comía nada hasta la noche que bebía con unos granos de anís, y esto hizo hasta que una vez en este tiempo vino aquí el Arzobispo don fray Francisco Jiménez y la madre vicaria le suplicó que la mandase que comiese alguna cosa, y él mandóselo ''[27]'', y dende allí adelante poníanle unas pocas pasas y almendras y avellanas, que ya sabían que no había de comer otra cosa; y sobreavisó la resitolera se las ponía contadas para ver qué tanto comería, y hallaba por su cuenta que comía una avellana y una almendra y una pasa; ansí por cumplir ''[28]'' [fol. 20r] la obediencia comía una cosa de cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quince, de cómo la sierva de Nuestro Señor mandó tejer una túnica de cardas y lana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No contenta de la penitencia que hacía, mandó tejer una túnica de cardas y lana de cabras ''[29]'' para sobre el silicio, que siempre le traía a raíz de la carne y tan largo que descendía hasta encima de los tobillos una mano, y siempre buscaba nuevas maneras de penitencias y, con todos los cuidados del regimiento, siempre era la primera en las comunidades ''[30]''. Iba cada noche a maitines y antes de maitines, después de reposadas las monjas, estaba dos horas de rodillas en [fol. 20v] oración, y luego recostábase sobre la cama susodicha, que era una tabla cubierta con una manta de sayal y, cuando se levantaba a maitines, no tornaba más al dormitorio, mas estábase en el coro en oración hecha un mar de lágrimas, y esto era muy continuo ''[31]'', y si alguna vez la constreñía el sueño, en la misma silla recostaba la cabeza y, aunque helase y nevase, nunca otra piedad tomaba, si no llegaba alguna monja y la echaba algún manto encima; y para sí era muy áspera y para las otras muy piadosa, ''[32]'' y siempre consolaba a las enfermas y aflictas con las obras de piedad y palabras celestiales ''[33]'' [fol. 21r] como madre verdadera, que más parecía en su conversación ángel que persona. Y, como era tan devotísima de la Pasión ''[34]'', siempre suplicaba a Nuestro Señor Jesuchristo que le diese a sentir los dolores que Él había sentido en el desconyuntamiento de la sanctísima vera cruz por que pudiese mejor compadecerse de sus dolores padeciéndolos ella. Y Nuestro Señor Jesuchristo, mirando sus sanctos deseos ''[35]'' como aquel que sabía lo que tenía en ella y en su sancta ánima, diole una muy grande enfermedad de dolores incomportables en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez y seis, de cómo Nuestro Señor [fol. 21v] Jesuchristo dio a su sierva una muy grande enfermedad de dolores recios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dio Nuestro Señor a su sierva una muy cruel enfermedad de dolores, que cuando le daban decía ella que parecía que la desconyuntaban todos los miembros de su cuerpo y que la hacían pedazos, y no se podía rodear sino la rodeaban con una sábana en la cama, y con todo este tormento que padeció un año nunca persona la vio perder la paciencia, ningún movimiento de ira y, cuando los dolores eran tan incomportables que lo [''sic''] ''[36]'' le era posible sin se quejar, luego demandaba perdón con grande voluntad a las que la servían ''[37]'' [fol. 22r] del mal ejemplo que les daba; y ansí como era humilde como la tierra y afable, ansí era también grave y prudentísima y tenía grandísima gracia en hablar de Dios, que como lo sentía ansí lo sellaba en las ánimas, que muchas veces la veían estando metida en hablar de Dios, el gesto con tan grande alegría que manifestaba muy claramente el gozo que de dentro poseía, y cuando estaba en este fervor no parecía que sentía los dolores más que toda estaba inflamada en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecisiete, cómo una camisa de esta sierva de Nuestro Señor fue llevada a una mon- [fol. 22v] ja del Cístel que estaba enferma y no se la quiso vestir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el tiempo que esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo estuvo enferma en la enfermedad ya dicha, tomaron una camisa que ella se vestía en su enfermedad y la llevaron a una muy religiosa monja de la orden del Cístel, la cual se llamaba Martha, para que se la vistiese, que era de un enfermo que se lo rogaba por amor de Dios, y ella, viendo la camisa, nunca quiso tocar a ella mas mirola con gran reverencia y dijo que cúya era aquella camisa, que no osaría ella vestírsela porque no era enfermedad, mas eran [fol. 23r] dolores de la sacratísima Pasión de Nuestro Señor Jesuchristo, y que por esta causa no se la osaría vestir, mas antes encomendarse a quien lo padecía. Ansí que conoció en espíritu lo que secretamente llevaban para que por su sanctidad se la vistiese, y ansí confirmó los pensamientos de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo dieciocho, de cómo los médicos no le daban remedio ninguno ni le hallaban para su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando juntos muchos médicos y cirujano, no pudiendo hallar ningún remedio ni le hallaban para su enfermedad hasta que fue cumplida la voluntad de [fol. 23v] Nuestro Señor Jesuchristo, que ella padeciese lo que tanto deseaba padecer, y en esta enfermedad fue tan grande su paciencia que más parecía que se deleitaba en ella que no que padecía. Y cuando Nuestro Señor fue servido de alivialle los dolores luego se hizo llevar al dormitorio con el convento, porque allí eran sus deleites, gozar siempre de la comunidad, adonde estuvo muy poco tiempo que luego le dio el mal de la muerte, que fue de fiebre y una seca, que no vivió más de cinco días en los cuales días se cumplió un año que le dio la enfermedad de los dolores, y en esta fiebre que tuvo, tuvo quitado el sentido en las cosas temporales. Y nunca le perdió en las ''[38]'' [fol. 24r] cosas de Nuestro Señor Jesuchristo, antes hablaba cosas tan altas y maravillosas, que todos los médicos y personas que la veían estaban admirados, y alababan a Nuestro Señor Dios de ver tal enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecinueve, de cómo le dio el mal de la muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que a esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo le dio el mal postrimero para ir a gozar de Nuestro Señor Dios, que era lo que más en esta vida había deseado, fue el día de San Pedro y San Pablo, y comulgó estando buena, como acostumbraba a celebrar las otras fiestas, y otro día de la conmemoración ''[39]'' de San Pablo, pos- [fol. 24v] trero día de junio, miércoles, a la una del día, le dio la fiebre y la seca y luego perdió el sentido, y dijo que luego le llamasen al vicario para que la confesase y diese los sacramentos y, en entrando, ella recibió el sancto sacramento con mucha devoción con todos sus sentidos, y ansí estuvo por espacio de dos horas, toda metida en sí que no quiso que la hablase nadie, y esto fue sábado, un día después de la visitación de Nuestra Señora. Y pasadas las dos horas tornó a perder el juicio en lo corporal, y en las cosas de Dios estaba tan viva como cuando estaba en su fervor y, estando ansí, le dijo una religiosa que ''[40]'' [fol. 25r] rogase a Nuestro Señor por ella y respondió con entrañas de caridad (como siempre lo hacía) que por ella sola que rogase a Nuestro Señor, que por todo el universo mundo había de ser la oración, que ansí nos rogaba ella a todas que hiciésemos como ella hacía, que siempre era esta su forma de oración y esto respondía a todas las preguntas que le hacían de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte, de muchas preguntas que la hicieron las monjas y lo que respondía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también le preguntaban las monjas si veía a Nuestro Señor Jesuchristo, y ella dijo que a Nuestro Señor y a su preciosísima madre. [fol. 25v] Y preguntole una monja y devota de San Juan Baptista que si veía a San Juan Baptista, y ella respondió muy alegre: “Y aun a toda la corte celestial que estaba allí”. Y esto decía con una alegría muy grande en que mostraba muy claramente en su gesto estar toda inflamada en gozo; y sin que ella lo manifestase lo conocían todos los que la veían. Y nunca veían ni oían que se les cayese de la boca estos versos: ''“In pace in idipsum: dormiam et requiescam” [41]''. Y otras veces decía: ''“In manus tuas Domine commendo spiritum meum” [42]''. Y otras veces decía: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi” [43]''. Y otras veces decía: ''“Hec [fol. 26r] requies mea in seculum seculi” [44]''. Y luego demandó la unción, y se la dieron aunque no estaba en su propio juicio ni el gesto mostraba señal de muerte sino de mucha alegría, mas el pulso mostraba la verdad. Y cuando la dieron la extremaunción ella misma respondía a los siete psalmos, y cuando vino la medianoche estábamos todas tan atormentadas de pena, alrededor de la cama, todas dormidas, las más con la pena de lo que presente veíamos; despertáronnos a todas como si a cada una llamaran de por sí y pusiéronse juntas alrededor de la cama de rodillas llorando todo el [fol. 26v] convento, la suplicamos que rogase a Nuestro Señor por nosotras y que nos encomendase a Él y nos diese su bendición, y ella, con aquella benignidad que solía hablar, nos dijo que la bendición de Dios Padre todopoderoso nos guardase y diese su bendición y amor y temor. Y luego tornó a decir sus versos que antes decía y de ahí a tres credos dijo a muy alta voz: “Hijas mías, quedad en paz”. Y luego juntó su boca y ojos sin más movimiento ni señal de muerte, que más parecía tránsito de sancta que muerte, y ansí dio el alma a Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en espirando fue tan grande el olor que [fol. 27r] alrededor della estaba que parecía que estábamos en un vergel de muy olorosas flores, y este mismo olor quedó en la cámara adonde estaba y en toda la ropa con que la curaron, y pasó esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo desta vida lunes al alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando las monjas cayeron en el yerro que habían hecho, que era tener una tal persona en la cueva y llena de cal encima, pidieron licencia al juez de la iglesia para sacarla de la cueva en que estaba, y sacáronla entera, y olía su cuerpo como el mismo día que la enterraron y ansí cerraba y abría sus manos como cuando era viva, sin comerse cosa alguna, y el mayor milagro fue que el espacio que estuvo en la [fol. 29r] cueva fue tan poco que no fue más de dos meses, porque ella murió un día antes de la octava de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y sacámosla el día de San Matheo en el mismo año, y salió con las mismas carnes que la metieron, que no le había hecho ninguna impresión ni aun en el hábito que tenía vestido, sino era lo que estaba encima por el agua que distilaba de la cueva que era mucha por el regar y lavar del coro, mas lo que estaba a raíz del cuerpo estaba tan fresco como cuando la enterraron, y entonces tornámosla a meter en la cueva porque no estaba hecho el encillo donde la [fol. 29v] habíamos de meter, y después tornáronla a sacar día de la Translación de Sant Luis y pusiéronla en un encillo, adonde está hasta que otra cosa se ordene.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y tres, de cómo el cuerpo de esta sierva de Nuestro Señor está entero, y de muchos enfermos que por sus merecimientos han sanado de diversas enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y allí en aquel encillo está su cuerpo tan entero como si estuviera viva, salvo el rostro que le tiene con mal color, de quemado de la cal. Y todas las personas que a esta señora se encomiendan en sus enfermedades le alcanza de Nuestro Señor Jesuchristo salud, [fol. 30r] y desto tenemos muy grande experiencia en muchas maneras de enfermedades que habemos visto sanar, especialmente de ciciones, que han sido sin número las que ha sanado y diremos algunos, que todos no será posible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fue que en la ciudad de Burgos ''[46]'' estaba un clérigo de misa muy enfermo y tullido, que había más de tres años que no se levantaba de la cama, y una noche vido en sueños una dueña de admirable hermosura que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta [fol. 30v] Isabel, que es fallecida, y luego serás sano”; y él, como lo oyó y supo que era difunta, hízole decir una misa, aunque no la conocía, y luego se levantó, y de ahí adelante estuvo bueno y publicó el milagro, y creció la devoción mucho en ella por la de Jesuchristo Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en aquellas partes, allende los puertos, estaba una gran señora que por ser tal ''[47]'' no se dice su nombre, y tenía una hija muy enferma de la cabeza y no tenía hijos, y esta señora decía que, si los tuviese, que sanaría de aquel mal; y ella, tiniendo mucha fe y devoción en esta sierva de Nuestro Señor [fol. 31r] Jesuchristo, por la fama que tenía de su vida tan en extremo perfecta, sabiendo que era finada, envió a pedir un velo o toca que hubiese estado en su cabeza, y la medida de su cuerpo; y lleváronle una toca que al presente tenía tocada, y la medida de su cuerpo, la cual le ciñeron, y luego se hizo preñada; y puesta la toca encima de su cabeza, luego fue sana por la misericordia de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta su sierva. Y esta fue la primera por quien Nuestro Señor Jesuchristo mostró estas maravillas, y de ahí adelante han sido sin número los milagros que Nuestro Señor ha hecho con [fol. 31v] la medida de su bienaventurado cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo tiempo que esta sierva de Nuestro Señor falleció, estaba una señora noble de esta ciudad de Toledo muy enferma de los ojos, ''[48]'' que había más de cincuenta días que no salía de detrás de una sarga, que [te]nía los ojos hechos una sangre que no podía ver cosa ninguna. Y sabiendo cómo esta señora era defunta, envió con mucha fe a demandar un paño que hubiese tenido sobre sí esta señora y que creía que, en puniéndoselo encima, sanaría, lo cual fue ansí. Y una sobrina suya, que era monja de la casa, enviole un paño que ella había tenido [fol. 32r] puesto en el estómago en su enfermedad, y pusiéronselo encima de los ojos, y luego los abrió por la gracia de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
Otra dueña de esta misma ciudad estaba tullida de una cadera que tenía ciática ''[49]'' más había de tres años, y con la gran devoción que tenía en esta señora, envió a pedir un poco de cilicio de lo que ella traía o de su túnica, y luego se lo enviaron por la fe que tenía y, en puniéndoselo a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta sierva suya, fue luego sana del mal de la cadera en puniéndoselo encima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, aunque fue [fol. 32v] casada nunca parió, y a todas las que no paren, puniéndose su medida de su cuerpo con mucha devoción ''[50]'' se hacen luego preñadas, y cualquiera que se pone un poco del silicio ''[51]'' o de la túnica luego sana de las ciciones, a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y quatro, como Nuestro Señor la llevó en espíritu al monte Tabor y lo que allí vido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Jesuchristo era viva, aconteció un día de la Sanctísima Transfiguración, habiendo comulgado estando de rodillas en el coro en su silla por muy grande espacio del día hacia la tarde, vido la [fol. 33r] una monja el rostro que d’él y de todo su cuerpo salía un resplandor como de sol, de tal manera que estaba muy espantada la religiosa de ver tal cosa, y nunca podía quitar los ojos de ella, y después de pasado el día suplicole la monja muy afectuosamente que le dijese qué habían sido los pensamientos que el día pasado había tenido, que por reverencia de Nuestro Señor se lo dijese, y ella respondió que por qué se lo preguntaba, y dijo la religiosa que no le negase la merced que le pedía, que ella diría la causa; y luego respondió la sierva de Nuestro Señor Jesuchristo que la había Nuestro Señor hecho merced de llevarla en espíritu, al [fol. 33v] monte Tabor; y que allí gozaba de la gloria que los bienaventurados apóstoles gozaban, y que preguntó al glorioso señor San Juan, que qué había sentido en aquella gloriosa y santísima transfiguración, y que la respondía san Juan que había gustado la ley de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez en Cuaresma, estando en el dormitorio, viernes, haciendo la disciplina, vido una religiosa cómo le salía un rayo de luz del rostro y allegaba a ella adonde estaba en las postreras del dormitorio y, maravillada de tal novedad, otro día suplicole la religiosa de rodillas qué era lo que había visto y sentido en la disciplina porque [fol. 34r] ella había visto una muy gran señal de amor. Y la bienaventurada y devota señora la respondió que le dijese ella lo mismo, porque Nuestro Señor Jesuchristo le había dado a sentir el amor con que se había puesto en la columna a sufrir tan crueles tormentos y dolores; y que sintió cómo ella sentía lo mismo, y que por esta causa habían visto entrambas una cosa; llamábase María de Salazar, y muchos años después de fallecida se halló su cuerpo entero, y la vieron algunos prelados de nuestra orden que entraron a la cueva a ver algunos cuerpos que según sus vidas se tenían por sanctos, y entre los [fol. 34v] frailes que entraron fue uno fray Francisco de los Ángeles, que al presente era provincial de la Provincia de Castilla, y ahora es cardenal de Sancta Cruz. Y hallaron el cuerpo de esta religiosa tan entero como si le acabaran de enterrar, y le mecieron todo y se meneaba y mandaba, por donde daba testimonio de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto y otras muy grandes cosas se vieron en su vida, que no se acuerdan, por ser ya todo tomado, como dicho es arriba. Un miércoles estando esta sierva de Jesuchristo en el coro sola mientras las monjas comían, vídola una religiosa que se llamaba [fol. 35r] María de Sedeño, que andaba rezando cerca del coro, y porque era mientras comían, ascondíase mucho della que no la viese, y mirábala el rostro, que parecía que le resplandecía, y ansí mirándola vídola llegar al altar mayor como si volara, alzada de tierra, y quedó tan espantada que pensó no se poder partir de allí viendo tan gran milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y cinco, de una maravillosa visión que vido el Padre fray Jordán, religioso de la orden de los Predicadores, el día que murió esta sierva de Jesuchristo Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo pasó desta vida, estando un religioso de la [fol. 35v] orden de los predicadores llamado fray Jordán y de muy sancta vida, siendo vicario de las monjas de la madre de Dios de Toledo, estando en oración en su celda no sabiendo que era difuncta esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, vido una gran procesión de ángeles, y de una parte venía nuestra Madre Santa Clara, y de otra nuestra Madre Santa Isabel, y ella en medio de entrambas; y ella iba vestida desta manera: llevaba una almática de brocado como diácono y las mangas y redropiés iban todas llenas de pedrería, y resplandecía su rostro como el sol y llevaba una diadema con la misma pedrería. Y dijo que [fol. 36r] nunca la había visto mas que luego la conoció, cómo era la abadesa de Santa Isabel, que aquel punto había fallecido; y que preguntó a un ángel de los que allí venían que quién era aquella bienaventurada a quien tanta fiesta se hacía, y respondió que era el abadessa de Santa Isabel, y dijo este padre que le parecía a él que hacía esta pregunta para más verificar su conocimiento. Y preguntole más, que qué significaban aquellas piedras preciosas que llevaba en las manos y en los pies, y fuele respondido que por el desprecio que en todo ello había tenido especialmente en el andar descalza y traer todas las man- [fol. 36v] gas atadas con tomizas, y también me dijo qué significaba ir como diácono y como se encubrió con todo lo otro y la tomaron, no se me acuerda, y también la diadema, mas de que nos dijo que después del ánima de San Jerónimo nunca tan gran recibimiento se había hecho en el cielo como a aquella gloriosa ánima; y dijo que no era mucho haber oído cantos celestiales, que mucho más se maravillaba cómo no lo había oído todo el mundo según el recibimiento se hizo a esta sancta ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y seis, cómo el padre fray Pedro de Acuña vino por confesor a esta [fol. 37r] casa y, trayendo un poco del cilicio desta señora, fue sano luego'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo a esta casa un reverendo padre que se llamaba fray Pedro de Acuña por confesor, traía cuartanas, y diéronle las monjas ''[52]'' un poquito de la túnica y del cilicio, y luego se le quitaron por la gracia de Nuestro Señor Dios y méritos desta bienaventurada su sierva. También viniendo aquí la señora Duquesa de Medinaceli, traía un dolor incomportable ''[53]'' de cabeza y, subiendo a ver el cuerpo desta bienaventurada sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, metió la cabeza dentro, donde está su cuerpo, y salió [fol. 37v] luego sin algún dolor; y manifestó luego la maravilla que Nuestro Señor Jesuchristo había hecho con ella en quitarle súbito el gran dolor que tenía, por los merecimientos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También una monja de San Pablo tenía un brazo ''[54]'' que no le podía mandar y, no tiniendo remedio, envió con mucha devoción a demandar que le diesen alguna cosa de esta bienaventurada. Y enviáronle una manga de su túnica y, en puniéndosela, sanó luego y alabó a Nuestro Señor por tan gran milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, viniendo a esta casa un hombre a matar unos puercos, tenía ciciones ''[55]'' [fol. 38r], y había muchos días que las tenía, y pusímosle de la túnica desta sierva de Jesuchristo y luego se le quitaron y nunca le volvieron más. &lt;br /&gt;
Otra vez vino a esta casa un mozo a cavar la huerta, y venía con ciciones, que había mucho que las tenía, y, puniéndole de la túnica desta sierva de Nuestro Señor, luego se le quitaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vino aquí una dueña de Cubas ''[56]'' a pedir un poco de la túnica desta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, porque había en su pueblo muchas personas con ciciones y morían dellas. Y dímosle un poco, ya [fol. 38v] todas las personas que se lo pusieron sanaron, y todo lo más del lugar fue sano de las ciciones, y esto mismo á acontecido en muchas; y son sin número los que sanan con la túnica y el silicio de esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor a gloria y honra suya, el cuan [''sic''] vive y reina por siempre jamás. Amén. &lt;br /&gt;
______________________________________________________________________&lt;br /&gt;
[Línea gráfica de separación que puede indicar que existieron dos tiempos de redacción o bien que esta segunda parte fue copiada posteriormente a partir de otro texto, como puede interpretarse de la lectura de la nota marginal del f. 40r (véase nota 58)]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Algunos años después de fallecida la sierva de Dios y bienaventurada señora doña María de Toledo, sucedió que, habiendo dejado la labor, era encerrada mucha cantidad de lino en la casa de la labor [fol. 39r] donde también había telares y rast[r]illos y otros embarazos de madera; sin echarlo de ver, dejó emprendido el lino con alguna pavesa que cayó de la cera que llevaba en la mano, cerró la puerta, y fuese al dormitorio, donde se acostó y durmió muy descuidada. A la media noche la llamaron con palabras expresas diciendo: “Francisca de Santa Clara, levántate, que se quema la casa de la labor; pareciéndole sueño, se volvió a dormir, y lo mismo hizo segunda vez que la llamaron con las mismas palabras, hasta que la despertaron, [fol. 39v] tercera vez, levantose con muy gran pavor y, antes de llegar a la pieza, vio la luz que daba el fuego, halló la puerta que dejó cerrada abierta, y un repostero que estaba caído delante della estaba levantado en un clavo; entrando dentro, vio una grandísima llama y a la sancta señora con una calderilla en la mano echando agua en el fuego; tenía los pies descalzos como lo trujo hasta el día que murió; a vista desta religiosa se acabó de apagar el fuego sin haber hecho daño alguno. Tiénese por tradición en el convento que la sancta señora, [fol. 40r] entre otras cosas que pidió a Nuestra Señor para este convento, fue una que le librase de fuego; hanse visto en él cosas milagrosas en que Dios le ha librado deste peligro sin preceder diligencia ni reparo alguno, de donde inferimos que nuestra sancta madre nos defiende con su intercesión delante de Dios. &lt;br /&gt;
Ana de luna, mujer de Alonso de Perea ''[58]'', naturales de Toledo, ''[59]'' criaba un hijo a su pecho y, llorándole ya por muerto, le llevaron una clavellina que había estado sobre el cuerpo de la sierva de Dios [fol. 40v] y un vaso de agua en que había entrado su reliquia y, paladeándole con la flor mojada en el agua, al punto volvió en sí y tomó el pecho con alegría; los padres vinieron a velar todo un día donde está el cuerpo de la sancta en gracias de la merced recibida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polan entró con un carguio ''[60]'' en este convento y, lastimándose de verle muy flaco y amarillo a causa de estar cuartanario, le llevaron a que visitase el cuerpo sancto, y fue cosa maravillosa que, improvisamente, cobró fuerzas y salud y salió dando gracias a Dios y diciendo a [fol. 41r] voces que la sancta de Santa Isabel le había sanado, y lo mismo entró publicando en su pueblo, lo cual refirieron aquí después personas del dicho lugar. &lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se dejan de poner aquí, guardándolas para el libro que se ha de imprimir de la vida y milagros de esta esclarecida sancta y verdadera imitadora de la pobreza evangélica…, [Folio arrancado]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Nota del editor: Falta aquí una hoja, un recto y verso donde, muy probablemente, se terminaba la lista de milagros y empezaba el relato de la ''Vida''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota al margen: “Niñez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' N. al m.: “Gracias a Dios por los [ilegible] dados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' N. al m.: “Limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' N. al m.: “Charidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' N. del e.: “Niños de la piedra” es una expresión para denominar a los expósitos abandonados en la piedra de la capilla de San Pedro, en la catedral de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' N. al m.: “Frai Pérez le llama su confesor en la chrónica de… [ilegible].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' N. del e.: Las beatas de Santa Mater Dei o “Beatas de Gaytán” fueron fundadas por Guiomar de Meneses, esposa de Lope Gaytán. Véase la vida de Guiomar de Meneses: URL: [[Guiomar_de_Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Guiomar_de_Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' N. al m.: “Penitencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' N. al m.: “Vestido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' N. al m.: “Cama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' N. al m.: Comida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. del e.: Parte del folio está arrancado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' N. al m.: “Communiones pequeñas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' N. al m.: “Charidad y limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. al m.: “Charidad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. al m.: “Humildad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. al m.: “Ayunos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' N. al m.: “Frecuencia del sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' N. al m.: “Obediencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. al m.: “Penitencia y rigor consigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' N. al m.: “Lágrimas de devoción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' N. al m.: “Piedad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' N. al m.: “Devoción a la pasión Señor nuestro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' N. al m.: “Favor del cielo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' N. del e.: “Lo” por “no”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' N. del e.: Salmo 4, v. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. del e.: Salmo 30, v. 6. También: Lucas 23, 46 y Actos 7, 59.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[43]'' N. del e.: ''Introitus'' del primer domingo de Adviento (Ad te levavi), primer canto del año litúrgico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' N. del e.: ''“Haec requies mea in saeculum saeculi”'', Salmo 131, v. 14. Parte de la antífona cantada en los oficios de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' N. del e.: Responsorio del Oficio de difuntos. Procedente de Lucas 16, 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' N. al m.: “Encomiéndase a ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. al m.: “Concíbese por su intercessión y reliquias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. al m.: “Sana mal de ojos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. al m.: “Ciática”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' N. al m.: “Conciben por su… [ilegible]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' N. al m.: “Sana de ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' N. al m.: “Dolor de cabeza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. al m.: “Brazo quebrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' N. al m.: “Ciciones” (calenturas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' N. al m.: “Ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' N. al m.: “Fuego”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. al m.: “Diego dio la relación de mí para la abbadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' N. al m.: “Agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La-u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] Entre las personas ilustres en sangre y nobleza que, dejadas de las pompas del siglo, esmaltaron el oro de su calidad con la pobreza y humildad del sayal grosero y pobre de Nuestro Padre San Francisco, fue una de las que más créditos han dado a la religión seráfica y más frutos para el Cielo la muy ilustre y venerable señora Doña María de Toledo. La cual fue hija legítima de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto. Nieta de Garci Álvarez de Toledo y bisnieta de Don Garci Álvarez de Toledo, rebisnieta de Fernando Álvarez de Toledo y cuarta nieta del maestre de Santiago, tercero Señor de Oropesa, cuya ascendencia de la Casa de Toledo tiene dignamente asegurados los créditos de la nobleza desde el conde Don Pedro en tiempo del rey Don Alonso el Sexto, honrándose con los escaques blancos y azules de su divisa los duques de [fol. 9r] Alba, condes de Oropesa, marqueses de Salvatierra y otros ilustrísimos estados, materia en que no es necesario alargarse más, por ser tan notoria dentro y fuera de estos reinos de España. &lt;br /&gt;
Nació Doña María en la imperial ciudad de Toledo, siendo entre tantas grandezas que la ilustran no la menor haber sido patria de tan prodigiosa y santa matrona. Su nacimiento dichoso fue por los años de 1435, siendo pontífice Eugenio Cuarto y rey de Castilla y León Don Juan el Segundo. Nació para mucha gloria de Dios esta sierva y para ejemplar de virtudes. Su niñez comenzó a dar muestras de lo que había de ser en edad perfecta, siendo sus entretenimientos pueriles hablar de la vida de los santos, el rosario, las devociones, las limosnas y misas. Con la edad iba cobrando más fuerza su virtud y, al paso de esta, el amor de sus padres, que entre lo noble de su sangre hacían lugar a la piedad cristiana. Apenas supo discernir la vanidad y la virtud cuando se declaró parcial de la virtud y opuesta a la vanidad: despreciaba sus pompas, ofendíase de las galas, siéndole uno de los principales motivos a aborrecerlas conocer el perdimiento de tiempo que ocasionaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya Doña María había tomado el gusto al trato interior con Dios, se le hacía poco el tiempo para asistirle. Comenzó desde sus tiernos años a ejercitar la misericordia con los pobres, dejando su comida con que algunos aliviasen su necesidad. Así iba dando principio a la tarea religiosa de sus ejercicios tan sin darlo a entender en su familia que hasta de su madre se recelaba porque no se los impidiese el cariño, o porque sólo lo supiese el Señor por quien los obraba. A sus solas se quitaba las galas que era preciso usar según las obligaciones de su estado. Dejaba el lecho en dejándola recogida [''sic''] y pasaba largos espacios en dulces coloquios con Dios por medio de la oración. Bien conocían sus padres que la virtud iba tomando entera posesión del alma de su hija y hacíanse desentendidos por no verse obligados a ponerla leyes en sus ejercicios y, aunque sentían sus retiros, sus virtudes los [fol. 9v] doblaban el gozo y, al paso de mirarla con tan ventajosas prendas, deseaban ver de ellas buen gozo, dándola un esposo digno. Pero ella, que ya tenía hecha su elección de su esposo divino, se desconsolaba mucho sólo con oír pláticas en orden a matrimonio, que es lo que pretendían sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Persuadíanle con razones y ejemplos de muchas santas que ha habido en la iglesia sin que el estado de casada las quitase ser muy virtuosas. Viendo sus padres que, dejada a su albedrío, se frustrarían sus deseos, la manifestaron su voluntad, con que se dio por vencida su constancia por no faltar a su gusto porque los amaba y veneraba juntamente. Y entre los muchos señores que solicitaban tan ilustre prenda, le cupo la dichosa suerte de ser su esposo al ilustre Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y ajustadas, celebradas las bodas dejando la casa de sus padres, partió al lado de su esposo a la Andalucía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esmerose Doña María en las perfecciones que cabían en aquel estado, siendo su estudio servir con primor y, en primer lugar, al divino Dueño de las almas, sin hacer la menor falta a su esposo. Su cuidado era socorrer a los pobres, remediar a los huérfanos y pacificar sus vasallos, sin que acertase a dar gusto a su marido en cuanto obraba: disposición pudo juzgarse de la divina providencia por que no se le pegase el afecto de las criaturas. No tenían sucesión, de donde nacieron más crecidos los disgustos, y noticiosos los padres de Doña María del estado en que se hallaba, alcanzaron licencia para volvérsela a su casa, que concedió con facilidad su marido, por el mucho desazón que tenía. Y, llegando a Toledo, fue recibida con alegría común de sus padres y de su patria, y a poco tiempo de haber llegado tuvo noticia cómo su esposo había muerto, nueva que lastimó su corazón y que llevó con cristiana conformidad, creyendo que Dios la había librado de aquel vínculo para que atendiese a su servicio con mayor desembarazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose en su viudez temprana, comenzó a darse con más veras al ejercicio de las virtudes. Visitaba los hospitales de la ciudad donde hacía con los pobres cuanto dictaban los fer- [fol. 10r] vores de la cristiana misericordia, empleando en su beneficio no pocas veces hasta las tocas que cubrían su cabeza. A su costa se daban dotes a las huérfanas, de su casa salía la comida y el vestido para los pobres vergonzantes, de su hacienda se pagaban las deudas de los que padecían en las cárceles por ser pobres, enviaba rescate a los cautivos y, no contento su espíritu con las obras corporales de misericordia, pasaba a sacar del estado de la culpa a muchas almas. A los enfermos que visitaba exhortaba a recibir los sacramentos y no se proponía obra de virtud a que no estuviera pronto su ánimo, disponiéndolo Dios blandamente que sus padres no la fuesen a la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al paso de lo activo corría lo contemplativo en esta sierva de Dios, a cuyo fin (en compañía de la devota [[Juana Rodríguez]], discípula de su fervor de quien se hace mención en el año de 1505) ''[1]'' iba descalza todas las noches de los maitines de la Santa Iglesia de Toledo, donde perseveraba en oración por largos espacios, encendiéndose en el trato del Criador, para salir a beneficiar las criaturas. Su fervor llegó a tanto en orden a contemplar los beneficios y perfecciones divinas que, dejando encargado a personas de confianza el socorro de los pobres de que cuidaba, se retiró a la santa iglesia sin que saliese de sus puertas de día ni de noche en el espacio de un año, en el cual no comunicó con persona alguna, sino con Juana Rodríguez su compañera, y con su confesor, el Padre fray Pedro Pérez de la Orden seráfica, cuya virtud, letras y prudencia se dio bien a conocer en el gobierno y dirección de Doña María. Preparábase esta sierva de Dios para la oración con disciplinas rigurosas, el sueño corto le tomaba sobre la tierra sin otro abrigo. Habíase ya desnudado el monjil y vestídose un saco tosco que la servía de cilicio. El día de comunión no comía más que pan y agua, y los demás días al pan añadía alguna hierba. Así debilitaba la carne y así crecía su espíritu. Hízole Dios señalados favores que escribió por manda- [fol. 10v] to de su confesor. Perdiolos su convento de Santa Isabel y siempre se llora en él descuido tan notoriamente culpable, sirviéndole de castigo de haberlos dado en confianza la pena de estar sin ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revélala Dios la restauración del Reino de Granada, viéndola derramar tantas lágrimas repetidas por la conversión de tantas almas engañadas por el pérfido Mahoma. A instancia de la Sierva de Dios, a quien habían llamado los Reyes Católicos a Segovia, instituyeron el Santo Oficio de la Inquisición, crisol de nuestra santa fe. Y, habiéndolo conseguido por la estimación que los Católicos Reyes hacían de sus prendas y virtudes, sin que sus ruegos fueran bastantes a detenerla en Segovia, volvió a Toledo a proseguir sus ejercicios, de donde había faltado seis meses; y luego que llegó, pareciendo a su espíritu que caminaba a lentos pasos, dejó la casa nobilísima de sus padres y se entró a servir en el hospital de la Misericordia, por estar donde con más facilidad pudiese ejercitar la suya, supliendo con esta mayor continuación lo que había faltado en los seis meses de ausencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó en el hospital para su habitación un aposentillo tan estrecho y oscuro que más parecía sepultura de muertos que aposento de vivos. Acomodó para su carne unas pobres pajas, para cobertor una manta de pelos de cabra y la almohada de lo mismo. Su hábito era un saco de jerga que ajustaba a las muñecas y cintura con una soga. Cubría la cabeza con un pedazo de estopa, todo acomodado para la decencia de la honestidad y todo indicio de su penitencia y del desprecio del mundo. Ejercitaba con los pobres todos los ejercicios de enfermera y de criada: todo el día los asistía, toda la noche los velaba, hacía muchas veces la cama al que veía con inquietud, lavábales las bocas, limpiábales las llagas, aconsejaba y fervorizaba a los moribundos, alumbraba a los que agonizaban, sazonábalos la comida, dándolos por su mano las substancias y, los ratos que la permitía esta tarea, se retiraba a la oración, a las disciplinas y otros ejercicios a su aposentillo, hasta que al ser de día los volvía a visitar y a ejercitar [fol. 11r] su piedad con ellos, limpiando de sus aposentos todo lo que les podía ser molestia y mal olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ejemplo raro de esta señora se debió la istitución de la célebre Hermandad que se fundó en Toledo del Hospital de la misericordia, sentando plaza de cofrades los más nobles de la ciudad y, para que se ayudase al socorro de los pobres, de más de las limosnas asignó Doña María de sus bienes veinticinco mil maravedíes de juros perpetuos. Del hospital salía esta sierva de Dios con su compañera por las calles y plazas de Toledo, donde se vio tan venerada y conocida a pedir limosna para su hospital, volviendo a él cargada de todas las cosas que compraba para los pobres sin rehusar dejarse ver cargada de escoba, de vidrios, mantas y otras cosas necesarias, para los enfermos. Encontrábanla sus deudos, que humanamente disgustados la volvían el rostro, mirándola como a quien les parecía era lunar feo de su nobleza y sólo se contentaban con juzgarla por loca. A la opinión de los demás se hacía también Doña Juana de Guzmán, su madre, poniendo los medios que se le ofrecían a su caridad para reducirla a su casa, donde la curase su locura, mas nada bastaba a entibiar la llama de su amor y de la caridad encendida que se había apoderado de su corazón, y se juzgaba dichosa de que se ofreciesen muchos de estos lances para parecer algo por su amado Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La continua tarea de estas molestas ocupaciones, sus vigilias y ayunos continuos tuvieron tanta fuerza que ocasionaron en la sierva de Dios una enfermedad tan recia que ya los médicos perdieron la esperanza de su mejoría, y así solo la recetaron se le diesen los santos sacramentos y, habiéndolos recibido con mucho consuelo de su alma, quedó difunta al juicio de los circunstantes, sin señal alguna de vida y con todas las demostraciones de difunta, y, divulgándose que era muerta María la Pobre (que este era ya en estos tiempos su nombre), fue en toda la ciudad común la tristeza y el desconsuelo. En particular llegando a su madre esta noticia, ya no disgustada sino afligida de oír decir que ya habían sacado el cuerpo de su hija de su celdilla a la capilla de Gaitán [fol. 11v] que era la del hospital, y que se trataba de darla sepultura, salió apresurada de sus casas, y viendo a su hija muerta, llevada del afecto de madre, se hincó de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora pidiéndola con fervorosas lágrimas restituyese la vida a su hija, pues era fácil a su intercesión; y, tomando a la imagen el santo niño Jesús que tenía en los brazos, la dijo: si no me dais la hija que os ruego, yo no he de volver a vuestro hijo, a cuya devota sinceridad y tiernas lágrimas inclinada la madre de clemencia restituyó a la vida a la difunta. Abrió los ojos, meneó los miembros y reconociose viva con universal gozo de los que se hallaron presentes, en especial de su madre, y con orden de los médicos, que declaraban convenía así para su convalescencia, sacando a la sierva de Dios con grave sentimiento suyo del hospital, la llevó a su casa con el gozo de quien consideraba que la recibía de nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convalesció Doña María, siendo su salud tan milagrosa como la cura de su enfermedad y, conociendo que la segunda vida se le debía únicamente a Dios, determinó que Su Majestad fuese único empleo. Quisiera volverse con sus pobres, mas no se lo permitían los médicos ni su confesor. Dábase continuamente a la contemplación a título de faltarle las otras ocupaciones, resolvió a ir en peregrinación a visitar aquellos Santos Lugares en que obró nuestro rescate. Contradecíanla los suyos esta determinación piadosa, mas ya estaba enseñada a no hacer aprecio de sus contradicciones. Y así, a pie, descalza, y sin humano abrigo estaba ya para comenzar su jornada con su compañera, y, poniéndose en oración, pidiendo al Señor que fuese su guía, salió de ella mudados los intentos y cedió su voluntad a la divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuando su oración aquellos días, pedía con mucho fervor a Dios la diese a entender cómo le sería más agradable y entendió con luz superior que Su Majestad se daría por servido que fundase un convento de religiosas, donde muchas almas consagradas a perfecta religión serían a Dios de especial culto y de agradable servicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diose por entendida a la divina voluntad [fol. 12r] y viniendo a este tiempo a Toledo los Señores Reyes Católicos, gustosos del empeño de Doña María, la dieron para fundación del convento las casas en que hoy está fundado, en cuya recompensa, a devoción de la reina, se puso el convento a la advocación de Santa Isabel de Hungría. Y tomando los Reyes Católicos el convento a su protección, se comenzó a llamar de Santa Isabel de los Reyes. Dio Doña María para esta fundación toda su hacienda, resignando a este fin en los Reyes más de siete cuentos. Asistieron sus Majestades a la renunciación que hizo la sierva de Dios Doña María de todo lo temporal, y así, entrada en el convento con algunas de sus criadas. Y esto fue el año del Señor del 1477, siendo Vicario Provincial de Castilla el M. R. Padre Fr. Juan de Tolosa, que fue confesor de la Reina Católica. Las casas que dieron a Doña María los Reyes, habían sido de los Señores de Casarrubios y estaban en la parroquia que dicen de San Antolín la cual, a instancia de sus Majestades, el Santísimo Inocencio VIII la incorporó al convento en 3 de octubre del año 1488, cometiendo el negocio el gran Cardenal de España, Arzobispo de Toledo y los beneficios y demás cosas de la parroquia se trasladaron a la iglesia muzárabe de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo estuvo la Venerable Madre Doña María con el oficio de abadesa y prelada de su nuevo convento, guardándose en él la Tercera Regla de nuestro Padre San Francisco, hasta que deseosa la venerable señora de estrecharse a Dios con más fuertes lazos, habiéndolo comunicado con aquel gran Príncipe de la Iglesia Don Fray Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, tomó para sí y su convento la clausura y Regla de la gloriosa Santa Clara. Habiendo sido el Cardenal quien solicitó su petición y se la propuso al Santísimo Inocencio VIII, que la despachó benignamente por medio del Cardenal Julio, Obispo de Ostia, y la intimó en Toledo aquel gran varón el Doctor Francisco Álvarez de Toledo, Maestre escuela de la Santa Iglesia y la data de la última es año de 1481, en 18 de noviembre, ''Pontificatus Innocentii anno'' 1º. Profesó la venerable abadesa los cuatro votos de la [fol. 12v] Regla de Santa Clara, en cuya observancia fue puntualísima y sin defecto alguno toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue devotísima de la sagrada comunión, disponiéndose cada día con más estudio de virtudes al paso que la frecuentaba más. Los días de comunión, con ser tantos, no comía bocado hasta la noche, y entonces hacía su comida de unas pocas almendras. Mandola un prelado que moderase estos ayunos y que siempre tomase algo de lo que la ponían como a las demás en la mesa, y solía cumplir este mandato, tomando una almendra o una pasa. Las demás penitencias suyas eran admirables. Hizo tejer una túnica de cerdas y lana de cabras, y de esta usaba cogiéndola desde el cuello a los pies y la traía apretadísima al cuerpo. Tomaba disciplinas con instrumentos de hierro en que derramaba mucha sangre y andaba llena de llagas. Era muy caritativa para con las enfermas y la primera en los oficios más humildes. Tenía todas las noches dos horas de oración antes de maitines, asistía a ellos, y después hasta la mañana no salía del coro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallábase la pobre de Cristo interiormente tan asistida de consuelos y quisiera ayudar a su esposo a sentir sus dolores. Pidioselo con sumisión e hízola ese favor enviándola una prolija y penosa enfermedad que, por espacio de un año, la atormentó con exceso sin que la calidad de este achaque llegase a noticia de la humana medicina. Decía, significando lo que padecía, que los huesos y nervios la parecía desencajarse todos de sus lugares sin poderse menear, si no por mano ajena. No se le oyó en este tiempo la menor queja, y si alguna vez al ruego de sus hijas decía algo de sus males, luego las pedía perdonasen el mal ejemplo de su impaciencia. No le estorbaban estos dolores el trato interior con Dios, llenándole de suavidades y, aunque el cuerpo padecía, el alma gozaba. Ya se llegaba el tiempo en que la sierva de Dios pasase a la posesión de la corona, que ganó en tanto años de vida de perfección. Agravándosele cada día sus desmedidos dolores y reconociendo que eran las aldabadas con que la llamaba el esposo a entrar a las eternas bodas, por no morir fuera de la comunidad pidió la llevasen al dormitorio. Y, habiéndole dado una ardiente calentura, recibió todos [fol. 13r] los sacramentos. Estuvo dos horas recogida en sí, sin admitir alguna comunión humana. Volviose a sus hijas y exhortolas con grande espíritu a la unión fraternal y observancia de su profesión. Hiciéronla algunas preguntas y de sus respuestas se conocieron los amores que Cristo Señor Nuestro y su Santísima Madre la hicieron, visitándola y asistiéndola en aquella hora; y despidiéndose de sus hijas y diciéndolas “quedad en paz”, cerrando los ojos como para tomar el sueño, sin más movimiento dio su bendita alma a su esposo y señor, un lunes al amanecer en que se cumplía un año de su enfermedad. De edad de 70 años y 30 de religión, a tres de julio de 1505. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llenose la estancia de celestial olor y su cuerpo quedó con admirable claridad y hermosura. Llenose de lágrimas el convento, de tristeza la ciudad y la comarca, y todos acudían al convento aclamándola por santa. Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro. La muerte se ocasionó últimamente de landre, a cuya causa echaron sobre el cuerpo y rostro cal viva, mas pasados dos meses, reconocidas de este yerro las religiosas, con licencia que pidieron para ello el día de San Mateo de aquel año sacaron del coro el cuerpo, hallándole tan entero y tratable como cuando estaba vivo. Sólo el rostro tenía de color más moreno, ocasionado de la cal que la habían echado. Volviéronle a la bóveda hasta el día de la traslación de San Luis y le colocaron en una concavidad sobre la puerta del coro; y en el año de 1574, siendo Provincial de Castilla el R. P. fr. Juan de Alagón, se puso en el hueco del altar que hay en el coro entre las dos rejas, con la misma incorrupción y flexibilidad de miembros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora en que dio su alma a su criador la Venerable Madre María la Pobre, estaba en oración un devoto religioso vicario del convento de la Madre de Dios de nuestro Padre Santo Domingo de la misma ciudad de Toledo, el cual vio en espíritu una festiva procesión de ángeles y santos, y en medio, entre las gloriosas Santa Clara y Santa Isabel, a la dichosa pobre adornada de celestiales atavíos, y le fue significado quién era y cómo aquellos ata- [fol.13v] víos se le habían dado en premio del desprecio del mundo, y toda aquella gloria por sus singulares virtudes, por las cuales era llevada a la gloria de la eternidad con tan solemne pompa, y que aquel día había sido uno de los más célebres que se habían gozado en la celestial Jerusalén. Y en esta conformidad lo contó el devoto Padre a las religiosas del convento de Santa Isabel, afirmándolo y certificándolo para gloria de su abadesa y para su edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha obrado, por la intercesión de esta sierva de Dios, Su Majestad muchos milagros, dando salud a diversos enfermos encomendándose a sus méritos, y así mismo por medio de sus reliquias volvió a la vida un niño y una mujer, que estaban dejados por muertos, y cada día se experimentan, a la invocación de esta sierva de Dios, repetidas maravillas. Escribió su vida con su acostumbrado y primoroso estilo el doctor don Tomás Tamayo de Vargas, cronista de estos reinos y la sacó a la luz dedicada a la majestad católica del Rey Don Felipe tercero, año de 1616 ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El autor se refiere aquí al año de la muerte de Juana Rodríguez, dato que podría haber recogido (“se hace mención”) de la Crónica de Marcos de Lisboa (1570). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la vida de Tamayo de Vargas, también publicada en el Catálogo:  Tamayo de Vargas, Tomás, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y despues Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v-277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo'' que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La alusión a María de Toledo se integra en el apartado correspondiente al monasterio Real de Santa Isabel. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1605)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María de Toledo, que se quiso nombrar sor María la pobre, monja y abadesa del hábito y Orden de Santa Clara de la observancia, en el monesterio de santa Isabel de los Reyes, que ella fundó en esta ciudad en unas casas grandes que los Reyes Católicos le dieron para este efecto, junto a la iglesia parroquial de San Antolín en esta ciudad; falleció a tres de julio de mil y quinientos y siete. Clareció en milagros; su [fol. 277r] cuerpo está enterrado y se muestra entero en el coro de las monjas deste monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1612)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El monasterio Real de Santa Isabel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [fol. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [fol. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [fol. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: noviembre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Isabel de los Reyes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 106v col. b] El devoto monesterio de Santa Isabel de los Reyes de esta ciudad de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santa Clara, fue en su principio fundado por doña María de Toledo, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, señores de Pinto. La cual, siendo desde sus tiernos años empleada en servicio de Nuestro Señor con grande y maravilloso hervor de devoción y queriendo al fin de sus días perficionar este amor y gran desseo del servicio de Dios, fundó este católico ''[1]'' monesterio en el año del Señor de 1477 años, siendo ella de edad de 40 años, en el cual vivió santamente treinta años, haziendo Nuestro Señor por ella muchos miraglos, assí en vida como en muerte. Siendo, pues, esta señora de edad de 39 años, hubo una grande enfer- [fol. 107r. col. a] dad en la cual fue divinalmente amonestada que fundasse un monesterio adonde mejor pudiesse salvar su ánima y la de otras. Lo cual de tal manera inprimió en su coraçón que nunca de él se apartó, y, como Dios nuestro Señor había de ser tan servido de ello, ordenó cómo este su santo desseo hubiesse efecto y casi ''[2]'' acaeció que, viniendo por estos días a esta ciudad los Reyes Católicos y sabiendo el santo propósito de esta doña María, quisieron como católicos favorecer y ayudar su buen desseo. Para ayuda del cual le hizieron merced de aquellas casas, adonde hizieron el monesterio de Santa Isabel, que eran suyas de ellos. Y por esto, en memoria de esta Católica Reina, tomó tal nombre. Recebida esta donación, esta religiosa mujer començó a entender con gran diligencia en la obra de esta santa casa, a lo cual le ayudó con gran cantidad de dineros doña Juana de Toledo, su hermana. Y siendo acabado este monesterio, la dicha doña María de Toledo se encerró en él con otras dos religiosas de honesta vida en el año susodicho y, aun de más de estas dos religiosas, recibió después otras algunas por amor de nuestro Señor y por la bondad que en ellas conocía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el cuerpo de esta santa mujer está en el coro de las religiosas tan sano y entero como cuando allí se metió. Y, habiéndoles dado los Reyes Católicos a estas santas vírgines esta dicha casa, les dieron también por autoridad apostólica y arçobispal la iglesia de S. Antolín, que era parroquial y les venía muy a propósito para su iglesia y la perroquia ''[3]'' que en ella estaba se passó a la iglesia de S. [fol. 107r col. b] Marcos, que era muçárabe, adonde agora está, y esto fue casi tres años después que en esta casa entraron. Está sepultada en el coro de estas religiosas la reina princesa doña Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos, que fue primero casada con el príncipe don Alonso de Portugal, que murió en Santarén de caída de un caballo, y después con el rey don Manuel de Portugal, que por muerte del dicho príncipe heredó aquel reino. La cual, aunque murió en Çaragoça, se mandó traer a esta santa casa y que la sepultassen en el coro en una sepultura llana y humilde entre las religiosas. Y, entonces, sacaron de él a doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada (desde antes que estas religiosas tomassen la possesión de esta iglesia), y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero por do parece que esta señora fue mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla, y agüela de la reina doña Juana de Aragón, madre del Católico Rey don Fernando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Aparece escrito “cathoiico”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Posible errata por “así”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se respeta la oscilación vocálica al escribir esta palabra y sus derivaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: julio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. ''Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco (…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''. Salamanca: En casa de Alexandro de Cánova, fols. 210r-212r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera y la segunda partes de esta crónica se editaron en portugués por primera vez en 1557 y 1559 respectivamente. Sin embargo, esta tercera parte fue publicada en Salamanca en 1570 directamente en castellano. Es posible que primero fuera redactada por Marcos de Lisboa en portugués y que se tradujera para esta edición, pero la publicación lusa fue posterior y no existe rastro del original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. Se ha mantenido el uso de “cúya” en función de pronombre interrogativo: “sin saber cúya era”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, sólo se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. En cambio, la i como fonema /j/ se ha modernizado para facilitar su comprensión. &lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c). En el caso de “f.”, se ha optado por “f''ray''” en vez de “f''rater''” por el uso que hace el texto de la misma palabra. El uso de la cursiva se ha conservado, ya sea en los latinismos, las citas o en los títulos de obras. Además, las citas, originalmente también en cursivas, se reproducen entre comillas. Finalmente, los números en romano han sido conservados, pero se han eliminado los puntos que los circunscriben.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol.210r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Vida de la bienaventurada soror María la pobre, fundadora, del monasterio de Sancta Isabel de Toledo de la Orden de Sancta Clara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la ciudad de Toledo resplandesció maravillosos rayos de virtud y sanctidad la muy illustre y bienaventurada doña María de Toledo, que soror María la pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, y fue fundadora y primera abbadessa del monasterio de Sancta Isabel en la dicha ciudad de la Orden de Sancta Clara. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy santa vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría ''[2]'', de la Tercera Orden del padre Sant Francisco, por tanto con mucha razón puso su nombre y título al monasterio que edificó. Era la sierva de Dios de la muy illustre sangre de los Duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Nuestro Señor. Desde sus tiernos años ansí començó a ser ferviente en el amor de la castidad que tuvo firme propósito cuanto le fuesse possible de nunca casar. Su coraçón assí era lleno de compassión y piedad de los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y les acudir a sus necessidades, y algunas veces quitando su proprio menester. Huía de las vanas occupaciones y regocijos de las otras doncellas, y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía missa, y allí se occupaba en devotas oraciones. Siendo casada por obediencia de su padre, constreñida con un caballero de Andalucía Señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, suffriendo muy grandes trabajos. Y no habiendo hijos, habiendo liçencia de su marido se devolvió a Toledo a casa de su madre, adonde poco tiempo después de venida tuvo nuevas que se marido era muerto. Viéndose, pues, la sierva de Dios en la libertad que su espíritu siempre había desseado, para toda se dar al servicio de Nuestro Señor, luego dexó los trajes seglares, y se vistió del hábito del padre Sant Francisco muy grossero y vil con túnica de paño baxo, y movió a todas sus criadas a vestirse del mesmo hábito. Menospreciado desta manera el mundo, començó con mucho hervor a exercitarse en las obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y derecho camino de subir a la alteza de la divina charidad. Como otra sancta Isabel, visitaba los hospitales, era presente a los entierros de los pobres, visitaba los pobres en las cárceles, procuraba saber de las personas pobres envergonçadas, y doncellas huérfanas, y como madre proveía las tales personas en sus necessidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con mucha diligencia y hervor de charidad, y con entrañas de gran piedad muchas veces les lavaba las llagas, y con ferviente charidad las besaba, gastando en esto muchas veces las tocas de su cabeça, otras veces las daba a pobres, y también sus vestidos, volviendo sin ellos para su casa. [Fol. 210v] Después de la muerte de su marido, siempre anduvo descalça hasta su muerte, por mayores fríos y nieves que hubiesse. Levantábase todos los días a los maitines de la Iglesia mayor con su compañera Juana Rodríguez, que hallaba siempre muy prompta y ferviente para semejantes obras, y estaba al officio de los maitines con grande silencio en oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías, para que más libre y continuamente se pudiesse occupar a la oración. Tuvo siempre por su confessor a fray Pedro Pérez frayle menor de la observancia ''[3]'', varón docto, y muy espiritual por cuya doctrina la sierva de nuestro Señor se regía y aprovechaba en los exercicios espirituales. Traía siempre muy áspero cilicio vestido, y con muy duras disciplinas affligía su cuerpo, para que castigado fuesse más subjecto al espíritu. Con gran reverencia y devoción, se aparejaba para recebir el Sanctíssimo Sacramento, y recebíalo cada tres días, o a los ocho días cuando más tarde, y en el día del recibimiento del Señor, no comía más que pan y agua. Por estos sanctos exercicios y trabajos con que buscaba a su amado Señor Jesu Christo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada, y algunas veces con divinas revelaciones alumbrada, y le eran reveladas cosas por venir, las cuales por mandado de su confessor descubría, por ser provechosas a las almas. Fuele revelado que el Reino de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos, y también la reformación que se había de hacer en los frayles conventuales en sus conventos. Y siéndole revelado los grandes peccados que los christianos convertidos de los judíos y moros cometían contra la fe, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiesse el officio de la Sancta Inquisición en España, y otras muchas cosas para honra y servicio de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IIII. De otras sanctas obras y exercicios desta sierva de nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Crescían en la sierva de Nuestro Señor con las grandes y nuevas mercedes divinas sus muy grandes desseos y hervores de servir a Nuestro Señor en sus pequeñitos siervos y necessitados, y siempre le parescía tener hecho nonada en el servicio de tan grande Señor a quien tanto debía. Por tanto, con mucho hervor se occupó en el servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche servía a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiesse faltar su servicio, tomó una casita y aposento dentro en el hospital, donde, acabados los servicios de los enfermos, de noche muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los maitines. Y tomando algún poco sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo mesma en este tiempo increíbles mortificaciones y asperezas. Por su exemplo incitados los nobles de Toledo, ordenaron cofradía, en la cual por su orden cada uno sirviesse su semana dentro en el hospital, como hoy día se hace. Después que la ferviente sierva de Christo dio sus rentas y cuanta hacienda tenía el dicho hospital, començó con su compañera a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y las que pedía llevábalas ella mesma y muchas veces iba bien cargada y administrábalas a los enfermos. Y porque no dormía el enemigo de nuestra salvación, en este tiempo levantó contra la sierva muy grandes persecuciones de sus proprios parientes y deudos, y de su madre que le era muy contraria por verla en obras tan viles occupada, affrentándose y habiendo su santa vida por deshonrra. Mas la ferventíssima sierva de Nuestro Señor, con mucha paciencia y alegría de su alma, recebía todas las persecuciones e inju- [fol. 211r] rias que se le hacían. Después destos trabajos le añadió Nuestro Señor otros, que cayó en muy grave enfermedad, y su madre la llevó para su casa, donde llegó a recebir todos los sacramentos, y aparejarse con mucho fervor para ir a ver a y gozar de aquel altíssimo Señor a quien su alma tanto amaba. Mas Nuestro Señor, como buen amigo, quiso dar más coronas de merescimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos desseos de toda se entregar a su amor y servicio. Y supplicando ella y su devota compañera con fervientes oraciones a Nuestro Señor les enseñasse en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado que era su voluntad edificassen un monasterio de monjas adonde sus almas y de otras muchas se salvassen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV. Cómo el monasterio de Sancta Isabel fue edificado por esta sierva de Christo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Por la divina providencia, que no puede faltar a los sanctos desseos de los siervos de Dios, en este tiempo vinieron a Toledo los Reyes Cathólicos, y como tuviessen mucha devoción a la sierva de Christo, y conosciessen el sancto desseo que tenía, le dieron para este effecto unas casas muy grandes en Toledo, donde se edificó el monasterio de la Orden de Sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. En la edificación deste monasterio, doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Christo, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. Acabado pues el monasterio, la sierva y esposa de Christo María pobre, tomó el hábito y Regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abbadessa del dicho convento. En este estado de más perfectión, levantada la esposa de Christo como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dexando el mundo, el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos exercicios de su amado, y con su coraçón oye y conversa a su Esposo Jesu Christo, assí cresció en perfectión y sanctidad de vida, que a todos puso en grande admiración. Y fue visto de todos y conoscido que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representasse al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había professado. ''[6]'' La orden de la vida desta esposa de Christo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla, o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines nunca dormía más, hasta la prima siempre estaba en oración, y desta conversación divina se mostraba siempre en su cara, y resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comió carne ni gustó jamás vino, mas continuamente ayunaba, y sobre esto tres días en la semana no comía sino pan y agua, y algunas veces, la Cuaresma de San Miguel Archángel toda la ayunaba a pan y agua, la cual es cuarenta días que se acaban en la fiesta de San Miguel de Septiembre, y siempre comía de los pedaços de pan que quedaban de las otras monjas. Comulgaba muchos días, con mucho hervor de espíritu, en los cuales días no comía más que unas pocas de passas, o cosa semejante muy tarde. En su conversación era muy benigna a todas las monjas, y si por necessidad reprehendía a alguna, no se recogía a la noche, sin la dexar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta charidad servía a las enfermas que con su presencia y charidad muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad, tanto más se augmentaba y crescía el espíritu de la sierva de Christo en más fuerças y mortificaciones de la carne. Porque después de muchos años acrescentó al áspero cilicio ''[7]'', una túnica muy cruel texida de cerdas de puerco, y pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su [fol. 211v] amado esposo Jesu Christo, con muy suaves y divinas consolaciones, y veíanse muchas veces en ella señales de estas visitaciones. Una vez, día de la transfiguración de Nuestro Señor, la vio una monja con cara tan resplandesciente como el sol, y el día siguiente, preguntando a la esposa de Christo, con mucha importunación, qué visitación del Señor había recebido aquella fiesta, con mucha humildad le descubrió que Nuestro Señor le revelara la gloria de su transfiguración, como si ella presente fuera en el monte Tabor, cuando el Señor delante de sus apóstoles se transfiguró. Otra vez un viernes de la Cuaresma, ayuntándose todas las monjas para la disciplina acostumbrada, fue vista la esposa de Christo de una monja, que tenía la cara tan resplandesciente y salían de su rostro rayos tan claros y derechos a los ojos de aquella monja que la veía que quedó espantada y casi perdió el sentido. Y preguntada después de la merced que había recebido de Nuestro Señor, y con ruegos constreñida, dixo que el Señor le comunicara entonces aquella immensa charidad suya con que se dexó atar y açotar a la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI. De la muerte de la bienaventurada sierva de Christo María pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Llegándose pues ya la esposa de Christo al fin del presente destierro, començó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades porque, como de antes no había querido tener contentamiento sino en la cruz y passión de Nuestro Señor Jesu Christo ''[9]'', assí siempre le pedía le quisiesse communicar los dolores de su sanctíssima Passión ''[10]''. Cuyos devotos y fervientes desseos oyó el amantíssimo Señor, y concedió a su amada esposa que participasse de sus dolores porque también meresciesse participar mucho de su gloria. Tan grandes y terribles dolores sintió que parescía en todos los momentos serle sacado los huessos y las entrañas, y destos dolores mortales fue un año todo atormentada continuamente, sin nunca en ella ser vista señal ni palabra de impaciencia o turbación. Mas llena de muy suave alegría del espíritu, continuamente alababa a nuestro Señor y, como olvidada de sí mesma y de sus dolores, hacíase llevar a visitar las otras enfermas, y assí las consolaba y confortaba que parescía vivir más la esposa de Christo en regalos que en tormentos. En el cabo del año cresciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís a la cabeça y, aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, y ansí decía: “''In pace in idipsum dormiam et requiescam. In manus tuas domine commendo spiritum meum. Vias tuas domine demonstra mihi. Hac requies mea in seculum seculi''”. Y passados tres días tornó en sí, y pidió y recibió con mucha devoción todos los sacramentos y después de esto vivió dos días, confrotando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y de su sanctíssima madre, y de Sant Juan Baptista, y de la corte celestial. Finalmente fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Christo una voz que la llamaba ''[11]'', y las monjas, con muchas lágrimas demandando la bendición a su sancta madre, y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sentiendo la voz del esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con vos, Señor mío, dormiré, yo descansaré para siempre”. Y luego, con alta voz se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente passó su sancta alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta de Sant Pedro y Sant Pablo, teniendo setenta años de su edad, y treinta de religión. Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de [fol. 212r] admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo ''[12]'', y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor. Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Christo passó al Señor, estaba en oración un padre de Sancto Domingo, confessor de las monjas de la Madre de Dios, de la mesma Orden de Sancto Domingo en Toledo, y llamábase fray Jordán, el cual vio una muy larga processión ''[13]'', y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra hoy día entero y tratable y blando, ni cessa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros, en diversas enfermedades por los merescimientos de su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Un clérigo tollido de ambos pies encomendose devotamente a nuestros Señor por los merescimientos de su santa sierva, y luego alcançó salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer sanó de la mesma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas casadas estériles alcançaron de nuestro Señor tener hijos, encomendándose a esta su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer ciega cobró la vista, y otras muchas alcançaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesu Christo, María pobre en las tierras, mas bienaventurada en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Memoriales de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Fray Pedro Pérez, varón spiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] Memoriales. Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] Cómo ordenó su vida en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] Petición de los amigos de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] Fue llamada de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] Señales de la gloria de la sierva de Christo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] Visión du su gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] Milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: mayo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 60v col. a – 61v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato conforma el apartado 204 (“Vida de soror María la Pobre, monja de Sancta Clara”) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas impreso en 1588.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ff/f, ll/l, ss/s y, además, se ha suplido “ph” con “f”, “ps” con “s”. Sin embargo, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta), -pt- (Baptista) y -bj- (subjeto), y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 60v col.a - 61v col. b] ''[1]'' Hablando el real profeta David, en diversas partes de sus Salmos, en persona del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se llama pobre, y fuelo tanto que quiso un día reclinar su cabeza su Majestad, teniéndola herida y lastimada, y no tuvo sino un duro madero. Y antes lo había Él mismo dicho: “Las zorras del campo tienen cuevas y las aves del aire nidos, y el Hijo del hombre no tiene en que recline su cabeza”. Considerando esto, una bienaventurada mujer señora de grande linaje y muy rica se hizo pobre por imitar a Cristo. Y fuelo tanto que tomó por apellido el nombre de Pobre, como parecerá en su vida colegida ''[2]'' de memoriales antiguos del monasterio de Sancta Isabel de Toledo que ella fundó y de las crónicas de Sant Francisco, y es en esta manera: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María de Toledo, que soror María la Pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, fue de la muy ilustre sangre de los duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero ''[3]'' Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Dios. Siendo de pequeña edad, mostrábase muy recogida y honesta. Su corazón se enternecía tanto con los pobres que de ninguna cosa mayor consuelo tenía que en les hacer limosnas y remediar sus necesidades. Hiciéronla fuerza sus padres que casase, y casó con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, y vivió con él siete años sufriendo grandes trabajos pacientemente. Y no teniendo hijos y alcanzando licencia de su marido, se volvió a Toledo, a casa de su madre, donde tuvo nuevas, poco después de su venida, que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose libre para darse toda al servicio de Nuestro Señor, dejó los trajes seglares y vistiose el hábito de Sant Francisco, muy grosero y vil con túnica de paño bajo, y persuadió a sus criadas se vistiesen de la misma manera. Y como otra sancta Isabel hija del rey de Hungría, a quien imitó mucho esta sierva de Dios, comenzó a ejercitarse en obras de misericordia. Iba a los hospitales, hallábase a los entierros de pobres, visitaba los encarcelados, procuraba saber de las personas envergonzantes y doncellas huérfanas y remediaba todo lo que podía. Servía a los enfermos con mucha diligencia y fervor de caridad: lavábales las llagas y besábaselas gastando las tocas de su cabeza en esto y, a las veces, les daba sus proprios vestidos, volviendo a su casa [fol. 60v col. b] sin ellos. Desde que supo la muerte de su marido, anduvo descalza hasta que ella murió, por mayores fríos y nieves que hubiese. Levantábase de noche y, con otra señora viuda que la acompañaba, iba a maitines a la iglesia mayor, y oíalos con mucha devoción y atención. Tuvo por su confesor a fray Pedro Pérez, fraile menor de la observancia, varón docto y muy espiritual, y por su doctrina se regía la sierva de Dios en sus ejercicios espirituales. Traía siempre un áspero cilicio, y con duras disciplinas afligía su cuerpo para que estuviese más subjeto al espíritu. Era grande la reverencia y devoción con que se aparejaba para recebir el Sanctísimo Sacramento, y recibíale a tercero día o a los ocho [días] cuando más tarde. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su Amado Jesucristo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada y descubríale algunas cosas que estaban por venir, las cuales, por parecer de su confesor, declaraba, siendo provechosas a las almas. Y, entre otras, siéndole revelados algunos pecados gravísimos que muchos cristianos convertidos de judíos y moros cometían contra la fe, descrubriolo a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y fue gran parte para que los Reyes, con celo sancto de la honra de Dios, para remedio desto introdujesen el Sancto Oficio de la Inquisición, como le introdujeron en España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían cada día más los fervorosos deseos del servicio de Dios en su sierva y, para ponerlos en obra, ocupose un tiempo en servir a los enfermos de un ilustre hospital, que está en Toledo, llamado de la Misericordia. Tomó allí aposento para mejor de día y de noche servirlos, como lo hacía, con humildad y caridad grande. Ya tarde, se encerraba en aquel recogimiento y estaba en oración hasta los maitines y, tomando algún poco de sueño, luego volvía a servir y curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo misma, en este tiempo, increíbles mortificaciones y asperezas. Y, por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradría en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como hoy día se hace. Había dado la sierva de Dios su hacienda al mismo hospital y, visto que ni esto ni los proprios que él tenía bastaban para los enfermos que venían a él a ser curados, salió con la otra su amiga, la cual se llamaba Juana Rodríguez, a pedir limosna por la ciudad de puerta en puerta, y volvía bien cargada a sus enfermos. De aquí se le levantó ''[4]'' grande persecución de sus parientes y de su propria madre, [fol. 61r  col. a] que le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la sierva de Dios recebía con mucha paciencia y alegría de su alma todas las persecuciones y injurias que se le hacían, añadiéndosele a estos trabajos otro [trabajo], que cayó en una grave enfermedad, y su madre la llevó a su casa, donde recibió los sacramentos y se aparejó para la partida. Mas Nuestro Señor quiso dar más coronas de merecimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos deseos de se entregar toda en su amor y servicio. Y suplicando ella y su devota amiga con fervientes oraciones les enseñase en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado ser su voluntad que edificasen un monasterio de monjas donde sus almas y de otras muchas se salvasen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo, viniendo a Toledo los Reyes Católicos, como tuviesen mucha devoción a la sierva de Cristo y conociesen el sancto deseo que tenía, diéronle para este efecto unas casas grandes que estaban junto con la iglesia parroquial Sant Antolín, en la misma ciudad. Y allí se edificó el monasterio del Orden de Sancta Clara de la Observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. Y en la edificación desta casa gastó mucha cantidad de dineros doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Dios, también mujer de muy sancta vida. Acabado, pues, el monasterio, la sierva y esposa de Cristo, María la Pobre, tomó el hábito y regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abadesa del dicho convento. Y en este estado de más perfección levantada, como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dejando el mundo, [5] el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos ejercicios de su Amado, y con su corazón oye y conversa a su Esposo Jesucristo, así creció en perfección y sanctidad de vida que a todos puso admiración. Y fue entendido de muchos que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representase al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orden de vida desta esposa de Cristo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla o algunos sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines dichos a la medianoche, no dormía, sino perseveraba en oración hasta la prima. Y esta conversación divina se parecía ''[6]'' en su rostro, en el cual resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comía carne ni gustaba jamás vino, ayunaba continuamente, y tres días en la semana a pan y agua, y lo mismo la Cuaresma. Y siempre comía los pedazos de pan que dejaban las otras monjas. Comulgaba muy a menudo y, en tal día, no comía sino ya tar- [fol. 61r col. b] de unas pocas de pasas o cosas semejantes. En su conversación era afable, mostrando apacible rostro a todas las monjas y si, por necesidad, reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin la dejar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta caridad servía a las enfermas que, con su presencia y amorosas palabras, muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad tanto más se augmentaba y crecía el espíritu de la sierva de Dios porque, después de muchos años, acrecentó al áspero cilicio una túnica muy cruel tejida de cerdas de jabalí y de pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegándose a la sierva de Dios el fin de su destierro, comenzó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades. Un año padeció terribles dolores que parecía, en todos los momentos, serle sacados sus huesos y las entrañas sin nunca ser vista en ella señal de impaciencia o turbación, mas llena de muy suave alegría en su espíritu alababa a Nuestro Señor. Y como olvidada de sus dolores, se hacía llevar a visitar las otras enfermas, y así las consolaba y confortaba que parecía vivir más la esposa de Cristo en regalos que tormentos. A cabo del año creciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís ''[7]'' a la cabeza. Y aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, puesto que las decía en latín, que ella no entendía, como eran estas: “''Iin pace in idipsum dormiam et ''[8]'' requiescam: In manus tuas domine commendo spiritum meum: Vias tuas domine demonstra mihi: Hac requies mea in seculum seculi''”. Pasados tres días tornó en sí, pidió y recibió con singular devoción todos los sacramentos. Y después desto, vivió dos días confortando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y devoción de su Sanctísima Madre y de Sant Juan Baptista y toda la corte celestial. A este tiempo fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Dios una voz que la llamaba, y con muchas lágrimas pidieron la bendición a su bendicta madre. Y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sintiendo la voz del Esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con Vos, Señor mío, descansaré para siempre”. Y luego con voz alta se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente pasó su bendita alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta ''[9]'' [fol. 61v col a] de Sant Pedro y Sant Pablo, en tres días de julio, teniendo setenta años de edad y treinta de religión. Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo desta ilustre religiosa se muestra entero, tratable y blando en el coro de las monjas de su monasterio de Sancta Isabel. Las cuales tienen algunos testimonios de [fol. 61v col. b] milagros que obró Dios por los merecimientos desta su sierva, como de un clérigo tollido de ambos pies que fue sano, y del mismo mal fue sanada una mujer tocando su túnica. Y otra cobró vista. Y muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos encomendándose a su sierva María la Pobre. Estos milagros, con la vida desta sancta, se refieren en la tercera parte de las crónicas de Sant Francisco, libro octavo, capítulo ''[10]'' trece y catorce. Y en la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro 2, capítulo 15, se escribe su vida. ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo (fuera de la caja de escritura) podemos leer: “En. 3. de Iulio. Ef. 24.  39.  69.  85. &amp;amp; I08. Matth. 8.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen: “Authores.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se conserva “Pero” aunque, posteriormente, en el texto aparece la modernización del nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el texto: “levento”. Subsanamos la errata y acentuamos según los criterios de edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el texto “a alma”. Se corrige la incoherencia sintáctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se “aparecía” o “reflejaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Actualmente, “frenesí”: CORDE. http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll [Consulta 5 de mayo de 2020].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha suplido el signo tironiano por la conjunción copulativa “et” pero se ha conservado la puntuación. &lt;br /&gt;
“En paz me dormiré y descansaré. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, muéstrame tus caminos. Este es mi reposo por los siglos de los siglos.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1507.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto “capit.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el catálogo, Verónica Torres ha editado la biografía que aparece en la obra de Pedro de Alcocer. Ver ''Vida Impresa'' (1)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: mayo de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XXII, fols. 85v-86r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. b] '''De la Santa Doña María de Toledo, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También pone el mesmo maestro Villegas en la mesma tercera parte a esta santa doña María de Toledo. Fue de la ilustre casa de los duques de Alba y de los condes de Oropesa. Dejando las pompas y vanidades deste mundo y sus renombres (antes por menosprecio suyo), se quiso llamar María la pobre. Después de la muerte de su marido, que fue el señor del Carpio en Andalucía, se recogió en sí, vistiéndose en su interior y exteriormente de una grande pobreza. Ocupose algún tiempo en servir a los enfermos del Hospital de Toledo, que se llama la Misericordia, con mucha humildad y bajeza de sí mesma. Después, los Reyes Católicos, para que se recogiese más perfetamente en la religión, la dieron unas casas para que allí hiciese monasterio de Santa Clara, con advocación de santa Isabel. Aquí tomó el hábito de la religión, adonde ella fue abadesa, y crio otras muchas doncellas para Cristo su esposo. En este estado de religión, dio grandes muestras de la bondad de su alma, y también las dio en ella Nuestro Señor, mostrando cuánto le agradaban sus servicios. Después de treinta años de religión, fue servido de enviarle una fiebre, con que la llevó a gozar de sí a la bienaventuranza, recebidos todos los santos Sacramentos de la Iglesia, a los tres días del mes de julio, año de mil y quinientos y siete. Luego que murió, se sintió un olor y fragancia suavísima en su celda, [fol. 86r, col. a] y una música tan suave, que excedía a todo lo que humanamente se puede entender. No faltaron revelaciones en personas de santa vida, por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. Un clérigo tullido de ambos pies, encomendándose a la santa María la pobre, alcançó entera sanidad. Una mujer tullida y otra ciega, tocando la túnica desta santa, cobraron salud. Muchas mujeres estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos, encomendándose a su sierva María la pobre. Ella ruegue a Nuestro Señor por mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: marzo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada vida de la gloriosa virgen santa clara de luis de miranda.jpg|miniatura|250px|right| Luis de Miranda, 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…'' Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…''. Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel, pp. 211-219.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto, que se encuentra incluido en la primera parte de la obra de Miranda, se ha actualizado siguiendo las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “sancta”, “abadesa”, “redemptor”, “prompta”, etc. También se ha conservado un escaso laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han actualizado de acuerdo con su uso actual ya que no tenían entonces valor fonológico. En cambio, se han conservado las agrupaciones “desto”, “desta”,  “dello” y “della”. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como en general el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v” y se han simplificado las consonantes dobles. Por último, las citas, originalmente en cursivas, se reproducen también entre comillas y se entrecomillan las palabras atribuidas a las santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[211] '''Capítulo XL. En que se refiere la vida de la bienaventurada Soror María la pobre, fundadora del Monasterio de sancta Isabel de Toledo, de la Orden de sancta Clara'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin, llegándose ya el tiempo y la hora en que la majestad del altísimo Dios tenía determinado de sacar a su sierva del destierro desta presente vida, comenzó a enfermar y a ser atormentada con graves y diversas enfermedades para que se le cumpliesen sus deseos. Y como antes no había querido tener contento sino en la cruz y en el sentimiento de los trabajos y Pasión de Christo Nuestro Redemptor, lo cual ella siempre le pedía y que le quisiese comunicar sus dolores y trabajos, cumpliola Dios en esta hora sus deseos y oyó su oración, concediendole que participase de sus dolores para que mereciese después ser también participante de su gloria. Y así fueron tan grandes y tan terribles los dolores que sintió que parecía todos los momentos que sus huesos le eran desencajados y sacados de sus quicios y las entrañas se le comían, con los cuales mortales dolores por el espacio de un año fue continuamente atormentada sin ser en ella vista señal de impaciencia ni de turbación, ni oírsele palabra que supiese de ello; antes, llena de muy suave alegría de su espíritu, continuamente alababa Nuestro Señor y, como olvidada de sí misma y de sus dolores, se hacía llevar a visitar a las otras enfermas y así las consolaba y confortaba, que más parecía ella estar en regalos que en tormentos. Acabado el año, creciole la calentura muy agudamente y subiósele el frenesí a la cabeza, y, aunque perdió el uso de la razón y del entendimiento, con todo eso ningunas palabras salían de su boca que no fuesen muy sanctas y muy buenas. Todo era decir: “''In manus tuas Domine commendo spiritum meum, redemistime Domine Deus veritatis''”. “''Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas edoce me''”. “''In pace in id ipsum dormiam et requiescam. Haec requies mea in saeculum'' [218] ''saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam''”. “En vuestras manos, Señor, encomiendo mi anima y mi espíritu, redemístisme, Señor Dios de verdad”. “Mostradme, Señor, vuestros caminos y enseñadme vuestras sendas, en vos será mi descanso para siempre”. “En vuestra ciudad sancta habitaré, pues la escogí para mi morada”. Finalmente decía aquello estando con el frenesí que había traído ordinariamente en su corazón y en su boca. Pasados tres días, tornó en sí y pidió y recibió con mucha devoción todos los divinos Sacramentos. Después de lo cual vivió dos días, confortando siempre a las monjas en el servicio de Nuestro Señor e induciéndolas a la devoción de su Madre sanctísima, del glorioso san Juan Bautista y de toda la corte celestial. Y estando así, fue oída de las monjas que estaban con ella una voz que la llamaba, y las monjas con muchas lágrimas la pedían y demandaban su bendición, y ella, rogando a Dios por sus hijas, sintiendo la voz de su divino y celestial esposo, respondió: “Con vos, Señor Dios mío, dormiré yo y descansaré en paz para siempre”. Y luego con alta voz se despidió de sus monjas, diciendo: “Hijas mías, quedaos a Dios quedaos a Dios, quedaos con la paz del Señor”. Dichas estas palabras, muy quietamente dio a Dios su sancta alma un sábado después de la fiesta de san Pedro y de san Pablo del año del Señor de mil y quinientos y siete, a los setenta años de su edad, y teniendo treinta de religión. Después de haber salido su bienaventurada alma del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que experimentaron ser cierta señal de la sanctidad de la esposa de Christo y de su divina presencia y de la compañía de la corte celestial, que había venido a recebir y llevar su sancta sierva a la gloria de su Reino. Fue desto también clara señal haberse oído una muy suave música y melodía celestial que excedía a toda música humana, la cual por tres veces fue oída de las monjas, una a la muerte de la sierva de Christo, y otra al tiempo que se celebraba la misa, y la tercera cuando su sancto cuerpo fue entregado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Dios pasó deste mundo a la gloria estaba en oración un padre de la Orden de Sancto Domingo, confesor de las monjas de la Madre de Dios y de la misma orden, en Toledo, llamado fray Jordán, varón [219] sancto de muy grande perfección, y de mucha oración, el qual vio una muy larga procesión y que al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo, muy ricamente vestida con una diadema y corona en la cabeza de muy grande resplandor, y que salían de su cara rayos como de Sol. Y vio y conoció este sancto y devoto religioso a todas aquellas sanctas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en el Reino de los Cielos. Y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó a las monjas esta revelación. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra el día de hoy entero, tratable y blando, y no cesa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros por los merecimientos de su sancta sierva Un clérigo tullido de ambos pies encomendose devotamente a Nuestra Señora por los merecimientos de su sancta sierva, luego alcanzó salud. Una mujer sanó de la misma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. Muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestra Señora el tener hijos, encomendándose a esta su sancta sierva. Una mujer ciega cobró la vista y otras muchas alcanzaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesuchristo, María la Pobre en la tierra, mas rica y bienaventurada en el cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] 3 páginas de las ''Chrónicas'', Libro 8, capítulo 13, cum. seq.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] De cómo fue edificado el convento de Sancta Isabel de los Reyes en Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Oseas, 2. [Nota del editor] “''Propter hoc ecce ego lactabo eam et ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius''”; “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas, 2:14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Salazar Crónica 1612.jpg|miniatura|250px|right|''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 359-367.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de María de Toledo (1437-1507) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIIII'''&lt;br /&gt;
'''[359] Del nacimiento y crianza de doña María de Toledo, fundadora del Monasterio de S. Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue doña María de Toledo, natural de la ciudad de Toledo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de su mujer doña Juana de Guzmán, Señores de Pinto. Era Pedro Suárez de los señores de Alva y de Valdecorneja, y de los señores de Oropesa, linaje antiquísimo en España y de gran nobleza. Eran estos señores Pedro Suárez y su mujer muy cristianos y devotos. Y ansí parece que, premiando Dios sus buenas obras y virtudes, les dio a doña María de Toledo por hija. La cual desde muy tierna edad dio muestras de la gran perfección que había de tener en el discurso de su vida. Lo primero que podemos decir de su niñez es que desde muy pequeña fue aficionada a los pobres, y usó con ellos de mucha caridad. Fue desde que tuvo uso de razón muy inclinada a guardar limpieza y pureza virginal. Y ansí había propuesto firmemente de guardarla toda su vida. Ejercitose en esta tierna edad en hacer todas las limosnas que podía a los pobres, y todo lo que le daban para almorzar [360] y merendar, lo daba por amor de Dios. Las vanidades y niñerías de aquella edad siempre las aborreció, y como si fuera una mujer anciana y muy prudente, se ocupaba en obras santas. Cuando se podía esconder de su madre, íbase a un oratorio donde sus padres oían misa, y allí se estaba rezando y encomendándose a Dios muy de veras, y ansí alcanzaba de su divina Majestad, grande aumento de virtud y devoción. Llegada a edad de poderse casar, fue tanta la importunidad y instancia que sus padres en esto le hicieron que hubo de consentir en lo que le pedían, y mudar el propósito de la virginidad en santo y honesto matrimonio. Casáronla sus padres con García Méndez de Sotomayor y de Haro, Señor del Carpio. Estuvo con su marido siete años, y nunca parió, y después alcanzó licencia de su marido y vínose a Toledo a ver a sus padres; y pocos días después tuvo nueva cómo su marido había muerto: y en sabiéndolo hincose de rodillas, y dio gracias al Señor por verse libre para poder muy de veras ocuparse en su servicio. Y luego dejadas las vestiduras preciosas, se vistió de una túnica de paño, y de un hábito a manera de religiosa de San Francisco; el cual vestido era muy áspero y vil; y persuadió luego a todas las mujeres que estaban en su compañía a que hiciesen lo mismo. Desde entonces comenzó determinadamente a darse y ejercitarse en obras de misericordia. Visitaba todos los hospitales y hallábase en todos los enterramientos de personas pobres: acudía muy de ordinario a las cárceles y buscaba pobres vergonzantes y huérfanos, a todos los cuales servía y daba lo necesario, como verdadera madre de todos. También redemía cautivos, y los muchachos echados a las puertas de las Iglesias hacíalos criar a su costa, y después los ponía a oficios con que todos se remediasen. Pero entre todos estos santos ejercicios, en el que más de veras se empleaba era en curar enfermos pobres, a quien trataba con verdadera caridad y piadosas entrañas: a los cuales muchas veces les curaba las llagas, y lavaba los pies y se los besaba, y con muy suaves palabras los consolaba; y en otra cualquier cosa que veía tenían necesidad, y ella podía remediarla, lo hacía con muy gran diligencia y solícito cuidado. Anduvo siempre descalza después de la muerte de su marido, y aunque hiciese muy recios fríos, y los inviernos rigurosos y ásperos, jamás se calzó. Iba a Maitines cada noche a la Iglesia Mayor de Toledo, acompañada de una mujer amiga suya, que se llamaba [[Juana Rodríguez]]; la cual [361] halló muy pronta y aparejada para cualquier ejercicio de virtud y penitencia. Estuvo dentro en la Iglesia Mayor de Toledo un año, sin salir della ni comunicar con persona ninguna, salvo con su familiar amiga [[Juana Rodríguez]] y con su confesor, que era un fraile de san Francisco, llamado fray Pedro Pérez. Hizo esto para poderse dar con más devoción y espíritu a la contemplación y meditación. Había esta señora escogido al dicho fray Pedro Pérez para su confesor, por ser gran religioso y muy docto, con cuya doctrina y ejemplo hizo grande aprovechamiento en el camino de la perfección, al cual había dado la obediencia y la guardaba muy de veras. Andaba en este tiempo vestida de un muy áspero silicio, y con crueles disciplinas afligía su cuerpo delicado, para hacerle sujeto al espíritu. Comulgaba al tercer día, y lo más largo de ocho a ocho días, y esto era con tanta preparación y reverencia cuanta le era posible. El día que comulgaba ninguna otra cosa comía más de pan y agua. Sentía en los tales días muchos regalos de la divina clemencia en tanta abundancia que su espíritu era lleno de divinas consolaciones y alumbrado con celestiales revelaciones. Revelole nuestro Señor muchas cosas, las cuales por mandado de su confesor dejó escritas, y entre ellas era una, que el Reino de Granada vendría a poder de cristianos. También que los conventos de frailes menores claustrales y de las monjas habían de ser reformados. Revelole también nuestro Señor las grandes maldades y abominables herejías que los cristianos destos reinos cometían por la comunicación y trato que tenían con los moros y judíos que en ellos vivían. Pues manifestando esta santa mujer estas cosas a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel (con quien tenía mucha autoridad y crédito), llamáronla a Segovia, adonde entonces ellos estaban. Y tratando con ella estos negocios y pidiéndole su parecer, determinaron se pusiese en España el Santo Oficio de la Inquisición. Y ansimismo ordenaron otras muchas cosas tocantes al servicio de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo doña María de Toledo, después que volvió de Segovia, no quiso tornar a casa de su padre, y se fue al Hospital de la Misericordia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alcanzada licencia de los Reyes Católicos en Segovia, vínose a Toledo; no quiso tornar [362] en casa de su padre. Y después de haber puesto en estado las mujeres y criadas que tenía, ofreciose toda al servicio de Nuestro Señor, y fuese al Hospital de la Misericordia para emplearse de día y de noche en servicio de los enfermos. Y era cosa de admiración el cuidado y solicitud que en ello ponía, acudiendo a todas las necesidades dellos, a los cuales trataba con mucha benignidad y regalo; solo era para sí misma muy áspera, siendo para todos misericordiosa. La camisa que traía era un saco de sayal o xerga muy áspero. La cama era unas pajas, y la manta con que se cubría era pelos de cabra, y de lo mismo era el almohada. Tenía una celda muy pequeña, donde, después de haber acabado de curar y visitar los enfermos, estaba toda la noche hasta Maitines en oración. Y después de haber dormido un poco levantábase muy de mañana y limpiaba los servicios de los enfermos; y en cuanto podía regalaba y consolaba los enfermos. De donde manó que los Caballeros de Toledo hiciesen una Cofradía en la cual cada uno sirviese una semana en el Hospital de la Misericordia, lo cual ha permanecido hasta el día de hoy. Pasó muy adelante la cristiandad desta mujer, acompañada de muy grande humildad, porque queriendo con más abundancia regalar y servir a los enfermos, después que había dado al hospital y a la capilla d’él todo cuanto tenía, comenzó a pedir por amor de Dios (con su compañera [[Juana Rodríguez]]) de puerta en puerta, y llevaba con mucha alegría (sobre sus hombros) lo que le daban. Levantose por esta causa una grandísima persecución de sus más propincuos parientes, porque se afrentaban de verla andar de aquella manera y huían della por no encontrarla por las calles; y muchas veces le reprendieron y deshonraron: unos la llamaban loca, otros, desperdiciadora y gastadora, otros le decían que afrentaba a todo su linaje. De suerte que todos sus deudos la vinieron a aborrecer; y fue tanto esto que aun su madre (con ser muy cristiana y bendita mujer) no la podía ver. Mas la bienaventurada, deseando conformarse con Jesucristo Nuestro Señor, no solo llevaba esto con mucha alegría, más aun las bofetadas que su compañera le daba, por mandado de su confesor (para ejercitarla en paciencia y humildad), recebía como tesoro divino y precioso. Pasados desta manera tres años, cayó en una gravísima enfermedad; y llegada a lo último de su vida, y recibidos los sacramentos, vino a verla su madre, la cual no le pudo negar el amor y entrañas maternales; [363] y estando allí con ella y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora que allí estaba, le pedía (con lágrimas y suspiros e instancia de oración) salud para su hija, y muy en breve, como si hubiera resucitado, la vio sana y libre de su enfermedad. Llevola a su casa para que acabase de curar y regalarla en su convalecencia, y dentro de pocos días estuvo de todo punto buena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''Cómo doña María de Toledo después desta enfermedad tomó el hábito de monja de Santa Clara en el Monasterio de Santa Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que la santa mujer cobró entera salud comenzó a tratar consigo misma, cómo dispondría de sí de manera que más sirviese a Nuestro Señor: unas veces pensaba ir en romería a Jerusalén, otras buscar otra vida más estrecha, y otras cosas semejantes. Y andando ella y su fiel compañera revolviendo estos santos y divinos pensamientos, pusiéronse en ferventísima oración, suplicando muy de veras a Nuestro Señor les revelase su divina voluntad. Tuvo sobre esto revelación divina, por lo cual entendió que la voluntad del alto Señor era que fundase un monasterio de monjas adonde ella y otras muchas le sirviesen. En este tiempo (por ordenación divina) acaeció que vinieron los Reyes Católicos a Toledo, y la dicha doña María de Toledo comunicó con la reina doña Isabel su determinación y santo propósito; y los Reyes holgaron mucho dello, los cuales le dieron una buena casa que ellos tenían en Toledo, que era el sitio donde ahora está fundada Santa Isabel, que es la Orden de santa Clara, al cual le pusieron este nombre por causa de la reina. Tomó allí el hábito, y con ella algunas criadas suyas, y otras devotas mujeres. Hicieron luego abadesa a la dicha doña María de Toledo, fundadora del dicho convento. El orden de su vida, después de ser monja y prelada, es este: traía de ordinario un áspero cilicio, desde el cuello hasta los pies. La túnica, hábito, y manto, todo era muy vil, roto, y muy viejo. Su cama eran unos sarmientos mal compuestos, o una tabla, y el almohada era una piedra o un madero. Después de Maitines no tornaba a la cama, por quedarse en el coro en oración hasta Prima. Y, del gran consuelo que de la oración sacaba, traía siempre la cara llena de alegría y [364] contento. No comía carne, ni bebía vino, y todo el año ayunaba con mucha abstinencia, y los tres días de la semana ayunaba a pan y agua, y en los otros tomaba algún refrigerio de vianda. La Cuaresma que llaman de los Ángeles solía ayunar a pan y agua. Cada día buscaba las cestillas en que se cogían los pedazos de pan que sobraba a las monjas, y lo que ellas dejaban, buscaba y recogía para su comer. Y cuando no los hallaba, rogaba a la resitolera le diese los mendrugos de pan que habían las monjas dejado. Comulgaba muy a menudo, y el día que recebía al Señor no comía más de unas almendras o pasas después de Vísperas. Los manjares que le daban en la mesa para comer, enviaba a los pobres. Todo cuanto fue en sí remedió las necesidades del prójimo; y ansí a los que llegaban a pedir al monasterio por amor de Dios, o los que en otras partes padecían alguna necesidad, procuraba remediar y consolar. Era humanísima con las monjas; y si alguna vez reprendía a alguna dellas, antes que se recogiese en la noche la hablaba, y dejaba muy consolada y alegre. Era siempre primera en los trabajos y oficios del monasterio, los cuales hacía con mucha diligencia y cuidado. Visitaba y servía a las enfermas con tanto amor y caridad que muchas veces su sola presencia les daba salud. Ansí como iba creciendo en edad crecía en el rigor y aspereza de su cuerpo, añadió al silicio una túnica tejida de cerdas y pelos de cabra para con eso poder ofrecer a Dios su cuerpo más mortificado. Como esta santa mujer era ejercitada muy de ordinario en altas meditaciones, aconteció que un viernes de Cuaresma, juntándose a la disciplina, como acostumbran, la vio otra monja que tenía la cara muy resplandeciente y con gran claridad, de donde salía un rayo de luz muy claro y grande, que la luz se extendía tanto que llegaba hasta la monja que esto vio. Y como le preguntase y rogase, con mucha importunidad, le dijese qué había visto o sentido en aquella hora (porque ella nada decía, sino siendo a ello muy forzada), dijo que había Nuestro Señor permitido que ella gustase en aquel tiempo aquella caridad incomprensible, con la cual quiso padecer tan crueles azotes y inmensos dolores. Otras muchas cosas le acaecieron y muy dignas de memoria, que Nuestro Señor hizo por su sierva, que por abreviar no se relatan aquí, solo diremos lo que en el fin de sus días hizo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''[365] Del fin de doña María de Toledo, y de los milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercándose el fin de la dicha doña María de Toledo, padecía muy grandes enfermedades. Y como el tiempo pasado de su vida no había tenido gloria en otra cosa sino en la cruz de Cristo y en su Pasión, suplicábale que los dolores y tormentos que su divina Majestad había padecido en la cruz permitiese que ella, en cuanto le fuese posible, los experimentase. Oyola el divino Señor, porque desde allí adelante le acometieron tan vehementes dolores que todos los huesos parecía se le quebraban en el cuerpo, y que cada momento la partían por sus coyunturas. Y aunque estuvo un año entero padeciendo estos dolores, nunca de su boca se oyó palabra que fuese impaciente, ni aun dio señal de tenerla: antes muy alegre y regocijada alababa a Dios sin jamás cesar. Y como olvidada de sí, hizo hacer una silla en la cual iba a visitar a las otras enfermas y las consolaba, y holgaba tanto de sus dolores y trabajos de sí misma que más le parecía estar en paraíso y gloria que padeciendo tormentos y dolores. Si alguna vez estando enferma le daban las que servían alguna cosa, y se tardaba algún tanto en tomarla, luego a la hora les pedía perdón con muy grande humildad. Finalmente, al cabo de un año que estaba enferma, le dio una landre y una calentura muy aguda, de que moría mucha gente; y tan grave fue lo uno y lo otro que la sacaron de juicio, pero con todo eso nunca dejó de decir palabras muy benditas y santas, unas veces decía: “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, otras: “In manos tuas Domine commendo spiritum meum, vias tuas Domine demonstra mihi. Haec est requies mea in saeculum saeculi”. Después que volvió en su entero juicio pidió los sacramentos, y después de haberlos recebido devotísimamente, vivió dos días, en los cuales de ordinario consolaba y confortaba a sus monjas en servicio de Dios y trataba cosas espirituales y de grande edificación; y mientras duraron estos dos días se le mudaba el color del rostro muchas veces en diversos colores, en lo cual se vio manifiestamente que se le ofrecían graves y muy arduas cosas espirituales. Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”. Y al último día desta gravísima enfermedad en la noche, estando todas las monjas alrededor de la cama muy penadas y tristes por parecerles que les faltaba su buena madre, y las más dellas dormidas del mucho cansancio, oyose una voz desconocida que las despertó, y ellas se levantaron, y entendieron que se llegaba la hora. Hincáronse todas de rodillas bañadas en lágrimas y dando sollozos y suspiros, suplicándole les diese su bendición; y ella pidió a nuestro Señor les diese su bendición, y que las conservase en su amor y temor, oyó una voz del Esposo que la llamaba. Y repitiendo aquel verso, “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, dio una gran voz, diciendo: “Quedaos con Dios hijas mías, quedaos en paz”, y luego como quien se queda dormida, dio su alma a Nuestro Señor. Fue su fallecimiento sábado, día octavo de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo de 1507. Habiendo cumplido setenta años de edad, y treinta de religión, y de la fundación de su monasterio. Había en este tiempo treinta monjas en el convento, las cuales todas sintieron al tiempo que murió esta bendita señora grande fragancia y admirable olor que de su cuerpo salía, que muy cierto creyeron que estaban allí compañías de ángeles y coros celestiales que venían a acompañar a la bendita alma. Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. La primera en el aposento donde murió la santa. La segunda en la misa, y la tercera cuando la enterraban. A la hora que murió esta bienaventurada estaba en oración un religioso muy devoto, de la Orden de los Predicadores; el cual era confesor de las monjas del Convento de la Madre de Dios de Toledo, que se llamaba fray Jordán. El cual vio una procesión, y en el fin de la una parte iba santa Clara, y de la otra santa Isabel, y en medio llevaban a esta bendita mujer con grande resplandor, vestida de vestidos riquísimos de tela de oro; sembrados de perlas preciosísimas, con una corona de oro en la cabeza de mucho valor; y la cara llevaba resplandeciente como el sol. Y a todas estas santas conoció el dicho religioso y las miró con mucho contentamiento y regalo de espíritu, que parecía penetrar lo íntimo de los Cielos. Y muy lleno de admiración y gozo, fue al Monasterio de Santa Isabel, y contó por ciento esta visión a todas las monjas. El cuerpo desta bienaventurada se ve el día de hoy entero y tratable, [367] como si estuviese vivo, por cuyos merecimientos se han obrado por la divina clemencia muchos milagros, y sanado muchos enfermos de diversas enfermedades, de los cuales referiremos aquí algunos, para gloria de Dios, y de su sierva. &lt;br /&gt;
Un clérigo cojo encomendose muy de veras con entero corazón a esta santa, y en un punto se halló sano y libre. Una mujer que estaba muy enferma, en tocándola con un pedazo de la túnica desta santa, luego sanó. Muchas mujeres que estando casadas muchos años y no se habían hecho preñadas, suplicando a esta santa les diese favor para tener hijos, fue Nuestro Señor servido de se los dar; y para esto se ceñían con una medida del largo desta santa mujer. &lt;br /&gt;
Una señora muy noble tenía una hija que había perdido el juicio, y muy confiada en esta santa, envió a pedir al monasterio le diesen el velo de la cabeza de la santa y una medida de su cuerpo; y habiéndolo traído, el velo puso en la cabeza de su hija, y el cíngulo en el cuerpo, y luego cobró el juicio que tenía perdido, y dentro de pocos días se hizo preñada, que hasta entonces había estado con grande esterilidad. Otra mujer muy principal había cegado cincuenta días había de una grande enfermedad; la cual envió a rogar a las monjas del dicho monasterio que le hiciesen caridad de alguno de los paños que fueron de la bienaventurada santa; las monjas le enviaron un paño que había sido suyo, y la mujer enferma se lo puso sobre la cabeza, y luego cobró la vista de los ojos. Otras muchas personas han sido curadas y sanas de diversas enfermedades tocando al silicio o túnica de la bienaventurada santa. Todo esto ha sido para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que por los merecimientos de su sierva ha obrado tantas maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: octubre de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vargas Vida 1616.jpeg|miniatura|250px|right|Tomás Tamayo de Vargas, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.]] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Tomas_Tamayo_de_Vargas Tamayo de Vargas, Tomás], 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la -u- con valor consonántico, y los cambios de qu a cu. No obstante, como se verá, en este texto se ha optado por una transcripción más bien conservadora. Se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “embiaron”, “podiendo”, “recebir”, “monarchía”, “escriptura”, “oratión”, b“sanctidad”, etc. , y se han eliminado las dobles consonantes, excepto -cc- antes de e/i, y las nasales. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, debido a que ya no tienen valor fonético y siguiendo los criterios del Catálogo, se ha actualizado su escritura. En cambio, se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento: “Ayala” en vez de “Aiala”, “De Alba” en vez de “Dalva”, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las abreviaturas han sido desarrolladas. En el caso de “f.”, se ha optado por “fray” en vez de “frater” por el uso que hace el texto de esta palabra. El uso de la cursiva que marca énfasis en el original se ha conservado, aunque no en los diálogos o parlamentos, siguiendo los criterios del Catálogo, excepto cuando se pronuncian palabras latinas. Debemos avisar que en el impreso aparece siempre en mayúsculas el nombre de la protagonista de la hagiografía: “MARÍA la POBRE” así como el de “CHRISTO” o “JUANA RODRÍGUEZ”. Aunque nos hubiera gustado restituir el efecto visual que esta elección gráfica podía provocar en el lector, hemos optado por seguir criterios homogéneos con el Catálogo y hemos sustituido las maýusculas de la palabra por la mayúscula del nombre (por ejemplo, “Pobre”). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, se ha conservado sólo uno de los paratextos: la censura escrita por Francisco de Pisa. Ello responde a la voluntad de hacer manifiesta la relación entre este eclesiástico y Tamayo de Vargas, siendo ambos autores de sendas vidas de María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Portada] '''Vida de Doña María de Toledo, Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. (ir)] '''A la imperial ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a madre dichosa de tan bienaventurada hija debo justísimamente la relación de su vida, como el afecto con que la escribí en agradecimiento del favor que de todos sus naturales experimentan siempre mis cosas. Significo el deseo de no parecer desagradecido con la confesión de la deuda, y hácese esta gustosamente mayor con la paga de lo que es más suyo: pues nada por tal puede ser más agradable que su mismo nombre que la ''Descripción de sus maravillas''; nada de más autoridad que la ''Historia de sus arzobispos''; y nada de más estima que los ''Elogios de sus Ciudadanos ilustres en letras''; con que, recompensando parte del agrado con que me favorece, pretendo confirmar su excelencia en lo mayor de las naciones extranjeras en lo mejor de la nuestra. Este será el intento, sino el suceso, como ahora dar por seguridad de mis promesas esta, si pequeña prenda de mis deseos, muestra grande de sus obras. Parte corta es de su historia, pero principal. Tal la han calificado muchos escriptores ilustres en religión, doctrina y dignidad: sus pisadas he medido, deseoso de serles, como en el cuidado, compañero en el afecto. El reverendo Padre Fray Marcos de Lisboa, obispo de Porto, mostró el suyo a esta beata señora desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte de la ''Chrónica de la Orden de San Francisco''. Siguiole, no sin maravilla, en obra tan insigne el doctísimo Tomás Bocio, presbítero de la Congregación del Oratorio, en el Capítulo XXIII del libro XII, signo LVIIl” ''[1]'', como el reverendísimo Fray Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, III parte Monasteria ''[2]''; Fray Pedro de Salazar, desde el Capítulo XXIV hasta el XXVIII del libro V de la ''Chrónica de la'' [fol. (iv)] ''provincia de Castilla''; Pedro de Alcocer, libro I de la ''Historia de Toledo'' Capítulo XV; nuestros toledanos piadosos: el Maestro Alonso de Villegas, ''Flos sanctorum'', parte III, el Doctor Francisco de Pisa por tantos títulos de doctrina, religión, ancianidad venerable, parte I de la ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo'', libro V, Capítulo XXXVI) y más a la larga en el ''Tratado del instituto de la Orden Tercera'', cuya erudición igual espera presto la luz común. La verdad de tales escriptores apoyan las escripturas, privilegios, institución, donaciones, y otras memorias originales antiguas, que del archivo de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo he visto, como también una relación antiquísima de la vida desta señora de mano ''[3]'', y sin nombre de auctor, sacada (como se cree) de la que, enseñada del Cielo para solas cosas dignas d’él, escribió su devota compañera, y el ilustrísimo Dominus Fray Francisco Jiménez tuvo en gran veneración ''[4]''. No me ha animado menos otra escrita con tanto acierto como curiosidad por el Dominus Pedro de Salazar y Mendoza, canónigo de la ilustrísima Iglesia de Toledo, y muestra de las grandes obras que España le pide para su mayor ilustración. Auctoridad tan grande ha seguido mi piedad, que no es pequeña aprobación del sujeto, y disculpa del que le emprende, la unida conspiración de tan nobles escriptores. En lo que la averiguación (como en las acciones de la niñez) no puede ser puntual, ley es del historiador referir lo que debió o pudo ser; en lo que fue, hacerlo que campee con el adorno, no que se violente. Tal vez hablan por mí los auctores antiguos por mejoría, no por afectación u ostentación. Tal (aunque con cuidado decoro) doy título de Bienaventurada, de Sancta, a quien atribuyó virtudes o maravillas proprias solamente de los que lo son. No es nuevo, ni digno de censura, pues con los [fol. (iir)] dedicados a Dios nació este nombre. A Israel dice el mismo, ''“Viri Sancti eritis mihi”'' ''[5]'', ''“sancti estote”'', ''“quia ego Sanctus sum”'' ''[6]'', y David le alega para su defensa, ''“Custodi animam meam, quoniam Sanctus sum”'' ''[7]'', y San Pablo llama a los Christianos ''“Vocatos Sanctos”'' ''[8]'', nombre tan universal que comprehende en la sanctificación a los animales, vasos, vestimentos y lugares consagrados a Dios, como dice Orígenes. La precipitación deste aborto o parto de tres días ocasionó el temor de no verle mal tratar de algún fingido padre, como la ''Constancia del Gran Justo Lipsio'', que deseé gozara la nobleza española por mi medio, y Fray Hernando de Luján de la Orden de la Merced quiso, sin orden mía, prohijar a Juan Baptista de Mesa, hombre no conocido, salió en Sevilla este año otro en reconocimiento de algunas amistades no vulgares con que yo sin conocerle le serví. Saliera con su nombre y el de sus censores, y conociérase, o no desmembrado, y no se desconociera. O no saliera, como la Vida del mismo auctor y Notas a esta obra sacadas de todas las suyas, pues todo se hizo a un fin, y fuera término de honor y christiandad. Lastímame no la pérdida, que estimo en poco, sino la mala correspondencia, que no puedo dejar de sentir mucho y a Dios solo hago juez y vengador de nuestra verdad. También la tardanza de la promulgación de la que sigo en la ''Defensa de la Historia de España'', apoyada con tres sentencias del consejo supremo impedidas de relaciones siniestras, me ha obligado a buscar olvidos, hasta que Dios, en quien solo confío, se sirva de volver por la verdad y piedad de mi causa. Estas son las que me movieron a sacar a luz ahora esta niñería, como las superiores a desear solamente a los ciudadanos desta imperial ciudad por lectores de lo que es tan suyo, como lo confesará agradecido perpetuamente quien para ellos solamente lo escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Libro I. ''De la vida de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I. Origen, progreso y fin del estado religioso'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ser la naturaleza del bien si tal ''[9]'' que, si fuera capaz de aumento o disminución externa para su perfección la dejara de tener y perdiera el nombre, es cosa maravillosa que no tiene por excelencia igual a la promptitud liberal de su participación con los que le conocen el llevar tras sí los ánimos aun de los que le ignoran. A [fol. 1v] Dios summo y perfectísimo bien pudiera gozar de sí proprio solo en sí sin la compañía de las criaturas, mas como si necesitara su comunicación, no solo gustó de hacer de nuevo a quien vista su hermosura se fuese tras él, sino que dispuso los ánimos de los que poco antes había criado de nada, de suerte que ninguna cosa parece que pretendió más que su unión con ellas. ¡Oh propriedad forzosa del bien, oh fuerza propria del amor, aficionar no solo la voluntad, sino rendir el entendimiento; alcanzar no solo su aprobación, sino su seguimiento! Viose esto desde el principio de las cosas. Dio Dios ser al universo, hizo gobernador d’él al hombre; puso en este su conocimiento, diole con libertad la elección de lo bueno y de lo malo; no sujetó el juicio a la noticia de lo mejor, bastó darle la perfección de ella, sino la sujeción. Negósela el hombre rebelde a su hacedor, sujeto a su apetito. Pudo tal vez la hermosura cierta del bien más que la blandura lisonjera del mal. Huyó de uno llevado de otro. Cooperaron las obras del hombre a la promptitud de Dios y quedó por poses- [fol. 2r] sión y pueblo suyo unido con él y, como agradecido al gusto de su unión, trabajando siempre por no desunirse d’él. Quedó en fin (como transformado en el bien) hecho bueno, dando a este género de gente mejor el mejor principio en el del mundo. Enoch venerando a Dios con culto por religioso especial ''[10]'', hicieron lo mismo sus hermanos, hijos de Seth y nietos de Adam, vacando solo a Dios en habitaciones retiradas sin mezcla de la profanidad del vulgo. A su imitación, los hijos de Recab observaban los preceptos de su Padre tan puntualmente ''[11]'' que merecieron la alabanza del mismo Dios ''[12]''. Imitaron a los de la ley natural los de la escripta ''[13]'', teniendo por guía al Sancto Propheta Samuel, y él por compañeros a los demás prophetas en los puestos señalados de Galgala, Naioth o Ramatá, y riveras del Jordán. Llevó adelante la institución de Samuel el fervoroso Elías, siguió su celo Eliseo, su discípulo, tan fervorosamente que excedió el número de sus secuaces la capacidad del Carmelo, extendiéndose hasta el Jordán, y monte Efraín y ciudades Galgala, Betel, Jerusalén, [fol. 2v] Sarepta, Samaria, Jericó. Conservose este fervor hasta el divino precursor Baptista, cuyas pisadas veneraron los Pablos, los Antonios, los Hilariones, los Macharios, los Pafnucios, y las demás guías de los ejércitos de ángeles humanos, que acompañaban a los celestiales en las alabanzas perpetuas de su Criador ''[14]''. Hallaron ya estos sanctos en la ley de gracia apoyadas estas juntas con el ejemplo de Christo, y seguimiento de sus apóstoles y discípulos, autorizando en varias partes esta profesión personas de conocida nobleza: Techla en Grecia a persuasión de Pablo, Domitila en Roma a la de Clemente, la hija del Rey de Ethiopía a la de Matheo ''[15]'', y a ejemplo de todos en Francia, Martha, y otras que en Jerusalén halló la devota Emperatriz Helena. ¿Daremos otro nombre a aquella, si tierna en la fe, fervorosa unión de los que ufanos vivían con sola una alma, con solo un corazón? ¿La fórmula de la renunciación de las cosas del mundo no daba bien a entender cuán desarraigadas vivían dellas? ''[16]'' El modo de velar las vírgines, que tuvo principio del de los Apóstoles, y se confirmó el año de CXLVII por Pío I, Pontífice summo, ¿no es buen in- [fol. 3r] dicio desta abnegación de los bienes y gustos de la Tierra por la estima de los del Cielo? Seguían hasta estos tiempos los impulsos de Dios y mandatos de sus superiores estas fervorosas juntas, unas de un modo, otras de otro, y todas perfectísimamente, hasta que la doctrina de San Antonio en Egypto fue haciendo la regla ''[17]'', que después escribió en Capadocia San Basilio ''[18]'', aprobó en Milán San Ambrosio, y dilató San Augustín en África ''[19]''. Llegó este estado a la última perfección con el ejemplo del glorioso Padre San Benito, y de sus bienaventurados discípulos Mauro y Plácido, y años después con el de Oddón, Abad de Cluní, de Romualdo de la Camaldula, de Juan Gualberto de Valdeumbrosa, Roberto I Estephano del Cístel, Bernardo de Claraval en diversos tiempos, y debajo de la regla de San Benito, y algo después con el de Bruno el de la Cartuja, y el de otros, que con la sanctidad de su vida, como partícipes del primero y summo bien atrahían a otros a él y a sí, deseosos de mayor perfección. No parecían muriendo siempre en cosa mortales. Vivían de milagro transportados en lo que no eran y para quien habían nacido; solo con Dios tenían sustrato, abor- [fol. 3v] recían el de los hombres, como si fueran ellos de otra naturaleza, temiendo que el cáncer de sus malas costumbres no corrompiese la sanidad de la suyas. Este era su intento. Siguiéronle otros con igual celo, si con menos retiramiento, pareciéndoles que el verdadero no consiste tanto en el del cuerpo, como en el del afecto, no tanto en la huida exterior de las cosas ajenas como en la interior de sí proprios, fiando en el que les daba el celo, que les daría valor para hollar sin lesión el fuego mismo y los animales ponzoñosos, por descalzarse de todos los afectos que les podían apartar de su Criador. Unieron a las ciudades, y afuer del Sol, que sin daño suyo ilustra aun las partes más inmundas, despidieron los rayos del fuego divino que, como a Elías, les trahía arrebatados de sí mismo en los corazones más tibios, dejándoles purificados de sus immundicias y hechos cherubines abrasados en el amor de Dios ''[20]''. Juntáronse con los primeros, y como la materia del fuego conserva más en sí el calor junta que esparcida, vino a ser el incendio tal, que ya las ciudades competían con los desiertos. Fueron los primeros auctores deste género de vida † ''[21]'' años des- [fol. 4r] pués los bienaventurados patriarchas Domingo y Francisco, y a su imitación los demás, cuyos hijos hoy vemos florecer en virtud y letras para tanto honor de Dios y provecho del mundo: tanto puede la hermosura del bien, que obliga arrebatadamente a que le conozcan; tanto sin conocimiento, ¡que fuerza blandamente a que le sigan!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Elección de Dios de todos estados para el de la Religión. Nobles en sanctidad y linaje en la de San Francisco. Sujeto y fin deste libro'''&lt;br /&gt;
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Quiere Dios que todos le sigan. Repugna la imperfección de nuestra naturaleza depravada por el pecado a la sinceridad perfectísima a que a Dios nos lleva. Vence a veces la carne, muchas el espíritu, quedando [fol. 4v] de sus luchas en Dios gozo del vencimiento deste por nuestro bien, y en nosotros humildad con la fragilidad de aquella, por la obediencia a Dios. De uno y otro resulta gloria a Dios, provecho a nosotros, por llevarnos el conocimiento de nuestra miseria al de la necesidad que tenemos de quien nos da la vida, el movimiento, el ser. Anima Dios la desconfianza de los flacos con la variedad de los ejemplos de otros de su género y, aunque no admite excepción de personas, echa a veces la mano al poderoso del mundo para que su ejemplo mueva a sus iguales y por que se vea que el verdadero poder consiste en la abnegación del falso. Otras la extiende al desecho del mundo para confusión de lo estimado y para que se conozca que su providencia se extiende aun a lo más olvidado. Vense ejemplos de una y otra elección en todas las religiones y no es menor maravilla verse ensalzada la humildad de un pobre en todos los bienes que la fortuna llama suyos que desearse humillar un rico, un noble, un letrado. Es el estado mediano entre los humanos más commún, y así causan menor admiración sus sucesos. Pero ¿a quién no admirará ver postrar a los pies de la hu- [fol. 5r ''[22]''] mildad la grandeza de las Coronas, y desear más vivir sujeto a la voluntad de un solo superior, que ser obedecido de todo un reino? Efectos maravillosos de la excelencia del bien, que atrahe a sí con amoroso imperio los ánimos que llegan a conocerle. Que a la ternura de una doncellica no contraste el regalo, y a los gustos aún lícitos ponga acíbar el conocimiento de Dios, ¿qué puede ser sino fuerza de su bondad? Deja Inés las riquezas de Orechio, su padre, rey de Bohemia ''[23]'', y los regalos de Frederico II, emperador de Alemania, su esposo, por seguir al padre y esposo de las almas puras, Christo, debajo de la regla de su Bienaventurado imitador Francisco. No repara Blanca en ser primogénita de Philipo Pulcro, rey de los Francos; olvídase de su padre Rodulpho, emperador, Coleta; no corrompen la constante determinación de Constancia los bienes de Frederico Emperador su abuelo, y amores de Don Pedro, rey de Aragón, su marido; no distrahe la vanidad del mundo a Salomé, hija del rey de Polonia. No entibia el fervor de Isabel la grandeza del Imperio de los Romanos y de Carlos IV, rey de Francia y emperador de Alemania, su marido, no a [fol. 5v] Blanca el Reino de Francia, no a Sancha Roberto, rey de Nápoles, su esposo; no a Doña Leonor de Quiñones, a Doña María de Mendoza, a Doña Ana Ponce de León, y a otras ilustrísimas señoras la delicadeza de su género, la celebración de su hermosura, la riqueza de su patrimonio, y la nobleza de sus padres a que lo pospusiesen todo por Dios a los pies de Francisco, cuyas pisadas tanto procuraron seguir. No últimamente todas estas apariencias del mundo a divertir de sus sanctos propósitos a la ilustrísima Doña María de Toledo por sangre de las más generosas, y por rica de las más hacendadas de España, a que, a ejemplo de las pasadas, le dejase a las venideras de su admirable vida ''[24]''. De los sucesos desta hago humilde relación, no ambicioso, ostentación de sus alabanzas, porque ¿quién podrá dar alcance a la soberanía de sus méritos con la vileza de su insuficiencia? ¿Qué fin el espíritu del sujeto que emprendo infundido por ella o imitado del que hoy admiramos en sus religiosas hijas mal podrán las obras satisfacer al deseo? Vos, señora, celestial espíritu, perdonad la rudeza del estilo por la sinceridad del afecto: y sea género de alabanza vues- [fol. 6r] tra, como ninguna es mayor que no poder ser dignamente alabada ''[25]'' sino por vos misma, consentir serlo de quien es tan indigno de toda alabanza. A vuestra piedad será fácil la ayuda, como a mi veneración permitido proponer la hermosura de vuestras virtudes para caudal de los que las imitaren. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Nobleza de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Los hombres, a quien sola la antigua memoria de sus mayores dan nombre de nobles, son como los cipreses, superiores a los demás, pero sin fructo: son lienzos, que tienen la estimación en los colores, no la alma, de que no son regidos. Es verdad que los fuertes nacen de los fuertes ''[26]'', y nunca fue fructo de la generosidad del león el miedo de la liebre; nunca de la grandeza del águila el encogimiento de la paloma y, aunque es insigne la alabanza de la nobleza del linaje, da la me- [fol. 6v] jor ser la de la virtud, porque la una es sin duda ajena, la otra merecidamente propria ''[27]''. Porque al que se da por rico, no a él sino a la fortuna se atribuye; a quien la tiene por valiente, la enfermedad la gasta; a quien por hermoso, la edad la roba; del que la merece por virtuoso, es la alabanza cierta ''[28]'', por ser solo de quien lo es, pues posee lo que no heredó de sus mayores, ni pende del caso, ni se muda con la edad, ni se acaba con el cuerpo. Hermosea maravillosamente el oro de la nobleza el esmalte de la virtud y aúnanse tan amigablemente estas dos dotes natural y divina que la virtud ilustra la nobleza y la nobleza hace que capee más la virtud. Es como natural al noble ser bueno, y como violento dejarlo de ser; como accidental al humilde serlo, y natural dejarse arrastrar de su bajeza. Pero si este es virtuoso, es noble; y si al noble corrompen los vicios, falta también la propria nobleza. Mas al que la sangre generosa hace estimado y la virtud heroica venerado, ningún título falta de alabanza, y en los tales, como para ejemplo se cuentan sus virtudes, para calificación dellas no es justo se olvide su nobleza. La de Doña María de Toledo iguala a su virtud, excediendo esta a aquella, que es [fol. 7r ''[29]''] el mayor encarecimiento que dentro de los límites de la verdad se puede hacer. Porque ¿qué sangre hay en España insigne por antigüedad de hazañas, o qué casa ilustre por privilegios de sus mayores que no esté en las venas de Doña María de Toledo, que no reconozca por su igual a la de sus padres? ¿Qué digo en España? En casi la mayor parte de Europa. Porque no solo nuestros Cathólicos Reyes, sino los christianísimos de Francia, emperadores de Alemania, príncipes de Danemarch, Inglaterra, Polonia, y Transilvania, se glorian de deudo tan de honor. Como los Duques de Baviera, Florencia, Saboya, Mantua, Montferrato, Ferrara, Parma, Placencia, Cleves, Juliers, Lorena, Melchemburg, Conde Palatino del Rheno, de Bragança, Medina Sidonia, Gandía, y los Marqueses de Brandemburg y Badena por las líneas reales; como por el apellido de Toledo los duques d’Alba, condes de Oropesa, de Orgaz, marqueses de Villafranca y Caracena; señores de Higares, de las Cinco Villas, de la Horcajada de Galues, Jumela, Biedma, y otras innumerables. De la misma manera se precian de Toledos otros ilustrísimos señores de España, como el con- [fol. 7v] destable de Castilla, el Almirante, los duques de Arcos, de Feria, de Béjar, de Alburquerque, Osuna, Escalona, los Marqueses de Priego, Malpica, Velada, las Navas, Astorga, Moya, Povar, Mirabel, Hardales, Orellana, Algara, d’Este, Fuentes, Santacruz, la Vale Siciliana, Cerralvo, Valle, Cerrato, los Condes de Alba, de Benavente, de Medellín, de Cifuentes, de la Puebla, de Santisteban, de Teba, de Montalbán, de Montijo, Arcos, Añover, Buendía, Fuensalida, Luna, Osorno, de la Gomera, Chinchón, Altamira, Peñaranda. &lt;br /&gt;
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Otras ilustrísimas casas tienen parentesco cercano con esta, y se glorian de tener sangre de la de Doña María, como en otra parte probaremos más a la larga, que aquí solo pretendemos dar noticia de su mucha nobleza, no deslindar las genealogías de tantos señores, obra para mayores fuerzas y ocupación de más tiempo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Relación breve de la nobleza de la casa de Toledo'''&lt;br /&gt;
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A fuer de los que en la estrecheza de una sola tabla se atreven a abreviar la grandeza del mundo con menoscabo alguno de su variedad ''[30]'', bien que sin daño de la verdad, me avendré yo en este capítulo, reduciendo a relación breve lo que ocupa las mayores a mejores chrónicas de España. No ignoro la diversidad de opiniones que en la antigüedad de la ilustrísima casa de Toledo hay, ni pretendo preferir mi particular sentimiento a las sentencias communes: solo diré en summa lo que tengo por más cierto, como observado de los papeles de más curiosidad que hay en estos reinos. &lt;br /&gt;
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Aunque la más recebida opinión de la antigüedad desta casa la da por principio al conde Don Pedro en tiempo del [fol. 8v] rey Don Alonso el VI, que ganó a Toledo, no averigua seguramente quién era este conde, ni de adónde vino. Vese la inconstancia destas opiniones en el libro antiguo de los linajes del conde Don Pedro, donde ya le hacen descendiente de los godos, ya hermano de un emperador de Constantinopla: y cuando Fernán Perez de Guzmán lo refiere, duda en la auctoridad del libro adonde lo leyó. Otros le señalan nombre llamándole Paleólogo ''[31]'': pero la diferencia de los tiempos les convence bastantemente, por haber sido este apellido mucho después usado entre los emperadores de Constantinopla; verifícase esto con el nombre de la casa de los Conenos que tenía este imperio en tiempo del rey Don Alonso: de suerte que, si fue cierta esta venida del conde a ayudar al rey no había de ser Paleólogo sino Coneno. A esta duda puede satisfacer una aparentísima conjectura que, sin duda, algún gran señor descendiente de los godos emparentó con alguno de los emperadores de Constantinopla, de quien el conde procedió, pues las opiniones comunes se diferencian en esto. Lo cierto es que el apellido de Toledo excede la antigüedad [fol. 9r] de los condes de Castilla, porque en tiempo del conde Don Sancho se sabe que floreció un caballero, cuyo sepulcro hoy se ve en Oña, llamado Gutierre Rodríguez de Toledo, que fue su camarero mayor, oficio solo dado a grandes señores ''[32]''; y pudo ser que el conde Don Pedro tuviese origen deste caballero Gutierre Rodríguez de Toledo, nombre continuado en muchos deste solar. Es también prueba de su grande antigüedad que el rey Wamba tuviese también este apellido ''[33]'', o ya por la ciudad insigne deste nombre, o por deudo con los caballeros desta casa. &lt;br /&gt;
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De cualquier manera que sea, ningún indicio hay mayor de su antigüedad que la ignorancia de su principio, y colígese bien destas incertidumbres que, cuando ganaron a Toledo los moros, quedó en esta ciudad alguno desta casa entre ellos, como se sabe de los mozárabes que hasta su restitución vivieron en ella; y cuando el rey Don Alonso la ganó, los moros se recelarían de los deste solar por no tener que guardar entre sí mismos, y ellos en tiempo del cerco no osarían vivir entre los moros, y así saliendo fuera de la [fol. 9v] ciudad, y ayudarían al rey como tan grandes y valientes caballeros. Estas, si conjecturas, fundadas en grandes verdades. También se cree haberle hallado en este cerco otro hermano del conde Don Pedro, llamado Gutierre Suárez, de quien descienden los Suárez de Toledo, indicio claro de que serían más los deste apellido en aquel tiempo, que el rey obligado a su ayuda les aumentaría la hacienda y preminencias en la ciudad, en cuya restitución tenían tan gran parte. &lt;br /&gt;
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Es esta nobilísima casa una de las más extendidas que hay en España, porque fuera de los Álvarez de Toledo, que trahen por divisa los escaques blancos y azules, y son sus estados el Ducado de Alba, marquesados de Coria y Villafranca, condados de Oropesa, Salvatierra, y otros infinitos señoríos, hay otros que se llaman Suárez de Toledo y Garcías de Toledo, con diferentes divisas, y cuyos estados son antiquísimos y riquísimos, y que se cree ser también descendientes del conde Don Pedro; hay también Martínez de Toledo, Gutiérrez de Toledo, Sánchez de Toledo, Díaz de Toledo, y Núñez de Toledo, y [fol. 10r] muchos más que al apellido simple de Toledo no añaden patronímico alguno, como aquel ilustre caballero Juan de Toledo que, en tiempo de los Reyes Cathólicos, se señaló tanto en la empresa de Alhama, y el otro su igual Marcos de Toledo en la de Malta, y otros muchos, que son la principal materia de nuestras historias ''[34]''. A esto general desta casa añadiré con brevedad lo que desde el conde Don Pero hasta Doña María de Toledo nuestra materia he averiguado. &lt;br /&gt;
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Floreció este conde, como se ha dicho ''[35]'', en tiempo del rey Don Alonso el VI, de quien el barrio que hoy llaman de Rey por descender él de los de Grecia, y en que vemos las casas deste apellido, con otros grandes heredamientos, recibió en agradecimiento de lo que en la toma desta ciudad le ayudó. Fue su hijo Illán Pérez ''[36]'' primer alcalde mayor de Toledo, electo como sus sucesores a persuasiones de los caballeros castellanos, a quien hizo el rey mercedes en esta ciudad, porque, habiéndose gobernado por las leyes de los godos y que hoy se llaman del Fuero Juzgo las seis parrochias mozárabes que en [fol. 10v] ella se habían conservado, quisieron ser juzgados por las de Castilla. Este caballero casó con Theresa Bermui, de quien tuvo a Pedro Illán ''[37]''; deste y de Urraca Pérez fue hijo Illán Pérez ''[38]''; deste y de Troila Núñez, Don Esteban Illán ''[39]'', que tan valerosamente alzando en la torre de San Román que él había fundado, y adonde están sepultados muchos de sus sucesores, pendón por el rey Don Alonso el IX, cuyas rentas llevaba el rey Don Fernando de León su tío, le entregó la ciudad, y venció a Don Fernando Ruiz de Castro y a sus secuaces de suerte que los echó de la ciudad. Y por sus servicios le hizo el rey merced de la tenencia del alcázar, y de otros castillos. El mismo valor mostró echando al rey de Córdoba que, con poderoso ejército, se había entrado en el Reino de Toledo; y replicó al pecho que el rey Don Alonso el IX quiso imponer a la hidalguía, porque mereció que la ciudad conservase su memoria en la representación de su persona armada y a caballo, que, renovada con la renovación de la Iglesia, dura hasta hoy en esta de Toledo ''[40]''. Fue su hijo mayor Juan Estebáñez ''[41]'', y deste, Juan Háñez ''[42]''; deste [fol. 11r] García Álvarez ''[43]'', que fue el primero que de los descendientes del conde Don Pedro, conservó el nombre de Toledo, aunque en algunas ruinas antiguas se llama Hernando. Tuvo la voz del rey Don Alonso el Sabio, cuando el Infante Don Sancho se apoderó de la mayor parte del reino de su padre, y, puesto en él, murió este caballero ''[44]'' y su hermano, Juan Álvarez, con gran dolor de toda la ciudad, por tener por injusta su justicia. Quedó Fernand Álvarez de Toledo, ''[45]'' su hijo, que sirvió valerosamente al rey Don Alonso el XI. Sus hijos Don Garci Álvarez de Toledo ''[46]'' y Don Fernando Álvarez de Toledo, grandes favorecidos sin mudanza, que no es poca maravilla en aquella era del rey Don Pedro, y en la revuelta deste rey con su hermano Don Henrique, por vía de concierto le hicieron merced de las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos, y el Barco con su tierra, y cincuenta mil maravedís de juro, y después la villa de Jarandilla y la de Cabañas y su tierra, renunciando el Maestradgo de Sanctiago que el rey había dado a Don Garci Álvarez, que fue mayordomo del Infante Don Henrique su hijo, en Don Gonzalo Mejía, por gusto de Infan- [fol. 11v] te Don Henrique; heredole su hermano Don Hernando Álvarez. En el repartimiento de los estados difieren el libro de los linajes del conde Don Pedro y la ''Chrónica de la Orden de Sanctiago'' ''[47]'', pero lo cierto es que se continuó en sus hijos el señorío destos estados. Fue el primer mariscal, en compañía de Pedro Ruiz Sarmiento, que hubo en Castilla. Sucediole Don Fernando Álvarez, que fue tercer señor de Valdecorneja en tiempo de Don Juan el I y Don Enrique el III. Sucediere Don Fernandálvarez, su hijo, en el de Don Juan el II, de quien recibió la villa de Salvatierra, como su tío Don Gutierre Álvarez de Toledo, I arcediano de Guadalajara, obispo de Palencia, y arzobispo de Sevilla, y después de Toledo, la villa de Alba de Tormes, que después le dio a su sobrino con vínculo de mayoradgo, y el rey le dio título de conde ''[48]''. Ganó de los moros las villas de Benamaurel, Bençulema y Castril, orlando sus armas con las banderas que quitó por su mano a los moros de Écija y Jaén. Fue, pues, Garci Álvarez de Toledo hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo, nieto del maestre de Sanctiago, III señor de Oropesa, contando por primero a su padre, y por segundo a [fol. 12r] su tío, viniendo a ser Don Garci Álvarez IV ''[49]'' y nieto XI del conde Don Pedro. Casó con Doña Elvira de Ayala, hija de Diego López de Ayala ''[50]'', de quien tuvo a Garci Álvarez, que le sucedió ''[51]'', a Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, a Diego López de Ayala señor de Cebolla, de quien descienden los señores destos estados, y a Juan Álvarez, maestrescuela de Toledo. Pedro Suárez de Toledo casó con Doña Juana de Guzmán, de quien nasció Pedro Suárez de Toledo, conmendador de Otos, y a Doña María de Toledo, fundadora del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo de la Orden de Sancta Clara, y a Doña Leonor de Toledo, en quien quedó la sucesión del estado.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Nacimiento y niñez de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Doña María de Toledo nació en el corazón de España, la imperial ciudad de su nombre Toledo, colo- [fol. 12v] nia antigua de los romanos, asiento noble de los godos ''[52]'', fuerte por sitio, noble por antigüedad, celebrada por sus ingenios, temida por sus armas, respectada por su nobleza, admirada por su poder, feliz por su religión, y felicísima por la muestra que dio della con el fructo desta señora por los años de la redempción del género humano de MCDXXXVII, teniendo la silla de San Pedro Eugenio, IV pontífice máximo, Sigismundo la del imperio de Alemania, y la de España Don Juan el II. &lt;br /&gt;
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Nació para gloria de Dios, gozo de sus padres, ejemplo de su siglo, admiración de los venideros, y provecho de muchos: porque el nacimiento de los justos es ocasión de la alegría de todos ''[53]'', por el bien común que consigo trahe, siendo la justicia virtud común. Y así como en su nacimiento se da con tiempo señal de su vida venidera, se señala la gracia de su futura virtud con la alegría anticipada de los que lo saben. Fueron sus padres Pero Suárez de Toledo y Doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, ilustres, como en el linaje, en la religión. De uno y otra, aun en su tierna edad, dio muestras su hija en su inclinación natural a todo géne- [fol. 13r] ro de virtud. Alegró con las gracias mudas de la niñez a sus padres María, pero mucho más con las que, aun balbuciente, daba a entender que conservaba en su corazón para el tiempo que con claridad las pudiese manifestar al mundo. Excedía la gravedad de sus maduros ejercicios la capacidad de sus años tiernos; no daba a la edad aún lo que de derecho era suyo. No había fructo de virtud que en ella no manifestase con anticipación su semilla. Eran sus consejas provocadoras del sueño de los niños, los ejemplos de los sanctos incentivos de la quietud de la gloria; su trato de amigas, el de los que la religión hacía venerables; sus fiestas, la celebración de las de los sanctos; sus juegos, el gozo que a Dios resultaba de sus oraciones; sus ejercicios más de gusto, la misa, el rosario, la abstinencia, la limosna, y todos los que la piedad christiana aconseja para la perfección, y en que pone Dios el sabor del Cielo, que ni el paladar humano sabe discernir, ni de cuyas alabanzas el oído, ni de cuya estima el corazón mortal son capaces. Crecía con el verdor juvenil del cuerpo el fruto maduro del alma, de manera que llevaba tras sí la religiosa vir- [fol. 13v] gen los ojos de todos. Era el amor de sus padres, la alabanza de sus deudos, la estima de sus criados, la admiración de sus vecinos, y todo tal que todos hallaban en ella que amar venerando, y que venerar amando. Era su condición apacible, sus palabras miradas, su alegría grave, su hermosura honesta, su ayuda liberal, su liberalidad prudente, su prudencia sencilla, y todas sus partes como prevenidas del gusto de Dios para sí. Tres cosas campeaban maravillosamente en este como bosquejo de la perfección mayor que había de alegrar los ojos de Dios y atraher los de los hombres: el menosprecio varonil de la vanidad y niñerías del mundo, alegrándose más con el adorno honesto que con las galas profanas del cuerpo, presagio manifiesto de la mudanza rara que después admiró en su vida. La piedad con que acudía a los necesitados, quitándose de su sustento lo que podía entretener la hambre del pobre. El afecto al trato con Dios, para que andaba siempre como falta de tiempo, hurtándole de todas las ocasiones que el gusto la ponía delante. Todos eran ensayos breves de su larga vida: toda centellas, si pequeñas, misteriosas del in- [fol. 14r] cendio, que el amor divino iba fraguando en el corazón deste cherubín para abrasar en él la tibieza del mundo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Cásase a persuasión de sus padres'''&lt;br /&gt;
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Como ha de ser la virtud, para su fructo, patente a los ojos de todos los que la ejercitan, estiman para su recreo el retiramiento: considéranse espejos y temen que el aliento los obscurezca; flores, y no quieren que el tacto los robe el olor. Que la vanidad de la vista ajena es mancha, es contagio de la virtud propria. Temen su quiebra los que saben su estima, y así retirados labran en sí lo que, hecho al toque del impulso de Dios, pueda después ser como aprobado por todos, pretendido. Tenía aun de su misma madre encubierta gran parte de los ejercicios que la sinceridad de los que no podía ocultar aseguraba y, aunque obedecía a su gusto co- [fol. 14v] mo al de Dios, por saber que siempre era uno mismo, y no hacía acción que no la regulase con él, previniendo siempre su consejo, en las que sin su consulta hacía, se persuadía fácilmente que, por ser ordenadas a mayor perfección, serían virtualmente incluidas en las que no faltaba la aprobación de su buena madre. Tal vez liberalmente se quitaba el subsidio que a la ternura de la niñez previenen a menudo las madres, compadecida de la necesidad ajena y deseosa de la mortificación propria. Tal, a solas hacía actos de menosprecio de las riquezas temporales por habituarse a athesorar en su corazón las celestiales, quitándose los vestidos que su estado contra su voluntad la forzaba a traher. Tal, los ratos que en la opinión de todos daba al sueño o al entretenimiento daba entretenidísima a la oración, a la meditación. Pero mal puede dejar de dar resplandor la luz sobre el monte, mal encubrirse el fuego en el pecho, mal no derramarse la suavidad del aroma en el sentido de los circunstantes. Guardábase María cuidadosamente, descubríase su virtud sin cuidado. Veneraban sus padres lo que amaban, ufanos de serlo de tan buena [fol. 15r] hija, contemporizaban con sus justos propósitos, y hacía su bondad que disimulasen aun en lo que el amor natural no permitía de aspereza: deseaban fructo igual a ella, viendo dilatada su virtud por la generación lícita en más. Pero ella aborrecía el nombre de esposa, como otras le apetecen, contenta con serlo del que solamente lo es de las almas puras, sabiendo que la hermosura principal de las mujeres es la castidad del cuerpo, que realza sobremanera la pureza del deseo, no la carga que a la del matrimonio sigue, no los temores del parto ''[54]'', podiendo gozarse reina de las mujeres esclavas de su apetito, enderezando los ojos del alma a aquella vida donde se hacen gloriosas y verdaderas bodas, donde la concepción son consuelos de Dios; el parto, meditaciones ordenadas a él. A tan piadosas repugnancias hacían fuerza sus padre con su gusto, con sus deseos, advirtiéndola que la virtud de la castidad es en tres maneras: una del matrimonio, otra de la viudez, la tercera de la virginidad ''[55]''; y que no porque se encarezcan las alabanzas de una, se condemna el uso de las otras; porque cada una tiene su profesión: y en nada se ve [fol. 15v] la riqueza de la doctrina de la Iglesia más que en tener a quién preferir, y en no tener a quién desechar, pues alabamos de suerte la virginidad que no vituperamos a la viudez. Así estimamos a esta que no desdoramos el honor del matrimonio. No siendo estos preceptos nuestros, sino testimonios divinos con los ejemplos de María ''[56]'', de Anna ''[57]'', y de Susanna ''[58]'' confirmados. Hacía a la deseosa de su entereza fuerza el imperio amoroso de sus padres, mas respondíales, humilde, que mirasen que, pues la pureza de las vírgenes es un género de parte angélica ''[59]'', una meditación de incorrupción perpetua en carne corruptible, era justo la cediese la fecundidad de la carne, la honestidad del matrimonio, y que sin duda tendrán en aquella commún immortalidad alguna cosa más que los demás los que han conservado algo no carnal en la misma carne. No pudieron contrastar los honestos propósitos de Doña María la fuerza de los naturales deseos de sus padres. Inclinó el cuello a su voluntad, creyendo ser la de Dios, y no le rehusó al yugo del matrimonio, que pretendió lo mejor de España tanto por la nobleza de su linaje y por el agrado de su hermo- [fol. 16r] sura, cuanto por la fama de la virtud que ponía a una y otra en su última perfección, y a todos cudicia de su participación. Cupo la dichosa suerte a Garciméndez de Sotomayor, caballero andaluz y señor del Carpio, no menos rico que ilustre, a quien como a carne de su carne y cabeza de sus miembros siguió dejando a sus padres, si llorosos por su absencia, contentísimos por la satisfacción que de su estado nuevo el pasado les prometía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Vida de casada y muerte de su marido, consuelo varonil en esta, y paciencia prudente en aquella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue ejemplo de doncellas Doña María en la casa de sus pares, fue espejo de casadas en la de su marido. Tenía a Garciméndez de Sotomayor por compañero en el estado, no en el deleite, amábale como a hermano, obe- [fol. 16v] decíale como a señor, venerábale como a padre, y regalábale como a esposo. Mas, entre los deleites lícitos del matrimonio, no olvidaba los ejercicios antiguos de la virtud. Antes al paso de los cuidados domésticos nuevos crecía el uso de las ocupaciones virtuosas pasadas, pareciéndole correría por cuenta de su ejemplo la reducción de su marido, la enseñanza de sus vasallos, la crianza (si Dios se los daba) de sus hijos, y las costumbres de sus criados. No había necesidad que no socorriese, no trabajo que no procurase aliviar, no enfermo a que no acudiese, no religioso a que no acariciase, no desnudo que no vistiese, no pobre que no alimentase, no últimamente obra buena que no debiese su ser a sus manos. Teníala el huérfano por madre, el necesitado por hacienda, el enfermo por salud, y todos por todo lo que de la piadosa liberalidad y nobleza virtuosa toma nombre. Regalábase Dios con tan perfectas acciones y regalábala con abundancia de favores. Mas para prueba mayor de los quilates de su virtud tenía el toque de la condición áspera de su marido. Era este caballero menos afable que noble, menos blando [fol. 17r] que virtuoso, menos acariciador de su esposa que estimador de sus raras partes. Era en fin seco de natural, extraño de condición, áspero en las palabras, desapacible en el trato, y corto en el agradecimiento que debía al Cielo por el favor que con compañía tal le hizo. Dependía esto más de su desabrimiento natural que de razón o ocasionada o afectada. Habíalo permitido así Dios para prueba de su querida. Acrisolábala en el fuego lento deste disgusto para que pudiese después parecer la fineza de sus obras a los ojos de los ángeles gozosos, de los hombres imitadores, y de los demonios invidiosos. ¡Oh, sabiduría de Dios, que dispone los medios suavemente ordenados al fin de su gloria y provecho nuestro! Combatían la blandura de Doña María y la aspereza de Garciméndez; la altivez del espíritu deste y la sumisión del de aquella; la piedad de la una y la sequedad del otro; y siempre parecía que, deseando ella no apartarse un punto de su gusto, le daba en rostro con todo cuanto hacía. ¡Tanto puede la desemejanza de los naturales! Mas ella sacaba destos combates victorias de paciencia, y él, si no emien- [fol. 17v] da por ser natural, estima; y Dios el fructo que pretendía en ella de prueba para adelante, y en el de templanza de su condición para el estado presente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vivieron siete años desta manera sin el fruto con que a los padres hace Dios llevadera la carga del matrimonio. Esperábanle deseosos de la continuación acrecentada de su casa, pero Dios, que había de hacer otra mayor y mejor, tal como suya, aunque dilataba su gozo particular, prevenía el común. Los padres de Doña María, amorosamente impacientes de la absencia larga de su hija, alcanzando licencia de su marido, con sentimiento de sus vasallos, que temían echar presto menos las obras buenas de su señora, la recibieron en Toledo con regocijo universal de todos sus ciudadanos, que tenían en la memoria las acciones maravillosas de su niñez. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salen en el mundo a recebir los gustos, las adversidades, y encadénanse, de suerte que el fin del gozo es el principio de la tristeza, y así alternan sin descanso perpetuamente sus acciones. Siguió al gusto que con sus padres Doña María tuvo el dolor [fol. 18r] que con la nueva de la muerte de su marido poco después la dieron, y así postrada a los pies de Dios decía: “Vuestra posesión soy, Señor; Vos me quitáis lo que me distes. No deseo tanto yo mi bien, como Vos le disponéis: hágase vuestra voluntad sin repugnancia de quien es vuestra criatura. Para morir nacimos, para Vos habemos de vivir. Sírvase Vuestra Majestad de tener en su Reino a quien me distes por compañía, y de enderezar mis acciones a que yo os merezca, y pues me habéis hecho libre, queredme para vos, pues es la verdadera libertad vuestro servicio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañaban el sentimiento justo de Doña María con el suyo sus padres, pero ella sacaba de las mismas adversidades razones de consuelo para ellos y de provecho para sí, enseñando a tener por bien hecho en las manos de Dios lo que en el sentimiento de los hombres duele, pues quien los hizo para su bien, no les dará cosa que les esté mal. Y el querer atar a nuestro gusto su poder, y escudriñar con nuestro limitado caudal sus soberanos juicios, es sentir arrogantemente de nuestra miseria, bajamente de su soberanía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Ejercicios corporales de virtud en la viudez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Libre ya de todo lo que la tenía como violenta ''[60]'' su fervor, dio principio a la vida para que tantos años antes en tan diferentes estados se había preparado. Desechó las galas que por el gusto de su marido, casada, y de sus padres, doncella, había trahído, y aunque las principales con que se adornaba eran la honestidad y vergüenza ''[61]'', quedándose con la perfección destas, trocó la bizarría de las otras en un hábito humilde, dando a su cuerpo en vez de las camisas blandas una túnica de sayal áspera, y de los brocados y sedas de las ropas un saco vil de paño pardo, y a su cabeza un manto tosco todo pobre, si limpio, y más para cubrir los miembros que para abrigallos. Hicieron lo mismo muchas de sus criadas sin dificultad, porque los ejemplos tantas veces como vistos, admirados en su seño- [fol. 19r] ra, las tenían reducidas a su imitación. Que esta es la fuerza blanda de la virtud que no solo aprovecha a quien la ejercita, sino que conduce a sí a quien la ve ejercitar. Eran sus ejercicios ordinarios visitar los hospitales, considerar en cada uno de sus enfermos a Jesuchristo Nuestro Señor y acudir como a él a ellos. Hacíales las camas, quitábales los malos olores, curábales las llagas, y sin horror alguno -antes con particular consuelo del Cielo se las besaba-, proveía de suerte sus necesidades que la sucedió muchas veces dejarles hasta las mismas tocas de su cabeza, volviendo a su casa cubierta con solo el manto. ¡Tal era su fervor! No había huérfana en la ciudad que no hallase padre y madre en ella, saliendo de la hacienda de Doña María el dote de sus casamientos. No fiaba de diligencia ajena el remedio de las necesidades de las personas, a que la vergüenza las hacía mayores, sino por sí misma diligentemente las averiguaba, y por sí misma liberalmente las socorría. Extendíase la luz de su claridad aun adonde la del sol no puede entrar, no dejando en las mazmorras de Argel christiano que no gozase de la libertad por su liberalidad. Confe- [fol. 19v] saban aun no hablando los niños que commúnmente se llaman expuestos, y a quien desampara la piedad de sus padres por necesidad, o por infelicidad, las entrañas de madre que hallaban en esta señora sustentando amas que les alimentasen hasta que ella pudiese en edad mayor aplicarlos al ejercicio, que más le parecía conveniente al servicio de Dios y tal vez ella por su persona los llevaba debajo de su manto hasta que con seguridad los entregaba a quien con regalo cuidase dellos. Iba a las cárceles y componía las deudas, solicitaba las causas de los pobres, aliviaba con liberal socorro la desesperación de los condemnados a mayores penas y procuraba reducir a mejor vida a los perdidos. Compadecíase de los trabajos de todos y, fuera del remedio de su necesidad, acudía a su consuelo con el sentimiento del dolor ajeno como si fuera proprio, que es género de medicina al doliente ver en otro quejas de su congoja ''[62]''. Finalmente, no había estado de gente en la ciudad que no tuviese que agradecer a la piedad desta señora sierva de Dios. El cuidado que ponía en remediar las necesidades de las almas no era desigual al que [fol. 20r] ejercitaba en las de los cuerpos; antes este era en orden a aquel, y uno y otro enderezados al conocimiento y confesión de Dios. Tenía tal gracia con todos que aun los que no querían dejarse obligar a mirar por sí, en tratándoles Doña María, lo quedaban voluntariamente a la entienda de sus vidas. A las mujeres, a quien la fragilidad o necesidad trahían perdidas, hacía confesar, y para emienda de una y otra daba hacienda para vivir honestamente, o ponía en retiramientos religiosos con ayuda suficiente para su vida. Prevenía la seguridad de las consciencias de los enfermos que visitaba con la preparación de lo que más inciertamente es cierto. Acudía a los entierros de los pobres y cumplía con las obligaciones de su alma con el cuidado que si fueran sus padres. A todos enamoraba con su vida, enseñaba con sus palabras, y socorría con su hacienda, y no había parte adonde no regalase la fragancia de sus virtudes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Ejercicios espirituales. Retiramiento del trato de la gente, ilustraciones de Dios en él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejaban libremente a Doña María sus devotos padres, contentos de tenerla en su compañía, que hiciese lo que su fervoroso espíritu la dictaba; y ella se dejaba llevar de la aura suave del divino tan apaciblemente que ni ''[63]'' la fragilidad, de que por naturaleza estaba rodeada, aun ligeramente la impedía, ni ella tenía quietud sino cuando acudía a todo lo que la piedad la representaba. Como era su acción admirable, era su contemplación inimitable: hermanaba el cuidado de Martha con el reposo de María, de suerte que, en la misma solicitud más fervorosa, oraba con quietísima perfección. Para este fin acudía cada noche descalza (que nunca se defendieron del rigor del frío, desde la muerte de su [fol. 21r] marido hasta la suya, sus tiernos pies con abrigo alguno) en compañía de una buena mujer imitadora de su fervor a los Maitines, en que la sancta Iglesia de Toledo canta las alabanzas de Dios, y después dellos las continuaba ella por gran parte del día en altísima contemplación, de adonde salía como encendida en amor de Dios, deseosa del provecho de sus próximos, y destos tomaba motivos para hallar mejor a Dios, alternando siempre desasosiego tan sosegado. Mas deseosa de mayor perfección, dejando prevenido el cuidado de las necesidades ordinarias a que siempre acudía, a personas de conocida confianza, determinó de retirarse de todo el trato del mundo, y por espacio de un año no salió de la iglesia, ni communicó con persona alguna, sino con su devota compañera Juana Rodríguez (que este era su nombre, y de cuyas virtudes daremos muestra en su lugar) y con su confesor. Era este un religioso de San Francisco de grande espíritu, a quien Dios había escogido para enderezar en su servicio esta sierva guía. Obedecíale ella como a quien el mismo Dios le había dado para que fuese intérprete de su voluntad con ella. Preparábase para [fol. 21v] la oración con asperísimas penitencias, teniendo ya aun por regalo el vestido vil en que muerto su marido mudó sus galas, trocando este en un riguroso cilicio, en que desde los pies hasta el cuello tenía enterrados sus miembros. Era el lugar de su sueño la dureza y frialdad del suelo; su ayuno, continuo, y la frecuencia de los sacramentos a arbitrio del religioso Fray Pedro Pérez (que así se llamaba su confesor ''[64]''); había los años antes conmulgado cada ocho días, cosa maravillosa en aquellos tiempos. Mas después, todas las veces que su confesor lo ordenaba, y lo ordinario a tercero día, se llegaba humilde a recibir este augusto sacramento con la mayor preparación que criatura humana puede alcanzar. El espacio que había de una comunión a otra partía en dar gracias a Dios por la merced de la pasada y en examinar su consciencia para la venidera: el día della se abstenía de todo género de manjar, contenta con sustentar levemente la fragilidad del cuerpo con moderada agua y pan, acudiendo a su necesidad los demás días con algunas hierbas desabridas, que servían más de dilatar penosamente la muerte que de tener en pie la vida. Esta era la suya en este [fol. 22r] tiempo si trabajosa según la carne, gozosísima según el espíritu, pues al paso que era aquella macerada, este era alentado. Comunicose Dios Nuestro Señor con esta sierva suya muy como su regalado, descubríala los misterios que no es lícito a los mortales aun pronunciar sin menos purificación que la del propheta. Fueron tantos los favores que recibió del Cielo, que su confesor la obligó a dejar a la posteridad admiración sus maravillas. Mas ¡oh, pecados nuestros! ¿Que a qué sino a ellos se puede atribuir la pérdida de escritos de tal mano, de ejemplos de tal vida, de favores tan celestiales? ''Mas vos, Señora, que por obediencia los escribistes, restituidlos a nuestro ruego: si por nuestros pecados desmerecimos gozarlos, dádnoslos para que con su enseñanza emendados los merezcamos''. Confío en la bondad de Dios que, como es admirable en sus sanctos mientras le sirven, lo será mientras le gozan, y permitirá que se descubra este thesoro a nuestra ciudad, que mereció ser el sitio donde se obraron tantas maravillas. Mas para que por falta de noticia no falte la diligencia que es justo poner en la busca de papeles tan importantes, referiré las palabras del original [fol. 22v] antiguo manuscripto de la vida y milagros de la religiosa señora, de que sacaron sus relaciones todos los que escriben della ''[65]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Este confesor era un sancto varón que se llamaba Fray Juan Pérez, de la Orden de nuestro Padre San Francisco, el cual la mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor communicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo communicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. Y así, fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor communicó con esta su sierva en aquel año, y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Sancta Isabel, que nos lo dio su confesor con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión: y todo así como lo teníamos, la mayor parte dello llevó el arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su vida para vella, y sus revelaciones. Diéronselo todo y Su Señoría se lo llevó y nunca más lo tornó, y así tornamos a escribir la vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propria mano, no quedaron sino muy pocas, y veniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamaba Doña Leonor, nuera del duque [fol. 23r] de Alba, demandola para verla y se la llevó y nunca más la volvió, y desta manera se nos perdieron todas las revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima; así no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos”. Hasta aquí son las palabras del original [66]. Tuviéramos sin duda otras maravillas de Dios que loar, como las que en las revelaciones de las sanctas Gertrudis, Brígida, Catherina de Sena, y vida de la beata Madre Virgen Theresa de Jesús, y otras de otras sanctísimas y purísimas almas consuelan nuestra fragilidad, y animan nuestra tibieza, si las desta devotísima señora pareciesen. ¡Oh, hágalo su Divina Majestad como conviniere más para su servicio!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Revelaciones de muchas cosas que succedieron en España. Pónese para remedio de otras la Inquisición en estos reinos por su medio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las muchas ilustraciones del Cielo que esta sierva de Dios tuvo en el tiempo de su retiramiento nos ha quedado noticia de pocas, pero admirables, y como muestra de las demás y de que confiamos en la bondad de Dios que, para gloria suya y honor desta devota señora y edificación nuestra habemos algún día de gozar. Afligían su corazón piadoso los que, con desacato de Dios, a quien ella quisiera atraher todo el mundo, dentro de España daban el culto que debían a su Criador a los engaños del primogénito de Satanás, Mahoma. Pedía a su Divina Majestad amorosamente la reducción de tantas almas como engañadas se perdían, no su venganza. Oyola el piadísimo Señor y consolola con la promesa del espacio breve que tendría la impiedad imperio en el de Granada. No la dejaban sosegar los graves pecados que, aun entre los escogidos de Dios, se hacían por la mezcla de los judíos y vecindad de los moros en España, revelóselo Dios para su remedio. Diola también noticia de la relajación de la vida re- [fol. 24] ligiosa y ella de todo a los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel de felicísima memoria, escribiéndosele a Segovia, donde sus Altezas tenían su asiento. Estimaban en tanto la auctoridad desta señora estos gloriosos reyes que no ponían mano en cosa en que ella no hubiese puesto su consejo. Pidiéronla dejase algún tiempo a Toledo y se fuese con ellos. Contemporizó con su gusto por el provecho que esperaba del remedio de cosa de tanta consideración, pospuso su amiga quietud al alboroto de la corte que tanto aborrecía por el bien commún que tanto amaba. Enviaron por ella y por su compañera los reyes y hiciéronlas el recebimiento que para gente venida del Cielo prepararan. Oiánla los devotos reyes como a intérprete de la voluntad de Dios, estimábanla por su nobleza, admirábanla por su vida, llamábanla commúnmente sancta, venerábanla como a tal, y pendían de sus consejos como de oráculo certísimo: deste salió decretada la institución en España del Sancto Tribunal de la entereza de la justicia, de la defensa de la fe, de la Sancta Inquisición, freno de ignorancias libres y de agudezas maliciosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24v] Bramen los herejes de nuestros tiempos contra ella, que como ella es la defensa de la honra de Dios, Dios es el defensor de su justicia. Nada hay en la naturaleza de las cosas tan sagrado a que los sacrilegios no se atrevan, y no porque haya quien temerariamente osado alce la mano contra la altura distantísima de sí, sin poderla ofender dejan las cosas divinas de estar en lo alto; y como las celestiales no pueden recibir daño de las humanas, y el que derriba el templo, o deshace el altar, no daña a la divinidad, así lo que contra la protección del Cielo ignorante, desvergonzada y soberbiamente se intenta, en vano se intenta. Deba, deba España la sinceridad de su fe, el remedio de su contagio en la parte más principal y que no admite achaque, la conservación de su pureza, el ser puesta por ejemplo de religión, el ser (permítaseme decirlo así) verdaderamente cathólica a Doña María de Toledo, a cuyo consejo inspirado de Dios favoreció el poder de los religiosos príncipes Fernando e Isabel, espejos de reyes y ornamento incomparable de los de España, poniendo en ella la Inquisición de que tanto necesitaba. Fuese luego esco- [fol. 25r] cogiendo el trigo de la cizaña que ahogándole amenazaba su perdición. Viose la reformación de los conventos de los frailes menores y monjas claustrales, que esta virtuosa señora había predicho. Confirmose pocos años después la prophecía que de la redución del Reino de Granada tenía hecha, rindiéndose las medias lunas soberbias de los moros a la humildad de la cruz, en que se obró nuestra redempción y veneramos los christianos. ¡Oh, soberanía de los secretos misteriosos de Dios, que oculta a quien confía en su vanidad, que descubre a quien solo le teme!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo destas revelaciones o ilustraciones divinas fue sin duda por intelectual más perfecto ''[67]'', en que Dios da sentimientos interiores de lo que quiere communicar al alma que le merece. Habla Dios al corazón e imprime en él sus secretos, y deja como capaz de tan gran ser la pequeñez nuestra; y aunque la sanctidad consieste más en el cumplimiento puntual de la ley de Dios que en la multitud de las revelaciones, y los más perfectos piden a Dios les lleve por el camino ordinario de sus escogidos, porque tal vez Satanás, transformándose [fol. 25v] en ángel de luz, engañados estimamos el humo de nuestra vanidad por lumbre del Cielo. al que Dios regala con visitas ahora intelectuales, ahora imaginarias, cuando simbólicas, cuando por ministerio de sus ángeles, o como su liberalidad es más servida, él da la aprobación de su virtud y es sancto por el mismo Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Deja los reyes en Segovia y la casa de sus padres en Toledo por servir a los pobres del Hospital de la Misericordia. Ejercicios de piedad en esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pretendía con los reyes más del remedio de algunas cosas que pertenecían a la utilidad commún. Este puesto quísolos dejar, mas ellos pretendían que jamás se apartase de su lado, confiando acertar con su consejo en los negocios más arduos de su reino. Compitió la piedad de los reyes con el amor que Doña María [fol. 26r] tenía a su quietud. Pedía su poder con amor imperioso no les desamparase, respondía la humildad della con entereza cortés que la diesen licencia. Tenían sus acciones por prevenidas con especial orden del Cielo, y así, por no oponerse a sus órdenes, la permitieron la partida durando el recurso a su consejo lo que duró su vida. Volvió a su ciudad, Toledo, después de seis meses que había estado sin tal luz como ennubecida. ¿Quién dirá que el afecto natural no la llevó al instante a los brazos de su madre, que la aguardaba con amor de tal, que la admiraba por sus virtudes con veneración de hija? Pero al que tiran las cosas celestiales falta la sujeción de las terrenas. No la carne, no la sangre la arrastran tras sí; Dios es solo sus padres, Dios sus amigos, Dios todas sus cosas ''[68]''. Trocó Doña María los palacios antiguos de sus mayores por la humildad del Hospital pobre de la Misericordia, los regalos de sus padres por la pobreza de aquella habitación, el ser servida de nobles por servir a los pobres. Recibieron estos como quien había echado menos su regalo personal sino su socorro por mano ajena aquellos meses: alegrose con ellos como si se viera en- [fol. 26v] tre los choros de los ángeles, ofreciéndoles de nuevo, en recompensa de su absencia breve, asistencia (siendo esta la voluntad de Dios) perpetua. Para conseguir mejor este propósito y cumplir la palabra dada a Christo en sus pobres, buscó para su habitación en el mismo hospital una celdica retirada, que podía ser más meditación de la sepultura que habitación para vivir. Su adorno eran unas pajas por cama, una manta y almohada de pelos de cabra para su abrigo, a que correspondía el traje que en este tiempo usaba, cubriendo su cuerpo un saco solo de jerga recogido por la cintura y muñecas con unas sogas, los pies descalzos, a la cabeza revuelto un paño tosco de estopa: todo indicio de su interior menosprecio, contenta solo con cubrir los miembros, dando a los vestidos hechos para la honestidad, no para el deleite, su verdadero oficio. Esta era su habitación, este su hábito. La ocupación, esta. No faltaba en todo el día al lado de los enfermos: a unos hacía las camas, a otros lavaba las bocas, a otros las llagas y, desnuda de la naturaleza delicada de mujer, fervorosísimamente las besaba, teniendo particular gusto con los más [fol. 27r] llagados; por su mano pasaban todas las medicinas, y ella daba ánimo con sus celestiales palabras para no rehusar todo lo que los médicos ordenaban: ella les sazonaba la comida, ella se la partía, ella se la metía en la boca con tanto agrado que por darla gusto los más estragados se animaban, y lo que el deseo natural de la vida no podía con ellos lo alcanzaba, sin dificultad, el ruego amoroso de Doña María. Llegada la noche y cumplidas las obligaciones de los enfermos, retirábase a las nueve a la sepultura de vivos en que vivía, y estaba hasta después de Maitines en oración. Luego, rendida, no vencida, a la necesidad del cuerpo, daba tan escaso tributo al sueño que, como si cometiera un enorme delicto en dejarse llevar d’él, volvía en sí y le desechaba con tanta fuerza que se puede decir que nunca por dormir cerró los ojos, sino que la necesidad por fuerza se los cerraba. Daba por tiempo mal empleado el que no trataba o con Dios o con sus pobres: solo para sí no hallaba tiempo ni le quería hallar. Apenas amanecía cuando volvía a ver sus queridos pobres y a darles con las luces del sol y suya los buenos días. Preguntábales amorosa- [fol. 27v] mente cómo se habían hallado. Al que respondía que no bien, procuraba aliviar volviendo a hacer la cama, dándole con que sosegase. Luego, en general, sacaba, alegrísima de que se sirviese Dios della en ejercicios (según su opinión buena), tan altos los vasos, cuyo olor desapacible podía dar pena o a los enfermos o a los que los visitaban, y por su mano misma los volvía limpios. Y hubo vez que gastó gran parte de la noche en aliviar y componer en la cama a un muchacho enfermo de un mal tan penoso al olfacto como inquieto. Nunca entraba en las enfermerías que no dejase alegres aun a los que la enfermedad no permite tener momento bueno. Trahía de ordinario una cestica en la mano llena de dulces y frutas acommodadas al apetito de los enfermos, y de provecho para las enfermedades: a este daba el azúcar, a aquel el calabazate. Uno le pedía la manzana, otro la granada. A todos acudía con poder de rica y con amor de madre, y siendo los enfermos de ambos géneros más de setenta, ninguno la echaba menos, por tenerla cada uno y ser ella de todos. Llenaban estas ocupaciones el día, y la noche su acostumbrada [fol. 28r] oración y penitencia, si el peligro cercano de algún enfermo no la detenía, de quien no se apartaba cuidando tanto del regalo para la vida como de su buena preparación para su muerte. Dejaba en ocasiones tales de muy buena gana a Dios por Dios. ¡Tal era su fervor!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XII. Institución de la Hermandad del Hospital de la Misericordia. Dale renta. Levántansele grandes persecuciones por su modo de vida. ¿Cuál era este?'''&lt;br /&gt;
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Mueve ''[69]'' el ejemplo de los buenos no solo a otros como ellos para mayor perfección, sino a los malos para su reducción. Era el de Doña María tan eficaz con todos que los más nobles de la ciudad quisieron sino seguir (¿quién puede alcanzar el vuelo de los cherubines?) con iguales pasos su modo de vida, cooperar en [fol. 28v] sus obras buenas lo mejor que pudiesen. Acudían al hospital a aliviar el trabajo que la religiosa señora tenía con el gran número de enfermos, a que otra de menor celo no pudiera satisfacer. Cuales socorrían con limosnas las necesidades de los pobres, cuales por su persona asistían a su comida, componían sus camas y ejercitábanse en todo lo que les era guía fervorosa Doña María. Creció la piedad de los Caballeros tanto que, deseosos de que nunca dejase de ir en aumento, instituyeron por consejo suyo la Hermandad que hoy florece en memoria de su institutora y aprobadora Doña María, y socorro de los necesitados de aquel hospital: y como la institución desta Hermandad se enderezaba a que no faltase quien acudiese al servicio de los pobres, y las limosnas de los que acudían son voluntarias, pareció a la prudente señora que era necesario situar otra forzosa, para que no faltase con qué acudir a su regalo. Para esto le dio de su hacienda veinte y cinco mil maravedís de juros perpetuos y a su ejemplo otros le hicieron donación de otras cuantidades para el sustento de los enfermos. Iba la devoción cada día aumentándose, tomando fuerzas los flacos del ejemplo de quien, sién- [fol. 29r] dolo por su natural, vían tan de diamante para todo lo que era servicio de Dios. Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación. Salía acompañada de la devota Juana Rodríguez un día cada semana a pedir limosna para su hospital, si deseosa de que todo el mundo por su provecho y bien de los pobres se la diese, contentísima de que para su humillación se la negase. Acudía a las plazas, adonde había más concurso de gente, para tener más ocasión de ejercitar la humildad; volvía de ordinario cargada de todas las cosas necesarias para el sustento de los pobres como para el servicio de la casa. Alegrábase viendo ocupar los lugares que los diamantes y oro habían hermoseado con sogas, escobas y otras cargas deste género, que estimaba más que las joyas de más valor, contenta más de anhelar trabajada debajo de tal peso que lucir bizarra con el de las galas. Topábanla sus deudos, y como quien ignoraba el aumento que con aquel menosprecio venía a su estimación, hacían punto de honra del deshonor que, a su mal parecer, creían tener Doña María. Volvían [fol. 29v] a su casa como afrentados a tomar resolución en su remedio. El sentimiento destos y el natural amor combatían el pecho de Doña Juana de Guzmán, su madre, de suerte que, no podiendo resistir a su piedad, se volvía contra su hija, y la llamaba oprobrio suyo, y en la opinión de todos no la daban otro nombre sino el de loca, intentando por todos los medios posibles estorbarla la prosecución de sus intentos, cuando a título de pródiga la despojaban de su hacienda, cuando al de sin juicio la pretendían recoger. Mas ella, alegrísima de que se le cumpliesen sus propósitos con las ocasiones de sufrimiento, daba gracias a Dios, por quien deseaba padecer mucho más. Presentábansele las afrentas que por ella había sufrido Christo y hallábase en las mayores suyas con aliento para otras más amargas por su amor; suplicaba a Dios que llevase adelante la ocasión de sus ignominias, pero que diese verdadero conocimiento de sí a su madre y deudos. Deseaba igualmente la mortificación propria y el provecho ajeno. Pudo tanto su maravillosa paciencia que obligó a los que la perseguían a desistir de las diligencias, que para disuadirla de sus [fol. 30] intentos intentaban. Quedó otra vez con su primer sosiego y el Demonio desasosegado de nuevo. Para invidia deste y premio della aumentó Dios la liberalidad de sus consuelos con tanta particularidad y abundancia que ya no parecía vivir en carne perecedera, sino en compañía de los que gozosos viven para siempre. Prevenía Dios con sus continuos favores la herencia que en su reino la tenía aparejada, y ella agradecida a tantas mercedes procuraba cada día hacerse merecedora de más.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIII. Enfermedad al parecer de todos extrema. Sánala la Virgen Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
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Continuó por espacio de tres años sus fervores en el hospital tan puntualmente que, no bastando las fuerzas humanas a tan gran carga como su celo la hacía leve, se rindió a la enfer- [fol. 30v] medad tan apretadamente que a pocos días la señalaron por horas la vida. Acudieron su madre y deudos al hospital, no valiendo ya contra la piedad natural los enojos pasados y pretendiendo cada uno enriquecer su casa con aquel que ya tenían por thesoro del Cielo poco antes desestimado de su vanidad. Mas nunca consintió que la habitación que había sido testigo de las mercedes que Dios se había dignado de hacerla en la vida lo dejase de ser de las que pensaba recibir en la muerte. Procurando cuanto era de su parte morir como había vivido, pobre, conforme al nombre de que siempre se preció, y a que antepuso el ilustrísimo de su casa, gustando más de ser pobre que Toledo, y alegrándose más de oírse llamar Doña María la Pobre que de los blasones que el nombre de Toledo por tantos títulos ilustre la podía ofrecer. Que la pobreza consiste más en la voluntad que en la naturaleza, y es más verdaderamente pobre el que echa de sí las riquezas que el que nació despojado dellas. Fue la enfermedad apretándola más, y como halló disposición en el sujeto, extenuado con ayunos continuos y penitencias ásperas, apoderose tan imperio- [fol. 31r] samente d’él que ya los médicos humanos, desconfiados de los remedios de la naturaleza, acudieron al señor della, proponiendo lo que ella tanto acostumbraba. Recibió los sacramentos de la communión y extremaunción, y en presencia de sus religiosas compañeras y devota madre quedó, como algunos creían, defuncta. Fue grande el sentimiento no solo de su madre y compañeras, sino de innumerable gente que se había recogido a ver aquel milagro de mujeres, deseosa de participar de alguna partecica de los miembros que ella había corregido al servicio de Dios, de las vestiduras con que se había burlado del mundo. Sacáronla de la estrechura de su celda a la Capilla de Lope Gaitán, que era del hospital, para cuyo regalo eran en otro tiempo las señoras que hoy tienen nombre de beatas cerca d’él, y en cuya compañía estaban las devotas compañeras de Doña María. Tratábase ya de restituirla a la tierra abriendo la sepultura, que había de ser la habitación de su cuerpo hasta la resurección universal. Pero su madre, impaciente de la absencia de su hija por el amor que entrañablemente la tenía, acudió al árbitro de la muerte y de la [fol. 31v] vida, Christo, a quien por intercesión de su clementísima Madre suplicó la volviese la hija que lo era más suya que della misma. Volvíase a la imagen que hoy se venera en la Iglesia destas señoras, decíala: “Perdonad, Señora, al atrevimiento de mis manos por el sentimiento de mi corazón. Madre sois del mejor Hijo, hija era vuestra la que yo parí; o quitáreos el vuestro, o dadme la que, aunque mía, quiero para Vos. Vos no podéis vivir sin el vuestro, yo sin la mía, ¿para qué tengo que vivir? Quitoosle, mientras me la dais”. Agradó a la piadosísima Señora la sinceridad de la piadosa madre y dio de repente (cosa maravillosa) movimientos a los miembros, de que ya estaba apoderado el hielo. Abrió los ojos la que parecía ya defuncta y, como si despertara de un sesgadísimo sueño, alegró con su vista a los que tenían sus luces encubiertas en tinieblas de amarga lástima. Hallose Doña Juana en un instante la vida de su hija, y ella la mejoría y, aunque deseosa de acabarla de cobrar en su apacible estrechura, obedeció al mandato de los médicos, que desesperaban otra vez de su vida si quedaba en el hospital. Pasola su madre a sus casas con gran consuelo de todos los que habían llo- [fol. 32r] rado la falta que su ejemplo había de hacer a todo género de estados, y alegría de su madre que estimaba ya a su hija como mejorada con la vida, que no ella, sino la madre del mismo Dios la había dado de nuevo. &lt;br /&gt;
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[fol.32v] '''LIBRO SEGUNDO DE LA VIDA DE DOÑA MARÍA DE TOLEDO'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Apercíbese para ir a visitar los lugares sanctos de Jerusalén. Mándala Nuestro Señora que mude propósito'''&lt;br /&gt;
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Como el remedio de la enfermedad de Doña María estaba reservado solo al Cielo y la restitución de su pérdida fue milagrosa, la confirmación de su nueva salud fue también rara porque, habiéndola trahído el mal al estado más riguroso, el remedio la puso en sus primeras fuerzas. Quiso Dios de nuevo como forjarla y hacerla por su mano, para que no reconociendo otro origen le estu- [fol. 33r] viese sujeta como el barro a la del ollero. Podía tener algo de carne y sangre debiéndola a sus padres terrenos, quiso el celestial como despojarla deste afecto por traherla solo a sí. Conociolo ella, siguió la voluntad de Dios y, así aunque agradecida a la piedad de la que antes desta segunda regeneración para Dios llamaba madre, determinó de emplearse tan de veras en el servicio de la que la había dado el nuevo ser que tanto estimaba que no dejó modo de vida de los que la piedad christiana ha elegido para la perfección que no intentase. Parecíale convenir su presencia al remedio y regalo de los pobres, que tanto amaba, y que tanto la echaban menos, que tanto ella estimaba, y sin quien tan sola se hallaba. Hacíala la experiencia esta ocupación de mucho consuelo para su alma, de mucha ocasión para afligir su cuerpo. Volviérase a ella si su natural sujeción la dejara contradecir a las órdenes de sus médicos espiritual y temporales, de aquel por estar persuadido que Nuestro Señor se quería servir desta su sierva en cosas mayores; destos por creer que con los ejercicios pasados peligraría otra vez su salud. Pero su fervoroso espí- [fol. 33v] ritu facilitaba los mayores peligros y el camino que al juicio de otros estaba cerrado en las más invencibles dificultades, a su celo, teniéndolas por fáciles de vencer con la ayuda del que con el celo daba el ánimo, estaba patentísimo. Y su corazón, como capaz de solo el Cielo, intentaba aun cosas mayores que la Tierra. Y ya que oprimida de su peso no podía alcanzar lo que intentaba, intentaba lo que era posible intentarse. ¡Tal era el ánimo que el aliento de nuevo restituido a su cuerpo muerto la había infundido! Todo su más principal intento era la abnegación perfectísima de las cosas temporales por entregarse más de veras a las eternas, y así prudentemente proporcionaba sus acciones exteriores con las que más meditaba en lo interior. Consideraba aquella ciudad celestial, donde eternamente reside el gozo. Sabía que la de Jerusalén era su símbolo, y parecíala que ayudaría la usurpación de la vista de la figura a la contemplación de las grandezas de lo figurado, entreteniendo la esperanza de lo que no podía alcanzar con la posesión de lo que a su valiente espíritu se hacía fácil. Consideraba a su Amor crucificado, y estimulába- [fol. 34r] la el amor de morir por su crucificado ''[70]''. Era la pasión de Cristo su último refugio, su singular remedio. Tenía su cruz por ayuda de sus amigos y por defensa de sus enemigos. Era su principal y más estimada ciencia saber a Christo y este crucificado. Toda últimamente pretendía estar en él y le suplicaba no se apartase della. Hacía con amoroso dolor alarde de los muchos que su Amado había padecido por ella y deseaba, ya que no podía igualarlos, imitarlos. Y parecíale que en parte ninguna podría tener la representación más viva de su terribilidad que en las que el Señor de la Majestad se había humillado a sufrirlos ''[71]''. Y como la naturaleza previene el sentimiento que sin saber cómo experimenta el corazón cuando ven los ojos los lugares, adonde se hallan rastros de los que admiramos, o donde vivieron o estuvieron de asiento, creía ella que aquellos en que se obró nuestra redempción la moverían a sentir lo que es posible a un mortal de lo que sintió el eterno. Determinose, en fin, de ir a Jerusalén sin que la distancia de los lugares, ni incommodidad de los caminos pudiese derribar del propósito de su grande ánimo a la fragilidad de su tierno cuerpo. Pro- [fol. 34v] curó su madre reducirla a lo que su piedad pretendía, asegurándola que no se la había dado Dios para quitársela. Tenían sus deudos por temeridad determinación tan, a su parecer, imprudentemente fervorosa, culpaban su imprudencia y volvían de nuevo a su antiguo sentimiento. Mas en ella, que solo tenía por sus padres y deudos a los que la animaban más al servicio de Dios, no hacían más mella los ruegos de unos y enojos de otros que suelen sentir los montes eternos del aura fácil. Determinada pues de atropellarlo todo, dejó orden para que jamás faltasen sus socorros a la necesidad de los pobres. Puso en estado las mujeres que tenían en su compañía y de quien para que sirviesen más a Dios se había dejado en otro tiempo servir, contenta con la compañía de su fervorosa y semejante amiga Juana Rodríguez, y ambas confiadas en el favor de Dios, que no falta a la invocación de los hijos de los cuervos ''[72]'' y puede en el desierto dar abundancia. Sin otro alivio más que el que esperaban de la mano divina, queriendo poner el pie en el camino, se pusieron con toda humildad en su acatamiento ofreciéndole sus deseos, y suplicándo- [fol. 35r] le tuviese por bien de ser su guía sirviéndose de sus obras. Fue esta oración tan fervorosa y tantas las mercedes que Dios les hizo en ella que se determinaron de no llevar adelante su primer determinación por poner por obra la que sabían del mismo Dios que era la suya: ciertas de que a Su Majestad habían sido acceptos sus deseos como si fueran obras, y que el premio merecido destas había alcanzado la sinceridad de aquellos. Porque en los ojos del que todo lo ve son obras la promptitud de hacerlas, la conformidad con su voluntad dejándolas de hacer por las que él gustó, aunque más las sanctifique el celo de los hombres, que debe en todo regularse por el de Dios.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Fúndase la casa de Sancta Isabel por orden del Cielo y eligen por abadesa a su fundadora'''&lt;br /&gt;
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[fol. 35v] Buscaba Doña María todos los modos de provecho para su alma, y parecía en sus ojos menos perfecta de lo que en los de la misma perfección era agradable; y así cuidaba solo de los medios que la podían hacer mejor. Mas Dios, que la quería poner por cabeza de muchas, fiado en el provecho que de su ejemplo había de nacer, la reveló su gusto, mandándola hiciese una casa, donde en su compañía le sirviesen las que él tenía escogidas desde su eternidad por esposas. Fue invencible el gozo que su celo la causó, pareciéndola que, por aquel medio de que Dios se servía que usase, vendrían muchas almas a su conocimiento, y que (como cierta de la perfección con que hasta hoy se vive en su casa) había de ser de gran servicio de Dios y utilidad de los próximos la obra que emprendía. Su madre acompañaba a la admiración de tan repentina mudanza en su hija con la alegría de haberla de tener no, como creía, distintísima de su presencia y sin esperanza de verla más, sino en su ciudad y podiendo gozar perpetuamente de lo que más lucía en sus [fol. 36r] ojos. Era igual el contento de sus deudos y criados que lloraban su absencia como su muerte. Ella y su compañera, cuidadosas de la ejecución de lo que Nuestro Señor las había descubierto era su voluntad, acudían a él con más continua oración, y a esta con preparación más rigurosa. Mas Dios, que se agradaba de su piadosa solicitud, previno al mandato la ejecución, porque cuando solicitaba con más fervor el modo con que se había de poner por obra esta de la Divina Majestad, las humanas vinieron a Toledo, y con su acostumbrada piadosa liberalidad hicieron donación a la que tanto veneraban del sitio que ahora tiene la casa que esta devota señora fundó. Queriendo los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel dejar a la posteridad no pequeña parte de sus raras alabanzas en confianza del nombre que a devoción de la beata Sancta Isabel de Hungría, cuya sanctidad en el estado y nombre igual veneraba la prudente reina, ponían a aquella casa religiosa por su patrona, y respectada por la protección real, siendo hasta hoy su principal título Sancta Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
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A las mercedes que sus Altezas habían hecho a esta casa añadió su hacienda Doña María [fol. 36v], pareciéndola que no era suyo lo que no empleaba en la obra que sabía era más del mismo Dios que suya, y que era género de sacrilegio quitar de lo que era posesión declarada por de Dios. Fue tal esta determinación que fueron más de sete qüentos ''[73]'' los que resignó en las manos de los Reyes para este fin, no teniendo por vida diferente de la que hasta allí había profesado la que no fuese no con protestación solo de pobreza, sino con efecto. Ayudó a esta piedad la liberalidad de Doña Juana de Toledo, su hermana, matrona de virtuosa prudencia, y ejemplar virtud, y mujer de Diego de Ribera, commendador de Monreal de la Orden de Sanctiago, nuestro patrón, y ayo de la misma Reina Cathólica. Dieron los Reyes posesión desta casa a Doña María, hallándose al acto primero de la abnegación de las cosas temporales que en su compañía hicieron sus criadas, y otras deseosas de imitar a quien admiraban. Fue esto el año después de la revelación en que Dios se había dignado de manifestar su voluntad en la fundación desta casa, y el de mil y cuatrocientos setenta y siete ''[74]''. Estaban las casas que los Reyes la dieron en la parroquia de San [fol. 37r] Antonino o Antolín (como vulgarmente se llama) y habían sido de los señores de Casarrubios. Era esta parroquia una de las latinas de Toledo, pero el papa Innocencio VIII, a instancia de los reyes, la incorporó en el monasterio a tres de octubre del año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho. Hiciéronle relación que ellos habían dado para el convento unas casas suyas y que en la parroquia estaban sepultados algunos de sus predecesores, que era muy estrecho el monasterio, que convenía incorporar en ella parroquia, suprimiendo su nombre, beneficios, y parroquianos, aplicándolos a la muzárabe de San Marcos, o a la de San Bartholomé, vecinas. Cometiose el negocio al gran cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y, verificada la narrativa, hizo la incorporación. Los beneficios y todo lo que tocaba a la parroquia de San Antolín se trasladó a la de San Marcos, donde hoy está, como más largamente consta de las bullas de Su Sanctidad y diligencias que para acto tal se hicieron, y yo tengo en mi poder. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Fervor nuevo de la abadesa en su nuevo oficio'''&lt;br /&gt;
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Parecía que no podía caber en la perfección de las obras pasadas de Doña María aumento nuevo pero ella, que, al paso de los ejercicios que inspirada de Dios hacía, procuraba regular sus acciones, se persuadía que cada día tenía obligaciones nuevas, y más cuando se vio hecha, bien contra su voluntad, madre de las hijas para quien había Su Majestad hecho fecunda su esterilidad. Era toda espíritu, y así sus conceptos solo eran espirituales. No la debió nada la carne, pues aun en los hijos, si carnales, lícitos no dejó de sí posteridad. Quería que su mayorazgo fuese eterno, no para tiempo limitado duradero. Quiso lo mismo su esposo y señor, condescendió con sus gustos tan suyos, e hízola madre de las que quería para sus hijas. Fue en fin electa por [fol. 38r] abadesa del nuevo monasterio, y como piedra fundamental puesta por seguridad de la firmeza del edificio que tanto agrada al Cielo, como retrato más proprio suyo. Tenía más necesidad de freno que de espuelas su ordinario fervor, pero la obligación nueva y el ejemplo que oficio tal trahe consigo la aumentaba, de suerte que parecía imposible que la fragilidad de un cuerpo de tierra pudiese llevar adelante ejercicios tan no terrenos. Porque su más blando vestido interior era un cilicio de cerdas que apretadamente aprisionaba sus miembros todos desde el cuello hasta los pies, una túnica de sayal, y el exterior un hábito y manto de lo mismo, entero por los pedazos que sustentaban lo que la vejez tenía deshecho. Todo, en fin, cuanto de mayor menosprecio en la vanidad del mundo, tanto de mayor estima en su humildad: los pies descalzos, y la cabeza cubierta con unas tocas de estopa; la cama al principio era una tabla y por descanso de la cabeza un madero, o una piedra, y por abrigo una manta de jerga tosquísima. Cada semana ayunaba tres días a pan y agua, y los demás acompañaba con algunas hierbas esta aspereza [fol. 38v], teníase por indigna de comer lo que para las demás buscaba, y así sus sobras creía que la sobraban, contenta con los pedazos del pan que, o por los suelos hallaba desechado, o en las espuertas de la communidad guardado para el socorro de los pobres, sin partir jamás pan para sí, tal era el menosprecio que de sí tenía. Era la primera en el coro y la última que salía d’él: la primera que echaba mano de los instrumentos humildes de la limpieza de la casa y, como su fervor era grande, sus fuerzas parecían desiguales a las ordinarias de la naturaleza de una mujer flaca, porque acudía sola a lo que todas, previniendo con su ejemplo el gusto que todas debían tener con la que la communidad las encargaba y aliviando a cada una lo que todas querían hacer. De aquí nacía una tan concorde contienda que, deseando cada una vencer a la otra, todas estaban victoriosísimas, y el Cielo tan gozoso de tantos triumphos como la tierra aprovechada con tantos ejemplos. Porque no solo muchas personas de la ciudad, sino de toda la comarca, aficionadas a la mucha que con admiración se contaba de la vida perfectísima de la abadesa y monjas del [fol. 39r] nuevamente fundado monasterio, dejaban gustosísimamente su regalo por esta aspereza, queriendo más en compañía de tal madre y hermanas padecer incommodidades por Dios que gozar en la de sus deudos y amigos de los entretenimientos que a la mocedad el mundo ofrece. Todo este aumento se debía al ejemplo raro que de todas virtudes, la prudentemente bienaventurada prelada, de sí daba a todos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Pónese clausura al monasterio de Sancta Isabel a petición de su abadesa y monjas y hácese de Tercero observante'''&lt;br /&gt;
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Vivieron algún tiempo la religiosa abadesa y virtuosas monjas del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo debajo de la regla de la Tercera Orden del bienaventurado patriarca San Francisco tan religiosamente que parecía [fol. 39v] que la clausura no podría aumentar mayor religión. Porque sin duda este modo de vivir, instituido por el beato sancto celoso del bien de todos estados, y aprobado tan justamente por los vicarios de Christo Honorio III ''[76]'', Gregorio IX ''[77]'', Innocencio IV ''[78]'', Nicolao IV ''[79]'', Martino V, Eugenio IV, Nicolao V, Calixto III, León X ''[80]'' y otros, y confirmado con la vida ejemplar de tantos siervos de Dios como en él han resplandecido en virtudes y milagros y hoy resplandecen, es utilísimo a la república, y como tal perseguidísimo de los que, o torcidamente o imprudentemente celosos, han querido (como succede a todas las cosas conocidamente buenas) calumniar o estorbar la ocasión de tantos provechos, o ya juzgando apasionadamente por la imperfección de algún flaco del modo de vida de los demás, o ya invidiando tanta perfección, impacientes del resplandor de virtudes tan heroicas, como en este instituto de seglares y religiosos admiran los que con mejores ojos las miran. &lt;br /&gt;
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La fervorosa abadesa quiso estrecharse más y no dejar aspereza rigurosa en el estado que profesaba que no experimentase, y así de consentimiento de sus súbditas pro- [fol. 40r] puso su voluntad al valeroso y religioso cardenal arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Jiménez, el cual, como tan celoso príncipe y tan estimador como conocedor de las virtudes desta bienaventurada señora, condescendió con su petición, la cual, propuesta a la sanctidad de Innocencio VIII y despachada por orden suyo por el cardenal Juliano, obispo de Hostia, y su penitenciario, se intimó en Toledo por el gran benefactor desta ciudad y ejemplo de ricos y nobles el Doctor Don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela, canónigo desta Iglesia y vicario general deste Arzobispado, a cuyas obras heroicas debe Toledo su mayor lustre, como el aumento d’él a sus descendientes, como consta de las bulas de todo, y de la última despachada el año del nacimiento de Jesu Christo, Nuestro Señor, de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro ''[81]'', a diez y ocho de noviembre, que fue el primer año del pontificado de Innocencio. Desta manera quedaron con la clausura que deseaban estos valientes espíritus, que no pretendían otra cosa más que obligarse más a su Esposo Christo, y vacar solo a él con obras dignas d’él, debajo de la [fol. 40v] regla de la bienaventurada esposa suya Sancta Clara, instituida como segunda de las tres que San Francisco sanctísimamente instituyó para provecho de los hombres y alegría de los ángeles. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. De la observación perfectísima de los votos religiosos del monasterio de Sancta Isabel y de la obediencia de su abadesa'''&lt;br /&gt;
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No es otra cosa voto que promesa de cosa buena hecha a Dios con deliberación ''[82]'', y aunque son varios sus géneros y todos admirables, ninguno es tan perfecto y tan agradable a Dios como el de la voluntad y persona propia, porque los que se hacen de otras cosas son como de fuera, este como de dentro de nosotros mismos. Y aunque el voto es de consejo, no de precepto, ya hecho y acceptado de Dios pasa a ley por la auctoridad del aceptador, y co- [fol. 41r] mo antes es mejor no hacerle que hecho dejarle de cumplir, después es género de sacrilegio y ofensa grandísima de Dios no cumplirle. Y así al que vota y no falta al voto de Su Majestad no menos que a sí proprio, como él se le dio y despojó de sí mismo por ser más de Dios. &lt;br /&gt;
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Las bienaventuradas religiosas de Sancta Isabel cumplieron con la solemnidad de los que solamente constituyen la religión cumpliéndolos con perfección igual al fervor con que los habían hecho, y dando de cada uno los ejemplos admirables que fueron como sementera de los fructos que duran y durarán en la observancia de su posteridad. Aprendían ellas lo que seguían de su fervorosa abadesa, y esta y ellas como piedras madres deste edificio aseguraban la perpetuidad d’él con lo que dejaban que imitar de sí. Y, como en los votos, la obediencia es la summa y sola virtud ''[83]'', porque el ayuno continuo, la oración fervorosa, la penitencia áspera, y finalmente el cumplimiento de todos los preceptos y consejos si se hace a arbitrio proprio, si falta en él la perfección de la obediencia, tiene solo el nombre, no la substancia de la virtud ''[84]'', por ser ella como madre [fol. 41v] y guarda de todas las que nos aúnan con Dios. Ella es la salud de todos, la que halla el Reino de los Cielos ''[85]'', la que los abre, la que levanta al hombre de la tierra, la cohabitadora de los ángeles y el manjar de todos sanctos. Procuraba ejercitar a sus hijas de suerte que, siendo en todas las demás virtudes consumadísimas, se preciasen de tener por perfección de todas esta. Poníalas a Christo Nuestro Señor, que se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le levantó ''[86]'', por ejemplo único de su obediencia, advirtiéndolas que el intento del apóstol sancto no fue aquí probar el poder de Christo, sino ensalzar su obediencia ''[87]'' y así, ¿si el que era señor y maestro sirvió a sus siervos y discípulos, con cuánta más razón debemos servir a los iguales y mayores, y obedecer a Dios y a sus sanctos aun hasta la muerte? ''[88]'' Enseñándonos a los que somos mortales cuanto convenga padecer por la obediencia ''[89]'', porque el que era Dios no rehusó morir. Y así aconsejaba a no reparar tanto en lo que se mandaba, cuanto en que se mandaba ''[90]'', diciendo que en esto consistía la excelencia desta virtud ''[91]''. Porque si el que se entrega a un maestro de [fol. 42r] las artes que llaman liberales o mechánicas se determina a seguir sus órdenes en todo sin disceptar un punto dellas, con cuánta más eficacia se ha de seguir sin repugnancia alguna al que es artífice y maestro de piedad, y de cuya enseñanza depende el verdadero saber. Porque es gran bien obedecer a los mayores ''[92]'', no apartarse del orden de los que tiene Dios puestos para guía de los que le desean agradar, y después de las reglas de las escripturas aprender dellos el atajo de la vida, no dando consentimiento al peor de los maestros, que es la presumpción y juicio proprio. Estos consejos daba la singular prudencia de que Dios la había dotado, y hacía fáciles de seguir su admirable ejemplo, porque con ser superior a las demás en el oficio y en la calidad, era la menor en su estimación y trato. Ninguna cosa hacía que primero no la consultase con todas, deseando que la encaminasen, y sujetándose al juicio de la más mínima, teniendo el suyo, aunque acertadísimo, por descaminado. Obedecía a las que tenían a su cargo los ejercicios ordinarios de la casa, como si ella no se los hubiera encargado. Nunca entró en la sacristía, nun- [fol. 42v] ca en el refectorio, nunca en oficina alguna que primero no registrase su obediencia con la religiosa que cuidaba della. Deseaba summamente descargarse del gobierno de la casa por no hacer acción que no fuese de obediente, y llevábale adelante por sola obediencia, porque a la medida de la desestimación que tenía de sí, era la estima que los superiores tenían della. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Pobreza de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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Nació rica Doña María de Toledo, nació noble. Pospuso la riqueza a la pobreza, y amola de suerte que la antepuso aun a la nobleza, estimando más el título de Pobre que de noble. Fuelo con el afecto aun desde su niñez y, habiendo nacido con ella la nobleza, se puede dudar si primero fue noble que pobre aun en medio de la misma riqueza: ejercitola en su vida no solo desechando de sí lo que era [fol. 43r] proprio, sino amando a los que eran pobres, dando este por indicio exterior del amor interior que tenía a esta soberana virtud. Religiosa ya y obligada a mayor perfección por el voto, no solo le guardaba sincerísimamente, pero exhortaba a su observancia con prudentísimo fervor; decía que no en vano la moneda tenía figura redonda para dar a entender su instabilidad ''[93]''. El ejemplo y consejo de Christo proponía delante a todos para su imitación pues, siendo Señor de la Majestad, no había tenido en qué reclinar su cabeza, y siendo él solo poderoso, se había hecho pobre por el más necesitado ''[94]'', y así que ni era vergüenza ni menoscabo de la opinión hacerse por el de rico, pobre ''[95]'', el reino de los cielos proponía por primero y summo cuidado a que aseguraba con Christo que seguirían las demás cosas temporales, porque bastantemente es rico el que con Christo es pobre ''[96]'', porque a los tales no poseyendo nada, nada les falta. Porque quien nada desea, todo lo tiene con harta más seguridad que aquel a quien nada falta, pues se ve perder el dominio de las cosas ''[97]'', mas la resignación valiente de la voluntad no está expuesta a [fol. 43v] los incursos de la Fortuna. Y así, ¿de qué sirve dar el primer lugar en la felicidad a las riquezas, y calificar por último en la miseria a la pobreza? Pues el rostro alegre de aquellas encubre mil amarguras y sinsabores dentro del pecho, y al aspecto poco tratable desta consuela la abundancia de los bienes que satisfacen el corazón. Regalábase tiernamente con su querido Esposo la devota Pobre cuando echaba de ver que le faltaba aun lo necesario para entretener la vida, tanto por su mortificación y ejercicio de pobreza que tanto amaba, cuanto por la experiencia que tenía de la liberalísima providencia de Dios que, ejercitando a una su confianza, remediaba muy como de su mano las necesidades de sus siervas, aun cuando menos esperanza parece que tenían de remedio. Gloriábase del nombre que más apetecía y decía a sus hijas que nombre tal no era indicio de infamia, sino título de honra ''[98]''. Y que así como se menoscababan las fuerzas del cuerpo con las faltas de lo que le es necesario, se restauraban las del espíritu, porque como con el deleite se estraga, con la fragilidad se perficiona. Fuera de que indignamente es llamado pobre [fol. 44r] el que no echa menos nada, el que no solicita lo que otro tiene, el que es rico de Dios, porque más pobre es el que, teniendo mucho, desea más y nadie llega a vivir tan pobre como nació. Las aves no tienen patrimonio y a los animales no reservó la naturaleza hacienda: a los capaces de razón, sí, los cuales tienen tanto della cuanto menos desean. Y así como el que camina anda más cuanto con menos peso, así en este camino de la vida se ha más felizmente el que aligera la pobreza, no el que gime debajo de la carga de los haberes. Y así el menosprecio de las riquezas es utilísimo porque al breve camino de la vida no es alivio sino carga el viático excesivo. &lt;br /&gt;
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Habiendo dado esta devota señora al monasterio que regía todo lo que o de su hacienda o por su respecto tenía, era increíble el olvido que todas en ella experimentaban de que aquello fue suyo: parecíala que Dios la había hecho administradora de aquellos bienes y que la había de pedir estrecha cuenta de su distribución. Administrábalos, no los usurpaba; tenía su uso, no su propiedad. Daba a Dios lo que él la había dado, desposeíase de lo que no tenía por suyo [fol. 44v] deseosa de tener que darle, si lo permitiera, su deseo de no tener cosa. Tenía por mal empleado el gasto corto que en su persona hacía; siempre, siendo liberalísima con todas, tenía por prodigalidad la escasez a que consigo ejercitaba. Si comía, era de limosna, contenta con las sobras de las demás: si vestía, era lo que todas menospreciaban y si dormía, aun en esta acción tan natural, no cumplía consigo hasta haber cumplido con todas. Tomaba el sueño como por permisión de las demás, no por necesidad suya. Tal era su afecto a la pobreza, tal su ejercicio.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Ejemplo y consejos de la abadesa en el voto de la continencia'''&lt;br /&gt;
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Como entre las contiendas con que perturba el Demonio la quietud de los christianos son las más duras las de la castidad, en que es continuo [fol. 45r] el combate, rara la victoria, es el voto que della se hace a Dios de los más acceptos a sus ojos. Porque el ser el enemigo que se ha de vencer doméstico, y andar dentro de nosotros y ser necesario huirnos para huirle; el ser, al parecer amoroso, entrar con blandura, y prometer lo que más la carne puede apetecer, pone la dificultad que solo el prevenido por la poderosa mano del Señor puede vencer. Y así, según esta dificultad es su premio, porque todos los de todas las virtudes acompañan al desta: porque la continencia sustenta y tiene en pie, como fundamento solidísimo, todas las virtudes del espíritu ''[99]'' y todas ceden al valor desta, porque es el esmalte con que salen los quilates del suyo. Y como esta no consiste solo en la pureza del cuerpo, sino también en la sinceridad del ánimo, y este sea el asiento de todas, ninguna reposa donde la quietud desta no es conocidísima por el sosiego alcanzado de las victorias copiosas que con la resistencia varonil se consiguen del enemigo de nuestra quietud. Era la afición que a esta madre de las virtudes tenía la sancta abadesa tal que desde los pechos de su madre deseó consagrar lo más [fol. 45v] agradable de su cuerpo al esposo de las almas, Christo, y si el precepto de sus padres no pudiera con su obediencia tanto, siguiera solo sola a Christo; sabía que la obediencia es más acepta a Dios que el sacrificio, porque con aquella se ofrece la voluntad propria, con ese, si no se regula con aquella, se ofenden los ojos de Dios, no se regalan. Pero en el estado del matrimonio no se diferenciaba en el afecto a la continencia al de la religiosa y, siéndolo ya y habiendo ofrecidose como tanto había, deseaba por posesión sola de Dios, su más fervorosa exhortación era la que a esta virtud hacía, por saber que la fragilidad con que nacimos, cuanto tiene más de peligro, tiene más necesidad de remedio. Preveníale amorosísimamente aconsejando que la victoria del contrario desta virtud consistía más en la huida que en el seguimiento, porque fuera del acto que se hace del conocimiento de nuestra flaqueza se consigue el fructo que con el vencimiento se pretende y que más puede agradar a Dios. Decía que para conservar con pureza esta resolución, ningún medio era más fuerte que la frecuencia devota de los sacramen- [fol. 46r] tos porque, como con las cosas que la Iglesia tiene señaladas para la expulsión de los espíritus dañados, quedan los lugares afectos libres, así el cuerpo, que el espíritu peor tanto desea inficionar cuanto halla más facilidad con su blandura, queda con el uso destos celestiales remedios que Dios dejó para bien nuestro en su Iglesia como incapaz de todo lo que no es Dios, y casi seguro de que el Demonio le pueda dar asalto con pertrecho tan fuerte. Aconsejaba que, aun después de las mayores victorias se temiese, porque nunca hay mayor peligro que cuando parece hay mayor seguridad. Que el Demonio pretende afear la hermosura de muchos años con la torpeza de un solo instante y deshacer la grandeza de muchas glorias con la vileza de un consentimiento, y que quiere más un vencimiento solo de quien ha alcanzado muchos d’él que muchísimos de quien no se le resiste. Añadía que, aunque la maceración del cuerpo no es remedio total para la sujeción del ánimo, es medio grande para disponerle a ella y, como aconsejaba esto, lo ejercitaba, siendo la aspereza de sus penitencias increíbles, no dejando un solo instante el castigo de su [fol. 46v] cuerpo como freno de sus deseos, sojuzgando continuamente las pasiones aun naturales y lícitas, porque el Demonio no tuviese portillo para las ilícitas en ningún tiempo. Fiaba, aun después de tanta experiencia de la sujeción de sus miembros a la voluntad del espíritu, de sí tan poco que renovaba perpetuamente la oración que a Dios hacía por la conservación de la pureza y continencia. Dios la oía de suerte que, como quien se gloriaba de sus glorias, la daba ocasión de ofrecerle muchas, y ella así, por su ejemplo como por su consejo, prevenía los ánimos de sus hijas solo para Dios, celándolas aun de las conversaciones indiferentes porque, como conocía la depravación de nuestra naturaleza, temía la facilidad con que destas blandamente se pasa a las no permitidas, y una vez lisonjeado el corazón y regalado el apetito con estas, tarde o mal se facilita el paso de extremo tan blando a extremo tan, al parecer, contra nuestro deseo por su aspereza. Templaba el rigor de su recato con las alabanzas que predicaba desta celestial virtud, dando nombre a la que se esmeraba en ella ''[100]'' de flor del plantel de la Iglesia, de honor y or- [fol. 47r] namento de la gracia espiritual, de obra de entera e incorrupta alabanza, de imagen de Dios que corresponde a la sanctidad de su Señor de parte más ilustre del rebaño de Christo, por quien y en quien la Iglesia se regocija, y en cuya continencia la fecundidad de nuestra madre la Iglesia florece gloriosamente. Pues cuanto la copia de los continentes es más numerosa, tanto es más copioso el número de los gozos della porque, como las bodas de la Tierra llenan la Tierra, las del espíritu el Paraíso ''[101]''. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Frecuencia de los sacramentos y devoción al sanctísimo de la eucharistía, y abstinencia rara de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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El más eficaz consejo de la beata Pobre Sor María era su ejemplo, y su principal estudio era la experiencia del provecho que de los ejercicios vir- [fol. 47v] tuosos sacaba, y así el remedio que tenía por más eficaz para la pureza y el que aconsejaba con tantas veras ponía por obra con igual devoción. Tenía la increíble al augustísimo sacramento de la eucharistía ''[102]'', por saber que de su uso nace la posesión de la eternidad, y así solía decir que, así como los que incautamente beben veneno, procuran extinguir su fuerza dañosa con la bebida de otro medicamento saludable, y por convenir que a semejanza del tóxico entre en las entrañas la medicina ''[103]'' y no deje parte en el cuerpo donde no communique su ayuda, así conviene que procuremos expeler el veneno con que nuestra naturaleza se relaja, tomando el medicamento con que se fortifica, para que la ponzoña del uno se remedie con tiempo con la fuerza contraria y saludable del otro. Y que este medicamento no es otro que aquel cuerpo que, siendo vencedor de la muerte, es causa principal de nuestra vida. Porque así como una pequeña parte de levadura hace semejante a sí toda la masa ''[104]'', aquel cuerpo que Dios favoreció entrando immortal en el nuestro le muda y transforma en sí todo. E así la preparación que para [fol. 48r] llegarse a esta celestial mesa hacía, si no igual a la que a su dignidad se debe, la mayor que a criatura humana y por la participación frecuente de Dios ya más que humana es posible. No comía bocado hasta la noche el día (con ser tantos) que commulgaba, pareciéndola no ser justo que otro manjar corruptible acompañase al eterno y, cuando por cumplir con la obligación de viviente acudía a su sustento, era tan parcamente que se contentaba con el limitado número de unas pasas o almendras, pidiendo licencia para dar aquel día lo que la communidad la daba a los pobres que, por desgracia, la fortuna había hecho de honrados, ridículos ''[105]''; y ya solo su honra, según la opinión y estimación del vulgo, consistía en su vergüenza. Moderaba aun esta moderación cuando ayunaba la Cuaresma que llaman de los Ángeles con tanto rigor que no entraba en su cuerpo más que pan y agua fuera de los domingos, que, a persuasión de todas, comía algún bocado de pescado, y los días que recibía a Nuestro Señor solamente bebía a la noche con unos granos de anís, que más por medicina que por manjar la obligaban a tomar. Vino una destas Cuaresmas a visitar la casa el gran príncipe [fol. 48v] y religioso capitán de la Iglesia Don Fray Francisco Jiménez Cardenal y Arzobispo de Toledo, y suplicole la vicaria ordenase por obediencia a Sor María la Pobre, su abadesa, remitiese algo del increíble rigor de sus penitencias. Hízolo el religiosísimo prelado encargando a la abadesa no se dejase llevar tanto del espíritu que estragase del todo el cuerpo, sino que comiese alguna cosa más de lo que hasta allí, y no dejase de echar mano de lo que la pusiesen delante. Ella obedeció guardando su abstinencia porque, cuidando la religiosa a cuyo cuidado estaba el refectorio del número de las pasas, almendras y avellanas que para su sustento la ponía, cuando las alzaba, hallaba solo menos una pasa, una almendra, una avellana, cosa al parecer increíble, y que sola la ayuda de Dios puede hacer que obre quien es mortal y tiene necesidad de sustento para no morir. Con abstinencia tan excesiva andaba tan alentada que parecía que solo con no comer vivía, y que lo que a otros quita la vida, a ella se la daba. ¿Mas, qué maravilla? No el pan es sustento solamente de los hombres, sino las palabras de Dios son manjar para los que las [fol. 49r] oyen para obedecerlas, y cuánto más el pan de los ángeles, el maná celestial ''[106]'', el sustento preparado sin trabajo, que tiene en sí todos los deleites ''[107]'' y la suavidad de todos los sabores. Este la confortaba de suerte que, como acostumbrada a él, no se acordaba de otro alguno. Tenía hecho el paladar a los regalos eternos y no arrostraba los corruptibles. La comida que aligera el alma a los gozos de la gloria la sustentaba, no la que cargando el cuerpo impide todas las operaciones mejores: ¿Qué maravilla quien solo aspiraba a Dios no gustase sino espirar lo que era Dios? Oh, alma bienaventurada, ¿a quién no la carga del cuerpo, no la conversación de los mortales, no la habitación de la tierra pudieron apesgar, distraher, entretener jamás; solo la parte superior, la contemplación celestial, el trato de Dios rigieron, ocuparon, agradaron?&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Virtudes varias perfectísimas de Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la vida desta religiosa señora las delicias de Dios, por parecer que en su alma había su poderosa mano plantado todo género de virtudes, y hecho jardín de buenos ejemplos sus perfectísimas acciones. Porque ninguna dejaba de llevar los ojos de los hombres, indicio claro que agradaba a los de Dios, que siempre la virtud, aun de los que la aborrecen, es con veneración interior conocida. Porque ¿a qué piedra no deshiciera el rigor que esta delicadísima señora, y por la quiebra ordinaria de salud flaquísima, usaba consigo? No contenta con las asperezas otras veces ponderadas, hizo tejer una túnica de cardas y lana de cabras para alivio del cilicio que trahía debajo hasta cerca del suelo, tan apretadamente aplicado a las carnes que parecía más cuero dellas que vestidura. Eran las disciplinas tan rigurosas que estremecían las columnas del edificio y, con la blandura que del hierro grueso y mal labrado se puede esperar, y tan copiosos los arroyos de la sangre que con ellas de sí despidía, que cada una [fol. 50r] parecía haber sacado las últimas gotas de su cuerpo y no dejar más que sacar a la siguiente penitencia. Esta era continua por caer sobre las llagas recién hechas la aspereza del apretado cilicio, y renovarlas con todos los movimentos del cuerpo cada instante. Era tan del Cielo su caridad y humildad que ningún día dejaba de ejercitar una virtud y otra visitando amorosamente las enfermas, haciéndoles las camas, aderezándoles los aposentos, y abatiéndose a los ministerios más bajos, aunque necesarios para la limpieza y aseo de los enfermos. Y si alguna vez la obligaban por algún achaque forzoso a entrar en la enfermería, nunca entraba en la cama, solo el remedio de su salud consistía en el regalo que hacía a las demás que estaban en ella, no admitiendo jamás cosa para sí hasta saber que las demás tenían todo lo que les era necesario. Era la primera que laudaba las túnicas de las demás religiosas, la que primero acudía a la cocina, la que primero echaba mano a la escoba y la que a todos los ejercicios de mortificación y humildad acudía primero con emulación tal que a las más perfectas dejaba que imitando admirar y a las [fol. 50v] menor que admiradas imitar. La que consigo era áspera, con las demás era clementísima, tenía don del cielo en dar consuelo a las afiligidas y parecía que para estas ocasiones la inspiraba Dios las palabras más de consuelo que la elocuencia o prudencia humana no pudieran alcanzar. Tenía cada noche dos horas de oración antes de maitines y, hallándose a estos con la communidad, a cuyos ejercicios acudía siempre, aunque más ocupada la primera, se quedaba en el coro sin volver al dormitorio y, cuando la necesidad forzosa del sueño la apretaba demasiado, parecía no consentir con él pues sin hacer movimiento, ni prevenirse par algún descanso, le esperaba en la silla sin que las inclemencias de los tiempos fríos o calurosos la obligasen a abrigarse o aliviarse, si ya alguna vez no cuidaba en el rigor del frío alguna monja de aplicarla, cuando sentía que estaba rendida al sueño, algún manto. Volvía del sueño lo más presto que le era posible a la oración, que siempre hacía de rodillas immoble, aunque con tan copiosas lágrimas como consuelos. Prevenía aun desde su retiramiento el remedio de los [fol. 51r] totalmente hollados de la Fortuna, procurando que nunca faltase el sustento a los encarcelados y, como quien consideraba piadosamente el olvido que destos desgraciados ordinariamente se tiene, no se contentaba con la provisión común del sustento, sino con acudir a las necesidades más particulares haciéndoles llevar agua, carbón, luz y todo lo que en las casas es necesario y en esta se echa menos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo X. Pide a Nuestro Señor Sor María que le dé verdadero sentimiento de sus dolores: dásele Su Majestad con una larguísima y penosísima enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacía la señora Pobre de su parte todo lo que creía que la podía unir más con Dios y deseaba que, como Su Majestad la hacía partícipe de sus consuelos, no la negase el sentimiento de [fol. 51v] sus dolores. Era la devoción que tenía a su sacratísima Pasión singularísima, y pedía todos los días a su querido la consolase con esta noticia particular de sus tormentos que condescendió con su regalada Dios, y representóselos con una tan recia enfermedad que, por espacio de un año, afligió todos sus miembros de suerte que ni los médicos la conocían, ni las medicinas la aliviaban. Ella la había pedido, Dios se la había dado. Ella la llevaba gustosísimamente y él se recreaba en ver su consuelo y, aunque como aficionado remitiera el rigor de los dolores que ella padecía, como gustoso de su provecho permitía que los padeciese. Eran tan increíbles los tormentos que, cuando la apretaban con mayor rigor, sentía que decía muchas veces que todos los huesos la sacaban de su lugar, y no tenía miembro que no se le descoyuntase: este rigor era tan a menudo que casi se alcanzaba uno a otro, y cuando se dilataba algo, era el que ella llamaba lento igual al mayor que a otra de menos espíritu afligiera insufriblemente. No tenía fuerza para rodearse a un lado o a otro sin ayuda ajena, y esta había de ser cogiendo todo el dolorido cuerpo con una [fol. 52r] sábana y moviéndole en su camilla con grande tiento. Con ser tan excesivos los dolores, jamás se oyó una sola queja, antes con semblante entero y ánimo constantísimo daba gracias a Dios que la había oído sus tan atrasados deseos y le pedía añadiese tormentos a tormentos pues la paciencia que en ellos mostraba a él solo la debía, y si alguna vez importunada de la piedad de sus hijas contaba la fuerza de sus dolores, como si hubiera encarecimiento en tanto rigor las pedía encarecidísimamente perdonasen su impaciencia, pues no sabía dar a Dios gracias por lo que más se las debía perpetuamente rendir. El alivio mayor que, rodeada de tantos sentimientos, tenía era el trato de Dios, con que se alentaba de suerte que parecía no tener pena o dolor alguno, y era tanto el gozo que interiormente deste trato tenía que le salía al rostro, cosa muchas veces advertida entre las suyas, porque era maravilla verla en un instante con la amarillez y flaqueza que las penitencias y enfermedad era fuerza la acarreasen y, en dando principio a las alabanzas de Dios, se encendía y como hermoseaba y llenaba el rostro de suerte que parecía vender salud y [fol. 52v] tenerla confirmadísima. En todo este tiempo no daba muestra alguna de los dolores que tan crudamente la aquejaban, aunque tenía la misma continuación su rigor que antes. Cosa maravillosa era sin duda esto porque, al tiempo que la parte señora del cuerpo como porción del Cielo aspiraba a él y se recreaba en sus cosas, la sierva e inferior y terrena, aunque tan viva en sus sentimientos, la cedía. ¡Oh, poderío soberano de la razón! ¡Oh, espíritu solo celestial! ¡Oh, preparación de los gustos del Cielo, a que no los sinsabores terrenos, no los sentimientos del cuerpo, no los infortunios a que está sujeta nuestra flaqueza puedan no solo no contrastar, pero ni aun resistir!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los dolores intensos con que Dios como en fuego acrisolaba la perfección, y como en toque probaba la paciencia desta su sierva, jamás hicieron pausas sus acostumbrados ejercicios de abstinencia y oración; antes, como obligada más de Dios, pretendía darse por más reconocida a sus obligaciones. Alegrábase maravillosamente de la merced que Dios la había hecho de darla como a su bienaventurado padre las insignias de su Pasión ''[108]'' en lo exterior con sus [fol. 53r] llagas, a ella en el corazón con sus dolores ''[109]'', y de la gravedad destos concebía el rigor de los de su Señor, y, amorosamente compadecida dellos, le pedía más para ayudárselos a padecer, haciéndole compañía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XI. Revelación que cierta religiosa del Cístel tiene de la sanctidad de Sor María, cuya camisa la sana de una grave enfermedad'''&lt;br /&gt;
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Encruelecíase cada día más la enfermedad y aumentábase cada día más el fervor de quien la padecía y pedía a Dios más mientras más la daba que padecer. Sus devotas hijas, lastimadas de tanto mal, daban muestras, como era razón, del dolor que tenían de los suyos. Ella, agradecida de su amor, las reprehendía su flaqueza, asegurándolas que pues tenía por cierto que aquello venía de [fol. 53v] las manos de la misma piedad, no venía sino para provecho suyo y gloria de Dios, y que sus pecados (como ella decía) eran merecedores de mayores tormentos, y que pues Dios no da más de lo que se proporciona con nuestras fuerzas, no la tuviesen lástima pues no padecía más de lo que podía llevar. Con estas razones consolaba a sus afligidas hijas por el mal de su madre, que cada una quisiera padecer por ella con muchísimo gusto. ¡Tanto era lo que la amaban, y tan digna era ella de que la amasen! Por este mismo tiempo estaba una sierva de Dios, religiosa de la orden del Cístel, gravemente enferma y, tanto por su religión como por su salud, la llevaron una camisa de la beata abadesa sin decirla cúya era, suplicándola que se la pusiese a petición de cierto enfermo que en nombre de Nuestro Señor se lo pedía. La religiosa Martha (que así se llamaba) en viendo la túnica tuvo aviso del Cielo de la reverencia que era justo tenerla por los sanctos miembros que había ceñido, y dijo que ella no era digna de cubrir los suyos con la que había tocado a la sierva del Señor, que no estaba enferma, sino con el sentimiento verdadero de la Pasión de [fol. 54r] Christo, y más enferma de amor que afligida ''[110]'' de dolor, siendo este el mayor que el encarecimiento humano puede ponderar. Que ella antes pondría por reliquia lo que había llegado a quien ella pensaba encomendarse. Admiró mucho la confimación que esta sierva de Dios hizo de la enfermedad y sanctidad de Sor María la Pobre, con cuya túnica la religiosa Martha quedose con entera salud glorificando a Dios que tan poderoso es en sus siervos, y la ciudad admirada de tan maravilloso succeso acudía a Sancta Isabel la Real como al remedio de todas sus enfermedades y trabajos, de que se vían libres fácilmente con la intercesión o reliquias de la beata abadesa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Señales exteriores de las mercedes que Dios hacía a Sor María vistas por otras de sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 54v] Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios. La beata abadesa, aunque no acostumbraba decir ninguno de sus sentimientos [fol. 55r] espirituales sino forzada del mandato de su confesor o superior, condescendió con la instantísima petición de su buena hija (que digna de tal madre debía de ser a quien Dios hacía partícipe de los favores con que regalaba a su querida) y la dijo que Su Majestad se había dignado de hacerla por entonces capaz de conocer la caridad immensa que cuando padeció tan rigurosos azotes tuvo. Otra vez, día de la Transfiguración de Nuestro Señor, la vio otra monja con el rostro tan resplandeciente como el mismo sol. Y preguntándola el día siguiente muy apretadamente la manifestase el misterio de luz tan desigual a las humanas, respondió con gran sencillez que se había servido Dios de descubrirla los misterios que en su gloriosa transfiguración había obrado, como si en compañía de los apóstoles se hubiera hallado en el monte Tabor. Otras muchas veces vían semejantes luces en su rostro o en el lugar donde oraba, pero ella procuraba graciosa y prudentemente darlas a entender que podrían engañarse y que ella no era digna de las ilustraciones divinas que ellas imaginaban. Efectos raros de la fuerza de su oración, y regalos solos de Dios para quien con tanto fervor le sabe agradar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 55v] '''Libro Tercero, del tránsito de Sor María la Pobre, y de los efectos maravillosos de su religiosa Vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado habemos al remate dichoso de tan feliz vida, al premio después del trabajo, al descanso después de la carrera, y a la vida cierta, porque hasta este punto murió la beata abadesa Sor María la Pobre: a quien tan apretadamente aquejó el rigor de los dolores que Nuestro Señor, a petición suya, la había permitido padecer, que la condujo al último fin. Tuvo sin duda d’él ella noticia y así, deseosa de no morir fuera de la communidad, pidió la llevasen al dormitorio. En estando en él, habiendo un día antes celebrado la fiesta de [fol. 56r] los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, como solía, con su ordinaria communión, a otro de la conmemoración de San Pablo último día de junio, miércoles a la una del día la sobrevino una tan ferviente calentura, acompañada de una landre tan dañosa, que la hizo perder el juicio para todo lo que no era Dios. Hizo llamar luego al vicario y, confesada, recibió con grande afecto el viático y extrema unción. Después estuvo dos horas con todos sus sentidos recogida en sí, sin querer la communicación de nadie. Esto fue sábado, un día después de la Visitación de la Virgen, Nuestra Señora. Después deste espacio, volvió a perder el sentido para todas las cosas corporales y de la Tierra; solo para las espirituales y del Cielo tenía el mismo y aun más vivo que antes, como quien estaba más cercana de su gozo, y como a la puerta de la eternidad, a que por tantos trabajos había arribado. Era cosa maravillosa que, faltándola el sentimiento para todas las acciones que no fuesen derechamente en alabanza de Dios, en estas estaba tan fervorosa que nunca parece que había tenido más quieta y sosegada contemplación. Viéndola así una de las religiosas [fol. 56v] que, afligidas por la falta que barruntaban ya con su tránsito, asistían a su sancta madre, la pidió ahincadísimamente la introdujese delante de Dios en su oración y rogase por ella. La amorosa y piadosa madre la respondió con la caridad que solía en todas las cosas de sus hijas: “Cómo hija, ¿por vos sola? Por vos y por todo el mundo ha de ser la oración”. Esto solía ella decir ordinariamente: que los hijos de la Iglesia habemos de imitar a Nuestra Madre que hace oración a Dios por todos, sin exceptuar aun sus enemigos, y que nuestra oración había de ser universal, porque en esto dábamos indicios de lo que nos amábamos, y la caridad era el medio más agradable a Dios para conceder lo que le pedimos. Con esta ocasión, como olvidada de su mal, se volvió a sus queridas hijas y venerables hermanas y las exhortó fervorosísimamente a la unión y al amor fraternal y a saberse hacer de tantos cuerpos y tan diferentes una sola alma, una sola voluntad; que la oración tuviese tanto de caridad como de fervor; que si faltaba aquella nunca habría este. En todo este tiempo, con ser tan tierno el amor a los deudos, como natural, estuvo tan en sí como en Dios, tan desa- [fol. 57r] migada de su carne y sangre como allegada al amor afectuoso del auctor de la suya, no acordándose más de sus parientes que si como a otro Melquisedec no se le conociera padre o madre. Afecto que suele ser ordinario aun en los más perfectos, por no ser género de imperfección traer a la memoria en la hora que todo se deja acá a quien se debe el haber estado en este mundo. Pero la beata Pobre hasta en esto se preció de serlo, olvidándolo todo por su padre celestial y por la compañía de los ángeles, que estaban aguardando aquella sancta alma, afrenta (permítaseme decirlo arrojadamente) de los querubines en el fervor del amor de su Criador, en la inflammación de su voluntad, y en la perfección de sus acciones todas amorosas, todas como para Dios, todas como de quien muerta al mundo vivía solamente a lo que era más que él. ¡Prodigio de mujeres!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 57v]&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Responde la beata abadesa a muchas preguntas de sus monjas: da su alma a Dios, y queda su cuerpo hermosísimo y resplandecientísimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echaban ya de ver las dolorosas y afligidas hijas que caminaba con largos pasos su querida y sancta madre al Cielo y, aunque creían que desde él acudiría a su bien con las ventajas que d’él a la tierra hay, sentían su absencia personal como sus mismas muertes porque tenían en ella señora, madre, amiga, y todo lo que la cortesía y el amor tiene de consuelo. Pero la voluntad de Dios, a que ellas andaban por su ejemplo tan reguladas, las consolaba y, viendo ser fuerza su absencia, procuraban no perder un instante de su doctrina. Hacíanla muchas preguntas, a que ella daba alegres res- [fol. 58r] puestas, no dificultando ya la consulta de su oráculo por el tiempo breve que sabían habían de gozar d’él las que más amaba, y por dejarlas a la despedida en tanto desconsuelo cuanto era de su parte consoladas. Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”. Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”. Esto lo decía con tanta sencillez como alegría, que era tal la de su rostro que esta bastara por respuesta a todas las preguntas ordenadas a los favores que recibía del Cielo. No tenía por ningún modo aspecto de quien tan presto había de ser de la muerte y, si el pulso no desengañara, fuera fácil creer que había sido milagrosa su mejoría. Repetía con [fol. 58v] grande devoción las palabras que, como seguridad de su habitación eterna, regalaban los oídos de Dios y consolaban los de las afligidas religiosas. Cuando se alegraba, diciendo: ''“In pace in idipsum dormiam et requiescam”''. Cuando se entregaba a Dios y se ponía en sus manos, diciéndole afectuosamente, ''“In manos tuas, Domine, commendo spiritum meum”''. Tal vez asegurada de su protección, le suplicaba fuese su guía, con decirle: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas tuas e doce me”''. Tal, como quien por la mano de Dios había llegado al sosiego eterno y, guiándola su Esposo estaba ya en el thálamo de la inmortalidad, repetía dulcísimamente: ''“Haec reques mea in seoulum seculi”''. Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción. Desta manera la asistían todas sus monjas. A muchas el cansancio, a otras la pena pesada había dejado rendirse al sueño un brevísimo espacio, cuando de repente, como si a cada una llamaran de por sí, despertaron todas, y puestas de rodillas alrededor de la [fol. 59r] cama, bañándola en amorosas lágrimas, haciéndolas aun sin hablar elocuentes el dolor, la suplicaron rogase a Dios por todas y, como había sido su madre en esta vida, en la mejor y eterna no dejase de serlo; y que las consolase con su bendición. La beata abadesa, que solo por Dios dejara a quien fuera d’él amaba más que a todas las cosas del mundo, se volvió a ellas, y con la blandura que solía hablarlas, las dijo estas si breves palabras, dignas de perpetua estima: “Hijas mías en el amor, señoras en la estimación, ni es justo que sintiáis mi absencia por mi falta, ni que por vuestro afecto estorbéis mi gozo, pues en esto sola la mano de Dios es la obradora, y en aquello ella misma lo será dándoos madre aventajadísima. Ni en lo uno es acertado desconfiar, ni en lo otro ir contra la voluntad de Dios. Yo voy consoladísima ante su acatamiento por la seguridad que me da vuestra virtud presente de la perpetuidad de la futura en las que a gloria de Dios os siguieren. Echo de ver que a vuestra devoción se deberá todo, como yo el perdón que es justo no me neguéis de mis imperfecciones, para que yo en perpetuo agradecimiento os rinda delante de Dios las gracias que solamente son de Su Majestad por ser vosotras tan unas con él. Y aunque como a [fol. 59v] madre me corriera obligación de exhortaros al amor de hermanas, a la perseverancia en la guarda de los mandamientos y consejos que en su Evangelio y nuestra regla nos ordenó Dios, y a todos los demás ejercicios de virtud que llevan a él, salgo desta obligación viendo la perfección de todas vuestras acciones, confiada en su duración, y que el clementísimo Señor que os escogió para sí, no os soltará de su protección, escogiendo siempre el aumento de vuestro número, hasta teneros consigo”. Esto dijo con tan agradable semblante y tan encendido afecto que, con consolar maravillosamente el descaecimiento de sus hijas, las rajó el corazón con nuevos sentimientos, quedando su respuesta ahogada en sus lágrimas. Después desto la religiosa madre, habiendo repetido sus regalados versos, alzó la cabeza y voz a sus amadas hijas, y las dijo, habiéndolas echado la bendición de Dios: “Adiós hijas mías, quedad en paz” y, cerrando los ojos blandamente, sin más movimiento que si el sueño hermano de la muerte los ocupara sin pena, lunes al reír del alba, cinco días después del último rigor de su enfermedad y el que cumplió un año en ella, siendo de edad de setenta y habiendo estado treinta en la [fol. 60r] religión, a tres de julio del año de mil y quinientos y siete, dio su alma a aquel Señor que la había escogido para esposa suya, y que la estaba aguardando acompañado de toda su corte para darla el asiento en ella que a su amor debía, habiéndose poco antes oído una suavísima voz que la llamaba. Fue tanta la fragancia y suavidad que en prendas de la que la alma gozaba con Dios quedó al cuerpo entre sus monjas, que faltan a la capacidad humana comparaciones para ponderarle, porque todo lo que se dijere, será menos. Deste mismo olor de los ámbares del cielo y de las flores de los jardines eternos participó el aposento donde había estado, y la ropa que había sido o abrigo o cura en su enfermedad. A esta suavidad acompañaba una tan amable claridad que tenía como vestido el cuerpo, que los ojos humanos con ser incapaces della, no la podían perder de vista, ni dejarse de llevar de su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 60v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. De las alegrías del Cielo manifestadas a la Tierra en la nueva regeneración para Dios de la beata Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el alivio de las penosas obras desta vida consiste en el fin della, y en el principio de la que ha de durar para siempre, y Dios es tan puntual y liberal premiador de las que se hacen o padecen por él, quiso para enjugar las lágrimas de la Tierra hacer manifestación de los gozos del Cielo en el dichoso tránsito de la sierva María. Era el llanto universal de los de la Tierra, y para su consuelo era razón se mostrase el universal del Cielo. No hubo persona en la ciudad y en su comarca que no acudiese como milagrosamente al monasterio de Sancta Isabel la Real al instante que espiró su abadesa; todos, aunque llorosos por su falta, apelidan- [fol. 61r] do su nombre y como canonizándola con el commún sentimiento, no dándola otro que la Sancta Doña María la Pobre, y como de quien estimaban por tal procurando alguna pequeña parte de sus vestiduras por obradora de grandes milagros. Y si las demás monjas no previnieran este cuidado fuera imposible detener el concurso de los devotos, que ninguno quería dejar de dar muestras de cuánto lo era desta beata sierva de Dios en lo que más podía tener suyo. Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, ''Sub venite sancti Dei'' etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían [fol. 61v] que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Reconocen el cuerpo sancto las monjas días después y hállanle incorrupto como hasta hoy se ve'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que los religiosos pusieron el cuerpo en la cueva, como se encruelecía la pestilencia y la landre que había apretado a la beata abadesa era como las demás que entonces se temían, sin reparar en ello las monjas que la excesiva pena tenía como fuera de sí, la echaron sobre el rostro cuantidad de cal viva. Pasados más de dos meses cayendo en la cuenta las religiosas [fol. 62r], y pareciéndolas que habían hecho mal en dar sepultura commún a quien creían que tenía asiento particular en el Cielo, alcanzando licencia del juez de la Iglesia, el día de San Matheo del mismo año abrieron la bóveda y sacaron al coro el cuerpo, que hallaron tan entero y tratable como cuando estaba animado. El rostro tenía algo moreno por haber quedado sobre él el velo, y sobre este la cal; el vestido por la parte que llegaba al cuerpo estaba tan entero y oloroso como si se acabara de poner perfumadísimo; por la superficie estaba bañado en agua, por la gran cuantidad que, lavando el coro, caía a la bóveda. De todo salía una fragrancia celestial, sin haber podido la vivacidad de la cal ni la corrupción natural de los cuerpos a que falta la alma empecer aquel que Dios nos dejó entero por muestra de la entereza de su vida, y de la gloria que tiene su alma en compañía de los ángeles. Volviéronle a la cueva por no tener preparado lugar para su colocación, hasta que el día de la Translación de San Luis, teniendo ya lugar señalado para ponerle con decencia, le sacaron otra vez, y con grande solemnidad le pusieron en parte [fol. 62v] donde todos le pudiesen gozar, con singular devoción de sus hijas y de toda la ciudad que concurrió a venerarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V. Avisa la beata abadesa viviendo lo que después sucedió a una monja, ella muerta. Pónese su cuerpo donde hoy está'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bienaventurada abadesa, como dijimos, costumbre de recogerse, después de la oración que continuaba a los Maitines, un rato antes de Prima, en la misma fila del coro, sin otro abrigo que el de su pobre hábito, aunque los fríos fuesen rigurosísimos. Prevenía a esta aspereza alivio una religiosa en extremo devota suya, cuidando de cubrirla, lastimada de su desnudez. Despertó una vez la beata Pobre y halló a la religiosa, su aficionada, ejercitando en ella esta devoción piadosa, y díjola con grande donaire: “Amiga, aun en la se- [fol. 63r] pultura creo que no tengo de estar segura de ti”. Pasó esto sin mas advertencia y, algunos años después del glorioso fin de la abadesa, estando las monjas en el refectorio, esta devotísima suya levantó como pudo la losa de la bóveda y entró en ella sin el temor natural a su sexo y sacó el cuerpo de su madre y amiga y le arrimó a los libros del coro, donde le halló la communidad cuando vino a dar gracias después de la comida, adonde admiraron lo que siempre, siendo su incorrupción y suavísimo olor ocasión de nueva maravilla, de nueva admiración. Después estuvo algunos años en una concavidad sobre la puerta del coro, y de allí le bajaron adonde ahora es reverenciado el año de mil quinientos y setenta y cuatro ''[111]'', siendo abadesa Doña Mencía de Miño, y provincial de Castilla Fray Juan de Alagén ''[112]''. Y una religiosa que se llamaba Doña María Garillo, deseando que el incorrupto cuerpo estuviese con más reverencia, le hizo un hábito y manto de tafetán, que hasta entonces le trahía de lienzo pardo; vistiósele Fray Pedro de Alcázar ''[113]'', vicario entonces de Sancta Isabel, teniéndole arrimado a sus manos Fray Diego de Albacete, en presencia [fol. 63v] de toda la comunidad, siendo a todos manifiesta su entereza y la tractabilidad de todos sus miembros, la frescura de la carne, y la suavidad incomparable de todo él, y de lo que a él tocaba. Faltaba de las manos alguna carne que muchos religiosos y seglares devotos suyos, visitándola, habían, sin consentimiento del monasterio, quitado por reliquias. Esto mismo se vio en los pies y piernas después, porque teniéndolos hacia la ventanica por donde se reverencia el sancto cuerpo, tuvieron ocasión los devotos de enriquecerse con sus reliquias. Tuvieron, como era razón, gran sentimiento las religiosas deste thesoro que, sin orden suyo, las había tomado, y para atajarlo, determinó el año de mil y seiscientos y once ''[114]'' su sobrina Doña Juana de Toledo, siendo abadesa, echar reja en la ventanica y poner a su puerta llave. Hecho ya hábito y manto de picote de seda parda y preparado todo lo necesario para vestirla, no tuvo efecto hasta el año de seiscientos y doce ''[115]'', siendo abadesa Doña Estefanía Manrique también su sobrina: sacaron el glorioso cuerpo una mañana con grande devoción y, puesto sobre un bufete que cubría un terciopelo car- [fol. 64r] mesí, le vistió Fray Antonio de Angulo, vicario deste convento, volviendo a satisfacerse las religiosas de su entereza. Fue tanto el concurso de la gente de todos estados que, sin aviso alguno, acudió al monasterio, que no bastaban las monjas de una y otra reja a satisfacer la devoción de los que pedían alguna partecica del hábito y forro de la caja en que estaba el cuerpo, y a tocar los rosarios que los devotos las daban por la veneración que tenían a la sierva de Dios. Era igual el júbilo que se había derramado por toda la ciudad, en que se convidaban unos a otros para ver el sancto cuerpo y se provocaban a devoción con la memoria de sus virtudes, y se confirmaban en su sanctidad con la experiencia que hacían sus sentidos viendo su entereza, oliendo su fragrancia y tocando su tractabilidad. No quedó caballero eclesiástico o seglar en Toledo que no fuese testigo de tan gran maravilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 64v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI. Visión que tuvo un religioso de Sancto Domingo del recebimiento que en el Cielo hicieron a la beata abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Communica Dios a sus siervos las mercedes que hace a otros, y es género de regalo grandísimo la participación de la gloria de los premiados para los que esperan serlo, porque ven ejemplo de lo que aguardan y se animan a obrar más por alcanzar más, y como sus espíritus están llenos de caridad, tienen por suyo el favor que a otros se hace. El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, vicario del refugio de nobles, virtuosas, y bien entendidas señoras, del monasterio digo [dicho] de la Madre de Dios desta ciudad, que con tanta nobleza y sanctidad vemos florecer, y hombre de conocidísima reli- [fol. 65r] gión llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre: su rostro más resplandeciente que el sol, su cabeza adornada de una diadema de infinita y exquisita pedrería, cuajado el vestido, que era en forma de los que ordinariamente se ponen los diáconos, de la misma y de otra más preciosa las mangas y orlas. Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo. Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel, y que aquellas tan vistosas piedras que hermoseaban su adorno eran premio del menosprecio que de las re- [fol. 65v] quezas temporales y de sí misma había tenido la religiosa abadesa, y que el resplandor que salía de su rostro, manos, y pies era favor particular que, por la aspereza que había consigo usado, las obras buenas que había ejercitado, y la descalcez perpetua con que se había mortificado, había conseguido, y que ya se habían mudado en manojos de perlas y piedras preciosísimas las sogas que habían atado las mangas y ceñido el cuerpo de aquella virtuosa señora. Y que era tanto el gozo de los bienaventurados aquel día que, desde que el Cielo había recebido la alma del gran Doctor Jerónimo, no había habido otro tal recibimiento. De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Inspira Dios a un sacerdote que se encomiende a la beata abadesa, y sana de una grave enfermedad. Son copiosísimos sus milagros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios solo es el obrador de las maravillas ''[116]'', sus sanctos son instrumentos de lo que él obra, porque obra él todo lo que ellos hacen ''[117]'', que las criaturas nada pueden hacer si el que todo lo hizo de nada no se lo permite, y con la permisión les da el poder ''[118]''. Este es copiosísimo en virtud de quien se le da ''[119]'' y, como le es admirable en sus sanctos ''[120]'', ellos muestran serlo en él, siendo sus sombras, sus vestidos y todo lo que nace dellos de admiración al mundo, de gozo al Cielo, de aliento de los buenos, y de confusión de los enemigos de Dios ''[121]''. Siendo uno de los mayores indicios de su omnipotencia hacer en su virtud omnipo- [fol. 66v] tentes a muchos ''[122]''. En la mayor parte de sus siervos ha manifestado estas maravillas, y en nuestra abadesa las manifiesta abundantísimamente. Referiré, de infinitas, pocas para muestra, no para ostentación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Burgos un sacerdote de buena vida, tres años había, tullido y con otras muchas enfermedades, atado a la cama sin poderse rodear sin gran dolor. Suplicaba a Su Majestad se sirviese de aliviarle penas tan desiguales a sus fuerzas y, quedándose una noche como adormecidos él y el dolor, vio una señora de admirable gravedad y gravemente apacible que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a Doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta Isabel de Toledo, que ya goza de Dios, y luego tendrás la salud que deseas”. Despertó al instante y con él el dolor, que jamás fue mayor (como prueba de su fe) y, informándose de la religiosa vida desta señora y cómo ya había dejado la Tierra, hizo decir una † ''[123]'' misa, y luego se sintió sin dolor y vivió de allí adelante sanísimo haciéndose lenguas en la publicación desta maravilla, y fue increíble la devoción que se movió a esta sancta con milagro tan de la mano de Dios, y tan claro indicio de los singulares méritos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 67r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Conciben las estériles que se encomiendan a la beata abadesa: hállase una imagen de Nuestra Señora que preserva de peligro a las que están de parto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo sido esta beata señora casada, no tuvo hijo alguno, y con todo eso, los da a las que después de muchos años de matrimonio, con experiencia de su esterilidad, se los piden a Dios por su intercesión. Experiméntase esto cada día en esta ciudad y en otras muchas partes con grande admiración de quien lo ve, y devoción de quien lo experimenta. Una señora muy principal tenía una hija que quería ternísimamente, la cual era con extraordinario rigor aquejada de un perpetuo dolor de cabeza y, aunque casada algunos años, nunca tuvo fructo de su casamiento. Persuadiose su ma- [fol. 67v] dre, por consejo de médicos y personas de experiencia, que si su hija concibiese y pariese, sanaría de aquel penosísimo mal. Era devotísima de la beata abadesa, por la fama de su religiosísima vida, y envió a pedir a este convento con grande devoción la medida del cuerpo para gloria de Dios entero, y por alguna partecica de sus tocas. Habiendo alcanzado lo uno y lo otro, ciñó a su hija con la medida, y puso en su cabeza la toca de la sancta, y luego (¡oh, poder immenso de Dios communicado en su virtud a sus hermanos!) quedó libre de aquella pesadumbre perpetua de la cabeza y concibió, durando toda la vida muy sana. Que las mercedes de la mano de Dios son no solo para quitar el mal presente, sino para prevenir remedio a los futuros; son liberalísimos, son como de sus manos. Divulgose la fama deste milagro tanto que, habiendo sido el primero deste género, hasta hoy dura la devoción de todas las que remedian su esterilidad con la intercesión desta gloriosísima señora, a la cual de la misma manera se encomiendan las que están en los dolores de parto, experimentando su ayuda por medio de sus reliquias, y de una imagen que está en este mo-[fol. 68r] nasterio hallada por la misma beata abadesa milagrosamente. Visitaba muy a menudo a esta beata señora la religiosísima reina Doña Isabel, con tan gran familiaridad como si fuera su hermana. Eran las visitas como de amiga, y como de quien tenía necesidad de su consejo en negocios muchos y de importancia, largas. Salió una vez entre otras más tarde de lo que solía del locutorio bajo desta casa la reina y la abadesa. Al tiempo que quiso salir, vio en la pared que cae el patio una como estrella o luz pequeña y resplandeciente. Hizo otro día romper el lugar donde la había visto y halló una imagencica de Nuestra Señora, la cual se lleva en su ayuda maravillosamente, y es tanta la fe que se tiene en ella, que suelen venir por ella de muchas leguas alrededor, y de muy lejos de Toledo, y las que están prevenidas con esta ayuda confían en gran manera en su buen succeso sin temer peligro alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 68v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Sana de cuartanas y ciciones la beata abadesa a los que se encomiendan a ella, o tienen sus reliquias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino al convento de Sancta Isabel de Toledo Fray Pedro de Acuña, religioso de San Francisco por confesor de las religiosas, con unas cuartanas pesadísimas, y cuyo mal humor le impedía casi todas las acciones humanas. Diéronle un poquito de la túnica y cilicio de la beata abadesa, y al instante se volvió atrás aquella sucesión igual y alternación, no sin misterio de tiempos señalados, y le faltó la calentura y se halló libre de la pesadumbre y melancolía natural a este achaque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polán, lugar del contorno de Toledo, entró con una carga en este convento y, compadecidas las porteras de la amarillez y flaqueza que en él vían, y sabiendo que había días que tenía cuartanas, le lleva- [fol. 69r] ron a que visitase el cuerpo desta sierva de Dios. Hízolo el buen hombre con tanta fe que, repentinamente, se halló con fuerzas y vieron en él otra color, y salió dando voces que la sancta de Sancta Isabel le había dado salud. Lo mismo entró publicando en su lugar, donde es muy notorio este milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Arboleda, religioso de aquella Compañía que más imita la del Cielo, y a cuyo nombre se postran los cielos, la tierra, y los infiernos, y que tan provechosa es a la Iglesia, habiendo tenido muchos días esta enfermedad, confesó no haberle vuelto más al instante que recibió deste convento una reliquia del cilicio de su abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta casa de Sancta Isabel un mozo a trabajar en la huerta, que tenía como naturalizadas, por el mucho tiempo que había que las tenía, unas ciciones: pusiéronle un poco de la túnica de la sancta y cobró entera salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma merced experimentó otro mozo que vino a destazar unos tocinos, que, habiendo padecido esta enfermedad muchos meses, se halló de repente sin ella por la intercesión desta señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Cubas, lugar desta comarca, vino una [fol. 69v] mujer a pedir alguna reliquia desta religiosa señora por haber en su lugar muchos enfermos deste mal y haber peligrado muchos. Llevó un poco de su túnica, y a todas las personas que la aplicó dio entera y repentina salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo se ha experimentado en Yébenes, Ajofrín, Mocejón, donde ordinariamente se lleva agua, con que ha dado virtud su reliquia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Da vida a dos que en la opinión de todos la habían perdido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase introducido en este monasterio por costumbre dar agua en que ha entrado su reliquia, para los enfermos en todo género de achaques desde el año de mil y quinientos y ochenta y cuatro ''[125]'' que, habiendo hallado un sacerdote desta ciudad, llamado el Licenciado Torres, en su casa puesta por ladrillo una imagen de Nuestra [fol. 70r] Señora de alabastro, tuvo devoción de ponerla en uno de los altares desta iglesia, de[s]de donde la llevaba cada día a muchos enfermos, que hallaban en ella la medicina de sus males. Otras veces trahían vasos de agua, en que metían parte de la imagen: bebían este agua los enfermos y sentían grande alivio. Un día, enviando Diego de Perea, mercader y natural de Toledo, por un vaso desta agua para paladear una criatura que casi muerta quedaba en los brazos de su madre, con pequeña esperanza de que volvería en sí, no se halló la imagen por haberla llevado, como solía, el sacerdote. Fueron tantas las lágrimas de una tía del niño que venía por ella, creyendo no haber de volver a su casa con remedio faltándole aquel último en que solo confiaba, que, movida a compasión una religiosa, la ofreció poner aquel vaso de agua en la caja donde está el cuerpo de su abadesa bienaventurada. Hízolo así y informó a la mujer de los milagros raros desta señora. Volvió contenta la mujer y halló a su sobrino, en la opinión de todos, muerto y cubierto para enterrarle. Su devoción pudo más que sus ojos que la negaban tener vida aquel a quien Dios se la podía [fol. 70v] dar de nuevo. Descubrió al niño y remojole la boca con una clavellina que venía dentro del vaso y había estado sobre el sancto cuerpo. Abrió los ojos, gorjeose, riose, y tomó el pecho como si jamás hubiera tenido diferencia en su salud. Admiró caso tan admirable a toda la ciudad, y Diego de Perea y Ana de Luna, sus padres, le trajeron a ofrecer a la sancta obradora de su vida velando todo un día delante de su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en el convento de Sancta Isabel la nobilísima Doña Francisca de Silva que hoy vive y es madre del mariscal de Noves, tenía [fol. 71v] en su compañía a Doña María de Zúñiga, su hija de edad de dos años. Con esta niña podía tanto la inclinación a la virtud que todos los días se iba al coro y se ponía tan junta al rostro de la sancta que no se apartaba un instante d’él por gran rato, siendo este su principal entretenimiento aun en aquella edad tan tierna. Siendo ya de edad de cuatro años, llevola su madre a su fortaleza de Caudilla, donde cayó de una escalera tan alta que, a no concurrir con su ayuda la mano poderosa de Dios, no llegara con miembro entero a su remate. Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una buena mujer de esta ciudad que se llama Chaves y vive hoy tuvo un flujo de sangre de narices tan abundante que ningún remedio humano le pudo atajar. Acu- [fol. 72] dió a los divinos, aplicándose muchas reliquias y siempre prosiguió la pertinacia deste mal, hasta que venerando una del hábito de la beata abadesa, paró la sangre cuando más corría obedeciendo a la virtud de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
Una religiosa de la orden de San Jerónimo y del religiosísimo convento de la advocación de San Pablo desta ciudad, tenía un brazo que había días que no movía. Enviando a pedir una reliquia desta sancta, en venerándola, halló el remedio que en todo género de medicinas había echado menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora desta ciudad padecía tanto mal en los ojos que no podía sufrir un instante la luz, y había más de cincuenta días que estaba en perpetuas tinieblas, alcanzó de una sobrina suya monja de Sancta Isabel un paño que la beata abadesa había tenido en el estómago el tiempo de su enfermedad, y cobró al momento la luz, cuya privación tanto la afligía, y estuvo de allí adelante con entera salud. &lt;br /&gt;
Había tres años que padecía ceática en una cadera una buena mujer deste lugar, púsose un poco de cilicio de la sancta y [fol. 72v] estuvo de repente sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pondré por remate deste Capítulo, una confirmación que enviaron de otro milagro hecho por la intercesión desta beata señora, de Lisboa, y para mayor aprobación de los demás: “Digo yo (dice la confirmación), Catalina del Espíritu Sancto, monja profesa deste convento de Sancta Clara de Lisboa, que es verdad que yo y las monjas que aquí se firman, vimos y estuvimos presentes por dos veces que la Señora Jerónima de la Pasión tuvo dos accidentes tan recios que la mandaron los médicos dar todos los sacramentos por estar ya como muerta; y en esta primera vez llegó una carta de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo para una monja portuguesa que estuvo allí diez y nueve años, y en ella le enviaban una reliquia de la sancta fundadora la señora Doña María de Toledo, y con la fe que tenía de sus muchos milagros la puso a esta enferma, la cual esperaba el sacramento de la sancta unción, y de improviso se le quitó la calentura y sosegó el pulso que estaba con muchas intercadencias, y de allí quedó tan buena que se espantaron los médicos. Y de allí, como dos meses tornó el mismo accidente con aparencias del peligro pasado, y valiéndose desta reliquia quedó sana alabando a Dios, como la hacemos todas, y las que aquí nos firmamos juramos por nuestra profes- [fol. 73r] sión, que es verdad todo lo que aquí decimos. Fecha a 15 de enero de 1611. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenían en la casa que llaman de la labor las señoras religiosas de Sancta Isabel gran cuantidad de lino, y de instrumentos de [fol. 73v] madera para labrarle. Reconociendo esta oficina una noche quien la tenía a su cargo, echó sin reparar alguna pavesa de la luz que llevaba consigo, y dejando cerrada la puerta, se fue muy sosegada a acostar. Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hubo en este monasterio una religiosísima monja y devotísima de su beata abadesa, y en quien obró maravillosas cosas su intercesión. Esta dejó escrito lo que referiré para [fol. 74r] gloria de ambas: y a cuya relación se puede dar toda fe por su conocida virtud y devoción a esta sancta. Refiere entre otras cosas que, estando Isabel Gaitán, su hermana, en extremo lastimada, y lleno el cuerpo todo de unas tan grandes postillas como la mano, sin poder sosegar un momento y estando imposibilitada de recostarse, se hizo llevar a Juana Gaitán, que así se llamaba la religiosa, y mostrándola con gran dolor las llagas para que se compadeciese a hacer oración por ella, lastimadísima la consoló y dándola un poco de agua de la sancta quedó tan buena como si jamás hubiera padecido enfermedad alguna. &lt;br /&gt;
Estando la misma con un mal en la cabeza tan grande que se temía no perdiese el juicio, habiendo puestose en ella una reliquia de la sancta, dentro de dos días se halló del todo libre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Clara Gaitán, su sobrina, tuvo un pecho como encancerado, hinchadísimo y sin género de remedio. Diole su tía una reliquia de la sancta, diciéndola: “Toma esta reliquia de mi señora María la Pobre, y ponla sobre el pecho, que será imposible no cobrar entera salud, porque no la doy a persona que no reconoce luego su virtud hallando remedio en ella de su necesidad”. Púsosela y [fol. 74v] volviese el pecho hinchado como el sano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía un hombre un accidente tan penoso que, con darle muchas veces, las más le duraba dos y tres meses, y el tiempo que le apretaba más le venia siempre con penosísimo mal de orina; recibió desta devota mujer la reliquia de la sancta y quedó tan libre siempre d’él como si jamás le hubiera tenido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando sin esperanza de vida un mozo con dolor de costado, cobró la salud bebiendo un poco de agua de la sancta. &lt;br /&gt;
Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue Toledo su patria, sus padres personas honradas y virtuosas. Y ella, fructo de oraciones, y dada por la Virgen Nuestra Señora para mayor gloria de su Hijo y suya porque, habiendo estado muchos años sin hijos, suplicaron a la piadosísima Señora les diese para su consuelo alguno, ofreciéndola celebrar con particular solemnidad cada año la fiesta de las [fol. 76v] fiestas, la que tiene tanta parte en nuestra piedad como tiene de gozo en la Virgen sanctísima, viendo celebrarse la Immaculada Concepción desta serenísima Señora Madre de la misma pureza. Confirmáronlo con voto, y hicieron un colegio para la crianza de doce doncellas en el servicio de Dios y su Madre. Oyó sus ruegos la Madre de los afligidos y dioles esta hija tan suya y dádiva tan de su mano como se vio en los favores que della recibió toda su vida, y en las virtudes que heroicamente ejercitó perpetuamente. Criaronla para Dios y teniendo siete años la pusieron entre las demás doncellicas que tenían consagradas a su devoción. Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devo- [fol. 77r] tísima. Casose siendo de edad por condescender con el gusto de sus padres y vivió con la perfección que siendo doncella estando casada: murió poco después su marido, y sabiendo las virtudes que tanto lucían en Doña María, la siguió tan familiarmente que nunca hizo cosa que no se communicase entre las dos, señal cierta de su mucha perfección, pues corría parejas con quien era tan perfecta, y de cuyas obras se debe la mayor y más principal parte a esta sierva de Dios. Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto. Era su oración continua, su mortificación crudísima. Regalábala Nuestra Señora copiosísimamente con sus consuelos. Tenía infinito [consuelo] con el Sanctísimo Sacramento de que era devotísima y, según la preparación que para él hacía, eran las ilustraciones que en él tenía su alma. Era igual la devoción que sentía en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pasión de nuestro Redemptor, de que tuvo singularísimas revelaciones: de todas dejó memoria a los venideros escribiéndolas por su mano. Cosa bien digna de admiración, pues no sabiendo formar una [fol. 77v] sola letra para otra cosa, para las mercedes que Nuestro Señor le hacía escribía muy bien y con grande distinción. Finalmente, toda su vida fue un retrato de la de su sancta compañera: como la de Doña María, de la de Juana Rodríguez. Llegose el fin de sus trabajos con el de su vida, y el principio de su descanso con el de su premio, dándole prenuncios d’él con su presencia la Virgen Nuestra Señora, visitándola y confortándola en aquella última y natural agonía. Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juana Téllez de Toledo, vicaria de la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel de Toledo, hija de Fernandálvarez de Toledo, primer conde de Oropesa y de la condesa Doña María Pacheco, hija del maestre Don Juan Pacheco, y de la marquesa Doña María Portocarrero: esta señora fue a fundar el convento de la purísima Concepción de Oropesa, que fundó el conde Don Francisco Álvarez de Toledo su hermano ''[126]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Antonia de Toledo, Doña Ana y Doña Sancha de Guzmán, parientes cercanas de la señora Doña Juana de Toledo y Doña Teresa Carillo, hijas de Pero Suárez de Castilla y de Doña Leonor de Ulloa. Este Pero Suárez fue hijo de Alonso Carrillo [fol. 79v] de Castilla y de su mujer Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y hermana de la beata Doña María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Juana Manrique de Castilla, hija de Doña Isabel de Castilla, hermana de Doña Juana y Doña Theresa, y de Don Gaspar Manrique, nieto del maestre de Sanctiago Don Rodrigo Manrique, conde de Paredes y de Doña Ana de Castilla. Succedió Doña Juana en el mayorazgo de sus padres a sus hermanos Don Pedro y Doña Estefanía Manrique de Castilla, y goza el convento de las rentas por sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana de Guzmán es sobrina de la fundadora, como hija de Don Pedro Enríquez de Herrera y de Doña Rafaela de Guzmán, la cual era de los señores de Batres, Toledos descendientes de Pedro Suárez de Toledo, hijo de Fernán Gómez de Toledo, camarero mayor del rey Don Fernando el IV y de su mujer Doña Theresa Vázquez del Saz, de cuya casa fue nuestra Doña María por la de Pinto. Por esta misma línea es sobrina de la sancta abadesa la que otras veces con grande accepción por su singular prudencia y este triennio pasado lo fue Doña Estephanía Manrique, hija de [fol. 80r] Juan Gutiérrez Tello, alférez mayor de Sevilla, corregidor de Toledo y a quien esta ciudad debe gran parte de su adorno, como hasta las † ''[127]'' piedras mismas lo publican, y de Doña Luisa de Guzmán. Era este caballero hijo de Doña Leonor de Castilla, hija de Pedro Suárez de Castilla, que, como se ha visto, fue hijo de Alonso Carrillo de Castilla y de Doña Leonor, hermana de la beata Doña María. También Doña Luisa de Guzmán, madre de Doña Estefanía fue hija de Don Luis de Guzmán, marqués del Algaba, y de la marquesa Doña Leonor Manrique. Era el marqués descendiente de los condes de Teba, marqueses de Ardales, que son de los Toledos señores de Casarrubios, de cuya casa fue por los de Pinto la beata Doña María, y su sobrina por parte de padre y de madre Doña Estefanía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esta señora sucedió en el oficio, habiéndole tenido antes seis años su igual en prudencia y religión Doña Juana de Toledo, sobrina de la sancta Doña María, por muchas partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del conde de Oropesa, de que fue Pedro Suárez de Toledo señor de las villas de Gálvez y Jumela. cuya hija y de [fol. 80v] Doña Juana de Guzmán fue Doña Isabel de Toledo, que casó con Garci Álvarez de Melo, y fue su hija Doña Juana de Melo mujer de Gonzalo Pantoja Portocarrero, abuelo paterno de Doña Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por Doña Inés de Guzmán, mujer de Pedro Suárez de Toledo, hija de Tello de Guzmán señor de Villaverde y de Doña Mencia de Haro. Tello de Guzmán era hijo de Juan Ramírez de Guzmán y de su segunda mujer Doña Juana Palomeque, hijo de otro Juan Ramírez de Guzmán, señor del Toral y de Doña María García de Toledo, aunque este es otro Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del Conde de Orgaz, cuya hija fue Doña Inés de Toledo, madre de Doña Juana de Toledo, la abadesa que hoy gobierna, hermana de padre y madre del conde Don Juan Hurtado de Mendoza y Toledo, gentilhombre de la cámara del Rey Cathólico Don Phelipe Tercero y su mayordomo. La Baronía antigua de los señores de Orgaz fue Toledo y por casamientos y otros accidentes vino a ser Guzmán, como ahora es Mendoza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa de Alba: porque Don Garci Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba casó con [fol. 81r] la Duquesa Doña María Enríquez y fue su hijo Don Fernando de Toledo commendador mayor de León, señor de las Villorías, que casó con Doña Isabel Manrique. Tuvieron a Doña Inés de Toledo, que casó con Don Luis Hurtado de Mendoza, prestamero mayor de Vizcaya, señor de Mendibil, de Sancta Cruz, de Campero, y de la Ribera de Zadarra, y fueron sus hijos el Conde de Orgaz y doña Inés de Toledo, madre de la abadesa presente. Por los señores de Higares y por la casa de los de Pinto. Pedro Suárez, señor de Casarrubios, tuvo por hija a Doña Teresa de Toledo, señora proprietaria de Pinto, mujer de Fernandálvarez de Toledo, señor de Higares. Fue su hijo Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, marido de Doña Leonor de Guzmán. Deste matrimonio nacieron Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y su hermana la sancta abadesa. Casó Doña Leonor con Alonso Carrillo de Castilla, señor de Miedes y Mandayona, camarero del rey Don Juan el II y su gran privado. Fue su hijo Gómez Carrillo, señor de Pinto, y Doña Leonor Carrillo, que casó con Don Alvar Pérez de Guzmán, señor de Orgaz y de Sancta Olalla, ter- [fol. 81v] cero abuelo de Doña Juana de Toledo, la última abadesa, que es por estas dos líneas de Toledos cuarta generación de Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, hermana de la beata Doña María, primera abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas señoras son las conservadoras del celo que con secreta virtud dejó como infundido en los fundamentos desta casa su beata fundadora, y que perpetuamente por su protección durará para gloria de Dios y ejemplo de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo he hecho relación sencilla de lo que no tenía necesidad de más adorno que su verdad. No he alabado sino venerado lo que sinceramente he escrito. Que la alabanza nunca es de estima sino cuando la da quien la tiene ''[128]'' y para la desta bienaventurada necesaria era la elocuencia de quien lo fuese en quien ni la sospecha de lisonja, ni la falta de palabras pudiera menoscabar el crédito de su verdad. ''Vos, beata señora, y riquísima Pobre, que os habéis dignado de mi atrevimiento, llevad por vos adelante el fructo de mi voluntad; maravillando de nuevo a los que se sintieren en sí por medio de instrumento tal inútil. La Ciudad, que se gloria de vuestro nacimiento pri-'' [fol. 82r] ''mero, experimente en vuestra protección las glorias que tenéis en el segundo. Dignad los ojos dignos ya de solo Dios a los que en vos, como medio eficacísimo para él, los ponemos. Y alcanzádnos de quien tenéis por tan vuestro vuestra imitación en esta vida para su servicio y en la otra su gloria para vuestra compañía''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo que aquí o en otra parte he dicho o diré sujeto a la corrección de la Sancta Iglesia Apostólica Romana, como a cabeza y madre de la fe que los cathólicos profesamos, y al juicio de los sencillamente doctos. En Toledo, en mi estudio, día primero de la Pascua de la Resurrección del Señor de MDCXV. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por:&lt;br /&gt;
Don Tomás Tamayo de Vargas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Paratextos:]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura del Don Francisco de Pisa, deán de la facultad de Theología y Doctor en ambos derechos, etc. Historiador de la ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto y leído los tres libros intitulados ''Vida de doña María de Toledo Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, primera Abadesa de Sancta Isabel de los Reyes de esta ciudad, escrita por el Doctor Don Tomás Tamayo de Vargas'' y aseguro, como christiano, que es una de las cosas mejor escritas que hay en España y que es gran maravilla que persona de tan poca edad como su auctor y tan divertida en tanto estudios como son las lenguas, la humanidad, las historias estranjeras y nuestras, la Theología y Sagrada escriptura, pueda cumplir tan eminentemente en cada una, como sino tratara de otra, como tantas veces yo tengo experimentado. Y juzgarán todos los que vieren sus libros, tan llenos de erudición rarísima, y la obra presente tiene tanto de doctrina como de espíritu, que no admira a menos que enseña. Y es muy buena muestra de la historia de la Iglesia Sancta y Arzobispos ilustrísimos de Toledo con que quiere ilustrar a su patria esta relación de la vida admirable desta señora, que dejó las riquezas del mundo por ser pobre riquísima de Dios y no tenemos que tener otro ejemplo de bien hablar, divulgándose esta obra. Esto juzgo, y que no tiene cosa alguna contra la fe o buenas costumbres, antes ser muy útil y provechosa para cualquiera género de gente, y que se le debe dar la licencia que pide. En Toledo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Don Francisco de Pisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] “De Signis Ecclesiae Dei. De Origine seraphica religioni, folio DCXXXVI”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En la Crónica de Francesco Gonzaga se encuentra bajo el título “De monasterio Clarisarum S. Elisabetha Regina Toleti”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] “Capítulo XIII. Libro III., y sin nombre de auctor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] “Capítulo XIX, libro I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] “Exodus XXII-XXXI”. La traducción es “Hombres santos seréis para mí”. La cita: “Viri sancti eritis mihi carnem quae a bestiis fuerit praegustata non comedetis sed proicietis canibus” / “Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros” (Éxodo 22:31, las traducciones al castellano proceden de la Biblia de Jerusalén).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] “Leviticus XI-XXIX. XXXXVI”. El texto de las Escrituras dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. La cita de Levítico 11, 45 dice: “ego sum Dominus qui eduxi vos de terra Ægypti ut esem vobis in Deum sancti eritis quia et ego sanctus sum” / “Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo”. La cita a la que parece hacer referencia el texto podría ser: “ego enim sum Dominus Deus vester sancti estote quoniam et ego sanctus sum ne polluatis animas vestras in omni reptili quod movetur super terram” / “Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo” (Levítico 11, 44) o más probablemente: “loquere ad omnem cœtum filiorum Israël et dices ad eos sancti estote quia ego sanctus sum Dominus Deus vester” / “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19, 2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum LXXXVII”. El texto bíblico dice: “Guarda mi alma, porque yo soy santo”. “Custodi animam meam quoniam sanctus sum salvum fac servum Tuum Deus Meus sperantem in te” (Liber Psalmorum 85, 2) / “Guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios” (Salmos, 86).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] “Liber Epistula ad Romanos, I, VIII-XXVIII”. El texto bíblico dice: “Los que son llamados santos”. La expresión “vocatos sanctos” puede proceder de otros libros de las Escrituras (Efesis 1, 3-4; o Timoteo 1, 6-11), aunque es más probable que sea una cita de la tradición exegética del pasaje señalado por el autor: “Scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum his qui secundum propositum vocati sunt sancti” / “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Romanos, 8, 28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] “Seneca, liber I, De Ira, capitulum XII”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] “Liber Genesis capitulum IV. Beda in Genesim. Petrus Comestor in initium Historiae Scholasticae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] “Liber I Paralipomenon [Libro de las Crónicas I]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] “Liber Ieremiae, XXXV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] “Liber I Regum, X. Nicodemi, Literae in Liber Preg.; Thomas Vvaldensis, tomus I, liber. IL, capitulum IV; Hieronymus, Epistula ad Rusticum Monachum, Ecclesiasticus XLVIII; IV Liber Regum, VI; III Regum, IV”. Aquí hay un error de cita, se refiere al Capítulo IV del segundo libro de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] “Hieronymus epistola exhortatio ad Paulus, XXXV; Isidorus, capitulum IX, liber II, De Oficiis; Dominus Thomas II. II quaestio LXXXVIII; Alvarus Pelagius, Epistula Silu., liber II, De plan; Liber Ecclesiastes, LVI; Casianus, Collationes patrum, XVILI, capitulum V; Eusebius, II Historia Ecclesiastica, capitulum XVII; Rufinus, liber X, Historia Ecclesiastica; Theodorus, liber L, capitulum VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [N. al m.] “Actor. IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [N. al m.] “Dionysius Areopagita, De Ecclesia Hierarchia. De Coelesti Hierarchia]; Cast. adver. haere. lib. LIV; Tertulianus, De velandis virginibus; Ambrosius, De institutione virginis; Eusebius, in Vita Constantini”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [N. al m.] “Athanasius in Vita beati Antonii abatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [N. al m.] “Gregorius Nazianzus in Oratio Basil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [N. al m.] “Augustini VIII Confesiones, capitulum VI; Antonius III, Patrologia, titulus XXIV. capitulum XVI; Gregorius, liber II Dialogi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' [N. al m.] “Sanctus Bernardinus, De sacra religione, capitulum II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [N. al m.] “† MCCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Error: aquí se repite la numeración con el número 4, pero corresponde al folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [N. al m.] “Gonzaga, De origine Ser aphica Religionis Franciscana; Hieronymi Plati, De bono status religiosi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [N. al m.] “Hieronymus ad Eustochius” [Eustachius].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [N. al m.] “Tacitus, in VI De vita Lulii Agricolae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [N. al m.] “Horatius”. Probablemente se refiera al verso “Fortes creantur fortibus et bonis” de la Oda IV del Libro IV de Odas de Horacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [N. al m.] “Euripides in Hecuba; Ovidius Metamorphosis XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [N. al m.] “Plinius In prooemium Historiae Naturalis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' [N. al m.] “Pedro de Alcozer, libro I de la Historia de Toledo, Capítulo LXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [N. al m.] “Ambrosio de Moral en las Antiguedades de las ciudades de España”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [N. al m.] “Philipus Bergomas, in Suplementum Chronicarum; Bartholomeus Platina, in Vita Pontificum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [N. al m.] “Aporte en su nobleza Don Fray Prudencio de Sandoval en esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [N. al m.] “I”. A partir de aquí marca con números los primogénitos de cada una de las generaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [N. al m.] “II”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [N. al m.] “III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [N. al m.] “IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [N. al m.] “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [N. al m.] “De adonde tuvo principio el proverbio commún, no por el huevo sino por el fuero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' [N. al m.] “VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' [N. al m.] “VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [N. al m.] “VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [N. al m.] “Año de MCCLXXXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [N. al m.] “IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [N. al m.] “X”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [N. al m.] “La Chrónica de Sanctia, Capítulo XXXVI. Año de MCCC [LX VI]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [N. al m.] “Año de MCDXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [N. al m.] “XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [N. al m.] “La Chrónica del Rey Don Juan el II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' [N. al m.] “XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [N. al m.] “Pedro Alcozer, libro Capítulo XXXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [N. al m.] “Ambrosius, in Expositio Evangelii secundum Lucam”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [N. al m.] “Naumachia, apud Stob. sermo LXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [N. al m.] “Ambrosius, de Vid”. Probablemente se refiera al De Virginibus de Ambrosio de Milán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [N. al m.] “Liber Iudicum I, XXX, VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [N. al m.] “Evangelium secundum Lucam II, XXX, VI”. El texto dice: “Et erat Anna prophetisa filia Phanuhel de tribu Aser hæc proceserat in diebus multis et vixerat cum viro suo annis septem a virginitate sua”; “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido” (Lucas, 2, 36)].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [N. al m.] “Daniel, XIII, LXVIII”. La referencia al versículo es un error (sólo hay 64 en este capítulo), pero la alusión a Daniel 13 en general es apropiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' [N. al m.] “Augustinus, De Sancta virginitate, capitulum XIII, tomus VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [N. al m.] “Éstas aconsejaba Pythágoras a las matronas Crotonienses. Justinus, Liber II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [N. al m.] “Gregorius Nazanzius, in Carmina ad Olympo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [N. al m.] “Juan le llama el libro antiguo de mano, pero los impresos le dan este nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [N. al m.] “Fray Marcos de Lisboa desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte; Fray Francisco Gonzaga, III parte de Origine Seraphica Religionis Monasterium I fol. de XXXVI; Fray Pedro de Salazar, II versión de la Chrónica de la Provincia de Castilla, desde el Capítulo CXXIV hasta el XXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' [N. al m.] “Capítulo IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [N. al m.] “Beatus Gregorius, liber XXVIII Moralia in capitulum Iob. Moralia in Job, XXXVIII. Isidorus, liber VII, Etymologiae, CVIII; Chrysostomus, liber De incomprehensibili Dei natura, homilia IV; Augustinus, in Evangelium Ioannis XII tractatus, IV; Bernardus, Sermo V ad fratres; Clemens Romanus VIII, Constitutiones, Capitulum II; Anathasius, Epistula quaestio XXXII; Ignatius Antiochus, homilia LXXXIV, De insonis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [N. al m.] “&amp;quot;Deus meus, et omnia&amp;quot;, Beatus Franciscus”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Inicial invertida por error de imprenta: uno lee “Weve”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [N. al m.] “Beatus Ignatius, Epistola ad Romanos, XII; Beatus Bernardus, Sermo XXII, in Canticum canticorum; Beatus Augustinus, Sermo XIX, De sanctitate/De sanctis, tomus X. No habiendo encontrado la edición de los sermones de San Agustín que el autor usó, y teniendo en cuenta las variaciones de cifras, es difícil saber si hace referencia a “De sanctitate” o a “De sanctis”; Beatus Bernardus, Sermo XLIII, in Canticum canticorum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [N. al m.] “Cornelius Nepos, La vita Atici”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, CXLVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “Siete qüentos”, es decir, siete millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [N. al m.] “MCDLXXVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [N. al m.] “MCDLXXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [N. al m.] “MCCXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [N. al m.] “MCCXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [N. al m.] “MCCXLIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [N. al m.] “MCCXC”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [N. al m.] “MCDXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [N. al m.] “MCDLXXXLV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXV; Origenis, Homilia XXIV, in Numeri; Augustinus, Sermo LXI, De tempore; Tertulianus, Adversus Psychicos, capitulum XI. Probablemente se refiera a De ieiunio adversus psychicos]; Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum; Augustinus, Epistola XLVI ad Arm. et Paulinus; Liber Ecclesiastes, VIII; Epistula I ad Timotheum, V, XII. “Habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt”; “e incurren así en condenación por haber faltado a su compromiso anterior” (1 Timoteo, 5, 12); Epistula ad Ephesios V, XXXII; Fulgentius, De Fide ad Petrum, capitulum III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [N. al m.] “Augustinus, tomus IX Sermo De obedientia et humilitate, capitulum I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [N. al m.] “Augustinus, XIV De Civitate Dei, capitulum XLI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [N. al m.] “Auctor Vitae Patrum, pars II, capitulum CXXXL”. O bien CXXXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' [N. al m.] “Epistula ad Philipenses II, VLII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [N. al m.] “Ambrosius, Sermo XX, in Psalmos davídicos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula Ad Philipenses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [N. al m.] “Bernardus, De grad. hum. De Gradibus Superbiae et Humilitatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [N. al m.] “Idem, De praecepto et dispensatione”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [N. al m.] “Basilius, II Liber Consuetudinum Monasticarum, CXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula VIII ad Demetriadem”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [N. al m] “Hieronimus, epistula I ad Heliodorum, capitulum II; Epistula II ad Corinthios, VI, X”. El texto dice: “Quasi tristes semper autem gaudentes sicut egentes multos autem locupletantes tamquam nihil habentes et omnia posidentes”; “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (II Corintios, 6, 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [N. al m.] “Valerius Martialis, liber IV capitulum IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [N. al m.] “Minutius Felix in Octavius”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum XXIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [N. al m.] “Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' Aquí hay una nota al margen ilegible, probablemente una cita bíblica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [N. al m.] “Gregorius Nysenus, Oratio Catechetica Magna, capitulum XXXVI, apud XXX Panoplia, parte II, III, XXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Nota al margen ilegible. Teniendo en cuenta el cuerpo del texto, podría hacer referencia a la parábola evangélica de la levadura, pero tal pasaje aparece en el Capítulo 13, tanto de Mateo como de Lucas. Aquí, sin embargo, la nota indica el Capítulo 6 de algún otro texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [N. al m.] “Juvenal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [N. al m.] “Liber Exodus, XVI, XXV”. El texto dice: “Dixitque Moses comedite illud hodie quia sabatum est Domino non invenietur hodie in agro”; “Dijo entonces Moisés: “Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yaveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (Éxodo 16, 25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [N. al m.] “Liber Sapientae, XVI, XX”. El texto dice : “Pro quibus angelorum esca nutristi populum tuum et paratum panem e caelo praetisti illis sine labore omne delectamentum in se habentem et omnis saporis suavitatem”; “En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos” (Sabiduría, 16, 20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [N. al m.] “Bonaventura, in Vita Sancti Francisci, capitulum XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [N. al m.] “Hier. Bedul. in comm. log. D Francisc. &amp;amp; lib. I. Apolog. ca. XVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' El autor escribe “afligada”, forma que aparece en escritos medievales castellanos, catalanes y occitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' Probablemente Juan de Alagón, como figura en otras crónicas de la época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' Pedro de Alcocer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [N. al m.] “MDCXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [N. al m.] “MDCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXXI-XVIII”. El texto dice: “Benedictus Dominus Deus Deus Israhel qui facit mirabilia solus”; “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!”, (Salmos 72, 18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [N. al m] Aug. In did.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [N. al m] “Evangelium secundum Ioannem, III, XXVII”. El texto dice: “Respondit Johannes et dixit non potest homo accipere quicquam nisi fuerit ei datum de cælo”; “Juan respondió: &amp;quot;Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (Evangelio de Juan, 3, 27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [N. al m.] “Phil. IV. XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXVII, XXXVI”. El texto dice: “Mirabilis Deus in sanctis suis Deus Israël ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suæ benedictus Deus”; ¡Temible es Dios en su santuario! Él, el dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!” (Salmos 68, 36). La traducción de la Biblia de Jerusalén opta por “temible es Dios en su santuario. En cambio, parece que Tamayo de Vargas entiende esta cita de manera literal como “Maravilloso es Dios entre sus santos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [N. al m.] “Actorum [acta apostolorum], V, XV; XIX, XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [N. al m.] “Acto. Sermo LXXX in Cant; Petrus Damianus, De institutione monialis, cap. XV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' [N. al m.] “A no ser inspiración del Cielo, no se permitiera fácilmente tal honor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' Erisipela, enfermedad de la piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [N. al m.] “MDXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [N. al m.] “† Está en muchas la memoria deste gran caballero por las obras señaladas que en adorno y provecho de Toledo hizo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [N. al m.] “Nevius apud Cicero, liber V epitomes VI et XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c) y se han conservado los subrayados. Señalo también las columnas dentro de las páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136a] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136b] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137a] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Juntamos esta frase con la siguiente para facilitar la comprensión de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chronica de la santa provincia de Granada, de la regular observancia de Nuestro Seráfico padre San Francisco, dedicada al señor Don Juan Antonio de Contreras remírez de Arellano, alcayde perpetuo de las Fortalezas de Cambil, y Alhabar, del Consejo de su Magestad, su Alcalde de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada''. Madrid, Juan García Infançon, p. 836b-837b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes, aunque se conservan cultismos y la escritura de palabras como “mesmas”. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. En cuanto al grupo de sibilantes, se ha actualizado la -ç-, la -z- y la -ss-. La grafía x se ha actualizado como sonido dorsopalatal fricativo. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como la s y s larga (ſ). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV. Vida y muerte de la Hermana María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[836b] No siente las cadenas el cuerpo, ni el pie los grillos, mientras la criatura se halla arrebatada y como fuera de sí. Grillos insufribles y pesadas cadenas son, para la hermosura y gentileza airosa de la mujer, el vestir basta jerga o privarse de las ricas galas, que usan las de su estado y tiempo, componiendo lo decente con lo rico y primoroso de sus trajes, de donde se colige que, sin duda todas las Terceras, que serán asumpto a los siguientes capítulos de este tratado, vivían totalmente negadas a sí mesmas y arrebatadas del amor divino [837a] pues no sentían el vestirse de jerga unas y el despreciar vistosas galas otras. Empiezo, pues, su narrativa por la más notable, así en calidad y naturales prendas, como en humildes desprecios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana María la Pobre, llamada en el siglo Doña María de Toledo, fue hija de Pedro Suárez de Toledo ''[1]'' y Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto, ilustrísima sangre de Castilla, que conservan hoy las casas de los primeros señores de la Monarquía, con la grandeza de España que todas las más gozan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan amante de los pobres desde sus tiernos años, que su mayor delicia era el ver darles la limosna y ella la hacía con cuanto podía tornar de su casa. Este era su divertimiento y el irse a rezar al oratorio donde su madre oía misa, huyendo siempre las conversaciones de las otras doncellas y juegos que hacían las niñas de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amó tan de veras la castidad que nunca deseó más estado que el de religiosa. Mas sus padres, que miraban por la conservación de su casa, sangre y conveniencias, trataron de casarla con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, villa del territorio de la ciudad de Córdoba, cuyo título es hoy de Marqués y se halla en la grandeza que a todos consta. Resistía la santa doncella el nuevo estado, por ser contra su voluntad, mas dando la obediencia a Dios Nuestro Señor ''[2]'' en la de sus padres, consintió en los desposorios, que se celebraron con toda solemnidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a vivir al Carpio, donde, escogiendo por principal morada el convento de Nuestro Padre Seráfico Francisco del Monte, allí cercano, asistía muchas temporadas en el hospicio que se labró para los seglares bienhechores y devotos. Comunicaba las cosas de espíritu con aque- [837b] llos anacoretas franciscanos y, hallándose fervorizada, tomó el hábito y profesó de Tercera, siendo hija de aquel santuario en la nueva vida ''[3]'', y así, en el lienzo de su claustro, que corresponde al patio de los aljibes, entre las pinturas al temple que le adornan, está la primera Santa Clara, como capitana, a quien sigue su coro de vírgenes, siendo la inmediata Sor María la pobre, cuya profesión de la regla de Santa Clara y cuyas heroicas virtudes tuvieron origen en este convento, pues aquí dio a nuestra religión los primeros pasos; los cuales adelantó después de viuda en Toledo, cuyas heroicas acciones, como fueron ser causa de que se instituyese el Santo Tribunal de la Inquisición de España, fundar el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en la Ciudad Imperial, su patria, donde murió profesa, y todo el ejemplar resto de su vida, lo refieren Gonzaga y Fray Marcos de Lisboa, donde se podrá ver ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Natural de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Nota al margen] Cásase con el Señor del Carpio.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[3]'' [Nota al margen] Toma el hábito de Tercera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [Nota al margen] Gonzaga, 3a parte, Provincia de Castilla, Monasterios. Lisboa, ''Chrónica'', 3 parte, libro 8, capítulo 16.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712690</id>
		<title>María de Toledo</title>
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				<updated>2026-03-12T08:53:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (1) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
[[Archivo:SantaMariaToledo_DianaSanmartin.jpg|right|María de Toledo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata, monja, prelada, abadesa y fundadora del monasterio Santa Isabel la Real de Toledo &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1437&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vida y milagros de la muy venerable señora doña María de Toledo'' es una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI. Se trata de una copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes, sin referencia, sin paginación ni foliación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI, copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. No tiene referencia, ni paginación ni foliación. El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r] Esta es la vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo, abbadesa y fundadora de Santa Isabel la Real de la ciudad de Toledo; tiene XXVII capítulos, ruego [fol. 1v] al lector q la leyere que las faltas que hallare las enmiende con caridad y lo atribuya a mí y no a la vida de esta devota de Nuestro Señor Jesuchristo y de su bendita madre. Amén.&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó. &lt;br /&gt;
Capítulo 2, cómo se vino a Toledo y murió su marido.&lt;br /&gt;
Capítulo 3, cómo dejó los vestidos.&lt;br /&gt;
Capítulo 4, cómo se ocupaba en la oración. &lt;br /&gt;
Capítulo 5, de la abstinencia y muchas revelaciones que tuvo. &lt;br /&gt;
Capítulo 6, cómo entró en el hospital a servir los pobres. &lt;br /&gt;
Capítulo 7, cómo dejó renta al hospital y pidía para él. &lt;br /&gt;
[fol. 2v] Capítulo 8, cómo estuvo enferma en el hospital&lt;br /&gt;
Capítulo 9, cómo quiso ir a Jerusalén. &lt;br /&gt;
Capítulo 10, cómo fundó el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 11, de la vida que hacía en el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 12, de su abstinencia.&lt;br /&gt;
Capítulo 13, de la caridad que tenía con los enfermos. &lt;br /&gt;
Capítulo 14, cómo seguía la comunidad.&lt;br /&gt;
[fol. 3r] Capítulo 15, cómo mandó hacer una túnica de cerdas. &lt;br /&gt;
Capítulo 16, cómo tuvo una enfermedad. &lt;br /&gt;
Capítulo 17, cómo su camisa llevaron a una enferma. &lt;br /&gt;
Capítulo 18, cómo los médicos la desahuciaron. &lt;br /&gt;
Capítulo 19, de cómo le dio la enfermedad de que murió. &lt;br /&gt;
Capítulo 20, de muchas preguntas que le hicieron las monjas. &lt;br /&gt;
Capítulo 21, cómo muchos cantos que se oyeron en su tránsito. &lt;br /&gt;
[fol. 3v] Capítulo 22, cómo la sacaron de la cueva.&lt;br /&gt;
Capítulo 23, cómo su cuerpo está entero y de muchos milagros.&lt;br /&gt;
Capítulo 24, cómo fue llevada en espíritu al monte Tabor. &lt;br /&gt;
Capítulo 25, de una maravillosa visión que vido fray Jordán, vicario de las monjas de la Madre de Dios de Toledo. &lt;br /&gt;
Capítulo 26, cómo el Padre fray Pedro de Acuña vino por vicario y de una enfermedad que tenía y cómo sanó por los méritos de esta sierva de Dios ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora Doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella vido que no tenía hijos, trabajó con su marido que la diese licencia para se venir a Toledo, tomando por escusa de [fol. 5r] venir a ver a su madre, y que estaba enferma. Y llegada a Toledo estuvo con su madre por buen espacio de tiempo que no volvió a su casa, en el cual tiempo su marido tuvo una grande enfermedad, de la cual falleció. Y trayéndole la nueva, luego que la oyó, hincó las rodillas en tierra y dio muchas gracias a Nuestro Señor Jesuchristo porque la quería ya dar libertad ''[3]'' para que toda ella se pudiese mejor emplear en su servicio como ella lo deseaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y, como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora, estando en este ejercicio en casa de su madre, iba cada noche a maitines a la iglesia mayor con una linterna, ella y una compañera suya que para esta vida tenía escogida, la cual era muy virtuosa y devotísima de Nuestra Señora y persona de muy gran contemplación. Y con ella andaba todo esto descalza, que desde que [fol. 7r] enviudó nunca se calzó, zapatos ni otra cosa por nieves ni agua que hiciese y cada noche iba a maitines. Y no contenta de esta vida, dormía algunas veces en la iglesia mayor, ella y su compañera, debajo de la tribuna de los señores, y en todo este año entero no salió de allí, mas dábase a muy grande oración y contemplación y penitencia, y comulgaba cada ocho días los primeros años; y después, andando más en la vida espiritual, todas las veces que su confesor se lo mandaba aunque fuese a tercero día. Este confesor era un sancto varón que se llamaba fray Juan Pérez, de la ''[8]'' [fol. 7v] orden de Nuestro Padre San Francisco, el cual le mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor comunicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo comunicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor comunicó con esta su sierva en aquel año. Y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Santa Isabel, que nos lo dio su confesor, con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión, y todo ansí como lo teníamos la mayor parte dello se [fol. 8r] llevó el Arzobispo de Toledo, Don Fray Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su Vida para vella y sus Revelaciones, diéronsela toda y Su Señoría se la llevó y nunca más la tornó y ansí tornamos a escribir la Vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propia mano, no quedaron sino muy pocas. Y viniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamabo [''sic''] Doña Leonor, nuera del Duque de Alba, demandola [fol. 8v] para verla y se la llevó y nunca más la volvió. Y desta manera se nos perdieron todas las Revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima y ansí no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quinto, de la abstinencia que hacía y como le fueron reveladas muchas cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando al propósito primero, en todo el año que no salió de la iglesia mayor de noche ni de día, ni se comunicó con persona alguna desta vida sino con su confesor ya dicho, y él la comulgaba a [fol. 9r] tercero día, y el día que comulgaba ayunaba a pan y agua, y lo más de la semana lo mismo, y cada día se disciplinaba. Y en este tiempo le fue mostrado y revelado cómo se habían de ganar muchas tierras de moros, y Granada con todas sus tierras, y le fue revelado cómo se habían de echar lo [''sic''] judíos de Castilla y la reformación de los monasterios, y las grandes herejías que se hacían en estos reinos, por donde ella fue causa de poner la Inquisición, para ensalzamiento de nuestra sancta fe católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Esto y otras muchas cosas que cumplían al regimiento del Reino escribió a Sus Altezas de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, que estaban entonces en la ciudad de Segovia. Y esto fue ocho años antes que aconteciesen estas cosas y, como esta señora era persona de tanto merecimiento y sanctidad, comunicábase mucho la Reina con ella, y enviándola llamar a ella y a su compañera para informarse della de todo lo que les escribía por extenso. Y, llegada a la ciudad de Segovia, estuvo con sus Altezas seis meses nomás. Y porque allí no podía po- [fol. 10r] ner por obra sus buenos deseos y humildad en que ella solía ejercitar su vida, pidió licencia a Sus Altezas para tornarse a Toledo para acabar lo comenzado. Y, venida a la ciudad, no se quiso tornar a casa de su madre, mas fuese derecha al Hospital de Nuestra Señora y públicamente se puso a servir a los pobres por tres años, sirviendo desta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo sexto, de cómo esta señora sierva de Jesuchristo Nuestro Señor entró en el hospital'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entrando en el hospital fue recibida de todos los pobres como madre, y la die- [fol. 10v] ron una capillita muy pequeña en que estuviese, que no cabía más de una camita muy pobre y un oratorio, y la cama que allí tenía era un colchón de paja y una manta encima muy vieja con una almohada de sayal llena de paja. Ella andaba siempre descalza, y vestida una túnica de sayal y un hábito de lo mismo, y por toca traía un paño de lienzo muy grueso y las bocas de las mangas traía atadas con tomizas. Era muy solícita y diligente en el servicio de los enfermos ansí hombres como mujeres, hacía las camas y lavábales las bocas, curábales las llagas, [fol. 11r] y besábaselas muchas veces, y tresquilábales las cabezas y dábales de comer con sus propias manos, y hacía todas las otras piedades que sus necesidades demandaban, y deshacía las purgas y dábaselas con mucha devoción y limpieza y caridad. Y a las nueve de la noche andaba visitando los enfermos y mirando lo que habían menester porque eran más de setenta, entre hombres y mujeres, y traía siempre una cestilla en las manos con manzanas, y granadas y azúcar y confites para dejar a cada uno lo que hubiese menester, y una noche estaba un muchacho con cámaras, y ella misma le sacó en brazos seis veces [fol. 11v] a hacer sus necesidades, porque era niño y no se podía tener de flaco. Y, acabado todo esto de prima noche, entrábase en el cuarto donde estaban las mujeres en su celdita, y con todo este trabajo del día estaba hasta maitines en oración mental, y a la mañana iba luego a visitar los enfermos y a hacerles algunas piedades acostumbradas como solía, y sacaba los servidores y llevábalos a vaciar delante de todos con muy gran gozo y humildad. Y ansí, a ejemplo suyo, todos los caballeros y señores de la ciudad, se hicieron hermanos del hospital y servían a semanas y esta costumbre quedó puesta para siempre [fol. 12r] en el Hospital de la Misericordia, en esta ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo séptimo, cómo dejó renta al hospital y pedía cada semana limosna para él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó esta señora su renta al hospital veinte y cinco mil maravedís de juros, e iba cada semana a pedir por las plazas y mercados por amor de Dios para los pobres, ella y su compañera, y tornaban cargadas de todo lo que les daban unas veces gallinas y pollos y de otras cosas semejantes; y otras veces de escobas y sogas, y ollas y ansí de otras cosas de humildad en que eran [fol. 12v] necesarias para el servicio de los enfermos y provisión del hospital. Y viniendo cargadas con todo esto, muchas veces topaban con muchos caballeros y señores sus parientes y con su misma madre, de los cuales pasaba muy grandes persecuciones porque se afrentaban de verla andar de tal manera y la llamaban de loca, y algunas veces la tomaban la hacienda por que no la gastase de tal manera. Otras veces la hacían muchos enojos, pensando que por estas cosas se enmendaría de dejar lo que tenía comenzado, mas como esto era lo que ella andaba buscando, que era padecer denuestos y injurias por amor de Nuestro Señor [fol. 13r] Jesuchristo, no la espantaba nada, mas antes confirmaba más su buen propósito y deseo en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo que siempre tuvo en su Divina Majestad. Y sus deudos, viendo que no aprovechaba nada lo que con ella hacían para apartalla de aquella vida, dejáronla seguir su voluntad y grande desprecio de mundo, de lo cual ella estaba muy jocosa de padecer, a ejemplo de los que a Nuestro Señor fueron hechos en su sagrada pasión, de la cual ella era muy devota y derramaba infinitas lágrimas de amor y compasión della, en la cual le fueron dados de Nuestro Señor muy grandes sentimientos. Y le fueron reveladas muy grandes [fol. 13v] cosas, que después acá han pasado ansí en lo susodicho, como en otras grandes cosas que por nuestros ojos hemos visto, y a causa de ser ella tan secreta y humilde no quería comunicarse con nadie las gracias que Nuestro Señor Jesuchristo comunicaba con su alma. Y lo que decía era casi forza[da] por la obediencia que tenía a su confesor; y por esta obediencia comunicaba con él y con su compañera a las cosas que sentía y pasaba, y ansí todos tres escribían lo que pasaban y lo mismo hacían de su compañera, ansí que todos escribían lo que pasaban y vían en espíritu. Y muchas veces el confesor por probar su paciencia mandaba a [fol. 14r] su compañera que la diese de bofetadas, lo cual ella hacía forzada por la obediencia y ella las recibía con mucha paciencia y amor de Jesuchristo Nuestro Señor, por quien ella tanto deseaba padecer por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo octavo, cómo cayó enferma en el hospital y no consintió que la sacasen fuera d’él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sierva de Nuestro Señor en este sancto ejercicio en el hospital, como era tan generosa y delicada, a cabo de los tres años del servicio d’él, diole Nuestro Señor una muy grande enfermedad de fiebre a causa de los vapores de los enfermos; y ansí como estaba en- [fol. 14v] ferma, no consintió que la sacasen de la celda donde dormía y, sabiéndolo su madre y parientes cómo estaba tan enferma, vinieron todos al hospital, aunque no la hablaban, y trabajaron mucho de llevarla cada uno a su casa, mas ella no quiso salir del hospital. Y, estando en este, creció tanto la enfermedad que la dieron todos los sacramentos y la extremaunción y, tiniéndola ya por muerta todos los que presentes estábamos, la vimos dar las boqueadas en presencia de los médicos y de infinito número de gentes que allí estaban. Ya tenido por defunta, la tomaron en un colchón y la subieron a una capilla que llaman “las beatas de Lope [fol. 15r] Gaytán” ''[9]'', que estaban en el mismo hospital, con las cuales estaban las suyas mientras ella acababa el servicio de los pobres, y, estando en esto, aparejando la sepultura que está en la misma capilla y allí está una imagen de Nuestra Señora muy devota con el niño en brazos, delante la cual su madre estaba llorando y con muy gran fe suplicando a Nuestra Señora le diese a su hija y con grandes lágrimas y gemidos. Y con la gran pena que tenía decía que, si no se la resuscitaba, que ella le tomaría el niño precioso que en los brazos tenía, y Nuestra Señora, mirando sus gemidos como madre de misericordia. Estando en esto, abrió los ojos y, tornando como de la muerte [fol. 15v] a la vida; y de ahí adelante fue de bien en mejor su salud, y mandaron los médicos que la sacasen del hospital si no que moriría y, forzada, la llevaron a casa de su madre adonde todas las suyas fuimos, que antes estábamos en la dicha casa de las beatas de Lope Gaytán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo nueve, de cómo esta sierva de Jesuchristo quiso ir a Jerusalén en romería'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, estando en esto en casa de su madre, pensó de dar asiento a su vida y para más perfección procuró de poner en estado a las suyas y, después de hecho esto, de tomar una esclavina ella y su compañera y partir se secre- [fol. 16r] tamente a Jerusalén, mas, como sus hermanas no quisieron apartarse de su compañía, no pudo poner en obra lo que tanto deseaba y púsose en oración ella y su compañera para saber de Nuestro Señor Jesuchristo, que Él la pusiese en obra su pensamiento y, si otra cosa Él fuese servido, que en todo Su Majestad la alumbrase. Y, hecha la oración, fuele respondido que hiciese una casa de religiosas adonde ella y muchas almas se salvasen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez, de cómo fue edificado el monasterio, y la vida que hizo en él esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puesta ya en determinación de hacer una [fol. 16v] casa de religiosas, andaba buscando una tal casa como convenía para el monasterio, y en este tiempo vino la corte a Toledo. Y, como los Reyes Católicos la querían tanto y se comunicaban mucho con ella, hiciéronle merced de esta casa de Santa Isabel, y ellos mismos la metieron dentro y se la entregaron a ella y a todas las suyas, en la cual casa gastó más de siete cuentos. Y entre la señora Doña Juana de Toledo, su hermana, que era sanctísima mujer, y Su Alteza de la Reina Doña Isabel, púsole su nombre Sancta Isabel de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo once, de la vida que esta sierva de Cristo hizo en el monasterio y de su abstinencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17r] La vida que hizo esta señora en el tiempo que estuvo en el monasterio fue muy subida y de mucha perfección y en muy gran menosprecio, y contemplación y oración y penitencia. Su vestido era un silicio de cerdas hasta ''[11]'' en pies y una túnica de sayal y un hábito ''[12]'' de lo mismo y el manto, y todo era lo más viejo y remendado y de más desprecio que ella hallaba. En la casa andaba descalza y las tocas eran de estopa y el vilo [''sic''] sin alguna curiosidad, su cama ''[13]'' fue en lo primero una tabla y a la cabecera un madero, una manta de sayal debajo y otra encima, y otras veces tenía por al- [fol. 17v] mohada una piedra o una almohada de sayal llena de paja [14]. Y su comer era todo el año un ayunar muy continuo y cada semana ayunaba tres días en pan y agua y continuamente iba a las espuertas en que cogían la basura y buscaba los mendrugos de pan que estaban en ellas, y llevábalos ascondidos en su manga a la mesa y aquellos comía todas las veces que los hallaba, y cuando no los hallaba buscabo [''sic''] por el refectorio los pedazos que dejaban las monjas, que nunca partía pan entero si posible era.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo doce, de la abstinencia que hacía esta sierva de Nuestro Señor cuando comulgaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18r] ''[16]'' [...] como visitaba las enfermas a menudo. &lt;br /&gt;
Comulgaba esta sierva del Señor muy a menudo, y todos los días que comulgaba ''[17]'' nunca comía hasta la noche en todo el día, y entonces comía unas pasas y almendras ''[18]'' o cosas semejantes, y siempre la comida que de orden le daban la enviaba a las personas avergonzantes, y de los pobres tenía muy gran cuidado, que les diesen limosna ''[19]'' y que nunca les faltase la comida; y hacía mucha limosna a los pobres de la cárcel, que siempre les enviaba limosna; y mandaba proveer de agua y de todo lo que podía como a la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo trece, de la caridad que […] sierva de Nuestro Señor tenía con los enfermos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta su caridad con los enfermos que no pasaba día que no visitaba la enfermería y si hallaba los servidores o escupidores sucios, lavábalos siempre ''[21]'' y procuraba siempre como estaban proveídas de lo que había menester y cuando alguna vez estaba mala en la enfermería siempre andaba por las enfermerías visitando las enfermas y llevábales escondido lo que a ella le daban para su consuelo y no quería comer hasta que sabía que las enfermas tenían lo que habían menester.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo catorce, cómo esta sierva de Nuestro Señor seguía la comunidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estaba en la comunidad y echaban a algunas monjas algún oficio de humildad, ''[22]'' muchas veces, antes que las monjas, tenía ella ya llevados los servidores por que descansase algo la oficiala. Y siempre era ''[23]'' ella la primera en el seguimiento de las comunidades y en fregar y barrer y en meter leña, y lavaba las túnicas de las monjas, si no que no la dejaban todas veces. ''[24]'' Ayunó una vez la Cuaresma de los ángeles a pan y agua todos cuarenta días sacados los domingos, y este día comía unos bocados de pescado ''[25]'' [fol. 19v], y en toda esta Cuaresma comulgaba a tercero día ''[26]'' y este día no comía nada hasta la noche que bebía con unos granos de anís, y esto hizo hasta que una vez en este tiempo vino aquí el Arzobispo don fray Francisco Jiménez y la madre vicaria le suplicó que la mandase que comiese alguna cosa, y él mandóselo ''[27]'', y dende allí adelante poníanle unas pocas pasas y almendras y avellanas, que ya sabían que no había de comer otra cosa; y sobreavisó la resitolera se las ponía contadas para ver qué tanto comería, y hallaba por su cuenta que comía una avellana y una almendra y una pasa; ansí por cumplir ''[28]'' [fol. 20r] la obediencia comía una cosa de cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quince, de cómo la sierva de Nuestro Señor mandó tejer una túnica de cardas y lana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No contenta de la penitencia que hacía, mandó tejer una túnica de cardas y lana de cabras ''[29]'' para sobre el silicio, que siempre le traía a raíz de la carne y tan largo que descendía hasta encima de los tobillos una mano, y siempre buscaba nuevas maneras de penitencias y, con todos los cuidados del regimiento, siempre era la primera en las comunidades ''[30]''. Iba cada noche a maitines y antes de maitines, después de reposadas las monjas, estaba dos horas de rodillas en [fol. 20v] oración, y luego recostábase sobre la cama susodicha, que era una tabla cubierta con una manta de sayal y, cuando se levantaba a maitines, no tornaba más al dormitorio, mas estábase en el coro en oración hecha un mar de lágrimas, y esto era muy continuo ''[31]'', y si alguna vez la constreñía el sueño, en la misma silla recostaba la cabeza y, aunque helase y nevase, nunca otra piedad tomaba, si no llegaba alguna monja y la echaba algún manto encima; y para sí era muy áspera y para las otras muy piadosa, ''[32]'' y siempre consolaba a las enfermas y aflictas con las obras de piedad y palabras celestiales ''[33]'' [fol. 21r] como madre verdadera, que más parecía en su conversación ángel que persona. Y, como era tan devotísima de la Pasión ''[34]'', siempre suplicaba a Nuestro Señor Jesuchristo que le diese a sentir los dolores que Él había sentido en el desconyuntamiento de la sanctísima vera cruz por que pudiese mejor compadecerse de sus dolores padeciéndolos ella. Y Nuestro Señor Jesuchristo, mirando sus sanctos deseos ''[35]'' como aquel que sabía lo que tenía en ella y en su sancta ánima, diole una muy grande enfermedad de dolores incomportables en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez y seis, de cómo Nuestro Señor [fol. 21v] Jesuchristo dio a su sierva una muy grande enfermedad de dolores recios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dio Nuestro Señor a su sierva una muy cruel enfermedad de dolores, que cuando le daban decía ella que parecía que la desconyuntaban todos los miembros de su cuerpo y que la hacían pedazos, y no se podía rodear sino la rodeaban con una sábana en la cama, y con todo este tormento que padeció un año nunca persona la vio perder la paciencia, ningún movimiento de ira y, cuando los dolores eran tan incomportables que lo [''sic''] ''[36]'' le era posible sin se quejar, luego demandaba perdón con grande voluntad a las que la servían ''[37]'' [fol. 22r] del mal ejemplo que les daba; y ansí como era humilde como la tierra y afable, ansí era también grave y prudentísima y tenía grandísima gracia en hablar de Dios, que como lo sentía ansí lo sellaba en las ánimas, que muchas veces la veían estando metida en hablar de Dios, el gesto con tan grande alegría que manifestaba muy claramente el gozo que de dentro poseía, y cuando estaba en este fervor no parecía que sentía los dolores más que toda estaba inflamada en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecisiete, cómo una camisa de esta sierva de Nuestro Señor fue llevada a una mon- [fol. 22v] ja del Cístel que estaba enferma y no se la quiso vestir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el tiempo que esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo estuvo enferma en la enfermedad ya dicha, tomaron una camisa que ella se vestía en su enfermedad y la llevaron a una muy religiosa monja de la orden del Cístel, la cual se llamaba Martha, para que se la vistiese, que era de un enfermo que se lo rogaba por amor de Dios, y ella, viendo la camisa, nunca quiso tocar a ella mas mirola con gran reverencia y dijo que cúya era aquella camisa, que no osaría ella vestírsela porque no era enfermedad, mas eran [fol. 23r] dolores de la sacratísima Pasión de Nuestro Señor Jesuchristo, y que por esta causa no se la osaría vestir, mas antes encomendarse a quien lo padecía. Ansí que conoció en espíritu lo que secretamente llevaban para que por su sanctidad se la vistiese, y ansí confirmó los pensamientos de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo dieciocho, de cómo los médicos no le daban remedio ninguno ni le hallaban para su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando juntos muchos médicos y cirujano, no pudiendo hallar ningún remedio ni le hallaban para su enfermedad hasta que fue cumplida la voluntad de [fol. 23v] Nuestro Señor Jesuchristo, que ella padeciese lo que tanto deseaba padecer, y en esta enfermedad fue tan grande su paciencia que más parecía que se deleitaba en ella que no que padecía. Y cuando Nuestro Señor fue servido de alivialle los dolores luego se hizo llevar al dormitorio con el convento, porque allí eran sus deleites, gozar siempre de la comunidad, adonde estuvo muy poco tiempo que luego le dio el mal de la muerte, que fue de fiebre y una seca, que no vivió más de cinco días en los cuales días se cumplió un año que le dio la enfermedad de los dolores, y en esta fiebre que tuvo, tuvo quitado el sentido en las cosas temporales. Y nunca le perdió en las ''[38]'' [fol. 24r] cosas de Nuestro Señor Jesuchristo, antes hablaba cosas tan altas y maravillosas, que todos los médicos y personas que la veían estaban admirados, y alababan a Nuestro Señor Dios de ver tal enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecinueve, de cómo le dio el mal de la muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que a esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo le dio el mal postrimero para ir a gozar de Nuestro Señor Dios, que era lo que más en esta vida había deseado, fue el día de San Pedro y San Pablo, y comulgó estando buena, como acostumbraba a celebrar las otras fiestas, y otro día de la conmemoración ''[39]'' de San Pablo, pos- [fol. 24v] trero día de junio, miércoles, a la una del día, le dio la fiebre y la seca y luego perdió el sentido, y dijo que luego le llamasen al vicario para que la confesase y diese los sacramentos y, en entrando, ella recibió el sancto sacramento con mucha devoción con todos sus sentidos, y ansí estuvo por espacio de dos horas, toda metida en sí que no quiso que la hablase nadie, y esto fue sábado, un día después de la visitación de Nuestra Señora. Y pasadas las dos horas tornó a perder el juicio en lo corporal, y en las cosas de Dios estaba tan viva como cuando estaba en su fervor y, estando ansí, le dijo una religiosa que ''[40]'' [fol. 25r] rogase a Nuestro Señor por ella y respondió con entrañas de caridad (como siempre lo hacía) que por ella sola que rogase a Nuestro Señor, que por todo el universo mundo había de ser la oración, que ansí nos rogaba ella a todas que hiciésemos como ella hacía, que siempre era esta su forma de oración y esto respondía a todas las preguntas que le hacían de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte, de muchas preguntas que la hicieron las monjas y lo que respondía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también le preguntaban las monjas si veía a Nuestro Señor Jesuchristo, y ella dijo que a Nuestro Señor y a su preciosísima madre. [fol. 25v] Y preguntole una monja y devota de San Juan Baptista que si veía a San Juan Baptista, y ella respondió muy alegre: “Y aun a toda la corte celestial que estaba allí”. Y esto decía con una alegría muy grande en que mostraba muy claramente en su gesto estar toda inflamada en gozo; y sin que ella lo manifestase lo conocían todos los que la veían. Y nunca veían ni oían que se les cayese de la boca estos versos: ''“In pace in idipsum: dormiam et requiescam” [41]''. Y otras veces decía: ''“In manus tuas Domine commendo spiritum meum” [42]''. Y otras veces decía: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi” [43]''. Y otras veces decía: ''“Hec [fol. 26r] requies mea in seculum seculi” [44]''. Y luego demandó la unción, y se la dieron aunque no estaba en su propio juicio ni el gesto mostraba señal de muerte sino de mucha alegría, mas el pulso mostraba la verdad. Y cuando la dieron la extremaunción ella misma respondía a los siete psalmos, y cuando vino la medianoche estábamos todas tan atormentadas de pena, alrededor de la cama, todas dormidas, las más con la pena de lo que presente veíamos; despertáronnos a todas como si a cada una llamaran de por sí y pusiéronse juntas alrededor de la cama de rodillas llorando todo el [fol. 26v] convento, la suplicamos que rogase a Nuestro Señor por nosotras y que nos encomendase a Él y nos diese su bendición, y ella, con aquella benignidad que solía hablar, nos dijo que la bendición de Dios Padre todopoderoso nos guardase y diese su bendición y amor y temor. Y luego tornó a decir sus versos que antes decía y de ahí a tres credos dijo a muy alta voz: “Hijas mías, quedad en paz”. Y luego juntó su boca y ojos sin más movimiento ni señal de muerte, que más parecía tránsito de sancta que muerte, y ansí dio el alma a Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en espirando fue tan grande el olor que [fol. 27r] alrededor della estaba que parecía que estábamos en un vergel de muy olorosas flores, y este mismo olor quedó en la cámara adonde estaba y en toda la ropa con que la curaron, y pasó esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo desta vida lunes al alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando las monjas cayeron en el yerro que habían hecho, que era tener una tal persona en la cueva y llena de cal encima, pidieron licencia al juez de la iglesia para sacarla de la cueva en que estaba, y sacáronla entera, y olía su cuerpo como el mismo día que la enterraron y ansí cerraba y abría sus manos como cuando era viva, sin comerse cosa alguna, y el mayor milagro fue que el espacio que estuvo en la [fol. 29r] cueva fue tan poco que no fue más de dos meses, porque ella murió un día antes de la octava de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y sacámosla el día de San Matheo en el mismo año, y salió con las mismas carnes que la metieron, que no le había hecho ninguna impresión ni aun en el hábito que tenía vestido, sino era lo que estaba encima por el agua que distilaba de la cueva que era mucha por el regar y lavar del coro, mas lo que estaba a raíz del cuerpo estaba tan fresco como cuando la enterraron, y entonces tornámosla a meter en la cueva porque no estaba hecho el encillo donde la [fol. 29v] habíamos de meter, y después tornáronla a sacar día de la Translación de Sant Luis y pusiéronla en un encillo, adonde está hasta que otra cosa se ordene.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y tres, de cómo el cuerpo de esta sierva de Nuestro Señor está entero, y de muchos enfermos que por sus merecimientos han sanado de diversas enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y allí en aquel encillo está su cuerpo tan entero como si estuviera viva, salvo el rostro que le tiene con mal color, de quemado de la cal. Y todas las personas que a esta señora se encomiendan en sus enfermedades le alcanza de Nuestro Señor Jesuchristo salud, [fol. 30r] y desto tenemos muy grande experiencia en muchas maneras de enfermedades que habemos visto sanar, especialmente de ciciones, que han sido sin número las que ha sanado y diremos algunos, que todos no será posible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fue que en la ciudad de Burgos ''[46]'' estaba un clérigo de misa muy enfermo y tullido, que había más de tres años que no se levantaba de la cama, y una noche vido en sueños una dueña de admirable hermosura que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta [fol. 30v] Isabel, que es fallecida, y luego serás sano”; y él, como lo oyó y supo que era difunta, hízole decir una misa, aunque no la conocía, y luego se levantó, y de ahí adelante estuvo bueno y publicó el milagro, y creció la devoción mucho en ella por la de Jesuchristo Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en aquellas partes, allende los puertos, estaba una gran señora que por ser tal ''[47]'' no se dice su nombre, y tenía una hija muy enferma de la cabeza y no tenía hijos, y esta señora decía que, si los tuviese, que sanaría de aquel mal; y ella, tiniendo mucha fe y devoción en esta sierva de Nuestro Señor [fol. 31r] Jesuchristo, por la fama que tenía de su vida tan en extremo perfecta, sabiendo que era finada, envió a pedir un velo o toca que hubiese estado en su cabeza, y la medida de su cuerpo; y lleváronle una toca que al presente tenía tocada, y la medida de su cuerpo, la cual le ciñeron, y luego se hizo preñada; y puesta la toca encima de su cabeza, luego fue sana por la misericordia de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta su sierva. Y esta fue la primera por quien Nuestro Señor Jesuchristo mostró estas maravillas, y de ahí adelante han sido sin número los milagros que Nuestro Señor ha hecho con [fol. 31v] la medida de su bienaventurado cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo tiempo que esta sierva de Nuestro Señor falleció, estaba una señora noble de esta ciudad de Toledo muy enferma de los ojos, ''[48]'' que había más de cincuenta días que no salía de detrás de una sarga, que [te]nía los ojos hechos una sangre que no podía ver cosa ninguna. Y sabiendo cómo esta señora era defunta, envió con mucha fe a demandar un paño que hubiese tenido sobre sí esta señora y que creía que, en puniéndoselo encima, sanaría, lo cual fue ansí. Y una sobrina suya, que era monja de la casa, enviole un paño que ella había tenido [fol. 32r] puesto en el estómago en su enfermedad, y pusiéronselo encima de los ojos, y luego los abrió por la gracia de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
Otra dueña de esta misma ciudad estaba tullida de una cadera que tenía ciática ''[49]'' más había de tres años, y con la gran devoción que tenía en esta señora, envió a pedir un poco de cilicio de lo que ella traía o de su túnica, y luego se lo enviaron por la fe que tenía y, en puniéndoselo a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta sierva suya, fue luego sana del mal de la cadera en puniéndoselo encima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, aunque fue [fol. 32v] casada nunca parió, y a todas las que no paren, puniéndose su medida de su cuerpo con mucha devoción ''[50]'' se hacen luego preñadas, y cualquiera que se pone un poco del silicio ''[51]'' o de la túnica luego sana de las ciciones, a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y quatro, como Nuestro Señor la llevó en espíritu al monte Tabor y lo que allí vido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Jesuchristo era viva, aconteció un día de la Sanctísima Transfiguración, habiendo comulgado estando de rodillas en el coro en su silla por muy grande espacio del día hacia la tarde, vido la [fol. 33r] una monja el rostro que d’él y de todo su cuerpo salía un resplandor como de sol, de tal manera que estaba muy espantada la religiosa de ver tal cosa, y nunca podía quitar los ojos de ella, y después de pasado el día suplicole la monja muy afectuosamente que le dijese qué habían sido los pensamientos que el día pasado había tenido, que por reverencia de Nuestro Señor se lo dijese, y ella respondió que por qué se lo preguntaba, y dijo la religiosa que no le negase la merced que le pedía, que ella diría la causa; y luego respondió la sierva de Nuestro Señor Jesuchristo que la había Nuestro Señor hecho merced de llevarla en espíritu, al [fol. 33v] monte Tabor; y que allí gozaba de la gloria que los bienaventurados apóstoles gozaban, y que preguntó al glorioso señor San Juan, que qué había sentido en aquella gloriosa y santísima transfiguración, y que la respondía san Juan que había gustado la ley de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez en Cuaresma, estando en el dormitorio, viernes, haciendo la disciplina, vido una religiosa cómo le salía un rayo de luz del rostro y allegaba a ella adonde estaba en las postreras del dormitorio y, maravillada de tal novedad, otro día suplicole la religiosa de rodillas qué era lo que había visto y sentido en la disciplina porque [fol. 34r] ella había visto una muy gran señal de amor. Y la bienaventurada y devota señora la respondió que le dijese ella lo mismo, porque Nuestro Señor Jesuchristo le había dado a sentir el amor con que se había puesto en la columna a sufrir tan crueles tormentos y dolores; y que sintió cómo ella sentía lo mismo, y que por esta causa habían visto entrambas una cosa; llamábase María de Salazar, y muchos años después de fallecida se halló su cuerpo entero, y la vieron algunos prelados de nuestra orden que entraron a la cueva a ver algunos cuerpos que según sus vidas se tenían por sanctos, y entre los [fol. 34v] frailes que entraron fue uno fray Francisco de los Ángeles, que al presente era provincial de la Provincia de Castilla, y ahora es cardenal de Sancta Cruz. Y hallaron el cuerpo de esta religiosa tan entero como si le acabaran de enterrar, y le mecieron todo y se meneaba y mandaba, por donde daba testimonio de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto y otras muy grandes cosas se vieron en su vida, que no se acuerdan, por ser ya todo tomado, como dicho es arriba. Un miércoles estando esta sierva de Jesuchristo en el coro sola mientras las monjas comían, vídola una religiosa que se llamaba [fol. 35r] María de Sedeño, que andaba rezando cerca del coro, y porque era mientras comían, ascondíase mucho della que no la viese, y mirábala el rostro, que parecía que le resplandecía, y ansí mirándola vídola llegar al altar mayor como si volara, alzada de tierra, y quedó tan espantada que pensó no se poder partir de allí viendo tan gran milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y cinco, de una maravillosa visión que vido el Padre fray Jordán, religioso de la orden de los Predicadores, el día que murió esta sierva de Jesuchristo Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo pasó desta vida, estando un religioso de la [fol. 35v] orden de los predicadores llamado fray Jordán y de muy sancta vida, siendo vicario de las monjas de la madre de Dios de Toledo, estando en oración en su celda no sabiendo que era difuncta esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, vido una gran procesión de ángeles, y de una parte venía nuestra Madre Santa Clara, y de otra nuestra Madre Santa Isabel, y ella en medio de entrambas; y ella iba vestida desta manera: llevaba una almática de brocado como diácono y las mangas y redropiés iban todas llenas de pedrería, y resplandecía su rostro como el sol y llevaba una diadema con la misma pedrería. Y dijo que [fol. 36r] nunca la había visto mas que luego la conoció, cómo era la abadesa de Santa Isabel, que aquel punto había fallecido; y que preguntó a un ángel de los que allí venían que quién era aquella bienaventurada a quien tanta fiesta se hacía, y respondió que era el abadessa de Santa Isabel, y dijo este padre que le parecía a él que hacía esta pregunta para más verificar su conocimiento. Y preguntole más, que qué significaban aquellas piedras preciosas que llevaba en las manos y en los pies, y fuele respondido que por el desprecio que en todo ello había tenido especialmente en el andar descalza y traer todas las man- [fol. 36v] gas atadas con tomizas, y también me dijo qué significaba ir como diácono y como se encubrió con todo lo otro y la tomaron, no se me acuerda, y también la diadema, mas de que nos dijo que después del ánima de San Jerónimo nunca tan gran recibimiento se había hecho en el cielo como a aquella gloriosa ánima; y dijo que no era mucho haber oído cantos celestiales, que mucho más se maravillaba cómo no lo había oído todo el mundo según el recibimiento se hizo a esta sancta ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y seis, cómo el padre fray Pedro de Acuña vino por confesor a esta [fol. 37r] casa y, trayendo un poco del cilicio desta señora, fue sano luego'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo a esta casa un reverendo padre que se llamaba fray Pedro de Acuña por confesor, traía cuartanas, y diéronle las monjas ''[52]'' un poquito de la túnica y del cilicio, y luego se le quitaron por la gracia de Nuestro Señor Dios y méritos desta bienaventurada su sierva. También viniendo aquí la señora Duquesa de Medinaceli, traía un dolor incomportable ''[53]'' de cabeza y, subiendo a ver el cuerpo desta bienaventurada sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, metió la cabeza dentro, donde está su cuerpo, y salió [fol. 37v] luego sin algún dolor; y manifestó luego la maravilla que Nuestro Señor Jesuchristo había hecho con ella en quitarle súbito el gran dolor que tenía, por los merecimientos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También una monja de San Pablo tenía un brazo ''[54]'' que no le podía mandar y, no tiniendo remedio, envió con mucha devoción a demandar que le diesen alguna cosa de esta bienaventurada. Y enviáronle una manga de su túnica y, en puniéndosela, sanó luego y alabó a Nuestro Señor por tan gran milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, viniendo a esta casa un hombre a matar unos puercos, tenía ciciones ''[55]'' [fol. 38r], y había muchos días que las tenía, y pusímosle de la túnica desta sierva de Jesuchristo y luego se le quitaron y nunca le volvieron más. &lt;br /&gt;
Otra vez vino a esta casa un mozo a cavar la huerta, y venía con ciciones, que había mucho que las tenía, y, puniéndole de la túnica desta sierva de Nuestro Señor, luego se le quitaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vino aquí una dueña de Cubas ''[56]'' a pedir un poco de la túnica desta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, porque había en su pueblo muchas personas con ciciones y morían dellas. Y dímosle un poco, ya [fol. 38v] todas las personas que se lo pusieron sanaron, y todo lo más del lugar fue sano de las ciciones, y esto mismo á acontecido en muchas; y son sin número los que sanan con la túnica y el silicio de esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor a gloria y honra suya, el cuan [''sic''] vive y reina por siempre jamás. Amén. &lt;br /&gt;
______________________________________________________________________&lt;br /&gt;
[Línea gráfica de separación que puede indicar que existieron dos tiempos de redacción o bien que esta segunda parte fue copiada posteriormente a partir de otro texto, como puede interpretarse de la lectura de la nota marginal del f. 40r (véase nota 58)]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Algunos años después de fallecida la sierva de Dios y bienaventurada señora doña María de Toledo, sucedió que, habiendo dejado la labor, era encerrada mucha cantidad de lino en la casa de la labor [fol. 39r] donde también había telares y rast[r]illos y otros embarazos de madera; sin echarlo de ver, dejó emprendido el lino con alguna pavesa que cayó de la cera que llevaba en la mano, cerró la puerta, y fuese al dormitorio, donde se acostó y durmió muy descuidada. A la media noche la llamaron con palabras expresas diciendo: “Francisca de Santa Clara, levántate, que se quema la casa de la labor; pareciéndole sueño, se volvió a dormir, y lo mismo hizo segunda vez que la llamaron con las mismas palabras, hasta que la despertaron, [fol. 39v] tercera vez, levantose con muy gran pavor y, antes de llegar a la pieza, vio la luz que daba el fuego, halló la puerta que dejó cerrada abierta, y un repostero que estaba caído delante della estaba levantado en un clavo; entrando dentro, vio una grandísima llama y a la sancta señora con una calderilla en la mano echando agua en el fuego; tenía los pies descalzos como lo trujo hasta el día que murió; a vista desta religiosa se acabó de apagar el fuego sin haber hecho daño alguno. Tiénese por tradición en el convento que la sancta señora, [fol. 40r] entre otras cosas que pidió a Nuestra Señor para este convento, fue una que le librase de fuego; hanse visto en él cosas milagrosas en que Dios le ha librado deste peligro sin preceder diligencia ni reparo alguno, de donde inferimos que nuestra sancta madre nos defiende con su intercesión delante de Dios. &lt;br /&gt;
Ana de luna, mujer de Alonso de Perea ''[58]'', naturales de Toledo, ''[59]'' criaba un hijo a su pecho y, llorándole ya por muerto, le llevaron una clavellina que había estado sobre el cuerpo de la sierva de Dios [fol. 40v] y un vaso de agua en que había entrado su reliquia y, paladeándole con la flor mojada en el agua, al punto volvió en sí y tomó el pecho con alegría; los padres vinieron a velar todo un día donde está el cuerpo de la sancta en gracias de la merced recibida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polan entró con un carguio ''[60]'' en este convento y, lastimándose de verle muy flaco y amarillo a causa de estar cuartanario, le llevaron a que visitase el cuerpo sancto, y fue cosa maravillosa que, improvisamente, cobró fuerzas y salud y salió dando gracias a Dios y diciendo a [fol. 41r] voces que la sancta de Santa Isabel le había sanado, y lo mismo entró publicando en su pueblo, lo cual refirieron aquí después personas del dicho lugar. &lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se dejan de poner aquí, guardándolas para el libro que se ha de imprimir de la vida y milagros de esta esclarecida sancta y verdadera imitadora de la pobreza evangélica…, [Folio arrancado]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Nota del editor: Falta aquí una hoja, un recto y verso donde, muy probablemente, se terminaba la lista de milagros y empezaba el relato de la ''Vida''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota al margen: “Niñez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' N. al m.: “Gracias a Dios por los [ilegible] dados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' N. al m.: “Limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' N. al m.: “Charidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' N. del e.: “Niños de la piedra” es una expresión para denominar a los expósitos abandonados en la piedra de la capilla de San Pedro, en la catedral de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' N. al m.: “Frai Pérez le llama su confesor en la chrónica de… [ilegible].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' N. del e.: Las beatas de Santa Mater Dei o “Beatas de Gaytán” fueron fundadas por Guiomar de Meneses, esposa de Lope Gaytán. Véase la vida de Guiomar de Meneses: URL: [[Guiomar_de_Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Guiomar_de_Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' N. al m.: “Penitencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' N. al m.: “Vestido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' N. al m.: “Cama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' N. al m.: Comida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. del e.: Parte del folio está arrancado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' N. al m.: “Communiones pequeñas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' N. al m.: “Charidad y limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. al m.: “Charidad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. al m.: “Humildad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. al m.: “Ayunos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' N. al m.: “Frecuencia del sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' N. al m.: “Obediencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. al m.: “Penitencia y rigor consigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' N. al m.: “Lágrimas de devoción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' N. al m.: “Piedad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' N. al m.: “Devoción a la pasión Señor nuestro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' N. al m.: “Favor del cielo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' N. del e.: “Lo” por “no”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' N. del e.: Salmo 4, v. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. del e.: Salmo 30, v. 6. También: Lucas 23, 46 y Actos 7, 59.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[43]'' N. del e.: ''Introitus'' del primer domingo de Adviento (Ad te levavi), primer canto del año litúrgico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' N. del e.: ''“Haec requies mea in saeculum saeculi”'', Salmo 131, v. 14. Parte de la antífona cantada en los oficios de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' N. del e.: Responsorio del Oficio de difuntos. Procedente de Lucas 16, 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' N. al m.: “Encomiéndase a ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. al m.: “Concíbese por su intercessión y reliquias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. al m.: “Sana mal de ojos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. al m.: “Ciática”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' N. al m.: “Conciben por su… [ilegible]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' N. al m.: “Sana de ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' N. al m.: “Dolor de cabeza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. al m.: “Brazo quebrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' N. al m.: “Ciciones” (calenturas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' N. al m.: “Ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' N. al m.: “Fuego”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. al m.: “Diego dio la relación de mí para la abbadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' N. al m.: “Agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La-u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] Entre las personas ilustres en sangre y nobleza que, dejadas de las pompas del siglo, esmaltaron el oro de su calidad con la pobreza y humildad del sayal grosero y pobre de Nuestro Padre San Francisco, fue una de las que más créditos han dado a la religión seráfica y más frutos para el Cielo la muy ilustre y venerable señora Doña María de Toledo. La cual fue hija legítima de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto. Nieta de Garci Álvarez de Toledo y bisnieta de Don Garci Álvarez de Toledo, rebisnieta de Fernando Álvarez de Toledo y cuarta nieta del maestre de Santiago, tercero Señor de Oropesa, cuya ascendencia de la Casa de Toledo tiene dignamente asegurados los créditos de la nobleza desde el conde Don Pedro en tiempo del rey Don Alonso el Sexto, honrándose con los escaques blancos y azules de su divisa los duques de [fol. 9r] Alba, condes de Oropesa, marqueses de Salvatierra y otros ilustrísimos estados, materia en que no es necesario alargarse más, por ser tan notoria dentro y fuera de estos reinos de España. &lt;br /&gt;
Nació Doña María en la imperial ciudad de Toledo, siendo entre tantas grandezas que la ilustran no la menor haber sido patria de tan prodigiosa y santa matrona. Su nacimiento dichoso fue por los años de 1435, siendo pontífice Eugenio Cuarto y rey de Castilla y León Don Juan el Segundo. Nació para mucha gloria de Dios esta sierva y para ejemplar de virtudes. Su niñez comenzó a dar muestras de lo que había de ser en edad perfecta, siendo sus entretenimientos pueriles hablar de la vida de los santos, el rosario, las devociones, las limosnas y misas. Con la edad iba cobrando más fuerza su virtud y, al paso de esta, el amor de sus padres, que entre lo noble de su sangre hacían lugar a la piedad cristiana. Apenas supo discernir la vanidad y la virtud cuando se declaró parcial de la virtud y opuesta a la vanidad: despreciaba sus pompas, ofendíase de las galas, siéndole uno de los principales motivos a aborrecerlas conocer el perdimiento de tiempo que ocasionaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya Doña María había tomado el gusto al trato interior con Dios, se le hacía poco el tiempo para asistirle. Comenzó desde sus tiernos años a ejercitar la misericordia con los pobres, dejando su comida con que algunos aliviasen su necesidad. Así iba dando principio a la tarea religiosa de sus ejercicios tan sin darlo a entender en su familia que hasta de su madre se recelaba porque no se los impidiese el cariño, o porque sólo lo supiese el Señor por quien los obraba. A sus solas se quitaba las galas que era preciso usar según las obligaciones de su estado. Dejaba el lecho en dejándola recogida [''sic''] y pasaba largos espacios en dulces coloquios con Dios por medio de la oración. Bien conocían sus padres que la virtud iba tomando entera posesión del alma de su hija y hacíanse desentendidos por no verse obligados a ponerla leyes en sus ejercicios y, aunque sentían sus retiros, sus virtudes los [fol. 9v] doblaban el gozo y, al paso de mirarla con tan ventajosas prendas, deseaban ver de ellas buen gozo, dándola un esposo digno. Pero ella, que ya tenía hecha su elección de su esposo divino, se desconsolaba mucho sólo con oír pláticas en orden a matrimonio, que es lo que pretendían sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Persuadíanle con razones y ejemplos de muchas santas que ha habido en la iglesia sin que el estado de casada las quitase ser muy virtuosas. Viendo sus padres que, dejada a su albedrío, se frustrarían sus deseos, la manifestaron su voluntad, con que se dio por vencida su constancia por no faltar a su gusto porque los amaba y veneraba juntamente. Y entre los muchos señores que solicitaban tan ilustre prenda, le cupo la dichosa suerte de ser su esposo al ilustre Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y ajustadas, celebradas las bodas dejando la casa de sus padres, partió al lado de su esposo a la Andalucía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esmerose Doña María en las perfecciones que cabían en aquel estado, siendo su estudio servir con primor y, en primer lugar, al divino Dueño de las almas, sin hacer la menor falta a su esposo. Su cuidado era socorrer a los pobres, remediar a los huérfanos y pacificar sus vasallos, sin que acertase a dar gusto a su marido en cuanto obraba: disposición pudo juzgarse de la divina providencia por que no se le pegase el afecto de las criaturas. No tenían sucesión, de donde nacieron más crecidos los disgustos, y noticiosos los padres de Doña María del estado en que se hallaba, alcanzaron licencia para volvérsela a su casa, que concedió con facilidad su marido, por el mucho desazón que tenía. Y, llegando a Toledo, fue recibida con alegría común de sus padres y de su patria, y a poco tiempo de haber llegado tuvo noticia cómo su esposo había muerto, nueva que lastimó su corazón y que llevó con cristiana conformidad, creyendo que Dios la había librado de aquel vínculo para que atendiese a su servicio con mayor desembarazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose en su viudez temprana, comenzó a darse con más veras al ejercicio de las virtudes. Visitaba los hospitales de la ciudad donde hacía con los pobres cuanto dictaban los fer- [fol. 10r] vores de la cristiana misericordia, empleando en su beneficio no pocas veces hasta las tocas que cubrían su cabeza. A su costa se daban dotes a las huérfanas, de su casa salía la comida y el vestido para los pobres vergonzantes, de su hacienda se pagaban las deudas de los que padecían en las cárceles por ser pobres, enviaba rescate a los cautivos y, no contento su espíritu con las obras corporales de misericordia, pasaba a sacar del estado de la culpa a muchas almas. A los enfermos que visitaba exhortaba a recibir los sacramentos y no se proponía obra de virtud a que no estuviera pronto su ánimo, disponiéndolo Dios blandamente que sus padres no la fuesen a la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al paso de lo activo corría lo contemplativo en esta sierva de Dios, a cuyo fin (en compañía de la devota [[Juana Rodríguez]], discípula de su fervor de quien se hace mención en el año de 1505) ''[1]'' iba descalza todas las noches de los maitines de la Santa Iglesia de Toledo, donde perseveraba en oración por largos espacios, encendiéndose en el trato del Criador, para salir a beneficiar las criaturas. Su fervor llegó a tanto en orden a contemplar los beneficios y perfecciones divinas que, dejando encargado a personas de confianza el socorro de los pobres de que cuidaba, se retiró a la santa iglesia sin que saliese de sus puertas de día ni de noche en el espacio de un año, en el cual no comunicó con persona alguna, sino con Juana Rodríguez su compañera, y con su confesor, el Padre fray Pedro Pérez de la Orden seráfica, cuya virtud, letras y prudencia se dio bien a conocer en el gobierno y dirección de Doña María. Preparábase esta sierva de Dios para la oración con disciplinas rigurosas, el sueño corto le tomaba sobre la tierra sin otro abrigo. Habíase ya desnudado el monjil y vestídose un saco tosco que la servía de cilicio. El día de comunión no comía más que pan y agua, y los demás días al pan añadía alguna hierba. Así debilitaba la carne y así crecía su espíritu. Hízole Dios señalados favores que escribió por manda- [fol. 10v] to de su confesor. Perdiolos su convento de Santa Isabel y siempre se llora en él descuido tan notoriamente culpable, sirviéndole de castigo de haberlos dado en confianza la pena de estar sin ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revélala Dios la restauración del Reino de Granada, viéndola derramar tantas lágrimas repetidas por la conversión de tantas almas engañadas por el pérfido Mahoma. A instancia de la Sierva de Dios, a quien habían llamado los Reyes Católicos a Segovia, instituyeron el Santo Oficio de la Inquisición, crisol de nuestra santa fe. Y, habiéndolo conseguido por la estimación que los Católicos Reyes hacían de sus prendas y virtudes, sin que sus ruegos fueran bastantes a detenerla en Segovia, volvió a Toledo a proseguir sus ejercicios, de donde había faltado seis meses; y luego que llegó, pareciendo a su espíritu que caminaba a lentos pasos, dejó la casa nobilísima de sus padres y se entró a servir en el hospital de la Misericordia, por estar donde con más facilidad pudiese ejercitar la suya, supliendo con esta mayor continuación lo que había faltado en los seis meses de ausencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó en el hospital para su habitación un aposentillo tan estrecho y oscuro que más parecía sepultura de muertos que aposento de vivos. Acomodó para su carne unas pobres pajas, para cobertor una manta de pelos de cabra y la almohada de lo mismo. Su hábito era un saco de jerga que ajustaba a las muñecas y cintura con una soga. Cubría la cabeza con un pedazo de estopa, todo acomodado para la decencia de la honestidad y todo indicio de su penitencia y del desprecio del mundo. Ejercitaba con los pobres todos los ejercicios de enfermera y de criada: todo el día los asistía, toda la noche los velaba, hacía muchas veces la cama al que veía con inquietud, lavábales las bocas, limpiábales las llagas, aconsejaba y fervorizaba a los moribundos, alumbraba a los que agonizaban, sazonábalos la comida, dándolos por su mano las substancias y, los ratos que la permitía esta tarea, se retiraba a la oración, a las disciplinas y otros ejercicios a su aposentillo, hasta que al ser de día los volvía a visitar y a ejercitar [fol. 11r] su piedad con ellos, limpiando de sus aposentos todo lo que les podía ser molestia y mal olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ejemplo raro de esta señora se debió la istitución de la célebre Hermandad que se fundó en Toledo del Hospital de la misericordia, sentando plaza de cofrades los más nobles de la ciudad y, para que se ayudase al socorro de los pobres, de más de las limosnas asignó Doña María de sus bienes veinticinco mil maravedíes de juros perpetuos. Del hospital salía esta sierva de Dios con su compañera por las calles y plazas de Toledo, donde se vio tan venerada y conocida a pedir limosna para su hospital, volviendo a él cargada de todas las cosas que compraba para los pobres sin rehusar dejarse ver cargada de escoba, de vidrios, mantas y otras cosas necesarias, para los enfermos. Encontrábanla sus deudos, que humanamente disgustados la volvían el rostro, mirándola como a quien les parecía era lunar feo de su nobleza y sólo se contentaban con juzgarla por loca. A la opinión de los demás se hacía también Doña Juana de Guzmán, su madre, poniendo los medios que se le ofrecían a su caridad para reducirla a su casa, donde la curase su locura, mas nada bastaba a entibiar la llama de su amor y de la caridad encendida que se había apoderado de su corazón, y se juzgaba dichosa de que se ofreciesen muchos de estos lances para parecer algo por su amado Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La continua tarea de estas molestas ocupaciones, sus vigilias y ayunos continuos tuvieron tanta fuerza que ocasionaron en la sierva de Dios una enfermedad tan recia que ya los médicos perdieron la esperanza de su mejoría, y así solo la recetaron se le diesen los santos sacramentos y, habiéndolos recibido con mucho consuelo de su alma, quedó difunta al juicio de los circunstantes, sin señal alguna de vida y con todas las demostraciones de difunta, y, divulgándose que era muerta María la Pobre (que este era ya en estos tiempos su nombre), fue en toda la ciudad común la tristeza y el desconsuelo. En particular llegando a su madre esta noticia, ya no disgustada sino afligida de oír decir que ya habían sacado el cuerpo de su hija de su celdilla a la capilla de Gaitán [fol. 11v] que era la del hospital, y que se trataba de darla sepultura, salió apresurada de sus casas, y viendo a su hija muerta, llevada del afecto de madre, se hincó de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora pidiéndola con fervorosas lágrimas restituyese la vida a su hija, pues era fácil a su intercesión; y, tomando a la imagen el santo niño Jesús que tenía en los brazos, la dijo: si no me dais la hija que os ruego, yo no he de volver a vuestro hijo, a cuya devota sinceridad y tiernas lágrimas inclinada la madre de clemencia restituyó a la vida a la difunta. Abrió los ojos, meneó los miembros y reconociose viva con universal gozo de los que se hallaron presentes, en especial de su madre, y con orden de los médicos, que declaraban convenía así para su convalescencia, sacando a la sierva de Dios con grave sentimiento suyo del hospital, la llevó a su casa con el gozo de quien consideraba que la recibía de nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convalesció Doña María, siendo su salud tan milagrosa como la cura de su enfermedad y, conociendo que la segunda vida se le debía únicamente a Dios, determinó que Su Majestad fuese único empleo. Quisiera volverse con sus pobres, mas no se lo permitían los médicos ni su confesor. Dábase continuamente a la contemplación a título de faltarle las otras ocupaciones, resolvió a ir en peregrinación a visitar aquellos Santos Lugares en que obró nuestro rescate. Contradecíanla los suyos esta determinación piadosa, mas ya estaba enseñada a no hacer aprecio de sus contradicciones. Y así, a pie, descalza, y sin humano abrigo estaba ya para comenzar su jornada con su compañera, y, poniéndose en oración, pidiendo al Señor que fuese su guía, salió de ella mudados los intentos y cedió su voluntad a la divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuando su oración aquellos días, pedía con mucho fervor a Dios la diese a entender cómo le sería más agradable y entendió con luz superior que Su Majestad se daría por servido que fundase un convento de religiosas, donde muchas almas consagradas a perfecta religión serían a Dios de especial culto y de agradable servicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diose por entendida a la divina voluntad [fol. 12r] y viniendo a este tiempo a Toledo los Señores Reyes Católicos, gustosos del empeño de Doña María, la dieron para fundación del convento las casas en que hoy está fundado, en cuya recompensa, a devoción de la reina, se puso el convento a la advocación de Santa Isabel de Hungría. Y tomando los Reyes Católicos el convento a su protección, se comenzó a llamar de Santa Isabel de los Reyes. Dio Doña María para esta fundación toda su hacienda, resignando a este fin en los Reyes más de siete cuentos. Asistieron sus Majestades a la renunciación que hizo la sierva de Dios Doña María de todo lo temporal, y así, entrada en el convento con algunas de sus criadas. Y esto fue el año del Señor del 1477, siendo Vicario Provincial de Castilla el M. R. Padre Fr. Juan de Tolosa, que fue confesor de la Reina Católica. Las casas que dieron a Doña María los Reyes, habían sido de los Señores de Casarrubios y estaban en la parroquia que dicen de San Antolín la cual, a instancia de sus Majestades, el Santísimo Inocencio VIII la incorporó al convento en 3 de octubre del año 1488, cometiendo el negocio el gran Cardenal de España, Arzobispo de Toledo y los beneficios y demás cosas de la parroquia se trasladaron a la iglesia muzárabe de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo estuvo la Venerable Madre Doña María con el oficio de abadesa y prelada de su nuevo convento, guardándose en él la Tercera Regla de nuestro Padre San Francisco, hasta que deseosa la venerable señora de estrecharse a Dios con más fuertes lazos, habiéndolo comunicado con aquel gran Príncipe de la Iglesia Don Fray Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, tomó para sí y su convento la clausura y Regla de la gloriosa Santa Clara. Habiendo sido el Cardenal quien solicitó su petición y se la propuso al Santísimo Inocencio VIII, que la despachó benignamente por medio del Cardenal Julio, Obispo de Ostia, y la intimó en Toledo aquel gran varón el Doctor Francisco Álvarez de Toledo, Maestre escuela de la Santa Iglesia y la data de la última es año de 1481, en 18 de noviembre, ''Pontificatus Innocentii anno'' 1º. Profesó la venerable abadesa los cuatro votos de la [fol. 12v] Regla de Santa Clara, en cuya observancia fue puntualísima y sin defecto alguno toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue devotísima de la sagrada comunión, disponiéndose cada día con más estudio de virtudes al paso que la frecuentaba más. Los días de comunión, con ser tantos, no comía bocado hasta la noche, y entonces hacía su comida de unas pocas almendras. Mandola un prelado que moderase estos ayunos y que siempre tomase algo de lo que la ponían como a las demás en la mesa, y solía cumplir este mandato, tomando una almendra o una pasa. Las demás penitencias suyas eran admirables. Hizo tejer una túnica de cerdas y lana de cabras, y de esta usaba cogiéndola desde el cuello a los pies y la traía apretadísima al cuerpo. Tomaba disciplinas con instrumentos de hierro en que derramaba mucha sangre y andaba llena de llagas. Era muy caritativa para con las enfermas y la primera en los oficios más humildes. Tenía todas las noches dos horas de oración antes de maitines, asistía a ellos, y después hasta la mañana no salía del coro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallábase la pobre de Cristo interiormente tan asistida de consuelos y quisiera ayudar a su esposo a sentir sus dolores. Pidioselo con sumisión e hízola ese favor enviándola una prolija y penosa enfermedad que, por espacio de un año, la atormentó con exceso sin que la calidad de este achaque llegase a noticia de la humana medicina. Decía, significando lo que padecía, que los huesos y nervios la parecía desencajarse todos de sus lugares sin poderse menear, si no por mano ajena. No se le oyó en este tiempo la menor queja, y si alguna vez al ruego de sus hijas decía algo de sus males, luego las pedía perdonasen el mal ejemplo de su impaciencia. No le estorbaban estos dolores el trato interior con Dios, llenándole de suavidades y, aunque el cuerpo padecía, el alma gozaba. Ya se llegaba el tiempo en que la sierva de Dios pasase a la posesión de la corona, que ganó en tanto años de vida de perfección. Agravándosele cada día sus desmedidos dolores y reconociendo que eran las aldabadas con que la llamaba el esposo a entrar a las eternas bodas, por no morir fuera de la comunidad pidió la llevasen al dormitorio. Y, habiéndole dado una ardiente calentura, recibió todos [fol. 13r] los sacramentos. Estuvo dos horas recogida en sí, sin admitir alguna comunión humana. Volviose a sus hijas y exhortolas con grande espíritu a la unión fraternal y observancia de su profesión. Hiciéronla algunas preguntas y de sus respuestas se conocieron los amores que Cristo Señor Nuestro y su Santísima Madre la hicieron, visitándola y asistiéndola en aquella hora; y despidiéndose de sus hijas y diciéndolas “quedad en paz”, cerrando los ojos como para tomar el sueño, sin más movimiento dio su bendita alma a su esposo y señor, un lunes al amanecer en que se cumplía un año de su enfermedad. De edad de 70 años y 30 de religión, a tres de julio de 1505. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llenose la estancia de celestial olor y su cuerpo quedó con admirable claridad y hermosura. Llenose de lágrimas el convento, de tristeza la ciudad y la comarca, y todos acudían al convento aclamándola por santa. Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro. La muerte se ocasionó últimamente de landre, a cuya causa echaron sobre el cuerpo y rostro cal viva, mas pasados dos meses, reconocidas de este yerro las religiosas, con licencia que pidieron para ello el día de San Mateo de aquel año sacaron del coro el cuerpo, hallándole tan entero y tratable como cuando estaba vivo. Sólo el rostro tenía de color más moreno, ocasionado de la cal que la habían echado. Volviéronle a la bóveda hasta el día de la traslación de San Luis y le colocaron en una concavidad sobre la puerta del coro; y en el año de 1574, siendo Provincial de Castilla el R. P. fr. Juan de Alagón, se puso en el hueco del altar que hay en el coro entre las dos rejas, con la misma incorrupción y flexibilidad de miembros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora en que dio su alma a su criador la Venerable Madre María la Pobre, estaba en oración un devoto religioso vicario del convento de la Madre de Dios de nuestro Padre Santo Domingo de la misma ciudad de Toledo, el cual vio en espíritu una festiva procesión de ángeles y santos, y en medio, entre las gloriosas Santa Clara y Santa Isabel, a la dichosa pobre adornada de celestiales atavíos, y le fue significado quién era y cómo aquellos ata- [fol.13v] víos se le habían dado en premio del desprecio del mundo, y toda aquella gloria por sus singulares virtudes, por las cuales era llevada a la gloria de la eternidad con tan solemne pompa, y que aquel día había sido uno de los más célebres que se habían gozado en la celestial Jerusalén. Y en esta conformidad lo contó el devoto Padre a las religiosas del convento de Santa Isabel, afirmándolo y certificándolo para gloria de su abadesa y para su edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha obrado, por la intercesión de esta sierva de Dios, Su Majestad muchos milagros, dando salud a diversos enfermos encomendándose a sus méritos, y así mismo por medio de sus reliquias volvió a la vida un niño y una mujer, que estaban dejados por muertos, y cada día se experimentan, a la invocación de esta sierva de Dios, repetidas maravillas. Escribió su vida con su acostumbrado y primoroso estilo el doctor don Tomás Tamayo de Vargas, cronista de estos reinos y la sacó a la luz dedicada a la majestad católica del Rey Don Felipe tercero, año de 1616 ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El autor se refiere aquí al año de la muerte de Juana Rodríguez, dato que podría haber recogido (“se hace mención”) de la Crónica de Marcos de Lisboa (1570). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la vida de Tamayo de Vargas, también publicada en el Catálogo:  Tamayo de Vargas, Tomás, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y despues Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v-277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo'' que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La alusión a María de Toledo se integra en el apartado correspondiente al monasterio Real de Santa Isabel. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1605)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María de Toledo, que se quiso nombrar sor María la pobre, monja y abadesa del hábito y Orden de Santa Clara de la observancia, en el monesterio de santa Isabel de los Reyes, que ella fundó en esta ciudad en unas casas grandes que los Reyes Católicos le dieron para este efecto, junto a la iglesia parroquial de San Antolín en esta ciudad; falleció a tres de julio de mil y quinientos y siete. Clareció en milagros; su [fol. 277r] cuerpo está enterrado y se muestra entero en el coro de las monjas deste monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1612)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El monasterio Real de Santa Isabel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [fol. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [fol. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [fol. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: noviembre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Isabel de los Reyes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 106v col. b] El devoto monesterio de Santa Isabel de los Reyes de esta ciudad de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santa Clara, fue en su principio fundado por doña María de Toledo, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, señores de Pinto. La cual, siendo desde sus tiernos años empleada en servicio de Nuestro Señor con grande y maravilloso hervor de devoción y queriendo al fin de sus días perficionar este amor y gran desseo del servicio de Dios, fundó este católico ''[1]'' monesterio en el año del Señor de 1477 años, siendo ella de edad de 40 años, en el cual vivió santamente treinta años, haziendo Nuestro Señor por ella muchos miraglos, assí en vida como en muerte. Siendo, pues, esta señora de edad de 39 años, hubo una grande enfer- [fol. 107r. col. a] dad en la cual fue divinalmente amonestada que fundasse un monesterio adonde mejor pudiesse salvar su ánima y la de otras. Lo cual de tal manera inprimió en su coraçón que nunca de él se apartó, y, como Dios nuestro Señor había de ser tan servido de ello, ordenó cómo este su santo desseo hubiesse efecto y casi ''[2]'' acaeció que, viniendo por estos días a esta ciudad los Reyes Católicos y sabiendo el santo propósito de esta doña María, quisieron como católicos favorecer y ayudar su buen desseo. Para ayuda del cual le hizieron merced de aquellas casas, adonde hizieron el monesterio de Santa Isabel, que eran suyas de ellos. Y por esto, en memoria de esta Católica Reina, tomó tal nombre. Recebida esta donación, esta religiosa mujer començó a entender con gran diligencia en la obra de esta santa casa, a lo cual le ayudó con gran cantidad de dineros doña Juana de Toledo, su hermana. Y siendo acabado este monesterio, la dicha doña María de Toledo se encerró en él con otras dos religiosas de honesta vida en el año susodicho y, aun de más de estas dos religiosas, recibió después otras algunas por amor de nuestro Señor y por la bondad que en ellas conocía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el cuerpo de esta santa mujer está en el coro de las religiosas tan sano y entero como cuando allí se metió. Y, habiéndoles dado los Reyes Católicos a estas santas vírgines esta dicha casa, les dieron también por autoridad apostólica y arçobispal la iglesia de S. Antolín, que era parroquial y les venía muy a propósito para su iglesia y la perroquia ''[3]'' que en ella estaba se passó a la iglesia de S. [fol. 107r col. b] Marcos, que era muçárabe, adonde agora está, y esto fue casi tres años después que en esta casa entraron. Está sepultada en el coro de estas religiosas la reina princesa doña Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos, que fue primero casada con el príncipe don Alonso de Portugal, que murió en Santarén de caída de un caballo, y después con el rey don Manuel de Portugal, que por muerte del dicho príncipe heredó aquel reino. La cual, aunque murió en Çaragoça, se mandó traer a esta santa casa y que la sepultassen en el coro en una sepultura llana y humilde entre las religiosas. Y, entonces, sacaron de él a doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada (desde antes que estas religiosas tomassen la possesión de esta iglesia), y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero por do parece que esta señora fue mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla, y agüela de la reina doña Juana de Aragón, madre del Católico Rey don Fernando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Aparece escrito “cathoiico”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Posible errata por “así”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se respeta la oscilación vocálica al escribir esta palabra y sus derivaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: julio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. ''Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco (…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''. Salamanca: En casa de Alexandro de Cánova, fols. 210r-212r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera y la segunda partes de esta crónica se editaron en portugués por primera vez en 1557 y 1559 respectivamente. Sin embargo, esta tercera parte fue publicada en Salamanca en 1570 directamente en castellano. Es posible que primero fuera redactada por Marcos de Lisboa en portugués y que se tradujera para esta edición, pero la publicación lusa fue posterior y no existe rastro del original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. Se ha mantenido el uso de “cúya” en función de pronombre interrogativo: “sin saber cúya era”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, sólo se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. En cambio, la i como fonema /j/ se ha modernizado para facilitar su comprensión. &lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c). En el caso de “f.”, se ha optado por “f''ray''” en vez de “f''rater''” por el uso que hace el texto de la misma palabra. El uso de la cursiva se ha conservado, ya sea en los latinismos, las citas o en los títulos de obras. Además, las citas, originalmente también en cursivas, se reproducen entre comillas. Finalmente, los números en romano han sido conservados, pero se han eliminado los puntos que los circunscriben.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol.210r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Vida de la bienaventurada soror María la pobre, fundadora, del monasterio de Sancta Isabel de Toledo de la Orden de Sancta Clara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la ciudad de Toledo resplandesció maravillosos rayos de virtud y sanctidad la muy illustre y bienaventurada doña María de Toledo, que soror María la pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, y fue fundadora y primera abbadessa del monasterio de Sancta Isabel en la dicha ciudad de la Orden de Sancta Clara. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy santa vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría ''[2]'', de la Tercera Orden del padre Sant Francisco, por tanto con mucha razón puso su nombre y título al monasterio que edificó. Era la sierva de Dios de la muy illustre sangre de los Duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Nuestro Señor. Desde sus tiernos años ansí començó a ser ferviente en el amor de la castidad que tuvo firme propósito cuanto le fuesse possible de nunca casar. Su coraçón assí era lleno de compassión y piedad de los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y les acudir a sus necessidades, y algunas veces quitando su proprio menester. Huía de las vanas occupaciones y regocijos de las otras doncellas, y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía missa, y allí se occupaba en devotas oraciones. Siendo casada por obediencia de su padre, constreñida con un caballero de Andalucía Señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, suffriendo muy grandes trabajos. Y no habiendo hijos, habiendo liçencia de su marido se devolvió a Toledo a casa de su madre, adonde poco tiempo después de venida tuvo nuevas que se marido era muerto. Viéndose, pues, la sierva de Dios en la libertad que su espíritu siempre había desseado, para toda se dar al servicio de Nuestro Señor, luego dexó los trajes seglares, y se vistió del hábito del padre Sant Francisco muy grossero y vil con túnica de paño baxo, y movió a todas sus criadas a vestirse del mesmo hábito. Menospreciado desta manera el mundo, començó con mucho hervor a exercitarse en las obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y derecho camino de subir a la alteza de la divina charidad. Como otra sancta Isabel, visitaba los hospitales, era presente a los entierros de los pobres, visitaba los pobres en las cárceles, procuraba saber de las personas pobres envergonçadas, y doncellas huérfanas, y como madre proveía las tales personas en sus necessidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con mucha diligencia y hervor de charidad, y con entrañas de gran piedad muchas veces les lavaba las llagas, y con ferviente charidad las besaba, gastando en esto muchas veces las tocas de su cabeça, otras veces las daba a pobres, y también sus vestidos, volviendo sin ellos para su casa. [Fol. 210v] Después de la muerte de su marido, siempre anduvo descalça hasta su muerte, por mayores fríos y nieves que hubiesse. Levantábase todos los días a los maitines de la Iglesia mayor con su compañera Juana Rodríguez, que hallaba siempre muy prompta y ferviente para semejantes obras, y estaba al officio de los maitines con grande silencio en oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías, para que más libre y continuamente se pudiesse occupar a la oración. Tuvo siempre por su confessor a fray Pedro Pérez frayle menor de la observancia ''[3]'', varón docto, y muy espiritual por cuya doctrina la sierva de nuestro Señor se regía y aprovechaba en los exercicios espirituales. Traía siempre muy áspero cilicio vestido, y con muy duras disciplinas affligía su cuerpo, para que castigado fuesse más subjecto al espíritu. Con gran reverencia y devoción, se aparejaba para recebir el Sanctíssimo Sacramento, y recebíalo cada tres días, o a los ocho días cuando más tarde, y en el día del recibimiento del Señor, no comía más que pan y agua. Por estos sanctos exercicios y trabajos con que buscaba a su amado Señor Jesu Christo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada, y algunas veces con divinas revelaciones alumbrada, y le eran reveladas cosas por venir, las cuales por mandado de su confessor descubría, por ser provechosas a las almas. Fuele revelado que el Reino de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos, y también la reformación que se había de hacer en los frayles conventuales en sus conventos. Y siéndole revelado los grandes peccados que los christianos convertidos de los judíos y moros cometían contra la fe, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiesse el officio de la Sancta Inquisición en España, y otras muchas cosas para honra y servicio de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IIII. De otras sanctas obras y exercicios desta sierva de nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Crescían en la sierva de Nuestro Señor con las grandes y nuevas mercedes divinas sus muy grandes desseos y hervores de servir a Nuestro Señor en sus pequeñitos siervos y necessitados, y siempre le parescía tener hecho nonada en el servicio de tan grande Señor a quien tanto debía. Por tanto, con mucho hervor se occupó en el servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche servía a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiesse faltar su servicio, tomó una casita y aposento dentro en el hospital, donde, acabados los servicios de los enfermos, de noche muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los maitines. Y tomando algún poco sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo mesma en este tiempo increíbles mortificaciones y asperezas. Por su exemplo incitados los nobles de Toledo, ordenaron cofradía, en la cual por su orden cada uno sirviesse su semana dentro en el hospital, como hoy día se hace. Después que la ferviente sierva de Christo dio sus rentas y cuanta hacienda tenía el dicho hospital, començó con su compañera a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y las que pedía llevábalas ella mesma y muchas veces iba bien cargada y administrábalas a los enfermos. Y porque no dormía el enemigo de nuestra salvación, en este tiempo levantó contra la sierva muy grandes persecuciones de sus proprios parientes y deudos, y de su madre que le era muy contraria por verla en obras tan viles occupada, affrentándose y habiendo su santa vida por deshonrra. Mas la ferventíssima sierva de Nuestro Señor, con mucha paciencia y alegría de su alma, recebía todas las persecuciones e inju- [fol. 211r] rias que se le hacían. Después destos trabajos le añadió Nuestro Señor otros, que cayó en muy grave enfermedad, y su madre la llevó para su casa, donde llegó a recebir todos los sacramentos, y aparejarse con mucho fervor para ir a ver a y gozar de aquel altíssimo Señor a quien su alma tanto amaba. Mas Nuestro Señor, como buen amigo, quiso dar más coronas de merescimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos desseos de toda se entregar a su amor y servicio. Y supplicando ella y su devota compañera con fervientes oraciones a Nuestro Señor les enseñasse en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado que era su voluntad edificassen un monasterio de monjas adonde sus almas y de otras muchas se salvassen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV. Cómo el monasterio de Sancta Isabel fue edificado por esta sierva de Christo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Por la divina providencia, que no puede faltar a los sanctos desseos de los siervos de Dios, en este tiempo vinieron a Toledo los Reyes Cathólicos, y como tuviessen mucha devoción a la sierva de Christo, y conosciessen el sancto desseo que tenía, le dieron para este effecto unas casas muy grandes en Toledo, donde se edificó el monasterio de la Orden de Sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. En la edificación deste monasterio, doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Christo, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. Acabado pues el monasterio, la sierva y esposa de Christo María pobre, tomó el hábito y Regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abbadessa del dicho convento. En este estado de más perfectión, levantada la esposa de Christo como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dexando el mundo, el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos exercicios de su amado, y con su coraçón oye y conversa a su Esposo Jesu Christo, assí cresció en perfectión y sanctidad de vida, que a todos puso en grande admiración. Y fue visto de todos y conoscido que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representasse al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había professado. ''[6]'' La orden de la vida desta esposa de Christo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla, o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines nunca dormía más, hasta la prima siempre estaba en oración, y desta conversación divina se mostraba siempre en su cara, y resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comió carne ni gustó jamás vino, mas continuamente ayunaba, y sobre esto tres días en la semana no comía sino pan y agua, y algunas veces, la Cuaresma de San Miguel Archángel toda la ayunaba a pan y agua, la cual es cuarenta días que se acaban en la fiesta de San Miguel de Septiembre, y siempre comía de los pedaços de pan que quedaban de las otras monjas. Comulgaba muchos días, con mucho hervor de espíritu, en los cuales días no comía más que unas pocas de passas, o cosa semejante muy tarde. En su conversación era muy benigna a todas las monjas, y si por necessidad reprehendía a alguna, no se recogía a la noche, sin la dexar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta charidad servía a las enfermas que con su presencia y charidad muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad, tanto más se augmentaba y crescía el espíritu de la sierva de Christo en más fuerças y mortificaciones de la carne. Porque después de muchos años acrescentó al áspero cilicio ''[7]'', una túnica muy cruel texida de cerdas de puerco, y pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su [fol. 211v] amado esposo Jesu Christo, con muy suaves y divinas consolaciones, y veíanse muchas veces en ella señales de estas visitaciones. Una vez, día de la transfiguración de Nuestro Señor, la vio una monja con cara tan resplandesciente como el sol, y el día siguiente, preguntando a la esposa de Christo, con mucha importunación, qué visitación del Señor había recebido aquella fiesta, con mucha humildad le descubrió que Nuestro Señor le revelara la gloria de su transfiguración, como si ella presente fuera en el monte Tabor, cuando el Señor delante de sus apóstoles se transfiguró. Otra vez un viernes de la Cuaresma, ayuntándose todas las monjas para la disciplina acostumbrada, fue vista la esposa de Christo de una monja, que tenía la cara tan resplandesciente y salían de su rostro rayos tan claros y derechos a los ojos de aquella monja que la veía que quedó espantada y casi perdió el sentido. Y preguntada después de la merced que había recebido de Nuestro Señor, y con ruegos constreñida, dixo que el Señor le comunicara entonces aquella immensa charidad suya con que se dexó atar y açotar a la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI. De la muerte de la bienaventurada sierva de Christo María pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Llegándose pues ya la esposa de Christo al fin del presente destierro, començó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades porque, como de antes no había querido tener contentamiento sino en la cruz y passión de Nuestro Señor Jesu Christo ''[9]'', assí siempre le pedía le quisiesse communicar los dolores de su sanctíssima Passión ''[10]''. Cuyos devotos y fervientes desseos oyó el amantíssimo Señor, y concedió a su amada esposa que participasse de sus dolores porque también meresciesse participar mucho de su gloria. Tan grandes y terribles dolores sintió que parescía en todos los momentos serle sacado los huessos y las entrañas, y destos dolores mortales fue un año todo atormentada continuamente, sin nunca en ella ser vista señal ni palabra de impaciencia o turbación. Mas llena de muy suave alegría del espíritu, continuamente alababa a nuestro Señor y, como olvidada de sí mesma y de sus dolores, hacíase llevar a visitar las otras enfermas, y assí las consolaba y confortaba que parescía vivir más la esposa de Christo en regalos que en tormentos. En el cabo del año cresciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís a la cabeça y, aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, y ansí decía: “''In pace in idipsum dormiam et requiescam. In manus tuas domine commendo spiritum meum. Vias tuas domine demonstra mihi. Hac requies mea in seculum seculi''”. Y passados tres días tornó en sí, y pidió y recibió con mucha devoción todos los sacramentos y después de esto vivió dos días, confrotando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y de su sanctíssima madre, y de Sant Juan Baptista, y de la corte celestial. Finalmente fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Christo una voz que la llamaba ''[11]'', y las monjas, con muchas lágrimas demandando la bendición a su sancta madre, y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sentiendo la voz del esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con vos, Señor mío, dormiré, yo descansaré para siempre”. Y luego, con alta voz se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente passó su sancta alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta de Sant Pedro y Sant Pablo, teniendo setenta años de su edad, y treinta de religión. Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de [fol. 212r] admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo ''[12]'', y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor. Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Christo passó al Señor, estaba en oración un padre de Sancto Domingo, confessor de las monjas de la Madre de Dios, de la mesma Orden de Sancto Domingo en Toledo, y llamábase fray Jordán, el cual vio una muy larga processión ''[13]'', y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra hoy día entero y tratable y blando, ni cessa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros, en diversas enfermedades por los merescimientos de su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Un clérigo tollido de ambos pies encomendose devotamente a nuestros Señor por los merescimientos de su santa sierva, y luego alcançó salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer sanó de la mesma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas casadas estériles alcançaron de nuestro Señor tener hijos, encomendándose a esta su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer ciega cobró la vista, y otras muchas alcançaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesu Christo, María pobre en las tierras, mas bienaventurada en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Memoriales de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Fray Pedro Pérez, varón spiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] Memoriales. Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] Cómo ordenó su vida en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] Petición de los amigos de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] Fue llamada de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] Señales de la gloria de la sierva de Christo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] Visión du su gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] Milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: mayo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 60v col. a – 61v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato conforma el apartado 204 (“Vida de soror María la Pobre, monja de Sancta Clara”) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas impreso en 1588.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ff/f, ll/l, ss/s y, además, se ha suplido “ph” con “f”, “ps” con “s”. Sin embargo, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta), -pt- (Baptista) y -bj- (subjeto), y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 60v col.a - 61v col. b] ''[1]'' Hablando el real profeta David, en diversas partes de sus Salmos, en persona del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se llama pobre, y fuelo tanto que quiso un día reclinar su cabeza su Majestad, teniéndola herida y lastimada, y no tuvo sino un duro madero. Y antes lo había Él mismo dicho: “Las zorras del campo tienen cuevas y las aves del aire nidos, y el Hijo del hombre no tiene en que recline su cabeza”. Considerando esto, una bienaventurada mujer señora de grande linaje y muy rica se hizo pobre por imitar a Cristo. Y fuelo tanto que tomó por apellido el nombre de Pobre, como parecerá en su vida colegida ''[2]'' de memoriales antiguos del monasterio de Sancta Isabel de Toledo que ella fundó y de las crónicas de Sant Francisco, y es en esta manera: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María de Toledo, que soror María la Pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, fue de la muy ilustre sangre de los duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero ''[3]'' Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Dios. Siendo de pequeña edad, mostrábase muy recogida y honesta. Su corazón se enternecía tanto con los pobres que de ninguna cosa mayor consuelo tenía que en les hacer limosnas y remediar sus necesidades. Hiciéronla fuerza sus padres que casase, y casó con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, y vivió con él siete años sufriendo grandes trabajos pacientemente. Y no teniendo hijos y alcanzando licencia de su marido, se volvió a Toledo, a casa de su madre, donde tuvo nuevas, poco después de su venida, que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose libre para darse toda al servicio de Nuestro Señor, dejó los trajes seglares y vistiose el hábito de Sant Francisco, muy grosero y vil con túnica de paño bajo, y persuadió a sus criadas se vistiesen de la misma manera. Y como otra sancta Isabel hija del rey de Hungría, a quien imitó mucho esta sierva de Dios, comenzó a ejercitarse en obras de misericordia. Iba a los hospitales, hallábase a los entierros de pobres, visitaba los encarcelados, procuraba saber de las personas envergonzantes y doncellas huérfanas y remediaba todo lo que podía. Servía a los enfermos con mucha diligencia y fervor de caridad: lavábales las llagas y besábaselas gastando las tocas de su cabeza en esto y, a las veces, les daba sus proprios vestidos, volviendo a su casa [fol. 60v col. b] sin ellos. Desde que supo la muerte de su marido, anduvo descalza hasta que ella murió, por mayores fríos y nieves que hubiese. Levantábase de noche y, con otra señora viuda que la acompañaba, iba a maitines a la iglesia mayor, y oíalos con mucha devoción y atención. Tuvo por su confesor a fray Pedro Pérez, fraile menor de la observancia, varón docto y muy espiritual, y por su doctrina se regía la sierva de Dios en sus ejercicios espirituales. Traía siempre un áspero cilicio, y con duras disciplinas afligía su cuerpo para que estuviese más subjeto al espíritu. Era grande la reverencia y devoción con que se aparejaba para recebir el Sanctísimo Sacramento, y recibíale a tercero día o a los ocho [días] cuando más tarde. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su Amado Jesucristo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada y descubríale algunas cosas que estaban por venir, las cuales, por parecer de su confesor, declaraba, siendo provechosas a las almas. Y, entre otras, siéndole revelados algunos pecados gravísimos que muchos cristianos convertidos de judíos y moros cometían contra la fe, descrubriolo a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y fue gran parte para que los Reyes, con celo sancto de la honra de Dios, para remedio desto introdujesen el Sancto Oficio de la Inquisición, como le introdujeron en España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían cada día más los fervorosos deseos del servicio de Dios en su sierva y, para ponerlos en obra, ocupose un tiempo en servir a los enfermos de un ilustre hospital, que está en Toledo, llamado de la Misericordia. Tomó allí aposento para mejor de día y de noche servirlos, como lo hacía, con humildad y caridad grande. Ya tarde, se encerraba en aquel recogimiento y estaba en oración hasta los maitines y, tomando algún poco de sueño, luego volvía a servir y curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo misma, en este tiempo, increíbles mortificaciones y asperezas. Y, por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradría en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como hoy día se hace. Había dado la sierva de Dios su hacienda al mismo hospital y, visto que ni esto ni los proprios que él tenía bastaban para los enfermos que venían a él a ser curados, salió con la otra su amiga, la cual se llamaba Juana Rodríguez, a pedir limosna por la ciudad de puerta en puerta, y volvía bien cargada a sus enfermos. De aquí se le levantó ''[4]'' grande persecución de sus parientes y de su propria madre, [fol. 61r  col. a] que le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la sierva de Dios recebía con mucha paciencia y alegría de su alma todas las persecuciones y injurias que se le hacían, añadiéndosele a estos trabajos otro [trabajo], que cayó en una grave enfermedad, y su madre la llevó a su casa, donde recibió los sacramentos y se aparejó para la partida. Mas Nuestro Señor quiso dar más coronas de merecimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos deseos de se entregar toda en su amor y servicio. Y suplicando ella y su devota amiga con fervientes oraciones les enseñase en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado ser su voluntad que edificasen un monasterio de monjas donde sus almas y de otras muchas se salvasen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo, viniendo a Toledo los Reyes Católicos, como tuviesen mucha devoción a la sierva de Cristo y conociesen el sancto deseo que tenía, diéronle para este efecto unas casas grandes que estaban junto con la iglesia parroquial Sant Antolín, en la misma ciudad. Y allí se edificó el monasterio del Orden de Sancta Clara de la Observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. Y en la edificación desta casa gastó mucha cantidad de dineros doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Dios, también mujer de muy sancta vida. Acabado, pues, el monasterio, la sierva y esposa de Cristo, María la Pobre, tomó el hábito y regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abadesa del dicho convento. Y en este estado de más perfección levantada, como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dejando el mundo, [5] el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos ejercicios de su Amado, y con su corazón oye y conversa a su Esposo Jesucristo, así creció en perfección y sanctidad de vida que a todos puso admiración. Y fue entendido de muchos que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representase al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orden de vida desta esposa de Cristo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla o algunos sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines dichos a la medianoche, no dormía, sino perseveraba en oración hasta la prima. Y esta conversación divina se parecía ''[6]'' en su rostro, en el cual resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comía carne ni gustaba jamás vino, ayunaba continuamente, y tres días en la semana a pan y agua, y lo mismo la Cuaresma. Y siempre comía los pedazos de pan que dejaban las otras monjas. Comulgaba muy a menudo y, en tal día, no comía sino ya tar- [fol. 61r col. b] de unas pocas de pasas o cosas semejantes. En su conversación era afable, mostrando apacible rostro a todas las monjas y si, por necesidad, reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin la dejar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta caridad servía a las enfermas que, con su presencia y amorosas palabras, muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad tanto más se augmentaba y crecía el espíritu de la sierva de Dios porque, después de muchos años, acrecentó al áspero cilicio una túnica muy cruel tejida de cerdas de jabalí y de pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegándose a la sierva de Dios el fin de su destierro, comenzó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades. Un año padeció terribles dolores que parecía, en todos los momentos, serle sacados sus huesos y las entrañas sin nunca ser vista en ella señal de impaciencia o turbación, mas llena de muy suave alegría en su espíritu alababa a Nuestro Señor. Y como olvidada de sus dolores, se hacía llevar a visitar las otras enfermas, y así las consolaba y confortaba que parecía vivir más la esposa de Cristo en regalos que tormentos. A cabo del año creciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís ''[7]'' a la cabeza. Y aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, puesto que las decía en latín, que ella no entendía, como eran estas: “''Iin pace in idipsum dormiam et ''[8]'' requiescam: In manus tuas domine commendo spiritum meum: Vias tuas domine demonstra mihi: Hac requies mea in seculum seculi''”. Pasados tres días tornó en sí, pidió y recibió con singular devoción todos los sacramentos. Y después desto, vivió dos días confortando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y devoción de su Sanctísima Madre y de Sant Juan Baptista y toda la corte celestial. A este tiempo fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Dios una voz que la llamaba, y con muchas lágrimas pidieron la bendición a su bendicta madre. Y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sintiendo la voz del Esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con Vos, Señor mío, descansaré para siempre”. Y luego con voz alta se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente pasó su bendita alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta ''[9]'' [fol. 61v col a] de Sant Pedro y Sant Pablo, en tres días de julio, teniendo setenta años de edad y treinta de religión. Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo desta ilustre religiosa se muestra entero, tratable y blando en el coro de las monjas de su monasterio de Sancta Isabel. Las cuales tienen algunos testimonios de [fol. 61v col. b] milagros que obró Dios por los merecimientos desta su sierva, como de un clérigo tollido de ambos pies que fue sano, y del mismo mal fue sanada una mujer tocando su túnica. Y otra cobró vista. Y muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos encomendándose a su sierva María la Pobre. Estos milagros, con la vida desta sancta, se refieren en la tercera parte de las crónicas de Sant Francisco, libro octavo, capítulo ''[10]'' trece y catorce. Y en la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro 2, capítulo 15, se escribe su vida. ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo (fuera de la caja de escritura) podemos leer: “En. 3. de Iulio. Ef. 24.  39.  69.  85. &amp;amp; I08. Matth. 8.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen: “Authores.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se conserva “Pero” aunque, posteriormente, en el texto aparece la modernización del nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el texto: “levento”. Subsanamos la errata y acentuamos según los criterios de edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el texto “a alma”. Se corrige la incoherencia sintáctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se “aparecía” o “reflejaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Actualmente, “frenesí”: CORDE. http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll [Consulta 5 de mayo de 2020].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha suplido el signo tironiano por la conjunción copulativa “et” pero se ha conservado la puntuación. &lt;br /&gt;
“En paz me dormiré y descansaré. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, muéstrame tus caminos. Este es mi reposo por los siglos de los siglos.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1507.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto “capit.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el catálogo, Verónica Torres ha editado la biografía que aparece en la obra de Pedro de Alcocer. Ver ''Vida Impresa'' (1)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: mayo de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XXII, fols. 85v-86r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. b] '''De la Santa Doña María de Toledo, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También pone el mesmo maestro Villegas en la mesma tercera parte a esta santa doña María de Toledo. Fue de la ilustre casa de los duques de Alba y de los condes de Oropesa. Dejando las pompas y vanidades deste mundo y sus renombres (antes por menosprecio suyo), se quiso llamar María la pobre. Después de la muerte de su marido, que fue el señor del Carpio en Andalucía, se recogió en sí, vistiéndose en su interior y exteriormente de una grande pobreza. Ocupose algún tiempo en servir a los enfermos del Hospital de Toledo, que se llama la Misericordia, con mucha humildad y bajeza de sí mesma. Después, los Reyes Católicos, para que se recogiese más perfetamente en la religión, la dieron unas casas para que allí hiciese monasterio de Santa Clara, con advocación de santa Isabel. Aquí tomó el hábito de la religión, adonde ella fue abadesa, y crio otras muchas doncellas para Cristo su esposo. En este estado de religión, dio grandes muestras de la bondad de su alma, y también las dio en ella Nuestro Señor, mostrando cuánto le agradaban sus servicios. Después de treinta años de religión, fue servido de enviarle una fiebre, con que la llevó a gozar de sí a la bienaventuranza, recebidos todos los santos Sacramentos de la Iglesia, a los tres días del mes de julio, año de mil y quinientos y siete. Luego que murió, se sintió un olor y fragancia suavísima en su celda, [fol. 86r, col. a] y una música tan suave, que excedía a todo lo que humanamente se puede entender. No faltaron revelaciones en personas de santa vida, por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. Un clérigo tullido de ambos pies, encomendándose a la santa María la pobre, alcançó entera sanidad. Una mujer tullida y otra ciega, tocando la túnica desta santa, cobraron salud. Muchas mujeres estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos, encomendándose a su sierva María la pobre. Ella ruegue a Nuestro Señor por mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: marzo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada vida de la gloriosa virgen santa clara de luis de miranda.jpg|miniatura|250px|right| Luis de Miranda, 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…'' Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…''. Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel, pp. 211-219.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto, que se encuentra incluido en la primera parte de la obra de Miranda, se ha actualizado siguiendo las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “sancta”, “abadesa”, “redemptor”, “prompta”, etc. También se ha conservado un escaso laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han actualizado de acuerdo con su uso actual ya que no tenían entonces valor fonológico. En cambio, se han conservado las agrupaciones “desto”, “desta”,  “dello” y “della”. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como en general el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v” y se han simplificado las consonantes dobles. Por último, las citas, originalmente en cursivas, se reproducen también entre comillas y se entrecomillan las palabras atribuidas a las santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[211] '''Capítulo XL. En que se refiere la vida de la bienaventurada Soror María la pobre, fundadora del Monasterio de sancta Isabel de Toledo, de la Orden de sancta Clara'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin, llegándose ya el tiempo y la hora en que la majestad del altísimo Dios tenía determinado de sacar a su sierva del destierro desta presente vida, comenzó a enfermar y a ser atormentada con graves y diversas enfermedades para que se le cumpliesen sus deseos. Y como antes no había querido tener contento sino en la cruz y en el sentimiento de los trabajos y Pasión de Christo Nuestro Redemptor, lo cual ella siempre le pedía y que le quisiese comunicar sus dolores y trabajos, cumpliola Dios en esta hora sus deseos y oyó su oración, concediendole que participase de sus dolores para que mereciese después ser también participante de su gloria. Y así fueron tan grandes y tan terribles los dolores que sintió que parecía todos los momentos que sus huesos le eran desencajados y sacados de sus quicios y las entrañas se le comían, con los cuales mortales dolores por el espacio de un año fue continuamente atormentada sin ser en ella vista señal de impaciencia ni de turbación, ni oírsele palabra que supiese de ello; antes, llena de muy suave alegría de su espíritu, continuamente alababa Nuestro Señor y, como olvidada de sí misma y de sus dolores, se hacía llevar a visitar a las otras enfermas y así las consolaba y confortaba, que más parecía ella estar en regalos que en tormentos. Acabado el año, creciole la calentura muy agudamente y subiósele el frenesí a la cabeza, y, aunque perdió el uso de la razón y del entendimiento, con todo eso ningunas palabras salían de su boca que no fuesen muy sanctas y muy buenas. Todo era decir: “''In manus tuas Domine commendo spiritum meum, redemistime Domine Deus veritatis''”. “''Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas edoce me''”. “''In pace in id ipsum dormiam et requiescam. Haec requies mea in saeculum'' [218] ''saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam''”. “En vuestras manos, Señor, encomiendo mi anima y mi espíritu, redemístisme, Señor Dios de verdad”. “Mostradme, Señor, vuestros caminos y enseñadme vuestras sendas, en vos será mi descanso para siempre”. “En vuestra ciudad sancta habitaré, pues la escogí para mi morada”. Finalmente decía aquello estando con el frenesí que había traído ordinariamente en su corazón y en su boca. Pasados tres días, tornó en sí y pidió y recibió con mucha devoción todos los divinos Sacramentos. Después de lo cual vivió dos días, confortando siempre a las monjas en el servicio de Nuestro Señor e induciéndolas a la devoción de su Madre sanctísima, del glorioso san Juan Bautista y de toda la corte celestial. Y estando así, fue oída de las monjas que estaban con ella una voz que la llamaba, y las monjas con muchas lágrimas la pedían y demandaban su bendición, y ella, rogando a Dios por sus hijas, sintiendo la voz de su divino y celestial esposo, respondió: “Con vos, Señor Dios mío, dormiré yo y descansaré en paz para siempre”. Y luego con alta voz se despidió de sus monjas, diciendo: “Hijas mías, quedaos a Dios quedaos a Dios, quedaos con la paz del Señor”. Dichas estas palabras, muy quietamente dio a Dios su sancta alma un sábado después de la fiesta de san Pedro y de san Pablo del año del Señor de mil y quinientos y siete, a los setenta años de su edad, y teniendo treinta de religión. Después de haber salido su bienaventurada alma del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que experimentaron ser cierta señal de la sanctidad de la esposa de Christo y de su divina presencia y de la compañía de la corte celestial, que había venido a recebir y llevar su sancta sierva a la gloria de su Reino. Fue desto también clara señal haberse oído una muy suave música y melodía celestial que excedía a toda música humana, la cual por tres veces fue oída de las monjas, una a la muerte de la sierva de Christo, y otra al tiempo que se celebraba la misa, y la tercera cuando su sancto cuerpo fue entregado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Dios pasó deste mundo a la gloria estaba en oración un padre de la Orden de Sancto Domingo, confesor de las monjas de la Madre de Dios y de la misma orden, en Toledo, llamado fray Jordán, varón [219] sancto de muy grande perfección, y de mucha oración, el qual vio una muy larga procesión y que al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo, muy ricamente vestida con una diadema y corona en la cabeza de muy grande resplandor, y que salían de su cara rayos como de Sol. Y vio y conoció este sancto y devoto religioso a todas aquellas sanctas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en el Reino de los Cielos. Y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó a las monjas esta revelación. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra el día de hoy entero, tratable y blando, y no cesa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros por los merecimientos de su sancta sierva Un clérigo tullido de ambos pies encomendose devotamente a Nuestra Señora por los merecimientos de su sancta sierva, luego alcanzó salud. Una mujer sanó de la misma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. Muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestra Señora el tener hijos, encomendándose a esta su sancta sierva. Una mujer ciega cobró la vista y otras muchas alcanzaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesuchristo, María la Pobre en la tierra, mas rica y bienaventurada en el cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] 3 páginas de las ''Chrónicas'', Libro 8, capítulo 13, cum. seq.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] De cómo fue edificado el convento de Sancta Isabel de los Reyes en Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Oseas, 2. [Nota del editor] “''Propter hoc ecce ego lactabo eam et ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius''”; “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas, 2:14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Salazar Crónica 1612.jpg|miniatura|250px|right|''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 359-367.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de María de Toledo (1437-1507) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIIII'''&lt;br /&gt;
'''[359] Del nacimiento y crianza de doña María de Toledo, fundadora del Monasterio de S. Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue doña María de Toledo, natural de la ciudad de Toledo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de su mujer doña Juana de Guzmán, Señores de Pinto. Era Pedro Suárez de los señores de Alva y de Valdecorneja, y de los señores de Oropesa, linaje antiquísimo en España y de gran nobleza. Eran estos señores Pedro Suárez y su mujer muy cristianos y devotos. Y ansí parece que, premiando Dios sus buenas obras y virtudes, les dio a doña María de Toledo por hija. La cual desde muy tierna edad dio muestras de la gran perfección que había de tener en el discurso de su vida. Lo primero que podemos decir de su niñez es que desde muy pequeña fue aficionada a los pobres, y usó con ellos de mucha caridad. Fue desde que tuvo uso de razón muy inclinada a guardar limpieza y pureza virginal. Y ansí había propuesto firmemente de guardarla toda su vida. Ejercitose en esta tierna edad en hacer todas las limosnas que podía a los pobres, y todo lo que le daban para almorzar [360] y merendar, lo daba por amor de Dios. Las vanidades y niñerías de aquella edad siempre las aborreció, y como si fuera una mujer anciana y muy prudente, se ocupaba en obras santas. Cuando se podía esconder de su madre, íbase a un oratorio donde sus padres oían misa, y allí se estaba rezando y encomendándose a Dios muy de veras, y ansí alcanzaba de su divina Majestad, grande aumento de virtud y devoción. Llegada a edad de poderse casar, fue tanta la importunidad y instancia que sus padres en esto le hicieron que hubo de consentir en lo que le pedían, y mudar el propósito de la virginidad en santo y honesto matrimonio. Casáronla sus padres con García Méndez de Sotomayor y de Haro, Señor del Carpio. Estuvo con su marido siete años, y nunca parió, y después alcanzó licencia de su marido y vínose a Toledo a ver a sus padres; y pocos días después tuvo nueva cómo su marido había muerto: y en sabiéndolo hincose de rodillas, y dio gracias al Señor por verse libre para poder muy de veras ocuparse en su servicio. Y luego dejadas las vestiduras preciosas, se vistió de una túnica de paño, y de un hábito a manera de religiosa de San Francisco; el cual vestido era muy áspero y vil; y persuadió luego a todas las mujeres que estaban en su compañía a que hiciesen lo mismo. Desde entonces comenzó determinadamente a darse y ejercitarse en obras de misericordia. Visitaba todos los hospitales y hallábase en todos los enterramientos de personas pobres: acudía muy de ordinario a las cárceles y buscaba pobres vergonzantes y huérfanos, a todos los cuales servía y daba lo necesario, como verdadera madre de todos. También redemía cautivos, y los muchachos echados a las puertas de las Iglesias hacíalos criar a su costa, y después los ponía a oficios con que todos se remediasen. Pero entre todos estos santos ejercicios, en el que más de veras se empleaba era en curar enfermos pobres, a quien trataba con verdadera caridad y piadosas entrañas: a los cuales muchas veces les curaba las llagas, y lavaba los pies y se los besaba, y con muy suaves palabras los consolaba; y en otra cualquier cosa que veía tenían necesidad, y ella podía remediarla, lo hacía con muy gran diligencia y solícito cuidado. Anduvo siempre descalza después de la muerte de su marido, y aunque hiciese muy recios fríos, y los inviernos rigurosos y ásperos, jamás se calzó. Iba a Maitines cada noche a la Iglesia Mayor de Toledo, acompañada de una mujer amiga suya, que se llamaba [[Juana Rodríguez]]; la cual [361] halló muy pronta y aparejada para cualquier ejercicio de virtud y penitencia. Estuvo dentro en la Iglesia Mayor de Toledo un año, sin salir della ni comunicar con persona ninguna, salvo con su familiar amiga [[Juana Rodríguez]] y con su confesor, que era un fraile de san Francisco, llamado fray Pedro Pérez. Hizo esto para poderse dar con más devoción y espíritu a la contemplación y meditación. Había esta señora escogido al dicho fray Pedro Pérez para su confesor, por ser gran religioso y muy docto, con cuya doctrina y ejemplo hizo grande aprovechamiento en el camino de la perfección, al cual había dado la obediencia y la guardaba muy de veras. Andaba en este tiempo vestida de un muy áspero silicio, y con crueles disciplinas afligía su cuerpo delicado, para hacerle sujeto al espíritu. Comulgaba al tercer día, y lo más largo de ocho a ocho días, y esto era con tanta preparación y reverencia cuanta le era posible. El día que comulgaba ninguna otra cosa comía más de pan y agua. Sentía en los tales días muchos regalos de la divina clemencia en tanta abundancia que su espíritu era lleno de divinas consolaciones y alumbrado con celestiales revelaciones. Revelole nuestro Señor muchas cosas, las cuales por mandado de su confesor dejó escritas, y entre ellas era una, que el Reino de Granada vendría a poder de cristianos. También que los conventos de frailes menores claustrales y de las monjas habían de ser reformados. Revelole también nuestro Señor las grandes maldades y abominables herejías que los cristianos destos reinos cometían por la comunicación y trato que tenían con los moros y judíos que en ellos vivían. Pues manifestando esta santa mujer estas cosas a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel (con quien tenía mucha autoridad y crédito), llamáronla a Segovia, adonde entonces ellos estaban. Y tratando con ella estos negocios y pidiéndole su parecer, determinaron se pusiese en España el Santo Oficio de la Inquisición. Y ansimismo ordenaron otras muchas cosas tocantes al servicio de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo doña María de Toledo, después que volvió de Segovia, no quiso tornar a casa de su padre, y se fue al Hospital de la Misericordia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alcanzada licencia de los Reyes Católicos en Segovia, vínose a Toledo; no quiso tornar [362] en casa de su padre. Y después de haber puesto en estado las mujeres y criadas que tenía, ofreciose toda al servicio de Nuestro Señor, y fuese al Hospital de la Misericordia para emplearse de día y de noche en servicio de los enfermos. Y era cosa de admiración el cuidado y solicitud que en ello ponía, acudiendo a todas las necesidades dellos, a los cuales trataba con mucha benignidad y regalo; solo era para sí misma muy áspera, siendo para todos misericordiosa. La camisa que traía era un saco de sayal o xerga muy áspero. La cama era unas pajas, y la manta con que se cubría era pelos de cabra, y de lo mismo era el almohada. Tenía una celda muy pequeña, donde, después de haber acabado de curar y visitar los enfermos, estaba toda la noche hasta Maitines en oración. Y después de haber dormido un poco levantábase muy de mañana y limpiaba los servicios de los enfermos; y en cuanto podía regalaba y consolaba los enfermos. De donde manó que los Caballeros de Toledo hiciesen una Cofradía en la cual cada uno sirviese una semana en el Hospital de la Misericordia, lo cual ha permanecido hasta el día de hoy. Pasó muy adelante la cristiandad desta mujer, acompañada de muy grande humildad, porque queriendo con más abundancia regalar y servir a los enfermos, después que había dado al hospital y a la capilla d’él todo cuanto tenía, comenzó a pedir por amor de Dios (con su compañera [[Juana Rodríguez]]) de puerta en puerta, y llevaba con mucha alegría (sobre sus hombros) lo que le daban. Levantose por esta causa una grandísima persecución de sus más propincuos parientes, porque se afrentaban de verla andar de aquella manera y huían della por no encontrarla por las calles; y muchas veces le reprendieron y deshonraron: unos la llamaban loca, otros, desperdiciadora y gastadora, otros le decían que afrentaba a todo su linaje. De suerte que todos sus deudos la vinieron a aborrecer; y fue tanto esto que aun su madre (con ser muy cristiana y bendita mujer) no la podía ver. Mas la bienaventurada, deseando conformarse con Jesucristo Nuestro Señor, no solo llevaba esto con mucha alegría, más aun las bofetadas que su compañera le daba, por mandado de su confesor (para ejercitarla en paciencia y humildad), recebía como tesoro divino y precioso. Pasados desta manera tres años, cayó en una gravísima enfermedad; y llegada a lo último de su vida, y recibidos los sacramentos, vino a verla su madre, la cual no le pudo negar el amor y entrañas maternales; [363] y estando allí con ella y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora que allí estaba, le pedía (con lágrimas y suspiros e instancia de oración) salud para su hija, y muy en breve, como si hubiera resucitado, la vio sana y libre de su enfermedad. Llevola a su casa para que acabase de curar y regalarla en su convalecencia, y dentro de pocos días estuvo de todo punto buena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''Cómo doña María de Toledo después desta enfermedad tomó el hábito de monja de Santa Clara en el Monasterio de Santa Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que la santa mujer cobró entera salud comenzó a tratar consigo misma, cómo dispondría de sí de manera que más sirviese a Nuestro Señor: unas veces pensaba ir en romería a Jerusalén, otras buscar otra vida más estrecha, y otras cosas semejantes. Y andando ella y su fiel compañera revolviendo estos santos y divinos pensamientos, pusiéronse en ferventísima oración, suplicando muy de veras a Nuestro Señor les revelase su divina voluntad. Tuvo sobre esto revelación divina, por lo cual entendió que la voluntad del alto Señor era que fundase un monasterio de monjas adonde ella y otras muchas le sirviesen. En este tiempo (por ordenación divina) acaeció que vinieron los Reyes Católicos a Toledo, y la dicha doña María de Toledo comunicó con la reina doña Isabel su determinación y santo propósito; y los Reyes holgaron mucho dello, los cuales le dieron una buena casa que ellos tenían en Toledo, que era el sitio donde ahora está fundada Santa Isabel, que es la Orden de santa Clara, al cual le pusieron este nombre por causa de la reina. Tomó allí el hábito, y con ella algunas criadas suyas, y otras devotas mujeres. Hicieron luego abadesa a la dicha doña María de Toledo, fundadora del dicho convento. El orden de su vida, después de ser monja y prelada, es este: traía de ordinario un áspero cilicio, desde el cuello hasta los pies. La túnica, hábito, y manto, todo era muy vil, roto, y muy viejo. Su cama eran unos sarmientos mal compuestos, o una tabla, y el almohada era una piedra o un madero. Después de Maitines no tornaba a la cama, por quedarse en el coro en oración hasta Prima. Y, del gran consuelo que de la oración sacaba, traía siempre la cara llena de alegría y [364] contento. No comía carne, ni bebía vino, y todo el año ayunaba con mucha abstinencia, y los tres días de la semana ayunaba a pan y agua, y en los otros tomaba algún refrigerio de vianda. La Cuaresma que llaman de los Ángeles solía ayunar a pan y agua. Cada día buscaba las cestillas en que se cogían los pedazos de pan que sobraba a las monjas, y lo que ellas dejaban, buscaba y recogía para su comer. Y cuando no los hallaba, rogaba a la resitolera le diese los mendrugos de pan que habían las monjas dejado. Comulgaba muy a menudo, y el día que recebía al Señor no comía más de unas almendras o pasas después de Vísperas. Los manjares que le daban en la mesa para comer, enviaba a los pobres. Todo cuanto fue en sí remedió las necesidades del prójimo; y ansí a los que llegaban a pedir al monasterio por amor de Dios, o los que en otras partes padecían alguna necesidad, procuraba remediar y consolar. Era humanísima con las monjas; y si alguna vez reprendía a alguna dellas, antes que se recogiese en la noche la hablaba, y dejaba muy consolada y alegre. Era siempre primera en los trabajos y oficios del monasterio, los cuales hacía con mucha diligencia y cuidado. Visitaba y servía a las enfermas con tanto amor y caridad que muchas veces su sola presencia les daba salud. Ansí como iba creciendo en edad crecía en el rigor y aspereza de su cuerpo, añadió al silicio una túnica tejida de cerdas y pelos de cabra para con eso poder ofrecer a Dios su cuerpo más mortificado. Como esta santa mujer era ejercitada muy de ordinario en altas meditaciones, aconteció que un viernes de Cuaresma, juntándose a la disciplina, como acostumbran, la vio otra monja que tenía la cara muy resplandeciente y con gran claridad, de donde salía un rayo de luz muy claro y grande, que la luz se extendía tanto que llegaba hasta la monja que esto vio. Y como le preguntase y rogase, con mucha importunidad, le dijese qué había visto o sentido en aquella hora (porque ella nada decía, sino siendo a ello muy forzada), dijo que había Nuestro Señor permitido que ella gustase en aquel tiempo aquella caridad incomprensible, con la cual quiso padecer tan crueles azotes y inmensos dolores. Otras muchas cosas le acaecieron y muy dignas de memoria, que Nuestro Señor hizo por su sierva, que por abreviar no se relatan aquí, solo diremos lo que en el fin de sus días hizo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''[365] Del fin de doña María de Toledo, y de los milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercándose el fin de la dicha doña María de Toledo, padecía muy grandes enfermedades. Y como el tiempo pasado de su vida no había tenido gloria en otra cosa sino en la cruz de Cristo y en su Pasión, suplicábale que los dolores y tormentos que su divina Majestad había padecido en la cruz permitiese que ella, en cuanto le fuese posible, los experimentase. Oyola el divino Señor, porque desde allí adelante le acometieron tan vehementes dolores que todos los huesos parecía se le quebraban en el cuerpo, y que cada momento la partían por sus coyunturas. Y aunque estuvo un año entero padeciendo estos dolores, nunca de su boca se oyó palabra que fuese impaciente, ni aun dio señal de tenerla: antes muy alegre y regocijada alababa a Dios sin jamás cesar. Y como olvidada de sí, hizo hacer una silla en la cual iba a visitar a las otras enfermas y las consolaba, y holgaba tanto de sus dolores y trabajos de sí misma que más le parecía estar en paraíso y gloria que padeciendo tormentos y dolores. Si alguna vez estando enferma le daban las que servían alguna cosa, y se tardaba algún tanto en tomarla, luego a la hora les pedía perdón con muy grande humildad. Finalmente, al cabo de un año que estaba enferma, le dio una landre y una calentura muy aguda, de que moría mucha gente; y tan grave fue lo uno y lo otro que la sacaron de juicio, pero con todo eso nunca dejó de decir palabras muy benditas y santas, unas veces decía: “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, otras: “In manos tuas Domine commendo spiritum meum, vias tuas Domine demonstra mihi. Haec est requies mea in saeculum saeculi”. Después que volvió en su entero juicio pidió los sacramentos, y después de haberlos recebido devotísimamente, vivió dos días, en los cuales de ordinario consolaba y confortaba a sus monjas en servicio de Dios y trataba cosas espirituales y de grande edificación; y mientras duraron estos dos días se le mudaba el color del rostro muchas veces en diversos colores, en lo cual se vio manifiestamente que se le ofrecían graves y muy arduas cosas espirituales. Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”. Y al último día desta gravísima enfermedad en la noche, estando todas las monjas alrededor de la cama muy penadas y tristes por parecerles que les faltaba su buena madre, y las más dellas dormidas del mucho cansancio, oyose una voz desconocida que las despertó, y ellas se levantaron, y entendieron que se llegaba la hora. Hincáronse todas de rodillas bañadas en lágrimas y dando sollozos y suspiros, suplicándole les diese su bendición; y ella pidió a nuestro Señor les diese su bendición, y que las conservase en su amor y temor, oyó una voz del Esposo que la llamaba. Y repitiendo aquel verso, “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, dio una gran voz, diciendo: “Quedaos con Dios hijas mías, quedaos en paz”, y luego como quien se queda dormida, dio su alma a Nuestro Señor. Fue su fallecimiento sábado, día octavo de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo de 1507. Habiendo cumplido setenta años de edad, y treinta de religión, y de la fundación de su monasterio. Había en este tiempo treinta monjas en el convento, las cuales todas sintieron al tiempo que murió esta bendita señora grande fragancia y admirable olor que de su cuerpo salía, que muy cierto creyeron que estaban allí compañías de ángeles y coros celestiales que venían a acompañar a la bendita alma. Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. La primera en el aposento donde murió la santa. La segunda en la misa, y la tercera cuando la enterraban. A la hora que murió esta bienaventurada estaba en oración un religioso muy devoto, de la Orden de los Predicadores; el cual era confesor de las monjas del Convento de la Madre de Dios de Toledo, que se llamaba fray Jordán. El cual vio una procesión, y en el fin de la una parte iba santa Clara, y de la otra santa Isabel, y en medio llevaban a esta bendita mujer con grande resplandor, vestida de vestidos riquísimos de tela de oro; sembrados de perlas preciosísimas, con una corona de oro en la cabeza de mucho valor; y la cara llevaba resplandeciente como el sol. Y a todas estas santas conoció el dicho religioso y las miró con mucho contentamiento y regalo de espíritu, que parecía penetrar lo íntimo de los Cielos. Y muy lleno de admiración y gozo, fue al Monasterio de Santa Isabel, y contó por ciento esta visión a todas las monjas. El cuerpo desta bienaventurada se ve el día de hoy entero y tratable, [367] como si estuviese vivo, por cuyos merecimientos se han obrado por la divina clemencia muchos milagros, y sanado muchos enfermos de diversas enfermedades, de los cuales referiremos aquí algunos, para gloria de Dios, y de su sierva. &lt;br /&gt;
Un clérigo cojo encomendose muy de veras con entero corazón a esta santa, y en un punto se halló sano y libre. Una mujer que estaba muy enferma, en tocándola con un pedazo de la túnica desta santa, luego sanó. Muchas mujeres que estando casadas muchos años y no se habían hecho preñadas, suplicando a esta santa les diese favor para tener hijos, fue Nuestro Señor servido de se los dar; y para esto se ceñían con una medida del largo desta santa mujer. &lt;br /&gt;
Una señora muy noble tenía una hija que había perdido el juicio, y muy confiada en esta santa, envió a pedir al monasterio le diesen el velo de la cabeza de la santa y una medida de su cuerpo; y habiéndolo traído, el velo puso en la cabeza de su hija, y el cíngulo en el cuerpo, y luego cobró el juicio que tenía perdido, y dentro de pocos días se hizo preñada, que hasta entonces había estado con grande esterilidad. Otra mujer muy principal había cegado cincuenta días había de una grande enfermedad; la cual envió a rogar a las monjas del dicho monasterio que le hiciesen caridad de alguno de los paños que fueron de la bienaventurada santa; las monjas le enviaron un paño que había sido suyo, y la mujer enferma se lo puso sobre la cabeza, y luego cobró la vista de los ojos. Otras muchas personas han sido curadas y sanas de diversas enfermedades tocando al silicio o túnica de la bienaventurada santa. Todo esto ha sido para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que por los merecimientos de su sierva ha obrado tantas maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: octubre de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vargas Vida 1616.jpeg|miniatura|250px|right|Tomás Tamayo de Vargas, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.]] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Tomas_Tamayo_de_Vargas Tamayo de Vargas, Tomás], 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la -u- con valor consonántico, y los cambios de qu a cu. No obstante, como se verá, en este texto se ha optado por una transcripción más bien conservadora. Se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “embiaron”, “podiendo”, “recebir”, “monarchía”, “escriptura”, “oratión”, b“sanctidad”, etc. , y se han eliminado las dobles consonantes, excepto -cc- antes de e/i, y las nasales. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, debido a que ya no tienen valor fonético y siguiendo los criterios del Catálogo, se ha actualizado su escritura. En cambio, se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento: “Ayala” en vez de “Aiala”, “De Alba” en vez de “Dalva”, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las abreviaturas han sido desarrolladas. En el caso de “f.”, se ha optado por “fray” en vez de “frater” por el uso que hace el texto de esta palabra. El uso de la cursiva que marca énfasis en el original se ha conservado, aunque no en los diálogos o parlamentos, siguiendo los criterios del Catálogo, excepto cuando se pronuncian palabras latinas. Debemos avisar que en el impreso aparece siempre en mayúsculas el nombre de la protagonista de la hagiografía: “MARÍA la POBRE” así como el de “CHRISTO” o “JUANA RODRÍGUEZ”. Aunque nos hubiera gustado restituir el efecto visual que esta elección gráfica podía provocar en el lector, hemos optado por seguir criterios homogéneos con el Catálogo y hemos sustituido las maýusculas de la palabra por la mayúscula del nombre (por ejemplo, “Pobre”). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, se ha conservado sólo uno de los paratextos: la censura escrita por Francisco de Pisa. Ello responde a la voluntad de hacer manifiesta la relación entre este eclesiástico y Tamayo de Vargas, siendo ambos autores de sendas vidas de María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Portada] '''Vida de Doña María de Toledo, Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. (ir)] '''A la imperial ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a madre dichosa de tan bienaventurada hija debo justísimamente la relación de su vida, como el afecto con que la escribí en agradecimiento del favor que de todos sus naturales experimentan siempre mis cosas. Significo el deseo de no parecer desagradecido con la confesión de la deuda, y hácese esta gustosamente mayor con la paga de lo que es más suyo: pues nada por tal puede ser más agradable que su mismo nombre que la ''Descripción de sus maravillas''; nada de más autoridad que la ''Historia de sus arzobispos''; y nada de más estima que los ''Elogios de sus Ciudadanos ilustres en letras''; con que, recompensando parte del agrado con que me favorece, pretendo confirmar su excelencia en lo mayor de las naciones extranjeras en lo mejor de la nuestra. Este será el intento, sino el suceso, como ahora dar por seguridad de mis promesas esta, si pequeña prenda de mis deseos, muestra grande de sus obras. Parte corta es de su historia, pero principal. Tal la han calificado muchos escriptores ilustres en religión, doctrina y dignidad: sus pisadas he medido, deseoso de serles, como en el cuidado, compañero en el afecto. El reverendo Padre Fray Marcos de Lisboa, obispo de Porto, mostró el suyo a esta beata señora desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte de la ''Chrónica de la Orden de San Francisco''. Siguiole, no sin maravilla, en obra tan insigne el doctísimo Tomás Bocio, presbítero de la Congregación del Oratorio, en el Capítulo XXIII del libro XII, signo LVIIl” ''[1]'', como el reverendísimo Fray Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, III parte Monasteria ''[2]''; Fray Pedro de Salazar, desde el Capítulo XXIV hasta el XXVIII del libro V de la ''Chrónica de la'' [fol. (iv)] ''provincia de Castilla''; Pedro de Alcocer, libro I de la ''Historia de Toledo'' Capítulo XV; nuestros toledanos piadosos: el Maestro Alonso de Villegas, ''Flos sanctorum'', parte III, el Doctor Francisco de Pisa por tantos títulos de doctrina, religión, ancianidad venerable, parte I de la ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo'', libro V, Capítulo XXXVI) y más a la larga en el ''Tratado del instituto de la Orden Tercera'', cuya erudición igual espera presto la luz común. La verdad de tales escriptores apoyan las escripturas, privilegios, institución, donaciones, y otras memorias originales antiguas, que del archivo de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo he visto, como también una relación antiquísima de la vida desta señora de mano ''[3]'', y sin nombre de auctor, sacada (como se cree) de la que, enseñada del Cielo para solas cosas dignas d’él, escribió su devota compañera, y el ilustrísimo Dominus Fray Francisco Jiménez tuvo en gran veneración ''[4]''. No me ha animado menos otra escrita con tanto acierto como curiosidad por el Dominus Pedro de Salazar y Mendoza, canónigo de la ilustrísima Iglesia de Toledo, y muestra de las grandes obras que España le pide para su mayor ilustración. Auctoridad tan grande ha seguido mi piedad, que no es pequeña aprobación del sujeto, y disculpa del que le emprende, la unida conspiración de tan nobles escriptores. En lo que la averiguación (como en las acciones de la niñez) no puede ser puntual, ley es del historiador referir lo que debió o pudo ser; en lo que fue, hacerlo que campee con el adorno, no que se violente. Tal vez hablan por mí los auctores antiguos por mejoría, no por afectación u ostentación. Tal (aunque con cuidado decoro) doy título de Bienaventurada, de Sancta, a quien atribuyó virtudes o maravillas proprias solamente de los que lo son. No es nuevo, ni digno de censura, pues con los [fol. (iir)] dedicados a Dios nació este nombre. A Israel dice el mismo, ''“Viri Sancti eritis mihi”'' ''[5]'', ''“sancti estote”'', ''“quia ego Sanctus sum”'' ''[6]'', y David le alega para su defensa, ''“Custodi animam meam, quoniam Sanctus sum”'' ''[7]'', y San Pablo llama a los Christianos ''“Vocatos Sanctos”'' ''[8]'', nombre tan universal que comprehende en la sanctificación a los animales, vasos, vestimentos y lugares consagrados a Dios, como dice Orígenes. La precipitación deste aborto o parto de tres días ocasionó el temor de no verle mal tratar de algún fingido padre, como la ''Constancia del Gran Justo Lipsio'', que deseé gozara la nobleza española por mi medio, y Fray Hernando de Luján de la Orden de la Merced quiso, sin orden mía, prohijar a Juan Baptista de Mesa, hombre no conocido, salió en Sevilla este año otro en reconocimiento de algunas amistades no vulgares con que yo sin conocerle le serví. Saliera con su nombre y el de sus censores, y conociérase, o no desmembrado, y no se desconociera. O no saliera, como la Vida del mismo auctor y Notas a esta obra sacadas de todas las suyas, pues todo se hizo a un fin, y fuera término de honor y christiandad. Lastímame no la pérdida, que estimo en poco, sino la mala correspondencia, que no puedo dejar de sentir mucho y a Dios solo hago juez y vengador de nuestra verdad. También la tardanza de la promulgación de la que sigo en la ''Defensa de la Historia de España'', apoyada con tres sentencias del consejo supremo impedidas de relaciones siniestras, me ha obligado a buscar olvidos, hasta que Dios, en quien solo confío, se sirva de volver por la verdad y piedad de mi causa. Estas son las que me movieron a sacar a luz ahora esta niñería, como las superiores a desear solamente a los ciudadanos desta imperial ciudad por lectores de lo que es tan suyo, como lo confesará agradecido perpetuamente quien para ellos solamente lo escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Libro I. ''De la vida de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I. Origen, progreso y fin del estado religioso'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ser la naturaleza del bien si tal ''[9]'' que, si fuera capaz de aumento o disminución externa para su perfección la dejara de tener y perdiera el nombre, es cosa maravillosa que no tiene por excelencia igual a la promptitud liberal de su participación con los que le conocen el llevar tras sí los ánimos aun de los que le ignoran. A [fol. 1v] Dios summo y perfectísimo bien pudiera gozar de sí proprio solo en sí sin la compañía de las criaturas, mas como si necesitara su comunicación, no solo gustó de hacer de nuevo a quien vista su hermosura se fuese tras él, sino que dispuso los ánimos de los que poco antes había criado de nada, de suerte que ninguna cosa parece que pretendió más que su unión con ellas. ¡Oh propriedad forzosa del bien, oh fuerza propria del amor, aficionar no solo la voluntad, sino rendir el entendimiento; alcanzar no solo su aprobación, sino su seguimiento! Viose esto desde el principio de las cosas. Dio Dios ser al universo, hizo gobernador d’él al hombre; puso en este su conocimiento, diole con libertad la elección de lo bueno y de lo malo; no sujetó el juicio a la noticia de lo mejor, bastó darle la perfección de ella, sino la sujeción. Negósela el hombre rebelde a su hacedor, sujeto a su apetito. Pudo tal vez la hermosura cierta del bien más que la blandura lisonjera del mal. Huyó de uno llevado de otro. Cooperaron las obras del hombre a la promptitud de Dios y quedó por poses- [fol. 2r] sión y pueblo suyo unido con él y, como agradecido al gusto de su unión, trabajando siempre por no desunirse d’él. Quedó en fin (como transformado en el bien) hecho bueno, dando a este género de gente mejor el mejor principio en el del mundo. Enoch venerando a Dios con culto por religioso especial ''[10]'', hicieron lo mismo sus hermanos, hijos de Seth y nietos de Adam, vacando solo a Dios en habitaciones retiradas sin mezcla de la profanidad del vulgo. A su imitación, los hijos de Recab observaban los preceptos de su Padre tan puntualmente ''[11]'' que merecieron la alabanza del mismo Dios ''[12]''. Imitaron a los de la ley natural los de la escripta ''[13]'', teniendo por guía al Sancto Propheta Samuel, y él por compañeros a los demás prophetas en los puestos señalados de Galgala, Naioth o Ramatá, y riveras del Jordán. Llevó adelante la institución de Samuel el fervoroso Elías, siguió su celo Eliseo, su discípulo, tan fervorosamente que excedió el número de sus secuaces la capacidad del Carmelo, extendiéndose hasta el Jordán, y monte Efraín y ciudades Galgala, Betel, Jerusalén, [fol. 2v] Sarepta, Samaria, Jericó. Conservose este fervor hasta el divino precursor Baptista, cuyas pisadas veneraron los Pablos, los Antonios, los Hilariones, los Macharios, los Pafnucios, y las demás guías de los ejércitos de ángeles humanos, que acompañaban a los celestiales en las alabanzas perpetuas de su Criador ''[14]''. Hallaron ya estos sanctos en la ley de gracia apoyadas estas juntas con el ejemplo de Christo, y seguimiento de sus apóstoles y discípulos, autorizando en varias partes esta profesión personas de conocida nobleza: Techla en Grecia a persuasión de Pablo, Domitila en Roma a la de Clemente, la hija del Rey de Ethiopía a la de Matheo ''[15]'', y a ejemplo de todos en Francia, Martha, y otras que en Jerusalén halló la devota Emperatriz Helena. ¿Daremos otro nombre a aquella, si tierna en la fe, fervorosa unión de los que ufanos vivían con sola una alma, con solo un corazón? ¿La fórmula de la renunciación de las cosas del mundo no daba bien a entender cuán desarraigadas vivían dellas? ''[16]'' El modo de velar las vírgines, que tuvo principio del de los Apóstoles, y se confirmó el año de CXLVII por Pío I, Pontífice summo, ¿no es buen in- [fol. 3r] dicio desta abnegación de los bienes y gustos de la Tierra por la estima de los del Cielo? Seguían hasta estos tiempos los impulsos de Dios y mandatos de sus superiores estas fervorosas juntas, unas de un modo, otras de otro, y todas perfectísimamente, hasta que la doctrina de San Antonio en Egypto fue haciendo la regla ''[17]'', que después escribió en Capadocia San Basilio ''[18]'', aprobó en Milán San Ambrosio, y dilató San Augustín en África ''[19]''. Llegó este estado a la última perfección con el ejemplo del glorioso Padre San Benito, y de sus bienaventurados discípulos Mauro y Plácido, y años después con el de Oddón, Abad de Cluní, de Romualdo de la Camaldula, de Juan Gualberto de Valdeumbrosa, Roberto I Estephano del Cístel, Bernardo de Claraval en diversos tiempos, y debajo de la regla de San Benito, y algo después con el de Bruno el de la Cartuja, y el de otros, que con la sanctidad de su vida, como partícipes del primero y summo bien atrahían a otros a él y a sí, deseosos de mayor perfección. No parecían muriendo siempre en cosa mortales. Vivían de milagro transportados en lo que no eran y para quien habían nacido; solo con Dios tenían sustrato, abor- [fol. 3v] recían el de los hombres, como si fueran ellos de otra naturaleza, temiendo que el cáncer de sus malas costumbres no corrompiese la sanidad de la suyas. Este era su intento. Siguiéronle otros con igual celo, si con menos retiramiento, pareciéndoles que el verdadero no consiste tanto en el del cuerpo, como en el del afecto, no tanto en la huida exterior de las cosas ajenas como en la interior de sí proprios, fiando en el que les daba el celo, que les daría valor para hollar sin lesión el fuego mismo y los animales ponzoñosos, por descalzarse de todos los afectos que les podían apartar de su Criador. Unieron a las ciudades, y afuer del Sol, que sin daño suyo ilustra aun las partes más inmundas, despidieron los rayos del fuego divino que, como a Elías, les trahía arrebatados de sí mismo en los corazones más tibios, dejándoles purificados de sus immundicias y hechos cherubines abrasados en el amor de Dios ''[20]''. Juntáronse con los primeros, y como la materia del fuego conserva más en sí el calor junta que esparcida, vino a ser el incendio tal, que ya las ciudades competían con los desiertos. Fueron los primeros auctores deste género de vida † ''[21]'' años des- [fol. 4r] pués los bienaventurados patriarchas Domingo y Francisco, y a su imitación los demás, cuyos hijos hoy vemos florecer en virtud y letras para tanto honor de Dios y provecho del mundo: tanto puede la hermosura del bien, que obliga arrebatadamente a que le conozcan; tanto sin conocimiento, ¡que fuerza blandamente a que le sigan!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Elección de Dios de todos estados para el de la Religión. Nobles en sanctidad y linaje en la de San Francisco. Sujeto y fin deste libro'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiere Dios que todos le sigan. Repugna la imperfección de nuestra naturaleza depravada por el pecado a la sinceridad perfectísima a que a Dios nos lleva. Vence a veces la carne, muchas el espíritu, quedando [fol. 4v] de sus luchas en Dios gozo del vencimiento deste por nuestro bien, y en nosotros humildad con la fragilidad de aquella, por la obediencia a Dios. De uno y otro resulta gloria a Dios, provecho a nosotros, por llevarnos el conocimiento de nuestra miseria al de la necesidad que tenemos de quien nos da la vida, el movimiento, el ser. Anima Dios la desconfianza de los flacos con la variedad de los ejemplos de otros de su género y, aunque no admite excepción de personas, echa a veces la mano al poderoso del mundo para que su ejemplo mueva a sus iguales y por que se vea que el verdadero poder consiste en la abnegación del falso. Otras la extiende al desecho del mundo para confusión de lo estimado y para que se conozca que su providencia se extiende aun a lo más olvidado. Vense ejemplos de una y otra elección en todas las religiones y no es menor maravilla verse ensalzada la humildad de un pobre en todos los bienes que la fortuna llama suyos que desearse humillar un rico, un noble, un letrado. Es el estado mediano entre los humanos más commún, y así causan menor admiración sus sucesos. Pero ¿a quién no admirará ver postrar a los pies de la hu- [fol. 5r ''[22]''] mildad la grandeza de las Coronas, y desear más vivir sujeto a la voluntad de un solo superior, que ser obedecido de todo un reino? Efectos maravillosos de la excelencia del bien, que atrahe a sí con amoroso imperio los ánimos que llegan a conocerle. Que a la ternura de una doncellica no contraste el regalo, y a los gustos aún lícitos ponga acíbar el conocimiento de Dios, ¿qué puede ser sino fuerza de su bondad? Deja Inés las riquezas de Orechio, su padre, rey de Bohemia ''[23]'', y los regalos de Frederico II, emperador de Alemania, su esposo, por seguir al padre y esposo de las almas puras, Christo, debajo de la regla de su Bienaventurado imitador Francisco. No repara Blanca en ser primogénita de Philipo Pulcro, rey de los Francos; olvídase de su padre Rodulpho, emperador, Coleta; no corrompen la constante determinación de Constancia los bienes de Frederico Emperador su abuelo, y amores de Don Pedro, rey de Aragón, su marido; no distrahe la vanidad del mundo a Salomé, hija del rey de Polonia. No entibia el fervor de Isabel la grandeza del Imperio de los Romanos y de Carlos IV, rey de Francia y emperador de Alemania, su marido, no a [fol. 5v] Blanca el Reino de Francia, no a Sancha Roberto, rey de Nápoles, su esposo; no a Doña Leonor de Quiñones, a Doña María de Mendoza, a Doña Ana Ponce de León, y a otras ilustrísimas señoras la delicadeza de su género, la celebración de su hermosura, la riqueza de su patrimonio, y la nobleza de sus padres a que lo pospusiesen todo por Dios a los pies de Francisco, cuyas pisadas tanto procuraron seguir. No últimamente todas estas apariencias del mundo a divertir de sus sanctos propósitos a la ilustrísima Doña María de Toledo por sangre de las más generosas, y por rica de las más hacendadas de España, a que, a ejemplo de las pasadas, le dejase a las venideras de su admirable vida ''[24]''. De los sucesos desta hago humilde relación, no ambicioso, ostentación de sus alabanzas, porque ¿quién podrá dar alcance a la soberanía de sus méritos con la vileza de su insuficiencia? ¿Qué fin el espíritu del sujeto que emprendo infundido por ella o imitado del que hoy admiramos en sus religiosas hijas mal podrán las obras satisfacer al deseo? Vos, señora, celestial espíritu, perdonad la rudeza del estilo por la sinceridad del afecto: y sea género de alabanza vues- [fol. 6r] tra, como ninguna es mayor que no poder ser dignamente alabada ''[25]'' sino por vos misma, consentir serlo de quien es tan indigno de toda alabanza. A vuestra piedad será fácil la ayuda, como a mi veneración permitido proponer la hermosura de vuestras virtudes para caudal de los que las imitaren. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Nobleza de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Los hombres, a quien sola la antigua memoria de sus mayores dan nombre de nobles, son como los cipreses, superiores a los demás, pero sin fructo: son lienzos, que tienen la estimación en los colores, no la alma, de que no son regidos. Es verdad que los fuertes nacen de los fuertes ''[26]'', y nunca fue fructo de la generosidad del león el miedo de la liebre; nunca de la grandeza del águila el encogimiento de la paloma y, aunque es insigne la alabanza de la nobleza del linaje, da la me- [fol. 6v] jor ser la de la virtud, porque la una es sin duda ajena, la otra merecidamente propria ''[27]''. Porque al que se da por rico, no a él sino a la fortuna se atribuye; a quien la tiene por valiente, la enfermedad la gasta; a quien por hermoso, la edad la roba; del que la merece por virtuoso, es la alabanza cierta ''[28]'', por ser solo de quien lo es, pues posee lo que no heredó de sus mayores, ni pende del caso, ni se muda con la edad, ni se acaba con el cuerpo. Hermosea maravillosamente el oro de la nobleza el esmalte de la virtud y aúnanse tan amigablemente estas dos dotes natural y divina que la virtud ilustra la nobleza y la nobleza hace que capee más la virtud. Es como natural al noble ser bueno, y como violento dejarlo de ser; como accidental al humilde serlo, y natural dejarse arrastrar de su bajeza. Pero si este es virtuoso, es noble; y si al noble corrompen los vicios, falta también la propria nobleza. Mas al que la sangre generosa hace estimado y la virtud heroica venerado, ningún título falta de alabanza, y en los tales, como para ejemplo se cuentan sus virtudes, para calificación dellas no es justo se olvide su nobleza. La de Doña María de Toledo iguala a su virtud, excediendo esta a aquella, que es [fol. 7r ''[29]''] el mayor encarecimiento que dentro de los límites de la verdad se puede hacer. Porque ¿qué sangre hay en España insigne por antigüedad de hazañas, o qué casa ilustre por privilegios de sus mayores que no esté en las venas de Doña María de Toledo, que no reconozca por su igual a la de sus padres? ¿Qué digo en España? En casi la mayor parte de Europa. Porque no solo nuestros Cathólicos Reyes, sino los christianísimos de Francia, emperadores de Alemania, príncipes de Danemarch, Inglaterra, Polonia, y Transilvania, se glorian de deudo tan de honor. Como los Duques de Baviera, Florencia, Saboya, Mantua, Montferrato, Ferrara, Parma, Placencia, Cleves, Juliers, Lorena, Melchemburg, Conde Palatino del Rheno, de Bragança, Medina Sidonia, Gandía, y los Marqueses de Brandemburg y Badena por las líneas reales; como por el apellido de Toledo los duques d’Alba, condes de Oropesa, de Orgaz, marqueses de Villafranca y Caracena; señores de Higares, de las Cinco Villas, de la Horcajada de Galues, Jumela, Biedma, y otras innumerables. De la misma manera se precian de Toledos otros ilustrísimos señores de España, como el con- [fol. 7v] destable de Castilla, el Almirante, los duques de Arcos, de Feria, de Béjar, de Alburquerque, Osuna, Escalona, los Marqueses de Priego, Malpica, Velada, las Navas, Astorga, Moya, Povar, Mirabel, Hardales, Orellana, Algara, d’Este, Fuentes, Santacruz, la Vale Siciliana, Cerralvo, Valle, Cerrato, los Condes de Alba, de Benavente, de Medellín, de Cifuentes, de la Puebla, de Santisteban, de Teba, de Montalbán, de Montijo, Arcos, Añover, Buendía, Fuensalida, Luna, Osorno, de la Gomera, Chinchón, Altamira, Peñaranda. &lt;br /&gt;
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Otras ilustrísimas casas tienen parentesco cercano con esta, y se glorian de tener sangre de la de Doña María, como en otra parte probaremos más a la larga, que aquí solo pretendemos dar noticia de su mucha nobleza, no deslindar las genealogías de tantos señores, obra para mayores fuerzas y ocupación de más tiempo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Relación breve de la nobleza de la casa de Toledo'''&lt;br /&gt;
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A fuer de los que en la estrecheza de una sola tabla se atreven a abreviar la grandeza del mundo con menoscabo alguno de su variedad ''[30]'', bien que sin daño de la verdad, me avendré yo en este capítulo, reduciendo a relación breve lo que ocupa las mayores a mejores chrónicas de España. No ignoro la diversidad de opiniones que en la antigüedad de la ilustrísima casa de Toledo hay, ni pretendo preferir mi particular sentimiento a las sentencias communes: solo diré en summa lo que tengo por más cierto, como observado de los papeles de más curiosidad que hay en estos reinos. &lt;br /&gt;
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Aunque la más recebida opinión de la antigüedad desta casa la da por principio al conde Don Pedro en tiempo del [fol. 8v] rey Don Alonso el VI, que ganó a Toledo, no averigua seguramente quién era este conde, ni de adónde vino. Vese la inconstancia destas opiniones en el libro antiguo de los linajes del conde Don Pedro, donde ya le hacen descendiente de los godos, ya hermano de un emperador de Constantinopla: y cuando Fernán Perez de Guzmán lo refiere, duda en la auctoridad del libro adonde lo leyó. Otros le señalan nombre llamándole Paleólogo ''[31]'': pero la diferencia de los tiempos les convence bastantemente, por haber sido este apellido mucho después usado entre los emperadores de Constantinopla; verifícase esto con el nombre de la casa de los Conenos que tenía este imperio en tiempo del rey Don Alonso: de suerte que, si fue cierta esta venida del conde a ayudar al rey no había de ser Paleólogo sino Coneno. A esta duda puede satisfacer una aparentísima conjectura que, sin duda, algún gran señor descendiente de los godos emparentó con alguno de los emperadores de Constantinopla, de quien el conde procedió, pues las opiniones comunes se diferencian en esto. Lo cierto es que el apellido de Toledo excede la antigüedad [fol. 9r] de los condes de Castilla, porque en tiempo del conde Don Sancho se sabe que floreció un caballero, cuyo sepulcro hoy se ve en Oña, llamado Gutierre Rodríguez de Toledo, que fue su camarero mayor, oficio solo dado a grandes señores ''[32]''; y pudo ser que el conde Don Pedro tuviese origen deste caballero Gutierre Rodríguez de Toledo, nombre continuado en muchos deste solar. Es también prueba de su grande antigüedad que el rey Wamba tuviese también este apellido ''[33]'', o ya por la ciudad insigne deste nombre, o por deudo con los caballeros desta casa. &lt;br /&gt;
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De cualquier manera que sea, ningún indicio hay mayor de su antigüedad que la ignorancia de su principio, y colígese bien destas incertidumbres que, cuando ganaron a Toledo los moros, quedó en esta ciudad alguno desta casa entre ellos, como se sabe de los mozárabes que hasta su restitución vivieron en ella; y cuando el rey Don Alonso la ganó, los moros se recelarían de los deste solar por no tener que guardar entre sí mismos, y ellos en tiempo del cerco no osarían vivir entre los moros, y así saliendo fuera de la [fol. 9v] ciudad, y ayudarían al rey como tan grandes y valientes caballeros. Estas, si conjecturas, fundadas en grandes verdades. También se cree haberle hallado en este cerco otro hermano del conde Don Pedro, llamado Gutierre Suárez, de quien descienden los Suárez de Toledo, indicio claro de que serían más los deste apellido en aquel tiempo, que el rey obligado a su ayuda les aumentaría la hacienda y preminencias en la ciudad, en cuya restitución tenían tan gran parte. &lt;br /&gt;
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Es esta nobilísima casa una de las más extendidas que hay en España, porque fuera de los Álvarez de Toledo, que trahen por divisa los escaques blancos y azules, y son sus estados el Ducado de Alba, marquesados de Coria y Villafranca, condados de Oropesa, Salvatierra, y otros infinitos señoríos, hay otros que se llaman Suárez de Toledo y Garcías de Toledo, con diferentes divisas, y cuyos estados son antiquísimos y riquísimos, y que se cree ser también descendientes del conde Don Pedro; hay también Martínez de Toledo, Gutiérrez de Toledo, Sánchez de Toledo, Díaz de Toledo, y Núñez de Toledo, y [fol. 10r] muchos más que al apellido simple de Toledo no añaden patronímico alguno, como aquel ilustre caballero Juan de Toledo que, en tiempo de los Reyes Cathólicos, se señaló tanto en la empresa de Alhama, y el otro su igual Marcos de Toledo en la de Malta, y otros muchos, que son la principal materia de nuestras historias ''[34]''. A esto general desta casa añadiré con brevedad lo que desde el conde Don Pero hasta Doña María de Toledo nuestra materia he averiguado. &lt;br /&gt;
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Floreció este conde, como se ha dicho ''[35]'', en tiempo del rey Don Alonso el VI, de quien el barrio que hoy llaman de Rey por descender él de los de Grecia, y en que vemos las casas deste apellido, con otros grandes heredamientos, recibió en agradecimiento de lo que en la toma desta ciudad le ayudó. Fue su hijo Illán Pérez ''[36]'' primer alcalde mayor de Toledo, electo como sus sucesores a persuasiones de los caballeros castellanos, a quien hizo el rey mercedes en esta ciudad, porque, habiéndose gobernado por las leyes de los godos y que hoy se llaman del Fuero Juzgo las seis parrochias mozárabes que en [fol. 10v] ella se habían conservado, quisieron ser juzgados por las de Castilla. Este caballero casó con Theresa Bermui, de quien tuvo a Pedro Illán ''[37]''; deste y de Urraca Pérez fue hijo Illán Pérez ''[38]''; deste y de Troila Núñez, Don Esteban Illán ''[39]'', que tan valerosamente alzando en la torre de San Román que él había fundado, y adonde están sepultados muchos de sus sucesores, pendón por el rey Don Alonso el IX, cuyas rentas llevaba el rey Don Fernando de León su tío, le entregó la ciudad, y venció a Don Fernando Ruiz de Castro y a sus secuaces de suerte que los echó de la ciudad. Y por sus servicios le hizo el rey merced de la tenencia del alcázar, y de otros castillos. El mismo valor mostró echando al rey de Córdoba que, con poderoso ejército, se había entrado en el Reino de Toledo; y replicó al pecho que el rey Don Alonso el IX quiso imponer a la hidalguía, porque mereció que la ciudad conservase su memoria en la representación de su persona armada y a caballo, que, renovada con la renovación de la Iglesia, dura hasta hoy en esta de Toledo ''[40]''. Fue su hijo mayor Juan Estebáñez ''[41]'', y deste, Juan Háñez ''[42]''; deste [fol. 11r] García Álvarez ''[43]'', que fue el primero que de los descendientes del conde Don Pedro, conservó el nombre de Toledo, aunque en algunas ruinas antiguas se llama Hernando. Tuvo la voz del rey Don Alonso el Sabio, cuando el Infante Don Sancho se apoderó de la mayor parte del reino de su padre, y, puesto en él, murió este caballero ''[44]'' y su hermano, Juan Álvarez, con gran dolor de toda la ciudad, por tener por injusta su justicia. Quedó Fernand Álvarez de Toledo, ''[45]'' su hijo, que sirvió valerosamente al rey Don Alonso el XI. Sus hijos Don Garci Álvarez de Toledo ''[46]'' y Don Fernando Álvarez de Toledo, grandes favorecidos sin mudanza, que no es poca maravilla en aquella era del rey Don Pedro, y en la revuelta deste rey con su hermano Don Henrique, por vía de concierto le hicieron merced de las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos, y el Barco con su tierra, y cincuenta mil maravedís de juro, y después la villa de Jarandilla y la de Cabañas y su tierra, renunciando el Maestradgo de Sanctiago que el rey había dado a Don Garci Álvarez, que fue mayordomo del Infante Don Henrique su hijo, en Don Gonzalo Mejía, por gusto de Infan- [fol. 11v] te Don Henrique; heredole su hermano Don Hernando Álvarez. En el repartimiento de los estados difieren el libro de los linajes del conde Don Pedro y la ''Chrónica de la Orden de Sanctiago'' ''[47]'', pero lo cierto es que se continuó en sus hijos el señorío destos estados. Fue el primer mariscal, en compañía de Pedro Ruiz Sarmiento, que hubo en Castilla. Sucediole Don Fernando Álvarez, que fue tercer señor de Valdecorneja en tiempo de Don Juan el I y Don Enrique el III. Sucediere Don Fernandálvarez, su hijo, en el de Don Juan el II, de quien recibió la villa de Salvatierra, como su tío Don Gutierre Álvarez de Toledo, I arcediano de Guadalajara, obispo de Palencia, y arzobispo de Sevilla, y después de Toledo, la villa de Alba de Tormes, que después le dio a su sobrino con vínculo de mayoradgo, y el rey le dio título de conde ''[48]''. Ganó de los moros las villas de Benamaurel, Bençulema y Castril, orlando sus armas con las banderas que quitó por su mano a los moros de Écija y Jaén. Fue, pues, Garci Álvarez de Toledo hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo, nieto del maestre de Sanctiago, III señor de Oropesa, contando por primero a su padre, y por segundo a [fol. 12r] su tío, viniendo a ser Don Garci Álvarez IV ''[49]'' y nieto XI del conde Don Pedro. Casó con Doña Elvira de Ayala, hija de Diego López de Ayala ''[50]'', de quien tuvo a Garci Álvarez, que le sucedió ''[51]'', a Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, a Diego López de Ayala señor de Cebolla, de quien descienden los señores destos estados, y a Juan Álvarez, maestrescuela de Toledo. Pedro Suárez de Toledo casó con Doña Juana de Guzmán, de quien nasció Pedro Suárez de Toledo, conmendador de Otos, y a Doña María de Toledo, fundadora del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo de la Orden de Sancta Clara, y a Doña Leonor de Toledo, en quien quedó la sucesión del estado.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Nacimiento y niñez de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Doña María de Toledo nació en el corazón de España, la imperial ciudad de su nombre Toledo, colo- [fol. 12v] nia antigua de los romanos, asiento noble de los godos ''[52]'', fuerte por sitio, noble por antigüedad, celebrada por sus ingenios, temida por sus armas, respectada por su nobleza, admirada por su poder, feliz por su religión, y felicísima por la muestra que dio della con el fructo desta señora por los años de la redempción del género humano de MCDXXXVII, teniendo la silla de San Pedro Eugenio, IV pontífice máximo, Sigismundo la del imperio de Alemania, y la de España Don Juan el II. &lt;br /&gt;
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Nació para gloria de Dios, gozo de sus padres, ejemplo de su siglo, admiración de los venideros, y provecho de muchos: porque el nacimiento de los justos es ocasión de la alegría de todos ''[53]'', por el bien común que consigo trahe, siendo la justicia virtud común. Y así como en su nacimiento se da con tiempo señal de su vida venidera, se señala la gracia de su futura virtud con la alegría anticipada de los que lo saben. Fueron sus padres Pero Suárez de Toledo y Doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, ilustres, como en el linaje, en la religión. De uno y otra, aun en su tierna edad, dio muestras su hija en su inclinación natural a todo géne- [fol. 13r] ro de virtud. Alegró con las gracias mudas de la niñez a sus padres María, pero mucho más con las que, aun balbuciente, daba a entender que conservaba en su corazón para el tiempo que con claridad las pudiese manifestar al mundo. Excedía la gravedad de sus maduros ejercicios la capacidad de sus años tiernos; no daba a la edad aún lo que de derecho era suyo. No había fructo de virtud que en ella no manifestase con anticipación su semilla. Eran sus consejas provocadoras del sueño de los niños, los ejemplos de los sanctos incentivos de la quietud de la gloria; su trato de amigas, el de los que la religión hacía venerables; sus fiestas, la celebración de las de los sanctos; sus juegos, el gozo que a Dios resultaba de sus oraciones; sus ejercicios más de gusto, la misa, el rosario, la abstinencia, la limosna, y todos los que la piedad christiana aconseja para la perfección, y en que pone Dios el sabor del Cielo, que ni el paladar humano sabe discernir, ni de cuyas alabanzas el oído, ni de cuya estima el corazón mortal son capaces. Crecía con el verdor juvenil del cuerpo el fruto maduro del alma, de manera que llevaba tras sí la religiosa vir- [fol. 13v] gen los ojos de todos. Era el amor de sus padres, la alabanza de sus deudos, la estima de sus criados, la admiración de sus vecinos, y todo tal que todos hallaban en ella que amar venerando, y que venerar amando. Era su condición apacible, sus palabras miradas, su alegría grave, su hermosura honesta, su ayuda liberal, su liberalidad prudente, su prudencia sencilla, y todas sus partes como prevenidas del gusto de Dios para sí. Tres cosas campeaban maravillosamente en este como bosquejo de la perfección mayor que había de alegrar los ojos de Dios y atraher los de los hombres: el menosprecio varonil de la vanidad y niñerías del mundo, alegrándose más con el adorno honesto que con las galas profanas del cuerpo, presagio manifiesto de la mudanza rara que después admiró en su vida. La piedad con que acudía a los necesitados, quitándose de su sustento lo que podía entretener la hambre del pobre. El afecto al trato con Dios, para que andaba siempre como falta de tiempo, hurtándole de todas las ocasiones que el gusto la ponía delante. Todos eran ensayos breves de su larga vida: toda centellas, si pequeñas, misteriosas del in- [fol. 14r] cendio, que el amor divino iba fraguando en el corazón deste cherubín para abrasar en él la tibieza del mundo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Cásase a persuasión de sus padres'''&lt;br /&gt;
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Como ha de ser la virtud, para su fructo, patente a los ojos de todos los que la ejercitan, estiman para su recreo el retiramiento: considéranse espejos y temen que el aliento los obscurezca; flores, y no quieren que el tacto los robe el olor. Que la vanidad de la vista ajena es mancha, es contagio de la virtud propria. Temen su quiebra los que saben su estima, y así retirados labran en sí lo que, hecho al toque del impulso de Dios, pueda después ser como aprobado por todos, pretendido. Tenía aun de su misma madre encubierta gran parte de los ejercicios que la sinceridad de los que no podía ocultar aseguraba y, aunque obedecía a su gusto co- [fol. 14v] mo al de Dios, por saber que siempre era uno mismo, y no hacía acción que no la regulase con él, previniendo siempre su consejo, en las que sin su consulta hacía, se persuadía fácilmente que, por ser ordenadas a mayor perfección, serían virtualmente incluidas en las que no faltaba la aprobación de su buena madre. Tal vez liberalmente se quitaba el subsidio que a la ternura de la niñez previenen a menudo las madres, compadecida de la necesidad ajena y deseosa de la mortificación propria. Tal, a solas hacía actos de menosprecio de las riquezas temporales por habituarse a athesorar en su corazón las celestiales, quitándose los vestidos que su estado contra su voluntad la forzaba a traher. Tal, los ratos que en la opinión de todos daba al sueño o al entretenimiento daba entretenidísima a la oración, a la meditación. Pero mal puede dejar de dar resplandor la luz sobre el monte, mal encubrirse el fuego en el pecho, mal no derramarse la suavidad del aroma en el sentido de los circunstantes. Guardábase María cuidadosamente, descubríase su virtud sin cuidado. Veneraban sus padres lo que amaban, ufanos de serlo de tan buena [fol. 15r] hija, contemporizaban con sus justos propósitos, y hacía su bondad que disimulasen aun en lo que el amor natural no permitía de aspereza: deseaban fructo igual a ella, viendo dilatada su virtud por la generación lícita en más. Pero ella aborrecía el nombre de esposa, como otras le apetecen, contenta con serlo del que solamente lo es de las almas puras, sabiendo que la hermosura principal de las mujeres es la castidad del cuerpo, que realza sobremanera la pureza del deseo, no la carga que a la del matrimonio sigue, no los temores del parto ''[54]'', podiendo gozarse reina de las mujeres esclavas de su apetito, enderezando los ojos del alma a aquella vida donde se hacen gloriosas y verdaderas bodas, donde la concepción son consuelos de Dios; el parto, meditaciones ordenadas a él. A tan piadosas repugnancias hacían fuerza sus padre con su gusto, con sus deseos, advirtiéndola que la virtud de la castidad es en tres maneras: una del matrimonio, otra de la viudez, la tercera de la virginidad ''[55]''; y que no porque se encarezcan las alabanzas de una, se condemna el uso de las otras; porque cada una tiene su profesión: y en nada se ve [fol. 15v] la riqueza de la doctrina de la Iglesia más que en tener a quién preferir, y en no tener a quién desechar, pues alabamos de suerte la virginidad que no vituperamos a la viudez. Así estimamos a esta que no desdoramos el honor del matrimonio. No siendo estos preceptos nuestros, sino testimonios divinos con los ejemplos de María ''[56]'', de Anna ''[57]'', y de Susanna ''[58]'' confirmados. Hacía a la deseosa de su entereza fuerza el imperio amoroso de sus padres, mas respondíales, humilde, que mirasen que, pues la pureza de las vírgenes es un género de parte angélica ''[59]'', una meditación de incorrupción perpetua en carne corruptible, era justo la cediese la fecundidad de la carne, la honestidad del matrimonio, y que sin duda tendrán en aquella commún immortalidad alguna cosa más que los demás los que han conservado algo no carnal en la misma carne. No pudieron contrastar los honestos propósitos de Doña María la fuerza de los naturales deseos de sus padres. Inclinó el cuello a su voluntad, creyendo ser la de Dios, y no le rehusó al yugo del matrimonio, que pretendió lo mejor de España tanto por la nobleza de su linaje y por el agrado de su hermo- [fol. 16r] sura, cuanto por la fama de la virtud que ponía a una y otra en su última perfección, y a todos cudicia de su participación. Cupo la dichosa suerte a Garciméndez de Sotomayor, caballero andaluz y señor del Carpio, no menos rico que ilustre, a quien como a carne de su carne y cabeza de sus miembros siguió dejando a sus padres, si llorosos por su absencia, contentísimos por la satisfacción que de su estado nuevo el pasado les prometía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Vida de casada y muerte de su marido, consuelo varonil en esta, y paciencia prudente en aquella'''&lt;br /&gt;
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Como fue ejemplo de doncellas Doña María en la casa de sus pares, fue espejo de casadas en la de su marido. Tenía a Garciméndez de Sotomayor por compañero en el estado, no en el deleite, amábale como a hermano, obe- [fol. 16v] decíale como a señor, venerábale como a padre, y regalábale como a esposo. Mas, entre los deleites lícitos del matrimonio, no olvidaba los ejercicios antiguos de la virtud. Antes al paso de los cuidados domésticos nuevos crecía el uso de las ocupaciones virtuosas pasadas, pareciéndole correría por cuenta de su ejemplo la reducción de su marido, la enseñanza de sus vasallos, la crianza (si Dios se los daba) de sus hijos, y las costumbres de sus criados. No había necesidad que no socorriese, no trabajo que no procurase aliviar, no enfermo a que no acudiese, no religioso a que no acariciase, no desnudo que no vistiese, no pobre que no alimentase, no últimamente obra buena que no debiese su ser a sus manos. Teníala el huérfano por madre, el necesitado por hacienda, el enfermo por salud, y todos por todo lo que de la piadosa liberalidad y nobleza virtuosa toma nombre. Regalábase Dios con tan perfectas acciones y regalábala con abundancia de favores. Mas para prueba mayor de los quilates de su virtud tenía el toque de la condición áspera de su marido. Era este caballero menos afable que noble, menos blando [fol. 17r] que virtuoso, menos acariciador de su esposa que estimador de sus raras partes. Era en fin seco de natural, extraño de condición, áspero en las palabras, desapacible en el trato, y corto en el agradecimiento que debía al Cielo por el favor que con compañía tal le hizo. Dependía esto más de su desabrimiento natural que de razón o ocasionada o afectada. Habíalo permitido así Dios para prueba de su querida. Acrisolábala en el fuego lento deste disgusto para que pudiese después parecer la fineza de sus obras a los ojos de los ángeles gozosos, de los hombres imitadores, y de los demonios invidiosos. ¡Oh, sabiduría de Dios, que dispone los medios suavemente ordenados al fin de su gloria y provecho nuestro! Combatían la blandura de Doña María y la aspereza de Garciméndez; la altivez del espíritu deste y la sumisión del de aquella; la piedad de la una y la sequedad del otro; y siempre parecía que, deseando ella no apartarse un punto de su gusto, le daba en rostro con todo cuanto hacía. ¡Tanto puede la desemejanza de los naturales! Mas ella sacaba destos combates victorias de paciencia, y él, si no emien- [fol. 17v] da por ser natural, estima; y Dios el fructo que pretendía en ella de prueba para adelante, y en el de templanza de su condición para el estado presente. &lt;br /&gt;
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Vivieron siete años desta manera sin el fruto con que a los padres hace Dios llevadera la carga del matrimonio. Esperábanle deseosos de la continuación acrecentada de su casa, pero Dios, que había de hacer otra mayor y mejor, tal como suya, aunque dilataba su gozo particular, prevenía el común. Los padres de Doña María, amorosamente impacientes de la absencia larga de su hija, alcanzando licencia de su marido, con sentimiento de sus vasallos, que temían echar presto menos las obras buenas de su señora, la recibieron en Toledo con regocijo universal de todos sus ciudadanos, que tenían en la memoria las acciones maravillosas de su niñez. &lt;br /&gt;
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Salen en el mundo a recebir los gustos, las adversidades, y encadénanse, de suerte que el fin del gozo es el principio de la tristeza, y así alternan sin descanso perpetuamente sus acciones. Siguió al gusto que con sus padres Doña María tuvo el dolor [fol. 18r] que con la nueva de la muerte de su marido poco después la dieron, y así postrada a los pies de Dios decía: “Vuestra posesión soy, Señor; Vos me quitáis lo que me distes. No deseo tanto yo mi bien, como Vos le disponéis: hágase vuestra voluntad sin repugnancia de quien es vuestra criatura. Para morir nacimos, para Vos habemos de vivir. Sírvase Vuestra Majestad de tener en su Reino a quien me distes por compañía, y de enderezar mis acciones a que yo os merezca, y pues me habéis hecho libre, queredme para vos, pues es la verdadera libertad vuestro servicio”. &lt;br /&gt;
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Acompañaban el sentimiento justo de Doña María con el suyo sus padres, pero ella sacaba de las mismas adversidades razones de consuelo para ellos y de provecho para sí, enseñando a tener por bien hecho en las manos de Dios lo que en el sentimiento de los hombres duele, pues quien los hizo para su bien, no les dará cosa que les esté mal. Y el querer atar a nuestro gusto su poder, y escudriñar con nuestro limitado caudal sus soberanos juicios, es sentir arrogantemente de nuestra miseria, bajamente de su soberanía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Ejercicios corporales de virtud en la viudez'''&lt;br /&gt;
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Libre ya de todo lo que la tenía como violenta ''[60]'' su fervor, dio principio a la vida para que tantos años antes en tan diferentes estados se había preparado. Desechó las galas que por el gusto de su marido, casada, y de sus padres, doncella, había trahído, y aunque las principales con que se adornaba eran la honestidad y vergüenza ''[61]'', quedándose con la perfección destas, trocó la bizarría de las otras en un hábito humilde, dando a su cuerpo en vez de las camisas blandas una túnica de sayal áspera, y de los brocados y sedas de las ropas un saco vil de paño pardo, y a su cabeza un manto tosco todo pobre, si limpio, y más para cubrir los miembros que para abrigallos. Hicieron lo mismo muchas de sus criadas sin dificultad, porque los ejemplos tantas veces como vistos, admirados en su seño- [fol. 19r] ra, las tenían reducidas a su imitación. Que esta es la fuerza blanda de la virtud que no solo aprovecha a quien la ejercita, sino que conduce a sí a quien la ve ejercitar. Eran sus ejercicios ordinarios visitar los hospitales, considerar en cada uno de sus enfermos a Jesuchristo Nuestro Señor y acudir como a él a ellos. Hacíales las camas, quitábales los malos olores, curábales las llagas, y sin horror alguno -antes con particular consuelo del Cielo se las besaba-, proveía de suerte sus necesidades que la sucedió muchas veces dejarles hasta las mismas tocas de su cabeza, volviendo a su casa cubierta con solo el manto. ¡Tal era su fervor! No había huérfana en la ciudad que no hallase padre y madre en ella, saliendo de la hacienda de Doña María el dote de sus casamientos. No fiaba de diligencia ajena el remedio de las necesidades de las personas, a que la vergüenza las hacía mayores, sino por sí misma diligentemente las averiguaba, y por sí misma liberalmente las socorría. Extendíase la luz de su claridad aun adonde la del sol no puede entrar, no dejando en las mazmorras de Argel christiano que no gozase de la libertad por su liberalidad. Confe- [fol. 19v] saban aun no hablando los niños que commúnmente se llaman expuestos, y a quien desampara la piedad de sus padres por necesidad, o por infelicidad, las entrañas de madre que hallaban en esta señora sustentando amas que les alimentasen hasta que ella pudiese en edad mayor aplicarlos al ejercicio, que más le parecía conveniente al servicio de Dios y tal vez ella por su persona los llevaba debajo de su manto hasta que con seguridad los entregaba a quien con regalo cuidase dellos. Iba a las cárceles y componía las deudas, solicitaba las causas de los pobres, aliviaba con liberal socorro la desesperación de los condemnados a mayores penas y procuraba reducir a mejor vida a los perdidos. Compadecíase de los trabajos de todos y, fuera del remedio de su necesidad, acudía a su consuelo con el sentimiento del dolor ajeno como si fuera proprio, que es género de medicina al doliente ver en otro quejas de su congoja ''[62]''. Finalmente, no había estado de gente en la ciudad que no tuviese que agradecer a la piedad desta señora sierva de Dios. El cuidado que ponía en remediar las necesidades de las almas no era desigual al que [fol. 20r] ejercitaba en las de los cuerpos; antes este era en orden a aquel, y uno y otro enderezados al conocimiento y confesión de Dios. Tenía tal gracia con todos que aun los que no querían dejarse obligar a mirar por sí, en tratándoles Doña María, lo quedaban voluntariamente a la entienda de sus vidas. A las mujeres, a quien la fragilidad o necesidad trahían perdidas, hacía confesar, y para emienda de una y otra daba hacienda para vivir honestamente, o ponía en retiramientos religiosos con ayuda suficiente para su vida. Prevenía la seguridad de las consciencias de los enfermos que visitaba con la preparación de lo que más inciertamente es cierto. Acudía a los entierros de los pobres y cumplía con las obligaciones de su alma con el cuidado que si fueran sus padres. A todos enamoraba con su vida, enseñaba con sus palabras, y socorría con su hacienda, y no había parte adonde no regalase la fragancia de sus virtudes. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Ejercicios espirituales. Retiramiento del trato de la gente, ilustraciones de Dios en él'''&lt;br /&gt;
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Dejaban libremente a Doña María sus devotos padres, contentos de tenerla en su compañía, que hiciese lo que su fervoroso espíritu la dictaba; y ella se dejaba llevar de la aura suave del divino tan apaciblemente que ni ''[63]'' la fragilidad, de que por naturaleza estaba rodeada, aun ligeramente la impedía, ni ella tenía quietud sino cuando acudía a todo lo que la piedad la representaba. Como era su acción admirable, era su contemplación inimitable: hermanaba el cuidado de Martha con el reposo de María, de suerte que, en la misma solicitud más fervorosa, oraba con quietísima perfección. Para este fin acudía cada noche descalza (que nunca se defendieron del rigor del frío, desde la muerte de su [fol. 21r] marido hasta la suya, sus tiernos pies con abrigo alguno) en compañía de una buena mujer imitadora de su fervor a los Maitines, en que la sancta Iglesia de Toledo canta las alabanzas de Dios, y después dellos las continuaba ella por gran parte del día en altísima contemplación, de adonde salía como encendida en amor de Dios, deseosa del provecho de sus próximos, y destos tomaba motivos para hallar mejor a Dios, alternando siempre desasosiego tan sosegado. Mas deseosa de mayor perfección, dejando prevenido el cuidado de las necesidades ordinarias a que siempre acudía, a personas de conocida confianza, determinó de retirarse de todo el trato del mundo, y por espacio de un año no salió de la iglesia, ni communicó con persona alguna, sino con su devota compañera Juana Rodríguez (que este era su nombre, y de cuyas virtudes daremos muestra en su lugar) y con su confesor. Era este un religioso de San Francisco de grande espíritu, a quien Dios había escogido para enderezar en su servicio esta sierva guía. Obedecíale ella como a quien el mismo Dios le había dado para que fuese intérprete de su voluntad con ella. Preparábase para [fol. 21v] la oración con asperísimas penitencias, teniendo ya aun por regalo el vestido vil en que muerto su marido mudó sus galas, trocando este en un riguroso cilicio, en que desde los pies hasta el cuello tenía enterrados sus miembros. Era el lugar de su sueño la dureza y frialdad del suelo; su ayuno, continuo, y la frecuencia de los sacramentos a arbitrio del religioso Fray Pedro Pérez (que así se llamaba su confesor ''[64]''); había los años antes conmulgado cada ocho días, cosa maravillosa en aquellos tiempos. Mas después, todas las veces que su confesor lo ordenaba, y lo ordinario a tercero día, se llegaba humilde a recibir este augusto sacramento con la mayor preparación que criatura humana puede alcanzar. El espacio que había de una comunión a otra partía en dar gracias a Dios por la merced de la pasada y en examinar su consciencia para la venidera: el día della se abstenía de todo género de manjar, contenta con sustentar levemente la fragilidad del cuerpo con moderada agua y pan, acudiendo a su necesidad los demás días con algunas hierbas desabridas, que servían más de dilatar penosamente la muerte que de tener en pie la vida. Esta era la suya en este [fol. 22r] tiempo si trabajosa según la carne, gozosísima según el espíritu, pues al paso que era aquella macerada, este era alentado. Comunicose Dios Nuestro Señor con esta sierva suya muy como su regalado, descubríala los misterios que no es lícito a los mortales aun pronunciar sin menos purificación que la del propheta. Fueron tantos los favores que recibió del Cielo, que su confesor la obligó a dejar a la posteridad admiración sus maravillas. Mas ¡oh, pecados nuestros! ¿Que a qué sino a ellos se puede atribuir la pérdida de escritos de tal mano, de ejemplos de tal vida, de favores tan celestiales? ''Mas vos, Señora, que por obediencia los escribistes, restituidlos a nuestro ruego: si por nuestros pecados desmerecimos gozarlos, dádnoslos para que con su enseñanza emendados los merezcamos''. Confío en la bondad de Dios que, como es admirable en sus sanctos mientras le sirven, lo será mientras le gozan, y permitirá que se descubra este thesoro a nuestra ciudad, que mereció ser el sitio donde se obraron tantas maravillas. Mas para que por falta de noticia no falte la diligencia que es justo poner en la busca de papeles tan importantes, referiré las palabras del original [fol. 22v] antiguo manuscripto de la vida y milagros de la religiosa señora, de que sacaron sus relaciones todos los que escriben della ''[65]''. &lt;br /&gt;
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“Este confesor era un sancto varón que se llamaba Fray Juan Pérez, de la Orden de nuestro Padre San Francisco, el cual la mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor communicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo communicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. Y así, fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor communicó con esta su sierva en aquel año, y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Sancta Isabel, que nos lo dio su confesor con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión: y todo así como lo teníamos, la mayor parte dello llevó el arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su vida para vella, y sus revelaciones. Diéronselo todo y Su Señoría se lo llevó y nunca más lo tornó, y así tornamos a escribir la vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propria mano, no quedaron sino muy pocas, y veniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamaba Doña Leonor, nuera del duque [fol. 23r] de Alba, demandola para verla y se la llevó y nunca más la volvió, y desta manera se nos perdieron todas las revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima; así no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos”. Hasta aquí son las palabras del original [66]. Tuviéramos sin duda otras maravillas de Dios que loar, como las que en las revelaciones de las sanctas Gertrudis, Brígida, Catherina de Sena, y vida de la beata Madre Virgen Theresa de Jesús, y otras de otras sanctísimas y purísimas almas consuelan nuestra fragilidad, y animan nuestra tibieza, si las desta devotísima señora pareciesen. ¡Oh, hágalo su Divina Majestad como conviniere más para su servicio!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo X. Revelaciones de muchas cosas que succedieron en España. Pónese para remedio de otras la Inquisición en estos reinos por su medio'''&lt;br /&gt;
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De las muchas ilustraciones del Cielo que esta sierva de Dios tuvo en el tiempo de su retiramiento nos ha quedado noticia de pocas, pero admirables, y como muestra de las demás y de que confiamos en la bondad de Dios que, para gloria suya y honor desta devota señora y edificación nuestra habemos algún día de gozar. Afligían su corazón piadoso los que, con desacato de Dios, a quien ella quisiera atraher todo el mundo, dentro de España daban el culto que debían a su Criador a los engaños del primogénito de Satanás, Mahoma. Pedía a su Divina Majestad amorosamente la reducción de tantas almas como engañadas se perdían, no su venganza. Oyola el piadísimo Señor y consolola con la promesa del espacio breve que tendría la impiedad imperio en el de Granada. No la dejaban sosegar los graves pecados que, aun entre los escogidos de Dios, se hacían por la mezcla de los judíos y vecindad de los moros en España, revelóselo Dios para su remedio. Diola también noticia de la relajación de la vida re- [fol. 24] ligiosa y ella de todo a los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel de felicísima memoria, escribiéndosele a Segovia, donde sus Altezas tenían su asiento. Estimaban en tanto la auctoridad desta señora estos gloriosos reyes que no ponían mano en cosa en que ella no hubiese puesto su consejo. Pidiéronla dejase algún tiempo a Toledo y se fuese con ellos. Contemporizó con su gusto por el provecho que esperaba del remedio de cosa de tanta consideración, pospuso su amiga quietud al alboroto de la corte que tanto aborrecía por el bien commún que tanto amaba. Enviaron por ella y por su compañera los reyes y hiciéronlas el recebimiento que para gente venida del Cielo prepararan. Oiánla los devotos reyes como a intérprete de la voluntad de Dios, estimábanla por su nobleza, admirábanla por su vida, llamábanla commúnmente sancta, venerábanla como a tal, y pendían de sus consejos como de oráculo certísimo: deste salió decretada la institución en España del Sancto Tribunal de la entereza de la justicia, de la defensa de la fe, de la Sancta Inquisición, freno de ignorancias libres y de agudezas maliciosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24v] Bramen los herejes de nuestros tiempos contra ella, que como ella es la defensa de la honra de Dios, Dios es el defensor de su justicia. Nada hay en la naturaleza de las cosas tan sagrado a que los sacrilegios no se atrevan, y no porque haya quien temerariamente osado alce la mano contra la altura distantísima de sí, sin poderla ofender dejan las cosas divinas de estar en lo alto; y como las celestiales no pueden recibir daño de las humanas, y el que derriba el templo, o deshace el altar, no daña a la divinidad, así lo que contra la protección del Cielo ignorante, desvergonzada y soberbiamente se intenta, en vano se intenta. Deba, deba España la sinceridad de su fe, el remedio de su contagio en la parte más principal y que no admite achaque, la conservación de su pureza, el ser puesta por ejemplo de religión, el ser (permítaseme decirlo así) verdaderamente cathólica a Doña María de Toledo, a cuyo consejo inspirado de Dios favoreció el poder de los religiosos príncipes Fernando e Isabel, espejos de reyes y ornamento incomparable de los de España, poniendo en ella la Inquisición de que tanto necesitaba. Fuese luego esco- [fol. 25r] cogiendo el trigo de la cizaña que ahogándole amenazaba su perdición. Viose la reformación de los conventos de los frailes menores y monjas claustrales, que esta virtuosa señora había predicho. Confirmose pocos años después la prophecía que de la redución del Reino de Granada tenía hecha, rindiéndose las medias lunas soberbias de los moros a la humildad de la cruz, en que se obró nuestra redempción y veneramos los christianos. ¡Oh, soberanía de los secretos misteriosos de Dios, que oculta a quien confía en su vanidad, que descubre a quien solo le teme!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo destas revelaciones o ilustraciones divinas fue sin duda por intelectual más perfecto ''[67]'', en que Dios da sentimientos interiores de lo que quiere communicar al alma que le merece. Habla Dios al corazón e imprime en él sus secretos, y deja como capaz de tan gran ser la pequeñez nuestra; y aunque la sanctidad consieste más en el cumplimiento puntual de la ley de Dios que en la multitud de las revelaciones, y los más perfectos piden a Dios les lleve por el camino ordinario de sus escogidos, porque tal vez Satanás, transformándose [fol. 25v] en ángel de luz, engañados estimamos el humo de nuestra vanidad por lumbre del Cielo. al que Dios regala con visitas ahora intelectuales, ahora imaginarias, cuando simbólicas, cuando por ministerio de sus ángeles, o como su liberalidad es más servida, él da la aprobación de su virtud y es sancto por el mismo Dios. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo XI. Deja los reyes en Segovia y la casa de sus padres en Toledo por servir a los pobres del Hospital de la Misericordia. Ejercicios de piedad en esta vida'''&lt;br /&gt;
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No pretendía con los reyes más del remedio de algunas cosas que pertenecían a la utilidad commún. Este puesto quísolos dejar, mas ellos pretendían que jamás se apartase de su lado, confiando acertar con su consejo en los negocios más arduos de su reino. Compitió la piedad de los reyes con el amor que Doña María [fol. 26r] tenía a su quietud. Pedía su poder con amor imperioso no les desamparase, respondía la humildad della con entereza cortés que la diesen licencia. Tenían sus acciones por prevenidas con especial orden del Cielo, y así, por no oponerse a sus órdenes, la permitieron la partida durando el recurso a su consejo lo que duró su vida. Volvió a su ciudad, Toledo, después de seis meses que había estado sin tal luz como ennubecida. ¿Quién dirá que el afecto natural no la llevó al instante a los brazos de su madre, que la aguardaba con amor de tal, que la admiraba por sus virtudes con veneración de hija? Pero al que tiran las cosas celestiales falta la sujeción de las terrenas. No la carne, no la sangre la arrastran tras sí; Dios es solo sus padres, Dios sus amigos, Dios todas sus cosas ''[68]''. Trocó Doña María los palacios antiguos de sus mayores por la humildad del Hospital pobre de la Misericordia, los regalos de sus padres por la pobreza de aquella habitación, el ser servida de nobles por servir a los pobres. Recibieron estos como quien había echado menos su regalo personal sino su socorro por mano ajena aquellos meses: alegrose con ellos como si se viera en- [fol. 26v] tre los choros de los ángeles, ofreciéndoles de nuevo, en recompensa de su absencia breve, asistencia (siendo esta la voluntad de Dios) perpetua. Para conseguir mejor este propósito y cumplir la palabra dada a Christo en sus pobres, buscó para su habitación en el mismo hospital una celdica retirada, que podía ser más meditación de la sepultura que habitación para vivir. Su adorno eran unas pajas por cama, una manta y almohada de pelos de cabra para su abrigo, a que correspondía el traje que en este tiempo usaba, cubriendo su cuerpo un saco solo de jerga recogido por la cintura y muñecas con unas sogas, los pies descalzos, a la cabeza revuelto un paño tosco de estopa: todo indicio de su interior menosprecio, contenta solo con cubrir los miembros, dando a los vestidos hechos para la honestidad, no para el deleite, su verdadero oficio. Esta era su habitación, este su hábito. La ocupación, esta. No faltaba en todo el día al lado de los enfermos: a unos hacía las camas, a otros lavaba las bocas, a otros las llagas y, desnuda de la naturaleza delicada de mujer, fervorosísimamente las besaba, teniendo particular gusto con los más [fol. 27r] llagados; por su mano pasaban todas las medicinas, y ella daba ánimo con sus celestiales palabras para no rehusar todo lo que los médicos ordenaban: ella les sazonaba la comida, ella se la partía, ella se la metía en la boca con tanto agrado que por darla gusto los más estragados se animaban, y lo que el deseo natural de la vida no podía con ellos lo alcanzaba, sin dificultad, el ruego amoroso de Doña María. Llegada la noche y cumplidas las obligaciones de los enfermos, retirábase a las nueve a la sepultura de vivos en que vivía, y estaba hasta después de Maitines en oración. Luego, rendida, no vencida, a la necesidad del cuerpo, daba tan escaso tributo al sueño que, como si cometiera un enorme delicto en dejarse llevar d’él, volvía en sí y le desechaba con tanta fuerza que se puede decir que nunca por dormir cerró los ojos, sino que la necesidad por fuerza se los cerraba. Daba por tiempo mal empleado el que no trataba o con Dios o con sus pobres: solo para sí no hallaba tiempo ni le quería hallar. Apenas amanecía cuando volvía a ver sus queridos pobres y a darles con las luces del sol y suya los buenos días. Preguntábales amorosa- [fol. 27v] mente cómo se habían hallado. Al que respondía que no bien, procuraba aliviar volviendo a hacer la cama, dándole con que sosegase. Luego, en general, sacaba, alegrísima de que se sirviese Dios della en ejercicios (según su opinión buena), tan altos los vasos, cuyo olor desapacible podía dar pena o a los enfermos o a los que los visitaban, y por su mano misma los volvía limpios. Y hubo vez que gastó gran parte de la noche en aliviar y componer en la cama a un muchacho enfermo de un mal tan penoso al olfacto como inquieto. Nunca entraba en las enfermerías que no dejase alegres aun a los que la enfermedad no permite tener momento bueno. Trahía de ordinario una cestica en la mano llena de dulces y frutas acommodadas al apetito de los enfermos, y de provecho para las enfermedades: a este daba el azúcar, a aquel el calabazate. Uno le pedía la manzana, otro la granada. A todos acudía con poder de rica y con amor de madre, y siendo los enfermos de ambos géneros más de setenta, ninguno la echaba menos, por tenerla cada uno y ser ella de todos. Llenaban estas ocupaciones el día, y la noche su acostumbrada [fol. 28r] oración y penitencia, si el peligro cercano de algún enfermo no la detenía, de quien no se apartaba cuidando tanto del regalo para la vida como de su buena preparación para su muerte. Dejaba en ocasiones tales de muy buena gana a Dios por Dios. ¡Tal era su fervor!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XII. Institución de la Hermandad del Hospital de la Misericordia. Dale renta. Levántansele grandes persecuciones por su modo de vida. ¿Cuál era este?'''&lt;br /&gt;
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Mueve ''[69]'' el ejemplo de los buenos no solo a otros como ellos para mayor perfección, sino a los malos para su reducción. Era el de Doña María tan eficaz con todos que los más nobles de la ciudad quisieron sino seguir (¿quién puede alcanzar el vuelo de los cherubines?) con iguales pasos su modo de vida, cooperar en [fol. 28v] sus obras buenas lo mejor que pudiesen. Acudían al hospital a aliviar el trabajo que la religiosa señora tenía con el gran número de enfermos, a que otra de menor celo no pudiera satisfacer. Cuales socorrían con limosnas las necesidades de los pobres, cuales por su persona asistían a su comida, componían sus camas y ejercitábanse en todo lo que les era guía fervorosa Doña María. Creció la piedad de los Caballeros tanto que, deseosos de que nunca dejase de ir en aumento, instituyeron por consejo suyo la Hermandad que hoy florece en memoria de su institutora y aprobadora Doña María, y socorro de los necesitados de aquel hospital: y como la institución desta Hermandad se enderezaba a que no faltase quien acudiese al servicio de los pobres, y las limosnas de los que acudían son voluntarias, pareció a la prudente señora que era necesario situar otra forzosa, para que no faltase con qué acudir a su regalo. Para esto le dio de su hacienda veinte y cinco mil maravedís de juros perpetuos y a su ejemplo otros le hicieron donación de otras cuantidades para el sustento de los enfermos. Iba la devoción cada día aumentándose, tomando fuerzas los flacos del ejemplo de quien, sién- [fol. 29r] dolo por su natural, vían tan de diamante para todo lo que era servicio de Dios. Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación. Salía acompañada de la devota Juana Rodríguez un día cada semana a pedir limosna para su hospital, si deseosa de que todo el mundo por su provecho y bien de los pobres se la diese, contentísima de que para su humillación se la negase. Acudía a las plazas, adonde había más concurso de gente, para tener más ocasión de ejercitar la humildad; volvía de ordinario cargada de todas las cosas necesarias para el sustento de los pobres como para el servicio de la casa. Alegrábase viendo ocupar los lugares que los diamantes y oro habían hermoseado con sogas, escobas y otras cargas deste género, que estimaba más que las joyas de más valor, contenta más de anhelar trabajada debajo de tal peso que lucir bizarra con el de las galas. Topábanla sus deudos, y como quien ignoraba el aumento que con aquel menosprecio venía a su estimación, hacían punto de honra del deshonor que, a su mal parecer, creían tener Doña María. Volvían [fol. 29v] a su casa como afrentados a tomar resolución en su remedio. El sentimiento destos y el natural amor combatían el pecho de Doña Juana de Guzmán, su madre, de suerte que, no podiendo resistir a su piedad, se volvía contra su hija, y la llamaba oprobrio suyo, y en la opinión de todos no la daban otro nombre sino el de loca, intentando por todos los medios posibles estorbarla la prosecución de sus intentos, cuando a título de pródiga la despojaban de su hacienda, cuando al de sin juicio la pretendían recoger. Mas ella, alegrísima de que se le cumpliesen sus propósitos con las ocasiones de sufrimiento, daba gracias a Dios, por quien deseaba padecer mucho más. Presentábansele las afrentas que por ella había sufrido Christo y hallábase en las mayores suyas con aliento para otras más amargas por su amor; suplicaba a Dios que llevase adelante la ocasión de sus ignominias, pero que diese verdadero conocimiento de sí a su madre y deudos. Deseaba igualmente la mortificación propria y el provecho ajeno. Pudo tanto su maravillosa paciencia que obligó a los que la perseguían a desistir de las diligencias, que para disuadirla de sus [fol. 30] intentos intentaban. Quedó otra vez con su primer sosiego y el Demonio desasosegado de nuevo. Para invidia deste y premio della aumentó Dios la liberalidad de sus consuelos con tanta particularidad y abundancia que ya no parecía vivir en carne perecedera, sino en compañía de los que gozosos viven para siempre. Prevenía Dios con sus continuos favores la herencia que en su reino la tenía aparejada, y ella agradecida a tantas mercedes procuraba cada día hacerse merecedora de más.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIII. Enfermedad al parecer de todos extrema. Sánala la Virgen Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
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Continuó por espacio de tres años sus fervores en el hospital tan puntualmente que, no bastando las fuerzas humanas a tan gran carga como su celo la hacía leve, se rindió a la enfer- [fol. 30v] medad tan apretadamente que a pocos días la señalaron por horas la vida. Acudieron su madre y deudos al hospital, no valiendo ya contra la piedad natural los enojos pasados y pretendiendo cada uno enriquecer su casa con aquel que ya tenían por thesoro del Cielo poco antes desestimado de su vanidad. Mas nunca consintió que la habitación que había sido testigo de las mercedes que Dios se había dignado de hacerla en la vida lo dejase de ser de las que pensaba recibir en la muerte. Procurando cuanto era de su parte morir como había vivido, pobre, conforme al nombre de que siempre se preció, y a que antepuso el ilustrísimo de su casa, gustando más de ser pobre que Toledo, y alegrándose más de oírse llamar Doña María la Pobre que de los blasones que el nombre de Toledo por tantos títulos ilustre la podía ofrecer. Que la pobreza consiste más en la voluntad que en la naturaleza, y es más verdaderamente pobre el que echa de sí las riquezas que el que nació despojado dellas. Fue la enfermedad apretándola más, y como halló disposición en el sujeto, extenuado con ayunos continuos y penitencias ásperas, apoderose tan imperio- [fol. 31r] samente d’él que ya los médicos humanos, desconfiados de los remedios de la naturaleza, acudieron al señor della, proponiendo lo que ella tanto acostumbraba. Recibió los sacramentos de la communión y extremaunción, y en presencia de sus religiosas compañeras y devota madre quedó, como algunos creían, defuncta. Fue grande el sentimiento no solo de su madre y compañeras, sino de innumerable gente que se había recogido a ver aquel milagro de mujeres, deseosa de participar de alguna partecica de los miembros que ella había corregido al servicio de Dios, de las vestiduras con que se había burlado del mundo. Sacáronla de la estrechura de su celda a la Capilla de Lope Gaitán, que era del hospital, para cuyo regalo eran en otro tiempo las señoras que hoy tienen nombre de beatas cerca d’él, y en cuya compañía estaban las devotas compañeras de Doña María. Tratábase ya de restituirla a la tierra abriendo la sepultura, que había de ser la habitación de su cuerpo hasta la resurección universal. Pero su madre, impaciente de la absencia de su hija por el amor que entrañablemente la tenía, acudió al árbitro de la muerte y de la [fol. 31v] vida, Christo, a quien por intercesión de su clementísima Madre suplicó la volviese la hija que lo era más suya que della misma. Volvíase a la imagen que hoy se venera en la Iglesia destas señoras, decíala: “Perdonad, Señora, al atrevimiento de mis manos por el sentimiento de mi corazón. Madre sois del mejor Hijo, hija era vuestra la que yo parí; o quitáreos el vuestro, o dadme la que, aunque mía, quiero para Vos. Vos no podéis vivir sin el vuestro, yo sin la mía, ¿para qué tengo que vivir? Quitoosle, mientras me la dais”. Agradó a la piadosísima Señora la sinceridad de la piadosa madre y dio de repente (cosa maravillosa) movimientos a los miembros, de que ya estaba apoderado el hielo. Abrió los ojos la que parecía ya defuncta y, como si despertara de un sesgadísimo sueño, alegró con su vista a los que tenían sus luces encubiertas en tinieblas de amarga lástima. Hallose Doña Juana en un instante la vida de su hija, y ella la mejoría y, aunque deseosa de acabarla de cobrar en su apacible estrechura, obedeció al mandato de los médicos, que desesperaban otra vez de su vida si quedaba en el hospital. Pasola su madre a sus casas con gran consuelo de todos los que habían llo- [fol. 32r] rado la falta que su ejemplo había de hacer a todo género de estados, y alegría de su madre que estimaba ya a su hija como mejorada con la vida, que no ella, sino la madre del mismo Dios la había dado de nuevo. &lt;br /&gt;
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[fol.32v] '''LIBRO SEGUNDO DE LA VIDA DE DOÑA MARÍA DE TOLEDO'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Apercíbese para ir a visitar los lugares sanctos de Jerusalén. Mándala Nuestro Señora que mude propósito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el remedio de la enfermedad de Doña María estaba reservado solo al Cielo y la restitución de su pérdida fue milagrosa, la confirmación de su nueva salud fue también rara porque, habiéndola trahído el mal al estado más riguroso, el remedio la puso en sus primeras fuerzas. Quiso Dios de nuevo como forjarla y hacerla por su mano, para que no reconociendo otro origen le estu- [fol. 33r] viese sujeta como el barro a la del ollero. Podía tener algo de carne y sangre debiéndola a sus padres terrenos, quiso el celestial como despojarla deste afecto por traherla solo a sí. Conociolo ella, siguió la voluntad de Dios y, así aunque agradecida a la piedad de la que antes desta segunda regeneración para Dios llamaba madre, determinó de emplearse tan de veras en el servicio de la que la había dado el nuevo ser que tanto estimaba que no dejó modo de vida de los que la piedad christiana ha elegido para la perfección que no intentase. Parecíale convenir su presencia al remedio y regalo de los pobres, que tanto amaba, y que tanto la echaban menos, que tanto ella estimaba, y sin quien tan sola se hallaba. Hacíala la experiencia esta ocupación de mucho consuelo para su alma, de mucha ocasión para afligir su cuerpo. Volviérase a ella si su natural sujeción la dejara contradecir a las órdenes de sus médicos espiritual y temporales, de aquel por estar persuadido que Nuestro Señor se quería servir desta su sierva en cosas mayores; destos por creer que con los ejercicios pasados peligraría otra vez su salud. Pero su fervoroso espí- [fol. 33v] ritu facilitaba los mayores peligros y el camino que al juicio de otros estaba cerrado en las más invencibles dificultades, a su celo, teniéndolas por fáciles de vencer con la ayuda del que con el celo daba el ánimo, estaba patentísimo. Y su corazón, como capaz de solo el Cielo, intentaba aun cosas mayores que la Tierra. Y ya que oprimida de su peso no podía alcanzar lo que intentaba, intentaba lo que era posible intentarse. ¡Tal era el ánimo que el aliento de nuevo restituido a su cuerpo muerto la había infundido! Todo su más principal intento era la abnegación perfectísima de las cosas temporales por entregarse más de veras a las eternas, y así prudentemente proporcionaba sus acciones exteriores con las que más meditaba en lo interior. Consideraba aquella ciudad celestial, donde eternamente reside el gozo. Sabía que la de Jerusalén era su símbolo, y parecíala que ayudaría la usurpación de la vista de la figura a la contemplación de las grandezas de lo figurado, entreteniendo la esperanza de lo que no podía alcanzar con la posesión de lo que a su valiente espíritu se hacía fácil. Consideraba a su Amor crucificado, y estimulába- [fol. 34r] la el amor de morir por su crucificado ''[70]''. Era la pasión de Cristo su último refugio, su singular remedio. Tenía su cruz por ayuda de sus amigos y por defensa de sus enemigos. Era su principal y más estimada ciencia saber a Christo y este crucificado. Toda últimamente pretendía estar en él y le suplicaba no se apartase della. Hacía con amoroso dolor alarde de los muchos que su Amado había padecido por ella y deseaba, ya que no podía igualarlos, imitarlos. Y parecíale que en parte ninguna podría tener la representación más viva de su terribilidad que en las que el Señor de la Majestad se había humillado a sufrirlos ''[71]''. Y como la naturaleza previene el sentimiento que sin saber cómo experimenta el corazón cuando ven los ojos los lugares, adonde se hallan rastros de los que admiramos, o donde vivieron o estuvieron de asiento, creía ella que aquellos en que se obró nuestra redempción la moverían a sentir lo que es posible a un mortal de lo que sintió el eterno. Determinose, en fin, de ir a Jerusalén sin que la distancia de los lugares, ni incommodidad de los caminos pudiese derribar del propósito de su grande ánimo a la fragilidad de su tierno cuerpo. Pro- [fol. 34v] curó su madre reducirla a lo que su piedad pretendía, asegurándola que no se la había dado Dios para quitársela. Tenían sus deudos por temeridad determinación tan, a su parecer, imprudentemente fervorosa, culpaban su imprudencia y volvían de nuevo a su antiguo sentimiento. Mas en ella, que solo tenía por sus padres y deudos a los que la animaban más al servicio de Dios, no hacían más mella los ruegos de unos y enojos de otros que suelen sentir los montes eternos del aura fácil. Determinada pues de atropellarlo todo, dejó orden para que jamás faltasen sus socorros a la necesidad de los pobres. Puso en estado las mujeres que tenían en su compañía y de quien para que sirviesen más a Dios se había dejado en otro tiempo servir, contenta con la compañía de su fervorosa y semejante amiga Juana Rodríguez, y ambas confiadas en el favor de Dios, que no falta a la invocación de los hijos de los cuervos ''[72]'' y puede en el desierto dar abundancia. Sin otro alivio más que el que esperaban de la mano divina, queriendo poner el pie en el camino, se pusieron con toda humildad en su acatamiento ofreciéndole sus deseos, y suplicándo- [fol. 35r] le tuviese por bien de ser su guía sirviéndose de sus obras. Fue esta oración tan fervorosa y tantas las mercedes que Dios les hizo en ella que se determinaron de no llevar adelante su primer determinación por poner por obra la que sabían del mismo Dios que era la suya: ciertas de que a Su Majestad habían sido acceptos sus deseos como si fueran obras, y que el premio merecido destas había alcanzado la sinceridad de aquellos. Porque en los ojos del que todo lo ve son obras la promptitud de hacerlas, la conformidad con su voluntad dejándolas de hacer por las que él gustó, aunque más las sanctifique el celo de los hombres, que debe en todo regularse por el de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Fúndase la casa de Sancta Isabel por orden del Cielo y eligen por abadesa a su fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 35v] Buscaba Doña María todos los modos de provecho para su alma, y parecía en sus ojos menos perfecta de lo que en los de la misma perfección era agradable; y así cuidaba solo de los medios que la podían hacer mejor. Mas Dios, que la quería poner por cabeza de muchas, fiado en el provecho que de su ejemplo había de nacer, la reveló su gusto, mandándola hiciese una casa, donde en su compañía le sirviesen las que él tenía escogidas desde su eternidad por esposas. Fue invencible el gozo que su celo la causó, pareciéndola que, por aquel medio de que Dios se servía que usase, vendrían muchas almas a su conocimiento, y que (como cierta de la perfección con que hasta hoy se vive en su casa) había de ser de gran servicio de Dios y utilidad de los próximos la obra que emprendía. Su madre acompañaba a la admiración de tan repentina mudanza en su hija con la alegría de haberla de tener no, como creía, distintísima de su presencia y sin esperanza de verla más, sino en su ciudad y podiendo gozar perpetuamente de lo que más lucía en sus [fol. 36r] ojos. Era igual el contento de sus deudos y criados que lloraban su absencia como su muerte. Ella y su compañera, cuidadosas de la ejecución de lo que Nuestro Señor las había descubierto era su voluntad, acudían a él con más continua oración, y a esta con preparación más rigurosa. Mas Dios, que se agradaba de su piadosa solicitud, previno al mandato la ejecución, porque cuando solicitaba con más fervor el modo con que se había de poner por obra esta de la Divina Majestad, las humanas vinieron a Toledo, y con su acostumbrada piadosa liberalidad hicieron donación a la que tanto veneraban del sitio que ahora tiene la casa que esta devota señora fundó. Queriendo los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel dejar a la posteridad no pequeña parte de sus raras alabanzas en confianza del nombre que a devoción de la beata Sancta Isabel de Hungría, cuya sanctidad en el estado y nombre igual veneraba la prudente reina, ponían a aquella casa religiosa por su patrona, y respectada por la protección real, siendo hasta hoy su principal título Sancta Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las mercedes que sus Altezas habían hecho a esta casa añadió su hacienda Doña María [fol. 36v], pareciéndola que no era suyo lo que no empleaba en la obra que sabía era más del mismo Dios que suya, y que era género de sacrilegio quitar de lo que era posesión declarada por de Dios. Fue tal esta determinación que fueron más de sete qüentos ''[73]'' los que resignó en las manos de los Reyes para este fin, no teniendo por vida diferente de la que hasta allí había profesado la que no fuese no con protestación solo de pobreza, sino con efecto. Ayudó a esta piedad la liberalidad de Doña Juana de Toledo, su hermana, matrona de virtuosa prudencia, y ejemplar virtud, y mujer de Diego de Ribera, commendador de Monreal de la Orden de Sanctiago, nuestro patrón, y ayo de la misma Reina Cathólica. Dieron los Reyes posesión desta casa a Doña María, hallándose al acto primero de la abnegación de las cosas temporales que en su compañía hicieron sus criadas, y otras deseosas de imitar a quien admiraban. Fue esto el año después de la revelación en que Dios se había dignado de manifestar su voluntad en la fundación desta casa, y el de mil y cuatrocientos setenta y siete ''[74]''. Estaban las casas que los Reyes la dieron en la parroquia de San [fol. 37r] Antonino o Antolín (como vulgarmente se llama) y habían sido de los señores de Casarrubios. Era esta parroquia una de las latinas de Toledo, pero el papa Innocencio VIII, a instancia de los reyes, la incorporó en el monasterio a tres de octubre del año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho. Hiciéronle relación que ellos habían dado para el convento unas casas suyas y que en la parroquia estaban sepultados algunos de sus predecesores, que era muy estrecho el monasterio, que convenía incorporar en ella parroquia, suprimiendo su nombre, beneficios, y parroquianos, aplicándolos a la muzárabe de San Marcos, o a la de San Bartholomé, vecinas. Cometiose el negocio al gran cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y, verificada la narrativa, hizo la incorporación. Los beneficios y todo lo que tocaba a la parroquia de San Antolín se trasladó a la de San Marcos, donde hoy está, como más largamente consta de las bullas de Su Sanctidad y diligencias que para acto tal se hicieron, y yo tengo en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. Fervor nuevo de la abadesa en su nuevo oficio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parecía que no podía caber en la perfección de las obras pasadas de Doña María aumento nuevo pero ella, que, al paso de los ejercicios que inspirada de Dios hacía, procuraba regular sus acciones, se persuadía que cada día tenía obligaciones nuevas, y más cuando se vio hecha, bien contra su voluntad, madre de las hijas para quien había Su Majestad hecho fecunda su esterilidad. Era toda espíritu, y así sus conceptos solo eran espirituales. No la debió nada la carne, pues aun en los hijos, si carnales, lícitos no dejó de sí posteridad. Quería que su mayorazgo fuese eterno, no para tiempo limitado duradero. Quiso lo mismo su esposo y señor, condescendió con sus gustos tan suyos, e hízola madre de las que quería para sus hijas. Fue en fin electa por [fol. 38r] abadesa del nuevo monasterio, y como piedra fundamental puesta por seguridad de la firmeza del edificio que tanto agrada al Cielo, como retrato más proprio suyo. Tenía más necesidad de freno que de espuelas su ordinario fervor, pero la obligación nueva y el ejemplo que oficio tal trahe consigo la aumentaba, de suerte que parecía imposible que la fragilidad de un cuerpo de tierra pudiese llevar adelante ejercicios tan no terrenos. Porque su más blando vestido interior era un cilicio de cerdas que apretadamente aprisionaba sus miembros todos desde el cuello hasta los pies, una túnica de sayal, y el exterior un hábito y manto de lo mismo, entero por los pedazos que sustentaban lo que la vejez tenía deshecho. Todo, en fin, cuanto de mayor menosprecio en la vanidad del mundo, tanto de mayor estima en su humildad: los pies descalzos, y la cabeza cubierta con unas tocas de estopa; la cama al principio era una tabla y por descanso de la cabeza un madero, o una piedra, y por abrigo una manta de jerga tosquísima. Cada semana ayunaba tres días a pan y agua, y los demás acompañaba con algunas hierbas esta aspereza [fol. 38v], teníase por indigna de comer lo que para las demás buscaba, y así sus sobras creía que la sobraban, contenta con los pedazos del pan que, o por los suelos hallaba desechado, o en las espuertas de la communidad guardado para el socorro de los pobres, sin partir jamás pan para sí, tal era el menosprecio que de sí tenía. Era la primera en el coro y la última que salía d’él: la primera que echaba mano de los instrumentos humildes de la limpieza de la casa y, como su fervor era grande, sus fuerzas parecían desiguales a las ordinarias de la naturaleza de una mujer flaca, porque acudía sola a lo que todas, previniendo con su ejemplo el gusto que todas debían tener con la que la communidad las encargaba y aliviando a cada una lo que todas querían hacer. De aquí nacía una tan concorde contienda que, deseando cada una vencer a la otra, todas estaban victoriosísimas, y el Cielo tan gozoso de tantos triumphos como la tierra aprovechada con tantos ejemplos. Porque no solo muchas personas de la ciudad, sino de toda la comarca, aficionadas a la mucha que con admiración se contaba de la vida perfectísima de la abadesa y monjas del [fol. 39r] nuevamente fundado monasterio, dejaban gustosísimamente su regalo por esta aspereza, queriendo más en compañía de tal madre y hermanas padecer incommodidades por Dios que gozar en la de sus deudos y amigos de los entretenimientos que a la mocedad el mundo ofrece. Todo este aumento se debía al ejemplo raro que de todas virtudes, la prudentemente bienaventurada prelada, de sí daba a todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Pónese clausura al monasterio de Sancta Isabel a petición de su abadesa y monjas y hácese de Tercero observante'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vivieron algún tiempo la religiosa abadesa y virtuosas monjas del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo debajo de la regla de la Tercera Orden del bienaventurado patriarca San Francisco tan religiosamente que parecía [fol. 39v] que la clausura no podría aumentar mayor religión. Porque sin duda este modo de vivir, instituido por el beato sancto celoso del bien de todos estados, y aprobado tan justamente por los vicarios de Christo Honorio III ''[76]'', Gregorio IX ''[77]'', Innocencio IV ''[78]'', Nicolao IV ''[79]'', Martino V, Eugenio IV, Nicolao V, Calixto III, León X ''[80]'' y otros, y confirmado con la vida ejemplar de tantos siervos de Dios como en él han resplandecido en virtudes y milagros y hoy resplandecen, es utilísimo a la república, y como tal perseguidísimo de los que, o torcidamente o imprudentemente celosos, han querido (como succede a todas las cosas conocidamente buenas) calumniar o estorbar la ocasión de tantos provechos, o ya juzgando apasionadamente por la imperfección de algún flaco del modo de vida de los demás, o ya invidiando tanta perfección, impacientes del resplandor de virtudes tan heroicas, como en este instituto de seglares y religiosos admiran los que con mejores ojos las miran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fervorosa abadesa quiso estrecharse más y no dejar aspereza rigurosa en el estado que profesaba que no experimentase, y así de consentimiento de sus súbditas pro- [fol. 40r] puso su voluntad al valeroso y religioso cardenal arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Jiménez, el cual, como tan celoso príncipe y tan estimador como conocedor de las virtudes desta bienaventurada señora, condescendió con su petición, la cual, propuesta a la sanctidad de Innocencio VIII y despachada por orden suyo por el cardenal Juliano, obispo de Hostia, y su penitenciario, se intimó en Toledo por el gran benefactor desta ciudad y ejemplo de ricos y nobles el Doctor Don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela, canónigo desta Iglesia y vicario general deste Arzobispado, a cuyas obras heroicas debe Toledo su mayor lustre, como el aumento d’él a sus descendientes, como consta de las bulas de todo, y de la última despachada el año del nacimiento de Jesu Christo, Nuestro Señor, de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro ''[81]'', a diez y ocho de noviembre, que fue el primer año del pontificado de Innocencio. Desta manera quedaron con la clausura que deseaban estos valientes espíritus, que no pretendían otra cosa más que obligarse más a su Esposo Christo, y vacar solo a él con obras dignas d’él, debajo de la [fol. 40v] regla de la bienaventurada esposa suya Sancta Clara, instituida como segunda de las tres que San Francisco sanctísimamente instituyó para provecho de los hombres y alegría de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V. De la observación perfectísima de los votos religiosos del monasterio de Sancta Isabel y de la obediencia de su abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es otra cosa voto que promesa de cosa buena hecha a Dios con deliberación ''[82]'', y aunque son varios sus géneros y todos admirables, ninguno es tan perfecto y tan agradable a Dios como el de la voluntad y persona propia, porque los que se hacen de otras cosas son como de fuera, este como de dentro de nosotros mismos. Y aunque el voto es de consejo, no de precepto, ya hecho y acceptado de Dios pasa a ley por la auctoridad del aceptador, y co- [fol. 41r] mo antes es mejor no hacerle que hecho dejarle de cumplir, después es género de sacrilegio y ofensa grandísima de Dios no cumplirle. Y así al que vota y no falta al voto de Su Majestad no menos que a sí proprio, como él se le dio y despojó de sí mismo por ser más de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las bienaventuradas religiosas de Sancta Isabel cumplieron con la solemnidad de los que solamente constituyen la religión cumpliéndolos con perfección igual al fervor con que los habían hecho, y dando de cada uno los ejemplos admirables que fueron como sementera de los fructos que duran y durarán en la observancia de su posteridad. Aprendían ellas lo que seguían de su fervorosa abadesa, y esta y ellas como piedras madres deste edificio aseguraban la perpetuidad d’él con lo que dejaban que imitar de sí. Y, como en los votos, la obediencia es la summa y sola virtud ''[83]'', porque el ayuno continuo, la oración fervorosa, la penitencia áspera, y finalmente el cumplimiento de todos los preceptos y consejos si se hace a arbitrio proprio, si falta en él la perfección de la obediencia, tiene solo el nombre, no la substancia de la virtud ''[84]'', por ser ella como madre [fol. 41v] y guarda de todas las que nos aúnan con Dios. Ella es la salud de todos, la que halla el Reino de los Cielos ''[85]'', la que los abre, la que levanta al hombre de la tierra, la cohabitadora de los ángeles y el manjar de todos sanctos. Procuraba ejercitar a sus hijas de suerte que, siendo en todas las demás virtudes consumadísimas, se preciasen de tener por perfección de todas esta. Poníalas a Christo Nuestro Señor, que se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le levantó ''[86]'', por ejemplo único de su obediencia, advirtiéndolas que el intento del apóstol sancto no fue aquí probar el poder de Christo, sino ensalzar su obediencia ''[87]'' y así, ¿si el que era señor y maestro sirvió a sus siervos y discípulos, con cuánta más razón debemos servir a los iguales y mayores, y obedecer a Dios y a sus sanctos aun hasta la muerte? ''[88]'' Enseñándonos a los que somos mortales cuanto convenga padecer por la obediencia ''[89]'', porque el que era Dios no rehusó morir. Y así aconsejaba a no reparar tanto en lo que se mandaba, cuanto en que se mandaba ''[90]'', diciendo que en esto consistía la excelencia desta virtud ''[91]''. Porque si el que se entrega a un maestro de [fol. 42r] las artes que llaman liberales o mechánicas se determina a seguir sus órdenes en todo sin disceptar un punto dellas, con cuánta más eficacia se ha de seguir sin repugnancia alguna al que es artífice y maestro de piedad, y de cuya enseñanza depende el verdadero saber. Porque es gran bien obedecer a los mayores ''[92]'', no apartarse del orden de los que tiene Dios puestos para guía de los que le desean agradar, y después de las reglas de las escripturas aprender dellos el atajo de la vida, no dando consentimiento al peor de los maestros, que es la presumpción y juicio proprio. Estos consejos daba la singular prudencia de que Dios la había dotado, y hacía fáciles de seguir su admirable ejemplo, porque con ser superior a las demás en el oficio y en la calidad, era la menor en su estimación y trato. Ninguna cosa hacía que primero no la consultase con todas, deseando que la encaminasen, y sujetándose al juicio de la más mínima, teniendo el suyo, aunque acertadísimo, por descaminado. Obedecía a las que tenían a su cargo los ejercicios ordinarios de la casa, como si ella no se los hubiera encargado. Nunca entró en la sacristía, nun- [fol. 42v] ca en el refectorio, nunca en oficina alguna que primero no registrase su obediencia con la religiosa que cuidaba della. Deseaba summamente descargarse del gobierno de la casa por no hacer acción que no fuese de obediente, y llevábale adelante por sola obediencia, porque a la medida de la desestimación que tenía de sí, era la estima que los superiores tenían della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI. Pobreza de la abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació rica Doña María de Toledo, nació noble. Pospuso la riqueza a la pobreza, y amola de suerte que la antepuso aun a la nobleza, estimando más el título de Pobre que de noble. Fuelo con el afecto aun desde su niñez y, habiendo nacido con ella la nobleza, se puede dudar si primero fue noble que pobre aun en medio de la misma riqueza: ejercitola en su vida no solo desechando de sí lo que era [fol. 43r] proprio, sino amando a los que eran pobres, dando este por indicio exterior del amor interior que tenía a esta soberana virtud. Religiosa ya y obligada a mayor perfección por el voto, no solo le guardaba sincerísimamente, pero exhortaba a su observancia con prudentísimo fervor; decía que no en vano la moneda tenía figura redonda para dar a entender su instabilidad ''[93]''. El ejemplo y consejo de Christo proponía delante a todos para su imitación pues, siendo Señor de la Majestad, no había tenido en qué reclinar su cabeza, y siendo él solo poderoso, se había hecho pobre por el más necesitado ''[94]'', y así que ni era vergüenza ni menoscabo de la opinión hacerse por el de rico, pobre ''[95]'', el reino de los cielos proponía por primero y summo cuidado a que aseguraba con Christo que seguirían las demás cosas temporales, porque bastantemente es rico el que con Christo es pobre ''[96]'', porque a los tales no poseyendo nada, nada les falta. Porque quien nada desea, todo lo tiene con harta más seguridad que aquel a quien nada falta, pues se ve perder el dominio de las cosas ''[97]'', mas la resignación valiente de la voluntad no está expuesta a [fol. 43v] los incursos de la Fortuna. Y así, ¿de qué sirve dar el primer lugar en la felicidad a las riquezas, y calificar por último en la miseria a la pobreza? Pues el rostro alegre de aquellas encubre mil amarguras y sinsabores dentro del pecho, y al aspecto poco tratable desta consuela la abundancia de los bienes que satisfacen el corazón. Regalábase tiernamente con su querido Esposo la devota Pobre cuando echaba de ver que le faltaba aun lo necesario para entretener la vida, tanto por su mortificación y ejercicio de pobreza que tanto amaba, cuanto por la experiencia que tenía de la liberalísima providencia de Dios que, ejercitando a una su confianza, remediaba muy como de su mano las necesidades de sus siervas, aun cuando menos esperanza parece que tenían de remedio. Gloriábase del nombre que más apetecía y decía a sus hijas que nombre tal no era indicio de infamia, sino título de honra ''[98]''. Y que así como se menoscababan las fuerzas del cuerpo con las faltas de lo que le es necesario, se restauraban las del espíritu, porque como con el deleite se estraga, con la fragilidad se perficiona. Fuera de que indignamente es llamado pobre [fol. 44r] el que no echa menos nada, el que no solicita lo que otro tiene, el que es rico de Dios, porque más pobre es el que, teniendo mucho, desea más y nadie llega a vivir tan pobre como nació. Las aves no tienen patrimonio y a los animales no reservó la naturaleza hacienda: a los capaces de razón, sí, los cuales tienen tanto della cuanto menos desean. Y así como el que camina anda más cuanto con menos peso, así en este camino de la vida se ha más felizmente el que aligera la pobreza, no el que gime debajo de la carga de los haberes. Y así el menosprecio de las riquezas es utilísimo porque al breve camino de la vida no es alivio sino carga el viático excesivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo dado esta devota señora al monasterio que regía todo lo que o de su hacienda o por su respecto tenía, era increíble el olvido que todas en ella experimentaban de que aquello fue suyo: parecíala que Dios la había hecho administradora de aquellos bienes y que la había de pedir estrecha cuenta de su distribución. Administrábalos, no los usurpaba; tenía su uso, no su propiedad. Daba a Dios lo que él la había dado, desposeíase de lo que no tenía por suyo [fol. 44v] deseosa de tener que darle, si lo permitiera, su deseo de no tener cosa. Tenía por mal empleado el gasto corto que en su persona hacía; siempre, siendo liberalísima con todas, tenía por prodigalidad la escasez a que consigo ejercitaba. Si comía, era de limosna, contenta con las sobras de las demás: si vestía, era lo que todas menospreciaban y si dormía, aun en esta acción tan natural, no cumplía consigo hasta haber cumplido con todas. Tomaba el sueño como por permisión de las demás, no por necesidad suya. Tal era su afecto a la pobreza, tal su ejercicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Ejemplo y consejos de la abadesa en el voto de la continencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como entre las contiendas con que perturba el Demonio la quietud de los christianos son las más duras las de la castidad, en que es continuo [fol. 45r] el combate, rara la victoria, es el voto que della se hace a Dios de los más acceptos a sus ojos. Porque el ser el enemigo que se ha de vencer doméstico, y andar dentro de nosotros y ser necesario huirnos para huirle; el ser, al parecer amoroso, entrar con blandura, y prometer lo que más la carne puede apetecer, pone la dificultad que solo el prevenido por la poderosa mano del Señor puede vencer. Y así, según esta dificultad es su premio, porque todos los de todas las virtudes acompañan al desta: porque la continencia sustenta y tiene en pie, como fundamento solidísimo, todas las virtudes del espíritu ''[99]'' y todas ceden al valor desta, porque es el esmalte con que salen los quilates del suyo. Y como esta no consiste solo en la pureza del cuerpo, sino también en la sinceridad del ánimo, y este sea el asiento de todas, ninguna reposa donde la quietud desta no es conocidísima por el sosiego alcanzado de las victorias copiosas que con la resistencia varonil se consiguen del enemigo de nuestra quietud. Era la afición que a esta madre de las virtudes tenía la sancta abadesa tal que desde los pechos de su madre deseó consagrar lo más [fol. 45v] agradable de su cuerpo al esposo de las almas, Christo, y si el precepto de sus padres no pudiera con su obediencia tanto, siguiera solo sola a Christo; sabía que la obediencia es más acepta a Dios que el sacrificio, porque con aquella se ofrece la voluntad propria, con ese, si no se regula con aquella, se ofenden los ojos de Dios, no se regalan. Pero en el estado del matrimonio no se diferenciaba en el afecto a la continencia al de la religiosa y, siéndolo ya y habiendo ofrecidose como tanto había, deseaba por posesión sola de Dios, su más fervorosa exhortación era la que a esta virtud hacía, por saber que la fragilidad con que nacimos, cuanto tiene más de peligro, tiene más necesidad de remedio. Preveníale amorosísimamente aconsejando que la victoria del contrario desta virtud consistía más en la huida que en el seguimiento, porque fuera del acto que se hace del conocimiento de nuestra flaqueza se consigue el fructo que con el vencimiento se pretende y que más puede agradar a Dios. Decía que para conservar con pureza esta resolución, ningún medio era más fuerte que la frecuencia devota de los sacramen- [fol. 46r] tos porque, como con las cosas que la Iglesia tiene señaladas para la expulsión de los espíritus dañados, quedan los lugares afectos libres, así el cuerpo, que el espíritu peor tanto desea inficionar cuanto halla más facilidad con su blandura, queda con el uso destos celestiales remedios que Dios dejó para bien nuestro en su Iglesia como incapaz de todo lo que no es Dios, y casi seguro de que el Demonio le pueda dar asalto con pertrecho tan fuerte. Aconsejaba que, aun después de las mayores victorias se temiese, porque nunca hay mayor peligro que cuando parece hay mayor seguridad. Que el Demonio pretende afear la hermosura de muchos años con la torpeza de un solo instante y deshacer la grandeza de muchas glorias con la vileza de un consentimiento, y que quiere más un vencimiento solo de quien ha alcanzado muchos d’él que muchísimos de quien no se le resiste. Añadía que, aunque la maceración del cuerpo no es remedio total para la sujeción del ánimo, es medio grande para disponerle a ella y, como aconsejaba esto, lo ejercitaba, siendo la aspereza de sus penitencias increíbles, no dejando un solo instante el castigo de su [fol. 46v] cuerpo como freno de sus deseos, sojuzgando continuamente las pasiones aun naturales y lícitas, porque el Demonio no tuviese portillo para las ilícitas en ningún tiempo. Fiaba, aun después de tanta experiencia de la sujeción de sus miembros a la voluntad del espíritu, de sí tan poco que renovaba perpetuamente la oración que a Dios hacía por la conservación de la pureza y continencia. Dios la oía de suerte que, como quien se gloriaba de sus glorias, la daba ocasión de ofrecerle muchas, y ella así, por su ejemplo como por su consejo, prevenía los ánimos de sus hijas solo para Dios, celándolas aun de las conversaciones indiferentes porque, como conocía la depravación de nuestra naturaleza, temía la facilidad con que destas blandamente se pasa a las no permitidas, y una vez lisonjeado el corazón y regalado el apetito con estas, tarde o mal se facilita el paso de extremo tan blando a extremo tan, al parecer, contra nuestro deseo por su aspereza. Templaba el rigor de su recato con las alabanzas que predicaba desta celestial virtud, dando nombre a la que se esmeraba en ella ''[100]'' de flor del plantel de la Iglesia, de honor y or- [fol. 47r] namento de la gracia espiritual, de obra de entera e incorrupta alabanza, de imagen de Dios que corresponde a la sanctidad de su Señor de parte más ilustre del rebaño de Christo, por quien y en quien la Iglesia se regocija, y en cuya continencia la fecundidad de nuestra madre la Iglesia florece gloriosamente. Pues cuanto la copia de los continentes es más numerosa, tanto es más copioso el número de los gozos della porque, como las bodas de la Tierra llenan la Tierra, las del espíritu el Paraíso ''[101]''. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Frecuencia de los sacramentos y devoción al sanctísimo de la eucharistía, y abstinencia rara de la abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El más eficaz consejo de la beata Pobre Sor María era su ejemplo, y su principal estudio era la experiencia del provecho que de los ejercicios vir- [fol. 47v] tuosos sacaba, y así el remedio que tenía por más eficaz para la pureza y el que aconsejaba con tantas veras ponía por obra con igual devoción. Tenía la increíble al augustísimo sacramento de la eucharistía ''[102]'', por saber que de su uso nace la posesión de la eternidad, y así solía decir que, así como los que incautamente beben veneno, procuran extinguir su fuerza dañosa con la bebida de otro medicamento saludable, y por convenir que a semejanza del tóxico entre en las entrañas la medicina ''[103]'' y no deje parte en el cuerpo donde no communique su ayuda, así conviene que procuremos expeler el veneno con que nuestra naturaleza se relaja, tomando el medicamento con que se fortifica, para que la ponzoña del uno se remedie con tiempo con la fuerza contraria y saludable del otro. Y que este medicamento no es otro que aquel cuerpo que, siendo vencedor de la muerte, es causa principal de nuestra vida. Porque así como una pequeña parte de levadura hace semejante a sí toda la masa ''[104]'', aquel cuerpo que Dios favoreció entrando immortal en el nuestro le muda y transforma en sí todo. E así la preparación que para [fol. 48r] llegarse a esta celestial mesa hacía, si no igual a la que a su dignidad se debe, la mayor que a criatura humana y por la participación frecuente de Dios ya más que humana es posible. No comía bocado hasta la noche el día (con ser tantos) que commulgaba, pareciéndola no ser justo que otro manjar corruptible acompañase al eterno y, cuando por cumplir con la obligación de viviente acudía a su sustento, era tan parcamente que se contentaba con el limitado número de unas pasas o almendras, pidiendo licencia para dar aquel día lo que la communidad la daba a los pobres que, por desgracia, la fortuna había hecho de honrados, ridículos ''[105]''; y ya solo su honra, según la opinión y estimación del vulgo, consistía en su vergüenza. Moderaba aun esta moderación cuando ayunaba la Cuaresma que llaman de los Ángeles con tanto rigor que no entraba en su cuerpo más que pan y agua fuera de los domingos, que, a persuasión de todas, comía algún bocado de pescado, y los días que recibía a Nuestro Señor solamente bebía a la noche con unos granos de anís, que más por medicina que por manjar la obligaban a tomar. Vino una destas Cuaresmas a visitar la casa el gran príncipe [fol. 48v] y religioso capitán de la Iglesia Don Fray Francisco Jiménez Cardenal y Arzobispo de Toledo, y suplicole la vicaria ordenase por obediencia a Sor María la Pobre, su abadesa, remitiese algo del increíble rigor de sus penitencias. Hízolo el religiosísimo prelado encargando a la abadesa no se dejase llevar tanto del espíritu que estragase del todo el cuerpo, sino que comiese alguna cosa más de lo que hasta allí, y no dejase de echar mano de lo que la pusiesen delante. Ella obedeció guardando su abstinencia porque, cuidando la religiosa a cuyo cuidado estaba el refectorio del número de las pasas, almendras y avellanas que para su sustento la ponía, cuando las alzaba, hallaba solo menos una pasa, una almendra, una avellana, cosa al parecer increíble, y que sola la ayuda de Dios puede hacer que obre quien es mortal y tiene necesidad de sustento para no morir. Con abstinencia tan excesiva andaba tan alentada que parecía que solo con no comer vivía, y que lo que a otros quita la vida, a ella se la daba. ¿Mas, qué maravilla? No el pan es sustento solamente de los hombres, sino las palabras de Dios son manjar para los que las [fol. 49r] oyen para obedecerlas, y cuánto más el pan de los ángeles, el maná celestial ''[106]'', el sustento preparado sin trabajo, que tiene en sí todos los deleites ''[107]'' y la suavidad de todos los sabores. Este la confortaba de suerte que, como acostumbrada a él, no se acordaba de otro alguno. Tenía hecho el paladar a los regalos eternos y no arrostraba los corruptibles. La comida que aligera el alma a los gozos de la gloria la sustentaba, no la que cargando el cuerpo impide todas las operaciones mejores: ¿Qué maravilla quien solo aspiraba a Dios no gustase sino espirar lo que era Dios? Oh, alma bienaventurada, ¿a quién no la carga del cuerpo, no la conversación de los mortales, no la habitación de la tierra pudieron apesgar, distraher, entretener jamás; solo la parte superior, la contemplación celestial, el trato de Dios rigieron, ocuparon, agradaron?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Virtudes varias perfectísimas de Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la vida desta religiosa señora las delicias de Dios, por parecer que en su alma había su poderosa mano plantado todo género de virtudes, y hecho jardín de buenos ejemplos sus perfectísimas acciones. Porque ninguna dejaba de llevar los ojos de los hombres, indicio claro que agradaba a los de Dios, que siempre la virtud, aun de los que la aborrecen, es con veneración interior conocida. Porque ¿a qué piedra no deshiciera el rigor que esta delicadísima señora, y por la quiebra ordinaria de salud flaquísima, usaba consigo? No contenta con las asperezas otras veces ponderadas, hizo tejer una túnica de cardas y lana de cabras para alivio del cilicio que trahía debajo hasta cerca del suelo, tan apretadamente aplicado a las carnes que parecía más cuero dellas que vestidura. Eran las disciplinas tan rigurosas que estremecían las columnas del edificio y, con la blandura que del hierro grueso y mal labrado se puede esperar, y tan copiosos los arroyos de la sangre que con ellas de sí despidía, que cada una [fol. 50r] parecía haber sacado las últimas gotas de su cuerpo y no dejar más que sacar a la siguiente penitencia. Esta era continua por caer sobre las llagas recién hechas la aspereza del apretado cilicio, y renovarlas con todos los movimentos del cuerpo cada instante. Era tan del Cielo su caridad y humildad que ningún día dejaba de ejercitar una virtud y otra visitando amorosamente las enfermas, haciéndoles las camas, aderezándoles los aposentos, y abatiéndose a los ministerios más bajos, aunque necesarios para la limpieza y aseo de los enfermos. Y si alguna vez la obligaban por algún achaque forzoso a entrar en la enfermería, nunca entraba en la cama, solo el remedio de su salud consistía en el regalo que hacía a las demás que estaban en ella, no admitiendo jamás cosa para sí hasta saber que las demás tenían todo lo que les era necesario. Era la primera que laudaba las túnicas de las demás religiosas, la que primero acudía a la cocina, la que primero echaba mano a la escoba y la que a todos los ejercicios de mortificación y humildad acudía primero con emulación tal que a las más perfectas dejaba que imitando admirar y a las [fol. 50v] menor que admiradas imitar. La que consigo era áspera, con las demás era clementísima, tenía don del cielo en dar consuelo a las afiligidas y parecía que para estas ocasiones la inspiraba Dios las palabras más de consuelo que la elocuencia o prudencia humana no pudieran alcanzar. Tenía cada noche dos horas de oración antes de maitines y, hallándose a estos con la communidad, a cuyos ejercicios acudía siempre, aunque más ocupada la primera, se quedaba en el coro sin volver al dormitorio y, cuando la necesidad forzosa del sueño la apretaba demasiado, parecía no consentir con él pues sin hacer movimiento, ni prevenirse par algún descanso, le esperaba en la silla sin que las inclemencias de los tiempos fríos o calurosos la obligasen a abrigarse o aliviarse, si ya alguna vez no cuidaba en el rigor del frío alguna monja de aplicarla, cuando sentía que estaba rendida al sueño, algún manto. Volvía del sueño lo más presto que le era posible a la oración, que siempre hacía de rodillas immoble, aunque con tan copiosas lágrimas como consuelos. Prevenía aun desde su retiramiento el remedio de los [fol. 51r] totalmente hollados de la Fortuna, procurando que nunca faltase el sustento a los encarcelados y, como quien consideraba piadosamente el olvido que destos desgraciados ordinariamente se tiene, no se contentaba con la provisión común del sustento, sino con acudir a las necesidades más particulares haciéndoles llevar agua, carbón, luz y todo lo que en las casas es necesario y en esta se echa menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Pide a Nuestro Señor Sor María que le dé verdadero sentimiento de sus dolores: dásele Su Majestad con una larguísima y penosísima enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacía la señora Pobre de su parte todo lo que creía que la podía unir más con Dios y deseaba que, como Su Majestad la hacía partícipe de sus consuelos, no la negase el sentimiento de [fol. 51v] sus dolores. Era la devoción que tenía a su sacratísima Pasión singularísima, y pedía todos los días a su querido la consolase con esta noticia particular de sus tormentos que condescendió con su regalada Dios, y representóselos con una tan recia enfermedad que, por espacio de un año, afligió todos sus miembros de suerte que ni los médicos la conocían, ni las medicinas la aliviaban. Ella la había pedido, Dios se la había dado. Ella la llevaba gustosísimamente y él se recreaba en ver su consuelo y, aunque como aficionado remitiera el rigor de los dolores que ella padecía, como gustoso de su provecho permitía que los padeciese. Eran tan increíbles los tormentos que, cuando la apretaban con mayor rigor, sentía que decía muchas veces que todos los huesos la sacaban de su lugar, y no tenía miembro que no se le descoyuntase: este rigor era tan a menudo que casi se alcanzaba uno a otro, y cuando se dilataba algo, era el que ella llamaba lento igual al mayor que a otra de menos espíritu afligiera insufriblemente. No tenía fuerza para rodearse a un lado o a otro sin ayuda ajena, y esta había de ser cogiendo todo el dolorido cuerpo con una [fol. 52r] sábana y moviéndole en su camilla con grande tiento. Con ser tan excesivos los dolores, jamás se oyó una sola queja, antes con semblante entero y ánimo constantísimo daba gracias a Dios que la había oído sus tan atrasados deseos y le pedía añadiese tormentos a tormentos pues la paciencia que en ellos mostraba a él solo la debía, y si alguna vez importunada de la piedad de sus hijas contaba la fuerza de sus dolores, como si hubiera encarecimiento en tanto rigor las pedía encarecidísimamente perdonasen su impaciencia, pues no sabía dar a Dios gracias por lo que más se las debía perpetuamente rendir. El alivio mayor que, rodeada de tantos sentimientos, tenía era el trato de Dios, con que se alentaba de suerte que parecía no tener pena o dolor alguno, y era tanto el gozo que interiormente deste trato tenía que le salía al rostro, cosa muchas veces advertida entre las suyas, porque era maravilla verla en un instante con la amarillez y flaqueza que las penitencias y enfermedad era fuerza la acarreasen y, en dando principio a las alabanzas de Dios, se encendía y como hermoseaba y llenaba el rostro de suerte que parecía vender salud y [fol. 52v] tenerla confirmadísima. En todo este tiempo no daba muestra alguna de los dolores que tan crudamente la aquejaban, aunque tenía la misma continuación su rigor que antes. Cosa maravillosa era sin duda esto porque, al tiempo que la parte señora del cuerpo como porción del Cielo aspiraba a él y se recreaba en sus cosas, la sierva e inferior y terrena, aunque tan viva en sus sentimientos, la cedía. ¡Oh, poderío soberano de la razón! ¡Oh, espíritu solo celestial! ¡Oh, preparación de los gustos del Cielo, a que no los sinsabores terrenos, no los sentimientos del cuerpo, no los infortunios a que está sujeta nuestra flaqueza puedan no solo no contrastar, pero ni aun resistir!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los dolores intensos con que Dios como en fuego acrisolaba la perfección, y como en toque probaba la paciencia desta su sierva, jamás hicieron pausas sus acostumbrados ejercicios de abstinencia y oración; antes, como obligada más de Dios, pretendía darse por más reconocida a sus obligaciones. Alegrábase maravillosamente de la merced que Dios la había hecho de darla como a su bienaventurado padre las insignias de su Pasión ''[108]'' en lo exterior con sus [fol. 53r] llagas, a ella en el corazón con sus dolores ''[109]'', y de la gravedad destos concebía el rigor de los de su Señor, y, amorosamente compadecida dellos, le pedía más para ayudárselos a padecer, haciéndole compañía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Revelación que cierta religiosa del Cístel tiene de la sanctidad de Sor María, cuya camisa la sana de una grave enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encruelecíase cada día más la enfermedad y aumentábase cada día más el fervor de quien la padecía y pedía a Dios más mientras más la daba que padecer. Sus devotas hijas, lastimadas de tanto mal, daban muestras, como era razón, del dolor que tenían de los suyos. Ella, agradecida de su amor, las reprehendía su flaqueza, asegurándolas que pues tenía por cierto que aquello venía de [fol. 53v] las manos de la misma piedad, no venía sino para provecho suyo y gloria de Dios, y que sus pecados (como ella decía) eran merecedores de mayores tormentos, y que pues Dios no da más de lo que se proporciona con nuestras fuerzas, no la tuviesen lástima pues no padecía más de lo que podía llevar. Con estas razones consolaba a sus afligidas hijas por el mal de su madre, que cada una quisiera padecer por ella con muchísimo gusto. ¡Tanto era lo que la amaban, y tan digna era ella de que la amasen! Por este mismo tiempo estaba una sierva de Dios, religiosa de la orden del Cístel, gravemente enferma y, tanto por su religión como por su salud, la llevaron una camisa de la beata abadesa sin decirla cúya era, suplicándola que se la pusiese a petición de cierto enfermo que en nombre de Nuestro Señor se lo pedía. La religiosa Martha (que así se llamaba) en viendo la túnica tuvo aviso del Cielo de la reverencia que era justo tenerla por los sanctos miembros que había ceñido, y dijo que ella no era digna de cubrir los suyos con la que había tocado a la sierva del Señor, que no estaba enferma, sino con el sentimiento verdadero de la Pasión de [fol. 54r] Christo, y más enferma de amor que afligida ''[110]'' de dolor, siendo este el mayor que el encarecimiento humano puede ponderar. Que ella antes pondría por reliquia lo que había llegado a quien ella pensaba encomendarse. Admiró mucho la confimación que esta sierva de Dios hizo de la enfermedad y sanctidad de Sor María la Pobre, con cuya túnica la religiosa Martha quedose con entera salud glorificando a Dios que tan poderoso es en sus siervos, y la ciudad admirada de tan maravilloso succeso acudía a Sancta Isabel la Real como al remedio de todas sus enfermedades y trabajos, de que se vían libres fácilmente con la intercesión o reliquias de la beata abadesa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Señales exteriores de las mercedes que Dios hacía a Sor María vistas por otras de sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 54v] Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios. La beata abadesa, aunque no acostumbraba decir ninguno de sus sentimientos [fol. 55r] espirituales sino forzada del mandato de su confesor o superior, condescendió con la instantísima petición de su buena hija (que digna de tal madre debía de ser a quien Dios hacía partícipe de los favores con que regalaba a su querida) y la dijo que Su Majestad se había dignado de hacerla por entonces capaz de conocer la caridad immensa que cuando padeció tan rigurosos azotes tuvo. Otra vez, día de la Transfiguración de Nuestro Señor, la vio otra monja con el rostro tan resplandeciente como el mismo sol. Y preguntándola el día siguiente muy apretadamente la manifestase el misterio de luz tan desigual a las humanas, respondió con gran sencillez que se había servido Dios de descubrirla los misterios que en su gloriosa transfiguración había obrado, como si en compañía de los apóstoles se hubiera hallado en el monte Tabor. Otras muchas veces vían semejantes luces en su rostro o en el lugar donde oraba, pero ella procuraba graciosa y prudentemente darlas a entender que podrían engañarse y que ella no era digna de las ilustraciones divinas que ellas imaginaban. Efectos raros de la fuerza de su oración, y regalos solos de Dios para quien con tanto fervor le sabe agradar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 55v] '''Libro Tercero, del tránsito de Sor María la Pobre, y de los efectos maravillosos de su religiosa Vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado habemos al remate dichoso de tan feliz vida, al premio después del trabajo, al descanso después de la carrera, y a la vida cierta, porque hasta este punto murió la beata abadesa Sor María la Pobre: a quien tan apretadamente aquejó el rigor de los dolores que Nuestro Señor, a petición suya, la había permitido padecer, que la condujo al último fin. Tuvo sin duda d’él ella noticia y así, deseosa de no morir fuera de la communidad, pidió la llevasen al dormitorio. En estando en él, habiendo un día antes celebrado la fiesta de [fol. 56r] los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, como solía, con su ordinaria communión, a otro de la conmemoración de San Pablo último día de junio, miércoles a la una del día la sobrevino una tan ferviente calentura, acompañada de una landre tan dañosa, que la hizo perder el juicio para todo lo que no era Dios. Hizo llamar luego al vicario y, confesada, recibió con grande afecto el viático y extrema unción. Después estuvo dos horas con todos sus sentidos recogida en sí, sin querer la communicación de nadie. Esto fue sábado, un día después de la Visitación de la Virgen, Nuestra Señora. Después deste espacio, volvió a perder el sentido para todas las cosas corporales y de la Tierra; solo para las espirituales y del Cielo tenía el mismo y aun más vivo que antes, como quien estaba más cercana de su gozo, y como a la puerta de la eternidad, a que por tantos trabajos había arribado. Era cosa maravillosa que, faltándola el sentimiento para todas las acciones que no fuesen derechamente en alabanza de Dios, en estas estaba tan fervorosa que nunca parece que había tenido más quieta y sosegada contemplación. Viéndola así una de las religiosas [fol. 56v] que, afligidas por la falta que barruntaban ya con su tránsito, asistían a su sancta madre, la pidió ahincadísimamente la introdujese delante de Dios en su oración y rogase por ella. La amorosa y piadosa madre la respondió con la caridad que solía en todas las cosas de sus hijas: “Cómo hija, ¿por vos sola? Por vos y por todo el mundo ha de ser la oración”. Esto solía ella decir ordinariamente: que los hijos de la Iglesia habemos de imitar a Nuestra Madre que hace oración a Dios por todos, sin exceptuar aun sus enemigos, y que nuestra oración había de ser universal, porque en esto dábamos indicios de lo que nos amábamos, y la caridad era el medio más agradable a Dios para conceder lo que le pedimos. Con esta ocasión, como olvidada de su mal, se volvió a sus queridas hijas y venerables hermanas y las exhortó fervorosísimamente a la unión y al amor fraternal y a saberse hacer de tantos cuerpos y tan diferentes una sola alma, una sola voluntad; que la oración tuviese tanto de caridad como de fervor; que si faltaba aquella nunca habría este. En todo este tiempo, con ser tan tierno el amor a los deudos, como natural, estuvo tan en sí como en Dios, tan desa- [fol. 57r] migada de su carne y sangre como allegada al amor afectuoso del auctor de la suya, no acordándose más de sus parientes que si como a otro Melquisedec no se le conociera padre o madre. Afecto que suele ser ordinario aun en los más perfectos, por no ser género de imperfección traer a la memoria en la hora que todo se deja acá a quien se debe el haber estado en este mundo. Pero la beata Pobre hasta en esto se preció de serlo, olvidándolo todo por su padre celestial y por la compañía de los ángeles, que estaban aguardando aquella sancta alma, afrenta (permítaseme decirlo arrojadamente) de los querubines en el fervor del amor de su Criador, en la inflammación de su voluntad, y en la perfección de sus acciones todas amorosas, todas como para Dios, todas como de quien muerta al mundo vivía solamente a lo que era más que él. ¡Prodigio de mujeres!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 57v]&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Responde la beata abadesa a muchas preguntas de sus monjas: da su alma a Dios, y queda su cuerpo hermosísimo y resplandecientísimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echaban ya de ver las dolorosas y afligidas hijas que caminaba con largos pasos su querida y sancta madre al Cielo y, aunque creían que desde él acudiría a su bien con las ventajas que d’él a la tierra hay, sentían su absencia personal como sus mismas muertes porque tenían en ella señora, madre, amiga, y todo lo que la cortesía y el amor tiene de consuelo. Pero la voluntad de Dios, a que ellas andaban por su ejemplo tan reguladas, las consolaba y, viendo ser fuerza su absencia, procuraban no perder un instante de su doctrina. Hacíanla muchas preguntas, a que ella daba alegres res- [fol. 58r] puestas, no dificultando ya la consulta de su oráculo por el tiempo breve que sabían habían de gozar d’él las que más amaba, y por dejarlas a la despedida en tanto desconsuelo cuanto era de su parte consoladas. Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”. Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”. Esto lo decía con tanta sencillez como alegría, que era tal la de su rostro que esta bastara por respuesta a todas las preguntas ordenadas a los favores que recibía del Cielo. No tenía por ningún modo aspecto de quien tan presto había de ser de la muerte y, si el pulso no desengañara, fuera fácil creer que había sido milagrosa su mejoría. Repetía con [fol. 58v] grande devoción las palabras que, como seguridad de su habitación eterna, regalaban los oídos de Dios y consolaban los de las afligidas religiosas. Cuando se alegraba, diciendo: ''“In pace in idipsum dormiam et requiescam”''. Cuando se entregaba a Dios y se ponía en sus manos, diciéndole afectuosamente, ''“In manos tuas, Domine, commendo spiritum meum”''. Tal vez asegurada de su protección, le suplicaba fuese su guía, con decirle: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas tuas e doce me”''. Tal, como quien por la mano de Dios había llegado al sosiego eterno y, guiándola su Esposo estaba ya en el thálamo de la inmortalidad, repetía dulcísimamente: ''“Haec reques mea in seoulum seculi”''. Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción. Desta manera la asistían todas sus monjas. A muchas el cansancio, a otras la pena pesada había dejado rendirse al sueño un brevísimo espacio, cuando de repente, como si a cada una llamaran de por sí, despertaron todas, y puestas de rodillas alrededor de la [fol. 59r] cama, bañándola en amorosas lágrimas, haciéndolas aun sin hablar elocuentes el dolor, la suplicaron rogase a Dios por todas y, como había sido su madre en esta vida, en la mejor y eterna no dejase de serlo; y que las consolase con su bendición. La beata abadesa, que solo por Dios dejara a quien fuera d’él amaba más que a todas las cosas del mundo, se volvió a ellas, y con la blandura que solía hablarlas, las dijo estas si breves palabras, dignas de perpetua estima: “Hijas mías en el amor, señoras en la estimación, ni es justo que sintiáis mi absencia por mi falta, ni que por vuestro afecto estorbéis mi gozo, pues en esto sola la mano de Dios es la obradora, y en aquello ella misma lo será dándoos madre aventajadísima. Ni en lo uno es acertado desconfiar, ni en lo otro ir contra la voluntad de Dios. Yo voy consoladísima ante su acatamiento por la seguridad que me da vuestra virtud presente de la perpetuidad de la futura en las que a gloria de Dios os siguieren. Echo de ver que a vuestra devoción se deberá todo, como yo el perdón que es justo no me neguéis de mis imperfecciones, para que yo en perpetuo agradecimiento os rinda delante de Dios las gracias que solamente son de Su Majestad por ser vosotras tan unas con él. Y aunque como a [fol. 59v] madre me corriera obligación de exhortaros al amor de hermanas, a la perseverancia en la guarda de los mandamientos y consejos que en su Evangelio y nuestra regla nos ordenó Dios, y a todos los demás ejercicios de virtud que llevan a él, salgo desta obligación viendo la perfección de todas vuestras acciones, confiada en su duración, y que el clementísimo Señor que os escogió para sí, no os soltará de su protección, escogiendo siempre el aumento de vuestro número, hasta teneros consigo”. Esto dijo con tan agradable semblante y tan encendido afecto que, con consolar maravillosamente el descaecimiento de sus hijas, las rajó el corazón con nuevos sentimientos, quedando su respuesta ahogada en sus lágrimas. Después desto la religiosa madre, habiendo repetido sus regalados versos, alzó la cabeza y voz a sus amadas hijas, y las dijo, habiéndolas echado la bendición de Dios: “Adiós hijas mías, quedad en paz” y, cerrando los ojos blandamente, sin más movimiento que si el sueño hermano de la muerte los ocupara sin pena, lunes al reír del alba, cinco días después del último rigor de su enfermedad y el que cumplió un año en ella, siendo de edad de setenta y habiendo estado treinta en la [fol. 60r] religión, a tres de julio del año de mil y quinientos y siete, dio su alma a aquel Señor que la había escogido para esposa suya, y que la estaba aguardando acompañado de toda su corte para darla el asiento en ella que a su amor debía, habiéndose poco antes oído una suavísima voz que la llamaba. Fue tanta la fragancia y suavidad que en prendas de la que la alma gozaba con Dios quedó al cuerpo entre sus monjas, que faltan a la capacidad humana comparaciones para ponderarle, porque todo lo que se dijere, será menos. Deste mismo olor de los ámbares del cielo y de las flores de los jardines eternos participó el aposento donde había estado, y la ropa que había sido o abrigo o cura en su enfermedad. A esta suavidad acompañaba una tan amable claridad que tenía como vestido el cuerpo, que los ojos humanos con ser incapaces della, no la podían perder de vista, ni dejarse de llevar de su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 60v]&lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. De las alegrías del Cielo manifestadas a la Tierra en la nueva regeneración para Dios de la beata Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el alivio de las penosas obras desta vida consiste en el fin della, y en el principio de la que ha de durar para siempre, y Dios es tan puntual y liberal premiador de las que se hacen o padecen por él, quiso para enjugar las lágrimas de la Tierra hacer manifestación de los gozos del Cielo en el dichoso tránsito de la sierva María. Era el llanto universal de los de la Tierra, y para su consuelo era razón se mostrase el universal del Cielo. No hubo persona en la ciudad y en su comarca que no acudiese como milagrosamente al monasterio de Sancta Isabel la Real al instante que espiró su abadesa; todos, aunque llorosos por su falta, apelidan- [fol. 61r] do su nombre y como canonizándola con el commún sentimiento, no dándola otro que la Sancta Doña María la Pobre, y como de quien estimaban por tal procurando alguna pequeña parte de sus vestiduras por obradora de grandes milagros. Y si las demás monjas no previnieran este cuidado fuera imposible detener el concurso de los devotos, que ninguno quería dejar de dar muestras de cuánto lo era desta beata sierva de Dios en lo que más podía tener suyo. Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, ''Sub venite sancti Dei'' etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían [fol. 61v] que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Reconocen el cuerpo sancto las monjas días después y hállanle incorrupto como hasta hoy se ve'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que los religiosos pusieron el cuerpo en la cueva, como se encruelecía la pestilencia y la landre que había apretado a la beata abadesa era como las demás que entonces se temían, sin reparar en ello las monjas que la excesiva pena tenía como fuera de sí, la echaron sobre el rostro cuantidad de cal viva. Pasados más de dos meses cayendo en la cuenta las religiosas [fol. 62r], y pareciéndolas que habían hecho mal en dar sepultura commún a quien creían que tenía asiento particular en el Cielo, alcanzando licencia del juez de la Iglesia, el día de San Matheo del mismo año abrieron la bóveda y sacaron al coro el cuerpo, que hallaron tan entero y tratable como cuando estaba animado. El rostro tenía algo moreno por haber quedado sobre él el velo, y sobre este la cal; el vestido por la parte que llegaba al cuerpo estaba tan entero y oloroso como si se acabara de poner perfumadísimo; por la superficie estaba bañado en agua, por la gran cuantidad que, lavando el coro, caía a la bóveda. De todo salía una fragrancia celestial, sin haber podido la vivacidad de la cal ni la corrupción natural de los cuerpos a que falta la alma empecer aquel que Dios nos dejó entero por muestra de la entereza de su vida, y de la gloria que tiene su alma en compañía de los ángeles. Volviéronle a la cueva por no tener preparado lugar para su colocación, hasta que el día de la Translación de San Luis, teniendo ya lugar señalado para ponerle con decencia, le sacaron otra vez, y con grande solemnidad le pusieron en parte [fol. 62v] donde todos le pudiesen gozar, con singular devoción de sus hijas y de toda la ciudad que concurrió a venerarle.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Avisa la beata abadesa viviendo lo que después sucedió a una monja, ella muerta. Pónese su cuerpo donde hoy está'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bienaventurada abadesa, como dijimos, costumbre de recogerse, después de la oración que continuaba a los Maitines, un rato antes de Prima, en la misma fila del coro, sin otro abrigo que el de su pobre hábito, aunque los fríos fuesen rigurosísimos. Prevenía a esta aspereza alivio una religiosa en extremo devota suya, cuidando de cubrirla, lastimada de su desnudez. Despertó una vez la beata Pobre y halló a la religiosa, su aficionada, ejercitando en ella esta devoción piadosa, y díjola con grande donaire: “Amiga, aun en la se- [fol. 63r] pultura creo que no tengo de estar segura de ti”. Pasó esto sin mas advertencia y, algunos años después del glorioso fin de la abadesa, estando las monjas en el refectorio, esta devotísima suya levantó como pudo la losa de la bóveda y entró en ella sin el temor natural a su sexo y sacó el cuerpo de su madre y amiga y le arrimó a los libros del coro, donde le halló la communidad cuando vino a dar gracias después de la comida, adonde admiraron lo que siempre, siendo su incorrupción y suavísimo olor ocasión de nueva maravilla, de nueva admiración. Después estuvo algunos años en una concavidad sobre la puerta del coro, y de allí le bajaron adonde ahora es reverenciado el año de mil quinientos y setenta y cuatro ''[111]'', siendo abadesa Doña Mencía de Miño, y provincial de Castilla Fray Juan de Alagén ''[112]''. Y una religiosa que se llamaba Doña María Garillo, deseando que el incorrupto cuerpo estuviese con más reverencia, le hizo un hábito y manto de tafetán, que hasta entonces le trahía de lienzo pardo; vistiósele Fray Pedro de Alcázar ''[113]'', vicario entonces de Sancta Isabel, teniéndole arrimado a sus manos Fray Diego de Albacete, en presencia [fol. 63v] de toda la comunidad, siendo a todos manifiesta su entereza y la tractabilidad de todos sus miembros, la frescura de la carne, y la suavidad incomparable de todo él, y de lo que a él tocaba. Faltaba de las manos alguna carne que muchos religiosos y seglares devotos suyos, visitándola, habían, sin consentimiento del monasterio, quitado por reliquias. Esto mismo se vio en los pies y piernas después, porque teniéndolos hacia la ventanica por donde se reverencia el sancto cuerpo, tuvieron ocasión los devotos de enriquecerse con sus reliquias. Tuvieron, como era razón, gran sentimiento las religiosas deste thesoro que, sin orden suyo, las había tomado, y para atajarlo, determinó el año de mil y seiscientos y once ''[114]'' su sobrina Doña Juana de Toledo, siendo abadesa, echar reja en la ventanica y poner a su puerta llave. Hecho ya hábito y manto de picote de seda parda y preparado todo lo necesario para vestirla, no tuvo efecto hasta el año de seiscientos y doce ''[115]'', siendo abadesa Doña Estefanía Manrique también su sobrina: sacaron el glorioso cuerpo una mañana con grande devoción y, puesto sobre un bufete que cubría un terciopelo car- [fol. 64r] mesí, le vistió Fray Antonio de Angulo, vicario deste convento, volviendo a satisfacerse las religiosas de su entereza. Fue tanto el concurso de la gente de todos estados que, sin aviso alguno, acudió al monasterio, que no bastaban las monjas de una y otra reja a satisfacer la devoción de los que pedían alguna partecica del hábito y forro de la caja en que estaba el cuerpo, y a tocar los rosarios que los devotos las daban por la veneración que tenían a la sierva de Dios. Era igual el júbilo que se había derramado por toda la ciudad, en que se convidaban unos a otros para ver el sancto cuerpo y se provocaban a devoción con la memoria de sus virtudes, y se confirmaban en su sanctidad con la experiencia que hacían sus sentidos viendo su entereza, oliendo su fragrancia y tocando su tractabilidad. No quedó caballero eclesiástico o seglar en Toledo que no fuese testigo de tan gran maravilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 64v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI. Visión que tuvo un religioso de Sancto Domingo del recebimiento que en el Cielo hicieron a la beata abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Communica Dios a sus siervos las mercedes que hace a otros, y es género de regalo grandísimo la participación de la gloria de los premiados para los que esperan serlo, porque ven ejemplo de lo que aguardan y se animan a obrar más por alcanzar más, y como sus espíritus están llenos de caridad, tienen por suyo el favor que a otros se hace. El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, vicario del refugio de nobles, virtuosas, y bien entendidas señoras, del monasterio digo [dicho] de la Madre de Dios desta ciudad, que con tanta nobleza y sanctidad vemos florecer, y hombre de conocidísima reli- [fol. 65r] gión llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre: su rostro más resplandeciente que el sol, su cabeza adornada de una diadema de infinita y exquisita pedrería, cuajado el vestido, que era en forma de los que ordinariamente se ponen los diáconos, de la misma y de otra más preciosa las mangas y orlas. Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo. Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel, y que aquellas tan vistosas piedras que hermoseaban su adorno eran premio del menosprecio que de las re- [fol. 65v] quezas temporales y de sí misma había tenido la religiosa abadesa, y que el resplandor que salía de su rostro, manos, y pies era favor particular que, por la aspereza que había consigo usado, las obras buenas que había ejercitado, y la descalcez perpetua con que se había mortificado, había conseguido, y que ya se habían mudado en manojos de perlas y piedras preciosísimas las sogas que habían atado las mangas y ceñido el cuerpo de aquella virtuosa señora. Y que era tanto el gozo de los bienaventurados aquel día que, desde que el Cielo había recebido la alma del gran Doctor Jerónimo, no había habido otro tal recibimiento. De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Inspira Dios a un sacerdote que se encomiende a la beata abadesa, y sana de una grave enfermedad. Son copiosísimos sus milagros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios solo es el obrador de las maravillas ''[116]'', sus sanctos son instrumentos de lo que él obra, porque obra él todo lo que ellos hacen ''[117]'', que las criaturas nada pueden hacer si el que todo lo hizo de nada no se lo permite, y con la permisión les da el poder ''[118]''. Este es copiosísimo en virtud de quien se le da ''[119]'' y, como le es admirable en sus sanctos ''[120]'', ellos muestran serlo en él, siendo sus sombras, sus vestidos y todo lo que nace dellos de admiración al mundo, de gozo al Cielo, de aliento de los buenos, y de confusión de los enemigos de Dios ''[121]''. Siendo uno de los mayores indicios de su omnipotencia hacer en su virtud omnipo- [fol. 66v] tentes a muchos ''[122]''. En la mayor parte de sus siervos ha manifestado estas maravillas, y en nuestra abadesa las manifiesta abundantísimamente. Referiré, de infinitas, pocas para muestra, no para ostentación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Burgos un sacerdote de buena vida, tres años había, tullido y con otras muchas enfermedades, atado a la cama sin poderse rodear sin gran dolor. Suplicaba a Su Majestad se sirviese de aliviarle penas tan desiguales a sus fuerzas y, quedándose una noche como adormecidos él y el dolor, vio una señora de admirable gravedad y gravemente apacible que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a Doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta Isabel de Toledo, que ya goza de Dios, y luego tendrás la salud que deseas”. Despertó al instante y con él el dolor, que jamás fue mayor (como prueba de su fe) y, informándose de la religiosa vida desta señora y cómo ya había dejado la Tierra, hizo decir una † ''[123]'' misa, y luego se sintió sin dolor y vivió de allí adelante sanísimo haciéndose lenguas en la publicación desta maravilla, y fue increíble la devoción que se movió a esta sancta con milagro tan de la mano de Dios, y tan claro indicio de los singulares méritos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 67r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Conciben las estériles que se encomiendan a la beata abadesa: hállase una imagen de Nuestra Señora que preserva de peligro a las que están de parto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo sido esta beata señora casada, no tuvo hijo alguno, y con todo eso, los da a las que después de muchos años de matrimonio, con experiencia de su esterilidad, se los piden a Dios por su intercesión. Experiméntase esto cada día en esta ciudad y en otras muchas partes con grande admiración de quien lo ve, y devoción de quien lo experimenta. Una señora muy principal tenía una hija que quería ternísimamente, la cual era con extraordinario rigor aquejada de un perpetuo dolor de cabeza y, aunque casada algunos años, nunca tuvo fructo de su casamiento. Persuadiose su ma- [fol. 67v] dre, por consejo de médicos y personas de experiencia, que si su hija concibiese y pariese, sanaría de aquel penosísimo mal. Era devotísima de la beata abadesa, por la fama de su religiosísima vida, y envió a pedir a este convento con grande devoción la medida del cuerpo para gloria de Dios entero, y por alguna partecica de sus tocas. Habiendo alcanzado lo uno y lo otro, ciñó a su hija con la medida, y puso en su cabeza la toca de la sancta, y luego (¡oh, poder immenso de Dios communicado en su virtud a sus hermanos!) quedó libre de aquella pesadumbre perpetua de la cabeza y concibió, durando toda la vida muy sana. Que las mercedes de la mano de Dios son no solo para quitar el mal presente, sino para prevenir remedio a los futuros; son liberalísimos, son como de sus manos. Divulgose la fama deste milagro tanto que, habiendo sido el primero deste género, hasta hoy dura la devoción de todas las que remedian su esterilidad con la intercesión desta gloriosísima señora, a la cual de la misma manera se encomiendan las que están en los dolores de parto, experimentando su ayuda por medio de sus reliquias, y de una imagen que está en este mo-[fol. 68r] nasterio hallada por la misma beata abadesa milagrosamente. Visitaba muy a menudo a esta beata señora la religiosísima reina Doña Isabel, con tan gran familiaridad como si fuera su hermana. Eran las visitas como de amiga, y como de quien tenía necesidad de su consejo en negocios muchos y de importancia, largas. Salió una vez entre otras más tarde de lo que solía del locutorio bajo desta casa la reina y la abadesa. Al tiempo que quiso salir, vio en la pared que cae el patio una como estrella o luz pequeña y resplandeciente. Hizo otro día romper el lugar donde la había visto y halló una imagencica de Nuestra Señora, la cual se lleva en su ayuda maravillosamente, y es tanta la fe que se tiene en ella, que suelen venir por ella de muchas leguas alrededor, y de muy lejos de Toledo, y las que están prevenidas con esta ayuda confían en gran manera en su buen succeso sin temer peligro alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 68v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Sana de cuartanas y ciciones la beata abadesa a los que se encomiendan a ella, o tienen sus reliquias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino al convento de Sancta Isabel de Toledo Fray Pedro de Acuña, religioso de San Francisco por confesor de las religiosas, con unas cuartanas pesadísimas, y cuyo mal humor le impedía casi todas las acciones humanas. Diéronle un poquito de la túnica y cilicio de la beata abadesa, y al instante se volvió atrás aquella sucesión igual y alternación, no sin misterio de tiempos señalados, y le faltó la calentura y se halló libre de la pesadumbre y melancolía natural a este achaque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polán, lugar del contorno de Toledo, entró con una carga en este convento y, compadecidas las porteras de la amarillez y flaqueza que en él vían, y sabiendo que había días que tenía cuartanas, le lleva- [fol. 69r] ron a que visitase el cuerpo desta sierva de Dios. Hízolo el buen hombre con tanta fe que, repentinamente, se halló con fuerzas y vieron en él otra color, y salió dando voces que la sancta de Sancta Isabel le había dado salud. Lo mismo entró publicando en su lugar, donde es muy notorio este milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Arboleda, religioso de aquella Compañía que más imita la del Cielo, y a cuyo nombre se postran los cielos, la tierra, y los infiernos, y que tan provechosa es a la Iglesia, habiendo tenido muchos días esta enfermedad, confesó no haberle vuelto más al instante que recibió deste convento una reliquia del cilicio de su abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta casa de Sancta Isabel un mozo a trabajar en la huerta, que tenía como naturalizadas, por el mucho tiempo que había que las tenía, unas ciciones: pusiéronle un poco de la túnica de la sancta y cobró entera salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma merced experimentó otro mozo que vino a destazar unos tocinos, que, habiendo padecido esta enfermedad muchos meses, se halló de repente sin ella por la intercesión desta señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Cubas, lugar desta comarca, vino una [fol. 69v] mujer a pedir alguna reliquia desta religiosa señora por haber en su lugar muchos enfermos deste mal y haber peligrado muchos. Llevó un poco de su túnica, y a todas las personas que la aplicó dio entera y repentina salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo se ha experimentado en Yébenes, Ajofrín, Mocejón, donde ordinariamente se lleva agua, con que ha dado virtud su reliquia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Da vida a dos que en la opinión de todos la habían perdido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase introducido en este monasterio por costumbre dar agua en que ha entrado su reliquia, para los enfermos en todo género de achaques desde el año de mil y quinientos y ochenta y cuatro ''[125]'' que, habiendo hallado un sacerdote desta ciudad, llamado el Licenciado Torres, en su casa puesta por ladrillo una imagen de Nuestra [fol. 70r] Señora de alabastro, tuvo devoción de ponerla en uno de los altares desta iglesia, de[s]de donde la llevaba cada día a muchos enfermos, que hallaban en ella la medicina de sus males. Otras veces trahían vasos de agua, en que metían parte de la imagen: bebían este agua los enfermos y sentían grande alivio. Un día, enviando Diego de Perea, mercader y natural de Toledo, por un vaso desta agua para paladear una criatura que casi muerta quedaba en los brazos de su madre, con pequeña esperanza de que volvería en sí, no se halló la imagen por haberla llevado, como solía, el sacerdote. Fueron tantas las lágrimas de una tía del niño que venía por ella, creyendo no haber de volver a su casa con remedio faltándole aquel último en que solo confiaba, que, movida a compasión una religiosa, la ofreció poner aquel vaso de agua en la caja donde está el cuerpo de su abadesa bienaventurada. Hízolo así y informó a la mujer de los milagros raros desta señora. Volvió contenta la mujer y halló a su sobrino, en la opinión de todos, muerto y cubierto para enterrarle. Su devoción pudo más que sus ojos que la negaban tener vida aquel a quien Dios se la podía [fol. 70v] dar de nuevo. Descubrió al niño y remojole la boca con una clavellina que venía dentro del vaso y había estado sobre el sancto cuerpo. Abrió los ojos, gorjeose, riose, y tomó el pecho como si jamás hubiera tenido diferencia en su salud. Admiró caso tan admirable a toda la ciudad, y Diego de Perea y Ana de Luna, sus padres, le trajeron a ofrecer a la sancta obradora de su vida velando todo un día delante de su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en el convento de Sancta Isabel la nobilísima Doña Francisca de Silva que hoy vive y es madre del mariscal de Noves, tenía [fol. 71v] en su compañía a Doña María de Zúñiga, su hija de edad de dos años. Con esta niña podía tanto la inclinación a la virtud que todos los días se iba al coro y se ponía tan junta al rostro de la sancta que no se apartaba un instante d’él por gran rato, siendo este su principal entretenimiento aun en aquella edad tan tierna. Siendo ya de edad de cuatro años, llevola su madre a su fortaleza de Caudilla, donde cayó de una escalera tan alta que, a no concurrir con su ayuda la mano poderosa de Dios, no llegara con miembro entero a su remate. Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una buena mujer de esta ciudad que se llama Chaves y vive hoy tuvo un flujo de sangre de narices tan abundante que ningún remedio humano le pudo atajar. Acu- [fol. 72] dió a los divinos, aplicándose muchas reliquias y siempre prosiguió la pertinacia deste mal, hasta que venerando una del hábito de la beata abadesa, paró la sangre cuando más corría obedeciendo a la virtud de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
Una religiosa de la orden de San Jerónimo y del religiosísimo convento de la advocación de San Pablo desta ciudad, tenía un brazo que había días que no movía. Enviando a pedir una reliquia desta sancta, en venerándola, halló el remedio que en todo género de medicinas había echado menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora desta ciudad padecía tanto mal en los ojos que no podía sufrir un instante la luz, y había más de cincuenta días que estaba en perpetuas tinieblas, alcanzó de una sobrina suya monja de Sancta Isabel un paño que la beata abadesa había tenido en el estómago el tiempo de su enfermedad, y cobró al momento la luz, cuya privación tanto la afligía, y estuvo de allí adelante con entera salud. &lt;br /&gt;
Había tres años que padecía ceática en una cadera una buena mujer deste lugar, púsose un poco de cilicio de la sancta y [fol. 72v] estuvo de repente sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pondré por remate deste Capítulo, una confirmación que enviaron de otro milagro hecho por la intercesión desta beata señora, de Lisboa, y para mayor aprobación de los demás: “Digo yo (dice la confirmación), Catalina del Espíritu Sancto, monja profesa deste convento de Sancta Clara de Lisboa, que es verdad que yo y las monjas que aquí se firman, vimos y estuvimos presentes por dos veces que la Señora Jerónima de la Pasión tuvo dos accidentes tan recios que la mandaron los médicos dar todos los sacramentos por estar ya como muerta; y en esta primera vez llegó una carta de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo para una monja portuguesa que estuvo allí diez y nueve años, y en ella le enviaban una reliquia de la sancta fundadora la señora Doña María de Toledo, y con la fe que tenía de sus muchos milagros la puso a esta enferma, la cual esperaba el sacramento de la sancta unción, y de improviso se le quitó la calentura y sosegó el pulso que estaba con muchas intercadencias, y de allí quedó tan buena que se espantaron los médicos. Y de allí, como dos meses tornó el mismo accidente con aparencias del peligro pasado, y valiéndose desta reliquia quedó sana alabando a Dios, como la hacemos todas, y las que aquí nos firmamos juramos por nuestra profes- [fol. 73r] sión, que es verdad todo lo que aquí decimos. Fecha a 15 de enero de 1611. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenían en la casa que llaman de la labor las señoras religiosas de Sancta Isabel gran cuantidad de lino, y de instrumentos de [fol. 73v] madera para labrarle. Reconociendo esta oficina una noche quien la tenía a su cargo, echó sin reparar alguna pavesa de la luz que llevaba consigo, y dejando cerrada la puerta, se fue muy sosegada a acostar. Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hubo en este monasterio una religiosísima monja y devotísima de su beata abadesa, y en quien obró maravillosas cosas su intercesión. Esta dejó escrito lo que referiré para [fol. 74r] gloria de ambas: y a cuya relación se puede dar toda fe por su conocida virtud y devoción a esta sancta. Refiere entre otras cosas que, estando Isabel Gaitán, su hermana, en extremo lastimada, y lleno el cuerpo todo de unas tan grandes postillas como la mano, sin poder sosegar un momento y estando imposibilitada de recostarse, se hizo llevar a Juana Gaitán, que así se llamaba la religiosa, y mostrándola con gran dolor las llagas para que se compadeciese a hacer oración por ella, lastimadísima la consoló y dándola un poco de agua de la sancta quedó tan buena como si jamás hubiera padecido enfermedad alguna. &lt;br /&gt;
Estando la misma con un mal en la cabeza tan grande que se temía no perdiese el juicio, habiendo puestose en ella una reliquia de la sancta, dentro de dos días se halló del todo libre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Clara Gaitán, su sobrina, tuvo un pecho como encancerado, hinchadísimo y sin género de remedio. Diole su tía una reliquia de la sancta, diciéndola: “Toma esta reliquia de mi señora María la Pobre, y ponla sobre el pecho, que será imposible no cobrar entera salud, porque no la doy a persona que no reconoce luego su virtud hallando remedio en ella de su necesidad”. Púsosela y [fol. 74v] volviese el pecho hinchado como el sano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía un hombre un accidente tan penoso que, con darle muchas veces, las más le duraba dos y tres meses, y el tiempo que le apretaba más le venia siempre con penosísimo mal de orina; recibió desta devota mujer la reliquia de la sancta y quedó tan libre siempre d’él como si jamás le hubiera tenido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando sin esperanza de vida un mozo con dolor de costado, cobró la salud bebiendo un poco de agua de la sancta. &lt;br /&gt;
Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue Toledo su patria, sus padres personas honradas y virtuosas. Y ella, fructo de oraciones, y dada por la Virgen Nuestra Señora para mayor gloria de su Hijo y suya porque, habiendo estado muchos años sin hijos, suplicaron a la piadosísima Señora les diese para su consuelo alguno, ofreciéndola celebrar con particular solemnidad cada año la fiesta de las [fol. 76v] fiestas, la que tiene tanta parte en nuestra piedad como tiene de gozo en la Virgen sanctísima, viendo celebrarse la Immaculada Concepción desta serenísima Señora Madre de la misma pureza. Confirmáronlo con voto, y hicieron un colegio para la crianza de doce doncellas en el servicio de Dios y su Madre. Oyó sus ruegos la Madre de los afligidos y dioles esta hija tan suya y dádiva tan de su mano como se vio en los favores que della recibió toda su vida, y en las virtudes que heroicamente ejercitó perpetuamente. Criaronla para Dios y teniendo siete años la pusieron entre las demás doncellicas que tenían consagradas a su devoción. Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devo- [fol. 77r] tísima. Casose siendo de edad por condescender con el gusto de sus padres y vivió con la perfección que siendo doncella estando casada: murió poco después su marido, y sabiendo las virtudes que tanto lucían en Doña María, la siguió tan familiarmente que nunca hizo cosa que no se communicase entre las dos, señal cierta de su mucha perfección, pues corría parejas con quien era tan perfecta, y de cuyas obras se debe la mayor y más principal parte a esta sierva de Dios. Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto. Era su oración continua, su mortificación crudísima. Regalábala Nuestra Señora copiosísimamente con sus consuelos. Tenía infinito [consuelo] con el Sanctísimo Sacramento de que era devotísima y, según la preparación que para él hacía, eran las ilustraciones que en él tenía su alma. Era igual la devoción que sentía en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pasión de nuestro Redemptor, de que tuvo singularísimas revelaciones: de todas dejó memoria a los venideros escribiéndolas por su mano. Cosa bien digna de admiración, pues no sabiendo formar una [fol. 77v] sola letra para otra cosa, para las mercedes que Nuestro Señor le hacía escribía muy bien y con grande distinción. Finalmente, toda su vida fue un retrato de la de su sancta compañera: como la de Doña María, de la de Juana Rodríguez. Llegose el fin de sus trabajos con el de su vida, y el principio de su descanso con el de su premio, dándole prenuncios d’él con su presencia la Virgen Nuestra Señora, visitándola y confortándola en aquella última y natural agonía. Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juana Téllez de Toledo, vicaria de la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel de Toledo, hija de Fernandálvarez de Toledo, primer conde de Oropesa y de la condesa Doña María Pacheco, hija del maestre Don Juan Pacheco, y de la marquesa Doña María Portocarrero: esta señora fue a fundar el convento de la purísima Concepción de Oropesa, que fundó el conde Don Francisco Álvarez de Toledo su hermano ''[126]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Antonia de Toledo, Doña Ana y Doña Sancha de Guzmán, parientes cercanas de la señora Doña Juana de Toledo y Doña Teresa Carillo, hijas de Pero Suárez de Castilla y de Doña Leonor de Ulloa. Este Pero Suárez fue hijo de Alonso Carrillo [fol. 79v] de Castilla y de su mujer Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y hermana de la beata Doña María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Juana Manrique de Castilla, hija de Doña Isabel de Castilla, hermana de Doña Juana y Doña Theresa, y de Don Gaspar Manrique, nieto del maestre de Sanctiago Don Rodrigo Manrique, conde de Paredes y de Doña Ana de Castilla. Succedió Doña Juana en el mayorazgo de sus padres a sus hermanos Don Pedro y Doña Estefanía Manrique de Castilla, y goza el convento de las rentas por sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana de Guzmán es sobrina de la fundadora, como hija de Don Pedro Enríquez de Herrera y de Doña Rafaela de Guzmán, la cual era de los señores de Batres, Toledos descendientes de Pedro Suárez de Toledo, hijo de Fernán Gómez de Toledo, camarero mayor del rey Don Fernando el IV y de su mujer Doña Theresa Vázquez del Saz, de cuya casa fue nuestra Doña María por la de Pinto. Por esta misma línea es sobrina de la sancta abadesa la que otras veces con grande accepción por su singular prudencia y este triennio pasado lo fue Doña Estephanía Manrique, hija de [fol. 80r] Juan Gutiérrez Tello, alférez mayor de Sevilla, corregidor de Toledo y a quien esta ciudad debe gran parte de su adorno, como hasta las † ''[127]'' piedras mismas lo publican, y de Doña Luisa de Guzmán. Era este caballero hijo de Doña Leonor de Castilla, hija de Pedro Suárez de Castilla, que, como se ha visto, fue hijo de Alonso Carrillo de Castilla y de Doña Leonor, hermana de la beata Doña María. También Doña Luisa de Guzmán, madre de Doña Estefanía fue hija de Don Luis de Guzmán, marqués del Algaba, y de la marquesa Doña Leonor Manrique. Era el marqués descendiente de los condes de Teba, marqueses de Ardales, que son de los Toledos señores de Casarrubios, de cuya casa fue por los de Pinto la beata Doña María, y su sobrina por parte de padre y de madre Doña Estefanía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esta señora sucedió en el oficio, habiéndole tenido antes seis años su igual en prudencia y religión Doña Juana de Toledo, sobrina de la sancta Doña María, por muchas partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del conde de Oropesa, de que fue Pedro Suárez de Toledo señor de las villas de Gálvez y Jumela. cuya hija y de [fol. 80v] Doña Juana de Guzmán fue Doña Isabel de Toledo, que casó con Garci Álvarez de Melo, y fue su hija Doña Juana de Melo mujer de Gonzalo Pantoja Portocarrero, abuelo paterno de Doña Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por Doña Inés de Guzmán, mujer de Pedro Suárez de Toledo, hija de Tello de Guzmán señor de Villaverde y de Doña Mencia de Haro. Tello de Guzmán era hijo de Juan Ramírez de Guzmán y de su segunda mujer Doña Juana Palomeque, hijo de otro Juan Ramírez de Guzmán, señor del Toral y de Doña María García de Toledo, aunque este es otro Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del Conde de Orgaz, cuya hija fue Doña Inés de Toledo, madre de Doña Juana de Toledo, la abadesa que hoy gobierna, hermana de padre y madre del conde Don Juan Hurtado de Mendoza y Toledo, gentilhombre de la cámara del Rey Cathólico Don Phelipe Tercero y su mayordomo. La Baronía antigua de los señores de Orgaz fue Toledo y por casamientos y otros accidentes vino a ser Guzmán, como ahora es Mendoza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa de Alba: porque Don Garci Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba casó con [fol. 81r] la Duquesa Doña María Enríquez y fue su hijo Don Fernando de Toledo commendador mayor de León, señor de las Villorías, que casó con Doña Isabel Manrique. Tuvieron a Doña Inés de Toledo, que casó con Don Luis Hurtado de Mendoza, prestamero mayor de Vizcaya, señor de Mendibil, de Sancta Cruz, de Campero, y de la Ribera de Zadarra, y fueron sus hijos el Conde de Orgaz y doña Inés de Toledo, madre de la abadesa presente. Por los señores de Higares y por la casa de los de Pinto. Pedro Suárez, señor de Casarrubios, tuvo por hija a Doña Teresa de Toledo, señora proprietaria de Pinto, mujer de Fernandálvarez de Toledo, señor de Higares. Fue su hijo Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, marido de Doña Leonor de Guzmán. Deste matrimonio nacieron Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y su hermana la sancta abadesa. Casó Doña Leonor con Alonso Carrillo de Castilla, señor de Miedes y Mandayona, camarero del rey Don Juan el II y su gran privado. Fue su hijo Gómez Carrillo, señor de Pinto, y Doña Leonor Carrillo, que casó con Don Alvar Pérez de Guzmán, señor de Orgaz y de Sancta Olalla, ter- [fol. 81v] cero abuelo de Doña Juana de Toledo, la última abadesa, que es por estas dos líneas de Toledos cuarta generación de Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, hermana de la beata Doña María, primera abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas señoras son las conservadoras del celo que con secreta virtud dejó como infundido en los fundamentos desta casa su beata fundadora, y que perpetuamente por su protección durará para gloria de Dios y ejemplo de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo he hecho relación sencilla de lo que no tenía necesidad de más adorno que su verdad. No he alabado sino venerado lo que sinceramente he escrito. Que la alabanza nunca es de estima sino cuando la da quien la tiene ''[128]'' y para la desta bienaventurada necesaria era la elocuencia de quien lo fuese en quien ni la sospecha de lisonja, ni la falta de palabras pudiera menoscabar el crédito de su verdad. ''Vos, beata señora, y riquísima Pobre, que os habéis dignado de mi atrevimiento, llevad por vos adelante el fructo de mi voluntad; maravillando de nuevo a los que se sintieren en sí por medio de instrumento tal inútil. La Ciudad, que se gloria de vuestro nacimiento pri-'' [fol. 82r] ''mero, experimente en vuestra protección las glorias que tenéis en el segundo. Dignad los ojos dignos ya de solo Dios a los que en vos, como medio eficacísimo para él, los ponemos. Y alcanzádnos de quien tenéis por tan vuestro vuestra imitación en esta vida para su servicio y en la otra su gloria para vuestra compañía''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo que aquí o en otra parte he dicho o diré sujeto a la corrección de la Sancta Iglesia Apostólica Romana, como a cabeza y madre de la fe que los cathólicos profesamos, y al juicio de los sencillamente doctos. En Toledo, en mi estudio, día primero de la Pascua de la Resurrección del Señor de MDCXV. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por:&lt;br /&gt;
Don Tomás Tamayo de Vargas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Paratextos:]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura del Don Francisco de Pisa, deán de la facultad de Theología y Doctor en ambos derechos, etc. Historiador de la ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto y leído los tres libros intitulados ''Vida de doña María de Toledo Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, primera Abadesa de Sancta Isabel de los Reyes de esta ciudad, escrita por el Doctor Don Tomás Tamayo de Vargas'' y aseguro, como christiano, que es una de las cosas mejor escritas que hay en España y que es gran maravilla que persona de tan poca edad como su auctor y tan divertida en tanto estudios como son las lenguas, la humanidad, las historias estranjeras y nuestras, la Theología y Sagrada escriptura, pueda cumplir tan eminentemente en cada una, como sino tratara de otra, como tantas veces yo tengo experimentado. Y juzgarán todos los que vieren sus libros, tan llenos de erudición rarísima, y la obra presente tiene tanto de doctrina como de espíritu, que no admira a menos que enseña. Y es muy buena muestra de la historia de la Iglesia Sancta y Arzobispos ilustrísimos de Toledo con que quiere ilustrar a su patria esta relación de la vida admirable desta señora, que dejó las riquezas del mundo por ser pobre riquísima de Dios y no tenemos que tener otro ejemplo de bien hablar, divulgándose esta obra. Esto juzgo, y que no tiene cosa alguna contra la fe o buenas costumbres, antes ser muy útil y provechosa para cualquiera género de gente, y que se le debe dar la licencia que pide. En Toledo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Don Francisco de Pisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] “De Signis Ecclesiae Dei. De Origine seraphica religioni, folio DCXXXVI”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En la Crónica de Francesco Gonzaga se encuentra bajo el título “De monasterio Clarisarum S. Elisabetha Regina Toleti”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] “Capítulo XIII. Libro III., y sin nombre de auctor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] “Capítulo XIX, libro I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] “Exodus XXII-XXXI”. La traducción es “Hombres santos seréis para mí”. La cita: “Viri sancti eritis mihi carnem quae a bestiis fuerit praegustata non comedetis sed proicietis canibus” / “Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros” (Éxodo 22:31, las traducciones al castellano proceden de la Biblia de Jerusalén).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] “Leviticus XI-XXIX. XXXXVI”. El texto de las Escrituras dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. La cita de Levítico 11, 45 dice: “ego sum Dominus qui eduxi vos de terra Ægypti ut esem vobis in Deum sancti eritis quia et ego sanctus sum” / “Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo”. La cita a la que parece hacer referencia el texto podría ser: “ego enim sum Dominus Deus vester sancti estote quoniam et ego sanctus sum ne polluatis animas vestras in omni reptili quod movetur super terram” / “Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo” (Levítico 11, 44) o más probablemente: “loquere ad omnem cœtum filiorum Israël et dices ad eos sancti estote quia ego sanctus sum Dominus Deus vester” / “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19, 2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum LXXXVII”. El texto bíblico dice: “Guarda mi alma, porque yo soy santo”. “Custodi animam meam quoniam sanctus sum salvum fac servum Tuum Deus Meus sperantem in te” (Liber Psalmorum 85, 2) / “Guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios” (Salmos, 86).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] “Liber Epistula ad Romanos, I, VIII-XXVIII”. El texto bíblico dice: “Los que son llamados santos”. La expresión “vocatos sanctos” puede proceder de otros libros de las Escrituras (Efesis 1, 3-4; o Timoteo 1, 6-11), aunque es más probable que sea una cita de la tradición exegética del pasaje señalado por el autor: “Scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum his qui secundum propositum vocati sunt sancti” / “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Romanos, 8, 28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] “Seneca, liber I, De Ira, capitulum XII”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] “Liber Genesis capitulum IV. Beda in Genesim. Petrus Comestor in initium Historiae Scholasticae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] “Liber I Paralipomenon [Libro de las Crónicas I]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] “Liber Ieremiae, XXXV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] “Liber I Regum, X. Nicodemi, Literae in Liber Preg.; Thomas Vvaldensis, tomus I, liber. IL, capitulum IV; Hieronymus, Epistula ad Rusticum Monachum, Ecclesiasticus XLVIII; IV Liber Regum, VI; III Regum, IV”. Aquí hay un error de cita, se refiere al Capítulo IV del segundo libro de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] “Hieronymus epistola exhortatio ad Paulus, XXXV; Isidorus, capitulum IX, liber II, De Oficiis; Dominus Thomas II. II quaestio LXXXVIII; Alvarus Pelagius, Epistula Silu., liber II, De plan; Liber Ecclesiastes, LVI; Casianus, Collationes patrum, XVILI, capitulum V; Eusebius, II Historia Ecclesiastica, capitulum XVII; Rufinus, liber X, Historia Ecclesiastica; Theodorus, liber L, capitulum VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [N. al m.] “Actor. IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [N. al m.] “Dionysius Areopagita, De Ecclesia Hierarchia. De Coelesti Hierarchia]; Cast. adver. haere. lib. LIV; Tertulianus, De velandis virginibus; Ambrosius, De institutione virginis; Eusebius, in Vita Constantini”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [N. al m.] “Athanasius in Vita beati Antonii abatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [N. al m.] “Gregorius Nazianzus in Oratio Basil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [N. al m.] “Augustini VIII Confesiones, capitulum VI; Antonius III, Patrologia, titulus XXIV. capitulum XVI; Gregorius, liber II Dialogi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' [N. al m.] “Sanctus Bernardinus, De sacra religione, capitulum II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [N. al m.] “† MCCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Error: aquí se repite la numeración con el número 4, pero corresponde al folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [N. al m.] “Gonzaga, De origine Ser aphica Religionis Franciscana; Hieronymi Plati, De bono status religiosi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [N. al m.] “Hieronymus ad Eustochius” [Eustachius].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [N. al m.] “Tacitus, in VI De vita Lulii Agricolae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [N. al m.] “Horatius”. Probablemente se refiera al verso “Fortes creantur fortibus et bonis” de la Oda IV del Libro IV de Odas de Horacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [N. al m.] “Euripides in Hecuba; Ovidius Metamorphosis XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [N. al m.] “Plinius In prooemium Historiae Naturalis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' [N. al m.] “Pedro de Alcozer, libro I de la Historia de Toledo, Capítulo LXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [N. al m.] “Ambrosio de Moral en las Antiguedades de las ciudades de España”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [N. al m.] “Philipus Bergomas, in Suplementum Chronicarum; Bartholomeus Platina, in Vita Pontificum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [N. al m.] “Aporte en su nobleza Don Fray Prudencio de Sandoval en esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [N. al m.] “I”. A partir de aquí marca con números los primogénitos de cada una de las generaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [N. al m.] “II”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [N. al m.] “III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [N. al m.] “IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [N. al m.] “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [N. al m.] “De adonde tuvo principio el proverbio commún, no por el huevo sino por el fuero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' [N. al m.] “VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' [N. al m.] “VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [N. al m.] “VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [N. al m.] “Año de MCCLXXXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [N. al m.] “IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [N. al m.] “X”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [N. al m.] “La Chrónica de Sanctia, Capítulo XXXVI. Año de MCCC [LX VI]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [N. al m.] “Año de MCDXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [N. al m.] “XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [N. al m.] “La Chrónica del Rey Don Juan el II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' [N. al m.] “XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [N. al m.] “Pedro Alcozer, libro Capítulo XXXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [N. al m.] “Ambrosius, in Expositio Evangelii secundum Lucam”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [N. al m.] “Naumachia, apud Stob. sermo LXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [N. al m.] “Ambrosius, de Vid”. Probablemente se refiera al De Virginibus de Ambrosio de Milán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [N. al m.] “Liber Iudicum I, XXX, VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [N. al m.] “Evangelium secundum Lucam II, XXX, VI”. El texto dice: “Et erat Anna prophetisa filia Phanuhel de tribu Aser hæc proceserat in diebus multis et vixerat cum viro suo annis septem a virginitate sua”; “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido” (Lucas, 2, 36)].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [N. al m.] “Daniel, XIII, LXVIII”. La referencia al versículo es un error (sólo hay 64 en este capítulo), pero la alusión a Daniel 13 en general es apropiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' [N. al m.] “Augustinus, De Sancta virginitate, capitulum XIII, tomus VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [N. al m.] “Éstas aconsejaba Pythágoras a las matronas Crotonienses. Justinus, Liber II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [N. al m.] “Gregorius Nazanzius, in Carmina ad Olympo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [N. al m.] “Juan le llama el libro antiguo de mano, pero los impresos le dan este nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [N. al m.] “Fray Marcos de Lisboa desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte; Fray Francisco Gonzaga, III parte de Origine Seraphica Religionis Monasterium I fol. de XXXVI; Fray Pedro de Salazar, II versión de la Chrónica de la Provincia de Castilla, desde el Capítulo CXXIV hasta el XXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' [N. al m.] “Capítulo IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [N. al m.] “Beatus Gregorius, liber XXVIII Moralia in capitulum Iob. Moralia in Job, XXXVIII. Isidorus, liber VII, Etymologiae, CVIII; Chrysostomus, liber De incomprehensibili Dei natura, homilia IV; Augustinus, in Evangelium Ioannis XII tractatus, IV; Bernardus, Sermo V ad fratres; Clemens Romanus VIII, Constitutiones, Capitulum II; Anathasius, Epistula quaestio XXXII; Ignatius Antiochus, homilia LXXXIV, De insonis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [N. al m.] “&amp;quot;Deus meus, et omnia&amp;quot;, Beatus Franciscus”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Inicial invertida por error de imprenta: uno lee “Weve”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [N. al m.] “Beatus Ignatius, Epistola ad Romanos, XII; Beatus Bernardus, Sermo XXII, in Canticum canticorum; Beatus Augustinus, Sermo XIX, De sanctitate/De sanctis, tomus X. No habiendo encontrado la edición de los sermones de San Agustín que el autor usó, y teniendo en cuenta las variaciones de cifras, es difícil saber si hace referencia a “De sanctitate” o a “De sanctis”; Beatus Bernardus, Sermo XLIII, in Canticum canticorum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [N. al m.] “Cornelius Nepos, La vita Atici”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, CXLVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “Siete qüentos”, es decir, siete millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [N. al m.] “MCDLXXVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [N. al m.] “MCDLXXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [N. al m.] “MCCXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [N. al m.] “MCCXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [N. al m.] “MCCXLIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [N. al m.] “MCCXC”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [N. al m.] “MCDXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [N. al m.] “MCDLXXXLV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXV; Origenis, Homilia XXIV, in Numeri; Augustinus, Sermo LXI, De tempore; Tertulianus, Adversus Psychicos, capitulum XI. Probablemente se refiera a De ieiunio adversus psychicos]; Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum; Augustinus, Epistola XLVI ad Arm. et Paulinus; Liber Ecclesiastes, VIII; Epistula I ad Timotheum, V, XII. “Habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt”; “e incurren así en condenación por haber faltado a su compromiso anterior” (1 Timoteo, 5, 12); Epistula ad Ephesios V, XXXII; Fulgentius, De Fide ad Petrum, capitulum III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [N. al m.] “Augustinus, tomus IX Sermo De obedientia et humilitate, capitulum I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [N. al m.] “Augustinus, XIV De Civitate Dei, capitulum XLI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [N. al m.] “Auctor Vitae Patrum, pars II, capitulum CXXXL”. O bien CXXXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' [N. al m.] “Epistula ad Philipenses II, VLII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [N. al m.] “Ambrosius, Sermo XX, in Psalmos davídicos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula Ad Philipenses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [N. al m.] “Bernardus, De grad. hum. De Gradibus Superbiae et Humilitatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [N. al m.] “Idem, De praecepto et dispensatione”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [N. al m.] “Basilius, II Liber Consuetudinum Monasticarum, CXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula VIII ad Demetriadem”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [N. al m] “Hieronimus, epistula I ad Heliodorum, capitulum II; Epistula II ad Corinthios, VI, X”. El texto dice: “Quasi tristes semper autem gaudentes sicut egentes multos autem locupletantes tamquam nihil habentes et omnia posidentes”; “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (II Corintios, 6, 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [N. al m.] “Valerius Martialis, liber IV capitulum IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [N. al m.] “Minutius Felix in Octavius”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum XXIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [N. al m.] “Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' Aquí hay una nota al margen ilegible, probablemente una cita bíblica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [N. al m.] “Gregorius Nysenus, Oratio Catechetica Magna, capitulum XXXVI, apud XXX Panoplia, parte II, III, XXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Nota al margen ilegible. Teniendo en cuenta el cuerpo del texto, podría hacer referencia a la parábola evangélica de la levadura, pero tal pasaje aparece en el Capítulo 13, tanto de Mateo como de Lucas. Aquí, sin embargo, la nota indica el Capítulo 6 de algún otro texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [N. al m.] “Juvenal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [N. al m.] “Liber Exodus, XVI, XXV”. El texto dice: “Dixitque Moses comedite illud hodie quia sabatum est Domino non invenietur hodie in agro”; “Dijo entonces Moisés: “Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yaveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (Éxodo 16, 25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [N. al m.] “Liber Sapientae, XVI, XX”. El texto dice : “Pro quibus angelorum esca nutristi populum tuum et paratum panem e caelo praetisti illis sine labore omne delectamentum in se habentem et omnis saporis suavitatem”; “En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos” (Sabiduría, 16, 20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [N. al m.] “Bonaventura, in Vita Sancti Francisci, capitulum XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [N. al m.] “Hier. Bedul. in comm. log. D Francisc. &amp;amp; lib. I. Apolog. ca. XVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' El autor escribe “afligada”, forma que aparece en escritos medievales castellanos, catalanes y occitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' Probablemente Juan de Alagón, como figura en otras crónicas de la época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' Pedro de Alcocer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [N. al m.] “MDCXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [N. al m.] “MDCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXXI-XVIII”. El texto dice: “Benedictus Dominus Deus Deus Israhel qui facit mirabilia solus”; “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!”, (Salmos 72, 18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [N. al m] Aug. In did.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [N. al m] “Evangelium secundum Ioannem, III, XXVII”. El texto dice: “Respondit Johannes et dixit non potest homo accipere quicquam nisi fuerit ei datum de cælo”; “Juan respondió: &amp;quot;Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (Evangelio de Juan, 3, 27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [N. al m.] “Phil. IV. XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXVII, XXXVI”. El texto dice: “Mirabilis Deus in sanctis suis Deus Israël ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suæ benedictus Deus”; ¡Temible es Dios en su santuario! Él, el dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!” (Salmos 68, 36). La traducción de la Biblia de Jerusalén opta por “temible es Dios en su santuario. En cambio, parece que Tamayo de Vargas entiende esta cita de manera literal como “Maravilloso es Dios entre sus santos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [N. al m.] “Actorum [acta apostolorum], V, XV; XIX, XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [N. al m.] “Acto. Sermo LXXX in Cant; Petrus Damianus, De institutione monialis, cap. XV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' [N. al m.] “A no ser inspiración del Cielo, no se permitiera fácilmente tal honor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' Erisipela, enfermedad de la piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [N. al m.] “MDXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [N. al m.] “† Está en muchas la memoria deste gran caballero por las obras señaladas que en adorno y provecho de Toledo hizo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [N. al m.] “Nevius apud Cicero, liber V epitomes VI et XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c) y se han conservado los subrayados. Señalo también las columnas dentro de las páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136a] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136b] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137a] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Juntamos esta frase con la siguiente para facilitar la comprensión de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chronica de la santa provincia de Granada, de la regular observancia de Nuestro Seráfico padre San Francisco, dedicada al señor Don Juan Antonio de Contreras remírez de Arellano, alcayde perpetuo de las Fortalezas de Cambil, y Alhabar, del Consejo de su Magestad, su Alcalde de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada''. Madrid, Juan García Infançon, p. 836b-837b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes, aunque se conservan cultismos y la escritura de palabras como “mesmas”. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. En cuanto al grupo de sibilantes, se ha actualizado la -ç-, la -z- y la -ss-. La grafía x se ha actualizado como sonido dorsopalatal fricativo. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como la s y s larga (ſ). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV. Vida y muerte de la Hermana María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[836b] No siente las cadenas el cuerpo, ni el pie los grillos, mientras la criatura se halla arrebatada y como fuera de sí. Grillos insufribles y pesadas cadenas son, para la hermosura y gentileza airosa de la mujer, el vestir basta jerga o privarse de las ricas galas, que usan las de su estado y tiempo, componiendo lo decente con lo rico y primoroso de sus trajes, de donde se colige que, sin duda todas las Terceras, que serán asumpto a los siguientes capítulos de este tratado, vivían totalmente negadas a sí mesmas y arrebatadas del amor divino [837a] pues no sentían el vestirse de jerga unas y el despreciar vistosas galas otras. Empiezo, pues, su narrativa por la más notable, así en calidad y naturales prendas, como en humildes desprecios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana María la Pobre, llamada en el siglo Doña María de Toledo, fue hija de Pedro Suárez de Toledo ''[1]'' y Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto, ilustrísima sangre de Castilla, que conservan hoy las casas de los primeros señores de la Monarquía, con la grandeza de España que todas las más gozan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan amante de los pobres desde sus tiernos años, que su mayor delicia era el ver darles la limosna y ella la hacía con cuanto podía tornar de su casa. Este era su divertimiento y el irse a rezar al oratorio donde su madre oía misa, huyendo siempre las conversaciones de las otras doncellas y juegos que hacían las niñas de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amó tan de veras la castidad que nunca deseó más estado que el de religiosa. Mas sus padres, que miraban por la conservación de su casa, sangre y conveniencias, trataron de casarla con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, villa del territorio de la ciudad de Córdoba, cuyo título es hoy de Marqués y se halla en la grandeza que a todos consta. Resistía la santa doncella el nuevo estado, por ser contra su voluntad, mas dando la obediencia a Dios Nuestro Señor ''[2]'' en la de sus padres, consintió en los desposorios, que se celebraron con toda solemnidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a vivir al Carpio, donde, escogiendo por principal morada el convento de Nuestro Padre Seráfico Francisco del Monte, allí cercano, asistía muchas temporadas en el hospicio que se labró para los seglares bienhechores y devotos. Comunicaba las cosas de espíritu con aque- [837b] llos anacoretas franciscanos y, hallándose fervorizada, tomó el hábito y profesó de Tercera, siendo hija de aquel santuario en la nueva vida ''[3]'', y así, en el lienzo de su claustro, que corresponde al patio de los aljibes, entre las pinturas al temple que le adornan, está la primera Santa Clara, como capitana, a quien sigue su coro de vírgenes, siendo la inmediata Sor María la pobre, cuya profesión de la regla de Santa Clara y cuyas heroicas virtudes tuvieron origen en este convento, pues aquí dio a nuestra religión los primeros pasos; los cuales adelantó después de viuda en Toledo, cuyas heroicas acciones, como fueron ser causa de que se instituyese el Santo Tribunal de la Inquisición de España, fundar el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en la Ciudad Imperial, su patria, donde murió profesa, y todo el ejemplar resto de su vida, lo refieren Gonzaga y Fray Marcos de Lisboa, donde se podrá ver ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Natural de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Nota al margen] Cásase con el Señor del Carpio.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[3]'' [Nota al margen] Toma el hábito de Tercera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [Nota al margen] Gonzaga, 3a parte, Provincia de Castilla, Monasterios. Lisboa, ''Chrónica'', 3 parte, libro 8, capítulo 16.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Domingo&amp;diff=712689</id>
		<title>María de Santo Domingo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Domingo&amp;diff=712689"/>
				<updated>2026-03-12T08:50:04Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (1) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Ávila]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Sor_Maria_de_Santo_Domingo.jpg|right|María de Santo Domingo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Domingo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de Aldeanueva de la Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1486&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || Hacia 1524&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto Hernández] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: abril de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Santo Domingo Portada.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta”, en ''Oración y comtemplación de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor'', [Zaragoza]: [Jorge Coci], s.a., fols. a3v-b3r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida impresa que aquí ofrecemos forma parte del ''Libro de la oración'' de María de Santo Domingo, que aparece en un único impreso localizado, actualmente conservado en la Universidad de Zaragoza, con signatura A 60/41. Ha aparecido anteriormente en las ediciones facsímiles de la obra que han realizado José Manuel Blecua (''Libro de la oración de Sor María de Santo Domingo''. Madrid: Hauser y Menet, 1948) y el proyecto [https://www2.uned.es/bieses/libros-pdf/M-Sto_Dom.pdf BIESES]. La edición de los preliminares o paratextos se encuentra también en esta web, siguiendo diferentes criterios: ˂http://www.bieses.net/wp-content/uploads/2018/04/santodomingo_oracionycontemplacion.pdf˃.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de la oración'' ha sido estudiado y publicado por nosotras en la editorial Iberoamericana y en concreto la vida de María aparece en el prólogo de esta obra, incluido en ''El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición'', Madrid: Iberoamericana / Vervuert, 2019, pp. 133-147. Aquí recogemos este fragmento con algunas modificaciones menores relativas a la puntuación y sin las anotaciones que la acompañaban (indicaciones de citas bíblicas y contextualización lingüística e histórica), para las que remitimos a nuestro libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta edición hemos procurado ser bastante conservadoras, teniendo en cuenta el cuidado que ponía en sus ediciones el impresor Jorge Coci (quien poseía uno de los mejores talleres de la época) y por el interés que consideramos puede tener un impreso tan temprano de estas características, pues hablamos del primer libro de revelaciones de una mujer castellana que se lleva a la imprenta; a esto se suma que el ejemplar de Zaragoza, como se ha dicho, es el único testimonio conservado de la obra. &lt;br /&gt;
Así, por el propio interés del impreso y teniendo en cuenta que se trata de una obra de comienzos del siglo XVI —por tanto, en algunas regiones aún se conservaban las sibilantes o se pronunciaban grupos cultos—, optamos por una modernización muy moderada del texto que facilite la claridad de su lectura, bajo los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* No unificamos sibilantes, respetamos su uso gráfico. &lt;br /&gt;
* Mantenemos las oscilaciones ''v/b'' y ''g/x/j'', pero transcribimos la -''u''- interconsonántica como ''v''.&lt;br /&gt;
* Mantenemos las dobles consonantes solo cuando se trata de términos de origen eclesiástico, de aspecto culto.&lt;br /&gt;
* Mantenemos los grupos cultos.&lt;br /&gt;
* Transcribimos ''np'' y ''nb'' como ''mp'' y ''mb'', pues no sonarían diferentes; y al desarrollar abreviaturas en casos como redempción escribimos ''m'' ante ''p''.&lt;br /&gt;
* El signo tironiano lo transcribimos como e, y respetamos la e conjuntiva, que en el impreso alterna su aparición con ''y''.&lt;br /&gt;
* No mantenemos la variación vocálica ''y/i''.&lt;br /&gt;
* Mantenemos el vocalismo propio del texto.&lt;br /&gt;
* Desarrollamos las contracciones y abreviaturas, sin indicarlas a pie de página, pues estaban estandarizadas.&lt;br /&gt;
* Mantenemos la ''s''- líquida al inicio de palabra.&lt;br /&gt;
* Respetamos siempre el uso de la ''h''; pero la añadimos tras la interjección ''o''. &lt;br /&gt;
* Unimos o separamos las palabras de acuerdo con los usos actuales. &lt;br /&gt;
* Respetamos las formas constructas: ''dellos'' y ''desta'', pero añadimos el apóstrofo clarificador en ''del'' &amp;gt; ''d’él''.&lt;br /&gt;
* Cambiamos ''qua'' por ''cua'' y -''que''- por -''cue''-.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La división de los párrafos la establecemos nosotras, y respetamos, cuando no obstaculiza o dificulta el entendimiento, la puntuación del impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. a3v] '''Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con temor y acatamiento en las cosas de la madre beata soror María de Santo Domingo, digo que ningún medio tienen entre dos extremos porque o son las más perfectas y sanctas que hoy conoscemos en el mundo, o las peores y más imperfectas. Lo primero se muestra por otras dos cosas, que son su doctrina e su vida, de las cuales, si con humilde juizio queremos considerar la doctrina, paresce que es muy provechosa y muy sancta. Es muy provechosa porque a muchos pecadores ha puesto y pone en conoscimiento de sus culpas y en camino de penitencia, y a todos los que están algo alumbrados enciende más en amor de Dios y los esfuerça para en la perfectión y mejoría de la penitencia; y esto es todo lo que ella amonesta sin quitar ni poner cosa del mundo en nuestra sancta fe cathólica. Es su doctrina muy sancta porque vemos en ella muchas y muy continuas lágrimas; mucha oración, devoción, contemplación y alumbramiento en las cosas de Dios, y mucha gracia y facundia en persuadirlas, mostrarlas y declararlas sin nunca haver aprendido letras; mucha perseverancia en obrarlas, muy conforme en todo al concierto de los sanctos doctores. &lt;br /&gt;
E si algunas vezes se permite al Enemigo para que dé algo desto (mas nunca él lo da sino con imperfectiones y defectos, y ella siempre tiene estas cosas con perfectión y acrescentamiento), él las da temporales e sin que duren, y ella contino las tiene sin nunca faltarle; él las da para nunca dexar levantar a los caídos y para derribar a los levantados, y para confusión del que d’él las rescibe, y ella con [fol. a4r] ellas a los pecadores ciegos y duros alumbra y mueve a contrición y penitencia, y pone a los ya alumbrados en mayor conocimiento, y al mesmo Demonio tan confuso y vencido que, como por muy cierto se sabe en los tormentos que los demonios muchas vezes le han dado y dan, le mueven partidos, diziendo que la dexarán en paz con toda su compañía, y que no se les entremeta en aprovechar a los pecadores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que esta sierva de Dios es muy obediente a sus prelados y confessores, y que siempre lo ha sido; y pues nunca siguió su voluntad propia ni parecer, sino el de Dios que la rige o del prelado o confessor que la manda y aconseja, devemos creer grandes cosas que han dicho della. Y entre otras cosas, de las cuales muchas ya se han complido, como el abrírsele el costado muchas vezes por la parte que Nuestro Señor fue herido con la lança, como lo han visto muchos muchas vezes manando sangre, y quedar libre y vencedora de muchas y muy grandes persecuciones que ha passado y padescido; y otras particularidades que callo porque no hazen para todos los spíritus y entendimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que todas sus contemplaciones o raptos o los más dellos son recibiendo (o luego antes o después de haver recebido) el sanctíssimo sacramento, o delante d’él y en su presencia; y pues Él es y nos fue dexado por nuestro soberano bien y remedio, blasfemia sería sospechar que todo nuestro bien y reparo se convertiesse en nuestra perdición y engaño; y que tan largos y tantos tiempos y tan públicamente como ha que esto dura, que consintiesse la mesma Verdad ser trahída en testimonio de mentira, y que diesse lugar a tanta ofensa suya (siendo tan poderoso) y a tanta perdición nuestra, costándole tanto como le costamos. Nunca el Enemigo tuvo licencia de llegar al sanctíssimo sacramento, porque nunca con él los que malamente lo recibieron quedaron sino más confusos, ciegos, y más presto castigados; ni aun cuando al Enemigo se le dará mayor licencia, que será en la venida del Antichristo, podrá llegar al sanctíssimo sacramento; antes por estorvar el reparo y consolación de los fieles perseguirá a los sacerdotes por que no celebren; y por las cuevas y montes adonde se dirán escondidamente las missas andarán los fieles [fol. a4v] rescibiendo y adorando el sanctíssimo sacramento porque no ternán otro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando esto y mucho que callo de su sanctidad y provecho de su doctrina, no podría, aunque pecador, acabar comigo de dar tanta victoria al Enemigo que della y en ella tuviesse parte alguna, ni en sus obras; de las cuales y del comienço de su vida, qué tal y tales fueron y son, como en los processos que contra ella han sido hechos, está bien provado por muchos testigos. Sabemos que, aunque es hija de pobres personas, es hijadalgo y de limpia sangre; su padre y su madre fueron personas de muy buena vida e muy devotos: hase provado de su padre cosas de muy gran siervo de Dios. Ella, de su niñez, començó muy maravillosamente el servicio de Dios, passando mucha hambre, muchos ayunos de muchos meses sin comer nada, y de otros con solas raízes e yervas; sufriendo con mucha paciencia y alegría mucho frío, pobreza, grandes asperezas, disciplinas, e muy rigurosa penitencia; rescibiendo grandes heridas, mostrando en ellas grandes tormentos del Enemigo, e muy agudos dolores, muchas dolencias, enfermedades y golpes; y de todo ello, assí como ha sido y es más que natural, assí también sin físico ni natural medicina ha sido y es siempre por virtud divina curada, y queda muy sana y con mucha alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque juntamente con todo esto ha sido muy perseguida y lo es siempre, han ido y van sus cosas todas de bien en mejor, y cuanto más han procurado de deshazerla, abaxarla y abatirla los que no son dignos ni merescen seguirla, tanto más Dios ha acrescentado y acrescienta en ella y en los que la siguen la cualidad, fervor y reverencia de su amor y temor, y la cuantidad y número de religiosas y religiosos y de seglares para la religión que dexan por ella el mundo, y d’él y de la religión se allegan a ella, siguiendo su doctrina y exemplo con muy santo desseo y con mucha humildad y aspereza. Vemos con ella personas de [fol. a5r] mucha religión, de santos desseos y buena vida y letras; y que sus persecuciones son del linage de las que Nuestro Señor padesció, y otros sanctos que le siguieron; y que también los perseguidores della son del linage de los que tuvo Nuestro Señor, o personas de poca prudencia, devoción y humildad, o mudables y apassionados. De donde se sigue que sus cosas son de Dios; o que Dios huye de los que le buscan y se va tras los que d’Él huyen, y trahe más engañados y ama menos los que más le aman, y que da más lumbre a los que menos procuran de ser alumbrados y son más astrosos, lo que es impossible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que estos tales de dos cosas dudan con razón, y de tres en todas sus persecuciones la acusan con verdad. La primera es: que dudan que no coma y que no comiendo biva, diziendo que el comer es tanto de essencia de la vida humana que aun el Verbo Divino de que la tomó comió por sostenerla naturalmente, y que por tanto, etc. Ítem más, que ningún discípulo ni siervo ha de ser mayor que su señor y maestro, e pues si Jesuchristo Nuestro Señor comió y bevió, y también su gloriosa Madre, y aun los sanctos apóstoles, a los cuales dixo Christo: “Comed y beved lo que halláredes en las casas do entráredes”, también en la mesma manera comieron y bevieron, ¿quién es, pues, aquel que los pueda exceder, ni aun igualar con ellos? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo primero se puede responder desta manera: el comer es de essencia de la vida humana digo que es verdad, y esto por razón del calor natural que de contino consume el húmido radical, en cuyo esser o fenescer consiste o fenece; pero como la potencia divina que assí lo ordenó sea sobre natura, no está subjecta a las reglas della para que no pueda ordenar otro cuando quiere y en quien quiere y como quiere. E si deste privilegio no quiso Él usar siempre para sí, podemos responder y dezir cerca desto assí: por que subiéssemos nosotros al Cielo y gozássemos de su divinidad, baxó Dios a la Tierra a tomar nuestra [fol. a5v] humanidad, y sufrir pena por nuestra culpa, y morir por matar nuestra muerte, e bivir por bivificar y reparar nuestra vida. Y pues se humilió y tuvo por bien para los dichos efectos de la tomar y nunca dexar, tomándolo todo, quísolo todo manifestar y mostrar exemplo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después tuvo hambre; en lo uno mostró que era Dios, y en lo otro manifestó que era hombre, el cual comió y bevió e hizo cosas de hombre, sin las cuales el hombre naturalmente bivir no puede. Y porque el comer, entre otras cosas, es más essencial, para provar su sanctíssima humanidad verdaderamente resuscitada (de la cual muchos dudaron) también comió y bevió, y fue tratado y palpado. Esta su sierva está de suyo tan notoriamente provada la humanidad que nadie dudaría della, aunque en todo biviesse como ángel, y por esto no vale la consecuencia: pues Christo comió, ella también ha de comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo segundo se responde: que aunque el dicho del evangelista sea y es verdadero, entendido y tomado al fin y propósito de la mesma Verdad que lo dixo, pero al suyo dellos es tan falso como la mesma falsedad de quien lo allega; porque si assí no fuesse, y estos dixessen verdad, muy bien se seguiría que Sant Joan Baptista fue mayor que Jesuchristo, porque el Señor por su propia boca dixo: “Vino Joan no comiendo ni beviendo, y el Hijo de la Virgen vino comiendo y beviendo”. Ítem, se seguiría que Sant Pablo, el primero hermitaño, y Sant Antón y los sanctos dos Macharios, y Sant Hylarión y Serapión, y otros muchos sanctos padres que usavan ayunos muy continuos fuera del común modo de los sanctos apóstoles, fueron mayores que los apóstoles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si estos murmuradores y maldizientes a esto replicaren que Sant Joan Baptista en el yermo y los susodichos santos padres en Egipto no assí simplemente ayu- [fol. a6r] naron sin comer, mas que, aunque en un tiempo ayunavan, en otro tiempo comían algo, ¿qué me dirán estos de muchos otros que estuvieron muchos días y años sin manjar ni mantenimiento corporal alguno, como nos lo enseña claramente la Sagrada Scriptura en los del Viejo Testamento, y prueva de los del Nuevo la historia de cada cual hasta nuestros días, como abaxo exemplificaremos? Vamos por orden y contando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Léese en la Sagrada Scriptura de Moisés que ayunó sin comer e sin bever cuarenta días y cuarenta noches; por cierto, no por su propia virtud como Jesuchristo, mas con la virtud que salía de las palabras de Dios sustentávase Moisés, con el cual hablava cara a cara, assí como suele el hombre hablar con algún amigo suyo. Y en la virtud y fuerça del manjar que mandó comer a Helías anduvo otro tanto tiempo, hasta llegar al monte de Oreb, monte del Señor. Más se lee en el libro donde están scriptas las vidas de los sanctos padres: que un fraile ya adelante en días, llamado por nombre Joan, cuya vida, costumbres y abstinencia recita Sant Appellen en el mesmo libro, diziendo que como se huviesse ido al yermo, estando tres años continuos, debaxo de una piedra grande de una peña siempre hizo oración, tanto que nunca se assentó ni estuvo acostado, y tanto dormía cuanto podía rebatar de sueño teniendo en la tierra hincadas las rodillas; y salvo los domingos, que venía un sacerdote de sancta vida a dezirle missa y darle el sancto sacramento, otra cosa alguna no comía, ca aquello solo le era sacramento y manjar, lo que haze a nuestro caso; pero plázeme haverlo dicho todo porque todo es sobrenatural, y ordenado y hecho por dispusición y voluntad divina, más que por virtud humana, ni por fuerça natural alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimesmo de Sancta María Egipcíaca se lee (en el libro ya dicho) que, con solos tres pa- [fol. a6v] nes que compró por tres dineros cuando salió de Hierusalem para ir al desierto, passó diziete años, y el resto hasta xlvii con solas yerbas; otro dize, de mucha auctoridad, que sin comer cosa alguna. De sancta María Magdalena leemos en su historia haver estado en una muy alta peña treinta años sin comer; y de otras muchas y muchos padres religiosos que fueron en Egipto, Thebas y Mesopotania, que passaron con yervas, raízes y agua, que cuasi es poco menos que lo mesmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otro tiempo mucho después vino Santa Catherina de Sena, la cual, cuanto más encendida en el amor y temor de Dios y desseo de le servir, tanto menos gana tenía de comer, y era mayor su abstinencia, de tal manera que, andando el tiempo, vino a no comer ni bever por muchos años cosa alguna; cuyo hábito, vida y penitencia, en cuanto ella puede e Dios quiere, esta su sierva de quien hablamos trabaja en todo o en la mayor parte de imitar y seguir. Agora postreramente en nuestros días no ha muchos años sabemos de cierto, por aucténtica scriptura y testigos que le vieron y hablaron, cómo un soiço llamado por nombre frater Nicolás, natural de muy cerca de Undervalden, lugar principal de los treze lugares principales que los soiços llaman los treze cabos o comunidades, de la diócesi de Constancia, estuvo en un desierto monte de aquella tierra haziendo penitencia veinte años sin comer; el cual, por los muchos e grandes milagros que ha hecho y de contino haze, lo ha canonizado la sancta Iglesia Romana en el año de mil quinientos y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos se podrían traher sin dificultad, mas no sin enojo de prolixidad, pero estos basta trahídos por exemplo, porque, si no, tampoco bastaría el martilojo ni la ledanía toda. Pues veamos, ¿fueron por aventura estos mayores que los apóstoles por esso, o quiçá el mejor dellos mayor que Nuestra Señora la Virgen María gloriosa, la cual [fol. a7r] ni estuvo en tal lugar ni hizo tal ayuno? No, por cierto, ni tan grande. Sepan pues estos, si no lo saben, que ser mayor o menor sancto no consiste ni se juzga según el ayuno, mas según mayor o menor caridad; a los que no lo saben lo digo, porque a los que lo saben el Señor (que sin engaño los conoce como a maldizientes murmuradores) en su santo Evangelio responde, diziendo de los tales: “Quien tiene orejas para oír, oya. ¿A quién compararé yo esta generación de niños, que jugando dizen a sus compañeros: ‘Nosotros havemos cantado y vosotros no saltastes; havemos llorado y no plañistes’?”. E dize luego adelante la mesma Sapiencia incarnada lo que arriba diximos: “Vino Joan Baptista que no comía ni bevía, e dixeron que tenía demonio. Vino el Hijo de la Virgen comiendo y beviendo, e dixeron: ‘Este es un hombre tragador y bevedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’”, etc. Tómame essos dichos y concértame essas medidas. Esta sola sentencia de Christo nuestro Redemptor y Maestro, con lo de más arriba dicho, abasta para cerrar las bocas de los tales que maliciosamente murmuran, y para abrir los coraçones de los que simplemente ignoran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda de que dudan es el abrir del costado milagrosamente. A esto respondiendo digo: que si consideramos lo que adelante diremos, hallaremos tanta causa para creer cuanta buscamos razón para dudar, porque, aunque este milagro es grande e misterioso, no es del todo nuevo en el mundo, porque sabemos que se le abrió a Sant Francisco, y también a Sancta Catherina de Sena; digo no es nuevo haviendo respecto a la generalidad, digo del todo porque lo es en parte, haviendo respecto a la especie y cualidad que corresponde, porque en aquella fue el costado izquierdo, y en esta el derecho, como el de Christo que con la lança abrió el cavallero; de aquellos lo sabemos porque lo oímos y leemos, y desta porque lo tocamos y vemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no por esto se altere algún devoto, ni nadie tampoco pensando que lo digo por haver querido hazer odiosa comparación, ni me- [fol. a7v] nos anteponer a tan grandes sanctos en el Cielo esta sierva de Dios en la Tierra, que puede errar y acertar, merescer y desmerescer, tropeçar y caer sin levantar en la batalla, entretanto que la peregrinación dura, sospirando, gemiendo y llorando en este mundo, valle de lágrimas, por cuya causa deste peligro nos amonesta el Señor por su Ecclesiástico que a ninguno loemos ante de la muerte, queriendo dezir que le loemos y magnifiquemos después de la vida; pero a quien dio tan buenos principios y medios tan maravillosos con perseverancia, piadosamente se presume y cree que dará glorioso fin. Por ende los christianos, de lo uno y de lo otro, de aquellos y desta, por la merced que rescebimos no seamos a Dios ingratos, mas démosle gracias porque assí le plaze, y no escodriñemos la razón y causa por qué lo haze, por cuanto sus cosas son grandes e inescrutables y maravillosas en número sin cuenta. Y por tanto ignorava Job diziendo: “Si viniere Dios a mí dándome prosperidades, no le veré”; es a saber, si sea para mi bien o mi mal, no lo sé; si se fuere dexándome en las tribulaciones y tentaciones, no lo entenderé, ignorando el fin dello; si de súbito interroga, ¿quién le responderá?, ¿o quién puede dezir: “por qué lo hazes assí”? Pues que assí es, dexemos ya de inquirir y escodriñar sus secretos e divinos juizios, que son muy grandes en virtud e inestimables e incomprehensibles en razón humana, e innumerables en multitud; los cuales, entonces, complimos cuando para complirlos ser insuficientes nos estimamos y conoçemos; entonces, más complida y facundamente los alabamos cuando marauillados enmudeçemos; e si alcançarlos locamente tentamos, entonces muy menos dellos sabemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea por ende nuestro saber, con todo estudio de humildad, tenerlos en muy gran reverencia y admiración, y creamos que, aunque todos van medidos y ordenados según su eternal presciencia pero a nuestra utilidad y provecho, pues Él quiere, si queremos, que todos [fol. a8r] nos salvemos; y cuando no halláremos la razón y causa dello, no passemos adelante en querer juzgar, si no queremos errar, mas quedémonos atrás, e digamos con Sant Pablo: “Oh, altitud de riquezas de sciencia y sapiencia de Dios, cuán incomprehensibles son tus juizios”. Grande [e]s, por cierto, como dicho es, y grande, por ende, iniquidad es querer que no sea infinito ni poderoso como lo es, para que nos pueda copiosa e infinitamente apremiar y premiar, e junto con esto, a quien el Cielo y la Tierra no pueden tomar, quererlo comprehender y encerrar en nuestra flaca cabeça. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto se ha dicho por los juizios temerarios de algunos y murmuraciones de muchos en secreto, y el mal hablar de otros en todo lugar, a rienda suelta sin parar, desta su sierva, y de las maravillas que obra en ella. A la cual de solas tres cosas como arriba diximos en todas sus persecuciones la acusan con verdad: que come haviendo passado mucho tiempo sin comer, que viste y trahe algunas cosas de hábito seglar, y que anda en mula, y huelga con plazeres y passatiempos mundanos y honestos. Son tan criminales estas tres cosas que, como nadie puede sustentar la flaqueza sin comer, vestir, y algunos pasatiempos, aun siendo en ella como dizen que son, ni son en nadie pecado ni en ella, porque no ge los veda su religión; antes son para ella actos de perfectión, y para los que saben el fin desto, que es el que haze buenas o malas las cosas tales, son de mucho exemplo y provecho, porque comemos los hombres por la hambre y mantenimiento, y ella, harta y hambrienta con el amor de Dios, porque no ha menester ni sufre otro natural mantenimiento sino el de su gracia, come para rescebir tormento por echarlo, como lo provoca y echa, y persecución por rescebirlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero muestra su caridad porque se busca nuevas y secretas maneras de atormentarse por amor y reverençia de Christo Nuestro Señor y Maestro, remedando [fol. a8v] su sanctíssima vida toda trabajosa, aunque no puede ser remedada sino de lexos. Lo segundo muestra su humildad porque por rescebirlo es perseguida, lo cual también se muestra en traher las cosas que trahe, pues con ello haze que no la tengan en lo que la ternían si no hallassen en ella aquel achaque. También en traherlas usa de caridad con los que ge las dan, que le ruegan que las traiga por que se acuerde de rogar a Dios por ellos. E si no puede andar a pie y se recrea con estas cosas y con plazeres honestos, consideren los que mal les paresce, si tuvieren spíritu, cómo aun con todo esto pueda ella sufrirse descendiendo de su spiritual conversación, y la pena que siente por la grandeza que dexa, y la poquedad donde se torna. Y también que ellos, trabajando pocas vezes, muchas descansan, y ella llena de trabajos y dolores ha menester algún descanso, porque, aunque sus cosas son del Cielo, su persona es de la Tierra. Cuánto más que, pues que en estos passatiempos muchas vezes se arrebata en contemplación, muestra que no estava su pensamiento en los plazeres del mundo, sino en los de Dios, y que en ellos no lo quita ella de su memoria; mostrándonos pues, en esto, que ni en los passatiempos ni nunca quitemos el pensamiento de Dios; y en esto otro, que siempre huyamos la honra y alabança de la gente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claramente paresce que ella aprovecha más en su perfectión y da mayor exemplo a los que saben rescebirlo en lo que está dicho que no si no comiesse y estuviesse muy rota e muy encerrada, y con mucha ipocresía y tristeza. Por ende los que se escandalizan de lo presente, para que no se escandalizen, consideren los tormentos y dolores que passa cada día, y las asperezas, necessidades y trabajos que ha passado, y no juzguen de lo uno sin lo otro, porque de otra manera no podrían juzgar justamente, sino apassionada, y como quien por sola información de la una parte se determina sin oír la otra. Mayormente que, aun estando en duda, somos obligados de presumir bien de nuestro próximo, porque el [fol. b1r] derecho humano assí lo presume, y el divino manda que assí lo creamos, y en caso dudoso que interpretemos lo mejor y más sano. Pues cuánto sea más justo assí interpretarlo y creerlo (aunque no fuéssemos obligados) claramente parece, porque en creerlo assí hazemos que las grandes y maravillosas obras de Dios se manifiesten en ella, a honra y provecho della y nuestro, si con recto juizio e sin passión se considera; y de creer lo contrario, se sigue lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues no tiene menos fuerça Dios, sino mucha más y mayor para hazer bien que el Diablo para hazer mal, no sé ni siento cuál christiano sin blasphemia pueda atribuir a Dios lo malo, y al Diablo lo bueno, diziendo que esto es engaño d’él y no gracia del Spíritu Sancto, como lo es y se ha de creer por muchas y evidentes razones. El Enemigo malo suele a vezes bien tratar al pecador acá en su casa, por poderle allá del todo maltractar en la suya para siempre; a esta religiosa sabemos que le ha dado muchas vezes en su celda y retraimiento grandes heridas corporales, hasta hazerle salir la sangre por las narizes y boca, por los ojos y orejas, y dexarla por muerta, lo que no haría si esto fuesse engaño. Porque sabemos por muchos exemplos y experiencia que del engaño que él más usa, entre mil modos de empeçer y engañar, es entrar con la de Dios por salir con la suya, y esto con halagos y grandes ofrescimientos, pero no con puñadas y coçes; por lo cual havemos de creer que él, usando de su astucia acostumbrada, ha trabajado de la engañar, y con la ayuda de Dios él queda della engañado, e assí como corrido del engaño véngase del cuerpo, pues no tiene parte en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más adelante vemos que esta religiosa con su vida y doctrina a muchos buenos ha hecho mejores, y a muchos malos y pecadores convertido a penitencia. Pues si esto es engaño, de necessidad havemos de dezir que el Diablo ha seído nescio, pues por ganar un alma ha perdido tantas. Pero assí como la consecuencia en llamarle nescio es falsa (por cuan- [fol. b1v] to es ángel y perro viejo), assí también el antecedente del engaño es falso. E si todavía porfían, ¿quién hará ciertos y seguros a ellos, que assí creen y hablan, que no sean engañados del Diablo? Porque si según ellos esta religiosa y sierva de Dios, de la cual tantas vezes ha seído vencido, cuyo cuerpo sobre toda virtud natural bive y se sostiene, cuya ánima está siempre llena de gozo spiritual y tan perseverantemente pacificada, puede ser engañada del Diablo, ¿cuánto más lo podrán ser estos que sienten mal della, de los cuales ninguno de los susodichos bienes ha venido a nuestra noticia? Por cierto, creyendo e diziendo estas cosas, ninguno es más verisímile: ellos haver seído engañados del Enemigo, pues no ha podido a ella engañar, en darles a entender y creher que la tiene engañada; y este es el engaño verdadero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni tampoco vale el argumento que traen de algunas que no hago caso dellas, sino de sola una que se halla ser verdad por aucténtica scriptura, la cual era tenida por sancta, y después hallaron e vieron que, como engañada del Enemigo, sus cosas fueron malas y acabaron mal. Digo que no vale, porque es regla general que, para que valga el argumento de un semejante a otro, ha de haver de necessidad en todo semejança; en otra manera, dando caso de dessemejança, no ha lugar el tal argumento. Y porque todas las cualidades y condiciones que concurrieron en la una no concurren en la otra, por tanto no vale ni ha lugar; y puesto que valiesse en caso que concurriessen, valdría para dudar que sea tan buena, y no para afirmar que esta es mala pues aquella lo fue, porque no porque uno sea hereje se sigue que lo es o será su compadre o mi vezino. Ni tampoco es buena del hábito al acto la consecuencia, porque no es Papa el que puede ser Papa, ni es malo el que puede ser malo. De manera que a los que no lievan en la manga la culebra ni tienen catharactas en los ojos conoscerán, y verán que queda con esto harto bien satisfecho a los argumentos (aunque no sophísticos), porque no traen semejança [fol. b2r] de verdad, mas bambollas de xabón llenas de malicia y venenosa ponçoña. Esto se manifiesta por lo que se dize, y también por lo que se calla. Muchas mujeres huvo que hizieron lo que esta haze, y menos que esta, y las aprueva la Iglesia e tiene por sanctas, porque lo son de verdad. Pues, ¿por qué para provar que esta es buena no las traerán en argumento y consecuencia, como traen para provar, en consecuencia, que es mala una golondrina que no haze verano? No hallo razón otra ninguna, mas de buscar ocasión para apartarse de su Amigo, o queriéndole mal ponerle nombre de ravioso, o lo que dize Séneca, con perdón: “Algunos perros tienen natural condición de ladrar, más por costumbre que por verdad”. Pero si los phariseos semejantes a estos (no también por verdad, mas por costumbre) ladravan y mordían a Jesuchristo Nuestro Señor y Maestro, al cual mentirosamente infamaron e dixeron que en Belzebub hazía sus obras, etc., ¿qué maravilla, pues, es si a esta sierva suya maliciosamente y con mentira la infamen e digan lo mesmo persiguiéndola? Ninguna, por cierto, porque vemos por experiencia que ninguna cosa más cierta el bueno tiene sobre sí que luego la persecución del malo, con la cual se examina y se prueva su bondad y virtud como el oro en el fuego, y con el martillo la plata, que cuanto más golpeada tanto más luze, y el platero, cansado; por ende, callando y no les respondiendo, de cansados callarán. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que sin tener esta sierva de Dios cosa de propio, con solo lo que le dan, sin que ella lo pida ni haga pedir nada a nadie (porque toda su hambre es de la salud de las ánimas), ha hecho y cuasi acabado una muy gran casa y monasterio muy costoso, y en breve tiempo mantiene pocas menos de dozientas beatas que tiene y rescibe de cada día, y con mucha penitencia las tiene y trahe descalças y muy alegres, contentas y gordas; e sin el gasto de otras muchas moças y moços, pobres, chiquitos y grandes, que haze estudiar e cría para la religión, gasta mucho con religiosos, y da muchas limosnas públicas [fol. b2v] y secretas. De manera que, viendo lo mucho que gasta sin poder ver de do sale, havemos de creer que solo Dios, que le da tanto del thesoro del Cielo, le da esta abundancia en el de la Tierra, y pues todo lo que todos tienen es de Dios, que haze mucha merced al que alumbra, para que ayude con sus limosnas en esta su sancta despensa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assí que, por estas razones y por otras muchas que callo, las cosas desta sierva de Dios, aunque han sido y son muy impugnadas de muchos y de personas poderosas, han sido por sentencia de juezes apostólicos (para esto dados) examinadas ellas y su persona, y aprovadas y declaradas por sanctas y buenas. Paresce, pues, que su doctrina es muy alumbrada y provechosa, y su vida y sus obras muy sanctas, y que, siendo estas dos cosas tan maravillosas y tales, no son razonables ni medianas las cosas desta sierva de Dios; antes son de mucha sanctidad y perfectión, como está dicho. Siendo, pues, como son tales, no pueden ser sino de Dios, pues siendo suyas no puede el Enemigo tener en ellas poco ni mucho. E assí paresce que Dios haze al mundo una muy grande y nueva misericordia en darnos por quien podamos ser alumbrados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si quisiéremos humiliarnos, conozcamos nuestros pecados, y seamos movidos y ayudados a hacer penitencia y a emendarnos. Conviene pues que, conosciéndonos pecadores y ciegos, con la llave de la humildad abramos nuestros entendimientos para que salgan las tinieblas del pecado y entre la lumbre de Dios, porque es cosa muy provada y muy cierta (sin falta) que los que se allegan a esta sierva de Dios con humildad y sancto desseo luego conoscen en sí mesmos maravillosos movimientos y fuerças para tener contrición y arrepentirse de sus pecados y para hazer penitencia, y de cada día muchos avisos (si perseveran) para la emienda y mejoría de sus vidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si nuestra sobervia no quiere reprehensión, ni nuestra mala y dura costumbre mudança, ni queremos oír lo que no nos agrada, ni creerlo aunque veamos que nos cumple [fol. b3r] sin que veamos hazer milagros como personas de poca fe, infieles que por solos milagros se mueven, e si andamos pidiendo otros mayores milagros que son su sancta vida y doctrina y obras, y la conversión y provecho que haze en los pecadores —pues en los sanctos apóstoles e siervos de Dios no son menos maravillosas sus vidas, doctrina y obras que fueron sus milagros, ni entre los milagros no fue menor la conversión y resurrectión del alma muerta de Sant Pablo que la del cuerpo finado de Sant Lázaro—, menospreciando, por ende, con esto esta merced que Dios nos haze, conviene que nos aparejemos a las penas que están muy ciertas por su justicia, pues nadie puede huir de su poderosa mano, porque havemos de ser perdonados por su misericordia y nuestra penitencia, o condenados por su justicia y nuestra culpa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque también se tiene por culpa callar la verdad como expressar la mentira, para que della no seamos acusados ante la Divina Bondad, parecionos que devíamos de responder contradiziendo, como queda mediante su gracia asaz respondido, a los murmuradores, detractores y maldizientes del singular modo de bivir desta religiosa y gran sierva suya; a los cuales, si les parece que no basta para que desistan de su falsa opinión y porfía, yo les ruego con toda cortesía que les baste lo que dixo Christo a sus discípulos y a otros muchos en su sancto evangelio: “Todas y cualesquiera cosas que los scribas y phariseos os dixeren guardadlas y hazedlas; las que ellos hazen no las queráis vosotros hazer”. Digo, con emienda de todos, que de las palabras deste texto podemos sacar dos notables conclusiones. La primera: que, cuanto a Dios, no se requiere quién o cuál es el que habla, mas qué es lo que habla. La segunda: que si lo que dize sí es bueno y lo que haze es malo, que tomemos d’él lo que bien dize, y dexemos lo que mal haze. Y assí digo trayéndolo a propósito: que si esta religiosa es tal y tan mala como a ellos se les figura y ensueña, dexen lo que mal haze, e si tienen orejas para oír y entendimiento y voluntad para comprehender, tomen esto que bien dize que se sigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: enero de 2020; fecha de modificación: marzo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Aldeanueva1.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido”. Ms. del Archivo del convento de Mosén Rubí (Ávila), fols. 1r-16v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Relaçión de la fundaçión]] ''de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVII (datación entre 1607 y 1636), del cual hay una copia en el Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma (AGOP), fechada en 1688, con breves supresiones. Se encuentra en el archivo del convento de Mosén Rubí porque allí fueron a parar los manuscritos del convento de Aldeanueva, donde murió María de Santo Domingo. Se editan solo los folios que se refieren a su vida y a la fundación del convento (la relación incluye referencias breves a vidas de otras monjas dominicas). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que se han seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio que quizás bebe de fuentes más primitivas; además hablamos de la primera versión de la relación de la fundación de Aldeanueva, que luego será ampliada sucesivamente en manuscritos posteriores (que se editarán en este Catálogo). Así, se respetan todas las grafías, incluidas la variación de v/b, i/y y las sibilantes; y se conserva el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico (acentuamos la vocal ''a'' con función verbal). Se regulariza, en cambio la variación u/v con función vocálica y consonántica de acuerdo a los usos actuales. Se han desarrollado las abreviaturas. Acentuamos las palabras y empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual. Finalmente, la puntuación procede de la editora pero la separación de los párrafos es del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] '''Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fundadora de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueba fue natural de la çiudad de Ávila ''[1]'', de los Paniaguas de la dicha çiudad de parte de padre, el qual se casó con una muger natural de este lugar de Aldeanueba, de gente honrrada, aunque pobre y humilde. Eran tres hermanas donçellas güérfanas de padre y madre, a las quales les dio Dios su espíritu de fundar este monasterio en su propia casa, y la madre soror María de Santo Domingo, que fue la mayor de las tres hermanas ''[2]'', en cuyo naçimiento se tiene por negoçio auténtico que ubo un pronóstico de unos astrólogos que digeron a su padre ''[3]'', aviendo echado juiçio a la hija que le avía naçido, avía de poder mucho con los potentados del mundo, lo qual pareçe ser çierto por el discurso de su vida ''[4]'', y ella fue la que tomó la mano para edificar el convento. Y antes que llegase al prinçipio del edifiçio se refiere que en los años de su niñez le aconteçían cosas maravillosas, entre las quales se refieren dos: una, que qualquiera cosa que tomaba en las manos se le acreçentaba en ellas; otra, que cayendo un día sobre una gran lumbre salió de ella sin lesión ninguna; para cuyo edifiçio no solamente la ayudó el favor del Çielo, pero los veçinos de su propio lugar le daban las propias casas. Y toda la tierra la ayudó con sus limosnas. Los señores del reyno la ayudaron y anpararon, y los que con más larga mano acudieron cierto fueron los [fol. 1v] Reyes Cathólicos, y tras ellos los Duques de Alva, Don Garçía Álvarez de Toledo ''[5]'' y su muger, que se hallaron presentes en la fundaçión de la casa; y con ellos el gran prior de san Juan Don Diego de Toledo, el Conde de Osorno, el de Oropessa, el Conde de Nieba, y Don Garçía de Toledo, Señor de La Horcajada ''[6]'', y otros muchos señores.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
En el prinçipio del edifiçio, quando se enpeçó acabar para haçer los çimientos, la primera piedra que se sacó hallaron que estaba en cruz, y tantas quantes veçes la partieron los çircunstantes haçiendo misterio del caso salía siempre cruz, y tomando esto por raçón, acordaron que se llamase el Convento de Santa Cruz, y de los que estaban presentes fue el primero que echó una joya de oro en la çanja del edifiçio el Conde de Nieba, el qual edifiçio se empeçó a haçer el año de mil y quinientos y quatro a treçe de septiembre, víspera de la Exaltaçión de la Cruz, y pónese la fundaçión año de mil y quinientos y siete, víspera de Nuestra Señora de la Asunçión, por ser el primer día que en el nuebo edifiçio se hiço el ofiçio divino, y este día tomaron de mano de la dicha María de Santo Domingo, fundadora, el hábito en la dicha casa sus dos hermanas, la madre María de la Asunçión, y la madre María de los Santos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la fama y la grandeça del convento, así en virtud como en número y cantidad de religiosas, que muchas personas yllustres y de calidad traýan aquí sus hijas y deudas, no solamente de estos reynos, pero de los estrangeros, porque ubo ocasión en que se hallaron juntas treçientas religiosas ''[7]'', como consta por un testimonio de escribano público que está con depósito, entre las quales ubo algunas naturales [fol. 2r] de Jerusalén; otra, de Belén, que tenía por nombre Soror María del Pesebre; otras, de Roma, de Sevilla, de Murçia, de Lora, de Calatayud, de Logroño, de Vitoria, y finalmente de todas las partes destos reynos, y se refiere de testigos fidedignos que se hallaron juntas de una vez a tomar el hábito sesenta mugeres de a quatro, de a çinco, y de a seis años, y, de aý arriba hijas de personas yllustres, y algunas señoras que eran parientas de los Reyes de Portugal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue creçiendo tanto la fama en materia de virtud que se diçe por cosa çierta que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífiçe, y es çierto que fue donde él estaba y habló con él, como consta de un previlegio que está en el depósito del dicho convento ''[8]'', su data en Zaragoça, a veinte y çinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos ''[9]'', en que conçede de su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las graçias e yndulgençias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento fundado por la dicha fundadora es de beatas de la Terçera Regla de nuestro Padre Santo Domingo, y no solamente conçedió esta graçia sino otras muchas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus primeros prinçipios de la fundaçión de este convento puso la orden por Vicario de él al Padre Fray Juan de Azcona ''[10]'', de buena memoria, que fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir, un santo, y en esta opinión y veneraçión le tenían las religiosas. Era de grande oraçión y recogimiento, si[n] que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas, y el año de mil y quinientos y veinte fue el sobredicho padre a Jerusalén y a Roma, y trajo a este convento [fol. 2v] muchas reliquias, entre las quales trajo la insignia y reliquia que tiene ese convento de la costilla de nuestra madre Santa Cathalina de Sena, que se la dio el Papa León Déçimo a dos de abril de mil y quinientos y veinte años, como pareçe por una bula suya que está en el depósito ''[11]''. Es tan milagrosa la dicha reliquia, que en llegando el sobre padre con ella al convento, hiço Dios Nuestro Señor un milagro, por interçesión de nuestra madre Santa Cathalina, que fue sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al refitorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año mil y seisçientos y doçe, hizo otro milagro esta santa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que tenía aproplegía y estaba perlática y sin poder hablar, y por señas como pudo pidió la trageren la costilla de nuestra madre, y en puniéndosela en la boca al punto habló y quedó sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa propuso de no confessarse con un religioso de la orden por çierto enfado que con él tubo, y echándole muchas maldiçiones, y entre otras, que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesare, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal, y que pareçía tener la lengua pegada, sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó, y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puso la dicha fundadora tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo material de la casa, sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la regla [fol. 3r] y constituçiones de la orden como en ella está escrita, y a durado y dura asta nuestros tiempos y mucho más, porque aora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mugeres en el dicho convento. En lo demás ay mucha observançia y religión, y muchos ayunos y abstinençia, que la mayor parte del convento ayuna a pan y agua toda la Quaresma, y ayunan tres días a la semana, ay mucha oraçión y mucho coro, que casi la mayor parte del día gastan en él. Lo que toca a disçiplinarse, es tan estraordinario que es menester ponerlas obediençia para que no lo hagan. El ofiçio divino se haçe con mucha puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maytines, en particular los días de santos como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y con más puntualidad. Ay en el dicho lugar de Aldeanueva más de çien veçinos, y entre ellos más de treçientas personas pobres, y todas las sustenta el convento y religiosas, dejando la mayor parte de su comida por acudir y socorrer a sus neçesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Échasele de ver la mucha religión que á avido y hay en este monasterio, pues para fundar otros en la Provinçia an sacado d’él las fundadoras y prioras ''[12]'', y en particular fueron por fundadoras y prioras a la Penitençia de Valladolid y al monasterio de Corpus Christi de la dicha çiudad la madre María de los Ángeles y María de San Françisco, su hermana, que fueron de los Manríquez y Toledos. Y a las Arrepentidas de Salamanca y a las Beatas de Medina del Campo y a la Madre de Dios de Truxillo, Toro y Olmedo an ydo por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernardina de Carabajal, Doña Isabel de Mendoça [fol. 3v] y la madre Doña Gabriela de Guevara, y la madre María de la O, del Barco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundaçión del dicho monasterio, su data en Roma ''apud Sanctum Petrum'', el año de mil y quinientos y diez y siete, a diez y seis de henero, de León Déçimo en el año quarto de su Pontificado, enbiado a la fundadora nombrándola por priora del dicho monasterio y mandado al Arzobispo de Toledo, Plasençia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoriçen en orden al edifiçio y nueba fundaçión de casa ''[13]'', y que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la dicha orden, para que las ayuden y administren los santos sacramentos, y así es tradiçión auténtica que el Reverendísimo General fray Viçençio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tienpo del rey Don Fernando y Doña Ysavel ''[14]'', y reçivió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la virtud y religión de la fundadora que se echó de ver el gran favor y merçed que la hacían todos los grandes del Reyno, y en particular los santos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Ysabel, que la ayudaron con sus rentas, y la dieran muchas más para la fundaçión si ella quisiera, pero fue su intento que fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las merçedes que los Reyes Cathólicos hiçieron a esta venerable muger la más prinçipal fue darla el Santo Christo, que este convento tiene en tan grande veneraçión y estima por los muchos milagros que á obrado y obra. Uno de los maiores es que, llebándole los Reyes Cathólicos en su compañía a las guerras, en una dellas, invocando como suelen los españoles al Apóstol Santiago, respondió el Santo Christo que no era [fol. 4r] neçesario estando él allí, y en señal de esto le quedó la voca abierta y se le ben dientes, lengua y el çielo de la voca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diçen las madres ançianas deste convento ''[15]'' que en tienpo de Filipo Segundo, quando las heregías de Caçalla, por algunos días le vieron sudar, y saben que uno de los religiosos le linpió el sudor del rostro con un purificador ''[16]''. Y en el año de mil y seisçientos y çinco hiço otro milagro en soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento. Y fue que tenía en un pecho un çirrio del tamaño de una naranja, y aviéndola dicho los médicos que no tenía remedio acudió a Dios y a esta santa ymagen ''[17]'' de quien ella era mui debota, y andubo una nobena, y al cabo della tocó con un pañito al Santo Christo, y se le puso donde tenía la enfermedad, y al punto sanó, de manera que pudo acudir al serviçio de las demás como lo tenía de ofiçio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa llamada María de Santa Ynés, teniendo cánçer en un pecho, y la començó a curar el médico, y en lugar de sanarla quedó peor ''[18]'', y pareçiéndola era inposible sanar acudió a tener nobena al Santo Christo por no berse en manos de médicos ya que la tenía sentençiada a muerte, y antes de acabar su nobena se puso un pañito tocado al Santo Christo y luego sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros á echo, que por no ser largos no se escriven aquí; si fuere neçesario se podrán escrivir y aberiguar ''[19]''. Lo que en este convento se á visto y estas señoras tienen por milagro es que ningún mal contagioso ni pestilençia jamás á dado en el convento: aunque la á havido en el pueblo y an entrado en el convento muchas personas heridas no se á pegado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4v] La figura que el Santo Christo tiene es de la çintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren deçir que es de los que pintó San Lucas, y pareçe se echa de ber en que tiene dos dedos quebrados que no se save cómo ni quándo, y con haber traído maestros que se an buscado de fama, ninguno se á atrevido a ponérselos, y ubo uno que dixo que le pareçía ser imposible el varniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negoçio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el tienpo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oraçión, ayunos, y disçiplinas, y echávese ''[20]'' mui bien de ber en ella que tenía espíritu y graçia del Çielo, pues sin aber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y deboçión que las más veçes las movía a lágrimas ''[21]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, inbidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la lebantó de debajo de los pies muchas persecuçiones, y en todas ellas mostró mucha paçiençia, dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte predicando el santo Fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hixa María de Santo Domingo se subió al Çielo” ''[22]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora suçedió en el ofiçio de priora su hermana María de la Asunçión, la qual fue tan santa como su hermana; fue priora más de treinta años. Era muy observante en el silençio toda la noche o la mayor parte se le yba en oraçión, no comía al día más de una vez, no çenaba ni hacía colaçión, nunca comió carne en todo tienpo que tubo el hábito, echábase de ver [fol. 5r] su santidad en las pesadas burlas que el demonio la haçía, echándola algunas veçes por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuçiones, en particular algunas emulaçiones y enbidias entre sus conpañeras. La muerte fue como la vida y así está en opinión de santa ''[23]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra terçera hermana llamada María de los Santos vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refitorio. Tiene una grande piedra labrada ençima de la sepultura; el darles este entierro fue su mucha humildad, y así lo pidió a las demás religiosas. […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 11v] […] Olvidose de deçir al prinçipio que fue tanto el espíritu y valor de la madre fundadora, María de Santo Domingo que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento, a quien hiço mui grandes favores el Papa León Déçimo, que era el que presidía en la Iglesia entonçes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual susodicho en esta relaçión se á sacado de los papeles y brebes que están en depósito, y conforme lo que viene por tradiçión de las madres antiguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' María nació en Aldeanueva, pero en esta relación y en su copia de AGOP de Roma solo se señala Ávila como lugar de nacimiento. En otra versión de la fundación de Aldeanueva del Archivo de la Orden de Predicadores de Salamanca que editaremos en el Catálogo sí se señala Aldeanueva como lugar de nacimiento de María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el proceso se apunta que fue la más pequeña de las tres hermanas, y el trato con ellas no fue bueno (R. Sanmartín Bastida &amp;amp; M. V. Curto Hernández, ''El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición'', Madrid, Iberoamericana, 2019, p. 37). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En la “Relación” de AGOP de Roma, “sus padres”. Es más fiable la lectura de esta Relación A porque se repite en la relación segunda y ampliada (de 1709) de la fundación de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Entendemos que está basándose en un texto escrito anteriormente, aunque también hay referencias en este texto a fuentes orales.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[5]'' Hay aquí una equivocación de nombre con su padre: Fadrique Álvarez de Toledo fue quien financió la fundación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Se refiere a García Álvarez de Toledo y Enríquez, I Señor de La Horcajada, hermano de Don Fadrique e hijo de García Álvarez de Toledo, I Conde-Duque de Alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el discurso del Padre Peña en el cuarto proceso al que se somete a la beata se habla de más de cien religiosas (R. Sanmartín Bastida, ''La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo'', Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 429; reed. Londres, SPLASH, 2017). En el ''Libro de la oración'' (fol. b2r) se habla de doscientas en el prólogo (Sanmartín Bastida &amp;amp; Curto Hernández, p. 38, 61, 145): vemos entonces cómo el discurso aumenta interesadamente el número de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El cronista claramente no pertenece al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Esta bula se encuentra en el archivo de Mosén Rubín, junto con otras de 1514, 1519, 1520, 1522, en una carpeta donde se guardan los pergaminos, pero no se dice en ella que María fuera a Roma, asunto que no está nada claro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Dicho fraile testifica en el cuarto proceso de María de Santo Domingo, pero no fue vicario de la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Efectivamente, la bula está en el archivo susodicho y la costilla se puede ver en el convento de Mosén Rubí de Ávila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Esta costumbre de enviar prioras desde conventos con fama de santidad también la encontramos en la vida de las hermanas Silva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En 1517, año de la muerte de Cisneros, se ve que María de Santo Domingo era bastante estimada y no se limitaron sus movimientos pese a las órdenes del Capítulo dominico celebrado durante el cuarto proceso. En 1512 parece que se estableció “la paz” entre los dominicos reformistas de Piedrahita y la cúpula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Obviamente este dato no es veraz ya que ambos estaban muertos en 1519 (Fernando muere en 1516 e Isabel en 1504). Tampoco lo es la visita del Maestro General Vicente Bandelli de Castronovo, ya que falleció en 1506.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Como se ha señalado, el autor, que es probablemente dominico, no pertenece al convento. Siente aprecio por María de Santo Domingo pero tiene nociones muy vagas de su vida. Por otro lado, este Cristo de las Batallas se conserva en el convento de Mosén Rubí de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Si estas madres ancianas vieron con sus ojos sudar al Cristo entonces debemos situar este texto en el primer tercio del XVII. Ahora bien, pueden referir cosas que les han contado. De todos modos, creo que no se puede llevar más allá de la primera mitad del XVII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Es interesante que para pedir milagros no acudan a la fundadora, que por tanto no es considerada santa en torno a 1600.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Como en la vida de María de Ajofrín, es interesante que aparezcan ejemplos de médicos que se equivocan. Indudablemente es una muestra del poder de la fe frente a la ciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Este aserto de no querer o poder contar todo por no ser prolijos es un tópico de los relatos hagiográficos y milagrosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Por “echábase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Aquí se resalta la condición de iletrada de María de Santo Domingo, que aumenta el valor de sus palabras inspiradas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al lado de este párrafo hay una anotación al margen que dice: “muerte de la primera fundadora”, lo cual indica que se enfatiza más su función conventual que su nombre propio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen escriben: “muere con opinión de santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: marzo de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:XIIIMaria.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fols. 1r-9v, 16v-17r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación); es pues, posterior a la vida manuscrita (1), que considero la primera relación que se conserva de la fundación del convento. Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo a los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, aunque se modernizan sibilantes, la alternancia ''b/v, i/y, qu/cu'', empleo de la ''h'', simplificación de consonantes geminadas, etc.), se respeta la morfología de las palabras con interés histórico morfológico o fonológico (''inviando, mesma, proplejía'', etc.) y se respetan cultismos (''Patriarcha, Escriptura, Redemptor, subcedió''). Los grupos ''mp, mb/mv'' se actualizan a ''np, nb/nv'' (en el caso de “Assumpción” o “prompto” se elimina la ''p'') y se contraen ''a el'', ''de el'' (excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca), que aparecen indistintamente juntos o separados. No se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta relación de la fundación del convento de Aldeanueva fue editada entera por J. Jiménez Ballesta y E. Sierra Santos (''Historia de Aldeanueva de Santa Cruz y vida de la Beata Sor María de Santo Domingo'', Ávila, Ed. Blanca Nieto Gutiérrez, 1999, pp. 171-187), pero se trató más bien de una adaptación (contiene lagunas y se modernizan algunas expresiones), por lo cual aquí se presenta la primera edición de esta versión de la vida de María de Santo Domingo, omitiéndose las partes de la relación que se refieren a la vida de otras monjas del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Nisi Dominus ædificaverit domum in vanum laboraverunt, qui ædificant eam ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo de tratar de la fundación, reedificación, permanencia y estabilidad del Convento de Santa Cruz de la Magdalena de religiosas de la Orden del mejor Guzmán, Patriarcha Santo Domingo, sito en el lugar de Aldeanueva, en la jurisdicción de la villa de El Barco, es preciso atribuirla más a la Divina Providencia, y por arquitectura de las manos del Altísimo, que a obra humana, por haber sido su fundadora una flaca mujer, sin más principios que se dirán adelante. Pues fuera vano su intento a no haberla asistido la poderosa mano del Divino Esposo que eligió para sí, y para tantas siervas suyas, para fabricarle habitación, no solo en lo material del edificio, sino es en los corazones de todas y cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haviendo por la penuria de los tiempos venido las rentas de dicho convento en no poca disminución por la incuria y poca práctica de papeles que debe considerarse en mujeres, más dedicadas a Dios y al ejercicio de las virtudes y divinos oficios que al de papeles y negocios seculares, reconociendo que acaso esta penuria resulta del involucro de papeles y no tener fácil expedición su hallazgo en sus archivos, la señora Sor María de la Visitación de los Reyes, priora de dicho convento, con consulta de las señoras depositarias y discretas de él, ha determinado hacer un libro becerro, en que se ponga por índice los papeles de todas las rentas, títulos y privilegios que dicho convento tiene, para que por él con mayor facilidad las presentes y religiosas venideras se puedan instruir en la busca de ellos, para la mayor estabilidad y permanencia de dicho convento, dejando a la posteridad ejemplo de su mejor gobierno. Y habiendo de ejecutarse como se intenta así, lo primero que se manda inserir en dicho libro es las cortas noticias que han quedado de la fundación de dicho convento, y cosas memorables de él, fundadas en los papeles que se reservaron del incendio de dicho convento ''[2]'', y en la constante tradición, que ha dura- [fol. 1v] do de unas religiosas en otras, y para hacerlo así con más acierto, se da principio a esta obra deseada con la invocación divina. [Invocación]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Nacimiento de Christo Nuestro Redemptor de mil setecientos y nueve, gobernando la nave de la Iglesia N. M. S. Padre Clemente de Undécimo, reinando en España el Señor Don Felipe Quinto de este nombre, siendo Príncipe de Asturias el Señor Don Luis Primero, General de la orden de predicadores el M. Reverendísimo P. F. Antonio Cloche, y provincial de esta santa Provincia de Castilla el Reverendísimo P. fray Francisco García de Olivares, y patrono de este convento el excelentísimo señor Don Antonio Martín Álvarez de Toledo, Duque de Alba, y priora de él la dicha señora Sor María de la Visitación de los Reyes, depositarias las señoras María Teresa de los Serafines y Sor María de San Fernando, vicario de este convento el R. P. presentado fray Juan de El Pozo, procurador de él el Padre fray Pedro de la Peña, se va ejecutando el dicho libro becerro en la forma siguiente: que para que conste esta introducción [fol. 2r] y prólogo, lo firmaron dichas señoras priora y depositarias en este religioso convento, a veinte y seis del mes de enero de mil setecientos y diez años, aunque se dio principio a esta obra en el dicho año de 1709. [Rúbricas].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece que para decir de la fundación de este convento se ha de y debe tratar de su fundadora en primer lugar, por ser el primero instrumento que tomó el Altísimo para dicha obra. Y así se dice fue natural nuestra fundadora de la ciudad de Ávila, hija de un caballero de la ilustre y esclarecida familia de los Paniaguas de dicha ciudad, y aunque se ignora su nombre, se tiene por constante casó en el lugar de Aldeanueva, aldea de la jurisdicción de la villa del Barco, con labradora de una de las familias honradas de bueno y limpio linaje de dicho lugar, aunque pobre, y por su virtud humilde; haciéndose más feliz y dichoso este casamiento con la buena descendencia que en él tuvieron de tres hijas, siendo la primogénita nuestra venerable fundadora, que se llamó María, llevándose el renombre de Santo Domingo; la segunda, [[María de la Asunción]]; y la tercera, María de los Santos, a las cuales infundió Dios su especialísimo espíritu de fundar este monasterio en su propia casa. Del nacimiento dichoso de nuestra primer [fol. 2v] fundadora, semejante a la mujer fuerte que nos describe la Sagrada Escriptura, se tiene por segura tradición que hubo quien predijese, comunicándoselo a su padre, que la hija que le había nacido sería mujer de grandes prendas, y tal, que por ellas alcanzaría grandes favores y valimientos con los señores reyes y potentados de la Tierra, como después se experimentó, pero ¿qué mucho tuviese tanta gracia por hombres quien supo conseguirla del Rey de los Reyes y Señor de los Señores? Pues de dicha madre se cuentan dos prodigios bien especiales: el uno, que cuanto tomaba en sus manos se aumentaba y acrescía a medida de las necesidades que pedían pronto socorro, no causando admiración sucediese tal aumento en manos que las había destinado el Altísimo para atesorar espirituales riquezas para el Cielo, y no tesoros caducos de la Tierra; el otro fue que, cayendo en un gran incendio, salió de él libre y sin alguna lesión, como aquellos tres mancebos del horno de Babilonia ''[3]'' bendiciendo y alabando al Señor maravilloso en sus obras. Muertos los padres de nuestra fundadora, ella y sus dos hermanas se aplicaron a enseñar y adoctrinar niñas de la comarca, instruyéndolas en toda buena doctrina cristiana, santo temor de Dios y buena aplicación a las virtudes, con tanto provecho de las discípulas y buen ejemplo de los más distantes que no se tenía por dichoso el que no ponía sus hijas debajo de la educación y buena enseñanza de la madre Sor [fol. 3r] María y sus dos hermanas, trascendiendo tanto el buen olor de su vida virtuosa que no solo las traían discípulas de los lugares circunvencinos, sino es de muy distantes, y de familias muy ilustres ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando, pues, a relacionar sobre la fundación, se dice que dicha primogénita y dichosa hija María de Santo Domingo, llevada del ardentísimo espíritu que el Altísimo fue servido comunicarla, se tomó la mano a edificar esta casa y convento para el mayor servicio de Dios, y aprovechamiento de las almas, honra y honor de este lugar de Aldeanueva. Y para obra tan del Cielo, los vecinos, influidos de su Divina Majestad, con ardiente celo la franquearon a nuestra Venerable, y dieron graciosamente sus propias casas para la situación, y a su imitación todos los de la tierra circunvecina contribuyeron con crecidas limosnas; los señores del Reino la ayudaron, correspondiendo en lo liberal a sus grandezas, y los que con mayor prodigalidad acudieron fueron los señores Reyes Católicos, siguiéndose los Duques de Alba, Don García Álvarez de Toledo, y señora su mujer, el gran prior de San Juan Don Diego de Toledo, el Conde Osorno, el de Oropesa, el Conde de Nieva, y Don García de Toledo, Señor de La Horcajada, y otros muchos señores, quienes con dichos Don García y señora su mujer se hallaron en este lugar. Asis- [fol. 3v] tida, pues, nuestra venerable señora de tan pías voluntades, conducidas de la de Nuestro Criador, dio principio a la gran fundación de dicho convento de Aldeanueva, Orden del glorioso Patriarcha Sancto Domingo, día trece de septiembre de mil quinientos y cuatro, víspera de la Exaltación de la Cruz, sin duda influido por el Divino Artífice por misteriosa elección de semejante día para semejante principio. Pues en él subcedió, hallándose presentes dichos señores duques y condes, el mayor prodigio y portentoso milagro, como es que la primera piedra que se sacó para hacer los cimientos se halló y vieron estar en forma de cruz, y tantas cuantas veces se partía, tantas se encontraba la mesma gloriosa señal de nuestra Redempción, por lo cual fue preciso, y como consiguiente a tal maravilla de tan gran misterio, intitular, como hoy se intitula a este convento, con el precioso renombre de Santa Cruz de la Magdalena. Y aunque su fundación se pone “Víspera de Nuestra Señora de la Asunción del año del Nacimiento del Señor” es porque en este día fue la primera celebración que en este convento se hizo de los divinos oficios. Refiérese también que de los señores que se hallaron presentes a ver principiar dicha obra, y a vista de tan milagroso caso como va expresado fue el primero, que echó una joya de oro en la zanja del edificio el Conde de Nieva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4r] En el referido día de la víspera de Nuestra Señora de la Asunción que va citado se celebraron los divinos oficios primera vez en este convento, año de mil y quinientos y siete, porque se cuenta desde él su fundación; tomaron de mano de la dicha nuestra venerable fundadora, María de Santo Domingo, el santo hábito en esta santa casa sus dos hermanas, la madre [[María de la Asunción]] y la madre María de los Santos, llevándose estas tres hermanas siempre la primacía de fundar y vivir, tomando el santo hábito, en este misterioso convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose tanto la loable fama y grandeza de este monasterio, así en virtud como en el dilatado número de religiosas, que muchas personas ilustres y de calidad traían a él sus hijas y deudas, no solamente de estos reinos, sino es también de los extraños y extranjeros, por haber habido tiempo en que se hallaron hasta en número de trescientas religiosas, como consta por testimonio de escribano público que está en depósito; entre las cuales hubo algunas naturales de Jerusalén, una de Belén que se llamó Sor María del Pesebre, otras de Roma, de Sevilla, de Murcia, de Lorca, de Calatayud, Logroño y Victoria, y finalmente de todas las partes de estos reinos. Y testigos fidedignos refieren que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres y niñas desde cuatro, cinco y seis años arriba, hijas de perso- [fol. 4v] nas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, no causando admiración a vista de la virtud de nuestra fundadora, cuya loable fama se extendió generalmente por todas las partes, no solo de su religión, sino de todas demás, como lo refiere la nota del capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo General el Reverendísimo P. fray Tomás de Vio Cayetano, por los años de mil quinientos y ocho, escribiendo en la ciudad de Barcelona en el convento de la religión dedicado a Santa Catalina Mártir, en uno de los tomos de sus escritos, al folio setenta y tres, da la noticia siguiente, diciendo así: “Que en España florecía en aquellos tiempos una virgen cuyo nombre era Sor María de Santo Domingo, admirable y maravillosa criatura en virtud y santidad; corría tanto crédito y estimación, no solo en su religión y en las demás, sino es que tanto se extendió y dilató por sus prendas en virtud y santidad, que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas para que con su gran ejemplo y enseñanza saliesen muy aprovechadas en todo. Por cuya causa, viéndose con tantas niñas, deseando sirviesen a Dios y por cumplimiento de su grande obligación, fundó un convento en un desierto, cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía más de trescientas vírge- [fol. 5r] nes, que faltaban muy pocas para cuatrocientas, y todas nobles y de esclarecida prosapia, sangre y linaje, las cuales vivían con grande y singular observancia, y con tan gran fervor y espíritu que, siendo todas, como llevo dicho, tiernas en edad y en sangre nobles, menospreciando las comidas delicadas y regaladas de sus casas tenían por su mayor regalo pan, agua y ceniza, y por su honesta, dichosa y gustosa vestidura lana y lino, todo lo cual para vestirse por dentro y fuera lo fabricaban en todo y por todo dichas niñas vírgenes por sus delicadas manos, como es hilar el lino, tejerlo, etc., peinar la lana, hilarla, y tejer los paños para vestirse, añadiendo a esto gran austeridad, no menos penitencia y singular dolor con no pocas lágrimas, etc”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así se dice ser cierto que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífice, y obediente pasó adonde estaba, y habló con su Beatitud, como consta de un privilegio que está en el depósito de este convento, su data en Zaragoza a veinte y cinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos, en que concedió Su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las demás gracias e indulgencias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento, fundado por dicha nuestra fundadora, es de beatas de la Tercera Regla de N. P. S. Domingo. Y no solo [fol. 5v] concedió esta gracia Su Santidad, sino es otras muchas a este convento y religiosas por medio de nuestra fundadora, cuyo valor y espíritu fue tan grande que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con Su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento. Y siendo el Papa León Décimo el que en aquel tiempo presidía en la Iglesia, hizo a nuestra fundadora y este convento grandes favores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los primeros principios de la fundación de dicho convento puso la orden por vicario de él al P. fray Juan de Azcona, de buena memoria. Fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir un santo; y en esta opinión y veneración le tenían las religiosas: era de grande oración y recogimiento sin que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas. Y el año de mil y quinientos y veinte fue dicho padre a Jerusalén y a Roma y trajo a este convento muchas reliquias, entre las cuales trajo la insignia y reliquia que tiene de la costilla de nuestra madre Santa Catalina de Sena, que le dio el Papa León Décimo en dos de abril de mil y quinientos veinte años, como parece por una bula [fol. 6r] suya que está en el depósito. Es tan milagrosa dicha reliquia que, llegando dicho padre con ella al convento, hizo Dios Nuestro Señor un milagro por intercesión de nuestra madre Santa Catalina, como fue el sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al receptorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y doce hizo otro milagro esta preciosa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que padecía proplejía y estaba perlática y sin poder hablar, por señas en la forma que pudo pidió la trajesen la costilla de nuestra madre y, poniéndosela en la boca, al punto habló y quedó sana. Otra religiosa, habiendo propuesto de no confesarse con un religioso de la orden por cierto enfado que con él tuvo, y echádose muchas maldiciones, y entre ellas que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesase, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal y que parecía tener la lengua pegada sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a nuestra fundadora, es cierto puso tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo [fol. 6v] material de la casa sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la Regla y Constitución y Constituciones de la Orden, como en ella está escrita y ha durado y durará hasta nuestros tiempos y mucho más, porque ahora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mujeres en el dicho convento; ayunan a pan y agua toda la Cuaresma, y tres días en la semana, y en todo lo demás hay mucha religión y observancia, y después de dichos ayunos de Cuaresma que observan la mayor parte de religiosas y demás del convento, y otras abstinencias con mucha oración y continuado coro, divirtiendo en él casi todo el día con singular admiración: y correspondientemente en la disciplina es tan ordinario que ha sido necesario ponerlas obediencia repetidas veces para mitigarlas tan singular fervor de penitencia. Al oficio divino asisten con gran puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maitines, y en particular los días de santos, como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y aun con más puntualidad. La caridad que hay en este convento, así en lo común como en lo particular, es tan grande que, siendo este lugar de más de cien vecinos, y entre ellos más de trescientos pobres de las personas de sus familias, a todas [fol. 7r] las asisten y mantiene el convento y religiosas, dejando estas la mayor parte de sus raciones y sustento por acudir no solo al socorro de las necesidades de los referidos pobres de este lugar sino es también de los de fuera de él, que es una admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reconócese la mucha y singular religión que ha habido, hay, y se espera que habrá en este admirable convento, pues para fundar otros en la Provincia han sacado de él fundadoras y prioras, y en particular fueron para la Penitencia de Valladolid, y Monasterio de Corpus Christi de dicha ciudad, la madre María de los Ángeles y María de San Francisco, su hermana, que fueron de los Manriques y Toledos. Y a las Arrepentidas de la ciudad de Salamanca, a las beatas de Medina del Campo, a la Madre de Dios de Trujillo, Toro y Olmedo han ido por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernadina de Carvajal, la madre Doña Isabel de Mendoza, las madres Doña Gabriela de Guevara y María de la O del Barco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundación del dicho monasterio, su data en Roma, apud Sanctum Petrum, el año de mil quinientos y diez y siete, a diez y seis de enero, de León Décimo, en el año cuarto de su Pontificado, inviada a la fundadora, nombrándola por [fol. 7v] priora de dicho monasterio y mandando al arzobispo de Toledo, Plasencia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoricen el orden al edificio y nueva fundación de casa, y que puedan tener y tengan las religiosas vicario y religiosos de la dicha orden para que las ayuden y administren los santos sacramentos. Y así es tradición auténtica que el Reverendísimo P. General fray Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempo del R. Don Fernando y Doña Isabel ''[5]'', y recibió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Manifiéstase bien la admirable virtud y religión de nuestra fundadora por los grandes favores y mercedes que todos la hacían, con especialidad los grandes del Reino, y en particular los santos Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, que la ayudaron con sus rentas y la dieran muchas más para la fundación si ella quisiera; pero fue su intento fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las mercedes que los Reyes Católicos hicieron a esta mujer venerable, la más principal fue darla el Santo Christo que este convento tiene con tanta veneración y estima por los muchos milagros que [fol. 8r] ha obrado y obra ''[6]'': uno de los mayores es que, llevándole los Reyes Católicos en su compañía a las guerras, en una de ellas, invocando como suelen los españoles al apóstol Santiago, respondió el Santísimo Christo que no era necesario estando Él allí, y en señal de esto le quedó la boca abierta, y así se le están viendo hoy los dientes, como también se le ve la lengua, y el cielo de boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es prodigioso y milagroso caso el que han referido y publicado las madres ancianas de este convento, pues han dicho que en tiempo de Phelipe Segundo, cuando las herejías de Cazalla, por algunos días vieron sudar al Santísimo Christo y saben que uno de los religiosos le limpió el sudor del rostro con un purificador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y cinco hizo otro milagro en Soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento, y fue que tenía en un pecho un cirrio del tamaño de una naranja, y habiéndola dicho los médicos que no tenía remedio, acudió a Dios y a esta santa imagen, de quien ella era muy devota, y haciéndola una novena, al cabo de ella tocó un pañito al Santísimo Christo, y habiéndole puesto donde tenía la enfermedad, al punto sanó de forma que pudo asistir al oficio de las demás como lo tenía de costumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra religiosa llamada María de Santa Inés, que padecía cáncer en un pecho, asistiendo a su curativa un médico quedó peor, y habiendo pronosticado de muerte y sin remedio en esta [fol. 8v] enfermedad, pareciéndola a la paciente no tener otro remedio y como por imposible el sanar, acudió a tener novena al Santísimo Christo, por no verse más en manos de médicos. Y antes de acabar la dicha novena se puso un pañito tocado a dicha imagen, y inmediatamente sanó. Otros muchos y repetidos milagros ha hecho y obrado dicha imagen, que por ser tantos y no dilatar esta relación no se escriben aquí. Y siendo necesario se podrán averiguar y escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que en el convento se ha visto y experimentado, y estas señoras tienen por milagro, es que ningún mal contagioso ni pestilencia jamás ha dado en este convento: aunque le ha habido en el pueblo y han entrado en el dicho convento personas heridas, no se ha comunicado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo Christo tiene es de la cintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren decir que es de los que pintó San Lucas, y parece se echa de ver en que tiene dos dedos quebrados, que no se sabe cómo ni cuándo. Y con haber traído maestros que se han buscado de fama, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y hubo uno que dijo que le parecía ser imposible el barniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negocio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena y amabilísima compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el [fol. 9r] tiempo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oración, ayunos y disciplinas, echábase muy bien de ver en ella que tenía espíritu y gracia del Cielo, pues sin haber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y devoción que las más de las veces las movía a lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, invidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la levantó debajo de los pies muchas persecuciones, y en todas ellas mostró mucha paciencia dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte, predicando el santo fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al Cielo”. &lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora sucedió en el oficio su hermana [[María de la Asunción]], que fue tan santa como la dicha su hermana, y obtuvo el dicho oficio de priora más de treinta años, siendo muy observante en el silencio. Toda la noche o la mayor parte se le iba en oración, no comía al día más de una vez, no cenaba ni hacía colación, nunca comió carne en todo el tiempo que tuvo el hábito: echábase de ver su santidad en las pesadas burlas que el demonio la hacía, echándola algunas veces por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuciones, en particular algunas emulaciones y envidias entre sus compañeras. La muerte fue como [fol. 9v] la vida, y así está en opinión de santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra tercera hermana de nuestra fundadora, llamada María de los Santos, vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refiptorio, tiene una grande piedra labrada encima de la sepultura. El darles este entierro fue su mucha humildad y así lo pidió a las demás religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 16v] Conclúyese la relación por ahora con el manifiesto de una costumbre o devoción antigua y loable que ha observado y observa este convento, efecto de la gran virtud y santidad que en él se ha profesado y profesa, digna de que se ponga en historia; y es que, dando la primera campanada del Ave María, una de las religiosas que están en oración en el coro [fol. 17r] en voz alta y dolorida dice tres veces: “Señor, misericordia”. Pidiendo perdón de lo pasado, auxilio y favor para lo porvenir, Su Divina Majestad se sirva de comunicarnos su divina gracia, con que conseguiremos la gloria. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Salmos, 127: “Si Jehová no edifica la casa,/ en vano trabajan los que la edifican”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Parece por este aserto que esta relación no se basa en la ''Vida Manuscrita (1)'' de este Catálogo porque esa vida es también posterior al incendio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Este milagro, inspirado en Daniel 3:23-27, no aparece en los papeles del juicio recopilados por Lunas Almeida en 1930 y editados parcialmente por Sastre Varas en 1990 y 1991.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Si este dato es cierto, se aprecia que, antes de la fundación, María de Santo Domingo se dedicaba ya a la educación de niñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Evidentemente, este dato, como el del nombre del Duque de Alba que apoyó  a María de Santo Domingo o la visita de Vicente Bandelli de Castronovo [véase ''Vida Manuscrita (1)''], es erróneo pues en esa fecha los reyes habían ya muerto. Como se puede apreciar, las vidas manuscritas de María de Santo Domingo en este Catálogo beben de la misma fuente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Como se puede observar, la fama del convento no solo se debe a la virtud de la fundadora, sino también a las reliquias, el número de fundadoras que van a otros conventos, las bulas del Papa y las vidas y la penitencia de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: marzo de 2020; fecha de modificación: marzo de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Contra y 1r.JPG|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Breve y Sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de Nuestro Padre Santo Domingo, vida de su Fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad sacada del  Libro de Becerro, de Capítulos Provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos, hasta el año 1737”. Ms. Del Archivo Dominicano de la Provincia de España, sign. AHDOPE, D/A/ALD/1, 61 fols., fols. 1r-17r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve y Sumaria]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVIII compuesto entre 1736 y 1737 y que aborda la fundación del convento y su orden e individuos hasta la época en que fue escrito. El manuscrito está conservado en el Archivo Dominicano de Salamanca. Se editan las partes que se refieren a la vida de María de Santo Domingo y sus dos hermanas, [[María de la Asunción]] y María de los Santos, así como datos sobre la fundación del convento, el patronazgo de los Duques de Alba y las reliquias que en él se encuentran. Existe también una copia manuscrita, probablemente del siglo XX, en el archivo de Mosén Rubí de Ávila, que se usa en caso de duda y para el cotejo de palabras cuando el original aparece dañado o ilegible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ser una copia bastante tardía, del siglo XVIII, se moderniza la ortografía según los usos actuales (b/v, i/yj, qu/cu, c/z, s/ss, etc.), por lo que se eliminan las consonantes geminadas y se estandariza el uso de “mm” en su empleo moderno “nm”. Se normaliza la variación u/v con función vocálica y consonántica. Se respeta el grupo “mp” como en “prompto” y se respetan las grafías “ph”, “th” y “ch” en palabras como “triumpho”, “Cathalina” o “Christo”, que pueden aparecer como cultismos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han desarrollado las abreviaturas de las palabras, pero se respetan las de los títulos eclesiásticos como “N.P.S.”, aunque se expande el uso de “Me” en madre y “Sto.” y “Sta.” en santo y santa. Acentuamos las palabras, empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual, y la puntuación procede del editor, quien la moderniza siguiendo los usos contemporáneos. Se regularizan los aglomerados y se separan las palabras según el uso actual, es decir, se separan “dela”, “conella”, “deste”, o “enlos”, entre otros, que aparecen en el texto. Del mismo modo, se unen “a el” y “de el” según el uso actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] ''[1]'' '''Breve y sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de N.P.S. ''[2]'' Domingo, vida de su fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad, sacada del Libro Becerro, actas de capítulos provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos hasta el año de 1737'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prólogo===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las admirables obras de Dios es singularisíma y dignísima de toda atención y veneración la paternal providencia que ha tenido siempre de su Iglesia. En todos tiempos y edades la dio fuertes y singulares varones que, llenos del celo y honra de Dios, la protegiesen y defendiesen de los terribles asaltos del común adversario, con sus palabras, obras, escritos y admirables ejemplos, sin haber podido jamás prevalecer contra ella ni desorden tan fuerte y bien armado escuadrón. Mas aunque es tan maravillosa la Divina Providencia en los varones, mucho más lo es y más gloriosa en las mujeres, en sentido de San Pedro Damiano: (A) ''[3]'' porque cuanto más débil y frágil es el soldado, tanto más singular y glorioso es el triumpho, dice el mismo santo. &lt;br /&gt;
Muchas han sido las mujeres que, desmintiendo la flaqueza de su sexo en una y otra ley, han peleado como fuertes y valerosos campeones en defensa de la Iglesia. Unas con su sangre, otras con su doctrina y escritos, y otras finalmente con sus oraciones, ayunos, vigilias y penitencias, sin que nuestros tiempos (aunque están calamitosos) hayan carecido de tan insignes y heroicas mujeres, pues vasta para crédito de todas la ínclita y seráphica virgen Santa Theresa de Jesús, gloria del Carmelo ilustre y honra de España. Ninguno ignora el espíritu agigantando de esta insigne y prodigiosa mujer, ni el celo con que se opuso contra tan fuerte enemigo en defensa de la Iglesia: no solo con sus celestiales escritos, sino con sus oraciones, ayunos y penitencias, y las de tantas y tan ilustres hijas como dejó en los monasterios, [fol. 1v] cuando venciendo dificultades, las que miraba con un santo desprecio, por conseguir los altos fines que había premeditado serían en lo˂s˃ sucesivo de honra y gloria a Majestad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con semejante espíritu salió a la campaña la esclarecida virgen y venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora única del observantísimo y religiosísimo convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de la orden de N.P.S. Domingo. Previó, sin duda, esta singular mujer (que así la podemos llamar), la terrible batería que el demonio tenía dispuesta contra la Iglesia por medio de Martín Luthero y sus secuaces y, llena de celo y honra de la gloria de Dios, sin más riquezas que un corto matrimonio y sin más poder que el de una mujer nacida y criada en una pobre y corta aldea, se resolvió a fundar un monasterio, que en edificios, nobleza y virtud, puede competir con los más ilustres, no solo de España sino de todo el mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero lo que más le ha ennoblecido ha sido la mucha religión, virtud y santidad con que siempre han vivido las religiosas que de todas partes del mundo han venido a este convento, las cuales con sus continuas y fervorosas oraciones, con sus largos y prolijos ayunos, con sus muchas y repetidas limosnas y con sus asperísimas penitencias han sido presidio fuerte de la Iglesia o torre ínclita de David, edificada con tantos propugnáculos cuantas han sido las vírgines sagradas y demás insignes mujeres de este observantísimo convento, cuyas admirables virtudes y prodigiosas vidas debían estar escritas en láminas de bronce para eterna memoria a la posteridad. Mas es digno de todo llanto el olvido en que yace su memoria, pues, o fuese que pereciesen los papeles en la lastimosa quema que padeció este convento por los años de 1565 o, lo que más cierto es, por el poco cuidado que las antiguas, atentas solo al ejercicio de las virtudes y a tratar con Dios, ponían en esto, tenemos muy cortas noticias así de la venerable fundadora como de tantas y tan ilustres señoras que en todo siguieron su espíritu. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que atendiendo yo a esto y lo mucho que debo a este convento, por pagar en algo [fol. 2r] lo mucho que me hallo beneficiado de todas las religiosas en esta casa, me he determinado a hacer esta sumaria y relación de las que en este convento han vivido y muerto con opinión de virtud y santidad, para que del todo no perezca la buena memoria de tan insignes mujeres, pidiendo a los que me sucediesen, vayan continuando con las que en sus tiempos muriesen, pues así a menos costa podrán hacer este beneficio al convento y a toda la orden de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo y méthodo que llevaré será poner la fundación de este convento y la vida de su venerable fundadora y de las demás que hayan podido llegar a mi noticia, con todas aquellas circunstancias que puedan ceder en crédito y lustre de este convento. Valiéndome de las noticias que se hallan escritas en el libro de Becerro, sacadas de un libro antiguo, que se reservó del incendio y hoy para en poder del M.R.P. ''[4]'' Presentado Fr. Manuel Medrano, chronista general de la orden y de las actas de los capítulos provinciales, y de la constante e inmemorable tradición que siempre se ha conservado entre las religiosas, dividiendo en capítulos y secciones, según los años, para mayor claridad y distinción, protestando que en todo cuanto aquí va escrito y escribiere no es mi ánimo contravenir en nada a los decretos y sagradas determinaciones de la Iglesia. Y que las voces de santas con que muchas veces llamaré a muchas de las que aquí fuesen nombradas no tengan más fuerza, ni den más santidad que la que está determinada por la santidad de Urbano Octavo, ''[5]'' de feliz recordación. Vale. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo 1===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fúndase el convento de Santa Cruz de Aldeanueva y dase noticia de su venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Patria y nacimiento de la venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora del convento de Santa Cruz de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la diócesis de Ávila, a dos leguas de la antigua villa de Piedrahita y casi a otras dos de la del Barco, está fundado el lugar de Aldeanueva, pueblo antiguo pero corto, [fol. 2v] de pocos habitadores, y aldea pobre de la jurisdicción del Barco, aunque en nuestros tiempos bien conocida y nombrada por el Insigne Monasterio de Religiosas que edificó en ella la venerable madre Soror María de Santo Domingo. A este lugar, que por su situación puede ser remedo de los más retirados y ásperos desiertos, quiso honrar Dios con el nacimiento dichoso de esta esclarecida Virgen, que ''[6]'' fue por los años de mil cuatrocientos y ochenta, poco más o menos siendo Pontífice Sixto Cuarto y reinando en España los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel. Su padre fue un caballero natural de la nobilísima ciudad de Ávila de la ilustre y antigua familia de los Pan y Aguas ''[7]'', el cual por varios accidentes que le sobrevinieron se retiró al lugar de Aldeanueva, en donde casó con una labradora pobre y humilde, pero de honrada y limpia familia. No sabemos cómo se llamaron (descuido lastimoso de la memoria, que haya el tiempo podido borrar de ella los nombres de tan buenos padres), pero aunque no sabemos sus nombres, sabemos que fueron buenos cristianos y muy temerosos de Dios, como claramente lo manifiestan las muchas y grandes virtudes de tres hijas que les nacieron de su feliz y dichoso matrimonio, todas tres religiosas en este convento y todas tres santas, como después veremos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la primogénita y en todo primera fue nuestra venerable fundadora, a quien llamaron María en el bautismo, a que ella añadió después el renombre de Santo Domingo. Es constante y segura tradición que, luego que nació, quiso el Cielo dar testimonio de lo que en adelante había de ser, pues aseguran que algunas personas (virtuosas serían) predijeron a su padre que la recién nacida sería mujer insigne de grandes y singulares prendas, por las cuales lograría la gracia y favor de los reyes y señores de la tierra, vaticinio que entonces no se apreciaría y después lo verificó la experiencia. De la crianza de nuestra niña no tenemos noticia alguna, pero no pu[e]de haber duda en que la criarían sus padres muy christianamente y con mucho temor de Dios, y que, desde muy tierna edad, se aplicó a los ejercicios de virtudes y mortificación, por los cuales mereció que Dios hiciese con ella un singular prodigio, porque, cayendo en un grande incendio, salió de él libre y sin lesión alguna, como los tres niños del horno de Babilonia ''[8]''. Y aunque no nos dicen qué edad tenía cuando hizo Nuestro Señor con ella este milagro, parece más verosímil sería en su niñez, por ser aquella edad más propia para semejantes acasos y por no haber memoria en el convento sucediese en él después de fundado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3r] Mas la señal más cierta de la buena educación de nuestra niña es la mucha virtud en que empezó luego a resplandecer, y especialmente la grande caridad que en su tierno pecho ardía para con Dios y con los prójimos, porque, muertos sus piadosos padres, se aplicó no solo al cuidado y educación de sus dos hermanas, criándolas en santo temor de Dios, como después lo manifestó su mucha santidad y virtud, sino que también cuidó de enseñar y doctrinar las niñas así del lugar de Aldeanueva como de los de toda la comarca, enseñándolas ''[9]'' a tejer, coser, hilar y los demás ministerios pertenecientes a mujeres, cuidando de que supiesen leer y escribir ''[10]'' y principalmente en que fuesen bien instruidas en la doctrina christiana y santas costumbres, en lo cual consumía el patrimonio y hacienda que de sus padres había heredado y el de sus dos buenas hermanas, que, llevadas del buen ejemplo de su santa hermana, la ofrecieron gustosas su hacienda y personas para tan piadosa obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose luego por todos los lugares circunvecinos la santidad y caridad de la virgen María y de sus dos hermanas, y concurrieron innumerables personas a poner sus hijas en tan santa escuela y bajo la disciplina y buena educación de estas santas mujeres. Y no solo venían los padres a traer sus hijas a nuestra virgen María, para que las enseñase y doctrinase, de los lugares y villas cercanos, sino de las más remotas y distantes de todo el reino, porque fue tal el cuidado y aplicación de las maestras y tan grande el aprovechamiento de las discípulas que, volando por todas partes la fama de tan santa escuela, no se tenía por dichoso el que no traía sus hijas a Aldeanueva para que fuesen educadas y enseñadas por la madre María y sus dos hermanas. Y esto no solo los pobres y gente ordinaria lo practicaban solícitos del bien de sus hijas, sino los hombres más ricos y principales de España. Tan grande como esto era la virtud de la madre María y tal era su caridad, la cual no solo se extendía a educar niñas, sino que también cuidaba de los niños, procurando que saliesen tan bien doctrinados como después lo dieron a entender muchos entrando en varias religiones, en donde sirvieron a Dios y a sus prójimos, sobre lo cual hay testimonio authéntico en el depósito de este convento, por el cual consta cómo Fr. Gerónimo de San Bartholomé, religioso de N.P.S. Domingo, hijo del convento de Piedrahita, hizo donación de toda su hacienda a la madre Soror María de Santo Domingo en atención a haberle criado y doctrinado y, por sus consejos, haber sido motivo para entrar en la religión, lo que cede en grande elogio de la venerable fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] '''S. II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Dase principio a la fundación del convento de Aldeanueva y motivos porque se intituló de Santa Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre estos principios se zanjaron los primeros fundamentos del convento de Santa Cruz de Aldeanueva y este fue el medio por donde levantó Dios el espíritu varonil de la venerable madre María de Santo Domingo para fundarse, porque, viendo esta esclarecida virgen la grande multitud de niñas y mujeres que vivían bajo de su educación y doctrina y lo muy bien aplicadas que se hallaban, considerando con su grande capacidad cuán del agrado sería de Dios Nuestro Señor y aprovechamiento de aquellas almas si viviesen en clausura bajo de alguna regla y modo de vivir en comunidad, llena de confianza en Dios y movida de tan superior celo y espíritu de caridad se determinó a fundar un convento en donde viviesen todas recogidas y pudiesen mejor dedicarse a los ejercicios de oración y penitencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunicó primero su intento con los vecinos de Aldeanueva, después de haberlo tratado con Dios en la oración, resignada en su santísima voluntad y confiada en su divino paternal amor; los vecinos, movidos del mismo espíritu que su paisana, luego la franquearon gustosos y alegres sus propias casas para el sitio del monasterio, sin más precio ni interés que el que esperaban de la mano liberal de Dios por la intercesión de su sierva. Y no solo la hicieron donación de sus casas, sino que también concurrieron con sus personas y limosnas para la fábrica, dando con su celo y devoción ejemplo a los moradores del Barco, Piedrahita y demás lugares circunvecinos que ejecutasen lo mismo, como en efecto lo ejecutaron, dando a nuestra venerable María largas y crecidas limosnas para la edificación del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo hicieron los serenísimos reyes Don Fernando y Doña Isabel y otros señores grandes y títulos de estos reinos, a quienes también dio parte la madre María de Santo Domingo de sus intentos, los cuales, informados de la santidad de su vida e inspirados de Dios, la acudieron con sus copiosas limosnas, correspondiendo en lo liberal a sus grandes y piadosos corazones. Siendo los primeros y más señalados los señores Reyes Cathólicos, y a su imitación los excelentísimos Duques de Alba Don Fadrique de Toledo ''[11]'' y su excelentísima mujer, el gran prior de San Juan, Don Diego de Toledo, los Condes de Osorno, de Oropesa, de Nieva [fol. 4r] y Don García de Toledo, señor de la Horcajada y otros muchos señores, los que no solo contribuyeron a la obra con sus limosnas, sino que también quisieron hallarse presentes a principiarla. Concurriendo los excelentísimos Duques de Alba, asistidos de toda esta grandeza, al lugar de Aldeanueva para dar principio a la fundación de esta gran casa, lo que se ejecutó el día trece de septiembre del año de mil quinientos y cuatro, víspera de la exaltación de la Cruz ''[12]''; casual, pero misteriosa elección pues, asentándose la primera piedra de este convento a vista de la cruz de Christo, fue manifiesta señal del gusto y conformidad con que las religiosas de esta santa casa debían abrazar y grabar en sus corazones en todo tiempo a imitación de su celestial esposo la cruz, y que esta y la mortificación habían de ser el ti&amp;lt;e&amp;gt;mbre mayor de esta gravísima comunidad, como aun más claramente lo manifestó Nuestro Señor aquel mismo día con un evidente y prodigioso milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió, pues, que estando nuestra venerable fundadora para dar principio a la obra, y hallándose en su compañía todos los caballeros y señores que dijimos antes, al abrir los cimientos vieron todos que la primera piedra que se sacó para hacerlos estaba en forma y figura de cruz. Y admirados del suceso la partieron en diversos pedazos, sucediendo el mismo prodigio en todas cuantas partes se dividía, pues en todas se mostraba la misma señal de la cruz. Algunas piedras de estas se ven hoy en el claustro principal, según la tradición de unas a otras, con lo cual entendieron todos claramente ser voluntad de Dios que el convento tuviese por divisa la gloriosa señal de la cruz. Y así, pareciéndoles que no podían tener arbitrio contra lo que Dios tan milagrosamente mo&amp;lt;n&amp;gt;straba, le intitularon: el convento de Santa Cruz, a que añadieron el renombre de la Magdalena, sobre lo que no tenemos noticia alguna. Y solo podemos discurrir o que lo nombraron así por ser esta glorio[sí]sima santa titular de la Iglesia y patrona del lugar de Aldeanueva o, lo que más cierto es, por la mucha devoción que tenía la venerable fundadora a este singularísimo ejemplo de penitencia, el que quería proponer a todas sus hijas para que le imitasen, y para que con el amparo y patrocinio de esta amantísima ''[13]'' patrona de la orden de N.P.S. Domingo creciese en virtud, amor y penitencia el nuevo convento que fundaba debajo de la tercera orden de penitencia que fundó este santísimo patriarcha. De esta manera quiso Dios honrar los primeros principios de este convento y manifestar al mundo lo mucho que era de su agrado esta fundación, dando al mismo tiempo nuevos créditos a la [fol. 4v] santidad y opinión de su venerable fundadora y haciendo más recomendable con todos aquestos señores su persona, porque, si antes la veneraban como a mujer santa, desde entonces empezaron a celebrar por todas partes su virtud, concurriendo más gustosos y devotos a la obra con sus limosnas a vista de este prodigio, y dando la admiración lugar a la competencia sobre quién había de explicar más su devoción en poner la primera piedra, aunque se adelantó a todos el señor Conde de Nieva, arrojando a la zanja una medalla de oro en testimonio de su mucha piedad y grandeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto sucedió el referido día trece de septiembre del año de mil quinientos cuatro, aunque no se pone fundación en este día, sino en el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, porque en este día se acabó de edificar el monasterio y se empezaron a celebrar en él los ''[14]'' divinos oficios. Acabado el convento, dio luego el hábito la venerable madre María de Santo Domingo a sus hermanas, que se llamaron Soror María de la Asumpción y la madre Soror María de los Santos, las que quisieron ser las primeras en imitar a su santa hermana vistiendo el sagrado hábito, como lo habían sido en ayudarla con su patrimonio para la fábrica, mereciendo por esto el título de confundadoras de este insigne convento y el nombre de María de todas, lo que aún existe en nuestros días en memoria y crédito de otras hermanas, gozando el nombre de principal en todo la que fue madre de todas María de Santo Domingo, la cual, acabado el monasterio víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, como queda dicho, procuró luego se recogiesen en él sus dos hermanas y otras muchas de las que tenía bajo de su dirección, así grandes como niñas, y todas alegres y gustosas empezaron a celebrar los divinos oficios. Y sobre esto hoy en día se hace venerable memoria todos los años, dicho día víspera de la Asumpción, rezando en el coro con la devoción que aquí acostumbran las religiosas en oficio parvo de Nuestra Señora. Aunque no consta del modo que entonces tuvieron de rezo, parece ser más cierto que empezaron luego en sus principios a rezar el oficio canónico de la Iglesia, como se acostumbra entre las religiosas de velo negro y hoy día se observa, porque el señor Obispo de Ávila, Don Alonso Carrillo de Albornoz, les concedió licencia en ocho de julio del año siguiente de mil quinientos y ocho para que pudiesen tener en su Iglesia Sacramento con su lámpara y, aunque no dice nada de rezo, parece muy conforme que las concediese esta licencia en atención, o con la condición, a lo menos implícita de que rezasen el oficio divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 5r] Con el ejemplo, pues, de las dos santas hermanas de la venerable fundadora, tomaron luego el hábito otras muchísimas mujeres de las que estaban en su escuela, a las cuales dio la tercera regla que llaman de penitencia de N.P.S. Domingo, debajo de la cual quiso que viniesen todas, lo que ellas ejecutaron con tanto gusto y con tanto aprovechamiento de sus almas cuanto lo manifestó en breve el crecido número de religiosas que de varias partes vinieron a vivir a él, porque fue tan observante y riguroso el modo que tomaron de vivir, tal su penitencia y aspereza y tal y tanta su virtud que, volando por todas partes la buena fama del nuevo monasterio, concurrieron a porfía a tomar el hábito y a vivir en él innumerables personas no solo de estos reinos de España, sino tam[b]ién de los más extraños y remotos, porque apenas había ciudad y provincia en España de donde no haya habido aquí religiosas. Pues la[s] ha habido de Aragón, Valencia, Navarra, Sevilla, Murcia, Lorca, Calatayud, Victoria y Logroño y de otras muchas partes de este reino y también fuera de él, porque han vivido aquí algunas natu[ra]les de Jerusalén, una de Belén, que se llamó Soror María del Pesebre y otras de Roma. Creció tanto el número que llegó aun a más de trescientas religiosas, entre la cuales hubo señoras muy nobles y de la primera magnitud de España, de que se dio auto público ante escribano, que se guardó en depósito muchos años, pero hoy en día no lo hay por haberse perdido y es también cierto que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres grandes y pequeñas de cuatro a cinco años, hijas de personas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, lo que no admirará quien atentamente considerare la grande virtud y santidad de nuestra venerable fundadora y la mucha religión y observancia que plantó en su convento, cuya buena opinión se extendió largamente por todas partes, no solo de su religión, sino de todas las demás, como claramente lo da a entender la noticia siguiente que dejó escrita en uno de sus tomos el eminentísimo Cardenal Cayetano ''[15]'' el año de mil quinientos y cinco, visitando, como general que entonces era de la Orden de Predicadores, el convento de Santa Cathalina Virgen y Mártir que esta orden tiene en Barcelona, que después se insertó en el chronicon de nuestras constituciones, folio 84 en la nueva impresión, capítulo 15 y dice así: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En España florece en estos tiempos una escla- [fol. 5v] recida Virgen llamada Soror María de Santo Domingo de admirable y prodigiosa santidad, la cual empezó a correr con tanto crédito y estimación entre los suyos que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas y parientas para que con su doctrina y ejemplo fuesen en toda buena disciplina educadas, por cuya causa, viéndose con tantas niñas y deseando sirviesen a Dios con quietud y aprovechamiento de sus almas, fundó un monasterio en un lugar desierto cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía muy cerca de cuatrocientas vírgenes, todas nobles y de ilustre sangre y esclarecido linaje, las cuales empezaron a vivir con tan grande rigor y observancia y con tan singular fervor y espíritu y con tal pureza de vida que parecía renacer en ellas el antiguo fervor de la primitiva Iglesia, porque, a la verdad, era cosa maravillosa ver allí a tantas nobles y tiernas doncellas criadas con tanto regalo menospreciar las comidas delicadas y regaladas de sus casas y tener por sus mayores delicias pan y agua rociado con ceniza. Su bebida iba mezclada con las lágrimas de compunción que continuamente derramaban. Su vestido era honestísimo, no de seda ni de telas preciosas, sino paño burdo fabricado por sus tiernas manos, pues ellas mismas hilaban la lana, tejían el lino y hacían todas las cosas necesarias para vestirse, añadiendo a todo esto tan gran retiro, austeridad y penitencia que admiraba a todos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por aquí, pues, se conoce el grande, sino excesivo rigor con que se fundó este convento y los buenos y sólidos fundamentos que puso en él su venerable fundadora, y lo muy grande que era su virtud y santidad, pues ella era la primera que con su ejemplo y doctrina animaba a las demás a preservar en lo comenzado, mirándose todas en ella como en un clarísimo espejo de santidad y pureza. Era cosa digna de toda admiración ver el cuidado que todas ponían en imitarla, sin que se conociese alguna que se quisiese quedar atrás: todas corrían con tanta velocidad en seguimiento de su divino esposo que no era posible discernir cuál iba delante o cuál se quedaba atrás. Su oración era continua y fervorosa, empleando en ella mucha parte del día y casi toda la noche, la asistencia al choro era puntualísima y muy grande la devoción con que rezaban y cantaban el oficio divino; sus disciplinas y otras mortificaciones y penitencias rigurosísimas, el silencio, ayuno y todas las demás constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo observaban con tanta puntualidad y rigor que no faltaban en un ápice a lo que estaba escrito. Vivían de comunidad y, aunque no hacían profesión, como en estos tiempos, de guardar clausura, era grande el retiro que guardaban sin salir jamás de casa, sino por alguna grave necesidad, y entonces era tal su modestia y buen ejemplo que edificaban a todos los que las miraban. [Fol. 6r] Su caridad era extremada, su humildad profundísima, su paciencia admirable y, para decirlo de una vez, era tal su vida que parece había puesto Dios su mano en este convento para que fuese en todo como admirable y servido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este fue el modo de vivir que tuvieron las primeras religiosas de este convento y esta fue la observancia regular que plantó en él la venerable madre Soror María de Santo Domingo, la cual duró por muchos años y dura por la misericordia ''[16]'' hasta nuestros tiempos, porque, aunque es verdad que en algo ha faltado aquel primitivo fervor, también es cierto que al pre[se]nte es mucha la observancia y virtud con que viven en este convento las religiosas, guardando la regla y constituciones de N.P.S. Domingo con tanto rigor como en los conventos más observantes de la orden. Al oficio divino asisten con grandísima puntualidad, cantando y rezando con tanta gravedad, solemnidad y devoción que solo el oírlas puede causarla y la causa a los más indevotos y distraídos; su oración es de largas horas, pues son muy pocas en las que no haya religiosas en el choro, así de día como de noche. A esto juntan una cordial y tierna devoción al Santísimo Sacramento del altar y a la soberana emperatriz de los ángeles, María Santísima, Señora Nuestra, cantando todos los jueves los himnos del Sacramento y todos los días de fiesta el Santísimo Rosario, por el orden de sus misterios, sin otros muchos modos que las dicta su devoción para venerar al hijo y a su Madre Santísima. Son observantísimas del silencio, en los ayunos y abstinencias son extremas, porque, además de los que prescriben las constituciones, que son casi la mayor parte del año, ayunan muchas a pan y agua la mayor parte de la Cuaresma y otros días del año; las disciplinas y otras penitencias son tan rigurosas que muchas veces es necesario irles a la mano para reprimir su fervor y espíritu. Del mismo modo procuran esmerarse en la obediencia y demás virtudes, especialmente en la caridad, la que ejercitan con grandísimo cuidado y desvelo dentro y fuera del convento en común y en particular, porque dentro es admirable la asistencia que se tienen unas a otras en sus necesidades, y más particular estando enfermas, y fuera apenas hay necesidad que llegue a su noticia que no provechan luego de remediarla, de lo que pueden ser y son buenos testigos los muchos pobres que llegan a la portería, a todos los cuales siempre se les da limosna; y todos los vecinos de Aldeanueva, que, siendo todos o los más pobres, los sustenta el convento, dejando las religiosas la mayor parte de sus raciones para su mantenimiento, como claramente lo hemos visto este año de mil setecientos treinta y seis ''[17]'', en que hubieran perecido los más de su vecindad por causa de una epidemia que [fol. 6v] han padecido si no hubiera sido por la mucha caridad que han encontrado en las religiosas de este convento. Así, pues, se practica en estos días y se ha ejecutado en todos tiempos, émulas unas de otras así en la caridad como en mantener en mucha parte el antiguo rigor. Y esperamos que por los méritos de la venerable fundadora ha de durar muchos años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Gracias, favores y privilegios, que alcanzó la venerable fundadora María de Santo Domingo de los sumos pontífices, reyes y de otros señores.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los privilegios de la virtud es ser amada y favorecida de todos los que la conocen, pues, aunque muchas veces la vemos abatida y perseguida, esto solo es en cuanto no es conocida, porque, en llegándose a conocer, todos la estiman, favorecen y aman. Este privilegio tuvo en grado muy superior la venerable madre Soror María de Santo Domingo, siendo amada y querida no solo de Dios, sino también de los hombres, como dice la escritura de Moisés. Así se lo profetizaron a su padre luego que nació, según dejamos ya dicho, y así lo verificó después el tiempo y la experiencia, porque esta ''[18]'' venerable señora fue tan amada y querida de los sumos pontífices, reyes y señores de la tierra, que todos a porfía se empeñaban en favorecerla en atención a su mucha virtud y santidad, la que por todas partes era notoria y bien conocida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corría el año de mil quinientos y catorce, en el cual florecía este convento de Santa Cruz en la mayor observancia y virtud, llevándose las atenciones de todos y divulgándose por todas partes la fama de la santidad de su venerable fundadora. Llegó hasta Roma en dónde se hallaba el Papa León Décimo, que a la sazón gobernaba y regía la nave de la Iglesia. Alegrose este Santísimo Padre al oír la noticia de la santidad de la venerable María, y la mucha virtud que se profesaba en el monasterio que había fundado y, mucho más, cuando la vio en Roma ''[19]'', adonde fue ella misma en persona acompañada de otras tres de las que vivían en el convento a tratar con su santidad muchas cosas tocantes a lo espiritual y temporal de dicho convento y, lleno de gozo el Sumo Pontífice al ver que en tiempos tan calamitosos hubiese quien atendiese a las necesidades de la Iglesia, se determinó a favorecer a nuestra santa con paternal amor y afecto, concediéndola muchos y grandes privilegios para sí y para su convento. Uno de ellos se conserva hoy en el depósito de este convento, ''su data en Roma apud Sactum Petrum'' en treinta de octubre del mismo año de mil quinientos y catorce, por el cual perpetúa a nues- [fol. 7r] tra fundadora en el oficio de priora de este su convento en atención a que se conserve con su buena dirección la grande virtud, santidad y observancia regular que había puesto en este convento, que ella misma había fundado con las limosnas que para ello había buscado, mandando al Arzobispo de Toledo y a los Obispos de Plasencia, Ávila y Palencia, que la favorezcan y ayuden en todo cuanto se le ofreciere. También concede a las religiosas que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la ''[20]'' Orden de Predicadores, a cuyo cuidado estaba el convento para que las asistan y administren los sacramentos sin dependencia de los ordinarios, y últimamente las concede que puedan hacer los tres votos substanciales de pobreza, obediencia y castidad. Otra bula hay también en depósito del mismo pontífice, su data en Roma en diez y nueve de octubre de mil quinientos y veinte, para que las religiosas puedan ser veladas con las ceremonias y bendiciones que usa la Iglesia bendecir y velar a las religiosas, por la cual consta también que las religiosas hacían ya los tres votos substanciales, vivían en clausura y bajo la regla de San Agustín y las constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos estos favores y algunos más hizo el Papa León Décimo a nuestra santa fundadora. “Mas no fueron menores los que la hizo su sucesor Adriano Sexto. Hallábase Adriano en Victoria, gobernando estos reinos por el emperador Carlos Quinto, cuando fue electo Sumo Pontífice en nueve de enero del año de mil quinientos veinte y dos; y, deseoso de ver y conocer a una mujer que tanto predicaba la fama, la mandó venir a Zaragoza, en donde se hallaba de camino para Roma, lo que ejecutó nuestra venerable María con prompta obediencia, partiendo luego a Zaragoza, en donde habló a su santidad, quien la favoreció mucho y animó en sus santos propósitos, concediéndola un breve, su data en Zaragoza en seis de mayo del año de mil quinientos veinte y dos, por el cual consta el gran concepto que tenía formado de nuestra fundadora y del convento de Santa Cruz. El cual pongo aquí por[que] sea en grandísimo crédito de ella y de todas las demás religiosas. Dice, pues, así:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adriano Papa VI: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adriano Papa VI: Amada en Cristo, hija, salud y apostólica bendición. La ferviente y sincera devoción que a nos y a la Iglesia Romana tienes, y juntamente el celo de la religión, la vida ejemplar y otros dones de virtudes, con los cuales, según por relación de muchos hemos entendido, estás adornada, con razón nos mueven para que (cuanto podemos en el Señor) atendamos fervorosamente a tus súplicas, especialmente aquellas por las cuales se pueda mirar a tu consuelo espiritual. Nos hiciste manifiesto o nos diste a enten- [fol. 7v] der que, como la casa de Santa Cruz de la Magdalena del lugar de Aldeanueva, llamadas de la tercera regla de Santo Domingo de la penitencia, de la Orden de los frailes predicadores de la diócesis de Ávila, de la cual tú eres al presente priora y en la cual las sórores de la sobredicha regla ''[21]'' viven en grande y copioso número, haigan acostumbrado a hacer los tres votos substanciales, portándose en todas las cosas como ''[22]'' verdaderas monjas de la Orden de San Agustín bajo del cuidado de los dichos frailes predicadores, vivan en el servicio de Dios, y, con todo eso hasta ahora, no haigan tenido el velo negro según costumbre de dichas monjas y, por su consuelo espiritual, desean traer en adelante según costumbre de las mismas monjas el velo negro; por lo cual nos fue por tu parte humildemente suplicado que nos dignásemos con benignidad apostólica de atender favorablemente en esta parte a los deseos de las mismas sórores; nos, atendiendo favorablemente en esta parte a estos mismos deseos, por la autoridad apostólica, por el temor de las presentes, lo concedemos a ti, y que en adelante la priora que por tiempo fuese en dicha, y las sórores de la misma casa presentes y futuras puedan recibir y traer el velo negro de mano del vicario de dicha casa, que en dicho lugar por tiempo residiese o de otro cualquiera superior de dicha orden, no obstante las constituciones y ordenaciones apostólicas, ni los estatutos y costumbres de dicha regla, roborados con juramento o con firma apostólica o con cualquiera otra firmeza ni cualquiera otras cosas en contrario. Dado en Zaragoza, ''sub annulo Piscatoris die VI maji'' de mil quinientos veinte y dos, primero después que tomamos el oficio apostólico’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por este breve del Papa Adriano, se conoce claramente la grande opinión y fama de santidad que tenía nuestra venerable fundadora, y la mucha observancia y religión que había en el convento que había fundado, y el grande concepto en que estaban todas las religiosas con su santidad, sin que sean necesarios más testigos de la mucha virtud así de la fundadora como del convento que la dicha bula leída con atención”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estos privilegios y bulas consta caramente cómo este convento se fundó como beaterio solamente y del mismo modo que casi por aquellos tiempos se fundó el beaterio de Piedrahita y hoy en día se conserva, y que las religiosas que en aquel tiempo tomaban el hábito no eran, ni se podían llamar, verdaderas monjas, ni eran propiamente religiosas, sino beatas o sórores de la tercera orden de la penitencia de N.P.S. Domingo, porque ni hacían los tres votos substanciales, que son los que constituyen religión, ni traían velo [fol. 8r] negro, ni estaban exemptas de la jurisdicción del ordinario. Pues todo esto lo tuvieron después por privilegio y concesión de León Décimo, como parece por las bulas, que ya van citadas; pero también ''[23]'' es cierto que hoy día no son beatas ni se pueden llamar tales, sí monjas y religiosas verdaderas, porque hacen los tres votos solemnes y no simples, como puede ser que digan algunos, pues esto es contra la mente del pontífice, traer velo negro y estar exemptas de los ordinarios y gozar de todos los favores, privilegios y gracias que gozan todas las que son verdaderas religiosas, sin que obste contra esto el que no profesan clausura y el que en la profesión se llaman sórores beatas de Santa Cathalina de Sena, porque a esto se dice que la clausura no es substancia de la religión, sino un accidente muy conducente al estado religioso mandado observar por los sumos pontífices. Pues antes de San Pío Quinto ''[24]'' y del Concilio de Trento había verdaderas monjas y religiosas y no había clausura, y hoy las hay en muchas partes. Y a lo de la profesión se responde con decir que es para mayor claridad, pues con decir que se obligan a guardar la tercera regla de penitencia de Santo Domingo, basta para saber que deben de guardar solo la tercera regla y no la primera ni segunda, y parece solo para dar a entender, no que son beatas en la substancia, sino que solo deban observar las constituciones que observan las beatas, pero en lo demás son y deben llamarse verdaderas monjas y religiosas como más abajo veremos por el breve de Adriano Sexto, que ya antecede.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Últimamente consta de sus bulas cómo este convento fue recibido a la orden muy a los principios de su fundación, y que las religiosas o beatas se sujetaron muy presto a la religión de predicadores, la que les puso luego religiosos que las asistiesen y cuidasen de ellas. Porque en la primera bula que dio León Décimo el año de mil quinientos y catorce dice que el convento estaba ya bajo del cuidado de los frailes predicadores, lo mismo dice en la que dio el año de mil quinientos y veinte. Y habiéndose finalizado el convento el año de mil quinientos y siete, parece que muy a los principios se sujetó a la religión, pero no consta de cierto qué año fue, ni en tiempo de qué general, porque, aunque dice el libro antiguo de la fundación de este convento de que l[a] tradición autentica que el Rmo. P. General Fr. Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempos del rey Don Fernando y Doña Isabel y le recibió a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil quinientos diez y nueve, esto ni es cierto ni viene probabilidad de verdad: lo uno porque el Rey Cathólico Don Fernando murió el enero de mil quinientos diez y seis y la Reina Doña Isabel había muerto algunos años antes, con que no pudo ser el año de diez y nueve, y lo otro, porque el Rmo. Bandelo murió en el convento de Montealto del Reino de Calabria el día vein- [fol. 8v] te ''[25]'' y siete de agosto del año de mil quinientos y siete (consta en el chronicon de la orden, folio 49, cap. 15, s. Hic igitur), en el cual tiempo apenas se había acabado de fundar este convento, según dejamos dicho, con que es cierto que el Rmo. Bandelo ni visitó este convento ni pudo recibirlo a la orden. Y también parece cierto que no pudo ser el año de diez y nueve, con que, atendiendo a lo que dice el Papa en su bula, parece más cierto que este convento fue admitido por la religión el año de doce o trece, en el cual tiempo era general el Rmo. P. Fr. Thomas de Vio Cayetano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos privilegios concedió este pontífice sobre curatos y beneficios a este convento, los que se guardan en depósito, por todos los cuales consta la grande estimación que hizo León Décimo de nuestra venerable fundadora y lo mucho que favoreció a este su convento. Mas, entre tantos favores como le hizo, es singularísimo haberle enviado en dos de abril del año de mil quinientos y veinte una costilla de la seráfica madre Santa Cathalina de Sena, cuya auténtica se conserva en el depósito. Esta grande y preciosa reliquia mandó su santidad extraer del convento de la Minerva de Roma, en donde está el cuerpo de la seráphica madre, y se la entregó al P. Fr. Juan de Azcona ''[26]'' para que la trajese al convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, a quien hizo donación de dicha reliquia como consta de su bula que se guarda en depósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el P. Fr. Juan de Azcona el primer vicario que puso en este convento la religión. Fue varón de mucha virtud y en todo muy religioso, de mucha oración y retiro, sin que esto le impidiese el atender al convento de las religiosas, predicándolas y confesándolas, y tan observante en todo que fue tenido siempre por todas las religiosas en opinión de santo. Tuvo este santo religioso devoción de visitar los santos lugares de Jerusalén y Roma y fue a cumplir con su devoción el año de mil quinientos y veinte. De vuelta trajo a este convento muchas reliquias y, entre ellas, la costilla de Santa Cathalina, como va dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ella ha sido Dios servido de hacer muchos milagros, porque lo primero, llegando dicho padre con ella a este convento y aplicada a una religiosa tullida, quedó luego enteramente sana, y en prueba de ello fue al instante al refectorio a servir a las demás. En el año de mil seiscientos y doce padecía otra religiosa mal de proplegía, estaba perlática y, no pudiendo hablar, pidió por señas, y en la mejor forma que pudo, que la llevasen la costilla de su madre Santa Cathalina: hiciéronlo así las enfermeras y, aplicándosela a la boca, luego al punto habló y quedó del todo sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9r] Otra religiosa, por cierto enfado que tuvo con un religioso de la orden, propuso de no confesarse con él jamás, sobre lo que llevada del enojo se echó algunas maldiciones, y entre ellas dijo que la lengua se la pegase al paladar si con él se confesase. ¡Caso raro, por cierto! Lo mismo fue pronunciar las dichas palabras que experimentar sobre sí la justicia divina: estando buena y sana, en un instante la acometió un mal tan grande que parecía tener la lengua pegada al paladar sin poder casi hablar, pero, como podía, daba a entender que se ahogaba, lo cual, visto por las religiosas, la encomendaron a Santa Cathalina de Sena y, tocándola la boca con su sagrada costilla, quedó del todo sana y al punto se confesó con el religioso. Otros muchos milagros ha hecho Dios por esta preciosa reliquia, por los cuales y por ser cosa tan preciosa la tienen las religiosas con mucha veneración y devoción, exponiéndola el día de su fiesta a la adoración del pueblo que, devoto, concurre a encomendarse a la santa.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. IIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mercedes que hicieron los reyes y señores del reino a nuestra venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo fue estimada y favorecida la venerable madre Soror María de Santo Domingo de los sumos pontífices, sino que también fue muy querida y venerada de los reyes, grandes y señores de España. Éranlo a la sazón que ella fundó su convento los cathólicos y piadosos reyes Don Fernando y Doña Isabel, de buena memoria, los que, como tan amantes y aficionados a las personas virtuosas y a todo género de obras piadosas, conociendo la mucha virtud de la venerable María y su piadoso ánimo en fundar un convento que había de ser de tanto agrado a Dios, la empezaron a favorecer con larga mano, dándola muy crecidas limosnas para la fábrica y ayudándola con su patrocinio en cuanto hubiese de menester, lo que continuaron después de fundado el convento con tan grande liberalidad que, si ella hubiera aceptado las limosnas y rentas que la daban, fuera este convento de los más opulentos y ricos de todo el reino. Mas, como no eran sus intentos dejar a sus hijas ricas de bienes del mundo, sino pobres y desnudas por Christo para lograr solo las riquezas del Cielo, renunció con modestia y humildad todas las rentas que la ofrecían, aunque por atención a tan piadosos príncipes aceptó una limosna anual de cien ducados que la daban sus altezas, sin más carga que los encomendasen a [fol. 9v] Dios las religiosas, lo que continuaron por todos los días de su vida, y después sus hijos y nietos Don Phelipe Primero, el emperador Don Carlos, Don Phelipe Segundo, Tercero y Cuarto.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas, adonde se conoció el alto concepto que tenían estos serenísimos reyes de la virtud y santidad de nuestra venerable fundadora, fue en darla una riquísima joya muy de su estimación, y que luego ella aceptó de buena gana y con más gusto que todas las riquezas y rentas que la daban, como fue la imagen del Santísimo Cristo de las Batallas, que hoy se venera en este convento, alhaja tan preciosa y de tan grande estimación para las religiosas que no la trocaran por todas las joyas y riquezas del mundo. Esta hermosísima y prodigiosa imagen la traían los Reyes Cathólicos en sus reales en todas las fuerzas y batallas que contra los moros hubieron, que por eso la intitularon el Santísimo Cristo de las Batallas, con cuyo título hoy día se venera. A su continuo, cuanto milagroso, patrocinio debieron estos cathólicos príncipes sus mayores conquistas, como claramente lo manifestó su Majestad con un evidente y singular milagro ''[27]'', porque, estando para dar una batalla y llamando e invocando los españoles en su ayuda, según tienen de costumbre, al Apóstol Santiago, patrón de España, habló el Santísimo Christo, diciendo en voz clara y que percibieron todos que no era necesario otro socorro estando Él allí ''[28]'', lo cual, publicado por todo el ejército, fue causa para que en adelante fuese tenida en mayor veneración la sagrada imagen y, en señal de este maravilloso suceso, se quedó con la boca abierta, como hoy en día se advierte, registrándosele los dientes, la lengua y todo el cielo de la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro prodigio se vio también en esta sagrada imagen en tiempo del señor Phelipe Segundo, cuando Cazalla ''[29]'' andaba diseminando sus perversos dogmas y herejías por Castilla, porque por algunos días sudó el Santísimo Christo, como fue visto y notado por todas las religiosas y religiosos, de los cuales uno limpió el sudor del divino rostro con un purificador, y de esto hay pública e inconcusa tradición entre las religiosas y de madres a hijas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por los años de mil seiscientos y cinco obró otro milagro con una religiosa de este convento llamada Sor María de la Natividad. Padecía esta en un pecho un cancro del tamaño ''[30]'' de una naranja. Curáronla los médicos y cirujanos con todo cuidado, pero, viendo lo poco que aprovecharon los remedios que la aplicaban, conocieron no tener cura la herida y así se lo dijeron a la religiosa, la cual, llena de fe, acudió a buscar el remedio de su necesidad en esta sagrada imagen, de quien era devotísima; y no se halla frustrada su esperanza [fol. 10r] porque, acabada una novena que hizo al Santísimo Cristo, tocó en el último día un pañito a la sagrada imagen y se lo puso sobre el pecho herido, y luego al punto se halló sana y libre de su enfermedad, acudiendo al choro a dar gracias a Dios, y a los demás oficios como lo tenía de costumbre. Igual, también sanó, acudiendo a la misma imagen, otra religiosa llamada Soror María de Santa Inés, de un cáncer que padecía en el pecho. No pudo el médico ni cirujano atajar este tan penoso mal por más remedios que la hicieron; antes, con ellos se ponía peor, y tanto que llegaron a desahuciarla, mas no por eso perdió la religiosa la esperanza de remedio, acudiendo al médico divino por esta su sagrada imagen. Y fue tal su fe que, antes de acabar una novena que hacía para impetrar su misericordia, se halló del todo sana y restituida a su antigua salud, con solo haber puesto sobre la llaga un pañito tocado a la sagrada imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros está haciendo continuamente esta prodigiosa imagen dentro y fuera del convento, que, por ser tan notorios, los podrá averiguar fácilmente el que quisiere saberlos y no se ponen aquí por no hacer más profusa esta relación. Pero no puedo omitir un prodigio visto y experimentado, y por tal tenido por todas las señoras de este convento, y es que, desde que en él está esta sacratísima imagen, no ha entrado dentro de las puertas del convento peste ni otro algún mal contagioso. Y esto aunque lo haya habido en los lugares circunvecinos y en el mismo Aldeanueva, ni se ha conocido jamás pegarse a alguna religiosa o seglar del convento, aunque hayan entrado en él personas heridas del contagio. ¡Prodigio grande por cierto! el cual hemos experimentado este año de mil setecientos treinta y seis. Pues, habiendo padecido los lugares circunvecinos una prolija y contagiosa enfermedad, y habiendo entrado en el mismo lugar de Aldeanueva, de la cual han muerto muchas personas y casi todas la han padecido, no solo no ha entrado en el convento sino que parece que jamás han estado las religiosas y seglares más sanas como en este tiempo, con ser así que cada instante están los convalecientes tratando con las religiosas el remedio de sus necesidades, lavándolas la ropa, y haber durado desde enero hasta hoy, veinte y nueve de octubre, en que esto se escribe, en el cual día son muchos los que hay en las casas bien malos, y lo que más es, que esto mismo se experimenta con los criados del convento, los cuales también han reservado la enfermedad, todo lo cual se atribuye a milagro [fol. 10v] del Santísimo Christo, como lo dice el mismo médico. Bendito sea su Majestad por siempre jamás, porque así atiende y mira por sus siervas. Por esto, pues, es venerado con singular devoción no solo de las religiosas y vecinos de Aldeanueva, sino de todos los lugares alrededor: Barco, Piedrahita y de muchas leguas más allá, de donde acuden a venerar esta milagrosa imagen un numeroso concurso el día segundo de Pentecostés, día en que esta religiosa comunidad le hace la fiesta, sin que en lo restante del año dejen también de venir a implorar el auxilio divino y a buscar el remedio a todas sus necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo tiene es de Nazareno de la cintura arriba, corona de espinas y cruz a cuestas; el rostro es hermosísimo y devotísimo, y es común voz entre las religiosas que muda colores. Dicen que le pintó San Lucas, y confírmanlo porque, habiendo traído los maestros más afamados para ver si le podían poner dos dedos que le faltan, sin saber cómo y de cuándo, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y aun uno dijo que le parecía que la encarnación y barniz que tenía le parecía imposible fuese obra de la tierra, sino negocio más que humano. Esta joya tan preciosa dieron los santos Reyes Cathólicos a este convento, en lo cual se conoce la grande estimación que tenían a su venerable fundadora. Por esto vive y vivirá entre las religiosas su memoria, encomendándolos a Dios continuamente en todas sus oraciones. Con el ejemplo de tan piadosos príncipes, hicieron lo mismo los grandes y señores del reino, favoreciendo con nobles y christianos ánimos a la venerable María, así en la fábrica del convento como en el sustento de las religiosas, aunque la venerable madre tomaba, como dijimos arriba, solo lo necesario y preciso, porque quería más pobres que ricas a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fundadoras que han salido de este convento para otros y muerte de la venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los elogios de este insigne convento no es el menor el haber sido madre de otros muchos y el haber salido de él muchas religiosas a fundar otros monasterios en diversas partes, porque, era tal el crédito que tenía la venerable María de Santo Domingo por toda España y tal la fama del convento que había fundado, que otros señores y señoras, deseosos del bien de las almas, se determinaron con su ejemplo a fundar otros beaterios y conventos con sus rentas, para lo cual sacaron de este convento de Santa Cruz de Aldeanueva, con licencia de los prelados de la orden, muchas religiosas por prioras y fundadoras de los nuevos monaste- [fol. 11r] rios, pareciéndoles, y bien, que para plantar en cualquiera parte la observancia regular y la vida religiosa eran las más propias las madres de esta casa. De estas fueron a los conventos de San Phelipe de la Penitencia y Corpus Christi de Valladolid la madre Soror María de los Ángeles y su hermana la madre Soror María de San Francisco, señoras en el siglo nobilísimas de la casa de los Manriques y Toledos, en la religión religiosas de especialísima virtud, como después diremos. También fueron por prioras a los conventos de la Penitencia de Salamanca, de las Fajardas de Medina del Campo, Trujillo, Toro y Olmedo, las madres Soror Bernardina de Carvajal, Soror Isabel de Mendoza, Soror Gabriela de Guevara y Soror María de la Orden del Barco, todas religiosas de gran virtud y proprísimas ''[31]'' para el intento de fundar y reformar conventos, como se vio por la experiencia, porque en muchos conventos restituyeron a su antiguo rigor la observancia regular y en otros la plantaron de nuevo con grande alegría de los prelados de la religión, que miraban en cada señora de estas el espíritu y fervor de la venerable María de Santo Domingo, y en cada uno de estos conventos que les cupo esta fortuna, el mismo rigor, virtud y observancia que en el convento de Santa Cruz de Aldeanueva había impuesto su fundadora, ese plantaron y recibieron gustosas las que lograron ser súbditas de tales preladas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto se debió a la grande virtud y santidad de la venerable María de Santo Domingo y a aquel grande espíritu con que Dios la dotó, el cual procuró introducir en todas sus hijas a costa de mucha oración, ayunos, disciplinas y otras muchas mortificaciones y penitencias, que ejecutaba con tan grande fervor que obligaba a las más tibias a ser fervorosas. Toda su vida fue un continuo movimiento para el Cielo: era la primera en todos los ejercicios y oficios de la comunidad, sin que jamás quisiese admitir dispensación alguna por más débil y cansada que se hallase. Su oración fue continua y fervorosa, sus ayunos, disciplinas y asperezas fueron rigurosísimas. Su espíritu y fervor era tan conocido entre las religiosas que jamás la oyeron plática alguna, de las muchas que las hacía, que no se moviesen a ternura, devoción y lágrimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era humildísima, pues, siendo madre de todas, se tenía por la más inferior y vil criatura. Fue extremada su pobreza, y conociose en no querer admitir las rentas y riquezas que la daban los reyes y señores de España. Su castidad fue tan grande que la movió y estimuló a fundar este convento, para el bien de los prójimos. Finalmente en todas las virtudes fue singular, pero especialmente la dotó Dios de una muy rara paciencia, con la cual sufrió y toleró con ánimo firme y constante muchas [fol. 11v] y grandes contradicciones y persecuciones que tuvo. Porque dejando aparte las muchas que padecería en la fundación de este convento, pareciéndoles a muchos locura y desatino su celo y espíritu, fueron grandes y terribles las que el demonio, envidioso del mucho fruto que hacía en las almas, levantó contra ella en los últimos años de su vida. No nos dice la historia cómo fueron estas persecuciones, pero puede creerse que serían a medida de la rabia que tenía este infernal enemigo contra ella, procurando, por todos los modos que le dictaba su astucia, derribar su constancia y mover su espíritu a impaciencia, porque, alentada su alma de la gracia divina, se dejaba toda en las manos de Dios sin dar el más leve indicio de indignación, impaciencia ni turbación. Pues, como el Señor la quería acrisolar, permitió al demonio la tentase por varios modos, pero nunca, por más que hizo, la halló inconstante y sí, siempre, muy conforme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así pues, purificada y acrisolada como oro finísimo nuestra santa en el fuego del amor y aguas de la tribulación, salió su purísima alma del cuerpo para entrar en las moradas eternas, como piadosamente podemos creer, en donde goza y gozará para siempre el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Fue su muerte muy sentida y llorada de todas sus hijas, aunque templaba el dolor el saber la tenían en el Cielo por abogada. Su cuerpo le enterraron a la puerta del refectorio, como ella lo había pedido por su mucha humildad, en donde espera la universal resurrección en compañía de sus dos hermanas. Fue mujer singularísima y en todo rara, amada de Dios y de los hombres, celosísima del bien de las almas y de admirable e inculpable vida, por lo cual no parece puede haber duda en que está gozando de inmensa gloria, como se lo reveló Dios al venerable P. Fr. Juan de Azcona, su confesor ''[32]'', el cual, predicando al siguiente día de su muerte, dijo en medio del sermón: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al cielo”, palabras que templaron en todo las lágrimas de sus hijas. No tenemos noticia si después de muerta obró Dios algunos prodigios por su intercesión, pues es creíble no dejaría el Cielo de dar algún testimonio de su santidad cuando, viviendo en este mundo, le dio bien claro: porque todo cuanto tomaba en las manos se aumentaba y crecía a medida de las necesidades que pedían prompto socorro, pero el mayor testimonio que tenemos de su santidad es la mucha religión y virtud que siempre ha habido y al presente hay en este convento, lo que podemos atribuir piadosamente a los singulares méritos y poderosa intercesión para con el Todopoderoso de su santa fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo 2 ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 12r] '''S. I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Elección de priora que se hizo en la venerable madre Soror María de la Asumpción y sus admirables virtudes y trabajos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy ''[33]'' sentidas y lastimadas quedaron las venerables religiosas de este ilustre convento de Santa Cruz de Aldeanueva con la muerte de su santa fundadora, la madre Soror María de Santo Domingo. Era esta gran sierva de Dios, madre amantísima de todas y alma y corazón de todo aquel gran cuerpo religioso y, como al ausentarse el alma del cuerpo es natural el sentimiento en todos los miembros, así fue muy justo y muy debido el llanto en todas aquellas queridas hijas por la muerte de su amantísima madre y por la falta de su corazón y de toda su alma. Trataron, luego que depositaron su venerable cadáver en el sepulchro, de darla sucesora y de elegir priora de toda aquella observantísima comunidad, en lo que hubo poco que discurrir, atendida la prudencia humana. Pues, aunque había muchas merecedoras de esta honra por su nobleza, virtud y méritos, a todas les pareció, y bien fundadas, que ninguna mejor podía ocupar mejor la silla y llenar el vacío de tan gran madre como su hermana la venerable María de la Asumpción, por lo cual de común consentimiento fue elegida (aunque con repugnancia suya) por priora, madre y maestra de toda aquella religiosísima comunidad, con tan grande aplauso y regocijo de todas aquellas siervas de Dios que sola esta elección fue bastante para mitigar su dolor y enjugar las lágrimas por la pérdida antecedente. No obstante lo que va referido, no parece ser lo más cierto el que sucediese en el oficio de priora a la venerable fundadora su hermana María de la Asum[p]ción, pues consta por algunas escrituras que existen en depósito haberla seguido la madre María de San Christóbal, ni se halla en dichas escrituras, siendo muy antiguas, la madre Asumpción priora hasta el año de mil quinientos cuarenta y uno ''[34]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cierto e indubitable es que la venerable madre María de la Asumpción fue hermana por naturaleza de nuestra santa fundadora y fuelo también por la gracia, pues fue tan gran sierva de Dios como ella. Debió lo principal de su virtud a la buena y santa educación de su venerable hermana, porque, habiendo muerto sus padres en lo más tierno de su niñez, quedó bajo la tutoría y disciplina de su hermana mayor, la madre María de Santo Domingo, como ya queda dicho arriba. Procuró esta santa mujer, luego que se encargó de su crianza, apartar de su corazón el amor al mundo y a sus vanidades [fol. 12v] y falacias, criándola con grande temor de Dios y tan grande amor a la virtud, retiro y soledad como después lo declaró lo prodigioso de su vida y lo heroico de sus admirables virtudes. Luego que la edad lo permitió, se dedicó al bien y utilidad de las almas, ayudando a su santa hermana en aquel laborioso y caritativo ministerio de educar y enseñar niñas y niños, con tan singular espíritu y fervor que en nada se echaba menos el de su santa hermana. Ella era la que cuidaba de darlas lección, de enseñarles la doctrina christiana, del aseo y limpieza de todas y, sobre todo, de que fuesen buenas christianas, y sirviesen a Dios, lo que hacía más con su ejemplo que con sus palabras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así empleó esta santa mujer los primeros años de su vida hasta que, fundado el convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, fue la primera que se encerró en él y tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo en el año de mil quinientos y siete de manos de su santa hermana nuestra venerable fundadora, la víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, circunstancia que pudo ser ocasión de llamarse Soror María de la Asumpción y que la hizo su cofundadora de este ilustre convento, no solo por haber empleado su patrimonio en su fundación, sino por haber sido la primera que siguió en todo las pisadas de su venerable fundadora. Luego que se vio con el santo hábito, reconoció que tenía mayor obligación de servir a Dios que antes y, ayudado su espíritu de la gracia divina, empezó una vida tan penitente, tan austera y tan mortificada que fue un vivo retrato y ejemplar de su santa hermana. &lt;br /&gt;
Era observantísima de sus leyes y constituciones, jamás comió carne desde que tomó el hábito, sus ayunos eran como los de la primitiva Iglesia, porque solo comía una vez al día, y eso con singular templanza. Nunca cenaba, ni hacía colación, su cama era el duro suelo; cuando mucho, usaba de una tabla. Sus disciplinas, silicios y penitencias eran tales que horrorizaban a todas las religiosas. En el silencio y retiro era extremada, no hablaba sino cuando la necesidad lo pedía y, en fin, era tal su vida que parecía haber renacido en ella el espíritu penitente de la seráfica virgen Santa Cathalina de Sena. Con tan extremada penitencia y aspereza de vida, conservó su alma limpia de toda culpa, adornándola de muchas y singulares virtudes, porque era humildísima, y tanto, que siendo su vida angelical, le parecía ser la mayor pecadora del mundo y por tal quería ser tratada de todas. Su paciencia fue admirable, como después veremos, su obediencia ciega, su mansedumbre rara, y sobre todo su caridad y conmiseración para con los prójimos fue tal que por todos los medios procuraba el remedio de sus necesidades, así espirituales como temporales. A todas estas virtudes juntaba una prudencia grande, [fol. 13r] con la cual trataba con singular destreza los negocios, así de casa como fuera de ella, de que tuvieron las religiosas larga experiencia en las diligencias que practicaba su hermana y para las que hacía dilatadas ausencias. No siendo menos la afabilidad que tenía para con todos, por lo cual dominaba de tal manera los corazones de todas aquellas venerables mujeres que, muerta su santa hermana, fue al punto elegida sin oposición ni contradicción alguna por priora de esta casa, y fue la segunda que hubo en ella según la más cierta tradición, y es muy creíble fuese así, no obstante lo que refieren las escrituras antiguas, pues, atendiendo a los méritos de la difunta fundadora, su hermana, y a que por su conocida virtud no lo desmerecía y que a las religiosas no les tiraría la carne y sangre, se debe creer así lo hiciesen.&lt;br /&gt;
No resplandeció menos su virtud siendo priora que siendo súbdita. Antes, si como luz colocada sobre el candelero empezó a arrojar tales resplandores que obscurecían las muchas luces que había en esta gran casa, porque así como la luz del sol al medio día no deja brillar a las estrellas, así la mística luz de esta gran sierva de Dios ocultaba con sus rayos los resplandores de tantas estrellas como había en este gran firmamento dominicano, no porque dejasen de ser luces, sino porque era mayor y más tersa la luz de su venerable prelada. Era la primera en todo: sin jamás admitir dispensación alguna por enfermedad y ni por otra cualquiera causa, en los oficios más humildes y bajos del convento estaba como la más humilde novicia. A todas animaba, a todas consolaba con sus pláticas y dulcísimas palabras y mucho más con su grande ejemplo, con el cual se animaban tanto aquellas venerables religiosas que, en más de treinta años que obtuvo el oficio de priora, en nada decayó el grande rigor y observancia con que este convento se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pudo el demonio sufrir tanta virtud como había en la venerable madre y, lleno de infernal rabia, intentó por todos los medios que le fueron permitidos derribarla y afearla. Aparecíasele en horribles figuras, provocando con palabras y acciones turbar su espíritu e inqui[e]tar su alma, mas, viendo el poco caso que hacía la sierva de Dios de todas sus amenazas, pasó de las palabras a las obras dándola recios y crueles golpes, arrojándola de las escaleras abajo, y, hiriendo lastimosamente su delicado cuerpo, la dejaba tan quebrantada que parecía estar en las agonías de la muerte ''[35]''. Pero la venerable priora se armaba, para tan fuerte batalla, de una larga y prolija oración y de un continuo ayuno, que son las armas fuertes y más firmes para vencer a este terrible adversario; velaba y oraba gastando casi toda la noche en este devoto ejercicio. Por eso no caía en la tentación, porque salía de la oración tan valiente, robusta y fervorosa que ella misma desafiaba y provocaba a la batalla a esta bestia infernal. Rabiaba de furor el demonio viéndose vencido de una mujer flaca y débil y, dándole Dios licencia, procuró rendirla por otros medios más terribles [fol. 13v] y horribles e igualmente sensibles, como fue levantarla una furiosa tempestad de persecuciones y contradicciones nacidas de muchas emulaciones y envidias entre sus hijas y hermanas ''[36]'', que, movidas del espíritu de Satanás, la persiguieron y contradijeron terriblemente, poniéndola mal con los prelados de la orden. Así consta de libro antiguo de profesiones, fol. 2 y siguientes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 15r] '''S. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Favores que hicieron a este convento los excelentíssimos señores Duques de Alba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos favores, gracias y mercedes que ha logrado este convento de Santa Cruz de Aldeanueva de los reyes y grandes y señores de estos reinos, siempre fueron y han sido singularísimos los que ha recibido de la excelentísima casa de Alba. Ya vimos arriba los muchos que hicieron a la venerable María de Santo Domingo los serenísimos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel, sus hijos, nietos y otros muchos señores de España, y si bien parecía muy a propósito el referir allí los grandes favores que han hecho los excelentísimos Duques de Alba, así a la dicha venerable fundadora como a todo el convento, los dejamos, con reflexión, para esta ocasión por referirlos todos juntos y huir los inconvenientes de la repetición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la primera fundación de este convento eran Duques de Alba los excelentísimos señores Don Fadrique Primero y Doña Isabel de Zúñiga. Eran estos príncipes muy piadosos y devotos, muy amadores de la virtud y muy afectos a todo lo bueno, y, como tales, estimaban y veneraban a la venerable madre María de Santo Domingo por su mucha virtud y santidad, siendo los primeros que promovieron sus santos intentos de fundar este convento con sus muchas limosnas, con las cuales se animó a dar principio a una obra tan del agrado de Dios. Quisie- [fol. 15v] ron sus excelencias hallarse presentes al comenzar la fábrica, por complacer en esto a la venerable fundadora y porque su ejemplo y devoción animase a otros a concurrir con sus limosnas, premiando Dios su buena voluntad con el milagro de dividirse la piedra en forma de cruz, de que ya hemos hecho mención. Prosig[u]iose la obra con las limosnas que dieron personas pías, pero lo principal fue a costa de sus excelencias, la cual, acabada perfectamente con iglesia, claustro, dormitorios y demás oficinas necesarias, el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, tomó a su cargo el excelentísimo Duque Don Fadrique de ornamentar la iglesia con todos sus ajuares, poniendo en la sachristía muchos ornamentos, alhajas y otras muchas cosas preciosas para la mayor veneración y decencia de culto divino, de las cuales hoy no ha quedado ninguna por haber perecido todas lastimosamente en el voraz incendio que va referido haber padecido este convento en el año de mil quinientos sesenta y cinco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ''[37]'' paró en esto la liberalidad y magnificencia del excelentísimo duque, porque, padeciendo el monasterio penuria de agua para regar la huerta y para las cosas necesarias de la casa, dio privilegio, su fecha en Alba en once de febrero de mil quinientos veinte y siete, para que del agua y fuentes que goza el concejo de Aldeanueva se le diese al convento un día cada semana, el cual privilegio subsiste hoy por haberlo comprado sus excelencias. Finalmente, después de haber dado este excelentísimo duque muchas limosnas extraordinarias para el sustento de las religiosas, dotó al monasterio ''[38]'' en quinientas fanegas de trigo y cuarenta cántaros de aceite para las lámparas que arden delante del Santísimo Sacramento y delante del Santísimo Christo de las Batallas, situados en su lugar de la abadía, cuya limosna han continuado todos los excelentísimos duques sus sucesores hasta hoy, aunque minorada por la escasez de los tiempos, pues al presente solo dan trescientas fanegas de trigo, siete cántaros y veinte y seis cuartillos de aceite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose las religiosas de esta casa tan beneficiadas y favorecidas del excelentisímo señor Duque Don Fadrique y de la señora Doña Isabel de Zúñiga, su mujer, les ofrecieron en remuneración a tantos beneficios el patronato de este convento con todas las prerrogativas y privilegios que se deben ''[39]'', según derecho, a los patronos y fundadores de conventos, lo que su excelencia aceptó gustoso y agregó a su casa y estados perpetuamente como hoy en día se observa. También se obligaron entonces las religiosas a recibir para siempre en dicho convento, sin dote, tres plazas enteras, o seis medias [fol. 16r] plazas para que su excelencia y los demás señores sucesores puedan nombrarlas, como actualmente se practica. Por aquí consta que el único patrono de este convento ha sido el excelentísimo señor Duque de Alba, y no otro alguno. Y obtuvo esta nobilísima casa este patronato muy a los principios de su fundación, por haber sido el primero a quien le ofreció esta comunidad el señor Don Fadrique Primero, que &amp;lt;r&amp;gt;era duque cuando se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos mismos favores y limosnas han continuado siempre los señores Duques de Alba y todos los descendientes de esta nobilísima casa a este su convento. El señor gran prior de Castilla, Don Fernando de Toledo, fue afectísimo a este monasterio y, mientras vivió, le hizo considerables limosnas a imitación de su padre Don Fadrique. Lo mismo hicieron los señores Don Antonio de Toledo y Don Rodrigo de Toledo, ambos también gran priores de San Juan, los cuales daban cada año mil fanegas de trigo a esta casa y además todo el gasto necesario para las enfermas. Los excelentísimos señores Don Fernando Álvarez de Toledo el Grande y la señora Doña María Henríquez Toledo, su mujer y prima hermana, ya hemos dicho arriba lo mucho que favorecieron a este convento en su lastimosa ruina, cuidando el sustento y regalo de las religiosas todo el tiempo que duró la reedificación del convento, que se hizo a costa de su hacienda, y después dándoles otras muchas limosnas, pues el señor Don Fernando les señaló una limosna anual de cinco mil más y la señora Doña María daba todas las gallinas necesarias para las enfermas. Lo mismo hicieron otros muchos señores y señoras de esta casa, de las cuales muchas ennoblecieron este convento con sus personas tomando el hábito de N.P.S. Domingo. Y lo mismo han continuado los excelentísimos duques, sin haberse conocido jamás quiebra ni menoscaba en el afecto y devoción a este su convento, por lo cual siempre han sido tenidos en aquella veneración y respeto que se debe a tan grandes bienhechores de esta casa, cuidando las religiosas de encomendarlos a Dios en todas sus oraciones, así de comunidad como en particular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Muerte de la venerable María de la Asumpción y de su hermana María de los Santos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a la venerable María de la Asumpción, más se puede considerar que escribir el gozo que tuvo su espíritu, viendo acabado el monasterio con todas las oficinas necesarias, iglesia, claustro, refectorio, dormitorios y todo lo demás que en un convento es preciso, y todo muy sumptuoso en el mismo sitio en donde al principio se había fundado. Procuró [fol. 16v] luego venirse a él con sus religiosas, lo que ejecutó, habiendo dado primero las gracias así a la señora Duquesa Doña María Henríquez Toledo como a la villa del Barco, por la mucha caridad con que habían asistido en su aflicción a las monjas, y más en particular a la excelentísima duquesa por haberlas reedificado con tanta magnificencia el convento, con todas aquellas expresiones de afecto y agradecimiento que su mucha discreción la dictaban. Todo el tiempo que se detuvieron las monjas en el Barco, puso gran cuidado en que no decayese en nada la mucha religión y observancia que en este convento siempre se había profesado, y que no fuese miserable despojo de la relajación el espiritual edificio de este monasterio como lo había sido de la voracidad del fuego lo material de su fábrica. Y consiguiolo a muy poca diligencia, porque todas aquellas religiosas eran observantes de sus sagradas leyes, tan atentas a sus obligaciones y tan deseosas de servir a su esposo Jesús que muy poco o nada tuvo que hacer la venerable priora para mantener estos corazones en el amor de Dios y desprecio del mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aumentó este cuidado luego que se vio en su deseado retiro, pareciéndola que ya se hallaban las monjas nuevamente obligadas a servir con mayor fervor a su esposo. Traílas a la memoria, en sus continuas y fervorosas pláticas, los muchos beneficios que habían recibido de la poderosa mano de Dios en todos aquellos tiempos tan calamitosos. Animábalas a permanecer en sus santos propósitos, exortábalas a la más rígida observancia y cumplimiento de su profesión y, finalmente, movíalas tanto con su afabilidad y ejemplo a todo lo bueno que en nada se echaba menos el primitivo fervor de su venerable fundadora ''[40]''. Hallábase a esta sazón esta sierva de Dios en los últimos años de su vida y muy cercana a la muerte por su mucha ancianidad, mas con todo eso era la primera a todas las funciones de la comunidad y, aunque débil en el cuerpo, se hallaba muy fuerte su espíritu, aumentando ahora más sus rigores y asperezas para lograr los últimos abrazos de su amantísimo esposo. Murió la venerable María llena de años y de méritos y con grandísima opinión de santa, a muy pocos años después que se reedificó el convento ''[41]''. Fue mujer ejemplarísima y, en todo, un retrato de su santa hermana y verdadera hija de N.P.S. Domingo, por lo cual podemos piadosamente creer que su alma voló luego al Cielo a recibir el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Su cuerpo fue enterrado en el sepulchro de su misma hermana a la puerta del refectorio, por haberlo ella pedido por su humildad y por parecerlas a las religiosas que debía estar en muerte unida a la que tanto debió y se pareció en vida. [Fol. 17r] Casi por este mismo tiempo, vino también a morir otra tercera hermana de la venerable fundadora: llámase esta Soror María de los Santos. Criola también desde muy niña su santa hermana, cuidando mucho que saliese en todo buena cristiana y muy temerosa de Dios. Como tenía a la vista dos tan grandes ejemplares de virtud en sus dos hermanas mayores, procuró desde luego imitarlas, siendo la segunda que tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo de mano de su hermana la madre María de Santo Domingo en este convento, en el cual vivió todo lo restante de su vida con opinión de muy virtuosa. No tenemos noticia particular de sus virtudes, ni de su vida, pero, habiendo sido educada en la escuela de sus santas hermanas y de las primeras que tomaron el hábito en este observantísimo convento, no hay duda sería su vida muy parecida a la de sus dos venerables hermanas. Y en esta opinión la trae el libro antiguo ''[42]'' de la fundación de este convento, diciendo que vivió y murió santamente y que fue enterrada en la sepultura de sus dos venerables hermanas, a la puerta del refectorio, en donde hoy se ve con una piedra labrada encima. Y el haberla dado esta sepultura es señal de su mucha virtud, pues si no fuera así, no se hubieran atrevido las monjas a enterrarla en donde estaban enterradas dos grandes siervas de Dios, como eran sus dos hermanas. Y así, dándola sepultura tan honrosa, dieron a entender aquellas venerables madres que Soror María de los Santos no desmerecía en la muerte el desunirse de aquellas con quienes en vida había tenido tanta unión, así por naturaleza como por gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El margen derecho del fol. 1r está bastante dañado y se cotejarán algunas palabras con una versión modernizada del texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nuestro Padre Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “A/ Serm. 2./ in Natali Virgines”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Muy Reverendo Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Urbano VIII fue Papa desde 1623 a 1644, un siglo antes de que esta relación empezara a escribirse. Este Papa estableció que los procesos de beatificación fueran exclusivos de la Santa Sede y prohibió el uso en las representaciones artísticas de la aureola en personas no beatificadas o canonizadas. El narrador quiere justificar que llame santas a mujeres no canonizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen: “Año de 1480”, aclarando en letra lo que presenta en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Existe cierta discrepancia sobre el ancestro paterno de Sor María, ya que en el ''Libro de la oración'' y en la defensa del Padre Peña se hace referencia a unos padres de origen humilde y campesino, considerados cristianos viejos. Sí es cierto que aquí y en las vidas anteriores se enfatiza que la madre sí es de origen humilde y campesino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' La historia de estos tres niños está incluida en el Libro de Daniel del Antiguo Testamento. Tres niños se niegan a adorar a una estatua babilónica mandada construir por Nabucodonosor II. Por falta de obediencia, se los condena a muerte&lt;br /&gt;
y los arroja a un horno, en el cual sobreviven a las llamas ayudados por un ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Como en las vidas anteriores editadas en este catálogo, se hace referencia a la faceta de María como educadora de niñas incluso antes de unirse a las dominicas. En el párrafo siguiente se resalta la actividad de las tres hermanas como educadoras de la doctrina cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Contrasta este dato con el de María de Santo Domingo como mujer analfabeta que nos legan los papeles de su cuarto juicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' El Duque de Alba fue gran defensor de Sor María de Santo Domingo y el gran impulsor de la fundación de Aldeanueva. Como han discutido Rebeca Sanmartín, Jodi Bilinkoff y Borja de Cossío, la relación entre Sor María y Fadrique de Toledo se asemejaba a la que Lucia de Narni tuvo con el Duque de Ferrara. Sor María pudo saber de esta relación por una carta que al parecer llegó a Aldeanueva difundiendo la santidad de Lucia Narni, y le sirvió como ejemplo a imitar y mecanismo de defensa (Rebeca Sanmartín Bastida, ''La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo'', Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 322; Jodi Bilinkoff, “A Spanish Prophetess and Her Patrons: The Case of María de Santo Domingo,” ''The Sixteenth Century Journal'' 23, no. 1 [Spring 1992], p. 26.; Borja Gama de Cossío, “Women, Communities of Letters and Transnational Connections,” ''Magistra: a Journal of Women’s Spirituality in History'', Winter 24.2, 2018, p. 40).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen se indica: “Día 13 de/ septiembre año de/ 1504. Fue/ la fundación”. Más abajo, también al margen: “Y el año de 1507/ se concluyó la víspera/ de la Asunción el/ 14 de agosto”. Estos datos, de todos modos, coinciden con las otras dos vidas, editadas en este catálogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Por “amantasima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el manuscrito el artículo “los” aparece repetido; se ha eliminado la repetición por ser un error del copista o narrador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Cayetano fue, en un principio, uno de los grandes seguidores de Sor María. Después de unas supuestas amenazas de Sor María a Cayetano en el trance, este cambió su parecer y se convirtió en uno de sus mayores detractores, alegando que sus trances y bailes podían traer vergüenza a la orden (Sanmartín, ''La representación de las místicas'', 308).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Por “misericardia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En el prólogo, de todos modos, se especifica que este manuscrito es de 1737.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Por “este”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En el manuscrito del siglo XVII también se hace referencia a este viaje a Roma. En estos textos, se ofrece más información de la vida posterior de Sor María como priora de su convento. Se puede observar el poder dentro de la orden, la popularidad y la estima entre sus seguidores que Sor María alcanzó después de su polémica. Tanto este manuscrito como el del siglo XVII y el de 1709 dan la misma información sobre su visita a Roma, aunque Rebeca Sanmartín afirma, en su artículo en ''Archivio Italiano per la Storia della Pietà'' (33, en prensa), que ese asunto no está nada claro, ya que no se incluye ninguna información sobre su visita a Roma en ninguna de las bulas conservadas en el convento de Mosén Rubí.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Por “del”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen: “súplica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen: “N…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen “N.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Pío V fue Papa desde 1566 hasta su muerte en 1572, fue beatificado por el Papa Clemente X en 1672 y finalmente canonizado por Clemente XI en 1712. Es la única instancia donde aparece el nombre del papa con número romano, pero se regulariza a “Pío Quinto” para mostrar coherencia con los demás casos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen: “chron./ orni”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' El Padre Azcona testifica en el cuarto proceso de Sor María y tenía buena reputación y estima entre las religiosas de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen: “Milagros/ del Santo Christo/ de las Ba/ tallas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Estas palabras del Cristo aparecen subrayadas, quizá para darle más valor e importancia a su significado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' María de Cazalla, líder alumbrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Por “tamajo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Es decir: “apropiadísimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Se especifica aquí que Juan de Azcona era confesor de Sor María antes de su muerte. También se conoce que entre 1509 y 1511, Fray Antonio de la Peña y Fray Diego de Vitoria actuaban como confesores de Sor María y de Vitoria lo continuaría siendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen: “Venerable madre Sor/ María de la Asump/c[i]ón, hermana de la/ fundadora…”: esta es la misma María que aparece en el folio 4v, a la cual, junto a la madre María de los Santos, se las califica de cofundadoras del convento de Aldeanueva, por lo que se elige a la segunda hermana como nueva priora del convento tras la muerte de su hermana mayor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34] Esta información sobre María de San Cristóbal no aparece en el relato del siglo XVII y de 1709, en ambas se especifica que la sucesora de María de Santo Domingo fue su hermana [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Como su hermana mayor, [[María de la Asunción]] era asediada por el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [[María de la Asunción]] fue objeto de persecuciones provocadas por sus hermanas, que la enfrentaron con los prelados de la orden. Sor María de Santo Domingo también tuvo conflictos con sus hermanas en el convento de Santa Catalina en Ávila por “discrepancias con otras religiosas o persecuciones de las que era objeto” (José Manuel Blecua ed., ''El libro de la oración de Sor María de Santo Domingo'', Madrid: Hauser y Menet, 1948, p. 3.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen: “Privilegio/ del agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen: “trigo y acei/ te que da la/ casa de Alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen: “Primer Pa/ trono…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen: “Tercera hermana/ de la fundadora”, es decir, María de los Santos, pero se empieza a hablar de ella al final del folio. Aquí se explica la muerte de su hermana, [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Se refiere a la reedificación del convento después del incendio que ocurrió en el año 1565 y que se incluye en los fols. 13v-15r. El incendio sucedió mucho después de la muerte de Sor María, pero sus dos hermanas aún estaban vivas, como se muestra en el texto, y [[María de la Asunción]] era entonces priora del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' A este libro antiguo hay varias referencias en el  texto. Lo que sí que es cierto es que esta información del libro antiguo coincide tanto con el manuscrito del XVII como con la copia de 1709, ya que ambas hacen referencia al entierro de María de los Santos con sus hermanas, en la puerta del refectorio y con una piedra labrada encima de la sepultura.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Domingo&amp;diff=712688</id>
		<title>María de Santo Domingo</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (1) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Ávila]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Sor_Maria_de_Santo_Domingo.jpg|right|María de Santo Domingo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Domingo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de Aldeanueva de la Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1486&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || Hacia 1524&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto Hernández] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: abril de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Santo Domingo Portada.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta”, en ''Oración y comtemplación de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor'', [Zaragoza]: [Jorge Coci], s.a., fols. a3v-b3r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida impresa que aquí ofrecemos forma parte del ''Libro de la oración'' de María de Santo Domingo, que aparece en un único impreso localizado, actualmente conservado en la Universidad de Zaragoza, con signatura A 60/41. Ha aparecido anteriormente en las ediciones facsímiles de la obra que han realizado José Manuel Blecua (''Libro de la oración de Sor María de Santo Domingo''. Madrid: Hauser y Menet, 1948) y el proyecto [https://www2.uned.es/bieses/libros-pdf/M-Sto_Dom.pdf BIESES]. La edición de los preliminares o paratextos se encuentra también en esta web, siguiendo diferentes criterios: ˂http://www.bieses.net/wp-content/uploads/2018/04/santodomingo_oracionycontemplacion.pdf˃.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de la oración'' ha sido estudiado y publicado por nosotras en la editorial Iberoamericana y en concreto la vida de María aparece en el prólogo de esta obra, incluido en ''El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición'', Madrid: Iberoamericana / Vervuert, 2019, pp. 133-147. Aquí recogemos este fragmento con algunas modificaciones menores relativas a la puntuación y sin las anotaciones que la acompañaban (indicaciones de citas bíblicas y contextualización lingüística e histórica), para las que remitimos a nuestro libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta edición hemos procurado ser bastante conservadoras, teniendo en cuenta el cuidado que ponía en sus ediciones el impresor Jorge Coci (quien poseía uno de los mejores talleres de la época) y por el interés que consideramos puede tener un impreso tan temprano de estas características, pues hablamos del primer libro de revelaciones de una mujer castellana que se lleva a la imprenta; a esto se suma que el ejemplar de Zaragoza, como se ha dicho, es el único testimonio conservado de la obra. &lt;br /&gt;
Así, por el propio interés del impreso y teniendo en cuenta que se trata de una obra de comienzos del siglo XVI —por tanto, en algunas regiones aún se conservaban las sibilantes o se pronunciaban grupos cultos—, optamos por una modernización muy moderada del texto que facilite la claridad de su lectura, bajo los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* No unificamos sibilantes, respetamos su uso gráfico. &lt;br /&gt;
* Mantenemos las oscilaciones ''v/b'' y ''g/x/j'', pero transcribimos la -''u''- interconsonántica como ''v''.&lt;br /&gt;
* Mantenemos las dobles consonantes solo cuando se trata de términos de origen eclesiástico, de aspecto culto.&lt;br /&gt;
* Mantenemos los grupos cultos.&lt;br /&gt;
* Transcribimos ''np'' y ''nb'' como ''mp'' y ''mb'', pues no sonarían diferentes; y al desarrollar abreviaturas en casos como redempción escribimos ''m'' ante ''p''.&lt;br /&gt;
* El signo tironiano lo transcribimos como e, y respetamos la e conjuntiva, que en el impreso alterna su aparición con ''y''.&lt;br /&gt;
* No mantenemos la variación vocálica ''y/i''.&lt;br /&gt;
* Mantenemos el vocalismo propio del texto.&lt;br /&gt;
* Desarrollamos las contracciones y abreviaturas, sin indicarlas a pie de página, pues estaban estandarizadas.&lt;br /&gt;
* Mantenemos la ''s''- líquida al inicio de palabra.&lt;br /&gt;
* Respetamos siempre el uso de la ''h''; pero la añadimos tras la interjección ''o''. &lt;br /&gt;
* Unimos o separamos las palabras de acuerdo con los usos actuales. &lt;br /&gt;
* Respetamos las formas constructas: ''dellos'' y ''desta'', pero añadimos el apóstrofo clarificador en ''del'' &amp;gt; ''d’él''.&lt;br /&gt;
* Cambiamos ''qua'' por ''cua'' y -''que''- por -''cue''-.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La división de los párrafos la establecemos nosotras, y respetamos, cuando no obstaculiza o dificulta el entendimiento, la puntuación del impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. a3v] '''Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con temor y acatamiento en las cosas de la madre beata soror María de Santo Domingo, digo que ningún medio tienen entre dos extremos porque o son las más perfectas y sanctas que hoy conoscemos en el mundo, o las peores y más imperfectas. Lo primero se muestra por otras dos cosas, que son su doctrina e su vida, de las cuales, si con humilde juizio queremos considerar la doctrina, paresce que es muy provechosa y muy sancta. Es muy provechosa porque a muchos pecadores ha puesto y pone en conoscimiento de sus culpas y en camino de penitencia, y a todos los que están algo alumbrados enciende más en amor de Dios y los esfuerça para en la perfectión y mejoría de la penitencia; y esto es todo lo que ella amonesta sin quitar ni poner cosa del mundo en nuestra sancta fe cathólica. Es su doctrina muy sancta porque vemos en ella muchas y muy continuas lágrimas; mucha oración, devoción, contemplación y alumbramiento en las cosas de Dios, y mucha gracia y facundia en persuadirlas, mostrarlas y declararlas sin nunca haver aprendido letras; mucha perseverancia en obrarlas, muy conforme en todo al concierto de los sanctos doctores. &lt;br /&gt;
E si algunas vezes se permite al Enemigo para que dé algo desto (mas nunca él lo da sino con imperfectiones y defectos, y ella siempre tiene estas cosas con perfectión y acrescentamiento), él las da temporales e sin que duren, y ella contino las tiene sin nunca faltarle; él las da para nunca dexar levantar a los caídos y para derribar a los levantados, y para confusión del que d’él las rescibe, y ella con [fol. a4r] ellas a los pecadores ciegos y duros alumbra y mueve a contrición y penitencia, y pone a los ya alumbrados en mayor conocimiento, y al mesmo Demonio tan confuso y vencido que, como por muy cierto se sabe en los tormentos que los demonios muchas vezes le han dado y dan, le mueven partidos, diziendo que la dexarán en paz con toda su compañía, y que no se les entremeta en aprovechar a los pecadores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que esta sierva de Dios es muy obediente a sus prelados y confessores, y que siempre lo ha sido; y pues nunca siguió su voluntad propia ni parecer, sino el de Dios que la rige o del prelado o confessor que la manda y aconseja, devemos creer grandes cosas que han dicho della. Y entre otras cosas, de las cuales muchas ya se han complido, como el abrírsele el costado muchas vezes por la parte que Nuestro Señor fue herido con la lança, como lo han visto muchos muchas vezes manando sangre, y quedar libre y vencedora de muchas y muy grandes persecuciones que ha passado y padescido; y otras particularidades que callo porque no hazen para todos los spíritus y entendimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que todas sus contemplaciones o raptos o los más dellos son recibiendo (o luego antes o después de haver recebido) el sanctíssimo sacramento, o delante d’él y en su presencia; y pues Él es y nos fue dexado por nuestro soberano bien y remedio, blasfemia sería sospechar que todo nuestro bien y reparo se convertiesse en nuestra perdición y engaño; y que tan largos y tantos tiempos y tan públicamente como ha que esto dura, que consintiesse la mesma Verdad ser trahída en testimonio de mentira, y que diesse lugar a tanta ofensa suya (siendo tan poderoso) y a tanta perdición nuestra, costándole tanto como le costamos. Nunca el Enemigo tuvo licencia de llegar al sanctíssimo sacramento, porque nunca con él los que malamente lo recibieron quedaron sino más confusos, ciegos, y más presto castigados; ni aun cuando al Enemigo se le dará mayor licencia, que será en la venida del Antichristo, podrá llegar al sanctíssimo sacramento; antes por estorvar el reparo y consolación de los fieles perseguirá a los sacerdotes por que no celebren; y por las cuevas y montes adonde se dirán escondidamente las missas andarán los fieles [fol. a4v] rescibiendo y adorando el sanctíssimo sacramento porque no ternán otro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando esto y mucho que callo de su sanctidad y provecho de su doctrina, no podría, aunque pecador, acabar comigo de dar tanta victoria al Enemigo que della y en ella tuviesse parte alguna, ni en sus obras; de las cuales y del comienço de su vida, qué tal y tales fueron y son, como en los processos que contra ella han sido hechos, está bien provado por muchos testigos. Sabemos que, aunque es hija de pobres personas, es hijadalgo y de limpia sangre; su padre y su madre fueron personas de muy buena vida e muy devotos: hase provado de su padre cosas de muy gran siervo de Dios. Ella, de su niñez, començó muy maravillosamente el servicio de Dios, passando mucha hambre, muchos ayunos de muchos meses sin comer nada, y de otros con solas raízes e yervas; sufriendo con mucha paciencia y alegría mucho frío, pobreza, grandes asperezas, disciplinas, e muy rigurosa penitencia; rescibiendo grandes heridas, mostrando en ellas grandes tormentos del Enemigo, e muy agudos dolores, muchas dolencias, enfermedades y golpes; y de todo ello, assí como ha sido y es más que natural, assí también sin físico ni natural medicina ha sido y es siempre por virtud divina curada, y queda muy sana y con mucha alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque juntamente con todo esto ha sido muy perseguida y lo es siempre, han ido y van sus cosas todas de bien en mejor, y cuanto más han procurado de deshazerla, abaxarla y abatirla los que no son dignos ni merescen seguirla, tanto más Dios ha acrescentado y acrescienta en ella y en los que la siguen la cualidad, fervor y reverencia de su amor y temor, y la cuantidad y número de religiosas y religiosos y de seglares para la religión que dexan por ella el mundo, y d’él y de la religión se allegan a ella, siguiendo su doctrina y exemplo con muy santo desseo y con mucha humildad y aspereza. Vemos con ella personas de [fol. a5r] mucha religión, de santos desseos y buena vida y letras; y que sus persecuciones son del linage de las que Nuestro Señor padesció, y otros sanctos que le siguieron; y que también los perseguidores della son del linage de los que tuvo Nuestro Señor, o personas de poca prudencia, devoción y humildad, o mudables y apassionados. De donde se sigue que sus cosas son de Dios; o que Dios huye de los que le buscan y se va tras los que d’Él huyen, y trahe más engañados y ama menos los que más le aman, y que da más lumbre a los que menos procuran de ser alumbrados y son más astrosos, lo que es impossible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que estos tales de dos cosas dudan con razón, y de tres en todas sus persecuciones la acusan con verdad. La primera es: que dudan que no coma y que no comiendo biva, diziendo que el comer es tanto de essencia de la vida humana que aun el Verbo Divino de que la tomó comió por sostenerla naturalmente, y que por tanto, etc. Ítem más, que ningún discípulo ni siervo ha de ser mayor que su señor y maestro, e pues si Jesuchristo Nuestro Señor comió y bevió, y también su gloriosa Madre, y aun los sanctos apóstoles, a los cuales dixo Christo: “Comed y beved lo que halláredes en las casas do entráredes”, también en la mesma manera comieron y bevieron, ¿quién es, pues, aquel que los pueda exceder, ni aun igualar con ellos? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo primero se puede responder desta manera: el comer es de essencia de la vida humana digo que es verdad, y esto por razón del calor natural que de contino consume el húmido radical, en cuyo esser o fenescer consiste o fenece; pero como la potencia divina que assí lo ordenó sea sobre natura, no está subjecta a las reglas della para que no pueda ordenar otro cuando quiere y en quien quiere y como quiere. E si deste privilegio no quiso Él usar siempre para sí, podemos responder y dezir cerca desto assí: por que subiéssemos nosotros al Cielo y gozássemos de su divinidad, baxó Dios a la Tierra a tomar nuestra [fol. a5v] humanidad, y sufrir pena por nuestra culpa, y morir por matar nuestra muerte, e bivir por bivificar y reparar nuestra vida. Y pues se humilió y tuvo por bien para los dichos efectos de la tomar y nunca dexar, tomándolo todo, quísolo todo manifestar y mostrar exemplo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después tuvo hambre; en lo uno mostró que era Dios, y en lo otro manifestó que era hombre, el cual comió y bevió e hizo cosas de hombre, sin las cuales el hombre naturalmente bivir no puede. Y porque el comer, entre otras cosas, es más essencial, para provar su sanctíssima humanidad verdaderamente resuscitada (de la cual muchos dudaron) también comió y bevió, y fue tratado y palpado. Esta su sierva está de suyo tan notoriamente provada la humanidad que nadie dudaría della, aunque en todo biviesse como ángel, y por esto no vale la consecuencia: pues Christo comió, ella también ha de comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo segundo se responde: que aunque el dicho del evangelista sea y es verdadero, entendido y tomado al fin y propósito de la mesma Verdad que lo dixo, pero al suyo dellos es tan falso como la mesma falsedad de quien lo allega; porque si assí no fuesse, y estos dixessen verdad, muy bien se seguiría que Sant Joan Baptista fue mayor que Jesuchristo, porque el Señor por su propia boca dixo: “Vino Joan no comiendo ni beviendo, y el Hijo de la Virgen vino comiendo y beviendo”. Ítem, se seguiría que Sant Pablo, el primero hermitaño, y Sant Antón y los sanctos dos Macharios, y Sant Hylarión y Serapión, y otros muchos sanctos padres que usavan ayunos muy continuos fuera del común modo de los sanctos apóstoles, fueron mayores que los apóstoles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si estos murmuradores y maldizientes a esto replicaren que Sant Joan Baptista en el yermo y los susodichos santos padres en Egipto no assí simplemente ayu- [fol. a6r] naron sin comer, mas que, aunque en un tiempo ayunavan, en otro tiempo comían algo, ¿qué me dirán estos de muchos otros que estuvieron muchos días y años sin manjar ni mantenimiento corporal alguno, como nos lo enseña claramente la Sagrada Scriptura en los del Viejo Testamento, y prueva de los del Nuevo la historia de cada cual hasta nuestros días, como abaxo exemplificaremos? Vamos por orden y contando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Léese en la Sagrada Scriptura de Moisés que ayunó sin comer e sin bever cuarenta días y cuarenta noches; por cierto, no por su propia virtud como Jesuchristo, mas con la virtud que salía de las palabras de Dios sustentávase Moisés, con el cual hablava cara a cara, assí como suele el hombre hablar con algún amigo suyo. Y en la virtud y fuerça del manjar que mandó comer a Helías anduvo otro tanto tiempo, hasta llegar al monte de Oreb, monte del Señor. Más se lee en el libro donde están scriptas las vidas de los sanctos padres: que un fraile ya adelante en días, llamado por nombre Joan, cuya vida, costumbres y abstinencia recita Sant Appellen en el mesmo libro, diziendo que como se huviesse ido al yermo, estando tres años continuos, debaxo de una piedra grande de una peña siempre hizo oración, tanto que nunca se assentó ni estuvo acostado, y tanto dormía cuanto podía rebatar de sueño teniendo en la tierra hincadas las rodillas; y salvo los domingos, que venía un sacerdote de sancta vida a dezirle missa y darle el sancto sacramento, otra cosa alguna no comía, ca aquello solo le era sacramento y manjar, lo que haze a nuestro caso; pero plázeme haverlo dicho todo porque todo es sobrenatural, y ordenado y hecho por dispusición y voluntad divina, más que por virtud humana, ni por fuerça natural alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimesmo de Sancta María Egipcíaca se lee (en el libro ya dicho) que, con solos tres pa- [fol. a6v] nes que compró por tres dineros cuando salió de Hierusalem para ir al desierto, passó diziete años, y el resto hasta xlvii con solas yerbas; otro dize, de mucha auctoridad, que sin comer cosa alguna. De sancta María Magdalena leemos en su historia haver estado en una muy alta peña treinta años sin comer; y de otras muchas y muchos padres religiosos que fueron en Egipto, Thebas y Mesopotania, que passaron con yervas, raízes y agua, que cuasi es poco menos que lo mesmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otro tiempo mucho después vino Santa Catherina de Sena, la cual, cuanto más encendida en el amor y temor de Dios y desseo de le servir, tanto menos gana tenía de comer, y era mayor su abstinencia, de tal manera que, andando el tiempo, vino a no comer ni bever por muchos años cosa alguna; cuyo hábito, vida y penitencia, en cuanto ella puede e Dios quiere, esta su sierva de quien hablamos trabaja en todo o en la mayor parte de imitar y seguir. Agora postreramente en nuestros días no ha muchos años sabemos de cierto, por aucténtica scriptura y testigos que le vieron y hablaron, cómo un soiço llamado por nombre frater Nicolás, natural de muy cerca de Undervalden, lugar principal de los treze lugares principales que los soiços llaman los treze cabos o comunidades, de la diócesi de Constancia, estuvo en un desierto monte de aquella tierra haziendo penitencia veinte años sin comer; el cual, por los muchos e grandes milagros que ha hecho y de contino haze, lo ha canonizado la sancta Iglesia Romana en el año de mil quinientos y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos se podrían traher sin dificultad, mas no sin enojo de prolixidad, pero estos basta trahídos por exemplo, porque, si no, tampoco bastaría el martilojo ni la ledanía toda. Pues veamos, ¿fueron por aventura estos mayores que los apóstoles por esso, o quiçá el mejor dellos mayor que Nuestra Señora la Virgen María gloriosa, la cual [fol. a7r] ni estuvo en tal lugar ni hizo tal ayuno? No, por cierto, ni tan grande. Sepan pues estos, si no lo saben, que ser mayor o menor sancto no consiste ni se juzga según el ayuno, mas según mayor o menor caridad; a los que no lo saben lo digo, porque a los que lo saben el Señor (que sin engaño los conoce como a maldizientes murmuradores) en su santo Evangelio responde, diziendo de los tales: “Quien tiene orejas para oír, oya. ¿A quién compararé yo esta generación de niños, que jugando dizen a sus compañeros: ‘Nosotros havemos cantado y vosotros no saltastes; havemos llorado y no plañistes’?”. E dize luego adelante la mesma Sapiencia incarnada lo que arriba diximos: “Vino Joan Baptista que no comía ni bevía, e dixeron que tenía demonio. Vino el Hijo de la Virgen comiendo y beviendo, e dixeron: ‘Este es un hombre tragador y bevedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’”, etc. Tómame essos dichos y concértame essas medidas. Esta sola sentencia de Christo nuestro Redemptor y Maestro, con lo de más arriba dicho, abasta para cerrar las bocas de los tales que maliciosamente murmuran, y para abrir los coraçones de los que simplemente ignoran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda de que dudan es el abrir del costado milagrosamente. A esto respondiendo digo: que si consideramos lo que adelante diremos, hallaremos tanta causa para creer cuanta buscamos razón para dudar, porque, aunque este milagro es grande e misterioso, no es del todo nuevo en el mundo, porque sabemos que se le abrió a Sant Francisco, y también a Sancta Catherina de Sena; digo no es nuevo haviendo respecto a la generalidad, digo del todo porque lo es en parte, haviendo respecto a la especie y cualidad que corresponde, porque en aquella fue el costado izquierdo, y en esta el derecho, como el de Christo que con la lança abrió el cavallero; de aquellos lo sabemos porque lo oímos y leemos, y desta porque lo tocamos y vemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no por esto se altere algún devoto, ni nadie tampoco pensando que lo digo por haver querido hazer odiosa comparación, ni me- [fol. a7v] nos anteponer a tan grandes sanctos en el Cielo esta sierva de Dios en la Tierra, que puede errar y acertar, merescer y desmerescer, tropeçar y caer sin levantar en la batalla, entretanto que la peregrinación dura, sospirando, gemiendo y llorando en este mundo, valle de lágrimas, por cuya causa deste peligro nos amonesta el Señor por su Ecclesiástico que a ninguno loemos ante de la muerte, queriendo dezir que le loemos y magnifiquemos después de la vida; pero a quien dio tan buenos principios y medios tan maravillosos con perseverancia, piadosamente se presume y cree que dará glorioso fin. Por ende los christianos, de lo uno y de lo otro, de aquellos y desta, por la merced que rescebimos no seamos a Dios ingratos, mas démosle gracias porque assí le plaze, y no escodriñemos la razón y causa por qué lo haze, por cuanto sus cosas son grandes e inescrutables y maravillosas en número sin cuenta. Y por tanto ignorava Job diziendo: “Si viniere Dios a mí dándome prosperidades, no le veré”; es a saber, si sea para mi bien o mi mal, no lo sé; si se fuere dexándome en las tribulaciones y tentaciones, no lo entenderé, ignorando el fin dello; si de súbito interroga, ¿quién le responderá?, ¿o quién puede dezir: “por qué lo hazes assí”? Pues que assí es, dexemos ya de inquirir y escodriñar sus secretos e divinos juizios, que son muy grandes en virtud e inestimables e incomprehensibles en razón humana, e innumerables en multitud; los cuales, entonces, complimos cuando para complirlos ser insuficientes nos estimamos y conoçemos; entonces, más complida y facundamente los alabamos cuando marauillados enmudeçemos; e si alcançarlos locamente tentamos, entonces muy menos dellos sabemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea por ende nuestro saber, con todo estudio de humildad, tenerlos en muy gran reverencia y admiración, y creamos que, aunque todos van medidos y ordenados según su eternal presciencia pero a nuestra utilidad y provecho, pues Él quiere, si queremos, que todos [fol. a8r] nos salvemos; y cuando no halláremos la razón y causa dello, no passemos adelante en querer juzgar, si no queremos errar, mas quedémonos atrás, e digamos con Sant Pablo: “Oh, altitud de riquezas de sciencia y sapiencia de Dios, cuán incomprehensibles son tus juizios”. Grande [e]s, por cierto, como dicho es, y grande, por ende, iniquidad es querer que no sea infinito ni poderoso como lo es, para que nos pueda copiosa e infinitamente apremiar y premiar, e junto con esto, a quien el Cielo y la Tierra no pueden tomar, quererlo comprehender y encerrar en nuestra flaca cabeça. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto se ha dicho por los juizios temerarios de algunos y murmuraciones de muchos en secreto, y el mal hablar de otros en todo lugar, a rienda suelta sin parar, desta su sierva, y de las maravillas que obra en ella. A la cual de solas tres cosas como arriba diximos en todas sus persecuciones la acusan con verdad: que come haviendo passado mucho tiempo sin comer, que viste y trahe algunas cosas de hábito seglar, y que anda en mula, y huelga con plazeres y passatiempos mundanos y honestos. Son tan criminales estas tres cosas que, como nadie puede sustentar la flaqueza sin comer, vestir, y algunos pasatiempos, aun siendo en ella como dizen que son, ni son en nadie pecado ni en ella, porque no ge los veda su religión; antes son para ella actos de perfectión, y para los que saben el fin desto, que es el que haze buenas o malas las cosas tales, son de mucho exemplo y provecho, porque comemos los hombres por la hambre y mantenimiento, y ella, harta y hambrienta con el amor de Dios, porque no ha menester ni sufre otro natural mantenimiento sino el de su gracia, come para rescebir tormento por echarlo, como lo provoca y echa, y persecución por rescebirlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero muestra su caridad porque se busca nuevas y secretas maneras de atormentarse por amor y reverençia de Christo Nuestro Señor y Maestro, remedando [fol. a8v] su sanctíssima vida toda trabajosa, aunque no puede ser remedada sino de lexos. Lo segundo muestra su humildad porque por rescebirlo es perseguida, lo cual también se muestra en traher las cosas que trahe, pues con ello haze que no la tengan en lo que la ternían si no hallassen en ella aquel achaque. También en traherlas usa de caridad con los que ge las dan, que le ruegan que las traiga por que se acuerde de rogar a Dios por ellos. E si no puede andar a pie y se recrea con estas cosas y con plazeres honestos, consideren los que mal les paresce, si tuvieren spíritu, cómo aun con todo esto pueda ella sufrirse descendiendo de su spiritual conversación, y la pena que siente por la grandeza que dexa, y la poquedad donde se torna. Y también que ellos, trabajando pocas vezes, muchas descansan, y ella llena de trabajos y dolores ha menester algún descanso, porque, aunque sus cosas son del Cielo, su persona es de la Tierra. Cuánto más que, pues que en estos passatiempos muchas vezes se arrebata en contemplación, muestra que no estava su pensamiento en los plazeres del mundo, sino en los de Dios, y que en ellos no lo quita ella de su memoria; mostrándonos pues, en esto, que ni en los passatiempos ni nunca quitemos el pensamiento de Dios; y en esto otro, que siempre huyamos la honra y alabança de la gente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claramente paresce que ella aprovecha más en su perfectión y da mayor exemplo a los que saben rescebirlo en lo que está dicho que no si no comiesse y estuviesse muy rota e muy encerrada, y con mucha ipocresía y tristeza. Por ende los que se escandalizan de lo presente, para que no se escandalizen, consideren los tormentos y dolores que passa cada día, y las asperezas, necessidades y trabajos que ha passado, y no juzguen de lo uno sin lo otro, porque de otra manera no podrían juzgar justamente, sino apassionada, y como quien por sola información de la una parte se determina sin oír la otra. Mayormente que, aun estando en duda, somos obligados de presumir bien de nuestro próximo, porque el [fol. b1r] derecho humano assí lo presume, y el divino manda que assí lo creamos, y en caso dudoso que interpretemos lo mejor y más sano. Pues cuánto sea más justo assí interpretarlo y creerlo (aunque no fuéssemos obligados) claramente parece, porque en creerlo assí hazemos que las grandes y maravillosas obras de Dios se manifiesten en ella, a honra y provecho della y nuestro, si con recto juizio e sin passión se considera; y de creer lo contrario, se sigue lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues no tiene menos fuerça Dios, sino mucha más y mayor para hazer bien que el Diablo para hazer mal, no sé ni siento cuál christiano sin blasphemia pueda atribuir a Dios lo malo, y al Diablo lo bueno, diziendo que esto es engaño d’él y no gracia del Spíritu Sancto, como lo es y se ha de creer por muchas y evidentes razones. El Enemigo malo suele a vezes bien tratar al pecador acá en su casa, por poderle allá del todo maltractar en la suya para siempre; a esta religiosa sabemos que le ha dado muchas vezes en su celda y retraimiento grandes heridas corporales, hasta hazerle salir la sangre por las narizes y boca, por los ojos y orejas, y dexarla por muerta, lo que no haría si esto fuesse engaño. Porque sabemos por muchos exemplos y experiencia que del engaño que él más usa, entre mil modos de empeçer y engañar, es entrar con la de Dios por salir con la suya, y esto con halagos y grandes ofrescimientos, pero no con puñadas y coçes; por lo cual havemos de creer que él, usando de su astucia acostumbrada, ha trabajado de la engañar, y con la ayuda de Dios él queda della engañado, e assí como corrido del engaño véngase del cuerpo, pues no tiene parte en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más adelante vemos que esta religiosa con su vida y doctrina a muchos buenos ha hecho mejores, y a muchos malos y pecadores convertido a penitencia. Pues si esto es engaño, de necessidad havemos de dezir que el Diablo ha seído nescio, pues por ganar un alma ha perdido tantas. Pero assí como la consecuencia en llamarle nescio es falsa (por cuan- [fol. b1v] to es ángel y perro viejo), assí también el antecedente del engaño es falso. E si todavía porfían, ¿quién hará ciertos y seguros a ellos, que assí creen y hablan, que no sean engañados del Diablo? Porque si según ellos esta religiosa y sierva de Dios, de la cual tantas vezes ha seído vencido, cuyo cuerpo sobre toda virtud natural bive y se sostiene, cuya ánima está siempre llena de gozo spiritual y tan perseverantemente pacificada, puede ser engañada del Diablo, ¿cuánto más lo podrán ser estos que sienten mal della, de los cuales ninguno de los susodichos bienes ha venido a nuestra noticia? Por cierto, creyendo e diziendo estas cosas, ninguno es más verisímile: ellos haver seído engañados del Enemigo, pues no ha podido a ella engañar, en darles a entender y creher que la tiene engañada; y este es el engaño verdadero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni tampoco vale el argumento que traen de algunas que no hago caso dellas, sino de sola una que se halla ser verdad por aucténtica scriptura, la cual era tenida por sancta, y después hallaron e vieron que, como engañada del Enemigo, sus cosas fueron malas y acabaron mal. Digo que no vale, porque es regla general que, para que valga el argumento de un semejante a otro, ha de haver de necessidad en todo semejança; en otra manera, dando caso de dessemejança, no ha lugar el tal argumento. Y porque todas las cualidades y condiciones que concurrieron en la una no concurren en la otra, por tanto no vale ni ha lugar; y puesto que valiesse en caso que concurriessen, valdría para dudar que sea tan buena, y no para afirmar que esta es mala pues aquella lo fue, porque no porque uno sea hereje se sigue que lo es o será su compadre o mi vezino. Ni tampoco es buena del hábito al acto la consecuencia, porque no es Papa el que puede ser Papa, ni es malo el que puede ser malo. De manera que a los que no lievan en la manga la culebra ni tienen catharactas en los ojos conoscerán, y verán que queda con esto harto bien satisfecho a los argumentos (aunque no sophísticos), porque no traen semejança [fol. b2r] de verdad, mas bambollas de xabón llenas de malicia y venenosa ponçoña. Esto se manifiesta por lo que se dize, y también por lo que se calla. Muchas mujeres huvo que hizieron lo que esta haze, y menos que esta, y las aprueva la Iglesia e tiene por sanctas, porque lo son de verdad. Pues, ¿por qué para provar que esta es buena no las traerán en argumento y consecuencia, como traen para provar, en consecuencia, que es mala una golondrina que no haze verano? No hallo razón otra ninguna, mas de buscar ocasión para apartarse de su Amigo, o queriéndole mal ponerle nombre de ravioso, o lo que dize Séneca, con perdón: “Algunos perros tienen natural condición de ladrar, más por costumbre que por verdad”. Pero si los phariseos semejantes a estos (no también por verdad, mas por costumbre) ladravan y mordían a Jesuchristo Nuestro Señor y Maestro, al cual mentirosamente infamaron e dixeron que en Belzebub hazía sus obras, etc., ¿qué maravilla, pues, es si a esta sierva suya maliciosamente y con mentira la infamen e digan lo mesmo persiguiéndola? Ninguna, por cierto, porque vemos por experiencia que ninguna cosa más cierta el bueno tiene sobre sí que luego la persecución del malo, con la cual se examina y se prueva su bondad y virtud como el oro en el fuego, y con el martillo la plata, que cuanto más golpeada tanto más luze, y el platero, cansado; por ende, callando y no les respondiendo, de cansados callarán. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que sin tener esta sierva de Dios cosa de propio, con solo lo que le dan, sin que ella lo pida ni haga pedir nada a nadie (porque toda su hambre es de la salud de las ánimas), ha hecho y cuasi acabado una muy gran casa y monasterio muy costoso, y en breve tiempo mantiene pocas menos de dozientas beatas que tiene y rescibe de cada día, y con mucha penitencia las tiene y trahe descalças y muy alegres, contentas y gordas; e sin el gasto de otras muchas moças y moços, pobres, chiquitos y grandes, que haze estudiar e cría para la religión, gasta mucho con religiosos, y da muchas limosnas públicas [fol. b2v] y secretas. De manera que, viendo lo mucho que gasta sin poder ver de do sale, havemos de creer que solo Dios, que le da tanto del thesoro del Cielo, le da esta abundancia en el de la Tierra, y pues todo lo que todos tienen es de Dios, que haze mucha merced al que alumbra, para que ayude con sus limosnas en esta su sancta despensa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assí que, por estas razones y por otras muchas que callo, las cosas desta sierva de Dios, aunque han sido y son muy impugnadas de muchos y de personas poderosas, han sido por sentencia de juezes apostólicos (para esto dados) examinadas ellas y su persona, y aprovadas y declaradas por sanctas y buenas. Paresce, pues, que su doctrina es muy alumbrada y provechosa, y su vida y sus obras muy sanctas, y que, siendo estas dos cosas tan maravillosas y tales, no son razonables ni medianas las cosas desta sierva de Dios; antes son de mucha sanctidad y perfectión, como está dicho. Siendo, pues, como son tales, no pueden ser sino de Dios, pues siendo suyas no puede el Enemigo tener en ellas poco ni mucho. E assí paresce que Dios haze al mundo una muy grande y nueva misericordia en darnos por quien podamos ser alumbrados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si quisiéremos humiliarnos, conozcamos nuestros pecados, y seamos movidos y ayudados a hacer penitencia y a emendarnos. Conviene pues que, conosciéndonos pecadores y ciegos, con la llave de la humildad abramos nuestros entendimientos para que salgan las tinieblas del pecado y entre la lumbre de Dios, porque es cosa muy provada y muy cierta (sin falta) que los que se allegan a esta sierva de Dios con humildad y sancto desseo luego conoscen en sí mesmos maravillosos movimientos y fuerças para tener contrición y arrepentirse de sus pecados y para hazer penitencia, y de cada día muchos avisos (si perseveran) para la emienda y mejoría de sus vidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si nuestra sobervia no quiere reprehensión, ni nuestra mala y dura costumbre mudança, ni queremos oír lo que no nos agrada, ni creerlo aunque veamos que nos cumple [fol. b3r] sin que veamos hazer milagros como personas de poca fe, infieles que por solos milagros se mueven, e si andamos pidiendo otros mayores milagros que son su sancta vida y doctrina y obras, y la conversión y provecho que haze en los pecadores —pues en los sanctos apóstoles e siervos de Dios no son menos maravillosas sus vidas, doctrina y obras que fueron sus milagros, ni entre los milagros no fue menor la conversión y resurrectión del alma muerta de Sant Pablo que la del cuerpo finado de Sant Lázaro—, menospreciando, por ende, con esto esta merced que Dios nos haze, conviene que nos aparejemos a las penas que están muy ciertas por su justicia, pues nadie puede huir de su poderosa mano, porque havemos de ser perdonados por su misericordia y nuestra penitencia, o condenados por su justicia y nuestra culpa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque también se tiene por culpa callar la verdad como expressar la mentira, para que della no seamos acusados ante la Divina Bondad, parecionos que devíamos de responder contradiziendo, como queda mediante su gracia asaz respondido, a los murmuradores, detractores y maldizientes del singular modo de bivir desta religiosa y gran sierva suya; a los cuales, si les parece que no basta para que desistan de su falsa opinión y porfía, yo les ruego con toda cortesía que les baste lo que dixo Christo a sus discípulos y a otros muchos en su sancto evangelio: “Todas y cualesquiera cosas que los scribas y phariseos os dixeren guardadlas y hazedlas; las que ellos hazen no las queráis vosotros hazer”. Digo, con emienda de todos, que de las palabras deste texto podemos sacar dos notables conclusiones. La primera: que, cuanto a Dios, no se requiere quién o cuál es el que habla, mas qué es lo que habla. La segunda: que si lo que dize sí es bueno y lo que haze es malo, que tomemos d’él lo que bien dize, y dexemos lo que mal haze. Y assí digo trayéndolo a propósito: que si esta religiosa es tal y tan mala como a ellos se les figura y ensueña, dexen lo que mal haze, e si tienen orejas para oír y entendimiento y voluntad para comprehender, tomen esto que bien dize que se sigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: enero de 2020; fecha de modificación: marzo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Aldeanueva1.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido”. Ms. del Archivo del convento de Mosén Rubí (Ávila), fols. 1r-16v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Relaçión de la fundaçión]] ''de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVII (datación entre 1607 y 1636), del cual hay una copia en el Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma (AGOP), fechada en 1688, con breves supresiones. Se encuentra en el archivo del convento de Mosén Rubí porque allí fueron a parar los manuscritos del convento de Aldeanueva, donde murió María de Santo Domingo. Se editan solo los folios que se refieren a su vida y a la fundación del convento (la relación incluye referencias breves a vidas de otras monjas dominicas). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que se han seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio que quizás bebe de fuentes más primitivas; además hablamos de la primera versión de la relación de la fundación de Aldeanueva, que luego será ampliada sucesivamente en manuscritos posteriores (que se editarán en este Catálogo). Así, se respetan todas las grafías, incluidas la variación de v/b, i/y y las sibilantes; y se conserva el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico (acentuamos la vocal ''a'' con función verbal). Se regulariza, en cambio la variación u/v con función vocálica y consonántica de acuerdo a los usos actuales. Se han desarrollado las abreviaturas. Acentuamos las palabras y empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual. Finalmente, la puntuación procede de la editora pero la separación de los párrafos es del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] '''Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fundadora de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueba fue natural de la çiudad de Ávila ''[1]'', de los Paniaguas de la dicha çiudad de parte de padre, el qual se casó con una muger natural de este lugar de Aldeanueba, de gente honrrada, aunque pobre y humilde. Eran tres hermanas donçellas güérfanas de padre y madre, a las quales les dio Dios su espíritu de fundar este monasterio en su propia casa, y la madre soror María de Santo Domingo, que fue la mayor de las tres hermanas ''[2]'', en cuyo naçimiento se tiene por negoçio auténtico que ubo un pronóstico de unos astrólogos que digeron a su padre ''[3]'', aviendo echado juiçio a la hija que le avía naçido, avía de poder mucho con los potentados del mundo, lo qual pareçe ser çierto por el discurso de su vida ''[4]'', y ella fue la que tomó la mano para edificar el convento. Y antes que llegase al prinçipio del edifiçio se refiere que en los años de su niñez le aconteçían cosas maravillosas, entre las quales se refieren dos: una, que qualquiera cosa que tomaba en las manos se le acreçentaba en ellas; otra, que cayendo un día sobre una gran lumbre salió de ella sin lesión ninguna; para cuyo edifiçio no solamente la ayudó el favor del Çielo, pero los veçinos de su propio lugar le daban las propias casas. Y toda la tierra la ayudó con sus limosnas. Los señores del reyno la ayudaron y anpararon, y los que con más larga mano acudieron cierto fueron los [fol. 1v] Reyes Cathólicos, y tras ellos los Duques de Alva, Don Garçía Álvarez de Toledo ''[5]'' y su muger, que se hallaron presentes en la fundaçión de la casa; y con ellos el gran prior de san Juan Don Diego de Toledo, el Conde de Osorno, el de Oropessa, el Conde de Nieba, y Don Garçía de Toledo, Señor de La Horcajada ''[6]'', y otros muchos señores.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
En el prinçipio del edifiçio, quando se enpeçó acabar para haçer los çimientos, la primera piedra que se sacó hallaron que estaba en cruz, y tantas quantes veçes la partieron los çircunstantes haçiendo misterio del caso salía siempre cruz, y tomando esto por raçón, acordaron que se llamase el Convento de Santa Cruz, y de los que estaban presentes fue el primero que echó una joya de oro en la çanja del edifiçio el Conde de Nieba, el qual edifiçio se empeçó a haçer el año de mil y quinientos y quatro a treçe de septiembre, víspera de la Exaltaçión de la Cruz, y pónese la fundaçión año de mil y quinientos y siete, víspera de Nuestra Señora de la Asunçión, por ser el primer día que en el nuebo edifiçio se hiço el ofiçio divino, y este día tomaron de mano de la dicha María de Santo Domingo, fundadora, el hábito en la dicha casa sus dos hermanas, la madre María de la Asunçión, y la madre María de los Santos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la fama y la grandeça del convento, así en virtud como en número y cantidad de religiosas, que muchas personas yllustres y de calidad traýan aquí sus hijas y deudas, no solamente de estos reynos, pero de los estrangeros, porque ubo ocasión en que se hallaron juntas treçientas religiosas ''[7]'', como consta por un testimonio de escribano público que está con depósito, entre las quales ubo algunas naturales [fol. 2r] de Jerusalén; otra, de Belén, que tenía por nombre Soror María del Pesebre; otras, de Roma, de Sevilla, de Murçia, de Lora, de Calatayud, de Logroño, de Vitoria, y finalmente de todas las partes destos reynos, y se refiere de testigos fidedignos que se hallaron juntas de una vez a tomar el hábito sesenta mugeres de a quatro, de a çinco, y de a seis años, y, de aý arriba hijas de personas yllustres, y algunas señoras que eran parientas de los Reyes de Portugal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue creçiendo tanto la fama en materia de virtud que se diçe por cosa çierta que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífiçe, y es çierto que fue donde él estaba y habló con él, como consta de un previlegio que está en el depósito del dicho convento ''[8]'', su data en Zaragoça, a veinte y çinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos ''[9]'', en que conçede de su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las graçias e yndulgençias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento fundado por la dicha fundadora es de beatas de la Terçera Regla de nuestro Padre Santo Domingo, y no solamente conçedió esta graçia sino otras muchas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus primeros prinçipios de la fundaçión de este convento puso la orden por Vicario de él al Padre Fray Juan de Azcona ''[10]'', de buena memoria, que fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir, un santo, y en esta opinión y veneraçión le tenían las religiosas. Era de grande oraçión y recogimiento, si[n] que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas, y el año de mil y quinientos y veinte fue el sobredicho padre a Jerusalén y a Roma, y trajo a este convento [fol. 2v] muchas reliquias, entre las quales trajo la insignia y reliquia que tiene ese convento de la costilla de nuestra madre Santa Cathalina de Sena, que se la dio el Papa León Déçimo a dos de abril de mil y quinientos y veinte años, como pareçe por una bula suya que está en el depósito ''[11]''. Es tan milagrosa la dicha reliquia, que en llegando el sobre padre con ella al convento, hiço Dios Nuestro Señor un milagro, por interçesión de nuestra madre Santa Cathalina, que fue sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al refitorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año mil y seisçientos y doçe, hizo otro milagro esta santa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que tenía aproplegía y estaba perlática y sin poder hablar, y por señas como pudo pidió la trageren la costilla de nuestra madre, y en puniéndosela en la boca al punto habló y quedó sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa propuso de no confessarse con un religioso de la orden por çierto enfado que con él tubo, y echándole muchas maldiçiones, y entre otras, que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesare, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal, y que pareçía tener la lengua pegada, sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó, y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puso la dicha fundadora tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo material de la casa, sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la regla [fol. 3r] y constituçiones de la orden como en ella está escrita, y a durado y dura asta nuestros tiempos y mucho más, porque aora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mugeres en el dicho convento. En lo demás ay mucha observançia y religión, y muchos ayunos y abstinençia, que la mayor parte del convento ayuna a pan y agua toda la Quaresma, y ayunan tres días a la semana, ay mucha oraçión y mucho coro, que casi la mayor parte del día gastan en él. Lo que toca a disçiplinarse, es tan estraordinario que es menester ponerlas obediençia para que no lo hagan. El ofiçio divino se haçe con mucha puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maytines, en particular los días de santos como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y con más puntualidad. Ay en el dicho lugar de Aldeanueva más de çien veçinos, y entre ellos más de treçientas personas pobres, y todas las sustenta el convento y religiosas, dejando la mayor parte de su comida por acudir y socorrer a sus neçesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Échasele de ver la mucha religión que á avido y hay en este monasterio, pues para fundar otros en la Provinçia an sacado d’él las fundadoras y prioras ''[12]'', y en particular fueron por fundadoras y prioras a la Penitençia de Valladolid y al monasterio de Corpus Christi de la dicha çiudad la madre María de los Ángeles y María de San Françisco, su hermana, que fueron de los Manríquez y Toledos. Y a las Arrepentidas de Salamanca y a las Beatas de Medina del Campo y a la Madre de Dios de Truxillo, Toro y Olmedo an ydo por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernardina de Carabajal, Doña Isabel de Mendoça [fol. 3v] y la madre Doña Gabriela de Guevara, y la madre María de la O, del Barco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundaçión del dicho monasterio, su data en Roma ''apud Sanctum Petrum'', el año de mil y quinientos y diez y siete, a diez y seis de henero, de León Déçimo en el año quarto de su Pontificado, enbiado a la fundadora nombrándola por priora del dicho monasterio y mandado al Arzobispo de Toledo, Plasençia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoriçen en orden al edifiçio y nueba fundaçión de casa ''[13]'', y que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la dicha orden, para que las ayuden y administren los santos sacramentos, y así es tradiçión auténtica que el Reverendísimo General fray Viçençio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tienpo del rey Don Fernando y Doña Ysavel ''[14]'', y reçivió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la virtud y religión de la fundadora que se echó de ver el gran favor y merçed que la hacían todos los grandes del Reyno, y en particular los santos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Ysabel, que la ayudaron con sus rentas, y la dieran muchas más para la fundaçión si ella quisiera, pero fue su intento que fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las merçedes que los Reyes Cathólicos hiçieron a esta venerable muger la más prinçipal fue darla el Santo Christo, que este convento tiene en tan grande veneraçión y estima por los muchos milagros que á obrado y obra. Uno de los maiores es que, llebándole los Reyes Cathólicos en su compañía a las guerras, en una dellas, invocando como suelen los españoles al Apóstol Santiago, respondió el Santo Christo que no era [fol. 4r] neçesario estando él allí, y en señal de esto le quedó la voca abierta y se le ben dientes, lengua y el çielo de la voca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diçen las madres ançianas deste convento ''[15]'' que en tienpo de Filipo Segundo, quando las heregías de Caçalla, por algunos días le vieron sudar, y saben que uno de los religiosos le linpió el sudor del rostro con un purificador ''[16]''. Y en el año de mil y seisçientos y çinco hiço otro milagro en soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento. Y fue que tenía en un pecho un çirrio del tamaño de una naranja, y aviéndola dicho los médicos que no tenía remedio acudió a Dios y a esta santa ymagen ''[17]'' de quien ella era mui debota, y andubo una nobena, y al cabo della tocó con un pañito al Santo Christo, y se le puso donde tenía la enfermedad, y al punto sanó, de manera que pudo acudir al serviçio de las demás como lo tenía de ofiçio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa llamada María de Santa Ynés, teniendo cánçer en un pecho, y la començó a curar el médico, y en lugar de sanarla quedó peor ''[18]'', y pareçiéndola era inposible sanar acudió a tener nobena al Santo Christo por no berse en manos de médicos ya que la tenía sentençiada a muerte, y antes de acabar su nobena se puso un pañito tocado al Santo Christo y luego sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros á echo, que por no ser largos no se escriven aquí; si fuere neçesario se podrán escrivir y aberiguar ''[19]''. Lo que en este convento se á visto y estas señoras tienen por milagro es que ningún mal contagioso ni pestilençia jamás á dado en el convento: aunque la á havido en el pueblo y an entrado en el convento muchas personas heridas no se á pegado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4v] La figura que el Santo Christo tiene es de la çintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren deçir que es de los que pintó San Lucas, y pareçe se echa de ber en que tiene dos dedos quebrados que no se save cómo ni quándo, y con haber traído maestros que se an buscado de fama, ninguno se á atrevido a ponérselos, y ubo uno que dixo que le pareçía ser imposible el varniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negoçio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el tienpo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oraçión, ayunos, y disçiplinas, y echávese ''[20]'' mui bien de ber en ella que tenía espíritu y graçia del Çielo, pues sin aber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y deboçión que las más veçes las movía a lágrimas ''[21]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, inbidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la lebantó de debajo de los pies muchas persecuçiones, y en todas ellas mostró mucha paçiençia, dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte predicando el santo Fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hixa María de Santo Domingo se subió al Çielo” ''[22]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora suçedió en el ofiçio de priora su hermana María de la Asunçión, la qual fue tan santa como su hermana; fue priora más de treinta años. Era muy observante en el silençio toda la noche o la mayor parte se le yba en oraçión, no comía al día más de una vez, no çenaba ni hacía colaçión, nunca comió carne en todo tienpo que tubo el hábito, echábase de ver [fol. 5r] su santidad en las pesadas burlas que el demonio la haçía, echándola algunas veçes por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuçiones, en particular algunas emulaçiones y enbidias entre sus conpañeras. La muerte fue como la vida y así está en opinión de santa ''[23]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra terçera hermana llamada María de los Santos vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refitorio. Tiene una grande piedra labrada ençima de la sepultura; el darles este entierro fue su mucha humildad, y así lo pidió a las demás religiosas. […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 11v] […] Olvidose de deçir al prinçipio que fue tanto el espíritu y valor de la madre fundadora, María de Santo Domingo que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento, a quien hiço mui grandes favores el Papa León Déçimo, que era el que presidía en la Iglesia entonçes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual susodicho en esta relaçión se á sacado de los papeles y brebes que están en depósito, y conforme lo que viene por tradiçión de las madres antiguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' María nació en Aldeanueva, pero en esta relación y en su copia de AGOP de Roma solo se señala Ávila como lugar de nacimiento. En otra versión de la fundación de Aldeanueva del Archivo de la Orden de Predicadores de Salamanca que editaremos en el Catálogo sí se señala Aldeanueva como lugar de nacimiento de María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el proceso se apunta que fue la más pequeña de las tres hermanas, y el trato con ellas no fue bueno (R. Sanmartín Bastida &amp;amp; M. V. Curto Hernández, ''El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición'', Madrid, Iberoamericana, 2019, p. 37). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En la “Relación” de AGOP de Roma, “sus padres”. Es más fiable la lectura de esta Relación A porque se repite en la relación segunda y ampliada (de 1709) de la fundación de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Entendemos que está basándose en un texto escrito anteriormente, aunque también hay referencias en este texto a fuentes orales.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[5]'' Hay aquí una equivocación de nombre con su padre: Fadrique Álvarez de Toledo fue quien financió la fundación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Se refiere a García Álvarez de Toledo y Enríquez, I Señor de La Horcajada, hermano de Don Fadrique e hijo de García Álvarez de Toledo, I Conde-Duque de Alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el discurso del Padre Peña en el cuarto proceso al que se somete a la beata se habla de más de cien religiosas (R. Sanmartín Bastida, ''La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo'', Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 429; reed. Londres, SPLASH, 2017). En el ''Libro de la oración'' (fol. b2r) se habla de doscientas en el prólogo (Sanmartín Bastida &amp;amp; Curto Hernández, p. 38, 61, 145): vemos entonces cómo el discurso aumenta interesadamente el número de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El cronista claramente no pertenece al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Esta bula se encuentra en el archivo de Mosén Rubín, junto con otras de 1514, 1519, 1520, 1522, en una carpeta donde se guardan los pergaminos, pero no se dice en ella que María fuera a Roma, asunto que no está nada claro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Dicho fraile testifica en el cuarto proceso de María de Santo Domingo, pero no fue vicario de la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Efectivamente, la bula está en el archivo susodicho y la costilla se puede ver en el convento de Mosén Rubí de Ávila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Esta costumbre de enviar prioras desde conventos con fama de santidad también la encontramos en la vida de las hermanas Silva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En 1517, año de la muerte de Cisneros, se ve que María de Santo Domingo era bastante estimada y no se limitaron sus movimientos pese a las órdenes del Capítulo dominico celebrado durante el cuarto proceso. En 1512 parece que se estableció “la paz” entre los dominicos reformistas de Piedrahita y la cúpula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Obviamente este dato no es veraz ya que ambos estaban muertos en 1519 (Fernando muere en 1516 e Isabel en 1504). Tampoco lo es la visita del Maestro General Vicente Bandelli de Castronovo, ya que falleció en 1506.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Como se ha señalado, el autor, que es probablemente dominico, no pertenece al convento. Siente aprecio por María de Santo Domingo pero tiene nociones muy vagas de su vida. Por otro lado, este Cristo de las Batallas se conserva en el convento de Mosén Rubí de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Si estas madres ancianas vieron con sus ojos sudar al Cristo entonces debemos situar este texto en el primer tercio del XVII. Ahora bien, pueden referir cosas que les han contado. De todos modos, creo que no se puede llevar más allá de la primera mitad del XVII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Es interesante que para pedir milagros no acudan a la fundadora, que por tanto no es considerada santa en torno a 1600.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Como en la vida de María de Ajofrín, es interesante que aparezcan ejemplos de médicos que se equivocan. Indudablemente es una muestra del poder de la fe frente a la ciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Este aserto de no querer o poder contar todo por no ser prolijos es un tópico de los relatos hagiográficos y milagrosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Por “echábase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Aquí se resalta la condición de iletrada de María de Santo Domingo, que aumenta el valor de sus palabras inspiradas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al lado de este párrafo hay una anotación al margen que dice: “muerte de la primera fundadora”, lo cual indica que se enfatiza más su función conventual que su nombre propio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen escriben: “muere con opinión de santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: marzo de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:XIIIMaria.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fols. 1r-9v, 16v-17r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación); es pues, posterior a la vida manuscrita (1), que considero la primera relación que se conserva de la fundación del convento. Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo a los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, aunque se modernizan sibilantes, la alternancia ''b/v, i/y, qu/cu'', empleo de la ''h'', simplificación de consonantes geminadas, etc.), se respeta la morfología de las palabras con interés histórico morfológico o fonológico (''inviando, mesma, proplejía'', etc.) y se respetan cultismos (''Patriarcha, Escriptura, Redemptor, subcedió''). Los grupos ''mp, mb/mv'' se actualizan a ''np, nb/nv'' (en el caso de “Assumpción” o “prompto” se elimina la ''p'') y se contraen ''a el'', ''de el'' (excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca), que aparecen indistintamente juntos o separados. No se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta relación de la fundación del convento de Aldeanueva fue editada entera por J. Jiménez Ballesta y E. Sierra Santos (''Historia de Aldeanueva de Santa Cruz y vida de la Beata Sor María de Santo Domingo'', Ávila, Ed. Blanca Nieto Gutiérrez, 1999, pp. 171-187), pero se trató más bien de una adaptación (contiene lagunas y se modernizan algunas expresiones), por lo cual aquí se presenta la primera edición de esta versión de la vida de María de Santo Domingo, omitiéndose las partes de la relación que se refieren a la vida de otras monjas del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Nisi Dominus ædificaverit domum in vanum laboraverunt, qui ædificant eam ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo de tratar de la fundación, reedificación, permanencia y estabilidad del Convento de Santa Cruz de la Magdalena de religiosas de la Orden del mejor Guzmán, Patriarcha Santo Domingo, sito en el lugar de Aldeanueva, en la jurisdicción de la villa de El Barco, es preciso atribuirla más a la Divina Providencia, y por arquitectura de las manos del Altísimo, que a obra humana, por haber sido su fundadora una flaca mujer, sin más principios que se dirán adelante. Pues fuera vano su intento a no haberla asistido la poderosa mano del Divino Esposo que eligió para sí, y para tantas siervas suyas, para fabricarle habitación, no solo en lo material del edificio, sino es en los corazones de todas y cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haviendo por la penuria de los tiempos venido las rentas de dicho convento en no poca disminución por la incuria y poca práctica de papeles que debe considerarse en mujeres, más dedicadas a Dios y al ejercicio de las virtudes y divinos oficios que al de papeles y negocios seculares, reconociendo que acaso esta penuria resulta del involucro de papeles y no tener fácil expedición su hallazgo en sus archivos, la señora Sor María de la Visitación de los Reyes, priora de dicho convento, con consulta de las señoras depositarias y discretas de él, ha determinado hacer un libro becerro, en que se ponga por índice los papeles de todas las rentas, títulos y privilegios que dicho convento tiene, para que por él con mayor facilidad las presentes y religiosas venideras se puedan instruir en la busca de ellos, para la mayor estabilidad y permanencia de dicho convento, dejando a la posteridad ejemplo de su mejor gobierno. Y habiendo de ejecutarse como se intenta así, lo primero que se manda inserir en dicho libro es las cortas noticias que han quedado de la fundación de dicho convento, y cosas memorables de él, fundadas en los papeles que se reservaron del incendio de dicho convento ''[2]'', y en la constante tradición, que ha dura- [fol. 1v] do de unas religiosas en otras, y para hacerlo así con más acierto, se da principio a esta obra deseada con la invocación divina. [Invocación]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Nacimiento de Christo Nuestro Redemptor de mil setecientos y nueve, gobernando la nave de la Iglesia N. M. S. Padre Clemente de Undécimo, reinando en España el Señor Don Felipe Quinto de este nombre, siendo Príncipe de Asturias el Señor Don Luis Primero, General de la orden de predicadores el M. Reverendísimo P. F. Antonio Cloche, y provincial de esta santa Provincia de Castilla el Reverendísimo P. fray Francisco García de Olivares, y patrono de este convento el excelentísimo señor Don Antonio Martín Álvarez de Toledo, Duque de Alba, y priora de él la dicha señora Sor María de la Visitación de los Reyes, depositarias las señoras María Teresa de los Serafines y Sor María de San Fernando, vicario de este convento el R. P. presentado fray Juan de El Pozo, procurador de él el Padre fray Pedro de la Peña, se va ejecutando el dicho libro becerro en la forma siguiente: que para que conste esta introducción [fol. 2r] y prólogo, lo firmaron dichas señoras priora y depositarias en este religioso convento, a veinte y seis del mes de enero de mil setecientos y diez años, aunque se dio principio a esta obra en el dicho año de 1709. [Rúbricas].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece que para decir de la fundación de este convento se ha de y debe tratar de su fundadora en primer lugar, por ser el primero instrumento que tomó el Altísimo para dicha obra. Y así se dice fue natural nuestra fundadora de la ciudad de Ávila, hija de un caballero de la ilustre y esclarecida familia de los Paniaguas de dicha ciudad, y aunque se ignora su nombre, se tiene por constante casó en el lugar de Aldeanueva, aldea de la jurisdicción de la villa del Barco, con labradora de una de las familias honradas de bueno y limpio linaje de dicho lugar, aunque pobre, y por su virtud humilde; haciéndose más feliz y dichoso este casamiento con la buena descendencia que en él tuvieron de tres hijas, siendo la primogénita nuestra venerable fundadora, que se llamó María, llevándose el renombre de Santo Domingo; la segunda, [[María de la Asunción]]; y la tercera, María de los Santos, a las cuales infundió Dios su especialísimo espíritu de fundar este monasterio en su propia casa. Del nacimiento dichoso de nuestra primer [fol. 2v] fundadora, semejante a la mujer fuerte que nos describe la Sagrada Escriptura, se tiene por segura tradición que hubo quien predijese, comunicándoselo a su padre, que la hija que le había nacido sería mujer de grandes prendas, y tal, que por ellas alcanzaría grandes favores y valimientos con los señores reyes y potentados de la Tierra, como después se experimentó, pero ¿qué mucho tuviese tanta gracia por hombres quien supo conseguirla del Rey de los Reyes y Señor de los Señores? Pues de dicha madre se cuentan dos prodigios bien especiales: el uno, que cuanto tomaba en sus manos se aumentaba y acrescía a medida de las necesidades que pedían pronto socorro, no causando admiración sucediese tal aumento en manos que las había destinado el Altísimo para atesorar espirituales riquezas para el Cielo, y no tesoros caducos de la Tierra; el otro fue que, cayendo en un gran incendio, salió de él libre y sin alguna lesión, como aquellos tres mancebos del horno de Babilonia ''[3]'' bendiciendo y alabando al Señor maravilloso en sus obras. Muertos los padres de nuestra fundadora, ella y sus dos hermanas se aplicaron a enseñar y adoctrinar niñas de la comarca, instruyéndolas en toda buena doctrina cristiana, santo temor de Dios y buena aplicación a las virtudes, con tanto provecho de las discípulas y buen ejemplo de los más distantes que no se tenía por dichoso el que no ponía sus hijas debajo de la educación y buena enseñanza de la madre Sor [fol. 3r] María y sus dos hermanas, trascendiendo tanto el buen olor de su vida virtuosa que no solo las traían discípulas de los lugares circunvencinos, sino es de muy distantes, y de familias muy ilustres ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando, pues, a relacionar sobre la fundación, se dice que dicha primogénita y dichosa hija María de Santo Domingo, llevada del ardentísimo espíritu que el Altísimo fue servido comunicarla, se tomó la mano a edificar esta casa y convento para el mayor servicio de Dios, y aprovechamiento de las almas, honra y honor de este lugar de Aldeanueva. Y para obra tan del Cielo, los vecinos, influidos de su Divina Majestad, con ardiente celo la franquearon a nuestra Venerable, y dieron graciosamente sus propias casas para la situación, y a su imitación todos los de la tierra circunvecina contribuyeron con crecidas limosnas; los señores del Reino la ayudaron, correspondiendo en lo liberal a sus grandezas, y los que con mayor prodigalidad acudieron fueron los señores Reyes Católicos, siguiéndose los Duques de Alba, Don García Álvarez de Toledo, y señora su mujer, el gran prior de San Juan Don Diego de Toledo, el Conde Osorno, el de Oropesa, el Conde de Nieva, y Don García de Toledo, Señor de La Horcajada, y otros muchos señores, quienes con dichos Don García y señora su mujer se hallaron en este lugar. Asis- [fol. 3v] tida, pues, nuestra venerable señora de tan pías voluntades, conducidas de la de Nuestro Criador, dio principio a la gran fundación de dicho convento de Aldeanueva, Orden del glorioso Patriarcha Sancto Domingo, día trece de septiembre de mil quinientos y cuatro, víspera de la Exaltación de la Cruz, sin duda influido por el Divino Artífice por misteriosa elección de semejante día para semejante principio. Pues en él subcedió, hallándose presentes dichos señores duques y condes, el mayor prodigio y portentoso milagro, como es que la primera piedra que se sacó para hacer los cimientos se halló y vieron estar en forma de cruz, y tantas cuantas veces se partía, tantas se encontraba la mesma gloriosa señal de nuestra Redempción, por lo cual fue preciso, y como consiguiente a tal maravilla de tan gran misterio, intitular, como hoy se intitula a este convento, con el precioso renombre de Santa Cruz de la Magdalena. Y aunque su fundación se pone “Víspera de Nuestra Señora de la Asunción del año del Nacimiento del Señor” es porque en este día fue la primera celebración que en este convento se hizo de los divinos oficios. Refiérese también que de los señores que se hallaron presentes a ver principiar dicha obra, y a vista de tan milagroso caso como va expresado fue el primero, que echó una joya de oro en la zanja del edificio el Conde de Nieva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4r] En el referido día de la víspera de Nuestra Señora de la Asunción que va citado se celebraron los divinos oficios primera vez en este convento, año de mil y quinientos y siete, porque se cuenta desde él su fundación; tomaron de mano de la dicha nuestra venerable fundadora, María de Santo Domingo, el santo hábito en esta santa casa sus dos hermanas, la madre [[María de la Asunción]] y la madre María de los Santos, llevándose estas tres hermanas siempre la primacía de fundar y vivir, tomando el santo hábito, en este misterioso convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose tanto la loable fama y grandeza de este monasterio, así en virtud como en el dilatado número de religiosas, que muchas personas ilustres y de calidad traían a él sus hijas y deudas, no solamente de estos reinos, sino es también de los extraños y extranjeros, por haber habido tiempo en que se hallaron hasta en número de trescientas religiosas, como consta por testimonio de escribano público que está en depósito; entre las cuales hubo algunas naturales de Jerusalén, una de Belén que se llamó Sor María del Pesebre, otras de Roma, de Sevilla, de Murcia, de Lorca, de Calatayud, Logroño y Victoria, y finalmente de todas las partes de estos reinos. Y testigos fidedignos refieren que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres y niñas desde cuatro, cinco y seis años arriba, hijas de perso- [fol. 4v] nas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, no causando admiración a vista de la virtud de nuestra fundadora, cuya loable fama se extendió generalmente por todas las partes, no solo de su religión, sino de todas demás, como lo refiere la nota del capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo General el Reverendísimo P. fray Tomás de Vio Cayetano, por los años de mil quinientos y ocho, escribiendo en la ciudad de Barcelona en el convento de la religión dedicado a Santa Catalina Mártir, en uno de los tomos de sus escritos, al folio setenta y tres, da la noticia siguiente, diciendo así: “Que en España florecía en aquellos tiempos una virgen cuyo nombre era Sor María de Santo Domingo, admirable y maravillosa criatura en virtud y santidad; corría tanto crédito y estimación, no solo en su religión y en las demás, sino es que tanto se extendió y dilató por sus prendas en virtud y santidad, que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas para que con su gran ejemplo y enseñanza saliesen muy aprovechadas en todo. Por cuya causa, viéndose con tantas niñas, deseando sirviesen a Dios y por cumplimiento de su grande obligación, fundó un convento en un desierto, cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía más de trescientas vírge- [fol. 5r] nes, que faltaban muy pocas para cuatrocientas, y todas nobles y de esclarecida prosapia, sangre y linaje, las cuales vivían con grande y singular observancia, y con tan gran fervor y espíritu que, siendo todas, como llevo dicho, tiernas en edad y en sangre nobles, menospreciando las comidas delicadas y regaladas de sus casas tenían por su mayor regalo pan, agua y ceniza, y por su honesta, dichosa y gustosa vestidura lana y lino, todo lo cual para vestirse por dentro y fuera lo fabricaban en todo y por todo dichas niñas vírgenes por sus delicadas manos, como es hilar el lino, tejerlo, etc., peinar la lana, hilarla, y tejer los paños para vestirse, añadiendo a esto gran austeridad, no menos penitencia y singular dolor con no pocas lágrimas, etc”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así se dice ser cierto que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífice, y obediente pasó adonde estaba, y habló con su Beatitud, como consta de un privilegio que está en el depósito de este convento, su data en Zaragoza a veinte y cinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos, en que concedió Su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las demás gracias e indulgencias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento, fundado por dicha nuestra fundadora, es de beatas de la Tercera Regla de N. P. S. Domingo. Y no solo [fol. 5v] concedió esta gracia Su Santidad, sino es otras muchas a este convento y religiosas por medio de nuestra fundadora, cuyo valor y espíritu fue tan grande que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con Su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento. Y siendo el Papa León Décimo el que en aquel tiempo presidía en la Iglesia, hizo a nuestra fundadora y este convento grandes favores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los primeros principios de la fundación de dicho convento puso la orden por vicario de él al P. fray Juan de Azcona, de buena memoria. Fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir un santo; y en esta opinión y veneración le tenían las religiosas: era de grande oración y recogimiento sin que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas. Y el año de mil y quinientos y veinte fue dicho padre a Jerusalén y a Roma y trajo a este convento muchas reliquias, entre las cuales trajo la insignia y reliquia que tiene de la costilla de nuestra madre Santa Catalina de Sena, que le dio el Papa León Décimo en dos de abril de mil y quinientos veinte años, como parece por una bula [fol. 6r] suya que está en el depósito. Es tan milagrosa dicha reliquia que, llegando dicho padre con ella al convento, hizo Dios Nuestro Señor un milagro por intercesión de nuestra madre Santa Catalina, como fue el sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al receptorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y doce hizo otro milagro esta preciosa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que padecía proplejía y estaba perlática y sin poder hablar, por señas en la forma que pudo pidió la trajesen la costilla de nuestra madre y, poniéndosela en la boca, al punto habló y quedó sana. Otra religiosa, habiendo propuesto de no confesarse con un religioso de la orden por cierto enfado que con él tuvo, y echádose muchas maldiciones, y entre ellas que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesase, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal y que parecía tener la lengua pegada sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a nuestra fundadora, es cierto puso tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo [fol. 6v] material de la casa sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la Regla y Constitución y Constituciones de la Orden, como en ella está escrita y ha durado y durará hasta nuestros tiempos y mucho más, porque ahora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mujeres en el dicho convento; ayunan a pan y agua toda la Cuaresma, y tres días en la semana, y en todo lo demás hay mucha religión y observancia, y después de dichos ayunos de Cuaresma que observan la mayor parte de religiosas y demás del convento, y otras abstinencias con mucha oración y continuado coro, divirtiendo en él casi todo el día con singular admiración: y correspondientemente en la disciplina es tan ordinario que ha sido necesario ponerlas obediencia repetidas veces para mitigarlas tan singular fervor de penitencia. Al oficio divino asisten con gran puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maitines, y en particular los días de santos, como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y aun con más puntualidad. La caridad que hay en este convento, así en lo común como en lo particular, es tan grande que, siendo este lugar de más de cien vecinos, y entre ellos más de trescientos pobres de las personas de sus familias, a todas [fol. 7r] las asisten y mantiene el convento y religiosas, dejando estas la mayor parte de sus raciones y sustento por acudir no solo al socorro de las necesidades de los referidos pobres de este lugar sino es también de los de fuera de él, que es una admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reconócese la mucha y singular religión que ha habido, hay, y se espera que habrá en este admirable convento, pues para fundar otros en la Provincia han sacado de él fundadoras y prioras, y en particular fueron para la Penitencia de Valladolid, y Monasterio de Corpus Christi de dicha ciudad, la madre María de los Ángeles y María de San Francisco, su hermana, que fueron de los Manriques y Toledos. Y a las Arrepentidas de la ciudad de Salamanca, a las beatas de Medina del Campo, a la Madre de Dios de Trujillo, Toro y Olmedo han ido por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernadina de Carvajal, la madre Doña Isabel de Mendoza, las madres Doña Gabriela de Guevara y María de la O del Barco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundación del dicho monasterio, su data en Roma, apud Sanctum Petrum, el año de mil quinientos y diez y siete, a diez y seis de enero, de León Décimo, en el año cuarto de su Pontificado, inviada a la fundadora, nombrándola por [fol. 7v] priora de dicho monasterio y mandando al arzobispo de Toledo, Plasencia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoricen el orden al edificio y nueva fundación de casa, y que puedan tener y tengan las religiosas vicario y religiosos de la dicha orden para que las ayuden y administren los santos sacramentos. Y así es tradición auténtica que el Reverendísimo P. General fray Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempo del R. Don Fernando y Doña Isabel ''[5]'', y recibió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Manifiéstase bien la admirable virtud y religión de nuestra fundadora por los grandes favores y mercedes que todos la hacían, con especialidad los grandes del Reino, y en particular los santos Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, que la ayudaron con sus rentas y la dieran muchas más para la fundación si ella quisiera; pero fue su intento fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las mercedes que los Reyes Católicos hicieron a esta mujer venerable, la más principal fue darla el Santo Christo que este convento tiene con tanta veneración y estima por los muchos milagros que [fol. 8r] ha obrado y obra ''[6]'': uno de los mayores es que, llevándole los Reyes Católicos en su compañía a las guerras, en una de ellas, invocando como suelen los españoles al apóstol Santiago, respondió el Santísimo Christo que no era necesario estando Él allí, y en señal de esto le quedó la boca abierta, y así se le están viendo hoy los dientes, como también se le ve la lengua, y el cielo de boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es prodigioso y milagroso caso el que han referido y publicado las madres ancianas de este convento, pues han dicho que en tiempo de Phelipe Segundo, cuando las herejías de Cazalla, por algunos días vieron sudar al Santísimo Christo y saben que uno de los religiosos le limpió el sudor del rostro con un purificador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y cinco hizo otro milagro en Soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento, y fue que tenía en un pecho un cirrio del tamaño de una naranja, y habiéndola dicho los médicos que no tenía remedio, acudió a Dios y a esta santa imagen, de quien ella era muy devota, y haciéndola una novena, al cabo de ella tocó un pañito al Santísimo Christo, y habiéndole puesto donde tenía la enfermedad, al punto sanó de forma que pudo asistir al oficio de las demás como lo tenía de costumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra religiosa llamada María de Santa Inés, que padecía cáncer en un pecho, asistiendo a su curativa un médico quedó peor, y habiendo pronosticado de muerte y sin remedio en esta [fol. 8v] enfermedad, pareciéndola a la paciente no tener otro remedio y como por imposible el sanar, acudió a tener novena al Santísimo Christo, por no verse más en manos de médicos. Y antes de acabar la dicha novena se puso un pañito tocado a dicha imagen, y inmediatamente sanó. Otros muchos y repetidos milagros ha hecho y obrado dicha imagen, que por ser tantos y no dilatar esta relación no se escriben aquí. Y siendo necesario se podrán averiguar y escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que en el convento se ha visto y experimentado, y estas señoras tienen por milagro, es que ningún mal contagioso ni pestilencia jamás ha dado en este convento: aunque le ha habido en el pueblo y han entrado en el dicho convento personas heridas, no se ha comunicado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo Christo tiene es de la cintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren decir que es de los que pintó San Lucas, y parece se echa de ver en que tiene dos dedos quebrados, que no se sabe cómo ni cuándo. Y con haber traído maestros que se han buscado de fama, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y hubo uno que dijo que le parecía ser imposible el barniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negocio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena y amabilísima compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el [fol. 9r] tiempo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oración, ayunos y disciplinas, echábase muy bien de ver en ella que tenía espíritu y gracia del Cielo, pues sin haber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y devoción que las más de las veces las movía a lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, invidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la levantó debajo de los pies muchas persecuciones, y en todas ellas mostró mucha paciencia dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte, predicando el santo fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al Cielo”. &lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora sucedió en el oficio su hermana [[María de la Asunción]], que fue tan santa como la dicha su hermana, y obtuvo el dicho oficio de priora más de treinta años, siendo muy observante en el silencio. Toda la noche o la mayor parte se le iba en oración, no comía al día más de una vez, no cenaba ni hacía colación, nunca comió carne en todo el tiempo que tuvo el hábito: echábase de ver su santidad en las pesadas burlas que el demonio la hacía, echándola algunas veces por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuciones, en particular algunas emulaciones y envidias entre sus compañeras. La muerte fue como [fol. 9v] la vida, y así está en opinión de santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra tercera hermana de nuestra fundadora, llamada María de los Santos, vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refiptorio, tiene una grande piedra labrada encima de la sepultura. El darles este entierro fue su mucha humildad y así lo pidió a las demás religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 16v] Conclúyese la relación por ahora con el manifiesto de una costumbre o devoción antigua y loable que ha observado y observa este convento, efecto de la gran virtud y santidad que en él se ha profesado y profesa, digna de que se ponga en historia; y es que, dando la primera campanada del Ave María, una de las religiosas que están en oración en el coro [fol. 17r] en voz alta y dolorida dice tres veces: “Señor, misericordia”. Pidiendo perdón de lo pasado, auxilio y favor para lo porvenir, Su Divina Majestad se sirva de comunicarnos su divina gracia, con que conseguiremos la gloria. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Salmos, 127: “Si Jehová no edifica la casa,/ en vano trabajan los que la edifican”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Parece por este aserto que esta relación no se basa en la ''Vida Manuscrita (1)'' de este Catálogo porque esa vida es también posterior al incendio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Este milagro, inspirado en Daniel 3:23-27, no aparece en los papeles del juicio recopilados por Lunas Almeida en 1930 y editados parcialmente por Sastre Varas en 1990 y 1991.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Si este dato es cierto, se aprecia que, antes de la fundación, María de Santo Domingo se dedicaba ya a la educación de niñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Evidentemente, este dato, como el del nombre del Duque de Alba que apoyó  a María de Santo Domingo o la visita de Vicente Bandelli de Castronovo [véase ''Vida Manuscrita (1)''], es erróneo pues en esa fecha los reyes habían ya muerto. Como se puede apreciar, las vidas manuscritas de María de Santo Domingo en este Catálogo beben de la misma fuente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Como se puede observar, la fama del convento no solo se debe a la virtud de la fundadora, sino también a las reliquias, el número de fundadoras que van a otros conventos, las bulas del Papa y las vidas y la penitencia de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: marzo de 2020; fecha de modificación: marzo de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Contra y 1r.JPG|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Breve y Sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de Nuestro Padre Santo Domingo, vida de su Fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad sacada del  Libro de Becerro, de Capítulos Provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos, hasta el año 1737”. Ms. Del Archivo Dominicano de la Provincia de España, sign. AHDOPE, D/A/ALD/1, 61 fols., fols. 1r-17r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve y Sumaria]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVIII compuesto entre 1736 y 1737 y que aborda la fundación del convento y su orden e individuos hasta la época en que fue escrito. El manuscrito está conservado en el Archivo Dominicano de Salamanca. Se editan las partes que se refieren a la vida de María de Santo Domingo y sus dos hermanas, [[María de la Asunción]] y María de los Santos, así como datos sobre la fundación del convento, el patronazgo de los Duques de Alba y las reliquias que en él se encuentran. Existe también una copia manuscrita, probablemente del siglo XX, en el archivo de Mosén Rubí de Ávila, que se usa en caso de duda y para el cotejo de palabras cuando el original aparece dañado o ilegible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ser una copia bastante tardía, del siglo XVIII, se moderniza la ortografía según los usos actuales (b/v, i/yj, qu/cu, c/z, s/ss, etc.), por lo que se eliminan las consonantes geminadas y se estandariza el uso de “mm” en su empleo moderno “nm”. Se normaliza la variación u/v con función vocálica y consonántica. Se respeta el grupo “mp” como en “prompto” y se respetan las grafías “ph”, “th” y “ch” en palabras como “triumpho”, “Cathalina” o “Christo”, que pueden aparecer como cultismos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han desarrollado las abreviaturas de las palabras, pero se respetan las de los títulos eclesiásticos como “N.P.S.”, aunque se expande el uso de “Me” en madre y “Sto.” y “Sta.” en santo y santa. Acentuamos las palabras, empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual, y la puntuación procede del editor, quien la moderniza siguiendo los usos contemporáneos. Se regularizan los aglomerados y se separan las palabras según el uso actual, es decir, se separan “dela”, “conella”, “deste”, o “enlos”, entre otros, que aparecen en el texto. Del mismo modo, se unen “a el” y “de el” según el uso actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] ''[1]'' '''Breve y sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de N.P.S. ''[2]'' Domingo, vida de su fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad, sacada del Libro Becerro, actas de capítulos provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos hasta el año de 1737'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prólogo===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las admirables obras de Dios es singularisíma y dignísima de toda atención y veneración la paternal providencia que ha tenido siempre de su Iglesia. En todos tiempos y edades la dio fuertes y singulares varones que, llenos del celo y honra de Dios, la protegiesen y defendiesen de los terribles asaltos del común adversario, con sus palabras, obras, escritos y admirables ejemplos, sin haber podido jamás prevalecer contra ella ni desorden tan fuerte y bien armado escuadrón. Mas aunque es tan maravillosa la Divina Providencia en los varones, mucho más lo es y más gloriosa en las mujeres, en sentido de San Pedro Damiano: (A) ''[3]'' porque cuanto más débil y frágil es el soldado, tanto más singular y glorioso es el triumpho, dice el mismo santo. &lt;br /&gt;
Muchas han sido las mujeres que, desmintiendo la flaqueza de su sexo en una y otra ley, han peleado como fuertes y valerosos campeones en defensa de la Iglesia. Unas con su sangre, otras con su doctrina y escritos, y otras finalmente con sus oraciones, ayunos, vigilias y penitencias, sin que nuestros tiempos (aunque están calamitosos) hayan carecido de tan insignes y heroicas mujeres, pues vasta para crédito de todas la ínclita y seráphica virgen Santa Theresa de Jesús, gloria del Carmelo ilustre y honra de España. Ninguno ignora el espíritu agigantando de esta insigne y prodigiosa mujer, ni el celo con que se opuso contra tan fuerte enemigo en defensa de la Iglesia: no solo con sus celestiales escritos, sino con sus oraciones, ayunos y penitencias, y las de tantas y tan ilustres hijas como dejó en los monasterios, [fol. 1v] cuando venciendo dificultades, las que miraba con un santo desprecio, por conseguir los altos fines que había premeditado serían en lo˂s˃ sucesivo de honra y gloria a Majestad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con semejante espíritu salió a la campaña la esclarecida virgen y venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora única del observantísimo y religiosísimo convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de la orden de N.P.S. Domingo. Previó, sin duda, esta singular mujer (que así la podemos llamar), la terrible batería que el demonio tenía dispuesta contra la Iglesia por medio de Martín Luthero y sus secuaces y, llena de celo y honra de la gloria de Dios, sin más riquezas que un corto matrimonio y sin más poder que el de una mujer nacida y criada en una pobre y corta aldea, se resolvió a fundar un monasterio, que en edificios, nobleza y virtud, puede competir con los más ilustres, no solo de España sino de todo el mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero lo que más le ha ennoblecido ha sido la mucha religión, virtud y santidad con que siempre han vivido las religiosas que de todas partes del mundo han venido a este convento, las cuales con sus continuas y fervorosas oraciones, con sus largos y prolijos ayunos, con sus muchas y repetidas limosnas y con sus asperísimas penitencias han sido presidio fuerte de la Iglesia o torre ínclita de David, edificada con tantos propugnáculos cuantas han sido las vírgines sagradas y demás insignes mujeres de este observantísimo convento, cuyas admirables virtudes y prodigiosas vidas debían estar escritas en láminas de bronce para eterna memoria a la posteridad. Mas es digno de todo llanto el olvido en que yace su memoria, pues, o fuese que pereciesen los papeles en la lastimosa quema que padeció este convento por los años de 1565 o, lo que más cierto es, por el poco cuidado que las antiguas, atentas solo al ejercicio de las virtudes y a tratar con Dios, ponían en esto, tenemos muy cortas noticias así de la venerable fundadora como de tantas y tan ilustres señoras que en todo siguieron su espíritu. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que atendiendo yo a esto y lo mucho que debo a este convento, por pagar en algo [fol. 2r] lo mucho que me hallo beneficiado de todas las religiosas en esta casa, me he determinado a hacer esta sumaria y relación de las que en este convento han vivido y muerto con opinión de virtud y santidad, para que del todo no perezca la buena memoria de tan insignes mujeres, pidiendo a los que me sucediesen, vayan continuando con las que en sus tiempos muriesen, pues así a menos costa podrán hacer este beneficio al convento y a toda la orden de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo y méthodo que llevaré será poner la fundación de este convento y la vida de su venerable fundadora y de las demás que hayan podido llegar a mi noticia, con todas aquellas circunstancias que puedan ceder en crédito y lustre de este convento. Valiéndome de las noticias que se hallan escritas en el libro de Becerro, sacadas de un libro antiguo, que se reservó del incendio y hoy para en poder del M.R.P. ''[4]'' Presentado Fr. Manuel Medrano, chronista general de la orden y de las actas de los capítulos provinciales, y de la constante e inmemorable tradición que siempre se ha conservado entre las religiosas, dividiendo en capítulos y secciones, según los años, para mayor claridad y distinción, protestando que en todo cuanto aquí va escrito y escribiere no es mi ánimo contravenir en nada a los decretos y sagradas determinaciones de la Iglesia. Y que las voces de santas con que muchas veces llamaré a muchas de las que aquí fuesen nombradas no tengan más fuerza, ni den más santidad que la que está determinada por la santidad de Urbano Octavo, ''[5]'' de feliz recordación. Vale. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo 1===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fúndase el convento de Santa Cruz de Aldeanueva y dase noticia de su venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Patria y nacimiento de la venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora del convento de Santa Cruz de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la diócesis de Ávila, a dos leguas de la antigua villa de Piedrahita y casi a otras dos de la del Barco, está fundado el lugar de Aldeanueva, pueblo antiguo pero corto, [fol. 2v] de pocos habitadores, y aldea pobre de la jurisdicción del Barco, aunque en nuestros tiempos bien conocida y nombrada por el Insigne Monasterio de Religiosas que edificó en ella la venerable madre Soror María de Santo Domingo. A este lugar, que por su situación puede ser remedo de los más retirados y ásperos desiertos, quiso honrar Dios con el nacimiento dichoso de esta esclarecida Virgen, que ''[6]'' fue por los años de mil cuatrocientos y ochenta, poco más o menos siendo Pontífice Sixto Cuarto y reinando en España los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel. Su padre fue un caballero natural de la nobilísima ciudad de Ávila de la ilustre y antigua familia de los Pan y Aguas ''[7]'', el cual por varios accidentes que le sobrevinieron se retiró al lugar de Aldeanueva, en donde casó con una labradora pobre y humilde, pero de honrada y limpia familia. No sabemos cómo se llamaron (descuido lastimoso de la memoria, que haya el tiempo podido borrar de ella los nombres de tan buenos padres), pero aunque no sabemos sus nombres, sabemos que fueron buenos cristianos y muy temerosos de Dios, como claramente lo manifiestan las muchas y grandes virtudes de tres hijas que les nacieron de su feliz y dichoso matrimonio, todas tres religiosas en este convento y todas tres santas, como después veremos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la primogénita y en todo primera fue nuestra venerable fundadora, a quien llamaron María en el bautismo, a que ella añadió después el renombre de Santo Domingo. Es constante y segura tradición que, luego que nació, quiso el Cielo dar testimonio de lo que en adelante había de ser, pues aseguran que algunas personas (virtuosas serían) predijeron a su padre que la recién nacida sería mujer insigne de grandes y singulares prendas, por las cuales lograría la gracia y favor de los reyes y señores de la tierra, vaticinio que entonces no se apreciaría y después lo verificó la experiencia. De la crianza de nuestra niña no tenemos noticia alguna, pero no pu[e]de haber duda en que la criarían sus padres muy christianamente y con mucho temor de Dios, y que, desde muy tierna edad, se aplicó a los ejercicios de virtudes y mortificación, por los cuales mereció que Dios hiciese con ella un singular prodigio, porque, cayendo en un grande incendio, salió de él libre y sin lesión alguna, como los tres niños del horno de Babilonia ''[8]''. Y aunque no nos dicen qué edad tenía cuando hizo Nuestro Señor con ella este milagro, parece más verosímil sería en su niñez, por ser aquella edad más propia para semejantes acasos y por no haber memoria en el convento sucediese en él después de fundado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3r] Mas la señal más cierta de la buena educación de nuestra niña es la mucha virtud en que empezó luego a resplandecer, y especialmente la grande caridad que en su tierno pecho ardía para con Dios y con los prójimos, porque, muertos sus piadosos padres, se aplicó no solo al cuidado y educación de sus dos hermanas, criándolas en santo temor de Dios, como después lo manifestó su mucha santidad y virtud, sino que también cuidó de enseñar y doctrinar las niñas así del lugar de Aldeanueva como de los de toda la comarca, enseñándolas ''[9]'' a tejer, coser, hilar y los demás ministerios pertenecientes a mujeres, cuidando de que supiesen leer y escribir ''[10]'' y principalmente en que fuesen bien instruidas en la doctrina christiana y santas costumbres, en lo cual consumía el patrimonio y hacienda que de sus padres había heredado y el de sus dos buenas hermanas, que, llevadas del buen ejemplo de su santa hermana, la ofrecieron gustosas su hacienda y personas para tan piadosa obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose luego por todos los lugares circunvecinos la santidad y caridad de la virgen María y de sus dos hermanas, y concurrieron innumerables personas a poner sus hijas en tan santa escuela y bajo la disciplina y buena educación de estas santas mujeres. Y no solo venían los padres a traer sus hijas a nuestra virgen María, para que las enseñase y doctrinase, de los lugares y villas cercanos, sino de las más remotas y distantes de todo el reino, porque fue tal el cuidado y aplicación de las maestras y tan grande el aprovechamiento de las discípulas que, volando por todas partes la fama de tan santa escuela, no se tenía por dichoso el que no traía sus hijas a Aldeanueva para que fuesen educadas y enseñadas por la madre María y sus dos hermanas. Y esto no solo los pobres y gente ordinaria lo practicaban solícitos del bien de sus hijas, sino los hombres más ricos y principales de España. Tan grande como esto era la virtud de la madre María y tal era su caridad, la cual no solo se extendía a educar niñas, sino que también cuidaba de los niños, procurando que saliesen tan bien doctrinados como después lo dieron a entender muchos entrando en varias religiones, en donde sirvieron a Dios y a sus prójimos, sobre lo cual hay testimonio authéntico en el depósito de este convento, por el cual consta cómo Fr. Gerónimo de San Bartholomé, religioso de N.P.S. Domingo, hijo del convento de Piedrahita, hizo donación de toda su hacienda a la madre Soror María de Santo Domingo en atención a haberle criado y doctrinado y, por sus consejos, haber sido motivo para entrar en la religión, lo que cede en grande elogio de la venerable fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] '''S. II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Dase principio a la fundación del convento de Aldeanueva y motivos porque se intituló de Santa Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre estos principios se zanjaron los primeros fundamentos del convento de Santa Cruz de Aldeanueva y este fue el medio por donde levantó Dios el espíritu varonil de la venerable madre María de Santo Domingo para fundarse, porque, viendo esta esclarecida virgen la grande multitud de niñas y mujeres que vivían bajo de su educación y doctrina y lo muy bien aplicadas que se hallaban, considerando con su grande capacidad cuán del agrado sería de Dios Nuestro Señor y aprovechamiento de aquellas almas si viviesen en clausura bajo de alguna regla y modo de vivir en comunidad, llena de confianza en Dios y movida de tan superior celo y espíritu de caridad se determinó a fundar un convento en donde viviesen todas recogidas y pudiesen mejor dedicarse a los ejercicios de oración y penitencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunicó primero su intento con los vecinos de Aldeanueva, después de haberlo tratado con Dios en la oración, resignada en su santísima voluntad y confiada en su divino paternal amor; los vecinos, movidos del mismo espíritu que su paisana, luego la franquearon gustosos y alegres sus propias casas para el sitio del monasterio, sin más precio ni interés que el que esperaban de la mano liberal de Dios por la intercesión de su sierva. Y no solo la hicieron donación de sus casas, sino que también concurrieron con sus personas y limosnas para la fábrica, dando con su celo y devoción ejemplo a los moradores del Barco, Piedrahita y demás lugares circunvecinos que ejecutasen lo mismo, como en efecto lo ejecutaron, dando a nuestra venerable María largas y crecidas limosnas para la edificación del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo hicieron los serenísimos reyes Don Fernando y Doña Isabel y otros señores grandes y títulos de estos reinos, a quienes también dio parte la madre María de Santo Domingo de sus intentos, los cuales, informados de la santidad de su vida e inspirados de Dios, la acudieron con sus copiosas limosnas, correspondiendo en lo liberal a sus grandes y piadosos corazones. Siendo los primeros y más señalados los señores Reyes Cathólicos, y a su imitación los excelentísimos Duques de Alba Don Fadrique de Toledo ''[11]'' y su excelentísima mujer, el gran prior de San Juan, Don Diego de Toledo, los Condes de Osorno, de Oropesa, de Nieva [fol. 4r] y Don García de Toledo, señor de la Horcajada y otros muchos señores, los que no solo contribuyeron a la obra con sus limosnas, sino que también quisieron hallarse presentes a principiarla. Concurriendo los excelentísimos Duques de Alba, asistidos de toda esta grandeza, al lugar de Aldeanueva para dar principio a la fundación de esta gran casa, lo que se ejecutó el día trece de septiembre del año de mil quinientos y cuatro, víspera de la exaltación de la Cruz ''[12]''; casual, pero misteriosa elección pues, asentándose la primera piedra de este convento a vista de la cruz de Christo, fue manifiesta señal del gusto y conformidad con que las religiosas de esta santa casa debían abrazar y grabar en sus corazones en todo tiempo a imitación de su celestial esposo la cruz, y que esta y la mortificación habían de ser el ti&amp;lt;e&amp;gt;mbre mayor de esta gravísima comunidad, como aun más claramente lo manifestó Nuestro Señor aquel mismo día con un evidente y prodigioso milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió, pues, que estando nuestra venerable fundadora para dar principio a la obra, y hallándose en su compañía todos los caballeros y señores que dijimos antes, al abrir los cimientos vieron todos que la primera piedra que se sacó para hacerlos estaba en forma y figura de cruz. Y admirados del suceso la partieron en diversos pedazos, sucediendo el mismo prodigio en todas cuantas partes se dividía, pues en todas se mostraba la misma señal de la cruz. Algunas piedras de estas se ven hoy en el claustro principal, según la tradición de unas a otras, con lo cual entendieron todos claramente ser voluntad de Dios que el convento tuviese por divisa la gloriosa señal de la cruz. Y así, pareciéndoles que no podían tener arbitrio contra lo que Dios tan milagrosamente mo&amp;lt;n&amp;gt;straba, le intitularon: el convento de Santa Cruz, a que añadieron el renombre de la Magdalena, sobre lo que no tenemos noticia alguna. Y solo podemos discurrir o que lo nombraron así por ser esta glorio[sí]sima santa titular de la Iglesia y patrona del lugar de Aldeanueva o, lo que más cierto es, por la mucha devoción que tenía la venerable fundadora a este singularísimo ejemplo de penitencia, el que quería proponer a todas sus hijas para que le imitasen, y para que con el amparo y patrocinio de esta amantísima ''[13]'' patrona de la orden de N.P.S. Domingo creciese en virtud, amor y penitencia el nuevo convento que fundaba debajo de la tercera orden de penitencia que fundó este santísimo patriarcha. De esta manera quiso Dios honrar los primeros principios de este convento y manifestar al mundo lo mucho que era de su agrado esta fundación, dando al mismo tiempo nuevos créditos a la [fol. 4v] santidad y opinión de su venerable fundadora y haciendo más recomendable con todos aquestos señores su persona, porque, si antes la veneraban como a mujer santa, desde entonces empezaron a celebrar por todas partes su virtud, concurriendo más gustosos y devotos a la obra con sus limosnas a vista de este prodigio, y dando la admiración lugar a la competencia sobre quién había de explicar más su devoción en poner la primera piedra, aunque se adelantó a todos el señor Conde de Nieva, arrojando a la zanja una medalla de oro en testimonio de su mucha piedad y grandeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto sucedió el referido día trece de septiembre del año de mil quinientos cuatro, aunque no se pone fundación en este día, sino en el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, porque en este día se acabó de edificar el monasterio y se empezaron a celebrar en él los ''[14]'' divinos oficios. Acabado el convento, dio luego el hábito la venerable madre María de Santo Domingo a sus hermanas, que se llamaron Soror María de la Asumpción y la madre Soror María de los Santos, las que quisieron ser las primeras en imitar a su santa hermana vistiendo el sagrado hábito, como lo habían sido en ayudarla con su patrimonio para la fábrica, mereciendo por esto el título de confundadoras de este insigne convento y el nombre de María de todas, lo que aún existe en nuestros días en memoria y crédito de otras hermanas, gozando el nombre de principal en todo la que fue madre de todas María de Santo Domingo, la cual, acabado el monasterio víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, como queda dicho, procuró luego se recogiesen en él sus dos hermanas y otras muchas de las que tenía bajo de su dirección, así grandes como niñas, y todas alegres y gustosas empezaron a celebrar los divinos oficios. Y sobre esto hoy en día se hace venerable memoria todos los años, dicho día víspera de la Asumpción, rezando en el coro con la devoción que aquí acostumbran las religiosas en oficio parvo de Nuestra Señora. Aunque no consta del modo que entonces tuvieron de rezo, parece ser más cierto que empezaron luego en sus principios a rezar el oficio canónico de la Iglesia, como se acostumbra entre las religiosas de velo negro y hoy día se observa, porque el señor Obispo de Ávila, Don Alonso Carrillo de Albornoz, les concedió licencia en ocho de julio del año siguiente de mil quinientos y ocho para que pudiesen tener en su Iglesia Sacramento con su lámpara y, aunque no dice nada de rezo, parece muy conforme que las concediese esta licencia en atención, o con la condición, a lo menos implícita de que rezasen el oficio divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 5r] Con el ejemplo, pues, de las dos santas hermanas de la venerable fundadora, tomaron luego el hábito otras muchísimas mujeres de las que estaban en su escuela, a las cuales dio la tercera regla que llaman de penitencia de N.P.S. Domingo, debajo de la cual quiso que viniesen todas, lo que ellas ejecutaron con tanto gusto y con tanto aprovechamiento de sus almas cuanto lo manifestó en breve el crecido número de religiosas que de varias partes vinieron a vivir a él, porque fue tan observante y riguroso el modo que tomaron de vivir, tal su penitencia y aspereza y tal y tanta su virtud que, volando por todas partes la buena fama del nuevo monasterio, concurrieron a porfía a tomar el hábito y a vivir en él innumerables personas no solo de estos reinos de España, sino tam[b]ién de los más extraños y remotos, porque apenas había ciudad y provincia en España de donde no haya habido aquí religiosas. Pues la[s] ha habido de Aragón, Valencia, Navarra, Sevilla, Murcia, Lorca, Calatayud, Victoria y Logroño y de otras muchas partes de este reino y también fuera de él, porque han vivido aquí algunas natu[ra]les de Jerusalén, una de Belén, que se llamó Soror María del Pesebre y otras de Roma. Creció tanto el número que llegó aun a más de trescientas religiosas, entre la cuales hubo señoras muy nobles y de la primera magnitud de España, de que se dio auto público ante escribano, que se guardó en depósito muchos años, pero hoy en día no lo hay por haberse perdido y es también cierto que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres grandes y pequeñas de cuatro a cinco años, hijas de personas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, lo que no admirará quien atentamente considerare la grande virtud y santidad de nuestra venerable fundadora y la mucha religión y observancia que plantó en su convento, cuya buena opinión se extendió largamente por todas partes, no solo de su religión, sino de todas las demás, como claramente lo da a entender la noticia siguiente que dejó escrita en uno de sus tomos el eminentísimo Cardenal Cayetano ''[15]'' el año de mil quinientos y cinco, visitando, como general que entonces era de la Orden de Predicadores, el convento de Santa Cathalina Virgen y Mártir que esta orden tiene en Barcelona, que después se insertó en el chronicon de nuestras constituciones, folio 84 en la nueva impresión, capítulo 15 y dice así: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En España florece en estos tiempos una escla- [fol. 5v] recida Virgen llamada Soror María de Santo Domingo de admirable y prodigiosa santidad, la cual empezó a correr con tanto crédito y estimación entre los suyos que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas y parientas para que con su doctrina y ejemplo fuesen en toda buena disciplina educadas, por cuya causa, viéndose con tantas niñas y deseando sirviesen a Dios con quietud y aprovechamiento de sus almas, fundó un monasterio en un lugar desierto cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía muy cerca de cuatrocientas vírgenes, todas nobles y de ilustre sangre y esclarecido linaje, las cuales empezaron a vivir con tan grande rigor y observancia y con tan singular fervor y espíritu y con tal pureza de vida que parecía renacer en ellas el antiguo fervor de la primitiva Iglesia, porque, a la verdad, era cosa maravillosa ver allí a tantas nobles y tiernas doncellas criadas con tanto regalo menospreciar las comidas delicadas y regaladas de sus casas y tener por sus mayores delicias pan y agua rociado con ceniza. Su bebida iba mezclada con las lágrimas de compunción que continuamente derramaban. Su vestido era honestísimo, no de seda ni de telas preciosas, sino paño burdo fabricado por sus tiernas manos, pues ellas mismas hilaban la lana, tejían el lino y hacían todas las cosas necesarias para vestirse, añadiendo a todo esto tan gran retiro, austeridad y penitencia que admiraba a todos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por aquí, pues, se conoce el grande, sino excesivo rigor con que se fundó este convento y los buenos y sólidos fundamentos que puso en él su venerable fundadora, y lo muy grande que era su virtud y santidad, pues ella era la primera que con su ejemplo y doctrina animaba a las demás a preservar en lo comenzado, mirándose todas en ella como en un clarísimo espejo de santidad y pureza. Era cosa digna de toda admiración ver el cuidado que todas ponían en imitarla, sin que se conociese alguna que se quisiese quedar atrás: todas corrían con tanta velocidad en seguimiento de su divino esposo que no era posible discernir cuál iba delante o cuál se quedaba atrás. Su oración era continua y fervorosa, empleando en ella mucha parte del día y casi toda la noche, la asistencia al choro era puntualísima y muy grande la devoción con que rezaban y cantaban el oficio divino; sus disciplinas y otras mortificaciones y penitencias rigurosísimas, el silencio, ayuno y todas las demás constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo observaban con tanta puntualidad y rigor que no faltaban en un ápice a lo que estaba escrito. Vivían de comunidad y, aunque no hacían profesión, como en estos tiempos, de guardar clausura, era grande el retiro que guardaban sin salir jamás de casa, sino por alguna grave necesidad, y entonces era tal su modestia y buen ejemplo que edificaban a todos los que las miraban. [Fol. 6r] Su caridad era extremada, su humildad profundísima, su paciencia admirable y, para decirlo de una vez, era tal su vida que parece había puesto Dios su mano en este convento para que fuese en todo como admirable y servido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este fue el modo de vivir que tuvieron las primeras religiosas de este convento y esta fue la observancia regular que plantó en él la venerable madre Soror María de Santo Domingo, la cual duró por muchos años y dura por la misericordia ''[16]'' hasta nuestros tiempos, porque, aunque es verdad que en algo ha faltado aquel primitivo fervor, también es cierto que al pre[se]nte es mucha la observancia y virtud con que viven en este convento las religiosas, guardando la regla y constituciones de N.P.S. Domingo con tanto rigor como en los conventos más observantes de la orden. Al oficio divino asisten con grandísima puntualidad, cantando y rezando con tanta gravedad, solemnidad y devoción que solo el oírlas puede causarla y la causa a los más indevotos y distraídos; su oración es de largas horas, pues son muy pocas en las que no haya religiosas en el choro, así de día como de noche. A esto juntan una cordial y tierna devoción al Santísimo Sacramento del altar y a la soberana emperatriz de los ángeles, María Santísima, Señora Nuestra, cantando todos los jueves los himnos del Sacramento y todos los días de fiesta el Santísimo Rosario, por el orden de sus misterios, sin otros muchos modos que las dicta su devoción para venerar al hijo y a su Madre Santísima. Son observantísimas del silencio, en los ayunos y abstinencias son extremas, porque, además de los que prescriben las constituciones, que son casi la mayor parte del año, ayunan muchas a pan y agua la mayor parte de la Cuaresma y otros días del año; las disciplinas y otras penitencias son tan rigurosas que muchas veces es necesario irles a la mano para reprimir su fervor y espíritu. Del mismo modo procuran esmerarse en la obediencia y demás virtudes, especialmente en la caridad, la que ejercitan con grandísimo cuidado y desvelo dentro y fuera del convento en común y en particular, porque dentro es admirable la asistencia que se tienen unas a otras en sus necesidades, y más particular estando enfermas, y fuera apenas hay necesidad que llegue a su noticia que no provechan luego de remediarla, de lo que pueden ser y son buenos testigos los muchos pobres que llegan a la portería, a todos los cuales siempre se les da limosna; y todos los vecinos de Aldeanueva, que, siendo todos o los más pobres, los sustenta el convento, dejando las religiosas la mayor parte de sus raciones para su mantenimiento, como claramente lo hemos visto este año de mil setecientos treinta y seis ''[17]'', en que hubieran perecido los más de su vecindad por causa de una epidemia que [fol. 6v] han padecido si no hubiera sido por la mucha caridad que han encontrado en las religiosas de este convento. Así, pues, se practica en estos días y se ha ejecutado en todos tiempos, émulas unas de otras así en la caridad como en mantener en mucha parte el antiguo rigor. Y esperamos que por los méritos de la venerable fundadora ha de durar muchos años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Gracias, favores y privilegios, que alcanzó la venerable fundadora María de Santo Domingo de los sumos pontífices, reyes y de otros señores.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los privilegios de la virtud es ser amada y favorecida de todos los que la conocen, pues, aunque muchas veces la vemos abatida y perseguida, esto solo es en cuanto no es conocida, porque, en llegándose a conocer, todos la estiman, favorecen y aman. Este privilegio tuvo en grado muy superior la venerable madre Soror María de Santo Domingo, siendo amada y querida no solo de Dios, sino también de los hombres, como dice la escritura de Moisés. Así se lo profetizaron a su padre luego que nació, según dejamos ya dicho, y así lo verificó después el tiempo y la experiencia, porque esta ''[18]'' venerable señora fue tan amada y querida de los sumos pontífices, reyes y señores de la tierra, que todos a porfía se empeñaban en favorecerla en atención a su mucha virtud y santidad, la que por todas partes era notoria y bien conocida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corría el año de mil quinientos y catorce, en el cual florecía este convento de Santa Cruz en la mayor observancia y virtud, llevándose las atenciones de todos y divulgándose por todas partes la fama de la santidad de su venerable fundadora. Llegó hasta Roma en dónde se hallaba el Papa León Décimo, que a la sazón gobernaba y regía la nave de la Iglesia. Alegrose este Santísimo Padre al oír la noticia de la santidad de la venerable María, y la mucha virtud que se profesaba en el monasterio que había fundado y, mucho más, cuando la vio en Roma ''[19]'', adonde fue ella misma en persona acompañada de otras tres de las que vivían en el convento a tratar con su santidad muchas cosas tocantes a lo espiritual y temporal de dicho convento y, lleno de gozo el Sumo Pontífice al ver que en tiempos tan calamitosos hubiese quien atendiese a las necesidades de la Iglesia, se determinó a favorecer a nuestra santa con paternal amor y afecto, concediéndola muchos y grandes privilegios para sí y para su convento. Uno de ellos se conserva hoy en el depósito de este convento, ''su data en Roma apud Sactum Petrum'' en treinta de octubre del mismo año de mil quinientos y catorce, por el cual perpetúa a nues- [fol. 7r] tra fundadora en el oficio de priora de este su convento en atención a que se conserve con su buena dirección la grande virtud, santidad y observancia regular que había puesto en este convento, que ella misma había fundado con las limosnas que para ello había buscado, mandando al Arzobispo de Toledo y a los Obispos de Plasencia, Ávila y Palencia, que la favorezcan y ayuden en todo cuanto se le ofreciere. También concede a las religiosas que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la ''[20]'' Orden de Predicadores, a cuyo cuidado estaba el convento para que las asistan y administren los sacramentos sin dependencia de los ordinarios, y últimamente las concede que puedan hacer los tres votos substanciales de pobreza, obediencia y castidad. Otra bula hay también en depósito del mismo pontífice, su data en Roma en diez y nueve de octubre de mil quinientos y veinte, para que las religiosas puedan ser veladas con las ceremonias y bendiciones que usa la Iglesia bendecir y velar a las religiosas, por la cual consta también que las religiosas hacían ya los tres votos substanciales, vivían en clausura y bajo la regla de San Agustín y las constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos estos favores y algunos más hizo el Papa León Décimo a nuestra santa fundadora. “Mas no fueron menores los que la hizo su sucesor Adriano Sexto. Hallábase Adriano en Victoria, gobernando estos reinos por el emperador Carlos Quinto, cuando fue electo Sumo Pontífice en nueve de enero del año de mil quinientos veinte y dos; y, deseoso de ver y conocer a una mujer que tanto predicaba la fama, la mandó venir a Zaragoza, en donde se hallaba de camino para Roma, lo que ejecutó nuestra venerable María con prompta obediencia, partiendo luego a Zaragoza, en donde habló a su santidad, quien la favoreció mucho y animó en sus santos propósitos, concediéndola un breve, su data en Zaragoza en seis de mayo del año de mil quinientos veinte y dos, por el cual consta el gran concepto que tenía formado de nuestra fundadora y del convento de Santa Cruz. El cual pongo aquí por[que] sea en grandísimo crédito de ella y de todas las demás religiosas. Dice, pues, así:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adriano Papa VI: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adriano Papa VI: Amada en Cristo, hija, salud y apostólica bendición. La ferviente y sincera devoción que a nos y a la Iglesia Romana tienes, y juntamente el celo de la religión, la vida ejemplar y otros dones de virtudes, con los cuales, según por relación de muchos hemos entendido, estás adornada, con razón nos mueven para que (cuanto podemos en el Señor) atendamos fervorosamente a tus súplicas, especialmente aquellas por las cuales se pueda mirar a tu consuelo espiritual. Nos hiciste manifiesto o nos diste a enten- [fol. 7v] der que, como la casa de Santa Cruz de la Magdalena del lugar de Aldeanueva, llamadas de la tercera regla de Santo Domingo de la penitencia, de la Orden de los frailes predicadores de la diócesis de Ávila, de la cual tú eres al presente priora y en la cual las sórores de la sobredicha regla ''[21]'' viven en grande y copioso número, haigan acostumbrado a hacer los tres votos substanciales, portándose en todas las cosas como ''[22]'' verdaderas monjas de la Orden de San Agustín bajo del cuidado de los dichos frailes predicadores, vivan en el servicio de Dios, y, con todo eso hasta ahora, no haigan tenido el velo negro según costumbre de dichas monjas y, por su consuelo espiritual, desean traer en adelante según costumbre de las mismas monjas el velo negro; por lo cual nos fue por tu parte humildemente suplicado que nos dignásemos con benignidad apostólica de atender favorablemente en esta parte a los deseos de las mismas sórores; nos, atendiendo favorablemente en esta parte a estos mismos deseos, por la autoridad apostólica, por el temor de las presentes, lo concedemos a ti, y que en adelante la priora que por tiempo fuese en dicha, y las sórores de la misma casa presentes y futuras puedan recibir y traer el velo negro de mano del vicario de dicha casa, que en dicho lugar por tiempo residiese o de otro cualquiera superior de dicha orden, no obstante las constituciones y ordenaciones apostólicas, ni los estatutos y costumbres de dicha regla, roborados con juramento o con firma apostólica o con cualquiera otra firmeza ni cualquiera otras cosas en contrario. Dado en Zaragoza, ''sub annulo Piscatoris die VI maji'' de mil quinientos veinte y dos, primero después que tomamos el oficio apostólico’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por este breve del Papa Adriano, se conoce claramente la grande opinión y fama de santidad que tenía nuestra venerable fundadora, y la mucha observancia y religión que había en el convento que había fundado, y el grande concepto en que estaban todas las religiosas con su santidad, sin que sean necesarios más testigos de la mucha virtud así de la fundadora como del convento que la dicha bula leída con atención”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estos privilegios y bulas consta caramente cómo este convento se fundó como beaterio solamente y del mismo modo que casi por aquellos tiempos se fundó el beaterio de Piedrahita y hoy en día se conserva, y que las religiosas que en aquel tiempo tomaban el hábito no eran, ni se podían llamar, verdaderas monjas, ni eran propiamente religiosas, sino beatas o sórores de la tercera orden de la penitencia de N.P.S. Domingo, porque ni hacían los tres votos substanciales, que son los que constituyen religión, ni traían velo [fol. 8r] negro, ni estaban exemptas de la jurisdicción del ordinario. Pues todo esto lo tuvieron después por privilegio y concesión de León Décimo, como parece por las bulas, que ya van citadas; pero también ''[23]'' es cierto que hoy día no son beatas ni se pueden llamar tales, sí monjas y religiosas verdaderas, porque hacen los tres votos solemnes y no simples, como puede ser que digan algunos, pues esto es contra la mente del pontífice, traer velo negro y estar exemptas de los ordinarios y gozar de todos los favores, privilegios y gracias que gozan todas las que son verdaderas religiosas, sin que obste contra esto el que no profesan clausura y el que en la profesión se llaman sórores beatas de Santa Cathalina de Sena, porque a esto se dice que la clausura no es substancia de la religión, sino un accidente muy conducente al estado religioso mandado observar por los sumos pontífices. Pues antes de San Pío Quinto ''[24]'' y del Concilio de Trento había verdaderas monjas y religiosas y no había clausura, y hoy las hay en muchas partes. Y a lo de la profesión se responde con decir que es para mayor claridad, pues con decir que se obligan a guardar la tercera regla de penitencia de Santo Domingo, basta para saber que deben de guardar solo la tercera regla y no la primera ni segunda, y parece solo para dar a entender, no que son beatas en la substancia, sino que solo deban observar las constituciones que observan las beatas, pero en lo demás son y deben llamarse verdaderas monjas y religiosas como más abajo veremos por el breve de Adriano Sexto, que ya antecede.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Últimamente consta de sus bulas cómo este convento fue recibido a la orden muy a los principios de su fundación, y que las religiosas o beatas se sujetaron muy presto a la religión de predicadores, la que les puso luego religiosos que las asistiesen y cuidasen de ellas. Porque en la primera bula que dio León Décimo el año de mil quinientos y catorce dice que el convento estaba ya bajo del cuidado de los frailes predicadores, lo mismo dice en la que dio el año de mil quinientos y veinte. Y habiéndose finalizado el convento el año de mil quinientos y siete, parece que muy a los principios se sujetó a la religión, pero no consta de cierto qué año fue, ni en tiempo de qué general, porque, aunque dice el libro antiguo de la fundación de este convento de que l[a] tradición autentica que el Rmo. P. General Fr. Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempos del rey Don Fernando y Doña Isabel y le recibió a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil quinientos diez y nueve, esto ni es cierto ni viene probabilidad de verdad: lo uno porque el Rey Cathólico Don Fernando murió el enero de mil quinientos diez y seis y la Reina Doña Isabel había muerto algunos años antes, con que no pudo ser el año de diez y nueve, y lo otro, porque el Rmo. Bandelo murió en el convento de Montealto del Reino de Calabria el día vein- [fol. 8v] te ''[25]'' y siete de agosto del año de mil quinientos y siete (consta en el chronicon de la orden, folio 49, cap. 15, s. Hic igitur), en el cual tiempo apenas se había acabado de fundar este convento, según dejamos dicho, con que es cierto que el Rmo. Bandelo ni visitó este convento ni pudo recibirlo a la orden. Y también parece cierto que no pudo ser el año de diez y nueve, con que, atendiendo a lo que dice el Papa en su bula, parece más cierto que este convento fue admitido por la religión el año de doce o trece, en el cual tiempo era general el Rmo. P. Fr. Thomas de Vio Cayetano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos privilegios concedió este pontífice sobre curatos y beneficios a este convento, los que se guardan en depósito, por todos los cuales consta la grande estimación que hizo León Décimo de nuestra venerable fundadora y lo mucho que favoreció a este su convento. Mas, entre tantos favores como le hizo, es singularísimo haberle enviado en dos de abril del año de mil quinientos y veinte una costilla de la seráfica madre Santa Cathalina de Sena, cuya auténtica se conserva en el depósito. Esta grande y preciosa reliquia mandó su santidad extraer del convento de la Minerva de Roma, en donde está el cuerpo de la seráphica madre, y se la entregó al P. Fr. Juan de Azcona ''[26]'' para que la trajese al convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, a quien hizo donación de dicha reliquia como consta de su bula que se guarda en depósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el P. Fr. Juan de Azcona el primer vicario que puso en este convento la religión. Fue varón de mucha virtud y en todo muy religioso, de mucha oración y retiro, sin que esto le impidiese el atender al convento de las religiosas, predicándolas y confesándolas, y tan observante en todo que fue tenido siempre por todas las religiosas en opinión de santo. Tuvo este santo religioso devoción de visitar los santos lugares de Jerusalén y Roma y fue a cumplir con su devoción el año de mil quinientos y veinte. De vuelta trajo a este convento muchas reliquias y, entre ellas, la costilla de Santa Cathalina, como va dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ella ha sido Dios servido de hacer muchos milagros, porque lo primero, llegando dicho padre con ella a este convento y aplicada a una religiosa tullida, quedó luego enteramente sana, y en prueba de ello fue al instante al refectorio a servir a las demás. En el año de mil seiscientos y doce padecía otra religiosa mal de proplegía, estaba perlática y, no pudiendo hablar, pidió por señas, y en la mejor forma que pudo, que la llevasen la costilla de su madre Santa Cathalina: hiciéronlo así las enfermeras y, aplicándosela a la boca, luego al punto habló y quedó del todo sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9r] Otra religiosa, por cierto enfado que tuvo con un religioso de la orden, propuso de no confesarse con él jamás, sobre lo que llevada del enojo se echó algunas maldiciones, y entre ellas dijo que la lengua se la pegase al paladar si con él se confesase. ¡Caso raro, por cierto! Lo mismo fue pronunciar las dichas palabras que experimentar sobre sí la justicia divina: estando buena y sana, en un instante la acometió un mal tan grande que parecía tener la lengua pegada al paladar sin poder casi hablar, pero, como podía, daba a entender que se ahogaba, lo cual, visto por las religiosas, la encomendaron a Santa Cathalina de Sena y, tocándola la boca con su sagrada costilla, quedó del todo sana y al punto se confesó con el religioso. Otros muchos milagros ha hecho Dios por esta preciosa reliquia, por los cuales y por ser cosa tan preciosa la tienen las religiosas con mucha veneración y devoción, exponiéndola el día de su fiesta a la adoración del pueblo que, devoto, concurre a encomendarse a la santa.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. IIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Mercedes que hicieron los reyes y señores del reino a nuestra venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo fue estimada y favorecida la venerable madre Soror María de Santo Domingo de los sumos pontífices, sino que también fue muy querida y venerada de los reyes, grandes y señores de España. Éranlo a la sazón que ella fundó su convento los cathólicos y piadosos reyes Don Fernando y Doña Isabel, de buena memoria, los que, como tan amantes y aficionados a las personas virtuosas y a todo género de obras piadosas, conociendo la mucha virtud de la venerable María y su piadoso ánimo en fundar un convento que había de ser de tanto agrado a Dios, la empezaron a favorecer con larga mano, dándola muy crecidas limosnas para la fábrica y ayudándola con su patrocinio en cuanto hubiese de menester, lo que continuaron después de fundado el convento con tan grande liberalidad que, si ella hubiera aceptado las limosnas y rentas que la daban, fuera este convento de los más opulentos y ricos de todo el reino. Mas, como no eran sus intentos dejar a sus hijas ricas de bienes del mundo, sino pobres y desnudas por Christo para lograr solo las riquezas del Cielo, renunció con modestia y humildad todas las rentas que la ofrecían, aunque por atención a tan piadosos príncipes aceptó una limosna anual de cien ducados que la daban sus altezas, sin más carga que los encomendasen a [fol. 9v] Dios las religiosas, lo que continuaron por todos los días de su vida, y después sus hijos y nietos Don Phelipe Primero, el emperador Don Carlos, Don Phelipe Segundo, Tercero y Cuarto.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas, adonde se conoció el alto concepto que tenían estos serenísimos reyes de la virtud y santidad de nuestra venerable fundadora, fue en darla una riquísima joya muy de su estimación, y que luego ella aceptó de buena gana y con más gusto que todas las riquezas y rentas que la daban, como fue la imagen del Santísimo Cristo de las Batallas, que hoy se venera en este convento, alhaja tan preciosa y de tan grande estimación para las religiosas que no la trocaran por todas las joyas y riquezas del mundo. Esta hermosísima y prodigiosa imagen la traían los Reyes Cathólicos en sus reales en todas las fuerzas y batallas que contra los moros hubieron, que por eso la intitularon el Santísimo Cristo de las Batallas, con cuyo título hoy día se venera. A su continuo, cuanto milagroso, patrocinio debieron estos cathólicos príncipes sus mayores conquistas, como claramente lo manifestó su Majestad con un evidente y singular milagro ''[27]'', porque, estando para dar una batalla y llamando e invocando los españoles en su ayuda, según tienen de costumbre, al Apóstol Santiago, patrón de España, habló el Santísimo Christo, diciendo en voz clara y que percibieron todos que no era necesario otro socorro estando Él allí ''[28]'', lo cual, publicado por todo el ejército, fue causa para que en adelante fuese tenida en mayor veneración la sagrada imagen y, en señal de este maravilloso suceso, se quedó con la boca abierta, como hoy en día se advierte, registrándosele los dientes, la lengua y todo el cielo de la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro prodigio se vio también en esta sagrada imagen en tiempo del señor Phelipe Segundo, cuando Cazalla ''[29]'' andaba diseminando sus perversos dogmas y herejías por Castilla, porque por algunos días sudó el Santísimo Christo, como fue visto y notado por todas las religiosas y religiosos, de los cuales uno limpió el sudor del divino rostro con un purificador, y de esto hay pública e inconcusa tradición entre las religiosas y de madres a hijas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por los años de mil seiscientos y cinco obró otro milagro con una religiosa de este convento llamada Sor María de la Natividad. Padecía esta en un pecho un cancro del tamaño ''[30]'' de una naranja. Curáronla los médicos y cirujanos con todo cuidado, pero, viendo lo poco que aprovecharon los remedios que la aplicaban, conocieron no tener cura la herida y así se lo dijeron a la religiosa, la cual, llena de fe, acudió a buscar el remedio de su necesidad en esta sagrada imagen, de quien era devotísima; y no se halla frustrada su esperanza [fol. 10r] porque, acabada una novena que hizo al Santísimo Cristo, tocó en el último día un pañito a la sagrada imagen y se lo puso sobre el pecho herido, y luego al punto se halló sana y libre de su enfermedad, acudiendo al choro a dar gracias a Dios, y a los demás oficios como lo tenía de costumbre. Igual, también sanó, acudiendo a la misma imagen, otra religiosa llamada Soror María de Santa Inés, de un cáncer que padecía en el pecho. No pudo el médico ni cirujano atajar este tan penoso mal por más remedios que la hicieron; antes, con ellos se ponía peor, y tanto que llegaron a desahuciarla, mas no por eso perdió la religiosa la esperanza de remedio, acudiendo al médico divino por esta su sagrada imagen. Y fue tal su fe que, antes de acabar una novena que hacía para impetrar su misericordia, se halló del todo sana y restituida a su antigua salud, con solo haber puesto sobre la llaga un pañito tocado a la sagrada imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros está haciendo continuamente esta prodigiosa imagen dentro y fuera del convento, que, por ser tan notorios, los podrá averiguar fácilmente el que quisiere saberlos y no se ponen aquí por no hacer más profusa esta relación. Pero no puedo omitir un prodigio visto y experimentado, y por tal tenido por todas las señoras de este convento, y es que, desde que en él está esta sacratísima imagen, no ha entrado dentro de las puertas del convento peste ni otro algún mal contagioso. Y esto aunque lo haya habido en los lugares circunvecinos y en el mismo Aldeanueva, ni se ha conocido jamás pegarse a alguna religiosa o seglar del convento, aunque hayan entrado en él personas heridas del contagio. ¡Prodigio grande por cierto! el cual hemos experimentado este año de mil setecientos treinta y seis. Pues, habiendo padecido los lugares circunvecinos una prolija y contagiosa enfermedad, y habiendo entrado en el mismo lugar de Aldeanueva, de la cual han muerto muchas personas y casi todas la han padecido, no solo no ha entrado en el convento sino que parece que jamás han estado las religiosas y seglares más sanas como en este tiempo, con ser así que cada instante están los convalecientes tratando con las religiosas el remedio de sus necesidades, lavándolas la ropa, y haber durado desde enero hasta hoy, veinte y nueve de octubre, en que esto se escribe, en el cual día son muchos los que hay en las casas bien malos, y lo que más es, que esto mismo se experimenta con los criados del convento, los cuales también han reservado la enfermedad, todo lo cual se atribuye a milagro [fol. 10v] del Santísimo Christo, como lo dice el mismo médico. Bendito sea su Majestad por siempre jamás, porque así atiende y mira por sus siervas. Por esto, pues, es venerado con singular devoción no solo de las religiosas y vecinos de Aldeanueva, sino de todos los lugares alrededor: Barco, Piedrahita y de muchas leguas más allá, de donde acuden a venerar esta milagrosa imagen un numeroso concurso el día segundo de Pentecostés, día en que esta religiosa comunidad le hace la fiesta, sin que en lo restante del año dejen también de venir a implorar el auxilio divino y a buscar el remedio a todas sus necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo tiene es de Nazareno de la cintura arriba, corona de espinas y cruz a cuestas; el rostro es hermosísimo y devotísimo, y es común voz entre las religiosas que muda colores. Dicen que le pintó San Lucas, y confírmanlo porque, habiendo traído los maestros más afamados para ver si le podían poner dos dedos que le faltan, sin saber cómo y de cuándo, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y aun uno dijo que le parecía que la encarnación y barniz que tenía le parecía imposible fuese obra de la tierra, sino negocio más que humano. Esta joya tan preciosa dieron los santos Reyes Cathólicos a este convento, en lo cual se conoce la grande estimación que tenían a su venerable fundadora. Por esto vive y vivirá entre las religiosas su memoria, encomendándolos a Dios continuamente en todas sus oraciones. Con el ejemplo de tan piadosos príncipes, hicieron lo mismo los grandes y señores del reino, favoreciendo con nobles y christianos ánimos a la venerable María, así en la fábrica del convento como en el sustento de las religiosas, aunque la venerable madre tomaba, como dijimos arriba, solo lo necesario y preciso, porque quería más pobres que ricas a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fundadoras que han salido de este convento para otros y muerte de la venerable fundadora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los elogios de este insigne convento no es el menor el haber sido madre de otros muchos y el haber salido de él muchas religiosas a fundar otros monasterios en diversas partes, porque, era tal el crédito que tenía la venerable María de Santo Domingo por toda España y tal la fama del convento que había fundado, que otros señores y señoras, deseosos del bien de las almas, se determinaron con su ejemplo a fundar otros beaterios y conventos con sus rentas, para lo cual sacaron de este convento de Santa Cruz de Aldeanueva, con licencia de los prelados de la orden, muchas religiosas por prioras y fundadoras de los nuevos monaste- [fol. 11r] rios, pareciéndoles, y bien, que para plantar en cualquiera parte la observancia regular y la vida religiosa eran las más propias las madres de esta casa. De estas fueron a los conventos de San Phelipe de la Penitencia y Corpus Christi de Valladolid la madre Soror María de los Ángeles y su hermana la madre Soror María de San Francisco, señoras en el siglo nobilísimas de la casa de los Manriques y Toledos, en la religión religiosas de especialísima virtud, como después diremos. También fueron por prioras a los conventos de la Penitencia de Salamanca, de las Fajardas de Medina del Campo, Trujillo, Toro y Olmedo, las madres Soror Bernardina de Carvajal, Soror Isabel de Mendoza, Soror Gabriela de Guevara y Soror María de la Orden del Barco, todas religiosas de gran virtud y proprísimas ''[31]'' para el intento de fundar y reformar conventos, como se vio por la experiencia, porque en muchos conventos restituyeron a su antiguo rigor la observancia regular y en otros la plantaron de nuevo con grande alegría de los prelados de la religión, que miraban en cada señora de estas el espíritu y fervor de la venerable María de Santo Domingo, y en cada uno de estos conventos que les cupo esta fortuna, el mismo rigor, virtud y observancia que en el convento de Santa Cruz de Aldeanueva había impuesto su fundadora, ese plantaron y recibieron gustosas las que lograron ser súbditas de tales preladas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto se debió a la grande virtud y santidad de la venerable María de Santo Domingo y a aquel grande espíritu con que Dios la dotó, el cual procuró introducir en todas sus hijas a costa de mucha oración, ayunos, disciplinas y otras muchas mortificaciones y penitencias, que ejecutaba con tan grande fervor que obligaba a las más tibias a ser fervorosas. Toda su vida fue un continuo movimiento para el Cielo: era la primera en todos los ejercicios y oficios de la comunidad, sin que jamás quisiese admitir dispensación alguna por más débil y cansada que se hallase. Su oración fue continua y fervorosa, sus ayunos, disciplinas y asperezas fueron rigurosísimas. Su espíritu y fervor era tan conocido entre las religiosas que jamás la oyeron plática alguna, de las muchas que las hacía, que no se moviesen a ternura, devoción y lágrimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era humildísima, pues, siendo madre de todas, se tenía por la más inferior y vil criatura. Fue extremada su pobreza, y conociose en no querer admitir las rentas y riquezas que la daban los reyes y señores de España. Su castidad fue tan grande que la movió y estimuló a fundar este convento, para el bien de los prójimos. Finalmente en todas las virtudes fue singular, pero especialmente la dotó Dios de una muy rara paciencia, con la cual sufrió y toleró con ánimo firme y constante muchas [fol. 11v] y grandes contradicciones y persecuciones que tuvo. Porque dejando aparte las muchas que padecería en la fundación de este convento, pareciéndoles a muchos locura y desatino su celo y espíritu, fueron grandes y terribles las que el demonio, envidioso del mucho fruto que hacía en las almas, levantó contra ella en los últimos años de su vida. No nos dice la historia cómo fueron estas persecuciones, pero puede creerse que serían a medida de la rabia que tenía este infernal enemigo contra ella, procurando, por todos los modos que le dictaba su astucia, derribar su constancia y mover su espíritu a impaciencia, porque, alentada su alma de la gracia divina, se dejaba toda en las manos de Dios sin dar el más leve indicio de indignación, impaciencia ni turbación. Pues, como el Señor la quería acrisolar, permitió al demonio la tentase por varios modos, pero nunca, por más que hizo, la halló inconstante y sí, siempre, muy conforme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así pues, purificada y acrisolada como oro finísimo nuestra santa en el fuego del amor y aguas de la tribulación, salió su purísima alma del cuerpo para entrar en las moradas eternas, como piadosamente podemos creer, en donde goza y gozará para siempre el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Fue su muerte muy sentida y llorada de todas sus hijas, aunque templaba el dolor el saber la tenían en el Cielo por abogada. Su cuerpo le enterraron a la puerta del refectorio, como ella lo había pedido por su mucha humildad, en donde espera la universal resurrección en compañía de sus dos hermanas. Fue mujer singularísima y en todo rara, amada de Dios y de los hombres, celosísima del bien de las almas y de admirable e inculpable vida, por lo cual no parece puede haber duda en que está gozando de inmensa gloria, como se lo reveló Dios al venerable P. Fr. Juan de Azcona, su confesor ''[32]'', el cual, predicando al siguiente día de su muerte, dijo en medio del sermón: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al cielo”, palabras que templaron en todo las lágrimas de sus hijas. No tenemos noticia si después de muerta obró Dios algunos prodigios por su intercesión, pues es creíble no dejaría el Cielo de dar algún testimonio de su santidad cuando, viviendo en este mundo, le dio bien claro: porque todo cuanto tomaba en las manos se aumentaba y crecía a medida de las necesidades que pedían prompto socorro, pero el mayor testimonio que tenemos de su santidad es la mucha religión y virtud que siempre ha habido y al presente hay en este convento, lo que podemos atribuir piadosamente a los singulares méritos y poderosa intercesión para con el Todopoderoso de su santa fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo 2 ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 12r] '''S. I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Elección de priora que se hizo en la venerable madre Soror María de la Asumpción y sus admirables virtudes y trabajos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy ''[33]'' sentidas y lastimadas quedaron las venerables religiosas de este ilustre convento de Santa Cruz de Aldeanueva con la muerte de su santa fundadora, la madre Soror María de Santo Domingo. Era esta gran sierva de Dios, madre amantísima de todas y alma y corazón de todo aquel gran cuerpo religioso y, como al ausentarse el alma del cuerpo es natural el sentimiento en todos los miembros, así fue muy justo y muy debido el llanto en todas aquellas queridas hijas por la muerte de su amantísima madre y por la falta de su corazón y de toda su alma. Trataron, luego que depositaron su venerable cadáver en el sepulchro, de darla sucesora y de elegir priora de toda aquella observantísima comunidad, en lo que hubo poco que discurrir, atendida la prudencia humana. Pues, aunque había muchas merecedoras de esta honra por su nobleza, virtud y méritos, a todas les pareció, y bien fundadas, que ninguna mejor podía ocupar mejor la silla y llenar el vacío de tan gran madre como su hermana la venerable María de la Asumpción, por lo cual de común consentimiento fue elegida (aunque con repugnancia suya) por priora, madre y maestra de toda aquella religiosísima comunidad, con tan grande aplauso y regocijo de todas aquellas siervas de Dios que sola esta elección fue bastante para mitigar su dolor y enjugar las lágrimas por la pérdida antecedente. No obstante lo que va referido, no parece ser lo más cierto el que sucediese en el oficio de priora a la venerable fundadora su hermana María de la Asum[p]ción, pues consta por algunas escrituras que existen en depósito haberla seguido la madre María de San Christóbal, ni se halla en dichas escrituras, siendo muy antiguas, la madre Asumpción priora hasta el año de mil quinientos cuarenta y uno ''[34]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cierto e indubitable es que la venerable madre María de la Asumpción fue hermana por naturaleza de nuestra santa fundadora y fuelo también por la gracia, pues fue tan gran sierva de Dios como ella. Debió lo principal de su virtud a la buena y santa educación de su venerable hermana, porque, habiendo muerto sus padres en lo más tierno de su niñez, quedó bajo la tutoría y disciplina de su hermana mayor, la madre María de Santo Domingo, como ya queda dicho arriba. Procuró esta santa mujer, luego que se encargó de su crianza, apartar de su corazón el amor al mundo y a sus vanidades [fol. 12v] y falacias, criándola con grande temor de Dios y tan grande amor a la virtud, retiro y soledad como después lo declaró lo prodigioso de su vida y lo heroico de sus admirables virtudes. Luego que la edad lo permitió, se dedicó al bien y utilidad de las almas, ayudando a su santa hermana en aquel laborioso y caritativo ministerio de educar y enseñar niñas y niños, con tan singular espíritu y fervor que en nada se echaba menos el de su santa hermana. Ella era la que cuidaba de darlas lección, de enseñarles la doctrina christiana, del aseo y limpieza de todas y, sobre todo, de que fuesen buenas christianas, y sirviesen a Dios, lo que hacía más con su ejemplo que con sus palabras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así empleó esta santa mujer los primeros años de su vida hasta que, fundado el convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, fue la primera que se encerró en él y tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo en el año de mil quinientos y siete de manos de su santa hermana nuestra venerable fundadora, la víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, circunstancia que pudo ser ocasión de llamarse Soror María de la Asumpción y que la hizo su cofundadora de este ilustre convento, no solo por haber empleado su patrimonio en su fundación, sino por haber sido la primera que siguió en todo las pisadas de su venerable fundadora. Luego que se vio con el santo hábito, reconoció que tenía mayor obligación de servir a Dios que antes y, ayudado su espíritu de la gracia divina, empezó una vida tan penitente, tan austera y tan mortificada que fue un vivo retrato y ejemplar de su santa hermana. &lt;br /&gt;
Era observantísima de sus leyes y constituciones, jamás comió carne desde que tomó el hábito, sus ayunos eran como los de la primitiva Iglesia, porque solo comía una vez al día, y eso con singular templanza. Nunca cenaba, ni hacía colación, su cama era el duro suelo; cuando mucho, usaba de una tabla. Sus disciplinas, silicios y penitencias eran tales que horrorizaban a todas las religiosas. En el silencio y retiro era extremada, no hablaba sino cuando la necesidad lo pedía y, en fin, era tal su vida que parecía haber renacido en ella el espíritu penitente de la seráfica virgen Santa Cathalina de Sena. Con tan extremada penitencia y aspereza de vida, conservó su alma limpia de toda culpa, adornándola de muchas y singulares virtudes, porque era humildísima, y tanto, que siendo su vida angelical, le parecía ser la mayor pecadora del mundo y por tal quería ser tratada de todas. Su paciencia fue admirable, como después veremos, su obediencia ciega, su mansedumbre rara, y sobre todo su caridad y conmiseración para con los prójimos fue tal que por todos los medios procuraba el remedio de sus necesidades, así espirituales como temporales. A todas estas virtudes juntaba una prudencia grande, [fol. 13r] con la cual trataba con singular destreza los negocios, así de casa como fuera de ella, de que tuvieron las religiosas larga experiencia en las diligencias que practicaba su hermana y para las que hacía dilatadas ausencias. No siendo menos la afabilidad que tenía para con todos, por lo cual dominaba de tal manera los corazones de todas aquellas venerables mujeres que, muerta su santa hermana, fue al punto elegida sin oposición ni contradicción alguna por priora de esta casa, y fue la segunda que hubo en ella según la más cierta tradición, y es muy creíble fuese así, no obstante lo que refieren las escrituras antiguas, pues, atendiendo a los méritos de la difunta fundadora, su hermana, y a que por su conocida virtud no lo desmerecía y que a las religiosas no les tiraría la carne y sangre, se debe creer así lo hiciesen.&lt;br /&gt;
No resplandeció menos su virtud siendo priora que siendo súbdita. Antes, si como luz colocada sobre el candelero empezó a arrojar tales resplandores que obscurecían las muchas luces que había en esta gran casa, porque así como la luz del sol al medio día no deja brillar a las estrellas, así la mística luz de esta gran sierva de Dios ocultaba con sus rayos los resplandores de tantas estrellas como había en este gran firmamento dominicano, no porque dejasen de ser luces, sino porque era mayor y más tersa la luz de su venerable prelada. Era la primera en todo: sin jamás admitir dispensación alguna por enfermedad y ni por otra cualquiera causa, en los oficios más humildes y bajos del convento estaba como la más humilde novicia. A todas animaba, a todas consolaba con sus pláticas y dulcísimas palabras y mucho más con su grande ejemplo, con el cual se animaban tanto aquellas venerables religiosas que, en más de treinta años que obtuvo el oficio de priora, en nada decayó el grande rigor y observancia con que este convento se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pudo el demonio sufrir tanta virtud como había en la venerable madre y, lleno de infernal rabia, intentó por todos los medios que le fueron permitidos derribarla y afearla. Aparecíasele en horribles figuras, provocando con palabras y acciones turbar su espíritu e inqui[e]tar su alma, mas, viendo el poco caso que hacía la sierva de Dios de todas sus amenazas, pasó de las palabras a las obras dándola recios y crueles golpes, arrojándola de las escaleras abajo, y, hiriendo lastimosamente su delicado cuerpo, la dejaba tan quebrantada que parecía estar en las agonías de la muerte ''[35]''. Pero la venerable priora se armaba, para tan fuerte batalla, de una larga y prolija oración y de un continuo ayuno, que son las armas fuertes y más firmes para vencer a este terrible adversario; velaba y oraba gastando casi toda la noche en este devoto ejercicio. Por eso no caía en la tentación, porque salía de la oración tan valiente, robusta y fervorosa que ella misma desafiaba y provocaba a la batalla a esta bestia infernal. Rabiaba de furor el demonio viéndose vencido de una mujer flaca y débil y, dándole Dios licencia, procuró rendirla por otros medios más terribles [fol. 13v] y horribles e igualmente sensibles, como fue levantarla una furiosa tempestad de persecuciones y contradicciones nacidas de muchas emulaciones y envidias entre sus hijas y hermanas ''[36]'', que, movidas del espíritu de Satanás, la persiguieron y contradijeron terriblemente, poniéndola mal con los prelados de la orden. Así consta de libro antiguo de profesiones, fol. 2 y siguientes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 15r] '''S. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Favores que hicieron a este convento los excelentíssimos señores Duques de Alba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos favores, gracias y mercedes que ha logrado este convento de Santa Cruz de Aldeanueva de los reyes y grandes y señores de estos reinos, siempre fueron y han sido singularísimos los que ha recibido de la excelentísima casa de Alba. Ya vimos arriba los muchos que hicieron a la venerable María de Santo Domingo los serenísimos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel, sus hijos, nietos y otros muchos señores de España, y si bien parecía muy a propósito el referir allí los grandes favores que han hecho los excelentísimos Duques de Alba, así a la dicha venerable fundadora como a todo el convento, los dejamos, con reflexión, para esta ocasión por referirlos todos juntos y huir los inconvenientes de la repetición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la primera fundación de este convento eran Duques de Alba los excelentísimos señores Don Fadrique Primero y Doña Isabel de Zúñiga. Eran estos príncipes muy piadosos y devotos, muy amadores de la virtud y muy afectos a todo lo bueno, y, como tales, estimaban y veneraban a la venerable madre María de Santo Domingo por su mucha virtud y santidad, siendo los primeros que promovieron sus santos intentos de fundar este convento con sus muchas limosnas, con las cuales se animó a dar principio a una obra tan del agrado de Dios. Quisie- [fol. 15v] ron sus excelencias hallarse presentes al comenzar la fábrica, por complacer en esto a la venerable fundadora y porque su ejemplo y devoción animase a otros a concurrir con sus limosnas, premiando Dios su buena voluntad con el milagro de dividirse la piedra en forma de cruz, de que ya hemos hecho mención. Prosig[u]iose la obra con las limosnas que dieron personas pías, pero lo principal fue a costa de sus excelencias, la cual, acabada perfectamente con iglesia, claustro, dormitorios y demás oficinas necesarias, el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, tomó a su cargo el excelentísimo Duque Don Fadrique de ornamentar la iglesia con todos sus ajuares, poniendo en la sachristía muchos ornamentos, alhajas y otras muchas cosas preciosas para la mayor veneración y decencia de culto divino, de las cuales hoy no ha quedado ninguna por haber perecido todas lastimosamente en el voraz incendio que va referido haber padecido este convento en el año de mil quinientos sesenta y cinco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ''[37]'' paró en esto la liberalidad y magnificencia del excelentísimo duque, porque, padeciendo el monasterio penuria de agua para regar la huerta y para las cosas necesarias de la casa, dio privilegio, su fecha en Alba en once de febrero de mil quinientos veinte y siete, para que del agua y fuentes que goza el concejo de Aldeanueva se le diese al convento un día cada semana, el cual privilegio subsiste hoy por haberlo comprado sus excelencias. Finalmente, después de haber dado este excelentísimo duque muchas limosnas extraordinarias para el sustento de las religiosas, dotó al monasterio ''[38]'' en quinientas fanegas de trigo y cuarenta cántaros de aceite para las lámparas que arden delante del Santísimo Sacramento y delante del Santísimo Christo de las Batallas, situados en su lugar de la abadía, cuya limosna han continuado todos los excelentísimos duques sus sucesores hasta hoy, aunque minorada por la escasez de los tiempos, pues al presente solo dan trescientas fanegas de trigo, siete cántaros y veinte y seis cuartillos de aceite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose las religiosas de esta casa tan beneficiadas y favorecidas del excelentisímo señor Duque Don Fadrique y de la señora Doña Isabel de Zúñiga, su mujer, les ofrecieron en remuneración a tantos beneficios el patronato de este convento con todas las prerrogativas y privilegios que se deben ''[39]'', según derecho, a los patronos y fundadores de conventos, lo que su excelencia aceptó gustoso y agregó a su casa y estados perpetuamente como hoy en día se observa. También se obligaron entonces las religiosas a recibir para siempre en dicho convento, sin dote, tres plazas enteras, o seis medias [fol. 16r] plazas para que su excelencia y los demás señores sucesores puedan nombrarlas, como actualmente se practica. Por aquí consta que el único patrono de este convento ha sido el excelentísimo señor Duque de Alba, y no otro alguno. Y obtuvo esta nobilísima casa este patronato muy a los principios de su fundación, por haber sido el primero a quien le ofreció esta comunidad el señor Don Fadrique Primero, que &amp;lt;r&amp;gt;era duque cuando se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos mismos favores y limosnas han continuado siempre los señores Duques de Alba y todos los descendientes de esta nobilísima casa a este su convento. El señor gran prior de Castilla, Don Fernando de Toledo, fue afectísimo a este monasterio y, mientras vivió, le hizo considerables limosnas a imitación de su padre Don Fadrique. Lo mismo hicieron los señores Don Antonio de Toledo y Don Rodrigo de Toledo, ambos también gran priores de San Juan, los cuales daban cada año mil fanegas de trigo a esta casa y además todo el gasto necesario para las enfermas. Los excelentísimos señores Don Fernando Álvarez de Toledo el Grande y la señora Doña María Henríquez Toledo, su mujer y prima hermana, ya hemos dicho arriba lo mucho que favorecieron a este convento en su lastimosa ruina, cuidando el sustento y regalo de las religiosas todo el tiempo que duró la reedificación del convento, que se hizo a costa de su hacienda, y después dándoles otras muchas limosnas, pues el señor Don Fernando les señaló una limosna anual de cinco mil más y la señora Doña María daba todas las gallinas necesarias para las enfermas. Lo mismo hicieron otros muchos señores y señoras de esta casa, de las cuales muchas ennoblecieron este convento con sus personas tomando el hábito de N.P.S. Domingo. Y lo mismo han continuado los excelentísimos duques, sin haberse conocido jamás quiebra ni menoscaba en el afecto y devoción a este su convento, por lo cual siempre han sido tenidos en aquella veneración y respeto que se debe a tan grandes bienhechores de esta casa, cuidando las religiosas de encomendarlos a Dios en todas sus oraciones, así de comunidad como en particular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''S. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Muerte de la venerable María de la Asumpción y de su hermana María de los Santos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a la venerable María de la Asumpción, más se puede considerar que escribir el gozo que tuvo su espíritu, viendo acabado el monasterio con todas las oficinas necesarias, iglesia, claustro, refectorio, dormitorios y todo lo demás que en un convento es preciso, y todo muy sumptuoso en el mismo sitio en donde al principio se había fundado. Procuró [fol. 16v] luego venirse a él con sus religiosas, lo que ejecutó, habiendo dado primero las gracias así a la señora Duquesa Doña María Henríquez Toledo como a la villa del Barco, por la mucha caridad con que habían asistido en su aflicción a las monjas, y más en particular a la excelentísima duquesa por haberlas reedificado con tanta magnificencia el convento, con todas aquellas expresiones de afecto y agradecimiento que su mucha discreción la dictaban. Todo el tiempo que se detuvieron las monjas en el Barco, puso gran cuidado en que no decayese en nada la mucha religión y observancia que en este convento siempre se había profesado, y que no fuese miserable despojo de la relajación el espiritual edificio de este monasterio como lo había sido de la voracidad del fuego lo material de su fábrica. Y consiguiolo a muy poca diligencia, porque todas aquellas religiosas eran observantes de sus sagradas leyes, tan atentas a sus obligaciones y tan deseosas de servir a su esposo Jesús que muy poco o nada tuvo que hacer la venerable priora para mantener estos corazones en el amor de Dios y desprecio del mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aumentó este cuidado luego que se vio en su deseado retiro, pareciéndola que ya se hallaban las monjas nuevamente obligadas a servir con mayor fervor a su esposo. Traílas a la memoria, en sus continuas y fervorosas pláticas, los muchos beneficios que habían recibido de la poderosa mano de Dios en todos aquellos tiempos tan calamitosos. Animábalas a permanecer en sus santos propósitos, exortábalas a la más rígida observancia y cumplimiento de su profesión y, finalmente, movíalas tanto con su afabilidad y ejemplo a todo lo bueno que en nada se echaba menos el primitivo fervor de su venerable fundadora ''[40]''. Hallábase a esta sazón esta sierva de Dios en los últimos años de su vida y muy cercana a la muerte por su mucha ancianidad, mas con todo eso era la primera a todas las funciones de la comunidad y, aunque débil en el cuerpo, se hallaba muy fuerte su espíritu, aumentando ahora más sus rigores y asperezas para lograr los últimos abrazos de su amantísimo esposo. Murió la venerable María llena de años y de méritos y con grandísima opinión de santa, a muy pocos años después que se reedificó el convento ''[41]''. Fue mujer ejemplarísima y, en todo, un retrato de su santa hermana y verdadera hija de N.P.S. Domingo, por lo cual podemos piadosamente creer que su alma voló luego al Cielo a recibir el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Su cuerpo fue enterrado en el sepulchro de su misma hermana a la puerta del refectorio, por haberlo ella pedido por su humildad y por parecerlas a las religiosas que debía estar en muerte unida a la que tanto debió y se pareció en vida. [Fol. 17r] Casi por este mismo tiempo, vino también a morir otra tercera hermana de la venerable fundadora: llámase esta Soror María de los Santos. Criola también desde muy niña su santa hermana, cuidando mucho que saliese en todo buena cristiana y muy temerosa de Dios. Como tenía a la vista dos tan grandes ejemplares de virtud en sus dos hermanas mayores, procuró desde luego imitarlas, siendo la segunda que tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo de mano de su hermana la madre María de Santo Domingo en este convento, en el cual vivió todo lo restante de su vida con opinión de muy virtuosa. No tenemos noticia particular de sus virtudes, ni de su vida, pero, habiendo sido educada en la escuela de sus santas hermanas y de las primeras que tomaron el hábito en este observantísimo convento, no hay duda sería su vida muy parecida a la de sus dos venerables hermanas. Y en esta opinión la trae el libro antiguo ''[42]'' de la fundación de este convento, diciendo que vivió y murió santamente y que fue enterrada en la sepultura de sus dos venerables hermanas, a la puerta del refectorio, en donde hoy se ve con una piedra labrada encima. Y el haberla dado esta sepultura es señal de su mucha virtud, pues si no fuera así, no se hubieran atrevido las monjas a enterrarla en donde estaban enterradas dos grandes siervas de Dios, como eran sus dos hermanas. Y así, dándola sepultura tan honrosa, dieron a entender aquellas venerables madres que Soror María de los Santos no desmerecía en la muerte el desunirse de aquellas con quienes en vida había tenido tanta unión, así por naturaleza como por gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El margen derecho del fol. 1r está bastante dañado y se cotejarán algunas palabras con una versión modernizada del texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nuestro Padre Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “A/ Serm. 2./ in Natali Virgines”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Muy Reverendo Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Urbano VIII fue Papa desde 1623 a 1644, un siglo antes de que esta relación empezara a escribirse. Este Papa estableció que los procesos de beatificación fueran exclusivos de la Santa Sede y prohibió el uso en las representaciones artísticas de la aureola en personas no beatificadas o canonizadas. El narrador quiere justificar que llame santas a mujeres no canonizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen: “Año de 1480”, aclarando en letra lo que presenta en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Existe cierta discrepancia sobre el ancestro paterno de Sor María, ya que en el ''Libro de la oración'' y en la defensa del Padre Peña se hace referencia a unos padres de origen humilde y campesino, considerados cristianos viejos. Sí es cierto que aquí y en las vidas anteriores se enfatiza que la madre sí es de origen humilde y campesino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' La historia de estos tres niños está incluida en el Libro de Daniel del Antiguo Testamento. Tres niños se niegan a adorar a una estatua babilónica mandada construir por Nabucodonosor II. Por falta de obediencia, se los condena a muerte&lt;br /&gt;
y los arroja a un horno, en el cual sobreviven a las llamas ayudados por un ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Como en las vidas anteriores editadas en este catálogo, se hace referencia a la faceta de María como educadora de niñas incluso antes de unirse a las dominicas. En el párrafo siguiente se resalta la actividad de las tres hermanas como educadoras de la doctrina cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Contrasta este dato con el de María de Santo Domingo como mujer analfabeta que nos legan los papeles de su cuarto juicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' El Duque de Alba fue gran defensor de Sor María de Santo Domingo y el gran impulsor de la fundación de Aldeanueva. Como han discutido Rebeca Sanmartín, Jodi Bilinkoff y Borja de Cossío, la relación entre Sor María y Fadrique de Toledo se asemejaba a la que Lucia de Narni tuvo con el Duque de Ferrara. Sor María pudo saber de esta relación por una carta que al parecer llegó a Aldeanueva difundiendo la santidad de Lucia Narni, y le sirvió como ejemplo a imitar y mecanismo de defensa (Rebeca Sanmartín Bastida, ''La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo'', Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 322; Jodi Bilinkoff, “A Spanish Prophetess and Her Patrons: The Case of María de Santo Domingo,” ''The Sixteenth Century Journal'' 23, no. 1 [Spring 1992], p. 26.; Borja Gama de Cossío, “Women, Communities of Letters and Transnational Connections,” ''Magistra: a Journal of Women’s Spirituality in History'', Winter 24.2, 2018, p. 40).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen se indica: “Día 13 de/ septiembre año de/ 1504. Fue/ la fundación”. Más abajo, también al margen: “Y el año de 1507/ se concluyó la víspera/ de la Asunción el/ 14 de agosto”. Estos datos, de todos modos, coinciden con las otras dos vidas, editadas en este catálogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Por “amantasima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el manuscrito el artículo “los” aparece repetido; se ha eliminado la repetición por ser un error del copista o narrador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Cayetano fue, en un principio, uno de los grandes seguidores de Sor María. Después de unas supuestas amenazas de Sor María a Cayetano en el trance, este cambió su parecer y se convirtió en uno de sus mayores detractores, alegando que sus trances y bailes podían traer vergüenza a la orden (Sanmartín, ''La representación de las místicas'', 308).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Por “misericardia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En el prólogo, de todos modos, se especifica que este manuscrito es de 1737.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Por “este”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En el manuscrito del siglo XVII también se hace referencia a este viaje a Roma. En estos textos, se ofrece más información de la vida posterior de Sor María como priora de su convento. Se puede observar el poder dentro de la orden, la popularidad y la estima entre sus seguidores que Sor María alcanzó después de su polémica. Tanto este manuscrito como el del siglo XVII y el de 1709 dan la misma información sobre su visita a Roma, aunque Rebeca Sanmartín afirma, en su artículo en ''Archivio Italiano per la Storia della Pietà'' (33, en prensa), que ese asunto no está nada claro, ya que no se incluye ninguna información sobre su visita a Roma en ninguna de las bulas conservadas en el convento de Mosén Rubí.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Por “del”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen: “súplica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen: “N…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen “N.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Pío V fue Papa desde 1566 hasta su muerte en 1572, fue beatificado por el Papa Clemente X en 1672 y finalmente canonizado por Clemente XI en 1712. Es la única instancia donde aparece el nombre del papa con número romano, pero se regulariza a “Pío Quinto” para mostrar coherencia con los demás casos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen: “chron./ orni”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' El Padre Azcona testifica en el cuarto proceso de Sor María y tenía buena reputación y estima entre las religiosas de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen: “Milagros/ del Santo Christo/ de las Ba/ tallas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Estas palabras del Cristo aparecen subrayadas, quizá para darle más valor e importancia a su significado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' María de Cazalla, líder alumbrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Por “tamajo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Es decir: “apropiadísimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Se especifica aquí que Juan de Azcona era confesor de Sor María antes de su muerte. También se conoce que entre 1509 y 1511, Fray Antonio de la Peña y Fray Diego de Vitoria actuaban como confesores de Sor María y de Vitoria lo continuaría siendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen: “Venerable madre Sor/ María de la Asump/c[i]ón, hermana de la/ fundadora…”: esta es la misma María que aparece en el folio 4v, a la cual, junto a la madre María de los Santos, se las califica de cofundadoras del convento de Aldeanueva, por lo que se elige a la segunda hermana como nueva priora del convento tras la muerte de su hermana mayor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34] Esta información sobre María de San Cristóbal no aparece en el relato del siglo XVII y de 1709, en ambas se especifica que la sucesora de María de Santo Domingo fue su hermana [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Como su hermana mayor, [[María de la Asunción]] era asediada por el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [[María de la Asunción]] fue objeto de persecuciones provocadas por sus hermanas, que la enfrentaron con los prelados de la orden. Sor María de Santo Domingo también tuvo conflictos con sus hermanas en el convento de Santa Catalina en Ávila por “discrepancias con otras religiosas o persecuciones de las que era objeto” (José Manuel Blecua ed., ''El libro de la oración de Sor María de Santo Domingo'', Madrid: Hauser y Menet, 1948, p. 3.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen: “Privilegio/ del agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen: “trigo y acei/ te que da la/ casa de Alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen: “Primer Pa/ trono…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen: “Tercera hermana/ de la fundadora”, es decir, María de los Santos, pero se empieza a hablar de ella al final del folio. Aquí se explica la muerte de su hermana, [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Se refiere a la reedificación del convento después del incendio que ocurrió en el año 1565 y que se incluye en los fols. 13v-15r. El incendio sucedió mucho después de la muerte de Sor María, pero sus dos hermanas aún estaban vivas, como se muestra en el texto, y [[María de la Asunción]] era entonces priora del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' A este libro antiguo hay varias referencias en el  texto. Lo que sí que es cierto es que esta información del libro antiguo coincide tanto con el manuscrito del XVII como con la copia de 1709, ya que ambas hacen referencia al entierro de María de los Santos con sus hermanas, en la puerta del refectorio y con una piedra labrada encima de la sepultura.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712687</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-03-04T18:46:41Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (8) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
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{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
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Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
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Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
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La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella [260] de devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
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'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
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En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
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'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
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Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
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Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
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Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
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'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
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Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
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Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712686</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712686"/>
				<updated>2026-03-04T18:44:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_Gonzaga]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Daza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Arbiol]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Barezzo_Barezzi]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luca_Waddingo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
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Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
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Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
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Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
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Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
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'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
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Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
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Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella de [260] devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[261]&lt;br /&gt;
'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
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Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
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Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
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La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
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Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
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Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
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Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
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La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
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Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
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Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
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Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[323]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Segunda_parte_de_la_Historia_de_los_santos_y_personas_en_virtud_y_santidad_ilustres_de_la_Tercera_Orden_del_glorioso_Padre_San_Francisco&amp;diff=712685</id>
		<title>Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Segunda_parte_de_la_Historia_de_los_santos_y_personas_en_virtud_y_santidad_ilustres_de_la_Tercera_Orden_del_glorioso_Padre_San_Francisco&amp;diff=712685"/>
				<updated>2026-03-04T18:43:16Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con «=Ficha de la Vida impresa de Juana de la Cruz=  Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|300px|right| “Vida y milagr...»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la Vida impresa de [[Juana de la Cruz|Juana de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|300px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. Volumen 2. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan Carrillo, 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.digitale-sammlungen.de/view/bsb10006280?page=%2C1 Digitale Bibliothek/Münchener Digitalisierungszentrum]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Juana de la Cruz se encuentra de la página 258 a la 325, bajo el epígrafe titulado “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco”, que incluye un total de 17 capítulos sobre la santa. La semblanza sobre Juana se halla tras la relación sobre la “Vida y milagros de sor Margarita Agullona, beata profesa de la Tercera Orden de nuestro Padre S. Francisco…”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía || * Miguel Zugasti, “Sor Juana de la Cruz revisitada: de la doble versión de la biografía de Antonio Daza a la doble versión de «La santa Juana» de Tirso de Molina”, ''Tras las huellas de Tirso... Homenaje a Luis Vázquez Fernández'', Roma, Associazione dei Frati Editori dell'Istituto Storico dell'Ordine della Mercede, 2013, pp. 309-342 (Bibliotheca Mercedaria, VI) https://www.cervantesvirtual.com/obra/sor-juana-de-la-cruz-revisitada-de-la-doble-version-de-la-biografia-de-antonio-daza-a-la-doble-version-de-la-santa-juana-de-tirso-de-molina-779999/ &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712684</id>
		<title>Descripción de las fuentes impresas</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712684"/>
				<updated>2026-03-04T18:41:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;* [[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]] ''de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Catorce vidas de santas de la orden del Císter]]. ''Escríbelas doña Ana Francisca Abarca de Bolea, Mur y Castro, monja profesa del real monasterio de Santa María de Gloria, en la villa de Casbas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Flos santorum: La vida de nuestro señor Iesu Christo y de su santissima Madre]]'' y de los otros santos segun la orden de sus fiestas: aora de nueuo corregido y emēdado, y añadidas algunas vidas de santos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Discursos ilustres, históricos, i genealógicos.]]'' A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Francisco de Vivar]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Ristretto delle vite de gli Huomini, e delle Donne Illustri in Santità]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia del Convento de San Agustín de Salamanca]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Orden de los Ermitaños del glorioso padre Sancto Agustín de fray Jerónimo Román]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Este devoto libro se llama carro de las donas. Trata de la vida y muerte del hombre christiano]]. ''Es intitulado a la christianíssima reyna de Portugal doña Catherina, nuestra señora. Tiene cinco libros de grandes y sanctas doctrinas de Francesc Eiximenis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda parte del nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España de Alonso López de Haro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes de Juan Pérez de Moya]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla de Luis de Miranda]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco de Alonso de Torres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]], de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encargadas de las descripciones de los textos impresos: [http://visionarias.es/equipo/beatriz-bienvenida-morillas/ Beatriz Bienvenida Morillas], [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz] y [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]. Coordinación de [http://visionarias.es/equipo/pablo-acosta-garcia/ Pablo Acosta García].&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712683</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712683"/>
				<updated>2026-02-20T13:52:01Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
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Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
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Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
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Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
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'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
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Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
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Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan López, 1613, ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. Volumen 2. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, Volumen 2, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella de [260] devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[261]&lt;br /&gt;
'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
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Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
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Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
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La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
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Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
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Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
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Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
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La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
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Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
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Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
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Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[323]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_manuscrito_Breve_cat%C3%A1logo_de_los_siervos_de_Dios&amp;diff=712682</id>
		<title>Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_manuscrito_Breve_cat%C3%A1logo_de_los_siervos_de_Dios&amp;diff=712682"/>
				<updated>2026-02-17T08:25:47Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de la Vida manuscrita de Inés María de la Madre de Dios */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|miniatura|300px|right| ''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Ana de los Ángeles]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Francisca de la Cruz]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Beatriz de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Juana de la Resurrección]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Catalina de Corpus Christi]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Joaquín de Villalobos. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Catalina de Toledo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María de la Resurrección]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Catalina López]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Isabel, princesa de Castilla y reina de Portugal. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Francisca de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María Calderón]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Francisca de Santa Anna]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Inés de la Concepción]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Francisca Gasquina]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María de Toledo]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Francisca Pacheco]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Francisca de Santa Anna]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Inés de la Concepción]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María González de la Fuente]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Inés Fernández]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Juana Rodríguez]].&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Juana de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Luisa de San Miguel]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Juana de la Resurrección]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Inés María de la Madre de Dios]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Juana Pacheco]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Francisca de Santa Anna]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Juana Rodríguez]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María de Santa Cruz]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[Luisa de San Miguel]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Juan de Olmillos. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María Calderón]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Pedro de Ahumada. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María de Cristo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras las vidas de [[Juana Pacheco]] y [[Francisca Pacheco]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María de la Resurrección]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Antonio de Aranda. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María de Santa Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra en el folio 6r. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María de Toledo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de Juan de Tolosa.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María de Toledo (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[María de Cristo]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida manuscrita de [[María González de la Fuente]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || [https://ofm.org/it/ordine/curia-2/archivio-storico// Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización|| No.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || Se encuentra tras la vida de [[Catalina López]]. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Superficie de escritura|| Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Formato|| Folio.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Mise en page|| En torno a 30 líneas.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia||En los márgenes solo se apunta el año, que avanza de manera progresiva desde 1465 a 1687. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Silva&amp;diff=712681</id>
		<title>María de Silva</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Silva&amp;diff=712681"/>
				<updated>2026-02-07T19:31:03Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|right|María de Silva|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Silva&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de la Madre de Dios&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 18 de enero de 1532&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II_Leonor_de_Silva.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX''. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro ''nuevo'', que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. La primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras ''x/j, ç/z'', excepto para la palabra ''doze'' que escribe siempre ''doçe''; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (''açeptasse'', f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (''dijo, dijeron'' en lugar de ''dixo, dixeron''), confunde ''ç/z'' (''pareze''), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma ''porné'' (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (''bracico, casica''). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la ''h'', y escriben ''q-'' ante ''c-'' (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (''desta, della'') y simplificamos la ''f'' geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la ''ll'' porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (''collaçión, bulla'') o en posición final, que podría indicar palatalización (''mill''); ''-bb-'' aparece sólo en el título de ''abbad'', que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (''choro, Esustachia, sanct-'', etc.) o formas como ''spiritual''. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (''e'' como copulativa en lugar de ''y''), como en los morfológicos (''tenudas'', con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, ''Hagiographica'', XXV (2018), pp. 251-281.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 2r] '''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX'''&lt;br /&gt;
IHS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento de la Madre de Dios, de la çiudad de Toledo, que es de monjas regulares de la Orden de nuestro señor padre Sancto Domingo (cuyo nombre fue este desde su fundaçión), le fundó la señora doña María de Silva, hija legítima de don Alonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda, su mujer, condesa de Çifuentes; la cual, después que tuvo el hábito de nuestra orden, por su mucha humildad se quiso llamar soror Marigómez, y ansí se firmó en el testamento que hizo antes de ser monja de velo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta señora otra hermana carnal que se llamó doña [[Leonor de Silva]] y, entre ambas dos, una tía que se llamó Françisca de Castañeda. Todas estas tres señoras fueron devotísimas de nuestro señor padre Sancto Domingo y de su hábito, y grandes hijas y siervas de nuestra madre Sancta Catalina de Sena, y trajeron algunos años el hábito de Penitençia que llaman de la Terçera Regla de Sancto Domingo, y en él hizieron profesión; y vivieron juntas con otras compañeras que se les juntaron, gente devota y religiosa, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, en sus casas prinçipales, las cuales después dejó para fundaçión deste convento y son en la colaçión de la Iglesia de San Román, juntas al convento de beatas de Sancta Catalina [fol. 2v] que entonçes había, y vivían en comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas dos señoras y su tía se llaman fundadoras porque dieron prinçipio a esta casa y juntamente sus haziendas. Lo que se sabe que dejaron se dirá adelante. Vivieron, ellas y otras compañeras que se les juntaron, algunos años en su casa con mucho recogimiento, y en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y tres pidieron liçençia al ilustrísimo y reverendísimo señor don Pedro González de Mendoça, cardenal de Sancta Cruz y arçobispo de Toledo, para que pudiesen tener altar y campanas y claustro y refectorio dentro de su casa, y pidiéronle más: que la casa se nombrase la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia, debajo la Terçera Regla de Sancto Domingo, y que pudiesen tener las demás ofiçinas en forma de convento, y que ellas, y las demás que quisiesen con ellas, viviesen en comunidad debajo la dicha regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conçedioles la dicha liçençia el sobredicho arçobispo como lo habían pedido, y que cualquiera obispo les pudiese bendezir la iglesia; y, siendo bendita, que pudiesen en ella çelebrar misas y deçir horas canónicas en forma de convento. Sobre lo cual el dicho cardenal dio su bulla con su sello pendiente y firmada de su nombre, su data en la villa de Madrid a si[e]te de abril de mill y cuatroçientos y ochenta y tres años. Está en el archivo del convento esta bulla, en el cajón primero, que es de la madre fundadora. Y deseando las sobredichas señoras y sus compa- [fol. 3r] ñeras hazer vida más áspera y estrecha, apartándose más del mundo y de sus ocasiones, y ser monjas ençerradas de velo de nuestro hábito por la mucha afiçión que a nuestro padre Sancto Domingo tenían, en el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y seis pidieron al papa Inoçençio, deste nombre octavo, las hiçiese monjas ençerradas en clausura, debajo la regla de Sancto Domingo, haziéndolas partiçipantes de las demás graçias y privilegios que las demás religiosas de la dicha orden gozan y tienen, dándole título y advocaçión al dicho convento, y se llamase de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual conçedió el dicho pontífiçe con mucha voluntad, sobre lo cual mandó despachar su bulla plomada, su data en Roma en veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y seis, en el año segundo de su pontificado. Y dispensó más el dicho pontífiçe con la señora doña Françisca de Castañeda, tía de las dichas fundadoras, atento que ya era ançiana y profesa en el hábito de la Terçera Regla de Penitençia de Sancto Domingo y haber dado su hazienda a este nuevo convento: que sin hazer otra profesión de nuevo ni mudar su hábito de la Penitençia, pudiese vivir con las demás monjas y vivir entre ellas todos los días de su vida, los cuales acabó en paz en el dicho convento, en el que está enterrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] La execuçión deste breve la cometió el dicho pontífiçe a don Vasco Remigio, canónigo de Toledo y arçediano de Talavera y a Enselmo, abbad del convento de Nuestra Señora de Monte Sion, extramuros de Toledo, que llaman San Bernardo, como se contiene en el breve particular que a los sobredichos envió su data en Roma a los veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos ochenta y seis. Los cuales, obedeçiendo a lo que les era mandado, lo pusieron en ejecuçión a los diez y seis del mes de noviembre del dicho año de mill y cuatroçientos y ochenta y seis; y mandaron publicar la bulla de Su Sanctidad, el cual les conçedía lo que por su parte le fue suplicado; y mandaron los sobredichos juezes fuese obedeçida y guardada como Su Sanctidad en ella lo mandaba, y para esto dieron ellos su bulla escripta en pergamino con dos sellos pendientes y firmada de sus nombres, su data en la çiudad de Toledo, a diez y ocho días del mes de noviembre de mill y cuatroçientos y ochenta y seis años, ante Luis Sánchez de Palençia, secretario de la Sancta Iglesia de Toledo y notario apostólico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí, por virtud desta bulla de Su Sanctidad, luego el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y siete, a dos del mes de febrero, [fol. 4r] día de la Purificaçión de Nuestra Señora, a dos días del mes de febrero, hizieron profesión doçe monjas que había en el dicho monasterio, y desde este día quedó este convento de monjas veladas y çerradas, a las cuales se les fueron luego juntando otras donçellas nobles, que se señalaron mucho en virtud y en breve tiempo dieron de sí muchas muestras de la mucha religión que tenían y guardaban, de las cuales adelante diremos algunas cosas dignas de memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gobernó esta casa esta señora fundadora doña María de Silva desde su prinçipio, ansí en lo spiritual como en lo temporal, desde que tuvieron el hábito de penitençia, con mucha prudençia y religión y grandes muestras de sanctidad y con mucho exemplo de vida y costumbres, a la cual el padre provinçial desta provinçia de España de la orden de Sancto Domingo, que a la sazón era, la hizo priora deste convento con los votos de las monjas. Y porque después de hecha priora hubo duda entre los perlados si había sido verdadera eleçión o no por haber estado las monjas antes de los dos años, (acu-) [fol. 4v] acudieron al papa Inoçençio Octavo sobre el caso, el cual, siendo informado por el conde de Çifuentes don Alonso de Silva, hermano de la dicha nuestra madre fundadora, embajador que a la sazón era en Roma por los Reyes Católicos de gloriosa memoria, mandó despachar una bulla a la madre fundadora con muchos favores, alabándola de su buen çelo y religión y mandándola con preçepto, so pena de descomunión, açeptasse el tal ofiçio de priora y gobernase el dicho convento en lo spiritual y temporal como hasta entonçes lo había hecho, absolviéndola de cualquier excomunión si tuviese y supliendo cualquiera defecto que hubiese intervenido en su eleçión con autoridad apostólica; y para que no lo dexase de hazer ni açeptar el tal ofiçio, mandó en ella al deán y ^al^ arçediano de la sancta Iglesia de Toledo que entre ambos dos o cualquiera dellos, si fuese neçesario la compelliesen con çensuras eclesiásticas a que açeptase el ofiçio de priora del dicho convento y su gobierno en ^lo^ spiritual y temporal, como hasta allí había hecho, de lo cual mandó despachar su [fol. 5r] bulla sellada con el sello del pescador, su data en Roma, a diez y nueve del mes de febrero del año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, en el año séptimo de su pontificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo ansí estas religiosas con tanto recogimiento y tanta sanctidad, les pareçió a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Terçera Regla de nuestro padre Sancto Domingo, llamada Sancta Catalina de Sena, la cual estaba pegada con este convento de la Madre de Dios, que se debía unir y juntar en una para que todas juntas sirviesen a Nuestro Señor con más recogimiento y estrechura de vida, lo cual se hizo ansí. Y con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, ansí monjas como beatas, se juntaron en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, y de ambas casas se hizo un convento; debajo una misma regla y clausura fueron las beatas, que se pasaron diez, y, desta manera, comenzó a creçer este convento en número de religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por esta unión tiene al presente este convento diez mill maravedís de renta en las alcabalas desta çiudad de Toledo, los cuales tenían las dichas beatas de merçed de los Reyes Católicos mientras fuesen beatas; y después los mismos reyes, por otra cédula suya, su [fol. 5v] data en la çiudad de Toledo, a ocho días del mes de julio del año de mill y quinientos y dos, hizieron merçed a este convento de los dichos diez mill maravedís y los gozasen de la misma manera que los gozaban las dichas beatas y, con el mismo cargo que ellas tenían, los dichos diez mill maravedís, de encomendar a Nuestro Señor las ánimas de los padres de los dichos Reyes Católicos y la salud dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ti[e]ne este convento, entre otras cosas, un testamento que le dejó e hizo esta señora fundadora cuando profesó la Terçera Regla de Penitençia de nuestro padre Sancto Domingo en el año mill y cuatroçientos y ochenta y dos, escrito en cuatro hojas de pergamino y firmado de su nombre, que dize Marigómez; el cual es mucho de estimar y preçiar por las muchas y buenas cosas que tiene y manda, donde muestra la gran devoçión que en su alma tenía por la Madre de Dios y por nuestro padre Sancto Domingo y Sancta Catalina de Sena. Y, ansí, desde su prinçipio, quiso que esta casa se llamase para siempre jamás la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia y en memoria suya manda que se le haga fiesta particular con toda devoçión en el día de su Sancta Visitaçión y en el día de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, lo cual manda y dize por estas palabras forma- [fol. 6r] les: «E se faga espeçial fiesta y memoria de la Madre de Dios el día de la Visitaçión de Nuestra Señora a Sancta Isabel, cuando la Señora estaba preñada de su glorioso hijo Nuestro Salvador Jesu Christo, Dios y hombre, que es segundo día de julio. La fiesta sea con toda honestidad e aquella que plaze a los ángeles, que es de buenas conçiençias y alegría spiritual y devoçión con todo lo que a la spiritual consolaçión sirviere. E también sean tenudas a fazer la fiesta de la Sancta Natividad de Nuestro Señor, las cuales vivan en la regla de la Penitençia de mi padre Sancto Domingo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso más la dicha madre fundadora: que hubiese siempre en este convento una religiosa de su linaje, la cual se reçibiese sin dote, y que, si otra alguna quisiese entrar de su linaje, se hubiesen con ella como con una de las demás estrañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es mucho de notar y agradeçer a estas señoras fundadoras que, con haber dejado sus casas y hazienda y haber hecho heredero universal a este convento en todos sus bienes, ansí de herençia como de otra cualquiera manera que los tuviesen o les pudiesen venir, no le cargaron de otras obligaçiones perpetuas, misas ni aniversarios más de lo aquí referido y, en el prinçipio de su testamento, cuando les [fol. 6v] encomienda su ánima a las hermanas, dize ansí: «E mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e cuando voluntad fuere de mi Señor Dios de me levar desta presente vida, mando que el mi cuerpo sea sepultado dentro en la capilla de las casas de las hermanas de la Madre de Dios, a las cuales encomiendo mi ánima, que fagan por ella lo que vieren que es bien, porque yo les dejo todo cuanto tengo e me despojo e se lo dó por amor de mi Señor Jesucristo e de su bendita madre, e de nuestro padre Sancto Domingo e de nuestra madre Sancta Catalina de Sena». Hasta aquí son palabras formales suyas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas contiene el dicho testamento, donde muestra la mucha devoçión y reverençia que tenía a las cosas del culto divino y el grande amor a nuestro hábito, que podrán ver en él fáçilmente los curiosos; el cual ella otorgó en esta çiudad de Toledo, a treinta días del mes de mayo, año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, ante Ruiz Sánchez de Madrid, notario y escribano público de dicha çiudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dize este convento por estas señoras fundadoras cada día después de la ^hora de prima^ un responso rezado de difuntos, y hazeles dos cabos de año, en cada un año, de vigilia y misa [fol. 7r] cantada ^con ministros^ de réquiem, y les pone tumba y çera, el uno el día de los finados, primero del mes de noviembre, y el otro el día de su falleçimiento, que fue el de la madre fundadora doña María de Silva, día de la sancta virgen y mártir Prisca, a diez y ocho días del mes de enero del año del Señor de mill y cuatroçientos, digo quinientos y treinta y dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra hermana suya, la señora [[Leonor de Silva]], fue superiora deste convento hasta el año de mill y quinientos siete, en el cual sanctamente murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué tanta fuese la hazienda que estas señoras dejaron a esta casa no consta claramente por papeles, mas que dieron sus casas prinçipales de su morada, las cuales compraron de Pedro de Baeza por preçio de dosçientos veinte mill maravedís, y otras casas que compraron de doña Juana Pimentel, condesa de Montalbán, por çincuenta mill maravedís, que llamaron las Casas del Naranjo.&lt;br /&gt;
Dexaron fuera de esto çien mill maravedís de juro en las alcabalas de Toledo y su partido, de a doçe mill maravedís el millar, con condiçión que no se pueden quitar aunque se pague el prinçipal, los cuales heredó este convento destas señoras [fol. 7v] como bienes propios suyos, los cuales ellas tenían por bienes propios, por privilegio de los Reyes Católicos. Están estos çien mill maravedís en el privilegio de las cc xc U dcc xc maravedís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo aquí dicho consta por las bulas y testamento desta señora fundadora, las cuales se hallaron en el archivo de los papeles deste convento, en el cajón .i. que dize «La madre fundadora».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido:&lt;br /&gt;
«Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoza, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
»Dos años poco más o menos de lo dicho, la madre superiora desta casa (que era una de las que fueron a Sancto Domingo el Real de Toledo) fue con otras dos monjas a reformar el convento de San Blas de Çifuentes, monjas del mismo hábito, a las que les oí yo deçir el año pasado de noventa y ocho tratando con ellas esto: que es verdad que fueron reformadas por religiosas desta casa, y que desde entonçes traen todas al cuello un rosario de nudos de hilo blanco, como al presente los traen, y que dellas los tomaron y ellas se lo enseñaron, y las religiosas deste convento de la Madre de Dios los traen desde su fundaçión beatas y monjas. [fol. 9r] Luego, el año siguiente de mill y quinientos y veinticuatro, fueron tres religiosas deste convento, llamadas María de la Madre de Dios y Eustachia, la que fue priora en el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid, y Françisca de Belén a reformar el convento de monjas de la misma orden (que es del condestable), llamado la Casa de la Reina». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se han perdido en esta casa por descuido y floxedad de los perlados que pudieran servir de mucha edificaçión y consuelo para los deste hábito; y dé graçias a Nuestro Señor por merçedes particulares que Su Majestad tiene hechas a algunas religiosas desta casa que se han conoçido de buena vida y loables costumbres y muy temerosas de Dios. Lo cual ha sido en ellas muy conoçido y tenido por tradiçión muy çierta de unas en otras y al presente viven algunas que las conoçieron y trataron, y son tan graves las que lo afirman y tan fidedignas que se pueden muy bien creer de personas que tan buen nombre y fama de virtud dexaron y que imitar los que vivimos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9v] Entre otras cosas de muchas que (según dizen las que ahora viven) han acaeçido en esta casa, porné aquí tres o cuatro dellas, las cuales hallé escritas en un cuadernito antiguo escripto de mano, las cuales son muy públicas en este convento y muy sabidas y por çiertas tenidas, y una dellas fue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo nuestra madre fundadora un miércoles de Cuaresma reçebir el Santísimo Sacramento, dijolo a su confesor, al cual le pareçió que no lo hiçiese por haber comulgado el domingo de antes inmediato. La cual se fue a la casica de la comunión (porque allí junto le dezían misa en el altar, que ahora se llama de la Magdalena) a oír su misa, y que el saçerdote, al consumir, partió la hostia, y la partícula menor de las tres se le fue de allí y entro^se^ por la ventanica donde estaba oyendo la misa nuestra buena fundadora doña María de Silva, la cual puso el escapulario que tenía para recogerla y reçibiola sin llegar a ella las manos. Turbose mucho su confesor que le decía la misa de la falta de la hostia y, viéndolo ella, dio un golpe por la ventanilla y díjole que no la buscase. Acabada la misa, llamole al dicho su confesor y contole el caso, el cual le cortó el pedazo del escapulario donde le había reçibido y quemolo. [Fol. 10r] Otra vez le aconteçió a la dicha nuestra madre que, pidiendo ella a Nuestro Señor con mucha devoçión le hiziese merçed de darle a llevar su cruz, le respondió: «No puedes tú llevar tu cruz de paja, ¿y quieres llevar la mía de palo?»; y, haziendo la sobredicha mucha instançia en esto a Nuestro Señor en sus oraçiones, de allí en veinte años, el día que los hizo, que fue domingo, entrando la buena madre a maitines a la hora de medianoche (como se solían dezir), postrose en la primera grada del altar mayor y, estando allí, echole Nuestro Señor una cruz en el hombro. Lo que allí pasó no lo quiso ella dezir, pero fue tal el éxtasis, que estuvo de aquella manera hasta las seis horas de la mañana que las monjas volvieron a cantar prima al choro; y dizen más: que, al pasar una dellas a la otra parte del choro, tropezó en el palo de la cruz (aunque no le vían). Y que cuando murió algunas monjas desta casa oyeron en el aire cantar ''veni electa mea'' y tañerse órgano. Tuviéronla cuatro días en el coro sin enterrarla y las monjas que la vieron dizen que olían allí un olor suavísimo, aunque no sabían de dónde venía y estaba su cuerpo tal que no parecía estar muerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También la señora doña Leonor de Silva, [fol. 10v] superiora, que murió deste convento con mucho ejemplo de vida muy religiosa que dio mientras vivió, fue hermana carnal de nuestra madre fundadora. Cuando vino a lo último de su vida, dijo en voz que la oyeron: «Esa es ya misericordia»; y en acabando de dezirlo, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa de las primeras que esta casa tuvo y crio, llamada soror Leonor de Sancta Cruz, a quien Nuestro Señor hizo grandes merçedes, fue muy devota de la Sancta virgen y mártir Çeçilia (de la cual hay una imagen en el choro deste convento, que las religiosas de él la visten lo mejor y más galano que ellas pueden) y está en el altar de Nuestra Señora. Esta religiosa disgustábase mucho porque la vestían tan galana, pareçiéndole semejantes cosas no venir bien a los sanctos en la tierra; y, estando un día de su fiesta en las sillas altas del coro esta su devota, vio bajar del altar a la dicha imagen de Sancta Çeçilia y, llegándose a ella, le dijo: «No te pese de que me vistan ansí, que acá de todo nos servimos»; y añadió la Sancta y díjola: «Para de hoy en un año te convido y te llevaré donde yo estoy». Había algunos años atrás que esta Sancta en su día hacía alguna merçed a esta su devota, y preguntándola aquel año otra religiosa desta casa qué merçedes le había hecho aquel día su Sancta Çeçilia, respondió: «La mejor que jamás me ha hecho, y es que me ha convidado para, de hoy en un año, me llevará [fol. 11r] consigo». Y ansí se cumplió como lo dijo, porque pocos días antes que el año se cumpliese le dieron unas calenturas y la apretaron tanto que, la víspera de la dicha fiesta de Sancta Çeçilia, le dieron los sacramentos, y el mismo día, a la hora de completas, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento, junto a la entrada del choro, una pieça que llaman la nave, en la cual está un altar muy bien aderezado y en él está una imagen de pinçel en una tabla muy antigua y devota, la que llaman comúnmente de los Milagros y tiene en sus brazos un Niño Jesús. A esta pieza salen las monjas ^cada noche^ comúnmente en proçesión después de completas, cantando la antífona de la Salve a Nuestra Señora (cosa muy usada en nuestra orden desde su prinçipio). Aconteçió que una noche, estando diçiendo la Salve, vio una monja que Nuestra Señora tomó el niño en los brazos y levantole con la mano el braçito derecho para que bendijese a las monjas, al tiempo que decían «Iesum benedictum», y ansí se pareze en la dicha imagen tener el niño levantado el brazo y con la mano levantada, como quien está echando bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 280-282, 284-285.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[280]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del monasterio de monjas de la Madre de Dios de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio de la Madre de Dios de Toledo, desde sus principios hasta hoy, tuvo este nombre ''[1]''. Fundole doña María de Silva, hija legítima de don Alfonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda; y hermana de Alfonso de Silva, conde de Cifuentes. La cual tuvo una hermana que se llamó doña Leonor de Silva y una tía, doña Francisca de Castañeda, todas tres muy aficionadas a Nuestro Padre Santo Domingo y muy hijas suyas y de Santa Catalina de Sena. Vivieron algún tiempo en el hábito de la penitencia que el santo patriarca fundó. En él hicieron profesión y vivieron con otras compañeras sin mudar casa en la que era de sus padres. Allí estuvieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, y en el año delante de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, con licencia del arzobispo de Toledo y cardenal de Santa Cruz, don Pedro González de Mendoza, pusieron campaña y dispusieron las cosas de la casa de manera que hubo claustro, refitorio y las demás oficinas en forma de convento. Y, con la dicha licencia, se bendijo la iglesia con la advocación de la Madre de Dios. La licencia que dio el arzobispo fue a siete de abril del año de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, y luego comenzaron a vivir en comunidad, profesando la tercera regla de la orden. Y, aunque la vida era concertada y religiosa, no profesando encerramiento y clausura, pareciolas que no había hecho entera renunciación del mundo, renunciando todas las ocasiones que se pueden ofrecer, pues salían de casa y eran visitadas en la suya, con poco menos libertad que si fueran seglares. Resolvieronse en que esta manera de vivir no era a propósito de la reformación que ellas deseaban y así se determinaron de ser monjas de nuestro hábito y vivir encerradas y con velo. Pudo el celo de vida retirada con ellas lo que, en muchas casas de religiosas que llaman beatas, ni los pontífices ni la orden habían podido acabar, contentándose con la vida poco reformada que habían profesado, en la cual han querido vivir y morir sin admitir otro encerramiento. Estas siervas de Dios fueron las que suplicaron a la orden se sirviese de admitirlas a otra vida más estrecha, deseando ser monjas con el rigor y ejercicios que tienen todos los conventos reformados de la provincia de Castilla. Fue tan grande la instancia que en esto hicieron, y el crédito de la virtud que los perlados tenían de las beatas, que les recibieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis, en viniéndoles de la licencia del Papa Inocencio Octavo, que despachó sus bulas en Roma a 28 de julio del dicho año. Luego, en el año siguiente, que fue el segundo de su pontificado, habiendo tenido por bien que fuesen monjas de velo encerradas como lo fueron, tuvo Su Santidad por bien de dispensar con la dicha doña Francisca de Castañeda, por ser muy anciana, informado de que en aquella edad no podría cumplir con el rigor que en los ayunos y manjar, coro, cama y vestido que las monjas profesan. Contentose el Pa- [281] pa con que viviese en compañía con las religiosas encerradas y veladas con el hábito que tenía de la tercera regla de la penitencia, el cual tuvo hasta que murió en esta casa, donde está enterrada, dispensando en todo la bula de su santidad. El año siguiente de mil y cuatrocientos y ochenta y siete, a dos de febrero, día de la purificación de Nuestra Señora, hicieron profesión doce monjas que había en el dicho monasterio y, desde ese día, quedó este monasterio de monjas veladas y encerradas. A la fama de la virtud del nuevo monasterio, vinieron otras doncellas nobles a tomar el hábito, las cuales se señalaron mucho en todo lo que era religión y observancia, que con ser verdad que ha tenido siempre el convento a una mano monjas de mucha nobleza, poblando el monasterio de la gente más principal y calificada, conservándose esto, no solamente en los principios, sino siempre con todo eso en la manera de proceder en la humildad y ejercicio de los oficios bajos de barrer, fregar los platos y servir en la cocina, no solamente ha habido voluntad y consuelo, sino una santa competencia entre todas. Y como llamó el Espíritu Santo aborrecible malicia, en tornarse los pobres en las comunidades, obligados del miserable estado que dejaron, así son dignos de eterna alabanza los que, siendo señores en el siglo, venidos a la religión, tienen a buena dicha ocuparse en los oficios que eran propios de los criados o criadas de sus casas, y eso aún no de todos, sino de aquellos que en ellas eran menos. Estaba junto a este convento otra casa de beatas de la Tercera Regla de Nuestro Padre Santo Domingo, la cual, con el consentimiento y licencia de los perlados, se incorporó en este monasterio, haciendo profesión de la misma regla y clausura. Tenían las dichas beatas diez mil maravedíes de renta en las alcabalas de la ciudad de Toledo, los cuales habían dado los Reyes Católicos, y sus Altezas, el año de mil quinientos y dos, por su cédula dada en la dicha ciudad a ocho de julio, los dieron al dicho convento de la Madre de Dios. Ha tenido esta casa de ordinario sesenta religiosas, señalándose mucho en vida virtuosa de gran celo y ejemplo. Diosele de humildad muy singular su fundadora, no queriéndose encargar del gobierno de la casa, sino ser súbdita y vivir sujeta. Y, aunque lo había sido desde que se fundó el monasterio hasta el año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, procuró exonarse ''[2]'' de este trabajo, y porque la había Dios criado en su beaterio y después en su encerramiento con tanto celo y rigor, ayudando a la observancia regular, las monjas sintieron mucho que las faltase el gobierno de tal madre, por ser en los conventos la santidad de la cabeza principio de grandes aprovechamientos en los súbditos. Y así procuraron de contrastar la determinación de la que había sido madre de todas, valiéndose de la autoridad del Papa Inocencio Octavo, el cual, por una bula suya, su data a los diez y nueve de febrero del dicho año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, mandó que aceptase el oficio de priora y, aunque de su religión se pudiera creer que a un simple mandamiento del que era padre y pastor universal de toda la Iglesia abajara la cabeza mujer tan virtuosa, con todo eso su santidad despachó censuras en que mandaba se encargase del oficio, y mostró en la dicha bula con palabras muy graves la gran satisfacción que de su mucha virtud y prudencia tenía. Y así aceptó el dicho oficio y le hizo hasta que murió, que fue a diez y ocho de enero del año de mil y quinientos y treinta y dos, habiendo muerto su hermana el año antes santamente, siendo su priora del monasterio. Antes que profesase la fundadora el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, hizo su testamento, y, con su grande humil [282] dad, se llamó María Gómez, y así firma en el dicho testamento. Y ella y su hermana y su tía dejaron al monasterio toda su hacienda, y entre los otros bienes, sus casas principales, adonde está fundado dicho convento, que están en la colación o parroquia de San Román, de la dicha ciudad de Toledo. &lt;br /&gt;
[...]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la virtud y santidad de las monjas de la Madre de Dios de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[284] &lt;br /&gt;
Queriendo la fundadora comulgar, un día pidió licencia a su confesor; no se la quiso dar por haber muy poco que había comulgado. Ella se fue con gran humildad sin replicar palabra, como mujer que sabía el gran cuidado que en la orden hay en ver lo que más conviene en la frecuencia de las comuniones y que no ha de ser regla ajustarse todas veces con la voluntad de las religiosas, siendo el confesor prudente el que ha de juzgar lo que será bien hacer. Y, aun veces por mortificar y humillar al penitente y despertar en él más fervorosos deseos de llegar a esta celestial mesa, dilatan las comuniones de personas espirituales y virtuosas, y tienen por inconveniente que se reduzca a estilo de comulgar a tercero o cuarto día, habiendo de ser regla la devoción y aparejo. Sabiendo la fundadora este estilo de la orden, sin demostración de sentimiento, se fue al coro y se entró en la capillita de la comunión a oír misa. Al tiempo que quería consumir el sacerdote, echó menos una partícula cosa que le causó gran congoja: hacía gran diligencia en buscarla sin acertar a resolverse en lo que habría sido. Estando con estas ansias, le envió a decir la fundadora que ella tenía a aquello que buscaba que fuese, porque ella vio venir volando por el aire la partícula y puso el escapulario y el Santísimo Sacramento. Se sentó en él. Llegó el sacerdote, que era su confesor y, con aquel tan patente milagro, entendió que era la voluntad de Dios consolar a su sierva y responder a los fervorosos deseos y hambre que tenía de aquel celestial manjar, y comulgola y cortole el pedazo de escapulario donde se asentó la partecita para quemarle, que es lo que los teólogos dicen que se ha de hacer en tal caso. Consideró la sierva de Dios aquella gran dicha y merced, y, aunque faltaba al escapulario aquel pedazo, jamás se quiso dejar por haber recibido del Señor tan gran honra. Llamábase el confesor fray Jordán, hombre santísimo a quien Dios comunicaba sus cosas con particulares revelaciones. Muy parecido fue este milagro a otro que aconteció al reverendísimo general fray Raimundo de Capua, confesor de la bienaventurada Santa Catalina de Sena que, estando un día diciendo misa y ella presente, la vinieron ardentísimos de comulgar. Quísoselos Dios cumplir viniendo una partecita de la hostia de los corporales a la boca. Hizo grandísimas diligencias el general en buscarla y, con aquella congoja, acabó la misa, y, en desnudándose, volvió al altar a continuar el oficio y a ver qué se había hecho de aquella partícula. Y, para sacarle del cuidado en que estaba y de la pena que le afligía, la santa le descubrió el misterio y merced que Dios la había hecho, y, porque fray Jordán entendiese que era voluntad de Dios consolar a su sierva y que la frecuencia de las comuniones en ella, aunque caminando por las reglas generales pareciese demasía y lo fuera en otra persona menos virtuosa, no lo era el espíritu de la madre fundadora que era santa. Este andar han llevado las cosas de este monasterio de la Madre de Dios, con ser verdad que comenzó en tiempo de la claustra y que no vinieron a la fundación de él monjas santas de otros monasterios que habría ya reformados en la provincia de Castilla, sino que unas señoras seglares que se recogieron en una casa y vistieron el hábito de la Tercera Regla de Santo Domingo, donde estuvieron algunos años. Estas señoras, con licencia del Papa Inocencio Octavo, determina- [285] ron de encerrarse como lo hicieron, siendo las que poco antes eran seglares las que hicieron aquella reformación, y concertaron aquel convento de manera que dentro de pocos y muy pocos años, se hallasen en él monjas de tanta religión y tan señaladas en virtud y de tanta prudencia que los provinciales de una orden donde tan atentamente se consideran las cosas echasen mano de las religiosas de este convento para tan grandes reformaciones, de las cuales dieron muy buena cuenta con satisfacción de la orden. Entre las grandezas que de la primitiva Iglesia se escriben, una es en que Dios quiso mostrar su omnipotencia que, en acabándose de bautizar un Dionisio, un Timoteo, un Tito, un esclavo de los Apóstoles, los consagraban obispos, y daban la cuenta de sus iglesias, que dieran si hubieran nacido cristianos, aventurando las vidas en beneficio de los fieles. El convento de la Madre de Dios ni fue fundación de Santo Domingo ni comenzó en los dichosos siglos cuando comenzó la orden. No tuvieron por maestro como sus vecinas las de Madrid al santo patriarca. Muy miserables tiempos alcanzaron, no tuvieron por maestros a los Apóstoles y su principio fue muy diferente de otros que habían tenido sus hermanas en diversos lugares, y, con ser esto así, quiso el Señor que este nuevo santuario, vestido de nuevas plantas, comenzase el rigor de la vida con grandes ventajas y que su opinión corriese tan aprisa en los palacios de los reyes que estos las mandasen salir a reformar tan señalados conventos, como fueron los de Santo Domingo el Real de Toledo y de Madrid. Y esa virtud que comenzó con las primeras fundadoras se ha continuado siempre, teniendo en esta provincia y en otras muchas de la orden muy gran nombre su encerramiento, recogimiento y virtud, de lo cual todo ha procedido que personas muy calificadas de estos reinos han tenido a buena dicha a recoger sus hijas donde aprendan menosprecio del mundo y amor a todo lo que fuere encerramiento y religión.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “Año de/ 1483”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Por “exonerarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Doms 3 María de Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [104r] col. b – 108r [105r] col. a ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Silva se integra en el décimo capítulo, en el que se explica cómo funda, junto a su hermana Leonor de Silva, el monasterio de la Madre de Dios. Se editan solo los fragmentos correspondientes a María de Silva o que hacen referencia a las dos hermanas en conjunto y los referentes a la fundación del monasterio. De este modo, los fragmentos omitidos referidos a Leonor se indican de la siguiente manera: (…). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, pero en algunos casos se han hecho algunos cambios para poder mantener la concordancia de género y número. Sin embargo, se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico y, del mismo modo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Cap. X ===&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110r col. b] El católico monesterio llamado la Madre de Dios, que es de religiosas de la Orden de Santo Domingo, fue en su principio fundado en el lugar adonde agora está por dos generosas señoras llamadas doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso de Silva y doña Isabel de Castañeda, su mujer, Condes de Cifuentes. Y como la dicha doña María fuese muy devota de esta religión tomó el hábito de la tercera regla de ella y, poco después, compró una casa adonde agora está, en que se metió con otras religiosas en el año del Señor de 1482 años. De esta manera estuvo esta señora [fol. 110v col. a] cinco años en el que al tiempo tomó el hábito la otra señora, su hermana, y las dos metieron consigo toda su renta y hazienda, que era mucha. La dicha doña María, aunque era la menor, fue elegida por priora y, passados los dichos cinco años, truxeron bula apostólica para tomar clausura y hazerse monjas. Hizieron professión doze monjas, que en el dicho monesterio había, en el día de la Candelaria del año del señor de 1487 años, y luego se les juntaron otras donzellas muy claras y señaladas en virtudes, que en breve tiempo dieron de su muy grande y maravilloso exemplo de virtud. La primera priora de esta santa casa fue doña María de Silva (como es dicho) en el que el oficio acabó santamente en el año del señor de 1532 años, siendo en todo este tiempo reelegida y confirmada de nuevo en conformidad de todos. (…) Y viviendo assí estas santas religiosas en tanta santidad, pareció a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Tercera Regla de Santo Domingo llamada Santa Catalina de Sena, que estaba junto a este monesterio de la Madre de Dios, que se debía juntar y unir en uno, para que juntamente sirviessen a Dios, y assí se hizo, que con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, se juntaron (como es dicho) en el año del señor de 1491 años, haziéndose de los dos un monesterio y una clausura, y estas dichas beatas eran diez. Y, de esta manera, començó a crecer y extenderse esta santa casa de religiosas y, no pudiendo [fol. 110v col. b] extenderse hazia las otras partes y constreñidas de necesidad, tomaron la ermita de todos santos y una casa que estaba junto con ella en el año del Señor de 1510, de lo cual se sirve por debaxo de tierra, porque hay calle en medio (que la dicha ermita y casas estaban en la hazera de la cárcel) adonde tiene cosas del servicio de su casa. Siendo estas dichas dos fundadoras muy católicas y amadoras de la religión, procuraron con todas sus fuerças de reformar los otros monesterios de ella. Esta primera priora anduvo por su propia persona en esta obra: primero estuvo algunos días en el monesterio de Santo Domingo el Real de esta ciudad, ordenando en él algunas cosas convenientes al servicio de nuestro Señor para bien y acrecentamiento de esta santa orden; de ahí fue al monesterio de Santo Domingo el Real de la villa de Madrid, adonde hizo otro tanto. Estos dos monesterios se reformaron y hizieron observantes ''[2]'' (como antes fuesen claustrales) todos los otros monesterios de Castilla la Vieja y reino de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta santa casa muy visitada de los cristianos por la devoción grande que tienen a Nuestra Señora (cuya advocación está en ella), mayormente los sábados y los días de Nuestra Señora, adonde se ganan muchos perdones y, por acrecentarles la devoción, don Fernando de Silva, Conde de Cifuentes, ganó de nuestro muy santo padre Paulo III, siendo embaxador en Roma, un jubileo que en ella se ganó cada año el día de la Natividad de Nuestra Señora, el que él se gana visitando con devoción esta santa casa, [fol. 108r col. a] ayudando con sus limosnas y rezando por las ánimas de los Condes de Cifuentes. Es esta casa de grande honestidad y recogimiento, como queda dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparecen como CX y CVIII, respectivamente, cuando deberían ser CIIII y CV.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Aparece escrito “Obseservantes”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Leonor_de_Silva&amp;diff=712680</id>
		<title>Leonor de Silva</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Leonor_de_Silva&amp;diff=712680"/>
				<updated>2026-02-07T19:29:47Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras DianaSanmartin.jpg|right|Leonor de Silva|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Leonor de Silva&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de la Madre de Dios&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II_Leonor_de_Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX''. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro ''nuevo'', que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. La primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras ''x/j, ç/z'', excepto para la palabra ''doze'' que escribe siempre ''doçe''; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (''açeptasse'', f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (''dijo, dijeron'' en lugar de ''dixo, dixeron''), confunde ''ç/z'' (''pareze''), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma ''porné'' (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (''bracico, casica''). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la ''h'', y escriben ''q-'' ante ''c-'' (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (''desta, della'') y simplificamos la ''f'' geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la ''ll'' porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (''collaçión, bulla'') o en posición final, que podría indicar palatalización (''mill''); ''-bb-'' aparece sólo en el título de ''abbad'', que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (''choro, Esustachia, sanct-'', etc.) o formas como ''spiritual''. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (''e'' como copulativa en lugar de ''y''), como en los morfológicos (''tenudas'', con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, ''Hagiographica'', XXV (2018), pp. 251-281.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de Leonor de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 2r] '''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX'''&lt;br /&gt;
IHS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento de la Madre de Dios, de la çiudad de Toledo, que es de monjas regulares de la Orden de nuestro señor padre Sancto Domingo (cuyo nombre fue este desde su fundaçión), le fundó la señora doña [[María de Silva]], hija legítima de don Alonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda, su mujer, condesa de Çifuentes; la cual, después que tuvo el hábito de nuestra orden, por su mucha humildad se quiso llamar soror Marigómez, y ansí se firmó en el testamento que hizo antes de ser monja de velo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta señora otra hermana carnal que se llamó doña Leonor de Silva y, entre ambas dos, una tía que se llamó Françisca de Castañeda. Todas estas tres señoras fueron devotísimas de nuestro señor padre Sancto Domingo y de su hábito, y grandes hijas y siervas de nuestra madre Sancta Catalina de Sena, y trajeron algunos años el hábito de Penitençia que llaman de la Terçera Regla de Sancto Domingo, y en él hizieron profesión; y vivieron juntas con otras compañeras que se les juntaron, gente devota y religiosa, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, en sus casas prinçipales, las cuales después dejó para fundaçión deste convento y son en la colaçión de la Iglesia de San Román, juntas al convento de beatas de Sancta Catalina [fol. 2v] que entonçes había, y vivían en comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas dos señoras y su tía se llaman fundadoras porque dieron prinçipio a esta casa y juntamente sus haziendas. Lo que se sabe que dejaron se dirá adelante. Vivieron, ellas y otras compañeras que se les juntaron, algunos años en su casa con mucho recogimiento, y en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y tres pidieron liçençia al ilustrísimo y reverendísimo señor don Pedro González de Mendoça, cardenal de Sancta Cruz y arçobispo de Toledo, para que pudiesen tener altar y campanas y claustro y refectorio dentro de su casa, y pidiéronle más: que la casa se nombrase la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia, debajo la Terçera Regla de Sancto Domingo, y que pudiesen tener las demás ofiçinas en forma de convento, y que ellas, y las demás que quisiesen con ellas, viviesen en comunidad debajo la dicha regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conçedioles la dicha liçençia el sobredicho arçobispo como lo habían pedido, y que cualquiera obispo les pudiese bendezir la iglesia; y, siendo bendita, que pudiesen en ella çelebrar misas y deçir horas canónicas en forma de convento. Sobre lo cual el dicho cardenal dio su bulla con su sello pendiente y firmada de su nombre, su data en la villa de Madrid a si[e]te de abril de mill y cuatroçientos y ochenta y tres años. Está en el archivo del convento esta bulla, en el cajón primero, que es de la madre fundadora. Y deseando las sobredichas señoras y sus compa- [fol. 3r] ñeras hazer vida más áspera y estrecha, apartándose más del mundo y de sus ocasiones, y ser monjas ençerradas de velo de nuestro hábito por la mucha afiçión que a nuestro padre Sancto Domingo tenían, en el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y seis pidieron al papa Inoçençio, deste nombre octavo, las hiçiese monjas ençerradas en clausura, debajo la regla de Sancto Domingo, haziéndolas partiçipantes de las demás graçias y privilegios que las demás religiosas de la dicha orden gozan y tienen, dándole título y advocaçión al dicho convento, y se llamase de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual conçedió el dicho pontífiçe con mucha voluntad, sobre lo cual mandó despachar su bulla plomada, su data en Roma en veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y seis, en el año segundo de su pontificado. Y dispensó más el dicho pontífiçe con la señora doña Françisca de Castañeda, tía de las dichas fundadoras, atento que ya era ançiana y profesa en el hábito de la Terçera Regla de Penitençia de Sancto Domingo y haber dado su hazienda a este nuevo convento: que sin hazer otra profesión de nuevo ni mudar su hábito de la Penitençia, pudiese vivir con las demás monjas y vivir entre ellas todos los días de su vida, los cuales acabó en paz en el dicho convento, en el que está enterrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] La execuçión deste breve la cometió el dicho pontífiçe a don Vasco Remigio, canónigo de Toledo y arçediano de Talavera y a Enselmo, abbad del convento de Nuestra Señora de Monte Sion, extramuros de Toledo, que llaman San Bernardo, como se contiene en el breve particular que a los sobredichos envió su data en Roma a los veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos ochenta y seis. Los cuales, obedeçiendo a lo que les era mandado, lo pusieron en ejecuçión a los diez y seis del mes de noviembre del dicho año de mill y cuatroçientos y ochenta y seis; y mandaron publicar la bulla de Su Sanctidad, el cual les conçedía lo que por su parte le fue suplicado; y mandaron los sobredichos juezes fuese obedeçida y guardada como Su Sanctidad en ella lo mandaba, y para esto dieron ellos su bulla escripta en pergamino con dos sellos pendientes y firmada de sus nombres, su data en la çiudad de Toledo, a diez y ocho días del mes de noviembre de mill y cuatroçientos y ochenta y seis años, ante Luis Sánchez de Palençia, secretario de la Sancta Iglesia de Toledo y notario apostólico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí, por virtud desta bulla de Su Sanctidad, luego el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y siete, a dos del mes de febrero, [fol. 4r] día de la Purificaçión de Nuestra Señora, a dos días del mes de febrero, hizieron profesión doçe monjas que había en el dicho monasterio, y desde este día quedó este convento de monjas veladas y çerradas, a las cuales se les fueron luego juntando otras donçellas nobles, que se señalaron mucho en virtud y en breve tiempo dieron de sí muchas muestras de la mucha religión que tenían y guardaban, de las cuales adelante diremos algunas cosas dignas de memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gobernó esta casa esta señora fundadora doña [[María de Silva]] desde su prinçipio, ansí en lo spiritual como en lo temporal, desde que tuvieron el hábito de penitençia, con mucha prudençia y religión y grandes muestras de sanctidad y con mucho exemplo de vida y costumbres, a la cual el padre provinçial desta provinçia de España de la orden de Sancto Domingo, que a la sazón era, la hizo priora deste convento con los votos de las monjas. Y porque después de hecha priora hubo duda entre los perlados si había sido verdadera eleçión o no por haber estado las monjas antes de los dos años, (acu-) [fol. 4v] acudieron al papa Inoçençio Octavo sobre el caso, el cual, siendo informado por el conde de Çifuentes don Alonso de Silva, hermano de la dicha nuestra madre fundadora, embajador que a la sazón era en Roma por los Reyes Católicos de gloriosa memoria, mandó despachar una bulla a la madre fundadora con muchos favores, alabándola de su buen çelo y religión y mandándola con preçepto, so pena de descomunión, açeptasse el tal ofiçio de priora y gobernase el dicho convento en lo spiritual y temporal como hasta entonçes lo había hecho, absolviéndola de cualquier excomunión si tuviese y supliendo cualquiera defecto que hubiese intervenido en su eleçión con autoridad apostólica; y para que no lo dexase de hazer ni açeptar el tal ofiçio, mandó en ella al deán y ^al^ arçediano de la sancta Iglesia de Toledo que entre ambos dos o cualquiera dellos, si fuese neçesario la compelliesen con çensuras eclesiásticas a que açeptase el ofiçio de priora del dicho convento y su gobierno en ^lo^ spiritual y temporal, como hasta allí había hecho, de lo cual mandó despachar su [fol. 5r] bulla sellada con el sello del pescador, su data en Roma, a diez y nueve del mes de febrero del año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, en el año séptimo de su pontificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo ansí estas religiosas con tanto recogimiento y tanta sanctidad, les pareçió a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Terçera Regla de nuestro padre Sancto Domingo, llamada Sancta Catalina de Sena, la cual estaba pegada con este convento de la Madre de Dios, que se debía unir y juntar en una para que todas juntas sirviesen a Nuestro Señor con más recogimiento y estrechura de vida, lo cual se hizo ansí. Y con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, ansí monjas como beatas, se juntaron en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, y de ambas casas se hizo un convento; debajo una misma regla y clausura fueron las beatas, que se pasaron diez, y, desta manera, comenzó a creçer este convento en número de religiosas.&lt;br /&gt;
Y por esta unión tiene al presente este convento diez mill maravedís de renta en las alcabalas desta çiudad de Toledo, los cuales tenían las dichas beatas de merçed de los Reyes Católicos mientras fuesen beatas; y después los mismos reyes, por otra cédula suya, su [fol. 5v] data en la çiudad de Toledo, a ocho días del mes de julio del año de mill y quinientos y dos, hizieron merçed a este convento de los dichos diez mill maravedís y los gozasen de la misma manera que los gozaban las dichas beatas y, con el mismo cargo que ellas tenían, los dichos diez mill maravedís, de encomendar a Nuestro Señor las ánimas de los padres de los dichos Reyes Católicos y la salud dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ti[e]ne este convento, entre otras cosas, un testamento que le dejó e hizo esta señora fundadora cuando profesó la Terçera Regla de Penitençia de nuestro padre Sancto Domingo en el año mill y cuatroçientos y ochenta y dos, escrito en cuatro hojas de pergamino y firmado de su nombre, que dize Marigómez; el cual es mucho de estimar y preçiar por las muchas y buenas cosas que tiene y manda, donde muestra la gran devoçión que en su alma tenía por la Madre de Dios y por nuestro padre Sancto Domingo y Sancta Catalina de Sena. Y, ansí, desde su prinçipio, quiso que esta casa se llamase para siempre jamás la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia y en memoria suya manda que se le haga fiesta particular con toda devoçión en el día de su Sancta Visitaçión y en el día de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, lo cual manda y dize por estas palabras forma- [fol. 6r] les: «E se faga espeçial fiesta y memoria de la Madre de Dios el día de la Visitaçión de Nuestra Señora a Sancta Isabel, cuando la Señora estaba preñada de su glorioso hijo Nuestro Salvador Jesu Christo, Dios y hombre, que es segundo día de julio. La fiesta sea con toda honestidad e aquella que plaze a los ángeles, que es de buenas conçiençias y alegría spiritual y devoçión con todo lo que a la spiritual consolaçión sirviere. E también sean tenudas a fazer la fiesta de la Sancta Natividad de Nuestro Señor, las cuales vivan en la regla de la Penitençia de mi padre Sancto Domingo».&lt;br /&gt;
Quiso más la dicha madre fundadora: que hubiese siempre en este convento una religiosa de su linaje, la cual se reçibiese sin dote, y que, si otra alguna quisiese entrar de su linaje, se hubiesen con ella como con una de las demás estrañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es mucho de notar y agradeçer a estas señoras fundadoras que, con haber dejado sus casas y hazienda y haber hecho heredero universal a este convento en todos sus bienes, ansí de herençia como de otra cualquiera manera que los tuviesen o les pudiesen venir, no le cargaron de otras obligaçiones perpetuas, misas ni aniversarios más de lo aquí referido y, en el prinçipio de su testamento, cuando les [fol. 6v] encomienda su ánima a las hermanas, dize ansí: «E mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e cuando voluntad fuere de mi Señor Dios de me levar desta presente vida, mando que el mi cuerpo sea sepultado dentro en la capilla de las casas de las hermanas de la Madre de Dios, a las cuales encomiendo mi ánima, que fagan por ella lo que vieren que es bien, porque yo les dejo todo cuanto tengo e me despojo e se lo dó por amor de mi Señor Jesucristo e de su bendita madre, e de nuestro padre Sancto Domingo e de nuestra madre Sancta Catalina de Sena». Hasta aquí son palabras formales suyas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas contiene el dicho testamento, donde muestra la mucha devoçión y reverençia que tenía a las cosas del culto divino y el grande amor a nuestro hábito, que podrán ver en él fáçilmente los curiosos; el cual ella otorgó en esta çiudad de Toledo, a treinta días del mes de mayo, año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, ante Ruiz Sánchez de Madrid, notario y escribano público de dicha çiudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dize este convento por estas señoras fundadoras cada día después de la ^hora de prima^ un responso rezado de difuntos, y hazeles dos cabos de año, en cada un año, de vigilia y misa [fol. 7r] cantada ^con ministros^ de réquiem, y les pone tumba y çera, el uno el día de los finados, primero del mes de noviembre, y el otro el día de su falleçimiento, que fue el de la madre fundadora doña María de Silva, día de la sancta virgen y mártir Prisca, a diez y ocho días del mes de enero del año del Señor de mill y cuatroçientos, digo quinientos y treinta y dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra hermana suya, la señora Leonor de Silva, fue superiora deste convento hasta el año de mill y quinientos siete, en el cual sanctamente murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué tanta fuese la hazienda que estas señoras dejaron a esta casa no consta claramente por papeles, mas que dieron sus casas prinçipales de su morada, las cuales compraron de Pedro de Baeza por preçio de dosçientos veinte mill maravedís, y otras casas que compraron de doña Juana Pimentel, condesa de Montalbán, por çincuenta mill maravedís, que llamaron las Casas del Naranjo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dexaron fuera de esto çien mill maravedís de juro en las alcabalas de Toledo y su partido, de a doçe mill maravedís el millar, con condiçión que no se pueden quitar aunque se pague el prinçipal, los cuales heredó este convento destas señoras [fol. 7v] como bienes propios suyos, los cuales ellas tenían por bienes propios, por privilegio de los Reyes Católicos. Están estos çien mill maravedís en el privilegio de las cc xc U dcc xc maravedís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo aquí dicho consta por las bulas y testamento desta señora fundadora, las cuales se hallaron en el archivo de los papeles deste convento, en el cajón .i. que dize «La madre fundadora».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido:&lt;br /&gt;
«Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoza, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
»Dos años poco más o menos de lo dicho, la madre superiora desta casa (que era una de las que fueron a Sancto Domingo el Real de Toledo) fue con otras dos monjas a reformar el convento de San Blas de Çifuentes, monjas del mismo hábito, a las que les oí yo deçir el año pasado de noventa y ocho tratando con ellas esto: que es verdad que fueron reformadas por religiosas desta casa, y que desde entonçes traen todas al cuello un rosario de nudos de hilo blanco, como al presente los traen, y que dellas los tomaron y ellas se lo enseñaron, y las religiosas deste convento de la Madre de Dios los traen desde su fundaçión beatas y monjas. [fol. 9r] Luego, el año siguiente de mill y quinientos y veinticuatro, fueron tres religiosas deste convento, llamadas María de la Madre de Dios y Eustachia, la que fue priora en el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid, y Françisca de Belén a reformar el convento de monjas de la misma orden (que es del condestable), llamado la Casa de la Reina». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se han perdido en esta casa por descuido y floxedad de los perlados que pudieran servir de mucha edificaçión y consuelo para los deste hábito; y dé graçias a Nuestro Señor por merçedes particulares que Su Majestad tiene hechas a algunas religiosas desta casa que se han conoçido de buena vida y loables costumbres y muy temerosas de Dios. Lo cual ha sido en ellas muy conoçido y tenido por tradiçión muy çierta de unas en otras y al presente viven algunas que las conoçieron y trataron, y son tan graves las que lo afirman y tan fidedignas que se pueden muy bien creer de personas que tan buen nombre y fama de virtud dexaron y que imitar los que vivimos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9v] Entre otras cosas de muchas que (según dizen las que ahora viven) han acaeçido en esta casa, porné aquí tres o cuatro dellas, las cuales hallé escritas en un cuadernito antiguo escripto de mano, las cuales son muy públicas en este convento y muy sabidas y por çiertas tenidas, y una dellas fue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo nuestra madre fundadora un miércoles de Cuaresma reçebir el Santísimo Sacramento, dijolo a su confesor, al cual le pareçió que no lo hiçiese por haber comulgado el domingo de antes inmediato. La cual se fue a la casica de la comunión (porque allí junto le dezían misa en el altar, que ahora se llama de la Magdalena) a oír su misa, y que el saçerdote, al consumir, partió la hostia, y la partícula menor de las tres se le fue de allí y entro^se^ por la ventanica donde estaba oyendo la misa nuestra buena fundadora doña María de Silva, la cual puso el escapulario que tenía para recogerla y reçibiola sin llegar a ella las manos. Turbose mucho su confesor que le decía la misa de la falta de la hostia y, viéndolo ella, dio un golpe por la ventanilla y díjole que no la buscase. Acabada la misa, llamole al dicho su confesor y contole el caso, el cual le cortó el pedazo del escapulario donde le había reçibido y quemolo. [Fol. 10r] Otra vez le aconteçió a la dicha nuestra madre que, pidiendo ella a Nuestro Señor con mucha devoçión le hiziese merçed de darle a llevar su cruz, le respondió: «No puedes tú llevar tu cruz de paja, ¿y quieres llevar la mía de palo?»; y, haziendo la sobredicha mucha instançia en esto a Nuestro Señor en sus oraçiones, de allí en veinte años, el día que los hizo, que fue domingo, entrando la buena madre a maitines a la hora de medianoche (como se solían dezir), postrose en la primera grada del altar mayor y, estando allí, echole Nuestro Señor una cruz en el hombro. Lo que allí pasó no lo quiso ella dezir, pero fue tal el éxtasis, que estuvo de aquella manera hasta las seis horas de la mañana que las monjas volvieron a cantar prima al choro; y dizen más: que, al pasar una dellas a la otra parte del choro, tropezó en el palo de la cruz (aunque no le vían). Y que cuando murió algunas monjas desta casa oyeron en el aire cantar ''veni electa mea'' y tañerse órgano. Tuviéronla cuatro días en el coro sin enterrarla y las monjas que la vieron dizen que olían allí un olor suavísimo, aunque no sabían de dónde venía y estaba su cuerpo tal que no parecía estar muerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También la señora doña Leonor de Silva, [fol. 10v] superiora, que murió deste convento con mucho ejemplo de vida muy religiosa que dio mientras vivió, fue hermana carnal de nuestra madre fundadora. Cuando vino a lo último de su vida, dijo en voz que la oyeron: «Esa es ya misericordia»; y en acabando de dezirlo, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa de las primeras que esta casa tuvo y crio, llamada soror Leonor de Sancta Cruz, a quien Nuestro Señor hizo grandes merçedes, fue muy devota de la Sancta virgen y mártir Çeçilia (de la cual hay una imagen en el choro deste convento, que las religiosas de él la visten lo mejor y más galano que ellas pueden) y está en el altar de Nuestra Señora. Esta religiosa disgustábase mucho porque la vestían tan galana, pareçiéndole semejantes cosas no venir bien a los sanctos en la tierra; y, estando un día de su fiesta en las sillas altas del coro esta su devota, vio bajar del altar a la dicha imagen de Sancta Çeçilia y, llegándose a ella, le dijo: «No te pese de que me vistan ansí, que acá de todo nos servimos»; y añadió la Sancta y díjola: «Para de hoy en un año te convido y te llevaré donde yo estoy». Había algunos años atrás que esta Sancta en su día hacía alguna merçed a esta su devota, y preguntándola aquel año otra religiosa desta casa qué merçedes le había hecho aquel día su Sancta Çeçilia, respondió: «La mejor que jamás me ha hecho, y es que me ha convidado para, de hoy en un año, me llevará [fol. 11r] consigo». Y ansí se cumplió como lo dijo, porque pocos días antes que el año se cumpliese le dieron unas calenturas y la apretaron tanto que, la víspera de la dicha fiesta de Sancta Çeçilia, le dieron los sacramentos, y el mismo día, a la hora de completas, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento, junto a la entrada del choro, una pieça que llaman la nave, en la cual está un altar muy bien aderezado y en él está una imagen de pinçel en una tabla muy antigua y devota, la que llaman comúnmente de los Milagros y tiene en sus brazos un Niño Jesús. A esta pieza salen las monjas ^cada noche^ comúnmente en proçesión después de completas, cantando la antífona de la Salve a Nuestra Señora (cosa muy usada en nuestra orden desde su prinçipio). Aconteçió que una noche, estando diçiendo la Salve, vio una monja que Nuestra Señora tomó el niño en los brazos y levantole con la mano el braçito derecho para que bendijese a las monjas, al tiempo que decían «Iesum benedictum», y ansí se pareze en la dicha imagen tener el niño levantado el brazo y con la mano levantada, como quien está echando bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Doms 1 Leonor de Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [104r] col. b – 108r [105r] col. a ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Leonor de Silva se integra en el décimo capítulo, en el que se explica cómo funda, junto a su hermana María de Silva, el monasterio de la Madre de Dios. Se editan solo los fragmentos correspondientes a Leonor de Silva o que hacen referencia a las dos hermanas en conjunto y los referentes a la fundación del monasterio. De este modo, los fragmentos omitidos referidos a María se indican de la siguiente manera: (…). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, pero en algunos casos se han hecho algunos cambios para poder mantener la concordancia de género y número. Sin embargo, se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico y, del mismo modo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de Leonor de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Cap. X===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110r col. b] El católico monesterio llamado la Madre de Dios, que es de religiosas de la Orden de Santo Domingo, fue en su principio fundado en el lugar adonde agora está por dos generosas señoras llamadas doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso de Silva y doña Isabel de Castañeda, su mujer, Condes de Cifuentes. Y como la dicha doña María fuese muy devota de esta religión tomó el hábito de la tercera regla de ella (…) en el año del Señor de 1482 años. De esta manera estuvo esta señora [fol. 110v col. a] cinco años en el que al tiempo tomó el hábito la otra señora, su hermana, y las dos metieron consigo toda su renta y hazienda, que era mucha. (…) passados los dichos cinco años, truxeron bula apostólica para tomar clausura y hazerse monjas. Hizieron professión doze monjas, que en el dicho monesterio había, en el día de la Candelaria del año del señor de 1487 años, y luego se les juntaron otras donzellas muy claras y señaladas en virtudes, que en breve tiempo dieron de su muy grande y maravilloso exemplo de virtud. (…) Y la dicha doña Leonor de Silva fue subpriora hasta el año del señor de 1507, que santamente murió. Y viviendo assí estas santas religiosas en tanta santidad, pareció a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Tercera Regla de Santo Domingo llamada Santa Catalina de Sena, que estaba junto a este monesterio de la Madre de Dios, que se debía juntar y unir en uno, para que juntamente sirviessen a Dios, y assí se hizo, que con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, se juntaron (como es dicho) en el año del señor de 1491 años, haziéndose de los dos un monesterio y una clausura, y estas dichas beatas eran diez. Y, de esta manera, començó a crecer y extenderse esta santa casa de religiosas y, no pudiendo [fol. 110v col. b] extenderse hazia las otras partes y constreñidas de necesidad, tomaron la ermita de todos santos y una casa que estaba junto con ella en el año del Señor de 1510, de lo cual se sirve por debaxo de tierra, porque hay calle en medio (que la dicha ermita y casas estaban en la hazera de la cárcel) adonde tiene cosas del servicio de su casa. Siendo estas dichas dos fundadoras muy católicas y amadoras de la religión, procuraron con todas sus fuerças de reformar los otros monesterios de ella.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(…) Es esta santa casa muy visitada de los cristianos por la devoción grande que tienen a Nuestra Señora (cuya advocación está en ella), mayormente los sábados y los días de Nuestra Señora, adonde se ganan muchos perdones y, por acrecentarles la devoción, don Fernando de Silva, Conde de Cifuentes, ganó de nuestro muy santo padre Paulo III, siendo embaxador en Roma, un jubileo que en ella se ganó cada año el día de la Natividad de Nuestra Señora, el que él se gana visitando con devoción esta santa casa, [fol. 108r col. a] ayudando con sus limosnas y rezando por las ánimas de los Condes de Cifuentes. Es esta casa de grande honestidad y recogimiento, como queda dicho.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparecen como CX y CVIII, respectivamente, cuando deberían ser CIIII y CV.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
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		<title>Leonor de Silva</title>
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				<updated>2026-02-07T19:29:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras DianaSanmartin.jpg|right|Leonor de Silva|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Leonor de Silva&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de la Madre de Dios&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II_Leonor_de_Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX''. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro ''nuevo'', que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. La primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras ''x/j, ç/z'', excepto para la palabra ''doze'' que escribe siempre ''doçe''; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (''açeptasse'', f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (''dijo, dijeron'' en lugar de ''dixo, dixeron''), confunde ''ç/z'' (''pareze''), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma ''porné'' (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (''bracico, casica''). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la ''h'', y escriben ''q-'' ante ''c-'' (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (''desta, della'') y simplificamos la ''f'' geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la ''ll'' porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (''collaçión, bulla'') o en posición final, que podría indicar palatalización (''mill''); ''-bb-'' aparece sólo en el título de ''abbad'', que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (''choro, Esustachia, sanct-'', etc.) o formas como ''spiritual''. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (''e'' como copulativa en lugar de ''y''), como en los morfológicos (''tenudas'', con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, ''Hagiographica'', XXV (2018), pp. 251-281.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de Leonor de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 2r] '''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX'''&lt;br /&gt;
IHS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento de la Madre de Dios, de la çiudad de Toledo, que es de monjas regulares de la Orden de nuestro señor padre Sancto Domingo (cuyo nombre fue este desde su fundaçión), le fundó la señora doña [[María de Silva]], hija legítima de don Alonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda, su mujer, condesa de Çifuentes; la cual, después que tuvo el hábito de nuestra orden, por su mucha humildad se quiso llamar soror Marigómez, y ansí se firmó en el testamento que hizo antes de ser monja de velo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta señora otra hermana carnal que se llamó doña Leonor de Silva y, entre ambas dos, una tía que se llamó Françisca de Castañeda. Todas estas tres señoras fueron devotísimas de nuestro señor padre Sancto Domingo y de su hábito, y grandes hijas y siervas de nuestra madre Sancta Catalina de Sena, y trajeron algunos años el hábito de Penitençia que llaman de la Terçera Regla de Sancto Domingo, y en él hizieron profesión; y vivieron juntas con otras compañeras que se les juntaron, gente devota y religiosa, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, en sus casas prinçipales, las cuales después dejó para fundaçión deste convento y son en la colaçión de la Iglesia de San Román, juntas al convento de beatas de Sancta Catalina [fol. 2v] que entonçes había, y vivían en comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas dos señoras y su tía se llaman fundadoras porque dieron prinçipio a esta casa y juntamente sus haziendas. Lo que se sabe que dejaron se dirá adelante. Vivieron, ellas y otras compañeras que se les juntaron, algunos años en su casa con mucho recogimiento, y en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y tres pidieron liçençia al ilustrísimo y reverendísimo señor don Pedro González de Mendoça, cardenal de Sancta Cruz y arçobispo de Toledo, para que pudiesen tener altar y campanas y claustro y refectorio dentro de su casa, y pidiéronle más: que la casa se nombrase la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia, debajo la Terçera Regla de Sancto Domingo, y que pudiesen tener las demás ofiçinas en forma de convento, y que ellas, y las demás que quisiesen con ellas, viviesen en comunidad debajo la dicha regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conçedioles la dicha liçençia el sobredicho arçobispo como lo habían pedido, y que cualquiera obispo les pudiese bendezir la iglesia; y, siendo bendita, que pudiesen en ella çelebrar misas y deçir horas canónicas en forma de convento. Sobre lo cual el dicho cardenal dio su bulla con su sello pendiente y firmada de su nombre, su data en la villa de Madrid a si[e]te de abril de mill y cuatroçientos y ochenta y tres años. Está en el archivo del convento esta bulla, en el cajón primero, que es de la madre fundadora. Y deseando las sobredichas señoras y sus compa- [fol. 3r] ñeras hazer vida más áspera y estrecha, apartándose más del mundo y de sus ocasiones, y ser monjas ençerradas de velo de nuestro hábito por la mucha afiçión que a nuestro padre Sancto Domingo tenían, en el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y seis pidieron al papa Inoçençio, deste nombre octavo, las hiçiese monjas ençerradas en clausura, debajo la regla de Sancto Domingo, haziéndolas partiçipantes de las demás graçias y privilegios que las demás religiosas de la dicha orden gozan y tienen, dándole título y advocaçión al dicho convento, y se llamase de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual conçedió el dicho pontífiçe con mucha voluntad, sobre lo cual mandó despachar su bulla plomada, su data en Roma en veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y seis, en el año segundo de su pontificado. Y dispensó más el dicho pontífiçe con la señora doña Françisca de Castañeda, tía de las dichas fundadoras, atento que ya era ançiana y profesa en el hábito de la Terçera Regla de Penitençia de Sancto Domingo y haber dado su hazienda a este nuevo convento: que sin hazer otra profesión de nuevo ni mudar su hábito de la Penitençia, pudiese vivir con las demás monjas y vivir entre ellas todos los días de su vida, los cuales acabó en paz en el dicho convento, en el que está enterrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] La execuçión deste breve la cometió el dicho pontífiçe a don Vasco Remigio, canónigo de Toledo y arçediano de Talavera y a Enselmo, abbad del convento de Nuestra Señora de Monte Sion, extramuros de Toledo, que llaman San Bernardo, como se contiene en el breve particular que a los sobredichos envió su data en Roma a los veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos ochenta y seis. Los cuales, obedeçiendo a lo que les era mandado, lo pusieron en ejecuçión a los diez y seis del mes de noviembre del dicho año de mill y cuatroçientos y ochenta y seis; y mandaron publicar la bulla de Su Sanctidad, el cual les conçedía lo que por su parte le fue suplicado; y mandaron los sobredichos juezes fuese obedeçida y guardada como Su Sanctidad en ella lo mandaba, y para esto dieron ellos su bulla escripta en pergamino con dos sellos pendientes y firmada de sus nombres, su data en la çiudad de Toledo, a diez y ocho días del mes de noviembre de mill y cuatroçientos y ochenta y seis años, ante Luis Sánchez de Palençia, secretario de la Sancta Iglesia de Toledo y notario apostólico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí, por virtud desta bulla de Su Sanctidad, luego el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y siete, a dos del mes de febrero, [fol. 4r] día de la Purificaçión de Nuestra Señora, a dos días del mes de febrero, hizieron profesión doçe monjas que había en el dicho monasterio, y desde este día quedó este convento de monjas veladas y çerradas, a las cuales se les fueron luego juntando otras donçellas nobles, que se señalaron mucho en virtud y en breve tiempo dieron de sí muchas muestras de la mucha religión que tenían y guardaban, de las cuales adelante diremos algunas cosas dignas de memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gobernó esta casa esta señora fundadora doña [[María de Silva]] desde su prinçipio, ansí en lo spiritual como en lo temporal, desde que tuvieron el hábito de penitençia, con mucha prudençia y religión y grandes muestras de sanctidad y con mucho exemplo de vida y costumbres, a la cual el padre provinçial desta provinçia de España de la orden de Sancto Domingo, que a la sazón era, la hizo priora deste convento con los votos de las monjas. Y porque después de hecha priora hubo duda entre los perlados si había sido verdadera eleçión o no por haber estado las monjas antes de los dos años, (acu-) [fol. 4v] acudieron al papa Inoçençio Octavo sobre el caso, el cual, siendo informado por el conde de Çifuentes don Alonso de Silva, hermano de la dicha nuestra madre fundadora, embajador que a la sazón era en Roma por los Reyes Católicos de gloriosa memoria, mandó despachar una bulla a la madre fundadora con muchos favores, alabándola de su buen çelo y religión y mandándola con preçepto, so pena de descomunión, açeptasse el tal ofiçio de priora y gobernase el dicho convento en lo spiritual y temporal como hasta entonçes lo había hecho, absolviéndola de cualquier excomunión si tuviese y supliendo cualquiera defecto que hubiese intervenido en su eleçión con autoridad apostólica; y para que no lo dexase de hazer ni açeptar el tal ofiçio, mandó en ella al deán y ^al^ arçediano de la sancta Iglesia de Toledo que entre ambos dos o cualquiera dellos, si fuese neçesario la compelliesen con çensuras eclesiásticas a que açeptase el ofiçio de priora del dicho convento y su gobierno en ^lo^ spiritual y temporal, como hasta allí había hecho, de lo cual mandó despachar su [fol. 5r] bulla sellada con el sello del pescador, su data en Roma, a diez y nueve del mes de febrero del año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, en el año séptimo de su pontificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo ansí estas religiosas con tanto recogimiento y tanta sanctidad, les pareçió a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Terçera Regla de nuestro padre Sancto Domingo, llamada Sancta Catalina de Sena, la cual estaba pegada con este convento de la Madre de Dios, que se debía unir y juntar en una para que todas juntas sirviesen a Nuestro Señor con más recogimiento y estrechura de vida, lo cual se hizo ansí. Y con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, ansí monjas como beatas, se juntaron en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, y de ambas casas se hizo un convento; debajo una misma regla y clausura fueron las beatas, que se pasaron diez, y, desta manera, comenzó a creçer este convento en número de religiosas.&lt;br /&gt;
Y por esta unión tiene al presente este convento diez mill maravedís de renta en las alcabalas desta çiudad de Toledo, los cuales tenían las dichas beatas de merçed de los Reyes Católicos mientras fuesen beatas; y después los mismos reyes, por otra cédula suya, su [fol. 5v] data en la çiudad de Toledo, a ocho días del mes de julio del año de mill y quinientos y dos, hizieron merçed a este convento de los dichos diez mill maravedís y los gozasen de la misma manera que los gozaban las dichas beatas y, con el mismo cargo que ellas tenían, los dichos diez mill maravedís, de encomendar a Nuestro Señor las ánimas de los padres de los dichos Reyes Católicos y la salud dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ti[e]ne este convento, entre otras cosas, un testamento que le dejó e hizo esta señora fundadora cuando profesó la Terçera Regla de Penitençia de nuestro padre Sancto Domingo en el año mill y cuatroçientos y ochenta y dos, escrito en cuatro hojas de pergamino y firmado de su nombre, que dize Marigómez; el cual es mucho de estimar y preçiar por las muchas y buenas cosas que tiene y manda, donde muestra la gran devoçión que en su alma tenía por la Madre de Dios y por nuestro padre Sancto Domingo y Sancta Catalina de Sena. Y, ansí, desde su prinçipio, quiso que esta casa se llamase para siempre jamás la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia y en memoria suya manda que se le haga fiesta particular con toda devoçión en el día de su Sancta Visitaçión y en el día de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, lo cual manda y dize por estas palabras forma- [fol. 6r] les: «E se faga espeçial fiesta y memoria de la Madre de Dios el día de la Visitaçión de Nuestra Señora a Sancta Isabel, cuando la Señora estaba preñada de su glorioso hijo Nuestro Salvador Jesu Christo, Dios y hombre, que es segundo día de julio. La fiesta sea con toda honestidad e aquella que plaze a los ángeles, que es de buenas conçiençias y alegría spiritual y devoçión con todo lo que a la spiritual consolaçión sirviere. E también sean tenudas a fazer la fiesta de la Sancta Natividad de Nuestro Señor, las cuales vivan en la regla de la Penitençia de mi padre Sancto Domingo».&lt;br /&gt;
Quiso más la dicha madre fundadora: que hubiese siempre en este convento una religiosa de su linaje, la cual se reçibiese sin dote, y que, si otra alguna quisiese entrar de su linaje, se hubiesen con ella como con una de las demás estrañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es mucho de notar y agradeçer a estas señoras fundadoras que, con haber dejado sus casas y hazienda y haber hecho heredero universal a este convento en todos sus bienes, ansí de herençia como de otra cualquiera manera que los tuviesen o les pudiesen venir, no le cargaron de otras obligaçiones perpetuas, misas ni aniversarios más de lo aquí referido y, en el prinçipio de su testamento, cuando les [fol. 6v] encomienda su ánima a las hermanas, dize ansí: «E mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e cuando voluntad fuere de mi Señor Dios de me levar desta presente vida, mando que el mi cuerpo sea sepultado dentro en la capilla de las casas de las hermanas de la Madre de Dios, a las cuales encomiendo mi ánima, que fagan por ella lo que vieren que es bien, porque yo les dejo todo cuanto tengo e me despojo e se lo dó por amor de mi Señor Jesucristo e de su bendita madre, e de nuestro padre Sancto Domingo e de nuestra madre Sancta Catalina de Sena». Hasta aquí son palabras formales suyas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas contiene el dicho testamento, donde muestra la mucha devoçión y reverençia que tenía a las cosas del culto divino y el grande amor a nuestro hábito, que podrán ver en él fáçilmente los curiosos; el cual ella otorgó en esta çiudad de Toledo, a treinta días del mes de mayo, año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, ante Ruiz Sánchez de Madrid, notario y escribano público de dicha çiudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dize este convento por estas señoras fundadoras cada día después de la ^hora de prima^ un responso rezado de difuntos, y hazeles dos cabos de año, en cada un año, de vigilia y misa [fol. 7r] cantada ^con ministros^ de réquiem, y les pone tumba y çera, el uno el día de los finados, primero del mes de noviembre, y el otro el día de su falleçimiento, que fue el de la madre fundadora doña María de Silva, día de la sancta virgen y mártir Prisca, a diez y ocho días del mes de enero del año del Señor de mill y cuatroçientos, digo quinientos y treinta y dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra hermana suya, la señora Leonor de Silva, fue superiora deste convento hasta el año de mill y quinientos siete, en el cual sanctamente murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué tanta fuese la hazienda que estas señoras dejaron a esta casa no consta claramente por papeles, mas que dieron sus casas prinçipales de su morada, las cuales compraron de Pedro de Baeza por preçio de dosçientos veinte mill maravedís, y otras casas que compraron de doña Juana Pimentel, condesa de Montalbán, por çincuenta mill maravedís, que llamaron las Casas del Naranjo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dexaron fuera de esto çien mill maravedís de juro en las alcabalas de Toledo y su partido, de a doçe mill maravedís el millar, con condiçión que no se pueden quitar aunque se pague el prinçipal, los cuales heredó este convento destas señoras [fol. 7v] como bienes propios suyos, los cuales ellas tenían por bienes propios, por privilegio de los Reyes Católicos. Están estos çien mill maravedís en el privilegio de las cc xc U dcc xc maravedís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo aquí dicho consta por las bulas y testamento desta señora fundadora, las cuales se hallaron en el archivo de los papeles deste convento, en el cajón .i. que dize «La madre fundadora».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido:&lt;br /&gt;
«Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoza, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
»Dos años poco más o menos de lo dicho, la madre superiora desta casa (que era una de las que fueron a Sancto Domingo el Real de Toledo) fue con otras dos monjas a reformar el convento de San Blas de Çifuentes, monjas del mismo hábito, a las que les oí yo deçir el año pasado de noventa y ocho tratando con ellas esto: que es verdad que fueron reformadas por religiosas desta casa, y que desde entonçes traen todas al cuello un rosario de nudos de hilo blanco, como al presente los traen, y que dellas los tomaron y ellas se lo enseñaron, y las religiosas deste convento de la Madre de Dios los traen desde su fundaçión beatas y monjas. [fol. 9r] Luego, el año siguiente de mill y quinientos y veinticuatro, fueron tres religiosas deste convento, llamadas María de la Madre de Dios y Eustachia, la que fue priora en el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid, y Françisca de Belén a reformar el convento de monjas de la misma orden (que es del condestable), llamado la Casa de la Reina». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se han perdido en esta casa por descuido y floxedad de los perlados que pudieran servir de mucha edificaçión y consuelo para los deste hábito; y dé graçias a Nuestro Señor por merçedes particulares que Su Majestad tiene hechas a algunas religiosas desta casa que se han conoçido de buena vida y loables costumbres y muy temerosas de Dios. Lo cual ha sido en ellas muy conoçido y tenido por tradiçión muy çierta de unas en otras y al presente viven algunas que las conoçieron y trataron, y son tan graves las que lo afirman y tan fidedignas que se pueden muy bien creer de personas que tan buen nombre y fama de virtud dexaron y que imitar los que vivimos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9v] Entre otras cosas de muchas que (según dizen las que ahora viven) han acaeçido en esta casa, porné aquí tres o cuatro dellas, las cuales hallé escritas en un cuadernito antiguo escripto de mano, las cuales son muy públicas en este convento y muy sabidas y por çiertas tenidas, y una dellas fue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo nuestra madre fundadora un miércoles de Cuaresma reçebir el Santísimo Sacramento, dijolo a su confesor, al cual le pareçió que no lo hiçiese por haber comulgado el domingo de antes inmediato. La cual se fue a la casica de la comunión (porque allí junto le dezían misa en el altar, que ahora se llama de la Magdalena) a oír su misa, y que el saçerdote, al consumir, partió la hostia, y la partícula menor de las tres se le fue de allí y entro^se^ por la ventanica donde estaba oyendo la misa nuestra buena fundadora doña María de Silva, la cual puso el escapulario que tenía para recogerla y reçibiola sin llegar a ella las manos. Turbose mucho su confesor que le decía la misa de la falta de la hostia y, viéndolo ella, dio un golpe por la ventanilla y díjole que no la buscase. Acabada la misa, llamole al dicho su confesor y contole el caso, el cual le cortó el pedazo del escapulario donde le había reçibido y quemolo. [Fol. 10r] Otra vez le aconteçió a la dicha nuestra madre que, pidiendo ella a Nuestro Señor con mucha devoçión le hiziese merçed de darle a llevar su cruz, le respondió: «No puedes tú llevar tu cruz de paja, ¿y quieres llevar la mía de palo?»; y, haziendo la sobredicha mucha instançia en esto a Nuestro Señor en sus oraçiones, de allí en veinte años, el día que los hizo, que fue domingo, entrando la buena madre a maitines a la hora de medianoche (como se solían dezir), postrose en la primera grada del altar mayor y, estando allí, echole Nuestro Señor una cruz en el hombro. Lo que allí pasó no lo quiso ella dezir, pero fue tal el éxtasis, que estuvo de aquella manera hasta las seis horas de la mañana que las monjas volvieron a cantar prima al choro; y dizen más: que, al pasar una dellas a la otra parte del choro, tropezó en el palo de la cruz (aunque no le vían). Y que cuando murió algunas monjas desta casa oyeron en el aire cantar ''veni electa mea'' y tañerse órgano. Tuviéronla cuatro días en el coro sin enterrarla y las monjas que la vieron dizen que olían allí un olor suavísimo, aunque no sabían de dónde venía y estaba su cuerpo tal que no parecía estar muerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También la señora doña Leonor de Silva, [fol. 10v] superiora, que murió deste convento con mucho ejemplo de vida muy religiosa que dio mientras vivió, fue hermana carnal de nuestra madre fundadora. Cuando vino a lo último de su vida, dijo en voz que la oyeron: «Esa es ya misericordia»; y en acabando de dezirlo, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa de las primeras que esta casa tuvo y crio, llamada soror Leonor de Sancta Cruz, a quien Nuestro Señor hizo grandes merçedes, fue muy devota de la Sancta virgen y mártir Çeçilia (de la cual hay una imagen en el choro deste convento, que las religiosas de él la visten lo mejor y más galano que ellas pueden) y está en el altar de Nuestra Señora. Esta religiosa disgustábase mucho porque la vestían tan galana, pareçiéndole semejantes cosas no venir bien a los sanctos en la tierra; y, estando un día de su fiesta en las sillas altas del coro esta su devota, vio bajar del altar a la dicha imagen de Sancta Çeçilia y, llegándose a ella, le dijo: «No te pese de que me vistan ansí, que acá de todo nos servimos»; y añadió la Sancta y díjola: «Para de hoy en un año te convido y te llevaré donde yo estoy». Había algunos años atrás que esta Sancta en su día hacía alguna merçed a esta su devota, y preguntándola aquel año otra religiosa desta casa qué merçedes le había hecho aquel día su Sancta Çeçilia, respondió: «La mejor que jamás me ha hecho, y es que me ha convidado para, de hoy en un año, me llevará [fol. 11r] consigo». Y ansí se cumplió como lo dijo, porque pocos días antes que el año se cumpliese le dieron unas calenturas y la apretaron tanto que, la víspera de la dicha fiesta de Sancta Çeçilia, le dieron los sacramentos, y el mismo día, a la hora de completas, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento, junto a la entrada del choro, una pieça que llaman la nave, en la cual está un altar muy bien aderezado y en él está una imagen de pinçel en una tabla muy antigua y devota, la que llaman comúnmente de los Milagros y tiene en sus brazos un Niño Jesús. A esta pieza salen las monjas ^cada noche^ comúnmente en proçesión después de completas, cantando la antífona de la Salve a Nuestra Señora (cosa muy usada en nuestra orden desde su prinçipio). Aconteçió que una noche, estando diçiendo la Salve, vio una monja que Nuestra Señora tomó el niño en los brazos y levantole con la mano el braçito derecho para que bendijese a las monjas, al tiempo que decían «Iesum benedictum», y ansí se pareze en la dicha imagen tener el niño levantado el brazo y con la mano levantada, como quien está echando bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Doms 1 Leonor de Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [104r] col. b – 108r [105r] col. a ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Leonor de Silva se integra en el décimo capítulo, en el que se explica cómo funda, junto a su hermana María de Silva, el monasterio de la Madre de Dios. Se editan solo los fragmentos correspondientes a Leonor de Silva o que hacen referencia a las dos hermanas en conjunto y los referentes a la fundación del monasterio. De este modo, los fragmentos omitidos referidos a María se indican de la siguiente manera: (…). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, pero en algunos casos se han hecho algunos cambios para poder mantener la concordancia de género y número. Sin embargo, se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico y, del mismo modo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de Leonor de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Cap. X===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110r col. b] El católico monesterio llamado la Madre de Dios, que es de religiosas de la Orden de Santo Domingo, fue en su principio fundado en el lugar adonde agora está por dos generosas señoras llamadas doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso de Silva y doña Isabel de Castañeda, su mujer, Condes de Cifuentes. Y como la dicha doña María fuese muy devota de esta religión tomó el hábito de la tercera regla de ella (…) en el año del Señor de 1482 años. De esta manera estuvo esta señora [fol. 110v col. a] cinco años en el que al tiempo tomó el hábito la otra señora, su hermana, y las dos metieron consigo toda su renta y hazienda, que era mucha. (…) passados los dichos cinco años, truxeron bula apostólica para tomar clausura y hazerse monjas. Hizieron professión doze monjas, que en el dicho monesterio había, en el día de la Candelaria del año del señor de 1487 años, y luego se les juntaron otras donzellas muy claras y señaladas en virtudes, que en breve tiempo dieron de su muy grande y maravilloso exemplo de virtud. (…) Y la dicha doña Leonor de Silva fue subpriora hasta el año del señor de 1507, que santamente murió. Y viviendo assí estas santas religiosas en tanta santidad, pareció a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Tercera Regla de Santo Domingo llamada Santa Catalina de Sena, que estaba junto a este monesterio de la Madre de Dios, que se debía juntar y unir en uno, para que juntamente sirviessen a Dios, y assí se hizo, que con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, se juntaron (como es dicho) en el año del señor de 1491 años, haziéndose de los dos un monesterio y una clausura, y estas dichas beatas eran diez. Y, de esta manera, començó a crecer y extenderse esta santa casa de religiosas y, no pudiendo [fol. 110v col. b] extenderse hazia las otras partes y constreñidas de necesidad, tomaron la ermita de todos santos y una casa que estaba junto con ella en el año del Señor de 1510, de lo cual se sirve por debaxo de tierra, porque hay calle en medio (que la dicha ermita y casas estaban en la hazera de la cárcel) adonde tiene cosas del servicio de su casa. Siendo estas dichas dos fundadoras muy católicas y amadoras de la religión, procuraron con todas sus fuerças de reformar los otros monesterios de ella.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(…) Es esta santa casa muy visitada de los cristianos por la devoción grande que tienen a Nuestra Señora (cuya advocación está en ella), mayormente los sábados y los días de Nuestra Señora, adonde se ganan muchos perdones y, por acrecentarles la devoción, don Fernando de Silva, Conde de Cifuentes, ganó de nuestro muy santo padre Paulo III, siendo embaxador en Roma, un jubileo que en ella se ganó cada año el día de la Natividad de Nuestra Señora, el que él se gana visitando con devoción esta santa casa, [fol. 108r col. a] ayudando con sus limosnas y rezando por las ánimas de los Condes de Cifuentes. Es esta casa de grande honestidad y recogimiento, como queda dicho.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparecen como CX y CVIII, respectivamente, cuando deberían ser CIIII y CV.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Hystoria,_o_descripcion_de_la_Imperial_cibdad_de_Toledo&amp;diff=712678</id>
		<title>Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Hystoria,_o_descripcion_de_la_Imperial_cibdad_de_Toledo&amp;diff=712678"/>
				<updated>2026-02-07T19:27:48Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|300px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Beatriz de Silva|Beatriz de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Beatriz de Silva se encuentra en el capítulo XVI (“De la Orden de la Concepción, y de su principio”). En este capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Concepción y la aprobación de la Orden de la Concepción de Nuestra Señora, de la que formó parte Beatriz de Silva. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Catalina de la Fuente|Catalina de la Fuente]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Catalina de la Fuente se encuentra en el Capítulo XVIII (“Del monesterio de Santo Antonio, y de su fundación”). En este Capítulo, se narra cómo Catalina de la Fuente fundó el monasterio de religiosas sin voto ni clausura hasta el año 1525.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Guiomar de Meneses|Guiomar de Meneses]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Guiomar de Meneses se integra en el trigésimo tercer capítulo, en el que se habla sobre el monasterio de las beatas que llaman Santa Mater Dei y, más adelante, en el capítulo trigésimo séptimo, en el que se ejemplifica el comienzo del Hospital de la Misericordia. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Leonor_de_Silva|Leonor de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Catalina de la Fuente se encuentra en el Capítulo X (“Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio”). En este Capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Madre de Dios por parte de las hermanas Leonor y María de Silva.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Mari González|Mari González]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110v [109v] col. a – 110v [109v] col. b [1].&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Mari González se encuentra en el capítulo XIX “Del monesterio de Santa Ana, y de su principio y fundación”. En este capítulo, se narra la fundación del Monasterio de Santa y la trayectoria vital de Mari González, que vivió religiosamente en él. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la vida pobre|María de la vida pobre]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. Concretamente, la vida de “María de la vida pobre” aparece en el trigésimo segundo capítulo, en el cual se ejemplifica la fundación del monasterio de “la vida pobre”. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Toledo|María de Toledo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Silva|María de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Silva se encuentra en el Capítulo X (“Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio”). En este Capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Madre de Dios por parte de las hermanas Leonor y María de Silva.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cruz|María de Santa Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de la Santa Cruz se integra en el decimoséptimo capítulo, en el que se ilustra la fundación del monasterio de San Miguel de los Reyes.&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Hystoria,_o_descripcion_de_la_Imperial_cibdad_de_Toledo&amp;diff=712677</id>
		<title>Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Hystoria,_o_descripcion_de_la_Imperial_cibdad_de_Toledo&amp;diff=712677"/>
				<updated>2026-02-07T19:26:24Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con «Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|300px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta san...»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|300px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Beatriz de Silva|Beatriz de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Beatriz de Silva se encuentra en el capítulo XVI (“De la Orden de la Concepción, y de su principio”). En este capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Concepción y la aprobación de la Orden de la Concepción de Nuestra Señora, de la que formó parte Beatriz de Silva. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Catalina de la Fuente|Catalina de la Fuente]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Catalina de la Fuente se encuentra en el Capítulo XVIII (“Del monesterio de Santo Antonio, y de su fundación”). En este Capítulo, se narra cómo Catalina de la Fuente fundó el monasterio de religiosas sin voto ni clausura hasta el año 1525.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Guiomar de Meneses|Guiomar de Meneses]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Guiomar de Meneses se integra en el trigésimo tercer capítulo, en el que se habla sobre el monasterio de las beatas que llaman Santa Mater Dei y, más adelante, en el capítulo trigésimo séptimo, en el que se ejemplifica el comienzo del Hospital de la Misericordia. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Leonor_de_Silva|Leonor de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Catalina de la Fuente se encuentra en el Capítulo X (“Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio”). En este Capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Madre de Dios por parte de las hermanas Leonor y María de Silva.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[Mari González|Mari González]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110v [109v] col. a – 110v [109v] col. b [1].&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de Mari González se encuentra en el capítulo XIX “Del monesterio de Santa Ana, y de su principio y fundación”. En este capítulo, se narra la fundación del Monasterio de Santa y la trayectoria vital de Mari González, que vivió religiosamente en él. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la vida pobre|María de la vida pobre]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. Concretamente, la vida de “María de la vida pobre” aparece en el trigésimo segundo capítulo, en el cual se ejemplifica la fundación del monasterio de “la vida pobre”. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Toledo|María de Toledo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Silva|María de Silva]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Silva se encuentra en el Capítulo X (“Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio”). En este Capítulo, se narra la fundación del Monasterio de la Madre de Dios por parte de las hermanas Leonor y María de Silva.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cruz|María de Santa Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Base de datos||[https://iberian.ucd.ie/view/iberian:52920 Iberian Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Digitalización||[https://patrimoniodigital.castillalamancha.es/bidicam/es/consulta/registro.do?control=BCLM20080000019 Biblioteca de Castilla-La Mancha, Colección Borbón-Lorenzana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de la Santa Cruz se integra en el decimoséptimo capítulo, en el que se ilustra la fundación del monasterio de San Miguel de los Reyes.&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Teresa_L%C3%B3pez&amp;diff=712676</id>
		<title>Teresa López</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Teresa_L%C3%B3pez&amp;diff=712676"/>
				<updated>2026-02-07T19:25:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la vida pobre|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Teresa López&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Estado || Mujer casada&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1469&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento||[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/mar-cortes-timoner Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: febrero de 2021.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 49v col. a-50v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 196 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum (Huesca, 1588) de Alonso de Villegas. El texto no será apenas modificado en las impresiones posteriores a la censura que sufrió la obra en 1588, pero no se situará en el mismo apartado. En el ejemplar R/32084 de la Biblioteca Nacional de España, impreso en 1589 (en Toledo), la vida de Teresa López se coloca en el apartado 197; como aparece en el ejemplar B50/5/11 de la Universitat de Barcelona, impreso en 1595 (Toledo).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
En términos generales, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para editar fuentes impresas (con la intención de hacer accesible el texto a un público no necesariamente especializado) pero se han mantenido: las contracciones, las oscilaciones vocálicas (“debujado”, “doncelle”, “Nájara”, “oviese” por “hubiese” y “ovo” por “hubo”) y los términos o nombres en latín. &lt;br /&gt;
Por otra parte, para facilitar la localización de los textos, se indica el número y la parte del folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Teresa López==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 49v col. a] '''De Teresa López, casada, natural de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Escríbese en el Génesis que habiendo visto el Patriarca Jacob a su amado hijo Josef en grande honra y autoridad en Egipto, a quien antes lloró por muerto, dijo unas palabras de grande ternura y regalo: “Ya, dice, moriré alegre y contento, pues he visto tu rostro”. Pudo decir esto mismo, y con mayor razón, una devota mujer llamada Teresa López, natural de Toledo, a la cual se le apareció el rostro de Jesucristo debujado sobre una sábana a su cabecera estando a punto de morir, y siendo visto de diversas personas que dieron dello testimonio, por lo cual ella murió muy alegre y contenta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determiné de poner aquí este acaescimiento así porque piadosamente se puede creer que la misma Teresa López a quien le sucedió, según fue buena su vida y este milagro con que la aprobó Dios al fin della, está gozando de su Divina Majestad en el Cielo; y así puede escribirse entre los varones ilustres (que no están canonizados) deste libro, como también para confusión de los pérfidos herejes que persiguen el santo uso de las imágenes, pues aquí se vee confirmado con milagro como el venerarlas es santísimo y que premia Dios a quien con devoción lo hace. Lo cual sucedió en esta ciudad de Toledo habiendo en ella infieles, judíos y moros porque fue antes que los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel los echasen de toda España. Y pudo ser esto ocasión porque Dios lo quisiese también para confusión suya. Coli- [fol. 49v col. b.] giré lo que dijere de una información que se hizo luego que sucedió el caso delante del juez eclesiástico, y del libro que anda impreso en latín ''[2]'' y se intitula ''Summi templi Toletani descriptio'' '''[3]'', hecho por el docto Blas Ortiz Canónigo, y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo escrito con mucho aviso y diligencia el doctor Blas Ortiz, canónigo y vicario general en el arzobispado de Toledo, en la descripción que hizo del ''Summo templo y iglesia Toledana'' de las reliquias y riquezas que están dentro del Sagrario, dice luego (y es en el capítulo veinte y seis): &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Junto al Sagrario está una capilla pequeña, y sobre el altar un Cristo de bulto, ligado a la columna, con las insignias de las heridas y azotes que padeció al tiempo de su Pasión. Sobre esta imagen se vee un rostro del mismo Cristo de escultura relevado, que vulgarmente se llama Verónica. A la cual teniendo devoción una devota mujer cuyo nombre era Teresa, casada con cierto ciudadano llamado Álvar López, como todos los días se levantasen al alba, iba a oír la misa que se dice en aquella hora en la capilla de San Ildefonso de la misma santa iglesia, y luego llegaba al altar de la columna, y puestos sus ojos y el corazón en la Verónica y rostro de Cristo adorábale y ofrecíale sus devotas oraciones y plegarias. Esta devoción, cuán grata fuese a Nuestro Señor declarolo después por milagro. Y fue así que, estando la misma devota mujer Teresa enferma, cercana a la muerte, y dada la extremaunción, día jueves cinco de enero del año de Cristo de mil [fol. 50r col. a.] y cuatrocientos y sesenta y nueve, apareciose un rostro hermosísimo de Cristo a su lado derecho, siendo visto de muchas personas que concurrieron a la fama deste milagro. Los cuales llegando cerca desaparecía el rostro y, apartándose, tornaba a mostrarse. Del cual milagro, hecha información por notarios, se guarda en los archivos desta santa iglesia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dice el doctor Blas Ortiz. Yo he visto dos traslados autenticados de una información que hizo sobre el caso Pedro González de Mesa, arcipreste de Madrid, vicario en todo el arcedianazgo de Toledo, por don Tello de Buendía, doctor en Decretos, arcediano de Toledo, con un notario apostólico llamado Diego García de Amusco y un escribano público dicho Pedro Rodríguez de Vargas, en cuyos registros se halla el original. Hay en esta información qui[n]ce testigos, de los cuales quiero referir los dichos de dos los primeros, por sus mismas palabras, para más certificación del caso. El uno es Fernán Sánchez de Ávila, cura de Santo Tomé de la dicha ciudad de Toledo, y el otro Juan Alonso de Yepes, cura de San Torcaz. Los cuales, siendo presentados por Álvar López del Arroyo, marido de la dicha Teresa López, y habiendo jurado en forma de drecho ''[4]'', estando en la capilla de Corpus Christi, que es la mozárabe y tiene también este nombre porque se encierra allí el Santísimo Sacramento el Jueves Santo, según se declara en sus constituciones, dijeron pues allí sus dichos, estos y los demás testigos, en doce días ''[5]'' de enero del año de mil y cuatrocientos y sesenta y nueve, siete días después del ''[6]'' caso sucedido; y así dice la información:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“De los cuales dichos testigos y de cada uno dellos, el dicho señor arcipreste, juez susodicho, en presencia de nós, los dichos Diego García de Amusco, notario apostólico, y Pedro Rodríguez de Vargas, escribano público, recibió sus dichos y deposiciones de cada uno dellos por sí, so virtud del dicho juramento, que verdaderamente dijeron lo que vieron acerca de lo susodicho y en la manera que lo vieron, no mudando ni acrecentando cosa alguna más de lo que vieron y en la forma que lo vieron, e lo que dijeron e depusieron los dichos testigos e cada uno dellos, so virtud del dicho juramento por ellos fecho, es esto que se sigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El dicho Fernán Sánchez de Ávila, vicario clérigo cura de la iglesia de Santo Tomé desta ciudad, testigo susodicho, jurado en forma debida de drecho ''[7]'' e preguntado por el dicho señor arcipreste juez susodicho qué es lo que vido e sabía acerca de lo susodicho, dijo: que el jueves que pasó, víspera de la Epifanía, que fueron [fol. 50r col. b] cinco días del mes de enero, que fue llamado por Gonzalo Rodríguez de San Pedro para que fuese a ver una cosa que en casa de Álvar López del Arroyo había maravillosamente aparecido. E que el dicho Fernán Sánchez dijo que le placía. E fue a casa del dicho Alvar López del Arroyo, e subió a una cámara do estaba doliente y en pasamiento Teresa López, mujer del dicho Álvar López, e que vido a la cabecera de su cama que estaba una almohada, y en somo ''[8]'' della una cruz pequeña de latón que había quedado ahí de como la habían dado la extremaunción, e que debajo del pie de la dicha cruz que parecía estar en somo de la dicha sábana una forma de cara como de Verónica, con su barba larga, muy graciosa. E que por él visto se quedó muy maravillado, e dijo que le diesen una candela de cera que ende estaba encendida por se certificar si aquella figura estaba pintada en la dicha sábana o si no. E que con la dicha candela llegó a mirar la dicha sábana en el dicho lugar, e vido que, en la dicha sábana, no estaba pintura alguna, mas vido cómo la dicha sábana estaba blanca de una parte y de otra; e asimismo el colchón que estaba debajo. E acabado de lo dejar de las manos, dijo este testigo que se levantó en pie. E luego tornó a parecer, e vido la dicha figura en el mismo lugar donde primero estaba. E que por más se certificar, que tornó otras tres veces a mirar e palpar a la dicha sábana e allanarla, e traer por ella la mano, por se certificar si era cosa pintada o otra semejante cosa. Cuando así llegaba a la dicha sábana no veía salvo blanca la dicha sábana, e después de levantado la tornaba a ver como de primero. E que este testigo ovo muy gran contrición e devoción en ver tan grande misterio, e que comenzó a rezar ciertas oraciones e dar gracias a Dios. E que parecía la dicha doliente como una imagen en su cara, no embargante que ella estaba en el agonía de la muerte. E que esto es lo que sabe e vido para el juramento que hizo. E que esto fue en el dicho día a la hora de la prima. Ferdinandus Sancius.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El dicho Juan Alonso de Yepes, cura de San Torcaz, testigo susodicho, jurado e preguntado ''ut supra'' dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Que por cuanto él servía el beneficio curado de San Andrés, en cuya parroquia es la casa del dicho Álvar López, él había confesado a la dicha Teresa López e dado el Corpus Christi, y el dicho día jueves, que fueron cinco días deste dicho presente mes de enero, antes que amaneciese, le había dado la extremaunción. E que después de ido a su casa, a hora de tercia, fuera a él un criado de Álvar López del Arroyo a San Andrés para que quería reconciliarse la dicha Teresa López, e la reconcilió porque había tornado a hablar, e la absolvió plenariamente [fol. 50v col. a] por virtud de una bula de Santa María de Nájara. E que a la cabecera della, a la mano derecha, estaba una cruz de latón que él había dejado cuando le había dado la unción. E que debajo cabo el pie de la cruz, que miró e vido una cara que parecía encima de la sábana con una barba larga, con una corona con tres ramos, que parecían como manera de cruz; la cual dicha cara tenía forma de Verónica. E que él, mucho maravillándose de aquel milagro tan grande, que alzó la sábana por ver si había alguna cosa pintada o algún bulto debajo de la sábana en el almadraque para que hiciese parecer aquella cara encima. E que lo miró por tres o cuatro vegadas, dellas con candela e dellas sin candela, e cuando la miraba sin candela que la veía ahora desde cerca ahora de lejos; e desque con la candela la miraba que desparecía ''[9]'', e veía la sábana blanca. E que por más certificarse, que tornó a mirar, e atento con la mano, a ver si alguna cosa había que lo hiciese por retificarse en ello, e que no había cosa alguna, sino aquella señal de aquella cara, que estaba allí como figura que parecía encima de la dicha sábana. E que él dio muchas gracias a Dios por ello e que dijo que lo oviese por buena esperanza e señal. E que la ficha Teresa López tenía su cara muy graciosa como quier que estaba con el sarrido ''[10]'' de la muerte, e que no parecía sino una doncelle. E que para el juramento que fizo ''[11]'', que esto es lo que vido e sabe deste fecho. Juan Alonso de Yepes.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los demás testigos, que son trece, sin estos dicen y afirman lo mismo y señalan algu- [fol. 50v col. b] nos que duró por casi seis horas, desde media antes del día hasta la plegaria del mediodía. Uno declara que el rostro de Cristo estaba con cabellos y barba partida, como pintado de blanco y negro. Otro dice que una hija de la dicha Teresa López le preguntó si veía algo, y que ella se sonreía y mostraba muy alegre. Otra afirma que entró en el aposento y, no viendo la imagen diciendo los que estaban allí que la veían, se afligió mucho atribuyéndolo a sus pecados, de los cuales teniendo grave dolor la vido luego. Otro testigo llamado Gonzalo Rodríguez de San Pedro, hermano de la dicha Teresa López, dice que llevó al dicho cura de Santo Tomé, Fernán Sánchez de Ávila, para que la viese porque se había de enterrar la dicha Teresa López en la misma iglesia de Santo Tomé donde él tenía capilla, aunque, según a mí me dijeron algunos deudos suyos, fue sepultada en el monasterio de la Trinidad, en la capilla grande de Nuestra Señora que está junto a la imagen de la peña de Francia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los testigos que tenían conocimiento con la dicha Teresa López dicen en sus dichos grandes bienes y virtudes della; y así es de creer piadosamente que está gozando de Dios. Cuya muerte fue jueves, cinco días de enero, año de mil y cuatrocientos y sesenta nueve. Hay en esta ciudad de Toledo, por el año presente de mil y quinientos y ochenta y seis, muchos nobles ciudadanos que se tienen por sus parientes y afirman por tradición derivada de unos en otros todo lo que della se ha dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo del folio, a la altura de la letra capital que inicia el relato, está escrito: “En.5.de Enero. Genes.46.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Leemos en el margen derecho de la columna b “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se refiere a la obra ''Summi templi Toletani perq[uam] graphica descriptio'' (impresa en 1549). Puede consultarse en Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico del Ministerio de Cultura: https://bvpb.mcu.es/ca/consulta/registro.do?id=397573.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el ejemplar R/320874 de la BNE, impreso en 1589 (en Toledo), aparece escrito “derecho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1469.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito “de el”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Véase nota ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' “Encima”. Véase REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE). http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' desaparecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Palabra (conservada en impresiones posteriores) que tampoco se halla documentada en CORDE. Corpus diacrónico del español. http://www.rae.es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' El texto reproducido por Villegas conserva la f- inicial en las palabras “fizo” y “fecho” reflejando, de esta manera, que es anterior a su relato (donde estas palabras aparecen escritas con h-).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712675</id>
		<title>María de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712675"/>
				<updated>2026-02-07T19:25:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
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[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
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[[Category:Tomas_Tamayo_de_Vargas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luis_de_Miranda]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:SantaMariaToledo_DianaSanmartin.jpg|right|María de Toledo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata, monja, prelada, abadesa y fundadora del monasterio Santa Isabel la Real de Toledo &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1437&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo'' es una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI. Se trata de una copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes, sin referencia, sin paginación ni foliación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r] Esta es la vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo, abbadesa y fundadora de Santa Isabel la Real de la ciudad de Toledo; tiene XXVII capítulos, ruego [fol. 1v] al lector q la leyere que las faltas que hallare las enmiende con caridad y lo atribuya a mí y no a la vida de esta devota de Nuestro Señor Jesuchristo y de su bendita madre. Amén.&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó. &lt;br /&gt;
Capítulo 2, cómo se vino a Toledo y murió su marido.&lt;br /&gt;
Capítulo 3, cómo dejó los vestidos.&lt;br /&gt;
Capítulo 4, cómo se ocupaba en la oración. &lt;br /&gt;
Capítulo 5, de la abstinencia y muchas revelaciones que tuvo. &lt;br /&gt;
Capítulo 6, cómo entró en el hospital a servir los pobres. &lt;br /&gt;
Capítulo 7, cómo dejó renta al hospital y pidía para él. &lt;br /&gt;
[fol. 2v] Capítulo 8, cómo estuvo enferma en el hospital&lt;br /&gt;
Capítulo 9, cómo quiso ir a Jerusalén. &lt;br /&gt;
Capítulo 10, cómo fundó el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 11, de la vida que hacía en el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 12, de su abstinencia.&lt;br /&gt;
Capítulo 13, de la caridad que tenía con los enfermos. &lt;br /&gt;
Capítulo 14, cómo seguía la comunidad.&lt;br /&gt;
[fol. 3r] Capítulo 15, cómo mandó hacer una túnica de cerdas. &lt;br /&gt;
Capítulo 16, cómo tuvo una enfermedad. &lt;br /&gt;
Capítulo 17, cómo su camisa llevaron a una enferma. &lt;br /&gt;
Capítulo 18, cómo los médicos la desahuciaron. &lt;br /&gt;
Capítulo 19, de cómo le dio la enfermedad de que murió. &lt;br /&gt;
Capítulo 20, de muchas preguntas que le hicieron las monjas. &lt;br /&gt;
Capítulo 21, cómo muchos cantos que se oyeron en su tránsito. &lt;br /&gt;
[fol. 3v] Capítulo 22, cómo la sacaron de la cueva.&lt;br /&gt;
Capítulo 23, cómo su cuerpo está entero y de muchos milagros.&lt;br /&gt;
Capítulo 24, cómo fue llevada en espíritu al monte Tabor. &lt;br /&gt;
Capítulo 25, de una maravillosa visión que vido fray Jordán, vicario de las monjas de la Madre de Dios de Toledo. &lt;br /&gt;
Capítulo 26, cómo el Padre fray Pedro de Acuña vino por vicario y de una enfermedad que tenía y cómo sanó por los méritos de esta sierva de Dios ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora Doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella vido que no tenía hijos, trabajó con su marido que la diese licencia para se venir a Toledo, tomando por escusa de [fol. 5r] venir a ver a su madre, y que estaba enferma. Y llegada a Toledo estuvo con su madre por buen espacio de tiempo que no volvió a su casa, en el cual tiempo su marido tuvo una grande enfermedad, de la cual falleció. Y trayéndole la nueva, luego que la oyó, hincó las rodillas en tierra y dio muchas gracias a Nuestro Señor Jesuchristo porque la quería ya dar libertad ''[3]'' para que toda ella se pudiese mejor emplear en su servicio como ella lo deseaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y, como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora, estando en este ejercicio en casa de su madre, iba cada noche a maitines a la iglesia mayor con una linterna, ella y una compañera suya que para esta vida tenía escogida, la cual era muy virtuosa y devotísima de Nuestra Señora y persona de muy gran contemplación. Y con ella andaba todo esto descalza, que desde que [fol. 7r] enviudó nunca se calzó, zapatos ni otra cosa por nieves ni agua que hiciese y cada noche iba a maitines. Y no contenta de esta vida, dormía algunas veces en la iglesia mayor, ella y su compañera, debajo de la tribuna de los señores, y en todo este año entero no salió de allí, mas dábase a muy grande oración y contemplación y penitencia, y comulgaba cada ocho días los primeros años; y después, andando más en la vida espiritual, todas las veces que su confesor se lo mandaba aunque fuese a tercero día. Este confesor era un sancto varón que se llamaba fray Juan Pérez, de la ''[8]'' [fol. 7v] orden de Nuestro Padre San Francisco, el cual le mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor comunicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo comunicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor comunicó con esta su sierva en aquel año. Y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Santa Isabel, que nos lo dio su confesor, con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión, y todo ansí como lo teníamos la mayor parte dello se [fol. 8r] llevó el Arzobispo de Toledo, Don Fray Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su Vida para vella y sus Revelaciones, diéronsela toda y Su Señoría se la llevó y nunca más la tornó y ansí tornamos a escribir la Vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propia mano, no quedaron sino muy pocas. Y viniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamabo [''sic''] Doña Leonor, nuera del Duque de Alba, demandola [fol. 8v] para verla y se la llevó y nunca más la volvió. Y desta manera se nos perdieron todas las Revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima y ansí no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quinto, de la abstinencia que hacía y como le fueron reveladas muchas cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando al propósito primero, en todo el año que no salió de la iglesia mayor de noche ni de día, ni se comunicó con persona alguna desta vida sino con su confesor ya dicho, y él la comulgaba a [fol. 9r] tercero día, y el día que comulgaba ayunaba a pan y agua, y lo más de la semana lo mismo, y cada día se disciplinaba. Y en este tiempo le fue mostrado y revelado cómo se habían de ganar muchas tierras de moros, y Granada con todas sus tierras, y le fue revelado cómo se habían de echar lo [''sic''] judíos de Castilla y la reformación de los monasterios, y las grandes herejías que se hacían en estos reinos, por donde ella fue causa de poner la Inquisición, para ensalzamiento de nuestra sancta fe católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Esto y otras muchas cosas que cumplían al regimiento del Reino escribió a Sus Altezas de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, que estaban entonces en la ciudad de Segovia. Y esto fue ocho años antes que aconteciesen estas cosas y, como esta señora era persona de tanto merecimiento y sanctidad, comunicábase mucho la Reina con ella, y enviándola llamar a ella y a su compañera para informarse della de todo lo que les escribía por extenso. Y, llegada a la ciudad de Segovia, estuvo con sus Altezas seis meses nomás. Y porque allí no podía po- [fol. 10r] ner por obra sus buenos deseos y humildad en que ella solía ejercitar su vida, pidió licencia a Sus Altezas para tornarse a Toledo para acabar lo comenzado. Y, venida a la ciudad, no se quiso tornar a casa de su madre, mas fuese derecha al Hospital de Nuestra Señora y públicamente se puso a servir a los pobres por tres años, sirviendo desta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo sexto, de cómo esta señora sierva de Jesuchristo Nuestro Señor entró en el hospital'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entrando en el hospital fue recibida de todos los pobres como madre, y la die- [fol. 10v] ron una capillita muy pequeña en que estuviese, que no cabía más de una camita muy pobre y un oratorio, y la cama que allí tenía era un colchón de paja y una manta encima muy vieja con una almohada de sayal llena de paja. Ella andaba siempre descalza, y vestida una túnica de sayal y un hábito de lo mismo, y por toca traía un paño de lienzo muy grueso y las bocas de las mangas traía atadas con tomizas. Era muy solícita y diligente en el servicio de los enfermos ansí hombres como mujeres, hacía las camas y lavábales las bocas, curábales las llagas, [fol. 11r] y besábaselas muchas veces, y tresquilábales las cabezas y dábales de comer con sus propias manos, y hacía todas las otras piedades que sus necesidades demandaban, y deshacía las purgas y dábaselas con mucha devoción y limpieza y caridad. Y a las nueve de la noche andaba visitando los enfermos y mirando lo que habían menester porque eran más de setenta, entre hombres y mujeres, y traía siempre una cestilla en las manos con manzanas, y granadas y azúcar y confites para dejar a cada uno lo que hubiese menester, y una noche estaba un muchacho con cámaras, y ella misma le sacó en brazos seis veces [fol. 11v] a hacer sus necesidades, porque era niño y no se podía tener de flaco. Y, acabado todo esto de prima noche, entrábase en el cuarto donde estaban las mujeres en su celdita, y con todo este trabajo del día estaba hasta maitines en oración mental, y a la mañana iba luego a visitar los enfermos y a hacerles algunas piedades acostumbradas como solía, y sacaba los servidores y llevábalos a vaciar delante de todos con muy gran gozo y humildad. Y ansí, a ejemplo suyo, todos los caballeros y señores de la ciudad, se hicieron hermanos del hospital y servían a semanas y esta costumbre quedó puesta para siempre [fol. 12r] en el Hospital de la Misericordia, en esta ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo séptimo, cómo dejó renta al hospital y pedía cada semana limosna para él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó esta señora su renta al hospital veinte y cinco mil maravedís de juros, e iba cada semana a pedir por las plazas y mercados por amor de Dios para los pobres, ella y su compañera, y tornaban cargadas de todo lo que les daban unas veces gallinas y pollos y de otras cosas semejantes; y otras veces de escobas y sogas, y ollas y ansí de otras cosas de humildad en que eran [fol. 12v] necesarias para el servicio de los enfermos y provisión del hospital. Y viniendo cargadas con todo esto, muchas veces topaban con muchos caballeros y señores sus parientes y con su misma madre, de los cuales pasaba muy grandes persecuciones porque se afrentaban de verla andar de tal manera y la llamaban de loca, y algunas veces la tomaban la hacienda por que no la gastase de tal manera. Otras veces la hacían muchos enojos, pensando que por estas cosas se enmendaría de dejar lo que tenía comenzado, mas como esto era lo que ella andaba buscando, que era padecer denuestos y injurias por amor de Nuestro Señor [fol. 13r] Jesuchristo, no la espantaba nada, mas antes confirmaba más su buen propósito y deseo en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo que siempre tuvo en su Divina Majestad. Y sus deudos, viendo que no aprovechaba nada lo que con ella hacían para apartalla de aquella vida, dejáronla seguir su voluntad y grande desprecio de mundo, de lo cual ella estaba muy jocosa de padecer, a ejemplo de los que a Nuestro Señor fueron hechos en su sagrada pasión, de la cual ella era muy devota y derramaba infinitas lágrimas de amor y compasión della, en la cual le fueron dados de Nuestro Señor muy grandes sentimientos. Y le fueron reveladas muy grandes [fol. 13v] cosas, que después acá han pasado ansí en lo susodicho, como en otras grandes cosas que por nuestros ojos hemos visto, y a causa de ser ella tan secreta y humilde no quería comunicarse con nadie las gracias que Nuestro Señor Jesuchristo comunicaba con su alma. Y lo que decía era casi forza[da] por la obediencia que tenía a su confesor; y por esta obediencia comunicaba con él y con su compañera a las cosas que sentía y pasaba, y ansí todos tres escribían lo que pasaban y lo mismo hacían de su compañera, ansí que todos escribían lo que pasaban y vían en espíritu. Y muchas veces el confesor por probar su paciencia mandaba a [fol. 14r] su compañera que la diese de bofetadas, lo cual ella hacía forzada por la obediencia y ella las recibía con mucha paciencia y amor de Jesuchristo Nuestro Señor, por quien ella tanto deseaba padecer por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo octavo, cómo cayó enferma en el hospital y no consintió que la sacasen fuera d’él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sierva de Nuestro Señor en este sancto ejercicio en el hospital, como era tan generosa y delicada, a cabo de los tres años del servicio d’él, diole Nuestro Señor una muy grande enfermedad de fiebre a causa de los vapores de los enfermos; y ansí como estaba en- [fol. 14v] ferma, no consintió que la sacasen de la celda donde dormía y, sabiéndolo su madre y parientes cómo estaba tan enferma, vinieron todos al hospital, aunque no la hablaban, y trabajaron mucho de llevarla cada uno a su casa, mas ella no quiso salir del hospital. Y, estando en este, creció tanto la enfermedad que la dieron todos los sacramentos y la extremaunción y, tiniéndola ya por muerta todos los que presentes estábamos, la vimos dar las boqueadas en presencia de los médicos y de infinito número de gentes que allí estaban. Ya tenido por defunta, la tomaron en un colchón y la subieron a una capilla que llaman “las beatas de Lope [fol. 15r] Gaytán” ''[9]'', que estaban en el mismo hospital, con las cuales estaban las suyas mientras ella acababa el servicio de los pobres, y, estando en esto, aparejando la sepultura que está en la misma capilla y allí está una imagen de Nuestra Señora muy devota con el niño en brazos, delante la cual su madre estaba llorando y con muy gran fe suplicando a Nuestra Señora le diese a su hija y con grandes lágrimas y gemidos. Y con la gran pena que tenía decía que, si no se la resuscitaba, que ella le tomaría el niño precioso que en los brazos tenía, y Nuestra Señora, mirando sus gemidos como madre de misericordia. Estando en esto, abrió los ojos y, tornando como de la muerte [fol. 15v] a la vida; y de ahí adelante fue de bien en mejor su salud, y mandaron los médicos que la sacasen del hospital si no que moriría y, forzada, la llevaron a casa de su madre adonde todas las suyas fuimos, que antes estábamos en la dicha casa de las beatas de Lope Gaytán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo nueve, de cómo esta sierva de Jesuchristo quiso ir a Jerusalén en romería'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, estando en esto en casa de su madre, pensó de dar asiento a su vida y para más perfección procuró de poner en estado a las suyas y, después de hecho esto, de tomar una esclavina ella y su compañera y partir se secre- [fol. 16r] tamente a Jerusalén, mas, como sus hermanas no quisieron apartarse de su compañía, no pudo poner en obra lo que tanto deseaba y púsose en oración ella y su compañera para saber de Nuestro Señor Jesuchristo, que Él la pusiese en obra su pensamiento y, si otra cosa Él fuese servido, que en todo Su Majestad la alumbrase. Y, hecha la oración, fuele respondido que hiciese una casa de religiosas adonde ella y muchas almas se salvasen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez, de cómo fue edificado el monasterio, y la vida que hizo en él esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puesta ya en determinación de hacer una [fol. 16v] casa de religiosas, andaba buscando una tal casa como convenía para el monasterio, y en este tiempo vino la corte a Toledo. Y, como los Reyes Católicos la querían tanto y se comunicaban mucho con ella, hiciéronle merced de esta casa de Santa Isabel, y ellos mismos la metieron dentro y se la entregaron a ella y a todas las suyas, en la cual casa gastó más de siete cuentos. Y entre la señora Doña Juana de Toledo, su hermana, que era sanctísima mujer, y Su Alteza de la Reina Doña Isabel, púsole su nombre Sancta Isabel de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo once, de la vida que esta sierva de Cristo hizo en el monasterio y de su abstinencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17r] La vida que hizo esta señora en el tiempo que estuvo en el monasterio fue muy subida y de mucha perfección y en muy gran menosprecio, y contemplación y oración y penitencia. Su vestido era un silicio de cerdas hasta ''[11]'' en pies y una túnica de sayal y un hábito ''[12]'' de lo mismo y el manto, y todo era lo más viejo y remendado y de más desprecio que ella hallaba. En la casa andaba descalza y las tocas eran de estopa y el vilo [''sic''] sin alguna curiosidad, su cama ''[13]'' fue en lo primero una tabla y a la cabecera un madero, una manta de sayal debajo y otra encima, y otras veces tenía por al- [fol. 17v] mohada una piedra o una almohada de sayal llena de paja [14]. Y su comer era todo el año un ayunar muy continuo y cada semana ayunaba tres días en pan y agua y continuamente iba a las espuertas en que cogían la basura y buscaba los mendrugos de pan que estaban en ellas, y llevábalos ascondidos en su manga a la mesa y aquellos comía todas las veces que los hallaba, y cuando no los hallaba buscabo [''sic''] por el refectorio los pedazos que dejaban las monjas, que nunca partía pan entero si posible era.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo doce, de la abstinencia que hacía esta sierva de Nuestro Señor cuando comulgaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18r] ''[16]'' [...] como visitaba las enfermas a menudo. &lt;br /&gt;
Comulgaba esta sierva del Señor muy a menudo, y todos los días que comulgaba ''[17]'' nunca comía hasta la noche en todo el día, y entonces comía unas pasas y almendras ''[18]'' o cosas semejantes, y siempre la comida que de orden le daban la enviaba a las personas avergonzantes, y de los pobres tenía muy gran cuidado, que les diesen limosna ''[19]'' y que nunca les faltase la comida; y hacía mucha limosna a los pobres de la cárcel, que siempre les enviaba limosna; y mandaba proveer de agua y de todo lo que podía como a la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo trece, de la caridad que […] sierva de Nuestro Señor tenía con los enfermos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta su caridad con los enfermos que no pasaba día que no visitaba la enfermería y si hallaba los servidores o escupidores sucios, lavábalos siempre ''[21]'' y procuraba siempre como estaban proveídas de lo que había menester y cuando alguna vez estaba mala en la enfermería siempre andaba por las enfermerías visitando las enfermas y llevábales escondido lo que a ella le daban para su consuelo y no quería comer hasta que sabía que las enfermas tenían lo que habían menester.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo catorce, cómo esta sierva de Nuestro Señor seguía la comunidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estaba en la comunidad y echaban a algunas monjas algún oficio de humildad, ''[22]'' muchas veces, antes que las monjas, tenía ella ya llevados los servidores por que descansase algo la oficiala. Y siempre era ''[23]'' ella la primera en el seguimiento de las comunidades y en fregar y barrer y en meter leña, y lavaba las túnicas de las monjas, si no que no la dejaban todas veces. ''[24]'' Ayunó una vez la Cuaresma de los ángeles a pan y agua todos cuarenta días sacados los domingos, y este día comía unos bocados de pescado ''[25]'' [fol. 19v], y en toda esta Cuaresma comulgaba a tercero día ''[26]'' y este día no comía nada hasta la noche que bebía con unos granos de anís, y esto hizo hasta que una vez en este tiempo vino aquí el Arzobispo don fray Francisco Jiménez y la madre vicaria le suplicó que la mandase que comiese alguna cosa, y él mandóselo ''[27]'', y dende allí adelante poníanle unas pocas pasas y almendras y avellanas, que ya sabían que no había de comer otra cosa; y sobreavisó la resitolera se las ponía contadas para ver qué tanto comería, y hallaba por su cuenta que comía una avellana y una almendra y una pasa; ansí por cumplir ''[28]'' [fol. 20r] la obediencia comía una cosa de cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quince, de cómo la sierva de Nuestro Señor mandó tejer una túnica de cardas y lana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No contenta de la penitencia que hacía, mandó tejer una túnica de cardas y lana de cabras ''[29]'' para sobre el silicio, que siempre le traía a raíz de la carne y tan largo que descendía hasta encima de los tobillos una mano, y siempre buscaba nuevas maneras de penitencias y, con todos los cuidados del regimiento, siempre era la primera en las comunidades ''[30]''. Iba cada noche a maitines y antes de maitines, después de reposadas las monjas, estaba dos horas de rodillas en [fol. 20v] oración, y luego recostábase sobre la cama susodicha, que era una tabla cubierta con una manta de sayal y, cuando se levantaba a maitines, no tornaba más al dormitorio, mas estábase en el coro en oración hecha un mar de lágrimas, y esto era muy continuo ''[31]'', y si alguna vez la constreñía el sueño, en la misma silla recostaba la cabeza y, aunque helase y nevase, nunca otra piedad tomaba, si no llegaba alguna monja y la echaba algún manto encima; y para sí era muy áspera y para las otras muy piadosa, ''[32]'' y siempre consolaba a las enfermas y aflictas con las obras de piedad y palabras celestiales ''[33]'' [fol. 21r] como madre verdadera, que más parecía en su conversación ángel que persona. Y, como era tan devotísima de la Pasión ''[34]'', siempre suplicaba a Nuestro Señor Jesuchristo que le diese a sentir los dolores que Él había sentido en el desconyuntamiento de la sanctísima vera cruz por que pudiese mejor compadecerse de sus dolores padeciéndolos ella. Y Nuestro Señor Jesuchristo, mirando sus sanctos deseos ''[35]'' como aquel que sabía lo que tenía en ella y en su sancta ánima, diole una muy grande enfermedad de dolores incomportables en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez y seis, de cómo Nuestro Señor [fol. 21v] Jesuchristo dio a su sierva una muy grande enfermedad de dolores recios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dio Nuestro Señor a su sierva una muy cruel enfermedad de dolores, que cuando le daban decía ella que parecía que la desconyuntaban todos los miembros de su cuerpo y que la hacían pedazos, y no se podía rodear sino la rodeaban con una sábana en la cama, y con todo este tormento que padeció un año nunca persona la vio perder la paciencia, ningún movimiento de ira y, cuando los dolores eran tan incomportables que lo [''sic''] ''[36]'' le era posible sin se quejar, luego demandaba perdón con grande voluntad a las que la servían ''[37]'' [fol. 22r] del mal ejemplo que les daba; y ansí como era humilde como la tierra y afable, ansí era también grave y prudentísima y tenía grandísima gracia en hablar de Dios, que como lo sentía ansí lo sellaba en las ánimas, que muchas veces la veían estando metida en hablar de Dios, el gesto con tan grande alegría que manifestaba muy claramente el gozo que de dentro poseía, y cuando estaba en este fervor no parecía que sentía los dolores más que toda estaba inflamada en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecisiete, cómo una camisa de esta sierva de Nuestro Señor fue llevada a una mon- [fol. 22v] ja del Cístel que estaba enferma y no se la quiso vestir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el tiempo que esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo estuvo enferma en la enfermedad ya dicha, tomaron una camisa que ella se vestía en su enfermedad y la llevaron a una muy religiosa monja de la orden del Cístel, la cual se llamaba Martha, para que se la vistiese, que era de un enfermo que se lo rogaba por amor de Dios, y ella, viendo la camisa, nunca quiso tocar a ella mas mirola con gran reverencia y dijo que cúya era aquella camisa, que no osaría ella vestírsela porque no era enfermedad, mas eran [fol. 23r] dolores de la sacratísima Pasión de Nuestro Señor Jesuchristo, y que por esta causa no se la osaría vestir, mas antes encomendarse a quien lo padecía. Ansí que conoció en espíritu lo que secretamente llevaban para que por su sanctidad se la vistiese, y ansí confirmó los pensamientos de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo dieciocho, de cómo los médicos no le daban remedio ninguno ni le hallaban para su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando juntos muchos médicos y cirujano, no pudiendo hallar ningún remedio ni le hallaban para su enfermedad hasta que fue cumplida la voluntad de [fol. 23v] Nuestro Señor Jesuchristo, que ella padeciese lo que tanto deseaba padecer, y en esta enfermedad fue tan grande su paciencia que más parecía que se deleitaba en ella que no que padecía. Y cuando Nuestro Señor fue servido de alivialle los dolores luego se hizo llevar al dormitorio con el convento, porque allí eran sus deleites, gozar siempre de la comunidad, adonde estuvo muy poco tiempo que luego le dio el mal de la muerte, que fue de fiebre y una seca, que no vivió más de cinco días en los cuales días se cumplió un año que le dio la enfermedad de los dolores, y en esta fiebre que tuvo, tuvo quitado el sentido en las cosas temporales. Y nunca le perdió en las ''[38]'' [fol. 24r] cosas de Nuestro Señor Jesuchristo, antes hablaba cosas tan altas y maravillosas, que todos los médicos y personas que la veían estaban admirados, y alababan a Nuestro Señor Dios de ver tal enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecinueve, de cómo le dio el mal de la muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que a esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo le dio el mal postrimero para ir a gozar de Nuestro Señor Dios, que era lo que más en esta vida había deseado, fue el día de San Pedro y San Pablo, y comulgó estando buena, como acostumbraba a celebrar las otras fiestas, y otro día de la conmemoración ''[39]'' de San Pablo, pos- [fol. 24v] trero día de junio, miércoles, a la una del día, le dio la fiebre y la seca y luego perdió el sentido, y dijo que luego le llamasen al vicario para que la confesase y diese los sacramentos y, en entrando, ella recibió el sancto sacramento con mucha devoción con todos sus sentidos, y ansí estuvo por espacio de dos horas, toda metida en sí que no quiso que la hablase nadie, y esto fue sábado, un día después de la visitación de Nuestra Señora. Y pasadas las dos horas tornó a perder el juicio en lo corporal, y en las cosas de Dios estaba tan viva como cuando estaba en su fervor y, estando ansí, le dijo una religiosa que ''[40]'' [fol. 25r] rogase a Nuestro Señor por ella y respondió con entrañas de caridad (como siempre lo hacía) que por ella sola que rogase a Nuestro Señor, que por todo el universo mundo había de ser la oración, que ansí nos rogaba ella a todas que hiciésemos como ella hacía, que siempre era esta su forma de oración y esto respondía a todas las preguntas que le hacían de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte, de muchas preguntas que la hicieron las monjas y lo que respondía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también le preguntaban las monjas si veía a Nuestro Señor Jesuchristo, y ella dijo que a Nuestro Señor y a su preciosísima madre. [fol. 25v] Y preguntole una monja y devota de San Juan Baptista que si veía a San Juan Baptista, y ella respondió muy alegre: “Y aun a toda la corte celestial que estaba allí”. Y esto decía con una alegría muy grande en que mostraba muy claramente en su gesto estar toda inflamada en gozo; y sin que ella lo manifestase lo conocían todos los que la veían. Y nunca veían ni oían que se les cayese de la boca estos versos: ''“In pace in idipsum: dormiam et requiescam” [41]''. Y otras veces decía: ''“In manus tuas Domine commendo spiritum meum” [42]''. Y otras veces decía: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi” [43]''. Y otras veces decía: ''“Hec [fol. 26r] requies mea in seculum seculi” [44]''. Y luego demandó la unción, y se la dieron aunque no estaba en su propio juicio ni el gesto mostraba señal de muerte sino de mucha alegría, mas el pulso mostraba la verdad. Y cuando la dieron la extremaunción ella misma respondía a los siete psalmos, y cuando vino la medianoche estábamos todas tan atormentadas de pena, alrededor de la cama, todas dormidas, las más con la pena de lo que presente veíamos; despertáronnos a todas como si a cada una llamaran de por sí y pusiéronse juntas alrededor de la cama de rodillas llorando todo el [fol. 26v] convento, la suplicamos que rogase a Nuestro Señor por nosotras y que nos encomendase a Él y nos diese su bendición, y ella, con aquella benignidad que solía hablar, nos dijo que la bendición de Dios Padre todopoderoso nos guardase y diese su bendición y amor y temor. Y luego tornó a decir sus versos que antes decía y de ahí a tres credos dijo a muy alta voz: “Hijas mías, quedad en paz”. Y luego juntó su boca y ojos sin más movimiento ni señal de muerte, que más parecía tránsito de sancta que muerte, y ansí dio el alma a Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en espirando fue tan grande el olor que [fol. 27r] alrededor della estaba que parecía que estábamos en un vergel de muy olorosas flores, y este mismo olor quedó en la cámara adonde estaba y en toda la ropa con que la curaron, y pasó esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo desta vida lunes al alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando las monjas cayeron en el yerro que habían hecho, que era tener una tal persona en la cueva y llena de cal encima, pidieron licencia al juez de la iglesia para sacarla de la cueva en que estaba, y sacáronla entera, y olía su cuerpo como el mismo día que la enterraron y ansí cerraba y abría sus manos como cuando era viva, sin comerse cosa alguna, y el mayor milagro fue que el espacio que estuvo en la [fol. 29r] cueva fue tan poco que no fue más de dos meses, porque ella murió un día antes de la octava de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y sacámosla el día de San Matheo en el mismo año, y salió con las mismas carnes que la metieron, que no le había hecho ninguna impresión ni aun en el hábito que tenía vestido, sino era lo que estaba encima por el agua que distilaba de la cueva que era mucha por el regar y lavar del coro, mas lo que estaba a raíz del cuerpo estaba tan fresco como cuando la enterraron, y entonces tornámosla a meter en la cueva porque no estaba hecho el encillo donde la [fol. 29v] habíamos de meter, y después tornáronla a sacar día de la Translación de Sant Luis y pusiéronla en un encillo, adonde está hasta que otra cosa se ordene.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y tres, de cómo el cuerpo de esta sierva de Nuestro Señor está entero, y de muchos enfermos que por sus merecimientos han sanado de diversas enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y allí en aquel encillo está su cuerpo tan entero como si estuviera viva, salvo el rostro que le tiene con mal color, de quemado de la cal. Y todas las personas que a esta señora se encomiendan en sus enfermedades le alcanza de Nuestro Señor Jesuchristo salud, [fol. 30r] y desto tenemos muy grande experiencia en muchas maneras de enfermedades que habemos visto sanar, especialmente de ciciones, que han sido sin número las que ha sanado y diremos algunos, que todos no será posible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fue que en la ciudad de Burgos ''[46]'' estaba un clérigo de misa muy enfermo y tullido, que había más de tres años que no se levantaba de la cama, y una noche vido en sueños una dueña de admirable hermosura que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta [fol. 30v] Isabel, que es fallecida, y luego serás sano”; y él, como lo oyó y supo que era difunta, hízole decir una misa, aunque no la conocía, y luego se levantó, y de ahí adelante estuvo bueno y publicó el milagro, y creció la devoción mucho en ella por la de Jesuchristo Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en aquellas partes, allende los puertos, estaba una gran señora que por ser tal ''[47]'' no se dice su nombre, y tenía una hija muy enferma de la cabeza y no tenía hijos, y esta señora decía que, si los tuviese, que sanaría de aquel mal; y ella, tiniendo mucha fe y devoción en esta sierva de Nuestro Señor [fol. 31r] Jesuchristo, por la fama que tenía de su vida tan en extremo perfecta, sabiendo que era finada, envió a pedir un velo o toca que hubiese estado en su cabeza, y la medida de su cuerpo; y lleváronle una toca que al presente tenía tocada, y la medida de su cuerpo, la cual le ciñeron, y luego se hizo preñada; y puesta la toca encima de su cabeza, luego fue sana por la misericordia de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta su sierva. Y esta fue la primera por quien Nuestro Señor Jesuchristo mostró estas maravillas, y de ahí adelante han sido sin número los milagros que Nuestro Señor ha hecho con [fol. 31v] la medida de su bienaventurado cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo tiempo que esta sierva de Nuestro Señor falleció, estaba una señora noble de esta ciudad de Toledo muy enferma de los ojos, ''[48]'' que había más de cincuenta días que no salía de detrás de una sarga, que [te]nía los ojos hechos una sangre que no podía ver cosa ninguna. Y sabiendo cómo esta señora era defunta, envió con mucha fe a demandar un paño que hubiese tenido sobre sí esta señora y que creía que, en puniéndoselo encima, sanaría, lo cual fue ansí. Y una sobrina suya, que era monja de la casa, enviole un paño que ella había tenido [fol. 32r] puesto en el estómago en su enfermedad, y pusiéronselo encima de los ojos, y luego los abrió por la gracia de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
Otra dueña de esta misma ciudad estaba tullida de una cadera que tenía ciática ''[49]'' más había de tres años, y con la gran devoción que tenía en esta señora, envió a pedir un poco de cilicio de lo que ella traía o de su túnica, y luego se lo enviaron por la fe que tenía y, en puniéndoselo a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta sierva suya, fue luego sana del mal de la cadera en puniéndoselo encima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, aunque fue [fol. 32v] casada nunca parió, y a todas las que no paren, puniéndose su medida de su cuerpo con mucha devoción ''[50]'' se hacen luego preñadas, y cualquiera que se pone un poco del silicio ''[51]'' o de la túnica luego sana de las ciciones, a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y quatro, como Nuestro Señor la llevó en espíritu al monte Tabor y lo que allí vido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Jesuchristo era viva, aconteció un día de la Sanctísima Transfiguración, habiendo comulgado estando de rodillas en el coro en su silla por muy grande espacio del día hacia la tarde, vido la [fol. 33r] una monja el rostro que d’él y de todo su cuerpo salía un resplandor como de sol, de tal manera que estaba muy espantada la religiosa de ver tal cosa, y nunca podía quitar los ojos de ella, y después de pasado el día suplicole la monja muy afectuosamente que le dijese qué habían sido los pensamientos que el día pasado había tenido, que por reverencia de Nuestro Señor se lo dijese, y ella respondió que por qué se lo preguntaba, y dijo la religiosa que no le negase la merced que le pedía, que ella diría la causa; y luego respondió la sierva de Nuestro Señor Jesuchristo que la había Nuestro Señor hecho merced de llevarla en espíritu, al [fol. 33v] monte Tabor; y que allí gozaba de la gloria que los bienaventurados apóstoles gozaban, y que preguntó al glorioso señor San Juan, que qué había sentido en aquella gloriosa y santísima transfiguración, y que la respondía san Juan que había gustado la ley de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez en Cuaresma, estando en el dormitorio, viernes, haciendo la disciplina, vido una religiosa cómo le salía un rayo de luz del rostro y allegaba a ella adonde estaba en las postreras del dormitorio y, maravillada de tal novedad, otro día suplicole la religiosa de rodillas qué era lo que había visto y sentido en la disciplina porque [fol. 34r] ella había visto una muy gran señal de amor. Y la bienaventurada y devota señora la respondió que le dijese ella lo mismo, porque Nuestro Señor Jesuchristo le había dado a sentir el amor con que se había puesto en la columna a sufrir tan crueles tormentos y dolores; y que sintió cómo ella sentía lo mismo, y que por esta causa habían visto entrambas una cosa; llamábase María de Salazar, y muchos años después de fallecida se halló su cuerpo entero, y la vieron algunos prelados de nuestra orden que entraron a la cueva a ver algunos cuerpos que según sus vidas se tenían por sanctos, y entre los [fol. 34v] frailes que entraron fue uno fray Francisco de los Ángeles, que al presente era provincial de la Provincia de Castilla, y ahora es cardenal de Sancta Cruz. Y hallaron el cuerpo de esta religiosa tan entero como si le acabaran de enterrar, y le mecieron todo y se meneaba y mandaba, por donde daba testimonio de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto y otras muy grandes cosas se vieron en su vida, que no se acuerdan, por ser ya todo tomado, como dicho es arriba. Un miércoles estando esta sierva de Jesuchristo en el coro sola mientras las monjas comían, vídola una religiosa que se llamaba [fol. 35r] María de Sedeño, que andaba rezando cerca del coro, y porque era mientras comían, ascondíase mucho della que no la viese, y mirábala el rostro, que parecía que le resplandecía, y ansí mirándola vídola llegar al altar mayor como si volara, alzada de tierra, y quedó tan espantada que pensó no se poder partir de allí viendo tan gran milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y cinco, de una maravillosa visión que vido el Padre fray Jordán, religioso de la orden de los Predicadores, el día que murió esta sierva de Jesuchristo Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo pasó desta vida, estando un religioso de la [fol. 35v] orden de los predicadores llamado fray Jordán y de muy sancta vida, siendo vicario de las monjas de la madre de Dios de Toledo, estando en oración en su celda no sabiendo que era difuncta esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, vido una gran procesión de ángeles, y de una parte venía nuestra Madre Santa Clara, y de otra nuestra Madre Santa Isabel, y ella en medio de entrambas; y ella iba vestida desta manera: llevaba una almática de brocado como diácono y las mangas y redropiés iban todas llenas de pedrería, y resplandecía su rostro como el sol y llevaba una diadema con la misma pedrería. Y dijo que [fol. 36r] nunca la había visto mas que luego la conoció, cómo era la abadesa de Santa Isabel, que aquel punto había fallecido; y que preguntó a un ángel de los que allí venían que quién era aquella bienaventurada a quien tanta fiesta se hacía, y respondió que era el abadessa de Santa Isabel, y dijo este padre que le parecía a él que hacía esta pregunta para más verificar su conocimiento. Y preguntole más, que qué significaban aquellas piedras preciosas que llevaba en las manos y en los pies, y fuele respondido que por el desprecio que en todo ello había tenido especialmente en el andar descalza y traer todas las man- [fol. 36v] gas atadas con tomizas, y también me dijo qué significaba ir como diácono y como se encubrió con todo lo otro y la tomaron, no se me acuerda, y también la diadema, mas de que nos dijo que después del ánima de San Jerónimo nunca tan gran recibimiento se había hecho en el cielo como a aquella gloriosa ánima; y dijo que no era mucho haber oído cantos celestiales, que mucho más se maravillaba cómo no lo había oído todo el mundo según el recibimiento se hizo a esta sancta ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y seis, cómo el padre fray Pedro de Acuña vino por confesor a esta [fol. 37r] casa y, trayendo un poco del cilicio desta señora, fue sano luego'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo a esta casa un reverendo padre que se llamaba fray Pedro de Acuña por confesor, traía cuartanas, y diéronle las monjas ''[52]'' un poquito de la túnica y del cilicio, y luego se le quitaron por la gracia de Nuestro Señor Dios y méritos desta bienaventurada su sierva. También viniendo aquí la señora Duquesa de Medinaceli, traía un dolor incomportable ''[53]'' de cabeza y, subiendo a ver el cuerpo desta bienaventurada sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, metió la cabeza dentro, donde está su cuerpo, y salió [fol. 37v] luego sin algún dolor; y manifestó luego la maravilla que Nuestro Señor Jesuchristo había hecho con ella en quitarle súbito el gran dolor que tenía, por los merecimientos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También una monja de San Pablo tenía un brazo ''[54]'' que no le podía mandar y, no tiniendo remedio, envió con mucha devoción a demandar que le diesen alguna cosa de esta bienaventurada. Y enviáronle una manga de su túnica y, en puniéndosela, sanó luego y alabó a Nuestro Señor por tan gran milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, viniendo a esta casa un hombre a matar unos puercos, tenía ciciones ''[55]'' [fol. 38r], y había muchos días que las tenía, y pusímosle de la túnica desta sierva de Jesuchristo y luego se le quitaron y nunca le volvieron más. &lt;br /&gt;
Otra vez vino a esta casa un mozo a cavar la huerta, y venía con ciciones, que había mucho que las tenía, y, puniéndole de la túnica desta sierva de Nuestro Señor, luego se le quitaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vino aquí una dueña de Cubas ''[56]'' a pedir un poco de la túnica desta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, porque había en su pueblo muchas personas con ciciones y morían dellas. Y dímosle un poco, ya [fol. 38v] todas las personas que se lo pusieron sanaron, y todo lo más del lugar fue sano de las ciciones, y esto mismo á acontecido en muchas; y son sin número los que sanan con la túnica y el silicio de esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor a gloria y honra suya, el cuan [''sic''] vive y reina por siempre jamás. Amén. &lt;br /&gt;
______________________________________________________________________&lt;br /&gt;
[Línea gráfica de separación que puede indicar que existieron dos tiempos de redacción o bien que esta segunda parte fue copiada posteriormente a partir de otro texto, como puede interpretarse de la lectura de la nota marginal del f. 40r (véase nota 58)]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Algunos años después de fallecida la sierva de Dios y bienaventurada señora doña María de Toledo, sucedió que, habiendo dejado la labor, era encerrada mucha cantidad de lino en la casa de la labor [fol. 39r] donde también había telares y rast[r]illos y otros embarazos de madera; sin echarlo de ver, dejó emprendido el lino con alguna pavesa que cayó de la cera que llevaba en la mano, cerró la puerta, y fuese al dormitorio, donde se acostó y durmió muy descuidada. A la media noche la llamaron con palabras expresas diciendo: “Francisca de Santa Clara, levántate, que se quema la casa de la labor; pareciéndole sueño, se volvió a dormir, y lo mismo hizo segunda vez que la llamaron con las mismas palabras, hasta que la despertaron, [fol. 39v] tercera vez, levantose con muy gran pavor y, antes de llegar a la pieza, vio la luz que daba el fuego, halló la puerta que dejó cerrada abierta, y un repostero que estaba caído delante della estaba levantado en un clavo; entrando dentro, vio una grandísima llama y a la sancta señora con una calderilla en la mano echando agua en el fuego; tenía los pies descalzos como lo trujo hasta el día que murió; a vista desta religiosa se acabó de apagar el fuego sin haber hecho daño alguno. Tiénese por tradición en el convento que la sancta señora, [fol. 40r] entre otras cosas que pidió a Nuestra Señor para este convento, fue una que le librase de fuego; hanse visto en él cosas milagrosas en que Dios le ha librado deste peligro sin preceder diligencia ni reparo alguno, de donde inferimos que nuestra sancta madre nos defiende con su intercesión delante de Dios. &lt;br /&gt;
Ana de luna, mujer de Alonso de Perea ''[58]'', naturales de Toledo, ''[59]'' criaba un hijo a su pecho y, llorándole ya por muerto, le llevaron una clavellina que había estado sobre el cuerpo de la sierva de Dios [fol. 40v] y un vaso de agua en que había entrado su reliquia y, paladeándole con la flor mojada en el agua, al punto volvió en sí y tomó el pecho con alegría; los padres vinieron a velar todo un día donde está el cuerpo de la sancta en gracias de la merced recibida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polan entró con un carguio ''[60]'' en este convento y, lastimándose de verle muy flaco y amarillo a causa de estar cuartanario, le llevaron a que visitase el cuerpo sancto, y fue cosa maravillosa que, improvisamente, cobró fuerzas y salud y salió dando gracias a Dios y diciendo a [fol. 41r] voces que la sancta de Santa Isabel le había sanado, y lo mismo entró publicando en su pueblo, lo cual refirieron aquí después personas del dicho lugar. &lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se dejan de poner aquí, guardándolas para el libro que se ha de imprimir de la vida y milagros de esta esclarecida sancta y verdadera imitadora de la pobreza evangélica…, [Folio arrancado]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Nota del editor: Falta aquí una hoja, un recto y verso donde, muy probablemente, se terminaba la lista de milagros y empezaba el relato de la ''Vida''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota al margen: “Niñez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' N. al m.: “Gracias a Dios por los [ilegible] dados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' N. al m.: “Limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' N. al m.: “Charidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' N. del e.: “Niños de la piedra” es una expresión para denominar a los expósitos abandonados en la piedra de la capilla de San Pedro, en la catedral de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' N. al m.: “Frai Pérez le llama su confesor en la chrónica de… [ilegible].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' N. del e.: Las beatas de Santa Mater Dei o “Beatas de Gaytán” fueron fundadas por Guiomar de Meneses, esposa de Lope Gaytán. Véase la vida de Guiomar de Meneses: URL: [[Guiomar_de_Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Guiomar_de_Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' N. al m.: “Penitencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' N. al m.: “Vestido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' N. al m.: “Cama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' N. al m.: Comida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. del e.: Parte del folio está arrancado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' N. al m.: “Communiones pequeñas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' N. al m.: “Charidad y limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. al m.: “Charidad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. al m.: “Humildad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. al m.: “Ayunos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' N. al m.: “Frecuencia del sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' N. al m.: “Obediencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. al m.: “Penitencia y rigor consigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' N. al m.: “Lágrimas de devoción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' N. al m.: “Piedad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' N. al m.: “Devoción a la pasión Señor nuestro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' N. al m.: “Favor del cielo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' N. del e.: “Lo” por “no”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' N. del e.: Salmo 4, v. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. del e.: Salmo 30, v. 6. También: Lucas 23, 46 y Actos 7, 59.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[43]'' N. del e.: ''Introitus'' del primer domingo de Adviento (Ad te levavi), primer canto del año litúrgico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' N. del e.: ''“Haec requies mea in saeculum saeculi”'', Salmo 131, v. 14. Parte de la antífona cantada en los oficios de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' N. del e.: Responsorio del Oficio de difuntos. Procedente de Lucas 16, 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' N. al m.: “Encomiéndase a ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. al m.: “Concíbese por su intercessión y reliquias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. al m.: “Sana mal de ojos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. al m.: “Ciática”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' N. al m.: “Conciben por su… [ilegible]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' N. al m.: “Sana de ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' N. al m.: “Dolor de cabeza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. al m.: “Brazo quebrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' N. al m.: “Ciciones” (calenturas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' N. al m.: “Ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' N. al m.: “Fuego”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. al m.: “Diego dio la relación de mí para la abbadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' N. al m.: “Agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La-u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] Entre las personas ilustres en sangre y nobleza que, dejadas de las pompas del siglo, esmaltaron el oro de su calidad con la pobreza y humildad del sayal grosero y pobre de Nuestro Padre San Francisco, fue una de las que más créditos han dado a la religión seráfica y más frutos para el Cielo la muy ilustre y venerable señora Doña María de Toledo. La cual fue hija legítima de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto. Nieta de Garci Álvarez de Toledo y bisnieta de Don Garci Álvarez de Toledo, rebisnieta de Fernando Álvarez de Toledo y cuarta nieta del maestre de Santiago, tercero Señor de Oropesa, cuya ascendencia de la Casa de Toledo tiene dignamente asegurados los créditos de la nobleza desde el conde Don Pedro en tiempo del rey Don Alonso el Sexto, honrándose con los escaques blancos y azules de su divisa los duques de [fol. 9r] Alba, condes de Oropesa, marqueses de Salvatierra y otros ilustrísimos estados, materia en que no es necesario alargarse más, por ser tan notoria dentro y fuera de estos reinos de España. &lt;br /&gt;
Nació Doña María en la imperial ciudad de Toledo, siendo entre tantas grandezas que la ilustran no la menor haber sido patria de tan prodigiosa y santa matrona. Su nacimiento dichoso fue por los años de 1435, siendo pontífice Eugenio Cuarto y rey de Castilla y León Don Juan el Segundo. Nació para mucha gloria de Dios esta sierva y para ejemplar de virtudes. Su niñez comenzó a dar muestras de lo que había de ser en edad perfecta, siendo sus entretenimientos pueriles hablar de la vida de los santos, el rosario, las devociones, las limosnas y misas. Con la edad iba cobrando más fuerza su virtud y, al paso de esta, el amor de sus padres, que entre lo noble de su sangre hacían lugar a la piedad cristiana. Apenas supo discernir la vanidad y la virtud cuando se declaró parcial de la virtud y opuesta a la vanidad: despreciaba sus pompas, ofendíase de las galas, siéndole uno de los principales motivos a aborrecerlas conocer el perdimiento de tiempo que ocasionaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya Doña María había tomado el gusto al trato interior con Dios, se le hacía poco el tiempo para asistirle. Comenzó desde sus tiernos años a ejercitar la misericordia con los pobres, dejando su comida con que algunos aliviasen su necesidad. Así iba dando principio a la tarea religiosa de sus ejercicios tan sin darlo a entender en su familia que hasta de su madre se recelaba porque no se los impidiese el cariño, o porque sólo lo supiese el Señor por quien los obraba. A sus solas se quitaba las galas que era preciso usar según las obligaciones de su estado. Dejaba el lecho en dejándola recogida [''sic''] y pasaba largos espacios en dulces coloquios con Dios por medio de la oración. Bien conocían sus padres que la virtud iba tomando entera posesión del alma de su hija y hacíanse desentendidos por no verse obligados a ponerla leyes en sus ejercicios y, aunque sentían sus retiros, sus virtudes los [fol. 9v] doblaban el gozo y, al paso de mirarla con tan ventajosas prendas, deseaban ver de ellas buen gozo, dándola un esposo digno. Pero ella, que ya tenía hecha su elección de su esposo divino, se desconsolaba mucho sólo con oír pláticas en orden a matrimonio, que es lo que pretendían sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Persuadíanle con razones y ejemplos de muchas santas que ha habido en la iglesia sin que el estado de casada las quitase ser muy virtuosas. Viendo sus padres que, dejada a su albedrío, se frustrarían sus deseos, la manifestaron su voluntad, con que se dio por vencida su constancia por no faltar a su gusto porque los amaba y veneraba juntamente. Y entre los muchos señores que solicitaban tan ilustre prenda, le cupo la dichosa suerte de ser su esposo al ilustre Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y ajustadas, celebradas las bodas dejando la casa de sus padres, partió al lado de su esposo a la Andalucía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esmerose Doña María en las perfecciones que cabían en aquel estado, siendo su estudio servir con primor y, en primer lugar, al divino Dueño de las almas, sin hacer la menor falta a su esposo. Su cuidado era socorrer a los pobres, remediar a los huérfanos y pacificar sus vasallos, sin que acertase a dar gusto a su marido en cuanto obraba: disposición pudo juzgarse de la divina providencia por que no se le pegase el afecto de las criaturas. No tenían sucesión, de donde nacieron más crecidos los disgustos, y noticiosos los padres de Doña María del estado en que se hallaba, alcanzaron licencia para volvérsela a su casa, que concedió con facilidad su marido, por el mucho desazón que tenía. Y, llegando a Toledo, fue recibida con alegría común de sus padres y de su patria, y a poco tiempo de haber llegado tuvo noticia cómo su esposo había muerto, nueva que lastimó su corazón y que llevó con cristiana conformidad, creyendo que Dios la había librado de aquel vínculo para que atendiese a su servicio con mayor desembarazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose en su viudez temprana, comenzó a darse con más veras al ejercicio de las virtudes. Visitaba los hospitales de la ciudad donde hacía con los pobres cuanto dictaban los fer- [fol. 10r] vores de la cristiana misericordia, empleando en su beneficio no pocas veces hasta las tocas que cubrían su cabeza. A su costa se daban dotes a las huérfanas, de su casa salía la comida y el vestido para los pobres vergonzantes, de su hacienda se pagaban las deudas de los que padecían en las cárceles por ser pobres, enviaba rescate a los cautivos y, no contento su espíritu con las obras corporales de misericordia, pasaba a sacar del estado de la culpa a muchas almas. A los enfermos que visitaba exhortaba a recibir los sacramentos y no se proponía obra de virtud a que no estuviera pronto su ánimo, disponiéndolo Dios blandamente que sus padres no la fuesen a la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al paso de lo activo corría lo contemplativo en esta sierva de Dios, a cuyo fin (en compañía de la devota [[Juana Rodríguez]], discípula de su fervor de quien se hace mención en el año de 1505) ''[1]'' iba descalza todas las noches de los maitines de la Santa Iglesia de Toledo, donde perseveraba en oración por largos espacios, encendiéndose en el trato del Criador, para salir a beneficiar las criaturas. Su fervor llegó a tanto en orden a contemplar los beneficios y perfecciones divinas que, dejando encargado a personas de confianza el socorro de los pobres de que cuidaba, se retiró a la santa iglesia sin que saliese de sus puertas de día ni de noche en el espacio de un año, en el cual no comunicó con persona alguna, sino con Juana Rodríguez su compañera, y con su confesor, el Padre fray Pedro Pérez de la Orden seráfica, cuya virtud, letras y prudencia se dio bien a conocer en el gobierno y dirección de Doña María. Preparábase esta sierva de Dios para la oración con disciplinas rigurosas, el sueño corto le tomaba sobre la tierra sin otro abrigo. Habíase ya desnudado el monjil y vestídose un saco tosco que la servía de cilicio. El día de comunión no comía más que pan y agua, y los demás días al pan añadía alguna hierba. Así debilitaba la carne y así crecía su espíritu. Hízole Dios señalados favores que escribió por manda- [fol. 10v] to de su confesor. Perdiolos su convento de Santa Isabel y siempre se llora en él descuido tan notoriamente culpable, sirviéndole de castigo de haberlos dado en confianza la pena de estar sin ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revélala Dios la restauración del Reino de Granada, viéndola derramar tantas lágrimas repetidas por la conversión de tantas almas engañadas por el pérfido Mahoma. A instancia de la Sierva de Dios, a quien habían llamado los Reyes Católicos a Segovia, instituyeron el Santo Oficio de la Inquisición, crisol de nuestra santa fe. Y, habiéndolo conseguido por la estimación que los Católicos Reyes hacían de sus prendas y virtudes, sin que sus ruegos fueran bastantes a detenerla en Segovia, volvió a Toledo a proseguir sus ejercicios, de donde había faltado seis meses; y luego que llegó, pareciendo a su espíritu que caminaba a lentos pasos, dejó la casa nobilísima de sus padres y se entró a servir en el hospital de la Misericordia, por estar donde con más facilidad pudiese ejercitar la suya, supliendo con esta mayor continuación lo que había faltado en los seis meses de ausencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó en el hospital para su habitación un aposentillo tan estrecho y oscuro que más parecía sepultura de muertos que aposento de vivos. Acomodó para su carne unas pobres pajas, para cobertor una manta de pelos de cabra y la almohada de lo mismo. Su hábito era un saco de jerga que ajustaba a las muñecas y cintura con una soga. Cubría la cabeza con un pedazo de estopa, todo acomodado para la decencia de la honestidad y todo indicio de su penitencia y del desprecio del mundo. Ejercitaba con los pobres todos los ejercicios de enfermera y de criada: todo el día los asistía, toda la noche los velaba, hacía muchas veces la cama al que veía con inquietud, lavábales las bocas, limpiábales las llagas, aconsejaba y fervorizaba a los moribundos, alumbraba a los que agonizaban, sazonábalos la comida, dándolos por su mano las substancias y, los ratos que la permitía esta tarea, se retiraba a la oración, a las disciplinas y otros ejercicios a su aposentillo, hasta que al ser de día los volvía a visitar y a ejercitar [fol. 11r] su piedad con ellos, limpiando de sus aposentos todo lo que les podía ser molestia y mal olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ejemplo raro de esta señora se debió la istitución de la célebre Hermandad que se fundó en Toledo del Hospital de la misericordia, sentando plaza de cofrades los más nobles de la ciudad y, para que se ayudase al socorro de los pobres, de más de las limosnas asignó Doña María de sus bienes veinticinco mil maravedíes de juros perpetuos. Del hospital salía esta sierva de Dios con su compañera por las calles y plazas de Toledo, donde se vio tan venerada y conocida a pedir limosna para su hospital, volviendo a él cargada de todas las cosas que compraba para los pobres sin rehusar dejarse ver cargada de escoba, de vidrios, mantas y otras cosas necesarias, para los enfermos. Encontrábanla sus deudos, que humanamente disgustados la volvían el rostro, mirándola como a quien les parecía era lunar feo de su nobleza y sólo se contentaban con juzgarla por loca. A la opinión de los demás se hacía también Doña Juana de Guzmán, su madre, poniendo los medios que se le ofrecían a su caridad para reducirla a su casa, donde la curase su locura, mas nada bastaba a entibiar la llama de su amor y de la caridad encendida que se había apoderado de su corazón, y se juzgaba dichosa de que se ofreciesen muchos de estos lances para parecer algo por su amado Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La continua tarea de estas molestas ocupaciones, sus vigilias y ayunos continuos tuvieron tanta fuerza que ocasionaron en la sierva de Dios una enfermedad tan recia que ya los médicos perdieron la esperanza de su mejoría, y así solo la recetaron se le diesen los santos sacramentos y, habiéndolos recibido con mucho consuelo de su alma, quedó difunta al juicio de los circunstantes, sin señal alguna de vida y con todas las demostraciones de difunta, y, divulgándose que era muerta María la Pobre (que este era ya en estos tiempos su nombre), fue en toda la ciudad común la tristeza y el desconsuelo. En particular llegando a su madre esta noticia, ya no disgustada sino afligida de oír decir que ya habían sacado el cuerpo de su hija de su celdilla a la capilla de Gaitán [fol. 11v] que era la del hospital, y que se trataba de darla sepultura, salió apresurada de sus casas, y viendo a su hija muerta, llevada del afecto de madre, se hincó de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora pidiéndola con fervorosas lágrimas restituyese la vida a su hija, pues era fácil a su intercesión; y, tomando a la imagen el santo niño Jesús que tenía en los brazos, la dijo: si no me dais la hija que os ruego, yo no he de volver a vuestro hijo, a cuya devota sinceridad y tiernas lágrimas inclinada la madre de clemencia restituyó a la vida a la difunta. Abrió los ojos, meneó los miembros y reconociose viva con universal gozo de los que se hallaron presentes, en especial de su madre, y con orden de los médicos, que declaraban convenía así para su convalescencia, sacando a la sierva de Dios con grave sentimiento suyo del hospital, la llevó a su casa con el gozo de quien consideraba que la recibía de nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convalesció Doña María, siendo su salud tan milagrosa como la cura de su enfermedad y, conociendo que la segunda vida se le debía únicamente a Dios, determinó que Su Majestad fuese único empleo. Quisiera volverse con sus pobres, mas no se lo permitían los médicos ni su confesor. Dábase continuamente a la contemplación a título de faltarle las otras ocupaciones, resolvió a ir en peregrinación a visitar aquellos Santos Lugares en que obró nuestro rescate. Contradecíanla los suyos esta determinación piadosa, mas ya estaba enseñada a no hacer aprecio de sus contradicciones. Y así, a pie, descalza, y sin humano abrigo estaba ya para comenzar su jornada con su compañera, y, poniéndose en oración, pidiendo al Señor que fuese su guía, salió de ella mudados los intentos y cedió su voluntad a la divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuando su oración aquellos días, pedía con mucho fervor a Dios la diese a entender cómo le sería más agradable y entendió con luz superior que Su Majestad se daría por servido que fundase un convento de religiosas, donde muchas almas consagradas a perfecta religión serían a Dios de especial culto y de agradable servicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diose por entendida a la divina voluntad [fol. 12r] y viniendo a este tiempo a Toledo los Señores Reyes Católicos, gustosos del empeño de Doña María, la dieron para fundación del convento las casas en que hoy está fundado, en cuya recompensa, a devoción de la reina, se puso el convento a la advocación de Santa Isabel de Hungría. Y tomando los Reyes Católicos el convento a su protección, se comenzó a llamar de Santa Isabel de los Reyes. Dio Doña María para esta fundación toda su hacienda, resignando a este fin en los Reyes más de siete cuentos. Asistieron sus Majestades a la renunciación que hizo la sierva de Dios Doña María de todo lo temporal, y así, entrada en el convento con algunas de sus criadas. Y esto fue el año del Señor del 1477, siendo Vicario Provincial de Castilla el M. R. Padre Fr. Juan de Tolosa, que fue confesor de la Reina Católica. Las casas que dieron a Doña María los Reyes, habían sido de los Señores de Casarrubios y estaban en la parroquia que dicen de San Antolín la cual, a instancia de sus Majestades, el Santísimo Inocencio VIII la incorporó al convento en 3 de octubre del año 1488, cometiendo el negocio el gran Cardenal de España, Arzobispo de Toledo y los beneficios y demás cosas de la parroquia se trasladaron a la iglesia muzárabe de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo estuvo la Venerable Madre Doña María con el oficio de abadesa y prelada de su nuevo convento, guardándose en él la Tercera Regla de nuestro Padre San Francisco, hasta que deseosa la venerable señora de estrecharse a Dios con más fuertes lazos, habiéndolo comunicado con aquel gran Príncipe de la Iglesia Don Fray Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, tomó para sí y su convento la clausura y Regla de la gloriosa Santa Clara. Habiendo sido el Cardenal quien solicitó su petición y se la propuso al Santísimo Inocencio VIII, que la despachó benignamente por medio del Cardenal Julio, Obispo de Ostia, y la intimó en Toledo aquel gran varón el Doctor Francisco Álvarez de Toledo, Maestre escuela de la Santa Iglesia y la data de la última es año de 1481, en 18 de noviembre, ''Pontificatus Innocentii anno'' 1º. Profesó la venerable abadesa los cuatro votos de la [fol. 12v] Regla de Santa Clara, en cuya observancia fue puntualísima y sin defecto alguno toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue devotísima de la sagrada comunión, disponiéndose cada día con más estudio de virtudes al paso que la frecuentaba más. Los días de comunión, con ser tantos, no comía bocado hasta la noche, y entonces hacía su comida de unas pocas almendras. Mandola un prelado que moderase estos ayunos y que siempre tomase algo de lo que la ponían como a las demás en la mesa, y solía cumplir este mandato, tomando una almendra o una pasa. Las demás penitencias suyas eran admirables. Hizo tejer una túnica de cerdas y lana de cabras, y de esta usaba cogiéndola desde el cuello a los pies y la traía apretadísima al cuerpo. Tomaba disciplinas con instrumentos de hierro en que derramaba mucha sangre y andaba llena de llagas. Era muy caritativa para con las enfermas y la primera en los oficios más humildes. Tenía todas las noches dos horas de oración antes de maitines, asistía a ellos, y después hasta la mañana no salía del coro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallábase la pobre de Cristo interiormente tan asistida de consuelos y quisiera ayudar a su esposo a sentir sus dolores. Pidioselo con sumisión e hízola ese favor enviándola una prolija y penosa enfermedad que, por espacio de un año, la atormentó con exceso sin que la calidad de este achaque llegase a noticia de la humana medicina. Decía, significando lo que padecía, que los huesos y nervios la parecía desencajarse todos de sus lugares sin poderse menear, si no por mano ajena. No se le oyó en este tiempo la menor queja, y si alguna vez al ruego de sus hijas decía algo de sus males, luego las pedía perdonasen el mal ejemplo de su impaciencia. No le estorbaban estos dolores el trato interior con Dios, llenándole de suavidades y, aunque el cuerpo padecía, el alma gozaba. Ya se llegaba el tiempo en que la sierva de Dios pasase a la posesión de la corona, que ganó en tanto años de vida de perfección. Agravándosele cada día sus desmedidos dolores y reconociendo que eran las aldabadas con que la llamaba el esposo a entrar a las eternas bodas, por no morir fuera de la comunidad pidió la llevasen al dormitorio. Y, habiéndole dado una ardiente calentura, recibió todos [fol. 13r] los sacramentos. Estuvo dos horas recogida en sí, sin admitir alguna comunión humana. Volviose a sus hijas y exhortolas con grande espíritu a la unión fraternal y observancia de su profesión. Hiciéronla algunas preguntas y de sus respuestas se conocieron los amores que Cristo Señor Nuestro y su Santísima Madre la hicieron, visitándola y asistiéndola en aquella hora; y despidiéndose de sus hijas y diciéndolas “quedad en paz”, cerrando los ojos como para tomar el sueño, sin más movimiento dio su bendita alma a su esposo y señor, un lunes al amanecer en que se cumplía un año de su enfermedad. De edad de 70 años y 30 de religión, a tres de julio de 1505. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llenose la estancia de celestial olor y su cuerpo quedó con admirable claridad y hermosura. Llenose de lágrimas el convento, de tristeza la ciudad y la comarca, y todos acudían al convento aclamándola por santa. Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro. La muerte se ocasionó últimamente de landre, a cuya causa echaron sobre el cuerpo y rostro cal viva, mas pasados dos meses, reconocidas de este yerro las religiosas, con licencia que pidieron para ello el día de San Mateo de aquel año sacaron del coro el cuerpo, hallándole tan entero y tratable como cuando estaba vivo. Sólo el rostro tenía de color más moreno, ocasionado de la cal que la habían echado. Volviéronle a la bóveda hasta el día de la traslación de San Luis y le colocaron en una concavidad sobre la puerta del coro; y en el año de 1574, siendo Provincial de Castilla el R. P. fr. Juan de Alagón, se puso en el hueco del altar que hay en el coro entre las dos rejas, con la misma incorrupción y flexibilidad de miembros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora en que dio su alma a su criador la Venerable Madre María la Pobre, estaba en oración un devoto religioso vicario del convento de la Madre de Dios de nuestro Padre Santo Domingo de la misma ciudad de Toledo, el cual vio en espíritu una festiva procesión de ángeles y santos, y en medio, entre las gloriosas Santa Clara y Santa Isabel, a la dichosa pobre adornada de celestiales atavíos, y le fue significado quién era y cómo aquellos ata- [fol.13v] víos se le habían dado en premio del desprecio del mundo, y toda aquella gloria por sus singulares virtudes, por las cuales era llevada a la gloria de la eternidad con tan solemne pompa, y que aquel día había sido uno de los más célebres que se habían gozado en la celestial Jerusalén. Y en esta conformidad lo contó el devoto Padre a las religiosas del convento de Santa Isabel, afirmándolo y certificándolo para gloria de su abadesa y para su edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha obrado, por la intercesión de esta sierva de Dios, Su Majestad muchos milagros, dando salud a diversos enfermos encomendándose a sus méritos, y así mismo por medio de sus reliquias volvió a la vida un niño y una mujer, que estaban dejados por muertos, y cada día se experimentan, a la invocación de esta sierva de Dios, repetidas maravillas. Escribió su vida con su acostumbrado y primoroso estilo el doctor don Tomás Tamayo de Vargas, cronista de estos reinos y la sacó a la luz dedicada a la majestad católica del Rey Don Felipe tercero, año de 1616 ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El autor se refiere aquí al año de la muerte de Juana Rodríguez, dato que podría haber recogido (“se hace mención”) de la Crónica de Marcos de Lisboa (1570). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la vida de Tamayo de Vargas, también publicada en el Catálogo:  Tamayo de Vargas, Tomás, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y despues Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v-277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo'' que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La alusión a María de Toledo se integra en el apartado correspondiente al monasterio Real de Santa Isabel. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1605)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María de Toledo, que se quiso nombrar sor María la pobre, monja y abadesa del hábito y Orden de Santa Clara de la observancia, en el monesterio de santa Isabel de los Reyes, que ella fundó en esta ciudad en unas casas grandes que los Reyes Católicos le dieron para este efecto, junto a la iglesia parroquial de San Antolín en esta ciudad; falleció a tres de julio de mil y quinientos y siete. Clareció en milagros; su [fol. 277r] cuerpo está enterrado y se muestra entero en el coro de las monjas deste monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1612)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El monasterio Real de Santa Isabel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [fol. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [fol. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [fol. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: noviembre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Isabel de los Reyes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 106v col. b] El devoto monesterio de Santa Isabel de los Reyes de esta ciudad de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santa Clara, fue en su principio fundado por doña María de Toledo, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, señores de Pinto. La cual, siendo desde sus tiernos años empleada en servicio de Nuestro Señor con grande y maravilloso hervor de devoción y queriendo al fin de sus días perficionar este amor y gran desseo del servicio de Dios, fundó este católico ''[1]'' monesterio en el año del Señor de 1477 años, siendo ella de edad de 40 años, en el cual vivió santamente treinta años, haziendo Nuestro Señor por ella muchos miraglos, assí en vida como en muerte. Siendo, pues, esta señora de edad de 39 años, hubo una grande enfer- [fol. 107r. col. a] dad en la cual fue divinalmente amonestada que fundasse un monesterio adonde mejor pudiesse salvar su ánima y la de otras. Lo cual de tal manera inprimió en su coraçón que nunca de él se apartó, y, como Dios nuestro Señor había de ser tan servido de ello, ordenó cómo este su santo desseo hubiesse efecto y casi ''[2]'' acaeció que, viniendo por estos días a esta ciudad los Reyes Católicos y sabiendo el santo propósito de esta doña María, quisieron como católicos favorecer y ayudar su buen desseo. Para ayuda del cual le hizieron merced de aquellas casas, adonde hizieron el monesterio de Santa Isabel, que eran suyas de ellos. Y por esto, en memoria de esta Católica Reina, tomó tal nombre. Recebida esta donación, esta religiosa mujer començó a entender con gran diligencia en la obra de esta santa casa, a lo cual le ayudó con gran cantidad de dineros doña Juana de Toledo, su hermana. Y siendo acabado este monesterio, la dicha doña María de Toledo se encerró en él con otras dos religiosas de honesta vida en el año susodicho y, aun de más de estas dos religiosas, recibió después otras algunas por amor de nuestro Señor y por la bondad que en ellas conocía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el cuerpo de esta santa mujer está en el coro de las religiosas tan sano y entero como cuando allí se metió. Y, habiéndoles dado los Reyes Católicos a estas santas vírgines esta dicha casa, les dieron también por autoridad apostólica y arçobispal la iglesia de S. Antolín, que era parroquial y les venía muy a propósito para su iglesia y la perroquia ''[3]'' que en ella estaba se passó a la iglesia de S. [fol. 107r col. b] Marcos, que era muçárabe, adonde agora está, y esto fue casi tres años después que en esta casa entraron. Está sepultada en el coro de estas religiosas la reina princesa doña Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos, que fue primero casada con el príncipe don Alonso de Portugal, que murió en Santarén de caída de un caballo, y después con el rey don Manuel de Portugal, que por muerte del dicho príncipe heredó aquel reino. La cual, aunque murió en Çaragoça, se mandó traer a esta santa casa y que la sepultassen en el coro en una sepultura llana y humilde entre las religiosas. Y, entonces, sacaron de él a doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada (desde antes que estas religiosas tomassen la possesión de esta iglesia), y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero por do parece que esta señora fue mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla, y agüela de la reina doña Juana de Aragón, madre del Católico Rey don Fernando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Aparece escrito “cathoiico”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Posible errata por “así”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se respeta la oscilación vocálica al escribir esta palabra y sus derivaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: julio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. ''Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco (…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''. Salamanca: En casa de Alexandro de Cánova, fols. 210r-212r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera y la segunda partes de esta crónica se editaron en portugués por primera vez en 1557 y 1559 respectivamente. Sin embargo, esta tercera parte fue publicada en Salamanca en 1570 directamente en castellano. Es posible que primero fuera redactada por Marcos de Lisboa en portugués y que se tradujera para esta edición, pero la publicación lusa fue posterior y no existe rastro del original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. Se ha mantenido el uso de “cúya” en función de pronombre interrogativo: “sin saber cúya era”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, sólo se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. En cambio, la i como fonema /j/ se ha modernizado para facilitar su comprensión. &lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c). En el caso de “f.”, se ha optado por “f''ray''” en vez de “f''rater''” por el uso que hace el texto de la misma palabra. El uso de la cursiva se ha conservado, ya sea en los latinismos, las citas o en los títulos de obras. Además, las citas, originalmente también en cursivas, se reproducen entre comillas. Finalmente, los números en romano han sido conservados, pero se han eliminado los puntos que los circunscriben.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol.210r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Vida de la bienaventurada soror María la pobre, fundadora, del monasterio de Sancta Isabel de Toledo de la Orden de Sancta Clara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la ciudad de Toledo resplandesció maravillosos rayos de virtud y sanctidad la muy illustre y bienaventurada doña María de Toledo, que soror María la pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, y fue fundadora y primera abbadessa del monasterio de Sancta Isabel en la dicha ciudad de la Orden de Sancta Clara. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy santa vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría ''[2]'', de la Tercera Orden del padre Sant Francisco, por tanto con mucha razón puso su nombre y título al monasterio que edificó. Era la sierva de Dios de la muy illustre sangre de los Duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Nuestro Señor. Desde sus tiernos años ansí començó a ser ferviente en el amor de la castidad que tuvo firme propósito cuanto le fuesse possible de nunca casar. Su coraçón assí era lleno de compassión y piedad de los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y les acudir a sus necessidades, y algunas veces quitando su proprio menester. Huía de las vanas occupaciones y regocijos de las otras doncellas, y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía missa, y allí se occupaba en devotas oraciones. Siendo casada por obediencia de su padre, constreñida con un caballero de Andalucía Señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, suffriendo muy grandes trabajos. Y no habiendo hijos, habiendo liçencia de su marido se devolvió a Toledo a casa de su madre, adonde poco tiempo después de venida tuvo nuevas que se marido era muerto. Viéndose, pues, la sierva de Dios en la libertad que su espíritu siempre había desseado, para toda se dar al servicio de Nuestro Señor, luego dexó los trajes seglares, y se vistió del hábito del padre Sant Francisco muy grossero y vil con túnica de paño baxo, y movió a todas sus criadas a vestirse del mesmo hábito. Menospreciado desta manera el mundo, començó con mucho hervor a exercitarse en las obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y derecho camino de subir a la alteza de la divina charidad. Como otra sancta Isabel, visitaba los hospitales, era presente a los entierros de los pobres, visitaba los pobres en las cárceles, procuraba saber de las personas pobres envergonçadas, y doncellas huérfanas, y como madre proveía las tales personas en sus necessidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con mucha diligencia y hervor de charidad, y con entrañas de gran piedad muchas veces les lavaba las llagas, y con ferviente charidad las besaba, gastando en esto muchas veces las tocas de su cabeça, otras veces las daba a pobres, y también sus vestidos, volviendo sin ellos para su casa. [Fol. 210v] Después de la muerte de su marido, siempre anduvo descalça hasta su muerte, por mayores fríos y nieves que hubiesse. Levantábase todos los días a los maitines de la Iglesia mayor con su compañera Juana Rodríguez, que hallaba siempre muy prompta y ferviente para semejantes obras, y estaba al officio de los maitines con grande silencio en oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías, para que más libre y continuamente se pudiesse occupar a la oración. Tuvo siempre por su confessor a fray Pedro Pérez frayle menor de la observancia ''[3]'', varón docto, y muy espiritual por cuya doctrina la sierva de nuestro Señor se regía y aprovechaba en los exercicios espirituales. Traía siempre muy áspero cilicio vestido, y con muy duras disciplinas affligía su cuerpo, para que castigado fuesse más subjecto al espíritu. Con gran reverencia y devoción, se aparejaba para recebir el Sanctíssimo Sacramento, y recebíalo cada tres días, o a los ocho días cuando más tarde, y en el día del recibimiento del Señor, no comía más que pan y agua. Por estos sanctos exercicios y trabajos con que buscaba a su amado Señor Jesu Christo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada, y algunas veces con divinas revelaciones alumbrada, y le eran reveladas cosas por venir, las cuales por mandado de su confessor descubría, por ser provechosas a las almas. Fuele revelado que el Reino de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos, y también la reformación que se había de hacer en los frayles conventuales en sus conventos. Y siéndole revelado los grandes peccados que los christianos convertidos de los judíos y moros cometían contra la fe, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiesse el officio de la Sancta Inquisición en España, y otras muchas cosas para honra y servicio de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IIII. De otras sanctas obras y exercicios desta sierva de nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Crescían en la sierva de Nuestro Señor con las grandes y nuevas mercedes divinas sus muy grandes desseos y hervores de servir a Nuestro Señor en sus pequeñitos siervos y necessitados, y siempre le parescía tener hecho nonada en el servicio de tan grande Señor a quien tanto debía. Por tanto, con mucho hervor se occupó en el servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche servía a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiesse faltar su servicio, tomó una casita y aposento dentro en el hospital, donde, acabados los servicios de los enfermos, de noche muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los maitines. Y tomando algún poco sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo mesma en este tiempo increíbles mortificaciones y asperezas. Por su exemplo incitados los nobles de Toledo, ordenaron cofradía, en la cual por su orden cada uno sirviesse su semana dentro en el hospital, como hoy día se hace. Después que la ferviente sierva de Christo dio sus rentas y cuanta hacienda tenía el dicho hospital, començó con su compañera a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y las que pedía llevábalas ella mesma y muchas veces iba bien cargada y administrábalas a los enfermos. Y porque no dormía el enemigo de nuestra salvación, en este tiempo levantó contra la sierva muy grandes persecuciones de sus proprios parientes y deudos, y de su madre que le era muy contraria por verla en obras tan viles occupada, affrentándose y habiendo su santa vida por deshonrra. Mas la ferventíssima sierva de Nuestro Señor, con mucha paciencia y alegría de su alma, recebía todas las persecuciones e inju- [fol. 211r] rias que se le hacían. Después destos trabajos le añadió Nuestro Señor otros, que cayó en muy grave enfermedad, y su madre la llevó para su casa, donde llegó a recebir todos los sacramentos, y aparejarse con mucho fervor para ir a ver a y gozar de aquel altíssimo Señor a quien su alma tanto amaba. Mas Nuestro Señor, como buen amigo, quiso dar más coronas de merescimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos desseos de toda se entregar a su amor y servicio. Y supplicando ella y su devota compañera con fervientes oraciones a Nuestro Señor les enseñasse en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado que era su voluntad edificassen un monasterio de monjas adonde sus almas y de otras muchas se salvassen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV. Cómo el monasterio de Sancta Isabel fue edificado por esta sierva de Christo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Por la divina providencia, que no puede faltar a los sanctos desseos de los siervos de Dios, en este tiempo vinieron a Toledo los Reyes Cathólicos, y como tuviessen mucha devoción a la sierva de Christo, y conosciessen el sancto desseo que tenía, le dieron para este effecto unas casas muy grandes en Toledo, donde se edificó el monasterio de la Orden de Sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. En la edificación deste monasterio, doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Christo, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. Acabado pues el monasterio, la sierva y esposa de Christo María pobre, tomó el hábito y Regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abbadessa del dicho convento. En este estado de más perfectión, levantada la esposa de Christo como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dexando el mundo, el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos exercicios de su amado, y con su coraçón oye y conversa a su Esposo Jesu Christo, assí cresció en perfectión y sanctidad de vida, que a todos puso en grande admiración. Y fue visto de todos y conoscido que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representasse al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había professado. ''[6]'' La orden de la vida desta esposa de Christo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla, o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines nunca dormía más, hasta la prima siempre estaba en oración, y desta conversación divina se mostraba siempre en su cara, y resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comió carne ni gustó jamás vino, mas continuamente ayunaba, y sobre esto tres días en la semana no comía sino pan y agua, y algunas veces, la Cuaresma de San Miguel Archángel toda la ayunaba a pan y agua, la cual es cuarenta días que se acaban en la fiesta de San Miguel de Septiembre, y siempre comía de los pedaços de pan que quedaban de las otras monjas. Comulgaba muchos días, con mucho hervor de espíritu, en los cuales días no comía más que unas pocas de passas, o cosa semejante muy tarde. En su conversación era muy benigna a todas las monjas, y si por necessidad reprehendía a alguna, no se recogía a la noche, sin la dexar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta charidad servía a las enfermas que con su presencia y charidad muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad, tanto más se augmentaba y crescía el espíritu de la sierva de Christo en más fuerças y mortificaciones de la carne. Porque después de muchos años acrescentó al áspero cilicio ''[7]'', una túnica muy cruel texida de cerdas de puerco, y pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su [fol. 211v] amado esposo Jesu Christo, con muy suaves y divinas consolaciones, y veíanse muchas veces en ella señales de estas visitaciones. Una vez, día de la transfiguración de Nuestro Señor, la vio una monja con cara tan resplandesciente como el sol, y el día siguiente, preguntando a la esposa de Christo, con mucha importunación, qué visitación del Señor había recebido aquella fiesta, con mucha humildad le descubrió que Nuestro Señor le revelara la gloria de su transfiguración, como si ella presente fuera en el monte Tabor, cuando el Señor delante de sus apóstoles se transfiguró. Otra vez un viernes de la Cuaresma, ayuntándose todas las monjas para la disciplina acostumbrada, fue vista la esposa de Christo de una monja, que tenía la cara tan resplandesciente y salían de su rostro rayos tan claros y derechos a los ojos de aquella monja que la veía que quedó espantada y casi perdió el sentido. Y preguntada después de la merced que había recebido de Nuestro Señor, y con ruegos constreñida, dixo que el Señor le comunicara entonces aquella immensa charidad suya con que se dexó atar y açotar a la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI. De la muerte de la bienaventurada sierva de Christo María pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Llegándose pues ya la esposa de Christo al fin del presente destierro, començó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades porque, como de antes no había querido tener contentamiento sino en la cruz y passión de Nuestro Señor Jesu Christo ''[9]'', assí siempre le pedía le quisiesse communicar los dolores de su sanctíssima Passión ''[10]''. Cuyos devotos y fervientes desseos oyó el amantíssimo Señor, y concedió a su amada esposa que participasse de sus dolores porque también meresciesse participar mucho de su gloria. Tan grandes y terribles dolores sintió que parescía en todos los momentos serle sacado los huessos y las entrañas, y destos dolores mortales fue un año todo atormentada continuamente, sin nunca en ella ser vista señal ni palabra de impaciencia o turbación. Mas llena de muy suave alegría del espíritu, continuamente alababa a nuestro Señor y, como olvidada de sí mesma y de sus dolores, hacíase llevar a visitar las otras enfermas, y assí las consolaba y confortaba que parescía vivir más la esposa de Christo en regalos que en tormentos. En el cabo del año cresciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís a la cabeça y, aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, y ansí decía: “''In pace in idipsum dormiam et requiescam. In manus tuas domine commendo spiritum meum. Vias tuas domine demonstra mihi. Hac requies mea in seculum seculi''”. Y passados tres días tornó en sí, y pidió y recibió con mucha devoción todos los sacramentos y después de esto vivió dos días, confrotando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y de su sanctíssima madre, y de Sant Juan Baptista, y de la corte celestial. Finalmente fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Christo una voz que la llamaba ''[11]'', y las monjas, con muchas lágrimas demandando la bendición a su sancta madre, y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sentiendo la voz del esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con vos, Señor mío, dormiré, yo descansaré para siempre”. Y luego, con alta voz se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente passó su sancta alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta de Sant Pedro y Sant Pablo, teniendo setenta años de su edad, y treinta de religión. Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de [fol. 212r] admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo ''[12]'', y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor. Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Christo passó al Señor, estaba en oración un padre de Sancto Domingo, confessor de las monjas de la Madre de Dios, de la mesma Orden de Sancto Domingo en Toledo, y llamábase fray Jordán, el cual vio una muy larga processión ''[13]'', y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra hoy día entero y tratable y blando, ni cessa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros, en diversas enfermedades por los merescimientos de su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Un clérigo tollido de ambos pies encomendose devotamente a nuestros Señor por los merescimientos de su santa sierva, y luego alcançó salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer sanó de la mesma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas casadas estériles alcançaron de nuestro Señor tener hijos, encomendándose a esta su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer ciega cobró la vista, y otras muchas alcançaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesu Christo, María pobre en las tierras, mas bienaventurada en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Memoriales de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Fray Pedro Pérez, varón spiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] Memoriales. Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] Cómo ordenó su vida en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] Petición de los amigos de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] Fue llamada de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] Señales de la gloria de la sierva de Christo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] Visión du su gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] Milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: mayo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 60v col. a – 61v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato conforma el apartado 204 (“Vida de soror María la Pobre, monja de Sancta Clara”) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas impreso en 1588.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ff/f, ll/l, ss/s y, además, se ha suplido “ph” con “f”, “ps” con “s”. Sin embargo, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta), -pt- (Baptista) y -bj- (subjeto), y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 60v col.a - 61v col. b] ''[1]'' Hablando el real profeta David, en diversas partes de sus Salmos, en persona del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se llama pobre, y fuelo tanto que quiso un día reclinar su cabeza su Majestad, teniéndola herida y lastimada, y no tuvo sino un duro madero. Y antes lo había Él mismo dicho: “Las zorras del campo tienen cuevas y las aves del aire nidos, y el Hijo del hombre no tiene en que recline su cabeza”. Considerando esto, una bienaventurada mujer señora de grande linaje y muy rica se hizo pobre por imitar a Cristo. Y fuelo tanto que tomó por apellido el nombre de Pobre, como parecerá en su vida colegida ''[2]'' de memoriales antiguos del monasterio de Sancta Isabel de Toledo que ella fundó y de las crónicas de Sant Francisco, y es en esta manera: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María de Toledo, que soror María la Pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, fue de la muy ilustre sangre de los duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero ''[3]'' Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Dios. Siendo de pequeña edad, mostrábase muy recogida y honesta. Su corazón se enternecía tanto con los pobres que de ninguna cosa mayor consuelo tenía que en les hacer limosnas y remediar sus necesidades. Hiciéronla fuerza sus padres que casase, y casó con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, y vivió con él siete años sufriendo grandes trabajos pacientemente. Y no teniendo hijos y alcanzando licencia de su marido, se volvió a Toledo, a casa de su madre, donde tuvo nuevas, poco después de su venida, que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose libre para darse toda al servicio de Nuestro Señor, dejó los trajes seglares y vistiose el hábito de Sant Francisco, muy grosero y vil con túnica de paño bajo, y persuadió a sus criadas se vistiesen de la misma manera. Y como otra sancta Isabel hija del rey de Hungría, a quien imitó mucho esta sierva de Dios, comenzó a ejercitarse en obras de misericordia. Iba a los hospitales, hallábase a los entierros de pobres, visitaba los encarcelados, procuraba saber de las personas envergonzantes y doncellas huérfanas y remediaba todo lo que podía. Servía a los enfermos con mucha diligencia y fervor de caridad: lavábales las llagas y besábaselas gastando las tocas de su cabeza en esto y, a las veces, les daba sus proprios vestidos, volviendo a su casa [fol. 60v col. b] sin ellos. Desde que supo la muerte de su marido, anduvo descalza hasta que ella murió, por mayores fríos y nieves que hubiese. Levantábase de noche y, con otra señora viuda que la acompañaba, iba a maitines a la iglesia mayor, y oíalos con mucha devoción y atención. Tuvo por su confesor a fray Pedro Pérez, fraile menor de la observancia, varón docto y muy espiritual, y por su doctrina se regía la sierva de Dios en sus ejercicios espirituales. Traía siempre un áspero cilicio, y con duras disciplinas afligía su cuerpo para que estuviese más subjeto al espíritu. Era grande la reverencia y devoción con que se aparejaba para recebir el Sanctísimo Sacramento, y recibíale a tercero día o a los ocho [días] cuando más tarde. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su Amado Jesucristo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada y descubríale algunas cosas que estaban por venir, las cuales, por parecer de su confesor, declaraba, siendo provechosas a las almas. Y, entre otras, siéndole revelados algunos pecados gravísimos que muchos cristianos convertidos de judíos y moros cometían contra la fe, descrubriolo a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y fue gran parte para que los Reyes, con celo sancto de la honra de Dios, para remedio desto introdujesen el Sancto Oficio de la Inquisición, como le introdujeron en España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían cada día más los fervorosos deseos del servicio de Dios en su sierva y, para ponerlos en obra, ocupose un tiempo en servir a los enfermos de un ilustre hospital, que está en Toledo, llamado de la Misericordia. Tomó allí aposento para mejor de día y de noche servirlos, como lo hacía, con humildad y caridad grande. Ya tarde, se encerraba en aquel recogimiento y estaba en oración hasta los maitines y, tomando algún poco de sueño, luego volvía a servir y curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo misma, en este tiempo, increíbles mortificaciones y asperezas. Y, por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradría en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como hoy día se hace. Había dado la sierva de Dios su hacienda al mismo hospital y, visto que ni esto ni los proprios que él tenía bastaban para los enfermos que venían a él a ser curados, salió con la otra su amiga, la cual se llamaba Juana Rodríguez, a pedir limosna por la ciudad de puerta en puerta, y volvía bien cargada a sus enfermos. De aquí se le levantó ''[4]'' grande persecución de sus parientes y de su propria madre, [fol. 61r  col. a] que le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la sierva de Dios recebía con mucha paciencia y alegría de su alma todas las persecuciones y injurias que se le hacían, añadiéndosele a estos trabajos otro [trabajo], que cayó en una grave enfermedad, y su madre la llevó a su casa, donde recibió los sacramentos y se aparejó para la partida. Mas Nuestro Señor quiso dar más coronas de merecimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos deseos de se entregar toda en su amor y servicio. Y suplicando ella y su devota amiga con fervientes oraciones les enseñase en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado ser su voluntad que edificasen un monasterio de monjas donde sus almas y de otras muchas se salvasen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo, viniendo a Toledo los Reyes Católicos, como tuviesen mucha devoción a la sierva de Cristo y conociesen el sancto deseo que tenía, diéronle para este efecto unas casas grandes que estaban junto con la iglesia parroquial Sant Antolín, en la misma ciudad. Y allí se edificó el monasterio del Orden de Sancta Clara de la Observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. Y en la edificación desta casa gastó mucha cantidad de dineros doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Dios, también mujer de muy sancta vida. Acabado, pues, el monasterio, la sierva y esposa de Cristo, María la Pobre, tomó el hábito y regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abadesa del dicho convento. Y en este estado de más perfección levantada, como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dejando el mundo, [5] el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos ejercicios de su Amado, y con su corazón oye y conversa a su Esposo Jesucristo, así creció en perfección y sanctidad de vida que a todos puso admiración. Y fue entendido de muchos que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representase al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orden de vida desta esposa de Cristo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla o algunos sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines dichos a la medianoche, no dormía, sino perseveraba en oración hasta la prima. Y esta conversación divina se parecía ''[6]'' en su rostro, en el cual resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comía carne ni gustaba jamás vino, ayunaba continuamente, y tres días en la semana a pan y agua, y lo mismo la Cuaresma. Y siempre comía los pedazos de pan que dejaban las otras monjas. Comulgaba muy a menudo y, en tal día, no comía sino ya tar- [fol. 61r col. b] de unas pocas de pasas o cosas semejantes. En su conversación era afable, mostrando apacible rostro a todas las monjas y si, por necesidad, reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin la dejar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta caridad servía a las enfermas que, con su presencia y amorosas palabras, muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad tanto más se augmentaba y crecía el espíritu de la sierva de Dios porque, después de muchos años, acrecentó al áspero cilicio una túnica muy cruel tejida de cerdas de jabalí y de pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegándose a la sierva de Dios el fin de su destierro, comenzó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades. Un año padeció terribles dolores que parecía, en todos los momentos, serle sacados sus huesos y las entrañas sin nunca ser vista en ella señal de impaciencia o turbación, mas llena de muy suave alegría en su espíritu alababa a Nuestro Señor. Y como olvidada de sus dolores, se hacía llevar a visitar las otras enfermas, y así las consolaba y confortaba que parecía vivir más la esposa de Cristo en regalos que tormentos. A cabo del año creciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís ''[7]'' a la cabeza. Y aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, puesto que las decía en latín, que ella no entendía, como eran estas: “''Iin pace in idipsum dormiam et ''[8]'' requiescam: In manus tuas domine commendo spiritum meum: Vias tuas domine demonstra mihi: Hac requies mea in seculum seculi''”. Pasados tres días tornó en sí, pidió y recibió con singular devoción todos los sacramentos. Y después desto, vivió dos días confortando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y devoción de su Sanctísima Madre y de Sant Juan Baptista y toda la corte celestial. A este tiempo fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Dios una voz que la llamaba, y con muchas lágrimas pidieron la bendición a su bendicta madre. Y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sintiendo la voz del Esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con Vos, Señor mío, descansaré para siempre”. Y luego con voz alta se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente pasó su bendita alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta ''[9]'' [fol. 61v col a] de Sant Pedro y Sant Pablo, en tres días de julio, teniendo setenta años de edad y treinta de religión. Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo desta ilustre religiosa se muestra entero, tratable y blando en el coro de las monjas de su monasterio de Sancta Isabel. Las cuales tienen algunos testimonios de [fol. 61v col. b] milagros que obró Dios por los merecimientos desta su sierva, como de un clérigo tollido de ambos pies que fue sano, y del mismo mal fue sanada una mujer tocando su túnica. Y otra cobró vista. Y muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos encomendándose a su sierva María la Pobre. Estos milagros, con la vida desta sancta, se refieren en la tercera parte de las crónicas de Sant Francisco, libro octavo, capítulo ''[10]'' trece y catorce. Y en la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro 2, capítulo 15, se escribe su vida. ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo (fuera de la caja de escritura) podemos leer: “En. 3. de Iulio. Ef. 24.  39.  69.  85. &amp;amp; I08. Matth. 8.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen: “Authores.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se conserva “Pero” aunque, posteriormente, en el texto aparece la modernización del nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el texto: “levento”. Subsanamos la errata y acentuamos según los criterios de edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el texto “a alma”. Se corrige la incoherencia sintáctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se “aparecía” o “reflejaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Actualmente, “frenesí”: CORDE. http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll [Consulta 5 de mayo de 2020].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha suplido el signo tironiano por la conjunción copulativa “et” pero se ha conservado la puntuación. &lt;br /&gt;
“En paz me dormiré y descansaré. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, muéstrame tus caminos. Este es mi reposo por los siglos de los siglos.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1507.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto “capit.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el catálogo, Verónica Torres ha editado la biografía que aparece en la obra de Pedro de Alcocer. Ver ''Vida Impresa'' (1)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: mayo de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XXII, fols. 85v-86r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. b] '''De la Santa Doña María de Toledo, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También pone el mesmo maestro Villegas en la mesma tercera parte a esta santa doña María de Toledo. Fue de la ilustre casa de los duques de Alba y de los condes de Oropesa. Dejando las pompas y vanidades deste mundo y sus renombres (antes por menosprecio suyo), se quiso llamar María la pobre. Después de la muerte de su marido, que fue el señor del Carpio en Andalucía, se recogió en sí, vistiéndose en su interior y exteriormente de una grande pobreza. Ocupose algún tiempo en servir a los enfermos del Hospital de Toledo, que se llama la Misericordia, con mucha humildad y bajeza de sí mesma. Después, los Reyes Católicos, para que se recogiese más perfetamente en la religión, la dieron unas casas para que allí hiciese monasterio de Santa Clara, con advocación de santa Isabel. Aquí tomó el hábito de la religión, adonde ella fue abadesa, y crio otras muchas doncellas para Cristo su esposo. En este estado de religión, dio grandes muestras de la bondad de su alma, y también las dio en ella Nuestro Señor, mostrando cuánto le agradaban sus servicios. Después de treinta años de religión, fue servido de enviarle una fiebre, con que la llevó a gozar de sí a la bienaventuranza, recebidos todos los santos Sacramentos de la Iglesia, a los tres días del mes de julio, año de mil y quinientos y siete. Luego que murió, se sintió un olor y fragancia suavísima en su celda, [fol. 86r, col. a] y una música tan suave, que excedía a todo lo que humanamente se puede entender. No faltaron revelaciones en personas de santa vida, por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. Un clérigo tullido de ambos pies, encomendándose a la santa María la pobre, alcançó entera sanidad. Una mujer tullida y otra ciega, tocando la túnica desta santa, cobraron salud. Muchas mujeres estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos, encomendándose a su sierva María la pobre. Ella ruegue a Nuestro Señor por mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: marzo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada vida de la gloriosa virgen santa clara de luis de miranda.jpg|miniatura|250px|right| Luis de Miranda, 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…'' Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…''. Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel, pp. 211-219.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto, que se encuentra incluido en la primera parte de la obra de Miranda, se ha actualizado siguiendo las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “sancta”, “abadesa”, “redemptor”, “prompta”, etc. También se ha conservado un escaso laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han actualizado de acuerdo con su uso actual ya que no tenían entonces valor fonológico. En cambio, se han conservado las agrupaciones “desto”, “desta”,  “dello” y “della”. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como en general el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v” y se han simplificado las consonantes dobles. Por último, las citas, originalmente en cursivas, se reproducen también entre comillas y se entrecomillan las palabras atribuidas a las santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[211] '''Capítulo XL. En que se refiere la vida de la bienaventurada Soror María la pobre, fundadora del Monasterio de sancta Isabel de Toledo, de la Orden de sancta Clara'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin, llegándose ya el tiempo y la hora en que la majestad del altísimo Dios tenía determinado de sacar a su sierva del destierro desta presente vida, comenzó a enfermar y a ser atormentada con graves y diversas enfermedades para que se le cumpliesen sus deseos. Y como antes no había querido tener contento sino en la cruz y en el sentimiento de los trabajos y Pasión de Christo Nuestro Redemptor, lo cual ella siempre le pedía y que le quisiese comunicar sus dolores y trabajos, cumpliola Dios en esta hora sus deseos y oyó su oración, concediendole que participase de sus dolores para que mereciese después ser también participante de su gloria. Y así fueron tan grandes y tan terribles los dolores que sintió que parecía todos los momentos que sus huesos le eran desencajados y sacados de sus quicios y las entrañas se le comían, con los cuales mortales dolores por el espacio de un año fue continuamente atormentada sin ser en ella vista señal de impaciencia ni de turbación, ni oírsele palabra que supiese de ello; antes, llena de muy suave alegría de su espíritu, continuamente alababa Nuestro Señor y, como olvidada de sí misma y de sus dolores, se hacía llevar a visitar a las otras enfermas y así las consolaba y confortaba, que más parecía ella estar en regalos que en tormentos. Acabado el año, creciole la calentura muy agudamente y subiósele el frenesí a la cabeza, y, aunque perdió el uso de la razón y del entendimiento, con todo eso ningunas palabras salían de su boca que no fuesen muy sanctas y muy buenas. Todo era decir: “''In manus tuas Domine commendo spiritum meum, redemistime Domine Deus veritatis''”. “''Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas edoce me''”. “''In pace in id ipsum dormiam et requiescam. Haec requies mea in saeculum'' [218] ''saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam''”. “En vuestras manos, Señor, encomiendo mi anima y mi espíritu, redemístisme, Señor Dios de verdad”. “Mostradme, Señor, vuestros caminos y enseñadme vuestras sendas, en vos será mi descanso para siempre”. “En vuestra ciudad sancta habitaré, pues la escogí para mi morada”. Finalmente decía aquello estando con el frenesí que había traído ordinariamente en su corazón y en su boca. Pasados tres días, tornó en sí y pidió y recibió con mucha devoción todos los divinos Sacramentos. Después de lo cual vivió dos días, confortando siempre a las monjas en el servicio de Nuestro Señor e induciéndolas a la devoción de su Madre sanctísima, del glorioso san Juan Bautista y de toda la corte celestial. Y estando así, fue oída de las monjas que estaban con ella una voz que la llamaba, y las monjas con muchas lágrimas la pedían y demandaban su bendición, y ella, rogando a Dios por sus hijas, sintiendo la voz de su divino y celestial esposo, respondió: “Con vos, Señor Dios mío, dormiré yo y descansaré en paz para siempre”. Y luego con alta voz se despidió de sus monjas, diciendo: “Hijas mías, quedaos a Dios quedaos a Dios, quedaos con la paz del Señor”. Dichas estas palabras, muy quietamente dio a Dios su sancta alma un sábado después de la fiesta de san Pedro y de san Pablo del año del Señor de mil y quinientos y siete, a los setenta años de su edad, y teniendo treinta de religión. Después de haber salido su bienaventurada alma del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que experimentaron ser cierta señal de la sanctidad de la esposa de Christo y de su divina presencia y de la compañía de la corte celestial, que había venido a recebir y llevar su sancta sierva a la gloria de su Reino. Fue desto también clara señal haberse oído una muy suave música y melodía celestial que excedía a toda música humana, la cual por tres veces fue oída de las monjas, una a la muerte de la sierva de Christo, y otra al tiempo que se celebraba la misa, y la tercera cuando su sancto cuerpo fue entregado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Dios pasó deste mundo a la gloria estaba en oración un padre de la Orden de Sancto Domingo, confesor de las monjas de la Madre de Dios y de la misma orden, en Toledo, llamado fray Jordán, varón [219] sancto de muy grande perfección, y de mucha oración, el qual vio una muy larga procesión y que al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo, muy ricamente vestida con una diadema y corona en la cabeza de muy grande resplandor, y que salían de su cara rayos como de Sol. Y vio y conoció este sancto y devoto religioso a todas aquellas sanctas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en el Reino de los Cielos. Y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó a las monjas esta revelación. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra el día de hoy entero, tratable y blando, y no cesa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros por los merecimientos de su sancta sierva Un clérigo tullido de ambos pies encomendose devotamente a Nuestra Señora por los merecimientos de su sancta sierva, luego alcanzó salud. Una mujer sanó de la misma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. Muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestra Señora el tener hijos, encomendándose a esta su sancta sierva. Una mujer ciega cobró la vista y otras muchas alcanzaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesuchristo, María la Pobre en la tierra, mas rica y bienaventurada en el cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] 3 páginas de las ''Chrónicas'', Libro 8, capítulo 13, cum. seq.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] De cómo fue edificado el convento de Sancta Isabel de los Reyes en Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Oseas, 2. [Nota del editor] “''Propter hoc ecce ego lactabo eam et ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius''”; “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas, 2:14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Salazar Crónica 1612.jpg|miniatura|250px|right|''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 359-367.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de María de Toledo (1437-1507) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIIII'''&lt;br /&gt;
'''[359] Del nacimiento y crianza de doña María de Toledo, fundadora del Monasterio de S. Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue doña María de Toledo, natural de la ciudad de Toledo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de su mujer doña Juana de Guzmán, Señores de Pinto. Era Pedro Suárez de los señores de Alva y de Valdecorneja, y de los señores de Oropesa, linaje antiquísimo en España y de gran nobleza. Eran estos señores Pedro Suárez y su mujer muy cristianos y devotos. Y ansí parece que, premiando Dios sus buenas obras y virtudes, les dio a doña María de Toledo por hija. La cual desde muy tierna edad dio muestras de la gran perfección que había de tener en el discurso de su vida. Lo primero que podemos decir de su niñez es que desde muy pequeña fue aficionada a los pobres, y usó con ellos de mucha caridad. Fue desde que tuvo uso de razón muy inclinada a guardar limpieza y pureza virginal. Y ansí había propuesto firmemente de guardarla toda su vida. Ejercitose en esta tierna edad en hacer todas las limosnas que podía a los pobres, y todo lo que le daban para almorzar [360] y merendar, lo daba por amor de Dios. Las vanidades y niñerías de aquella edad siempre las aborreció, y como si fuera una mujer anciana y muy prudente, se ocupaba en obras santas. Cuando se podía esconder de su madre, íbase a un oratorio donde sus padres oían misa, y allí se estaba rezando y encomendándose a Dios muy de veras, y ansí alcanzaba de su divina Majestad, grande aumento de virtud y devoción. Llegada a edad de poderse casar, fue tanta la importunidad y instancia que sus padres en esto le hicieron que hubo de consentir en lo que le pedían, y mudar el propósito de la virginidad en santo y honesto matrimonio. Casáronla sus padres con García Méndez de Sotomayor y de Haro, Señor del Carpio. Estuvo con su marido siete años, y nunca parió, y después alcanzó licencia de su marido y vínose a Toledo a ver a sus padres; y pocos días después tuvo nueva cómo su marido había muerto: y en sabiéndolo hincose de rodillas, y dio gracias al Señor por verse libre para poder muy de veras ocuparse en su servicio. Y luego dejadas las vestiduras preciosas, se vistió de una túnica de paño, y de un hábito a manera de religiosa de San Francisco; el cual vestido era muy áspero y vil; y persuadió luego a todas las mujeres que estaban en su compañía a que hiciesen lo mismo. Desde entonces comenzó determinadamente a darse y ejercitarse en obras de misericordia. Visitaba todos los hospitales y hallábase en todos los enterramientos de personas pobres: acudía muy de ordinario a las cárceles y buscaba pobres vergonzantes y huérfanos, a todos los cuales servía y daba lo necesario, como verdadera madre de todos. También redemía cautivos, y los muchachos echados a las puertas de las Iglesias hacíalos criar a su costa, y después los ponía a oficios con que todos se remediasen. Pero entre todos estos santos ejercicios, en el que más de veras se empleaba era en curar enfermos pobres, a quien trataba con verdadera caridad y piadosas entrañas: a los cuales muchas veces les curaba las llagas, y lavaba los pies y se los besaba, y con muy suaves palabras los consolaba; y en otra cualquier cosa que veía tenían necesidad, y ella podía remediarla, lo hacía con muy gran diligencia y solícito cuidado. Anduvo siempre descalza después de la muerte de su marido, y aunque hiciese muy recios fríos, y los inviernos rigurosos y ásperos, jamás se calzó. Iba a Maitines cada noche a la Iglesia Mayor de Toledo, acompañada de una mujer amiga suya, que se llamaba [[Juana Rodríguez]]; la cual [361] halló muy pronta y aparejada para cualquier ejercicio de virtud y penitencia. Estuvo dentro en la Iglesia Mayor de Toledo un año, sin salir della ni comunicar con persona ninguna, salvo con su familiar amiga [[Juana Rodríguez]] y con su confesor, que era un fraile de san Francisco, llamado fray Pedro Pérez. Hizo esto para poderse dar con más devoción y espíritu a la contemplación y meditación. Había esta señora escogido al dicho fray Pedro Pérez para su confesor, por ser gran religioso y muy docto, con cuya doctrina y ejemplo hizo grande aprovechamiento en el camino de la perfección, al cual había dado la obediencia y la guardaba muy de veras. Andaba en este tiempo vestida de un muy áspero silicio, y con crueles disciplinas afligía su cuerpo delicado, para hacerle sujeto al espíritu. Comulgaba al tercer día, y lo más largo de ocho a ocho días, y esto era con tanta preparación y reverencia cuanta le era posible. El día que comulgaba ninguna otra cosa comía más de pan y agua. Sentía en los tales días muchos regalos de la divina clemencia en tanta abundancia que su espíritu era lleno de divinas consolaciones y alumbrado con celestiales revelaciones. Revelole nuestro Señor muchas cosas, las cuales por mandado de su confesor dejó escritas, y entre ellas era una, que el Reino de Granada vendría a poder de cristianos. También que los conventos de frailes menores claustrales y de las monjas habían de ser reformados. Revelole también nuestro Señor las grandes maldades y abominables herejías que los cristianos destos reinos cometían por la comunicación y trato que tenían con los moros y judíos que en ellos vivían. Pues manifestando esta santa mujer estas cosas a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel (con quien tenía mucha autoridad y crédito), llamáronla a Segovia, adonde entonces ellos estaban. Y tratando con ella estos negocios y pidiéndole su parecer, determinaron se pusiese en España el Santo Oficio de la Inquisición. Y ansimismo ordenaron otras muchas cosas tocantes al servicio de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo doña María de Toledo, después que volvió de Segovia, no quiso tornar a casa de su padre, y se fue al Hospital de la Misericordia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alcanzada licencia de los Reyes Católicos en Segovia, vínose a Toledo; no quiso tornar [362] en casa de su padre. Y después de haber puesto en estado las mujeres y criadas que tenía, ofreciose toda al servicio de Nuestro Señor, y fuese al Hospital de la Misericordia para emplearse de día y de noche en servicio de los enfermos. Y era cosa de admiración el cuidado y solicitud que en ello ponía, acudiendo a todas las necesidades dellos, a los cuales trataba con mucha benignidad y regalo; solo era para sí misma muy áspera, siendo para todos misericordiosa. La camisa que traía era un saco de sayal o xerga muy áspero. La cama era unas pajas, y la manta con que se cubría era pelos de cabra, y de lo mismo era el almohada. Tenía una celda muy pequeña, donde, después de haber acabado de curar y visitar los enfermos, estaba toda la noche hasta Maitines en oración. Y después de haber dormido un poco levantábase muy de mañana y limpiaba los servicios de los enfermos; y en cuanto podía regalaba y consolaba los enfermos. De donde manó que los Caballeros de Toledo hiciesen una Cofradía en la cual cada uno sirviese una semana en el Hospital de la Misericordia, lo cual ha permanecido hasta el día de hoy. Pasó muy adelante la cristiandad desta mujer, acompañada de muy grande humildad, porque queriendo con más abundancia regalar y servir a los enfermos, después que había dado al hospital y a la capilla d’él todo cuanto tenía, comenzó a pedir por amor de Dios (con su compañera [[Juana Rodríguez]]) de puerta en puerta, y llevaba con mucha alegría (sobre sus hombros) lo que le daban. Levantose por esta causa una grandísima persecución de sus más propincuos parientes, porque se afrentaban de verla andar de aquella manera y huían della por no encontrarla por las calles; y muchas veces le reprendieron y deshonraron: unos la llamaban loca, otros, desperdiciadora y gastadora, otros le decían que afrentaba a todo su linaje. De suerte que todos sus deudos la vinieron a aborrecer; y fue tanto esto que aun su madre (con ser muy cristiana y bendita mujer) no la podía ver. Mas la bienaventurada, deseando conformarse con Jesucristo Nuestro Señor, no solo llevaba esto con mucha alegría, más aun las bofetadas que su compañera le daba, por mandado de su confesor (para ejercitarla en paciencia y humildad), recebía como tesoro divino y precioso. Pasados desta manera tres años, cayó en una gravísima enfermedad; y llegada a lo último de su vida, y recibidos los sacramentos, vino a verla su madre, la cual no le pudo negar el amor y entrañas maternales; [363] y estando allí con ella y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora que allí estaba, le pedía (con lágrimas y suspiros e instancia de oración) salud para su hija, y muy en breve, como si hubiera resucitado, la vio sana y libre de su enfermedad. Llevola a su casa para que acabase de curar y regalarla en su convalecencia, y dentro de pocos días estuvo de todo punto buena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''Cómo doña María de Toledo después desta enfermedad tomó el hábito de monja de Santa Clara en el Monasterio de Santa Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que la santa mujer cobró entera salud comenzó a tratar consigo misma, cómo dispondría de sí de manera que más sirviese a Nuestro Señor: unas veces pensaba ir en romería a Jerusalén, otras buscar otra vida más estrecha, y otras cosas semejantes. Y andando ella y su fiel compañera revolviendo estos santos y divinos pensamientos, pusiéronse en ferventísima oración, suplicando muy de veras a Nuestro Señor les revelase su divina voluntad. Tuvo sobre esto revelación divina, por lo cual entendió que la voluntad del alto Señor era que fundase un monasterio de monjas adonde ella y otras muchas le sirviesen. En este tiempo (por ordenación divina) acaeció que vinieron los Reyes Católicos a Toledo, y la dicha doña María de Toledo comunicó con la reina doña Isabel su determinación y santo propósito; y los Reyes holgaron mucho dello, los cuales le dieron una buena casa que ellos tenían en Toledo, que era el sitio donde ahora está fundada Santa Isabel, que es la Orden de santa Clara, al cual le pusieron este nombre por causa de la reina. Tomó allí el hábito, y con ella algunas criadas suyas, y otras devotas mujeres. Hicieron luego abadesa a la dicha doña María de Toledo, fundadora del dicho convento. El orden de su vida, después de ser monja y prelada, es este: traía de ordinario un áspero cilicio, desde el cuello hasta los pies. La túnica, hábito, y manto, todo era muy vil, roto, y muy viejo. Su cama eran unos sarmientos mal compuestos, o una tabla, y el almohada era una piedra o un madero. Después de Maitines no tornaba a la cama, por quedarse en el coro en oración hasta Prima. Y, del gran consuelo que de la oración sacaba, traía siempre la cara llena de alegría y [364] contento. No comía carne, ni bebía vino, y todo el año ayunaba con mucha abstinencia, y los tres días de la semana ayunaba a pan y agua, y en los otros tomaba algún refrigerio de vianda. La Cuaresma que llaman de los Ángeles solía ayunar a pan y agua. Cada día buscaba las cestillas en que se cogían los pedazos de pan que sobraba a las monjas, y lo que ellas dejaban, buscaba y recogía para su comer. Y cuando no los hallaba, rogaba a la resitolera le diese los mendrugos de pan que habían las monjas dejado. Comulgaba muy a menudo, y el día que recebía al Señor no comía más de unas almendras o pasas después de Vísperas. Los manjares que le daban en la mesa para comer, enviaba a los pobres. Todo cuanto fue en sí remedió las necesidades del prójimo; y ansí a los que llegaban a pedir al monasterio por amor de Dios, o los que en otras partes padecían alguna necesidad, procuraba remediar y consolar. Era humanísima con las monjas; y si alguna vez reprendía a alguna dellas, antes que se recogiese en la noche la hablaba, y dejaba muy consolada y alegre. Era siempre primera en los trabajos y oficios del monasterio, los cuales hacía con mucha diligencia y cuidado. Visitaba y servía a las enfermas con tanto amor y caridad que muchas veces su sola presencia les daba salud. Ansí como iba creciendo en edad crecía en el rigor y aspereza de su cuerpo, añadió al silicio una túnica tejida de cerdas y pelos de cabra para con eso poder ofrecer a Dios su cuerpo más mortificado. Como esta santa mujer era ejercitada muy de ordinario en altas meditaciones, aconteció que un viernes de Cuaresma, juntándose a la disciplina, como acostumbran, la vio otra monja que tenía la cara muy resplandeciente y con gran claridad, de donde salía un rayo de luz muy claro y grande, que la luz se extendía tanto que llegaba hasta la monja que esto vio. Y como le preguntase y rogase, con mucha importunidad, le dijese qué había visto o sentido en aquella hora (porque ella nada decía, sino siendo a ello muy forzada), dijo que había Nuestro Señor permitido que ella gustase en aquel tiempo aquella caridad incomprensible, con la cual quiso padecer tan crueles azotes y inmensos dolores. Otras muchas cosas le acaecieron y muy dignas de memoria, que Nuestro Señor hizo por su sierva, que por abreviar no se relatan aquí, solo diremos lo que en el fin de sus días hizo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''[365] Del fin de doña María de Toledo, y de los milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercándose el fin de la dicha doña María de Toledo, padecía muy grandes enfermedades. Y como el tiempo pasado de su vida no había tenido gloria en otra cosa sino en la cruz de Cristo y en su Pasión, suplicábale que los dolores y tormentos que su divina Majestad había padecido en la cruz permitiese que ella, en cuanto le fuese posible, los experimentase. Oyola el divino Señor, porque desde allí adelante le acometieron tan vehementes dolores que todos los huesos parecía se le quebraban en el cuerpo, y que cada momento la partían por sus coyunturas. Y aunque estuvo un año entero padeciendo estos dolores, nunca de su boca se oyó palabra que fuese impaciente, ni aun dio señal de tenerla: antes muy alegre y regocijada alababa a Dios sin jamás cesar. Y como olvidada de sí, hizo hacer una silla en la cual iba a visitar a las otras enfermas y las consolaba, y holgaba tanto de sus dolores y trabajos de sí misma que más le parecía estar en paraíso y gloria que padeciendo tormentos y dolores. Si alguna vez estando enferma le daban las que servían alguna cosa, y se tardaba algún tanto en tomarla, luego a la hora les pedía perdón con muy grande humildad. Finalmente, al cabo de un año que estaba enferma, le dio una landre y una calentura muy aguda, de que moría mucha gente; y tan grave fue lo uno y lo otro que la sacaron de juicio, pero con todo eso nunca dejó de decir palabras muy benditas y santas, unas veces decía: “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, otras: “In manos tuas Domine commendo spiritum meum, vias tuas Domine demonstra mihi. Haec est requies mea in saeculum saeculi”. Después que volvió en su entero juicio pidió los sacramentos, y después de haberlos recebido devotísimamente, vivió dos días, en los cuales de ordinario consolaba y confortaba a sus monjas en servicio de Dios y trataba cosas espirituales y de grande edificación; y mientras duraron estos dos días se le mudaba el color del rostro muchas veces en diversos colores, en lo cual se vio manifiestamente que se le ofrecían graves y muy arduas cosas espirituales. Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”. Y al último día desta gravísima enfermedad en la noche, estando todas las monjas alrededor de la cama muy penadas y tristes por parecerles que les faltaba su buena madre, y las más dellas dormidas del mucho cansancio, oyose una voz desconocida que las despertó, y ellas se levantaron, y entendieron que se llegaba la hora. Hincáronse todas de rodillas bañadas en lágrimas y dando sollozos y suspiros, suplicándole les diese su bendición; y ella pidió a nuestro Señor les diese su bendición, y que las conservase en su amor y temor, oyó una voz del Esposo que la llamaba. Y repitiendo aquel verso, “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, dio una gran voz, diciendo: “Quedaos con Dios hijas mías, quedaos en paz”, y luego como quien se queda dormida, dio su alma a Nuestro Señor. Fue su fallecimiento sábado, día octavo de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo de 1507. Habiendo cumplido setenta años de edad, y treinta de religión, y de la fundación de su monasterio. Había en este tiempo treinta monjas en el convento, las cuales todas sintieron al tiempo que murió esta bendita señora grande fragancia y admirable olor que de su cuerpo salía, que muy cierto creyeron que estaban allí compañías de ángeles y coros celestiales que venían a acompañar a la bendita alma. Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. La primera en el aposento donde murió la santa. La segunda en la misa, y la tercera cuando la enterraban. A la hora que murió esta bienaventurada estaba en oración un religioso muy devoto, de la Orden de los Predicadores; el cual era confesor de las monjas del Convento de la Madre de Dios de Toledo, que se llamaba fray Jordán. El cual vio una procesión, y en el fin de la una parte iba santa Clara, y de la otra santa Isabel, y en medio llevaban a esta bendita mujer con grande resplandor, vestida de vestidos riquísimos de tela de oro; sembrados de perlas preciosísimas, con una corona de oro en la cabeza de mucho valor; y la cara llevaba resplandeciente como el sol. Y a todas estas santas conoció el dicho religioso y las miró con mucho contentamiento y regalo de espíritu, que parecía penetrar lo íntimo de los Cielos. Y muy lleno de admiración y gozo, fue al Monasterio de Santa Isabel, y contó por ciento esta visión a todas las monjas. El cuerpo desta bienaventurada se ve el día de hoy entero y tratable, [367] como si estuviese vivo, por cuyos merecimientos se han obrado por la divina clemencia muchos milagros, y sanado muchos enfermos de diversas enfermedades, de los cuales referiremos aquí algunos, para gloria de Dios, y de su sierva. &lt;br /&gt;
Un clérigo cojo encomendose muy de veras con entero corazón a esta santa, y en un punto se halló sano y libre. Una mujer que estaba muy enferma, en tocándola con un pedazo de la túnica desta santa, luego sanó. Muchas mujeres que estando casadas muchos años y no se habían hecho preñadas, suplicando a esta santa les diese favor para tener hijos, fue Nuestro Señor servido de se los dar; y para esto se ceñían con una medida del largo desta santa mujer. &lt;br /&gt;
Una señora muy noble tenía una hija que había perdido el juicio, y muy confiada en esta santa, envió a pedir al monasterio le diesen el velo de la cabeza de la santa y una medida de su cuerpo; y habiéndolo traído, el velo puso en la cabeza de su hija, y el cíngulo en el cuerpo, y luego cobró el juicio que tenía perdido, y dentro de pocos días se hizo preñada, que hasta entonces había estado con grande esterilidad. Otra mujer muy principal había cegado cincuenta días había de una grande enfermedad; la cual envió a rogar a las monjas del dicho monasterio que le hiciesen caridad de alguno de los paños que fueron de la bienaventurada santa; las monjas le enviaron un paño que había sido suyo, y la mujer enferma se lo puso sobre la cabeza, y luego cobró la vista de los ojos. Otras muchas personas han sido curadas y sanas de diversas enfermedades tocando al silicio o túnica de la bienaventurada santa. Todo esto ha sido para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que por los merecimientos de su sierva ha obrado tantas maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: octubre de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vargas Vida 1616.jpeg|miniatura|250px|right|Tomás Tamayo de Vargas, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.]] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Tomas_Tamayo_de_Vargas Tamayo de Vargas, Tomás], 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la -u- con valor consonántico, y los cambios de qu a cu. No obstante, como se verá, en este texto se ha optado por una transcripción más bien conservadora. Se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “embiaron”, “podiendo”, “recebir”, “monarchía”, “escriptura”, “oratión”, b“sanctidad”, etc. , y se han eliminado las dobles consonantes, excepto -cc- antes de e/i, y las nasales. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, debido a que ya no tienen valor fonético y siguiendo los criterios del Catálogo, se ha actualizado su escritura. En cambio, se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento: “Ayala” en vez de “Aiala”, “De Alba” en vez de “Dalva”, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las abreviaturas han sido desarrolladas. En el caso de “f.”, se ha optado por “fray” en vez de “frater” por el uso que hace el texto de esta palabra. El uso de la cursiva que marca énfasis en el original se ha conservado, aunque no en los diálogos o parlamentos, siguiendo los criterios del Catálogo, excepto cuando se pronuncian palabras latinas. Debemos avisar que en el impreso aparece siempre en mayúsculas el nombre de la protagonista de la hagiografía: “MARÍA la POBRE” así como el de “CHRISTO” o “JUANA RODRÍGUEZ”. Aunque nos hubiera gustado restituir el efecto visual que esta elección gráfica podía provocar en el lector, hemos optado por seguir criterios homogéneos con el Catálogo y hemos sustituido las maýusculas de la palabra por la mayúscula del nombre (por ejemplo, “Pobre”). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, se ha conservado sólo uno de los paratextos: la censura escrita por Francisco de Pisa. Ello responde a la voluntad de hacer manifiesta la relación entre este eclesiástico y Tamayo de Vargas, siendo ambos autores de sendas vidas de María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Portada] '''Vida de Doña María de Toledo, Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. (ir)] '''A la imperial ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a madre dichosa de tan bienaventurada hija debo justísimamente la relación de su vida, como el afecto con que la escribí en agradecimiento del favor que de todos sus naturales experimentan siempre mis cosas. Significo el deseo de no parecer desagradecido con la confesión de la deuda, y hácese esta gustosamente mayor con la paga de lo que es más suyo: pues nada por tal puede ser más agradable que su mismo nombre que la ''Descripción de sus maravillas''; nada de más autoridad que la ''Historia de sus arzobispos''; y nada de más estima que los ''Elogios de sus Ciudadanos ilustres en letras''; con que, recompensando parte del agrado con que me favorece, pretendo confirmar su excelencia en lo mayor de las naciones extranjeras en lo mejor de la nuestra. Este será el intento, sino el suceso, como ahora dar por seguridad de mis promesas esta, si pequeña prenda de mis deseos, muestra grande de sus obras. Parte corta es de su historia, pero principal. Tal la han calificado muchos escriptores ilustres en religión, doctrina y dignidad: sus pisadas he medido, deseoso de serles, como en el cuidado, compañero en el afecto. El reverendo Padre Fray Marcos de Lisboa, obispo de Porto, mostró el suyo a esta beata señora desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte de la ''Chrónica de la Orden de San Francisco''. Siguiole, no sin maravilla, en obra tan insigne el doctísimo Tomás Bocio, presbítero de la Congregación del Oratorio, en el Capítulo XXIII del libro XII, signo LVIIl” ''[1]'', como el reverendísimo Fray Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, III parte Monasteria ''[2]''; Fray Pedro de Salazar, desde el Capítulo XXIV hasta el XXVIII del libro V de la ''Chrónica de la'' [fol. (iv)] ''provincia de Castilla''; Pedro de Alcocer, libro I de la ''Historia de Toledo'' Capítulo XV; nuestros toledanos piadosos: el Maestro Alonso de Villegas, ''Flos sanctorum'', parte III, el Doctor Francisco de Pisa por tantos títulos de doctrina, religión, ancianidad venerable, parte I de la ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo'', libro V, Capítulo XXXVI) y más a la larga en el ''Tratado del instituto de la Orden Tercera'', cuya erudición igual espera presto la luz común. La verdad de tales escriptores apoyan las escripturas, privilegios, institución, donaciones, y otras memorias originales antiguas, que del archivo de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo he visto, como también una relación antiquísima de la vida desta señora de mano ''[3]'', y sin nombre de auctor, sacada (como se cree) de la que, enseñada del Cielo para solas cosas dignas d’él, escribió su devota compañera, y el ilustrísimo Dominus Fray Francisco Jiménez tuvo en gran veneración ''[4]''. No me ha animado menos otra escrita con tanto acierto como curiosidad por el Dominus Pedro de Salazar y Mendoza, canónigo de la ilustrísima Iglesia de Toledo, y muestra de las grandes obras que España le pide para su mayor ilustración. Auctoridad tan grande ha seguido mi piedad, que no es pequeña aprobación del sujeto, y disculpa del que le emprende, la unida conspiración de tan nobles escriptores. En lo que la averiguación (como en las acciones de la niñez) no puede ser puntual, ley es del historiador referir lo que debió o pudo ser; en lo que fue, hacerlo que campee con el adorno, no que se violente. Tal vez hablan por mí los auctores antiguos por mejoría, no por afectación u ostentación. Tal (aunque con cuidado decoro) doy título de Bienaventurada, de Sancta, a quien atribuyó virtudes o maravillas proprias solamente de los que lo son. No es nuevo, ni digno de censura, pues con los [fol. (iir)] dedicados a Dios nació este nombre. A Israel dice el mismo, ''“Viri Sancti eritis mihi”'' ''[5]'', ''“sancti estote”'', ''“quia ego Sanctus sum”'' ''[6]'', y David le alega para su defensa, ''“Custodi animam meam, quoniam Sanctus sum”'' ''[7]'', y San Pablo llama a los Christianos ''“Vocatos Sanctos”'' ''[8]'', nombre tan universal que comprehende en la sanctificación a los animales, vasos, vestimentos y lugares consagrados a Dios, como dice Orígenes. La precipitación deste aborto o parto de tres días ocasionó el temor de no verle mal tratar de algún fingido padre, como la ''Constancia del Gran Justo Lipsio'', que deseé gozara la nobleza española por mi medio, y Fray Hernando de Luján de la Orden de la Merced quiso, sin orden mía, prohijar a Juan Baptista de Mesa, hombre no conocido, salió en Sevilla este año otro en reconocimiento de algunas amistades no vulgares con que yo sin conocerle le serví. Saliera con su nombre y el de sus censores, y conociérase, o no desmembrado, y no se desconociera. O no saliera, como la Vida del mismo auctor y Notas a esta obra sacadas de todas las suyas, pues todo se hizo a un fin, y fuera término de honor y christiandad. Lastímame no la pérdida, que estimo en poco, sino la mala correspondencia, que no puedo dejar de sentir mucho y a Dios solo hago juez y vengador de nuestra verdad. También la tardanza de la promulgación de la que sigo en la ''Defensa de la Historia de España'', apoyada con tres sentencias del consejo supremo impedidas de relaciones siniestras, me ha obligado a buscar olvidos, hasta que Dios, en quien solo confío, se sirva de volver por la verdad y piedad de mi causa. Estas son las que me movieron a sacar a luz ahora esta niñería, como las superiores a desear solamente a los ciudadanos desta imperial ciudad por lectores de lo que es tan suyo, como lo confesará agradecido perpetuamente quien para ellos solamente lo escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Libro I. ''De la vida de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I. Origen, progreso y fin del estado religioso'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ser la naturaleza del bien si tal ''[9]'' que, si fuera capaz de aumento o disminución externa para su perfección la dejara de tener y perdiera el nombre, es cosa maravillosa que no tiene por excelencia igual a la promptitud liberal de su participación con los que le conocen el llevar tras sí los ánimos aun de los que le ignoran. A [fol. 1v] Dios summo y perfectísimo bien pudiera gozar de sí proprio solo en sí sin la compañía de las criaturas, mas como si necesitara su comunicación, no solo gustó de hacer de nuevo a quien vista su hermosura se fuese tras él, sino que dispuso los ánimos de los que poco antes había criado de nada, de suerte que ninguna cosa parece que pretendió más que su unión con ellas. ¡Oh propriedad forzosa del bien, oh fuerza propria del amor, aficionar no solo la voluntad, sino rendir el entendimiento; alcanzar no solo su aprobación, sino su seguimiento! Viose esto desde el principio de las cosas. Dio Dios ser al universo, hizo gobernador d’él al hombre; puso en este su conocimiento, diole con libertad la elección de lo bueno y de lo malo; no sujetó el juicio a la noticia de lo mejor, bastó darle la perfección de ella, sino la sujeción. Negósela el hombre rebelde a su hacedor, sujeto a su apetito. Pudo tal vez la hermosura cierta del bien más que la blandura lisonjera del mal. Huyó de uno llevado de otro. Cooperaron las obras del hombre a la promptitud de Dios y quedó por poses- [fol. 2r] sión y pueblo suyo unido con él y, como agradecido al gusto de su unión, trabajando siempre por no desunirse d’él. Quedó en fin (como transformado en el bien) hecho bueno, dando a este género de gente mejor el mejor principio en el del mundo. Enoch venerando a Dios con culto por religioso especial ''[10]'', hicieron lo mismo sus hermanos, hijos de Seth y nietos de Adam, vacando solo a Dios en habitaciones retiradas sin mezcla de la profanidad del vulgo. A su imitación, los hijos de Recab observaban los preceptos de su Padre tan puntualmente ''[11]'' que merecieron la alabanza del mismo Dios ''[12]''. Imitaron a los de la ley natural los de la escripta ''[13]'', teniendo por guía al Sancto Propheta Samuel, y él por compañeros a los demás prophetas en los puestos señalados de Galgala, Naioth o Ramatá, y riveras del Jordán. Llevó adelante la institución de Samuel el fervoroso Elías, siguió su celo Eliseo, su discípulo, tan fervorosamente que excedió el número de sus secuaces la capacidad del Carmelo, extendiéndose hasta el Jordán, y monte Efraín y ciudades Galgala, Betel, Jerusalén, [fol. 2v] Sarepta, Samaria, Jericó. Conservose este fervor hasta el divino precursor Baptista, cuyas pisadas veneraron los Pablos, los Antonios, los Hilariones, los Macharios, los Pafnucios, y las demás guías de los ejércitos de ángeles humanos, que acompañaban a los celestiales en las alabanzas perpetuas de su Criador ''[14]''. Hallaron ya estos sanctos en la ley de gracia apoyadas estas juntas con el ejemplo de Christo, y seguimiento de sus apóstoles y discípulos, autorizando en varias partes esta profesión personas de conocida nobleza: Techla en Grecia a persuasión de Pablo, Domitila en Roma a la de Clemente, la hija del Rey de Ethiopía a la de Matheo ''[15]'', y a ejemplo de todos en Francia, Martha, y otras que en Jerusalén halló la devota Emperatriz Helena. ¿Daremos otro nombre a aquella, si tierna en la fe, fervorosa unión de los que ufanos vivían con sola una alma, con solo un corazón? ¿La fórmula de la renunciación de las cosas del mundo no daba bien a entender cuán desarraigadas vivían dellas? ''[16]'' El modo de velar las vírgines, que tuvo principio del de los Apóstoles, y se confirmó el año de CXLVII por Pío I, Pontífice summo, ¿no es buen in- [fol. 3r] dicio desta abnegación de los bienes y gustos de la Tierra por la estima de los del Cielo? Seguían hasta estos tiempos los impulsos de Dios y mandatos de sus superiores estas fervorosas juntas, unas de un modo, otras de otro, y todas perfectísimamente, hasta que la doctrina de San Antonio en Egypto fue haciendo la regla ''[17]'', que después escribió en Capadocia San Basilio ''[18]'', aprobó en Milán San Ambrosio, y dilató San Augustín en África ''[19]''. Llegó este estado a la última perfección con el ejemplo del glorioso Padre San Benito, y de sus bienaventurados discípulos Mauro y Plácido, y años después con el de Oddón, Abad de Cluní, de Romualdo de la Camaldula, de Juan Gualberto de Valdeumbrosa, Roberto I Estephano del Cístel, Bernardo de Claraval en diversos tiempos, y debajo de la regla de San Benito, y algo después con el de Bruno el de la Cartuja, y el de otros, que con la sanctidad de su vida, como partícipes del primero y summo bien atrahían a otros a él y a sí, deseosos de mayor perfección. No parecían muriendo siempre en cosa mortales. Vivían de milagro transportados en lo que no eran y para quien habían nacido; solo con Dios tenían sustrato, abor- [fol. 3v] recían el de los hombres, como si fueran ellos de otra naturaleza, temiendo que el cáncer de sus malas costumbres no corrompiese la sanidad de la suyas. Este era su intento. Siguiéronle otros con igual celo, si con menos retiramiento, pareciéndoles que el verdadero no consiste tanto en el del cuerpo, como en el del afecto, no tanto en la huida exterior de las cosas ajenas como en la interior de sí proprios, fiando en el que les daba el celo, que les daría valor para hollar sin lesión el fuego mismo y los animales ponzoñosos, por descalzarse de todos los afectos que les podían apartar de su Criador. Unieron a las ciudades, y afuer del Sol, que sin daño suyo ilustra aun las partes más inmundas, despidieron los rayos del fuego divino que, como a Elías, les trahía arrebatados de sí mismo en los corazones más tibios, dejándoles purificados de sus immundicias y hechos cherubines abrasados en el amor de Dios ''[20]''. Juntáronse con los primeros, y como la materia del fuego conserva más en sí el calor junta que esparcida, vino a ser el incendio tal, que ya las ciudades competían con los desiertos. Fueron los primeros auctores deste género de vida † ''[21]'' años des- [fol. 4r] pués los bienaventurados patriarchas Domingo y Francisco, y a su imitación los demás, cuyos hijos hoy vemos florecer en virtud y letras para tanto honor de Dios y provecho del mundo: tanto puede la hermosura del bien, que obliga arrebatadamente a que le conozcan; tanto sin conocimiento, ¡que fuerza blandamente a que le sigan!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Elección de Dios de todos estados para el de la Religión. Nobles en sanctidad y linaje en la de San Francisco. Sujeto y fin deste libro'''&lt;br /&gt;
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Quiere Dios que todos le sigan. Repugna la imperfección de nuestra naturaleza depravada por el pecado a la sinceridad perfectísima a que a Dios nos lleva. Vence a veces la carne, muchas el espíritu, quedando [fol. 4v] de sus luchas en Dios gozo del vencimiento deste por nuestro bien, y en nosotros humildad con la fragilidad de aquella, por la obediencia a Dios. De uno y otro resulta gloria a Dios, provecho a nosotros, por llevarnos el conocimiento de nuestra miseria al de la necesidad que tenemos de quien nos da la vida, el movimiento, el ser. Anima Dios la desconfianza de los flacos con la variedad de los ejemplos de otros de su género y, aunque no admite excepción de personas, echa a veces la mano al poderoso del mundo para que su ejemplo mueva a sus iguales y por que se vea que el verdadero poder consiste en la abnegación del falso. Otras la extiende al desecho del mundo para confusión de lo estimado y para que se conozca que su providencia se extiende aun a lo más olvidado. Vense ejemplos de una y otra elección en todas las religiones y no es menor maravilla verse ensalzada la humildad de un pobre en todos los bienes que la fortuna llama suyos que desearse humillar un rico, un noble, un letrado. Es el estado mediano entre los humanos más commún, y así causan menor admiración sus sucesos. Pero ¿a quién no admirará ver postrar a los pies de la hu- [fol. 5r ''[22]''] mildad la grandeza de las Coronas, y desear más vivir sujeto a la voluntad de un solo superior, que ser obedecido de todo un reino? Efectos maravillosos de la excelencia del bien, que atrahe a sí con amoroso imperio los ánimos que llegan a conocerle. Que a la ternura de una doncellica no contraste el regalo, y a los gustos aún lícitos ponga acíbar el conocimiento de Dios, ¿qué puede ser sino fuerza de su bondad? Deja Inés las riquezas de Orechio, su padre, rey de Bohemia ''[23]'', y los regalos de Frederico II, emperador de Alemania, su esposo, por seguir al padre y esposo de las almas puras, Christo, debajo de la regla de su Bienaventurado imitador Francisco. No repara Blanca en ser primogénita de Philipo Pulcro, rey de los Francos; olvídase de su padre Rodulpho, emperador, Coleta; no corrompen la constante determinación de Constancia los bienes de Frederico Emperador su abuelo, y amores de Don Pedro, rey de Aragón, su marido; no distrahe la vanidad del mundo a Salomé, hija del rey de Polonia. No entibia el fervor de Isabel la grandeza del Imperio de los Romanos y de Carlos IV, rey de Francia y emperador de Alemania, su marido, no a [fol. 5v] Blanca el Reino de Francia, no a Sancha Roberto, rey de Nápoles, su esposo; no a Doña Leonor de Quiñones, a Doña María de Mendoza, a Doña Ana Ponce de León, y a otras ilustrísimas señoras la delicadeza de su género, la celebración de su hermosura, la riqueza de su patrimonio, y la nobleza de sus padres a que lo pospusiesen todo por Dios a los pies de Francisco, cuyas pisadas tanto procuraron seguir. No últimamente todas estas apariencias del mundo a divertir de sus sanctos propósitos a la ilustrísima Doña María de Toledo por sangre de las más generosas, y por rica de las más hacendadas de España, a que, a ejemplo de las pasadas, le dejase a las venideras de su admirable vida ''[24]''. De los sucesos desta hago humilde relación, no ambicioso, ostentación de sus alabanzas, porque ¿quién podrá dar alcance a la soberanía de sus méritos con la vileza de su insuficiencia? ¿Qué fin el espíritu del sujeto que emprendo infundido por ella o imitado del que hoy admiramos en sus religiosas hijas mal podrán las obras satisfacer al deseo? Vos, señora, celestial espíritu, perdonad la rudeza del estilo por la sinceridad del afecto: y sea género de alabanza vues- [fol. 6r] tra, como ninguna es mayor que no poder ser dignamente alabada ''[25]'' sino por vos misma, consentir serlo de quien es tan indigno de toda alabanza. A vuestra piedad será fácil la ayuda, como a mi veneración permitido proponer la hermosura de vuestras virtudes para caudal de los que las imitaren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. Nobleza de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Los hombres, a quien sola la antigua memoria de sus mayores dan nombre de nobles, son como los cipreses, superiores a los demás, pero sin fructo: son lienzos, que tienen la estimación en los colores, no la alma, de que no son regidos. Es verdad que los fuertes nacen de los fuertes ''[26]'', y nunca fue fructo de la generosidad del león el miedo de la liebre; nunca de la grandeza del águila el encogimiento de la paloma y, aunque es insigne la alabanza de la nobleza del linaje, da la me- [fol. 6v] jor ser la de la virtud, porque la una es sin duda ajena, la otra merecidamente propria ''[27]''. Porque al que se da por rico, no a él sino a la fortuna se atribuye; a quien la tiene por valiente, la enfermedad la gasta; a quien por hermoso, la edad la roba; del que la merece por virtuoso, es la alabanza cierta ''[28]'', por ser solo de quien lo es, pues posee lo que no heredó de sus mayores, ni pende del caso, ni se muda con la edad, ni se acaba con el cuerpo. Hermosea maravillosamente el oro de la nobleza el esmalte de la virtud y aúnanse tan amigablemente estas dos dotes natural y divina que la virtud ilustra la nobleza y la nobleza hace que capee más la virtud. Es como natural al noble ser bueno, y como violento dejarlo de ser; como accidental al humilde serlo, y natural dejarse arrastrar de su bajeza. Pero si este es virtuoso, es noble; y si al noble corrompen los vicios, falta también la propria nobleza. Mas al que la sangre generosa hace estimado y la virtud heroica venerado, ningún título falta de alabanza, y en los tales, como para ejemplo se cuentan sus virtudes, para calificación dellas no es justo se olvide su nobleza. La de Doña María de Toledo iguala a su virtud, excediendo esta a aquella, que es [fol. 7r ''[29]''] el mayor encarecimiento que dentro de los límites de la verdad se puede hacer. Porque ¿qué sangre hay en España insigne por antigüedad de hazañas, o qué casa ilustre por privilegios de sus mayores que no esté en las venas de Doña María de Toledo, que no reconozca por su igual a la de sus padres? ¿Qué digo en España? En casi la mayor parte de Europa. Porque no solo nuestros Cathólicos Reyes, sino los christianísimos de Francia, emperadores de Alemania, príncipes de Danemarch, Inglaterra, Polonia, y Transilvania, se glorian de deudo tan de honor. Como los Duques de Baviera, Florencia, Saboya, Mantua, Montferrato, Ferrara, Parma, Placencia, Cleves, Juliers, Lorena, Melchemburg, Conde Palatino del Rheno, de Bragança, Medina Sidonia, Gandía, y los Marqueses de Brandemburg y Badena por las líneas reales; como por el apellido de Toledo los duques d’Alba, condes de Oropesa, de Orgaz, marqueses de Villafranca y Caracena; señores de Higares, de las Cinco Villas, de la Horcajada de Galues, Jumela, Biedma, y otras innumerables. De la misma manera se precian de Toledos otros ilustrísimos señores de España, como el con- [fol. 7v] destable de Castilla, el Almirante, los duques de Arcos, de Feria, de Béjar, de Alburquerque, Osuna, Escalona, los Marqueses de Priego, Malpica, Velada, las Navas, Astorga, Moya, Povar, Mirabel, Hardales, Orellana, Algara, d’Este, Fuentes, Santacruz, la Vale Siciliana, Cerralvo, Valle, Cerrato, los Condes de Alba, de Benavente, de Medellín, de Cifuentes, de la Puebla, de Santisteban, de Teba, de Montalbán, de Montijo, Arcos, Añover, Buendía, Fuensalida, Luna, Osorno, de la Gomera, Chinchón, Altamira, Peñaranda. &lt;br /&gt;
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Otras ilustrísimas casas tienen parentesco cercano con esta, y se glorian de tener sangre de la de Doña María, como en otra parte probaremos más a la larga, que aquí solo pretendemos dar noticia de su mucha nobleza, no deslindar las genealogías de tantos señores, obra para mayores fuerzas y ocupación de más tiempo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Relación breve de la nobleza de la casa de Toledo'''&lt;br /&gt;
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A fuer de los que en la estrecheza de una sola tabla se atreven a abreviar la grandeza del mundo con menoscabo alguno de su variedad ''[30]'', bien que sin daño de la verdad, me avendré yo en este capítulo, reduciendo a relación breve lo que ocupa las mayores a mejores chrónicas de España. No ignoro la diversidad de opiniones que en la antigüedad de la ilustrísima casa de Toledo hay, ni pretendo preferir mi particular sentimiento a las sentencias communes: solo diré en summa lo que tengo por más cierto, como observado de los papeles de más curiosidad que hay en estos reinos. &lt;br /&gt;
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Aunque la más recebida opinión de la antigüedad desta casa la da por principio al conde Don Pedro en tiempo del [fol. 8v] rey Don Alonso el VI, que ganó a Toledo, no averigua seguramente quién era este conde, ni de adónde vino. Vese la inconstancia destas opiniones en el libro antiguo de los linajes del conde Don Pedro, donde ya le hacen descendiente de los godos, ya hermano de un emperador de Constantinopla: y cuando Fernán Perez de Guzmán lo refiere, duda en la auctoridad del libro adonde lo leyó. Otros le señalan nombre llamándole Paleólogo ''[31]'': pero la diferencia de los tiempos les convence bastantemente, por haber sido este apellido mucho después usado entre los emperadores de Constantinopla; verifícase esto con el nombre de la casa de los Conenos que tenía este imperio en tiempo del rey Don Alonso: de suerte que, si fue cierta esta venida del conde a ayudar al rey no había de ser Paleólogo sino Coneno. A esta duda puede satisfacer una aparentísima conjectura que, sin duda, algún gran señor descendiente de los godos emparentó con alguno de los emperadores de Constantinopla, de quien el conde procedió, pues las opiniones comunes se diferencian en esto. Lo cierto es que el apellido de Toledo excede la antigüedad [fol. 9r] de los condes de Castilla, porque en tiempo del conde Don Sancho se sabe que floreció un caballero, cuyo sepulcro hoy se ve en Oña, llamado Gutierre Rodríguez de Toledo, que fue su camarero mayor, oficio solo dado a grandes señores ''[32]''; y pudo ser que el conde Don Pedro tuviese origen deste caballero Gutierre Rodríguez de Toledo, nombre continuado en muchos deste solar. Es también prueba de su grande antigüedad que el rey Wamba tuviese también este apellido ''[33]'', o ya por la ciudad insigne deste nombre, o por deudo con los caballeros desta casa. &lt;br /&gt;
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De cualquier manera que sea, ningún indicio hay mayor de su antigüedad que la ignorancia de su principio, y colígese bien destas incertidumbres que, cuando ganaron a Toledo los moros, quedó en esta ciudad alguno desta casa entre ellos, como se sabe de los mozárabes que hasta su restitución vivieron en ella; y cuando el rey Don Alonso la ganó, los moros se recelarían de los deste solar por no tener que guardar entre sí mismos, y ellos en tiempo del cerco no osarían vivir entre los moros, y así saliendo fuera de la [fol. 9v] ciudad, y ayudarían al rey como tan grandes y valientes caballeros. Estas, si conjecturas, fundadas en grandes verdades. También se cree haberle hallado en este cerco otro hermano del conde Don Pedro, llamado Gutierre Suárez, de quien descienden los Suárez de Toledo, indicio claro de que serían más los deste apellido en aquel tiempo, que el rey obligado a su ayuda les aumentaría la hacienda y preminencias en la ciudad, en cuya restitución tenían tan gran parte. &lt;br /&gt;
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Es esta nobilísima casa una de las más extendidas que hay en España, porque fuera de los Álvarez de Toledo, que trahen por divisa los escaques blancos y azules, y son sus estados el Ducado de Alba, marquesados de Coria y Villafranca, condados de Oropesa, Salvatierra, y otros infinitos señoríos, hay otros que se llaman Suárez de Toledo y Garcías de Toledo, con diferentes divisas, y cuyos estados son antiquísimos y riquísimos, y que se cree ser también descendientes del conde Don Pedro; hay también Martínez de Toledo, Gutiérrez de Toledo, Sánchez de Toledo, Díaz de Toledo, y Núñez de Toledo, y [fol. 10r] muchos más que al apellido simple de Toledo no añaden patronímico alguno, como aquel ilustre caballero Juan de Toledo que, en tiempo de los Reyes Cathólicos, se señaló tanto en la empresa de Alhama, y el otro su igual Marcos de Toledo en la de Malta, y otros muchos, que son la principal materia de nuestras historias ''[34]''. A esto general desta casa añadiré con brevedad lo que desde el conde Don Pero hasta Doña María de Toledo nuestra materia he averiguado. &lt;br /&gt;
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Floreció este conde, como se ha dicho ''[35]'', en tiempo del rey Don Alonso el VI, de quien el barrio que hoy llaman de Rey por descender él de los de Grecia, y en que vemos las casas deste apellido, con otros grandes heredamientos, recibió en agradecimiento de lo que en la toma desta ciudad le ayudó. Fue su hijo Illán Pérez ''[36]'' primer alcalde mayor de Toledo, electo como sus sucesores a persuasiones de los caballeros castellanos, a quien hizo el rey mercedes en esta ciudad, porque, habiéndose gobernado por las leyes de los godos y que hoy se llaman del Fuero Juzgo las seis parrochias mozárabes que en [fol. 10v] ella se habían conservado, quisieron ser juzgados por las de Castilla. Este caballero casó con Theresa Bermui, de quien tuvo a Pedro Illán ''[37]''; deste y de Urraca Pérez fue hijo Illán Pérez ''[38]''; deste y de Troila Núñez, Don Esteban Illán ''[39]'', que tan valerosamente alzando en la torre de San Román que él había fundado, y adonde están sepultados muchos de sus sucesores, pendón por el rey Don Alonso el IX, cuyas rentas llevaba el rey Don Fernando de León su tío, le entregó la ciudad, y venció a Don Fernando Ruiz de Castro y a sus secuaces de suerte que los echó de la ciudad. Y por sus servicios le hizo el rey merced de la tenencia del alcázar, y de otros castillos. El mismo valor mostró echando al rey de Córdoba que, con poderoso ejército, se había entrado en el Reino de Toledo; y replicó al pecho que el rey Don Alonso el IX quiso imponer a la hidalguía, porque mereció que la ciudad conservase su memoria en la representación de su persona armada y a caballo, que, renovada con la renovación de la Iglesia, dura hasta hoy en esta de Toledo ''[40]''. Fue su hijo mayor Juan Estebáñez ''[41]'', y deste, Juan Háñez ''[42]''; deste [fol. 11r] García Álvarez ''[43]'', que fue el primero que de los descendientes del conde Don Pedro, conservó el nombre de Toledo, aunque en algunas ruinas antiguas se llama Hernando. Tuvo la voz del rey Don Alonso el Sabio, cuando el Infante Don Sancho se apoderó de la mayor parte del reino de su padre, y, puesto en él, murió este caballero ''[44]'' y su hermano, Juan Álvarez, con gran dolor de toda la ciudad, por tener por injusta su justicia. Quedó Fernand Álvarez de Toledo, ''[45]'' su hijo, que sirvió valerosamente al rey Don Alonso el XI. Sus hijos Don Garci Álvarez de Toledo ''[46]'' y Don Fernando Álvarez de Toledo, grandes favorecidos sin mudanza, que no es poca maravilla en aquella era del rey Don Pedro, y en la revuelta deste rey con su hermano Don Henrique, por vía de concierto le hicieron merced de las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos, y el Barco con su tierra, y cincuenta mil maravedís de juro, y después la villa de Jarandilla y la de Cabañas y su tierra, renunciando el Maestradgo de Sanctiago que el rey había dado a Don Garci Álvarez, que fue mayordomo del Infante Don Henrique su hijo, en Don Gonzalo Mejía, por gusto de Infan- [fol. 11v] te Don Henrique; heredole su hermano Don Hernando Álvarez. En el repartimiento de los estados difieren el libro de los linajes del conde Don Pedro y la ''Chrónica de la Orden de Sanctiago'' ''[47]'', pero lo cierto es que se continuó en sus hijos el señorío destos estados. Fue el primer mariscal, en compañía de Pedro Ruiz Sarmiento, que hubo en Castilla. Sucediole Don Fernando Álvarez, que fue tercer señor de Valdecorneja en tiempo de Don Juan el I y Don Enrique el III. Sucediere Don Fernandálvarez, su hijo, en el de Don Juan el II, de quien recibió la villa de Salvatierra, como su tío Don Gutierre Álvarez de Toledo, I arcediano de Guadalajara, obispo de Palencia, y arzobispo de Sevilla, y después de Toledo, la villa de Alba de Tormes, que después le dio a su sobrino con vínculo de mayoradgo, y el rey le dio título de conde ''[48]''. Ganó de los moros las villas de Benamaurel, Bençulema y Castril, orlando sus armas con las banderas que quitó por su mano a los moros de Écija y Jaén. Fue, pues, Garci Álvarez de Toledo hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo, nieto del maestre de Sanctiago, III señor de Oropesa, contando por primero a su padre, y por segundo a [fol. 12r] su tío, viniendo a ser Don Garci Álvarez IV ''[49]'' y nieto XI del conde Don Pedro. Casó con Doña Elvira de Ayala, hija de Diego López de Ayala ''[50]'', de quien tuvo a Garci Álvarez, que le sucedió ''[51]'', a Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, a Diego López de Ayala señor de Cebolla, de quien descienden los señores destos estados, y a Juan Álvarez, maestrescuela de Toledo. Pedro Suárez de Toledo casó con Doña Juana de Guzmán, de quien nasció Pedro Suárez de Toledo, conmendador de Otos, y a Doña María de Toledo, fundadora del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo de la Orden de Sancta Clara, y a Doña Leonor de Toledo, en quien quedó la sucesión del estado.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Nacimiento y niñez de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Doña María de Toledo nació en el corazón de España, la imperial ciudad de su nombre Toledo, colo- [fol. 12v] nia antigua de los romanos, asiento noble de los godos ''[52]'', fuerte por sitio, noble por antigüedad, celebrada por sus ingenios, temida por sus armas, respectada por su nobleza, admirada por su poder, feliz por su religión, y felicísima por la muestra que dio della con el fructo desta señora por los años de la redempción del género humano de MCDXXXVII, teniendo la silla de San Pedro Eugenio, IV pontífice máximo, Sigismundo la del imperio de Alemania, y la de España Don Juan el II. &lt;br /&gt;
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Nació para gloria de Dios, gozo de sus padres, ejemplo de su siglo, admiración de los venideros, y provecho de muchos: porque el nacimiento de los justos es ocasión de la alegría de todos ''[53]'', por el bien común que consigo trahe, siendo la justicia virtud común. Y así como en su nacimiento se da con tiempo señal de su vida venidera, se señala la gracia de su futura virtud con la alegría anticipada de los que lo saben. Fueron sus padres Pero Suárez de Toledo y Doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, ilustres, como en el linaje, en la religión. De uno y otra, aun en su tierna edad, dio muestras su hija en su inclinación natural a todo géne- [fol. 13r] ro de virtud. Alegró con las gracias mudas de la niñez a sus padres María, pero mucho más con las que, aun balbuciente, daba a entender que conservaba en su corazón para el tiempo que con claridad las pudiese manifestar al mundo. Excedía la gravedad de sus maduros ejercicios la capacidad de sus años tiernos; no daba a la edad aún lo que de derecho era suyo. No había fructo de virtud que en ella no manifestase con anticipación su semilla. Eran sus consejas provocadoras del sueño de los niños, los ejemplos de los sanctos incentivos de la quietud de la gloria; su trato de amigas, el de los que la religión hacía venerables; sus fiestas, la celebración de las de los sanctos; sus juegos, el gozo que a Dios resultaba de sus oraciones; sus ejercicios más de gusto, la misa, el rosario, la abstinencia, la limosna, y todos los que la piedad christiana aconseja para la perfección, y en que pone Dios el sabor del Cielo, que ni el paladar humano sabe discernir, ni de cuyas alabanzas el oído, ni de cuya estima el corazón mortal son capaces. Crecía con el verdor juvenil del cuerpo el fruto maduro del alma, de manera que llevaba tras sí la religiosa vir- [fol. 13v] gen los ojos de todos. Era el amor de sus padres, la alabanza de sus deudos, la estima de sus criados, la admiración de sus vecinos, y todo tal que todos hallaban en ella que amar venerando, y que venerar amando. Era su condición apacible, sus palabras miradas, su alegría grave, su hermosura honesta, su ayuda liberal, su liberalidad prudente, su prudencia sencilla, y todas sus partes como prevenidas del gusto de Dios para sí. Tres cosas campeaban maravillosamente en este como bosquejo de la perfección mayor que había de alegrar los ojos de Dios y atraher los de los hombres: el menosprecio varonil de la vanidad y niñerías del mundo, alegrándose más con el adorno honesto que con las galas profanas del cuerpo, presagio manifiesto de la mudanza rara que después admiró en su vida. La piedad con que acudía a los necesitados, quitándose de su sustento lo que podía entretener la hambre del pobre. El afecto al trato con Dios, para que andaba siempre como falta de tiempo, hurtándole de todas las ocasiones que el gusto la ponía delante. Todos eran ensayos breves de su larga vida: toda centellas, si pequeñas, misteriosas del in- [fol. 14r] cendio, que el amor divino iba fraguando en el corazón deste cherubín para abrasar en él la tibieza del mundo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Cásase a persuasión de sus padres'''&lt;br /&gt;
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Como ha de ser la virtud, para su fructo, patente a los ojos de todos los que la ejercitan, estiman para su recreo el retiramiento: considéranse espejos y temen que el aliento los obscurezca; flores, y no quieren que el tacto los robe el olor. Que la vanidad de la vista ajena es mancha, es contagio de la virtud propria. Temen su quiebra los que saben su estima, y así retirados labran en sí lo que, hecho al toque del impulso de Dios, pueda después ser como aprobado por todos, pretendido. Tenía aun de su misma madre encubierta gran parte de los ejercicios que la sinceridad de los que no podía ocultar aseguraba y, aunque obedecía a su gusto co- [fol. 14v] mo al de Dios, por saber que siempre era uno mismo, y no hacía acción que no la regulase con él, previniendo siempre su consejo, en las que sin su consulta hacía, se persuadía fácilmente que, por ser ordenadas a mayor perfección, serían virtualmente incluidas en las que no faltaba la aprobación de su buena madre. Tal vez liberalmente se quitaba el subsidio que a la ternura de la niñez previenen a menudo las madres, compadecida de la necesidad ajena y deseosa de la mortificación propria. Tal, a solas hacía actos de menosprecio de las riquezas temporales por habituarse a athesorar en su corazón las celestiales, quitándose los vestidos que su estado contra su voluntad la forzaba a traher. Tal, los ratos que en la opinión de todos daba al sueño o al entretenimiento daba entretenidísima a la oración, a la meditación. Pero mal puede dejar de dar resplandor la luz sobre el monte, mal encubrirse el fuego en el pecho, mal no derramarse la suavidad del aroma en el sentido de los circunstantes. Guardábase María cuidadosamente, descubríase su virtud sin cuidado. Veneraban sus padres lo que amaban, ufanos de serlo de tan buena [fol. 15r] hija, contemporizaban con sus justos propósitos, y hacía su bondad que disimulasen aun en lo que el amor natural no permitía de aspereza: deseaban fructo igual a ella, viendo dilatada su virtud por la generación lícita en más. Pero ella aborrecía el nombre de esposa, como otras le apetecen, contenta con serlo del que solamente lo es de las almas puras, sabiendo que la hermosura principal de las mujeres es la castidad del cuerpo, que realza sobremanera la pureza del deseo, no la carga que a la del matrimonio sigue, no los temores del parto ''[54]'', podiendo gozarse reina de las mujeres esclavas de su apetito, enderezando los ojos del alma a aquella vida donde se hacen gloriosas y verdaderas bodas, donde la concepción son consuelos de Dios; el parto, meditaciones ordenadas a él. A tan piadosas repugnancias hacían fuerza sus padre con su gusto, con sus deseos, advirtiéndola que la virtud de la castidad es en tres maneras: una del matrimonio, otra de la viudez, la tercera de la virginidad ''[55]''; y que no porque se encarezcan las alabanzas de una, se condemna el uso de las otras; porque cada una tiene su profesión: y en nada se ve [fol. 15v] la riqueza de la doctrina de la Iglesia más que en tener a quién preferir, y en no tener a quién desechar, pues alabamos de suerte la virginidad que no vituperamos a la viudez. Así estimamos a esta que no desdoramos el honor del matrimonio. No siendo estos preceptos nuestros, sino testimonios divinos con los ejemplos de María ''[56]'', de Anna ''[57]'', y de Susanna ''[58]'' confirmados. Hacía a la deseosa de su entereza fuerza el imperio amoroso de sus padres, mas respondíales, humilde, que mirasen que, pues la pureza de las vírgenes es un género de parte angélica ''[59]'', una meditación de incorrupción perpetua en carne corruptible, era justo la cediese la fecundidad de la carne, la honestidad del matrimonio, y que sin duda tendrán en aquella commún immortalidad alguna cosa más que los demás los que han conservado algo no carnal en la misma carne. No pudieron contrastar los honestos propósitos de Doña María la fuerza de los naturales deseos de sus padres. Inclinó el cuello a su voluntad, creyendo ser la de Dios, y no le rehusó al yugo del matrimonio, que pretendió lo mejor de España tanto por la nobleza de su linaje y por el agrado de su hermo- [fol. 16r] sura, cuanto por la fama de la virtud que ponía a una y otra en su última perfección, y a todos cudicia de su participación. Cupo la dichosa suerte a Garciméndez de Sotomayor, caballero andaluz y señor del Carpio, no menos rico que ilustre, a quien como a carne de su carne y cabeza de sus miembros siguió dejando a sus padres, si llorosos por su absencia, contentísimos por la satisfacción que de su estado nuevo el pasado les prometía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Vida de casada y muerte de su marido, consuelo varonil en esta, y paciencia prudente en aquella'''&lt;br /&gt;
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Como fue ejemplo de doncellas Doña María en la casa de sus pares, fue espejo de casadas en la de su marido. Tenía a Garciméndez de Sotomayor por compañero en el estado, no en el deleite, amábale como a hermano, obe- [fol. 16v] decíale como a señor, venerábale como a padre, y regalábale como a esposo. Mas, entre los deleites lícitos del matrimonio, no olvidaba los ejercicios antiguos de la virtud. Antes al paso de los cuidados domésticos nuevos crecía el uso de las ocupaciones virtuosas pasadas, pareciéndole correría por cuenta de su ejemplo la reducción de su marido, la enseñanza de sus vasallos, la crianza (si Dios se los daba) de sus hijos, y las costumbres de sus criados. No había necesidad que no socorriese, no trabajo que no procurase aliviar, no enfermo a que no acudiese, no religioso a que no acariciase, no desnudo que no vistiese, no pobre que no alimentase, no últimamente obra buena que no debiese su ser a sus manos. Teníala el huérfano por madre, el necesitado por hacienda, el enfermo por salud, y todos por todo lo que de la piadosa liberalidad y nobleza virtuosa toma nombre. Regalábase Dios con tan perfectas acciones y regalábala con abundancia de favores. Mas para prueba mayor de los quilates de su virtud tenía el toque de la condición áspera de su marido. Era este caballero menos afable que noble, menos blando [fol. 17r] que virtuoso, menos acariciador de su esposa que estimador de sus raras partes. Era en fin seco de natural, extraño de condición, áspero en las palabras, desapacible en el trato, y corto en el agradecimiento que debía al Cielo por el favor que con compañía tal le hizo. Dependía esto más de su desabrimiento natural que de razón o ocasionada o afectada. Habíalo permitido así Dios para prueba de su querida. Acrisolábala en el fuego lento deste disgusto para que pudiese después parecer la fineza de sus obras a los ojos de los ángeles gozosos, de los hombres imitadores, y de los demonios invidiosos. ¡Oh, sabiduría de Dios, que dispone los medios suavemente ordenados al fin de su gloria y provecho nuestro! Combatían la blandura de Doña María y la aspereza de Garciméndez; la altivez del espíritu deste y la sumisión del de aquella; la piedad de la una y la sequedad del otro; y siempre parecía que, deseando ella no apartarse un punto de su gusto, le daba en rostro con todo cuanto hacía. ¡Tanto puede la desemejanza de los naturales! Mas ella sacaba destos combates victorias de paciencia, y él, si no emien- [fol. 17v] da por ser natural, estima; y Dios el fructo que pretendía en ella de prueba para adelante, y en el de templanza de su condición para el estado presente. &lt;br /&gt;
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Vivieron siete años desta manera sin el fruto con que a los padres hace Dios llevadera la carga del matrimonio. Esperábanle deseosos de la continuación acrecentada de su casa, pero Dios, que había de hacer otra mayor y mejor, tal como suya, aunque dilataba su gozo particular, prevenía el común. Los padres de Doña María, amorosamente impacientes de la absencia larga de su hija, alcanzando licencia de su marido, con sentimiento de sus vasallos, que temían echar presto menos las obras buenas de su señora, la recibieron en Toledo con regocijo universal de todos sus ciudadanos, que tenían en la memoria las acciones maravillosas de su niñez. &lt;br /&gt;
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Salen en el mundo a recebir los gustos, las adversidades, y encadénanse, de suerte que el fin del gozo es el principio de la tristeza, y así alternan sin descanso perpetuamente sus acciones. Siguió al gusto que con sus padres Doña María tuvo el dolor [fol. 18r] que con la nueva de la muerte de su marido poco después la dieron, y así postrada a los pies de Dios decía: “Vuestra posesión soy, Señor; Vos me quitáis lo que me distes. No deseo tanto yo mi bien, como Vos le disponéis: hágase vuestra voluntad sin repugnancia de quien es vuestra criatura. Para morir nacimos, para Vos habemos de vivir. Sírvase Vuestra Majestad de tener en su Reino a quien me distes por compañía, y de enderezar mis acciones a que yo os merezca, y pues me habéis hecho libre, queredme para vos, pues es la verdadera libertad vuestro servicio”. &lt;br /&gt;
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Acompañaban el sentimiento justo de Doña María con el suyo sus padres, pero ella sacaba de las mismas adversidades razones de consuelo para ellos y de provecho para sí, enseñando a tener por bien hecho en las manos de Dios lo que en el sentimiento de los hombres duele, pues quien los hizo para su bien, no les dará cosa que les esté mal. Y el querer atar a nuestro gusto su poder, y escudriñar con nuestro limitado caudal sus soberanos juicios, es sentir arrogantemente de nuestra miseria, bajamente de su soberanía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Ejercicios corporales de virtud en la viudez'''&lt;br /&gt;
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Libre ya de todo lo que la tenía como violenta ''[60]'' su fervor, dio principio a la vida para que tantos años antes en tan diferentes estados se había preparado. Desechó las galas que por el gusto de su marido, casada, y de sus padres, doncella, había trahído, y aunque las principales con que se adornaba eran la honestidad y vergüenza ''[61]'', quedándose con la perfección destas, trocó la bizarría de las otras en un hábito humilde, dando a su cuerpo en vez de las camisas blandas una túnica de sayal áspera, y de los brocados y sedas de las ropas un saco vil de paño pardo, y a su cabeza un manto tosco todo pobre, si limpio, y más para cubrir los miembros que para abrigallos. Hicieron lo mismo muchas de sus criadas sin dificultad, porque los ejemplos tantas veces como vistos, admirados en su seño- [fol. 19r] ra, las tenían reducidas a su imitación. Que esta es la fuerza blanda de la virtud que no solo aprovecha a quien la ejercita, sino que conduce a sí a quien la ve ejercitar. Eran sus ejercicios ordinarios visitar los hospitales, considerar en cada uno de sus enfermos a Jesuchristo Nuestro Señor y acudir como a él a ellos. Hacíales las camas, quitábales los malos olores, curábales las llagas, y sin horror alguno -antes con particular consuelo del Cielo se las besaba-, proveía de suerte sus necesidades que la sucedió muchas veces dejarles hasta las mismas tocas de su cabeza, volviendo a su casa cubierta con solo el manto. ¡Tal era su fervor! No había huérfana en la ciudad que no hallase padre y madre en ella, saliendo de la hacienda de Doña María el dote de sus casamientos. No fiaba de diligencia ajena el remedio de las necesidades de las personas, a que la vergüenza las hacía mayores, sino por sí misma diligentemente las averiguaba, y por sí misma liberalmente las socorría. Extendíase la luz de su claridad aun adonde la del sol no puede entrar, no dejando en las mazmorras de Argel christiano que no gozase de la libertad por su liberalidad. Confe- [fol. 19v] saban aun no hablando los niños que commúnmente se llaman expuestos, y a quien desampara la piedad de sus padres por necesidad, o por infelicidad, las entrañas de madre que hallaban en esta señora sustentando amas que les alimentasen hasta que ella pudiese en edad mayor aplicarlos al ejercicio, que más le parecía conveniente al servicio de Dios y tal vez ella por su persona los llevaba debajo de su manto hasta que con seguridad los entregaba a quien con regalo cuidase dellos. Iba a las cárceles y componía las deudas, solicitaba las causas de los pobres, aliviaba con liberal socorro la desesperación de los condemnados a mayores penas y procuraba reducir a mejor vida a los perdidos. Compadecíase de los trabajos de todos y, fuera del remedio de su necesidad, acudía a su consuelo con el sentimiento del dolor ajeno como si fuera proprio, que es género de medicina al doliente ver en otro quejas de su congoja ''[62]''. Finalmente, no había estado de gente en la ciudad que no tuviese que agradecer a la piedad desta señora sierva de Dios. El cuidado que ponía en remediar las necesidades de las almas no era desigual al que [fol. 20r] ejercitaba en las de los cuerpos; antes este era en orden a aquel, y uno y otro enderezados al conocimiento y confesión de Dios. Tenía tal gracia con todos que aun los que no querían dejarse obligar a mirar por sí, en tratándoles Doña María, lo quedaban voluntariamente a la entienda de sus vidas. A las mujeres, a quien la fragilidad o necesidad trahían perdidas, hacía confesar, y para emienda de una y otra daba hacienda para vivir honestamente, o ponía en retiramientos religiosos con ayuda suficiente para su vida. Prevenía la seguridad de las consciencias de los enfermos que visitaba con la preparación de lo que más inciertamente es cierto. Acudía a los entierros de los pobres y cumplía con las obligaciones de su alma con el cuidado que si fueran sus padres. A todos enamoraba con su vida, enseñaba con sus palabras, y socorría con su hacienda, y no había parte adonde no regalase la fragancia de sus virtudes. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Ejercicios espirituales. Retiramiento del trato de la gente, ilustraciones de Dios en él'''&lt;br /&gt;
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Dejaban libremente a Doña María sus devotos padres, contentos de tenerla en su compañía, que hiciese lo que su fervoroso espíritu la dictaba; y ella se dejaba llevar de la aura suave del divino tan apaciblemente que ni ''[63]'' la fragilidad, de que por naturaleza estaba rodeada, aun ligeramente la impedía, ni ella tenía quietud sino cuando acudía a todo lo que la piedad la representaba. Como era su acción admirable, era su contemplación inimitable: hermanaba el cuidado de Martha con el reposo de María, de suerte que, en la misma solicitud más fervorosa, oraba con quietísima perfección. Para este fin acudía cada noche descalza (que nunca se defendieron del rigor del frío, desde la muerte de su [fol. 21r] marido hasta la suya, sus tiernos pies con abrigo alguno) en compañía de una buena mujer imitadora de su fervor a los Maitines, en que la sancta Iglesia de Toledo canta las alabanzas de Dios, y después dellos las continuaba ella por gran parte del día en altísima contemplación, de adonde salía como encendida en amor de Dios, deseosa del provecho de sus próximos, y destos tomaba motivos para hallar mejor a Dios, alternando siempre desasosiego tan sosegado. Mas deseosa de mayor perfección, dejando prevenido el cuidado de las necesidades ordinarias a que siempre acudía, a personas de conocida confianza, determinó de retirarse de todo el trato del mundo, y por espacio de un año no salió de la iglesia, ni communicó con persona alguna, sino con su devota compañera Juana Rodríguez (que este era su nombre, y de cuyas virtudes daremos muestra en su lugar) y con su confesor. Era este un religioso de San Francisco de grande espíritu, a quien Dios había escogido para enderezar en su servicio esta sierva guía. Obedecíale ella como a quien el mismo Dios le había dado para que fuese intérprete de su voluntad con ella. Preparábase para [fol. 21v] la oración con asperísimas penitencias, teniendo ya aun por regalo el vestido vil en que muerto su marido mudó sus galas, trocando este en un riguroso cilicio, en que desde los pies hasta el cuello tenía enterrados sus miembros. Era el lugar de su sueño la dureza y frialdad del suelo; su ayuno, continuo, y la frecuencia de los sacramentos a arbitrio del religioso Fray Pedro Pérez (que así se llamaba su confesor ''[64]''); había los años antes conmulgado cada ocho días, cosa maravillosa en aquellos tiempos. Mas después, todas las veces que su confesor lo ordenaba, y lo ordinario a tercero día, se llegaba humilde a recibir este augusto sacramento con la mayor preparación que criatura humana puede alcanzar. El espacio que había de una comunión a otra partía en dar gracias a Dios por la merced de la pasada y en examinar su consciencia para la venidera: el día della se abstenía de todo género de manjar, contenta con sustentar levemente la fragilidad del cuerpo con moderada agua y pan, acudiendo a su necesidad los demás días con algunas hierbas desabridas, que servían más de dilatar penosamente la muerte que de tener en pie la vida. Esta era la suya en este [fol. 22r] tiempo si trabajosa según la carne, gozosísima según el espíritu, pues al paso que era aquella macerada, este era alentado. Comunicose Dios Nuestro Señor con esta sierva suya muy como su regalado, descubríala los misterios que no es lícito a los mortales aun pronunciar sin menos purificación que la del propheta. Fueron tantos los favores que recibió del Cielo, que su confesor la obligó a dejar a la posteridad admiración sus maravillas. Mas ¡oh, pecados nuestros! ¿Que a qué sino a ellos se puede atribuir la pérdida de escritos de tal mano, de ejemplos de tal vida, de favores tan celestiales? ''Mas vos, Señora, que por obediencia los escribistes, restituidlos a nuestro ruego: si por nuestros pecados desmerecimos gozarlos, dádnoslos para que con su enseñanza emendados los merezcamos''. Confío en la bondad de Dios que, como es admirable en sus sanctos mientras le sirven, lo será mientras le gozan, y permitirá que se descubra este thesoro a nuestra ciudad, que mereció ser el sitio donde se obraron tantas maravillas. Mas para que por falta de noticia no falte la diligencia que es justo poner en la busca de papeles tan importantes, referiré las palabras del original [fol. 22v] antiguo manuscripto de la vida y milagros de la religiosa señora, de que sacaron sus relaciones todos los que escriben della ''[65]''. &lt;br /&gt;
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“Este confesor era un sancto varón que se llamaba Fray Juan Pérez, de la Orden de nuestro Padre San Francisco, el cual la mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor communicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo communicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. Y así, fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor communicó con esta su sierva en aquel año, y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Sancta Isabel, que nos lo dio su confesor con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión: y todo así como lo teníamos, la mayor parte dello llevó el arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su vida para vella, y sus revelaciones. Diéronselo todo y Su Señoría se lo llevó y nunca más lo tornó, y así tornamos a escribir la vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propria mano, no quedaron sino muy pocas, y veniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamaba Doña Leonor, nuera del duque [fol. 23r] de Alba, demandola para verla y se la llevó y nunca más la volvió, y desta manera se nos perdieron todas las revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima; así no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos”. Hasta aquí son las palabras del original [66]. Tuviéramos sin duda otras maravillas de Dios que loar, como las que en las revelaciones de las sanctas Gertrudis, Brígida, Catherina de Sena, y vida de la beata Madre Virgen Theresa de Jesús, y otras de otras sanctísimas y purísimas almas consuelan nuestra fragilidad, y animan nuestra tibieza, si las desta devotísima señora pareciesen. ¡Oh, hágalo su Divina Majestad como conviniere más para su servicio!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo X. Revelaciones de muchas cosas que succedieron en España. Pónese para remedio de otras la Inquisición en estos reinos por su medio'''&lt;br /&gt;
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De las muchas ilustraciones del Cielo que esta sierva de Dios tuvo en el tiempo de su retiramiento nos ha quedado noticia de pocas, pero admirables, y como muestra de las demás y de que confiamos en la bondad de Dios que, para gloria suya y honor desta devota señora y edificación nuestra habemos algún día de gozar. Afligían su corazón piadoso los que, con desacato de Dios, a quien ella quisiera atraher todo el mundo, dentro de España daban el culto que debían a su Criador a los engaños del primogénito de Satanás, Mahoma. Pedía a su Divina Majestad amorosamente la reducción de tantas almas como engañadas se perdían, no su venganza. Oyola el piadísimo Señor y consolola con la promesa del espacio breve que tendría la impiedad imperio en el de Granada. No la dejaban sosegar los graves pecados que, aun entre los escogidos de Dios, se hacían por la mezcla de los judíos y vecindad de los moros en España, revelóselo Dios para su remedio. Diola también noticia de la relajación de la vida re- [fol. 24] ligiosa y ella de todo a los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel de felicísima memoria, escribiéndosele a Segovia, donde sus Altezas tenían su asiento. Estimaban en tanto la auctoridad desta señora estos gloriosos reyes que no ponían mano en cosa en que ella no hubiese puesto su consejo. Pidiéronla dejase algún tiempo a Toledo y se fuese con ellos. Contemporizó con su gusto por el provecho que esperaba del remedio de cosa de tanta consideración, pospuso su amiga quietud al alboroto de la corte que tanto aborrecía por el bien commún que tanto amaba. Enviaron por ella y por su compañera los reyes y hiciéronlas el recebimiento que para gente venida del Cielo prepararan. Oiánla los devotos reyes como a intérprete de la voluntad de Dios, estimábanla por su nobleza, admirábanla por su vida, llamábanla commúnmente sancta, venerábanla como a tal, y pendían de sus consejos como de oráculo certísimo: deste salió decretada la institución en España del Sancto Tribunal de la entereza de la justicia, de la defensa de la fe, de la Sancta Inquisición, freno de ignorancias libres y de agudezas maliciosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24v] Bramen los herejes de nuestros tiempos contra ella, que como ella es la defensa de la honra de Dios, Dios es el defensor de su justicia. Nada hay en la naturaleza de las cosas tan sagrado a que los sacrilegios no se atrevan, y no porque haya quien temerariamente osado alce la mano contra la altura distantísima de sí, sin poderla ofender dejan las cosas divinas de estar en lo alto; y como las celestiales no pueden recibir daño de las humanas, y el que derriba el templo, o deshace el altar, no daña a la divinidad, así lo que contra la protección del Cielo ignorante, desvergonzada y soberbiamente se intenta, en vano se intenta. Deba, deba España la sinceridad de su fe, el remedio de su contagio en la parte más principal y que no admite achaque, la conservación de su pureza, el ser puesta por ejemplo de religión, el ser (permítaseme decirlo así) verdaderamente cathólica a Doña María de Toledo, a cuyo consejo inspirado de Dios favoreció el poder de los religiosos príncipes Fernando e Isabel, espejos de reyes y ornamento incomparable de los de España, poniendo en ella la Inquisición de que tanto necesitaba. Fuese luego esco- [fol. 25r] cogiendo el trigo de la cizaña que ahogándole amenazaba su perdición. Viose la reformación de los conventos de los frailes menores y monjas claustrales, que esta virtuosa señora había predicho. Confirmose pocos años después la prophecía que de la redución del Reino de Granada tenía hecha, rindiéndose las medias lunas soberbias de los moros a la humildad de la cruz, en que se obró nuestra redempción y veneramos los christianos. ¡Oh, soberanía de los secretos misteriosos de Dios, que oculta a quien confía en su vanidad, que descubre a quien solo le teme!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo destas revelaciones o ilustraciones divinas fue sin duda por intelectual más perfecto ''[67]'', en que Dios da sentimientos interiores de lo que quiere communicar al alma que le merece. Habla Dios al corazón e imprime en él sus secretos, y deja como capaz de tan gran ser la pequeñez nuestra; y aunque la sanctidad consieste más en el cumplimiento puntual de la ley de Dios que en la multitud de las revelaciones, y los más perfectos piden a Dios les lleve por el camino ordinario de sus escogidos, porque tal vez Satanás, transformándose [fol. 25v] en ángel de luz, engañados estimamos el humo de nuestra vanidad por lumbre del Cielo. al que Dios regala con visitas ahora intelectuales, ahora imaginarias, cuando simbólicas, cuando por ministerio de sus ángeles, o como su liberalidad es más servida, él da la aprobación de su virtud y es sancto por el mismo Dios. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo XI. Deja los reyes en Segovia y la casa de sus padres en Toledo por servir a los pobres del Hospital de la Misericordia. Ejercicios de piedad en esta vida'''&lt;br /&gt;
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No pretendía con los reyes más del remedio de algunas cosas que pertenecían a la utilidad commún. Este puesto quísolos dejar, mas ellos pretendían que jamás se apartase de su lado, confiando acertar con su consejo en los negocios más arduos de su reino. Compitió la piedad de los reyes con el amor que Doña María [fol. 26r] tenía a su quietud. Pedía su poder con amor imperioso no les desamparase, respondía la humildad della con entereza cortés que la diesen licencia. Tenían sus acciones por prevenidas con especial orden del Cielo, y así, por no oponerse a sus órdenes, la permitieron la partida durando el recurso a su consejo lo que duró su vida. Volvió a su ciudad, Toledo, después de seis meses que había estado sin tal luz como ennubecida. ¿Quién dirá que el afecto natural no la llevó al instante a los brazos de su madre, que la aguardaba con amor de tal, que la admiraba por sus virtudes con veneración de hija? Pero al que tiran las cosas celestiales falta la sujeción de las terrenas. No la carne, no la sangre la arrastran tras sí; Dios es solo sus padres, Dios sus amigos, Dios todas sus cosas ''[68]''. Trocó Doña María los palacios antiguos de sus mayores por la humildad del Hospital pobre de la Misericordia, los regalos de sus padres por la pobreza de aquella habitación, el ser servida de nobles por servir a los pobres. Recibieron estos como quien había echado menos su regalo personal sino su socorro por mano ajena aquellos meses: alegrose con ellos como si se viera en- [fol. 26v] tre los choros de los ángeles, ofreciéndoles de nuevo, en recompensa de su absencia breve, asistencia (siendo esta la voluntad de Dios) perpetua. Para conseguir mejor este propósito y cumplir la palabra dada a Christo en sus pobres, buscó para su habitación en el mismo hospital una celdica retirada, que podía ser más meditación de la sepultura que habitación para vivir. Su adorno eran unas pajas por cama, una manta y almohada de pelos de cabra para su abrigo, a que correspondía el traje que en este tiempo usaba, cubriendo su cuerpo un saco solo de jerga recogido por la cintura y muñecas con unas sogas, los pies descalzos, a la cabeza revuelto un paño tosco de estopa: todo indicio de su interior menosprecio, contenta solo con cubrir los miembros, dando a los vestidos hechos para la honestidad, no para el deleite, su verdadero oficio. Esta era su habitación, este su hábito. La ocupación, esta. No faltaba en todo el día al lado de los enfermos: a unos hacía las camas, a otros lavaba las bocas, a otros las llagas y, desnuda de la naturaleza delicada de mujer, fervorosísimamente las besaba, teniendo particular gusto con los más [fol. 27r] llagados; por su mano pasaban todas las medicinas, y ella daba ánimo con sus celestiales palabras para no rehusar todo lo que los médicos ordenaban: ella les sazonaba la comida, ella se la partía, ella se la metía en la boca con tanto agrado que por darla gusto los más estragados se animaban, y lo que el deseo natural de la vida no podía con ellos lo alcanzaba, sin dificultad, el ruego amoroso de Doña María. Llegada la noche y cumplidas las obligaciones de los enfermos, retirábase a las nueve a la sepultura de vivos en que vivía, y estaba hasta después de Maitines en oración. Luego, rendida, no vencida, a la necesidad del cuerpo, daba tan escaso tributo al sueño que, como si cometiera un enorme delicto en dejarse llevar d’él, volvía en sí y le desechaba con tanta fuerza que se puede decir que nunca por dormir cerró los ojos, sino que la necesidad por fuerza se los cerraba. Daba por tiempo mal empleado el que no trataba o con Dios o con sus pobres: solo para sí no hallaba tiempo ni le quería hallar. Apenas amanecía cuando volvía a ver sus queridos pobres y a darles con las luces del sol y suya los buenos días. Preguntábales amorosa- [fol. 27v] mente cómo se habían hallado. Al que respondía que no bien, procuraba aliviar volviendo a hacer la cama, dándole con que sosegase. Luego, en general, sacaba, alegrísima de que se sirviese Dios della en ejercicios (según su opinión buena), tan altos los vasos, cuyo olor desapacible podía dar pena o a los enfermos o a los que los visitaban, y por su mano misma los volvía limpios. Y hubo vez que gastó gran parte de la noche en aliviar y componer en la cama a un muchacho enfermo de un mal tan penoso al olfacto como inquieto. Nunca entraba en las enfermerías que no dejase alegres aun a los que la enfermedad no permite tener momento bueno. Trahía de ordinario una cestica en la mano llena de dulces y frutas acommodadas al apetito de los enfermos, y de provecho para las enfermedades: a este daba el azúcar, a aquel el calabazate. Uno le pedía la manzana, otro la granada. A todos acudía con poder de rica y con amor de madre, y siendo los enfermos de ambos géneros más de setenta, ninguno la echaba menos, por tenerla cada uno y ser ella de todos. Llenaban estas ocupaciones el día, y la noche su acostumbrada [fol. 28r] oración y penitencia, si el peligro cercano de algún enfermo no la detenía, de quien no se apartaba cuidando tanto del regalo para la vida como de su buena preparación para su muerte. Dejaba en ocasiones tales de muy buena gana a Dios por Dios. ¡Tal era su fervor!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XII. Institución de la Hermandad del Hospital de la Misericordia. Dale renta. Levántansele grandes persecuciones por su modo de vida. ¿Cuál era este?'''&lt;br /&gt;
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Mueve ''[69]'' el ejemplo de los buenos no solo a otros como ellos para mayor perfección, sino a los malos para su reducción. Era el de Doña María tan eficaz con todos que los más nobles de la ciudad quisieron sino seguir (¿quién puede alcanzar el vuelo de los cherubines?) con iguales pasos su modo de vida, cooperar en [fol. 28v] sus obras buenas lo mejor que pudiesen. Acudían al hospital a aliviar el trabajo que la religiosa señora tenía con el gran número de enfermos, a que otra de menor celo no pudiera satisfacer. Cuales socorrían con limosnas las necesidades de los pobres, cuales por su persona asistían a su comida, componían sus camas y ejercitábanse en todo lo que les era guía fervorosa Doña María. Creció la piedad de los Caballeros tanto que, deseosos de que nunca dejase de ir en aumento, instituyeron por consejo suyo la Hermandad que hoy florece en memoria de su institutora y aprobadora Doña María, y socorro de los necesitados de aquel hospital: y como la institución desta Hermandad se enderezaba a que no faltase quien acudiese al servicio de los pobres, y las limosnas de los que acudían son voluntarias, pareció a la prudente señora que era necesario situar otra forzosa, para que no faltase con qué acudir a su regalo. Para esto le dio de su hacienda veinte y cinco mil maravedís de juros perpetuos y a su ejemplo otros le hicieron donación de otras cuantidades para el sustento de los enfermos. Iba la devoción cada día aumentándose, tomando fuerzas los flacos del ejemplo de quien, sién- [fol. 29r] dolo por su natural, vían tan de diamante para todo lo que era servicio de Dios. Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación. Salía acompañada de la devota Juana Rodríguez un día cada semana a pedir limosna para su hospital, si deseosa de que todo el mundo por su provecho y bien de los pobres se la diese, contentísima de que para su humillación se la negase. Acudía a las plazas, adonde había más concurso de gente, para tener más ocasión de ejercitar la humildad; volvía de ordinario cargada de todas las cosas necesarias para el sustento de los pobres como para el servicio de la casa. Alegrábase viendo ocupar los lugares que los diamantes y oro habían hermoseado con sogas, escobas y otras cargas deste género, que estimaba más que las joyas de más valor, contenta más de anhelar trabajada debajo de tal peso que lucir bizarra con el de las galas. Topábanla sus deudos, y como quien ignoraba el aumento que con aquel menosprecio venía a su estimación, hacían punto de honra del deshonor que, a su mal parecer, creían tener Doña María. Volvían [fol. 29v] a su casa como afrentados a tomar resolución en su remedio. El sentimiento destos y el natural amor combatían el pecho de Doña Juana de Guzmán, su madre, de suerte que, no podiendo resistir a su piedad, se volvía contra su hija, y la llamaba oprobrio suyo, y en la opinión de todos no la daban otro nombre sino el de loca, intentando por todos los medios posibles estorbarla la prosecución de sus intentos, cuando a título de pródiga la despojaban de su hacienda, cuando al de sin juicio la pretendían recoger. Mas ella, alegrísima de que se le cumpliesen sus propósitos con las ocasiones de sufrimiento, daba gracias a Dios, por quien deseaba padecer mucho más. Presentábansele las afrentas que por ella había sufrido Christo y hallábase en las mayores suyas con aliento para otras más amargas por su amor; suplicaba a Dios que llevase adelante la ocasión de sus ignominias, pero que diese verdadero conocimiento de sí a su madre y deudos. Deseaba igualmente la mortificación propria y el provecho ajeno. Pudo tanto su maravillosa paciencia que obligó a los que la perseguían a desistir de las diligencias, que para disuadirla de sus [fol. 30] intentos intentaban. Quedó otra vez con su primer sosiego y el Demonio desasosegado de nuevo. Para invidia deste y premio della aumentó Dios la liberalidad de sus consuelos con tanta particularidad y abundancia que ya no parecía vivir en carne perecedera, sino en compañía de los que gozosos viven para siempre. Prevenía Dios con sus continuos favores la herencia que en su reino la tenía aparejada, y ella agradecida a tantas mercedes procuraba cada día hacerse merecedora de más.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIII. Enfermedad al parecer de todos extrema. Sánala la Virgen Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
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Continuó por espacio de tres años sus fervores en el hospital tan puntualmente que, no bastando las fuerzas humanas a tan gran carga como su celo la hacía leve, se rindió a la enfer- [fol. 30v] medad tan apretadamente que a pocos días la señalaron por horas la vida. Acudieron su madre y deudos al hospital, no valiendo ya contra la piedad natural los enojos pasados y pretendiendo cada uno enriquecer su casa con aquel que ya tenían por thesoro del Cielo poco antes desestimado de su vanidad. Mas nunca consintió que la habitación que había sido testigo de las mercedes que Dios se había dignado de hacerla en la vida lo dejase de ser de las que pensaba recibir en la muerte. Procurando cuanto era de su parte morir como había vivido, pobre, conforme al nombre de que siempre se preció, y a que antepuso el ilustrísimo de su casa, gustando más de ser pobre que Toledo, y alegrándose más de oírse llamar Doña María la Pobre que de los blasones que el nombre de Toledo por tantos títulos ilustre la podía ofrecer. Que la pobreza consiste más en la voluntad que en la naturaleza, y es más verdaderamente pobre el que echa de sí las riquezas que el que nació despojado dellas. Fue la enfermedad apretándola más, y como halló disposición en el sujeto, extenuado con ayunos continuos y penitencias ásperas, apoderose tan imperio- [fol. 31r] samente d’él que ya los médicos humanos, desconfiados de los remedios de la naturaleza, acudieron al señor della, proponiendo lo que ella tanto acostumbraba. Recibió los sacramentos de la communión y extremaunción, y en presencia de sus religiosas compañeras y devota madre quedó, como algunos creían, defuncta. Fue grande el sentimiento no solo de su madre y compañeras, sino de innumerable gente que se había recogido a ver aquel milagro de mujeres, deseosa de participar de alguna partecica de los miembros que ella había corregido al servicio de Dios, de las vestiduras con que se había burlado del mundo. Sacáronla de la estrechura de su celda a la Capilla de Lope Gaitán, que era del hospital, para cuyo regalo eran en otro tiempo las señoras que hoy tienen nombre de beatas cerca d’él, y en cuya compañía estaban las devotas compañeras de Doña María. Tratábase ya de restituirla a la tierra abriendo la sepultura, que había de ser la habitación de su cuerpo hasta la resurección universal. Pero su madre, impaciente de la absencia de su hija por el amor que entrañablemente la tenía, acudió al árbitro de la muerte y de la [fol. 31v] vida, Christo, a quien por intercesión de su clementísima Madre suplicó la volviese la hija que lo era más suya que della misma. Volvíase a la imagen que hoy se venera en la Iglesia destas señoras, decíala: “Perdonad, Señora, al atrevimiento de mis manos por el sentimiento de mi corazón. Madre sois del mejor Hijo, hija era vuestra la que yo parí; o quitáreos el vuestro, o dadme la que, aunque mía, quiero para Vos. Vos no podéis vivir sin el vuestro, yo sin la mía, ¿para qué tengo que vivir? Quitoosle, mientras me la dais”. Agradó a la piadosísima Señora la sinceridad de la piadosa madre y dio de repente (cosa maravillosa) movimientos a los miembros, de que ya estaba apoderado el hielo. Abrió los ojos la que parecía ya defuncta y, como si despertara de un sesgadísimo sueño, alegró con su vista a los que tenían sus luces encubiertas en tinieblas de amarga lástima. Hallose Doña Juana en un instante la vida de su hija, y ella la mejoría y, aunque deseosa de acabarla de cobrar en su apacible estrechura, obedeció al mandato de los médicos, que desesperaban otra vez de su vida si quedaba en el hospital. Pasola su madre a sus casas con gran consuelo de todos los que habían llo- [fol. 32r] rado la falta que su ejemplo había de hacer a todo género de estados, y alegría de su madre que estimaba ya a su hija como mejorada con la vida, que no ella, sino la madre del mismo Dios la había dado de nuevo. &lt;br /&gt;
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[fol.32v] '''LIBRO SEGUNDO DE LA VIDA DE DOÑA MARÍA DE TOLEDO'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Apercíbese para ir a visitar los lugares sanctos de Jerusalén. Mándala Nuestro Señora que mude propósito'''&lt;br /&gt;
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Como el remedio de la enfermedad de Doña María estaba reservado solo al Cielo y la restitución de su pérdida fue milagrosa, la confirmación de su nueva salud fue también rara porque, habiéndola trahído el mal al estado más riguroso, el remedio la puso en sus primeras fuerzas. Quiso Dios de nuevo como forjarla y hacerla por su mano, para que no reconociendo otro origen le estu- [fol. 33r] viese sujeta como el barro a la del ollero. Podía tener algo de carne y sangre debiéndola a sus padres terrenos, quiso el celestial como despojarla deste afecto por traherla solo a sí. Conociolo ella, siguió la voluntad de Dios y, así aunque agradecida a la piedad de la que antes desta segunda regeneración para Dios llamaba madre, determinó de emplearse tan de veras en el servicio de la que la había dado el nuevo ser que tanto estimaba que no dejó modo de vida de los que la piedad christiana ha elegido para la perfección que no intentase. Parecíale convenir su presencia al remedio y regalo de los pobres, que tanto amaba, y que tanto la echaban menos, que tanto ella estimaba, y sin quien tan sola se hallaba. Hacíala la experiencia esta ocupación de mucho consuelo para su alma, de mucha ocasión para afligir su cuerpo. Volviérase a ella si su natural sujeción la dejara contradecir a las órdenes de sus médicos espiritual y temporales, de aquel por estar persuadido que Nuestro Señor se quería servir desta su sierva en cosas mayores; destos por creer que con los ejercicios pasados peligraría otra vez su salud. Pero su fervoroso espí- [fol. 33v] ritu facilitaba los mayores peligros y el camino que al juicio de otros estaba cerrado en las más invencibles dificultades, a su celo, teniéndolas por fáciles de vencer con la ayuda del que con el celo daba el ánimo, estaba patentísimo. Y su corazón, como capaz de solo el Cielo, intentaba aun cosas mayores que la Tierra. Y ya que oprimida de su peso no podía alcanzar lo que intentaba, intentaba lo que era posible intentarse. ¡Tal era el ánimo que el aliento de nuevo restituido a su cuerpo muerto la había infundido! Todo su más principal intento era la abnegación perfectísima de las cosas temporales por entregarse más de veras a las eternas, y así prudentemente proporcionaba sus acciones exteriores con las que más meditaba en lo interior. Consideraba aquella ciudad celestial, donde eternamente reside el gozo. Sabía que la de Jerusalén era su símbolo, y parecíala que ayudaría la usurpación de la vista de la figura a la contemplación de las grandezas de lo figurado, entreteniendo la esperanza de lo que no podía alcanzar con la posesión de lo que a su valiente espíritu se hacía fácil. Consideraba a su Amor crucificado, y estimulába- [fol. 34r] la el amor de morir por su crucificado ''[70]''. Era la pasión de Cristo su último refugio, su singular remedio. Tenía su cruz por ayuda de sus amigos y por defensa de sus enemigos. Era su principal y más estimada ciencia saber a Christo y este crucificado. Toda últimamente pretendía estar en él y le suplicaba no se apartase della. Hacía con amoroso dolor alarde de los muchos que su Amado había padecido por ella y deseaba, ya que no podía igualarlos, imitarlos. Y parecíale que en parte ninguna podría tener la representación más viva de su terribilidad que en las que el Señor de la Majestad se había humillado a sufrirlos ''[71]''. Y como la naturaleza previene el sentimiento que sin saber cómo experimenta el corazón cuando ven los ojos los lugares, adonde se hallan rastros de los que admiramos, o donde vivieron o estuvieron de asiento, creía ella que aquellos en que se obró nuestra redempción la moverían a sentir lo que es posible a un mortal de lo que sintió el eterno. Determinose, en fin, de ir a Jerusalén sin que la distancia de los lugares, ni incommodidad de los caminos pudiese derribar del propósito de su grande ánimo a la fragilidad de su tierno cuerpo. Pro- [fol. 34v] curó su madre reducirla a lo que su piedad pretendía, asegurándola que no se la había dado Dios para quitársela. Tenían sus deudos por temeridad determinación tan, a su parecer, imprudentemente fervorosa, culpaban su imprudencia y volvían de nuevo a su antiguo sentimiento. Mas en ella, que solo tenía por sus padres y deudos a los que la animaban más al servicio de Dios, no hacían más mella los ruegos de unos y enojos de otros que suelen sentir los montes eternos del aura fácil. Determinada pues de atropellarlo todo, dejó orden para que jamás faltasen sus socorros a la necesidad de los pobres. Puso en estado las mujeres que tenían en su compañía y de quien para que sirviesen más a Dios se había dejado en otro tiempo servir, contenta con la compañía de su fervorosa y semejante amiga Juana Rodríguez, y ambas confiadas en el favor de Dios, que no falta a la invocación de los hijos de los cuervos ''[72]'' y puede en el desierto dar abundancia. Sin otro alivio más que el que esperaban de la mano divina, queriendo poner el pie en el camino, se pusieron con toda humildad en su acatamiento ofreciéndole sus deseos, y suplicándo- [fol. 35r] le tuviese por bien de ser su guía sirviéndose de sus obras. Fue esta oración tan fervorosa y tantas las mercedes que Dios les hizo en ella que se determinaron de no llevar adelante su primer determinación por poner por obra la que sabían del mismo Dios que era la suya: ciertas de que a Su Majestad habían sido acceptos sus deseos como si fueran obras, y que el premio merecido destas había alcanzado la sinceridad de aquellos. Porque en los ojos del que todo lo ve son obras la promptitud de hacerlas, la conformidad con su voluntad dejándolas de hacer por las que él gustó, aunque más las sanctifique el celo de los hombres, que debe en todo regularse por el de Dios.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Fúndase la casa de Sancta Isabel por orden del Cielo y eligen por abadesa a su fundadora'''&lt;br /&gt;
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[fol. 35v] Buscaba Doña María todos los modos de provecho para su alma, y parecía en sus ojos menos perfecta de lo que en los de la misma perfección era agradable; y así cuidaba solo de los medios que la podían hacer mejor. Mas Dios, que la quería poner por cabeza de muchas, fiado en el provecho que de su ejemplo había de nacer, la reveló su gusto, mandándola hiciese una casa, donde en su compañía le sirviesen las que él tenía escogidas desde su eternidad por esposas. Fue invencible el gozo que su celo la causó, pareciéndola que, por aquel medio de que Dios se servía que usase, vendrían muchas almas a su conocimiento, y que (como cierta de la perfección con que hasta hoy se vive en su casa) había de ser de gran servicio de Dios y utilidad de los próximos la obra que emprendía. Su madre acompañaba a la admiración de tan repentina mudanza en su hija con la alegría de haberla de tener no, como creía, distintísima de su presencia y sin esperanza de verla más, sino en su ciudad y podiendo gozar perpetuamente de lo que más lucía en sus [fol. 36r] ojos. Era igual el contento de sus deudos y criados que lloraban su absencia como su muerte. Ella y su compañera, cuidadosas de la ejecución de lo que Nuestro Señor las había descubierto era su voluntad, acudían a él con más continua oración, y a esta con preparación más rigurosa. Mas Dios, que se agradaba de su piadosa solicitud, previno al mandato la ejecución, porque cuando solicitaba con más fervor el modo con que se había de poner por obra esta de la Divina Majestad, las humanas vinieron a Toledo, y con su acostumbrada piadosa liberalidad hicieron donación a la que tanto veneraban del sitio que ahora tiene la casa que esta devota señora fundó. Queriendo los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel dejar a la posteridad no pequeña parte de sus raras alabanzas en confianza del nombre que a devoción de la beata Sancta Isabel de Hungría, cuya sanctidad en el estado y nombre igual veneraba la prudente reina, ponían a aquella casa religiosa por su patrona, y respectada por la protección real, siendo hasta hoy su principal título Sancta Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
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A las mercedes que sus Altezas habían hecho a esta casa añadió su hacienda Doña María [fol. 36v], pareciéndola que no era suyo lo que no empleaba en la obra que sabía era más del mismo Dios que suya, y que era género de sacrilegio quitar de lo que era posesión declarada por de Dios. Fue tal esta determinación que fueron más de sete qüentos ''[73]'' los que resignó en las manos de los Reyes para este fin, no teniendo por vida diferente de la que hasta allí había profesado la que no fuese no con protestación solo de pobreza, sino con efecto. Ayudó a esta piedad la liberalidad de Doña Juana de Toledo, su hermana, matrona de virtuosa prudencia, y ejemplar virtud, y mujer de Diego de Ribera, commendador de Monreal de la Orden de Sanctiago, nuestro patrón, y ayo de la misma Reina Cathólica. Dieron los Reyes posesión desta casa a Doña María, hallándose al acto primero de la abnegación de las cosas temporales que en su compañía hicieron sus criadas, y otras deseosas de imitar a quien admiraban. Fue esto el año después de la revelación en que Dios se había dignado de manifestar su voluntad en la fundación desta casa, y el de mil y cuatrocientos setenta y siete ''[74]''. Estaban las casas que los Reyes la dieron en la parroquia de San [fol. 37r] Antonino o Antolín (como vulgarmente se llama) y habían sido de los señores de Casarrubios. Era esta parroquia una de las latinas de Toledo, pero el papa Innocencio VIII, a instancia de los reyes, la incorporó en el monasterio a tres de octubre del año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho. Hiciéronle relación que ellos habían dado para el convento unas casas suyas y que en la parroquia estaban sepultados algunos de sus predecesores, que era muy estrecho el monasterio, que convenía incorporar en ella parroquia, suprimiendo su nombre, beneficios, y parroquianos, aplicándolos a la muzárabe de San Marcos, o a la de San Bartholomé, vecinas. Cometiose el negocio al gran cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y, verificada la narrativa, hizo la incorporación. Los beneficios y todo lo que tocaba a la parroquia de San Antolín se trasladó a la de San Marcos, donde hoy está, como más largamente consta de las bullas de Su Sanctidad y diligencias que para acto tal se hicieron, y yo tengo en mi poder. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Fervor nuevo de la abadesa en su nuevo oficio'''&lt;br /&gt;
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Parecía que no podía caber en la perfección de las obras pasadas de Doña María aumento nuevo pero ella, que, al paso de los ejercicios que inspirada de Dios hacía, procuraba regular sus acciones, se persuadía que cada día tenía obligaciones nuevas, y más cuando se vio hecha, bien contra su voluntad, madre de las hijas para quien había Su Majestad hecho fecunda su esterilidad. Era toda espíritu, y así sus conceptos solo eran espirituales. No la debió nada la carne, pues aun en los hijos, si carnales, lícitos no dejó de sí posteridad. Quería que su mayorazgo fuese eterno, no para tiempo limitado duradero. Quiso lo mismo su esposo y señor, condescendió con sus gustos tan suyos, e hízola madre de las que quería para sus hijas. Fue en fin electa por [fol. 38r] abadesa del nuevo monasterio, y como piedra fundamental puesta por seguridad de la firmeza del edificio que tanto agrada al Cielo, como retrato más proprio suyo. Tenía más necesidad de freno que de espuelas su ordinario fervor, pero la obligación nueva y el ejemplo que oficio tal trahe consigo la aumentaba, de suerte que parecía imposible que la fragilidad de un cuerpo de tierra pudiese llevar adelante ejercicios tan no terrenos. Porque su más blando vestido interior era un cilicio de cerdas que apretadamente aprisionaba sus miembros todos desde el cuello hasta los pies, una túnica de sayal, y el exterior un hábito y manto de lo mismo, entero por los pedazos que sustentaban lo que la vejez tenía deshecho. Todo, en fin, cuanto de mayor menosprecio en la vanidad del mundo, tanto de mayor estima en su humildad: los pies descalzos, y la cabeza cubierta con unas tocas de estopa; la cama al principio era una tabla y por descanso de la cabeza un madero, o una piedra, y por abrigo una manta de jerga tosquísima. Cada semana ayunaba tres días a pan y agua, y los demás acompañaba con algunas hierbas esta aspereza [fol. 38v], teníase por indigna de comer lo que para las demás buscaba, y así sus sobras creía que la sobraban, contenta con los pedazos del pan que, o por los suelos hallaba desechado, o en las espuertas de la communidad guardado para el socorro de los pobres, sin partir jamás pan para sí, tal era el menosprecio que de sí tenía. Era la primera en el coro y la última que salía d’él: la primera que echaba mano de los instrumentos humildes de la limpieza de la casa y, como su fervor era grande, sus fuerzas parecían desiguales a las ordinarias de la naturaleza de una mujer flaca, porque acudía sola a lo que todas, previniendo con su ejemplo el gusto que todas debían tener con la que la communidad las encargaba y aliviando a cada una lo que todas querían hacer. De aquí nacía una tan concorde contienda que, deseando cada una vencer a la otra, todas estaban victoriosísimas, y el Cielo tan gozoso de tantos triumphos como la tierra aprovechada con tantos ejemplos. Porque no solo muchas personas de la ciudad, sino de toda la comarca, aficionadas a la mucha que con admiración se contaba de la vida perfectísima de la abadesa y monjas del [fol. 39r] nuevamente fundado monasterio, dejaban gustosísimamente su regalo por esta aspereza, queriendo más en compañía de tal madre y hermanas padecer incommodidades por Dios que gozar en la de sus deudos y amigos de los entretenimientos que a la mocedad el mundo ofrece. Todo este aumento se debía al ejemplo raro que de todas virtudes, la prudentemente bienaventurada prelada, de sí daba a todos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Pónese clausura al monasterio de Sancta Isabel a petición de su abadesa y monjas y hácese de Tercero observante'''&lt;br /&gt;
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Vivieron algún tiempo la religiosa abadesa y virtuosas monjas del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo debajo de la regla de la Tercera Orden del bienaventurado patriarca San Francisco tan religiosamente que parecía [fol. 39v] que la clausura no podría aumentar mayor religión. Porque sin duda este modo de vivir, instituido por el beato sancto celoso del bien de todos estados, y aprobado tan justamente por los vicarios de Christo Honorio III ''[76]'', Gregorio IX ''[77]'', Innocencio IV ''[78]'', Nicolao IV ''[79]'', Martino V, Eugenio IV, Nicolao V, Calixto III, León X ''[80]'' y otros, y confirmado con la vida ejemplar de tantos siervos de Dios como en él han resplandecido en virtudes y milagros y hoy resplandecen, es utilísimo a la república, y como tal perseguidísimo de los que, o torcidamente o imprudentemente celosos, han querido (como succede a todas las cosas conocidamente buenas) calumniar o estorbar la ocasión de tantos provechos, o ya juzgando apasionadamente por la imperfección de algún flaco del modo de vida de los demás, o ya invidiando tanta perfección, impacientes del resplandor de virtudes tan heroicas, como en este instituto de seglares y religiosos admiran los que con mejores ojos las miran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fervorosa abadesa quiso estrecharse más y no dejar aspereza rigurosa en el estado que profesaba que no experimentase, y así de consentimiento de sus súbditas pro- [fol. 40r] puso su voluntad al valeroso y religioso cardenal arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Jiménez, el cual, como tan celoso príncipe y tan estimador como conocedor de las virtudes desta bienaventurada señora, condescendió con su petición, la cual, propuesta a la sanctidad de Innocencio VIII y despachada por orden suyo por el cardenal Juliano, obispo de Hostia, y su penitenciario, se intimó en Toledo por el gran benefactor desta ciudad y ejemplo de ricos y nobles el Doctor Don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela, canónigo desta Iglesia y vicario general deste Arzobispado, a cuyas obras heroicas debe Toledo su mayor lustre, como el aumento d’él a sus descendientes, como consta de las bulas de todo, y de la última despachada el año del nacimiento de Jesu Christo, Nuestro Señor, de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro ''[81]'', a diez y ocho de noviembre, que fue el primer año del pontificado de Innocencio. Desta manera quedaron con la clausura que deseaban estos valientes espíritus, que no pretendían otra cosa más que obligarse más a su Esposo Christo, y vacar solo a él con obras dignas d’él, debajo de la [fol. 40v] regla de la bienaventurada esposa suya Sancta Clara, instituida como segunda de las tres que San Francisco sanctísimamente instituyó para provecho de los hombres y alegría de los ángeles. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. De la observación perfectísima de los votos religiosos del monasterio de Sancta Isabel y de la obediencia de su abadesa'''&lt;br /&gt;
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No es otra cosa voto que promesa de cosa buena hecha a Dios con deliberación ''[82]'', y aunque son varios sus géneros y todos admirables, ninguno es tan perfecto y tan agradable a Dios como el de la voluntad y persona propia, porque los que se hacen de otras cosas son como de fuera, este como de dentro de nosotros mismos. Y aunque el voto es de consejo, no de precepto, ya hecho y acceptado de Dios pasa a ley por la auctoridad del aceptador, y co- [fol. 41r] mo antes es mejor no hacerle que hecho dejarle de cumplir, después es género de sacrilegio y ofensa grandísima de Dios no cumplirle. Y así al que vota y no falta al voto de Su Majestad no menos que a sí proprio, como él se le dio y despojó de sí mismo por ser más de Dios. &lt;br /&gt;
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Las bienaventuradas religiosas de Sancta Isabel cumplieron con la solemnidad de los que solamente constituyen la religión cumpliéndolos con perfección igual al fervor con que los habían hecho, y dando de cada uno los ejemplos admirables que fueron como sementera de los fructos que duran y durarán en la observancia de su posteridad. Aprendían ellas lo que seguían de su fervorosa abadesa, y esta y ellas como piedras madres deste edificio aseguraban la perpetuidad d’él con lo que dejaban que imitar de sí. Y, como en los votos, la obediencia es la summa y sola virtud ''[83]'', porque el ayuno continuo, la oración fervorosa, la penitencia áspera, y finalmente el cumplimiento de todos los preceptos y consejos si se hace a arbitrio proprio, si falta en él la perfección de la obediencia, tiene solo el nombre, no la substancia de la virtud ''[84]'', por ser ella como madre [fol. 41v] y guarda de todas las que nos aúnan con Dios. Ella es la salud de todos, la que halla el Reino de los Cielos ''[85]'', la que los abre, la que levanta al hombre de la tierra, la cohabitadora de los ángeles y el manjar de todos sanctos. Procuraba ejercitar a sus hijas de suerte que, siendo en todas las demás virtudes consumadísimas, se preciasen de tener por perfección de todas esta. Poníalas a Christo Nuestro Señor, que se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le levantó ''[86]'', por ejemplo único de su obediencia, advirtiéndolas que el intento del apóstol sancto no fue aquí probar el poder de Christo, sino ensalzar su obediencia ''[87]'' y así, ¿si el que era señor y maestro sirvió a sus siervos y discípulos, con cuánta más razón debemos servir a los iguales y mayores, y obedecer a Dios y a sus sanctos aun hasta la muerte? ''[88]'' Enseñándonos a los que somos mortales cuanto convenga padecer por la obediencia ''[89]'', porque el que era Dios no rehusó morir. Y así aconsejaba a no reparar tanto en lo que se mandaba, cuanto en que se mandaba ''[90]'', diciendo que en esto consistía la excelencia desta virtud ''[91]''. Porque si el que se entrega a un maestro de [fol. 42r] las artes que llaman liberales o mechánicas se determina a seguir sus órdenes en todo sin disceptar un punto dellas, con cuánta más eficacia se ha de seguir sin repugnancia alguna al que es artífice y maestro de piedad, y de cuya enseñanza depende el verdadero saber. Porque es gran bien obedecer a los mayores ''[92]'', no apartarse del orden de los que tiene Dios puestos para guía de los que le desean agradar, y después de las reglas de las escripturas aprender dellos el atajo de la vida, no dando consentimiento al peor de los maestros, que es la presumpción y juicio proprio. Estos consejos daba la singular prudencia de que Dios la había dotado, y hacía fáciles de seguir su admirable ejemplo, porque con ser superior a las demás en el oficio y en la calidad, era la menor en su estimación y trato. Ninguna cosa hacía que primero no la consultase con todas, deseando que la encaminasen, y sujetándose al juicio de la más mínima, teniendo el suyo, aunque acertadísimo, por descaminado. Obedecía a las que tenían a su cargo los ejercicios ordinarios de la casa, como si ella no se los hubiera encargado. Nunca entró en la sacristía, nun- [fol. 42v] ca en el refectorio, nunca en oficina alguna que primero no registrase su obediencia con la religiosa que cuidaba della. Deseaba summamente descargarse del gobierno de la casa por no hacer acción que no fuese de obediente, y llevábale adelante por sola obediencia, porque a la medida de la desestimación que tenía de sí, era la estima que los superiores tenían della. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Pobreza de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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Nació rica Doña María de Toledo, nació noble. Pospuso la riqueza a la pobreza, y amola de suerte que la antepuso aun a la nobleza, estimando más el título de Pobre que de noble. Fuelo con el afecto aun desde su niñez y, habiendo nacido con ella la nobleza, se puede dudar si primero fue noble que pobre aun en medio de la misma riqueza: ejercitola en su vida no solo desechando de sí lo que era [fol. 43r] proprio, sino amando a los que eran pobres, dando este por indicio exterior del amor interior que tenía a esta soberana virtud. Religiosa ya y obligada a mayor perfección por el voto, no solo le guardaba sincerísimamente, pero exhortaba a su observancia con prudentísimo fervor; decía que no en vano la moneda tenía figura redonda para dar a entender su instabilidad ''[93]''. El ejemplo y consejo de Christo proponía delante a todos para su imitación pues, siendo Señor de la Majestad, no había tenido en qué reclinar su cabeza, y siendo él solo poderoso, se había hecho pobre por el más necesitado ''[94]'', y así que ni era vergüenza ni menoscabo de la opinión hacerse por el de rico, pobre ''[95]'', el reino de los cielos proponía por primero y summo cuidado a que aseguraba con Christo que seguirían las demás cosas temporales, porque bastantemente es rico el que con Christo es pobre ''[96]'', porque a los tales no poseyendo nada, nada les falta. Porque quien nada desea, todo lo tiene con harta más seguridad que aquel a quien nada falta, pues se ve perder el dominio de las cosas ''[97]'', mas la resignación valiente de la voluntad no está expuesta a [fol. 43v] los incursos de la Fortuna. Y así, ¿de qué sirve dar el primer lugar en la felicidad a las riquezas, y calificar por último en la miseria a la pobreza? Pues el rostro alegre de aquellas encubre mil amarguras y sinsabores dentro del pecho, y al aspecto poco tratable desta consuela la abundancia de los bienes que satisfacen el corazón. Regalábase tiernamente con su querido Esposo la devota Pobre cuando echaba de ver que le faltaba aun lo necesario para entretener la vida, tanto por su mortificación y ejercicio de pobreza que tanto amaba, cuanto por la experiencia que tenía de la liberalísima providencia de Dios que, ejercitando a una su confianza, remediaba muy como de su mano las necesidades de sus siervas, aun cuando menos esperanza parece que tenían de remedio. Gloriábase del nombre que más apetecía y decía a sus hijas que nombre tal no era indicio de infamia, sino título de honra ''[98]''. Y que así como se menoscababan las fuerzas del cuerpo con las faltas de lo que le es necesario, se restauraban las del espíritu, porque como con el deleite se estraga, con la fragilidad se perficiona. Fuera de que indignamente es llamado pobre [fol. 44r] el que no echa menos nada, el que no solicita lo que otro tiene, el que es rico de Dios, porque más pobre es el que, teniendo mucho, desea más y nadie llega a vivir tan pobre como nació. Las aves no tienen patrimonio y a los animales no reservó la naturaleza hacienda: a los capaces de razón, sí, los cuales tienen tanto della cuanto menos desean. Y así como el que camina anda más cuanto con menos peso, así en este camino de la vida se ha más felizmente el que aligera la pobreza, no el que gime debajo de la carga de los haberes. Y así el menosprecio de las riquezas es utilísimo porque al breve camino de la vida no es alivio sino carga el viático excesivo. &lt;br /&gt;
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Habiendo dado esta devota señora al monasterio que regía todo lo que o de su hacienda o por su respecto tenía, era increíble el olvido que todas en ella experimentaban de que aquello fue suyo: parecíala que Dios la había hecho administradora de aquellos bienes y que la había de pedir estrecha cuenta de su distribución. Administrábalos, no los usurpaba; tenía su uso, no su propiedad. Daba a Dios lo que él la había dado, desposeíase de lo que no tenía por suyo [fol. 44v] deseosa de tener que darle, si lo permitiera, su deseo de no tener cosa. Tenía por mal empleado el gasto corto que en su persona hacía; siempre, siendo liberalísima con todas, tenía por prodigalidad la escasez a que consigo ejercitaba. Si comía, era de limosna, contenta con las sobras de las demás: si vestía, era lo que todas menospreciaban y si dormía, aun en esta acción tan natural, no cumplía consigo hasta haber cumplido con todas. Tomaba el sueño como por permisión de las demás, no por necesidad suya. Tal era su afecto a la pobreza, tal su ejercicio.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Ejemplo y consejos de la abadesa en el voto de la continencia'''&lt;br /&gt;
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Como entre las contiendas con que perturba el Demonio la quietud de los christianos son las más duras las de la castidad, en que es continuo [fol. 45r] el combate, rara la victoria, es el voto que della se hace a Dios de los más acceptos a sus ojos. Porque el ser el enemigo que se ha de vencer doméstico, y andar dentro de nosotros y ser necesario huirnos para huirle; el ser, al parecer amoroso, entrar con blandura, y prometer lo que más la carne puede apetecer, pone la dificultad que solo el prevenido por la poderosa mano del Señor puede vencer. Y así, según esta dificultad es su premio, porque todos los de todas las virtudes acompañan al desta: porque la continencia sustenta y tiene en pie, como fundamento solidísimo, todas las virtudes del espíritu ''[99]'' y todas ceden al valor desta, porque es el esmalte con que salen los quilates del suyo. Y como esta no consiste solo en la pureza del cuerpo, sino también en la sinceridad del ánimo, y este sea el asiento de todas, ninguna reposa donde la quietud desta no es conocidísima por el sosiego alcanzado de las victorias copiosas que con la resistencia varonil se consiguen del enemigo de nuestra quietud. Era la afición que a esta madre de las virtudes tenía la sancta abadesa tal que desde los pechos de su madre deseó consagrar lo más [fol. 45v] agradable de su cuerpo al esposo de las almas, Christo, y si el precepto de sus padres no pudiera con su obediencia tanto, siguiera solo sola a Christo; sabía que la obediencia es más acepta a Dios que el sacrificio, porque con aquella se ofrece la voluntad propria, con ese, si no se regula con aquella, se ofenden los ojos de Dios, no se regalan. Pero en el estado del matrimonio no se diferenciaba en el afecto a la continencia al de la religiosa y, siéndolo ya y habiendo ofrecidose como tanto había, deseaba por posesión sola de Dios, su más fervorosa exhortación era la que a esta virtud hacía, por saber que la fragilidad con que nacimos, cuanto tiene más de peligro, tiene más necesidad de remedio. Preveníale amorosísimamente aconsejando que la victoria del contrario desta virtud consistía más en la huida que en el seguimiento, porque fuera del acto que se hace del conocimiento de nuestra flaqueza se consigue el fructo que con el vencimiento se pretende y que más puede agradar a Dios. Decía que para conservar con pureza esta resolución, ningún medio era más fuerte que la frecuencia devota de los sacramen- [fol. 46r] tos porque, como con las cosas que la Iglesia tiene señaladas para la expulsión de los espíritus dañados, quedan los lugares afectos libres, así el cuerpo, que el espíritu peor tanto desea inficionar cuanto halla más facilidad con su blandura, queda con el uso destos celestiales remedios que Dios dejó para bien nuestro en su Iglesia como incapaz de todo lo que no es Dios, y casi seguro de que el Demonio le pueda dar asalto con pertrecho tan fuerte. Aconsejaba que, aun después de las mayores victorias se temiese, porque nunca hay mayor peligro que cuando parece hay mayor seguridad. Que el Demonio pretende afear la hermosura de muchos años con la torpeza de un solo instante y deshacer la grandeza de muchas glorias con la vileza de un consentimiento, y que quiere más un vencimiento solo de quien ha alcanzado muchos d’él que muchísimos de quien no se le resiste. Añadía que, aunque la maceración del cuerpo no es remedio total para la sujeción del ánimo, es medio grande para disponerle a ella y, como aconsejaba esto, lo ejercitaba, siendo la aspereza de sus penitencias increíbles, no dejando un solo instante el castigo de su [fol. 46v] cuerpo como freno de sus deseos, sojuzgando continuamente las pasiones aun naturales y lícitas, porque el Demonio no tuviese portillo para las ilícitas en ningún tiempo. Fiaba, aun después de tanta experiencia de la sujeción de sus miembros a la voluntad del espíritu, de sí tan poco que renovaba perpetuamente la oración que a Dios hacía por la conservación de la pureza y continencia. Dios la oía de suerte que, como quien se gloriaba de sus glorias, la daba ocasión de ofrecerle muchas, y ella así, por su ejemplo como por su consejo, prevenía los ánimos de sus hijas solo para Dios, celándolas aun de las conversaciones indiferentes porque, como conocía la depravación de nuestra naturaleza, temía la facilidad con que destas blandamente se pasa a las no permitidas, y una vez lisonjeado el corazón y regalado el apetito con estas, tarde o mal se facilita el paso de extremo tan blando a extremo tan, al parecer, contra nuestro deseo por su aspereza. Templaba el rigor de su recato con las alabanzas que predicaba desta celestial virtud, dando nombre a la que se esmeraba en ella ''[100]'' de flor del plantel de la Iglesia, de honor y or- [fol. 47r] namento de la gracia espiritual, de obra de entera e incorrupta alabanza, de imagen de Dios que corresponde a la sanctidad de su Señor de parte más ilustre del rebaño de Christo, por quien y en quien la Iglesia se regocija, y en cuya continencia la fecundidad de nuestra madre la Iglesia florece gloriosamente. Pues cuanto la copia de los continentes es más numerosa, tanto es más copioso el número de los gozos della porque, como las bodas de la Tierra llenan la Tierra, las del espíritu el Paraíso ''[101]''. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Frecuencia de los sacramentos y devoción al sanctísimo de la eucharistía, y abstinencia rara de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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El más eficaz consejo de la beata Pobre Sor María era su ejemplo, y su principal estudio era la experiencia del provecho que de los ejercicios vir- [fol. 47v] tuosos sacaba, y así el remedio que tenía por más eficaz para la pureza y el que aconsejaba con tantas veras ponía por obra con igual devoción. Tenía la increíble al augustísimo sacramento de la eucharistía ''[102]'', por saber que de su uso nace la posesión de la eternidad, y así solía decir que, así como los que incautamente beben veneno, procuran extinguir su fuerza dañosa con la bebida de otro medicamento saludable, y por convenir que a semejanza del tóxico entre en las entrañas la medicina ''[103]'' y no deje parte en el cuerpo donde no communique su ayuda, así conviene que procuremos expeler el veneno con que nuestra naturaleza se relaja, tomando el medicamento con que se fortifica, para que la ponzoña del uno se remedie con tiempo con la fuerza contraria y saludable del otro. Y que este medicamento no es otro que aquel cuerpo que, siendo vencedor de la muerte, es causa principal de nuestra vida. Porque así como una pequeña parte de levadura hace semejante a sí toda la masa ''[104]'', aquel cuerpo que Dios favoreció entrando immortal en el nuestro le muda y transforma en sí todo. E así la preparación que para [fol. 48r] llegarse a esta celestial mesa hacía, si no igual a la que a su dignidad se debe, la mayor que a criatura humana y por la participación frecuente de Dios ya más que humana es posible. No comía bocado hasta la noche el día (con ser tantos) que commulgaba, pareciéndola no ser justo que otro manjar corruptible acompañase al eterno y, cuando por cumplir con la obligación de viviente acudía a su sustento, era tan parcamente que se contentaba con el limitado número de unas pasas o almendras, pidiendo licencia para dar aquel día lo que la communidad la daba a los pobres que, por desgracia, la fortuna había hecho de honrados, ridículos ''[105]''; y ya solo su honra, según la opinión y estimación del vulgo, consistía en su vergüenza. Moderaba aun esta moderación cuando ayunaba la Cuaresma que llaman de los Ángeles con tanto rigor que no entraba en su cuerpo más que pan y agua fuera de los domingos, que, a persuasión de todas, comía algún bocado de pescado, y los días que recibía a Nuestro Señor solamente bebía a la noche con unos granos de anís, que más por medicina que por manjar la obligaban a tomar. Vino una destas Cuaresmas a visitar la casa el gran príncipe [fol. 48v] y religioso capitán de la Iglesia Don Fray Francisco Jiménez Cardenal y Arzobispo de Toledo, y suplicole la vicaria ordenase por obediencia a Sor María la Pobre, su abadesa, remitiese algo del increíble rigor de sus penitencias. Hízolo el religiosísimo prelado encargando a la abadesa no se dejase llevar tanto del espíritu que estragase del todo el cuerpo, sino que comiese alguna cosa más de lo que hasta allí, y no dejase de echar mano de lo que la pusiesen delante. Ella obedeció guardando su abstinencia porque, cuidando la religiosa a cuyo cuidado estaba el refectorio del número de las pasas, almendras y avellanas que para su sustento la ponía, cuando las alzaba, hallaba solo menos una pasa, una almendra, una avellana, cosa al parecer increíble, y que sola la ayuda de Dios puede hacer que obre quien es mortal y tiene necesidad de sustento para no morir. Con abstinencia tan excesiva andaba tan alentada que parecía que solo con no comer vivía, y que lo que a otros quita la vida, a ella se la daba. ¿Mas, qué maravilla? No el pan es sustento solamente de los hombres, sino las palabras de Dios son manjar para los que las [fol. 49r] oyen para obedecerlas, y cuánto más el pan de los ángeles, el maná celestial ''[106]'', el sustento preparado sin trabajo, que tiene en sí todos los deleites ''[107]'' y la suavidad de todos los sabores. Este la confortaba de suerte que, como acostumbrada a él, no se acordaba de otro alguno. Tenía hecho el paladar a los regalos eternos y no arrostraba los corruptibles. La comida que aligera el alma a los gozos de la gloria la sustentaba, no la que cargando el cuerpo impide todas las operaciones mejores: ¿Qué maravilla quien solo aspiraba a Dios no gustase sino espirar lo que era Dios? Oh, alma bienaventurada, ¿a quién no la carga del cuerpo, no la conversación de los mortales, no la habitación de la tierra pudieron apesgar, distraher, entretener jamás; solo la parte superior, la contemplación celestial, el trato de Dios rigieron, ocuparon, agradaron?&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Virtudes varias perfectísimas de Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
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Era la vida desta religiosa señora las delicias de Dios, por parecer que en su alma había su poderosa mano plantado todo género de virtudes, y hecho jardín de buenos ejemplos sus perfectísimas acciones. Porque ninguna dejaba de llevar los ojos de los hombres, indicio claro que agradaba a los de Dios, que siempre la virtud, aun de los que la aborrecen, es con veneración interior conocida. Porque ¿a qué piedra no deshiciera el rigor que esta delicadísima señora, y por la quiebra ordinaria de salud flaquísima, usaba consigo? No contenta con las asperezas otras veces ponderadas, hizo tejer una túnica de cardas y lana de cabras para alivio del cilicio que trahía debajo hasta cerca del suelo, tan apretadamente aplicado a las carnes que parecía más cuero dellas que vestidura. Eran las disciplinas tan rigurosas que estremecían las columnas del edificio y, con la blandura que del hierro grueso y mal labrado se puede esperar, y tan copiosos los arroyos de la sangre que con ellas de sí despidía, que cada una [fol. 50r] parecía haber sacado las últimas gotas de su cuerpo y no dejar más que sacar a la siguiente penitencia. Esta era continua por caer sobre las llagas recién hechas la aspereza del apretado cilicio, y renovarlas con todos los movimentos del cuerpo cada instante. Era tan del Cielo su caridad y humildad que ningún día dejaba de ejercitar una virtud y otra visitando amorosamente las enfermas, haciéndoles las camas, aderezándoles los aposentos, y abatiéndose a los ministerios más bajos, aunque necesarios para la limpieza y aseo de los enfermos. Y si alguna vez la obligaban por algún achaque forzoso a entrar en la enfermería, nunca entraba en la cama, solo el remedio de su salud consistía en el regalo que hacía a las demás que estaban en ella, no admitiendo jamás cosa para sí hasta saber que las demás tenían todo lo que les era necesario. Era la primera que laudaba las túnicas de las demás religiosas, la que primero acudía a la cocina, la que primero echaba mano a la escoba y la que a todos los ejercicios de mortificación y humildad acudía primero con emulación tal que a las más perfectas dejaba que imitando admirar y a las [fol. 50v] menor que admiradas imitar. La que consigo era áspera, con las demás era clementísima, tenía don del cielo en dar consuelo a las afiligidas y parecía que para estas ocasiones la inspiraba Dios las palabras más de consuelo que la elocuencia o prudencia humana no pudieran alcanzar. Tenía cada noche dos horas de oración antes de maitines y, hallándose a estos con la communidad, a cuyos ejercicios acudía siempre, aunque más ocupada la primera, se quedaba en el coro sin volver al dormitorio y, cuando la necesidad forzosa del sueño la apretaba demasiado, parecía no consentir con él pues sin hacer movimiento, ni prevenirse par algún descanso, le esperaba en la silla sin que las inclemencias de los tiempos fríos o calurosos la obligasen a abrigarse o aliviarse, si ya alguna vez no cuidaba en el rigor del frío alguna monja de aplicarla, cuando sentía que estaba rendida al sueño, algún manto. Volvía del sueño lo más presto que le era posible a la oración, que siempre hacía de rodillas immoble, aunque con tan copiosas lágrimas como consuelos. Prevenía aun desde su retiramiento el remedio de los [fol. 51r] totalmente hollados de la Fortuna, procurando que nunca faltase el sustento a los encarcelados y, como quien consideraba piadosamente el olvido que destos desgraciados ordinariamente se tiene, no se contentaba con la provisión común del sustento, sino con acudir a las necesidades más particulares haciéndoles llevar agua, carbón, luz y todo lo que en las casas es necesario y en esta se echa menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Pide a Nuestro Señor Sor María que le dé verdadero sentimiento de sus dolores: dásele Su Majestad con una larguísima y penosísima enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacía la señora Pobre de su parte todo lo que creía que la podía unir más con Dios y deseaba que, como Su Majestad la hacía partícipe de sus consuelos, no la negase el sentimiento de [fol. 51v] sus dolores. Era la devoción que tenía a su sacratísima Pasión singularísima, y pedía todos los días a su querido la consolase con esta noticia particular de sus tormentos que condescendió con su regalada Dios, y representóselos con una tan recia enfermedad que, por espacio de un año, afligió todos sus miembros de suerte que ni los médicos la conocían, ni las medicinas la aliviaban. Ella la había pedido, Dios se la había dado. Ella la llevaba gustosísimamente y él se recreaba en ver su consuelo y, aunque como aficionado remitiera el rigor de los dolores que ella padecía, como gustoso de su provecho permitía que los padeciese. Eran tan increíbles los tormentos que, cuando la apretaban con mayor rigor, sentía que decía muchas veces que todos los huesos la sacaban de su lugar, y no tenía miembro que no se le descoyuntase: este rigor era tan a menudo que casi se alcanzaba uno a otro, y cuando se dilataba algo, era el que ella llamaba lento igual al mayor que a otra de menos espíritu afligiera insufriblemente. No tenía fuerza para rodearse a un lado o a otro sin ayuda ajena, y esta había de ser cogiendo todo el dolorido cuerpo con una [fol. 52r] sábana y moviéndole en su camilla con grande tiento. Con ser tan excesivos los dolores, jamás se oyó una sola queja, antes con semblante entero y ánimo constantísimo daba gracias a Dios que la había oído sus tan atrasados deseos y le pedía añadiese tormentos a tormentos pues la paciencia que en ellos mostraba a él solo la debía, y si alguna vez importunada de la piedad de sus hijas contaba la fuerza de sus dolores, como si hubiera encarecimiento en tanto rigor las pedía encarecidísimamente perdonasen su impaciencia, pues no sabía dar a Dios gracias por lo que más se las debía perpetuamente rendir. El alivio mayor que, rodeada de tantos sentimientos, tenía era el trato de Dios, con que se alentaba de suerte que parecía no tener pena o dolor alguno, y era tanto el gozo que interiormente deste trato tenía que le salía al rostro, cosa muchas veces advertida entre las suyas, porque era maravilla verla en un instante con la amarillez y flaqueza que las penitencias y enfermedad era fuerza la acarreasen y, en dando principio a las alabanzas de Dios, se encendía y como hermoseaba y llenaba el rostro de suerte que parecía vender salud y [fol. 52v] tenerla confirmadísima. En todo este tiempo no daba muestra alguna de los dolores que tan crudamente la aquejaban, aunque tenía la misma continuación su rigor que antes. Cosa maravillosa era sin duda esto porque, al tiempo que la parte señora del cuerpo como porción del Cielo aspiraba a él y se recreaba en sus cosas, la sierva e inferior y terrena, aunque tan viva en sus sentimientos, la cedía. ¡Oh, poderío soberano de la razón! ¡Oh, espíritu solo celestial! ¡Oh, preparación de los gustos del Cielo, a que no los sinsabores terrenos, no los sentimientos del cuerpo, no los infortunios a que está sujeta nuestra flaqueza puedan no solo no contrastar, pero ni aun resistir!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los dolores intensos con que Dios como en fuego acrisolaba la perfección, y como en toque probaba la paciencia desta su sierva, jamás hicieron pausas sus acostumbrados ejercicios de abstinencia y oración; antes, como obligada más de Dios, pretendía darse por más reconocida a sus obligaciones. Alegrábase maravillosamente de la merced que Dios la había hecho de darla como a su bienaventurado padre las insignias de su Pasión ''[108]'' en lo exterior con sus [fol. 53r] llagas, a ella en el corazón con sus dolores ''[109]'', y de la gravedad destos concebía el rigor de los de su Señor, y, amorosamente compadecida dellos, le pedía más para ayudárselos a padecer, haciéndole compañía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Revelación que cierta religiosa del Cístel tiene de la sanctidad de Sor María, cuya camisa la sana de una grave enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encruelecíase cada día más la enfermedad y aumentábase cada día más el fervor de quien la padecía y pedía a Dios más mientras más la daba que padecer. Sus devotas hijas, lastimadas de tanto mal, daban muestras, como era razón, del dolor que tenían de los suyos. Ella, agradecida de su amor, las reprehendía su flaqueza, asegurándolas que pues tenía por cierto que aquello venía de [fol. 53v] las manos de la misma piedad, no venía sino para provecho suyo y gloria de Dios, y que sus pecados (como ella decía) eran merecedores de mayores tormentos, y que pues Dios no da más de lo que se proporciona con nuestras fuerzas, no la tuviesen lástima pues no padecía más de lo que podía llevar. Con estas razones consolaba a sus afligidas hijas por el mal de su madre, que cada una quisiera padecer por ella con muchísimo gusto. ¡Tanto era lo que la amaban, y tan digna era ella de que la amasen! Por este mismo tiempo estaba una sierva de Dios, religiosa de la orden del Cístel, gravemente enferma y, tanto por su religión como por su salud, la llevaron una camisa de la beata abadesa sin decirla cúya era, suplicándola que se la pusiese a petición de cierto enfermo que en nombre de Nuestro Señor se lo pedía. La religiosa Martha (que así se llamaba) en viendo la túnica tuvo aviso del Cielo de la reverencia que era justo tenerla por los sanctos miembros que había ceñido, y dijo que ella no era digna de cubrir los suyos con la que había tocado a la sierva del Señor, que no estaba enferma, sino con el sentimiento verdadero de la Pasión de [fol. 54r] Christo, y más enferma de amor que afligida ''[110]'' de dolor, siendo este el mayor que el encarecimiento humano puede ponderar. Que ella antes pondría por reliquia lo que había llegado a quien ella pensaba encomendarse. Admiró mucho la confimación que esta sierva de Dios hizo de la enfermedad y sanctidad de Sor María la Pobre, con cuya túnica la religiosa Martha quedose con entera salud glorificando a Dios que tan poderoso es en sus siervos, y la ciudad admirada de tan maravilloso succeso acudía a Sancta Isabel la Real como al remedio de todas sus enfermedades y trabajos, de que se vían libres fácilmente con la intercesión o reliquias de la beata abadesa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Señales exteriores de las mercedes que Dios hacía a Sor María vistas por otras de sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 54v] Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios. La beata abadesa, aunque no acostumbraba decir ninguno de sus sentimientos [fol. 55r] espirituales sino forzada del mandato de su confesor o superior, condescendió con la instantísima petición de su buena hija (que digna de tal madre debía de ser a quien Dios hacía partícipe de los favores con que regalaba a su querida) y la dijo que Su Majestad se había dignado de hacerla por entonces capaz de conocer la caridad immensa que cuando padeció tan rigurosos azotes tuvo. Otra vez, día de la Transfiguración de Nuestro Señor, la vio otra monja con el rostro tan resplandeciente como el mismo sol. Y preguntándola el día siguiente muy apretadamente la manifestase el misterio de luz tan desigual a las humanas, respondió con gran sencillez que se había servido Dios de descubrirla los misterios que en su gloriosa transfiguración había obrado, como si en compañía de los apóstoles se hubiera hallado en el monte Tabor. Otras muchas veces vían semejantes luces en su rostro o en el lugar donde oraba, pero ella procuraba graciosa y prudentemente darlas a entender que podrían engañarse y que ella no era digna de las ilustraciones divinas que ellas imaginaban. Efectos raros de la fuerza de su oración, y regalos solos de Dios para quien con tanto fervor le sabe agradar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 55v] '''Libro Tercero, del tránsito de Sor María la Pobre, y de los efectos maravillosos de su religiosa Vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado habemos al remate dichoso de tan feliz vida, al premio después del trabajo, al descanso después de la carrera, y a la vida cierta, porque hasta este punto murió la beata abadesa Sor María la Pobre: a quien tan apretadamente aquejó el rigor de los dolores que Nuestro Señor, a petición suya, la había permitido padecer, que la condujo al último fin. Tuvo sin duda d’él ella noticia y así, deseosa de no morir fuera de la communidad, pidió la llevasen al dormitorio. En estando en él, habiendo un día antes celebrado la fiesta de [fol. 56r] los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, como solía, con su ordinaria communión, a otro de la conmemoración de San Pablo último día de junio, miércoles a la una del día la sobrevino una tan ferviente calentura, acompañada de una landre tan dañosa, que la hizo perder el juicio para todo lo que no era Dios. Hizo llamar luego al vicario y, confesada, recibió con grande afecto el viático y extrema unción. Después estuvo dos horas con todos sus sentidos recogida en sí, sin querer la communicación de nadie. Esto fue sábado, un día después de la Visitación de la Virgen, Nuestra Señora. Después deste espacio, volvió a perder el sentido para todas las cosas corporales y de la Tierra; solo para las espirituales y del Cielo tenía el mismo y aun más vivo que antes, como quien estaba más cercana de su gozo, y como a la puerta de la eternidad, a que por tantos trabajos había arribado. Era cosa maravillosa que, faltándola el sentimiento para todas las acciones que no fuesen derechamente en alabanza de Dios, en estas estaba tan fervorosa que nunca parece que había tenido más quieta y sosegada contemplación. Viéndola así una de las religiosas [fol. 56v] que, afligidas por la falta que barruntaban ya con su tránsito, asistían a su sancta madre, la pidió ahincadísimamente la introdujese delante de Dios en su oración y rogase por ella. La amorosa y piadosa madre la respondió con la caridad que solía en todas las cosas de sus hijas: “Cómo hija, ¿por vos sola? Por vos y por todo el mundo ha de ser la oración”. Esto solía ella decir ordinariamente: que los hijos de la Iglesia habemos de imitar a Nuestra Madre que hace oración a Dios por todos, sin exceptuar aun sus enemigos, y que nuestra oración había de ser universal, porque en esto dábamos indicios de lo que nos amábamos, y la caridad era el medio más agradable a Dios para conceder lo que le pedimos. Con esta ocasión, como olvidada de su mal, se volvió a sus queridas hijas y venerables hermanas y las exhortó fervorosísimamente a la unión y al amor fraternal y a saberse hacer de tantos cuerpos y tan diferentes una sola alma, una sola voluntad; que la oración tuviese tanto de caridad como de fervor; que si faltaba aquella nunca habría este. En todo este tiempo, con ser tan tierno el amor a los deudos, como natural, estuvo tan en sí como en Dios, tan desa- [fol. 57r] migada de su carne y sangre como allegada al amor afectuoso del auctor de la suya, no acordándose más de sus parientes que si como a otro Melquisedec no se le conociera padre o madre. Afecto que suele ser ordinario aun en los más perfectos, por no ser género de imperfección traer a la memoria en la hora que todo se deja acá a quien se debe el haber estado en este mundo. Pero la beata Pobre hasta en esto se preció de serlo, olvidándolo todo por su padre celestial y por la compañía de los ángeles, que estaban aguardando aquella sancta alma, afrenta (permítaseme decirlo arrojadamente) de los querubines en el fervor del amor de su Criador, en la inflammación de su voluntad, y en la perfección de sus acciones todas amorosas, todas como para Dios, todas como de quien muerta al mundo vivía solamente a lo que era más que él. ¡Prodigio de mujeres!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 57v]&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Responde la beata abadesa a muchas preguntas de sus monjas: da su alma a Dios, y queda su cuerpo hermosísimo y resplandecientísimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echaban ya de ver las dolorosas y afligidas hijas que caminaba con largos pasos su querida y sancta madre al Cielo y, aunque creían que desde él acudiría a su bien con las ventajas que d’él a la tierra hay, sentían su absencia personal como sus mismas muertes porque tenían en ella señora, madre, amiga, y todo lo que la cortesía y el amor tiene de consuelo. Pero la voluntad de Dios, a que ellas andaban por su ejemplo tan reguladas, las consolaba y, viendo ser fuerza su absencia, procuraban no perder un instante de su doctrina. Hacíanla muchas preguntas, a que ella daba alegres res- [fol. 58r] puestas, no dificultando ya la consulta de su oráculo por el tiempo breve que sabían habían de gozar d’él las que más amaba, y por dejarlas a la despedida en tanto desconsuelo cuanto era de su parte consoladas. Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”. Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”. Esto lo decía con tanta sencillez como alegría, que era tal la de su rostro que esta bastara por respuesta a todas las preguntas ordenadas a los favores que recibía del Cielo. No tenía por ningún modo aspecto de quien tan presto había de ser de la muerte y, si el pulso no desengañara, fuera fácil creer que había sido milagrosa su mejoría. Repetía con [fol. 58v] grande devoción las palabras que, como seguridad de su habitación eterna, regalaban los oídos de Dios y consolaban los de las afligidas religiosas. Cuando se alegraba, diciendo: ''“In pace in idipsum dormiam et requiescam”''. Cuando se entregaba a Dios y se ponía en sus manos, diciéndole afectuosamente, ''“In manos tuas, Domine, commendo spiritum meum”''. Tal vez asegurada de su protección, le suplicaba fuese su guía, con decirle: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas tuas e doce me”''. Tal, como quien por la mano de Dios había llegado al sosiego eterno y, guiándola su Esposo estaba ya en el thálamo de la inmortalidad, repetía dulcísimamente: ''“Haec reques mea in seoulum seculi”''. Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción. Desta manera la asistían todas sus monjas. A muchas el cansancio, a otras la pena pesada había dejado rendirse al sueño un brevísimo espacio, cuando de repente, como si a cada una llamaran de por sí, despertaron todas, y puestas de rodillas alrededor de la [fol. 59r] cama, bañándola en amorosas lágrimas, haciéndolas aun sin hablar elocuentes el dolor, la suplicaron rogase a Dios por todas y, como había sido su madre en esta vida, en la mejor y eterna no dejase de serlo; y que las consolase con su bendición. La beata abadesa, que solo por Dios dejara a quien fuera d’él amaba más que a todas las cosas del mundo, se volvió a ellas, y con la blandura que solía hablarlas, las dijo estas si breves palabras, dignas de perpetua estima: “Hijas mías en el amor, señoras en la estimación, ni es justo que sintiáis mi absencia por mi falta, ni que por vuestro afecto estorbéis mi gozo, pues en esto sola la mano de Dios es la obradora, y en aquello ella misma lo será dándoos madre aventajadísima. Ni en lo uno es acertado desconfiar, ni en lo otro ir contra la voluntad de Dios. Yo voy consoladísima ante su acatamiento por la seguridad que me da vuestra virtud presente de la perpetuidad de la futura en las que a gloria de Dios os siguieren. Echo de ver que a vuestra devoción se deberá todo, como yo el perdón que es justo no me neguéis de mis imperfecciones, para que yo en perpetuo agradecimiento os rinda delante de Dios las gracias que solamente son de Su Majestad por ser vosotras tan unas con él. Y aunque como a [fol. 59v] madre me corriera obligación de exhortaros al amor de hermanas, a la perseverancia en la guarda de los mandamientos y consejos que en su Evangelio y nuestra regla nos ordenó Dios, y a todos los demás ejercicios de virtud que llevan a él, salgo desta obligación viendo la perfección de todas vuestras acciones, confiada en su duración, y que el clementísimo Señor que os escogió para sí, no os soltará de su protección, escogiendo siempre el aumento de vuestro número, hasta teneros consigo”. Esto dijo con tan agradable semblante y tan encendido afecto que, con consolar maravillosamente el descaecimiento de sus hijas, las rajó el corazón con nuevos sentimientos, quedando su respuesta ahogada en sus lágrimas. Después desto la religiosa madre, habiendo repetido sus regalados versos, alzó la cabeza y voz a sus amadas hijas, y las dijo, habiéndolas echado la bendición de Dios: “Adiós hijas mías, quedad en paz” y, cerrando los ojos blandamente, sin más movimiento que si el sueño hermano de la muerte los ocupara sin pena, lunes al reír del alba, cinco días después del último rigor de su enfermedad y el que cumplió un año en ella, siendo de edad de setenta y habiendo estado treinta en la [fol. 60r] religión, a tres de julio del año de mil y quinientos y siete, dio su alma a aquel Señor que la había escogido para esposa suya, y que la estaba aguardando acompañado de toda su corte para darla el asiento en ella que a su amor debía, habiéndose poco antes oído una suavísima voz que la llamaba. Fue tanta la fragancia y suavidad que en prendas de la que la alma gozaba con Dios quedó al cuerpo entre sus monjas, que faltan a la capacidad humana comparaciones para ponderarle, porque todo lo que se dijere, será menos. Deste mismo olor de los ámbares del cielo y de las flores de los jardines eternos participó el aposento donde había estado, y la ropa que había sido o abrigo o cura en su enfermedad. A esta suavidad acompañaba una tan amable claridad que tenía como vestido el cuerpo, que los ojos humanos con ser incapaces della, no la podían perder de vista, ni dejarse de llevar de su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 60v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. De las alegrías del Cielo manifestadas a la Tierra en la nueva regeneración para Dios de la beata Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el alivio de las penosas obras desta vida consiste en el fin della, y en el principio de la que ha de durar para siempre, y Dios es tan puntual y liberal premiador de las que se hacen o padecen por él, quiso para enjugar las lágrimas de la Tierra hacer manifestación de los gozos del Cielo en el dichoso tránsito de la sierva María. Era el llanto universal de los de la Tierra, y para su consuelo era razón se mostrase el universal del Cielo. No hubo persona en la ciudad y en su comarca que no acudiese como milagrosamente al monasterio de Sancta Isabel la Real al instante que espiró su abadesa; todos, aunque llorosos por su falta, apelidan- [fol. 61r] do su nombre y como canonizándola con el commún sentimiento, no dándola otro que la Sancta Doña María la Pobre, y como de quien estimaban por tal procurando alguna pequeña parte de sus vestiduras por obradora de grandes milagros. Y si las demás monjas no previnieran este cuidado fuera imposible detener el concurso de los devotos, que ninguno quería dejar de dar muestras de cuánto lo era desta beata sierva de Dios en lo que más podía tener suyo. Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, ''Sub venite sancti Dei'' etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían [fol. 61v] que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Reconocen el cuerpo sancto las monjas días después y hállanle incorrupto como hasta hoy se ve'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que los religiosos pusieron el cuerpo en la cueva, como se encruelecía la pestilencia y la landre que había apretado a la beata abadesa era como las demás que entonces se temían, sin reparar en ello las monjas que la excesiva pena tenía como fuera de sí, la echaron sobre el rostro cuantidad de cal viva. Pasados más de dos meses cayendo en la cuenta las religiosas [fol. 62r], y pareciéndolas que habían hecho mal en dar sepultura commún a quien creían que tenía asiento particular en el Cielo, alcanzando licencia del juez de la Iglesia, el día de San Matheo del mismo año abrieron la bóveda y sacaron al coro el cuerpo, que hallaron tan entero y tratable como cuando estaba animado. El rostro tenía algo moreno por haber quedado sobre él el velo, y sobre este la cal; el vestido por la parte que llegaba al cuerpo estaba tan entero y oloroso como si se acabara de poner perfumadísimo; por la superficie estaba bañado en agua, por la gran cuantidad que, lavando el coro, caía a la bóveda. De todo salía una fragrancia celestial, sin haber podido la vivacidad de la cal ni la corrupción natural de los cuerpos a que falta la alma empecer aquel que Dios nos dejó entero por muestra de la entereza de su vida, y de la gloria que tiene su alma en compañía de los ángeles. Volviéronle a la cueva por no tener preparado lugar para su colocación, hasta que el día de la Translación de San Luis, teniendo ya lugar señalado para ponerle con decencia, le sacaron otra vez, y con grande solemnidad le pusieron en parte [fol. 62v] donde todos le pudiesen gozar, con singular devoción de sus hijas y de toda la ciudad que concurrió a venerarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V. Avisa la beata abadesa viviendo lo que después sucedió a una monja, ella muerta. Pónese su cuerpo donde hoy está'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bienaventurada abadesa, como dijimos, costumbre de recogerse, después de la oración que continuaba a los Maitines, un rato antes de Prima, en la misma fila del coro, sin otro abrigo que el de su pobre hábito, aunque los fríos fuesen rigurosísimos. Prevenía a esta aspereza alivio una religiosa en extremo devota suya, cuidando de cubrirla, lastimada de su desnudez. Despertó una vez la beata Pobre y halló a la religiosa, su aficionada, ejercitando en ella esta devoción piadosa, y díjola con grande donaire: “Amiga, aun en la se- [fol. 63r] pultura creo que no tengo de estar segura de ti”. Pasó esto sin mas advertencia y, algunos años después del glorioso fin de la abadesa, estando las monjas en el refectorio, esta devotísima suya levantó como pudo la losa de la bóveda y entró en ella sin el temor natural a su sexo y sacó el cuerpo de su madre y amiga y le arrimó a los libros del coro, donde le halló la communidad cuando vino a dar gracias después de la comida, adonde admiraron lo que siempre, siendo su incorrupción y suavísimo olor ocasión de nueva maravilla, de nueva admiración. Después estuvo algunos años en una concavidad sobre la puerta del coro, y de allí le bajaron adonde ahora es reverenciado el año de mil quinientos y setenta y cuatro ''[111]'', siendo abadesa Doña Mencía de Miño, y provincial de Castilla Fray Juan de Alagén ''[112]''. Y una religiosa que se llamaba Doña María Garillo, deseando que el incorrupto cuerpo estuviese con más reverencia, le hizo un hábito y manto de tafetán, que hasta entonces le trahía de lienzo pardo; vistiósele Fray Pedro de Alcázar ''[113]'', vicario entonces de Sancta Isabel, teniéndole arrimado a sus manos Fray Diego de Albacete, en presencia [fol. 63v] de toda la comunidad, siendo a todos manifiesta su entereza y la tractabilidad de todos sus miembros, la frescura de la carne, y la suavidad incomparable de todo él, y de lo que a él tocaba. Faltaba de las manos alguna carne que muchos religiosos y seglares devotos suyos, visitándola, habían, sin consentimiento del monasterio, quitado por reliquias. Esto mismo se vio en los pies y piernas después, porque teniéndolos hacia la ventanica por donde se reverencia el sancto cuerpo, tuvieron ocasión los devotos de enriquecerse con sus reliquias. Tuvieron, como era razón, gran sentimiento las religiosas deste thesoro que, sin orden suyo, las había tomado, y para atajarlo, determinó el año de mil y seiscientos y once ''[114]'' su sobrina Doña Juana de Toledo, siendo abadesa, echar reja en la ventanica y poner a su puerta llave. Hecho ya hábito y manto de picote de seda parda y preparado todo lo necesario para vestirla, no tuvo efecto hasta el año de seiscientos y doce ''[115]'', siendo abadesa Doña Estefanía Manrique también su sobrina: sacaron el glorioso cuerpo una mañana con grande devoción y, puesto sobre un bufete que cubría un terciopelo car- [fol. 64r] mesí, le vistió Fray Antonio de Angulo, vicario deste convento, volviendo a satisfacerse las religiosas de su entereza. Fue tanto el concurso de la gente de todos estados que, sin aviso alguno, acudió al monasterio, que no bastaban las monjas de una y otra reja a satisfacer la devoción de los que pedían alguna partecica del hábito y forro de la caja en que estaba el cuerpo, y a tocar los rosarios que los devotos las daban por la veneración que tenían a la sierva de Dios. Era igual el júbilo que se había derramado por toda la ciudad, en que se convidaban unos a otros para ver el sancto cuerpo y se provocaban a devoción con la memoria de sus virtudes, y se confirmaban en su sanctidad con la experiencia que hacían sus sentidos viendo su entereza, oliendo su fragrancia y tocando su tractabilidad. No quedó caballero eclesiástico o seglar en Toledo que no fuese testigo de tan gran maravilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 64v]&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Visión que tuvo un religioso de Sancto Domingo del recebimiento que en el Cielo hicieron a la beata abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Communica Dios a sus siervos las mercedes que hace a otros, y es género de regalo grandísimo la participación de la gloria de los premiados para los que esperan serlo, porque ven ejemplo de lo que aguardan y se animan a obrar más por alcanzar más, y como sus espíritus están llenos de caridad, tienen por suyo el favor que a otros se hace. El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, vicario del refugio de nobles, virtuosas, y bien entendidas señoras, del monasterio digo [dicho] de la Madre de Dios desta ciudad, que con tanta nobleza y sanctidad vemos florecer, y hombre de conocidísima reli- [fol. 65r] gión llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre: su rostro más resplandeciente que el sol, su cabeza adornada de una diadema de infinita y exquisita pedrería, cuajado el vestido, que era en forma de los que ordinariamente se ponen los diáconos, de la misma y de otra más preciosa las mangas y orlas. Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo. Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel, y que aquellas tan vistosas piedras que hermoseaban su adorno eran premio del menosprecio que de las re- [fol. 65v] quezas temporales y de sí misma había tenido la religiosa abadesa, y que el resplandor que salía de su rostro, manos, y pies era favor particular que, por la aspereza que había consigo usado, las obras buenas que había ejercitado, y la descalcez perpetua con que se había mortificado, había conseguido, y que ya se habían mudado en manojos de perlas y piedras preciosísimas las sogas que habían atado las mangas y ceñido el cuerpo de aquella virtuosa señora. Y que era tanto el gozo de los bienaventurados aquel día que, desde que el Cielo había recebido la alma del gran Doctor Jerónimo, no había habido otro tal recibimiento. De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Inspira Dios a un sacerdote que se encomiende a la beata abadesa, y sana de una grave enfermedad. Son copiosísimos sus milagros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios solo es el obrador de las maravillas ''[116]'', sus sanctos son instrumentos de lo que él obra, porque obra él todo lo que ellos hacen ''[117]'', que las criaturas nada pueden hacer si el que todo lo hizo de nada no se lo permite, y con la permisión les da el poder ''[118]''. Este es copiosísimo en virtud de quien se le da ''[119]'' y, como le es admirable en sus sanctos ''[120]'', ellos muestran serlo en él, siendo sus sombras, sus vestidos y todo lo que nace dellos de admiración al mundo, de gozo al Cielo, de aliento de los buenos, y de confusión de los enemigos de Dios ''[121]''. Siendo uno de los mayores indicios de su omnipotencia hacer en su virtud omnipo- [fol. 66v] tentes a muchos ''[122]''. En la mayor parte de sus siervos ha manifestado estas maravillas, y en nuestra abadesa las manifiesta abundantísimamente. Referiré, de infinitas, pocas para muestra, no para ostentación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Burgos un sacerdote de buena vida, tres años había, tullido y con otras muchas enfermedades, atado a la cama sin poderse rodear sin gran dolor. Suplicaba a Su Majestad se sirviese de aliviarle penas tan desiguales a sus fuerzas y, quedándose una noche como adormecidos él y el dolor, vio una señora de admirable gravedad y gravemente apacible que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a Doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta Isabel de Toledo, que ya goza de Dios, y luego tendrás la salud que deseas”. Despertó al instante y con él el dolor, que jamás fue mayor (como prueba de su fe) y, informándose de la religiosa vida desta señora y cómo ya había dejado la Tierra, hizo decir una † ''[123]'' misa, y luego se sintió sin dolor y vivió de allí adelante sanísimo haciéndose lenguas en la publicación desta maravilla, y fue increíble la devoción que se movió a esta sancta con milagro tan de la mano de Dios, y tan claro indicio de los singulares méritos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 67r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Conciben las estériles que se encomiendan a la beata abadesa: hállase una imagen de Nuestra Señora que preserva de peligro a las que están de parto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo sido esta beata señora casada, no tuvo hijo alguno, y con todo eso, los da a las que después de muchos años de matrimonio, con experiencia de su esterilidad, se los piden a Dios por su intercesión. Experiméntase esto cada día en esta ciudad y en otras muchas partes con grande admiración de quien lo ve, y devoción de quien lo experimenta. Una señora muy principal tenía una hija que quería ternísimamente, la cual era con extraordinario rigor aquejada de un perpetuo dolor de cabeza y, aunque casada algunos años, nunca tuvo fructo de su casamiento. Persuadiose su ma- [fol. 67v] dre, por consejo de médicos y personas de experiencia, que si su hija concibiese y pariese, sanaría de aquel penosísimo mal. Era devotísima de la beata abadesa, por la fama de su religiosísima vida, y envió a pedir a este convento con grande devoción la medida del cuerpo para gloria de Dios entero, y por alguna partecica de sus tocas. Habiendo alcanzado lo uno y lo otro, ciñó a su hija con la medida, y puso en su cabeza la toca de la sancta, y luego (¡oh, poder immenso de Dios communicado en su virtud a sus hermanos!) quedó libre de aquella pesadumbre perpetua de la cabeza y concibió, durando toda la vida muy sana. Que las mercedes de la mano de Dios son no solo para quitar el mal presente, sino para prevenir remedio a los futuros; son liberalísimos, son como de sus manos. Divulgose la fama deste milagro tanto que, habiendo sido el primero deste género, hasta hoy dura la devoción de todas las que remedian su esterilidad con la intercesión desta gloriosísima señora, a la cual de la misma manera se encomiendan las que están en los dolores de parto, experimentando su ayuda por medio de sus reliquias, y de una imagen que está en este mo-[fol. 68r] nasterio hallada por la misma beata abadesa milagrosamente. Visitaba muy a menudo a esta beata señora la religiosísima reina Doña Isabel, con tan gran familiaridad como si fuera su hermana. Eran las visitas como de amiga, y como de quien tenía necesidad de su consejo en negocios muchos y de importancia, largas. Salió una vez entre otras más tarde de lo que solía del locutorio bajo desta casa la reina y la abadesa. Al tiempo que quiso salir, vio en la pared que cae el patio una como estrella o luz pequeña y resplandeciente. Hizo otro día romper el lugar donde la había visto y halló una imagencica de Nuestra Señora, la cual se lleva en su ayuda maravillosamente, y es tanta la fe que se tiene en ella, que suelen venir por ella de muchas leguas alrededor, y de muy lejos de Toledo, y las que están prevenidas con esta ayuda confían en gran manera en su buen succeso sin temer peligro alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 68v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Sana de cuartanas y ciciones la beata abadesa a los que se encomiendan a ella, o tienen sus reliquias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino al convento de Sancta Isabel de Toledo Fray Pedro de Acuña, religioso de San Francisco por confesor de las religiosas, con unas cuartanas pesadísimas, y cuyo mal humor le impedía casi todas las acciones humanas. Diéronle un poquito de la túnica y cilicio de la beata abadesa, y al instante se volvió atrás aquella sucesión igual y alternación, no sin misterio de tiempos señalados, y le faltó la calentura y se halló libre de la pesadumbre y melancolía natural a este achaque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polán, lugar del contorno de Toledo, entró con una carga en este convento y, compadecidas las porteras de la amarillez y flaqueza que en él vían, y sabiendo que había días que tenía cuartanas, le lleva- [fol. 69r] ron a que visitase el cuerpo desta sierva de Dios. Hízolo el buen hombre con tanta fe que, repentinamente, se halló con fuerzas y vieron en él otra color, y salió dando voces que la sancta de Sancta Isabel le había dado salud. Lo mismo entró publicando en su lugar, donde es muy notorio este milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Arboleda, religioso de aquella Compañía que más imita la del Cielo, y a cuyo nombre se postran los cielos, la tierra, y los infiernos, y que tan provechosa es a la Iglesia, habiendo tenido muchos días esta enfermedad, confesó no haberle vuelto más al instante que recibió deste convento una reliquia del cilicio de su abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta casa de Sancta Isabel un mozo a trabajar en la huerta, que tenía como naturalizadas, por el mucho tiempo que había que las tenía, unas ciciones: pusiéronle un poco de la túnica de la sancta y cobró entera salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma merced experimentó otro mozo que vino a destazar unos tocinos, que, habiendo padecido esta enfermedad muchos meses, se halló de repente sin ella por la intercesión desta señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Cubas, lugar desta comarca, vino una [fol. 69v] mujer a pedir alguna reliquia desta religiosa señora por haber en su lugar muchos enfermos deste mal y haber peligrado muchos. Llevó un poco de su túnica, y a todas las personas que la aplicó dio entera y repentina salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo se ha experimentado en Yébenes, Ajofrín, Mocejón, donde ordinariamente se lleva agua, con que ha dado virtud su reliquia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Da vida a dos que en la opinión de todos la habían perdido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase introducido en este monasterio por costumbre dar agua en que ha entrado su reliquia, para los enfermos en todo género de achaques desde el año de mil y quinientos y ochenta y cuatro ''[125]'' que, habiendo hallado un sacerdote desta ciudad, llamado el Licenciado Torres, en su casa puesta por ladrillo una imagen de Nuestra [fol. 70r] Señora de alabastro, tuvo devoción de ponerla en uno de los altares desta iglesia, de[s]de donde la llevaba cada día a muchos enfermos, que hallaban en ella la medicina de sus males. Otras veces trahían vasos de agua, en que metían parte de la imagen: bebían este agua los enfermos y sentían grande alivio. Un día, enviando Diego de Perea, mercader y natural de Toledo, por un vaso desta agua para paladear una criatura que casi muerta quedaba en los brazos de su madre, con pequeña esperanza de que volvería en sí, no se halló la imagen por haberla llevado, como solía, el sacerdote. Fueron tantas las lágrimas de una tía del niño que venía por ella, creyendo no haber de volver a su casa con remedio faltándole aquel último en que solo confiaba, que, movida a compasión una religiosa, la ofreció poner aquel vaso de agua en la caja donde está el cuerpo de su abadesa bienaventurada. Hízolo así y informó a la mujer de los milagros raros desta señora. Volvió contenta la mujer y halló a su sobrino, en la opinión de todos, muerto y cubierto para enterrarle. Su devoción pudo más que sus ojos que la negaban tener vida aquel a quien Dios se la podía [fol. 70v] dar de nuevo. Descubrió al niño y remojole la boca con una clavellina que venía dentro del vaso y había estado sobre el sancto cuerpo. Abrió los ojos, gorjeose, riose, y tomó el pecho como si jamás hubiera tenido diferencia en su salud. Admiró caso tan admirable a toda la ciudad, y Diego de Perea y Ana de Luna, sus padres, le trajeron a ofrecer a la sancta obradora de su vida velando todo un día delante de su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en el convento de Sancta Isabel la nobilísima Doña Francisca de Silva que hoy vive y es madre del mariscal de Noves, tenía [fol. 71v] en su compañía a Doña María de Zúñiga, su hija de edad de dos años. Con esta niña podía tanto la inclinación a la virtud que todos los días se iba al coro y se ponía tan junta al rostro de la sancta que no se apartaba un instante d’él por gran rato, siendo este su principal entretenimiento aun en aquella edad tan tierna. Siendo ya de edad de cuatro años, llevola su madre a su fortaleza de Caudilla, donde cayó de una escalera tan alta que, a no concurrir con su ayuda la mano poderosa de Dios, no llegara con miembro entero a su remate. Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una buena mujer de esta ciudad que se llama Chaves y vive hoy tuvo un flujo de sangre de narices tan abundante que ningún remedio humano le pudo atajar. Acu- [fol. 72] dió a los divinos, aplicándose muchas reliquias y siempre prosiguió la pertinacia deste mal, hasta que venerando una del hábito de la beata abadesa, paró la sangre cuando más corría obedeciendo a la virtud de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
Una religiosa de la orden de San Jerónimo y del religiosísimo convento de la advocación de San Pablo desta ciudad, tenía un brazo que había días que no movía. Enviando a pedir una reliquia desta sancta, en venerándola, halló el remedio que en todo género de medicinas había echado menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora desta ciudad padecía tanto mal en los ojos que no podía sufrir un instante la luz, y había más de cincuenta días que estaba en perpetuas tinieblas, alcanzó de una sobrina suya monja de Sancta Isabel un paño que la beata abadesa había tenido en el estómago el tiempo de su enfermedad, y cobró al momento la luz, cuya privación tanto la afligía, y estuvo de allí adelante con entera salud. &lt;br /&gt;
Había tres años que padecía ceática en una cadera una buena mujer deste lugar, púsose un poco de cilicio de la sancta y [fol. 72v] estuvo de repente sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pondré por remate deste Capítulo, una confirmación que enviaron de otro milagro hecho por la intercesión desta beata señora, de Lisboa, y para mayor aprobación de los demás: “Digo yo (dice la confirmación), Catalina del Espíritu Sancto, monja profesa deste convento de Sancta Clara de Lisboa, que es verdad que yo y las monjas que aquí se firman, vimos y estuvimos presentes por dos veces que la Señora Jerónima de la Pasión tuvo dos accidentes tan recios que la mandaron los médicos dar todos los sacramentos por estar ya como muerta; y en esta primera vez llegó una carta de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo para una monja portuguesa que estuvo allí diez y nueve años, y en ella le enviaban una reliquia de la sancta fundadora la señora Doña María de Toledo, y con la fe que tenía de sus muchos milagros la puso a esta enferma, la cual esperaba el sacramento de la sancta unción, y de improviso se le quitó la calentura y sosegó el pulso que estaba con muchas intercadencias, y de allí quedó tan buena que se espantaron los médicos. Y de allí, como dos meses tornó el mismo accidente con aparencias del peligro pasado, y valiéndose desta reliquia quedó sana alabando a Dios, como la hacemos todas, y las que aquí nos firmamos juramos por nuestra profes- [fol. 73r] sión, que es verdad todo lo que aquí decimos. Fecha a 15 de enero de 1611. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenían en la casa que llaman de la labor las señoras religiosas de Sancta Isabel gran cuantidad de lino, y de instrumentos de [fol. 73v] madera para labrarle. Reconociendo esta oficina una noche quien la tenía a su cargo, echó sin reparar alguna pavesa de la luz que llevaba consigo, y dejando cerrada la puerta, se fue muy sosegada a acostar. Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hubo en este monasterio una religiosísima monja y devotísima de su beata abadesa, y en quien obró maravillosas cosas su intercesión. Esta dejó escrito lo que referiré para [fol. 74r] gloria de ambas: y a cuya relación se puede dar toda fe por su conocida virtud y devoción a esta sancta. Refiere entre otras cosas que, estando Isabel Gaitán, su hermana, en extremo lastimada, y lleno el cuerpo todo de unas tan grandes postillas como la mano, sin poder sosegar un momento y estando imposibilitada de recostarse, se hizo llevar a Juana Gaitán, que así se llamaba la religiosa, y mostrándola con gran dolor las llagas para que se compadeciese a hacer oración por ella, lastimadísima la consoló y dándola un poco de agua de la sancta quedó tan buena como si jamás hubiera padecido enfermedad alguna. &lt;br /&gt;
Estando la misma con un mal en la cabeza tan grande que se temía no perdiese el juicio, habiendo puestose en ella una reliquia de la sancta, dentro de dos días se halló del todo libre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Clara Gaitán, su sobrina, tuvo un pecho como encancerado, hinchadísimo y sin género de remedio. Diole su tía una reliquia de la sancta, diciéndola: “Toma esta reliquia de mi señora María la Pobre, y ponla sobre el pecho, que será imposible no cobrar entera salud, porque no la doy a persona que no reconoce luego su virtud hallando remedio en ella de su necesidad”. Púsosela y [fol. 74v] volviese el pecho hinchado como el sano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía un hombre un accidente tan penoso que, con darle muchas veces, las más le duraba dos y tres meses, y el tiempo que le apretaba más le venia siempre con penosísimo mal de orina; recibió desta devota mujer la reliquia de la sancta y quedó tan libre siempre d’él como si jamás le hubiera tenido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando sin esperanza de vida un mozo con dolor de costado, cobró la salud bebiendo un poco de agua de la sancta. &lt;br /&gt;
Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue Toledo su patria, sus padres personas honradas y virtuosas. Y ella, fructo de oraciones, y dada por la Virgen Nuestra Señora para mayor gloria de su Hijo y suya porque, habiendo estado muchos años sin hijos, suplicaron a la piadosísima Señora les diese para su consuelo alguno, ofreciéndola celebrar con particular solemnidad cada año la fiesta de las [fol. 76v] fiestas, la que tiene tanta parte en nuestra piedad como tiene de gozo en la Virgen sanctísima, viendo celebrarse la Immaculada Concepción desta serenísima Señora Madre de la misma pureza. Confirmáronlo con voto, y hicieron un colegio para la crianza de doce doncellas en el servicio de Dios y su Madre. Oyó sus ruegos la Madre de los afligidos y dioles esta hija tan suya y dádiva tan de su mano como se vio en los favores que della recibió toda su vida, y en las virtudes que heroicamente ejercitó perpetuamente. Criaronla para Dios y teniendo siete años la pusieron entre las demás doncellicas que tenían consagradas a su devoción. Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devo- [fol. 77r] tísima. Casose siendo de edad por condescender con el gusto de sus padres y vivió con la perfección que siendo doncella estando casada: murió poco después su marido, y sabiendo las virtudes que tanto lucían en Doña María, la siguió tan familiarmente que nunca hizo cosa que no se communicase entre las dos, señal cierta de su mucha perfección, pues corría parejas con quien era tan perfecta, y de cuyas obras se debe la mayor y más principal parte a esta sierva de Dios. Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto. Era su oración continua, su mortificación crudísima. Regalábala Nuestra Señora copiosísimamente con sus consuelos. Tenía infinito [consuelo] con el Sanctísimo Sacramento de que era devotísima y, según la preparación que para él hacía, eran las ilustraciones que en él tenía su alma. Era igual la devoción que sentía en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pasión de nuestro Redemptor, de que tuvo singularísimas revelaciones: de todas dejó memoria a los venideros escribiéndolas por su mano. Cosa bien digna de admiración, pues no sabiendo formar una [fol. 77v] sola letra para otra cosa, para las mercedes que Nuestro Señor le hacía escribía muy bien y con grande distinción. Finalmente, toda su vida fue un retrato de la de su sancta compañera: como la de Doña María, de la de Juana Rodríguez. Llegose el fin de sus trabajos con el de su vida, y el principio de su descanso con el de su premio, dándole prenuncios d’él con su presencia la Virgen Nuestra Señora, visitándola y confortándola en aquella última y natural agonía. Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juana Téllez de Toledo, vicaria de la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel de Toledo, hija de Fernandálvarez de Toledo, primer conde de Oropesa y de la condesa Doña María Pacheco, hija del maestre Don Juan Pacheco, y de la marquesa Doña María Portocarrero: esta señora fue a fundar el convento de la purísima Concepción de Oropesa, que fundó el conde Don Francisco Álvarez de Toledo su hermano ''[126]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Antonia de Toledo, Doña Ana y Doña Sancha de Guzmán, parientes cercanas de la señora Doña Juana de Toledo y Doña Teresa Carillo, hijas de Pero Suárez de Castilla y de Doña Leonor de Ulloa. Este Pero Suárez fue hijo de Alonso Carrillo [fol. 79v] de Castilla y de su mujer Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y hermana de la beata Doña María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Juana Manrique de Castilla, hija de Doña Isabel de Castilla, hermana de Doña Juana y Doña Theresa, y de Don Gaspar Manrique, nieto del maestre de Sanctiago Don Rodrigo Manrique, conde de Paredes y de Doña Ana de Castilla. Succedió Doña Juana en el mayorazgo de sus padres a sus hermanos Don Pedro y Doña Estefanía Manrique de Castilla, y goza el convento de las rentas por sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana de Guzmán es sobrina de la fundadora, como hija de Don Pedro Enríquez de Herrera y de Doña Rafaela de Guzmán, la cual era de los señores de Batres, Toledos descendientes de Pedro Suárez de Toledo, hijo de Fernán Gómez de Toledo, camarero mayor del rey Don Fernando el IV y de su mujer Doña Theresa Vázquez del Saz, de cuya casa fue nuestra Doña María por la de Pinto. Por esta misma línea es sobrina de la sancta abadesa la que otras veces con grande accepción por su singular prudencia y este triennio pasado lo fue Doña Estephanía Manrique, hija de [fol. 80r] Juan Gutiérrez Tello, alférez mayor de Sevilla, corregidor de Toledo y a quien esta ciudad debe gran parte de su adorno, como hasta las † ''[127]'' piedras mismas lo publican, y de Doña Luisa de Guzmán. Era este caballero hijo de Doña Leonor de Castilla, hija de Pedro Suárez de Castilla, que, como se ha visto, fue hijo de Alonso Carrillo de Castilla y de Doña Leonor, hermana de la beata Doña María. También Doña Luisa de Guzmán, madre de Doña Estefanía fue hija de Don Luis de Guzmán, marqués del Algaba, y de la marquesa Doña Leonor Manrique. Era el marqués descendiente de los condes de Teba, marqueses de Ardales, que son de los Toledos señores de Casarrubios, de cuya casa fue por los de Pinto la beata Doña María, y su sobrina por parte de padre y de madre Doña Estefanía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esta señora sucedió en el oficio, habiéndole tenido antes seis años su igual en prudencia y religión Doña Juana de Toledo, sobrina de la sancta Doña María, por muchas partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del conde de Oropesa, de que fue Pedro Suárez de Toledo señor de las villas de Gálvez y Jumela. cuya hija y de [fol. 80v] Doña Juana de Guzmán fue Doña Isabel de Toledo, que casó con Garci Álvarez de Melo, y fue su hija Doña Juana de Melo mujer de Gonzalo Pantoja Portocarrero, abuelo paterno de Doña Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por Doña Inés de Guzmán, mujer de Pedro Suárez de Toledo, hija de Tello de Guzmán señor de Villaverde y de Doña Mencia de Haro. Tello de Guzmán era hijo de Juan Ramírez de Guzmán y de su segunda mujer Doña Juana Palomeque, hijo de otro Juan Ramírez de Guzmán, señor del Toral y de Doña María García de Toledo, aunque este es otro Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del Conde de Orgaz, cuya hija fue Doña Inés de Toledo, madre de Doña Juana de Toledo, la abadesa que hoy gobierna, hermana de padre y madre del conde Don Juan Hurtado de Mendoza y Toledo, gentilhombre de la cámara del Rey Cathólico Don Phelipe Tercero y su mayordomo. La Baronía antigua de los señores de Orgaz fue Toledo y por casamientos y otros accidentes vino a ser Guzmán, como ahora es Mendoza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa de Alba: porque Don Garci Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba casó con [fol. 81r] la Duquesa Doña María Enríquez y fue su hijo Don Fernando de Toledo commendador mayor de León, señor de las Villorías, que casó con Doña Isabel Manrique. Tuvieron a Doña Inés de Toledo, que casó con Don Luis Hurtado de Mendoza, prestamero mayor de Vizcaya, señor de Mendibil, de Sancta Cruz, de Campero, y de la Ribera de Zadarra, y fueron sus hijos el Conde de Orgaz y doña Inés de Toledo, madre de la abadesa presente. Por los señores de Higares y por la casa de los de Pinto. Pedro Suárez, señor de Casarrubios, tuvo por hija a Doña Teresa de Toledo, señora proprietaria de Pinto, mujer de Fernandálvarez de Toledo, señor de Higares. Fue su hijo Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, marido de Doña Leonor de Guzmán. Deste matrimonio nacieron Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y su hermana la sancta abadesa. Casó Doña Leonor con Alonso Carrillo de Castilla, señor de Miedes y Mandayona, camarero del rey Don Juan el II y su gran privado. Fue su hijo Gómez Carrillo, señor de Pinto, y Doña Leonor Carrillo, que casó con Don Alvar Pérez de Guzmán, señor de Orgaz y de Sancta Olalla, ter- [fol. 81v] cero abuelo de Doña Juana de Toledo, la última abadesa, que es por estas dos líneas de Toledos cuarta generación de Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, hermana de la beata Doña María, primera abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas señoras son las conservadoras del celo que con secreta virtud dejó como infundido en los fundamentos desta casa su beata fundadora, y que perpetuamente por su protección durará para gloria de Dios y ejemplo de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo he hecho relación sencilla de lo que no tenía necesidad de más adorno que su verdad. No he alabado sino venerado lo que sinceramente he escrito. Que la alabanza nunca es de estima sino cuando la da quien la tiene ''[128]'' y para la desta bienaventurada necesaria era la elocuencia de quien lo fuese en quien ni la sospecha de lisonja, ni la falta de palabras pudiera menoscabar el crédito de su verdad. ''Vos, beata señora, y riquísima Pobre, que os habéis dignado de mi atrevimiento, llevad por vos adelante el fructo de mi voluntad; maravillando de nuevo a los que se sintieren en sí por medio de instrumento tal inútil. La Ciudad, que se gloria de vuestro nacimiento pri-'' [fol. 82r] ''mero, experimente en vuestra protección las glorias que tenéis en el segundo. Dignad los ojos dignos ya de solo Dios a los que en vos, como medio eficacísimo para él, los ponemos. Y alcanzádnos de quien tenéis por tan vuestro vuestra imitación en esta vida para su servicio y en la otra su gloria para vuestra compañía''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo que aquí o en otra parte he dicho o diré sujeto a la corrección de la Sancta Iglesia Apostólica Romana, como a cabeza y madre de la fe que los cathólicos profesamos, y al juicio de los sencillamente doctos. En Toledo, en mi estudio, día primero de la Pascua de la Resurrección del Señor de MDCXV. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por:&lt;br /&gt;
Don Tomás Tamayo de Vargas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Paratextos:]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura del Don Francisco de Pisa, deán de la facultad de Theología y Doctor en ambos derechos, etc. Historiador de la ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto y leído los tres libros intitulados ''Vida de doña María de Toledo Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, primera Abadesa de Sancta Isabel de los Reyes de esta ciudad, escrita por el Doctor Don Tomás Tamayo de Vargas'' y aseguro, como christiano, que es una de las cosas mejor escritas que hay en España y que es gran maravilla que persona de tan poca edad como su auctor y tan divertida en tanto estudios como son las lenguas, la humanidad, las historias estranjeras y nuestras, la Theología y Sagrada escriptura, pueda cumplir tan eminentemente en cada una, como sino tratara de otra, como tantas veces yo tengo experimentado. Y juzgarán todos los que vieren sus libros, tan llenos de erudición rarísima, y la obra presente tiene tanto de doctrina como de espíritu, que no admira a menos que enseña. Y es muy buena muestra de la historia de la Iglesia Sancta y Arzobispos ilustrísimos de Toledo con que quiere ilustrar a su patria esta relación de la vida admirable desta señora, que dejó las riquezas del mundo por ser pobre riquísima de Dios y no tenemos que tener otro ejemplo de bien hablar, divulgándose esta obra. Esto juzgo, y que no tiene cosa alguna contra la fe o buenas costumbres, antes ser muy útil y provechosa para cualquiera género de gente, y que se le debe dar la licencia que pide. En Toledo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Don Francisco de Pisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] “De Signis Ecclesiae Dei. De Origine seraphica religioni, folio DCXXXVI”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En la Crónica de Francesco Gonzaga se encuentra bajo el título “De monasterio Clarisarum S. Elisabetha Regina Toleti”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] “Capítulo XIII. Libro III., y sin nombre de auctor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] “Capítulo XIX, libro I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] “Exodus XXII-XXXI”. La traducción es “Hombres santos seréis para mí”. La cita: “Viri sancti eritis mihi carnem quae a bestiis fuerit praegustata non comedetis sed proicietis canibus” / “Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros” (Éxodo 22:31, las traducciones al castellano proceden de la Biblia de Jerusalén).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] “Leviticus XI-XXIX. XXXXVI”. El texto de las Escrituras dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. La cita de Levítico 11, 45 dice: “ego sum Dominus qui eduxi vos de terra Ægypti ut esem vobis in Deum sancti eritis quia et ego sanctus sum” / “Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo”. La cita a la que parece hacer referencia el texto podría ser: “ego enim sum Dominus Deus vester sancti estote quoniam et ego sanctus sum ne polluatis animas vestras in omni reptili quod movetur super terram” / “Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo” (Levítico 11, 44) o más probablemente: “loquere ad omnem cœtum filiorum Israël et dices ad eos sancti estote quia ego sanctus sum Dominus Deus vester” / “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19, 2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum LXXXVII”. El texto bíblico dice: “Guarda mi alma, porque yo soy santo”. “Custodi animam meam quoniam sanctus sum salvum fac servum Tuum Deus Meus sperantem in te” (Liber Psalmorum 85, 2) / “Guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios” (Salmos, 86).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] “Liber Epistula ad Romanos, I, VIII-XXVIII”. El texto bíblico dice: “Los que son llamados santos”. La expresión “vocatos sanctos” puede proceder de otros libros de las Escrituras (Efesis 1, 3-4; o Timoteo 1, 6-11), aunque es más probable que sea una cita de la tradición exegética del pasaje señalado por el autor: “Scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum his qui secundum propositum vocati sunt sancti” / “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Romanos, 8, 28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] “Seneca, liber I, De Ira, capitulum XII”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] “Liber Genesis capitulum IV. Beda in Genesim. Petrus Comestor in initium Historiae Scholasticae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] “Liber I Paralipomenon [Libro de las Crónicas I]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] “Liber Ieremiae, XXXV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] “Liber I Regum, X. Nicodemi, Literae in Liber Preg.; Thomas Vvaldensis, tomus I, liber. IL, capitulum IV; Hieronymus, Epistula ad Rusticum Monachum, Ecclesiasticus XLVIII; IV Liber Regum, VI; III Regum, IV”. Aquí hay un error de cita, se refiere al Capítulo IV del segundo libro de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] “Hieronymus epistola exhortatio ad Paulus, XXXV; Isidorus, capitulum IX, liber II, De Oficiis; Dominus Thomas II. II quaestio LXXXVIII; Alvarus Pelagius, Epistula Silu., liber II, De plan; Liber Ecclesiastes, LVI; Casianus, Collationes patrum, XVILI, capitulum V; Eusebius, II Historia Ecclesiastica, capitulum XVII; Rufinus, liber X, Historia Ecclesiastica; Theodorus, liber L, capitulum VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [N. al m.] “Actor. IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [N. al m.] “Dionysius Areopagita, De Ecclesia Hierarchia. De Coelesti Hierarchia]; Cast. adver. haere. lib. LIV; Tertulianus, De velandis virginibus; Ambrosius, De institutione virginis; Eusebius, in Vita Constantini”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [N. al m.] “Athanasius in Vita beati Antonii abatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [N. al m.] “Gregorius Nazianzus in Oratio Basil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [N. al m.] “Augustini VIII Confesiones, capitulum VI; Antonius III, Patrologia, titulus XXIV. capitulum XVI; Gregorius, liber II Dialogi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' [N. al m.] “Sanctus Bernardinus, De sacra religione, capitulum II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [N. al m.] “† MCCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Error: aquí se repite la numeración con el número 4, pero corresponde al folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [N. al m.] “Gonzaga, De origine Ser aphica Religionis Franciscana; Hieronymi Plati, De bono status religiosi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [N. al m.] “Hieronymus ad Eustochius” [Eustachius].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [N. al m.] “Tacitus, in VI De vita Lulii Agricolae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [N. al m.] “Horatius”. Probablemente se refiera al verso “Fortes creantur fortibus et bonis” de la Oda IV del Libro IV de Odas de Horacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [N. al m.] “Euripides in Hecuba; Ovidius Metamorphosis XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [N. al m.] “Plinius In prooemium Historiae Naturalis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' [N. al m.] “Pedro de Alcozer, libro I de la Historia de Toledo, Capítulo LXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [N. al m.] “Ambrosio de Moral en las Antiguedades de las ciudades de España”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [N. al m.] “Philipus Bergomas, in Suplementum Chronicarum; Bartholomeus Platina, in Vita Pontificum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [N. al m.] “Aporte en su nobleza Don Fray Prudencio de Sandoval en esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [N. al m.] “I”. A partir de aquí marca con números los primogénitos de cada una de las generaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [N. al m.] “II”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [N. al m.] “III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [N. al m.] “IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [N. al m.] “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [N. al m.] “De adonde tuvo principio el proverbio commún, no por el huevo sino por el fuero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' [N. al m.] “VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' [N. al m.] “VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [N. al m.] “VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [N. al m.] “Año de MCCLXXXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [N. al m.] “IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [N. al m.] “X”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [N. al m.] “La Chrónica de Sanctia, Capítulo XXXVI. Año de MCCC [LX VI]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [N. al m.] “Año de MCDXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [N. al m.] “XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [N. al m.] “La Chrónica del Rey Don Juan el II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' [N. al m.] “XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [N. al m.] “Pedro Alcozer, libro Capítulo XXXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [N. al m.] “Ambrosius, in Expositio Evangelii secundum Lucam”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [N. al m.] “Naumachia, apud Stob. sermo LXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [N. al m.] “Ambrosius, de Vid”. Probablemente se refiera al De Virginibus de Ambrosio de Milán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [N. al m.] “Liber Iudicum I, XXX, VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [N. al m.] “Evangelium secundum Lucam II, XXX, VI”. El texto dice: “Et erat Anna prophetisa filia Phanuhel de tribu Aser hæc proceserat in diebus multis et vixerat cum viro suo annis septem a virginitate sua”; “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido” (Lucas, 2, 36)].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [N. al m.] “Daniel, XIII, LXVIII”. La referencia al versículo es un error (sólo hay 64 en este capítulo), pero la alusión a Daniel 13 en general es apropiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' [N. al m.] “Augustinus, De Sancta virginitate, capitulum XIII, tomus VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [N. al m.] “Éstas aconsejaba Pythágoras a las matronas Crotonienses. Justinus, Liber II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [N. al m.] “Gregorius Nazanzius, in Carmina ad Olympo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [N. al m.] “Juan le llama el libro antiguo de mano, pero los impresos le dan este nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [N. al m.] “Fray Marcos de Lisboa desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte; Fray Francisco Gonzaga, III parte de Origine Seraphica Religionis Monasterium I fol. de XXXVI; Fray Pedro de Salazar, II versión de la Chrónica de la Provincia de Castilla, desde el Capítulo CXXIV hasta el XXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' [N. al m.] “Capítulo IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [N. al m.] “Beatus Gregorius, liber XXVIII Moralia in capitulum Iob. Moralia in Job, XXXVIII. Isidorus, liber VII, Etymologiae, CVIII; Chrysostomus, liber De incomprehensibili Dei natura, homilia IV; Augustinus, in Evangelium Ioannis XII tractatus, IV; Bernardus, Sermo V ad fratres; Clemens Romanus VIII, Constitutiones, Capitulum II; Anathasius, Epistula quaestio XXXII; Ignatius Antiochus, homilia LXXXIV, De insonis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [N. al m.] “&amp;quot;Deus meus, et omnia&amp;quot;, Beatus Franciscus”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Inicial invertida por error de imprenta: uno lee “Weve”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [N. al m.] “Beatus Ignatius, Epistola ad Romanos, XII; Beatus Bernardus, Sermo XXII, in Canticum canticorum; Beatus Augustinus, Sermo XIX, De sanctitate/De sanctis, tomus X. No habiendo encontrado la edición de los sermones de San Agustín que el autor usó, y teniendo en cuenta las variaciones de cifras, es difícil saber si hace referencia a “De sanctitate” o a “De sanctis”; Beatus Bernardus, Sermo XLIII, in Canticum canticorum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [N. al m.] “Cornelius Nepos, La vita Atici”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, CXLVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “Siete qüentos”, es decir, siete millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [N. al m.] “MCDLXXVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [N. al m.] “MCDLXXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [N. al m.] “MCCXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [N. al m.] “MCCXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [N. al m.] “MCCXLIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [N. al m.] “MCCXC”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [N. al m.] “MCDXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [N. al m.] “MCDLXXXLV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXV; Origenis, Homilia XXIV, in Numeri; Augustinus, Sermo LXI, De tempore; Tertulianus, Adversus Psychicos, capitulum XI. Probablemente se refiera a De ieiunio adversus psychicos]; Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum; Augustinus, Epistola XLVI ad Arm. et Paulinus; Liber Ecclesiastes, VIII; Epistula I ad Timotheum, V, XII. “Habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt”; “e incurren así en condenación por haber faltado a su compromiso anterior” (1 Timoteo, 5, 12); Epistula ad Ephesios V, XXXII; Fulgentius, De Fide ad Petrum, capitulum III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [N. al m.] “Augustinus, tomus IX Sermo De obedientia et humilitate, capitulum I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [N. al m.] “Augustinus, XIV De Civitate Dei, capitulum XLI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [N. al m.] “Auctor Vitae Patrum, pars II, capitulum CXXXL”. O bien CXXXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' [N. al m.] “Epistula ad Philipenses II, VLII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [N. al m.] “Ambrosius, Sermo XX, in Psalmos davídicos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula Ad Philipenses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [N. al m.] “Bernardus, De grad. hum. De Gradibus Superbiae et Humilitatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [N. al m.] “Idem, De praecepto et dispensatione”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [N. al m.] “Basilius, II Liber Consuetudinum Monasticarum, CXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula VIII ad Demetriadem”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [N. al m] “Hieronimus, epistula I ad Heliodorum, capitulum II; Epistula II ad Corinthios, VI, X”. El texto dice: “Quasi tristes semper autem gaudentes sicut egentes multos autem locupletantes tamquam nihil habentes et omnia posidentes”; “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (II Corintios, 6, 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [N. al m.] “Valerius Martialis, liber IV capitulum IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [N. al m.] “Minutius Felix in Octavius”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum XXIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [N. al m.] “Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' Aquí hay una nota al margen ilegible, probablemente una cita bíblica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [N. al m.] “Gregorius Nysenus, Oratio Catechetica Magna, capitulum XXXVI, apud XXX Panoplia, parte II, III, XXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Nota al margen ilegible. Teniendo en cuenta el cuerpo del texto, podría hacer referencia a la parábola evangélica de la levadura, pero tal pasaje aparece en el Capítulo 13, tanto de Mateo como de Lucas. Aquí, sin embargo, la nota indica el Capítulo 6 de algún otro texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [N. al m.] “Juvenal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [N. al m.] “Liber Exodus, XVI, XXV”. El texto dice: “Dixitque Moses comedite illud hodie quia sabatum est Domino non invenietur hodie in agro”; “Dijo entonces Moisés: “Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yaveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (Éxodo 16, 25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [N. al m.] “Liber Sapientae, XVI, XX”. El texto dice : “Pro quibus angelorum esca nutristi populum tuum et paratum panem e caelo praetisti illis sine labore omne delectamentum in se habentem et omnis saporis suavitatem”; “En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos” (Sabiduría, 16, 20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [N. al m.] “Bonaventura, in Vita Sancti Francisci, capitulum XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [N. al m.] “Hier. Bedul. in comm. log. D Francisc. &amp;amp; lib. I. Apolog. ca. XVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' El autor escribe “afligada”, forma que aparece en escritos medievales castellanos, catalanes y occitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' Probablemente Juan de Alagón, como figura en otras crónicas de la época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' Pedro de Alcocer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [N. al m.] “MDCXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [N. al m.] “MDCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXXI-XVIII”. El texto dice: “Benedictus Dominus Deus Deus Israhel qui facit mirabilia solus”; “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!”, (Salmos 72, 18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [N. al m] Aug. In did.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [N. al m] “Evangelium secundum Ioannem, III, XXVII”. El texto dice: “Respondit Johannes et dixit non potest homo accipere quicquam nisi fuerit ei datum de cælo”; “Juan respondió: &amp;quot;Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (Evangelio de Juan, 3, 27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [N. al m.] “Phil. IV. XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXVII, XXXVI”. El texto dice: “Mirabilis Deus in sanctis suis Deus Israël ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suæ benedictus Deus”; ¡Temible es Dios en su santuario! Él, el dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!” (Salmos 68, 36). La traducción de la Biblia de Jerusalén opta por “temible es Dios en su santuario. En cambio, parece que Tamayo de Vargas entiende esta cita de manera literal como “Maravilloso es Dios entre sus santos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [N. al m.] “Actorum [acta apostolorum], V, XV; XIX, XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [N. al m.] “Acto. Sermo LXXX in Cant; Petrus Damianus, De institutione monialis, cap. XV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' [N. al m.] “A no ser inspiración del Cielo, no se permitiera fácilmente tal honor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' Erisipela, enfermedad de la piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [N. al m.] “MDXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [N. al m.] “† Está en muchas la memoria deste gran caballero por las obras señaladas que en adorno y provecho de Toledo hizo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [N. al m.] “Nevius apud Cicero, liber V epitomes VI et XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c) y se han conservado los subrayados. Señalo también las columnas dentro de las páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136a] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136b] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137a] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Juntamos esta frase con la siguiente para facilitar la comprensión de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chronica de la santa provincia de Granada, de la regular observancia de Nuestro Seráfico padre San Francisco, dedicada al señor Don Juan Antonio de Contreras remírez de Arellano, alcayde perpetuo de las Fortalezas de Cambil, y Alhabar, del Consejo de su Magestad, su Alcalde de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada''. Madrid, Juan García Infançon, p. 836b-837b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes, aunque se conservan cultismos y la escritura de palabras como “mesmas”. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. En cuanto al grupo de sibilantes, se ha actualizado la -ç-, la -z- y la -ss-. La grafía x se ha actualizado como sonido dorsopalatal fricativo. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como la s y s larga (ſ). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV. Vida y muerte de la Hermana María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[836b] No siente las cadenas el cuerpo, ni el pie los grillos, mientras la criatura se halla arrebatada y como fuera de sí. Grillos insufribles y pesadas cadenas son, para la hermosura y gentileza airosa de la mujer, el vestir basta jerga o privarse de las ricas galas, que usan las de su estado y tiempo, componiendo lo decente con lo rico y primoroso de sus trajes, de donde se colige que, sin duda todas las Terceras, que serán asumpto a los siguientes capítulos de este tratado, vivían totalmente negadas a sí mesmas y arrebatadas del amor divino [837a] pues no sentían el vestirse de jerga unas y el despreciar vistosas galas otras. Empiezo, pues, su narrativa por la más notable, así en calidad y naturales prendas, como en humildes desprecios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana María la Pobre, llamada en el siglo Doña María de Toledo, fue hija de Pedro Suárez de Toledo ''[1]'' y Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto, ilustrísima sangre de Castilla, que conservan hoy las casas de los primeros señores de la Monarquía, con la grandeza de España que todas las más gozan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan amante de los pobres desde sus tiernos años, que su mayor delicia era el ver darles la limosna y ella la hacía con cuanto podía tornar de su casa. Este era su divertimiento y el irse a rezar al oratorio donde su madre oía misa, huyendo siempre las conversaciones de las otras doncellas y juegos que hacían las niñas de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amó tan de veras la castidad que nunca deseó más estado que el de religiosa. Mas sus padres, que miraban por la conservación de su casa, sangre y conveniencias, trataron de casarla con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, villa del territorio de la ciudad de Córdoba, cuyo título es hoy de Marqués y se halla en la grandeza que a todos consta. Resistía la santa doncella el nuevo estado, por ser contra su voluntad, mas dando la obediencia a Dios Nuestro Señor ''[2]'' en la de sus padres, consintió en los desposorios, que se celebraron con toda solemnidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a vivir al Carpio, donde, escogiendo por principal morada el convento de Nuestro Padre Seráfico Francisco del Monte, allí cercano, asistía muchas temporadas en el hospicio que se labró para los seglares bienhechores y devotos. Comunicaba las cosas de espíritu con aque- [837b] llos anacoretas franciscanos y, hallándose fervorizada, tomó el hábito y profesó de Tercera, siendo hija de aquel santuario en la nueva vida ''[3]'', y así, en el lienzo de su claustro, que corresponde al patio de los aljibes, entre las pinturas al temple que le adornan, está la primera Santa Clara, como capitana, a quien sigue su coro de vírgenes, siendo la inmediata Sor María la pobre, cuya profesión de la regla de Santa Clara y cuyas heroicas virtudes tuvieron origen en este convento, pues aquí dio a nuestra religión los primeros pasos; los cuales adelantó después de viuda en Toledo, cuyas heroicas acciones, como fueron ser causa de que se instituyese el Santo Tribunal de la Inquisición de España, fundar el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en la Ciudad Imperial, su patria, donde murió profesa, y todo el ejemplar resto de su vida, lo refieren Gonzaga y Fray Marcos de Lisboa, donde se podrá ver ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Natural de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Nota al margen] Cásase con el Señor del Carpio.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[3]'' [Nota al margen] Toma el hábito de Tercera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [Nota al margen] Gonzaga, 3a parte, Provincia de Castilla, Monasterios. Lisboa, ''Chrónica'', 3 parte, libro 8, capítulo 16.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz&amp;diff=712674</id>
		<title>María de Santa Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz&amp;diff=712674"/>
				<updated>2026-02-07T19:25:11Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|right|María de Santa Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del monasterio de San Miguel de los Reyes&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1504&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 6r-7r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 6r] ''[1]'' La ilustre madre y sierva de Dios doña María de Santa Cruz fue fundadora del Convento de religiosas de San Miguel de los Ángeles de la ciudad de Toledo, y habiendo quedado viuda de don Diego López de Toledo, se encerró con las religiosas de su convento que había fundado, e hizo su profesión como se estilaba en él desde sus principios. Fue esta señora, según lo natural, de noble sangre y, como tal, emparentada con las casas ilustres de los Zapatas, Silvas y Toledos, de cuyos linajes recibió muchas religiosas en los primeros años de este convento. Siendo seglar vivía muy atenta al bien de su alma y sin faltar a las obligaciones precisas de casada. Estudiaba cómo darse a Nuestro [fol. 6v] Señor con todas veras y, desde este tiempo, se empleó mucho en el ejercicio de la santa oración, en que recibió del Señor muchos y singulares favores. Entre los cuales fue muy digno de ponderación una visión o revelación que tuvo, y fue la que la dio motivo a la fundación de este convento: estaba en oración esta sierva de Dios y mereció que se le apareciese Cristo Señor Nuestro cargado con una muy larga y pesada cruz. Quedó con esta visión quebrantada interiormente, viendo a su Dios tan afligido, y preguntándole dónde iba con tan terrible peso, la respondió: “A decirte que me ayudes a llevar esta cruz y, si te juzgas de pocas fuerzas para tal empresa, busca gente que contigo me ayuden a llevarla”, y, dicho esto, desapareció la visión. La sierva de Dios entendió que ayudar al Señor a llevar su cruz era llamarla al estado de religiosa por que Él buscase gente para el mismo efecto, fundar de sus bienes algún monasterio en que almas santas siguiesen a Jesucristo por el camino de la cruz y, así como lo entendió, lo puso luego por obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta visión está pintada de muy buena mano en una pared de este convento, en una celdilla que acaso fue de su ilustre fundadora. Está en esta devotísima imagen pintado Cristo Señor Nuestro con mucha fatiga y le acompañan ocho personajes: uno en hábito de viuda, que es la sierva de Dios; luego, el maestre escuela don Francisco Álvarez, su cuñado, que fue ampliador de este convento; un religioso bernardo hermano de la dicha doña María y cinco religiosas en el hábito que entonces usaban, que fueron las primeras plantas de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dándose por entendida de esta visión la sierva de Dios tomó el hábito e hizo profesión en el mismo convento el año de 1493. Luego fue elegida por abadesa, siendo custodio de la Custodia de Toledo el venerable padre fray Diego de Balcázar, y fue la primera que se intituló abadesa porque, hasta entonces, se llamaba madre la prelada y no abadesa. Viéndose en la prelacía puso [fol. 7r] todo su estudio en arreglar el convento en todo género de observancia, siendo la primera en los actos de comunidad y en todas las obras penales de mortificación y ejercicio de las demás virtudes. Durole el oficio de abadesa once años y pasó al Señor en el de 1504. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1504.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, 1554, fols. 110v [108v] col. b – 110r [108r] col. b ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de la Santa Cruz se integra en el decimoséptimo capítulo, en el que se ilustra la fundación del monasterio de San Miguel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por tanto, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se conservan las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santa Cruz ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo XVII ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de San Miguel de los Reyes, y de su fundación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110v col. b] El quinto monesterio de la Orden de San Francisco y el tercero de los que militan debaxo de la regla de Santa Clara es el monesterio de San Miguel de los Reyes, el cual fue en su principio fundado y dotado por Diego López de Toledo, regidor de esta ciudad, hermano de Fernández Álvarez de Toledo, secretario de los Reyes Católicos, el cual, juntamente con María de Santa Cruz, su mujer, siendo devotos de esta Orden del glorioso San Francisco, no teniendo hijos, determinaron de hazer un monesterio de esta orden a quien dexassen toda su hazienda. Y assí lo pusieron en su vida por la obra, que, comprada una casa enfrente de la suya (que es adonde agora está la portería), pusieron en ella siete religiosas de la Tercera Regla de San Francisco, a las cuales ellos mantenían y daban todo lo necessario. Y esto duró hasta el año del Señor de 1491 años, que murió el dicho Diego López. Y la dicha María de Santa Cruz, desseando poner en obra su desseo (assí como en vida lo tenían los dos acordado), passó a su casa las dichas religiosas y cumplién- [fol. 110r col. a] dolas a doze de otras donzellas, de padres honestos y de buenas costumbres, se encerró con ellas en su casa adonde hizo iglesia que, aunque pequeña, era muy devota, en la cual estuvieron estas religiosas sin hazer professión en ninguna orden, viviendo debaxo de regla voluntaria hasta el año del Señor de 1514 años, que, estando aquí fray Francisco de los Ángeles, general de la Orden de San Francisco (que fue después cardenal), hizieron professión en la estrecha Orden de Santa Clara, en el cual tiempo era ya muerta la dicha María de Santa Cruz, que murió santamente en el año del Señor de 1504. La cual sostuvo en el dicho monesterio doze religiosas, con la dotación que en ella consigo metió, y dexó ordenado que dende en adelante para siempre se recibiessen cinco religiosas de honestos padres y de aprobada vida y gran recogimiento sin dote ninguna. Y después, don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela de Toledo, les hizo donación de su casa propia, que es enfrente de la Iglesia de San Salvador, adonde estas religiosas se pudieron estender y recebir más monjas. Y aun de más de esto, el dicho maestrescuela, desseando adelantar esta casa de religión, de que su hermano había sido fundador, les compró las casas que fueron de Juan de Ayala, señor de Cebolla, y otras cercanas a ellas que estaban enfrente del dicho monesterio, de las cuales les hizo donación y de otra mucha cuantía de maravedís para la labor de ellas, lo cual se compró de juro con que se labró en algunos años. Y se quedó el dicho juro para el monesterio, el cual siendo acabado de la manera que hoy [fol. 110r col. b] está, estas religiosas se passaron a él el día del mártir San Lorenço, del año del Señor de 1529 años, adonde agora están viviendo con tanto recogimiento y honestidad que pueden ser exemplo a otras religiosas de España. Están sepultados estos religiosos fundadores de esta casa de religión juntamente con don Bernardino Çapata, maestrescuela de Toledo, en la capilla mayor de ella.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CX cuando debería ser CVIII.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de la vida pobre</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la vida pobre|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la vida pobre&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || Jurisdicción metropolitana&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del monasterio de la vida pobre&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Segunda mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz María González-Díaz]; fecha de edición: enero de 2021.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 117v col. a – 117v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. Concretamente, la vida de “María de la vida pobre” aparece en el trigésimo segundo capítulo, en el cual se ejemplifica la fundación del monasterio de “la vida pobre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo. Sin embargo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, con el objetivo de facilitar la localización del texto, se ha indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la vida pobre==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 117v col. a] […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXII===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio llamado de la vida pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo monesterio es el que llaman de la vida pobre, adonde hay religiosas de gran recogimiento, el cual fue en su principio fundado por una religiosa de grande humildad llamada doña María de la vida pobre. El cual apellido hubo porque, aunque fue rica como hija bastarda que algunos dizen que fue del rey don Fernando de Portugal o según otros del antiguo solar de Toledo, fue tan humilde y caritativa que, primero que escogiese este santo estado de religión, repartió todo lo que tenía a los pobres. Y no quedándole cosa que dar, se encerró primero con otra religiosa de su misma condición en una pequeña casa que está enfrente de adonde estas religiosas [fol. 117v col. b] agora viven. Y no mucho después, como se juntaron con ella algunas religiosas amigas y seguidoras de la pobreza en el año del Señor de 1493 años, se mudaron a las casas donde agora están, de las cuales le hizo donación Mari Díaz de Segovia. Las cuales casas le dio con condición que se llamassen de la vida pobre y de Illescas, y en estas dichas casas han morado y moran estas religiosas en gran conformidad y recogimiento.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mari_Gonz%C3%A1lez&amp;diff=712672</id>
		<title>Mari González</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|Mari González|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Mari González&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscana]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora y priora del monasterio de Santa Ana&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Segunda mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz María González Díaz]; fecha de edición: enero de 2021.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110v [109v] col. a – 110v [109v] col. b [1].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. Concretamente, la vida de Mari González se encuentra en el decimonoveno capítulo, donde se explica la fundación del monasterio de Santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, bd/ud, empleo de h, simplificación de grupos consonántico –ct-, etc.), etc.) a excepción de las grafías de las sibilantes, las cuales se han conservado por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, se ha respetado la morfología de la palabras con interés morfológico o fonológico (“monesterio”, etc.). Asimismo, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“dela”, “desta”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. Del mismo modo, se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. Por último, para facilitar la localización del texto, se ha indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Mari González==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110 v col. a] […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XIX===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Ana, y de su principio y fundación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El séptimo monesterio que de la Orden de San Francisco en esta ciudad se fundó es el de las devotas religiosas de monesterio de Santa Ana, que son de la tercera regla de San Francisco con clausura y encerramiento, el cual, aunque tuvo assí como los otros humilde y pequeño comienço, es hoy muy honrado y tenido en veneración por el honesto vivir de las religiosas que en él están. El cual tuvo este principio: una beata religiosa llamada Mari Gonçález, mujer de buena vida y santos desseos, viviendo religiosamente atraxo con su exemplo a otras algunas que se juntassen con ella. Con las cuales, viviendo del trabajo de sus manos, moraron primero en las casas del Duque de Maqueda, en un pequeño aposento que allí les dieron, de adonde desde a pocos días se mudaron a otra casa enfrente de Santa María la Blanca. Y antes que a esta casa viniessen, un padre provincial de esta orden llamado fray Juan de Marquina, conociendo el casto vivir de estas religiosas que ya eran seis, les dio licencia para que se pudiessen ayuntar en congregación y que la dicha Mari Gonçález fuesse su madre y gobernadora, y esto fue año del Señor de 1513. Y en esta [fol. 110v col. b] su segunda casa recibieron otras algunas religiosas, y con lo que estas truxeron de dote y con el trabajo de sus manos no solo se mantuvieron, mas ayudadas de la gracia divina pudieron comprar las casas que llamaban de la rica hembra, adonde se passaron año del Señor de 1521 años en el mes de mayo, adonde labraron iglesia y tomaron clausura y encerramiento honesto y recogido con gran conformidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, ya que aparece como CX cuando debería ser CIX.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Guiomar_de_Meneses&amp;diff=712671</id>
		<title>Guiomar de Meneses</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|Guiomar de Meneses|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Guiomar de Meneses&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Estado || Mujer casada&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Título || Fundadora del monasterio de Santa Mater Dei y del Hospital de la Misericordia&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento|| ¿Primera mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || ¿Segunda mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, 1554, fols. 118v [116v] col. b – 120r [118r] col. a ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Guiomar de Meneses se integra en el trigésimo tercer capítulo, en el que se habla sobre el monasterio de las beatas que llaman Santa Mater Dei y, más adelante, en el capítulo trigésimo séptimo, en el que se ejemplifica el comienzo del Hospital de la Misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Se han conservado, también, Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Guiomar de Meneses==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXIII===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de las beatas que llaman Santa Mater Dei'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 118v col. b] El monesterio de religiosas llamado Santa Mater Dei, que vulgarmente llaman las Beatas de Lope Gaytán, fue en su principio fundado por doña Yomar de Meneses, mujer de Lope Gaytán, que, conociendo la santidad de la dicha su mujer, la dexó al tiempo de su finamiento por su universal heredera para que ella, como tal, los repartiesse y distribuyesse, según entre ellos se cree que lo tenían platicado y comunicado. Y esto hizo el dicho Lope Gaytán (no obstante los pleitos que sobre ello había tenido y tenía con algunos de sus parientes que pretendían tener derecho a mucha parte de su hazienda, según después pareció), ''[2]'' en que la dicha doña Yomar (por descargo del alma de su marido y suya) restituyó a Gonçalo Gaytán, sobrino del dicho Lope Gaytán, todo el mayoradgo que hoy possee Luis Gaytán, casándole con doña Blanca, su sobrina, con que todos los pleitos que antes tenía [fol. 118r col. a] cessaron. Y esto acabado, siendo esta doña Yomar muy católica cristiana, distribuyó los bienes que le quedaron de esta manera: dio a los frailes observantes de la Orden de San Francisco y a fray Alonso de Borox, su reformador, una casa y una heredad que tenía en la Bastida, a la parte meridional de esta ciudad, adonde estos religiosos primero assentaron; dio a los religiosos ''[3]'' de San Pedro mártir la dehesa que llaman la torre de Fernán Gudiel para curar los enfermos del dicho monesterio y para una capellanía; fundó también el Hospital de la Misericordia, dotándole de gran parte de su hazienda, como luego diremos. Y demás de estas santas obras, fundó esta señora en su vida el monesterio de estas devotas religiosas de Santa Mater Dei, que quiso que viviessen debaxo de regla voluntaria, porque vido la dissolución de algunas religiosas de su tiempo, y primero las puso en una casa, cerca de Santa Leocadia, de adonde por la estrechura que tenía las mudó a las casas donde agora están, que era parte de las suyas, y otras que compró en que metió 13 honestas religiosas y las dotó de la dehesa de los Álamos y de otras cosas, en el cual monesterio viven estas religiosas con grande honestidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVII===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del Hospital de la Misericordia, y de su comienço'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 120r col. a] El tercero hospital de esta ciudad, y en el que reluze mucho la caridad, es el que llaman de la Misericordia, y con muy justa razón según la que de contino en él se haze. El cual fue en su principio fundado en el año del Señor de 1445 años por la católica doña Yomar de Meneses, mujer de Lope Gaytán, de quien ya habemos hecho relación, la cual con gran caridad fundó este hospital en sus propias casas, como queda dicho. Aunque poco antes de esto, algunos buenos hombres, movidos con caridad, habían puesto en la casa de uno de ellos algunas camas en que curaban los que podían por amor de Nuestro Señor. Lo cual, visto por esta santa mujer, y que estos hombres por su necessidad no podían llevar adelante este propósito, fundó el dicho hospital en sus casas propias, como queda dicho, y dotole lo mejor que ella pudo dándole la dehesa de Bujaçadán y Gallegos, y los molinos y batanes de Solanilla y otras muchas cosas. Lo cual se ha en gran manera después acá acrecentado, porque otras algunas personas, viendo las buenas obras que [fol. 120r col. b] en este hospital de contino se hazen, le han dotado de otras muchas tantas ''[4]'' y posessiones. Ansí para la cura y remedio de los pobres que en el ala continua se curan, que son muchos, como para casamiento de huérfanas pobres que en él cada año se casan, en que se gasta toda la limosna que para ellos está diputada, que es en mucha cantidad conforme a la voluntad de los que lo han dexado. Y las cosas del dicho hospital son regidas y administradas santa y sabiamente por cincuenta y dos nobles varones que llaman Hermanos, que tienen cargo de su continua administración y acrecentamiento, sirviendo cada uno de ellos su semana por orden, los presentes por los ausentes, en la cual cada uno tiene grande y especial cuidado de los pobres que hay en el dicho hospital, procurando que sean curados con gran regalo y que les sean administradas todas las cosas convenientes a su salud en que se haze gran servicio a Nuestro Señor y gran bien a los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CXVIII cuando debería ser CXVI y CXX cuando debería ser CXVIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Paréntesis añadido, pues no aparecía el del cierre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original: “religioso”, se ha subsanado la errata para mantener la concordancia de número. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Figura en el texto original: “tentas”, se ha subsanado la errata.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712670</id>
		<title>Descripción de las fuentes impresas</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712670"/>
				<updated>2026-02-07T19:23:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;* [[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]] ''de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Catorce vidas de santas de la orden del Císter]]. ''Escríbelas doña Ana Francisca Abarca de Bolea, Mur y Castro, monja profesa del real monasterio de Santa María de Gloria, en la villa de Casbas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Flos santorum: La vida de nuestro señor Iesu Christo y de su santissima Madre]]'' y de los otros santos segun la orden de sus fiestas: aora de nueuo corregido y emēdado, y añadidas algunas vidas de santos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Discursos ilustres, históricos, i genealógicos.]]'' A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Francisco de Vivar]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Ristretto delle vite de gli Huomini, e delle Donne Illustri in Santità]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia del Convento de San Agustín de Salamanca]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Orden de los Ermitaños del glorioso padre Sancto Agustín de fray Jerónimo Román]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Este devoto libro se llama carro de las donas. Trata de la vida y muerte del hombre christiano]]. ''Es intitulado a la christianíssima reyna de Portugal doña Catherina, nuestra señora. Tiene cinco libros de grandes y sanctas doctrinas de Francesc Eiximenis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda parte del nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España de Alonso López de Haro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes de Juan Pérez de Moya]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla de Luis de Miranda]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco de Alonso de Torres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]], de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encargadas de las descripciones de los textos impresos: [http://visionarias.es/equipo/beatriz-bienvenida-morillas/ Beatriz Bienvenida Morillas], [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz] y [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]. Coordinación de [http://visionarias.es/equipo/pablo-acosta-garcia/ Pablo Acosta García].&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Catalina_de_la_Fuente&amp;diff=712669</id>
		<title>Catalina de la Fuente</title>
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				<updated>2026-02-07T19:22:41Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|Catalina de la Fuente|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Catalina de la Fuente&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del monasterio de San Antonio de Padua&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Segunda mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz María González-Díaz]; fecha de edición: enero de 2021.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Francs 5 Catalina de la Fuente.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [109r] col. b – 110v [109v] col. a [1].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo''. Concretamente, la vida de Catalina de la Fuente se encuentra en el decimoctavo capítulo, en el cual se explica la fundación del monasterio de Santo Antonio de Padua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se ha modernizado la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, i/y, empleo de h, simplificación de grupos consonántico –ct-, etc.), a excepción de las grafías de sibilantes, las cuales se han conservado por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, se ha respetado la morfología de la palabras con interés morfológico o fonológico (“monesterio”, “agora”, etc.). Asimismo, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“dela”, “desta”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. Del mismo modo, se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. Por último, para facilitar la localización del texto, se ha indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Catalina de la Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110r col. b] […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XVIII===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santo Antonio, y de su fundación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sexto monesterio que de esta Orden de San Francisco hay en esta ciudad de Toledo es el de las religiosas monjas de Santo Antonio de Padua, que son de la tercera regla de San Francisco con clausura, el cual fue en su comienço fundado de religiosas sin voto ni clausura por una santa mujer llamada Catalina de la Fuente. La cual, siendo muy devota de esta religión, menospreciando el mundo, tomó el hábito juntamente con otras algunas religiosas que en esta santa obra la quisieron seguir. Y su primer asiento fue en las casas de su morada de esta santa mujer, que eran enfrente de la puerta de la iglesia de la Madre de Dios, adonde estuvieron estas religiosas manteniéndose de la dotación que la dicha Catalina de la Fuente les dio y de otros dotes que otras truxeron sin ninguna clausura hasta el año del Señor de 1525 años, que compraron las casas de Fernando de Ávalos, caballero natural y regidor de esta ciudad, adonde agora están. Y luego que a ella se mudaron, hi- [fol. 110v col. a] zieron en ella una iglesia muy devota y tomaron clausura y encerramiento muy entero y cumplido, adonde viven con gran bondad, recogimiento y conformidad.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, ya que aparece como cx cuando debería ser cix.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Beatriz_de_Silva&amp;diff=712668</id>
		<title>Beatriz de Silva</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Beatriz_de_Silva&amp;diff=712668"/>
				<updated>2026-02-07T19:22:13Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Campo_Maior]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ana_Francisca_Abarca_de_Bolea]]&lt;br /&gt;
[[Category:Marcos_de_Lisboa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_Pedro_de_la_Vega]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Vivar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Torres]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luis_de_Miranda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Beatriz_Silva_y_milagro_de_bula_papal.jpeg|derecha|Santa Beatriz Silva|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Beatriz da Silva&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas] y Orden de la Inmaculada Concepción&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja y fundadora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ca. 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || Agosto de 1491&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Campo_Maior Campo Maior], Portugal&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 17 de agosto, 1 de septiembre (para los franciscanos)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Culto inmemorial aprobado por Pío XI el 28 de julio de 1926&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de octubre de 1976 por el Venerable Pablo VI&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 27v-30v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz da Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 27v] ''[1]'' La venerable, ilustre y sierva de Dios doña Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora y del Convento Real de Toledo, de la misma orden, en la santa provincia de Castilla. Fue esta ilustrísima señora portuguesa de nación, de noble y esclarecido origen, hija del primer conde de Portalegre en aquel reino y hermana del bendito padre fray Amadeo, religioso de nuestro padre san Francisco y uno de los que, llevados del celo, dieron principio a las reformaciones de la orden. Esta noble señora pasó al reino de Castilla en servicio y compañía de la reina doña Isabel, hija de don Duarte, rey de Portugal, segunda mujer que fue del rey don Juan el Segundo y madre de la señora Reina Católica, doña Isabel, y como a parienta suya la trataba la reina. Entró doña Beatriz en palacio, no tanto por criada como por amiga y valida de la dicha reina. Era doña Beatriz muy hermosa y entendida, prendas que ocasionaron a muchos señores castellanos deseosos de que se la diesen por esposa la reina. Festejándola con diversos géneros de galanteos que, reconocidos de unos y otros pretendientes, deseando cada uno ser solo, no pocas veces redujeron a las almas el ajuste de sus competencias. A esto se juntó que la reina llegó a recelar que la hermosura y gentileza de doña Beatriz era más atendida del rey don Juan, su esposo, de lo que ella quisiera. Y, juzgando a doña Beatriz culpada en estos galanteos tan dudosos en la corte y celosa de que la mirara el rey con cariño con capa de pundonor de su palacio, encerró a doña Beatriz en una arca que para eso dispuso para quietar su enojo, donde la tuvo por espacio de tres días, sin comer ni beber ni que nadie entendiese adonde estaba. En este conflicto, la inocente doña Beatriz clamó al Cielo por el amparo de su inocencia y, valiéndose de la Virgen Señora Nuestra, de quien era especialmente devota, hizo voto de conservar en culto y reverencia suya perpetua virginidad si la libraba de tan estraño y conocido riesgo. Apareciósele Nuestra Señora en este conflicto en hábito blanco y con manto azul celeste y, dándose por servida del voto, la prometió su amparo y libertad, que consiguió luego sacándole la reina de aquella [fol. 28r] estrecha prisión con interior impulso. Y, viéndose doña Beatriz ya libre, considerando los riesgos a que estaba expuesta su vida, resolvió salir de la corte, que a la sazón estaba en Tordesillas, y huir con recato pasándose a Castilla la Nueva y, en ella, a la ciudad de Toledo, donde en un convento pasase su vida olvidada de lo terreno y no conocida del siglo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puso por obra esta determinación y, caminando a largas jornadas para Toledo, en el camino oyó una voz que la llamaba por su nombre en lengua portuguesa. Atendió a la voz y reconoció dos frailes menores que venían en su seguimiento. Asustose mucho imaginando vendrían enviados de la reina a detenerla y que acaso después de ellos vendrían ministros que la quitasen la vida habiéndola ya dispuesto los religiosos para la muerte. Llegaron los frailes, cuyas venerables presencias y benignas palabras la confortaron y quitaron todo el temor, asegurándole buen fin de su jornada y que había de ser madre de muchas e ilustres hijas. A que respondió doña Beatriz no ser así posible por tener hecho voto de perpetua virginidad. Mas los frailes la certificaron de su sucesión sin descrifrarla el misterio y, llegando a la primera posada, dando orden doña Beatriz a que se dispusiese refección para convidar a aquellos pobres religiosos caminantes, divirtiéndose algún tanto de asistirlos, no fueron más vistos ni hallados por diligencias que se hicieron. Con que reconoció la bendita doña Beatriz ser mensajeros celestiales y, a su juicio, san Francisco y san Antonio, sus especiales devotos, que Nuestro Señor se los había enviado para su consuelo en continuación de sus promesas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó a Toledo y eligió para su habitación el Convento insigne de Santo Domingo el Real de la Orden del Glorioso Patriarca Santo Domingo de la misma ciudad. Entró en él volviendo para siempre las espaldas al mundo y, dejando las galas de que usaba en palacio, tomó un traje, el más modesto que cabía en su mucha calidad. Y, reconociendo que la hermosura de su rostro la había sido ocasión a tantos disturbios, le condenó a perpetuo encerramiento, cubriéndole [fol. 28v] con un continuo velo sin el cual no se dejó ver de persona alguna, hombre o mujer, sino de una criada, que asistía a su servicio. En esta forma de vida religiosa en hábito de secular pasó doña Beatriz cuarenta años, estudiando como haría a Nuestra Señora un insigne servicio que fuese demostración de su agradecimiento. Y por ser devotísima del Misterio de su Concepción Inmaculada, discurría cómo podría dar principio en la Iglesia a una orden y religión de mujeres que, en reverencia de la pureza virginal de la Reina del Cielo, se consagrasen a Dios con votos solemnes. Apareciósele en este tiempo, segunda vez, Nuestra Señora en el hábito mismo en que se le había aparecido en Tordesillas y aprobó su buen deseo ofreciéndola toda su protección y amparo. Gobernaba esta monarquía en estos tiempos la Católica Reina, doña Isabel, hija de la otra Isabel y, por las noticias que había tenido de los sucesos, prendas ventajosas y mucha virtud de doña Beatriz, a quien reconocía por su deuda y, como a tal, la visitaba. Entre otras pláticas espirituales significó doña Beatriz a la reina los fervorosos deseos de su fundación y, como la santa reina era tan inclinada a gloriosas empresas, la ofreció todo su favor para el buen logro de su deseado fin. Para lo cual, la dio uno de los Alcázares Reales de Toledo, que se llamaban los Palacios de Galiana, de quien no pocas veces se hace mención en las historias de España. En estos palacios había una antigua capilla dedicada a la gloriosa virgen y mártir Santa Fe. Y, habiendo aceptado con muchas gracias la donación de la reina, dejando el Convento de Santo Domingo, entró en los Palacios Reales de Galiana, reducidos a forma de convento, en el año de 1484. Y, en su compañía, entraron doce doncellas principales que sacó consigo del Convento de Santo Domingo el Real. &lt;br /&gt;
Poco tiempo después, suplicó a instancias de doña Beatriz la Reina Católica al Sumo Pontífice, que era a la sazón Inocencio Octavo, confirmase este nuevo instituto y aprobase con sus letras este nuevo convento, y su santidad lo tuvo así por bien y expidió un breve, según la reina lo pedía, que comienza: “''Inter innumera Va. Dat. Roma. anno 1489. Pontificatus anno 5''”. En [el] cual concede su santidad que, en los palacios referidos, se erija un convento que se llame [fol. 29r] de la Concepción, con dignidad de abadesa, y que en él profesen, si quisiere, la dicha doña Beatriz y las demás que quisieren, que guarden clausura y la Regla del Císter y, al modo del Convento de Santo Domingo, que dicen el viejo, en la misma ciudad, que estén sujetas al gobierno del arzobispo de Toledo; que vistan hábitos y escapularios blancos y mantos azules, trayendo al pecho en el escapulario y en el manto sobre el hombro una imagen de Nuestra Señora; y se ciñan cuerdas de cáñamo según el estilo de los frailes menores; y que recen las horas del oficio divino de la Concepción, sino tales y tales domingos y fiestas; que ayunen los viernes y el Adviento y los ayunos de la Iglesia; que puedan comer carne, excepto los días referidos, y los sábados y miércoles; que las abadesas, según viesen convenir, puedan dispensar en estos ayunos que no son de la Iglesia; y, asimismo, en que puedan usar de lienzo las religiosas, y las demás cosas contenidas en el breve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Concedida esta ''bulla'' por Su Santidad, padeció naufragio en el mar el correo que la traía y, siendo informada de su mal logro la bendita doña Beatriz y, quebrantada con la pena de la pérdida de cosa que tenía tan deseada, recurrió con sus quejas a la Madre de Dios, y a este tiempo, meneando otros papeles que tenía en un escritorio, halló entre ellos la ''bulla'' traída a él como se reconoce por ministerio de los santos ángeles. Y se le apareció uno, que la llamó al torno en hábito y forma de un muy hermoso joven, el cual la informó por extremos de todo lo sucedido hasta aquella hora, quedando la sierva de Dios muy consolada y dando muchas gracias a su Majestad y a su Santísima Madre. Y, enviando a llamar al reverendísimo e ilustrísimo señor don fray García de Quesada, obispo de Cádiz, le dio a leer la ''bulla'' y el obispo, habiéndose enterado del suceso, dio parte al arzobispo y, para publicación de las Letras Apostólicas, se dispuso una solemnísima procesión, y el preste llevó la bulla en las manos y en la Iglesia de Santa Fe las leyó y publicó al pueblo con universal regocijo. Y convidó de aquel en quince días adelante en el cual habían de tomar el hábito y profesar aquel instituto la venerable doña Beatriz y las [fol. 29v] otras doncellas, sus compañeras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó la venerable madre y sierva de Dios doña Beatriz a disponerse para acto tan heroico y día que esperaba tan festivo con mucho ejercicio de virtudes y, en particular, de oración. Y, en ella, se le apareció, tercera vez, Nuestra Señora y la dijo que Dios disponía las cosas de otra suerte y que quería llevársela a su Santo Reino antes que llegase el día que había de ser para su espíritu de tanto gozo. Esto fue al día quinto de los quince que se señalaron para aquella función y en él la dio una maliciosa calentura y, como quien sabía por la revelación que era de muerte, se dispuso recibiendo los sacramentos con mucha devoción y conformidad. Y, en virtud del breve apostólico, tomó el hábito de su nueva Orden de la Concepción y fue la primera que profesó aquel santo instituto. Y, en el breve tiempo que duró su vida y enfermedad, le empleó continuando el trato interior con su dulce Esposo hasta que el día que se cumplían los quince señalados, que fue el de la Octava del Glorioso Mártir San Lorenzo, asistida de los religiosos de san Francisco que gobernaban su conciencia, y con increíble dolor de sus compañeras, alentándolas a la perseverancia de su vocación, llegó su última hora. En la cual se vio en su frente una estrella de extraordinaria luz y, sereno el semblante, dio su bendita alma a su Criador a los 66 años de su edad, por los del Señor de 1560. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora que pasó de esta vida la venerable madre doña Beatriz de Silva se apareció en el Convento de San Francisco de la ciudad de Guadalajara al muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, sujeto de mucha autoridad y virtud que había sido diferentes veces custodio de la custodia de Toledo y, asimismo, tres veces Vicario Provincial de la provincia de Castilla (de quien se hace mención en el año de 1506), al cual había prometido la sierva de Dios, teniéndole por confesor y padre de espíritu, darle cuenta del estado de su alma, caso que lo alcanzase de Nuestro Señor y haciéndole saber cómo su dulce Esposo la llevaba al eterno descanso. Encargándole se partiese luego a Toledo, donde su presencia y autoridad era bien necesaria para que, como columna, sustentase su nueva orden, donde se conoció que el deseo de su propagación no se le [fol. 30r] acabó con la vida a la venerable madre doña Beatriz. Divulgose su muerte por Toledo, ocasionando en todos sentimiento universal, viendo reducido a exequias funerales el día que se aguardaban celebrar aquellos virginales desposorios. Y, siendo forzoso tratar de su sepultura, codiciosos del tesoro de su cuerpo virginal, los religiosos de las órdenes de Santo Domingo y San Francisco formaron una piadosa competencia procurando los de cada orden la acción de sepultarla como suya. Alegraban los padres de santo Domingo el derecho que podían tener por haber vivido cuarenta años esta sierva de Dios dentro de su Convento Real de Santo Domingo. Alegraban los de san Francisco ser ellos, después que vivía en el Convento de Santa Fe, sus confesores y padres de su espíritu y que, como tales, la habían asistido y vestido el hábito y dado la profesión de su nueva orden que, por ser de Concepción y ceñir su cuerda, parecía era por ellos más clara la justicia. Redujose el letigio [sic] a la determinación del señor arzobispo de Toledo y salió la sentencia en favor de la Orden de San Francisco, con que corrió por sus manos el entierro a que asistió todo lo noble, eclesiástico y secular de la ciudad, con cuya asistencia fue sepultada vestida como religiosa en la Iglesia de la Santa Fe. Acabada esta piadosa contienda, se comenzó otra no menos prolija: solicitando los padres de Santo Domingo, ya que no habían conseguido que se les diese el santo cuerpo de la venerable madre doña Beatriz, reducir las discípulas suyas a su convento de donde alegaban habían salido. Y, a esta sazón, había llegado a Toledo el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, cuyas eficaces razones fueron bastantes para que perseverasen las hijas, no solo en su santo propósito, sino en su nuevo convento a que su venerable madre las condujo, donde pasados pocos días hicieron su profesión conforme el breve apostólico y fue elegida por primer abadesa la madre sor Felipa de Silva, sobrina de la venerable madre doña Beatriz. Todo lo demás perteneciente a la fundación y colocación de las religiosas desde el Convento de Santa Fe al de la Concepción que hoy persevera en Toledo y, asimismo, la translación del venerable cuerpo de la sierva de Dios doña Beatriz a este [fol. 30v] mismo convento, se puede ver en la ''Historia de la provincia de Castilla'' que escribió el padre fray Pedro de Salazar, lib. 8, cap. 9, pág. 481. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1560.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Francs 2 Beatriz de Silva 1.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 107r col. b – 109v [108v] col. b ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de Beatriz de Silva se integra en el decimosexto capítulo, en el que se ejemplifica el principio de la Orden de la Concepción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por tanto, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se conservan las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Cap. XVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la Orden de la Concepción, y de su principio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 107r col. b] El devoto monesterio que antes se llamaba San Francisco y agora se llama la Concepción, que fue el primero que de esta santa orden en España se fundó, fue al comienço fundado por los frailes de San Francisco por la forma que ya diximos. De adonde, después de haber estado 260 años, se mudaron al monesterio de San Juan de los Reyes, dexando este dicho monesterio para estas religiosas de la [fol. 107v col. a] aprobada Orden de la Concepción de Nuestra Señora, la cual orden començó de la manera siguiente.&lt;br /&gt;
Al tiempo que vino de Portugal la reina doña Isabel a casarse con el rey don Juan el Segundo, truxo consigo (entre las otras damas) una de alto linaje, cercana parienta suya, llamada doña Beatriz de Silva, que en fermosura, galanía y dulce conversación sobrepujaba, no solo a las otras damas, mas a todas las de su tiempo. Por lo cual, y por la claridad de su linaje, començó a ser festejada y requerida de todos cuantos grandes en la corte había y de algunos de ellos demandaba casamiento, sobre lo cual había en la corte ''[2]'' diversos ruidos y quistiones, queriendo cada uno ser solo en su requiebro y privança. Y como estas cosas procediessen adelante, llegado a noticia de la reina y creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, la mandó encerrar en una caxa de madera que para ello mandó hazer, adonde la hizo estar tres días sin comer ni beber. Y viéndose esta señora sin culpa tan maltratada, encomendóse de todo coraçón a la gloriosa Virgen Nuestra Señora, a la cual votó su virginidad, ofreciéndose de todo coraçón a ella con tantas lágrimas de devoción que mereció ser visitada de esta gloriosíssima Virgen. La cual dizen que le apareció vestida del hábito de la Concepción, como hoy le traen estas religiosas (que es sayas y escapularios blancos y mantos azules), y la consoló y confortó. Y como passados los tres días fuese puesta en su libertad, pareciéndole muy peligrosa la vida de la corte, determinó, por poder vacar más libremente en el servicio de Nuestro Se- [fol. 107v col. b] ñor, de venirse a esta ciudad de Toledo y meterse en el monesterio de Santo Domingo el Real. Y veniendo por el camino, a la passada de un monte, se oyó llamar en lengua portuguesa y, volviendo la cabeça, vido venir dos frailes de la Orden de San Francisco y, creyendo que la reina los enviaba para que la confessasen y darle luego la muerte, ovo gran temor y luego recurrió a Nuestra Señora, a quien tenía por abogada. Llegados a ella, los frailes la consolaron y, vista su turbación y sabida la causa de ella, no solo le quitaron el temor, mas le dixeron que sería madre de muchas hijas muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicasse que tenía ofrecida a Dios su virginidad, ellos le respondieron que assí sería como ellos dezían. Y caminando assí todos juntos llegaron a la posada adonde, queriéndose ella assentar a comer y llamando a los frailes para que comiessen, nunca más parecieron, por donde claramente se manifestó haber sido revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y llegada esta señora a esta ciudad, se metió con dos servientas en el dicho monesterio de Santo Domingo el Real, adonde estuvo en hábito secular más de 30 años haziendo vida santa y absteríssima, en todos los cuales ningún hombre ni mujer vido su cara descubierta, sino fue la Reina Católica y una su sirvienta que le administraba las cosas necessarias, ni tan poco los otros años que después vivió. Y siendo devota de la gloriosíssima siempre Virgen María, principalmente de su Santísima Concepción, siempre pensaba cómo la pudiesse más sublimar y engrandecer y, para esta, pen- [fol. 109r col. a] só muchas vezes de instituir una nueva orden de su Santa Concepción, lo cual comunicado con la Católica Reina doña Isabel y hallándola muy conforme a su voluntad, se dispuso a lo hazer assí. Y queriendo esta santa reina ayudar a su propósito, le dio los palacios que antiguamente se dezían de Galiana, que era uno de los alcáçares de esta ciudad, adonde está el monesterio de Santa Fe (en que antes estaba la Casa de la Moneda). Adonde esta señora, dexando el monesterio de Santo Domingo, se metió con otras doze religiosas en el año de nuestra salud de 1484 años, adonde estuvo reduzido en forma de monesterio hasta el año de 1489 años, pensando siempre qué orden y hábito tomaría. En el cual dicho año, a pedimiento suyo y suplicación de la Católica Reina, el papa Inocencio Octavo le concedió la continuación de su orden con el hábito y nombre y oficio de la Concepción, cual hoy le usan estas religiosas con ciertos ayunos, todo debaxo de la Orden del Cístel, con obediencia al perlado diocesano, porque el papa no quiso conceder ni aprobar orden ni regla nueva. Lo cual, todo assí como el Papa lo concedió, le fue revelado a esta santa religiosa, y aun acerca de ellos aconteció otro grande miraglo. Como las bulas de esta concesión se hundiessen en la mar, juntamente con las otras cosas que en la nao venía, fueron divinalmente halladas por esta bienaventurada religiosa en una caxa del monesterio y, estando aparejando con gran diligencia las cosas convenientes al tomar del hábito y al hazer de la professión y tomar del velo, conforme a las [fol. 109r col. b] letras apostólicas, el quinto día después de esta determinación, estando en su oración, le apareció Nuestra Señora, y le dixo que dende a diez días moriría. Y assí aconteció cómo Nuestra Señora se lo dixo, que, habiendo recebido los santíssimos sacramentos, murió santamente en el año de nuestra salud de 1490, siendo de edad de 66 años. Y como poco tiempo después sacassen su cuerpo del lugar adonde estaba, para ponerle en un suntuoso monumento que tenía hecho a la diestra parte de su coro, adonde agora está, tan grande fue el olor que de ella salió que todos fueron recreados. Muerta esta santa religiosa, las monjas que en el dicho monesterio de Santa Fe quedaron tomaron el hábito y hizieron professión conforme a las letras apostólicas. Passados cuatro años después desto, los Reyes Católicos, juntamente con fray Francisco Ximénez (que después fue arçobispo de Toledo), que era vicario provincial y universal reformador de toda la orden, desseando reformar estas monjas de Santa Fe, que por otro nombre se llamaba la Concepción, y también las monjas de S. Pedro de las Dueñas (que ya diximos) porque no vivían conforme a la Regla de S. Benito (debaxo de la cual militaban), pareciéndoles que para su autoridad y reformación convenía juntar las unas con las otras, lo hizieron ansí en el año del Señor de 1494 años con autoridad del papa Alexandre Sexto. Y después de ayuntadas por la dicha autoridad las monjas de S. Pedro, dexaron la Regla de San Benito, y las monjas de la Concepción, la del Cístel, y las unas y las otras tomaron el hábito y la [fol. 109v col. a] manera del vivir de la Concepción y la Regla de Santa Clara. Y de esta manera estuvieron juntas debaxo de la dicha regla hasta el año del Señor de 1501 años, que por mandamiento de los Reyes Católicos se passaron al monesterio que antes se llamaba San Francisco y agora se llama la Concepción, de adonde poco antes había mandado salir los frailes que en él estaban, passándolos al monesterio de San Juan de los Reyes juntamente con los otros observantes que a él vinieron de la Bastida, como es dicho. Y esta passada de estas religiosas al dicho monesterio se hizo con autoridad del papa Julio Segundo y, en el dicho monesterio de S. Pedro, se hizo después el Hospital de Santa Cruz, que agora se llama del Cardenal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Passadas assí estas religiosas al monesterio de la Concepción, començaron a florecer en santas obras con grande observancia y guarda de su religión, lo cual de tal manera inflamó los coraçones de muchas nobles de esta ciudad que, desseando servir a Nuestro Señor, tomaron el hábito de esta religión, en el cual sirven devotamente a Dios; y, movidos con este santo desseo, en otras diversas partes de estos reinos se fundaron otros monesterios de esta orden adonde assí como en esta ciudad se haze vida honesta y recogida. Y no mucho después, pareciéndoles a estas honestas vírgines cosa indigna de su orden tener el hábito y manera de vivir y el oficio de la Concepción y tener la Regla de Santa Clara, con consejo y ayuda de algunos religiosos de esta provincia compusieron la Regla de la Concepción, debaxo de la cual militan, que fue aprobada y con-[fol. 109v col. b] firmada por el papa Julio en el año del Señor de 1511 años. Y fueron estas religiosas absueltas del primero voto de la Regla de Santa Clara y hizieron de nuevo voto y professión en la de la Santa Concepción, como hoy le tienen viviendo santamente y en gran recogimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CIX cuando debería ser CVIII. Además, cabe indicar que no aparece el capítulo XIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Figura en el texto original: “corre”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: enero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Fray_Pedro_de_la_Vega.png|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_Pedro_de_la_Vega Vega, Fray Pedro de la] (O.S.H) [y Martín de Lilio (O.S.F)], 1558. ''Flos santorum : La vida de nuestro señor Iesu Christo y de su santissima Madre y de los otros santos segun la orden de sus fiestas : aora de nueuo corregido y emendado, y añadidas algunas vidas de santos'', Alcalá de Henares: en casa de Iuan Brocar, segunda parte, fols. 150r-152r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Flos santorum: La vida de nuestro señor Iesu Christo y de su santissima Madre]]''y de los otros santos segun la orden de sus fiestas: aora de nueuo corregido y emēdado, y añadidas algunas vidas de santos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas y, considerando que se trata de una obra de mediados del siglo XVI, se ha respetado la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico. De esta manera, se conservan las grafías de sibilantes y las contracciones “dellos”, “desto”, “desta”, “deste” (pero se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”); y el signo tironiano se ha transcrito como “et”. En cambio, se ha actualizado el empleo de mayúsculas, la puntuación y la unión o separación de palabras. También se ha modernizado el empleo de la “h” y la escritura de las grafías: c/q, j/g, i/j/y, n/m, u/v/b. Asimismo, se han simplificado las duplicaciones consonánticas pero se han mantenido los grupos consonánticos -ch-, -mpt-, -sc- y las alternancias de las formas “sancta” y “sant” con “santa” y “san”. Además, se han desarrollado las abreviaciones con o sin marca expresa. Por último, para facilitar la localización de los textos, se citan los folios en cifras arábigas (no romanas) y la columna correspondiente (col. a - col. b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de Beatriz Silva ''[1]''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 150r col. a] […] Y empeçose la Orden [de la Inmaculada Concepción] por una ilustre señora de la manera que se sigue. Al tiempo que vino de Portugal la reina doña Isabel a se casar con el rey de Castilla don Juan el Segundo, truxo consigo entre otras damas una de alto linaje, cercana parienta suya, llamada doña Beatriz de Sil- [fol. 150r col. b] va, que en hermosura, apostura, galanía y dulce conversación sobrepujaba no solo a las otras damas, mas aun a todas las de su tiempo. Por lo cual, y por la claridad de su linaje, començó a ser festejada y requerida de todos cuantos grandes en la corte había, y algunos dellos la demandaban en casamiento, a cuya causa había en la corte diversos ruidos y cuestiones, queriendo cada uno ser solo en su requiebro y privança. Y como estas cosas procediessen adelante, llegó a noticia de la reina y, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, mandola encerrar en un lugar estrecho de madera hecho para esto, y que no le diessen en tres días de comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose esta delicada señora, siendo inocente y tan sin culpa, ser maltratada, encomendóse a la Gloriosa Virgen María Madre de Dios y votole su virginidad, ofresciéndose de todo coraçón a ella con tantas lágrimas y devoción que meresció ser visitada desta Purísima Virgen, aparesciéndole vestida del hábito de la Concepción como agora lo traen las religiosas, conviene saber: sayas y escapulario blanco y manto azul, y la consoló y confortó. Y como passados tres días fuesse puesta en su libertad, paresciéndole muy peligrosa la vida de la corte, determinó (por se poder más libremente dar al servicio de Nuestro Señor) irse a la ciudad de Toledo y meterse en Santo Domingo el Real. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo camino a la passada de un monte, oyó que la llamaban en lengua portuguesa. Y, como volviesse la cabeça, vido venir dos frailes de la Orden de Sant Francisco que eran divinalmente enviados.Y no conosciendo el misterio, creyendo que la reina los enviaba para confessarla y darle luego la muerte, tomó pavor y cobró temor, por lo cual acudió a la oración y ofresciose a Nuestra Señora, a la cual tenía por abogada. Y los frailes, llegando a ella, saludáronla con palabras benignas y consolatorias. Y como conoscieron su turbación y supieron la causa della, no solo le quitaron el temor, mas le dixeron que había de ser madre de muchas hijas que serían muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicasse que tenía ofrescida a Dios su virginidad, ellos le respondieron que sería lo que ellos dezían, y caminaron todos juntos. Y como llegassen a la posada y la ilustre señora se assentasse a comer, llamando los frailes para que comiessen, no parescieron más, en lo cual se muestra manifiestamente haber sido revelación divina y oráculo de lo que agora todos experimentamos en la multiplicación de las hijas que la han seguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta señora llegó a Toledo, metiose con dos sirvientas en el dicho monesterio de Santo Domingo el Real, y estuvo en él en hábito seglar treinta años haziendo grande penitencia y [fol. 151r col. a] abstinencia. Y en todo este tiempo, ningún hombre ni mujer le vio el rostro descubierto, sino fue la Reina Católica y la sirvienta que le administraba las cosas necessarias, ni tampoco los otros años que después vivió. Y siendo devota de la Gloriosa y siempre Virgen María, principalmente de su Puríssima Concepción, pensaba siempre cómo la pudiesse más sublimar y engrandescer y, para esto, pensó muchas vezes de instituir una nueva Orden de su Santa Concepción. Comunicó este su santo desseo con la Católica Reina doña Isabel, mujer del rey don Fernando el Quinto, y hallándola muy conforme a su voluntad, dispuso a lo poner por obra. Y queriendo esta santa reina ayudar a su propósito, diole los palacios que antiguamente se dezían de Galiana, que era uno de los alcáçares de aquella ciudad, donde agora está el monesterio de Santa Fe y antes estaba la Casa de la Moneda. Y allí se metió esta señora (dexado Santo Domingo) con otras doze religiosas, año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro años. Allí estuvo en forma como de monesterio hasta el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, pensando siempre qué hábito tomaría. Y en este dicho año, a pedimiento suyo y suplicación de la Reina Católica ya dicha, le concedió el papa Inocencio Octavo la continuación de su orden con el hábito y nombre y oficio de la Concepción, según usan hoy las religiosas con ciertos ayunos, todo debaxo de la Orden de Cístel ''[2]'' y la obediencia al prelado diocesano ''[3]'', porque el papa no quiso conceder ni aprobar orden ni regla nueva. Lo cual todo le fue revelado a esta santa religiosa ansí como el papa se lo concedió. Y acaesció un milagro, que, como las bulas desta concessión se hundiessen en el mar con otras cosas que en la nao iban, fueron divinalmente halladas desta bienaventurada religiosa en una caxa del monesterio. Y, como aparejassen con gran diligencia las cosas necessarias para tomar el hábito y hazer professión y tomar el velo conforme a las letras apostólicas, el quinto día después desta determinación, estando en oración, le aparesció Nuestra Señora y le dixo que desde a diez días moriría. Y assí acontesció cómo Nuestra Señora se lo dixo, que, recebidos los santíssimos sacramentos, murió en paz y fue a gozar de Dios a la bienaventurança en el año de mil y cuatrocientos y noventa, siendo de edad de sesenta y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como poco tiempo después sacassen aquel venerable cuerpo del lugar donde estaba, para ponerle en un sumptuoso monumento que tenía hecho a la parte diestra de su choro, adonde agora está, tan grande fue el olor que d´él salió que todos fueron recreados. Muer- [fol. 151r col. b] ta esta sancta religiosa, tomaron el hábito las monjas que en el dicho monesterio de Santa Fe quedaron y hizieron professión conforme a las letras apostólicas. Passados cuatro años después desto, los Reyes Católicos, juntamente con fray Francisco Ximénez (que después fue cardenal y arçobispo de Toledo), que era provincial de los frailes menores de Observancia y reformador universal de toda la Orden, desseando reformar estas monjas de Santa Fe, que por otro nombre se llamaban de la Concepción, y también las monjas del monesterio de Sant Pedro de las Dueñas, porque no vivían conforme a la Regla de Sant Benito, debaxo de la cual militaban, y paresciéndoles que, para su autoridad y reformación convenía juntar las unas con las otras, hiziéronlo assí en el año del Señor de mil y cuatrocientos y noventa y cuatro con autoridad del papa Alexandro Sexto. Y después de ayuntadas por la dicha autoridad, dexaron la regla de Sant Benito las monjas de Sant Pedro, y las de la Concepción la de Cístel, y tomaron las unas y las otras el hábito de la Concepción y la Regla de Santa Clara. Y desta manera estuvieron juntas debaxo de la dicha regla hasta el año de mil y quinientos y uno, que, por mandamiento de los Reyes Católicos, se passaron al monesterio que antes se llamaba Sant Francisco y agora se llama la Concepción, del cual salieron para este efecto los frailes que en él estaban días había reformados, passándolos al monesterio de Sant Juan de los Reyes, para que estuviesen juntamente con otros observantes que a él antes se habían passado de la Bastida. Y esta passada destas religiosas a este monasterio se hizo con autoridad del papa Julio Segundo, y en el dicho monesterio se hizo después el célebre hospital intitulado de Santa Cruz en Jerusalem a costa y expensas del ilustrísimo príncipe don Pero Gonçález de Mendoça, cardenal de España y arçobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Passadas assí estas religiosas al monesterio de la Concepción, començaron a florescer en sanctas obras con grande observancia de su religión. Y no mucho después, paresciéndoles a estas prudentes vírgines ser cosa indigna de su orden tener el hábito y manera de vivir y el oficio debaxo del título de la Concepción y tener la regla de Santa Clara, con consejo y ayuda de algunos religiosos de Sant Francisco de la provincia de Castilla, compusieron la regla de la Concepción, debaxo de la cual militan, aprobándola y confirmándola el papa Julio Segundo en el año del Señor de mil y quinientos y onze. Entonces, fueron absueltas estas religiosas del primer voto de la regla de Sancta Clara [fol. 152r col. a] y hizieron nuevo voto y professión en la de la Concepción como hoy le tienen, viviendo santamente. […]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La vida de Beatriz de Silva se integra en la sección presentada con el siguiente epígrafe: “De cómo fue instituida Orden de la Puríssima Concepción de la Madre de Dios en la ciudad de Toledo y los perdones que se gana el día de su fiesta” (fols. 150v-152r). La hagiografía aparece a partir de la revisión que Martín de Lilio (O.F.M), en 1558, realiza del florilegio que Pedro de la Vega (O.S.H) había impreso en 1521 y 1541 (revisando a su vez la ''editio princeps'' realizada por un anónimo monje jerónimo, en 1516, a partir del florilegio manuscrito atribuido al fraile jerónimo Gonzalo de Ocaña c. 1450).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato en torno a Beatriz de Silva coincide en gran parte con el que compuso Pedro de Alcocer para el libro segundo de ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo…''. Toledo: Juan Ferrer, 1558 (fols. 107r– 109v), que ha sido editado en el Catálogo por Verónica Torres: Beatriz de Silva - Vida impresa (1).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la Orden del Císter (fundada en 1098), que sigue la regla de San Benito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el texto aparece escrito “diocesana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. «[Beatriz de Silva]», en ''Tercera parte de las crónicas de la Orden de los frailes menores del seráfico padre san Francisco'', Salamanca: Alejandro de Cánova, fols. 208v-210r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas. Así pues, se ha procedido a la actualización generalizada de grafías, ortografía y puntuación, manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se desea hacer constar de manera expresa que se han conservado las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-c-/-cc-, -n/-nt…), así como las vocálicas. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Christo&amp;gt;Cristo), incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, &amp;lt;sc&amp;gt; en interior de palabra (aparesció&amp;gt;apareció); se ha modernizado la unión y separación de términos (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo, mandó la&amp;gt;mandola…), así como las contracciones (dellos&amp;gt; de ellos). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo aun cuando en la fuente se usara la minúscula de manera generalizada. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, aunque se han respetado las abreviaturas ya acuñadas (S. por san); se han corregido erratas. En nota al pie se han registrado los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia. 	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 208v, col. a] '''Cómo se comenzó la orden de las monjas de la Concepción de Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Siempre la Reina de los cielos, señora y madre nuestra, con sus entrañas de maternal piedad procura cómo los cristianos hijos suyos subamos a merecer las riquezas y herencias divinas, por continuos merecimientos y servicios delante de la divina majestad de su Hijo Nuestro Señor Jesucristo. Y como uno de los aseñalados servicios que al hijo de Dios se ofrece (y es de él aceptado por las manos de la Virgen su madre) sea la devoción y celebración de la Inmaculada y Purísima Concepción suya, quiso la soberana reina celestial aumentar e ilustrar más esta devoción con ordenar orden particular del nombre de su Purísima Concepción en que viniesen religiosas en toda virtud y pureza. Y por cuanto esta merced fue recebida en estos tiempos, y los frailes menores fueron los ministros de ella, digna cosa es que se haga aquí mención de ella, y de cómo comenzó en España esta orden en la ciudad de Toledo. La reina doña Isabel, hija del rey de Portugal don Duarte, que vino a casarse con el rey don Juan el Segundo de Castilla, trajo consigo entre otras damas una de muy noble sangre y deuda suya, llamada doña Beatriz de Silva, la cual en hermosura, discreción y gracia excedía no solamente a las otras damas de la reina mas todas las de [fol. 209r, col. a] su tiempo. Y por esta causa y por su mucha nobleza comenzó de ser servida de todos los grandes de la corte, y algunos de ellos la pedían por mujer, y sobre esto en la corte, entre los grandes, hubo contiendas y pasiones, queriendo cada uno ser aventajado y solo en su privanza y servicio. Creciendo, pues, estas cosas cada día, se enojó mucho la reina, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en esto la culpa, y mandola meter en un encerramiento estrecho de madera, donde estuvo tres días sin le ser dado de comer. Viéndose la delicada dama sin culpa tan mal tratada, y puesta en tanta aflicción, con mucha devoción se encomendó a la Virgen Madre de Dios, llamándola en su ayuda, y prometiendo voto de virginidad de todo su corazón con tanto hervor y lágrimas que mereció ser visitada de la Purísima Virgen Madre de Dios. ''[2]'' Y le apareció vestida del hábito de la Concepción, como agora lo traen las monjas de esta orden, el hábito y escapulario blancos y el manto azul. Y diole mucho esfuerzo y consolación. Pasados tres días fue puesta en su libertad y, teniendo ella por muy peligrosa la vida de la corte, para que perfectamente sirviese a Nuestro Señor, determinose huir de ella e irse a Toledo a meter fe en el monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real. ''[3]'' Y caminando con su compañía para Toledo, en este camino fue confortada por el Señor con otro aparecimiento, y oyó que la llamaban en lenguaje portugués y, volviéndose a ver quién la llamaba, vio venir dos frailes de Sant Francisco. Y no entendiendo la merced de Dios y consolación que le enviaba, le pareció que la reina los enviaba para la confesar, y luego la mandar matar, y hubo muy gran temor, y con mucha aflicción se encomendó a Nuestra Señora, que tenía por su abogada y valedora. Mas llegando los dos religiosos la saludaron con palabras de mucha consolación, y no solo le quitaron todo el temor y angustia a su alma, mas entre otras muchas pa- [fol. 209r, col. b] labras le dijeron que fuese muy segura y cierta, que con el favor de la Madre de Dios sería ella madre de muchas hijas, muy benditas y nombradas y estimadas en el mundo. Pero como ella le respondiese que tenía ofrecido a Nuestro Señor y a Nuestra Señora voto de castidad virginal, por lo cual no pedía ni deseaba hijos, ellos le dijeron que, con esta virtud y pureza tan acepta a Dios y a su Sanctísima Madre, se cumpliría la merced de Dios que le habían dicho, y así caminaron todos. Y como llegasen a la posada, asentándose a comer la devota sierva de la Reina de los cielos, y no ya de la reina de la tierra, llamando a los dichos religiosos para comer, y buscándolos, no fueron más vistos. Entonces conoció sin duda ser revelación divina y visitación con que Nuestro Señor quiso confirmar su sancto deseo y propósito, y manifestarle lo que estaba por venir de la grande multiplicación de sanctas hijas, que a Nuestro Señor había de engendrar en la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Y su alma con esta visitación quedó muy confortada y con grande fe, que aquellos religiosos eran el bienaventurado S. Francisco y sant Antonio, cuya devota y particular era, y lo fue mucho más de allí adelante, porque siempre celebró sus fiestas hasta la muerte con mucha devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XII===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo esta sierva de Nuestro Señor se hizo religiosa y comenzó la Orden de la Concepción'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como llegase a Toledo la serviente esposa de Cristo, recogiose luego con dos criadas suyas en el dicho monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo y en él estuvo treinta años en hábito seglar, haciendo muy estrecha y áspera vida, en continua oración y contemplación. En este tiempo ningún hombre ni mujer le vio el rostro descubierto si no [fol. 209v, col. a] era la criada que la servía y la reina católica doña Isabel. Ni en los otros años que después de religiosa vivió hasta su muerte; y esto hacía en penitencia y satisfación de la ocasión de vanidad que con su hermosura dio al mundo. Pues como ella fuese devotísima de la madre de Dios, especialmente de su Purísima Concepción, pensaba siempre cómo la pudiese más honrar y sublimar, y para esto tenía grandes pensamientos y deseos de instituir una religión del nombre de la Inmaculada Concepción. Y comunicando este su sancto deseo con la dicha reina católica doña Isabel, la halló tan favorable y conforme a su voluntad, que no solo le pareció aquel propósito inspirado por Dios mas luego le ayudó a cumplir tan sancta obra, dándole en Toledo unos palacios donde agora está el monasterio de Sancta Fe. Allí se encerró esta sierva de Nuestro Señor con otras doce doncellas, dejando el monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo en el año de Nuestro Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, donde se estuvo cinco años, pensando qué hábito tomaría. ''[5]'' En el año de ochenta y nueve, a su petición y de la dicha reina, le concedió el papa Inocencio Octavo la institución y continuación de la orden con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como lo tuvieron de allí adelante las religiosas de esta orden, con ciertos ayunos, quedando de la Orden de Cistel y con la obediencia del perlado diocesano. Todas estas cosas fueron reveladas a la sierva de Nuestro Señor como el papa la[s] concedía. Y aconteció mayor milagro: que perdiéndose en la mar con otras muchas cosas las bulas de esta religión, fueron milagrosamente halladas por esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor en un arca del monasterio. Y aparejándose con mucha devoción y hervor para profesar y comenzar la sancta religión de la Concepción que tanto había deseado y procurado, al quinto día de esta determinación apareciole Nuestra Señora en la [fol. 209v, col. b] oración, y díjole que de ahí a diez días acabaría el presente destierro y se iría a la patria celestial. Y aconteció así que, recebidos muy devotamente los sacramentos, se fue a su esposo celestial en el año de mil y cuatrocientos y noventa, de edad de sesenta y seis años. Algún tiempo después, siendo mudado su bienaventurado cuerpo de la sepultura para ser guardado en un monumento muy labrado en el coro, donde agora está, tan suave olor saltó de él que todos los que presentes se hallaron fueron muy confortados y admirados. Cuatro años después de esto, las monjas ya profesas, según las constituciones sobredichas del papa Inocencio y otras de la Orden de Sant Benito de otro monasterio con autoridad del papa, todas juntas hicieron profesión de la regla de sancta Clara con el hábito de la Concepción en el dicho monasterio de Sancta Fe, y así vivieron hasta el año de mil y quinientos y uno. En este año, como los frailes menores de la observancia morasen ya en el convento de Sant Juan de los Reyes, dejando el convento antiguo de Sant Francisco, fuele dado a las dichas monjas de la Concepción a donde han florecido y crecido con su sancta religión. ''[6]'' Y como no parecía cosa conveniente profesar la regla de sancta Clara con hábito y oficio de la Concepción, fue compuesta regla particular por los frailes menores de la observancia de la provincia de Castilla, y confirmada por el papa Julio Segundo en el año del Señor de mil y quinientos y once, y por las dichas monjas profesadas. Y porque siempre se ocupasen en los loores de la Purísima Concepción de la Madre de Dios, fue ordenado un breviario que tuviese particular oficio de la Concepción para todos los siete días de la semana, para que cada día rezasen de la Concepción, salvo cuando ocurriese fiesta solemne o domingo de historia forzada, porque entonces rezan el oficio romano, como los frailes menores, a quien dan la obediencia. El II monasterio de esta religión fue la Concepción de Torrijos, adon- [fol. 210r, col. a] de muchas religiosas han vivido en mucha aspereza y oración, dejando en su vida y muerte suavísimo olor de sanctidad. En otros muchos pueblos de Castilla son edificados muy nobles y religiosos conventos de esta Orden de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, a donde muy gran número de doncellas y mujeres nobles e ilustres con puras y devotas almas sirven al Rey celestial en los palacios de la Reina soberana su madre, dejando los estados y prosperidades de la tierra, siguiendo las pisadas y ejemplos de su bienaventurada madre doña Beatriz de Silva, la cual por la reina terrenal que dejó, reina con la celestial en los cielos para siempre...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “Memoriales de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen: “Aparecimiento de Nuestra Señora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “Aparecimiento de S. Francisco y S. Antonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen: “Memoriales de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen: “Comenzó la Orden de la Concepción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen: “Especial regla de la Orden de la Concepción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Frans 2.2 Beatriz de silva Vida impresa 2.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes... Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso''. Fols. 26r col. b – 26v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece integrado en el apartado 186 (dedicado a fray Martín Ruiz de la Orden de Menores) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: ff/f, ll/l, nn/n, ss/s,  En cambio, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta) y -bj- (subjetas), y las contracciones. Además, se mantiene la concordancia en género y número de determinantes, adjetivos y sustantivos aunque no coincida con el empleo actual (una arca, deste orden, el orden), así como la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 26r col. b] &lt;br /&gt;
Siendo rey de Castilla y de León don Juan el Segundo, padre de la Reina Católica doña Isabel, trató casamiento con una hija del rey don Duarte de Portugal, llamada también doña Isabel. Trujo esta señora, entre otras damas, una de alto linaje de aquel reino y cercana parienta suya llamada doña Beatriz de Silva. La cual, en hermosura, gala y buena conversación, excedía no solo a las otras damas, sino a todas las de su tiempo, por lo cual, y por la nobleza de su linaje, comenzó a ser festejada y servida de cuantos grandes había en la corte, y algunos dellos la demandaban en casamiento, sobre lo cual había diferencias y contiendas queriendo cada uno ser principal en su privanza. Y como esto fuese adelante, llegando a noticia de la Reina, creyendo que la misma doña Beatriz tenía culpa, mandola prender y encerrar en una caja de madera hecha para este efecto, donde la hizo estar tres días sin comer. Viéndose la afligida señora sin culpa tan maltratada, encomendose de todo corazón a la Gloriosa Virgen Nuestra Señora, a la cual hizo voto de virginidad, ofreciéndosele de todo corazón y con tantas lágrimas que mereció ser visitada desta Gloriosísima Virgen. La cual se le apareció vestida del hábito de la Concepción como le traen las monjas deste orden, que es: saya y escapulario blanco, y manto azul; y diole mucho esfuerzo y consuelo. Pasados los tres días, fue puesta en libertad. Y teniendo por muy peligrosa la vida de palacio, determinó irse a Toledo y encerrarse en el monasterio de Sancto Domingo el Real. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo por el camino con alguna compañía, a la pasada de un monte oyose llamar en lengua portuguesa y, volviendo la cabeza, vido venir dos frailes con hábito de Sant Francisco. Y, creyendo que la Reina los enviaba para que la confesasen y fuese luego muerta, tuvo grande temor y, con mucha aflición, encomendose a Nuestra Señora, a quien tenía por su abogada y valedora. Mas, llegando los dos religiosos, hablaronle palabras de mucha consolación y, quitándole el temor, dijeronle que estuviese cierta y segura que, con el favor de la Virgen Sacratísima, sería ella madre de muchas hijas, muy benditas y nombradas en el mundo. Y como ella respondiese que tenía ofrecido y hecho voto a Nuestro Señor de castidad virginal, ellos dijeron que sería así como decía. Y caminando [fol. 26v col. a] todos llegaron a una posada, adonde, queriendo ella sentarse a comer, llamando a los frailes para que comiesen y buscándolos, no fueron vistos, por donde claramente entendió haber sido revelación divina con que Nuestro Señor quiso confirmar su sancto deseo y manifestarle lo que estaba por venir de multiplicación de sanctas hijas que, a su Majestad, había de engendrar en el Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Y su alma quedó muy confortada con esta visitación, y con grande fe que aquellos religiosos eran Sant Francisco y Sant Antonio, cuya devota particular era y lo fue en adelante, celebrando sus fiestas hasta que murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegando a Toledo, recogiose luego con dos criadas suyas en el monasterio ya dicho de Sancto Domingo el Real, y en él estuvo, en hábito seglar, treinta años haciendo muy estrecha y áspera vida en continua oración y contemplación. En todo este tiempo, ningún hombre ni mujer vido su rostro descubierto si no fue la Reina Católica doña Isabel y una sirviente que le administraba las cosas necesarias, ni tampoco los otros años que después vivió. Esto hacía en penitencia de la ocasión de vanidad que, con su hermosura, dio al mundo. Y siendo devota de la siempre Virgen María, particularmente de su Purísima Concepción, pensaba muchas veces cómo la pudiese más honrar y engrandecer, y, para esto, tenía grandes pensamientos y deseos de instituir una religión con título de Inmaculada Concepción. Y comunicando este su deseo con la misma Reina doña Isabel, hallola tan favorable y conforme a su voluntad que luego le ayudó a cumplir tan sancta obra dándole, en Toledo, unos palacios del alcázar de Galiana, que, como se ha dicho, eran donde es de presente Sancta Fe y, a la sazón, estaba la Casa de la Moneda. Y allí se encerró esta señora con otras doce doncellas, dejando el monasterio de Santo Domingo. Y fue el año de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, adonde estuvo por cinco años, dando traza qué hábito y orden tomaría. Y el [año] de ochenta y nueve, a su petición, y de la Reina Católica, el Papa Inocencio Octavo le concedió la institución del orden con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como le tuvieron de allí adelante las religiosas deste orden, aunque guardando la regla de Cístel y subjetas al perlado diocesano porque el Pontíficie no quiso conceder ni aprobar orden, ni regla nueva. Lo cual, todo como el Papa lo concedió, le fue revelado a esta sancta religiosa. Y aun aconteció un milagro acerca dello. Que, perdiéndose en el mar, con otras muchas cosas, las bulas de la institución y religión, fueron milagrosamente halladas por esta bendita señora en una arca del monasterio. Y aparejando con grande diligencia las cosas convenientes al tomar del hábito, hacer la profesión y recebir el velo conforme a las letras [26v col. b] apostólicas, el quinto día después desta determinación, estando orando, le apareció Nuestra Señora y le dijo que, al décimo día, moriría. Y así sucedió porque, recebidos muy devotamente los sacramentos, se fue a su Esposo celestial en el año de mil y cuatrocientos y noventa ''[1]'', de edad de sesenta y seis años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo después, siendo mudado su cuerpo de la sepultura para ser guardado en un rico sepulcro, tan grande fue el olor y fragancia que de allí salió que todos los presentes fueron muy recreados y enterados en la vida sancta desta bendita mujer. Luego pues que murió, las monjas que estaban en aquel monasterio de Sancta Fe tomaron el hábito y hizieron profesión conforme a las letras apostólicas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral derecho leemos: “Año de 1490.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Francs Beatriz de Silva 3.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “desta” y “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo XXXVI ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 277r] […] Doña Beatriz de Silva, de nación portuguesa, fundadora en esta ciudad de la sagrada Orden de Nuestra Señora de la Concepción y monja deste mismo título, nombre y hábito en el monesterio de la Concepción desta ciudad; falleció en el año de 1490.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2025&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. “Quarta Parte deste libro en que se explica, y declara la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora, y se dize en qué tiempo tuvo su origen, y principio”, ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla''. Salamanca: Viuda de Artús Taberniel, 1-6.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla de Luis de Miranda]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en la ''Vida de la gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla'', de fray Luis de Miranda, impreso en 1610. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el primer apartado de la cuarta parte del mencionado libro, centrado en la Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora y en su principio y origen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (“agora”, “sancto”, “Christo”, “satisfactión”, “aflictión”, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. También se corrigen algunos casos de laísmo y se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] '''Del origen y principio de la Orden de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la Orden de las Monjas de la Concepción ''[1]'' de Nuestra Señora dio principio una muy ilustre y muy noble señora, llamada doña Beatriz de Silva, portuguesa, a quien la reina doña Isabel, hija del rey don Duarte de Portugal, trajo consigo cuando vino a casarse con el rey don Juan el Segundo de Castilla. Fue esta dama una de las cosas más raras de su tiempo en discreción, hermosura y buena gracia, a cuya causa, y por ser tan noble como era (porque era muy deuda de la reina), comenzó a ser servida de todos los grandes de la corte y, de algunos, pedida por mu- [2] jer. Sobre lo cual hubo entre ellos grandes contiendas y pasiones, pretendiendo cada cual ser único y aventajado en su servicio y privanza. Las cuales cosas, como creciesen cada día, vino esto a oídos y noticia de la reina, que, creyendo tenía en esto la dicha doña Beatriz alguna culpa, y celando el autoridad y honra de su casa y de su palacio, se enojó mucho y mandola meter en un estrecho encerramiento, donde estuvo tres días sin serle dado de comer. Viéndose, pues, la muy tierna y delicada dama sin culpa tan maltratada y puesta en tan grande aflictión, con mucha devoción se encomendó a Nuestra Señora la Virgen, Madre de Dios, llamándola en su ayuda y haciéndole voto de guardar virginidad y castidad todo el tiempo de su vida. Lo cual hizo con tanto fervor de devoción y abundancia de lágrimas y tan de corazón que mereció ser visitada de la Virgen, sin mancilla. Apareciole la purísima Virgen Madre de Dios vestida de blanco, con un hábito y escapulario y el manto azul, como agora le traen las monjas de esta orden; con cuya vista recibió ella mucho esfuerzo y consolación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados los dichos tres días, y habiendo sido puesta en su libertad, teniendo por muy peligrosa la vida de la corte para quien perfectamente y de veras desea servir a Dios, determinose de huir de ella y irse a Toledo a encerrarse en el Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, de aquella ciudad. Habida licencia de la reina para ello y caminando por su camino con sus criados, en él fue confortada del Señor con otro aparecimiento, y fue que oyó que la llamaron en legua portuguesa y, volviendo a ver quién era, vio venir dos frailes de la Orden de San Francisco, y ella, no entendiendo la merced que Dios le hacía y consolación que le enviaba (como al que teme todo se le hace temores y juzga ser en daño suyo), pareciole que la reina enviaba aquellos dos frailes para la confesar y luego mandarla matar. Y hubo grandísimo miedo y, con mucha aflictión de su corazón, encomendose a N. Señora, a quien tenía ya por su valedora y abogada. Mas como llegaron los sobredichos religiosos, saludáronla con palabras de mucha consolación y no solo le [3] quitaron el temor que tenía y angustias de su alma que llevaba, mas con las palabras que le dijeron la llenaron de contento y alegría. Porque, entre otras, fue decirle que fuese cierta y segura, que sin lesión de su virginidad y integridad (ordenándolo así la Madre de Dios) sería madre de muchas hijas muy sanctas y benditas, y muy nombradas y estimadas por todo el mundo. Como llegasen a la posada y se quisiesen asentar a comer y la devota sierva (no ya de la reina de la tierra, sino de la de los cielos) mandase llamar a los sobredichos religiosos para que comiesen, buscándolos, no fueron más vistos ni hallados. Entonces se admiró más y entendió y conoció haber sido, sin duda, aquella revelación divina y visitación con que Dios N. S. quiso confirmar su sancto deseo y buen propósito, manifestándole lo que estaba por venir y las muchas y sanctas hijas que había de parir y engendrar espiritualmente a Dios, fundando la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. Con lo cual, quedó su alma muy más consolada y confortada, y con grande fee que aquellos religiosos habían sido el bienaventurado P. N. S. Francisco y el glorioso S. Antonio, cuya devota muy particular ella era y lo fue mucho más de ahí adelante, porque siempre hasta que murió hizo y celebró sus fiestas con muy grande devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como llegase a Toledo la muy ferviente sierva y esposa de Christo, recogiose luego con dos criadas suyas en el dicho Monasterio de Sancto Domingo el Real y en él estuvo 30 años en hábito seglar, haciendo muy áspera y estrecha vida en continua oración y contemplación y muchos sanctos ejercicios. Y en todo este tiempo (se dice) que ningún hombre ni mujer le vio descubierto el rostro, si no era una criada suya que la servía y la sobredicha Reina Católica doña Isabel, ni en los otros años que después vivió hecha religiosa hasta su muerte. Lo cual hacía en penitencia y satisfactión de la ocasión de vanidad que con su hermosura había dado a los del mundo. Pues, como fuese devotísima de la Madre de Dios y, especialmente, de su Concepción purísima y sanctísima, andaba siempre pensando y cuidando cómo la pudiese más honrar y sublimar, y siem- [4] pre con aquel ardiente deseo de instituir una Orden y Religión con nombre de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora. Comunicando este su pensamiento con la dicha Reina Católica doña Isabel, hallola tan favorable y tan conforme a su voluntad, que no solo le pareció aquel propósito haber sido inspirado por Dios, mas luego la ayudó a cumplir tan sancta obra, dándole para este efecto en Toledo unos palacios donde agora está el Monasterio de Sancta Fee. ''[2]'' Allí se encerró la sierva y esposa de Christo con otras doce doncellas nobles, dejando el sobredicho Monasterio de las Dueñas de Sancto Domingo el Real, el año del Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, donde estuvo cinco años pensando qué hábito tomaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y nueve, su petición y de la dicha reina, el papa Inocencio VIII, que presidía en la Iglesia, a la sazón le concedió la institución y continuación de la orden que había comenzado, con el nombre, hábito y oficio de la Concepción, como lo tuvieron las religiosas de ahí adelante, con ciertos estatutos, ayunos y ceremonias, quedándose debajo de la obediencia del Prelado Diocesano. Todas estas cosas se dice que le fueron reveladas a la sierva de Dios, cómo el papa se las concedía aun antes que llegase la concesión; y que aconteció un milagro y fue que, perdiéndose en la mar con otras muchas cosas las bullas de esta religión, fueron milagrosamente halladas por la sierva de Christo en una arquilla del monasterio. Aparejándose, pues, con mucha devoción y fervor para profesar y comenzar la sancta Religión de la Concepción, que tanto había deseado y procurado, al quinto día de esta determinación, le apareció en la oración Nuestra Señora y le dijo que de ahí a diez días saldría del presente destierro y se iría a reinar a la patria celestial. Y así aconteció porque, recibidos todos los sacramentos muy devotamente, partió de esta vida el año de mil y cuatrocientos y noventa, siendo de edad de sesenta y seis años, llena de muchas buenas obras y merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo después, siendo su cuerpo mudado de la sepultura para ser trasladado y guardado en un monumento muy labrado en el coro, donde agora está [5], tan suave olor salió de él que todos los que presentes se hallaron fueron muy confortados en el Señor y admirados y maravillados. Cuatro años después de lo sobredicho, las monjas ya profesas según las constituciones del papa Inocencio Octavo y otras de la Orden de San Benito de otro monasterio de la dicha ciudad, con autoridad del papa, todas juntas hicieron profesión de la Regla de Sancta Clara con el hábito de la Concepción en el dicho Monasterio de Sancta Fee y vivieron así hasta el año de mil y quinientos y uno. En este año, como los frailes menores de la observancia morasen ya en el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, dejando el Convento Antiguo de San Francisco, fueles dado a las dichas monjas y religiosas de la Concepción, adonde han florecido en mucha religión y sanctidad y crecido en muy grande número. Y después, como no pareciese cosa conveniente profesar la Regla de Sancta Clara con el hábito y oficio de la Concepción, fue compuesta otra regla particular por ciertos frailes menores de la observancia de la provincia de Castilla, y confirmada por el papa Julio Segundo, el año de mil y quinientos y once, y profesada por las sobredichas religiosas. ''[3]'' Y, para que siempre se ocupasen en loores de la Purísima Concepción de la Madre de Dios, fue ordenado un breviario que tuviese particular oficio de la Concepción para todos los días de la semana con orden que rezasen cada día de esta fiesta, salvo cuando ocurriese fiesta solemne o domingo de historia forzada, porque entonces rezaban el oficio romano como los frailes menores, a quien tenían dada la obediencia. Este fue el primero Monasterio que esta Orden tuvo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo monasterio de esta orden fue la Concepción de Torrijos, adonde muchas religiosas han vivido en grande aspereza y continua oración dejando de sí en muerte y en vida un olor suavísimo de virtud y sanctidad. Está esta orden y religión sagrada ya el día de hoy muy estendida y dilatada, porque en muchos lugares de Castilla hay edificados muchos muy nobles y muy religiosos monasterios de esta orden con título y nombre de la Purísi- [6] ma Concepción de Nuestra Señora. En los cuales grande número de doncellas y mujeres ilustres y nobles con puras y devotas almas sirven al Rey Celestial en los palacios de la Reina soberana, su madre, dejando las cosas transitorias, las casas de sus padres y los estados y prosperidades de la Tierra por aplacer y agradar al Rey del Cielo, siguiendo las pisadas y ejemplos de la muy ilustre y bienaventurada madre doña Beatriz de Silva, que, dejando a la reina de la Tierra, mereció ser tan agradable a la del Cielo, y madre de tantas y tan principales hijas, y reinar para siempre con la soberana Reina Celestial. Habiendo, pues, ya explicado y declarado la primera y segunda Regla de la bienaventurada Santa Clara, que profesan las monjas y religiosas, sus hijas las Descalzas y las que comúnmente son llamadas Urbanas (la cual también profesan las que son llamadas de Corpus Christi), no me pareció que sería justo se quedase por explicar y declarar brevemente también la sobredicha Regla de las Monjas de la Concepción de Nuestra Señora (pues era negocio fácil). Remitiéndome en muchas cosas a lo que queda dicho en las reglas sobredichas, porque en las cosas comunes, esenciales y substanciales todas las reglas son unas, y en las accidentales y particulares se parecen mucho las unas a las otras, con lo cual el trabajo no será tan grande. Sírvase Nuestro Señor de que sea todo para su sancto servicio y para mucha honra y gloria suya, como yo deseo, y para algún pequeño servicio de la Virgen Nuestra Señora y de su Concepción sanctísima y purísima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen derecho: ''Tercera parte de las Chrónicas'', libro 8, capi. 11 y 12. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen izquierdo: Cuándo tuvo su origen y principio la Orden de la Concepción de Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: El primero Monasterio de la Concepción fue el de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano/ Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historias admirables de francisco de vivar.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Vivar Vivar, Francisco de]. 1618. “Vida de Beatriz de Silva” en ''Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, Historias admirables de las más ilustres entre las menos conocidas santas que hay en el cielo''. Valladolid: Gerónimo Murillo, fols. 2r-21v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Francisco de Vivar]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, qu/cu, empleo de h, sibilantes, etc.) y se eliminan las consonantes germinadas, excepto cuando se trata de “ll” por “rl”. Por otra parte, se expanden las abreviaturas y se moderniza el uso de mayúsculas y minúsculas salvo en los casos en los que se hace referencia a la inmaculada concepción de la Virgen María o atributos de seres divinos (''Reina del Cielo, Purísima Concepción''). Las normas acentuales se adaptan a los usos actuales y se moderniza también la puntuación, acentuación o el uso de aglomerados. También se introducen las comillas para delimitar los parlamentos de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En los fragmentos en latín se emplea la grafía ‹j› para todas las terminaciones del ablativo y el dativo plural (-is), que se mantiene como en el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, es conveniente señalar que se han conservado cultismos como “Jesuchristo” y se han incluido en las notas finales todos los comentarios marginales del documento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la limpia concepción de Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contiene la historia admirable de la fundación de la Orden de la Concepción Purísima de la Madre de Dios”, juntamente con la vida de la nobilísima y bienaventurada virgen doña Beatriz de Silva, parienta de nuestro católico rey don Felipe Tercero, que Dios guarde muchos años. Donde se prueba que la orden en su fundación fue de la de nuestro glorioso padre san Bernardo y la sierva de Dios doña Beatriz de Silva profesó y murió en la mesma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== §. I. De la nobleza, niñez y juventud de la beata doña Beatriz y de un celestial favor que le hizo la Reina de los ángeles ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anduvo tan liberal el soberano hacedor de todas las criaturas con su querida esposa doña Beatriz de Silva que, no contento con poner en ella colmados los dones de su gracia, la dotó juntamente en lo natural de los mejores que estima con razón el mundo, cuales fueron, nobleza, discreción [fol. 2v] y hermosura, partes que adornan maravillosamente una doncella y la hacen amable por extremo. Al que llegaron ''[1]'' las de doña Beatriz fue excelentísimo, pues cuanto a la nobleza, fue de la sangre de los reyes de Portugal, parienta en grado próximo del rey don Manuel el Invencible Conquistador ''[2]'' de la India y Imperio Oriental y, por el consiguiente, fue ascendiente de nuestro católico rey don Felipe que hoy reina, y de quien él heredó la devoción a la limpia Concepción de la Virgen María. Tuvo tres hermanos, los más ilustres caballeros que conoció Portugal en aquel siglo, a don Diego de Silva, ayo del serenísimo rey don Manuel y primer conde de Portalegre; a don Alonso Vélez, señor de Campomayor; y al glorioso caballero de Jesuchristo don Juan Meneses de Silva, que después en Italia profesó la milicia del seráfico padre san Francisco y floreció tanto en santidad que la testificó Dios con muchos y grandes milagros que hizo por los méritos del bienaventurado fray Amadeo, o Amador, que este fue el nombre que tomó en la religión, bien conforme a la caridad divina que en su pecho reinaba. Mucho se pareció doña Beatriz a todos sus hermanos en la nobleza y generosidad de ánimo, pero mucho más en la santidad y pureza de vida a fray Amadeo, y a todos excedió en la devoción de la Purísima Concepción de la Reina del Cielo, como aquella a quien su Majestad había escogido para hacer a su Madre un tan señalado servicio como fundar a gloria de su concepción una religión santísima, donde de día y de noche la estén alabando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Ya que Dios había ennoblecido el reino de Portugal con el nacimiento de su Beatriz (que hasta en el nombre fue bienaventurada), quiso honrar a Castilla con su juventud, y para esto ordenó el segundo matrimonio del rey don Juan el Segundo, que casó con doña Isabel, hija del infante don Juan de ''[4]'' Portugal, del cual casamiento nació, para bien de España, la reina católica doña Isabel, tercera abuela de nuestro rey y señor don Felipe Tercero. Pues en esta ocasión, la Infanta de Portugal trajo consigo a su parienta doña Beatriz, muchacha ''[5]'' de pocos años pero de rara hermosura y discreción, con que hacía raya en la corte y era vista como maravilla y milagro [fol. 3r] de hermosura y oída por la prim[er]a de las discretas; y como a estas partes se ajuntaban la nobleza y favor que tenía de los reyes, mil príncipes la pretendían servir con humos de pedírsela por mujer. Hasta el rey don Juan gustaba tanto de vela y oíla que la reina cobró celos bastantes para vivir con poco sosiego. Y como si la culpa estuviera en doña Beatriz, un día, ciega de cólera y enojo, la cogió tan descuidada como inocente y, para quitársela al rey de los ojos, la encerró ''[6]'' en un cofre y en él la tuvo tres días, ocasión bastante para ahogarla y quitarla la vida por la falta del aire necesario para la respiración o por la hambre, que en tres días pudo dar en tierra con un sujeto tan delicado como el suyo o finalmente, por el miedo que la tierna doncella recibió, de verse en tan escura y apretada prisión, donde, por no descubrir el desconcierto de su señora, no se atrevía a dar voces ni pedir socorro a persona del mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la hacía este falta cuando tenía el de Dios tan cerca que, ''[7]'' apenas había invocado el de su santísima Madre, de cuya Purísima Concepción era devota desde su niñez, cuando la Reina del Cielo se le apareció y visitó en aquella estrechura del cofre y la animó y la confortó maravillosamente en la aflicción presente y dio esfuerzo para padecer mucho más que se le ofreciese por su amor. Venía la Virgen de la librea de su Purísima Concepción, con hábito blanco y escapulario azul, como trayéndole la muestra del que había doña Beatriz de dar después a sus monjas y a la orden que había de fundar a honra de la limpia Concepción, movida deste favor y de otro que la Reina de los ángeles le hizo, mostrándosele en el mesmo hábito y librea en otra ocasión. Los efetos mostraron bien el regalo que la Madre de Dios la había hecho, pues cuando envió la reina a sacar del cofre a la sierva de Dios, después de haber estado dentro de él tres días (o por descuido y olvido o porque duró otro tanto el desacuerdo de la reina o —lo que es sin duda— por divina providencia que quería comenzar a mostrar lo mucho que quería a esta su sierva) salió tan gorda, fresca y hermosa como cuando allí la pusieron, mas ¿qué mucho, que quien había sido tan regalada del Cielo no echase menos la falta de los manjares de la tierra?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. II. Cómo se recogió en Santo Domingo el Real de Toledo y lo que yendo allá la aconteció en el camino===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Agradecida la sierva de Dios a la señalada merced que había recibido de su santísima Madre, todo lo que de un ánimo noble se puede creer, apenas se vio libre de las que le pretendió dar la reina cuando, con particular voto que de ello hizo, la prometió de guardar virginidad perpetuamente a gloria suya para imitarla en la incorrupción del cuerpo y darse desde luego por suya, dedicando todas sus obras y vida a su servicio. Pero, viendo que el cumplimiento de este voto corría riesgo y peligro en la vida profana y regalada de palacio, se determinó de recogerse a parte más segura, donde con quietud sirviese a su señora la Reina del Cielo, pues la de la Tierra la pagaba tan mal sus servicios. Con estos intentos salió de Tordesillas, donde estaba la corte entonces y donde la Virgen la había visitado en la cárcel y prisión del cofre, y tomó el camino de Toledo, llena de temores de que los celos de la reina no la siguiesen aún fuera de palacio; y al pasar de un monte la alcanzaron ''[9]'' dos religiosos franciscos, los cuales, llegándose a ella, la saludaron con mucha cortesía. Aquí fue el aumentarse sus miedos y darla mil saltos el corazón y creer que ya era llegado el fin de sus días, pareciéndole que la reina enviaba aquellos frailes para que la confesasen y animasen a pasar el trance de la muerte. No pudo disimular la pasión la afligida señora sin que los ojos se turbasen con tiernas y abundantes lágrimas y les preguntase la causa de su venida, obligándose de camino a dársela a ellos de sus lágrimas y congoja. Tomó la mano uno de los dos religiosos, que parecía y hablaba portugués y, desengañándola del yerro que había concebido, la consoló mucho y la dijo que no venían a darle pena, sino a quitársela, que tuviese buen ánimo, que estaba tan lejos de morir ''[10]'' entonces que primero tendría muchas hijas. Extrañó doña Beatriz la respuesta, y diósela con que tenía hecho voto de perpetua virginidad y que no la sacaba de la corte otro fin sino el retirarse donde pudiese guardalle y para ello se iba a [fol. 4r] Toledo, donde pensaba recogerse en Santo Domingo el Real, que es de monjas de Santo Domingo. “Sea como quisiéredes, señora”, respondió el religioso, “que no habrá falta en lo que decimos y aun vuestras hijas serán tales que vuele su fama por todo el mundo y la vuestra medrará mucho por la suya”. En estas pláticas fueron divirtiendo el trabajo del camino, hasta que, llegando cerca de una venta donde habían de pararse a comer, doña Beatriz mandó a un mayordomo o paje que se adelantase y aparejase bien de comer para todos. Cuando llegaron, los religiosos la pidieron licencia para pasar adelante, pero, por mucho que insistieron en ello, no permitió dejasen de entrar dentro y tomar un bocado con ella. Entraron delante de la sierva de Dios y, con verlos entrar con sus propios ojos, cuando acordó en un punto no los hallaron en toda la venta ni hubo quien diese noticia de tales frailes, cosa que cuando se enteró de ella, la consoló a la santa doncella en gran manera, y tuvo por cierto que el fraile portugués era san Antonio, su conterráneo y singular devoto, que la vino a consolar en el aprieto en que se vía, y del otro se persuadió que era el seráfico padre san Francisco, con quien tenía particular devoción, por lo cual dio a Dios las gracias debidas y, en memoria de este admirable consuelo y beneficio, celebró toda su vida la fiesta de estos dos santos con muchas muestras de regocijo y alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó finalmente a Toledo la sierva de Dios y fue recibida en el monasterio de Santo Domingo el Real de la Orden ''[11]'' de Predicadores como un ángel del Cielo que Dios les enviaba, pero como Él la tenía para fundar otra diferente, a gloria de la Purísima Concepción de su Madre, no se la dio tan por suya que tomase el hábito y se vistiese de la librea de las demás monjas del monasterio, que solo estuvo en él recogida en hábito seglar pero tan ejemplar y modesto que, siendo una señora tan celebrada por bizarra en España, dejó todas las galas y se quedó con solas dos criadas que la acompañasen, la que era de sangre real. Aquí comenzó a dar muestras de su santidad y nobleza, pues en fe de la una de estas dos prendas ricas se ejercitaba en la oración continuamente y ejercicios de caridad y humildad y las demás virtudes y, en [fol. 4v] ''[12]'' testimonio de la otra que era su nobleza, edificó con sus rentas los claustros del monasterio y el capítulo y puso en ellos las quinas de los reyes de Portugal, sus deudos, y por divisa suya un laberinto, por ventura en memoria del beneficio que Dios la había hecho en sacarla del mundo, donde el que una vez entra de veras no tiene poca ventura si acierta a salir fuera y verse libre. Por ambos títulos la cobró grandísima afición la católica reina doña Isabel, que ya reinaba en Castilla y Aragón (que era hija de doña Isabel la Portuguesa, con quien doña Beatriz vino a Castilla, y del rey don Juan el Segundo, como ya ''[13]'' dijimos) y la visitaba con mucha voluntad cuando iba a Toledo. Estuvo doña Beatriz en Santo Domingo el Real treinta años y en todos ellos fue tan grande el recato que tuvo que, si no es la reina doña Isabel, ninguna persona la vio jamás el ''[14]'' rostro que de propósito traía cubierto con un velo; y aun sus mesmas criadas no le vían, que para comer descubría solo hasta la boca. Lo que le movió a la sierva de Dios a guardar este recato fue penitencia que quiso hacer voluntaria de lo mucho que había cuidado antes de su hermosura, temerosa de que algunas personas llevadas de ella no hubiesen ofendido a Dios cuando estaba en palacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== §. III. Trata con la reina católica de fundar su orden, y escogió que fuese la de San Bernardo, y para ello le dio la reina los palacios de Galiana en Toledo===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque desde los tiernos años de su niñez fue siempre doña Beatriz muy devota de la Inmaculada Concepción de la Reina de los Ángeles, mucho más lo fue después que dejó el mundo y, retirada en los encerramientos del monasterio, se dio de veras a su meditación y contemplación porque en ella, con la luz que el divino Espíritu la comunicaba, conocía la dignidad de la Virgen sin mancilla, y de ella coligía cuán conveniente fue que Dios la preservase de pecado original, pues no parecía decente que la que había [fol. 5r] de ser Madre suya y verdadera estuviese algún tiempo en su desgracia, hija de ira e indignación. De la afición grande que cobró a este divino misterio comenzó a conferir en su entendimiento qué servicio haría ella a esta Señora y Reina de los Cielos en que lo diese a entender su afecto y devoción, y fuese causa de aumentarse en el mundo la de su Purísima Concepción. Inspirola la misma Señora, que se daría por ''[15]'' muy servida de que a honra suya y del dicho misterio en particular instituyese una religión en que se tomase por propio y particular asumpto el honrarle, acordándose de la merced que la había hecho la Virgen en el cofre de Tordesillas mostrándosele en el hábito que más representaba su pureza. No se descuidó la santa doncella en procurar la ejecución de sus nobles intentos y, para que la tuviesen presta y segura, se puso en manos de la reina católica doña Isabel que de suyo era sobremanera devota y aficionada al mismo misterio; descubriola su pecho y pidiola no solo su parecer, sino su ayuda y, habiendo loado la gloriosa reina sus designios, se concertaron en que ella escribiría al papa sobre el caso, pidiéndole la confirmación de la orden y que doña Beatriz le presentase una petición en que le diese parte de todo lo que pretendía hacer y ordenase lo que más conveniente le pareciese acerca de la regla y hábito que había de guardar, para que el papa lo confirmase y aprobase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes que la petición se hiciese, fue la reina de parecer que la ilustre y santa doña Beatriz saliese de Santo Domingo ''[16]'' el Real y comenzase a llegar gente para esta obra del Cielo y poner en orden el edificio de su monasterio que había de ser el principio de su orden y, para ello, le hizo real donación de los Palacios de Galiana, que eran de su real patrimonio y están bajo de Zocodover y entonces eran casa de moneda. Hecha y admitida esta donación, salió doña Beatriz de Santo Domingo y, acompañada de doña Felipa de Silva y Meneses, su sobrina, que después fue abadesa en la Concepción, y de otras once mujeres extranjeras, nobles y virtuosas, se recogió a los Palacios dichos, y comenzó a poner [fol. 5v] ''[17]'' en orden su casa, haciendo en ella tornos y portería y las demás oficinas necesarias, donde comenzó a vivir con sus compañeras una vida religiosa y de mucho ejemplo, aunque el traje no le habían mudado hasta que esto se hiciese con la autoridad del sumo pontífice. Enviole luego tras estas diligencias su petición, comunicada con la reina y con sus compañeras y vista por el papa Inocencio Octavo, que presidía a la universal Iglesia en la silla de san Pedro, loó mucho el santo propósito de la sierva de Dios y, a instancia de la reina, dijo que él aprobaría aquel nuevo instituto, pero que regla ni orden nueva no convenía aprobar ni lo haría, por tanto que escogiesen lo que más les agradase, que hecho esto él haría la gracia y expediría sus bulas plomadas. Con esta resolución del pontífice (muy semejante a la que tuvo su antecesor Inocencio Tercero con santo Domingo cuando le mandó volver a tratar con sus compañeros la regla que querían escoger entre las aprobadas para que debajo de ella militasen los predicadores), doña Beatriz llamó a sus compañeras a consejo y, de común consentimiento, determinaron ''[18]'' que fuese la Orden de Císter, pues era tan de veras dedicada a la Reina del Cielo que toda la vida de sus hijos empleaba en sus alabanzas. Así lo refiere el autor de la historia de la bienaventurada doña Beatriz en el capítulo quinto, aunque el papa en su bula solo dice que le fue suplicado por parte de ella que les concediese la fundación de su monasterio, con título de la Concepción y debajo de la Orden de Císter, a la cual ella y sus compañeras tenían singular afecto de devoción, sin decir si el elegir la Orden de Císter fue de primera o de segunda instancia. ''Pro parte eiusdem Beatricis asserentis se de nobili genere procreatam fore; ac ipsam, et mulieres prædictas Ordinem Cisterciensem, ad quem singularem gerunt devotionis affectum, velle profiteri, nobis fuit humiliter supplicatum, ut in dicta domo Monasterium monialium dicti Ordinis, sub invocatione Conceptionis huiusmodi, cum dignitate Abbatiali erigere dignaremur''. Lo cierto fue (si quiera fuera pedida de primera instancia la Orden de Císter por doña Beatriz y sus compañeras o no lo fuese) que el papa Inocencio no [fol. 6r] concedió la fundación del monasterio y Orden de la Purísima Concepción sino debajo de la de Císter, y que ellas lo pidieron así al papa como él lo confiesa en las palabras referidas de la bula que después pondremos, y esta mesma verdad confirman las que se siguen en la mesma, cuando dice a los obispos de Coria y de Cathania y al vicario de Toledo, a quienes hizo ejecutores de sus bulas: ''Mandamus quatenûs in dicta domo unum Monasterium eiusdem Ordinis Cisterciensis sub invocatione Conceptionis huiusmodi, cum officinis necessarijs pro una Abbatibsta, quæ alijs præsit monialibus dicti Ordinis, ac Beatrice et mulieribus inibi nunc secum degentibus, si profiter volverint authoritate nostra erigatis, etc''. &amp;quot;Mandamos&amp;quot;, dice, &amp;quot;que en la dicha casa de Galiana, fundéis un monasterio de la mesma Orden de Císter debajo de la invocación de la Concepción, con las oficinas necesarias para vivir una abadesa que presida a otras monjas de la dicha orden y a la mesma doña Beatriz y sus compañeras si quisieren profesar&amp;quot;. Y lo mesmo afirman sus sucesores, Alejandro ''[19]'' Sexto, Julio Segundo y León Décimo, en muchas bulas que en favor de esta orden expidieron, de que después haré más particular mención, donde dicen que fue cisterciense en sus principios. Para que se vea la merced que hizo la Reina del Cielo a esta su devota familia, pues quiso que ella diese principio y echase la primera piedra al edificio de la orden de su Concepción Inmaculada como en agradecimiento de los frecuentes servicios que la hizo y hace desde sus primeros años hasta ahora que más largamente se refieren en las crónicas de nuestra orden y están llenos los libros ''[20]'' de ellos. Y también se pondere y estime el afecto y devoción de nuestra doña Beatriz a esta sagrada familia, pues siendo tan devota de los gloriosos patriarcas san Francisco y santo Domingo y cargada de obligaciones tan precisas como del uno vimos en el camino de Tordesillas a Toledo, donde se le apareció con san Antonio y la confortó y dio noticia por espíritu profético de la orden que había de fundar y muchas hijas que había de tener y del otro, en haber estado no menos de treinta años en su monasterio de Toledo; con [fol. 6v] todo eso, ni escogió la orden de este ni de aquel, sino la de Císter, pareciéndole sin duda que no le sería ningún servicio tan grato a la Virgen, ya que hacía orden de su nombre, como conformalla con la de Císter, que de día y de noche se emplea en sus alabanzas y todos sus monasterios por particular estatuto los dedica a su santo nombre, de modo que, aunque algunos tengan invocación de otro santo, será en segundo lugar, dejando siempre el primero a la Reina del Cielo como a señora de la orden. Con todo eso, ya que en lo principal ''[21]'' no se conformó con estas dos tan célebres, en algo mostró la devoción que a ellas y a sus fundadores tenía, y así en el hábito ordenó que sus religiosas trajesen escapulario blanco, como la Orden de Santo Domingo le trae, y se ciñese con el cordón de san Francisco, de que la mesma bula de Inocencio Octavo da testimonio, como después veremos. Ahora volvamos al hilo de la historia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. IIII. De los milagros célebres que sucedieron con las bulas de la confirmación de la orden===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víase la esposa de Iesu Christo cargada de años, porque tenía más de sesenta y tres, y al paso de ellos crecían sus deseos de ver aprobada la orden que intentaba a gloria de la Purísima Concepción de la Reina del Cielo, y así, hechas las diligencias sobredichas, escribió al sumo pontífice Inocencio Octavo, proponiéndole sus religiosos intentos y suplicándole humilmente, pues era tan devoto de la Virgen, los lograse para aumento de la devoción que el pueblo cristiano tenía a su limpia concepción, para lo cual le escribió también ''[22]'' la reina católica, encareciendo la santidad y nobleza de la bienaventurada doña Beatriz y el deseo que ella mesma tenía de ver fundada la nueva religión, que ya había echado sus raíces en el monasterio nuevo de Santa Fe, que así le llamaban al de los Palacios de Galiana porque tenía una capilla o iglesia con advocación de esta sagrada Virgen [fol. 7r] y mártir. Tuvo la petición de la sierva de Dios fácil y buena acogida en el pecho devotísimo del sumo pontífice, y tanto que fue cosa de mucha maravilla cuán a poca costa y en breve se despachó la bula de la confirmación, pero no era mucho si andaba Dios de por medio, que era el principal motor de estos intentos como Hijo natural a quien tocaba procurar el aumento de la honra de su santísima Madre. ''[23]'' Cuando la bula se despachaba en Roma y estaba en Toledo con el cuidado que se puede encarecer, la esposa amada de Cristo doña Beatriz, instando con lágrimas y oraciones el buen despacho de ellas, fue su Divina Majestad servido de concluir felizmente sus negocios y, para sacalla de él y dalla un buen día, por divina ordenación llegó a toda prisa un correo, en treinta de abril del año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, al torno del monasterio de Santa Fe donde estaba la santa hablando con su mayordomo en cosas del gobierno de él, y preguntó por la señora doña Beatriz de Silva; diole a entender que con ella estaba, y preguntole qué la quería: &amp;quot;Yo señora&amp;quot;, dijo él, &amp;quot;soy un correo, que en este punto ''[24]'' acabo de llegar de Roma, y traigo a Vuestra Merced unas nuevas que merecen aventajadas albricias y son las que más desea: que las bulas de la confirmación de su orden están ya concedidas y expedidas&amp;quot;. Con nuevas tan a gusto como la sierva de Dios tuvo no fuera mucho hiciera extremos de alegría si no se valiera de su mucha cordura, con todo eso no pudo disimular el contento interior y, dándose mil parabienes a sí misma y a la Reina del Cielo inmensas gracias, llamó al mayordomo y le dijo que aparejase unas muy honradas albricias que dar aquel correo que tan deseada nueva le traía y que le hospedase con toda caricia. &amp;quot;¿A qué correo?&amp;quot;, respondió el mayordomo, &amp;quot;¿o qué nuevas son estas que Vuestra Merced dice?&amp;quot;. &amp;quot;¿Ahí no ve&amp;quot;, dijo, &amp;quot;un hombre que estaba ahora hablando conmigo?&amp;quot;. &amp;quot;Ninguno, señora&amp;quot;, dijo el mayordomo, &amp;quot;ha estado aquí sino yo solo que no me he quitado del torno, no sé en qué piensa vuestra merced o qué dice&amp;quot;. Quedó la santa sobre manera admirada de lo que pasaba y, viendo que no parecía el mensajero ni había sido visto del mayordomo que estaba presente por la parte de fuera en [fol. 7v] el torno, conoció que era sin duda nuncio del cielo el que le había traído tales nuevas y, por ser desde niña por extremo devota del glorioso ángel san Rafael, a quien todos los días rezaba cierta devoción, se persuadió a que él era el que había hablado y, para mayor certificación del milagro, notó con curiosidad el día y hora que sucedió esto y después se averiguó era la mesma que en Roma se había expedido la bula de la confirmación; dándola Dios a entender cuán agradable servicio le hacía en honra de su Madre con su nueva orden de la limpia Concepción, pues aunque en Roma se hizo la gracia por el papa, Él la hizo a ella sabidora de todo lo que pasaba y participante de las alegrías que a esta causa celebraban ya los ángeles del Cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue solo este milagro el que hizo célebres las sobredichas bulas, que otro mayor obró Dios en ellas para dejar cumplido testimonio de lo que le agrada la devoción del pueblo cristiano con la Purísima Concepción de su santísima Madre, y es a mi juicio un grandísimo argumento que aprueba la verdad de haber sido engendrada sin pecado original, pues no había Dios de hacer milagros en comprobación de una mentira o falsedad y el que ahora refiero es tan auténtico como el que más de los que han sucedido en muchos ''[25]'' siglos. Después de las alegrías que tuvo la sierva de Dios con las nuevas angélicas de la confirmación de su orden, pasados tres meses poco más o menos le vino otra nueva que las templó y aún las convirtió en llantos y tristezas, de que había padecido naufragio la nave en que venían las bulas y, aunque no había perecido ninguna persona (que todas se escaparon con harto trabajo y desnudez y la hacienda había ''[26]'' ido a fondo), entre otras cosas de precio también las bulas quedaban en lo profundo del mar. No se acabó la tempestad entonces, que ahora tuvo su efecto en el corazón de la sierva de Dios doña Beatriz, que fue tan afligido y atormentado con tales nuevas que a no desaguar por los ojos y dar vado al corazón con infinitos suspiros, no fuera mucho que diera también a fondo su vida. Tres días estuvo llorando continuamente sin hallar consuelo ninguno mas de conformarse [fol. 8r] con la voluntad de Dios que así lo disponía y, al fin de ellos, se levantó de la oración y fue a abrir un cofre para sacar de él ciertas cosas que se le ofrecieron que fue a pasar de un extremo a otro y quedar suspensa con una nueva maravilla, cual fue hallar dentro del cofre un pergamino doblado con sus sellos ''[27]'' pendientes, cosa que ella no había puesto en él ni jamás había visto. Recelosa de lo que podía ser, para salir de esta duda, como ella no entendía lo que en el pergamino estaba, envió a suplicar al obispo de Guadix fray Francisco Quijada de la Orden de Señor San Francisco, que a la razón estaba en Toledo, se llegase a Santa Fe, que tenía cierta cosa que comunicalle. Cuando tomó y desdobló las bulas, leyó y reconoció que eran las que se había tragado el mar, de la aprobación y confirmación de la nueva Orden de la Purísima Concepción, con que se serenó maravillosamente el corazón de la sierva de Dios y toda la ciudad de Toledo hizo demostraciones de grandísimas alegrías. Dio el obispo parte de este milagro a la santa Iglesia y la reina lo supo luego por carta de doña Beatriz (según se cree) y, comprobando el milagro con parecer de la reina católica, se ordenó cierto día para celebrar la publicación de él, lo cual se hizo con grandísima solenidad en este modo. Salieron los canónigos de la santa ''[28]'' iglesia, con procesión solene de ''Te Deum laudamus'', y fueron desde la dicha iglesia hasta Santa Fe, donde la sierva de Dios los esperaba con sus devotas compañeras y al fin de la procesión iba el obispo de Guadix vestido de pontifical, el cual en una fuente de plata rica llevaba el precioso tesoro de las bulas que (a lo que se cree) el ángel san Rafael había sacado de lo profundo del mar y escondido y guardado en el cofre que la sierva de Dios tenía en Toledo. Dijo la misa solenemente el mismo obispo de Guadix, y puesto en un sitial, así como estaba de pontifical, predicó en ''[29]'' alabanza de la Purísima Concepción y de la nueva orden y publicó el milagro de las bulas que allí tenía, refiriendo en particular todas sus circunstancias. Causó al pueblo gran regocijo y aumentó a la devoción de la limpia Concepción de Nuestra Señora, y toda la ciudad guardó [fol. 8v] aquel día como fiesta principal, levantando mano de los oficios mecánicos y gastándole en maravillarse y dar a Dios gracias por el milagro de las santas bulas. Cuando esta historia escribió el autor de la vida de la santa, era abadesa del monasterio de la Concepción la venerable madre Juana de san Miguel, que se halló presente a lo dicho como compañera que era de las primeras que tuvo la sierva de Dios doña Beatriz, y en el pueblo había infinitos que se acordaban porque esta fiesta se hizo el año de 1489 y la vida se escribió treinta y siete años después, el de 1526. Para que quedase memoria eterna de esta tan grande milagro y se hiciese de las bulas el caso que era razón, se pusieron dentro de un viril en el sagrario del monasterio de la Concepción, de donde hube yo una copia, que es la que se sigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. V. Copia de las santas y milagrosas bulas de la Orden de la Concepción===&lt;br /&gt;
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''Inocentius Episcopus servus servorum Dei, venerabilibus fratribus cauriensi, et Cathariensi Episcopis, ac dilecto filio Officiali Toletano, salutem et Apostolicam benedictionem. Interinnumera divine Maiestati accepta opera fundare cœnobia, ac religiosa loca, in quibus prudentes virgines acceptis lampadibus se preparent obviam ire Sponso Christo Iesu ac gratum, et sedulum illi exhibeant famulatum, non modicum reputantes, pijs devotarum personarum desiderijs, per quæ cœnobia, et loca ipsa fundari, et erigi valeant libenter annuimus, et earum humiles preces favorabiliter exaudimus. Sane pro parte dilecta in Christo'' [30] ''filie Beatricis de Sylva mulieris Toletanæ, nobis nuper exhibita a petitio continebat quod olim charisima in Christo filia nostra Elisabeth Castellæ, ac Legionis Regina illustris, ob [fol. 9r] singularem, quem ad Conceptionem B. Mariæ Virginis gerit devotionis affectum, unam maximam domum Palacios de Galiana nuncupatam, in ciutate Toletana consistentem ad ipsam Reginam legitime pertinentem, in qua una antiqua Ecclesia sine capella, sub invocatione sancte Fidis est co[n]stituta, prafatæ Beatrici cupienti vitam ducere regularem, ad affectu, vt in ibi vnum Monasterium alicuius Ordinis approbati ad honorem eiusdem Concepcionis erigeretur, in quo dicta Beatrix, et aliæ devotæ mulieres eius sodales sub regulari observantia viverent, ac Altissimo, et eidem B. Mariæ famularentur, liberaliter, et gratiose concessit, et donavit, ipseque Beatrix, et mulieres concessionis, et donationis huiusmodi vigore dictam domun receperant, et illam ex tunc in communi [...]'' [31] ''et eidem Altisimo ac B. Mariæ famulantes in habitarum prout habitant de præsenti: ea tamen intentione quod dictum Monasterium inibierigeretur: Quare'' [32] ''pro parte eisdem Beatricis, afferentis se de nobili genere procreatam fore, acipsam et mulieres prædictas Ordinem Cisterciensem, ad quem singularem gerunt devotionis affectum velle profiteri, nobis fuit humiliter supplicatum, ut in dicta domo Monasterium monialium dicti Ordinis sub invocatione Conceptionis huiusmodi, cum dignitite Abbatissali, campanili, campana, dormitorio, refectorio, claustro, hosrtis, hostilitijs et alijs necebsariis officinis, in quo in comuni et sub regulari observantia, ac perpetua clausura vivant, erigere, illique dictam Ecclesiam, sacte capellam pro Ecclesia, sive capella asignare, aliasque in præmissis opportune providere de benignitate Apostolica dignaremur. Nos igitur qui divini cultus augmentum religionis propagationem,'' [33] ''et animarum salutem, nostris potissime temporibus, supremis desideramus affectibus, pium et laudabile propositum, Reginæ et Beatricis prædictarum plurimum in Domino comendantes, huiusmodi supplicationibus inclinati, nec non consideratione eiusdem Regine nobis super hoc humiliter'' [fol. 9v] ''supplicantis fraternitati vestræ per Apostolica scripta mandamus, quatenus vos, vel duo, aut unus vestrum in dicta domo unum Monasterium eiusdem ordinis Cisterciensis sub invocatione Conceptionis huiusmodi, cum dignitate Abbatissali, campenili, campana, dormitorio, refectorio, claustro, hortis, hortilijs, et alijs necessarijs officinis pro una Abbatissa que alijs præsit Monialibus dicti Ordinis, ac Beatrici, et mulieribus in ibi nunc secum degentibus, si profiteri voluerint, quæ in communi ac sub regulari observantia, et perpetua clausura vivant, et quæ ac Monasterium huiusmodi prout S. Dominici Toletani dicti Ordinis el Viejo, nuncupatum, ac non nulla alia eiusdem Ordinis Monasteria locorum ordinarijs sunt subiecta, Archi episcopo Toletano pro tempore existentis bijciantur, alias sine alicuius præiuditio et iure parochialis Ecclesiæ, ac cuiu sibet alterius in omnibus semper salvo: auctoritate nostra erigatis: dictam que Ecclesiam siue capellam illi pro Ecclesia perpetuo as signetis, ac Abbatissæ dicti Monasterij pro tempore existenti, et illius conventui, quod aliqua statuta, et ordinationes laudabilia et honesta, sacris Canonibus non contraria, quæ moniales in dicto Monaterio pro tempore degentes perpetuo observare teneantur, etiam circa electionem Abbatissæ, tam, hac prima vice, quam deinceps perpetuis futuris temporibus, faciendi,'' [34] ''condere possint, licentiam cocedatis, et quod Abbatissa protempore existes et moniales præfatæ, vestem albam cum scapulari etiam albo, et de super mantellum coloris cælestis, in quibus quidem mantello, et scapulari imago eiusdem B. Mariæ assigatur deferre: ac cingulo camnabis adinstar fratrum Minorum cingi debeant: at in horis Canonicis iuxta morem Romanæ Ecclesiæ dicendis, hunc modum, videlicet, quod Dominicis in quibus aliqua'' [35] ''historia inchoata, sive officiu Dominicæ de necessitate diei debet, et quib'' [36] ''festa duplicia, et semiduplicia, et solemnia celebrantur, diebus etiam ferialibus, quibus officium feriale omitti non'' [fol. 10r] ''potest, ac octavis ipsarum festivitatum dumtaxat exceptis, omnibus alijs diebus per totum annum horas Canonicas maiores, et offitium divinum de huihsmodi Conceptione dicere: et ut præfatis exceptis diebus, in quibus horæ maiores de Dominica, velferia, autfesto dici debent horas minores, et offitium paruum eiustem B. Mariæ cum Antiphonis, versiculis, capitulis, et orationibus, de eadem Conceptione dicere debeant: ac singulis sextis ferijs et per Adventum Domini; ac alijs diebus quibus alij Christi fideles ad ieiunandum sunt ad stricti, ieiunare teneantur, et ad'' [37] ''alia ieiunia non obligentur. Acuum sicut asseritur dicta cinitas à mari per septem dietas et ultra distet, ac piscium penuria in ea continue vigeat carnibus omni tempore præter quam diebus ieiuniorum huiusmodi ac Sabbati, et quartis ferijs visci,'' [38] ''ac Abbatissa pro tempore existens de consilio monialium sibi pro tempore in consilijs assistentium secum et cum alijs monialibus dicti Monasterij supericiunijs ad quæ ex statuto, et ordinatione præsentibus, non autem ex iuris dispositione obligabuntur: et lineis indumentis cum viderit expedire, dispensare, ac quoscum que præsbyteros sæculares, vel de licentia suorum'' [39] ''superiorum, cuiusuis ordinis regulares in earum confessores, ad celebrandum eis Missas et alia divina offitia: ac Ecclesiastica Sacramenta eis ministrandum, qui Abbatissæ, et cuiuslibet monialium in eodem Monasterio pro tempore existentium confessionibus diligenter auditis, eis in singulis'' [40] ''Sedi Apostolicæ reservatis casibus, semel dumtaxat in vita, in alijs quoties fuerit opportunum pro commissis de absolutionis debito beneficio providere, ac pœnitentiam salutarem iniungere: nec non semel in vita, et in mortis articulo, plenariam omnium suorum peccatorum, de quibus corde contritæ, et ore confesse fuerint, remissionem: cuilibet earum in sinceritate fidei, unitate sancte Romanæ Ecclesiæ, ac obedientia et devotione nostra, vel successorum nostrorum'' [fol. 10v] ''Romanorum Pontificum canonice intrantium, persitentibus'' [41] ''concedere valeant, eligere possint. Quodque nullus absque Abbatissæ pro tempore existentis, expressa licentia claustra dicti Monasterij ingredi pobsit sub excommunicationis late sententiæ pœna quam eo ipso contrafacies incurrat, eadem auctoritate statuatis, et ordinetis. Non obstantibus constitutionibus, et ordinationibus Apostolicis, ac statutis et consuetudinibus dicti Ordinis, iuramento, confirmatione Apostolica, vel quiuis firmitate alia roboratis, cæterisque contrarijs quibuscumque. Nos enim si erectionem huiusmodi, per nos vigore præsentium fieri contigerit, ut præfertur, Abbatibsæ, et monialibus præfatis de cœtero perpetuis futuris temporibus, ut Quadragesimæ, et alijs diebus quibus stationes in Ecclesijs Urbis, et extra eam'' [42] ''celebrantur, aliqua altaria in Ecclesia dicti Monasterij visitando, et ante illa genibus flexis ter Orationem Dominicam, et'' [43] ''salutationem Angelicam devote dicendo, easdem indulgentias consequantur, quas consequerentur si Ecclesias prædictas visitarent: ac omnibus, et singulis gratijs, privilegijs, et exemptionibus alijs dicti Ordinis, per fedem prædictam in genere cocessis, uti potiri, et gaudere, libere, et licite possint, et debeant, autoritate Apostolica tenove earumdem præsentium, de specialis dono gratiæ indulgemus. Datis Romæ [a]pud sanctum Petrum, anno Incarnationis Dominicæ millesimo quadringentesimo'' [44] ''octuagesimo nono. Pridie Kalendas Maij, Pontificatus nostri anno quinto''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las mismas bulas en romance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Inocencio obispo, siervo de los siervos de Dios, a los venerables hermanos opispos de Coria y Cathania y al amado hijo vicario toledano, salud y apostólica bendición [fol. 11r]. Teniendo por no pequeña obra (entre las inumerables que son aceptas a la divina majestad) el fundar monasterios y religiosos lugares en los cuales las prudentes vírgenes, tomando sus lámparas se aparejen a salir al encuentro al Esposo Jesuchristo y le hagan continuo servicio; de buena gana asentimos a los piadosos deseos de las personas devotas y oímos favorablemente sus humildes ruegos para que se funden y levanten los mismos monasterios y lugares. Es así que una petición ante nós, poco ha presentada por parte de nuestra amada hija en Cristo doña Beatriz de Silva, mujer toledana, contenía que los años pasados nuestra carísima hija en Cristo doña Isabel reina de Castilla y León por el singular afecto de devoción que tiene a la Concepción de la bienaventurada Virgen María, había libre y graciosamente concedido y dado a la dicha doña Beatriz, que desea con efecto seguir vida regular, una casa grande que está en la ciudad de Toledo, llamada los Palacios de Galiana (en la cual está una antigua iglesia o capilla con nombre de Santa Fe) que pertenecía legítimamente a la mesma reina para que allí se fundase un monasterio de alguna orden aprobada a honra de la misma Concepción, donde la dicha doña Beatriz y otras devotas mujeres sus compañeras viviesen debajo de regular observancia y sirviesen a la misma bienaventurada Virgen María, y que la dicha doña Beatriz y mujeres sus compañeras en virtud de esta concesión y donación recibieron la dicha casa y desde entonces la han habitado, viviendo en común y sirviendo al Altísimo y a la bienaventurada Virgen María, según que de presente la habitan, pero con intención de que el dicho monasterio en ella se instituya. Por lo cual nos fue humildemente suplicado por parte de la misma doña Beatriz, que dice ser nacida de noble linaje, y que ella y las sobredichas mujeres quieren ''[45]'' profesar la Orden Cisterciense de San Bernardo a la cual tienen singular afecto de devoción que con la benignidad apostólica nos dignaremos de erigir en la dicha casa un monasterio de monjas de la dicha orden, con la advocación de la misma Concepción, con dignidad abacial, campanario, [fol. 11v] campana, dormitorio, refitorio, claustro, huertos, hortalizas y otras oficinas necesarias, donde vivan en común, debajo de regular observancia y perpetua clausura, y que les asignásemos la dicha iglesia o capilla por iglesia y capilla suya, y en lo demás de lo dicho proveyésemos oportunamente. Nós, pues, que con altísimos afectos deseamos principalmente en nuestros días el augmento del culto divino, la propagación de la religión y la salud de las almas, encomendando mucho en el Señor el piadoso y loable propósito de las dichas reina y doña Beatriz, inclinados a sus ruegos y por respecto de la misma reina que nos pide lo mismo humildemente, mandamos a Vuestra Fraternidad por estos escritos ''[46]'' apostólicos que vos, o los dos, o el uno de vosotros con nuestra autoridad, elijáis en la dicha casa un monasterio de la misma orden cisterciense, debajo de la invocación de la misma Concepción, con dignidad abacial, campanario, campana, dormitorio, refitorio, claustro, huertas, hortalizas y otras oficinas necesarias para una abadesa que presida a otras monjas de la dicha orden y a la dicha doña Beatriz y más mujeres que ahora allí viven si quisieren profesar, las cuales vivan en común, debajo de regular observancia y perpetua clausura, y que ellas y el monasterio mismo esté sujeto al arzobispo de Toledo que por tiempo fuere, como lo está el de Santo Domingo llamado el Viejo de la dicha ''[47]'' orden, y algunos otros de la misma orden están sujetos a los ordinarios de los lugares, sin perjuicio de alguno, y salvo siempre en todo el derecho de la iglesia parroquial y de otro cualquiera; y le señaléis por iglesia la dicha iglesia o capilla perpetuamente y concedáis licencia a la abadesa que por tiempo fuere del dicho monasterio y a su convento para que puedan hacer algunos estatutos y ordenaciones loables y honestas que no contradigan a los sacros cánones, las cuales sean obligadas a guardar perpetuamente las monjas que por tiempo fueren en el dicho monasterio, aun cerca de la elección de abadesa, así esta vez primera, como después en los tiempos perpetuos futuros. Y con la misma autoridad establezcáis y ordenéis que la abadesa que por tiempo [fol. 12r] fuere y las monjas susodichas traigan vestidura blanca, con ''[48]'' escapulario también blanco y encima un manto de color de cielo, en los cuales manto y escapulario esté prendida la imagen de la misma bienaventurada Virgen María, y sean obligadas a ceñirse con un cíngulo de cáñamo a la manera de los frailes menores y que en las horas canónicas que dirán, según la costumbre de la Iglesia Romana, deban guardar este modo, conviene saber, que (exceptando solamente los domingos, en los cuales deba de necesidad decir alguna historia comenzada o el oficio de la dominica y en que se celebran fiestas dobles o semidobles y solenes y ferias en que no se puede dejar el oficio ferial y en las octavas de las dichas festividades) todos los demás días por todo el año digan las horas canónicas mayores y el oficio divino ''[49]'' de la misma concepción; y que exceptados los dichos días en que las horas mayores de la dominica, o feria, o fiesta se deban decir, digan las horas menores y oficio parvo de la misma bienaventurada Virgen María con las antífonas, versos, capítulos y oraciones de la misma Concepción; y que todos vos [sic] viernes y el adviento del Señor y otros días que los demás fieles de Cristo son obligados a ayunar, sean ellas obligadas a ayunar, y no lo sean a otros ayunos. Y que atento que (según nos han hecho relación) la dicha ciudad dista siete jornadas y más del mar y hay en ella continua falta de pescado, puedan comer carne en todo tiempo, fuera de los días de ayuno dichos y fuera de los sábados y miércoles. Y que la abadesa que por tiempo fuere, de consejo de las monjas que fueren por tiempo sus consiliarias, pueda dispensar consigo y con las otras monjas del dicho monasterio en los ayunos a que serán obligadas por el estatuto y ordenanza ''[50]'' presente, mas no de los que dispone el derecho, y elegir cualesquiera presbíteros seculares o regulares de cualquier orden, con licencia de sus superiores, para sus confesores y para que les celebren misa y los demás oficios divinos y les ministren los eclesiásticos sacramentos, los cuales, oídas diligentemente las confesiones de la abadesa y cualquiera monjas que por tiempo fueren en el monasterio mismo, las puedan absolver en todos y cada uno de los casos [fol. 12v] ''[51]'' reservados a la silla apostólica, una sola vez en la vida y en los demás todas las veces que fuere necesario, imponiéndoles saludable  penitencia. Y también una vez en la vida y otra en el artículo de la muerte puedan conceder plenaria remisión de todos sus pecados, de los cuales contritas de corazón se hubieren confesado con la boca a cualquiera de ellas que perseverare en sinceridad de fe, unión de la santa Iglesia Romana y obediencia y devoción nuestra, o de nuestros sucesores los romanos pontífices elegidos canónicamente, no obstantes las constituciones y ordenaciones apostólicas y estatutos y costumbres de la dicha orden, establecidos por juramento, ordenanza apostólica o cualquier otra firmeza y todo lo que a esto fuere contrario. Y nós (si sucediere hacerse la dicha fundación), por nós en virtud de las presentes, según se dice, por especial gracia concedemos con la autoridad apostólica, por el tenor de estas letras presentes, a la abadesa y monjas referidas, de aquí adelante para siempre jamás, que los días de Cuaresma y otros en que se celebran las estaciones en las iglesias dentro y fuera de Roma, visitando algunos altares en la iglesia del dicho monasterio y diciendo devotamente, hincadas ante ellos las rodillas, tres veces la oración del Pater Noster y otras tantas las del Ave María, consigan las mesmas indulgencias que consiguieran si visitaran las dichas iglesias, y que puedan y deban libre y lícitamente usar y gozar de todas y cualesquiera gracias y privilegios y otras exempciones concedidas en general a la dicha orden, por la sobre dicha silla. Dadas en Roma en San Pedro, año de la encarnación del Señor de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, a último de abril, en el año quinto de nuestro Pontificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. VI. De la revelación que tuvo de su muerte, y profecía de la orden, de su profesión y glorioso tránsito===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo con la autoridad apostólica, sino también con la divina, quedó por estas bulas aprobada la Orden de la Purísima Concepción de la Virgen Nuestra Señora y, a mi ver, confirmada maravillosamente la verdad del mismo misterio con unos favores tan grandes como en ella hace el vicario de Cristo a las religiosas de ella por respecto de la limpia Concepción y con un milagro tan célebre y cierto como se puede ver de la solene procesión y fiesta que se hizo en la ciudad de Toledo que, cuando otro testimonio no hubiera en favor de esta verdad, este solo bastara para persuadirla a los ánimos dóciles y devotos de la Virgen, y de camino se vee con los mismos testimonios y milagros confirmada por Orden Cisterciense de Nuestro Padre San Bernardo. que era justo que cosa tan de la Virgen no saliese de casa de su siervo y regalado hijo. Aquí me venía muy a pelo el tratar de la sentencia que en este misterio tuvo el santo y melifluo doctor pero por no quebrar el hilo de la historia lo remito para el fin de ella, donde diré todo lo que alcanzó ''[52]'' en esta parte y probaré con muchos testimonios suyos qué sintió en favor de la Concepción Pura de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a la historia, digo que no se puede dignamente encarecer la alegría que sentía interiormente nuestra señorita doña Beatriz con la publicación solene de sus bulas y el deseo encendido que tenía de verlas ejecutadas. Al fin del sermón que hizo el obispo de Guadix delante de toda la ciudad para publicarlas y encarecer cómo era justo el milagro que Dios había hecho con ellas, echó la fiesta de los hábitos y velos de las monjas de la Concepción y de la ejecución total de lo que el sumo pontífice disponía para de allí a quince días, y para ella convidó a todos los señores de la santa iglesia, regimiento y ciudadanos, y con ser tan corto el término [fol. 13v] que se esperaba para este cumplimiento y ejecución a la sierva de Dios le parecía larguísimo, quizá porque el corazón barruntaba su cercana muerte. Mas no fue él solo el que se lo dijo por temores, no mal fundados en un cuerpo tan delicado, cargado de años y achaques, que la Reina del Cielo, viendo con el cuidado y solicitud que andaba su devota hija aparejando lo necesario para el día de la profesión suya y de las demás compañeras a honra de su Purísima Concepción, se le apareció en el coro y la dijo: &amp;quot;Hija, de hoy ''[53]'' en diez días has de ir conmigo, que mi Hijo y yo recibimos la voluntad que tienes de servirnos en esta nueva orden por obra y no es la nuestra que goces acá en la tierra, sino en el Cielo de lo que deseas&amp;quot;. Con mucha conformidad de voluntad recibió la sierva de Dios este nueva, resignando en sus manos el gusto que esperaba tener el día señalado por hacer el del Altísimo Señor, en lo cual mostró bien la perfección a que había subido, pues tan fácilmente quebrantó su voluntad en cosa que tan de veras había deseado. No fue solo este favor el que le hizo Dios antes de su glorioso tránsito, que otros muchos le hizo, aunque solo de este y de otro, que ahora referiré, nos dejó su sierva noticia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Yendo un día a maitines como acostumbraba (que antes de la ejecución de las bulas ya seguían en el monasterio los actos regulares aunque sin hábito de religión), halló muerta la lámpara del santísimo sacramento y, poniéndose en oración, vio que milagrosa y manifiestamente se encendió, pero no a quién la encendió. Fue este un maravilloso jeroglífico del suceso de su religión que Dios la quiso mostrar, como luego se lo dio a entender en una voz que claramente oyó que la decía: &amp;quot;Tu orden ha de ser como esto que has visto, que toda será desecha por tu muerte, mas como la Iglesia de Dios fue perseguida al principio y después floreció y fue muy ensalzada, así ella florecerá y será multiplicada en todas las partes del mundo, tanto que en su tiempo no se edificará casa alguna de otra orden, mas primero será muy perseguida de amigos y enemigos y habrá en ella tanta tribulación que muchas veces llegará a ser desolada&amp;quot;. [Fol. 14r] La verdad de esta revelación y profecía se ha visto cumplida a la letra, así en las tribulaciones que la orden padeció luego que murió la santa virgen doña Beatriz, según que después veremos, como en lo que dice que dilatará por todo el mundo, pues llegó en ''[55]'' pocos años a Roma y a otras partes de Italia, a Francia, y hasta el nuevo mundo, sin que en los primeros de esta santa religión se fundase monasterio de otra orden de que haya noticia, sino es en Madrid uno de Santa Paula, que es de la misma advocación de la Concepción y estaba mucho antes tratado de edificarse, por donde parece que se ha de entender la profecía de monasterio de la Concepción en general y de los primeros años en que floreció esta religión, que este se llama propiamente su tiempo, que después acá cada día vemos fundados monasterios de monjas de todas órdenes y de recoletas de la nuestra cisterciense de San Bernardo se han fundado muchos en Valladolid, Toledo, Madrid y otras partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que la sierva de Dios recibió las nuevas de su muerte, llamó a su confesor y, con la alegría que le causaban, viéndose acercar con tanta seguridad al puerto de la vida, le dio cuenta de lo que sentía y, comenzándose a aparejar para la jornada, envió la muerte a su mensajero la enfermedad, que luego la echó en la cama y mostró ser de muerte en el cuerpo de la virgen y de dolor excesivo en los corazones de las siervas de Dios, sus hijas y compañeras que más que a sí la amaban y vían convertidas sus fiestas en llantos y sus contentos en tristezas. Luego que en Santo Domingo el Real se supo el término en que estaba doña Beatriz, fueron muchas monjas a visitarla y asistir a su muerte, acompañadas de muchos frailes de su mesma orden, con ánimo de llevar su precioso cuerpo a su monasterio donde tantos años vivió, ya que parecía que moría sin haber hecho profesión, y también querían llevar consigo las doce compañeras de la santa y darlas su hábito y velo. Mucho se consoló la sierva de Dios con esta visita de tantas amigas del alma [fol. 14v] y, habiendo con toda devoción recebido el santísimo sacramento del altar, pidió con mucha instancia para su consuelo la admitiesen al velo y profesión de su nueva orden, aunque no se le diese con la solenidad que a las demás sus compañeras después se les daría. Cumpliósele este deseo, dándola el hábito y velo de la santísima Concepción que ella mesma había ordenado (como expresamente lo dice el autor en ''[56]'' el capítulo octavo de la vida de la sierva de Dios) y así fue la primera que le vistió y profesó, aunque en cumplimiento de la profecía de la Reina del Cielo, no vio el festivo día de la profesión de todo su convento, pues algunos días antes voló a los gozos de la bienaventuranza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas diligencias llegó el tiempo apretado de hacer la última, que era recibir el sacramento de la extrema unción, y al punto que con toda devoción la recibía, quiso Dios manifestar los méritos aventajados y pureza de su fiel sierva doña Beatriz con un grande milagro, y fue que cuando ''[57]'' el sacerdote le estaba haciendo las unciones, vieron en su frente una estrella de oro y su rostro tan resplandeciente como de persona ya glorificada, dando en esto a entender que la pureza de las estrellas reinaba en aquella santa alma y la luz del Cielo en su purísimo cuerpo. Perdiose luego de vista la milagrosa estrella y saltó el resplandor celestial, y al mesmo punto hizo la muerte divorcio entre la alma y cuerpo de la santa virgen, los cuales se apartaron uno de otro al ''[58]'' décimo día de la profecía de la Reina del Cielo, después de haberse hecho compañía en este mundo sesenta y seis años; y fue el glorioso tránsito de la sierva de Dios, año de mil y cuatrocientos y noventa, a diez y siete de agosto, día de la octava del gran mártir san Lorenzo, y entonces dejó el dichoso cuerpo, relicario de aquel bienaventurado espíritu, tan entero y virgen como salió del vientre de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. VII. Aparece la serva de Dios después de muerta y hacen sus monjas profesión===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que murió la bienaventurada doña Beatriz, se apareció ''[59]'' en San Francisco de Guadalajara al padre fray Juan de Tolosa, varón de grande virtud y autoridad, que fue cuatro o cinco veces custodio y otras tantas provincial de toda Castilla antes que se dividiese en seis provincias. Había comunicado en vida con la sierva de Dios familiarmente y ella prometido que le haría un favor que no había hecho desde que entró en Santo Domingo el Real a hombre mortal. &amp;quot;Ahora&amp;quot;, le dijo, &amp;quot;vengo a cumplir mi palabra, y a que me veas, pero sabe que acabo en este punto de salir de la cárcel del cuerpo y en mi monasterio hay grande necesidad de tu presencia, porque se levantan graves persecuciones a mi orden, y así conviene que te pongas luego en camino, y vayas a sobsegarlas con tu autoridad y prudencia&amp;quot;. Era el caso que las monjas y frailes dominicos que asistían a su tránsito dichoso querían llevarse el santo cuerpo y las doce compañeras de la santa consigo, y ellas y los frailes de San Francisco que las favorecían resistían porque no se acabase la Orden de la Concepción antes de comenzar a ser en el mundo. Al fin pudieron ellas más y todos juntos celebraron con muchas lágrimas y devoción las exequias de la sierva de Dios y la enterraron en su monasterio de Santa Fe. Volvieron a porfiar las dominicas a querer llevarse consigo las doce religiosas nuevas, entendiendo se lo persuadirían con facilidad por ser todas extranjeras y de poca edad, pero a esta razón llegó el dicho padre fray Juan de Tolosa y, mostrándoles cómo no tenían razón de impedir la ejecución que todo el pueblo deseaba de aquella nueva Orden de la Concepción de la Virgen María Nuestra Señora, despidió a las monjas y frailes dominicos y así quedaron aquellas religiosas en su libertad, y desde aquel día se llamó la casa el monasterio de la Concepción de Nuestra Señora y, pasados ocho, les dieron a todas doce los hábitos y velos de la misma Concepción, conforme lo disponía [fol. 15v] el papa Inocencio Octavo en su bula, y comenzaron a vivir y rezar como la nueva religión disponía. No dice el autor ''[60]'' que fuesen algunas monjas del Monasterio de San Clemente o Santo Domingo el viejo de la Orden Cisterciense de san Bernardo que están en la ciudad de Toledo a enseñarlas las ceremonias y observancias que debían guardar, pero era fuerza que fuesen algunas, pues así lo disponían las bulas que concedían primeramente el monasterio de la Concepción o Santa Fe a las monjas de Císter y, en segundo lugar, a la sierva de Dios doña Beatriz y sus compañeras, si quisiesen profesar la dicha orden y regla. Y claro está que no habían de entrar todas a profesar en una orden antigua sin maestras, y más habiéndolas dentro de su ciudad excelentes y viviendo en su tiempo doña Constanza Barroso, abadesa de San Clemente, de cuya santidad me ha parecido dar noticia brevemente, y de otras monjas santas que florecieron en el mismo monasterio, pues sin duda favorecieron la fundación de la nueva orden con todas sus fuerzas. &lt;br /&gt;
[...]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===§. IX. De los trabajos y mudanzas que tuvo la orden hasta que se comenzó a dilatar por el mundo===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco tiempo gozaron de quietud las monjas de la Concepción en su primer monasterio (en el cual tuvieron por abadesa poco después de la muerte de doña Beatriz a su sobrina doña Filipa) a causa de que ellas estaban sujetas al ordinario, como el papa lo disponía en sus bulas y como lo estaba nuestro monasterio de Santo Domingo el Viejo, y la reina doña Isabel quería que se eximiesen de aquella obediencia y (a persuasión de fray Francisco Jiménez, su confesor, que después fue arzobispo de Toledo) se diesen a la Orden de San Francisco, de que entre las mismas monjas había sus pareceres diferentes, que fue causa de no pocas diferencias y disturbios. En efecto, pudo más la reina y, habida bula especial del papa Alejandro Sexto, español de la casa de los Borjas, negaron la obediencia al diocesano y la dieron al padre custodio fray Juan de Tolosa, que tuvieron en este monasterio cinco o seis años, y en este tiempo alcanzó la reina al papa Alejandro que el monasterio de san Pedro de las Dueñas, que era de monjas de la Orden de nuestro Padre San Benito y estaba cerca de la Concepción, se le uniese e incorporase, habido solo el consentimiento de la abadesa de San Pedro, siendo nombrados por ejecutores apostólicos de esta causa el arcediano de Alcaraz y el vicario de Toledo, lo cual también fue causa de muchas revoluciones y pesadumbres. Pasáronse las monjas de la Concepción al monasterio de San Pedro, y fue también en él abadesa doña Filipa. Mas, no contenta la reina católica con que estuviesen sujetas al provincial de san Francisco, pretendió luego que dejasen la Orden de Císter y profesasen la Regla de santa Clara y, dado lo primero de quitárselas al diocesano y a los monjes de San Bernardo y darlas a los frailes de San Francisco, andaba cuerdamente, pues [fol. 20r] mejor las podrían ellos gobernar según la Regla de santa Clara que según la de San Benito, que nunca ellos vieron ni guardaron. Llevó este punto tan agr[i]amente doña Filipa y muchas del convento que la siguieron que, viendo no podía resistir a la potencia real, se salió del monasterio, llevando consigo las reliquias preciosas de su santa tía y, acompañada [61] de ocho religiosas, determinó volverse a Portugal, su patria, y evitar inquietudes y pesadumbres. Con este intento se fue a despedir de la priora y su[b]priora del monasterio de la Madre de Dios de la Orden de Santo Domingo, que eran primas suyas y, pareciéndole embarazo llevar consigo la caja de los huesos de su fundadora, de común consentimiento las dejó allí depositadas hasta ver qué hacía Dios de ellas y en qué paraban aquellos movimientos. El fin fue hacerse la voluntad de la reina que, con una bula que para ello sacó del papa Alejandro, cometida su ejecución a los obispos de Coria y Cathania y al Vicario de Toledo, extinguió la Orden de Císter en el monasterio de la Concepción y hizo que profesasen la de Santa Clara. Aunque doña Filipa nunca quiso volver a él, antes se fue al de Santa Isabel, donde después, retirada, acabó sus días en el Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todas estas mudanzas hubo tantos disturbios que mil veces llegaban a verse casi deshechos el monasterio y la orden, cumpliéndose al pie de la letra la profecía que le fue revelada a la sierva de Dios cuando vio encenderse la lámpara milagrosamente. Después del año de mil y quinientos y uno, siendo ya arzobispo de Toledo fray Francisco Jiménez, por orden de la reina católica con particulares bulas de Alejandro Sexto (habiendo puesto primero en el monasterio nuevo de San Juan de los Reyes frailes observantes) extinguió el monasterio de San Francisco de los conventuales de Toledo y trasladó a él el de la Concepción, donde al presente está, quedando unidos a este el de Santa Fe, el de San Pedro y el de San Francisco. Después, en el de Santa Fe [fol. 20v] entraron a vivir monjas de la Orden militar de Santiago y en el sitio de San Pedro de las Dueñas se edificó el Hospital del Cardenal don Pedro González de Mendoza. Todas estas mudanzas y traslaciones confirmó después el papa Julio Segundo, sucesor de Alejandro, en una bula larga, donde refiere toda esta historia y al principio traslada casi toda la de Inocencio Octavo, haciendo expresa mención de cómo fueron de la Orden de Císter en su fundación, de que tengo un traslado sacado del original de mesmo monasterio de la Concepción de Toledo: es su data el año tercero de su pontificado y el de Cristo de mil y quinientos y cinco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Pasados seis años solos, el de 1511 y el octavo de su pontificado, a petición de las monjas de la Concepción, que, viéndose con el hábito y nombre de ella les hacía disonancia guardar la Regla de Santa Clara, las eximió de su observancia totalmente y les dio regla particular a su propósito el mesmo papa Julio Segundo, la cual está inserta en sus bulas y dividida en doce capítulos. Dejolas con el hábito y oficio divino que Inocencio las concedió, aunque con sujección a la Orden de san Francisco, y de este modo perseveran ahora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Era abadesa en esta ocasión doña Catalina Calderón, la cual, viendo sosegada la orden y puesta su casa en tranquilidad, trató de honrarla con las reliquias preciosas de su fundadora, la bienaventurada doña Beatriz. Pidiolas a las monjas de la Madre de Dios, que las tenían en depósito (como arriba dijimos) y, viendo que las negaban y no había orden de sacárselas por bien de las manos, envió a Roma la causa y, dada relación al Pontífice, alcanzó una bula en que mandaba con graves censuras que dentro de tres horas, como les fuese aquel mandato apostólico notificado, diesen el cuerpo santo a las monjas de la Concepción. Con esta apretada diligencia le llevaron a su monasterio, donde fue recibido con suma alegría y contento de las monjas entre muchas lágrimas ''[64]'' que el regocijo las hacía verter. Tuvieron los santos huesos en una arca en tanto que labraban un lucillo hermoso donde colocallos con decencia y, después de acabado, sacándolos [fol. 21r] del área donde habían estado para ponerlos en el lucillo, sintió tan grande olor el maestro que los sacaba que se apartó a fuera y dijo que llamasen a algún sacerdote que tratase y tocase aquellos huesos, que él no se atrevía a tocarlos porque sin duda eran de santos según el olor que tenían. Llamaron al confesor de las monjas que los trasladase, el cual sintió la misma fragancia de que también participaron muchas monjas que estaban presentes a verlo. y en tan notable exceso que sus sentidos fueron maravillosamente recreados y sus almas regocijadas de ver el testimonio celestial que las reliquias de su santa madre tenían de que habitaba en los cielos haciendo compañía a los bienaventurados espíritus y gozando del premio merecido por los servicios grandes que había hecho en el mundo a la Reina del Cielo en honrar su Purísima Concepción, con las alabanzas que las Esposas de Jesuchristo sus discípulas la cantan cada día, y cantarán continuamente hasta el fin del mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya que había pasado el invierno áspero y frío de las tempestades y borrascas en que estaba la orden a pique de ser destruida muchas veces, plugo a la Serenísima Reina de los Ángeles de serenar y apaciguar las cosas y personas de ella, y al mismo punto en cumplimiento de la profecía de la lámpara, comenzó a aumentarse el número, santidad y fama del monasterio de la Concepción y la de sus hijas y a extenderse la orden con tanta fecundidad que el año de mil y quinientos y veinte y seis había ya treinta monasterios de ella y solo en el arzobispado de Toledo había once, porque en Toledo fueron a fundar a Torrijos, a Maqueda, Madrid, Escalona, Talavera, Oropesa, Ciudad Real, la Puebla de Montalván y Camarena, y de allí se extendió a Granada, Sevilla, Cuenca, Valladolid, Calahorra, Almería y otras partes de España, y el año de 1525 se fundó el monasterio de Roma en la iglesia que se llamaba ''Sancta Maria liberanos apœnis inferni'', bajo del capitolio, y le pobló doña Marina de Cárdenas, hermana de don Alonso de Cárdenas, maestre último [fol. 21v] de Santiago, que fue allí abadesa con otras diez mujeres que vivían reclusas en San Juan de Letrán, a las cuales dio el hábito y profesión el ministro general fray Francisco de los Ángeles, y después acá se han fundado muchos en diversas ciudades y partes del mundo, todo a gloria de la Purísima Concepción de la Reina del Cielo. Hanla favorecido mucho los papas, y León Décimo declaró por una bula suya, año de 1518, a 12 de julio, que ningún capítulo de su regla les obligaba a pecado mortal, si no es en los casos de obediencia, castidad, pobreza y clausura, y en ella hace mención también cómo fue cisterciense en sus principios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “Su nobleza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota en el margen izquierdo: “Fue parienta de los Reyes de Portugal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen izquierdo está escrito: “Vino a Castilla”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Nota en el margen izquierdo: “''Ildesc.to.2. de la Pontif''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota en el margen izquierdo: “Su rara hermosura”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el margen derecho está escrito: “Cerrola en un cofre la Reina”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota en el margen derecho: “Apareciósele Nuestra Señora con el hábito de la Concepción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota en el margen izquierdo: “Hizo voto de virginidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se lee en el margen izquierdo: “San Francisco, y San Antonio se le aparecieron”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen izquierdo: “Profecía de la orden&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el margen derecho se lee: “Recogiose en Santo Domingo el Real de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Está escrito en el margen izquierdo: “Edificó los claustros de Santo Domingo el Real”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Anotación el margen izquierdo “§. i.” que remite a cuando se contó esta parte de la historia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Nota al margen izquierdo: “Notable recato”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;Trata de fundar la Orden de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. M. derecho: &amp;quot;Dale la reina los Palacios de Galiana&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En el margen izquierdo se lee: “Funda la orden”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Escoge la Orden Cisterciense de san Bernardo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Se lee en el margen derecho: &amp;quot;Cuatro Papas dicen que fue esta Orden Cisterciense que es de san Bernardo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. M. derecho: &amp;quot;''Cronic. ex Císter''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Por qué visten las monjas de la Concepción escapulario blanco con cordón&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;La Reina escribe al Papa que confirme la orden&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;Despacháronse las bulas en Roma&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. M. derecho: &amp;quot;Un Ángel le trajo la nueva del despacho de las bulas el mesmo día de la data&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Raro milagro de las bulas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Anegáronse en el mar las bulas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;Hallolas en un cofre suyo en Toledo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' En el margen derecho se lee: &amp;quot;Hízose en Toledo profesión general por el hallazgo de las bulas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. M. derecho: &amp;quot;Cuánta autoridad tenga este milagro&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;La narrativa del Breve&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Ilegible por una mancha en el original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' En el margen derecho se lee: “Nota”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. M. derecho: &amp;quot;Concesión de las bulas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Hábito de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Oficio divino de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;Ayunos&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Abreviatura desconocida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. M. derecho: &amp;quot;Dispensación de carne&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. M. derecho: &amp;quot;Que vistan lino&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. M. derecho: &amp;quot;Confesiones&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;La clausura&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;Indulgencias&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;Año de 1489&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Palabra incomprensible en el original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' En el margen derecho se lee: &amp;quot;Nota que es de la Orden Cisterciense de san Bernardo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Nota&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;Santo Domingo el Viejo, es de monjas bernardas o cistercienses&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. M. derecho: &amp;quot;Hábito de la Concepción se les dio siendo bernardas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. M. derecho: &amp;quot;El oficio de la Concepción también&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' En el margen derecho se lee: &amp;quot;Esto les concede porque no las sujetó a la orden sino al Ordinario&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Grandes privilegios, indulgencias, y gracias en favor de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' En el margen derecho se lee: &amp;quot;Vease abajo desde §. e de la 2. parte de esta historia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Aparécele nuestra Señora y dala nuevas de su muerte&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;Profecía que tuvo del estado y aumento de su Orden de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;§. 6.&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Recibió el hábito y hizo profesión en la Orden de Císter, que es la de san Bernardo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Grande y milagroso testimonio de su santidad&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. M. izquierdo: &amp;quot;Su muerte&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' En el margen derecho se lee: &amp;quot;Aparécese después de muerta&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Fueron monjas de San Bernardo a fundar el monasterio de la Concepción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Nota en el margen derecho: &amp;quot;Cuanto sintió la sobrina de la santa dejan nuestra orden&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' En el margen izquierdo se lee: &amp;quot;Dejan la regla de santa Clara y dioles el Papa otra particular&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;El hábito y rezo que ahora tienen se les dio cuando eran cistercienses&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Nota en el margen izquierdo: &amp;quot;Traslación del cuerpo de doña Beatriz&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: agosto de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Frans 2.4 Beatriz de Silva Vida impresa 4.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 471-481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Beatriz de Silva (ca. 1426-1491) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[471] LIBRO OCTAVO, EN QUE SE TRATA LA HISTORIA del misterio de la Concepción de Nuestra Señora y la fundación de su Orden, y de los conventos que della hay en esta provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo I ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De la fundadora de la Orden de la Concepción&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundó esta santísima Orden de la Concepción doña Beatriz de Silva, mujer de nación portuguesa y muy generosa y noble, la cual era parienta y descendiente de los Reyes de Portugal. Fue hermana del Conde de Portalegre, ayo del Rey don Manuel, y de Alonso Vélez, señor de Campomayor. También fue hermana del bienaventurado fray Amado, el cual fue muy santo varón y religioso de la Orden de nuestro Padre S. Francisco. Vino esta señora desde Portugal a Castilla con la Reina doña Isabel, segunda mujer del Rey don Juan el Segundo y madre de la Reina Católica doña Isabel, de gloriosa memoria. Tuvo la Reina cuando vino de Portugal muchas damas y entre ellas a la dicha doña Beatriz de Silva, parienta suya, la cual en hermosura y gala aventajaba a todas las demás. Por lo cual y por su alto linaje, comenzó a ser festejada de todos cuantos grandes en la corte había y de algunos dellos demandada en casamiento. Sobre lo cual había en la corte muchos y diversos ruidos y cuestiones, queriendo ser cada uno solo en su pretensión y privanza. Y como esto sucediose cada día, llegó a noticia de la Reina y ella, creyendo que la dicha doña Beatriz tenía en ello alguna culpa, la mandó encerrar en una caja de madera que para ello mandó hacer, adonde la hizo estar tres días sin comer ni beber. Y viéndose esta señora sin culpa y tan mal tratada, encomendose de todo corazón a la Virgen María, a la cual hizo voto de virginidad, ofreciéndose de todo corazón a ella. Y esto hizo con tantas lágrimas de devoción, que mereció ser oída y visitada de la Virgen santísima. La cual le apareció vestida del hábito de la Concepción, como hoy le traen las religiosas desta Orden [472] (que es sayas y escapularios blancos y mantos azules), con cuya visita fue en extremo consolada y confortada. Después de pasados los tres días, fue sacada de la caja de madera y puesta en su libertad. Y pareciéndole muy peligrosa la vida de la Corte, determinó (para mejor poderse dar al servicio de Nuestro Señor) irse a la ciudad de Toledo, con intento de meterse en el Monasterio de Santo Domingo el Real. Y yendo por el camino, a la pasada de un monte oyó la llamaban en lengua portuguesa; y ella, volviendo la cabeza, vio venir para sí dos frailes de la Orden de San Francisco, y creyendo que la Reina los enviaba para que la confesasen y darle luego la muerte, hubo gran temor. Por lo cual luego al punto recurrió a Nuestra Señora, a quien tenía por abogada. Llegados los frailes a ella la consolaron, los cuales vista su turbación y sabida la causa della, no solo le quitaron el temor, mas le dijeron sería madre de muchas hijas muy nombradas y señaladas en el mundo. Y como ella replicase tenía ofrecida a Dios su virginidad, los dichos frailes respondieron que ansí sería como ellos lo decían. Y yendo todos juntos por el camino hasta llegar a la posada, adonde queriendo la dicha doña Beatriz de Silva asentarse a comer, mandó llamar a los frailes  para que comiesen, mas nunca parecieron, por donde manifiestamente se entendió haber sido revelación divina. En llegando a la dicha ciudad de Toledo, se metió con dos criadas en el Monasterio de Santo Domingo el Real, donde estuvo en hábito de seglar (aunque honesto) más de treinta años, haciendo vida muy santa y penitente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo II ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De cómo doña Beatriz de Silva instituyó y fundó la Regla de la Santísima Concepción de Nuestra Señora&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo este tiempo que estuvo doña Beatriz de Silva en el convento de santo Domingo el Real se ocupaba en obras muy espirituales y en muy continua oración, ejercitándose en ásperas penitencias. Vivió con tanto recogimiento durante este tiempo que ninguna persona le vio el rostro descubierto, sino la Reina Católica y una criada que la servía. Siendo muy devota de la gloriosa Virgen María Nuestra Señora, principalmente de su Santísima Concepción, siempre estaba pensando en qué la poder servir. Y ansí tenía determinación de instituir una nueva Orden de su Santísima [473] Concepción. Lo cual comunicando con la Reina doña Isabel y hablándola muy conforme a su voluntad, se dispuso a dar fin a esta santa obra. Y queriendo ayudar a su buen propósito, le dio los palacios que antiguamente decían de Galiana, que era uno de los Alcázares de la dicha ciudad de Toledo, adonde está ahora el convento de Santa Fe. Aquí entró luego la dicha doña Beatriz, dejando el Monasterio de Santo Domingo, y entraron con ella doce doncellas religiosas, en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Todas las cuales estuvieron en el dicho lugar (en forma y manera de monasterio) hasta el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, pensando siempre qué Orden y hábito tomaría. Y en el dicho año de 1489 a petición suya alcanzó la Reina Católica del señor Papa Innocencio Octavo la continuación de la Orden de la Santísima Concepción y de su oficio particular, cual hoy le usan todas las religiosas desta Orden. La cual es sacada de la Orden del Cístel, por cuanto el Papa no quiso conceder ni aprobar Regla ni Orden nueva. Y de la misma manera que el Papa lo concedió, fue revelado a esta santa religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca desto aconteció otro milagro muy grande y fue que, como las Bulas desta concesión (viniendo a España) se hundiesen en el mar, juntamente con las demás cosas que en la mar venían, fueron milagrosamente halladas por esta religiosa en una caja de su monasterio. Y como las hallase y no supiese lo que era, hizo llamar al padre fray García Quijada, de la Orden de nuestro Padre San Francisco y obispo de Guadix, a quien mostró las dichas Bulas; el cual, comenzándolas a leer, vio luego que eran las Bulas de la nueva constitución de su Orden y hábito. Visto esto por la dicha doña Beatriz, recibió increíble contento, y no solamente ella y sus monjas, pero toda la ciudad. Hizo grandes alegrías y demostración de mucho contento y regocijo por el milagro de las Bulas para publicación de las cuales se hizo una procesión muy solemne por todos los señores de la Iglesia mayor de la dicha ciudad, de la cual salieron acompañados con casi todo el pueblo y fueron a Santa Fe, adonde estaban las nuevas religiosas, adonde hubo sermón en que se dijo y declaró al pueblo el milagro de cómo se habían hallado las Bulas y de cómo se supo en Toledo el día y hora en que se habían expedido en Roma, que, como se ha dicho, fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva. El día que esta procesión se hizo en Toledo holgó toda la gente de la ciudad, [474] dejando de trabajar, como si fuera día de fiesta muy principal. A todo esto se halló presente la madre Juana de San Miguel, monja que era deste monasterio. Era esta religiosa mujer de grande espíritu, santidad y virtud, y en esta opinión fue tenida siempre mientras vivió y fue abadesa del dicho convento. En el sermón que se hizo el día de la procesión se convidó a todo el pueblo a que de ahí a quince días fuesen a ver tomar los hábitos y velos a las nuevas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo III ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De la muerte y glorioso fin de doña Beatriz de Silva y de las cosas que después de su muerte acaecieron&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con mucho cuidado y solicitud comenzó a aparejar (después desto) la dicha doña Beatriz todas las cosas que le pareció eran necesarias para el día que habían de tomar el hábito y velo ella y sus monjas. Y andando ella urdiendo la tela de su profesión y de la solemnidad del voto que había de hacer, plugo a Nuestro Señor de enviar a cortarla antes que se tejiese, porque la que en esta vida por su servicio, y de su santísima Madre, quisieron ver a sí y a sus hijas vestidas del hábito desta nueva religión, recebida la voluntad en su persona y reservando la obra para las que ya ella dejaba enseñadas, fuese a ser cubierta en los Cielos de la incorruptible vestidura de gloria. De manera que a los cinco días de su convite, estando la dicha doña Beatriz en muy devota y ferviente oración, le apareció la Virgen María Nuestra Señora (según della se supo después), la cual le dijo: “Hija, de hoy en quince días has de ir conmigo, que no es mi voluntad  que goces acá en la tierra desto que deseas”. Estas nuevas recibió con mucha alegría y luego otro día envió por su confesor. Y aparejada su ánima con mucho cuidado, cayó luego enferma y recibió los sacramentos con muy gran devoción. Y al tiempo que le daban la unción, le vieron en la frente una estrella de oro y su rostro tan resplandeciente como de persona ya puesta en el Cielo. Llegando el último día de los que le estaban señalados, dio el alma a Nuestro Señor en el año de 1490 en la Octava de San Lorenzo. Dejó el cuerpo en la tierra tan limpio y entero como lo había sacado del vientre de su madre, murió siendo de sesenta años. Por la muerte desta sierva de Dios cesó por entonces el haber de dar los hábitos y velo, que aquel mesmo día que murió estaba determinado [475] para que lo recibiesen. Luego como murió esta sierva de Dios, apareció en Guadalajara a fray Juan de Tolosa, de la Orden de nuestro Padre San Francisco; el cual fue tres o cuatro veces custodio de la Custodia de Toledo. También fue vicario provincial de los frailes de la Observancia en esta provincia de Castilla. Deste padre fue ayudada esta bendita religiosa en muchas cosas espirituales, en obras y consejos; y hablando algunas veces con él, le había dicho que ningún hombre mortal le había de ver el rostro, salvo el dicho fray Juan de Tolosa, al cual prometió de mostrársele antes que desta vida pasase. Pues queriendo cumplir su promesa, se le apareció en su propia figura y díjole: “Yo vengo a cumplir lo que os prometí, pero yo os ruego vais luego a Toledo porque mi casa y Orden está en detrimento y a punto de se deshacer todo”. El caso era que como esta señora había estado tanto tiempo en Santo Domingo el Real, por esto pensaban las monjas d’él que a ellas pertenecía llevar su cuerpo, pues aún no había hecho profesión en ninguna Orden, aunque no había estado entre ellas, sino en hábito seglar honesta. Sabiendo que estaba al fin de su vida, vinieron muchas de Santo Domingo el Real y ansimismo frailes de su Orden para querer llevar consigo el cuerpo desta bienaventurada. Y también las mujeres que con ella habían morado, que todas quedaban vivas, decían y alegaban que por haber estado con ellas y por el amor que les tenía la querían llevar consigo todas a su monasterio. Estando en esto los frailes dominicos y sus monjas, llegaron los frailes de San Francisco de la Observancia, a quien esta señora se había mucho allegado. La cual estando en el extremo de su vida, a su petición y ruego le dieron el hábito de la Concepción y profesión y velo. Muerta ella hubo gran alteración entre los unos y los otros sobre quién la había de llevar, pero al fin la sepultaron los frailes Franciscos con mucha honra y solenidad en aquella casa de Santa Fe, donde estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo IIII ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De cómo se trasladaron las religiosas de la Concepción al Monasterio de San Pedro de las Dueñas y de las contradicciones que en ello hubo&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque ya con razón pudieran cesar las competencias y debates, todavía (aunque estaba esta bienaventurada enterrada) tornaron [476] las monjas de Santo Domingo a porfiar por llevar las reliquias a su casa y monasterio. A esta sazón llegó el padre fray Juan de Tolosa, y mostrándoles con mucha prudencia cómo no tenían razón en lo que pedían, hízolas apartar de su demanda a las dichas monjas, ansimismo a los frailes de Santo Domingo, que andaban pretendiéndolas. De manera que las religiosas compañeras de la dicha doña Beatriz de Silva quedaron en su libertad. Y desde aquel día se llamó el Monasterio de la Santa Concepción de Nuestra Señora, conforme a la Bula del señor Papa Inocencio Octavo y comenzaron a vivir según el Orden y Regla que la Bula les concedía, aunque las dejaron mucho sin desasosegarlas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca desto conviene que se sepa que, un día, siendo viva la bienaventurada doña Beatriz de Silva, yendo a Maitines (como tenía de costumbre) halló la lámpara muerta, y poniéndose en oración, viola manifiestamente encendida y luego oyó una voz (según ella después descubrió) que bajamente le dijo: “Tu Orden ha de ser como esto que has visto, que toda ha de ser deshecha por tu muerte. Y ansí como la Iglesia de Dios fue perseguida en sus principios y después vino a florecer y a ser muy esclarecida, también tu Orden será ahora perseguida y luego verná a florecer y ser multiplicada por todas las partes del mundo; y será esto tanto, que en su primer tiempo no se edificará ningún convento de otra Orden, mas primero será perseguida de amigos y enemigos; y habrá en ella tanta tribulación que muchas veces llegará a ser asolada”. Todo esto se ha visto a la letra porque, luego que la Orden comenzó en la ciudad de Toledo, hubo en ellas tantas revueltas y grandes persecuciones que es maravilla cómo pudo perseverar, lo cual sucedió de la manera que aquí contaremos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que las dichas religiosas compañeras de doña Beatriz de Silva quedaron en Santa Fe, que ya se llamaba de la Concepción, apartáronse de la obediencia del diocesano y sometiéronle a la Orden de nuestro Padre San Francisco, debajo del gobierno de fray Juan de Tolosa, que era entonces custodio de Toledo. Y en tiempo que allí estuvieron, que fue seis o siete años, hubo entre ellas algunas discordias porque sucedieron grandes tribulaciones y desasogiegos. Estaba cerca deste Monasterio de la Concepción otro que se llamaba San Pedro de las Dueñas, de la Orden de San Benito, adonde estaban unas monjas, aunque no eran reformadas. Era en esta sazón vicario provincial desta [477] provincia de Castilla fray Francisco Jiménez, el cual era confesor de la Reina doña Isabel y reformador general de todas las órdenes en los reinos de Castilla, por concesión del Papa Inocencio Octavo. Este cargo tuvo toda su vida, desde que fue electo. Y ansí, con parecer de la Reina, pasó las monjas que estaban en Santa Fe al Monasterio de San Pedro de las Dueñas, adonde quedaron juntas las unas y otras. Y por una Bula que para esto se trujo del Papa Alejandro Sexto, concedida el año de 1494, las monjas de San Pedro dejaron su hábito y Orden que antes guardaban y tomaron el de la Concepción y la forma de vivir de las monjas della. Y después, por autoridad apostólica, ansí las monjas de San Benito del Monasterio de San Pedro, que están súbditas a la Orden del Cístel, como las de la Concepción, recibieron la Orden de Santa Clara, por cuanto no se les había concedido esto, más de que estuviesen debajo de otra Orden aprobada. Hecho esto, el sembrador de cizaña metió entre ellas tal discordia que por tres veces se vino a despoblar casi el monasterio, no quedando en él sino muy pocas monjas, siendo perseguidas de todos, ansí de sus amigos como de los que no lo eran. De suerte que pasó este negocio de la forma y manera que le fue revelado a la dicha doña Beatriz de Silva, llegando cerca a punto de perderse esta Orden. La cual fue determinado por el dicho padre fray Francisco Jiménez, como reformador general de las Órdenes, se quitase del todo, por parecer convenir para sosiego del dicho monasterio. Más porque Nuestro Señor tenía para honra de su Madre ordenada otra cosa, fue servido dar orden que dentro de pocos días tornasen al dicho monasterio las monjas que d’él habían salido. Y de allí adelante estuvieron con mucha paz y sosiego y en mucho amor y amistad las unas con las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo V ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De cómo las monjas arriba dichas fueron trasladas al Monasterio de San Francisco con voluntad y parecer de la Reina doña Isabel&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo había edificado la Reina Católica doña Isabel la ciudad de Toledo para los frailes de Observancia de nuestro Padre San Francisco el Monasterio que se llama San Juan de los Reyes. Y habiéndose hecho por orden de sus Majestades general reformación en todas las Órdenes en estos [478] sus reinos, por lo cual habían tomado los frailes de la Observancia el antiguo convento de San Francisco, que solían tener los frailes claustrales en la dicha ciudad, y por parecer inconveniente tener dos conventos dentro en ella, quiso la Reina que los frailes (que estaban en él y en el de la Bastida, que es extramuros) se parasen al de San Juan que ella había edificado y que el dicho Monasterio de San Francisco quedase para las monjas que estaban en San Pedro de las Dueñas. Todo lo cual se efectuó de la manera que hoy se ve y fue confirmado por el Capítulo Custodial que se celebró en Ciudarreal el año de 1501 y con autoridad apostólica que para esto se tenía, y desde entonces se llama (el convento que antes se decía de San Francisco) el Monasterio de la Concepción; y en San Pedro de las Dueñas se edificó el suntuoso hospital que hoy llaman del cardenal don Pedro González de Mendoza: todo esto fue confirmado también por el señor Papa Julio Segundo. Pasadas las monjas al dicho monasterio, fueron aprovechando tanto en el servicio de Dios que, derramándose por todas las partes grande olor de su mucha religión y santidad, entraron en su compañía otras muchas personas muy notables y principales para emplearse en cosas espirituales y del servicio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo VI ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De cómo estando las monjas en el convento de San Francisco, llamado ahora de la Concepción, quedaron con el hábito y Regla de la Concepción, sin estar sujetas a la Regla del Cístel ni de Santa Clara&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aumentándose, pues, cada día el número de las monjas y viendo tenían hábito, orden y oficio de la Concepción, pero que estaban sujetas a la Orden de Santa Clara, acordaron era conveniente tener Regla y manera de vivir diferente de otras, de suerte que no tuviesen que entender con ninguna otra. Por lo cual a su petición concedió el señor Papa Julio Segundo la Regla que ahora tienen el año de 1511, el octavo año de su Pontificado, con que las eximió de cualquiera obligación que hubiesen tenido a la Orden del Cístel o de Santa Clara, dándoles forma de vivir, sometiéndolas inmediata y perpetuamente a la Orden del seráfico Padre San Francisco y a los prelados della. Después desto, pasados cinco o seis años, siendo vicario provincial desta provincia [479] de Castilla el padre fray Francisco de los Ángeles, que después fue comisario y ministro general de la Orden, les hizo unas constituciones para lo que tocaba a su conversación y gobierno interior y exterior, las cuales ellas aceptaron, de que usan hoy en día, ansí en este monasterio como en todos los demás que se han fundado desta Orden y Regla. Y ha habido y hay en este monasterio monjas muy principales y de grande espíritu y devoción, de las cuales muchas han sido abadesas en él y dellas han ido a fundar muchos monasterios a diferentes partes destos reinos de Castilla. Las abadesas (abadesas que ha habido en este monasterio) que ha habido en esta santa casa después que se fundó hasta el año de 1609 son estas: la primera fue doña Felipa de Silva, doña Catalina Calderón, Juana de San Miguel, doña María Alarcón, doña Isabel de Toledo, doña Isabel de Guzmán, doña Ana del Águila, doña Catalina Carrillo y Córdoba, doña Isabel de Peralta, doña Juana de Sotomayor, doña Mayor de Mendoza, doña Antonia de Toledo, doña Petronilla de Rojas.&lt;br /&gt;
En el sobredicho año, en un Capítulo General de nuestra Orden que se celebró en París, se estableció que ninguna abadesa pudiese serlo más de tres años continuos, los cuales cumplidos, elijan otra del mismo convento. Lo cual no se solía hacer en este convento porque siempre elegían una mesma hasta que moría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo VII ===&lt;br /&gt;
&amp;lt;strong&amp;gt;De cómo se trujeron al Monasterio de la Concepción los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva&amp;lt;/strong&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este Monasterio de la Concepción de Toledo, ansí como es cabeza de los que desta Orden se han fundado, por el consiguiente resplandece en grande religión y santidad y en todo género de virtud. Una de las cosas de grande estima que en este monasterio hay es estar en él los huesos de la bienaventurada doña Beatriz de Silva, los cuales están en el Coro, a la mano derecha en un hermoso lucillo, y tiene encima las imágenes de Santa Ana y de nuestro Padre San Francisco y de San Antonio de Padua, que, siendo viva la dicha doña Beatriz, había dicho deseaba mucho estas imágenes estuviesen sobre su sepultura después de muerta. Los huesos desta sierva de Dios fueron trasladados del Monasterio de la Madre de Dios de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santo Domingo, al de [480] la Concepción, y la razón porque estaban allí es esta: doña Beatriz de Silva era tía de la priora y supriora del Monasterio de la Madre de Dios. Y cuando la Casa de San Pedro de las Dueñas se vino a despoblar (como arriba se dijo), entre las monjas que se salieron, fue una dellas doña Felipa de Silva (que a la sazón era abadesa y sobrina de la dicha doña Beatriz) con otras ocho monjas con intento de ir a Portugal, aunque después volvió a Toledo y murió en el Convento de Santa Isabel y llevó consigo los huesos de su tía doña Beatriz, que estaban en San Pedro de las Dueñas, adonde los habían llevado cuando se pasaron de Santa Fe. Pero, yéndose la dicha doña Felipa a despedir de la priora y supriora del dicho convento de la Madre de Dios, que eran sus primas, parecioles a ellas que era inconveniente llevarse los huesos consigo por no saber dónde habían de parar. Y ansí por su consejo los dejó a guardar en el dicho monasterio hasta ver lo que Dios hacía dellas. Plugo a Nuestro Señor dar orden volviese la dicha doña Felipa de Silva con las demás al Monasterio de San Francisco, que ahora se llama de la Concepción. Y puestas en quietud y sosiego, enviaron a rogar al Monasterio de la Madre de Dios les diese los huesos de su fundadora que allí tenían, lo cual por ruegos ni por otro medio alguno lo quisieron conceder. Viendo esto el abadesa, doña Catalina Calderón envió sus recaudos a Roma y hecha relación desto al Papa, dio su Santidad un breve, mandando, so graves penas y censuras, que dentro de tres horas después de su notificación, diesen los dichos huesos a las monjas de la Concepción. Y en cumplimiento deste mandato los dieron dentro del término señalado, los cuales, llevados al Monasterio de la Concepción, se pusieron en una arca mientras que el luzillo se labraba. Y después de acabado, pasándolos a él sintió el hombre que en esto entendía gran fragancia de olor de grandísima suavidad, el cual, apartándose, luego dijo llamasen a algún sacerdote para que tratase aquellos huesos porque sin duda eran de santos según el buen olor que dellos salía. Llamaron luego al confesor de las monjas para que los pusiese en el luzillo; y ansí el confesor como las monjas que allí se hallaron sintieron tan suave olor que todos sus sentidos fueron maravillosamente recreados y recibieron también en el alma muy grande consolación. Desta manera tuvo por bien Nuestro Señor mostrar cuán agradable le había sido la santa conservación de su sierva y la devoción singular que a la Purísima Concepción de su Madre había tenido, en cuya persona [481], es dicho en el Eclesiástico, según lo aplica la Iglesia, que los que sacaren a luz sin pureza, alcanzarán la vida eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner] y María Palomino Correas; fecha de edición: febrero de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Beatriz Silva Abarca.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ana_Francisca_Abarca_de_Bolea Abarca de Bolea, Ana Francisca], ''Catorce vidas de santas de la orden del Císter. Escríbelas doña Ana Francisca Abarca de Bolea, Mur y Castro, monja profesa del real monasterio de Santa María de Gloria, en la villa de Casbas'', Zaragoza: por los herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, impresor del reino de Aragón y de la Universidad, 1655. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Catorce vidas de santas de la orden del Císter]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato es el último del conjunto de catorce vidas de santas relacionadas con la Orden del Císter que recoge el libro que compuso Ana Francisca Abarca de Bolea. La hagiografía ocupa las páginas 351- 375 y se presenta con el epígafe: “Vida de la Ilustre Señora doña Beatriz de Silva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, por ello, se ha modernizado la puntuación y el empleo de mayúsculas. Además, se ha regularizado el uso de las sibilantes s/ss/ç/z, de las consonantes u/v/b y c/q. Asimismo, se ha normalizado la escritura de “h” (“yelo” se ha transcrito por “hielo”) y de “m” delante de las consonantes oclusivas. En cambio, se respetan las concordancias (y los ejemplos de laísmo), los grupos consonánticos -mp- (asumptos) y -bj- (subjetas); también, las contracciones de preposición y pronombre (“della” que alterna con “de ella”, “desta”, “del” que se ha escrito “dél” ) e infinitivo y pronombre (“ocultalla”, “acusalla”, “hacelle”).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto contiene notas en latín en los márgenes (de la derecha y de la izquierda) donde la autora remite a las diversas fuentes que maneja. Estas notas se han reproducido en cursiva (conservando las abreviaturas y los signos de puntuación) en las notas al final siguiendo el orden de aparición y su ubicación, que la autora indica en el texto (y en el margen correspondiente) por medio de letras en mayúscula: A, B, C… Cuando las notas respondan a aclaraciones de las editoras, se presentarán con el número arábigo correspondiente en cursiva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[351] El daño mayor de las repúblicas, y que más perturba la paz en ellas, es el quererlas gobernar cada cual por solo su juicio sin hacer asiento en escudriñar la verdad como parte más esencial en el buen gobierno. Malsano quedará deste peligroso achaque el que desecha el remedio, pues a costa de su crédito experimentará muchos daños, siendo de los mayores el que trae consigo el mal juzgar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De una dama portuguesa juzgó el mundo con su acostumbrada malicia, procurando con ella ajar lo sólido de sus virtudes y deslucir lo lustroso de su valor, pero como la Majestad de Dios tiene, con su in- [352] finito saber, conocidos aun los más mínimos pensamientos premió sus trabajos, remunerándoles con el celestial y divino premio, tratándola como a hija regalada tanto en el castigo como en la misericordia. Esta noble señora fue la tan celebrada doña Beatriz de Silva, hija de nuestra España y natural del ilustrísimo reino de Portugal, hermana del glorioso san Amadeo y deuda cercana de la serenísima reina doña Isabel, mujer que fue del invictísimo don Juan el Segundo, rey de Castilla y León.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos autores escriben esta historia y los que más la particularizan fundan la grandeza desta señora en anteponer la santidad de su hermano a lo regio del parentesco, que la nobleza sin virtud es falsaria honra [A]. El que es noble y con el vicio se desluce hace a su calidad solar de afrenta. No descaecer el ánimo por poco asistido de la fortuna es arbitrio para no acabar de perder el antiguo lustre, que se cansa el mundo de hacer dichosos, y así derriba unos para sublimar [353] a otros, pero amarrados a la virtuosa tolerancia se establecen soberanías y se premian méritos [B]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desgraciada en la mayor dicha humana nos pintan a la Beatriz, asistida de la naturaleza, tan celebrada de hermosa como de entendimiento, pero los errores de la envidia, como hijos del fuego que la consume, ni escusan furiosos estallidos ni detienen insaciables voracidades, y así no perdonaron los más mínimos átomos de sus descuidos, anhelando a tiznar la candidez de sus virtuosas obras y deshacer lo grande de su opinión. La hermosura, aunque parece bien a todos, [C] no a todos agrada por tener tanto de infelicidad, que tal vez viene a ser dicha el carecer de ella [D]. La discreción jamás se oculta y, particularmente, cuando la mucha comunicación la descubre, porque en los profundos senos de la capacidad no se conocen fácilmente todos los grandes quilates que atesora. La nobleza enlaza primorosamente estas dos partes haciendo todas tres un [354] todo de admirable perfección siendo la mayor felicidad entre las humanas, aunque por grande no deja de peligrar en mal logros ''[1]'', como lo acredita el asumpto de esta historia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues siendo hermosa, discreta y noble, fue doña Beatriz de Silva tan perseguida de maliciosos émulos que, a no mediar el auxilio divino, fuera derribada a la mayor miseria. Atraídos del imán de sus muchas prendas, dieron los caballeros de la corte del rey don Juan en hacer festivas demostraciones en su servicio, sin dejar galantería que no ejecutasen, emulando a porfía cortejos, ocasionando con ellos contiendas, despreciando riesgos y desestimando amenazadoras ruinas, siendo el deseo tan sin ojos que no ve su daño por más que se lo represente la razón; y el que se arroja al peligro no estima el consejo ni solicitará el socorro. Deseaba cada uno de estos caballeros casarse con la dama portuguesa, pero no aseguraban la conveniencia en su cordura que, aunque el conjugal estado [355] es loable y preciso, solicitallo con violencia ha arruinado estados y desasosegado familias. Si la voluntad no ofende por dañosa, no debe de ser despreciada y la doncella, que en el retiro de su honestidad padece agrados, muy libre está de culpas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron tantas las disensiones que hubo en la castellana corte por la pretensión de doña Beatriz que llegaron a noticia de la reina, sucediendo raras veces saber los superiores lo que inquieta las repúblicas, celándoles siempre lo más importante con cuya ocasión crecen los daños y se dificultan los remedios. Quiso la reina doña Isabel ponerle en tanto mal, sin más averiguación que la de una mal barajada verdad, donde es más cierto el peligro que el escarmiento. Todo resultó en daño de la pobre dama tan sin culpa cuanto atenta a sus obligaciones. Siempre el rayo de la acusación mal intencionada ostenta su cáustica condición en perjuicio de la más firme y sólida virtud que, perseguida de la envidia y [356] altivez, ni se obligan de la atención ajena ni aun de la voluntad porque todo lo baraja quien falsamente acusa [E].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creyó la reina consentía doña Beatriz en las discordes galanterías de sus vasallos, adoleciendo fácilmente en los señores el crédito porque, difícilmente, tienen el desengaño, por ser tan mañosa el arte del que persuade que despinta la sospecha de la falsedad y, como lo grande no se abate a lo engañoso, juzga en todos segura correspondencia. No hizo particular informe la serenísima princesa que, como tenía establecida en el pecho la verdad, creyó que todos la decían. ¡Qué a mala luz salen las buenas intenciones y qué reñida guerra les hace el doblado trato! No hay arma defensiva para tan declarado enemigo, solo el católico sufrimiento y la prudente cordura son bastantes a tolerarle. Ya en el mundo los bien intencionados son los que más prueban el engaño y, así, solo en las cosas divinas se ha de poner la seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó la reina encerrar a [357] doña Beatriz en una angosta alacena mandando no la dieran de comer en tres días, sin advertir que al valor no le acobardan rigores. Mucho desluce a un pecho noble la crueldad y es indecencia de la grandeza dar entrada a tan empedernida acción, que alimentarse de sangre humana es acreditarse de fiera [F]. Grandemente apasionada obró esta gran reina, movida del celo de la honra de su casa, siendo obligatorio el cuidado que se tiene de lo sagrado de los palacios, pero si el cuidar es indiscretamente, ocasiona más daño que provecho, pues, desconsolando los ánimos de quien los asiste, rompen por dificultades deseosos de sacudirle del yugo de la opresión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sufridamente padeció la prudente portuguesa, fiada en su inocencia y, principalmente, en la misericordia divina, teniendo muy conocidos los subidos quilates della y como asiste a quien en sus trabajos se encamina a tan seguro patrocinio. Por hambre quiso la reina derribar la fortaleza de la valerosa Beatriz [358], sin considerar que la liberalidad divina no consiente padezcan sus siervos por cosas tan civiles [G], pero dice la dulce pluma de mi Berna[r]do ''[2]'' que el que por amor de Dios padece hambre puede quedar bastantemente favoreado. Sintió como discreta, si[n] las penalidades del cuerpo, el descrédito de su reputación, afligiendo a lo grande de su ánimo más el perder la honra en la vulgar malicia que la vida en la reclusión regia, que aquella en tanto se ha de preciar en cuanto la adorna la buena fama. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La culpa de doña Beatriz consistió en querer que lo fuera, pues ni en sus acciones ni en sus palabras se halló cosa que pudiera acusalla. Este género de delitos traen muchas veces las desdichas, padeciendo el inocente descréditos cuanto más aclamaciones y lauros tiene merecidos. Vacilaba la cordura desta señora sin hallar humana puerta abierta a su remedio, siendo tales los ahogos del ánimo que a nadie perdonan. Sentía, vivamente, verse fuera de la [359] gracia de la reina, temía su enojo, dudaba del favor del mundo por saber se hace a la parte del vencedor y, deseosa de su remedio, acudió a la Madre de Misericordia, consuelo único de corazones afligidos, María Señora nuestra, con cuyo patrocinio jamás se marchitaron esperanzas ni se malograron buenos deseos, amparándonos como Madre y haciendo particular aprecio de serlo de todos los vivientes [H]. Ofreciósele por humilde esclava, consagrándose toda con afectuoso voto a su preciosísimo Hijo para que, con tan fuerte vínculo, no pudiera retroceder de su rendida oferta, tan heroica en quien la hace como agradable a los ojos divinos, pues no mezclándose cosa contra su santo servicio es hacelle obsequio cuanto le son desagradables a su Divina Majestad los ofrecimientos que se hacen facilitándolos la fuerza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Apareciose la Reina de los Ángeles a su devota sierva, con cuya presencia cesaron sus temores. Volvió a vivir el corazón que a desmayos daba [360] indicios de su cercano fin, cobró color el rostro que a rigores de la hambre substituyó la amarillez por el perdido carmín, respiró el pecho que a opresiones del temor tenía tomados los pasos al vital aliento, huyó atemorizado el hielo que tan dueño se introdujo en su pasmado cuerpo, gozaron los ojos de celestiales rayos conseguidos a precio de innumerables aljófares que destilaron tan devotos cuanto necesitados. Y, finalmente, se desvaneció todo el asombro de aquel angosto retrete a vista de las divinas luces del soberano Lucero, de la Estrella del Mar, de la Madre del Sol de Justicia, quietando el ánimo doña Beatriz sin reparar en la regia ira, sin hacer caso de su afrenta, dándose mil parabienes de sus dichosas felicidades que no estimó por la menor el desengaño de la falsedad humana, lo instable de sus bienes y lo mentido de sus promesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asegurole la soberana Princesa saldría con todo crédito de sus trabajos, teniendo esta certeza todos los [361] que en solo María sacrosanta ponen la confianza. Correspondió doña Beatriz con todo el posible agradecimiento, creciendo tanto más en él las glorias del favorecido cuanto las obligaciones del favorecedor. Ya no la molestó la dilación de su remedio ni la quedó deseo para desear cosa humana: fuerza de espíritu fervoroso y valeroso corazón, que este, aunque se descompone a demostraciones descorteses, se quieta fácilmente a cualquier estimación. La esperanza de lo que se desea, al paso que alivia, atormenta, que, como consiste en la ejecución, si tarda, se duda. Anhelaba doña Beatriz al favor humano, largo tiempo le pareció el de su encerramiento y ya no hiciera caso de la libertad. Todo era agradecimientos a la reina doña Isabel, por cuya ocasión había alcanzado tan no imaginadas dichas y podido vencer con fortaleza el doméstico enemigo que, a desmayos de su debilidad, acosa la naturaleza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó la Virgen santísima [362] saliera su sierva de su reclusión sin aguardar otra orden y, huyendo las compañías del mundo, se encaminó a la imperial ciudad de Toledo no viendo la cara al miedo, porque llevaba consigo a su celestial Señor prosiguiendo su viaje, regalándole en coloquios divinos y amorosas gratulaciones. Empleada en estos ejercicios, oyó una voz que, en lengua portuguesa, le pidió se detuviera. No la turbó la novedad creyendo ser algún acaso. Pasó adelante cuando halló junto a sí dos religiosos de la seráfica familia que, por no conocidos, la asustaron grandemente, temiendo más la malicia vulgar que el presente peligro, pues una mujer sola a vista de la ocasión es indecencia hacer alarde de los riesgos. Cobrose cuanto pudo y, volviendo del primer susto, se aseguró en la venerable presencia de aquellos pasajeros, acreditando la compostura al que la tiene y, dándole realces de estimación, establece seguridades en quien la comunica [363], porque la modestia quita recelos cuanto los aumenta el sobrado desahogo. Creyó su muerte la afligida señora, temió nuevos rigores en la reina, oprimiéronle el ánimo sus mismos pensamientos, apesgáronse los pies, añudose la lengua, huyó el color del rostro y, batallando entre sí acciones y potencias, dio por perdidos sus designios que el temor, como villano, procura hacerse dueño de todo y, aunque más se engendra en lo íntimo del corazón, procura ostentarse en las demostraciones exteriores según fragua la calidad de su pena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acordó esta señora de las promesas de la Reina de los Ángeles, proprio de la opresión turbar el ánimo del más advertido. Aseguraron los religiosos a doña Beatriz diciéndola como la Majestad de Dios la tenía escogida para madre de muchas y muy santas hijas en premio de su sufrida paciencia. Menos entendió la noble señora la propuesta, afligiose de nuevo, temiendo estorbo de sus deseos cualquier leve [364] acción. Díjoles había hecho voto de castidad y que por cosa desta vida no lo quebrantaría, por hacer más aprecio dél que todas sus promesas, por ser virtud que se aventaja a la misma naturaleza [I]. De nuevo, volvieron a ofrecerla el favor divino y la seguridad de su estado, con cuya certeza prosiguió su viaje, llevándole los tres muy entretenido en pláticas santas. Llegando a una posada, quiso doña Beatriz regalar a los venerables varones, agradecida a lo que les debía, no conociendo lo grande de un ánimo tan noble el vicio del desagradecimiento. No consiguió sus intentos por haber desaparecido los dos pasajeros, quedando tan admirada cuanto desconsolada la pobre dama sin saber qué determinar entre el recelo y confusión que le causaba el caso. No permite Dios que sus siervos padezcan más de lo que pueden tolerar. Aclaró las dudas con que luchaba esta señora, revelole ser sus valedores el seráfico padre san Francisco y su amado hijo san Antonio de [365] Padua, no desdeñándose aquel de asistir a su esclarecido súbdito ni descuidándose este de solicitar a su querido padre para patrocinar en la tierra a la que tan injustamente, y tan sin amparo de ella, padecía descréditos en la opinión y en el corazón tormentos. El recíproco amor entre los prelados y súbditos realza los méritos, a más de ser obligatorio, y quien falta a este cariño no está muy adornado de la caridad, puerto seguro de bienaventuranza [K]. Volvió, de nuevo, doña Beatriz a dar gracias a Dios, a reiterar el voto y a darle a su divina Majestad cuanto pudo, autorizada demostración de una inclinación generosa no recatear el caudal cuando medían obligaciones. Al liberal no se le conocen faltas, antes lo echan [de] menos donde no está, al paso que al miserable lo desprecian y desestiman, pues no hallando la ocasión de beneficiar cuando topa con ella, le sirve de tropiezo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó llena de celestiales consuelos a la imperial Toledo y, acompañada de [366] dos damas amigas suyas muy iguales en virtud y calidad, se retiró al religiosísimo monasterio de Santo Domingo el Real, una de las más firmes columnas que sustenta la grandeza de aquella noble y sumptuosa fábrica de ingenios, virtud y nobleza. Con hábito secular vivió cuarenta años sin permitir que en todos ellos la viera el rostro persona, tomando venganza dél por las ocasiones que había dado, aunque sin culpa. Con la asistencia que hizo en este divino santuario volvió a la gracia de la reina doña Isabel de Castilla, apesarada de lo que había perseguido a la virtuosa señora. Comenzó así mismo a gozar favores de los reyes invictísimos don Fernando y doña Isabel, que la virtud fácilmente concilia las voluntades, y Dios, por ser Dueño de las virtudes, es fuerte y origen de los mayores gozos [L]; y así lo confiesa mi Bernardo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseosa vivía la noble portuguesa de hacer algún servicio a la Madre de misericordia, tan desvelada [367] con estos cuidados cuanto afligida de no hallar puerta abierta para su ejecución, estando mal hallado el afecto humano, menos con el cumplimiento de lo que desea, aun a fuerza de los vaivenes de la fortuna. Solicitaba este bien con fervorosa y continua oración, entendiendo ser gran conseguidora de lo que por ella se procura. Saliole como pretendía, apareciósele la Emperatriz soberana mandándola fundar una nueva orden de religiosas con título de Purísima Concepción. A fiar yo de mi pluma menos borrones, se dilatara mi cariño a decir algo de lo mucho que nos propone el florido campo de la limpia y original pureza de María Señora nuestra, pero por dar muestras de mi afecto, autorizaré estos escritos con tocar algo de lo mucho que hay dicho y queda decir desta celestial Princesa, de quien no se ha de imaginar el más mínimo átomo de culpa, pues en el divino solio del eterno descanso de la suprema grandeza no pudo haber aso- [368] mo de imperfección humana. Y fuera negar el soberano poder al Dueño y Autor de todo lo creado y, juntamente, lo mucho que amó a su sacrosanta Madre si no se creyese le dio cuanto pudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunicó doña Beatriz este favor con la reina doña Isabel de Castilla, deseosa la patrocinara en este caso. Siempre a los mayores se les ha de dar razón de los que por arduos necesitan de su favor para que no se malogren. Agradeciole la reina la confianza y, por tener parte en obra tan heroica, ofreció para monasterio los reales Palacios de Galiana por que fueran erario de más rico tesoro que el que en sí habían encerrado en otros tiempos. Quien erige templos a Dios, preparándose humanas glorias, se labra celestial corona. Acomodáronse los dichos palacios en forma de convento, y sacando doña Beatriz de Santo Domingo el Real y del de San Clemente, de nuestra orden, doce religiosas de conocida virtud, fueron doce pre- [369] ciosas piedras para el divino tabernáculo. El hábito que se vistieron fue el mismo blanco y azul con que se le apareció la Reina de los Ángeles cuando la consoló en prisión; forma que había quedado tan impresa en el devoto y agradecido pecho de esta su sierva que ni tiempo ni trabajos pudieron borrarle de su memoria. Escogió para norte en esta divina embarcación el instituto del Císter, en cuya milicia se ejercitan aquellos monásticos espíritus. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grande lustre se le siguió a la imperial ciudad con aquel nuevo paraíso donde, a imitación de su santa maestra, iban creciendo de virtud en virtud hasta llegar a la cumbre de la perfección, resplandeciendo la de esta señora al paso que procuraba ocultalla su humildad, muy al contrario del que con la soberbia se prepara sus mayores ruinas, por más que se erija soberanías [M]. Las penitencias de la santa fundadora eran tantas que excedían y pasaban los límites de las humanas fuerzas. No se contentó su devoto celo [ 370] con solo haber hecho aquel santuario, escuela de virtudes. Procuró con el favor de la reina que la santidad de Inocencio Octavo confirmará la nueva Orden de la Concepción Purísima; a peticiones justas no se atreve la escusa. Concedió gustoso el pontífice máximo la petición santa despachando bulas en favor de dicha orden debajo el instituto del Císter, siguiendo en esto a muchas órdenes que hicieron la misma elección; añadiose, empero, algunas constituciones diferentes y el dar la obediencia al diocesano. Quiso la Majestad divina, para mayor gloria suya y honra de su sierva, que la galera en que venían las bulas se perdiera, sumergiéndose desvalida en aquel insaciable abismo, peligrosa seguridad de los que la solicitan, aguado piélago de los mayores gozos y voraz monstruo que todo en sí lo sepulta. Y llegando al caso la noble portuguesa a buscar dentro de una arquillita algo de su pobre ajuar, halló dentro de ella un pergamino cerrado. ¡Oh, inmensa [371] grandeza que solícita anda por nuestro consuelo! ¡Cómo se ajusta a nuestra desigualdad y humana miseria! Que parece le es preciso a Dios ostentar prodigiosas maravillas para establecer nuestro amor y fe en que, claramente, se vee que no puede Dios dejar de obrar como Señor supremo y Padre piadoso, y nosotros como débiles y flacos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grande novedad le hizo a la santa fundadora el hallazgo y, sin dar en lo que podía ser, llamó al obispo de Guadix, don fray García de Quesada, del Orden de los Padres Menores, y le entregó el cerrado pergamino que, abierto, leyó ser las bulas de la confirmación de la nueva religión. Admirar pudiera el caso a quien no sabe lo que la Majestad eterna obra así por el consuelo de sus siervos como por el apoyo en las cosas que se hacen de su santo servicio, pero todo lo que había de ser admiraciones se debe reducir a perpetuas alabanzas a sus grandes misericordias. Comunicó el de Guadix el portentoso suceso con el arzo- [372] bispo de Toledo. Leyeron los papeles, tuvieron noticia de la anegada galera y, viendo confirmada, con tan calificadas y milagrosas circunstancias, la nueva religión, dieron repetidas gracias a la Majestad divina, celebrando el hallazgo con generales alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevaron, con devoción reverente, los romanos despachos desde la iglesia mayor hasta el monasterio de la santa fundadora, haciendo con ellos una general procesión, merecida demostración, y que fuera grande ingratitud no hacer muy particular aprecio de maravillas tan del Cielo. Predicó el obispo de Guadix, dando razón a todo el auditorio del milagroso suceso, y señaló día para que votaran las religiosas las nuevas constituciones, renaciendo aquellas fragantes flores en el celestial pensil de los atributos de María sacrosanta, con cuyo obsequio, granjeando su divina gracia, se asegura la bienaventuranza. Cuando no mediara el servir a esta divina Princesa en celebrar y festejar su pura Concepción, nos [373] propone tantos bienes propios su devoto capellán y rendido siervo san Anselmo que fuera en nosotros desatento cuidado no procurarlos [N]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Previniose aquella religiosa familia para recibir a su divino Esposo, y doña Beatriz más particularmente, con grandes disciplinas, frecuente oración, largas vigilias y muchas mortificaciones, deseosa no la hallara dormida la voz de su celestial Amante. Daño irreparable no recordar el alma con la esperanza de la seguridad eterna. Apareciósele la Madre de los Pecadores y la dijo serían sus felices bodas en el soberano tálamo el día décimo de la publicación de las bulas, pasando desta mortal vida a los gozos eternos, y que su religión padecería muchos naufragios en turbadas olas de emulación, que evapora viles rayos contra sólidas virtudes. Comunicó la santa con su confesor el favor de la Reina del Cielo y, prevenida con los sacramentos y pertrechada con obras de mucho mérito, esperó al fin de sus trabajos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó a su noticia [374] cómo las religiosas de Santo Domingo y los padres predicadores intentaban llevar su cuerpo después de muerta y así dio orden que los religiosos de San Francisco le vistieran el hábito y la pusieran el sacro velo, haciendo en sus manos los tres votos, con que quedó segura y quieta de sus temores. Diole una breve enfermedad con la cual salió deste miserable valle, donde solo acompaña el continuo dolor y llano. Tuvieron fin sus muchos trabajos, que siempre salen vencedores a vista del sufrimiento [O].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En habiendo expirado la sierva de Dios, apareció en su dichosa frente una muy resplandeciente estrella que, dispidiendo de sí consoladores y resplandecientes rayos, daba muestras de los divinos favores que gozaba su santa alma, merecidos solo de la perseverante virtud. Murió a diez y siete de agosto, en el año mil cuatrocientos y noventa, siendo de edad de setenta y seis. Después de grandes contradicciones, sepultaron su cuerpo en su nuevo monasterio, cuyo nombre [375] es Santa Fe. Todos desearon para sí este preciosísimo tesoro, deseándose cada cual merecedor de tanta dicha, pero la disposición divina es la que ataja los humanos deseos. Apareciose el alma de doña Beatriz al muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, religioso del Orden de San Francisco, dándole noticia de los muchos trabajos que habían de padecer aquellas nuevas plantas, y pidiole las consolara y exhortara a la prosecución de la comenzada obra sin dar paso atrás en ella, mengua que desacredita la verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de doña Beatriz de Silva: Zamall. Garib. lib. 20. Compendii Histor, cap. 13. Mariet. in Hist. Sancti Hispani lib. 22. titul. Tolet. Flos Sanctor. Vetus in eius vita Octob. 8. Manriq. Laurea lib. 3. discur. 6. Sanctoral. lib. 3. Disc. 8. M. S. quae Toleti in codem Monasterio extant, Torres lib. Concep. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas que aparecen en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[A]  ''Parua est nobilitatis ratio sine virtute, &amp;amp; maxima virtutis sine nobilitate. Natal com. hist. libr.3''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[B] ''Sūma apud Deū nobilitas est clarum elle virtutibus s. Hiero. ad. Colanti''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] ''Formosa facies, multa commendatio est. Euripedes''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[D] ''Pulchritudo res infelix. Propertius''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[E] ''Maximè hi temere iudicant, qui demerita aliorum facile reprehendunt: Qui magis amāt vituperare, &amp;amp; damnare, quā emmendare, &amp;amp; corrigere: quod vitiū vel superbia est, vet inuidia. S. Aug. de ferm. Domini in monte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[F] ''Crudelitas, inhumanum malum est, iudignumque Regio animo: Ferina ista rabies est sanguine gaudere, &amp;amp; vulneribus, quae facit hominem in siluestre animal transire. Seneca lib. de Clement''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[G] ''Non affliget Dominus fame animam iusti, &amp;amp; insidias impiorum sabuertet. Prouerb. 10''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[H] ''Fuit enim Mater, non solum capitis nostro; sed etiam mēbrorū eius, quonos summus. S. Auº gust. lib. de S. Virgp''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] ''Igitur à principio virginitas palmā principatus accepit. S. Ioa. Chr. in Gen''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[K] ''Fluctuāntibus portus, errantium via, peregrinantibus Patria. S. August ser. 2. de charitate''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] ''Cum sit Dominus virtutum, totius iucunditatis est fons lætitiæ, &amp;amp; exultationes origo. S. Bern, epis. 353''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[M] ''Omnis superbia, tanto in imo iacer quanto in altum se erigit: tantoque profundius labitur, quanto excesius eleuatur. S. Icdor. de summo bono. lib. 2. cap. j8''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[N] ''Quiquis Præesul, vel Abbas, aut Prælatus es, recole diligenter eius solemnia, &amp;amp; cunctis iube eam coli; quia si eam toto corde amaueris, nunquā à gradu tuo deposit’ eris. S. Ansel. homil. de Concep''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[O] ''Labor omnia improprius vincit. S. Hier. in Daniel. præfatio''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Aclaraciones de las editoras===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Entiéndase: “malogros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite al monje y abad cisterciense Bernardo de Clairvaux o Claraval (Castillo de Fontaines, Dijon, 1090 - Claraval, 1153), quien  fundó el monasterio de Claraval impulsando una reforma que se extendería a toda la Orden del Císter. Fue canonizado en 1174 por el papa Alejandro III. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se ha reproducido la lista de fuentes respetando la disposición del texto original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2025&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco'', Madrid: Juan García Infanzón, 901-902.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco de Alonso de Torres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en la ''Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco'', de Alonso de Torres, impreso en 1683. Concretamente, la vida de Beatriz de Silva aparece en el noveno capítulo, centrado en la fundación del Monasterio de la Purísima Concepción de Guadix, en el que, al inicio, se recuerda la importante figura de la fundadora de la orden.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento y se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación, y se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Beatriz de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[901] '''Capítulo IX. Fundación, cosas notables y religiosas del Monasterio de la Purísima Concepción de la Ciudad de Guadix'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Las muchas, varias y grandes señales que Dios obró en Egipto por mano de su caudillo Moisés fueron prevención y pronóstico de la libertad de su escogido pueblo, porque un suceso grande lo previene el Cielo con señales heroicas. Lo mesmo sucedió en el Orden y Regla de las Religiosas de la Purísima Concepción de N. Señora, discurre el reverendísimo Gonzaga ''[2]'', aplicando los casos de Egipto a los que también sucedieron como soberanos presagios de este ilustrísimo orden, que en suma fueron los que se siguen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era D. Beatriz de Silva, hija de los condes de Portoalegre y hermana del beato fr. Amadeo, cuya vida queda escrita al tratado cuarto de este libro. Vino a Castilla desde Portugal por dama de la reina D. Isabel, mujer de D. Juan el Segundo, rey de España. Era esta señora dotada de tan singular hermosura y raras prendas que, por ellas, se levantaron algunas disensiones entre los principales de la corte, pretendiéndola casada cual por su esposa y, dudando la reina si ella daría alguna causa, la encerró en un cofre de madera, donde la tuvo sin comer ni beber tres días. Y invocó la doncella a la soberana Reina de los Ángeles, prometiéndole guardar castidad perpetua si se viese libre de tal conflicto. Favoreciole María santísima con su presencia, consolándola en tanta aflicción, y ella, agradecida (cuando se vio libre), trató de retirarse al Monasterio de Santo Domingo el Real de la Ciudad de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dispúsose la jornada y, yendo por el camino, oyó a las espaldas una voz portuguesa que la llamaba. Volvió los ojos y vio dos religiosos franciscos venerables que le seguían; temió si serían enviados de la reina para acabar con ella. Llegáronse los dos a la carroza y, leyéndole con mucho cariño todo su corazón, le acompañaron hasta la posada, pronosticándole lo que le había de suceder, y allí desaparecieron. Entrose en su monasterio donde haciendo vida muy religiosa, aunque con hábito secular, gastó cuarenta años. Tal fue su penitencia y recato que ninguna persona le vio el rostro por un velo que en él continuamente traía. Viola solamente en este tiempo la Católica Reina D. Isabel, mujer del rey D. Fernando, e hija de la referida reina, de quien ella fue dama. A la cual reina, en la visita, manifestó su afecto a la Concepción de María Santísima ''[3]'', y ella le concedió los Palacios de Galiana, en Toledo, donde hizo su fundación con doce religiosas. Sacó bula de Inocencio Octavo, su data en el año de mil cuatrocientos y noventa y nueve, en que le concede el hábito y regla que hasta hoy profesan. Fuese a pique el navío en que venía el despacho; perdio- [902] se en el mar la bula, si bien ella la halló milagrosamente en un arca de su celda. Empero, tan maltratada y borrada que era muy difícil el leerla, la cual el arzobispo de Toledo, a quien venía remitida, envió a fr. García de Quijada, obispo de Guadix e hijo de esta santa provincia (como vimos) ''[4]'', varón insigne en virtud y letras, para que, trabajando en ella, le declarase, como con efecto lo hizo. Fuese luego a Toledo y, en el día por el arzobispo señalado, la llevó desde la catedral en solemnísima procesión, a que acudieron todos sus habitadores y, llegando al Monasterio de Santa Fe, la leyó, publicó y declaró a todos ''[5]''. Hasta aquí el reverendísimo Gonzaga. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si respecta [sic] de nuestro providentísimo Dios nada sucede acaso, añádese a lo dicho, como especial pronóstico para ennoblecer la fundación de este religioso Monasterio de la Concepción de Guadix, que su pastor e ilustrísimo prelado hubo de ser el intérprete o lector de las bulas y concurrir tan principalmente a la fundación de este exclarecido [sic] orden, como se ha dicho. También para recomendar a la devoción y respecto humano este sagrado monasterio viene aquí la relación de un suceso suyo particular algunos años después de su fundación y fue que, el año de mil seiscientos y cincuenta y tres, D. Antonio de Campos, capellán de este monasterio entonces, y ahora racionero de la S. Iglesia Catedral de Guadix, se salió una tarde al campo a rezar a la Ermita del Glorioso S. Lázaro y, en medio del camino halló un papel que dudó si se había aparecido, según lo de repente y la novedad con que se le ofreció a la vista. Levantolo con algún cuidado y halló ser una estampa cuya imagen principal era de N. Señora de la Concepción, y ocupaban sus dos lados S. Francisco N. P. y San Antonio y, a lo bajo, estaba sor Beatriz de Silva con sus religiosas y recibiendo la regla que profesan del seráfico padre. Causole novedad al dicho D. Antonio; leyó algunos libros y adquirió noticias de cómo N. P. S. Francisco y San Antonio eran los religiosos que aparecieron a D. Beatriz de Silva en el camino de Toledo cuando fue desde Madrid ''[6]'' y que, después de muerta, apareció en Guadalajara a Fr. Juan de Tolosa, prelado de nuestra orden, y le dijo [que] fuese a cuidar de sus hermanas a Toledo. Sujetáronse a la religión por entonces; diose al monasterio el título de la Concepción, dejando el de S. Fe, que tuvo hasta aquel día. Confirmose la sujeción a la orden el año de mil quinientos y once, con bula de Inocencio II, despachada el octavo de su pontificado, que ejecutó fray Francisco de los Ángeles y Quiñones, vicario provincial de la santa provincia de Castilla. El cual en el siglo había sido conde de Luna y, después, general de la orden y cardenal de Santa Cruz en Jerusalén; y como prelado les dio admirables leyes y les hizo las constituciones y estatutos que hoy guardan y, vistas estas circunstancias, tuvo por fin sin duda que Dios N. S. milagrosamente puso allí aquella estampa para que él y no otro la encontrara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hicieron menos misterio las religiosas considerando todo lo referido, y que no tenían una efigie de su santa madre, que la deseaban, y más con las circunstancias de ser de la institución de la orden y que era la primera que ellas, ni persona alguna de la ciudad, habían visto en su vida, por hallarse pocos retratos de sor Beatriz de Silva. Hicieron al punto copiarla en un lienzo grande para el adorno de su iglesia y monasterio y para tener siempre a la vista el original de sus acciones religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Exod. c. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen izquierdo: Gonzag. I. part. de instit. Concept. Sororum. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Fundación de las Concepcionistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Tract. 3 cap. 24.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Gonzag. Ibidem. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: Se hace misterio de una estampa.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712667</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-01-26T16:08:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (7) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
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Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
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Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
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Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
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'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
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Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
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Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan López, 1613, ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. Volumen 2. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, Volumen 2, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella de [260] devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[261]&lt;br /&gt;
'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
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Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
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Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
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La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
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Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
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Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
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Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
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La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
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Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
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Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
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Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[323]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712666</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-01-25T14:06:13Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de Juana de la Cruz */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_Gonzaga]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Daza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Arbiol]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Barezzo_Barezzi]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luca_Waddingo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
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Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
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”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, más se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad que cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan López, 1613, ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. Volumen 2. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, Volumen 2, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia de la Tercera Orden de nuestro Seraphico P. S. Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
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Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella de [260] devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
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'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
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En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
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'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
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Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
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Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
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Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
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'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
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Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
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Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_de_la_Biograf%C3%ADa_conservada_en_el_an%C3%B3nimo_libro_custodiado_en_el_Monasterio_de_Jer%C3%B3nimas_de_San_Pablo&amp;diff=712665</id>
		<title>Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_de_la_Biograf%C3%ADa_conservada_en_el_an%C3%B3nimo_libro_custodiado_en_el_Monasterio_de_Jer%C3%B3nimas_de_San_Pablo&amp;diff=712665"/>
				<updated>2026-01-24T16:20:04Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de Francisca de San Lorenzo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Anonimo1.jpg|miniatura|300px|right|Página inicial del anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T º: San Pablo, I libro 33. El libro data de 1881 y contiene un conjunto de hagiografías relacionadas con el monasterio o antiguo beaterio que fueron compuestas siglos antes. En concreto, la primera parte del libro copia el conjunto de vidas que compusiera la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c. 1540-1594); y entre estas vidas se halla la de Inés de Santa Catalina.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Aldonza Carrillo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida, se halla en las páginas numeradas como 107-111.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Ana de los Ángeles (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a Ana de los Ángeles la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 329 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente está escrito el número 319).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Beatriz de San Miguel]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Beatriz de San Miguel la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 311 y 312 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen los números 301 y 302). &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Beatriz de Santiago]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Beatriz de Santiago se halla (considerando la numeración de los textos que le preceden) entre las páginas 256 y 258 aunque, por error, en el libro se indica que ocupa las páginas: 246, 247 y 248. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de Jesús (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de Jesús se halla (considerando la numeración de los textos que le preceden) en las páginas 261 y 262 aunque, por error, en el libro se leen las cifras 251 y 252. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de la Ascensión se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 351-357 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen, respectivamente, los números 341… 347). &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de la Cruz la hallamos en las páginas numeradas como 117, 118, 119, 120 y 121.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de la Visitación]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de la Visitación la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 323-328 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen los números: 313, 314, 315, 316, 317 y 318).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de los Reyes]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de los Reyes se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 266-275 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se lee la cifra “256” y los números consecutivos pertinentes).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de los Ángeles (3)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Catalina de los Ángeles se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 318 y 319 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números 308 y 309).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de Ocaña]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Catalina de Ocaña se halla en las página numeradas con las cifras arábigas: 111, 112, 113, 114, 115, 116 y 117.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Agustín]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El breve relato biográfico dedicado a Catalina de San Agustín se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 3013; aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente, está escrito el número 303.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Andrés]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de San Andrés se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 195-197.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Gabriel (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de San Gabriel la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 333, 334, 335 y 336 (aunque, a causa de los errores y las confusiones que presenta la paginación de la fuente, leemos, en el margen superior de las respectivas hojas, las cifras: 323, 324, 325 y 326).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Juan]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo  (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen||  La biografía de Catalina de San Juan se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las págínas 172-186 bajo el epígrafe “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios María del Sepulcro y de su sobrina Catalina de San Juan”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Lorenzo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo  (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de San Lorenzo la hallamos en las páginas numeradas como 99, 100 y 101.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de San Miguel]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de San Miguel se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 230-234.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina de Santa Ana]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Catalina de Santa Ana la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 330, 331, 332 y 333 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen los números: 320, 321, 322 y 323).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Catalina del Espíritu Santo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Catalina del Espíritu Santo se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 255 y 256; aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números 245 y 246.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Cecilia de Santa Catalina]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Cecilia de Santa Catalina se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 143-147 bajo el epígrafe “Comienza la historia de la santa y muy sierva de Dios Cecilia de Santa Catalina”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Eufrasia Evangelista]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Eufrasia Evangelista se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 308, 309 y 310 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen, respectivamente, los números 298, 299 y 300).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Francisca de San Jerónimo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Francisca de San Jerónimo la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 372, 373 y 374 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen los números: 362, 363 y 364).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Francisca de San Lorenzo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Francisca de San Lorenzo se recoge en las páginas 258, 259 y 260 (aunque, por error, en el margen superior de las hojas correspondientes, se leen las cifras: 248, 249 y 250).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Inés de la Magdalena]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Inés de la Magdalena la hallamos en las páginas numeradas como 187-193.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Inés de Cebreros]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Inés de Cebreros se halla en las páginas numeradas como 121-138.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Inés de San Jerónimo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Inés de San Jerónimo se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 208-210.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Inés de Santa Catarina]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo  (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen||  La biografía de la monja Inés de Santa Catalina se recoge en las páginas 221-229 (según paginación del libro) bajo el epígrafe “Historia dela Santa Madre Ines de Santa Catalina”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Isabel Bautista]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Isabel Bautista se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 336, 337, 338, 339, 340, 341 y 342. Debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números: 326, 327, 328, 329, 330, 333 (y no 331), 332. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Isabel de la Concepción]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Isabel de la Concepción se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 239-241.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Juana de San Lorenzo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve biografía de Juana de San Lorenzo se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 320 y 321 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente están escritos los correspondientes números 310 y 311).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Leonor de San Justo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Leonor de San Justo se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 229-230 bajo el epígrafe “Historia de la muy religiosa madre Leonor de San Justo”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Lucía de los Ángeles]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Lucía de los Ángeles la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 276-281 (aunque, debido a los errores de paginación que contiene la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se lee el número “266” y las cifras consecutivas: 267, 268… 271).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Magdalena de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Magdalena de la Cruz se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas numeradas como 150, 151, 152 y 153. Se presenta con el epígrafe “Comienza la historia de la muy cristiana y sierva de Dios Ma[g]dalena de la Cruz”. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Mari García de Belén]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Mari García de Belén se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 213-221 bajo el epígrafe “Historia de la santa madre María Garc[í]a de Belén, primera priora de la Conce[p]ción en Madrid”. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de la Asunción (2)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de la Asunción se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 202, 203 y 204. Concretamente, aparece integrada en la biografía dedicada a María de San Agustín (que se expone entre las páginas 199 y 205).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de la Cena]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de la Cena se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 159-161 bajo el epígrafe “Historia de la muy devota y sierva de Dios María de la Cena”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de la Cruz se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 138-143 bajo el epígrafe “Comienza la historia de la santa madre y sierva de Dios María de la Cruz”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de la Visitación]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de la Visitación la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 291-300 (aunque, a causa de varias confusiones o ciertos errores en la paginación de la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se lee el número “281” y las cifras consecutivas).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de los Ángeles]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a María de los Ángeles se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 319 y 320 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes están escritos los números 309 y 310).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de los Reyes]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de los Reyes se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 305, 306 y 307 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen, respectivamente, los números: 295, 296 y 297). &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos ||El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Agustín]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de San Agustín se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 199-205.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Bernardo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de San Bernardo se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 162-164 bajo el epígrafe “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios María de San Bernardo”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Gabriel]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de San Gabriel se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 205-207.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Gregorio]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a María de San Gregorio se halla en las páginas 147-150.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Ildefonso]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a María de San Ildefonso se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 300, 301, 302 y 303 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números: 290, 291, 292 y 293).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Jerónimo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a María de San Jerónimo se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 313, 314 y 315; aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números 303, 304 y 305.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Lorenzo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a María de San Lorenzo se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 322 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente está escrito el número 312).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de San Nicolás]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de San Nicolás se recoge en las páginas 252, 253, 254 y 255 (aunque, por error, en el margen superior de las hojas correspondientes, se leen las cifras: 242, 243, 244 y 245). &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María de Santa Marta]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María de Santa Marta se halla (considerando la numeración de los textos que le preceden) entre las páginas 248 y 251 aunque, por error, en el libro se indica que ocupa las páginas 238, 239, 240 y 241. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María del Espíritu Santo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María del Espíritu Santo se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 210-213.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María del Sepulcro]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María del Sepulcro se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 171-173 bajo el epígrafe “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios María del Sepulcro y de su sobrina Catalina de San Juan”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María Evangelista]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a María Evangelista se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 303 y 304; aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números 293 y 294.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[María Magdalena]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de María Magdalena se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 262, 262, 264, 265 y 266 (aunque, a causa de los errores de paginación que contiene la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen las cifras: 252, 253, 254, 255 y 256).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Marina de San Juan]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a Marina de San Juan la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 322 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente está escrito el número 312).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Marina de San Justo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a Marina de San Justo la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 323 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente está escrito el número 313).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Mencía de San Andrés]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Mencía de San Andrés se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 236, 237 y 238.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Mencía de San Pablo]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Mencía de San Pablo se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores y ciertas confusiones), en las páginas 165-170.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Paula de los Ángeles]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Paula de los Ángeles la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 281-291 (aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se lee el número “271” y las pertinentes cifras consecutivas: 272, 273… 281).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Quiteria de San Francisco]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Quiteria de San Francisco la hallamos (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 358-368; aunque, debido a los errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes se leen los números: 348, 349, 350, 351, 351 (nuevamente), 353, 354, 355, 356, 357 y 358.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Quiteria de Santo Tomás]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Quiteria de Santo Tomás se halla (considerando la numeración de los textos que le preceden) entre las páginas 241 y 248 aunque, por error, en el libro se indica que ocupa las páginas: 341, 242, 243, 244, 245, 246, 237 y 238. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Teresa de Guevara]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo)&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| El relato biográfico dedicado a Teresa de Guevara se halla en las páginas numeradas como 101-111.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Teresa de la Cruz]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La breve reseña biográfica dedicada a Teresa de la Cruz se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en la página 321 (aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de la hoja correspondiente está escrito el número 311).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Teresa de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de doña Teresa de la Pasión se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores), en las páginas 186 y 187.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Teresa de San Juan]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen|| La biografía de Teresa de San Juan se recoge, según paginación del libro (que contiene varios errores o ciertas confusiones), en las páginas 197-199.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de [[Teresa Evangelista]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Archivo del Monasterio de Jerónimas de San Pablo (Toledo) &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen||El relato biográfico dedicado a Teresa Evangelista se halla (teniendo en cuenta la numeración seguida para la edición en el catálogo) en las páginas 315, 316, 317 y 318; aunque, debido a los diversos errores de paginación que integra la fuente, en el margen superior de las hojas correspondientes, están escritos los números 305, 306, 307 y 308.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel. Tamaño hojas: 205 mm x 130 mm&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en Page''|| El manuscrito presenta una pauta de la caja a lápiz, pero no así para los renglones. Posee un número de líneas de escritura que tiende a contener 22 líneas por página. La pauta deja poco margen a la derecha y a la izquierda. La paginación (numeración arábiga) no tiene en cuenta la página inicial (presentada con una cruz de Malta grande) ni el prólogo que reproduce, a continuación, el que escribiera Ana de Zúñiga para presentar su libro (que debió ser completado con otras vidas compuestas por otros autores posteriores que también se recogen en la copia de 1881). La paginación contiene varios errores (a veces se subsanan con una tinta azul de bolígrafo, que, además, ha corregido algunas palabras en el interior del volumen).&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Manos || El volumen está escrito por una mano en tinta oscura que parece corresponder con la monja que dice copiar, en las últimas páginas, las diversas hagiografías que recogió de un libro antiguo escrito hace casi trescientos años. La monja anónima concreta que la copia se realiza en 1881. La página inicial (reproducida) expone que el libro contiene las vidas de María García, María de Ajofrín y “de otras muchas Religiosas y grandes sierbas de Dios que habido en este dicho Monasterio”. Al final de la hoja podemos leer: “Escribiese el año del Señor de mil quinientos nobenta y siete”, una tinta azul ha sobrescrito “setenta” encima de “nobenta”.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
|Marginalia ||Los márgenes están limpios.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
Para el estudio de las biografías compuestas por Ana de Zúñiga que recoge el libro anónimo, véase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Acciones, palabras y corporalidad en las devotas “ilustres” castellanas del florilegio de Alonso de Villegas”, ''eHUmanista'' 56, (2023), pp. 151-166. https://www.ehumanista.ucsb.edu/volumes/56.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo”, ''Atalaya. Revue d´études médiévales romanes'', 22 (2023). DOI: https://doi.org/10.4000/atalaya.6267.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||[http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=In%C3%A9s_de_la_Magdalena&amp;diff=712664</id>
		<title>Inés de la Magdalena</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=In%C3%A9s_de_la_Magdalena&amp;diff=712664"/>
				<updated>2026-01-24T16:12:55Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de Inés de la Magdalena */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ana_de_Zúñiga]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|Inés de la Magdalena|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Inés de la Magdalena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Corretora, maestra de novicias, vicaria y priora del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo. Rectora del Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Antes o en torno a 1577&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ana_de_Zúñiga Zúñiga, Ana de]. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 187-193.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo]] con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas numeradas como 187-193.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, g/j, ll/y, n/m, r/d, r/rr, r/l, s/x.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Inés de la Magdalena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[187] ''[1]'' Dejaron aquí en esta santa casa las sobredichas otras dos monjas nietas de la sobredicha señora doña [[Teresa de la Pasión|Teresa de Meneses]], hijas de un hijo suyo, de las cuales la una se llamó según el siglo doña Inés de Ribera ''[2]'' y [188] del nombre de la orden se llamó Inés de la Ma[g]dalena, y la otra hermana se llamó en el siglo E&amp;lt;r&amp;gt; [l] vira de Mendoza y en la orden E&amp;lt;r&amp;gt;[l] vira de San Jerónimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue traída a esta santa casa la dicha señora doña Inés de Ribera de edad de tres años, la cual, desde sus principios empezó a s[e]r ''[3]'' muy provechosa en esta casa por ser como fue muy hábil ''[4]'' y discreta. Y, especialmente, tuvo grande habilidad para las cosas del coro, porque era muy diestra en cantar y tañer, y muy linda le[c]tora y, por esta razón ''[5]'', fue muchos años corretora [6]; pero no por esto dejaba de acudir a otros oficios y cosas de humildad, como muy buena religiosa y gran sie[r]va de Dios que era, de lo cual siempre se preció, y de mucho celo santo y muy discreto que siempre tuvo. Y cuando fue de más edad tuvo el magisterio de las novicias, adonde mostró más de veras el valor de su persona y el celo santo de su mucha religión porque enseñaba con mucho cuidado a sus novi- [189] cias lo que convenía, poniéndolo ella primero por obra, que es la verdadera manera de enseñar, mayormente en cosas de humildad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, y de haber trabajado mucho en el oficio de maestra, fue vicaria nueve años, y, al cabo de ellos, fue priora seis años, en los cuales oficios y cargos se portó tan prudentemente y con tanta religión y con tanto celo de las cosas de ella, y rigió tan varonilmente, que se entendió más de veras el gran ser y valor de su persona, porque verdaderamente le tenía grande y más que de mujer. De donde sucedió que, teniendo esta señora nombre y fama, no solamente en esta santa casa, sino también en otras muchas partes era sabido el talento de su persona y su mucha prudencia y ánimo, lo cual venido a noticias del rey nuestro señor don Felipe, la mandó salir de esta casa con cargo de ser rectora en un colegio de doncellas de esta ciudad ''[7]'', que es un cargo muy seña-[190] lado y principal, en el cual estuvo algunos años haciendo su oficio con mucha prudencia dando gran contento a todas las gentes; y acabó allí su vida en mucha virtud y bondad. Y fue traída a enterrar a esta casa, y fue enterrada en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora doña Inés de Ribera ''[8]'', entre otras virtudes que tuvo y santos ejercicios fue uno el de la santa oración muy continua en ella porque fue muy dada a ella, no solamente a la oración mental, pero a un rezo, muchos años, que fueron más de doce según se halla, que rezó las tinieblas ''[9]'' todas las semanas de aquellos años suplicando a Nuestro Señor la ayudase en la hora de su muerte eterna y la librase de las tinieblas de su muerte eterna. Y así este Señor piadoso que nunca deja de oír a sus siervos se cre[e] piadosamente que oyó a esta su sierva y alumbró su entendimiento porque entendió, cuando se puso mala de la enfermeda[d] de que murió, cómo habí- [191]a de morir y que ya estaba cercana a la muerte; y lo descubrió a su confesor, y se confesó generalmente. Y el mismo día que acabó su confesión, le dio la enfermedad según dieron de esto testimonio el dicho confesor y el a[d]ministrador que a la razón era en el colegio donde esta sierva de Dios estaba por re[c]tora ''[10]''. Y era el canónigo Hoyos a quien ella lo dijo y manifestó, y le pidió, entonces, la trajese a enterrar a esta su casa de San Pablo sin ninguna pompa ni estruendo popular, sino como a monja y religiosa, de lo cual se preciaba esta santa mujer más que de los favores del mundo ni riquezas de él porque, aunque pudiera tener alguna parte por ser de tan ilustre gente, era muy amadora de la pobreza, y tanto que nunca quería tener sino lo muy necesario y sin lo cual no podía pasar la vida, y aun esto había de ser lo más pobre y humilde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue esta santa religiosa muy devota, en especial, del glorioso [192] y bienaventurado San José, esposo de Nuestra Señora la Santa María Madre de Dios, e hizo muchos años la fiesta a este gloriosísimo santo con mucha devoción, y alcanzó licencia para poderle decir oficio propio, y así se hizo hasta que vino el breviario nuevo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días cuando esta sierva de Dios murió, se halló en esta ciudad una religiosa en hábito y vida extranjera que la llamaban do[ñ]a Catalina de Cardona ''[11]'', la cual había estado muchos años en un yermo haciendo vida penitente y santa. Esta dijo, después de cuatro o cinco días después que murió la sierva de Dios doña Inés de Ribera ''[12]'', que estaba gozando de Dios, y así se cre[e] porque los aparejos que había hecho antes para su muerte fueron tales y tantos, y con tantas preparaciones para haberse de morir, y entendiéndolo como lo entendía, que no se cre[e] otra cosa sino que luego se fue a gozar de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le faltaron a esta sierva de Dios traba- [193] jos viviendo en esta vida, así en los oficios de priora de esta casa como siendo re[c]tora en el colegio y como en otras muchas maneras, porque fuese vista y probada su paciencia y humildad, y no fuese ajena de la corona que Dios tiene para sus siervos cuando en los trabajos y adversidades de esta vida tienen paciencia y sufrimiento y los ofrecen con igualdad de corazón a la Divina Majestad. Y no solamente esta principal mujer fue probada en la vida con las adversidades que tuvo, per[o] ''[13]'' aun en la enfermedad de que murió las padeció muy ''[14]'', y en ellas y en su fin y muerte dio bien a entender cuál había sido su vida y cuá[n] ''[15]'' religiosamente había vivido, y que la tenía Nuestro Señor para el Cielo, pues así la probó en la Tierra, el cual vive y reina sin fin, amén. […]''[16]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Roguemos a Dios que, por su misericordia, seamos tales en vida que merezcamos hablar, y que digan bien de nosotros después de la muerte, en alabanza y gloria de Nuestro Señor, amén. ''Laus Deus, amen''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La biografía se integra en el apartado presentado (en la página 186) con el epígrafe: “Historias de las siervas de Dios Teresa de la Pasión y de las muy religiosas hermanas I&amp;lt;e&amp;gt;nés de la Ma[g]dalena y E&amp;lt;r&amp;gt; [l] vira&amp;lt;ra&amp;gt; de Sa[n] Jerónimo.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' El término “Ribera” (o “Rivera”), que corresponde al apellido de la abuela materna, está tachado por otra mano, que ha escrito (en tinta negra más tenue) debajo, y fuera de la caja de escritura, “Mendoza”, que remite al apellido materno. Véase: M. Mar Cortés Timoner, “El libro de doña Ana de Zúñiga: nobleza, espiritualidad y cultura en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo”, ''Atalaya: Revue d´études médiévales romanes'', 23 (2023): https://doi.org/10.4000/atalaya.6267&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Corregimos “sir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Una tinta azul de bolígrafo ha añadido la “h” inicial a la palabra escrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Está escrito “razan”, corregimos la errata y acentuamos (considerando los criterios de edición).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se encargó de dirigir el coro. Véase: Real Academia Española, ''Diccionario de la lengua española'', 2024, [versión 23.8.1 en línea]: https://dle.rae.es/corretora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' El Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, también llamado Colegio de Doncellas de Nuestra Señora de los Remedios, fue fundado en 1551 por el arzobispo de la Sede Primaria don Juan Martínez Silíceo. En 1560, Felipe II asumió, a petición del citado arzobispo, el patronazgo del centro para sufragar ciertos problemas económicos. Véase: &lt;br /&gt;
Laura Canabal Rodríguez, “Educación femenina en la Edad Moderna: constituciones del Colegio de Doncellas Nobles de Nuestra Señora de los Remedios, Toledo (siglo XVI)”, ''Estudios Humanísticos. Historia'', 12 (2013), pp. 127-154:  https://revpubli.unileon.es/ojs/index.php/EEHHHistoria/article/view/962.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nuevamente, la palabra “Ribera” está tachada con una línea de tinta azul de bolígrafo que, debajo de la palabra rayada, ha escrito “Mendoza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' El oficio de tinieblas se celebraba durante los tres últimos días de la Semana Santa y, de modo especial, el Viernes Santo. Véase: Real Academia Española, ''Diccionario de la lengua española'', 2024, [versión 23.8.1 en línea]: https://dle.rae.es/oficio#Cri6gIz&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En este caso, está escrito “retora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La beata Catalina de Cardona nació en 1519 (no se sabe si en Nápoles o Barcelona) y vivió un tiempo en la corte de Felipe II donde desarrolló comportamientos penitentes extremados. En 1562 decidió vivir, como eremita, varios años en una cueva situada en La Roda. Falleció en 1577 en olor santidad y tras haber sido una mujer relevante en la reforma de la orden carmelita. Véase:  Adelaida y Antonio Cortijo Ocaña, “Vida de la madre Catalina de Cardona por fray Juan de la Miseria”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'' 2003 (21), pp. 21-34.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Una tinta de bolígrafo azul ha escrito, debajo de la citada palabra, el apellido “Mendoza”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' La tinta azul de bolígrafo ha tachado la última letra de la palabra donde aparece una “a” (subsanamos la errata).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Entiéndase “mucho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Está escrito “cual”. Corregimos la posible confusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Se elimina el fragmento que remite a la hermana, Elvira de San Jerónimo, que todavía vivía en el momento de la redacción del texto (falleció en 1591).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=In%C3%A9s_de_la_Magdalena&amp;diff=712663</id>
		<title>Inés de la Magdalena</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=In%C3%A9s_de_la_Magdalena&amp;diff=712663"/>
				<updated>2026-01-24T16:09:01Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de Inés de la Magdalena */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ana_de_Zúñiga]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|Inés de la Magdalena|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Inés de la Magdalena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Corretora, maestra de novicias, vicaria y priora del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo. Rectora del Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Antes o en torno a 1577&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ana_de_Zúñiga Zúñiga, Ana de]. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 187-193.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo]] con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas numeradas como 187-193.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el”. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado el empleo de “h” y el uso de b/v, c/z, g/j, ll/y, n/m, r/d, r/rr, r/l, s/x.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Inés de la Magdalena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[187] ''[1]'' Dejaron aquí en esta santa casa las sobredichas otras dos monjas nietas de la sobredicha señora doña [[Teresa de Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Teresa_de_la_Pasi%C3%B3n]], hijas de un hijo suyo, de las cuales la una se llamó según el siglo doña Inés de Ribera ''[2]'' y [188] del nombre de la orden se llamó Inés de la Ma[g]dalena, y la otra hermana se llamó en el siglo E&amp;lt;r&amp;gt; [l] vira de Mendoza y en la orden E&amp;lt;r&amp;gt;[l] vira de San Jerónimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue traída a esta santa casa la dicha señora doña Inés de Ribera de edad de tres años, la cual, desde sus principios empezó a s[e]r ''[3]'' muy provechosa en esta casa por ser como fue muy hábil ''[4]'' y discreta. Y, especialmente, tuvo grande habilidad para las cosas del coro, porque era muy diestra en cantar y tañer, y muy linda le[c]tora y, por esta razón ''[5]'', fue muchos años corretora [6]; pero no por esto dejaba de acudir a otros oficios y cosas de humildad, como muy buena religiosa y gran sie[r]va de Dios que era, de lo cual siempre se preció, y de mucho celo santo y muy discreto que siempre tuvo. Y cuando fue de más edad tuvo el magisterio de las novicias, adonde mostró más de veras el valor de su persona y el celo santo de su mucha religión porque enseñaba con mucho cuidado a sus novi- [189] cias lo que convenía, poniéndolo ella primero por obra, que es la verdadera manera de enseñar, mayormente en cosas de humildad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, y de haber trabajado mucho en el oficio de maestra, fue vicaria nueve años, y, al cabo de ellos, fue priora seis años, en los cuales oficios y cargos se portó tan prudentemente y con tanta religión y con tanto celo de las cosas de ella, y rigió tan varonilmente, que se entendió más de veras el gran ser y valor de su persona, porque verdaderamente le tenía grande y más que de mujer. De donde sucedió que, teniendo esta señora nombre y fama, no solamente en esta santa casa, sino también en otras muchas partes era sabido el talento de su persona y su mucha prudencia y ánimo, lo cual venido a noticias del rey nuestro señor don Felipe, la mandó salir de esta casa con cargo de ser rectora en un colegio de doncellas de esta ciudad ''[7]'', que es un cargo muy seña-[190] lado y principal, en el cual estuvo algunos años haciendo su oficio con mucha prudencia dando gran contento a todas las gentes; y acabó allí su vida en mucha virtud y bondad. Y fue traída a enterrar a esta casa, y fue enterrada en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora doña Inés de Ribera ''[8]'', entre otras virtudes que tuvo y santos ejercicios fue uno el de la santa oración muy continua en ella porque fue muy dada a ella, no solamente a la oración mental, pero a un rezo, muchos años, que fueron más de doce según se halla, que rezó las tinieblas ''[9]'' todas las semanas de aquellos años suplicando a Nuestro Señor la ayudase en la hora de su muerte eterna y la librase de las tinieblas de su muerte eterna. Y así este Señor piadoso que nunca deja de oír a sus siervos se cre[e] piadosamente que oyó a esta su sierva y alumbró su entendimiento porque entendió, cuando se puso mala de la enfermeda[d] de que murió, cómo habí- [191]a de morir y que ya estaba cercana a la muerte; y lo descubrió a su confesor, y se confesó generalmente. Y el mismo día que acabó su confesión, le dio la enfermedad según dieron de esto testimonio el dicho confesor y el a[d]ministrador que a la razón era en el colegio donde esta sierva de Dios estaba por re[c]tora ''[10]''. Y era el canónigo Hoyos a quien ella lo dijo y manifestó, y le pidió, entonces, la trajese a enterrar a esta su casa de San Pablo sin ninguna pompa ni estruendo popular, sino como a monja y religiosa, de lo cual se preciaba esta santa mujer más que de los favores del mundo ni riquezas de él porque, aunque pudiera tener alguna parte por ser de tan ilustre gente, era muy amadora de la pobreza, y tanto que nunca quería tener sino lo muy necesario y sin lo cual no podía pasar la vida, y aun esto había de ser lo más pobre y humilde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue esta santa religiosa muy devota, en especial, del glorioso [192] y bienaventurado San José, esposo de Nuestra Señora la Santa María Madre de Dios, e hizo muchos años la fiesta a este gloriosísimo santo con mucha devoción, y alcanzó licencia para poderle decir oficio propio, y así se hizo hasta que vino el breviario nuevo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos días cuando esta sierva de Dios murió, se halló en esta ciudad una religiosa en hábito y vida extranjera que la llamaban do[ñ]a Catalina de Cardona ''[11]'', la cual había estado muchos años en un yermo haciendo vida penitente y santa. Esta dijo, después de cuatro o cinco días después que murió la sierva de Dios doña Inés de Ribera ''[12]'', que estaba gozando de Dios, y así se cre[e] porque los aparejos que había hecho antes para su muerte fueron tales y tantos, y con tantas preparaciones para haberse de morir, y entendiéndolo como lo entendía, que no se cre[e] otra cosa sino que luego se fue a gozar de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No le faltaron a esta sierva de Dios traba- [193] jos viviendo en esta vida, así en los oficios de priora de esta casa como siendo re[c]tora en el colegio y como en otras muchas maneras, porque fuese vista y probada su paciencia y humildad, y no fuese ajena de la corona que Dios tiene para sus siervos cuando en los trabajos y adversidades de esta vida tienen paciencia y sufrimiento y los ofrecen con igualdad de corazón a la Divina Majestad. Y no solamente esta principal mujer fue probada en la vida con las adversidades que tuvo, per[o] ''[13]'' aun en la enfermedad de que murió las padeció muy ''[14]'', y en ellas y en su fin y muerte dio bien a entender cuál había sido su vida y cuá[n] ''[15]'' religiosamente había vivido, y que la tenía Nuestro Señor para el Cielo, pues así la probó en la Tierra, el cual vive y reina sin fin, amén. […]''[16]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Roguemos a Dios que, por su misericordia, seamos tales en vida que merezcamos hablar, y que digan bien de nosotros después de la muerte, en alabanza y gloria de Nuestro Señor, amén. ''Laus Deus, amen''.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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